Mostrando entradas con la etiqueta Comunismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comunismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de mayo de 2020

SOPORTE DEL ESTADO CRIMINAL

Del poder lumpemproletario
Luis Barragán

Hubo fascinación y horror por el fascismo, saliendo ileso el comunismo tras la victoria aliada  en la segunda guerra mundial.  No obstante, François Furet insistió en la “copertenencia” de ambos fenómenos, por sus trágicas, costosos e inocultables resultados.

Tienen en común la degradación y el terror moral y político que suele perfeccionar el empleo del antifascismo como consigna, llevándola  a los últimos  confines del cinismo. Cuentan con el lumpemproletariado como soporte, acelerando la descomposición del poder político que lleva a la configuración del Estado Criminal, como acaece en la Venezuela de los días que corren. 

En el transcurso de la cuarentena, removiendo viejos papeles, hallamos un texto de principios del presente siglo por el cual asomamos una preocupación  razonable de acuerdo a los hechos después cumplidos. Conservado el recorte de prensa, a propósito de un artículo aún más añejo de Antonio García Ponce, llamamos la atención sobre la conjunción de la escuela de Frantz Fanon y Norberto Ceresole, como  del fenómeno del lumpemproletariado que fue objeto de observación del añejo leninismo venezolano (El Nacional, Caracas, 25/02/2002), hoy, realizador del imaginario guevarista cubano en el marco decididamente delictivo de la globalización.

Más recientemente, un autor como Antenor Viáfara Márquez, a través de un lúcido ensayo  sobre las coordenadas populistas y fascistas del chavismo, nos impone sobre la devastación y desarticulación social de una experiencia que todavía no culmina (AA.VV. “Entre el ardid y la epopeya”, Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018: 121-149).  Ciertamente, las enseñanzas de Fanon hallaron tierra fértil en este lado del mundo y, por ello, nada extrañan – por ejemplo – las numerosas escenas represivas de 2017, intentando o logrando despojar el represor de las pertenencias personales del reprimido, como un acto previo y desvergonzado a su posible y definitiva detención;  el forcejeo de los elementos militares (GNB), por quitarles el móvil celular a varios diputados y asistentes administrativos, durante los incidentes del túnel de La Cabrera, año y tanto atrás, cuando principiábamos el largo y consabido camino hacia el Táchira; o la indiferencia oficialista por la muerte, siempre que sea ajena, aunque sea de hambre y de mengua, sólo útil para la propaganda de ocasión.

Por enero de 2003, Chávez Frías lamentaba la muerte de un joven copartidario por defender la Ley de Tierras, y, seguidamente,  invocaba el asesinato de Fabricio Ojeda y Alberto Lovera de décadas atrás (Alocución del 05/01/2003, en: Chávez Frías, Hugo, “El golpe fascista contra Venezuela”, Ediciones Plaza,  La Habana, 2003: 20 s.), aunque – a la postre – sus sucesores pretenden jamás responder por las muertes masivas y selectivas, como las de 2014 y 2017, por citar apenas un par de casos. Luego, el ejercicio lumpemproletario del biopoder, en el contexto de la pandemia, alarma aún más, criminalizando de antemano toda interrogación que se haga en torno al curso del COVID19, por más acreditados que sean científicamente aquellos que manifiestan sus inquietudes, palpable en el comunicado de  la  Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales.

Cfr. 

lunes, 27 de abril de 2020

¿DA IGUAL QUE SE QUEDE O SE VAYA?

Guillermo Morón: “Aquí no pasa nada, todos son unos imbéciles”
Jesús Piñero
Guillermo Morón tiene 93 años y no se anda con rodeos para decir lo que piensa. Con esta entrevista al autor de la imprescindible obra "Historia de Venezuela", cerramos el ciclo de conversaciones con historiadores justo hoy cuando se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.
Guillermo Morón está sentado esperando a su hermano Armando. Es diciembre de 1935. Algunas agitaciones se sienten en Caracas, pero el interior del país continúa inerte, como siempre. En Carora pocos saben de la noticia y nadie tiene suficiente valor para repetirla. No es seguro y temen que los escuchen.
Morón tiene 9 años y no entiende la situación. Murmullos y miradas se suscitan en el pueblo. Cuando Armando llega por fin, se montan en un autobús hacia a Cuicas, en el estado Trujillo. Van callados y al bajar del vehículo todavía les toca caminar a pie un gran cerro y pasar la quebrada. Justo cuando van cruzando el agua, Armando, que va delante de él, se voltea.
—Te tengo que decir algo.
Guillermo Morón pensó lo peor: la muerte de su madre, doña Rosario Montero de Morón. Pero no dijo nada y esperó a que su hermano continuara. Armando se le acercó al oído, miró a los lados y le susurró como si alguien los observara en medio de la nada.
—Se murió Gómez.
Guillermo Morón, el niño
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Era tal el miedo hacia la tiranía gomecista que Armando esperó estar en el monte profundo para contarle la noticia de la muerte del dictador a su hermano menor. El país se preparaba para un nuevo capítulo en su historia.
En Cuicas pasaban los fines de semana, porque estudiaban en Carora, estado Lara. 30 o 40 minutos antes de que su padre entrara por la puerta principal de la casa, doña Rosario Montero sentía el andar del caballo al llegar al pueblo.
“Me acuerdo de que en mi pueblo, mi papá se oía en el campo y mi mamá lo sentía antes de que llegara: ‘Llegó Morón’, decía. Mi papá había entrado al pueblo a caballo. Le daba una patada al portón y entraba”.
Así llegaba del conuco todos los sábados. Su progenitor era un jinete campesino en una Venezuela que se bajaba del caballo y empezaba a andar sobre las ruedas de petróleo.
El niño Morón es hijo de las postrimerías del siglo XIX. Nació el 8 de febrero de 1926 dentro de un matrimonio que tuvo 5 hijos varones. “Armando era el mayor, el inteligente y culto que fue maestro de escuela toda su vida. Marco Mario, que era un vagabundo de primera, que no aprendió a leer pero que se hizo rico, gran mujeriego. Mi hermano Óscar murió muy temprano, a los 14 años. Y mi hermano Chui (Jesús María) que murió hace tiempo. Yo era el cuarto”.
Una generación que abría el siglo XX, indiferente a la política, que era asunto de los andinos, los amos del valle capitalino.
Los tres tiranos
Dos meses después de aquella conversación con su hermano Armando, Guillermo Morón cumplió 10 años y, a pesar de su niñez, empezaba a comprender la situación nacional y escuchaba por radio al nuevo presidente, Eleazar López Contreras, quien anunciaba su programa de febrero.
Esos son los recuerdos más lejanos que conserva en su memoria sobre la política venezolana. Vivía en Carora y recibía clases de don Cecilio Zubillaga Perera: “Un gran maestro que nos enseñaba a leer y a escribir, él me quiso mucho y yo lo quise mucho a él también. Fue muy amigo de mi mamá y creo que esa es una de las influencias más directas que yo tuve, además de mi mamá que fue maestra de escuela”.
La democracia era una idea imposible, ciega para el momento, según el propio testimonio de Morón. Y aunque la dictadura gomecista ha sido vilipendiada dentro de la historiografía, él es un sobreviviente que se atreve a calificarla como positiva: “La época de Gómez es muy buena, Gómez acabó con los ladrones, acabó con los bandidos. Metió a la cárcel a todos los políticos malos, de manera que la dictadura de Gómez fue para mí positiva, porque este es un país de bárbaros, y llegó Gómez y puso orden”. Aunque no por eso deja de categorizarlo como un tirano y compararlo con Fidel Castro y Hugo Chávez. Tres cuadros de estos personajes cuelgan de su biblioteca personal.
—¿Hay alguna similitud entre los personajes de esos cuadros?
—Gómez no tiene ninguna similitud con Chávez ni con Fidel Castro tampoco. Pero yo los llamo los tres tiranos, tres tiranos distintos: Gómez, Castro y Chávez. La inteligencia los distingue. Fidel Castro sacó de Cuba a todas las prostitutas y a todos los bandidos norteamericanos que iban a putear en Cuba. Simple y llanamente eso. Hugo Chávez fue un hombre inteligente, muy venezolano. Esa expresión “esta noche te voy a dar lo tuyo” es típica de los venezolanos vulgares, él los comprendió bien. Y Gómez puso orden, pagó la deuda externa que veníamos arrastrando desde hace muchos años. Tuvo muchos aspectos positivos, el único negativo es que no había libertad, esa común y corriente.
—¿Y qué significa para usted la democracia?
—La palabra democracia es una proclama de los enseñadores. La democracia es la vivencia del pueblo. No es un poder, es una convivencia y los venezolanos hemos convivido durante 500 años. La democracia no solamente fue ese período de 1958 a 1998, no. La democracia es la convivencia que siempre ha habido, y los venezolanos tienen que volver a recuperar el camino de la democracia, de la convivencia del pueblo.
La democracia se convierte en oligarquía cuando no se conoce bien la historia del país donde se pretende implantar. Uno de los más graves defectos de los dirigentes políticos venezolanos es el desconocimiento de su propia historia de pueblo.
La Historia tras su historia
Cuando salió de bachillerato quería estudiar Derecho, pero gracias a la influencia de su madre y de su maestro don Cecilio Zubillaga Perera, se fue para Caracas y se inscribió en el Instituto Pedagógico Nacional, que hoy pertenece a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). ¿Por qué? Urgía una carrera rápida para cubrir los gastos de la casa.
“Yo aprendí del maestro que el estudio es el fundamento principal de la vida ciudadana en cualquier parte del mundo. A los 17 años me dijo ‘Moroncito, váyase para Caracas, porque como su mamá es maestra, sus tías han sido maestras y un abuelo suyo fue también profesor, usted puede convertirse en un buen maestro”.
Cuando terminó, viajó a España y se doctoró en la Universidad Central de Madrid, hoy Universidad Complutense. Lo hizo porque su madre lo quería ver lejos de la escena política venezolana, que no auguraba buenos tiempos.
Durante aquella estadía madrileña, en los años cincuenta, conoció a María Ilaria, quien después se convirtió en su esposa.
Como si se tratara de ayer, Guillermo Morón todavía rememora la escena ocurrida en la capital de España: “Estaba frente al templo donde se casó Simón Bolívar, yo la había conocido a ella ligeramente, y de repente llegó ella por detrás y me tocó y me dijo: ‘¿Usted es el indio que me está esperando?’. Y ahora es mi mujer. Ella se casó con el indio”.
Morón también fue de los primeros latinoamericanos en obtener la Beca Humboldt, que otorga la Embajada de Alemania, con la que estudió Filosofía en la Universidad de Hamburgo.
A su regreso a Venezuela, a mediados de 1958, se encontró en un país que transitaba hacia una democracia estable. Hasta entonces llevaba una vida académica en la Universidad de Hamburgo, donde ejercía como profesor.
Al reabrir la Universidad Central de Venezuela (UCV) intentó ingresar a la recién inaugurada Escuela de Historia, y no le fue posible porque el comunismo universitario lo tachó como un hombre de derecha: “En la UCV no me recibieron, a pesar de mis títulos y publicaciones, porque estaba dominada por los comunistas, entre ellos un señor llamado Germán Carrera Damas”.
El marxismo marcaba la pauta y Guillermo Morón era visto como un clásico, como un estudioso atrasado de una historiografía a superar. Tiempo después entró a la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y a la Universidad Simón Bolívar (USB), pero a esas casas de estudio no les dedicó mayor tiempo.
Carlos Felice Cardot influyó en Morón para que se quedara en Venezuela y así logró ingresar a la Academia Nacional de la Historia: “Cuando regresé inmediatamente me nombraron numerario y tenía 33 años, eso fue en 1959. En la Academia fui primero director de publicaciones y después director”. Cargos que le permitieron llevar a esa corporación a su época dorada en cuanto a las publicaciones, la organización de su archivo y a la creación del departamento de investigaciones históricas. Su esfuerzo por hacer de la historia una disciplina para todo público, fuera del claustro, se reflejó en el desarrollo de numerosas colecciones que recogieron el registro documental del pasado.
El marxismo en contra
“Lo importante para mí es Venezuela, que después de Rafael María Baralt y José Gil Fortoul, nadie había escrito una historia moderna”. El fruto de esa orientación de su trabajo fue presentado en 1971 y se llamó Historia de Venezuela: 5 tomos que recogen una aproximación a todo el transcurrir venezolano a lo largo de casi 500 años que no se hacía desde el siglo XIX.
Un esfuerzo único en su tiempo, pues los profesionales en el estudio del pasado estaban dedicados a la realización de historias particulares, por la complejidad de los manuales. Su proyecto respondió a lo que él consideraba un déficit en la enseñanza en las escuelas y liceos, premisa que todavía mantiene: “Un pueblo que no aprende su historia está en grave riesgo de perder el alma, y la historia de Venezuela no se aprende con la fuerza y la pasión de otros tiempos, porque la historia dizque no sirve para nada”.
La obra se vendió como pan caliente en el país, sobre todo después de que saliera publicada una crítica en su contra en 1973: “Tuve el honor que la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela escribiera un panfleto llamado De cómo se desmorona la historia: observaciones a la ‘Historia de Venezuela’ , y creyeron que con eso yo me iba a espantar. Al revés, me alegré muchísimo, porque se terminaron de vender los mil ejemplares de esa edición”.
La crítica la firmó la historiadora Angelina Lemmo y expresaba una respuesta académica de la Escuela de Historia, dirigida por Carrera Damas, a la obra histórica de Morón, el flanco favorito del marxismo ucevista.
Poco tiempo después de la publicación y la polémica, en 1974, Morón recibió una comunicación en la que le informaban que la Organización de Estados Americanos (OEA) lo había designado coordinador general de la Historia General de América, un proyecto editorial que Mariano Picón Salas había propuesto ante ese organismo pero que hasta entonces se mantenía engavetado.
Un estudio desde Canadá hasta Argentina requirió de un equipo de historiadores de todo el continente, a quienes se le encomendaron las diferentes aristas y terminaron desarrollándose como profesionales: “Yo me hice cargo y la publiqué, me pateé todo el continente y fueron 33 volúmenes dirigidos por mí, allí incluí las biografías de George Washington y Simón Bolívar”.
Su visión hispanista, traída del franquismo, era demoniaca ante la crítica al colonialismo que blandían los historiadores marxistas, quienes vieron en Morón el blanco de tiro para realizar sus críticas históricas y revolucionarias. El trabajo de la Academia era incompatible con la visión de los historiadores profesionales, sobre todo los egresados de la UCV, quienes desdeñaban la historiografía canónica académica.
Y del otro lado también hubo polémicas: El culto a Bolívar de Germán Carrera Damas fue calificado como un texto subversivo por las autoridades con las que Morón trabajaba, pidiendo la expulsión de Carrera de la Universidad por pervertir la imagen del Libertador.
—Usted trabajó en la Academia Nacional de la Historia en un período en el que la figura del Libertador y de la independencia no podían se objetos de crítica…
—Pero es que Bolívar es un hombre de nuestro tiempo, porque no está relegado a su momento en el pasado, sino que traspasa las barreras de la diatriba y del culto, se pone por encima de la gloria y baja al día, a servir la actualidad. Fue un hombre de carne y hueso que cometió errores como todos los seres humanos. Él, como todos los héroes que participan en el proceso de independencia, militares y civiles, oficiales y soldados, ideólogos o pueblo simple, fueron españoles, pero lo fundamental es que no se les meta en discusiones insolubles. Todo ese barullo sirve solamente para que el pueblo no entienda a los prohombres. El Bolívar de cada autor no es el mismo Bolívar de todos.
—¿Hay desde el Estado una pretensión política por cambiar la historia?
—Eso es una estupidez, la historia no se cambia. Los únicos que pueden hacer historia son los historiadores, no el Presidente de la República, ni los gobernantes. Son los historiadores los que pueden interpretar el pasado. Ahora, la historiografía venezolana ha parcelado la imagen histórica del país al intentar narrar como acontecimientos fundamentales los hechos de gobierno; el reducido a la acción de toma y ejercicio del poder individual; o al crear una ilusoria historia constitucional. La política es el gran eje sobre el cual se mueve la historia, así ha sido hasta el presente en todas las civilizaciones. La política modifica a la sociedad, a la economía y a la cultura, esas son las cuatro patas de la historia, cuatro dimensiones igualmente importantes para entender.
Bien educado
Aunque sirvió como hombre público al ser secretario del presidente del estado Lara empezando la dictadura perezjimenista, siempre destacó como un académico preocupado por la lectura y por la producción de textos educativos, incluso desde su trabajo en el diario larense El Impulso, donde fue un periodista de oficio y jefe de redacción.
Allí evocaba con frecuencia la frase: “La noticia se produce y nadie tiene por qué matarla o asfixiarla antes de tiempo. La información se desplaza, no se empuja; se desuna, pero no se corrompe. Es bueno que sea clara como el agua, desnuda como una lágrima”.
Leer sigue siendo su mayor afición. Escribió cuentos y novelas que se convirtieron en best sellers. Todavía revisa a los clásicos de la literatura, entiende latín y lee griego. “El que no haya leído al Quijote no es un hombre culto, Don Quijote es fundamental”, y luego dice que es su libro favorito.
Como editor de la revista Shell se encargó de difundir a una gran cantidad de escritores que encontraban en esa publicación una importante ventana para darse a conocer. Su trabajo allí lo convirtió en un gerente o empresario editorial bastante próspero. Varias de las reseñas de sus trabajos están en el libro Guillermo Morón, un clásico vivo de Pedro Pablo Paredes.
Ante una mayoría socialdemócrata y socialcristiana, Guillermo Morón impulsó el Comité Nacional de la Clase Media con ideas liberales, frente al estatismo y a la noción de redistribución de la riqueza que propugnaban los partidos políticos entonces. También contra la reforma tributaria. Con este proyecto intentó incursionar en la política junto a Pedro Tinoco y estuvieron en conversaciones con otros partidos para conciliar una candidatura independiente, pero aquello nunca logró prosperar ni mucho menos igualarse a AD ni a Copei.
“Pedro Tinoco se equivocó, yo no tenía ninguna fuerza política. Él quería ser presidente y necesitaba apoyo”, explica. El 27 septiembre de 1968 los miembros de la tolda finalmente se hicieron con el nombre de ‘Movimiento Desarrollista’.
“Ni de derecha ni de izquierda. Lo que soy es un hombre bien educado”, así se define Guillermo Morón, quien apoyó a Hugo Chávez en los años noventa. Una actitud que fue repudiada por algunos miembros del gremio y que, incluso, llegaron a calificar como pase de factura por su rechazo a los partidos Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei).
Idea que a sus 93 años todavía comparte: “Juan Vicente Gómez es uno de los mejores gobernantes que ha tenido el país, a pesar de haber sido un dictador, no se metía con el pueblo ni con los maestros de escuela”, reflexiona cuando le preguntan sobre el devenir de la historia contemporánea venezolana. Entre Gómez y Chávez hay un siglo, un siglo en el que las armas tampoco estuvieron quietas y él considera a ese sector como parte fundamental de la república.
—¿Cuándo decidió retirarle el apoyo a Chávez?
—En cuanto llegó, porque no estaba preparado. A mí me pareció simpático, un buen hombre, agradable y él llegó gracias al apoyo del pueblo y, sobre todo, de las Fuerzas Armadas. Sin las Fuerzas Armadas no llega. Es más, sin ese apoyo nadie puede llegar a ser presidente de Venezuela.
—Entonces, ¿no estamos cerca de un cambio histórico?
—No lo creo.
—¿Cree que Nicolás Maduro se quedará por muchos años más?
—Maduro puede quedarse allí hasta la muerte y no pasa nada, y si lo sacan tampoco pasa nada. Yo no creo que esté próximo a retirarse, quienes lo apoyan son las Fuerzas Armadas.
—Y usted, que vivió casi a plenitud el siglo anterior, ¿qué opina de Juan Guaidó?
—Juan Guaidó es un hombre inteligente, pero no tiene porvenir político, porque no tiene fuerzas. No tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas, ni el popular, pero es un hombre sano y honrado.
—¿Y de los partidos políticos?
—Los partidos políticos desaparecieron, ¿dónde están el PCV, Copei, AD? Primero Justicia y Voluntad Popular no valen nada. No hay ningún dirigente importante en esos partidos, yo no lo veo por lo menos.
—¿Compararía algún período del pasado con este?
—No tiene similitud con otros sucesos del pasado, ni remotamente. Aquí no pasa nada, todos son unos imbéciles.
Esta semblanza se elaboró a partir de una entrevista realizada 19 de septiembre de 2019, y algunos fragmentos de otras entrevistas y artículos de prensa, especialmente del documental Guillermo Morón, maestro de escuela producido por María Eugenia Mosquera, y el material recogido por Efraín Subero en el Ideario-Diario de Guillermo Morón, publicado en 1999, fuentes esenciales que permitieron construir una imagen más amplia del personaje.

Fotografías: Daniel Hernández
Fuente:

sábado, 22 de febrero de 2020

(CON) FABULACIONES

Ideología y miopía
Gabriel Tortella / El Mundo

Es muy trillada y repetida la frase de Marx «la religión es el opio del pueblo». Esto puede que fuera cierto en 1843, cuando salió a la luz su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, donde se contenía dicha frase. Pero hoy, sin duda, la afirmación se queda corta. El propio Marx estaba por entonces elaborando una teoría que más tarde se convertiría en una adormidera mental tanto o más eficaz que todas las religiones juntas. Y es que la historia contemporánea nos muestra que no hacen falta doctrinas trascendentes para anestesiar nuestra capacidad de raciocinio crítico.

En 1588, Felipe II envió a la Armada en condiciones muy adversas para tratar de poner en práctica un plan disparatado de invasión de Inglaterra. Él era consciente de los problemas que la misión conllevaba, pero confiaba en que, como Dios estaba de su parte, todo se resolvería favorablemente. Ni siquiera el terrible fracaso de la expedición le desengañó acerca de la eficacia del favor divino. En 1967, Che Guevara pretendió invadir Bolivia al frente de un puñado de guerrilleros, confiando en que, estando la justicia de su parte, los campesinos bolivianos se alzarían en su apoyo, como dictaba la teoría neomarxista de la revolución latinoamericana. Sin embargo, los campesinos no solo no se levantaron en masa siguiendo el ejemplo del famoso guerrillero, sino que ayudaron al ejército boliviano a capturarle. El Che fue ajusticiado sin contemplaciones; pagó su error con la vida. No sabemos si antes de morir reconsideró la teoría que lo llevó a la muerte; pero el mito del guerrillero heroico subsistió largamente en América Latina. Raramente la realidad disuade a los creyentes en ciertas ideologías, religiosas o no. El creacionismo (la doctrina de que las especies animales fueron creadas por Dios tales cuales las conocemos, en contra de la teoría evolucionista darwiniana, más tarde confirmada por la genética molecular) es aún admitido en muchas universidades norteamericanas.

Igualmente encontramos hoy numerosos comunistas y anticapitalistas, a pesar de escandaloso fracaso del marxismo-leninismo siempre que se ha puesto en práctica. No es sólo el caso del hundimiento de la Unión Soviética y los regímenes comunistas europeos; el marxismo-leninismo ha fracasado en todas las latitudes donde ha sido puesto en práctica, desde Etiopía hasta Cuba y Venezuela. Donde han subsistido con un cierto éxito los regímenes comunistas ha sido en los países que han abandonado la economía comunista y adoptado la de mercado. En España ocurrió algo parecido aunque el punto de partida fuera opuesto. Después de años de fracaso de la economía intervenida al modo fascista, el franquismo adoptó un modelo sui generis de economía de mercado y lo que siguió fueron 15 años de crecimiento espectacular, el entones llamado milagro español. Esta experiencia, afortunadamente, hizo reflexionar a la izquierda, que evolucionó hacia el eurocomunismo y la socialdemocracia, de modo que la transición política fue relativamente fácil y España pudo reconvertirse con poco trauma en una próspera democracia. También los comunistas asiáticos abrieron los ojos ante la realidad, e imitaron, no sé si conscientemente, al régimen franquista: mantuvieron la férrea dictadura en el plano político, pero permitieron a sus economías adoptar las normas del libre mercado. Aquí también fue el éxito fulgurante y la economía china se transformó en una de las más dinámicas del mundo.

Cualquiera hubiera dicho que el derrumbamiento del comunismo económico en Europa y Asia hubiera terminado con una ideología evidentemente desfasada. Pues no. Todavía campan en las universidades (y en alguna vicepresidencia) profesores ignorantes (sí, señores, abundan los profesores ignorantes, sobre todo en España y sobre todo en ciencias sociales) que se proclaman anticapitalistas, ignorando que desde la publicación de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith en 1776 la prosperidad y el bienestar humanos han crecido como nunca jamás en la historia de la humanidad lo habían hecho, e ignorando que el capitalismo, contra lo que creía Marx, era capaz de reformarse profundamente y de aliarse con los herederos intelectuales del propio Marx, dando lugar a sociedades mixtas socialdemocráticas donde todas las clases sociales mejoraron su nivel de vida hasta niveles insospechados; olvidando, además, los fracasos clamorosos de las economías comunistas, y que las únicas dictaduras de cualquier signo que han tenido éxito han sido las que han adoptado el libre mercado capitalista; y olvidando, para concluir, que en las economías capitalistas mixtas la sociedad ha evolucionado muy rápidamente y la vieja división en clases sociales se ha diluído en numerosos estratos donde a su vez domina una fuerte movilidad y permeabilidad. Todo esto no implica que estemos en el mejor de los mundos posibles. Ni mucho menos. Pero sí implica que las necesarias reformas no requieren un proceso revolucionario, y que el anticapitalismo, es el producto, repito, de una ideología desfasada, ignorante de la historia y de la economía.

Aparte del ridículo de los maestros ciruela en nuestras universidades adoctrinando a la juventud con fábulas obsoletas, el peligro de estas anteojeras ideológicas radica en que producen los efectos contrarios a los que se supone que persiguen. Si pretendiendo mejorar la distribución y promover la igualdad económica, por ejemplo, decretamos subidas del salario mínimo sin prestar atención a la evolución de la productividad, lo que resultará es más desempleo, que es la causa más importante de desigualdad en la sociedad actual. Esto se debe a que aumentar el coste de un factor (el trabajo) sin que aumente su rendimiento (la productividad) pone en peligro el funcionamiento de las empresas, especialmente las pequeñas, tan numerosas en España, obligándolas a cerrar o reducir plantilla. Este problema se ha manifestado ruidosamente en estos días en la agricultura, donde predomina la pequeña propiedad y cuya capacidad de negociación es muy pequeña. Por otra parte, las mejoras en la productividad requieren reformas en el sistema educativo, a las cuales se oponen precisamente los partidos de izquierda, que cuentan con los sindicatos de profesores como parte importante de su apoyo.

A agravar estos problemas vienen otras anteojeras de la izquierda, como los intentos de derogar la reforma laboral de Báñez que, contra lo que anunciaron en su día ciertos sindicatos, ha producido una reducción, aún insuficiente, pero sustancial, en la tasa de paro. Se anuncia que al menos se van a derogar «los aspectos más lesivos» de esa reforma sin aclarar cuáles son éstos; uno sospecha que de lo que se trata es de dar más poder a los sindicatos, lo cual normalmente redundará en más desempleo. Por otra parte, esta izquierda tan combativa olvida que uno de los problemas del capitalismo radica en el poder y la proliferación de monopolios. ¿Por qué no se preocupan nuestros feroces anticapitalistas de estudiar el grado de monopolio en los mercados españoles, compararlo con la situación en otros países, y proponer medidas de reforma si resultase que eran necesarias?

Pero las anteojeras ideológicas no son patrimonio exclusivo de la izquierda. La derecha, por ejemplo, se niega a reconocer que las temperaturas en el planeta están subiendo, y que esto puede tener gravísimas consecuencias en un futuro no muy lejano. Parece imposible negar la evidencia de los termómetros y de la reducción del hielo en los casquetes polares. Pero, contra toda lógica, los negacionistas climáticos atribuyen los datos palmarios a científicos corrompidos por oscuros intereses económicos. Es difícil identificar a quién puede beneficiar el temor a las consecuencias del calentamiento, pero sí es muy fácil identificar a quién perjudica este temor: a las poderosísimas empresas productoras de petróleo y carbón, que tienen por tanto interés en subvencionar a los científicos negacionistas. Hablando hace poco con un amigo liberal conservador yo le decía que mi experiencia me confirmaba las prognosis pesimistas sobre el calentamiento: algo tan sencillo como que en mi infancia (en torno a 1950) en Madrid nevaba copiosamente todos los inviernos, blanqueando calles y tejados y permitiéndonos hacer muñecos y batallas de bolas de nieve, mientras que ahora aquí raramente nieva. Él me respondió que el fenómeno era local, porque Madrid había crecido y las grandes ciudades irradiaban más calor, a lo que yo respondí que Brihuega debía haberse convertido en una megalópolis, porque allí también se quejan de que no nieva. Mi interlocutor, hombre por otra parte culto e inteligente, cambió de conversación. Él tampoco estaba dispuesto a quitarse las antiparras ideológicas. En todas partes cuecen habas. Por desgracia.

(*) Gabriel Tortella es economista e historiador. Su último libro, La semilla venenosa. El nacionalismo en el siglo XXI (coautora, Gloria Quiroga), está en prensa.

Fuente:
https://www.almendron.com/tribuna/ideologia-y-miopia/
Imágenes: https://www.gettyimages.es/fotos/comunismo?sort=mostpopular&mediatype=photography&phrase=comunismo

CONTROL DE LA INFORMACIÓN

Una conversación con Anne Applebaum en Caracas
Ángel Alayón

Anne Applebaum es una historiadora y periodista norteamericana dedicada a la historia del comunismo, Rusia, el auge del populismo, la desinformación y la propaganda. Ganó el Premio Pulitzer en 2004 por su libro Gulag y el Premio Nacional del Libro de Estados Unidos en 2012 por El telón de acero. Su libro más reciente es Hambruna roja: La guerra de Stalin contra Ucrania. Applebaum visitó Venezuela por iniciativa de la Universidad Central de Venezuela y otras organizaciones sociales del país. 

Los doscientos noventa y ocho pasajeros del vuelo MH17 de Malaysia Airlines nunca se enteraron de qué fue lo que les pasó la noche del 17 de julio de 2014. Eran los tiempos de la guerra en Donbass, en la que rebeldes prorrusos se habían levantado en armas contra el nuevo gobierno de Ucrania. Un misil tierra-aire derribó el avión que volaba desde Ámsterdam a Kuala Lumpur. Mientras el mundo lamentaba a los civiles caídos, desde Rusia se puso en marcha una operación comunicacional sin precedentes: saturaron la opinión pública con hipótesis sobre la causa de la catástrofe.

Las tesis tenían un amplio rango de verosimilitud. Las versiones oscilaban desde lo posible hasta lo fantástico. “Fue el ejército de Ucrania”. “La CIA derribó el avión”. “El avión cayó por una bomba previamente instalada en Ámsterdam”. “Al avión lo impactó un meteorito”. “Los 298 pasajeros ya estaban muertos y sus cadáveres fueron utilizados para montar una escena para desacreditar a Rusia”. 

Anne Applebaum utiliza el caso del avión de Malaysia Airlines como ejemplo de la teoría rusa del control de la información: inundar el ecosistema informativo con cientos de teorías, con el objetivo de que, al final, nadie crea nada y nadie sepa a quién creer. El objetivo es el descrédito. Luego de que fueran divulgadas todas las versiones, la responsabilidad del ejército ruso en la muerte de los pasajeros del avión de Malaysia Airlines es solo una idea más que circula en la marea de falsedades. Misión cumplida: se ha instalado el escepticismo. 

Estamos al frente de El Ávila, sentados al borde de la piscina del hotel donde se hospeda Applebaum y cumple una apretada agenda. Nos traen café y agua. Toma la botella entre sus manos pero no la abre. Advierte que la otra teoría del control de información es la china. A medida que la tecnología cambia, las tácticas de resistencia también lo hacen. Internet es ahora el centro de atención de los gobiernos autoritarios. “En China emplean a decenas de miles de personas para monitorear lo que se está publicando en Internet. Crear sistemas de control social en los que un gobierno es capaz de seguir a la gente y saber qué está haciendo esa gente”. 

La epidemia de coronavirus en China es una prueba reciente y en curso. El doctor Li Wenliang publicó un post el pasado diciembre advirtiendo sobre la presencia de unos casos misteriosos en su hospital con síntomas similares al SARS, una epidemia que mató a más de ochocientas personas en 2002. Sugería actuar rápido, tomar previsiones y usar equipos de protección para evitar que el personal médico se infectara. Cuatro días después del mensaje, fuerzas de seguridad irrumpieron en su casa y posteriormente fue acusado de “hacer comentarios falsos” y promover disturbios sociales. Firmó un acuerdo donde se obligaba a no discutir más sobre la enfermedad en público.

A Applebaum, la epidemia en China le recuerda a Chernobyl. “Ellos trataron de ocultar algo que era inocultable, porque eventualmente todo el mundo se iba a enterar. Estos regímenes tratan de tener una imagen de que son buenos en la tecnología y parte de su legitimidad proviene de una imagen de eficiencia y de que logran que se hagan las cosas. No decir nada sobre el coronavirus es una manera de proteger esa imagen. Para el gobierno chino es muy importante dar una imagen de modernidad. No a todos los regímenes les importa eso, pero a ellos sí. Suprimir noticias es una manera clásica de tratar de mantener la legitimidad del régimen”. 

Li Wenliang fue diagnosticado con coronavirus semanas después de haber firmado la declaración. Ya convaleciente, se dedicó a informar a medios internacionales sobre la situación de la epidemia. Murió la semana pasada y se sumó a las más de mil víctimas fatales que ha cobrado la epidemia sobre la que advirtió y que continúa propagándose exponencialmente.

Applebaum se pregunta: “¿Cuál de las dos teorías de control de información aplica para Venezuela? No lo sé. Quizás ambas”, se responde a sí misma. 

Son tiempos difíciles para el periodismo. Hay una crisis de los modelos de negocios, y además, las estrategias de desinformación y de manipulación presentan desafíos importantes a las tareas tradicionales de los reporteros. “Es difícil lograr que la gente confíe en lo que escribes”. Cualquiera podría pensar que la verificación de datos es un instrumento que ayuda a contrarrestar la desinformación, pero hay otra capa del problema que no se puede desatender: “La verificación de los hechos solo es exitosa en la gente a la que le interesan los hechos”. 

La información no es la única fuente de control de los gobiernos autoritarios. En el más reciente libro de Applebaum, Red Famine: Stalin’s war on Ukraine, se cuenta con detalle cómo Stalin utilizó el acceso a los alimentos para eliminar a una parte de la población que le resultaba incómoda. El uso político del hambre tiene una larga tradición. “La gente ha controlado el acceso a la comida probablemente desde siempre. Una manera de acabar con tu enemigo es hacer que pase hambre para que se someta”. Y la combinación de pobreza con acceso a los alimentos hace aún más eficaz la capacidad de control. “Cuando la gente es muy pobre, no tiene tiempo para la política. Se sabe que muchas de las revoluciones importantes ocurren cuando la economía está mejorando, como la Revolución Francesa, o la Rusa, que vino luego de un período de crecimiento. Si eres pobre y dependes del Estado, es menos probable que protestes”. 

Applebaum afirma que los países se convierten en símbolos en la escena internacional. Hoy Venezuela se utiliza en muchas partes como una representación del socialismo fallido. “Pero eso no cuenta toda la historia. El problema en Venezuela es también el asalto a las instituciones, a los tribunales y al sistema electoral”.  Más allá del uso instrumental del caso venezolano en la política internacional, Applebaum alerta sobre las consecuencias de ciertas doctrinas: “estar orgulloso de ser marxista o ponerte a ti mismo en la tradición de la Unión Soviética, implica que eres muy ignorante o sabes que se trata de una tradición sangrienta y apruebas la muerte de millones de personas a manos de estos regímenes”. 

La historiadora norteamericana fue testigo de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del comunismo. Eran tiempos optimistas. Treinta años después reconoce que las pulsiones antidemocráticas se mantienen presentes. “Siempre ha habido y siempre habrá regímenes que aspiren y traten de llevar a cabo el sueño totalitario. Quizás en 1989 pensé que todo había terminado. Ahora pienso que siempre vamos a tener que luchar contra eso, contra el deseo de alguien a controlarlo todo”.

Fuente:
Fotografía: Andrés Kerese | RMTF,

domingo, 29 de diciembre de 2019

TERRORISMO INTELECTUAL

Los filotiránicos
Edgar Cherubini 

En Francia, junto a los “guardianes del templo” comunista, conviven intelectuales, periodistas y dirigentes de izquierda que apoyan sin ningún pudor a los regímenes dictatoriales y corruptos de Cuba, Bolivia, Nicaragua y Venezuela, países que integran el Foro de São Paulo, la nueva internacional comunista aliada al crimen organizado en esos tristes trópicos. El apoyo de esa izquierda a los desmanes totalitarios de los caudillos caribeños es una pulsión que florece y da sus frutos en el terreno de la patología política. Siendo promotores del tercermundismo, algunos llegan a traicionar a sus propias sociedades, mientras que otros se expresan con eufemismos o mantienen un silencio cómplice dentro del political correctness de los sistemas democráticos del primer mundo donde viven cobijados en la seguridad de sus tribunas mediáticas o académicas sin temor a ser perseguidos por expresar sus ideas en libertad. Esos intelectuales han sido incapaces de desprenderse de sus camisas de fuerza ideológicas y como bien lo expresara Pascal Bruckner, viven una verdadera “ortopedia del pensamiento”.[1]
En la década de 1950, el filósofo Jean Paul Sartre dispensaba alabanzas al socialismo real de la URSS, pasando por alto la violación de los derechos humanos y los 20 millones de disidentes asesinados por el estalinismo, llegando a declarar en 1954: “En la URSS la libertad de crítica es total”. Dos años más tarde, en 1956, después de que el “Informe Krushev” destapara las crueldades del régimen, no vaciló en volcarse hacia la utopía revolucionaria caribeña. Sin ningún decoro comenzó entonces a proponer la idea del “hombre nuevo” inspirado en la Revolución cubana.
Según Isis Wirth, Huracán sobre al azúcar (Ouragan sur le sucre), los 16 artículos que Sartre hizo aparecer en France-Soir en 1960, fue la apología y la exégesis avant-la-lettre del castrismo. (…) El »especialista de las revoluciones» declaraba que con Castro jamás arribaría la época del terror. Lo más atroz para Wirth es la apologética teórica de la personalidad de Fidel Castro, aderezada con visos filosóficos: “Sartre analiza lo ‘sintético’ de su pensamiento, el carácter ‘totalizador’ -adjetivo del que aún no se cuidaba- de su sensibilidad. Castro no es una ‘totalidad’ singular sino el ‘todo’. ‘El es todos los hombres de la isla; fuera de esto, nada’. O, dicho de una manera más lírica: ‘Castro ya era la isla entera’. Sartre no vacila, incluso, en efectuarle un ‘análisis molecular’ y escribe, “Castro es como ‘el dios de Aristóteles, el primer motor’”. [2]
Fidel Castro, quien en vida expresó que “no quería morir sin ver incendiada Latinoamérica”, en 1994 le pasó el testigo a un militar golpista venezolano, de allí que Hugo Chávez comenzó por repetir los mismos eslóganes: “El hombre nuevo que el socialismo del siglo XXI dará a luz en Venezuela” y “Patria, socialismo o muerte”. Con esto último, sellaba lo ya demostrado por el nazismo y el comunismo, que las ideologías dogmáticas que adoptan “la muerte” como motto, son la fuente de un terrorismo de Estado, arrogándose el derecho de aniquilar en forma física o política a quienes se opongan a sus objetivos.
En los intelectuales de izquierda y muchos de los asesores políticos, analistas y periodistas europeos, amancebados con el régimen militarista y narcoterrorista que instauró Chávez y continuó Maduro, lo que ha privado es la transacción, el utilitarismo, el cinismo o la simple perversidad. Nos negamos a creer que se trata de ideología, ingenuidad o miopía, pues la llamada “revolución bolivariana”, que no es otra cosa que una mafia del crimen organizado está a mucha distancia de la práctica del socialismo democrático moderno del que tanto disfrutan y conversan puertas adentro, en los bistrots de moda o desde sus cómodas sillas académicas en prestigiosas universidades.
La seducción de Siracusa
El apoyo, el mutismo, el comportamiento adulante y complaciente a dictadores latinoamericanos como lo fueron Chávez y Castro y ahora Ortega, Morales y Maduro, que han destruido todo concepto de democracia, entre otros desgarramientos que ocurren en esas lejanas latitudes, nos recuerda la admonición de Mark Lilla en su asertivo ensayo “La seducción de Siracusa”. [3]
Lilla profundiza las razones que llevaron a muchos intelectuales europeos del siglo XX a avalar toda clase de tiranías y desviaciones al sentirse “seducidos por la fascinación del poder totalitario, sus líderes carismáticos o sus mesiánicas ideologías. Coreografiaron cuidadosamente sus viajes y paseos por los dominios de los tiranos, eso sí, con billetes de regreso en la mano. Las doctrinas del comunismo y el fascismo, del marxismo en todas sus barrocas mutaciones, del nacionalismo, del tiers mondisme, en ocasiones animadas por el odio contra el poder despótico, fueron todas capaces de generar feroces dictadores, pero también de cegar a los intelectuales ante sus crímenes”. Sobre los intelectuales europeos que apoyaron o que hoy apoyan estas aberraciones, Lilla es cáustico al afirmar: “La Europa continental alumbró dos grandes sistemas dictatoriales durante el siglo XX, el comunismo y el fascismo; del mismo modo, también creó un nuevo tipo social para el que necesitamos un nuevo nombre: el del “intelectual filotiránico”.
El terrorismo intelectual y el “efecto Lucifer”
Es conocida la actitud de asedio, descalificación y agresión demostrada por los intelectuales y medios de izquierda contra los que no piensan como ellos, siendo notorio en el caso de Aleksandr Solzhenitsin (1918-2008) durante su visita a París en 1974. Este físico y matemático ruso fue condenado a trabajos forzados en un campo de concentración o Gulag desde 1945 a 1956, por expresar opiniones contrarias al régimen estalinista en una carta dirigida a un amigo. Solzhenitsyn fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1970 y expulsado de la Unión Soviética en 1974, cuando el aparato de espionaje de la KGB se enteró de que el escritor había registrado las conversaciones con más de 100 disidentes políticos sobrevivientes como él, para dar a conocer los horrores a los que fueron sometidos durante su cautiverio en el Gulag. Se trataba de científicos, intelectuales, agricultores y gente del común que, aparte de los trabajos forzados y la falta de alimentos a los que estaban sometidos, debían sobrevivir a los hostigamientos de delincuentes y criminales recluidos en un mismo recinto, para que no tuvieran sosiego ni de día ni de noche. Solzhenitsyn resistió 11 años el infierno del Gulag.
Stéphane Courtois, editor de El libro negro del comunismo, señala: “El comunismo real, puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir el terror como forma de gobierno”[4]. Los actos criminales que significaron hostigamientos, prisión, asesinatos, tortura, exclusión social y deportaciones que arrojó la implantación del comunismo ofrecen un balance más terrible que el del nazismo. De acuerdo con dicho informe, se calcula en 20 millones de opositores asesinados en la URSS, de los cuales un gran porcentaje murió en los Gulags, sirviendo de modelo administrativo eficiente para los campos de exterminio nazis, gracias a los intercambios oficiales y protocolos secretos que se sucedieron durante el pacto ruso-alemán de 1939.
En el libro Archipiélago Gulag, metáfora que Solzhenitsyn utiliza para diseccionar ese sistema de prisiones, pudo publicarlo en París en diciembre de 1973, al enterarse de que el KGB había apresado y torturado hasta darle muerte a Elizaveta Voronyánskaya, su secretaria, exigiéndole revelara el lugar donde escondía el manuscrito original. En febrero de 1974 fue detenido y acusado de traición a la patria, a los pocos días lo despojaron de la ciudadanía soviética y lo deportaron a Alemania.
Bajo el título El terrorismo intelectual de la izquierda, Jean Sévillia[5] publica una crítica demoledora sobre la intelectualidad y los medios de comunicación ocupados por la izquierda en Francia. Entre otros temas, reproduce las opiniones sobre Solzhenitsyn del editorial de L’Humanité del 17 de enero de 1974: “La publicación del Archipiélago Gulag está enmarcada en una campaña antisoviética, destinada a distraer de la crisis que padecen los países capitalistas”. Le Monde, Le Nouvel Observateur, Tel Quel y otros medios no se quedan atrás, y califican a Solzhenitsyn de “traidor de la izquierda”, “colaboracionista de la derecha y del capital”, “máquina de guerra contra la URSS, contra el socialismo y contra la unión de la izquierda en Francia”, “profeta de la contrarrevolución” (Apostrophes, 1974), “es un personaje psíquicamente inquietante. Tiene un aspecto simiesco, es como un mono que con tristeza ve pasar a los que se pasean el domingo frente a su jaula” (Tel Quel, 1974).
Mientras estuvo en el país que se ha ufanado siempre de ser el campeón de los derechos humanos, denunció que aún estaban en funcionamiento en la URSS más de 2.000 Gulags, donde permanecían recluidos cinco millones de prisioneros políticos y que en ese mismo año la KGB había dado muerte a más de 20.000 disidentes. Es imperdonable que destacados intelectuales y dirigentes de la izquierda francesa guardaran silencio sobre esos hechos mientras sus acólitos asesinaban intelectualmente al escritor que había osado criticar el régimen comunista de Stalin. Es lo que conocemos como “efecto Lucifer” al que apunta el psiquiatra Philip Zimbardo, “El mal de la inacción o del silencio es una nueva forma del mal, que apoya a aquellos que perpetran el mal”.[6]
A raíz de la muerte de Stalin, las revelaciones del Informe Khrushchev en 1956 produjo por muchos años en dirigentes e intelectuales de izquierda una negación psicótica del totalitarismo soviético. El Partido Comunista francés tardó 17 años en reconocer la veracidad de dicho informe, de allí que sus dirigentes, junto a intelectuales y medios, avalaran por igual el sojuzgamiento a la URSS de los países del Europa del Este por el Pacto de Varsovia, la invasión a Hungría (1956) o el aplastamiento de la primavera de Praga (1968). Los que lograron distanciarse de esa distorsión cognitiva sobre Stalin corrieron presurosos a cantarle alabanzas a nuevos tiranos comunistas, en especial a Fidel Castro, el Stalin caribeño creador de un Gulag tropical donde recluyó a 11 millones de cubanos.
Thierry Wolton, periodista y ensayista francés, autor de Histoire Mondiale du Communisme, en una entrevista que le hace el diario Le Figaro,[7] le preguntan sobre la responsabilidad de los intelectuales, en particular los franceses, en el negacionismo de los crímenes cometidos por el comunismo y por qué esta ideología ejerce tal influencia en ellos. Wolton, alarmado por la carencia de reflexión después de la amplia cobertura de los medios internacionales con motivo del centenario de la Revolución rusa celebrada en 2017, expresó consternado: “Hace dos años, con motivo del centenario de octubre de 1917, un evento que dio origen al comunismo en el siglo XX se ha mantenido oculta por muchos clichés la realidad de esta trágica historia, a pesar de los hechos probados e indiscutibles. Esto es ‘negacionismo’, pues no es una interpretación de la historia, que sería una cuestión de opinión, sino la negación de la realidad. Continúan presentando el advenimiento del comunismo como una hermosa conquista del hombre, con sus gloriosas páginas tomadas de la propaganda de la época, destinadas precisamente a ocultar la realidad de la tragedia, ya que la mayoría de los medios reutilizaron ese mismo discurso propagandístico. (…) La actual negación de izquierda está arraigada en la ceguera de los intelectuales al comunismo durante el siglo XX”.
edgar.cherubini@gmail.com

[1] Pascal Bruckner, Le sanglot de l’homme blanc, Seuil, París, 1983.
[2] Isis Wirth, «El Evangelio según Jean-Paul Sartre», El Nuevo Herald, 26.10.2008.
[3] Mark Lilla, Pensadores temerarios, Debate, 2005.
[4] Stéphane Courtois, Le Livre noir du communisme: Crimes, terreur, répression. Ed. Robert Laffont, 1977.
[5] Jean Sévillia, Le terrorisme intellectuel. Ed. Tempus, 2000.
[6] Philip Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding the Evil. Penguin Random House, 2007.
[7] Thierry Wolton, «Il faut aussi combattre le négationnisme de gauche!». Le Figaro Premium – 22/04/2019.

Fuente:
Fotografía: Sartre en La Habana, en segundo plano el Che Guevara y (der) Fidel. © Alberto Korda.

sábado, 21 de diciembre de 2019

SORPRESA

¿El general Gómez comunista?
Nicomedes Febres

* Ante todo quiero agradecer a la infinidad de amigos por todas las vías que ayer me hicieron muy feliz por la celebración de mi cumpleaños. Me hicieron sentir estimado por todos y eso se agradece y me compromete. Gracias de verdad.

* En medio de las felicitaciones estaba tratando de poner orden en la biblioteca y topé con un libro que me regaló mi estimado amigo el anticuario Amado Villegas y titulado Bolívar. Como soy un tanto hereje en el asunto de las iglesias bolivarianas hojee el libro y resultó una edición facsimilar de 1971 de una revista quincenal de 1930 y 1931 editada por el gobierno de Venezuela por trascorrales con motivo del centenario de la muerte del Libertador, pero lo que capto mi curiosidad fueron las firmas de reconocidos marxistas entre los autores que firmaban sus columnas. Los editores eran dos españoles cuyos apellidos eran Abril de Vivero y Pérez Domenech. Aquello me sedujo porque ver a una apología de Sandino, o una columna de César Vallejo o Waldo Frank financiada por el régimen gomecista parecía un contrasentido, una suerte de arroz con mango. La revista llamada Bolívar salió quincenalmente entre enero de 1930 y hasta abril de 1931, cuando ya había pasado la celebración del centenario de la muerte del padre de la patria y ya no podían aguarle la fiesta al benemérito. En el acto comencé a ficharla y a deducir que aquellos intelectuales marxistas latinoamericanos se hacían la vista gorda ante el gobierno dictatorial ya longevo del general Gómez o más disparatado aún, el general Gómez había dado con la fórmula para comprar comunistas y no lo sabíamos. Detuve el trabajo de organizar la biblioteca y comencé a leer con fruición el libro donde me topé con un artículo de Vallejo haciendo una apología del Soviet soviético, o reportajes laudatorios sobre Rusia y al siguiente ejemplar aparece este texto que copio: “Monseñor Montes de Oca arzobispo de Valencia fue expulsado el último año por impugnar públicamente las leyes del Estado. El gobierno ha publicado la copiosa correspondencia cambiada entre el arzobispo de Caracas y los demás prelados en que se califica de violenta e ilegal tal medida. La publicación de esos documentos es el mejor testimonio de la obcecada rebeldía en que han incurrido esos prelados al solidarizarse con la absurda actitud de monseñor Montes de Oca. Dado que en Venezuela rige el patronato y no el concordato, un Patronato que supone la dependencia de la Iglesia con respecto del Estado, entonces el clero venezolano no posee autoridad alguna para pronunciarse como lo ha hecho monseñor Montes de Oca contra la vigente Ley de Divorcio”. La situación era tan particular que la revista optaba por sacar a los anunciantes para incluir a los artículos que quería meter de algunos camaradas y eso si es verdad que nunca lo había visto y demuestra hasta qué punto el benemérito tenía neutralizado a los comunistas cuando aquí estos estaban hasta en La Rotunda. Me hubiese encantado comentar esta revista con el presidente Betancourt que los conocía como la palma de su mano y por eso los supo derrotar intelectualmente primero. Que carajos tan sinvergüenzas son estos comunistas de cafetín que por cuatro lochas venden hasta su madre y les dejo hasta aquí para seguir leyendo estos asunto de burdel mientras me imagino al general Gómez en Maracay: si señor! Y cómo le parece la voladora al amigo? O un vea pues, anjá y saque unas morocotas para estos abuelos del chavismo. Sí Señor.

* En la foto una portada de la revista sacada en Madrid bajo la “feroz tiranía” del General Primo de Rivera y el reinado de Alfonso XIII.

Fuente:

Post-data
Luis Barragán J. Extraño....
Nicomedes Febres Luces Muy extraño, creo que se hizo para comprar a los intelectuales comunistas de la época que hacían vida en Latino América y en Madrid. El más consistente autor era el peruano César Vallejo vinculado a Mariátegui el fundador del partido comunista peruano y mantuvo la primera gran polémica sobre socialismo con Haya de la Torre y de la cual se deslindan los social demócratas (Haya, Betancourt ] latinoamericanos de los comunistas.

viernes, 13 de diciembre de 2019

BREVIARIO

Entreclásicos
Octavio Paz y el opio de los intelectuales
El mexicano fue uno de los primeros intelectuales que se atrevió a denunciar sin titubeos los crímenes de las autoridades soviéticas, cuya ortodoxia marxista cautivó a varias generaciones
Rafael Nárbona

¿Cuándo empezó el idilio entre los intelectuales y el marxismo? ¿Quizás en los años veinte del pasado siglo, cuando el capitalismo colapsó por culpa de una descomunal crisis económica? ¿O tal vez antes, cuando se admitió que la violencia era un recurso legítimo para materializar la utopía de una sociedad igualitaria y perfecta? El marxismo incorpora a su filosofía el terror jacobino y la dialéctica de la historia de Hegel, justificando la guerra revolucionaria. El marxismo cautivó a varias generaciones de intelectuales, explotando el mesianismo que ya se había esbozado en el siglo XVIII, cuando se abolieron los dogmas del Antiguo Régimen para reemplazarlos por nuevos mitos como la voluntad general –o popular-, la paz perpetua, la igualdad o la infalibilidad de la razón científica. Durante la posguerra de 1945, los intelectuales se mostraron implacables con las imperfecciones de los países democráticos, pero transigieron con las gravísimas violaciones de los derechos humanos cometidas en la Unión Soviética, alegando que la construcción del socialismo no podría realizarse sin firmeza contrarrevolucionaria. Es decir, sin represión y autoritarismo. Octavio Paz fue uno de los primeros intelectuales que se atrevió a denunciar sin titubeos los crímenes de las autoridades soviéticas. Al igual que George Orwell, experimentó un profundo desengaño en España. Durante su participación en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, descubrió que las milicias populares pasaban por las armas sin juicio a los que consideraban “fascistas”, un término muy amplio que englobaba a todas las formas de disidencia. Las tácticas represivas de socialistas, comunistas y anarquistas apenas diferían de la violencia fascista. El totalitarismo es un monstruo de dos caras, como Jano. El fascismo asesinaba en nombre de la Raza; el socialismo, en nombre del Pueblo. En ambos casos, se utilizaban entelequias para amparar el odio y la intolerancia.

En marzo de 1951, Octavio Paz publicó en la revista Sur, dirigida por la escritora Victoria Ocampo, un artículo titulado “Los campos de concentración soviéticos”. Le inspiró el testimonio de David Rousset, que había sobrevivido a Buchenwald y había narrado sus penalidades en El universo concentracionario, gracias al cual ganó el Prix Renaudot. Cuando descubrió que en la Unión Soviética existían campos de concentración, Rousset levantó su voz para denunciarlo. Fue la primera persona que utilizó en Francia el término “Gulag”. El periódico comunista Les Lettres françaises le acusó de mentir y falsear datos. Rousset presentó cargos contra el periódico y ganó el juicio. Paz aprovechó la polémica para recordar que en la Unión Soviética no había libertad sindical ni derecho de huelga. Las purgas y las deportaciones eran moneda corriente en el paraíso socialista: “La URSS es joven y su aristocracia todavía no ha tenido el tiempo histórico necesario para consolidar su poder. De ahí su ferocidad”. Octavio Paz finalizaba su artículo salvando al socialismo, una ideología que aún contaba con su simpatía: “La planificación de la economía y la expropiación de capitalistas y latifundistas no engendran automáticamente el socialismo, pero tampoco producen inexorablemente los campos de trabajos forzados, la esclavitud y la deificación en vida del jefe. Los crímenes del régimen burocrático son suyos y bien suyos, no del socialismo”.

En 1973, Octavio Paz dio un paso más, escribiendo un artículo sobre el caso Heberto Padilla, represaliado por la dictadura castrista. Obligado a incriminarse en público y a repudiar su obra, el encarcelamiento de Padilla por atreverse a disentir corroboraba la deriva autoritaria del castrismo: “En Cuba ya está en marcha el fatal proceso que convierte al partido revolucionario en casta burocrática y al dirigente en césar”. Octavio Paz no había compartido el entusiasmo inicial de otros escritores hacia la Revolución cubana. No asistió al famoso Congreso de La Habana en 1967 y si bien aplaudió la caída de Batista, prefirió mantener las distancias. El tiempo le dio la razón. La revolución de los barbudos de Sierra Maestra siguió los mismos pasos que otras revoluciones comunistas: represión de la disidencia, supresión de las libertades, dictadura de partido.También en 1973, Paz publica en Plural una severa crítica contra Jean-Paul Sartre, que titula “El parlón y la parleta”. Sartre ha cultivado el estilo hermético de Husserl y Heidegger, pero con el tiempo ha adoptado la prosa airada del panfleto. Es una especie de Diógenes furioso, que vive en un tonel de palabras: “Hoy habla a chorros sobre lo que ocurre, ocurrirá o no ocurrirá en los seis continentes y el porqué de cada acontecimiento”. Tras criticar el reformismo de Salvador Allende, Sartre se ha mostrado partidario de coordinar la acción armada de las guerrillas campesinas y urbanas. Elogia a los tupamaros, que ya han adoptado esa estrategia, y celebra la clarividencia de Mao, que ha vencido la tentación burocrática mediante el Libro Rojo, suficientemente abierto y flexible para garantizar la libertad de pensamiento. Mao fomenta el culto a su persona, pero no es tan sanguinario como Stalin. Sartre no se muestran tan indulgente con los escritores “burgueses” como Baudelaire y Flaubert. El intelectual debe estar al servicio del obrero y ser él mismo un obrero. Algo perplejo, Paz se pregunta si el intelectual podría entonces desempeñar su papel como voz crítica e independiente. Sartre no se inquieta ante las paradojas o contradicciones. Tampoco rectifica sus errores. No entiende por qué la clase obrera no apoya la revuelta estudiantil de Mayo del 68, que propone como modelo político y social la China de Mao.

En 1974, Octavio Paz publica en Plural “Polvos de aquellos lodos”, un vigoroso ejercicio de autocrítica sobre los escritores que se adhirieron al comunismo, desviando la mirada hacia otro lado cuando los hechos cuestionaban las exaltaciones utópicas. En esas fechas, muchos intelectuales consideraban que la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado eran fases inevitables en el camino hacia el edén socialista. Sartre acusaba a los que denunciaban el sistema represivo de la URSS de proporcionar argumentos al imperialismo capitalista. En el contexto de la guerra fría, había que ser beligerante, tomar partido. La equidistancia solo favorecía a los enemigos de la clase trabajadora. Paz responde que la publicación en 1968 de El Gran Terror, del historiador británico Robert Conquest, había dejado muy claro que el furor homicida de Stalin apenas diferiría de las políticas genocidas de Hitler. El objetivo del Gulag no era reeducar, ni explotar mano de obra barata. Se perseguía castigar, intimidar y atemorizar, silenciando cualquier protesta. La insistencia en las confesiones públicas y en las delaciones era una maniobra para desacreditar a los opositores, convirtiéndolos en cómplices de sus verdugos. El Gulag era “una institución de terror preventivo. La población entera, incluso bajo el dominio relativamente más humano de Jruschov y sus sucesores, vive bajo la amenaza de internación. Asombrosa transposición del dogma del pecado original: todo ciudadano soviético puede ser enviado a un campo de trabajos forzados. La socialización de la culpa entraña la socialización de la pena”.

Octavio Paz descarta responsabilizar a Stalin de una supuesta desviación de la filosofía marxista.El terror apareció con Lenin y los bolcheviques. Lenin fundó la Checa con el pretexto de combatir a los contrarrevolucionarios, pero su propósito real era utilizar la tortura y los campos de trabajos forzados para asegurarse un control absoluto del poder político. Lenin instauró la dictadura del Comité Central sobre el partido, liquidando cualquier atisbo de democracia interna. Octavio Paz reproduce dos citas de Lenin que despejan cualquier duda. En 1921, escribe: “El lugar de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios, lo mismo los que confiesan serlo que los que lo disimulan, es la prisión…”. En una carta dirigida a Kámenev con fecha de 3 de noviembre de 1922, añade: “Es un error muy grande pensar que la NEP [Nueva Política Económica, una especie de capitalismo de Estado] ha puesto fin al terror. Vamos a recurrir otra vez al terror y también al terror económico”. Lenin cuestiona que la clase obrera pueda acabar por sí sola con el capitalismo. Es necesario un partido. No solo para hacer la revolución, sino para evitar cualquier retroceso o desviación. Trotski comparte ese punto de vista, descartando cualquier concesión al diálogo: “El partido está obligado a mantener su dictadura sin tener en cuenta las fluctuaciones transitorias de las masas y aun las vacilaciones momentáneas de la clase obrera”.

El marxismo propiciaba el despotismo con su exaltación de la violencia y su desprecio de la democracia burguesa. Una ideología “socialista, progresista, científica y popular” esconde mejor su barbarie que el racismo hitleriano, pero lo cierto es que el régimen soviético se cobró al menos quince millones de vidas. Al igual que la Alemania nazi, la URSS retrocedió a las peores épocas de la Edad Media con sus grandes matanzas. Las indudables injusticias de la economía de mercado empujaron a muchos intelectuales a suscribir las tesis del marxismo. En América Latina, la tradición del cesarismo golpista añadió un motivo más para soñar con el paraíso socialista. El ser humano suele oponer una feroz resistencia a los procesos de desmitificación que destrozan sus sueños. Quizás esa es la razón del apoyo a Stalin por parte de figuras como Aragon, Éluard, Neruda y Alberti: “Empezaron de buena fe, sin duda, […] pero insensiblemente, de compromiso en compromiso, se vieron envueltos en una malla de mentiras, falsedades, engaños y perjurios hasta que perdieron el alma. Se volvieron, literalmente, unos desalmados”. Octavio Paz se incluye entre los que caminaron por el lado equivocado de la historia, dejándose deslumbrar por los mitos del comunismo: “Nuestras opiniones en esta materia no han sido meros errores o fallas en nuestra facultad de juzgar. Han sido un pecado, en el antiguo sentido religioso de la palabra: algo que afecta al ser entero. […] Digo esto con tristeza y con humildad”.

La clarividente denuncia del comunismo de Octavio Paz le acarreó un elevado coste personal, que incluyó las acusaciones más disparatadas. “Los adjetivos cambian, no el vituperio –apunta el escritor mexicano-: he sido sucesivamente cosmopolita, formalista, trotskista, agente de la CIA, ‘intelectual liberal’ y hasta ¡estructuralista al servicio de la burguesía!”. En “Gulag: entre Isaías y Job”, un artículo de 1975 publicado en Plural, Paz salió en defensa de Solzhenitsyn, descalificado por sus convicciones ortodoxas y su paneslavismo. Solzhenitsyn no es un intelectual progresista, sino un tradicionalista que repudia la modernidad surgida de la Ilustración y las revoluciones románticas. No es liberal ni capitalista. Cree en la libertad, la caridad y la dignidad humana, pero no en la democracia representativa: “Aceptaría que Rusia fuese gobernada por un autócrata, si este autócrata fuese asimismo un cristiano auténtico: alguien que creyese en la santidad de la persona humana, en el misterio cotidiano del otro que es nuestro semejante”. Su cristianismo no es intransigente ni inquisitorial. Octavio Paz destaca su pasión moral: “La pasión moral es pasión por la verdad y provoca la aparición de la verdad”. Su voz es profética, bíblica. Nos hace pensar en Job e Isaías: “Nos habla de la actualidad desde la otra orilla, esa orilla –confiesa Paz- que no me atrevo a llamar eterna porque no creo en la eternidad”.

Solzhenitsyn “toca la historia desde la doble perspectiva del ahora mismo y del más allá”. Su Archipiélago Gulag no reveló nada nuevo, pero logró que el fervor por la Unión Soviética se apagara definitivamente:“Los intelectuales de izquierdas por fin aceptaron que el paraíso era el infierno”. Octavio Paz señala que Solzhenitsyn tiene todas las virtudes y todos los vicios del genio ruso: valeroso, compasivo y humilde, pero también arrogante, insensible y brutal. La combinación de estos rasgos antitéticos ha alumbrado escritores como Dostoievski, donde la piedad convive con la brutalidad. Como hombre, Solzhenitsyn puede inspirar mayor o menor simpatía, pero nadie puede negar que Archipiélago Gulag sea un extraordinario testimonio del sufrimiento padecido por los pueblos de la URSS bajo el totalitarismo soviético. “Nuestra civilización ha tocado el límite del mal (Hitler, Stalin)”. Archipiélago Gulag es uno de los relatos esenciales de esa abominación. En eso reside su “grandeza”. Nos muestra a Job en el fango, incapaz de saber si aún es posible hundirse más. Solzhenitsyn nos refiere conductas bestiales, pero también gestos de santidad. La violencia totalitaria no logra borrar la dimensión espiritual del ser humano, donde alientan el sacrificio, el amor a la libertad y el heroísmo.

En 1983, Octavio Paz publica “Crónica de la libertad”, un artículo sobre la lucha de Polonia contra la dictadura comunista. Es una bella pieza literaria que combina magistralmente periodismo, historia y política. Paz afirma que Polonia ha logrado preservar su identidad cultural gracias al catolicismo. La constitución polaca de 1791 es la primera redactada y aprobada en Europa desde la época grecorromana. Establecía la separación de poderes, la soberanía popular y la responsabilidad de los ministros ante el parlamento. Catalina de Rusia acabó con la joven democracia polaca, enviando al ejército para abortar una iniciativa que consideró subversiva. Hasta 1918, Polonia no recuperó su independencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, su sufrimiento fue inenarrable: Auschwitz, las fosas de Katyn, el levantamiento del gueto de Varsovia, la sublevación posterior de la ciudad contra los nazis ante la mirada impasible del Ejército Rojo. Abandonada por Roosevelt y Churchill en la Conferencia de Yalta, Polonia quedó atrapada en el otro lado del telón de acero. Desde entonces, se han producido varios levantamientos populares para pedir pan, libertad e independencia. En 1956, el ejército acalló las protestas con una represión que costó cincuenta vidas, cientos de heridos y miles de detenidos.

Paradójicamente, los obreros pedían libertad de asociación y derecho de huelga en un país comunista. Entre 1967 y 1970 surgieron nuevas revueltas que se resolvieron con centenares de muertos. El liderazgo de Lech Walesa y Juan Pablo II puso al gobierno comunista contra las cuerdas. Octavio Paz señala que Walesa no es un intelectual, sino “un hombre salido del pueblo”. En 1981, el general Wojciech Jaruzelski proclamó la ley marcial. De nuevo, se perdieron muchas vidas inocentes. El artículo de Octavio Paz finaliza mucho antes de que la lucha de Solidaridad y la caída del Muro de Berlín libraran a Polonia del comunismo. Paz nos recuerda que en los años ochenta los obreros polacos luchaban por derechos que los trabajadores de casi todo el planeta habían conquistado cien años atrás. En un entrevista realizada diez años más tarde por Komsomólskaya Pravda, Octavio Paz intentó explicar el éxito del comunismo por medio de las insuficiencias de las sociedades libres y plurales: “La gran ausente de nuestro mundo es la palabra fraternidad”. Al margen de esa importante carencia, “las sociedades democráticas liberales no ofrecen un proyecto de futuro. Carecen de lo que podría llamarse metahistoria, es decir, de una visión del hombre que englobe su pasado, su presente y su futuro. Una visión en la que todos se reconozcan” (“Un escritor mexicano ante la Unión Soviética”).
En su ya clásico ensayo El opio de los intelectuales (1955) Raymond Aron afirmó que expresiones como “revolución”, “proletariado” o “lucha de clases” se habían convertido en iconos sagrados. La izquierda se inclina ante ellas con reverencia, reprimiendo cualquier indicio de crítica o titubeo. Ya no son ideas, sino dogmas y se considera herejes a todos los que se atreven a cuestionarlas. El comunismo se ha convertido en el opio de los intelectuales. Por eso son tan necesarios los escépticos. La duda es la herramienta más eficaz contra los fanáticos. Octavio Paz, con su espíritu crítico y su desconfianza hacia las ideologías, realizó una significativa aportación en la lucha contra esa nueva forma de inquisición que fue el comunismo. No cito al Santo Oficio por capricho, sino por la semejanza en los procedimientos: denuncias anónimas, interrogatorios brutales, imposibilidad de ejercer ninguna clase de defensa, confesiones públicas bajo coacciones, castigos ejemplarizantes.  Ahora que vuelven los ídolos y surgen intentos de blanquear los totalitarismos de distinto signo, conviene releer los artículos y ensayos de Octavio Paz. Por sus páginas circula el inconfundible viento de la libertad.

Fuente:
https://elcultural.com/octavio-paz-y-el-opio-de-los-intelectuales?fbclid=IwAR3SuX3mOWcPyu6HBMgku0XG7oZPxTUzoVR8JJvHNxCUVtL4rOVzln07Ib4
Fotografías:
Octavio Paz
http://leedor.com/2018/03/31/octavio-paz-la-renovacion-de-la-poesia-latinoamericana/
https://www.britannica.com/topic/Bajo-tu-clara-sombra-y-otros-poemas
Pedro Yanez, Heberto Padilla y Reinaldo Arenas, en la librería 'Las Américas', en New York
https://www.creatividadinternacional.com/profiles/blogs/a-quince-a-os-de-la-desaparici-n-f-sica-de-heberto-padilla
Alexander Solzhenitsyn
https://www.radiotelevisionmarti.com/a/solzhenitsyn-en-el-aniversario-de-su-muerte/13416.html
Andreu Nin
Fotograma de la película polaca ‘Katyn’ (2007) que muestra la masacre de 22.000 oficiales, policías, funcionarios, sacerdotes e intelectuales polacos a manos de los soviéticos en abril y mayo de 1940

martes, 2 de abril de 2019

ADEMÁS; RUSIA, POST-MARXISMO

El que tenga qué decir sobre el 187-11, debe hacerlo en el debate  parlamentario

El viernes próximo pasado,  el apagón frustró un encuentro del diputado Luis Barragán con cursantes del pre y post-grado del profesor Jonathan Benavides de la Universidad Central de Venezuela.  A mitad del evento, el corte eléctrico también dejó sin telefonía celular a los asistentes que, en principio, versaban sobre un tema poco frecuente, como es el del socialismo y las alternativas inmediatas que asoman su fracaso.

En efecto, concluida la exposición del parlamentario, luego de la presentación del profesor Benavides, especialista en la política exterior rusa, sobresalió el tema de la presencia militar y la eventual instalación de una base militar en nuestro país.

El académico explicó la presencia rusa en el marco de lo que llamó la escuela del neo-realismo en las relaciones internacionales, siendo un extraordinario acreedor de Venezuela, cuyo régimen desespera por una protección que se juzga imposible debido a la cuantía de la deuda contraída y de los particulares intereses de la región: “La Federación de Rusia es un actor fundamental que, junto a China, se sienta en el Consejo de Seguridad con poder de veto. No obstante, conoce muy bien las limitaciones de la dictadura de Maduro Moros y probablemente no incurrirá en el  error garrafal de sostenerlo a toda cosa, poniendo en peligro sus relaciones futuras con una Venezuela diferente y con toda la región”.

El diputado Barragán reiteró la postura asumida por la Fracción 16 de Julio al rechazar la presencia e, incluso, instalación de una base militar que violenta la Constitución: “Una misión y, con mayor razón, una base militar de Rusia, requieren de la exclusiva autorización de la Asamblea Nacional y ratificamos la necesidad de una investigación que abra al respecto, la Comisión Permanente de Defensa en un tema difícil de subestimar”.

Inmediatamente, uno de los asistentes al foro lo inquirió en relación a la otra aplicación del artículo 187, numeral 11 constitucional que ha levantado una campaña contra María Corina Machado y la Fracción 16 de Julio: “Injusta, minoritaria e inútil campaña de descrédito que cree llevarse por el medio la convicción mayoritaria de que no podemos solos con este problema. Cabe decir que, lealmente, la Fracción parlamentaria del 16 de Julio planteó la autorización  a la que se refiere el artículo citado, en forma pública y presta a la discusión, con suficiente antelación. El asunto debemos debatirlo y decidirlo en la Asamblea Nacional, la instancia ciudadana por excelencia con la prontitud necesaria, porque está pasando el tiempo y perdemos más vidas los venezolanos, dada la catástrofe humanitaria que padecemos”.

Al responder una pregunta sobre los ataques recibidos por María Corina Machado y la F16-J sobre el tema, dijo enfáticamente: “Esperamos el martes venideros para la discusión del 187-11 por una mayoría que también lo espera para aprobarlo. Quien no esté de acuerdo que lo diga con claridad absoluta”.

¿Por qué discutir sobre marxismo, si atravesamos un colapso eléctrico?, le preguntamos al diputado Barragán, quien respondió:

“El problema de fondo no es otro que el de una dictadura socialista que, por muy ágrafos que sean sus prohombres, no relevan a la oposición de una postura firme y sobria en torno a la opción irremediable que el derrumbe ofrece: una economía abierta y competitiva de mercado, capaz de propulsar una sociedad diferente, libre, próspera y equitativa. Esta discusión ha sido diferida por demasiado tiempo, creyéndola propia de las élites. Y si no la damos, caída la dictadura, quedarán las condiciones intactas para ella vuelva con mayores bríos”.

Precisó: “Quizá pueda sorprender que aludamos al análisis marxista sobre esta dictadura.  Por lo menos, si a ésta se le ve desde la perspectiva del llamado post-marxismo, constatamos que la teoría y la experiencia fracasan contundentemente. No referimos al necio leninismo o, mejor, castrismo del PSUV y del PCV que, por cierto, como faltara un detalle, pide la ortodoxa nacionalización de toda la banca privada, sino – por ejemplo -  a lo que ha debido decir Chantal Mouffé, como pudo decirlo Ernesto Laclau o Michel Foucault, sobre el siglo XXI en manos de Chávez y Maduro; cómo quedarían las tropelías y el saqueo del Arco Minero en el lenguaje de Eduardo Galeano; en algo se acerca Heinz Dieterich al descalificar este socialismo. Bastaría con actualizar, como está ocurriendo, notables trabajos de Ludwig von Mises e, incluso, Jacques Maritain, para apreciar  las dramáticas dimensiones del fracaso socialista en Venezuela, y la necesidad de una opción de reales y convincentes libertades para salir del  atolladero en el que nos metieron, Ni los comunistas pueden defender dentro y fuera del país,  el inmenso desastre de acabar – además – con un país petrolero”.

31/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34634-barragan-l
https://www-lapatilla-com.cdn.ampproject.org/v/s/www.lapatilla.com/2019/03/31/diputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destruccion-de-un-pais-petrolero/amp/?usqp=mq331AQCCAE%3D&amp_js_v=0.1#referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&amp_tf=De%20%251%24s&ampshare=https%3A%2F%2Fwww.lapatilla.com%2F2019%2F03%2F31%2Fdiputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destruccion-de-un-pais-petrolero%2F
https://tenemosnoticias.com/noticia/pas-diputado-pueden-destruccin-651871/1306494
https://venezuelaunida.com/diputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destruccion-de-un-pais-petrolero/
www.lapatilla.com/.../diputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destru...

sábado, 2 de diciembre de 2017

PEPE GRILLO

Conversaciones privadas
Nicomedes Febres

* Ayer mientras me dedicaba a mis planes de futuros trabajos Anapina mi esposa, mi ángel guardián y a veces también mi Pepe Grillo, me preguntaba si no era disparatado estar dedicado al futuro cuando el país se está hundiendo en el presente. Ella como mujer brillante, comprometida y luchadora tenía dudas por el presente y entonces le conteste y sin mucho meditarlo: es que luchar por el futuro es una manera de luchar por el presente para que no se prolongue en el tiempo y que más pronto sea el pasado. Además, para que el futuro sea mejor que el presente debe ser previsto y estamos como estamos porque en el pasado en Venezuela nunca se previó el futuro. Por convicción detesto con toda mi alma a la utopía que es creer en pajaritos preñados de cualquier tipo y eso me torna al realismo más descarnado, más torvo, pero huyendo del escepticismo y del nihilismo que son las etapas previas a la muerte del alma. Y la esperanza siempre debe acompañarnos y uno debe luchar por ella, pero a conciencia que es caminar por un desfiladero delgado con dos inmensos precipicios a los lados, que son, a la izquierda la utopía, y por el lado derecho el escepticismo. No, hay que ser realista pero con esperanza porque el que carece de esperanza está derrotado de antemano. De esta vamos a salir, no lo duden.
* Antier en la reunión de navidad de mi entrañable amigo Ramón Rivero, reunido con gente inteligente, preparada y buenas personas, que son las virtudes cardinales de mis amigos, porque nada es peor en la vida que tener amigos mala gente o brutos, entonces conversando sobre la situación del país apunté que las únicas características diferentes de este comunismo venezolano a todos los demás de la Historia eran, primero, que este es el único comunismo posterior a la caída del Muro de Berlín y segundo, que aquí el sector militar estaba formado en el anticomunismo antes de la llegada al poder de los comunistas, a diferencia de los viejos partidos comunistas que eliminaban al viejo aparato militar previo y formaban uno nuevo con sus militantes y luego por un proceso antidemocrático natural eliminaban a los civiles y esto aquí, necesariamente debe ser un arroz con mango donde ni ellos mismos saben para donde van, más allá de mantenerse en el poder como casta armada. Pienso que esta purga de los chavistas-ramiristas por rafael ramirez, terminará en un guiso y en un silencio porque a todos les conviene más el silencio que estar prendiendo el ventilador de sus vagabunderías. Advertí que estuviéramos pendientes de que se tratara más bien de una típica jugada de distracción militar donde los perdedores quedarían sentenciados como inocentes, buchones, pero desplazados y viviendo en paz aquí o en el exterior. Al final entre ellos no hay principios sino puro billete. Si alguien quiere conocer de manera amena como eran de amañados los juicios en la antigua Unión Soviética les basta leer el libro El Hombre que amaba los Perros de Leonardo Padura quien hace un retrato magistral de esos juicios.
* En la foto del día están dos entrañables amigos que en medio de las conversaciones de la reunión se dedicaron a cantar un rato. Con el brazo en alto está Carlos Martín La Riva el director de la Escuela de Antropología de la UCV y con chaqueta de cuero Fernando Falcón quien es director del Post Grado de Ciencias Políticas de nuestra universidad. Ambos son unos tipazos buena gente, inteligentes y preparados. Como decían antes los galleros de verdad: son canela fina.

Fuente: