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domingo, 29 de marzo de 2020

LO QUE EVIDENCIÓ WENLIANG

¿Sería posible combatir una pandemia mundial en un sistema liberal?
Maria Oropeza  

Se ha querido satanizar la doctrina liberal bajo la crisis mundial que hoy tiene paralizados a todos, con el típico argumento de que los “neoliberales” no seríamos capaces de contener una pandemia de esta magnitud, como la del Covid-19, si la ayuda del Estado fuese inexistente.

Lo primero que hay que resaltar es lo siguiente; el virus se originó en un país con un Estado sumamente grande y totalitario como el que se vive bajo el régimen de China, quienes no sólo lo crearon sino que además lo ocultaron. Como el caso del médico Li Wenliang (ya fallecido por causa del coronavirus) quien desde diciembre de 2019 intentó alertar sobre este virus, sin embargo fue acusado y censurado por las autoridades locales quienes le exigían que dejara de difundir “rumores falsos”.

Por cierto, es tan grande el control del Partido Comunista en China, que incluso extranjeros han sido censurados en ese país sólo por hacer comentarios contra la tamaña responsabilidad que tienen ellos de que hoy la economía global esté completamente paralizada. Como el caso del autor Vargas Llosa, quien hace poco sus libros fueron censurados en China y fue acusado de “difamación” por el régimen de ese país, al haber escrito un artículo crítico acerca del Coronavirus.

Pero no sólo bajo un Estado “súper poderoso” se originó y se ocultó la gravedad de este virus, sino que además en la mayoría de los países donde los Estados actúan como dueños de las vidas de las personas es precisamente donde más afectados hay, tales como España e Italia, donde los casos confirmados rondan aproximadamente por los 20.000, y las víctimas mortales confirmadas superan los 2.000. Ambos con unos de los gobiernos más socialistas y corruptos dentro de Europa.

Y por supuesto, ni hablar de países como Venezuela y Cuba, donde el mismo que asesina estudiantes y desaparece a quien piensa distinto, es el mismo que da las cifras de contagiados y a su vez afirma que tienen todo bajo control, sin embargo, en las comunidades no hay agua, los ciudadanos no tienen ni para comer ni para comprar mascarillas o guantes, y en los hospitales escasea hasta el algodón; todo esto bajo la mirada cómplice de aquellos quienes se jactan de engrandecer el estatismo mientras los ciudadanos sufren.

Todo esto deja entre dichos que tener un Estado sumamente grande, totalitario, centralizado, y donde sólo los gobiernos deciden, no es la solución para detener una pandemia, o en su defecto, ni siquiera haberla originado.

Pero también son muchos quienes aplaudieron la medida del Presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien asumirá los gastos de servicios como agua, electricidad y alquileres, mientras pasa el peligro de la pandemia. Que además de aplaudirle, también lo piden a gritos para Latinoamérica, pero ¿realmente estamos en capacidad de asumir ese gasto?

Países de la Unión Europea se han preparado para momentos como estos, quizás porque anteriormente han tenidos situaciones similares, y guardan reservas para planes de contingencias, aunque claro está que no todos en la misma capacidad, sin embargo cuentan con el respaldo de la UE, como es el caso de Francia. Pero desde luego que no es el mismo caso de Latinoamérica, donde jamás se han preparado para situaciones como las que hoy estamos viviendo, donde el populismo se paga con altos impuestos, donde existen mínimo 15 ministerios de los cuales 10 no sirven para nada, y las ayudas sociales no han sacado de la pobreza a nadie, al contrario, las mantiene sumergidas en ella.

Para ejemplificarlo mejor; países como Colombia aún no ha podido indemnizar a todas las familias víctimas de la guerrilla, ni Chile ha podido indemnizar a los comerciantes y empresarios víctimas del saqueo de la izquierda en las últimas protestas, y ni hablar de Venezuela país que todavía sufre los inconstitucionales e inmorales robos de propiedades (expropiaciones) y la sistemática violación de derechos humanos. Ahora, ¿de qué manera estos países de Latinoamérica podrían asumir gastos como el del Gobierno de Francia?

Los que creemos en la doctrina liberal (independientemente de sus vertientes), lo hacemos principalmente para reducir el tamaño del Estado y limitar el poder político, de haberse tomado esto en cuenta antes ¿se imagina cuántos ahorros hoy tuviéramos si éste sólo se hubiese encargado estrictamente de lo que el ciudadano no puede, como seguridad y justicia, por ejemplo?

Si estos países adoptaran medidas liberales, como reducción de Ministerios, abrir el mercado, no atentar contra la propiedad privada, eliminar impuestos excesivos y respetar las libertades individuales (empezando por el bolsillo y las decisiones de los ciudadanos), serían altas las probabilidades de que sobrara dinero para ayudar a las víctimas de esta pandemia, tanto los contagiados, como aquellos que no han podido trabajar ni producir durante la cuarentena.

Sin embargo, habrá países que algo harán porque sería peor ante la opinión pública no hacer nada. Ejemplo, en Perú otorgarán un bono destinados a las familias más vulnerables que son aproximadamente 3 millones de hogares, así mismo en Colombia darán un giro adicional a programas que benefician alrededor de 10 millones de colombianos, así como la reconexión gratuita del servicio de agua a las personas de alta vulnerabilidad, quienes tenían el servicio suspendido por falta de pago. Entre otras medidas.

Aunque como he mencionado antes, algo hay que hacer porque sería peor no hacer nada, es menester tener en cuenta que la factura igual llegará y de igual manera los ciudadanos son quienes tendrán que pagarlas, lo más probable es que con altos impuestos, pues el Estado no produce, nunca lo ha hecho. Así que de todas formas la sensación de quiebra la sentirán, sólo estamos ganando tiempo.

Sin embargo, aunque sean muchos quienes defienden la intervención estatal, aunque eso signifique deudas con intereses que pagar posteriormente, yo aplaudo iniciativas privadas como lo que están habiendo empresas Capitalistas; Louis Vuitton es uno de ellos, que está haciendo gel antibacterial para donar a los hospitales. Demostrando que sólo en la abundancia del libre mercado cabe el espacio para la solidaridad sin tener que quitarle un centavo a nadie.

Pero aún en Latinoamérica seguimos luchando para demostrar que tantos años de sistemas socialistas y socialdemócratas no han servido para situaciones irregulares, menos para pandemias e incluso tampoco para guerras convencionales o no convencionales. Ojalá que toda esta tragedia sirva como lección para tomar en cuenta medidas como la responsabilidad individual, el ahorro, abrir el mercado y reducir el Estado, podría ayudarnos a estar preparados para estos casos sin tener que arruinar al ciudadano con futuras facturas impagables.

Fuente:

sábado, 14 de marzo de 2020

LA RAZON ABANDONADA

Jo-ann Peña Angulo: Venezuela vive un estado de excepción
Además de coordinadora del grupo de investigación Ideas en libertad, Jo-ann Peña Angulo es historiadora Magna Cum Laude y Magíster en Ciencias Políticas. Coordina la Cátedra de Estudios sobre el Holocausto Hillo Ostfeld.
Nelson Rivera

Uno de los fundamentos de la dominación totalitaria es la instauración de un régimen de vida donde la violencia es omnipresente y cotidiana. ¿Es esta la situación de Venezuela?

La dominación totalitaria comprende la institucionalización de la violencia, eso es lo que ha pasado en Venezuela desde 1999. Desde su ascenso al poder político, el chavismo convierte a la violencia en política de Estado, pero también en cotidianidad, para tal fin, configura mecanismos y procedimientos, ejecutados por grupos institucionalizados o no dentro del aparato estatal. Al margen de la ley se articula con ellos, deja de lado el castigo y en su lugar propone la impunidad y hasta la recompensa del delito. “La revolución es la tentativa del uso de la violencia” decía Bobbio. ¿La llamada revolución bolivariana ha hecho algo distinto?

El chavismo estableció su propio itinerario a través de las redes de la violencia, con el único objetivo de mantener el poder, lo cual involucra necesariamente el sometimiento de los ciudadanos, característica de todo régimen totalitario.

Hannah Arendt define el carácter instrumental de la misma y su necesaria justificación en un fin futuro. En el programa del chavismo, la violencia consigue justificación para el logro de su revolución bolivariana y posteriormente para la consecución del socialismo el siglo XXI, ambos para la instauración de un Estado corrupto, violador de DDHH, tal como se demuestra en el Informe de Michelle Bachelet.

Esto nos pone de frente con la anatomía del chavismo, al mostrarnos sus dos caras: como poder, surge del contexto democrático en crisis, al ganar el voto de los venezolanos. La inacabada apelación romántica al pretérito heroico consiguió darle legitimidad. Como bien dice Arendt, “El poder necesita legitimidad no justificación” y el chavismo supo legitimar su poder.

En la otra, glorificó la lucha armada, los grupos guerrilleros y paramilitares, así como también a personajes como Fidel Castro, Che Guevara, Sadam Hussein, solo por nombrar algunos. En este aspecto la inversión de los valores de vida por los de la muerte resulta fundamental y allí están los especialistas de la violencia para ejercerla, en escenarios de represión y tortura. Así todo aquel que se enfrente o se oponga a la violencia, “descubrirá que no se enfrenta a hombres sino a artefactos de los hombres”, como los llama Arendt. De esta forma la violencia moral, material y simbólica nos asedia desde el inicio del proyecto ideológico del chavismo, es su naturaleza y así ha quedado demostrado desde febrero de 1992.

Se tiene la percepción de que, en el país previo al régimen de Chávez y Maduro, la violencia era menor y distinta. ¿Es posible tal distinción? ¿Hay diferencias?

No solo la percepción del venezolano con respecto a su aumento durante el chavismo se cimienta en bases sólidas, sino que hay una clara distinción de la misma antes y durante el chavismo. A partir de 1999 es alimentada desde y por el propio Estado, debido a los altos niveles de impunidad y al resquebrajamiento institucional, asociada al continúo llamado a la confrontación.

El Observatorio de la Violencia en su informe del año 2011, expone que entre 2001 y 2011 hubo un aumento de 1.000 homicidios más. Estos niveles de violencia, homicidios y violencia criminal, son propios de contextos de guerra, ¿cómo explicar lo ocurrido? El informe concluye que la respuesta a esta situación reside en los continuos llamados a la guerra, el elogio de la violencia y a la impunidad. Así, “La vida social del venezolano regida por normas ha sido substituida por el uso de la fuerza”, destaca dicho informe. Año tras año, la violencia ha ido en aumento en Venezuela.

En un reciente artículo suyo, referido a la Venezuela de hoy, habla de “construcción de la violencia”. ¿Podría exponer cómo se ha construido la violencia de hoy?

Quiero destacar en primer lugar, los planteamientos neurálgicos que hice en otro escrito, “Breviario sobre la ritualización política del odio”, para comprender aspectos fundamentales del chavismo como tal. En este escenario tribal, el odio y el resentimiento se convierten en ritos iniciáticos. Ambos cohesionan a la tribu política del odio y al mal como institución.

Denomino prácticas políticas del odio al conjunto de procesos formales y no formales, que avalados o no por el Estado, expropian la dignidad y la condición humana. Dichas prácticas se convierten en actividades cotidianas, articuladas gracias al apoyo de las redes de la violencia, que las ritualizan y le atribuyen una función “sagrada”, vinculada a la “misión o venganza histórica”, como parte de los ritos del ente totalitario. Se materializa la idea de la venganza histórica, que no es otra que la revancha de un grupo, que se toma para sí la concreción de sus propios resentimientos, miedos y complejos.

La construcción de la violencia por parte del chavismo comprende las representaciones discursivas, simbólicas y materiales, en su propósito de transformar radicalmente los valores y significaciones de la sociedad venezolana. De allí que la creación del imaginario de la violencia y la exaltación constante del maniqueísmo, constituya para el chavismo, un programa imprescindible aunado a la biopolítica y el biopoder como mecanismos de control y sumisión.

Otra vertiente: la exhibición, por parte del poder, de su capacidad de violencia, potencial o real. En el caso de Venezuela, ¿el poder venezolano, oculta o exhibe la violencia que ejerce?

El chavismo nunca ocultó su naturaleza violenta. En realidad, no le ha hecho falta. Lo que sí ha hecho es enmascararla, paradójicamente a partir de los mecanismos democráticos. Muchas de estas prácticas desapercibidas al principio, se generalizaron como parte misma de la política.

El enamoramiento ideológico de los simpatizantes del chavismo, bien nos recuerda la idea de Derrida sobre la fascinación admirativa que ejerce en el pueblo, la «figura del gran delincuente, que “no es alguien que ha cometido tal o cual crimen», por quien se experimentaría una profunda admiración, es alguien que, al desafiar la ley, pone al desnudo la violencia del orden jurídico mismo”.

Bajo este contexto es lógico que al chavismo no le haga falta ocultar su violencia, hacerlo es contraponerse a su esencia misma.

Hay poderes que se fundamentan en el uso instrumental de la violencia. Su lógica es: a más violencia, más poder. ¿El poder del régimen venezolano es cada día mayor? 

Poder y violencia no son sinónimos, aunque suelen ir de la mano. Debo aquí hacer una distinción de dos momentos precisos: una cosa es el poder obtenido por Chávez y otra cosa, el poder conseguido por Maduro, especialmente sí se hace referencia a las elecciones presidenciales de 2018.

En el segundo caso, se acrecienta la instrumentalización de la violencia al deslegitimarse el poder. La misma puede justificarse, pero jamás legitimarse, como nos dice Arendt. Esto no siempre se cumple y la historia lo demuestra. Por ejemplo, la llamada Ley Constitucional contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, 2017, se asegura de un mecanismo legal para acechar a sus víctimas, en su artículo 11.

La amenaza y la tortura instrumentalizan la violencia ante la pérdida de legitimidad del poder. A cambio, el miedo y el terror de los ciudadanos, los ensimisma en un letargo emocional. Algunos sin esperanzas y desmoralizados, otros asumirán el desafío de contradecir la violencia del chavismo en el poder, se conseguirán allí con los artefactos de los hombres no con los hombres.

Rafael Sánchez Ferlosio escribió que la tortura es un delito peor que el asesinato. ¿Constituye la tortura una demarcación, el límite que marca el fin de la política, el embrutecimiento total del régimen?

Sin duda alguna. La tortura es un ataque a la dignidad humana, es una frontera entre el bien y el mal, ante la indiferencia. Inflige daños corporales, morales y espirituales. Dereck Jeffreys habla del “horror espiritual” de la tortura y la imposibilidad de medir sus consecuencias espirituales.

El uso de la violencia y de la fuerza contemplados en la tortura van en contra de la razón. Dice Ayn Rand que la condición previa de la civilización es impedir que la fuerza física sustituya a las relaciones sociales. Ante el abandono de la razón se impone la violencia. De allí que podemos hablar del embrutecimiento como naturaleza inequívoca de todo régimen totalitario. Se impone el dolor como mecanismo de control.

Lamentablemente ha sido justificada y legitimada como práctica política, su ejecución y todo lo que implica amerita de cómplices, indiferentes o neutrales, como les gusta autodenominarse. Hillo Ostfeld, sobreviviente de la Shoá, preguntaba ¿qué es lo contrario al bien?, la gente solía decirle “el mal”, él respondía: “la indiferencia”.

La instauración de un estado permanente y cotidiano de violencia, ¿constituye un estado de excepción? ¿Venezuela vive en estado de excepción?

La cotidianidad de la violencia, sus usos desde el Estado y la tendencia a “normalizarla” van en contra de la convivencia y la libertad. En este sentido, no hay duda que Venezuela vive un estado de excepción. Una sociedad caracterizada por el llamado permanente a la guerra y cuya tranquilidad es sustituida por la socialización del peligro, proceso que permite compartir el miedo o el temor de todos sus ciudadanos, no puede considerarse una sociedad sana.

Si nos referimos a la categoría estado de excepción, hecha por Carl Schmitt, colaborador del régimen nazi, en dichos estados se justifican en las crisis políticas e institucionales. Básicamente plantean la omnipresencia y la omnipotencia del poder soberano sobre la vida de los ciudadanos, al apelar a la normativa jurídica de las garantías constitucionales. Fueron precisamente esas disposiciones las que sustentaron, los campos de concentración nazi. Giorgio Agamben expresa que los estados de excepción se han convertido hoy en la norma. No es de gratis que el chavismo hasta el 2018 lleve 16 prórrogas del decreto de estado de excepción, contemplado en el artículo 337 de la constitución venezolana.

Por último, quiero preguntarle sobre el modo en que la violencia ha destruido los espacios de actuación de personas, familias y grupos sociales. ¿Se han logrado preservar espacios de actuación? ¿Hay una resistencia activa en Venezuela?

Las universidades venezolanas han logrado mantenerse como espacios de reflexión y defensa de la libertad. Sin embargo, hacernos conscientes de la impronta de la violencia en Venezuela es sustancial en la organización y planificación de las políticas post-chavismo, orientadas a programas educativos, que consoliden ámbitos de estudio sobre las amenazas a la libertad. Esto disminuirá sin duda que los individuos no se conviertan en artefactos de hombres, como propagadores y perpetradores de la violencia.

Con las diferencias históricas del caso y sin intenciones comparativas, quiero rescatar experiencias de resistencia activa. Al respecto, una de las enseñanzas más importantes, luego de mis estudios en Yad Vashem, Jerusalén, Israel y de la cercanía de los testimonios de los sobrevivientes de la Shoá, no rendirse y resistir, debe convertirse en un acto de contenido espiritual no necesariamente religioso, es ese proyecto de vida, el que permite seguir a pesar de las dificultades. Si se carece de esto, fácilmente se renuncia a la propia vida. Allí está el secreto, tal como lo hicieron los niños y adolescentes del guetto de Theresienstandt, cuando a escondidas de los nazis publicaron su revista KAMARÁD, hecha con los materiales que conseguían. ¿Podemos imaginar el significado que tiene tal hazaña? Una revista escrita a mano, con dibujos e historietas. Su editor usaba el seudónimo de Ivan Polak.

En Venezuela, hay elementos claros para hablar de resistencia activa. Es la resistencia de las ideas y de las palabras, librada en los espacios de conocimiento y saber que se oponen a la política de la barbarie. Existir, resistir con palabras, defender a la libertad y denunciar a sus enemigos. No en vano Ideas en Libertad, en algunas semanas publicará su primer libro titulado El Mal y la Política. Es nuestra forma de resistir.

19/09/2019:
https://www.elnacional.com/papel-literario/jo-ann-pena-angulo-venezuela-vive-un-estado-de-excepcion/
Cfr.
http://www.saber.ula.ve/bitstream/handle/123456789/46074/el_mal_y_la_politica.pdf?sequence=1&isAllowed=y

viernes, 13 de diciembre de 2019

BREVIARIO

Entreclásicos
Octavio Paz y el opio de los intelectuales
El mexicano fue uno de los primeros intelectuales que se atrevió a denunciar sin titubeos los crímenes de las autoridades soviéticas, cuya ortodoxia marxista cautivó a varias generaciones
Rafael Nárbona

¿Cuándo empezó el idilio entre los intelectuales y el marxismo? ¿Quizás en los años veinte del pasado siglo, cuando el capitalismo colapsó por culpa de una descomunal crisis económica? ¿O tal vez antes, cuando se admitió que la violencia era un recurso legítimo para materializar la utopía de una sociedad igualitaria y perfecta? El marxismo incorpora a su filosofía el terror jacobino y la dialéctica de la historia de Hegel, justificando la guerra revolucionaria. El marxismo cautivó a varias generaciones de intelectuales, explotando el mesianismo que ya se había esbozado en el siglo XVIII, cuando se abolieron los dogmas del Antiguo Régimen para reemplazarlos por nuevos mitos como la voluntad general –o popular-, la paz perpetua, la igualdad o la infalibilidad de la razón científica. Durante la posguerra de 1945, los intelectuales se mostraron implacables con las imperfecciones de los países democráticos, pero transigieron con las gravísimas violaciones de los derechos humanos cometidas en la Unión Soviética, alegando que la construcción del socialismo no podría realizarse sin firmeza contrarrevolucionaria. Es decir, sin represión y autoritarismo. Octavio Paz fue uno de los primeros intelectuales que se atrevió a denunciar sin titubeos los crímenes de las autoridades soviéticas. Al igual que George Orwell, experimentó un profundo desengaño en España. Durante su participación en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, descubrió que las milicias populares pasaban por las armas sin juicio a los que consideraban “fascistas”, un término muy amplio que englobaba a todas las formas de disidencia. Las tácticas represivas de socialistas, comunistas y anarquistas apenas diferían de la violencia fascista. El totalitarismo es un monstruo de dos caras, como Jano. El fascismo asesinaba en nombre de la Raza; el socialismo, en nombre del Pueblo. En ambos casos, se utilizaban entelequias para amparar el odio y la intolerancia.

En marzo de 1951, Octavio Paz publicó en la revista Sur, dirigida por la escritora Victoria Ocampo, un artículo titulado “Los campos de concentración soviéticos”. Le inspiró el testimonio de David Rousset, que había sobrevivido a Buchenwald y había narrado sus penalidades en El universo concentracionario, gracias al cual ganó el Prix Renaudot. Cuando descubrió que en la Unión Soviética existían campos de concentración, Rousset levantó su voz para denunciarlo. Fue la primera persona que utilizó en Francia el término “Gulag”. El periódico comunista Les Lettres françaises le acusó de mentir y falsear datos. Rousset presentó cargos contra el periódico y ganó el juicio. Paz aprovechó la polémica para recordar que en la Unión Soviética no había libertad sindical ni derecho de huelga. Las purgas y las deportaciones eran moneda corriente en el paraíso socialista: “La URSS es joven y su aristocracia todavía no ha tenido el tiempo histórico necesario para consolidar su poder. De ahí su ferocidad”. Octavio Paz finalizaba su artículo salvando al socialismo, una ideología que aún contaba con su simpatía: “La planificación de la economía y la expropiación de capitalistas y latifundistas no engendran automáticamente el socialismo, pero tampoco producen inexorablemente los campos de trabajos forzados, la esclavitud y la deificación en vida del jefe. Los crímenes del régimen burocrático son suyos y bien suyos, no del socialismo”.

En 1973, Octavio Paz dio un paso más, escribiendo un artículo sobre el caso Heberto Padilla, represaliado por la dictadura castrista. Obligado a incriminarse en público y a repudiar su obra, el encarcelamiento de Padilla por atreverse a disentir corroboraba la deriva autoritaria del castrismo: “En Cuba ya está en marcha el fatal proceso que convierte al partido revolucionario en casta burocrática y al dirigente en césar”. Octavio Paz no había compartido el entusiasmo inicial de otros escritores hacia la Revolución cubana. No asistió al famoso Congreso de La Habana en 1967 y si bien aplaudió la caída de Batista, prefirió mantener las distancias. El tiempo le dio la razón. La revolución de los barbudos de Sierra Maestra siguió los mismos pasos que otras revoluciones comunistas: represión de la disidencia, supresión de las libertades, dictadura de partido.También en 1973, Paz publica en Plural una severa crítica contra Jean-Paul Sartre, que titula “El parlón y la parleta”. Sartre ha cultivado el estilo hermético de Husserl y Heidegger, pero con el tiempo ha adoptado la prosa airada del panfleto. Es una especie de Diógenes furioso, que vive en un tonel de palabras: “Hoy habla a chorros sobre lo que ocurre, ocurrirá o no ocurrirá en los seis continentes y el porqué de cada acontecimiento”. Tras criticar el reformismo de Salvador Allende, Sartre se ha mostrado partidario de coordinar la acción armada de las guerrillas campesinas y urbanas. Elogia a los tupamaros, que ya han adoptado esa estrategia, y celebra la clarividencia de Mao, que ha vencido la tentación burocrática mediante el Libro Rojo, suficientemente abierto y flexible para garantizar la libertad de pensamiento. Mao fomenta el culto a su persona, pero no es tan sanguinario como Stalin. Sartre no se muestran tan indulgente con los escritores “burgueses” como Baudelaire y Flaubert. El intelectual debe estar al servicio del obrero y ser él mismo un obrero. Algo perplejo, Paz se pregunta si el intelectual podría entonces desempeñar su papel como voz crítica e independiente. Sartre no se inquieta ante las paradojas o contradicciones. Tampoco rectifica sus errores. No entiende por qué la clase obrera no apoya la revuelta estudiantil de Mayo del 68, que propone como modelo político y social la China de Mao.

En 1974, Octavio Paz publica en Plural “Polvos de aquellos lodos”, un vigoroso ejercicio de autocrítica sobre los escritores que se adhirieron al comunismo, desviando la mirada hacia otro lado cuando los hechos cuestionaban las exaltaciones utópicas. En esas fechas, muchos intelectuales consideraban que la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado eran fases inevitables en el camino hacia el edén socialista. Sartre acusaba a los que denunciaban el sistema represivo de la URSS de proporcionar argumentos al imperialismo capitalista. En el contexto de la guerra fría, había que ser beligerante, tomar partido. La equidistancia solo favorecía a los enemigos de la clase trabajadora. Paz responde que la publicación en 1968 de El Gran Terror, del historiador británico Robert Conquest, había dejado muy claro que el furor homicida de Stalin apenas diferiría de las políticas genocidas de Hitler. El objetivo del Gulag no era reeducar, ni explotar mano de obra barata. Se perseguía castigar, intimidar y atemorizar, silenciando cualquier protesta. La insistencia en las confesiones públicas y en las delaciones era una maniobra para desacreditar a los opositores, convirtiéndolos en cómplices de sus verdugos. El Gulag era “una institución de terror preventivo. La población entera, incluso bajo el dominio relativamente más humano de Jruschov y sus sucesores, vive bajo la amenaza de internación. Asombrosa transposición del dogma del pecado original: todo ciudadano soviético puede ser enviado a un campo de trabajos forzados. La socialización de la culpa entraña la socialización de la pena”.

Octavio Paz descarta responsabilizar a Stalin de una supuesta desviación de la filosofía marxista.El terror apareció con Lenin y los bolcheviques. Lenin fundó la Checa con el pretexto de combatir a los contrarrevolucionarios, pero su propósito real era utilizar la tortura y los campos de trabajos forzados para asegurarse un control absoluto del poder político. Lenin instauró la dictadura del Comité Central sobre el partido, liquidando cualquier atisbo de democracia interna. Octavio Paz reproduce dos citas de Lenin que despejan cualquier duda. En 1921, escribe: “El lugar de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios, lo mismo los que confiesan serlo que los que lo disimulan, es la prisión…”. En una carta dirigida a Kámenev con fecha de 3 de noviembre de 1922, añade: “Es un error muy grande pensar que la NEP [Nueva Política Económica, una especie de capitalismo de Estado] ha puesto fin al terror. Vamos a recurrir otra vez al terror y también al terror económico”. Lenin cuestiona que la clase obrera pueda acabar por sí sola con el capitalismo. Es necesario un partido. No solo para hacer la revolución, sino para evitar cualquier retroceso o desviación. Trotski comparte ese punto de vista, descartando cualquier concesión al diálogo: “El partido está obligado a mantener su dictadura sin tener en cuenta las fluctuaciones transitorias de las masas y aun las vacilaciones momentáneas de la clase obrera”.

El marxismo propiciaba el despotismo con su exaltación de la violencia y su desprecio de la democracia burguesa. Una ideología “socialista, progresista, científica y popular” esconde mejor su barbarie que el racismo hitleriano, pero lo cierto es que el régimen soviético se cobró al menos quince millones de vidas. Al igual que la Alemania nazi, la URSS retrocedió a las peores épocas de la Edad Media con sus grandes matanzas. Las indudables injusticias de la economía de mercado empujaron a muchos intelectuales a suscribir las tesis del marxismo. En América Latina, la tradición del cesarismo golpista añadió un motivo más para soñar con el paraíso socialista. El ser humano suele oponer una feroz resistencia a los procesos de desmitificación que destrozan sus sueños. Quizás esa es la razón del apoyo a Stalin por parte de figuras como Aragon, Éluard, Neruda y Alberti: “Empezaron de buena fe, sin duda, […] pero insensiblemente, de compromiso en compromiso, se vieron envueltos en una malla de mentiras, falsedades, engaños y perjurios hasta que perdieron el alma. Se volvieron, literalmente, unos desalmados”. Octavio Paz se incluye entre los que caminaron por el lado equivocado de la historia, dejándose deslumbrar por los mitos del comunismo: “Nuestras opiniones en esta materia no han sido meros errores o fallas en nuestra facultad de juzgar. Han sido un pecado, en el antiguo sentido religioso de la palabra: algo que afecta al ser entero. […] Digo esto con tristeza y con humildad”.

La clarividente denuncia del comunismo de Octavio Paz le acarreó un elevado coste personal, que incluyó las acusaciones más disparatadas. “Los adjetivos cambian, no el vituperio –apunta el escritor mexicano-: he sido sucesivamente cosmopolita, formalista, trotskista, agente de la CIA, ‘intelectual liberal’ y hasta ¡estructuralista al servicio de la burguesía!”. En “Gulag: entre Isaías y Job”, un artículo de 1975 publicado en Plural, Paz salió en defensa de Solzhenitsyn, descalificado por sus convicciones ortodoxas y su paneslavismo. Solzhenitsyn no es un intelectual progresista, sino un tradicionalista que repudia la modernidad surgida de la Ilustración y las revoluciones románticas. No es liberal ni capitalista. Cree en la libertad, la caridad y la dignidad humana, pero no en la democracia representativa: “Aceptaría que Rusia fuese gobernada por un autócrata, si este autócrata fuese asimismo un cristiano auténtico: alguien que creyese en la santidad de la persona humana, en el misterio cotidiano del otro que es nuestro semejante”. Su cristianismo no es intransigente ni inquisitorial. Octavio Paz destaca su pasión moral: “La pasión moral es pasión por la verdad y provoca la aparición de la verdad”. Su voz es profética, bíblica. Nos hace pensar en Job e Isaías: “Nos habla de la actualidad desde la otra orilla, esa orilla –confiesa Paz- que no me atrevo a llamar eterna porque no creo en la eternidad”.

Solzhenitsyn “toca la historia desde la doble perspectiva del ahora mismo y del más allá”. Su Archipiélago Gulag no reveló nada nuevo, pero logró que el fervor por la Unión Soviética se apagara definitivamente:“Los intelectuales de izquierdas por fin aceptaron que el paraíso era el infierno”. Octavio Paz señala que Solzhenitsyn tiene todas las virtudes y todos los vicios del genio ruso: valeroso, compasivo y humilde, pero también arrogante, insensible y brutal. La combinación de estos rasgos antitéticos ha alumbrado escritores como Dostoievski, donde la piedad convive con la brutalidad. Como hombre, Solzhenitsyn puede inspirar mayor o menor simpatía, pero nadie puede negar que Archipiélago Gulag sea un extraordinario testimonio del sufrimiento padecido por los pueblos de la URSS bajo el totalitarismo soviético. “Nuestra civilización ha tocado el límite del mal (Hitler, Stalin)”. Archipiélago Gulag es uno de los relatos esenciales de esa abominación. En eso reside su “grandeza”. Nos muestra a Job en el fango, incapaz de saber si aún es posible hundirse más. Solzhenitsyn nos refiere conductas bestiales, pero también gestos de santidad. La violencia totalitaria no logra borrar la dimensión espiritual del ser humano, donde alientan el sacrificio, el amor a la libertad y el heroísmo.

En 1983, Octavio Paz publica “Crónica de la libertad”, un artículo sobre la lucha de Polonia contra la dictadura comunista. Es una bella pieza literaria que combina magistralmente periodismo, historia y política. Paz afirma que Polonia ha logrado preservar su identidad cultural gracias al catolicismo. La constitución polaca de 1791 es la primera redactada y aprobada en Europa desde la época grecorromana. Establecía la separación de poderes, la soberanía popular y la responsabilidad de los ministros ante el parlamento. Catalina de Rusia acabó con la joven democracia polaca, enviando al ejército para abortar una iniciativa que consideró subversiva. Hasta 1918, Polonia no recuperó su independencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, su sufrimiento fue inenarrable: Auschwitz, las fosas de Katyn, el levantamiento del gueto de Varsovia, la sublevación posterior de la ciudad contra los nazis ante la mirada impasible del Ejército Rojo. Abandonada por Roosevelt y Churchill en la Conferencia de Yalta, Polonia quedó atrapada en el otro lado del telón de acero. Desde entonces, se han producido varios levantamientos populares para pedir pan, libertad e independencia. En 1956, el ejército acalló las protestas con una represión que costó cincuenta vidas, cientos de heridos y miles de detenidos.

Paradójicamente, los obreros pedían libertad de asociación y derecho de huelga en un país comunista. Entre 1967 y 1970 surgieron nuevas revueltas que se resolvieron con centenares de muertos. El liderazgo de Lech Walesa y Juan Pablo II puso al gobierno comunista contra las cuerdas. Octavio Paz señala que Walesa no es un intelectual, sino “un hombre salido del pueblo”. En 1981, el general Wojciech Jaruzelski proclamó la ley marcial. De nuevo, se perdieron muchas vidas inocentes. El artículo de Octavio Paz finaliza mucho antes de que la lucha de Solidaridad y la caída del Muro de Berlín libraran a Polonia del comunismo. Paz nos recuerda que en los años ochenta los obreros polacos luchaban por derechos que los trabajadores de casi todo el planeta habían conquistado cien años atrás. En un entrevista realizada diez años más tarde por Komsomólskaya Pravda, Octavio Paz intentó explicar el éxito del comunismo por medio de las insuficiencias de las sociedades libres y plurales: “La gran ausente de nuestro mundo es la palabra fraternidad”. Al margen de esa importante carencia, “las sociedades democráticas liberales no ofrecen un proyecto de futuro. Carecen de lo que podría llamarse metahistoria, es decir, de una visión del hombre que englobe su pasado, su presente y su futuro. Una visión en la que todos se reconozcan” (“Un escritor mexicano ante la Unión Soviética”).
En su ya clásico ensayo El opio de los intelectuales (1955) Raymond Aron afirmó que expresiones como “revolución”, “proletariado” o “lucha de clases” se habían convertido en iconos sagrados. La izquierda se inclina ante ellas con reverencia, reprimiendo cualquier indicio de crítica o titubeo. Ya no son ideas, sino dogmas y se considera herejes a todos los que se atreven a cuestionarlas. El comunismo se ha convertido en el opio de los intelectuales. Por eso son tan necesarios los escépticos. La duda es la herramienta más eficaz contra los fanáticos. Octavio Paz, con su espíritu crítico y su desconfianza hacia las ideologías, realizó una significativa aportación en la lucha contra esa nueva forma de inquisición que fue el comunismo. No cito al Santo Oficio por capricho, sino por la semejanza en los procedimientos: denuncias anónimas, interrogatorios brutales, imposibilidad de ejercer ninguna clase de defensa, confesiones públicas bajo coacciones, castigos ejemplarizantes.  Ahora que vuelven los ídolos y surgen intentos de blanquear los totalitarismos de distinto signo, conviene releer los artículos y ensayos de Octavio Paz. Por sus páginas circula el inconfundible viento de la libertad.

Fuente:
https://elcultural.com/octavio-paz-y-el-opio-de-los-intelectuales?fbclid=IwAR3SuX3mOWcPyu6HBMgku0XG7oZPxTUzoVR8JJvHNxCUVtL4rOVzln07Ib4
Fotografías:
Octavio Paz
http://leedor.com/2018/03/31/octavio-paz-la-renovacion-de-la-poesia-latinoamericana/
https://www.britannica.com/topic/Bajo-tu-clara-sombra-y-otros-poemas
Pedro Yanez, Heberto Padilla y Reinaldo Arenas, en la librería 'Las Américas', en New York
https://www.creatividadinternacional.com/profiles/blogs/a-quince-a-os-de-la-desaparici-n-f-sica-de-heberto-padilla
Alexander Solzhenitsyn
https://www.radiotelevisionmarti.com/a/solzhenitsyn-en-el-aniversario-de-su-muerte/13416.html
Andreu Nin
Fotograma de la película polaca ‘Katyn’ (2007) que muestra la masacre de 22.000 oficiales, policías, funcionarios, sacerdotes e intelectuales polacos a manos de los soviéticos en abril y mayo de 1940

miércoles, 20 de noviembre de 2019

¿ALÓ, PRESIDENTE GÓMEZ, ALÓ?

Del espíritu de La Rotunda
Luis Barragán


Semanas atrás, nos correspondió hablar a un grupo de jóvenes estudiantes que, indignados ante la situación del país, ratificaron una suerte de compromiso generacional. Menos que más informados, significativamente así tildada, la “marcha” de 1928 los llevó a equiparar al régimen de Nicolás Maduro con el de Juan Vicente Gómez.

Por supuesto, hicimos una elemental distinción entre el autoritarismo y el totalitarismo que, al parecer, los satisfizo, aunque les sorprendió que reivindicase – por ejemplo – la definitiva conformación del Estado Nacional con el andino. Por cierto, dos cursantes avanzados del pregrado, justamente, uno en historia y otro en ciencias políticas, lucieron menos avisados que los otros trece o quince muchachos, ya salidos del básico de ingeniería.

Inevitable, surgió la inquietud por los presos políticos que, sin mediar formalidad alguna, los embutió Gómez en La Rotunda por años, como en otros lugares. Nos permitimos comentarles que, al transcurrir el tempo, hubo una consciencia tal del Estado de Derecho, que a los presos de los años sesenta, otro ejemplo, se les procesaba judicialmente y, con la pacificación, recobraban su libertad a través de un indulto o un sobreseimiento de la causa, algo que no ocurrió ni ocurre con Chávez Frías y Maduro Moros con sus prisioneros convertidos en rehenes políticos.

La más joven del grupo, conversó sobre la versión familiar, más que escolar, que – además – tuvo por referente una telenovela hecha “miles de años ya” sobre El Bagre, según la tradición oral en casa. Concluyó que Nicolás regresó al “espíritu de La Rotunda” y es un Juan Vicente que habla por celular y manipula las redes sociales. Empero, nos preocupó también la aseveración de otro joven que es activista de un partido distinto a Vente Venezuela.

Palabras más, palabras menos, dijo: con todo respeto diputado, sé que también Gómez tuvo su Asamblea Nacional y era tan calladita y tan sumisa como la actual. Pareciéndonos injusta la comparación que intentamos argumentar, la aceptamos como un punto a discutir en el venidero foro o circulo de estudios (“conversatorio” es un término que no nos gusta), aunque la percepción se las trae, sin duda alguna.

Reproducción: Élite, Caracas, nr 46 del 31/07/1926.

martes, 11 de septiembre de 2018

TOTALITARISMO RESISTIDO

https://www.nybooks.com/articles/2018/02/08/to-be-or-not-to-be/
EL UNIVERSAL, Caracas, 29 de agosto de
¿Totalitarismo en Venezuela?
Sadio Garavini Di Turno

Masha Gessen, intelectual ruso-americana, en su reciente libro: “The future is history. How totalitarianism reclaimed Russia” reproduce las siete características que para el sociólogo ruso Lev Gudkov definen el totalitarismo: 1) La simbiosis del partido de gobierno con el Estado. 2) Un consenso societal obligado, creado a través del monopolio en los medios de comunicación, combinado con una estricta censura. Esto crea las condiciones para la movilización de la población de acuerdo a las decisiones del Partido-Estado. 3) El terror de Estado a través de la policía política, de servicios especiales y de estructuras paramilitares extrajudiciales. La existencia de la policía secreta y los campos de concentración en combinación con la propaganda oficial y la producción cultural hegemónica crean las condiciones para el llamado “doble pensamiento” y la “posverdad”. 4) La militarización de la sociedad y de la economía. La movilización forzosa de la sociedad, que supuestamente estaría dirigida para preparar a la población a enfrentar el enemigo externo, en realidad sirve para entrenar a la población a llevar a cabo las órdenes del régimen. 5) Una economía centralizada y colectivista que inevitablemente conlleva a la escasez crónica de productos, servicios e información. Escasez que no es sólo producto del fracaso del sistema sino también una forma de organizar el acceso a los bienes y servicios a través de estructuras controladas por el régimen. 6) Un estado crónico de pobreza. El totalitarismo se fortalece bajo condiciones de pobreza creciente, cuando una amplia faja de la población no tiene proyectos ni esperanza en un futuro mejor y sólo espera soluciones a través de alguna extraordinaria medida política proveniente del régimen. El totalitarismo se sostiene manteniendo un muy bajo nivel de vida. 7) Una población básicamente estática, con estrictos límites a la movilidad social vertical y horizontal, exceptuando la realizada por el régimen por sus propios intereses. Gudkov no menciona en sus características la presencia de una ideología totalitaria, que en cambio es fundamental junto con el terror de Estado para Hannah Arendt, en su clásica obra: “Orígenes del totalitarismo”.

Michael Walzer
A la luz del análisis de Gudkov y Arendt es evidente, para cualquier observador objetivo de la situación venezolana, la vocación totalitaria del régimen madurista. Sin embargo Venezuela tiene buena parte de las características de un Estado fallido, que se tipifica por la pérdida de control físico del territorio o del monopolio del uso legítimo de la fuerza, erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones, colapso de los servicios básicos, su gobierno es débil e ineficaz y presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad. En fin, es un verdadero fracaso social, político y económico. Para implantar un régimen efectivamente totalitario se requeriría, entre otras cosas, de una burocracia estatal eficiente capaz de penetrar y controlar capilarmente la sociedad. En Venezuela, el Estado ni siquiera es capaz de mantener el monopolio de la violencia en el país. Los estados Bolívar y Amazonas, así como sectores de ciudades tan relevantes como Maracay y Valencia, están bajo el control de mafias, narcotraficantes y guerrillas. En realidad, el gobierno Maduro se mantiene básicamente por el control que todavía ejerce sobre el Alto Mando de la Fuerza Armada, transformada en guardia pretoriana del régimen. El gobierno se acerca cada vez más a la categoría de “totalitarismo fallido” que ha desarrollado el politólogo Michael Waltzer. Se trata de un régimen que tiene vocación y objetivos totalitarios, pero le falta la capacidad y la eficiencia para concretarlos, el resultado, nos dice Waltzer “es alguna forma de tiranía chapada a la antigua, pero disfrazada con un ropaje fascista o comunista”.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/el-universal/18920/totalitarismo-en-venezuela

jueves, 17 de mayo de 2018

PROCONSULADO

LA RAZÓN, Caracas
Rafael Tomás Caldera: “La política exterior cubana es imperialista”
Enrique Meléndez

El filósofo Rafael Tomás Caldera considera que el sistema político venezolano, además de ser proconsular, a propósito de la presencia cubana entre nosotros, se caracteriza por estar en una etapa previa a la política, un Estado prepolítico, tomando en cuenta que en Venezuela no se observa esa concepción, vista por algunos politólogos, de que el fin de la política es la vida conforme a razón.

En ese sentido, no duda en calificar de imperialista la política exterior cubana, ya que, a su juicio, su régimen ha procurado siempre extender su poder y su influencia a distintas regiones del planeta y, en particular, a la América del Sur.

¿Qué piensa de la actual situación venezolana?

En el futuro inmediato, la gran tarea será reconstruir el país. Quisiera comenzar por ahí puesto que todo lo que podamos conversar hoy, debe estar situado de algún modo en ese marco de referencia. Ante todo, resulta evidente la destrucción que padecemos. Lo que se muestra, desde la basura y quienes escarban en ella, para saciar su hambre, hasta el éxodo indetenible, o la masacre en una cárcel, todo anuncia en voz alta el fracaso de un Estado; o peor aún, de una sociedad. Porque, como dice Benedicto XVI en su Caritas in Veritatis: “Las situaciones que vivimos no son fruto de la casualidad o de una necesidad histórica, sino que dependen de la responsabilidad humana”[1].

Lo que se da a los ojos muestra lo que no se ve: nuestro país perdió su orden constituyente y, por ello, más que un grupo humano articulado que intenta lograr un bien común, somos como una masa de gente que busca resolverse, aquí o fuera del país.  Esa primacía de la necesidad y el interés individual marca bien la destrucción del orden en que se concreta la existencia de una sociedad.

Hemos perdido el uso y la costumbre del Estado de derecho. Se manda arbitrariamente y para beneficio de un grupo. Pero —nos recuerda Raymond Aron en su obra “Dimensiones de la Conciencia histórica”: “el fin de la política es la vida conforme a razón. Ahora bien, esta vida solo es posible en el interior de la ciudad, bajo el imperio de la ley. Si uno manda arbitrariamente y otro debe obedecer, sean cuales fueren la orden del jefe y los sentimientos del subordinado, el primero será esclavo de sus pasiones y el segundo se encontrará privado de la libertad, incapaz de ser virtuoso. La virtud política implica unas leyes; por tanto, la ciudad y la paz”.

Desde el primer momento, es importante situarse en la consideración de ese orden invisible; porque sin ello no podremos entender lo que nos ocurre ni cómo hacer para poner remedio a los males que padecemos.

¿Qué opinión le merecen las elecciones del 20 de mayo?

El problema, más que político —en el sentido ordinario de lucha por el poder o determinación de programas para la ciudadanía—, es existencial. Prepolítico, podemos decir, usando un término de Eliot y de Havel para referirse a ese nivel de la vida donde se fundamenta la política.

En tal sentido, las elecciones anunciadas no son un remedio, sino síntoma y parte de la enfermedad. El régimen que se implantó en Venezuela merece el calificativo acuñado por Havel: postotalitario.  Acuñó la palabra para designar estas formas de totalitarismo que, sin embargo, no tienen la apariencia exterior que asociamos con los regímenes totalitarios: campos de concentración, alambradas, militarización extrema. Resultan de una combinación de dictadura más sociedad de consumo.

Así, jugando con la inclinación al consumo, potenciada por la propaganda, se fue consolidando la dictadura en nuestro país. Fallecido el líder carismático que inició el proceso y tomó el poder, ahora la dictadura se acentúa y recurre a una represión cada vez más evidente. Pero la sociedad de consumo entró en crisis por el equivocado manejo de los inmensos recursos de la economía petrolera.

Ahora hay un choque cotidiano con la realidad. Es un proceso indetenible. No hay vuelta atrás. Han intentado sostenerlo, con propaganda, medidas descabelladas, y sobre todo buscando “compañeros de juego”: una oposición que se preste al juego como si existiera un verdadero orden político, con algunas deficiencias subsanables.

¿Admite, en consecuencia, que estamos ante una dictadura?

Para entenderlo, volvamos un momento a la noción de lo prepolítico. En la base de todo orden político, como en la vida de cada persona, hay una combinación de sueño y realidad: interpretación de la vida, de la realidad humana, con aquello que debe hacerse para mantenerla y mejorarla. Al mismo tiempo, una aspiración constante a la felicidad, a un futuro mejor, cuyo contorno nunca está (ni puede estar) muy claramente delimitado. Es la ilusión que alienta en el ser humano y lo lleva a intentar progresar siempre.

Eso fundamenta el orden político: la comprensión compartida de ese bien que se busca (y, correlativamente, de los males que han de evitarse). Es aquí donde se instaló nuestro postotalitarismo: el discurso (nunca fue otra cosa) de una revolución bolivariana que permitía cubrir la toma del poder, esa imposición creciente por parte de un grupo al conjunto de la población.

El choque con la realidad, al quebrarse la imagen proyectada del gran país, que estaba en construcción, ha despertado a la gente del sueño. Los primeros en despertar fueron los jóvenes, aunque —como se repite con verdad— no habían conocido otro régimen. Pero tocaron en sus vidas lo falso del discurso impuesto. Y salieron a marchar, y comprobaron en su propia carne lo inhumano de la dictadura.

¿Está de acuerdo con las posiciones, que ha asumido la Conferencia Episcopal Venezolana?

Una y otra vez, los obispos de Venezuela han elevado su voz de pastores, sin fatiga, sin temor. Como los antiguos profetas, han denunciado el sufrimiento del pueblo, el menosprecio de la condición humana, la injusticia patente. No son políticos ni proponen fórmulas políticas.  Están en lo prepolítico y procuran —como su maestro Jesucristo— hacer presente la verdad de lo humano.

Su voz se nutre de la luz de la fe y de la cercanía de Dios en la Eucaristía. Su corazón se conmueve ante el dolor y la miseria, con ese amor misericordioso de Dios que devuelve su fuerza al amor en el corazón del hombre, como nos recordó Juan Pablo II.

El padre Ugalde ha procurado despertar las conciencias. Habla desde la conciencia y para sacudir nuestras conciencias, perdidas en la confusión de tantos discursos o adormecidas por la necesidad de resolverse.

¿Qué opinión le merece el papel de las fuerzas armadas en estas circunstancias?


Ante el choque con la realidad que ha despertado a la gente, el régimen no podrá sostenerse de manera indefinida. Los detentadores de la fuerza de las armas, como todo otro ciudadano, despiertan también. No hay privilegio circunstancial que cambie, que pueda cambiar lo que se ha hecho presente y antes no se veía. Tendrán que asumir el papel que les corresponde en la restitución del orden.

¿Usted no cree que esta gente, asesorada por el régimen cubano, se puede mantener por unos cincuenta  años en el poder?

El régimen intentó apoderarse de la esperanza. Su errado desempeño ha demostrado que no hay camino para la esperanza en la situación que han producido. Le han cerrado el cauce natural en la vida humana, ese orden político de una sociedad que busca el progreso en la paz. Es ello lo que provoca el éxodo indetenible, al igual que incrementa cada día la delincuencia.

Pero la esperanza alienta aún en el corazón de cada uno, de cada una. Rómulo Gallegos escribió aquellas célebres frases a propósito de la llanura venezolana: toda horizontes como la esperanza, toda caminos como la voluntad. En verdad, son un retrato del alma del venezolano. Ha llegado el momento de reencontrarnos con nosotros mismos y retomar el rumbo de nuestro país hacia el desarrollo en la justicia.

¿Cómo llamar la presencia cubana en Venezuela: un protectorado, una ocupación, un imperialismo?

Cuando comenzó a gobernar el señor Maduro, un amigo me dijo: este es un gobierno proconsular. A diferencia de lo que ocurría con el líder carismático, el actual presidente debe su gobierno a Cuba. El líder carismático había sido electo por el pueblo de Venezuela, y no debía su gobierno a Cuba. Lamentablemente esta dependencia no es una unión nuestra con el pueblo cubano en la lucha por la libertad, sino es el sometimiento al grupo que desde hace años tiene sojuzgada la población de la isla, y que ha procurado siempre extender su poder y su influencia a distintas regiones del planeta y, en particular, a la América del Sur.

Se trata de una presencia, podríamos llamar, imperialista. Desgraciadamente, nos hemos transformado en un problema para toda la región. La calamidad de lo que vivimos en Venezuela, no nos afecta sólo a nosotros. Afecta a todos los vecinos, por una parte. Las actividades ilícitas, por otra parte, que se realizan desde Venezuela preocupan también a otros países de la región. En ese sentido, estamos expuestos a una intervención externa. Yo pienso que nuestros problemas debemos resolverlos nosotros, y creo que las cosas van en esa dirección.

De todas maneras, el hecho de constituir un problema para los demás, hace pensar en que habrá presiones de distinto tipo sobre nuestro país.

Ya que estamos en plena campaña electoral, ¿qué juicio le merece esa promesa de Maduro, que dice que ahora si se va a ocupar de la economía?

Yo no quisiera hablar mucho sobre eso, porque me parece muy grotesco el asunto. Además, es difícil de responder; porque si a ti te preguntan qué quiere decir, que ahora sí se va a ocupar de la economía. ¿Significa que va a cambiar totalmente la orientación? No me parece. Francisco Rodríguez lleva años diseñándoles planes económicos a ellos (ahora está con Falcón), y no le han hecho caso, que es un signo, que lo hace decir a uno: bueno, no parece que tengan intención de cambiar la orientación, salvo que la orientación vaya a ser peor, una especie de régimen cubano completo. De modo que no sé, como es difícil desentrañar, lo que quiere decir, y, por otra parte, resulta muy extravagante, que diga: tengo un paciente aquí en terapia intensiva, y exprese: bueno, yo dentro de un mes me voy a ocupar de la salud del paciente. Una cosa tan extraña; que uno se pregunta: ¿qué será esto?
La intervención militar

¿Qué piensa usted de la intervención de una fuerza militar multinacional, que es algo incluso que ha sido asomado por algunos venezolanos?

Me parece que eso sería un recurso extremo, que generaría tantas dificultades, como las que resuelve. Pienso, como te he dicho, que los venezolanos deberíamos actuar primero en Venezuela, y que en esa dirección va el desafecto creciente que hay, respecto del régimen.

Fuente:
https://www.larazon.net/2018/05/rafael-caldera-pietri-politica-exterior-cuba/

domingo, 4 de febrero de 2018

AGOTADOR

De la dislocación institucional
Luis Barragán

Días atrás, en una importante reunión de trabajo en torno a la materia territorial, una persona – ya no la recuerdo con precisión – emitió una sentencia lapidaria que todavía gravita impenitente. Palabras más, palabras menos,  con la entrega del Esequibo formalizamos la desintegración a  la que nos conduce el socialismo.

La inicial reflexión nos condujo a las modalidades del ensayo totalitario que, en nombre de un ideal, por cierto, no siendo el caso venezolano, tienen por absoluta prioridad la entronización en el poder de elencos que lo celan hasta de su propia sombra. Poco importa el drama cotidiano de la población y la diáspora generada, la destrucción de una infraestructura que llevó varios decenios en levantar, o la terrible siembra de antivalores que contrastan evidentemente con un texto constitucional del que se burlan impunemente, pues, aunque se reduzca el círculo de los privilegios que impone un desesperado afán de supervivencia entre los beneficiarios reales y ficticios, el interés supremo radica, según el latigazo publicitario,  en que haya patria, aunque ya no se la vea por doquier.

Luego, nuestra convicción adquirió una mayor firmeza con la respuesta del ministro Vladimir Padrino López a Rex Tillerson, alto funcionario estadounidense, que movilizó a todo el alto mando militar,  protagonizando una incomprensible batalla mediática, por instrucciones superiores, a la que es ajena la población  ocupada en la elemental, inédita y cada vez más difícil búsqueda de dinero en efectivo, alimentos y medicamentos.  La versión ministerial de la situación del país fue monumental o, mejor, morbosamente idílica que, en definitiva, constituye una burla descarada y persistente de todo sufrimiento humano.

La intervención radioelevisiva demostró no sólo la grave dislocación institucional que atravesamos, pulverizado el artículo 328 constitucional, sino la exacta correspondencia con la emergencia humanitaria, cuya agudización dice garantizar la prolongación del poder establecido, como nunca lo imaginó Stalin que, al fin y al cabo, por más que los humillara y derrotara, tuvo que lidiar con Zinóviev y Kámenev, los supervivientes de la vieja intelligentsia bolchevique. La crisis cuenta con un desarrollo sistémico que no tiene precedentes en nuestro historial republicano, a la que se agrega la pérdida eventual del Esequibo y, corrigiendo el ejercicio hecho por Francisco Herrera Luque en “1998”, por absurdo que pareciese, la nación precursora de la independencia continental, será susceptible de una subasta entre los países vecinos o, allende los mares, de aquellos con los que se endeudó gigantesca,  irresponsable e impunemente.

Alarmados, a pesar de las cifras que exhiben los portales de la OPEP y de la Agencia Internacional de Energía, se dice que, en realidad, producimos alrededor de 900 mil barriles diarios, destinados completamente a la exportación, en el marco de la quiebra virtual de las industrias petrolera y petroquímica. Vale decir, pendemos de las últimas gotas del crudo, por lo que la devastación nos remite, en propiedad, al ensayo de una modalidad francamente demencial, teniendo a Miraflores como la vistosa y temible garita en un país de reclusos.

Ilustración: Alonso, Economía Hoy (Caracas, 28/02/1991).

05/02/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31872-de-la-dislocacion-institucional

domingo, 17 de diciembre de 2017

REIVINDICACIÓN DE LA FAMILIA

De la familia venezolana
Luis Barragán

Por sagrada que la dijésemos, atribuido el fenómeno a la llamada post-,modernidad, abrimos el siglo con un creciente desapego a la familia, acaso, sólo comprometidos con su núcleo esencial.  La memoria y las relaciones familiares, tendieron a excluir a abuelos, tíos y primos-hermanos a los que, por cierto,  ya no se visitaban con la antigua frecuencia, replanteándose el parentesco a favor de un mayor relacionamiento, consecuencia y confianza con las personas que la vecindad y nuestra diaria actividad reportaban, fundados en los vínculos primarios de la simpatía y el simple interés utilitario.   

Ahora asistimos a su pretendida descomposición,  agudizado el fenómeno que cobra una distinta significación.  Orientados hacia una sociedad de la mera supervivencia, en la que una delación política, o que la pretexte, será la mejor cotizada por un régimen de fuerza, no habrá más parentela que la de una conveniente y circunstancial complicidad.

Se dirá que exageramos, mas todo poder totalitario encuentra su mejor póliza al irrumpir y contaminar el ámbito hogareño, inaugurando sonoras diferencias políticas que prevalecen por encima de cualquier solidaridad de sangre, incluso. Lo hemos visto y padecido en la centuria que corre, llegando a extremos a veces indecible, pues, toda lealtad, comenzando por la emocional, nos remite a ese poder que ha penetrado los poros de nuestras más modestas vivencias.

Ejemplo nada casual,  en aumento la antes impensable diáspora venezolana, la más elemental previsión es la de enviar a los hijos al extranjero para que salve un futuro que acá no tiene  garantía alguna. Interpelado casi infernalmente por la precaria situación personal que el régimen se empeña en radicalizar, algo más que una moda, como se ha dicho, la angustia ha llevado a alrededor de tres millones de personas, por lo que se sabe, a probar suerte más allá de las fronteras, aunque su desempeño frecuentemente no tenga correspondencia con la calificación académica y laboral que ha llevado en las alforjas.

Naturalmente, deben lidiar con el desarraigo y, como nunca antes, esparcidos por el planeta, nadie puede asegurar el reencuentro físico con los familiares – además – lejanos que ya reivindican y, mucho menos, frecuentarlos con la regularidad necesaria. Valga acotar, si no fuese por los servicios digitales que abaratan los costos de comunicación, muy pocos se sabría de ellos, porque no es difícil adivinar la inutilidad del Discado Directo Internacional, suponiéndolo un servicio endeudado en divisas que nos obliga a desechar la telefonía convencional. Por ello, la popularidad del WhatsApp hasta que la dictadura intervenga.

Todo proyecto totalitario se explica por la suprema preeminencia del Estado, convertido en pater familias. Es el dueño de todas las personas que subordina y sojuzga, como nunca ocurría, a modo de ilustración, con el menor de edad que se internaba para su educación militar, u ocurre con el que todavía ingresa para su formación sacerdotal en un seminario o el deportista confiado a las directrices de una federación que lo orienta y entrena.

El evidente rompimiento del cuadro familiar venezolano que ya nos remite con nostalgia a aquella noción escolar de la célula fundamental de la sociedad, supera los deslices de un libre, mero, pasajero y hasta ingenuo fenómeno cultural, para adentrarse en el deliberado propósito político de quienes, objetivamente, lo atentan con la salvedad de su propio entorno o clan, comprendido como una mafia que aspiran a ramificar.  Dirán, no hay más solidaridad que la de una complicidad de intereses que uniforma en la línea de la supervivencia, a cualquier nivel. Por ello, lentamente, anidaron la intolerancia política en el corazón de cada hogar, pues, por más que hubiese una vinculación sanguínea que aconsejaba la concordia por encima de toda discrepancia, lo básico era y es fundarla en una relación primaria de simpatía dizque ideológica, abonando ferozmente al culto de la personalidad.

El redescubrimiento de la familia,  por poca o mucha que se tenga, añadido el reclamo por una auténtica asunción del compromiso sacramental que contrasta con la otrora asignación de padrinos que hizo del niño bautizado la curiosa pieza de una subasta de circunstancias, como ocurrió en numerosos casos al utilizar a la propia Iglesia Católica dizque para incrementarla, al citar otro ejemplo, constituye una respuesta idónea y confiable. Recobrar la familia que se tiene, extenderla mediante los firmes lazos de una inquebrantable solidaridad, sin dudas, inspira e inspirará a la Venezuela diferente que deseamos construir.

En las vecindades de la Navidad, le deseamos a nuestro amable lector que la Buena Noticia llegue y fructifique en su hogar. Creyente o no, una mirada hacia la Sagrada Familia y los valores que representa, contribuirá a la superación de esta difícil realidad que nos convierte y convertirá en parteros de la otra, más humana.

Fotografías: LB, escenas de os ejercicios ignacianos realizados en la Iglesia de San Francisco, Caracas. Tiendas de encuentro (04/12/2017 y 30/10/17); muestra de los libros ofrecidos a los ejercitantes, como - desde la base - la Guía de los Ejercicios Espirituales del Padre José Martínez de Toda  (SJ), la autobiografía y ejercicios de San Ignacio de Loyola,  la Guía del Padre Ignacio Huarte (SJ). La muestra del 30/1017,  trae incluye un título del Padre José sobre un importante testimonio de su familia, integrada por otros sacerdotes y religiosas, que dejó atrás, en España.
18/12/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31565-de-la-familia-venezolana 
http://lbarragan.blogspot.com/2017/12/reivindicacion-de-la-familia.html

domingo, 26 de noviembre de 2017

TODA DICTADURA ES ARMADA

El término de la distancia
Luis Barragán

Percibido como demasiado lejano y ajeno,  al igual que sus consecuencias, el programa atómico de Pyongyang, apenas, se ha convertido en una curiosidad para la prensa – convencional y digital – venezolana. Aldea monotemática, al fin y al cabo, según el deseo de esta dictadura, la materia no alcanza el cupo mínimo y necesario ante los problemas de la inmediata supervivencia planteados.

Problemas que ocultan una de las características propias de toda experiencia totalitaria, como es la de una rápida, audaz y desproporcionada actualización armamentística, pública o secreta, capaz de sustentarla en contraste con una población sometida o propensa a recurrentes y peligrosas hambrunas y epidemias. Y, aunque rompa la debida relación entre Estado, sociedad y guerra, descompaginada la aspiración o el empleo de la más alta tecnología con la doctrina y los procedimientos militares en uso, existen dictaduras que apuestan por el desarrollo de un programa nuclear o, al menos, por la disposición de sendos misiles con ojivas en abierto desafío y chantaje a la comunidad internacional.

Las hay, por estos años, como la de Kim Jong-un en Corea del Norte, quien se interesó en la difusión de sus intenciones y pruebas, fallidas y exitosas, con tan delicado armamento, aunque la otrora novel dictadura de los Castro,  en la Cuba de 1962, prefirió contrabandearlo y ensamblarlo hasta el ya sabido  descubrimiento y la consiguiente crisis que generó, estabilizándose a  la postre.  En definitiva, como ayer, el principal reto está orientado hacia la definitiva y resignada  aceptación y coexistencia con los regímenes conculcadores de las libertades y de los derechos humanos. 

Sumergidos en demasiadas e inéditas vicisitudes, los venezolanos tendemos a desinteresarnos de lo que ocurre al otro lado del mundo, como si tuviésemos la garantía irrefutable de una póliza que nos ampara de cualesquiera nefastas consecuencias de un conflicto que literalmente puede estallar de un momento a otro, teniendo por epicentro a la Norcorea con la que insólitamente se tienen las más normales y cordiales relaciones diplomáticas.  Desinterés que incluye la necesaria lectura de una circunstancia que puede ser la nuestra, anunciada por la inversión privilegiada en armas y equipos antimotines, a pesar de la inexistencia o escasez de alimentos y medicamentos, pues, de prolongarse ad infinitum el régimen representado por Maduro Moros, no tardará en incursionar en los más atrevidos planes y escenarios que hagan de la guerra, o su inminente amenaza, una tabla de salvación, proveyéndose de los más sofisticados y costosísimos artefactos.

Desindustrializado aceleradamente el país, nada sorprende el anuncio de la pronta apertura de una fábrica de Kaláshnikov, por Castro Soteldo, vicepresidente del área económica. Prosigue la festividad de las armas en Venezuela, contrastando demasiado con el recurrente y desesperado asalto de los basureros.

Ilustración: Pancho Graels, para un un artículo intitulado "!Hágala! si puede..." de F.L./G.Z.D.("La bomba H: Un secreto a voces". El Nacional, Caracas, 05/01/1980.
27/11/2017:
http://www.noticierodigital.com/2017/11/luis-barragan-el-termino-de-la-distancia 
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sábado, 7 de octubre de 2017

INÚTIL ESCARMIENTO

Nervio óptico
Luis Barragán

Disculpándonos por la nota personal, recordamos unas de las incursiones por estos años al Paseo de El Calvario. Ya, en la cima, el vigilante nos advirtió de la prohibición de fotografiar – por más privilegiado y tentador que fuese el ángulo – el Palacio de Miraflores, siendo muy lógica la respuesta que le dimos.

Las amplias y generosas posibilidades tecnológicas que existen para registrar todo lo que vemos, aún en países de un elocuente retraso, como el nuestro, hacen demasiado absurdo que nos haga reos potenciales de un delito que no existe. Sobre todo, por el harto conocido y universal principio de la tipificación previa, expresa e inequívoca, que ha de distinguirlo, dándole plena identidad a una delicada materia.

Pormenores aparte, recientemente,  una trabajadora social fue detenida después de fotografiar y difundir la escena de unas parturientas que se encontraban en la sala de espera del Seguro Social Pastor Oropeza de Barquisimeto.  La policía política divulgó la reseña hecha a una ciudadana que ejercía su muy constitucional derecho a la libre expresión, tratando de desviar la atención a los hechos que, natural y legítimamente, suelen escandalizarnos.

El propósito de escarmentar a la población y, específicamente, a los usuarios de las redes sociales, advierte una característica esencial de toda experiencia totalitaria: la de negar las realidades que genera, por dramáticas y visibles que fuesen.  Por muy fácil que sea fotografiar una determinada y concreta situación, reforzando el testimonio personal, habida cuenta de las herramientas  disponibles, como la de los móviles celulares, el deber de todo sojuzgado es el de mirar sin ver, callando.

Lenny Martínez, la trabajadora social en cuestión, ha sido expuesta al desprecio y escarnio público, o tal es la pretensión, ya que todos sabemos el motivo. En última instancia, delito es que haya parturientas en el piso o en las sillas, sin que la dirigencia del Estado, cuya prole viene al mundo en lugares muy distintos, incluyendo el extranjero, se haga responsable.

Un acto tan sencillo y espontáneo, como el de fotografiar, tratándose también de un cuadro familiar, supone el riesgo de revelar el paisaje de fondo. Negligente y hasta complaciente ante el hampa común,  ésta se encarga de impedir ese acto mientras las autoridades hacen lo propio, más aún, cuando la tarea no requiere de una mínima dosis de valentía y arrojo.

Por siempre nerviosa, la dictadura convierte en un crimen cualquier gesto de documentación de sus procederes y pareceres, pretendiendo – precisamente - una visión idílica de los acontecimientos que, quirúrgicamente, trata de censurar. No imaginamos el inmenso reservorio de los registros audiovisuales, fotográficos y sonoros que existen en el país, esperando a la superación definitiva del régimen, para mostrarlo tal como ha sido de acuerdo a la vivencia directa y doméstica de sus males.

Referencia:
Fotografías:

domingo, 20 de agosto de 2017

HEMICICLO PROTOCOLAR



Del enfermizo proceso constituyente

Luis Barragán

Convengamos, no se entiende la propuesta totalitaria en curso, sin que Joseph Sieyès ocupe la principal curul del congreso del PSUV convertido en la tal constituyente. Ha tenido, desde 1999, por domicilio a Miraflores.

El socialismo del siglo XXI se explica por un proceso constituyente permanente, aunque el inicial procuró guardar las formas y, el postrero, omite los más elementales detalles mostrando el hocico de un descarado fraude electoral. En el intermedio, derrotada la primera reforma constitucional y muy apenas o sospechosamente ganada la segunda, empleó el camino de la legislación ordinaria, con la complicidad de la Sala Constitucional, para imponer las fórmulas que lo llevan a declarar inconstitucional a la propia Constitución.

Bastará con una aproximación al llamado constitucionalismo cubano, tributario del soviético, para comprender cuán lejos llega la pretensión del madurato. Un viejo libro, como el de José Mendoza Angulo, complementará muy bien la minería de datos que hagamos en las redes, pues, obviamente, ya no llega al país la bibliografía especializada.

Finalizando el segundo tomo de “Homo sacer”, dedicado al Estado de Excepción, Giorgio Agamben llama la atención sobre la autoridad del dictador fundada en la constituyente originaria, la que personalmente encarna, nunca derivada. Los regímenes de fuerza suelen recurrir a la Constitución como una pieza ornamental, pues, lo importante es la voluntad del cabecilla que acierta o fracasa, según el talento de sus operadores: alguna distancia hay entre Miquilena y la Rodríguez.

Ni los integrantes de la tal constituyente, agradecidísimos por la distinción de un régimen que los recicla o les permite entrar a terrenos antes vedados, están convencidos de su papel. Se saben parte de un enorme esfuerzo histriónico que los hacina en un salón, mientras que la directiva vela por el cumplimiento de las órdenes de Sieyès XXI, demiurgo de una supervivencia frágil en el contexto de una radical e interesada provisionalidad.


21/08/2017: