Mostrando entradas con la etiqueta Germán Carrera Damas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Germán Carrera Damas. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de abril de 2020

¿DA IGUAL QUE SE QUEDE O SE VAYA?

Guillermo Morón: “Aquí no pasa nada, todos son unos imbéciles”
Jesús Piñero
Guillermo Morón tiene 93 años y no se anda con rodeos para decir lo que piensa. Con esta entrevista al autor de la imprescindible obra "Historia de Venezuela", cerramos el ciclo de conversaciones con historiadores justo hoy cuando se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.
Guillermo Morón está sentado esperando a su hermano Armando. Es diciembre de 1935. Algunas agitaciones se sienten en Caracas, pero el interior del país continúa inerte, como siempre. En Carora pocos saben de la noticia y nadie tiene suficiente valor para repetirla. No es seguro y temen que los escuchen.
Morón tiene 9 años y no entiende la situación. Murmullos y miradas se suscitan en el pueblo. Cuando Armando llega por fin, se montan en un autobús hacia a Cuicas, en el estado Trujillo. Van callados y al bajar del vehículo todavía les toca caminar a pie un gran cerro y pasar la quebrada. Justo cuando van cruzando el agua, Armando, que va delante de él, se voltea.
—Te tengo que decir algo.
Guillermo Morón pensó lo peor: la muerte de su madre, doña Rosario Montero de Morón. Pero no dijo nada y esperó a que su hermano continuara. Armando se le acercó al oído, miró a los lados y le susurró como si alguien los observara en medio de la nada.
—Se murió Gómez.
Guillermo Morón, el niño
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Era tal el miedo hacia la tiranía gomecista que Armando esperó estar en el monte profundo para contarle la noticia de la muerte del dictador a su hermano menor. El país se preparaba para un nuevo capítulo en su historia.
En Cuicas pasaban los fines de semana, porque estudiaban en Carora, estado Lara. 30 o 40 minutos antes de que su padre entrara por la puerta principal de la casa, doña Rosario Montero sentía el andar del caballo al llegar al pueblo.
“Me acuerdo de que en mi pueblo, mi papá se oía en el campo y mi mamá lo sentía antes de que llegara: ‘Llegó Morón’, decía. Mi papá había entrado al pueblo a caballo. Le daba una patada al portón y entraba”.
Así llegaba del conuco todos los sábados. Su progenitor era un jinete campesino en una Venezuela que se bajaba del caballo y empezaba a andar sobre las ruedas de petróleo.
El niño Morón es hijo de las postrimerías del siglo XIX. Nació el 8 de febrero de 1926 dentro de un matrimonio que tuvo 5 hijos varones. “Armando era el mayor, el inteligente y culto que fue maestro de escuela toda su vida. Marco Mario, que era un vagabundo de primera, que no aprendió a leer pero que se hizo rico, gran mujeriego. Mi hermano Óscar murió muy temprano, a los 14 años. Y mi hermano Chui (Jesús María) que murió hace tiempo. Yo era el cuarto”.
Una generación que abría el siglo XX, indiferente a la política, que era asunto de los andinos, los amos del valle capitalino.
Los tres tiranos
Dos meses después de aquella conversación con su hermano Armando, Guillermo Morón cumplió 10 años y, a pesar de su niñez, empezaba a comprender la situación nacional y escuchaba por radio al nuevo presidente, Eleazar López Contreras, quien anunciaba su programa de febrero.
Esos son los recuerdos más lejanos que conserva en su memoria sobre la política venezolana. Vivía en Carora y recibía clases de don Cecilio Zubillaga Perera: “Un gran maestro que nos enseñaba a leer y a escribir, él me quiso mucho y yo lo quise mucho a él también. Fue muy amigo de mi mamá y creo que esa es una de las influencias más directas que yo tuve, además de mi mamá que fue maestra de escuela”.
La democracia era una idea imposible, ciega para el momento, según el propio testimonio de Morón. Y aunque la dictadura gomecista ha sido vilipendiada dentro de la historiografía, él es un sobreviviente que se atreve a calificarla como positiva: “La época de Gómez es muy buena, Gómez acabó con los ladrones, acabó con los bandidos. Metió a la cárcel a todos los políticos malos, de manera que la dictadura de Gómez fue para mí positiva, porque este es un país de bárbaros, y llegó Gómez y puso orden”. Aunque no por eso deja de categorizarlo como un tirano y compararlo con Fidel Castro y Hugo Chávez. Tres cuadros de estos personajes cuelgan de su biblioteca personal.
—¿Hay alguna similitud entre los personajes de esos cuadros?
—Gómez no tiene ninguna similitud con Chávez ni con Fidel Castro tampoco. Pero yo los llamo los tres tiranos, tres tiranos distintos: Gómez, Castro y Chávez. La inteligencia los distingue. Fidel Castro sacó de Cuba a todas las prostitutas y a todos los bandidos norteamericanos que iban a putear en Cuba. Simple y llanamente eso. Hugo Chávez fue un hombre inteligente, muy venezolano. Esa expresión “esta noche te voy a dar lo tuyo” es típica de los venezolanos vulgares, él los comprendió bien. Y Gómez puso orden, pagó la deuda externa que veníamos arrastrando desde hace muchos años. Tuvo muchos aspectos positivos, el único negativo es que no había libertad, esa común y corriente.
—¿Y qué significa para usted la democracia?
—La palabra democracia es una proclama de los enseñadores. La democracia es la vivencia del pueblo. No es un poder, es una convivencia y los venezolanos hemos convivido durante 500 años. La democracia no solamente fue ese período de 1958 a 1998, no. La democracia es la convivencia que siempre ha habido, y los venezolanos tienen que volver a recuperar el camino de la democracia, de la convivencia del pueblo.
La democracia se convierte en oligarquía cuando no se conoce bien la historia del país donde se pretende implantar. Uno de los más graves defectos de los dirigentes políticos venezolanos es el desconocimiento de su propia historia de pueblo.
La Historia tras su historia
Cuando salió de bachillerato quería estudiar Derecho, pero gracias a la influencia de su madre y de su maestro don Cecilio Zubillaga Perera, se fue para Caracas y se inscribió en el Instituto Pedagógico Nacional, que hoy pertenece a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). ¿Por qué? Urgía una carrera rápida para cubrir los gastos de la casa.
“Yo aprendí del maestro que el estudio es el fundamento principal de la vida ciudadana en cualquier parte del mundo. A los 17 años me dijo ‘Moroncito, váyase para Caracas, porque como su mamá es maestra, sus tías han sido maestras y un abuelo suyo fue también profesor, usted puede convertirse en un buen maestro”.
Cuando terminó, viajó a España y se doctoró en la Universidad Central de Madrid, hoy Universidad Complutense. Lo hizo porque su madre lo quería ver lejos de la escena política venezolana, que no auguraba buenos tiempos.
Durante aquella estadía madrileña, en los años cincuenta, conoció a María Ilaria, quien después se convirtió en su esposa.
Como si se tratara de ayer, Guillermo Morón todavía rememora la escena ocurrida en la capital de España: “Estaba frente al templo donde se casó Simón Bolívar, yo la había conocido a ella ligeramente, y de repente llegó ella por detrás y me tocó y me dijo: ‘¿Usted es el indio que me está esperando?’. Y ahora es mi mujer. Ella se casó con el indio”.
Morón también fue de los primeros latinoamericanos en obtener la Beca Humboldt, que otorga la Embajada de Alemania, con la que estudió Filosofía en la Universidad de Hamburgo.
A su regreso a Venezuela, a mediados de 1958, se encontró en un país que transitaba hacia una democracia estable. Hasta entonces llevaba una vida académica en la Universidad de Hamburgo, donde ejercía como profesor.
Al reabrir la Universidad Central de Venezuela (UCV) intentó ingresar a la recién inaugurada Escuela de Historia, y no le fue posible porque el comunismo universitario lo tachó como un hombre de derecha: “En la UCV no me recibieron, a pesar de mis títulos y publicaciones, porque estaba dominada por los comunistas, entre ellos un señor llamado Germán Carrera Damas”.
El marxismo marcaba la pauta y Guillermo Morón era visto como un clásico, como un estudioso atrasado de una historiografía a superar. Tiempo después entró a la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y a la Universidad Simón Bolívar (USB), pero a esas casas de estudio no les dedicó mayor tiempo.
Carlos Felice Cardot influyó en Morón para que se quedara en Venezuela y así logró ingresar a la Academia Nacional de la Historia: “Cuando regresé inmediatamente me nombraron numerario y tenía 33 años, eso fue en 1959. En la Academia fui primero director de publicaciones y después director”. Cargos que le permitieron llevar a esa corporación a su época dorada en cuanto a las publicaciones, la organización de su archivo y a la creación del departamento de investigaciones históricas. Su esfuerzo por hacer de la historia una disciplina para todo público, fuera del claustro, se reflejó en el desarrollo de numerosas colecciones que recogieron el registro documental del pasado.
El marxismo en contra
“Lo importante para mí es Venezuela, que después de Rafael María Baralt y José Gil Fortoul, nadie había escrito una historia moderna”. El fruto de esa orientación de su trabajo fue presentado en 1971 y se llamó Historia de Venezuela: 5 tomos que recogen una aproximación a todo el transcurrir venezolano a lo largo de casi 500 años que no se hacía desde el siglo XIX.
Un esfuerzo único en su tiempo, pues los profesionales en el estudio del pasado estaban dedicados a la realización de historias particulares, por la complejidad de los manuales. Su proyecto respondió a lo que él consideraba un déficit en la enseñanza en las escuelas y liceos, premisa que todavía mantiene: “Un pueblo que no aprende su historia está en grave riesgo de perder el alma, y la historia de Venezuela no se aprende con la fuerza y la pasión de otros tiempos, porque la historia dizque no sirve para nada”.
La obra se vendió como pan caliente en el país, sobre todo después de que saliera publicada una crítica en su contra en 1973: “Tuve el honor que la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela escribiera un panfleto llamado De cómo se desmorona la historia: observaciones a la ‘Historia de Venezuela’ , y creyeron que con eso yo me iba a espantar. Al revés, me alegré muchísimo, porque se terminaron de vender los mil ejemplares de esa edición”.
La crítica la firmó la historiadora Angelina Lemmo y expresaba una respuesta académica de la Escuela de Historia, dirigida por Carrera Damas, a la obra histórica de Morón, el flanco favorito del marxismo ucevista.
Poco tiempo después de la publicación y la polémica, en 1974, Morón recibió una comunicación en la que le informaban que la Organización de Estados Americanos (OEA) lo había designado coordinador general de la Historia General de América, un proyecto editorial que Mariano Picón Salas había propuesto ante ese organismo pero que hasta entonces se mantenía engavetado.
Un estudio desde Canadá hasta Argentina requirió de un equipo de historiadores de todo el continente, a quienes se le encomendaron las diferentes aristas y terminaron desarrollándose como profesionales: “Yo me hice cargo y la publiqué, me pateé todo el continente y fueron 33 volúmenes dirigidos por mí, allí incluí las biografías de George Washington y Simón Bolívar”.
Su visión hispanista, traída del franquismo, era demoniaca ante la crítica al colonialismo que blandían los historiadores marxistas, quienes vieron en Morón el blanco de tiro para realizar sus críticas históricas y revolucionarias. El trabajo de la Academia era incompatible con la visión de los historiadores profesionales, sobre todo los egresados de la UCV, quienes desdeñaban la historiografía canónica académica.
Y del otro lado también hubo polémicas: El culto a Bolívar de Germán Carrera Damas fue calificado como un texto subversivo por las autoridades con las que Morón trabajaba, pidiendo la expulsión de Carrera de la Universidad por pervertir la imagen del Libertador.
—Usted trabajó en la Academia Nacional de la Historia en un período en el que la figura del Libertador y de la independencia no podían se objetos de crítica…
—Pero es que Bolívar es un hombre de nuestro tiempo, porque no está relegado a su momento en el pasado, sino que traspasa las barreras de la diatriba y del culto, se pone por encima de la gloria y baja al día, a servir la actualidad. Fue un hombre de carne y hueso que cometió errores como todos los seres humanos. Él, como todos los héroes que participan en el proceso de independencia, militares y civiles, oficiales y soldados, ideólogos o pueblo simple, fueron españoles, pero lo fundamental es que no se les meta en discusiones insolubles. Todo ese barullo sirve solamente para que el pueblo no entienda a los prohombres. El Bolívar de cada autor no es el mismo Bolívar de todos.
—¿Hay desde el Estado una pretensión política por cambiar la historia?
—Eso es una estupidez, la historia no se cambia. Los únicos que pueden hacer historia son los historiadores, no el Presidente de la República, ni los gobernantes. Son los historiadores los que pueden interpretar el pasado. Ahora, la historiografía venezolana ha parcelado la imagen histórica del país al intentar narrar como acontecimientos fundamentales los hechos de gobierno; el reducido a la acción de toma y ejercicio del poder individual; o al crear una ilusoria historia constitucional. La política es el gran eje sobre el cual se mueve la historia, así ha sido hasta el presente en todas las civilizaciones. La política modifica a la sociedad, a la economía y a la cultura, esas son las cuatro patas de la historia, cuatro dimensiones igualmente importantes para entender.
Bien educado
Aunque sirvió como hombre público al ser secretario del presidente del estado Lara empezando la dictadura perezjimenista, siempre destacó como un académico preocupado por la lectura y por la producción de textos educativos, incluso desde su trabajo en el diario larense El Impulso, donde fue un periodista de oficio y jefe de redacción.
Allí evocaba con frecuencia la frase: “La noticia se produce y nadie tiene por qué matarla o asfixiarla antes de tiempo. La información se desplaza, no se empuja; se desuna, pero no se corrompe. Es bueno que sea clara como el agua, desnuda como una lágrima”.
Leer sigue siendo su mayor afición. Escribió cuentos y novelas que se convirtieron en best sellers. Todavía revisa a los clásicos de la literatura, entiende latín y lee griego. “El que no haya leído al Quijote no es un hombre culto, Don Quijote es fundamental”, y luego dice que es su libro favorito.
Como editor de la revista Shell se encargó de difundir a una gran cantidad de escritores que encontraban en esa publicación una importante ventana para darse a conocer. Su trabajo allí lo convirtió en un gerente o empresario editorial bastante próspero. Varias de las reseñas de sus trabajos están en el libro Guillermo Morón, un clásico vivo de Pedro Pablo Paredes.
Ante una mayoría socialdemócrata y socialcristiana, Guillermo Morón impulsó el Comité Nacional de la Clase Media con ideas liberales, frente al estatismo y a la noción de redistribución de la riqueza que propugnaban los partidos políticos entonces. También contra la reforma tributaria. Con este proyecto intentó incursionar en la política junto a Pedro Tinoco y estuvieron en conversaciones con otros partidos para conciliar una candidatura independiente, pero aquello nunca logró prosperar ni mucho menos igualarse a AD ni a Copei.
“Pedro Tinoco se equivocó, yo no tenía ninguna fuerza política. Él quería ser presidente y necesitaba apoyo”, explica. El 27 septiembre de 1968 los miembros de la tolda finalmente se hicieron con el nombre de ‘Movimiento Desarrollista’.
“Ni de derecha ni de izquierda. Lo que soy es un hombre bien educado”, así se define Guillermo Morón, quien apoyó a Hugo Chávez en los años noventa. Una actitud que fue repudiada por algunos miembros del gremio y que, incluso, llegaron a calificar como pase de factura por su rechazo a los partidos Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei).
Idea que a sus 93 años todavía comparte: “Juan Vicente Gómez es uno de los mejores gobernantes que ha tenido el país, a pesar de haber sido un dictador, no se metía con el pueblo ni con los maestros de escuela”, reflexiona cuando le preguntan sobre el devenir de la historia contemporánea venezolana. Entre Gómez y Chávez hay un siglo, un siglo en el que las armas tampoco estuvieron quietas y él considera a ese sector como parte fundamental de la república.
—¿Cuándo decidió retirarle el apoyo a Chávez?
—En cuanto llegó, porque no estaba preparado. A mí me pareció simpático, un buen hombre, agradable y él llegó gracias al apoyo del pueblo y, sobre todo, de las Fuerzas Armadas. Sin las Fuerzas Armadas no llega. Es más, sin ese apoyo nadie puede llegar a ser presidente de Venezuela.
—Entonces, ¿no estamos cerca de un cambio histórico?
—No lo creo.
—¿Cree que Nicolás Maduro se quedará por muchos años más?
—Maduro puede quedarse allí hasta la muerte y no pasa nada, y si lo sacan tampoco pasa nada. Yo no creo que esté próximo a retirarse, quienes lo apoyan son las Fuerzas Armadas.
—Y usted, que vivió casi a plenitud el siglo anterior, ¿qué opina de Juan Guaidó?
—Juan Guaidó es un hombre inteligente, pero no tiene porvenir político, porque no tiene fuerzas. No tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas, ni el popular, pero es un hombre sano y honrado.
—¿Y de los partidos políticos?
—Los partidos políticos desaparecieron, ¿dónde están el PCV, Copei, AD? Primero Justicia y Voluntad Popular no valen nada. No hay ningún dirigente importante en esos partidos, yo no lo veo por lo menos.
—¿Compararía algún período del pasado con este?
—No tiene similitud con otros sucesos del pasado, ni remotamente. Aquí no pasa nada, todos son unos imbéciles.
Esta semblanza se elaboró a partir de una entrevista realizada 19 de septiembre de 2019, y algunos fragmentos de otras entrevistas y artículos de prensa, especialmente del documental Guillermo Morón, maestro de escuela producido por María Eugenia Mosquera, y el material recogido por Efraín Subero en el Ideario-Diario de Guillermo Morón, publicado en 1999, fuentes esenciales que permitieron construir una imagen más amplia del personaje.

Fotografías: Daniel Hernández
Fuente:

viernes, 31 de agosto de 2018

sábado, 24 de diciembre de 2016

RUPTURA

LA RAZÓN, Caracas.
Germán Carrera Damas: “La República ha sido destruida”
Patricia Marcano
28/11/ 2016

Aclara ser historiador de oficio y no aficionado como otros, es profesor jubilado de la Escuela de Historia de la UCV y diplomático retirado. Germán Carrera Damas confiesa haber sido comunista y militado en el Partido Comunista francés entre 1950 y 1954, y salirse de él luego de hacer “lo peor que puede hacer un comunista: leer a profundidad el marxismo”. Después no ha militado en otro.
Como preámbulo a una conversación que busca dar respuestas a las circunstancias que se viven hoy en Venezuela, y donde se pasea por la historia del país, Carrera Damas, con 86 años de edad, explica que las dos leyes que rigen a la historia son el tiempo histórico y la dialéctica de continuidad y ruptura, y en ambas sitúa sus particulares respuestas que además rompen el esquema de lo posiblemente esperado.
“Somos un país en construcción de sí mismo, pero un país no es una nación, el país es otra experiencia. La nación venezolana comenzó a formarse decididamente hacia mediados del siglo XX, es decir, es una recién nacida”, comenta sobre Venezuela
“Un país es el territorio, la delimitación, pero una nación significa la formación de una conciencia, el vínculo ingenuo en el sentido libre de una comunidad que responde a una necesidad de procedencia, de pertenencia y de permanencia, y esto requiere de un tiempo histórico muy prolongado, llegar a eso es una tarea muy difícil y muy delicada”, continúa explicando Carrera Damas. Y en esa formación de nación se hallan los hechos que hoy marcan a los venezolanos.
¿Cuál es su análisis histórico sobre el momento actual?
Yo parto de una certidumbre, no es optimismo. La sociedad venezolana será en una o dos generaciones la primera sociedad genuinamente democrática de América Latina. Este es un camino que comenzamos a recorrer en 1863, cuando el general Falcón y en su decreto de garantías dijo que había llegado el momento de que los venezolanos entraran en el ejercicio de los cánones de la democracia, tanto social como individualmente.
Usted pensará que 1863 suena como muy lejano pero históricamente no, venimos de tres siglos de monarquía absoluta. Pero en medio siglo nosotros hemos avanzado más que otros pueblos de América Latina porque llegamos a tener una democracia que fue punto de referencia no solo en América Latina sino en un universo más amplio, y como embajador pude comprobar eso.
¿Cuál era la pregunta que más le hacían a uno? “¿Cómo han hecho ustedes para cambiar un régimen dictatorial, encausarse hacia la democracia, enfrentar la subversión, la guerrilla, enfrentar la primera invasión cubana y sin embargo mantenerse en la democracia? ¿Cuál es la fórmula secreta que ustedes han manejado?” Y no estoy hablando de profesores sino de altos funcionarios.
¿Hemos retrocedido en estos 17 años?
No hemos retrocedido, hemos sufrido una ruptura. La prueba flagrante de que no hemos retrocedido es el 6 de diciembre de 2015. Y la ofensiva antidemocrática puesta en marcha por el régimen a partir de ese día se da porque alguien se ha dado cuenta de que todos los años transcurridos no han sido eficaces.
¿Cómo quedarán registradas en la historia las elecciones del 6 de diciembre, cómo las vio usted?
Fue una experiencia extraordinaria, para mí de una enorme importancia; yo viví una gran emoción. Pero yo había planteado un poco antes que eso había que verlo con cuidado porque la historia no registra ningún caso de un régimen sociopolítico, liberal, democrático establecido democráticamente, y tampoco de un régimen sociopolítico, liberal democrático restablecido democráticamente.
Cuando viene la elección y sucede esa cosa extraordinaria, de que el pueblo venezolano votó por la libertad y la democracia, sentí la tremenda emoción de que este pueblo era capaz de romper esa tradición. Primera vez en la historia de Venezuela que la democracia no descendía de un partido o de un líder o de un iluminado, ascendía de la sociedad. El 6 de diciembre sorprendió incluso a los dirigentes de la oposición, me lo han dicho. Fue una afirmación genuinamente de la sociedad. Pero bueno, ya vemos lo que ha pasado y pasó incluso desde el día siguiente.
Pero cuando dije eso, antes de la elección, fui criticado. Me decían que estaba desalentando a la voluntad electoral del pueblo. No, quizás cometí la ilusión de creer que aquello podía motivar a unos sectores a que trataran de prevenir lo que pudiera suceder, nada más.
¿Entonces ese establecimiento o restitución de un régimen sociopolítico no se da por la vía electoral?
Es por la vía electoral, y ahí viene la razón política firme en la medida en que la sociedad es movilizada para hacer valer el resultado. Eso es un poco lo que está planteado. Creer que ese cambio pudiera ser una cosa automática era una ilusión.
¿Pero implicaría pasar por un hecho traumático o violento?
La violencia la gente la cambia de escenario y adquiere un significado diferente. La violencia puede ser firmeza, lucidez, rechazo de engaños o puede ser trancazos. La capacidad de un líder está en manejar la violencia en un caso como ese. Vale tomar medidas precautelativas y no esperar que las cosas sucedan de por sí, como en cierta forma ha sucedido. Y sí tener conciencia de que ese peligro existe.
“Los pueblos sí se equivocan”, asegura el historiador.
URGE UNA DECISIÓN POLÍTICA
¿Cuál es su apreciación sobre la mesa de diálogo?
Una vez publiqué un mensaje que se llamaba “Yo dialogo, tú no dialogas”.  Si yo dialogo soy un demócrata, si yo no dialogo soy un autócrata. ¿Cuáles son las condiciones básicas del dialogo?  Primero que haya, aunque contradictorio o combatido, un  objetivo común; eso es fundamental, lo hicieron los norteamericanos y vietnamitas en Corea. Segundo, que haya un reconocimiento respectivo, que cuando tú puedas renunciar a algo eso signifique que estás contribuyendo a un objetivo común, en la medida en que el otro también está contribuyendo. Y tercero, se necesita que los dialogantes tengan una eficaz comunicación con sus mandantes porque ellos son mandatarios; esa idea de que primero tiene que haber un trato secreto y después lo otro, no.
Ellos han recibido un mandato, por lo que se convierten en mandatarios, pero el mandante sigue conservando la capacidad de decisión. Yo tengo la impresión de que en algunos aspectos eso no ha sido bien comprendido.
No quiero decir que no hagan un esfuerzo, o no valga lo que están haciendo, lo que digo es que no parece ser correctamente orientado y, leyendo los acuerdos a los que han llegado, esto se fortalece porque en definitiva no veo la voluntad del mandante clara y eficientemente servida por el mandatario que va al diálogo. En definitiva es el destino de una sociedad lo que se está jugando. Quien recibe ese mandato se tiene que convertir en guardián de eso. Creo que eso es fundamental.
¿A la oposición le hace falta un líder, o falta un líder que conduzca a la sociedad venezolana?
La oposición no debe y ojalá no tenga nunca un  líder. La oposición tiene que aprender a funcionar  democráticamente y tener no líderes sino comisionados o representantes, pero lo importante es cómo se forma esa representación o comisión, que eso sea democráticamente.
    “Antes de cualquier salida electoral tiene que haber un establecimiento de normalidad sociopolítica”
Aquí se barajó la idea inicial de que la Mesa de la Unidad debía ser algo muy, muy parecido al famoso Pacto de Punto Fijo: objetivos compartidos, diferencias de tácticas y estrategias, pero que en la medida en que se reunían lograban llegar a esos objetivos. Eso  era el Pacto de Punto Fijo, los partidos conservaron su autonomía.
La gente que dice que no hay que volver al pasado, curiosamente, no se dan cuenta que estamos viviendo un Pacto de Punto Fijo. Y más, vamos en camino a un gobierno de coalición, es decir, estamos huyendo hacia delante yendo al pasado, porque tú no puedes  innovar, crear o fabular cosas que realmente funcionan en la sociedad.
¿Cuál sería el paso previo para llegar a ese gobierno de coalición, un revocatorio presidencial, unas elecciones generales?
No, esas cosas no son equivalentes.  Aquí hay que tomar una decisión política antes de un proceso electoral. Es decir, crear las condiciones para que esas elecciones se hagan en un régimen de absoluta legalidad y libertad. Hay que tomar una decisión política porque no puede ser que se hagan elecciones con un CNE que no represente la voluntad democrática del pueblo, ni puede ser que haya un TSJ que esté diciendo lo que se puede hacer y no se puede hacer.
Antes de cualquier salida electoral tiene que haber un establecimiento de normalidad sociopolítica.  Si hubiera un  mínimo propósito de llegar a eso, la Asamblea Nacional sería el organismo ideal para lograr esa solución política, ¿Qué han hecho? Están negando la máxima expresión de la soberanía popular ¿Quiénes están en una posición de rechazo y de antidemocracia?
    “Cuando un pueblo se equivoca el daño es siempre profundo, general y duradero”
DICTADURA MILITAR MILITARISTA
“¿Sabe cuándo anuncié a los venezolanos que vendría una dictadura militar militarista? En el año 2000, cuando escribí el libro El Bolivarianismo-Militarismo, una ideología de reemplazo. Y en aquel momento todo el mundo creía que yo estaba exagerando. Pero yo venía siguiendo todo el proceso y veía lo que ahora es brutalmente presente”, relata el historiador Carrera Damas.
¿En qué momento llegó esa dictadura militar militarista, cuando gana la presidencia Hugo Chávez o en algún momento de estos 17 años?
No, no, eso llegó mucho antes. Cuando me planteé lo que significaba el hecho de que estos supuestos redentores de la patria fuesen capaces de vivir la ridícula escena de ir a juramentarse ante el Samán de Güere, donde ya uno no sabía dónde quedaba la ingenuidad, la ignorancia, la alevosía, es decir, una conducta nada racional, me dije para mí que el nivel de racionalidad de quienes participaban en aquella empresa no es que era muy bajo, que lo era, sino que era otra, no era la racionalidad del hombre que pone su futuro en manos de la sociedad.
Esto lo hacían depender de una voluntad y no hay nada más peligroso, históricamente  comprobado, que esa voluntad que pretende sobreponerse ignorando la condición humana y, sobre todo, la legitimidad de las aspiraciones del hombre como ciudadano, porque se fabrica una racionalidad artificial que la supone no solo superior a la que existe sino insuperablemente mejor, entonces se dedica a imponerla con una actitud  más pasional que racional, a defenderla y a suprimir cualquier disidencia, cuestionamiento y diferencia que puede haber sobre esa racionalidad.
¿Cómo se explica que un Gobierno que presumía de hacer elecciones casi anuales ahora las evade?
El Gobierno no puede correr el riesgo de llamar de nuevo a ejercer la soberanía popular porque, si teniendo todos los controles que ya tenía, sucede un 6D, imagínese después de que el pueblo se ha dado cuenta de que sí es posible, ¿cómo lo van a controlar ahora? El 6D parecía un imposible pero sucedió, a pesar de toda la propaganda y el soborno. Han querido convertir a una legión de pobres en una legión de mendigos para poderlos controlar.
Para mí la salida real es la resistencia y la capacidad de reivindicar la vigencia plena de la soberanía popular. La elección para nosotros no es simplemente ir a depositar un voto, es todo lo que rodea la elección, que para ser realmente significativa tiene que ser libre, desde la formación, el funcionamiento de los partidos.
Curioso: ¿quiénes conformaban el Consejo Supremo Electoral en aquella execrable, según ellos, cuarta República? Representantes de todos los partidos acreditados, quienes se vigilaban entre ellos. ¿Este régimen podría tolerar un CNE formado por los representantes de los partidos?
¿Estarán buscando eso con las designaciones de rectores del CNE a través del TSJ?
Nunca confunda la forma o la apariencia con la realidad. Para llegar a suprimir la necesidad de que se ejerza la soberanía popular, la condición clave es demoler la República, por eso ellos pasaron de desacreditar la democracia a la destrucción de la República.
La vía para la destrucción de la República es ese gusto desarrollado por las leyes extraordinarias, leyes habilitantes. Ese estado de excepción, que constituye un poder absoluto, es monárquico. Eso es la destrucción de la República, el Presidente decide decretar él la continuidad del estado de excepción. La República no está vigente.
No quería decirlo con todas sus letras pero la República ha sido destruida. Desde el punto de vista oficial la República sobrevive en la sociedad. Pero la sociedad venezolana es republicana y está viviendo una tremenda indigestión de la democracia. ¿Sabe cuáles son las características de una indigestión? Que es muy molesta pero pasajera. El pueblo votó por Chávez con un Consejo Supremo Electoral absolutamente democrático y en medio de un ambiente absolutamente democrático, y una de las cosas que queda de saldo de esta situación que hemos vivido es que los pueblos sí se equivocan, con la circunstancia de que cuando un pueblo se equivoca el daño es siempre profundo, general y duradero.
¿El pueblo se equivocó en el 98?
Claro, como se equivocó el pueblo argentino, como se equivocó el pueblo cubano, el que nacía para la democracia y vea cómo está. Y si alguno sabe de eso es el pueblo alemán.
¿Cómo se explica la creciente presencia militar en el Gobierno, que Maduro siendo civil tenga más militares en su equipo que Chávez?
Esa es la mejor prueba del fracaso total de este proyecto pseudopolítico, porque no es político, es un proyecto de sorprender el poder político, que es diferente, porque no es ganarlo por la vía de la competencia.
¿En la historia del país los militares han sido buenos gerentes?
Cuando todo el mundo convino que el general Ravard era capaz de dirigir el Guri, Pdvsa y todo aquello, no fue por ser el general Ravard, él era un hombre con formación técnica demostrada, pero no por militar sino por técnico. Ahora, ser militar no es una carrera fácil, exige muchos sacrificios, esfuerzos y una formación muy seria. ¿Si usted mata al ciudadano para tener a un militar obediente en la misma persona, estará usted llamando a su desarrollo o estará haciéndolo dependiente de la jerarquía superior e instrumentalizando? Ese es el grave problema.
Yo pienso que si este régimen deja un saldo, lo único que parece positivo en ese saldo son dos cosas: haber producido el hastío de Bolívar y haber absolutamente demolido el mito de que los militares son la garantía del orden y de la eficiencia.
Yo me pregunto, si una auditoría de Pdvsa como la que acaba de hacer la AN ha producido el efecto que tuvo, ¿qué arrojaría una auditoria a la Fuerza Armada, donde se han invertido millones de millones?
¿Cómo puede pasar a la historia Nicolás Maduro, cuál sería su alcance?
La historia es muy selectiva, todos que tratan de entrar a la historia terminan en el basurero. La historia siempre procura reservarse para aquellas personas que han puesto por delante el trabajar por el bien colectivo. Eso es muy importante, tanto en el terreno material como en el espiritual.
El destino de los hombres se realiza en la capacidad de llevar adelante grandes propósitos, o llámelo usted grandes sueños, pero esos sueños orientados hacia procurar el bien común, bien sea en el orden material, espiritual, intelectual.
¿Y Hugo Chávez?
Una verruga. Ya una vez lo dije. Yo no encuentro ningún hecho que recomiende a esa persona para merecer más de una nota de pie de página.
Germán Carrera Damas recuerda que durante décadas los gobernantes venezolanos incorporaron en sus equipos de trabajo a personas notables, como un Fernández Morán o un Arnoldo Gabaldón, por citar solo a dos. No las destaca como personas brillantes sino como venezolanos con conciencia y compromiso de su condición ciudadana, responsabilidad técnica, científica y administrativa.
“Eso es lo importante, porque el prestigio consistía no en saber ni en mandar, sino en hacer, en lograr cosas importantes. Eso se ha perdido”, lamenta el historiador, pero las circunstancias, además marcadas por el éxodo de profesionales venezolanos al exterior, lo hacen relatar una experiencia que le otorga una esperanza sobre la reconstrucción del país.
“Felizmente yo creo que Venezuela tiene un fondo o, como se dice, una reserva, lo suficientemente asentada y confiable como para que la continuidad sea menos traumática de lo que algunos puedan pensar. Tengo una base para eso”, dice, e inicia su relato.
“Cuando me dieron la posibilidad de ir a un destino diplomático yo escogí Praga. Praga tenía más de medio siglo de dominación, primero Nazi, luego fue el régimen comunista, con la circunstancia de que el régimen comunista se implantó en la República Checa por la vía electoral. Yo había ido antes invitado como historiador y encontré una ciudad gris, abandonada, llena de traficantes, casi me dije ‘no vuelvo a este país’. Pero escogí Praga. Llegué en el 94.
Decía un humanista español que todo el mundo sabe ir del huevo a la tortilla, pero todavía no ha habido alguien que sepa regresar de la tortilla al huevo.
Yo sabía que la sociedad checa era una de las más desarrolladas de estilo capitalista antes de la Segunda Guerra Mundial. Yo quería ver cómo hacían ellos para regresar de la tortilla al huevo. Y puedo decirle que en cuatro años que serví allá como diplomático, aquella ciudad gris y triste se convirtió en una ciudad más radiante, que recibía millones de turistas todos los años. Absolutamente prodigioso. ¿Qué pasó? Todos los checos que se habían ido huyendo del nazismo y del comunismo a Inglaterra, Francia, a Estados Unidos, a Venezuela, todos se habían mantenido desarrollándose con un sentido de la sociedad capitalista democrática, habían adquirido o desarrollado técnicas y habían acumulado capital.
Cuando les devolvieron sus propiedades en la República Checa regresaron y transformaron aquello en cuestión de meses, y la ciudad renació y llegó a un esplendor impresionante. Yo lo viví completamente. Yo sueño con que nosotros podamos repetir el milagro checo. Ese sí fue verdaderamente un milagro.
Que estos jóvenes que se han negado a cubanizarse y se han ido del país nos traigan de nuevo esa vitalidad que se requiere para que, quieres hemos permanecido aquí, podamos también participar de ese esfuerzo de renacer de Venezuela. Eso es lo que está planteado”, relata el historiador, e individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, entre la esperanza y la certeza.

Fuente:
http://www.larazon.net/2016/11/28/german-carrera-damas-la-republica-ha-sido-destruida/
Fotografías: Manuel Alegría.

lunes, 21 de marzo de 2016

BITÁCORA

Suele ocurrir, no hay tiempo suficiente para orbitar las fotografías que repletan a veces el móvil celular. Las gráficas hablan del exitoso foro realizado en el Museo Boliviano el 15 de los corrientes, teniendo a Germán Carrera Damas, Thays Peñalver y Oliver López como expositores, en un evento que nos correspondió instalar.
El día 19 de los corrientes, se realizó el foro de la Comisión Centenaria de Caldera sobre educación. El Padre Ramón Vinken y la Lic.Nancy Hernández de Martín, hicieron una magnífica disertación. Sencilla, sustancial, sin desperdicio alguno.
El 12 de los corrientes se realizó un encuentro nacional de Vente Venezuela. En el transcurso, nos incorporamos a la concentración convocada por la MUD en las cercanías. Y volvimos.
Hay gráficas que tomamos, suponiéndolas ideales para acompañar aa algún artículo acá orbitado. Sin embargo, pasan días en el perol electrónico y, después, se traspapelan en la pc. Y, nada, cuesta trabajo conseguirlas, porque ya es trabajo intentar clasificar os archivos digitales. Por cierto, ¿cuándo podrán importarse (por no decir fabricarse acá) maquinarias como las exhibidas en la avenida Francisco de Miranda de Caracas.

domingo, 30 de agosto de 2015

CAZA DE CITAS

"Una afección está representada por la que ha sido bautizada como 'historia amena'. Nada tiene que ver ésta con la historia bien escrita y de grata lectura. Me refiero al relato histórico trivial, colindante con la denominada 'microhistoria', la cual ha llegado a convertirse en una aberración de las historiografías local, regional y sectorial"

Germán Carrera Damas 

("Clase magistral en la conmemoración de la Escuela de Historia", UCV, Caracas, 1998: 22)

domingo, 7 de septiembre de 2014

OBITUARIO (1)



EL NACIONAL, Caracas, 23 de septiembre de 2001 / Siete Días
Rómulo Betancourt: el saber político
Simón Alberto Consalvi

Rómulo Betancourt fue el primer político que vislumbró lo que el petróleo significaría en la historia de Venezuela. Pero más allá de esa percepción, comprendió, asimismo, lo que para un político significaba saber, conocer y comprender. Desde 1928, cuando apenas contaba 20 años y ya andaba en su primer destierro, Betancourt asumió el fenómeno petrolero como una de sus pasiones. Trabajador incomparable, no sólo fue el primero, sino el más consistente en su tenacidad. 1928 fue para él un hito vital: salió para el destierro, huyendo de Juan Vicente Gómez. Para Venezuela fue también un momento estelar en la explotación del petróleo, pues con todo lo incipiente que pudiera ser para entonces, en el 28 se calificó como primer exportador mundial. La historia no debe quedarse en la comprobación de que Betancourt fue el primero de los políticos que consideró indispensable el conocimiento del petróleo, sino que supo también vincularlo al proceso histórico venezolano y a sus implicaciones. Como político, Betancourt fue excepcional. No conozco de otro que asumiera la política como un ejercicio cotidiano de estudio. Lo que se dice de Betancourt y del petróleo, puede decirse (mediante las comprobaciones necesarias) sobre los problemas fundamentales de Venezuela. Como no fue un político ágrafo, dejó innumerables testimonios de sus desvelos y de su sabiduría. De aquel Rómulo Betancourt del primer destierro, escribió Mariano Picón-Salas: “Ese joven de 20 años descubría las necesidades de Venezuela y los métodos con que debe organizarse un Estado moderno con una clarividencia, un rigor y fervor a que no estábamos acostumbrados”. “Con Alberto Adriani, (continúa el gran ensayista), que se le adelantaba en 10 años y en 1929 iba ya por la treintena, me pareció Betancourt en ese instante uno de los jóvenes que sabían pensar sobre los problemas de nuestro país con más comunicativa y desgarrada claridad. Se destacaba en él su enorme capacidad de lectura y de síntesis, y su curiosidad no sólo por la Economía, la Historia y la Política, sino por los más varios problemas humanos, y la enérgica expresividad de su prosa”. Así escribió Picón-Salas en su ensayo El Rómulo de aquí (en 1964). No eludió las referencias al estilo de Betancourt, ni sus metáforas audaces: “Desconfiad, aunque sean muy puristas y académicas, de aquellas cabezas a las que no se les ha ocurrido nunca una metáfora. El mundo no se soporta sin un poco de transformación poética, y Rómulo Betancourt, ducho en muchas cosas, también conoce estas brujerías lingüísticas”. De este perfil conviene, ahora, resaltar el “saber pensar” que el político aprendió desde muy joven, en el ejercicio y la reflexión. Lo puso de manifiesto, entre otros menesteres, con el petróleo, desde las páginas de una República en venta hasta su obra capital, Venezuela, política y petróleo. En 1975, Betancourt escribió su ultimo texto sobre el tema, Venezuela, dueña de su petróleo, el cual leyó como senador vitalicio en el Congreso, en el curso del debate sobre la nacionalización de la industria. Fue editado entonces por Catalá / Centauro Editores, enriquecido con otro texto del ex Presidente: “El petróleo, fuente energética insustituible”, publicado en la revista Visión en 1972. Además, un recuento de la editorial: “Rómulo Betancourt y una de sus pasiones de hombre público: la venezolanización del petróleo”. El editor consideró pertinente añadir, como apéndices documentales, el “Voto salvado del Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo, en el debate sobre la Ley de Hidrocarburos de 1943”, y el “Voto salvado de la minoría unificada” en aquella ocasión, porque Betancourt había hecho referencia a ellos en su recuento histórico. Cuando Betancourt habló por última vez de petróleo, lo hizo ya desde la perspectiva privilegiada del estadista en retiro. A los 56 años entregó la presidencia al sucesor, en 1964. Tuvo la inteligencia de no juzgarse a sí mismo como “el hombre necesario” o el indispensable, y demostró que su ambición política, dominante a lo largo de sus 73 años de vida, no era una ambición de poder personal. Durante algún tiempo jugó con el enigma de si aspiraba o no a la reelección, hasta que abrió el juego, y dijo que le bastaba haber sido Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno y Presidente Constitucional. De modo que Venezuela, dueña de su petróleo tiene, entre muchas otras, la virtud de la mirada en retrospectiva. De la mirada despojada de interés individual, pero, sin duda alguna, de la mirada de quien consideraba que no había arado en el mar, y que con la nacionalización de la industria de los hidrocarburos culminaba un proceso en el cual él había sido protagonista de primera magnitud.
El ex Presidente intentó entonces una síntesis de su saber petrolero. No eludió algunos perfiles del autorretrato. Advirtió: “...No van ustedes a oír la exposición de un experto de Oklahoma (...) sino a un hombre que desde 1928, cuando salió al exilio, hasta hoy, ha seguido estudiando con el mayor interés y dedicación el tema petrolero, por considerar que la vida económica, política, social y cultural de nuestro país ha venido girando, y gira todavía, en torno del petróleo. Y, además, con la experiencia práctica de quien en dos oportunidades, de 1945 a 1948 y de 1959 a 1964 (...) ha manejado las relaciones Estado-industria”. No había estudiado en la meca petrolera de Oklahoma (donde se formaban los grandes técnicos), sino en medio de los avatares del exilio, huyendo de país en país de los tentáculos ubicuos de Juan Vicente Gómez. Betancourt recontó la historia del petróleo venezolano, desde la experiencia de la Petrolia del Táchira, en las postrimerías del siglo XIX. Una pequeña empresa andina que apenas logró producir 60 barriles diarios, y se cerró en 1912 por falta de capital. El gran negocio sería para otros, bien preparados y más avezados. Después el relato pasó a The New York & Bermúdez Company, la explotación del asfalto en el lago de Guanoco, y la Revolución Libertadora del general Manuel Antonio Matos contra Cipriano Castro, cuando el petróleo comenzó a terciar en la política, y los grandes intereses mundiales vislumbraron la potencialidad de Venezuela. Betancourt relató con detenimiento la era de Gómez, las guerras por el petróleo, las rivalidades de los grandes trusts en Venezuela, la fiesta gomecista de las concesiones, las leyes petroleras de la dictadura. Resaltó la personalidad del ministro Gumersindo Torres, quien contra viento y marea defendió los intereses venezolanos con probidad. Muerto el general, se inició en el país un tiempo diferente. Betancourt analizó la Ley de Hidrocarburos de 1943, la política petrolera del fifty-fifty de 1945, la fundación de la OPEP y el papel relevante de Juan Pablo Pérez Alfonzo. Betancourt se distinguió por el saber político, por el conocimiento y la comprensión de Venezuela. No en balde, desde muy joven, andaba con los 15 tomos de la Historia contemporánea de Venezuela a cuestas, como bitácora de su propia navegación.

EL NACIONAL, Caracas, 23 de septiembre de 2001 / Siete Días
Rómulo Betancourt aún busca su lugar en la Historia
Por encima de las tumbas adelante
Pocos hombres, en todo el devenir de la Venezuela contemporánea, vivieron tan profundamente en la controversia y la polémica como Rómulo Betancourt. Comienza apenas el tiempo, a dos décadas de su desaparición, para explorar sin apasionamientos los avatares de una trayectoria de activismo político que nunca conoció ni otorgó cuartel, y de una obra que sin duda es piedra angular en la fundación y en el destino de nuestra democracia. A la luz de la distancia, y especialmente ahora que acaba de fallecer “el último dictador del siglo XX” (como significativamente tituló este diario la muerte de su acérrimo enemigo Marcos Pérez Jiménez), quizá haya llegado el momento de asumir que ya en las páginas de Venezuela, política y petróleo se dibujaba el primer estadista de la centuria. Cuatro estudiosos de la realidad venezolana dan aquí sus opiniones sobre esta figura fundamental para la comprensión del pasado y el presente, en un juicio preliminar al cual se suman, en la página anterior, los criterios de Simón Alberto Consalvi
Luis José Oropeza

El legado fundamental
Rómulo Betancourt fue siempre un combatiente infatigable. De allí que para mirar su faena con imparcialidad y con un sentido crítico que nos sea fecundo desde la perspectiva peculiar de las circunstancias que vivimos, es imperativo, en la inclemencia de estos tiempos, tratar de ponderar el juicio sobre su trayectoria pública, al margen del escenario de la confrontación política contemporánea. De esa manera intentamos librarlo del fuego voraz de las pasiones conflictivas del momento, que pudieran conducirnos a un debate encendido y estéril, sectario y abandonado de la indispensable objetividad.
Hacer paralelismos con líderes viejos o nuevos de nuestra accidentada controversia partidaria, especular sobre lo que pudo haber emprendido y lo dejó inconcluso y a la deriva entre los obstáculos de su lucha, reexplorar los momentos cruciales de su faena cuando, en una coyuntura al parecer entonces inescapable, decidió acompañar su suerte a la de una asonada militar, sería conducirnos hacia una investigación no sólo reiterativa, sino también infecunda y baldía en la realidad presente. Bastante es señalar, para no ser indiferentes con el deber de resaltar la responsabilidad moral rectificadora de su conciencia histórica, cómo con el paso del tiempo llegó a ser un objetivo incansable de sus luchas políticas el insistir, en una prédica constante, para que aquel expediente del desempeño arbitrario de las armas quedara definitivamente clausurado junto con las prácticas y los usos de las tradiciones inciviles en la América Latina. Estos y muchos otros son temas capitales que han sido revisados con profusión, y segu
amente en el futuro inmediato y lejano, la incesante vocación crítica de la inteligencia nacional jamás dejará de seguir revisando. Liderazgo colectivo En esta ocasión en que se cumplen 20 años de su ausencia y 70 de la vida del partido que fundara, creemos más provechoso y útil abordar algunas ideas que bien sabemos no dejaron nunca de inquietar a sus angustiados afanes modernizadores en la conducción de la política venezolana. Una fue la necesidad de forjar una democracia montada sobre los fundamentos de una sociedad presidida siempre por un liderazgo colectivo, expresado en el concurso de individualidades que supiesen interpretar los valores y sentimientos más genuinos de nuestro pueblo. Y para lograrlo no sólo consideró necesario contar con la participación de una generación excepcional, acuciosa y visionaria, sino con movimientos institucionales inspirados en la fuerza de una comunidad en la que no escasearan los hombres bien formados, de visión clara y cabal, identificados con una misión dirigida a construir en este país un gran destino colectivo. Por eso se empeñó en crear partidos políticos, en construir el que conducirían sus aliados y en propiciar y facilitar la formación de otros que le adversarían de manera implacable, para así imprimirle a la confrontación social y política, la seguridad de un juego político diversificado y plural.
El tratar de sustituir el liderazgo individual por una mayoría aclamacionista autodesignada como interprete exclusivo de la “voluntad general”, fue para su visión penetrante y sagaz de nuestra realidad un engaño fraudulento y pernicioso. Sabía bien Betancourt que la democracia que se empeñó en forjar, como el pasado histórico de otras experiencias, cuando fuese observada desde la cumbre de los más apartados horizontes, sería juzgada esencialmente por la calidad de sus líderes, y la de éstos, por la calidad de su visión sobre el país que aspiraban a construir.
Ninguna lección asimiló tan tempranamente como su vocación de rechazo a la histórica amenaza del despotismo. Porque fue antigomecista implacable, quiso como pocos que la voluntad de un hombre jamás llegase a ser la única instancia válida en las decisiones colectivas de este país. Y como su lucha contra la autocracia fue su gran cruzada, no comulgó jamás con los poderes absolutos detentados por muchos o por pocos: ni por una mayoría absoluta sin personalidad definida, que siempre unos cuantos manipularían y la tornarían en populismo ciego o en invertida o falsificada oligarquía, ni por un consejo de sabios y aristócratas, ni menos aún, por un césar férreo, indiscutido y único.
El individuo y el Estado
Y algo existe aquí que es pertinente señalar. No obstante ser un despiadado enemigo del despotismo, no llegó nunca a precisar con igual urgencia la necesidad de restringir el “despotismo del Estado”, de limitar la discrecionalidad del poder para defender al individuo del Estado y exaltar con mayor vigor el potencial de los recursos de la sociedad civil. No es aventurado presumir que, como todos los hombres de su generación y en las posteriores, estuvo tremendamente impactado por los modelos leninistas de los partidos políticos, que en su esencia se conformaron como brazos activos del Estado y no como agentes de la participación social e intermediarios de los intereses colectivos, no pocas veces reñidos con el Estado. Lo grave no es un error inducido ayer por tan obstinada intransigencia doctrinaria de principios y mediados de siglo. Pero lo imperdonable hoy es incurrir en aquel mismo desatino después que la estatua de Lenin lleva más de una década desterrada de la Plaza Roja.
Por esto y por tantas otras cosas que se escapan a la brevedad de estas notas, la trayectoria política y moral del liderazgo de Rómulo Betancourt, tanto en la trascendencia indiscutible de sus aciertos, como en la mesurada significación rectificadora de sus errores, es y será para las actuales y venideras generaciones venezolanas una fuente inagotable de enseñanzas perdurables, un faro para iluminar el rumbo entre las oscuras tormentas de la democracia nuestra, un guía perenne que ni sus amigos ni sus enemigos podrán dejar de mirar para entender mejor a Venezuela.
De las ideologías al institucionalismo
Juan Carlos Rey
Si nos propusiéramos evaluar la capacidad de un político por su habilidad para conquistar y conservar el poder del Estado, y tratásemos de medir tal capacidad a través de indicadores tales como el tiempo durante el cual controló el Gobierno y la cuantía de recursos de todo tipo de los que dispuso, sin duda que varios presidentes venezolanos, tanto de la época predemocrática como de la democrática, superarían ampliamente a Rómulo Betancourt. Pero si atendemos a la influencia que han llegado a ejercer sobre la política nacional y a su capacidad para señalar nuevos rumbos al Estado y para crear instituciones y formas políticas perdurables, muy pocos políticos, en toda la historia de Venezuela, se le podrían comparar.
Entre tales instituciones está, ante todo, Acción Democrática, el primer y más importante partido de masas de Venezuela, que durante más de 50 años mantuvo una hegemonía indiscutible y sirvió de modelo para todas las otras organizaciones políticas que han tenido alguna figuración importante en el país. Ahora bien, pese a las extraordinarias dotes personales de Betancourt, que le permitieron ejercer un liderazgo en gran parte carismático, hay que tener un cuenta que tal liderazgo se canalizó a través de un partido político moderno, AD. Y aunque Betancourt fue el principal creador y máximo líder de dicha organización, ejerciendo sobre ella una influencia en muchas ocasiones determinante, no hay que olvidar que AD era una organización moderna, que contaba con una dirección de la que formaban parte verdaderos colosos políticos, dotados de una autoridad política e intelectual poco común, y cuyas decisiones se tomaban tras un debate colectivo y no eran simples aclamaciones de las ocurrencias del líder máximo. En el pensamiento –y sobre todo en la praxis política– de Rómulo Betancourt, las funciones a cumplir por los partidos políticos en y para la democracia –ante todo las de AD, pero también las de los otros partidos democráticos– fueron objeto de su especial atención, hasta el punto de ser artífice y principal responsable de las dos modalidades, muy diferentes entre sí, que éstos adoptaron en la Venezuela del siglo XX, como intentos de hacer posible el funcionamiento de la democracia.
Origen ideológico
En sus orígenes, el sistema venezolano de partidos se caracterizó por una orientación predominantemente ideológica, de acuerdo con la cual el objetivo fundamental de la organización era la realización del programa que respondía a su ideología, aun a costa de poner, con ello, en grave riesgo las probabilidades de conquistar el poder, o de conservarlo una vez conquistado. Esta orientación, que prevaleció durante el trienio 1945-48, era compartida por AD y especialmente por Copei, pero su fracasó quedó demostrado con el golpe de Estado de ese último año, prueba de su incapacidad para hacer que la democracia funcionara y se mantuviera. Pero a partir de 1958, como consecuencia de la lección aprendida con el fracaso de la Revolución de Octubre y con los 10 años de dictadura que siguieron, se produjo un importante cambio en la orientación de los partidos, que dejaron de ser principalmente ideológicos y pasaron a ser predominantemente institucionales, de modo que su nuevo objetivo fundamental va a ser, en adelante, el mantenimiento del régimen democrático, aun a costa de renunciar a la inmediata realización de los objetivos ideológicos y programáticos o de disminuir las probabilidades de éxito electoral. Este cambio es muy visible en la nueva actitud de Rómulo Betancourt, que no sólo estuvo dispuesto a enfrentar e incluso favorecer la división del propio partido, sino que propició el fortalecimiento de su tradicional enemigo, Copei, disminuyendo con ambas medidas las probabilidades del triunfo electoral de AD, con tal de que con ello la democracia perdurara. En principio, se suponía que la posposición de los objetivos ideológicos y programáticos era un expediente temporal, que debía cesar tan pronto como desaparecieran las amenazas directas a la democracia, representadas por una derecha militar y una guerrilla izquierdista, que inicialmente fueron el principal peligro para que perdurara. Pero una vez que desaparecieron tales amenazas –lo cual ocurre en los inicios de la primera presidencia de Caldera–, se produce en los partidos políticos una nueva transformación, en la que se abandonan las preocupaciones por la preservación de la democracia, sin que se recuperen los objetivos ideológicos.
Ocaso pragmático
Los principales partidos se convierten en catch-all parties, que ya no se oponen en función de diferencias ideológicas que se expresan en programas de gobierno también diferenciados, sino que se limitan a una pura competencia por el éxito electoral, en la que la única función del programa y de las ofertas al electorado es el tratar de maximizar los votos que se obtendrán. Esto lleva a una abdicación de la responsabilidad de los partidos y a una desnaturalización o perversión de sus funciones, pues renuncian a la conducción y liderazgo y se convierten en receptáculos vacíos, sin preferencias propias, que se limitan a recoger los resultados que les proporcionan las encuestas de opinión pública para acomodar sus ofertas a las que parecen ser las preferencias de la mayoría. Cuando el partido se orienta pragmáticamente, el poder ya no es un mero medio para la realización del programa, sino que se convierte fundamentalmente en fuente de recompensas y satisfacciones personales para la militancia. Y si el peligro de los partidos eran las pugnas ideológicas, que podían dar lugar a divisiones, ahora la organización se “fraccionaliza”, dividiéndose en grupos de escasa duración y ninguna estructura, que se limitan a expresar conflictos personales y representan luchas mezquinas e interesadas por puestos y emolumentos. Y junto a ello, la corrupción se generaliza.
Betancourt pudo observar, al final de su vida, con impotencia y desesperación, el proceso de deterioro y degeneración en que esas organizaciones habían incurrido, que afectaba a la propia AD. Los 20 años de la muerte del gran líder no sólo son motivo propicio para recordar sus grandes logros, que fueron numerosísimos, sino también sus frustraciones y –por qué no decirlo– sus fracasos. Entre estos últimos está lo ocurrido con los partidos políticos, que más allá y antes que un derrumbe electoral, constituye un derrumbe de las funciones que se deben cumplir en una democracia.
Política y petróleo
Jesús Sanoja Hernández
Rómulo Betancourt, desde el comienzo de su vida política, hizo del petróleo tema central de su pensamiento económico. Pueden anotarse seis períodos en la ecuación Betancourt – Petróleo. Pasemos a examinarlos.
Etapa del primer exilio. Betancourt, después de los sucesos del año 28, incluido el complot del 7 de abril, salió al exilio, donde se aprovisionó de literatura política y económica, muy escasa o inexistente en Venezuela. Entre los libros por él frecuentados figuraron La diplomacia del dólar, “de los economistas yanquis Scott Nearing y Joseph Freeman”, y We fight for oil, de Ludwell Denny. Sostenía entonces, 1932, en su folleto Con quién estamos y contra quien estamos, que Venezuela, con Gómez, era una factoría yanqui.
Visión opositora: 1936-1945. Desde su retorno a Venezuela hasta la Revolución de Octubre (1945), Betancourt fue sedimentando conocimientos y perfilando su proyecto petrolero, en el cual jugó papel de primer orden –y seguiría jugándolo en todas las circunstancias– Juan Pablo Pérez Alfonzo. En el Congreso, a través de los parlamentarios de la minoría unificada, AD cuestionó aspectos fundamentales de la política petrolera de Medina Angarita, como la participación decreciente del Estado en 1942 con respecto a 1941. Pero el más decisivo acto de AD fue el documento de la minoría unificada en que se atacaban varios puntos de la Ley de Hidrocarburos de 1943.
El plan de ocho puntos
Los cambios: 1945-1948. Durante el trienio de gobierno adeco, las innovaciones en materia petrolera fueron muy importantes, siempre promovidas por la llave Betancourt-Pérez Alfonzo. El primero, en su conocido libro Venezuela, política y petróleo, señaló que al llegar AD al poder actuó certeramente, sin improvisaciones, en materia petrolera. Como en 1941, AD y Betancourt consideraron no viable la nacionalización petrolera. La Junta Revolucionaria armó un plan de ocho puntos, entre los cuales destacaban el aumento impositivo a las compañías, la concurrencia al mercado internacional para vender directamente las rega-lías, el cese del otorgamiento de concesiones, la industrialización de la mayor parte del petróleo venezolano dentro del país (sic), la política conservacionista, la reinversión de una parte de las utilidades de las compañías, las mejoras contractuales de tipo laboral y la inversión de un parte de los beneficios “en una economía diversificada y propia, netamente venezolana’’ (sic). Adicionalmente, el 31 de diciembre de 1945 la Junta Revolucionaria decretó un impuesto extraordinario de 89 millones de bolívares sobre beneficios de las compañías.
Durante la corta gestión de Gallegos se estudió la instalación de una refinería estatal, “con capital nacional o mixto”, y se puso en marcha (12-11-1948) el “mitad-mitad’’ o “50/50’’. Derrocado éste, desde un comienzo el nuevo régimen, de tipo castrense, dejó entrever que frente a la tesis de AD de “no más concesiones’’ se abría la posibilidad de nuevos otorgamientos.
La oposición a la política de la dictadura. Como en efecto sucedió, pues el 12 de enero de 1955 el ministro de Minas e Hidrocarburos, Luongo Cabello, anunció la apertura del proceso concesionario que, según Betancourt, entregó 520.000 hectáreas de la flor y nata de la zona petrolera del país, a cambio de proveer las arcas nacionales con 2,5 millardos de bolívares. Por su parte, Pérez Alfonzo señaló la posibilidad de que tales contratos fuesen declarados írritos al advenir un régimen democrático. Y el vocero de AD en el destierro, Venezuela Democrática, calificó las nuevas concesiones de “hecho criminal’’.
La OPEP: el gran éxito
La política oficial de 1959 a 1964. Apenas electo Presidente en diciembre de 1958, Betancourt se encontró con una insólita situación de hecho: el presidente encargado Edgar Sanabria sorprendió con el Decreto 476, que contemplaba un aumento en los impuestos hasta llegar nada menos que a una proporción de 66/34 en la participación del Estado en las utilidades de la industria. Betancourt, al tomar posesión el 13 de febrero de 1959, disfrutaría de la impensada herencia.
Betancourt-Pérez Alfonzo no declararon írritas las concesiones, pero se mantuvieron firmes, como los expertos petroleros del régimen, en la política de “no más concesiones’’, pese a la opinión de quienes las pedían a gritos o de aquellos que, como Uslar, proponían una vía alternativa.
El gran éxito de la estrategia Betancourt-Pérez Alfonzo fue el papel jugado por Venezuela en la creación de la OPEP, al impulsar –con Al-Tariki, de Arabia Saudita– este cartel destinado fundamentalmente a la defensa de los precios. Fue aquella la primera gran concertación entre Venezuela y Medio Oriente, representado éste por Irán, Irak y Kuwait. El acuerdo tiene fecha: 14 de septiembre de 1960. Betancourt apuntó cierta vez que el proyecto, concebido en 1945, había cristalizado 15 años más tarde.
Los años finales. El discurso de Betancourt en la sesión del Congreso del 29 de agosto de 1975, con motivo de la nacionalización petrolera, fue lo más relevante que en la materia hizo desde su salida de Miraflores. Repasó nuestra historia petrolera y defendió lo que antes había considerado inoportuno. Si a CAP le correspondió la nacionalización, a él le había correspondido la OPEP. Justamente, en aquel 1975, la OPEP parecía invencible. Muerto Betancourt en septiembre de 1981, no logró ver el desplome de 1983, pero sí el triunfo de su proyecto.
20 años después
Germán Carrera Damas
Se cumplen 20 años de la muerte de Rómulo Betancourt. Un denso pero comprensible silencio amenaza con envolver la fecha, quizás parte del esfuerzo por desdibujar la significación de su obra. Sin embargo, no ha disminuido su presencia en la Venezuela actual. Aparente contradicción que pide una explicación. Esta se basa en el rasgo distintivo de la vida de R. B.: consistió en su dedicación a la democracia y en la decidida promoción de los instrumentos que condujeron a su establecimiento.
La dedicación de R. B. a la democracia rigió su concepción pedagógica de la política, practicada en la formación de su partido y en la dotación democrática básica de la sociedad, configurada hasta su ingreso consciente a la vida política sobre patrones impuestos de autoritarismo y docilidad.
Su enseñanza de la democracia comenzó por aprenderla. Se atrevió a pensar libremente sobre la política y la economía, cuando quienes lo rodeaban consultaban el catecismo marxista-stalinista. Este primer gran pecado, cometido con éxito a la vista de todos, lo volvió aborrecible por quienes no tuvieron semejante coraje intelectual.
Su enseñanza de la democracia se fundó en una inspirada confianza en que la vocación democrática esencial del pueblo venezolano sólo aguardaba la oportunidad de manifestarse. Al promover la apertura de la sociedad, dando culminación a las ancestrales luchas de pardos y ex esclavos por la igualdad, y satisfaciendo las ansias de participación de mujeres y jóvenes, sentó las bases de la que será una sociedad democrática.
Consolidar, no ejercer
Pero fue el sino de la vida de R. B. que no alcanzase a vivir la democracia que impartió y promovió.
Su etapa de combatiente contra la dictadura militar de Juan Vicente Gómez Chacón, más apasionado por Venezuela que Chávez, pues quiso cogérsela toda, fue la de un oscuro y pretencioso, pero tenaz y creativo, aspirante al liderazgo.
Su primer ejercicio del poder fue una carrera veloz y hasta desesperada contra los arraigados atavismos sociales, que produjo, sin embargo, dos resultados perdurables: la siembra de la democracia y la confirmación de la desconfianza de R. B. en los militares, como estamento, cuando de democracia se trata.
Su segundo ejercicio del poder dejó el saldo de que no pudo gobernar con arreglo a los valores que impartía. Visto a relativa distancia, pareciera que R. B. entendió que su papel no era el de practicar la democracia sino el de establecerla, defenderla y consolidarla.
El segundo gobierno de R. B. arrojó un déficit considerable en cuanto al ejercicio de la democracia en aspectos fundamentales de los derechos políticos y humanos. Pareciera que él entendió su misión en función de las otras tres determinaciones.
Es decir, su objetivo fundamental era establecer la democracia, retomando el curso interrumpido por el militarismo tradicional en 1948. Esto requería fundar y desarrollar la institucionalización de la vida política, de allí que se mantuviera abierta la puerta a la participación política incluso a los más tenaces adversarios y enconados enemigos.

Es decir, actuó convencido de que su papel histórico no consistiría en gobernar democráticamente sino en defender la democracia, incipiente y acosada a la vez por el militarismo tradicional, la subversión y el terrorismo guerrillero, y por la intervención del gobierno cubano, en medio de adversas condiciones socioeconómicas. La estrategia seguida demostró su eficacia en el hecho de que esos factores, que llegaron a estar mancomunados, fueron derrotados militar, policial y políticamente.
Lo animó igualmente la convicción de que debía consolidarse la democracia desalentando la repetición de confabulaciones como aquélla de la que fue partícipe en 1945 para derrocar el último acto de la dictadura andino-gomecista. El Pacto de Punto Fijo es hoy condenado por los excluidos, y desvirtuado por una lectura sesgada de su primordial propósito de prevenir lo que hoy vivimos, es decir, la mezcolanza del militarismo tradicional con civiles que le sirviesen de mampara. En suma, elementos suficientes como para ver en Rómulo Betancourt el auténtico gobernante democrático del siglo XX venezolano, al igual que para comprender el denso silencio que amenaza con envolver su memoria al cumplirse el vigésimo aniversario de su muerte.

NOTA LB: Escribe Omar Astorga: “Betancourt es el conspicuo representante del culto a os hechos y a la naturalidad del progreso que encerraba la industria petrolera; culto que desplazó al que se tenía por la geografía, la raza y el clima, siguiendo, a pesar de ello, las mismas líneas interpretativas desde las cuales se había constituido el pensamiento venezolano de comienzos de siglo” (“El mito de la legitimación. Ensayos sobre política y cultura en la Venezuela contemporánea: 1945-1964”, UCV, Caracas, 1995: 140).