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miércoles, 26 de julio de 2017

¿Y EL POST-LARRAZABALISMO?

EL UNIVERSAL, Caracas, 20 de junio de 2017
El Gobierno de transición
Luis Ugalde

Todo gobierno medianamente democrático si llega a una deslegitimación y fracaso parecidos a los de Maduro, renuncia y convoca a elecciones. La Constitución venezolana para situaciones similares prevé el referendo para revocar al Presidente antes de su término. Maduro tramposamente lo impidió; luego anuló la Asamblea Nacional y aplazó las elecciones regionales; ahora pretende eliminar la Constitución con una “constituyente” no convocada por el único que lo puede hacer, el pueblo.  Es una locura pensar que la actual desesperación, deba y pueda prolongarse hasta fines de 2018. El creciente sufrimiento de la gente pide a gritos cambio ya: cambio de presidente y de régimen, con decisiones inmediatas para no seguir muriendo en la calle con la brutal represión o por hambre y falta de medicinas, a causa de la corrupción e ineptitud gubernamentales. El Ejecutivo se ha convertido en verdugo del pueblo y se ha vuelto tiránico. Cambio ya para rescatar la Constitución y emprender de inmediato el camino de la reconstrucción, evitando más muertes y miseria. Para salir de este régimen sin esperanza hace falta cuanto antes un gobierno nacional de transición que tome de modo excepcional medidas de emergencia y convoque elecciones democráticas, previo saneamiento con remoción de los ilegales magistrados del TSJ y de los miembros serviles del CNE.

Urge hablar públicamente para madurar un gobierno de transición saliendo del  actual Ejecutivo deslegitimado. Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas. Antes necesitamos atender con apoyo internacional la creciente emergencia humanitaria propia de una postguerra, liberar a todos los presos políticos, abrir el regreso de los exiliados, convocar a los empresarios a la activación de la emergencia productiva y atraer a los inversionistas con un nuevo espíritu democrático, libre iniciativa y garantías jurídicas. Urgen el refinanciamiento de la deuda y multimillonarios préstamos económicos para insumos productivos y para necesidades vitales de consumo. Nada de esto podría conseguir una nueva dictadura militar y tampoco un frágil ganador de elecciones partidistas con todos los demás (chavistas o no) en la oposición. Es necesario un gobierno de transición con metas claras y tareas concretas, con amplio apoyo nacional por encima de parcelas partidistas. Un gobierno que incluya a opositores y chavistas, unidos  en un esfuerzo de salvación nacional. Tal vez hace un año el gobierno de Maduro hubiera podido abrir este camino, pero ahora es imposible.

El gobierno de transición debe fijar fecha de elecciones libres antes de un año, con condiciones democráticas y transparencia. Mientras ese gobierno responde a la población con medidas urgentes, a los diversos grupos políticos y sociales les corresponde llegar antes de las elecciones a una especie de Pacto de Gobernabilidad, con el compromiso de reconocer y apoyar a quien gane la Presidencia. Pacto con un programa básico de salvación nacional y de reconstrucción, de no menos de 10 años, apoyado por gobernantes y opositores democráticos. Todo ello imposible sin un gran apoyo internacional político, económico y humanitario.

Entramos derrotados a la modernidad del siglo XXI y a la superación de la pobreza. Ahora tenemos que subir una escarpada alta montaña de reconstrucción y no pensar ilusamente que con salir de este gobierno la tarea está hecha. Pero antes de empezar la subida enfrentamos un bloqueo dictatorial que impide avanzar. Quitar ese obstáculo es condición indispensable para seguir, pero, por terquedad de un régimen corrupto y sin esperanza se nos van en ello vidas, tiempo y energía, cuando urge desarrollar negociaciones e imaginación constructiva.  La atención debe centrarse en la difícil subida de mañana y los requisitos para coronarla con éxito. Sin dejar la actual protesta de calle (acción decisiva para desbloquear los caminos constitucionales) debemos simultáneamente empezar a formar un gobierno de transición con hombres y mujeres de diversa procedencia pero unidos con claridad programática y  decididos a no prolongarse en el poder más allá de los meses de transición emergente. Un Gobierno de Transición, con todas las de la ley, con una Fuerza Armada decididamente democrática y defensora de la Constitución. Basarnos en la Constitución y en lo que nos queda de instituciones legítimas; en primer lugar la Asamblea Nacional en alianza con el pueblo sufriente alzado y con la Fiscal convertida en defensora de la democracia y unidos en el rescate del CNE y TSJ. La Fuerza Armada está obligada e invitada a asumir su responsabilidad constitucional y democrática en la difícil reconstrucción del país, con lo que recuperará los perdidos reconocimiento y afecto del pueblo.

La alegría de Venezuela será inmensa cuando veamos aparecer un Gobierno de Transición realmente plural, de gente honrada e inteligente unida en un programa político de interés superior: la salvación del país. Cuanto más se haga esperar,  más grave y dolorosa se volverá la actual agonía.

Maduro usted, al cerrar los caminos de cambio, se convirtió en el eje de un régimen que tortura a Venezuela y ahora quiere perpetuarlo con el fraude de la Asamblea Constituyente. Renuncie y quite el bloqueo que impide el inicio del ascenso  a la montaña de la reconstrucción democrática con rescate de la esperanza y de la unidad nacional.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/gobierno-transicion_657722

EL UNIVERSAL, Caracas, 20 de junio de 2017
Padre Ugalde: Entre transiciones os vea
Orlando Viera-Blanco


El Padre Luis Ugalde ha sido enfático que Venezuela debería ir a un gobierno de transición que tituló “Larrazábal II”, esto es, “una figura que asuma la responsabilidad del Ejecutivo nacional, proclamando ante el país un gobierno de transición y de unidad nacional…” La transición ha venido tomando terreno en el debate político. En lo personal considero que es anacrónico e inadecuado hablar de transición. De lo que cabe hablar es de una inmediata y súbita refundación republicana y la restitución del Estado democrático y de derecho.

Nos dice el Padre Ugalde: “Para salir de este régimen sin esperanza hace falta cuanto antes un gobierno nacional de transición que tome de modo excepcional medidas de emergencia y convoque elecciones democráticas, previo saneamiento con remoción de los ilegales magistrados del TSJ y de los miembros serviles del CNE. Urge madurar un gobierno de transición saliendo del actual Ejecutivo deslegitimado” Y agrega: “Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas” -sic-. Pareciera una aseveración sin discusión. Pero saltar a un gobierno de transición, distanciando elecciones, pienso que sería peligroso. La gente quiere cambio ya, y quiere votarlo. Más frágil sería una transición no votada y de camarillas. Los pactos vendrán después… La transición política clásica supone coparticipación en el “gobierno de unidad nacional” del régimen depuesto. Y después de casi 20 años de devastación, criminalidad, saqueo republicano, usurpación, mentiras y quiebre constitucional, permitir una transición con el chavismo más idealista del socialismo del siglo XXI, es ingenuo (y torpe).

Lo vivido es una experiencia inédita en Venezuela y Latinoamérica. A partir de la toma del poder de Maduro, su gobierno  degeneró a un punto que no descansa en una caracterización “elegante” de dictadura. Es un melting pot de muchos vicios más. Al decir de Manuel Felipe Sierra, “las transiciones no se decretan, ni son expresión de buenos deseos, sino la evolución de procesos históricos”, por lo que salir de la era Chávez-Maduro, no pasa por una transición transaccional. Un verdadero salto al progreso, al orden y la modernidad, demanda una ruptura radical con el pasado, siendo el chavismo una continuación sodomizada y bacanal del reparto irresponsable, celestino e impune de la petro-demagogia clientelar, de los 70 y 80. 

Con todo el respeto al padre Ugalde y a quienes acuñan la tesis de "La transición" como arboleda bajo la cual debamos cabalgar, les ruego no confundir pacto de gobernabilidad, con transición de gobiernos. Son dos figuras absolutamente diferentes. Lo primero es propio de pactos refundacionales de repúblicas democráticas y liberales. Lo segundo admite participación del régimen saliente. Muchas dictaduras en la región terminaron súbitamente, cómo la de Juan Velasco Alvarado y Jorge Morales en Perú, y el proceso constituyente de 1979, que trajo una nueva constitución y el regreso de Fernando Belaúnde Terry, depuesto 10 años antes. Cómo la dinastía Somoza y la entrada del pacto Chamorro-Sandinismo, donde no cabía un milímetro de Somocismo... Cómo la implosión de la Dictadura de Videla en Argentina, y el llamado a elecciones del Gral. Bignone, que condujo la llegada de Alfonsín a La Casa Rosada (1982) y donde no hubo un ápice de transición con la dictadura sangrienta. O el fin de Alberto Fujimori quien renunció en el 2000, dando paso al gobierno provisional de Valentín Paniagua y la elección de Alejandro Toledo en Julio de 2001. (Fujimori aún sigue en la cárcel). La Venezuela de la transición de Pérez Jiménez a Betancourt, no fue la Venezuela demolida de hoy, como tampoco el General de Michelena, se compara a quien tenemos en Miraflores, que ni sabemos lugar de natalidad a cabalidad…

Otros casos en Latinoamérica si fueron transiciones mutantes, como el paso de la dictadura de Castelo Branco a Tancredo Neves (1985); la “dictablanda de Rojas Pinilla al Frente Nacional de Colombia con Laureano Gómez (conservador) y Alberto Lleras Camargo (liberal), liderando el pacto de Benidorm y Sitges; el consenso chileno que habilitó la salida por referéndum de Pinochet (1988), en momentos que Chile aun reconocía los avances vividos en la dictadura del carabinero, o el Pacto del Club Naval (Uruguay), acuerdo alcanzado por los máximos jerarcas militares y representantes de los partidos Colorado, Frente Amplio y Unión Cívica (1984) que posibilitó la presidencia democrática de Sanguinetti.

El totalitarismo no tolera transición (El Universal http://www.eluniversal.com/.../totalitarismo-tolera). Sería un espejismo, una ilusión, una candidez. El propio Chávez se alejó de toda transición a su proceso. Y convocó un Referéndum constituyente (que no existía en la constitución del 61), complacido por una magistratura cortesana. Muy fácil -por cierto- recibe la oposición a personajes del chavismo (incluso en partidos de corte social cristiano). La amnistía y el perdón llegarán... Pero después que se haga justicia y se desempolve el país. Por lo pronto lo que cabe es mesa rasa y reinicio ipso iure, del orden republicano restituido y legitimado mediante elecciones generales. Después nos sentamos…

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/padre-ugalde-entre-transiciones-vea_657720 
Ilustraciones: Can Stock Photo.

viernes, 26 de mayo de 2017

FRENTE AL HOCICO QUE SE AGIGANTA

EL UNIVERSAL, Caracas, 26 de mayo de 2017
La hora de la conciencia
Luis Ugalde

La conciencia tiende a domesticarse con la rutina y a adormecerse recostada en la resignación. Los pájaros largamente enjaulados aprenden a no volar, aunque se les abra la jaula. Pero hay momentos en la historia y en las personas en los que la conciencia se enciende e irrumpe con fuerza inesperada, volando alto e indetenible. Donde había fragilidad, rutina y miedo, la conciencia renacida levanta vuelo indomable, como  ocurre hoy en millones de venezolanos, jóvenes y viejos. El poder acostumbrado a la servidumbre domesticada trata de frenar esta insurgencia masiva y ahogarla con armas, leyes tramposas, hambre y manipulación, pero no puede pues su represión enciende nuevas conciencias.

Con la irrupción del Espíritu todo se vuelve nuevo: las establecidas disputas de partidos, de religiones y de parcelas se vuelven ridículas. Como le dijo Jesús a la Samaritana, ha llegado la hora en que no importa el templo o la montaña para el culto religioso, ahora a Dios se le adorará en espíritu y en verdad en cualquier lugar. Al sabio judío Nicodemo, que lo visitó a escondidas y de noche, Jesús le dijo: para caminar los caminos misteriosos del Dios de la vida “hay que nacer de nuevo”; nacer del Espíritu y volar libre como el viento. Nacer de nuevo aunque seamos viejos.

 “A Dios nadie lo ha visto nunca, pero si se aman unos a otros ahí está Dios porque Dios es amor” (carta de Juan) que invita a cada conciencia a caminar juntos hacia la vida. Aunque les prohíban hablar, les lleven a la cárcel y ante tribunales militares, no se rinden. El poder creyó que la conciencia democrática era aplastable porque no tenía tanques, ni bombas ni cascos y escudos y eran débiles sus manos limpias y sin armas. Ahora el poder tiembla y se pregunta ¿cuántas  conciencias ocultas  y deseosas de rebelarse hay dentro de esos cascos y chalecos represores o entre los jefes que los ordenan?  Es la misma conciencia que  derrumbó el muro de Berlín, derritió el estado policíaco mejor blindado del comunismo de Alemania Oriental. Los alemanes oprimidos por el comunismo renacieron -sin paredones de fusilamiento-  a la reconciliación y a la nueva vida; incluso quienes hasta la víspera  eran espías de “la vida del otro”, de todos los otros por el delito de querer la libertad.

Es también la hora de la tentación de la venganza y de la furia que llama a matar. Ellas  son el veneno del opresor inoculado en nosotros y que pueden desviarnos  hacia el camino de la muerte. Nuestro reto por el contrario es inventar el camino de vida  y hacerlo realidad superando las enormes dificultades. No olvidemos que las “guerras santas” en nombre de Dios son tan criminales y destructivas como las no santas. Venezuela estalla en rabia, pero sólo tiene futuro si levanta el vuelo  para transformar la muerte en vida, el odio en amor y la desesperación en esperanza. Cuanto más alto vuele la conciencia, menos la alcanzan las alambradas, los muros, los escudos y las rastreras bombas lacrimógenas.  A esa altura solo vuelan el encuentro, el abrazo, el perdón y el esfuerzo común, imprescindibles para que haya vida para todos. Democracia antes que nada es un espíritu de reconocimiento, de libertad y de gobierno para la vida compartida. El debido y necesario castigo de los crímenes debe marchar por el cauce de la serena acción de la justicia con pruebas  en tribunales dignos.

Conciencia y construcción. Es la hora de que la conciencia avance a la construcción de lo nuevo, a la sustitución de esta cárcel, a la siembra de campos abandonados. Ahora, cuando el fracaso del régimen actual es evidente e indiscutible, nuestro reto es convertir el mal en bien y  hacernos capaces de tejer lo nuevo, combinando conciencia y utopía sin límites con el realismo racional y programático para que lo necesario se haga posible y convertirlo en realidad. Tenemos que llegar  al momento constructivo  con condiciones de gobernabilidad, de lo contrario el fracaso y la frustración serán inevitables. Las emociones deben ser discernidas y guiadas ante la comprensible tentación de la violencia y convertir  la conciencia en nueva política, nueva economía, nueva educación… no como deseos vaporosos e ilusiones, sino como realidad real que florece en una primavera de vida y de creatividad con iniciativas constructivas.

El talento que saca lo mejor de cada uno suplirá la falta de dinero abundante y de la renta que nos enfermó de muerte, y sacará lo mejor de cada uno como ciudadano y como productor. Demostrar que de verdad creemos más en el “talento y la virtud” (como decían nuestros próceres civiles en la aurora de la  República) de los millones de venezolanos que en la lotería minera que convierte en fiesta lo que no cuesta. Renta petrolera que, usada para el reparto y sumisión clientelar, corrompió el poder y envileció a los seguidores, sin confiar en su talento, ni educar sus potencialidades. La hora de la conciencia no se acabará con la caída irremediable del régimen, sino que alimentará las virtudes ciudadanas y productivas  para el éxito  de la nueva democracia.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/hora-conciencia_653853
Ilustración: Dumont.

jueves, 22 de octubre de 2015

LA DEMOCRACIA A DESMILITARIZAR

EL NACIONAL, Caracas, 22 de octubre de 2015
¿Y los militares qué?
 Luis Ugalde 

El siguiente gobierno no debe ser antimilitar por el hecho de que el actual es militarista. Todo lo contrario, son los militares los que deben demostrar su civilidad democrática en correspondencia a una sociedad que les confía en exclusividad las armas para ser guardianes del bien común. Armas que no son de ellos, ni de los policías, como las de cualquier matón que abusa del vecino desarmado, sino de la sociedad cuya vida garantizan y cuya confianza y gratitud ganan por sentirse seguros y liberados del asalto traidor.
Los militares no son extraterrestres, sus esposas e hijos sufren las mismas penurias del venezolano cuyo bolívar de ayer hoy vale menos de un real, con la locura de que un cartón de huevos o una lata de atún –cuando se consigue– cuesta más que 10.000 litros de gasolina. Serán unos centenares los altos militares que disfrutan de modo privilegiado y escandaloso de la apropiación privada del bien público de todos los venezolanos. Por las manos de una minoría corrupta han pasado más de 1 millón de millones de dólares, sin recibo ni obra realizada: enormes recursos públicos de pertenencia común, apropiados por unos pocos, en un “socialismo” al revés, que convierte lo público de todos en botín privado de unos pocos. Mientras decenas de miles de familias de militares honestos pasan penurias, por ejemplo, con un seguro de salud de pobre cobertura y con ingresos, que no alcanzan para las necesidades básicas de su vida.
Todo venezolano –también los militares– tiene derecho de soñar con una Venezuela mejor y a haberse ilusionado con un cambio que prometía el paraíso. Lo imperdonable sería aferrarse al error evidente y no querer contribuir a enderezar el disparate actual que tanto sufrimiento está produciendo a 30 millones de venezolanos, con excepción de una “cúpula podrida” en el privilegio mal habido. Está clara la falsedad de la propaganda oficial que contradice la dura y evidente realidad cotidiana. Causas del desastre: el estatismo en economía y la concentración anticonstitucional del poder, que ha fracasado aquí y en todos los países donde se ha intentado. En Cuba, luego de 65 años de dominio total, es evidente la incapacidad de producir prosperidad económica y vida civil digna en libertad con pluralidad de opiniones y de iniciativas. Décadas antes en decenas de países de otros continentes, el partido único convertido en “dictadura del proletariado” mostró su verdadera naturaleza de dictadura sobre la sociedad sometida a la penuria y al terror policial. Hoy es necesario hablar –también en los cuarteles– con plena libertad de ese hecho evidente, con ánimo de liberación, de superación y de unión.
Tenemos en nuestra América ejemplos de salidas razonables y pacíficas de dictaduras diversas. En Brasil luego de 20 años de dictadura (1964-1984); en Perú cuando Fujimori  o años antes cuando Velasco Alvarado –luego de haber creído que la vía militarista era el camino para superar exclusiones seculares y agravios históricos contra el mundo indígena–; en Chile y Uruguay… Fueron los propios militares que obedeciendo a la población abrieron la transición hacia la democracia, sin enfrentamientos armados.
Hoy está claro lo que para muchos no lo era hace cinco años y no hay que recurrir a aventuras golpistas que siempre terminan mal, solo hay que defender la Constitución vigente y la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos. Coincide el clamor del país por un cambio con la próxima elección democrática (aunque amenazada) y con el papel no partidista exigido a los militares en nuestra Constitución. Como pocas veces antes, la República exige que se restablezca el monopolio legítimo de las armas, hoy violado por los grupos fuertemente armados que se hacen llamar “colectivos” y fueron indebidamente fomentados y protegidos desde el poder. Una república no es solo de civiles, sino que necesita de los militares civilistas garantes de la justicia, de las fronteras y de la paz desarmada de la población; sus armas nos permiten, a todos menos a los delincuentes, andar desarmados y tranquilos.
¿Qué pueden hacer los militares? Simplemente sacar las conclusiones de lo que ven sus ojos y su conciencia y defender decididamente el tránsito pacífico hacia la democracia social. Recordar su deber establecido en la Constitución: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la nación (…) En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna” (art. 328).
Las elecciones venideras son una gran oportunidad para iniciar un cambio a fondo de esta locura suicida.

sábado, 19 de abril de 2014

CLAMORES

EL NACIONAL, Caracas, 17 de abril de 2014
Vía crucis con esperanza
Luis Ugalde

En toda la historia venezolana no hay un documento episcopal con tanta visión socio-política y coraje evangélico como el del 2 de abril titulado “Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela”. El hecho de que algún clérigo fanatizado y servil al poder político lo haya atacado tan insensatamente no hace sino confirmar que los obispos expresan la pasión de decenas de millones de venezolanos.
El vía crucis está garantizado –queramos o no– por el desastre actual del que no saldremos sin asumir decididamente la cruz y la esperanza. No hay eufemismos, ni modales diplomáticos que puedan ocultar o suavizar nuestra tragedia nacional; ni agua bendita, ni yerbas milagrosas que curen al enfermo, sino que es urgente una operación quirúrgica de alto riesgo y necesidad. Ya el clamor (el de la calle y el silencioso y oculto) no solo es nacional, sino internacional. Gran parte de la conducción política opositora se muestra dispuesta a sentarse, pero exige la libertad primordial de estudiantes y una agenda para el logro de una ley de amnistía política para presos y exiliados, una verdadera (no disfraz carnavalesco) comisión de la verdad sobre los crímenes cometidos en estos dos meses de protestas, un restablecimiento de la Constitución en los poderes públicos (por ejemplo un CNE con cinco árbitros que no sean partidistas sometidos al Ejecutivo) y el desarme con verificación internacional de las bandas armadas parapoliciales. ¿No parece imposible que el gobierno acceda? Por supuesto, pero la historia avanza con la conquista de imposibles.
La mayoría de la población, quiere que la Santa Sede y algunos países latinoamericanos ayuden a que las partes se sientan a negociar, escuchando el clamor de la gente que sufre la inseguridad violenta, el desabastecimiento creciente, la inflación salteadora de los salarios, la falta de inversiones, de empresas y de trabajo digno, y la violación desde el poder de la Constitución y de los derechos humanos con prácticas violentas dictatoriales. Razón tienen los obispos al decir que el “Plan de la Patria” (modelado por el fracaso cubano con medio siglo de totalitarismo), que el partido-Estado trata de imponer, no es la solución sino “causa fundamental de la actual crisis”. Volvamos a la Constitución (n.2 y 3).
Esto y no menos es lo que hay en la protesta estudiantil y es exigencia básica de la MUD para sentarse a negociar soluciones. Los protestantes saben que por el actual camino no hay futuro, ni para ellos ni para el país; tampoco en la vuelta al pasado ni en la continuidad actual. Hay que reconstruir desde los cimientos la democracia, con reconocimientos de unos y otros y una economía con política social que vaya a la raíz de la pobreza, no para disfrazarla con palabras y dádivas, sino para cambiarla.
Este Vía crucis es doloroso y está lleno de atropellos, asesinatos, presos y exiliados, pero hay que asumirlo y recorrerlo, cuidando que las pasiones no se desborden hasta la locura de pedir a Pilato contra el justo Jesús: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Queremos que sueltes al criminal Barrabás. El primer instinto es crucificar al otro, mientras nosotros en nada debemos ceder, ni cambiar; lo que inevitablemente condena al inocente y bloquea toda forma de negociación y acuerdo, imprescindibles para construir juntos las salidas inclusivas de todo el país. Por el contrario, los obispos dicen que, más allá de la rabia, hay que poner Espíritu y racionalidad:
-“El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza” (n.8).
-Llaman a todos al diálogo para “poner todo su esfuerzo por construir nuevas relaciones basadas en el mutuo reconocimiento y la reconciliación” (9).
-Es necesario “responsabilizarnos del destino del país, no permanecer indiferentes, sino más bien involucrarnos en la defensa de la vida, de los derechos humanos, de la libertad y de la democracia” (10). Sin justicia no habrá paz y si no asumimos la responsabilidad de la República en las instituciones y en la calle, no habrá futuro democrático para Venezuela (n. 10).
-Nos llaman a los católicos “a ofrecer a Dios el ayuno del próximo Viernes Santo en solidaridad con todas las familias que lloran a sus seres queridos, pidiendo para ellas consuelo, esperanza y fortaleza espiritual” (n. 12).
¿A qué ayuno se refieren? Al que exigen los profetas de Israel cuando denuncian la religiosidad vacía de prójimo. El profeta Isaías rechaza en nombre de Dios los ayunos externos, inciensos, y sacrificios rituales si son para barnizar conductas inicuas. “El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no despreocuparte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como aurora… Entonces llamarás al Señor y te responderá” (Is.58, 5-9).
Fotografía: http://librosyvideoscristianos.blogspot.com/2011_04_01_archive.html

lunes, 14 de abril de 2014

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Ignacio Rey. "Aprender a morir". El Nacional, Caracas, 02/11/1977.
- Entrevista a Monseñor Mariano Parra León: "El compromiso fundamental de la Iglesia es con los pobres". Ruptura, Caracas, 06/80.
- Monseñor Pedro Pablo Tenreiro, primer Obispo de Guanare: "Caracas y Guanare tendrán las mejores Iglesias de Venezuela y América". El Nacional, 10/09/54.
- Antonio Arráiz. "Los predicadores de masas". El Nacional, Caracas, 04/10/57.
- Luis Ugalde. "Con la Iglesia hemos topado". El Diario de Caracas, 15/12/91.

Reproducción: El Universal, nr. 1701 del 01/03/1914.

jueves, 14 de junio de 2012

DESALAMBRAR

EL NACIONAL - Jueves 14 de Junio de 2012     Opinión/9
El futuro nos pertenece
LUIS UGALDE

En mis visitas al Berlín comunista, hace 45 años, me llamaban la atención unos inmensos letreros que coronaban los edificios oficiales: Die Zukunft Gehört Uns o "El futuro nos pertenece", que prometía el régimen policial a la deprimida población que vivía en esas calles muertas, de casas carcomidas por la guerra, la pobreza y el miedo. Esfuerzo y propaganda del régimen soviético que pregonaba que el presente es duro y con muchas carencias pero, gracias a la científica conducción del partido, pronto amanecerá una radiante mañana sin ocaso ni privaciones.
Este año, con la ciudad transformada, tuve la oportunidad de caminar otra vez por las calles que estuvieron divididas por el muro, por las alambradas y por los soldados soviéticos que cuidaban el paraíso prometido. Visité Checkpoint Charlie, lugar de cruce del muro de la zona americana a la soviética donde en 1967, luego de media hora de interrogatorio comunista en un cuarto cerrado, no me dejaron pasar El nuevo catecismo bíblico alemán, que llevaba de regalo a un jesuita que atendía espiritualmente a los enfermos de un hospital. Naturalmente, no podían permitir la entrada de malignas semillas del "opio del pueblo".
Recientemente el escritor cubano Leonardo Padura en la extraordinaria novela El Hombre que Amaba a los Perros desentraña la criminal y obsesiva persecución estalinista a Trostky hasta su asesinato en México, y deja al descubierto la "perversión de la utopía" socialista en represión y asesinatos. En la novela, Jaime es el comunista cubano (Padura lo define: "Como metáfora de una generación y como prosaico resultado de una derrota histórica"), que nos relata las peripecias del comunista catalán Ramón Mercader a las órdenes de Stalin hasta asesinar a Trotsky en 1940 y hasta su muerte en 1978.
El autor reflexiona y escribe en Cuba una década después de la caída del muro y ya con las ilusiones convertidas en amargas cenizas: "Quise utilizar la historia del asesinato de Trosky para reflexionar sobre la perversión de la gran utopía del siglo XX, ese proceso en el que muchos invirtieron sus esperanzas y tantos hemos perdido sueños, años y hasta sangre y vida". Jaime vivió todo esto encerrado en una ceguera de militante fanático comunista hasta el derrumbe de la inmensa cárcel física y mental: "Supe entonces que (...) éramos la generación de los crédulos, la de los que románticamente aceptamos y justificamos todo con la vista puesta en el futuro, la de los que cortaron caña convencidos de que debíamos cortarla ( y, por supuesto, sin cobrar por aquel trabajo infame); la de los que fueron a la guerra en los confines del mundo porque así lo reclamaba el internacionalismo proletario, y allá nos fuimos sin esperar otra recompensa que la gratitud de la Humanidad y de la Historia; la generación que sufrió y resistió los embates de la intransigencia sexual, religiosa, ideológica, cultural (...) habíamos vivido bajo el lema, tantas veces repetido en matutinos escolares, de que el futuro de la humanidad pertenecía por completo al socialismo (...). Nada habíamos sabido de las represiones y genocidios de los pueblos, etnias, partidos políticos enteros de las persecuciones mortales de inconformes y religiosos...".
Pero hoy está a la vista ese pasado y el presente, y es obvio que el futuro no pertenece ni al comunismo soviético, ni al chino, ni al cubano, todos muertos o en etapa terminal, y mucho menos al falso "socialismo del siglo XXI", que ni es socialismo, ni es del siglo XXI, sino un desbocado personalismo militarista, un desastre económico, social, político y moral ahogado en petrodólares. El futuro de Venezuela pertenece a la esperanza y a la dignidad humana de millones de venezolanos que no nos resignamos, y de verdad necesitamos y creemos en una sociedad de libertad, justicia y oportunidades para todos y con la pobreza superada. El futuro nos pertenece a los demócratas solidarios si asumimos nuestra responsabilidad creativa para lograrlo. Crear esa democracia solidaria, no simplemente entregarnos a la dinámica mundial de la economía capitalista con sus ventajas y lacras, es un reto inmenso que exige movilización total. Esto es lo que nos jugaremos en octubre y no una simple elección con un torneo de promesas.

Fotografía: Conrad Schumann, tomada de http://fernandorgenoves.blogspot.com/2012/05/adios-al-mayo.html

jueves, 3 de mayo de 2012

LECCIONES EVANGÉLICAS

EL NACIONAL - Jueves 03 de Mayo de 2012     Opinión/9
Esta noche
LUIS UGALDE

El Evangelio tiene luces que de golpe se encienden en la oscuridad e iluminan con elocuente claridad las situaciones de nuestras vidas, sin que la distancia de los siglos disminuya su sabiduría. Venezuela las necesita con urgencia.

"Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres". Así empieza la parábola o cuento que inventa Jesús para enseñarnos el valor de la insistencia en la oración (Lucas 18,2). Aquí tenemos no sólo un juez, sino todo un ejército servil dedicado a someter la justicia y la verdad a los intereses del poder. Desde el Gobierno acusan al coronel-juez Aponte Aponte de delincuente y traidor a la patria.

Por supuesto, él confiesa prácticas suyas y del poder a lo largo de una década que son delitos y traición a la nación, "sin temor a Dios ni a los hombres". No tenemos razones para pensar que estas confesiones sean falsas, sino todo lo contrario, ni para creer que vayan a corregirlas quienes, acusados por él, siguen en el disfrute del poder ilimitado.

Jesús nos presenta también otra parábola de un hombre rico y poderoso que con sus graneros reventados de cosecha se siente dueño ilimitado de la vida y de los bienes. No importa la procedencia lícita o no de la cosecha, se siente poderoso y se pregunta qué voy a hacer para disfrutarlo. Se respondió (se responde) a sí mismo: "Haré lo siguiente, derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta". (Lucas 12,16-19).

Cuando se sentía así, Dios le hizo saber cuán pequeña es la distancia entre el poder y la nada: "Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado ¿para quién será?". Y concluye: "Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios" (Luc. 12,20-21).

La conciencia es expulsada por la lujuria del poder y de la riqueza, pero reaparece en el umbral de la muerte o de la desgracia política: ayer ministro o gobernador, y hoy preso o sepultado; ayer empresario mimado, y hoy despojado y acusado; ayer revolucionario condecorado, y hoy traidor en fuga.

La parábola ayuda a ver lo criminal de la política sin ética, lo fugaz del poder y llama a actuar siempre con conciencia en defensa de la verdad y de la vida del otro. Es la única cosecha que no se pierde, ni la arrebata el enemigo.

Impresiona la lista de nuestros "revolucionarios" prepotentes que de la noche a la mañana murieron o cayeron en desgracia; están en el cementerio, en la cárcel, en el exilio y son perseguidos por sus amigos y protectores de ayer: Velásquez Alvaray, Mackled, Fernández, Carlos Escarrá, Lina Ron, Jesús Aguilarte, Danilo Anderson, Wilmer Moreno, Aponte Aponte, Tascón...

La desmesura del poder la vivimos y sufrimos todos los días.

Los oímos proclamar que la revolución justifica todo y no tiene límites, ni necesita argumentos ni justificaciones, fuera de sí misma.

Los vemos atropellar, interpretar y cambiar la Constitución y las leyes a conveniencia del poder y con su dedo supremo ensalzar o anular a las personas o acusarlas arbitrariamente. Pero en el momento menos pensado Dios nos dice: ¡Necio, esta noche has de morir y rendir cuentas! De poco sirve suplicar prórrogas. No somos quién para juzgar las conciencias y las intenciones de los demás, pero sí tenemos obligación de juzgar los terribles efectos que ha tenido la borrachera del poder revolucionario constituido en suprema ley de sí mismo. ¡Cuántos presos, despojados y exiliados injustos! ¡Cuántos millones de afectados por el desgobierno, corrupción y desastres, cuya reparación tomará años! Llegó la noche, el plazo para ver y padecer los efectos de promesas y decisiones insensatas y el fin indeseado. También la hora de reconstruir la decencia, la justicia y el poder como servicio. Pero la potencial locura del poder, con sus arbitrariedades, atropellos y destrucción, no es patrimonio de un solo color político, y reconstruir a Venezuela es reconocer la noche en que estamos metidos con los terribles efectos del poder desbocado que no se detiene ante ninguna consideración moral. La reconstrucción exige una nueva primavera de la conciencia y de la responsabilidad en todos los ámbitos.

Ilustración: http://cojoblogehu.blogspot.com/

viernes, 24 de febrero de 2012

IMPORTA HACERLA


EL NACIONAL - Jueves 23 de Febrero de 2012 Opinión/8
Elogio de la política
LUIS UGALDE

El fabuloso triunfo de la democracia el 12 de febrero nos lleva a elogiar la política como arte de lo público y servicio al bien común.

Para Marx el Estado siempre es dictadura, es decir, imposición de los intereses de unos para anular a los otros. Así pensaron y practicaron Lenin, Stalin, Mao, Castro... Dictadura de la burguesía o dictadura del proletariado, a muerte. En el soñado paraíso comunista se extinguirá el Estado, por innecesario (¡!).

En la política, si es democrática, participa la pluralidad de la sociedad. Cada sector e individuo con su peculiaridad e intereses, y todos con el reto formidable de crear un espacio donde se concilie el bien propio con el de todos.

La política es el arte de combinar intereses diversos y contrapuestos. Los políticos dignos se dedican al bien común, al difícil arte de hacer que lo público redunde en beneficio de lo privado y lo privado se empeñe en la construcción del bien común. Una buena Constitución e instituciones establecen el camino. Las dictaduras siempre usurpan, niegan al otro y proceden a la apropiación privada del Estado con el pretexto de salvar a la patria. La bota militar, la burguesía, el partido comunista o fascista, la monarquía absolutista, la teocracia clerical, o cualquier otra yerba usurpadora, forman el horror dictatorial.

Quienes se apropian del poder justifican la exclusión de los demás por incapaces o por criminales enemigos de la patria. Así, los esclavos son excluidos de la polis griega y los asalariados del siglo XIX de la democracia moderna occidental, que era sólo de propietarios. Hasta ayer estaban excluidos los analfabetos y las mujeres, por "minusválidas", y los judíos, burgueses y trotskistas, por Hitler y Stalin. Con la democracia se abre un espacio político donde los ciudadanos dan al gobernante un "mandado" temporal, limitado y controlado. En cambio, los dictadores dictan y sus seguidores aplauden, adulan y ejecutan, sin espacio de responsabilidad pública para la población, ni restricción del poder para el dictador.

El 12 de febrero fue extraordinario el triunfo de la política como negociación y acuerdos de unidad democrática desde la diversidad de intereses y pensamientos. El objetivo de la república es el bien de todos con oportunidades para cada uno. Pero no hay sociedad ideal y la democracia está amenazada por la dictadura.

También en Estados Unidos y Europa por la dictadura financieroeconómica, que se impone si no hay contrapesos y sociedades activas, con capacidad de indignación y de compromiso solidario para construir.

Venezuela hace medio siglo tuvo impresionantes logros con "democracia de partidos" y luego comenzó a hundirse. Hoy fracasa la voluntad dictatorial y debemos ir hacia una sociedad democrática con partidos, que tenga instituciones y poder para que nadie ­ni militares, ni partidos ni poder económico­ se apropie del bien que es de todos. La política fue atacada ­por abusos partidistas y por intereses dictatoriales­ y llevamos décadas de desprecio de los partidos atribuyéndoles todos los males del país.

En este nuevo arranque del renacer democrático ha brillado el oficio de la política y hay que elogiar a muchos, empezando por los precandidatos. No puedo dejar de nombrar a Ramón Guillermo Aveledo y Teresa Albanes, dos gigantes, que junto con otros miles y miles, han tejido con paciencia infinita y tenacidad este triunfo democrático. Ellos, formados hace más de cuatro décadas, con experiencia en el servicio público, ética y profesionalismo, han ido demostrando que la renovación política no tiene una raya divisoria generacional, sino moral. Hay corrupción e ineptitud en los veteranos y en los jóvenes, pero también la antorcha de la esperanza la llevan juntos unos y otros. Sus profundas convicciones cristianas llevan a Ramón Guillermo y Teresa a vivir la política como servicio y no como apropiación del poder y ansia de figuración.

La unidad, con candidato único y con todos los otros en equipo, sólo es posible con profundo sentido de la política como servicio al bien común y a la vida digna, como coraje ético que moviliza a millones de venezolanos (jóvenes y mayores) y nos hace capaces de producir entre todos y para todos, el país que soñamos. Hay ánimo para asumir los retos políticos mayores.

Ilustración: Obra de Piero Manzoni.

jueves, 15 de diciembre de 2011

UTÓPICOS


Utopía y Navidad
Luis Ugalde

El hombre es un animal racional, dijo Aristóteles, y de su afirmación nos hemos nutrido durante siglos. Pero está a la vista el impresionante desfile de irracionalidadesy monstruos humanos, construidos por este "racional".

Los otros animales tienen programación cerrada y repiten del mismo modo su ciclo vital, como la abeja en su colmena y las aves de paso en su ruta de miles de kilómetros. No necesitan escuela ni ética para hacerlo bien. El hombre inventa y aspira a ser lo que todavía no es. Se siente abierto, alejado de sí mismo y sale a buscarse.

En el intento inventa, transforma y señorea, y también destruye y mata, como ningún otro animal.

Es racional e irracional.

Por encima de todo es un animal dotado de utopía, de plenitud deseada para sí y la humanidad; perfección soñada, aunque nunca poseída. Con un mito delante y otro atrás: de paraíso perdido al comienzo y de paraíso buscado al final. Mitos seculares expresados en religiones y creencias, desechados por la modernidad como infantiles y sustituidos por mitos seculares, serios, "científicos" y racionales. Como el mito de la Ilustración, según el cual en el reino de la diosa razón, todo será luz y liberación, sin mal alguno, que desaparecerá con la muerte de la ignorancia. O el mito "científico" marxista de paraíso en la tierra, con plena felicidad, gracias a la supresión de la propiedad privada, sin mío ni tuyo, con abundancia y sin mal alguno.

La "ciencia" convertida en cuento y la razón en sueños de plenitud que desembocaron en guerras y regímenes espantosos. En esta tierra no hay paraísos, ni perdidos, ni hallados, ni religiosos ni seculares. Sólo humanos jugando a ser dioses y matándose para lograrlo.

El tiempo de Adviento corre al abrazo de la Navidad, y en las misas resuenan los profetas bíblicos con promesas de salvación, tiempos sin guerras, pues con las armas de muerte se fundirán instrumentos de cosecha y vida, arados y podaderas. Cuando irrumpa en el mundo la justicia de Dios, desaparecerán la agresión y la muerte: el lobo y el cordero pacerán juntos, el buey y el león retozarán, el niño y la víbora venenosa jugarán como amigos, y la fraternidad triunfará sobre la guerra, nos dice Isaías. Ahí está la utopía como nostalgia de futuro pleno, pero siempre distante de la realidad presente.

La ciencia y la técnica, y con ellas el poder y la riqueza, prometen alcanzar la plenitud y llenar la tierra de sus maravillas, pero sus progresos de modo inevitable incrementan también la capacidad de dominar y matar. Somos animales con una racionalidad descentrada, alocada y desprovista de sabiduría. Animales capaces de inundar el mundo con sus productos abundantes y deslumbrantes que encandilan con brillos de felicidad, mientras inventan nuevas necesidades y búsquedas infinitas que mueven el consumo y engordan la ganancia, para que la máquina económica no se pare. Si algo queda claro, después de tanto delirio moderno, es que no somos dioses y que en el siglo XXI somos tan finitos, limitados, enfermos y con camino hacia la muerte como hace 5.000 años.

Sin embargo, esta visión realista-pesimista es sólo una parte del misterio humano. El cristianismo nos dice que no somos dioses ni hay paraísos en la tierra, pero que Dios está con nosotros y se muestra en el rostro de ese Niño que nace en Belén. El Espíritu de Dios como don gratuito en nuestra conciencia, en nuestro amor, en nuestra responsabilidad, en nuestro salir de nosotros mismos, compasivos con el otro en la necesidad. No es el Dios creado por nuestra soberbia y manos, ni el Dios de los ejércitos y poder que aplasta al pobre y al débil, sino el Dios gratuito que se nos da en la humildad de nuestro corazón, que nos invita a divinizarnos como Jesús, y nos hace hermanos para lograr un mundo cada día más humano. No somos dioses, pero "Dios con nosotros" nos invita a humanizarnos y transformar permanentemente el mundo.

El año próximo estamos llamados a transformar Venezuela. Con la utopía como luz en el horizonte y como motor en el corazón, que moviliza la pasión por la justicia, la libertad, la igualdad de oportunidades para la vida digna, hoy negadas. Utopía con realismo que concreta metas posibles y las lleva a efecto. Feliz Navidad y año 2012.

viernes, 9 de septiembre de 2011

VENTANA


EL NACIONAL - JUEVES 08 DE SEPTIEMBRE DE 2011 OPINIÓN/7
El temor y la solidaridad
LUIS UGALDE

Aunque sorprenda, el temor es el aliado principal de la solidaridad social: cerramos filas ante el temor a un enemigo común; el miedo a la destrucción atómica ha hecho más por la paz que el amor a la potencia rival. Aprendimos en el catecismo la importancia del temor al infierno para hacer el bien: si fallare el amor de Dios, nos ayude el temor al infierno... Es la condición humana. Entre Francia y Alemania hay medio siglo de paz y amor, porque tres guerras y millones de muertos los convencieron de que es mejor entenderse que matarse.

No es toda la verdad, pero sí parte de ella, lo que dice Hobbes sobre el Estado moderno: "El temor a la muerte inclina a los hombres hacia la paz", y "el motivo final para organizarse en sociedad es la preservación de la propia vida".

Los sentimientos positivos de solidaridad son una importante realidad humana, pero paradójicamente el temor es su gran aliado: el temor al que nos amenaza y también el temor de perder a quien queremos. Los capitalistas en la Europa de 1860 consideraban desastroso e inaceptable lo que 100 años después sus nietos aceptarían como positivo: jornada laboral de 8 horas en lugar de 15 horas, con sindicatos y leyes que regulan el trabajo y consagran el derecho laboral con seguro social, vacaciones, estabilidad y bienestar para los trabajadores.

Así se evita la guerra social y se vive en paz, con instituciones, seguridad y cierta armonía, incluso con quienes no son amados; descubrieron que pagar cuantiosos impuestos para que todos tengan servicios públicos de salud, educación seguridad, infraestructura... es mejor y más barato que la guerra. Tal vez a Marx le cegó la creencia en leyes económicas estrictas y determinantes de la conducta humana, y pensó que la burguesía iba sin remedio hacia el suicidio en una sociedad donde los proletarios no tendrían nada que perder sino sus cadenas.

La verdad es que el temor común (además del amor) une a los sectores sociales enfrentados, a las parejas y a las familias.

Quienes se quieren evitan, por miedo, lo que lleva a perder al otro. El egoísmo bien informado y con visión de futuro cultiva la solidaridad que beneficia a unos y a otros.

Venezuela tiene temores que ayudan (temor a la guerra civil, al desempleo, a la violencia, al modelo cubano...), pero no teme suficientemente quedarse sin buenos profesionales, buenos médicos y educadores, buenos trabajadores, buenos empresarios y buenas instituciones. Si los necesitamos, hay que cultivarlos. El delantero teme que falle el portero y con esto pierdan el partido, y viceversa. Hoy en Venezuela parecemos un equipo sin estos temores-amores.

Aunque sea por temor, la parte acomodada de la sociedad venezolana debe querer el pleno empleo, bienestar, calidad de educación y de vida de los más pobres, y viceversa. Es ridícula y trágica aquella prédica de las altas esferas "revolucionarias" de que les irá bien a los pobres si les va mal a los empresarios y profesionales, y viceversa. Si queremos un futuro bueno para "nosotros" debemos quererlo para "nos-otros".

Solidaridad por amor y por temor. Deseamos bienes que ningún "yo" puede conseguir sino sólo "nosotros".

También esto es cierto para la convivencia entre naciones, para el cuido del hábitat y para la colaboración internacional. Todavía el miedo lleva a la humanidad al absurdo de gastar muchos miles de millones en armas que nunca se van a utilizar, pero el miedo más inteligente puede llevar al desarme: algún día el miedo y el amor se darán la mano con la inteligencia para destinar a escuelas y centros de salud el presupuesto de tanques y bombas.

La razón instrumental humana es muy prodigiosa, pero marcha ciega hacia la autodestrucción si el temor y el amor no se dan la mano para llevarla hacia el bien común de todos. Por las malas no hay Venezuela vivible ni desarrollo humano posible. El instinto de conservación nos hace ver que si no hay vida digna para los otros, tampoco la habrá para mí.

La ética que busca el bien del otro es rentable y produce ganancias, aunque a la corta parezca carga pesada, mientras que la tan celebrada "viveza" cortoplacista es suicida a mediano plazo. Lo que queremos y necesitamos no hay que quitarlo a los que ya lo tienen, sino producirlo en alianza entre ambos.

Ilustración: Jorge Oteiza, Paseo Nuevo

viernes, 19 de agosto de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO







- Luis Ugalde y la revolución capitalista. SIC, Caracas, nr. 373 de 04/75.
- La pequeña empresa en Venezuela. Debates IESA, Caracas, vol. V, nr. 1 de 07/99.
- Kim Fuad y el cierre de la información petrolera. SIC, nr. 421 de 01/80.
- Ramón Losada Aldana entrevistado por Andelle Yánez: "La miseria crece a ritmos alarmantes". Tribunal Popular, Caracas, 04/11/88.
- Miguel A. Rodríguez F. "El verdadero origen de la deuda". SIC, nr. 469 de 11/84.
- Amado Fuguet. "El convenio de refinciamiento (de la deuda externa), El Nacional, Caracas: I (05/04/86); II (06/04); III (07/04); IV (08/04); y V (09/04).
- Edgar Achong V. "El origen de la deuda externa". Estudios Sociales, ULA, Mérida, nrs. 1 y 2 de enero-diciembre /86.

Fotografía: Marzia Piazza. Momento, Caracas, nr. 719 del 26/04/70.

lunes, 28 de febrero de 2011

GRATIÑAN


EL NACIONAL - Jueves 24 de Febrero de 2011 Opinión/8
¿Universidad gratuita?
LUIS UGALDE

Es creciente y grave el empobrecimiento de la universidad venezolana. En términos reales, el sueldo universitario actual de la UCV no llega a la mitad de lo que correspondía a hace 45 años; tragedia para los universitarios competentes y dedicados, para la academia y para el país.

Hace cinco años Andreas Schleicher, responsable del Informe Educativo PISA para la Unión Europea, señalaba alarmado la desventaja europea ante Estados Unidos, porque este país invertía 16.764 euros al año por estudiante universitario y Europa sólo 7.544; 20.000 dólares frente a 10.000. Conclusión: hay que aumentar la inversión universitaria europea para elevar su competitividad y vida. En Venezuela, por el contrario, se acusa de lujosa y enemiga del pueblo a la universidad de pago oficial que invierte 4.000 ó 5.000 dólares al año por estudiante, y de explotadoras a las privadas que cobran 2.000 o 2.500 dólares. ¡Qué disparate! La buena universidad es cara y la inversión en ella debe ser estratégica para el desarrollo nacional.

Nuestra empobrecida universidad va hacia su abismo. ¿Cómo salvar su financiamiento duplicando los aportes a ella, cómo asegurar que nadie quede fuera por imposibilidad de pago, cómo administrarla mejor para duplicar su rendimiento y servir al país con más transparencia en investigación y en formación de jóvenes profesionales? La educación universitaria de cualquier país la pagan el Estado, los familiares de los beneficiados directos, las empresas y las fundaciones. En Venezuela cerca de 700.000 estudiantes (en carreras largas y cortas) pagan sus estudios en universidades privadas, lo que representa un inmenso aporte a la educación pública de aproximadamente 8,4 millardos de bolívares al año, tan grande casi como todo el gasto militar de 2010 que fue de 8,6 millardos.

Algunas urgencias indispensables:

1.- Eliminar el tabú de que en una universidad de financiamiento oficial es delito recibir financiamiento complementario y superar el bloqueo al financiamiento oficial parcial a estudiantes de bajos recursos que estudian en universidades privadas.

2.- Organizar para no menos de 400.000 estudiantes al año (cerca de 20% del total de estudiantes) un muy amplio sistema de crédito educativo mixto, con fondos públicos y banca, con la filosofía de "estudie hoy y pague mañana".

La total "gratuidad" es insostenible, injusta y vergonzosa. Increíble, pero cierto, que en 2004 de los 101.284 que se graduaron en educación superior, 53.056 lo hicieron en las privadas, sin ningún apoyo del presupuesto nacional, mientras que a los otros 48.228 se les pagó íntegramente la carrera. Muchos de aquellos eran más necesitados que muchos de estos.

Son las injusticias de la ilusa universidad "gratuita".

3.- Eliminar el empobrecimiento causado por un sistema que jubila universitarios (y militares, magistrados, altos funcionarios...) desde antes de los 50 años, mientras los países ricos están obligados a subir a 67 años o más la edad de jubilación. Además, en Venezuela el que se jubila continúa en nómina, y en muchas facultades los jubilados pesan ya tanto como los activos. Al jubilarse a la mejor edad de producción intelectual, la universidad los pierde y se empobrece, y en muchos casos son sustituidos por personal convencional. Problema grave de solución delicada para no hacer injusticia a los jubilados. Es insoluble para cada universidad y requiere con urgencia una política de Estado que libere a las universidades de esos pasivos laborales, con absoluta garantía para los jubilados con sus derechos adquiridos y merecidos. Para eso son los ingresos petroleros extraordinarios, para sanear y garantizar los pasivos de las jubilaciones con efectos tan perversos.

4.- La Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación, Locti, logró un gran aporte empresarial que arrancó bien con este Gobierno. Ahora está secuestrada. Siempre hay abusos que evaluar y corregir, pero es grave matar la idea apropiándose desde el Gobierno de los dineros para la ciencia "socialista", dejando fuera a la empresa y a la universidad receptora.

5.- Una política fiscal que estimule el aporte de la sociedad a las universidades, incluido el cobro parcial a aquellos cuyas familias puedan pagar.

6.- Nada de eso es posible sin sincerar las realidades, sin transparencia en el uso del dinero, y mayor productividad y movilidad en el personal universitario.

viernes, 28 de enero de 2011

no (es)


EL NACIONAL - Jueves 27 de Enero de 2011 Opinión/8
El no de la Iglesia
LUIS UGALDE


En la historia del cristianismo hay momentos brillantes y heroicos en los que la Iglesia se planta ante el poder abusivo y dice "no podemos callar", "tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres". También hay silencios vergonzosos, fruto de oportunismos. La verdad los hará libres, dice Jesús, pero no cómodos para las dictaduras que la acallan o asesinan, como lo hicieron con los obispos Romero, Gerardi y Angelelli en nuestra América reciente.

La Conferencia Episcopal Venezolana hace pocos días pronunció una de esas palabras libres y cruciales que marcan la historia y sacuden las conciencias. Nuestra Iglesia dijo: Venezuela no puede seguir como va y el Gobierno no debe implantar una dictadura. Dio un no rotundo a las violaciones de derechos humanos y de la Constitución, que el régimen aceleró precipitadamente con las 25 leyes y medidas de diciembre, tratando de ganar la carrera al amanecer de una Asamblea Nacional más plural. Leyes que "incorporan propuestas de la reforma de la Constitución que fueron rechazadas por el pueblo en el referéndum del 2 de diciembre de 2007", las así llamadas "leyes del poder popular" disfrazadas de comunas, confieren todo el poder al Presidente, contradicen la Constitución y "crean unas estructuras nuevas, con un contenido ideológico excluyente, centralizador y presidencialista".

Estas leyes y la otra veintena configuran "una gravísima situación política, pues con ellas se pretende imponer a los venezolanos un sistema socialista estatizante y totalitario que amplía el círculo de la pobreza y agudiza la dependencia del pueblo respecto al poder central".

Buscan concentrar el poder y hacerlo irreversible, más que resolver los problemas reales: "La situación de Venezuela es ya muy grave por el auge incesante de la inseguridad y de la violencia que impera especialmente en las grandes ciudades y en las zonas fronterizas; por la contracción económica y el progresivo endeudamiento del país; por el inmenso déficit de viviendas y los problemas de vialidad; por el encarecimiento continuo del costo de la vida que afecta especialmente a los más pobres, y los problemas de suministro de alimentos; por la inhumana situación en las cárceles y la deficiente administración de justicia, caracterizada por el retardo procesal de la mayoría de los juicios".

Realidades a la vista, difíciles de negar.

Pero los obispos no se limitan a decir no, y pronuncian un sí rotundo en puntos que todos los demócratas sienten como suyos: "Hacemos un respetuoso pero apremiante llamado al Gobierno nacional y a los dirigentes del partido de gobierno a que tomen conciencia de la peligrosa situación que están generando y de la gravísima responsabilidad que tienen ante Dios y ante el país".

"A los otros actores políticos los convocamos a trabajar firme y democráticamente en defensa de los derechos ciudadanos descartando cualquier tentación de fuerza. A los líderes del Gobierno y de la oposición los llamamos a la sensatez y a la reflexión, al diálogo verdadero y a promover el encuentro y la unidad entre todos los venezolanos"; y apelan también a la responsabilidad de "los otros actores sociales, empresariales, laborales, culturales y comunicadores sociales". Sólo entre todos podemos salir de este grave laberinto y construir una "nación libre, soberana e independiente, fundamentados en el respeto de la dignidad y en la vocación a la libertad de toda persona", único modo digno de celebrar el bicentenario de la Independencia.

Urge que el Ejecutivo tome medidas de fondo para atender la emergencia de los damnificados, pero sin usarlos como escudo para convertirse en legislador frente al Poder Legislativo elegido. En 11 años se han dejado de construir más de 1 millón de viviendas entre remodelación de barrios y nuevas casas.

Ninguno de estos puntos se resuelve con el teatro presidencial presentado en la Asamblea Nacional. Vimos en escena espectaculares volteretas y hasta un beso enamorado de Marx a la propiedad privada. La situación es muy seria y grave para reírse. Ojalá que ahora el Presidente, de verdad y no en las tablas teatrales, cambie su modo de gobernar, su modelo de país, revise leyes y decisiones anticonstitucionales y abra un camino de esperanza democrática para los venezolanos.

Ilustración: Zapata (El Nacional, Caracas, 27/01/11)

jueves, 30 de diciembre de 2010

doce años o campanadas


EL NACIONAL - Jueves 30 de Diciembre de 2010 Opinión/7
Doce años y dictadura
LUIS UGALDE

Doce son muchos años para un gobierno. En diciembre de 1998 Chávez ganó la Presidencia. Triunfo esperable a la luz del desastre de los últimos gobiernos y la muy lamentable campaña de los partidos tradicionales; pero el buen médico no es el que más denuncia y rechaza la enfermedad, sino el que sabe curar. A la luz de los lugares comunes de los golpistas y de una izquierda trasnochada incapaz de entender las razones de la caída del Muro de Berlín, tres meses antes del triunfo electoral chavista afirmamos en el artículo "El gobierno de Chávez" (El Universal, septiembre, 1998) que íbamos hacia "una especie de suicidio colectivo". En los partidos tradicionales el panorama no era mejor.

Lamentablemente, la realidad ha sido mucho peor que nuestro temor. Incapaces de aprender de sus errores y corregirse, finalmente se quitaron la máscara: aceleran la implantación de lo que Raúl Castro llama "precipicio" sobre el abismo: "O rectificamos o nos hundimos", dice reconociendo errores graves que ­según él­ son "consecuencia del excesivo enfoque paternalista, idealista e igualitarista que instituyó la revolución en aras de la justicia social". Lo mismo que se quiere aquí, presentando como paraíso de la felicidad el precipicio que lleva al abismo. Modelo malo para la gente, pero con ilusión para perpetuarse en el poder.

En Venezuela la primera esperanza se volvió cenizas tras doce años de promesas sin realidades. La inflación desatada, la actividad productiva en descenso, la corrupción desbordante y descarada, la inepta gestión gubernamental, la inseguridad y el crimen sin freno, la persecución y obstáculos contra lo que no sea el partido único y su gobierno; ya no hay propaganda que oculte el desastre.

Doce son los años de la democracia venezolana entre 1958 a 1970 cuando en el Gobierno se sucedieron cinco presidentes, Larrazábal, Sanabria, Betancourt, Leoni y Caldera. Distintos y discutibles, pero todos hilvanando el mismo tejido de la democracia pudieron lo nunca conocido en Venezuela en siglo y medio tras la Independencia.

Con el precio del petróleo a menos de 10% del actual y sin IVA se alfabetizó como nunca, se multiplicaron las escuelas, los servicios de salud la seguridad social pública, las universidades abrieron sus puertas a la gente sin recursos, se desarrollaron las industrias básicas, las empresas para la sustitución de importaciones, creció el empleo urbano y se aceleró la construcción de viviendas baratas con el Banco Obrero y Vivienda Rural, también la reforma agraria, la electricidad y la vialidad rural llegaron a las aldeas. Todo con inflación muy baja y alto crecimiento sostenido, a pesar de la crisis de 1959-61. La corrupción no era ni la sombra de la actual y los gobiernos que perdían elecciones entregaban el poder a los opositores.

Ciertamente, en 1998 reinaba la indignación y debido a la ruina e irresponsabilidad de las élites, triunfó la esperanza de la mayoría. Los pobres se sintieron de nuevo en el centro de la política y del afecto del Presidente, cosa importante y prometedora. Pero lejos de gobernar se proclamó la "revolución" palabrera y el núcleo dictatorial de su fracasado golpe militar se reforzó con la "dictadura del proletariado", es decir dictadura del partido y de su caudillo único. Este híbrido de imposición militar y de estatismo de partido único sin división de poderes del Estado no puede llevar sino al "precipicio" anunciado por Raúl Castro.

La nocturna aprobación decembrina de una veintena de leyes anticonstitucionales no ha hecho sino poner al descubierto las cartas dictatoriales ya conocidas. Habilitar al Presidente hasta el año 2012 para que la Asamblea Nacional no pueda legislar es claramente ilegítimo y va contra la vigente Constitución bolivariana y los derechos humanos fundamentales. Los demócratas, que representamos más de 80% de venezolanos (chavistas y no chavistas), tenemos la difícil tarea de seguir defendiendo la Constitución democrática y no reconocer las leyes que la violan. No queremos un gobierno inepto y dictatorial empeñado en arrojar al país por el precipicio cubano. Nos espera un año muy duro, pero la creatividad de los demócratas con coraje deberá encontrar caminos de vida y de nueva esperanza que a gritos pide el país.

jueves, 21 de octubre de 2010

pobreza pais pobre


EL NACIONAL - Jueves 21 de Octubre de 2010 Nación
Salir de la pobreza
"La prosperidad de un pueblo no consiste en la cantidad de oro que posee, sino en el número de talentos y de brazos que emplea con utilidad" (Juan Germán Roscio. El triunfo de la libertad sobre el despotismo)
LUIS UGALDE

Me resulta preocupante la resignación en el Gobierno y la distracción en la oposición acerca de la decisión más urgente y estratégica: que los pobres salgan de su pobreza y que nuestro pobre país, que es hoy Venezuela, decididamente produzca su prosperidad.

Tenemos todos los factores a mano, menos la decidida voluntad y la visión para hacerlo.

No es aceptable que 60% de los venezolanos estén condenados al trabajo precario o al desempleo, que los servicios públicos de salud, educación, viviendahábitat, seguridad y basura, entre otros, sean de tercera categoría; que cada vez seamos menos productores y hagamos cola en los puertos esperando la comida, que es empleo fuera y limosna dentro. Proyectamos una imagen mundial de pobres regalones mareados con la lotería petrolera.

El Gobierno busca perpetuarse y blindarse contra el cambio, para lo cual es necesaria la permanencia de los pobres.

Para muchos el interés por los pobres no pasa de las encuestas que miden si todavía están con Chávez o no.

La salida de la pobreza se dará cuando un gran reto y visión de país convoque y movilice a todas las fuerzas para lograr que la educación, el trabajo, los servicios públicos, las empresas y su calidad competitiva internacional, dejen de ser pobres y vergonzantes.

Hay que declarar la guerra total a la pobreza y cercarla, como se hizo con el paludismo, el analfabetismo o con la falta de electricidad. Los actores principales son los propios pobres, transformando sus valores y culturas productivas.

La sociedad debe brindarles oportunidades novedosas, para lo cual se tienen que dar la mano una férrea voluntad, un plan ambicioso y una convocatoria nacional, que incluya al Gobierno y a la sociedad civil, a los partidos políticos y a las empresas. Un formidable plan de inversiones públicas y privadas, nacionales e internacionales que tense nuestra creatividad y convierta a Venezuela en foco de atracción, al tiempo que se controlan los capitales especulativos que no dejan nada duradero. ¿Nuestro orgullo nacional? Los pobres convirtiéndose en productores y ciudadanos.

En educación necesitamos un plan integral (no es difícil hacerlo), que simplemente tome en serio lo que dice la Constitución. Todo joven hasta los 18 años de edad debe ingresar en escuela de calidad en la que se prepare para la vida y para transformar el país; debe haber inversiones estatales y mixtas para construir más de 5.000 escuelas nuevas, una movilización en las universidades para formar 100.000 nuevos educadores para esas escuelas, formación acelerada en gestión escolar para miles de directores, dotación escolar con tecnología moderna en todos los centros y una verdadera revolución en el currículo, con mirada global, menos romanticismo de guerras campesinas y más formación de ciudadanos responsables con valores solidarios. Al mismo tiempo, tomando en cuenta los 13 millones de trabajadores de hoy y los 15 millones de mañana, una movilización para capacitar y actualizar en los oficios y sembrar emprendimiento competente.

Nadie puede sacar al pobre de su minusvalía sino él mismo; pero no lo puede hacer solo sino con alianzas que fortalezcan sus capacidades y transformen su educación escolar y la permanente. Las universidades se transformarán el día en que estén menos ensimismadas luchando por su supervivencia y se sientan bienvenidas a esta alianza y transferencia de saberes con los pobres contra el atraso y la pobreza.

El consenso y el acuerdo nacional contra la pobreza es hoy la manera más positiva de celebrar la nueva independencia nacional en el bicentenario de la primera. Me temo que los desfiles oficiales del 5 de julio se limiten a recordar glorias y celebrar batallas, pero estará ausente esta actual guerra humanitaria: salir de la pobreza. Para lograrlo, debemos tomar en serio lo que muy bien expresó Juan Germán Roscio: la prosperidad no consiste en la cantidad de petróleo, minerales y recursos naturales, sino en que la gran mayoría de los talentos y brazos estén activos en la construcción de vida digna para todos; los pobres transformados en ciudadanos y productores de primera.

Fotografía: William Dumont

viernes, 13 de agosto de 2010

marxismo-mandrakismo


EL NACIONAL - JUEVES 12 DE AGOSTO DE 2010 OPINIÓN/
¿Comunismo capitalista?
LUIS UGALDE

Hay regímenes comunistas de economía capitalista, no porque todavía no han logrado eliminarla, sino porque la promueven con todas sus fuerzas desde el Estado. China va delante y por ahí viene Vietnam. A raíz de nuestro artículo "¿Capitalismo antihumano?" y nuestras declaraciones sobre la inutilidad de las palabras "capitalismo" o "socialismo" para definir sociedades o encrucijadas de caminos, nos preguntan si capitalismo y socialismo no son claramente contradictorios. Respondemos: una cosa es la economía y otra más amplia la sociedad, que incluye instituciones y valores de la política y de las relaciones sociales. La economía lo condiciona todo, pero no lo determina y hay muy diversas combinaciones del capitalismo con los modelos sociales y políticos. Hoy toda economía exitosa es capitalista. Los intentos comunistas de construir economías anticapitalistas fracasaron y sus hijos refuerzan el capitalismo económico para lograr crecimiento y desarrollo. Éste convive con una variedad de sociedades muy distintas e incluso contrapuestas: el capitalismo chileno prácticamente es el mismo con el dictador Pinochet y con la socialista Bachelet. Sin embargo, aquella sociedad chilena y ésta son contrapuestas porque la gente y las instituciones políticas y sociales enfrentaron la dictadura con valores democráticos. Arabia Saudita, Noruega, España y China son economías capitalistas, pero sociedades contrastantes en lo político y en lo social. Si Arabia Saudita, de monarquía hereditaria e islamismo obligatorio, con consagradas divisiones sociales, rígidas barreras para las mujeres y sin democracia, quisiera implantar el modelo democrático y social noruego, necesitaría una revolución muy profunda, aun sin salir del capitalismo económico. En este cuadro quedan a la orilla de la marcha histórica sociedades como Cuba y Corea del Norte, en las que un omnipotente señor con total control del poder decide la "felicidad" de los súbditos. Con economía estatista, sin libertad de opinión, ni libre iniciativa, ni mercado, todo lo controla un único partido, con pensamiento, escuela, información, producción y creencia única... El año 1967, lleno de curiosidad atravesé por primera vez los controles del Muro de Berlín. En la gris ciudad comunista vi varios edificios oficiales y alguna fábrica con un gran letrero en lo alto: "El futuro nos pertenece". Igual que hoy en Venezuela: ante la inminencia del irremediable hundimiento del capitalismo mundial, se nos promete que aquí florecerán los fundos zamoranos con amor, las comunas sin ganancia, las empresas colectivas con su cosecha de felicidad. ¡Quien quiera creer que crea! ¡Quien quiera ver los resultados que vea! Marx decía que el Estado burgués debía ser destruido por el Estado proletario y desde éste acabar con las instituciones, valores y propiedad, burguesas. Pero el socialismo cabalgaría hegelianamente sobre el caballo prestado del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas. Los venezolanos no estamos en una sociedad socialista, apenas en un sermón comunista (aunque ocultando esta palabra). Avanza el esfuerzo para destruir la economía capitalista y espantar las inversiones (en todo menos en el petróleo, es decir, en todo menos en todo) y vamos hacia el desastre, la inflación y el desabastecimiento sin productividad; pero no se han cosechado éxitos en la construcción de la alternativa economía estatista propia de los regímenes comunistas reales. Cuando las sociedades de economías capitalistas son guiadas por sólidos principios democráticos, respeto absoluto a los derechos individuales de cada persona, Constitución con principios de solidaridad y oportunidades para toda la sociedad y la siembra de valores, tenemos una democracia social. Con problemas pero con instituciones democráticas para resolverlos con valores humanos de solidaridad, tolerancia y cuidado del otro; también de la tierra y del hábitat que nos acoge y debe ser defendido de una economía salvaje y sin principios ni normas. ¿Comunismo capitalista? ¿Comunismo colectivista? ¿Comunismo de sobrevivencia sin acumulación, ni revolución de las fuerzas productivas? No, gracias: los mesías Stalin, Mao y Castro demostraron que tras sus ilusiones y costos humanos sólo queda un régimen cruel de atraso y de opresión.

lunes, 26 de julio de 2010

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EL NACIONAL - Viernes 16 de Julio de 2010 Opinión/6
En nombre de Jesucristo
En este momento, Venezuela necesita como nunca obispos y sacerdotes que acompañen a los perseguidos
LUIS UGALDE

La naciente comunidad cristiana, hace 2.000 años, con audacia y libertad de espíritu, salió a proclamar que su jefe, recién ejecutado como malhechor, había sido resucitado por Dios y puesto como Salvador de todos. Como era de esperar, las autoridades de Jerusalén los pusieron presos y luego los soltaron con la prohibición de seguir hablando del Crucificado. Ellos respondieron "juzguen ustedes mismos si hay que obedecer más a los hombres que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído" (Hechos Apóst. 4,19). Sin esa disposición espiritual, la Iglesia no es nada.

Jesús no era líder político, era el rostro humano y la Palabra liberadora del amor de Dios, que derribó las barreras que rechazaban a los leprosos, a los pecadores, a los herejes samaritanos y a los impuros... Dios no es barrera ni rechazo. Jesús, de hecho y de palabra, denunció la pretensión de entronizar el dinero en lugar de Dios, aunque siempre reconoció la necesidad de recursos para vivir. Reprendió en sus discípulos la tentación del poder que oprime a los demás, como lo hacen ­dice­ los tiranos de la tierra que tratan a sus pueblos como esclavos. Les enseñó la importancia del poder para servir, como lo hace el Hijo del Hombre que vino a servir hasta dar la vida. Nosotros en nombre de Jesucristo nada distinto podemos hacer ni enseñar; de lo contrario, seríamos farsantes.

Recientemente, el cardenal Urosa habló para "denunciar el peligro que cierne sobre nuestra querida Patria": "Sin presión de ningún sector, y sin que nadie me mande a decir nada, sino obedeciendo sólo a la voz de mi conciencia como venezolano y arzobispo de Caracas". Bien por el Cardenal: él sabía que la denuncia del mal uso del dinero y del poder iba a generar reacciones duras, pero su conciencia le decía: "Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído"; como en la primera Iglesia.

El día del bautismo nos ungieron para que cada cristiano sea con Cristo "sacerdote, profeta y rey".

Sacerdote. Cristo, nuestro sumo sacerdote, "no es insensible a nuestra debilidad, ya que, como nosotros, ha sido probado en todo, excepto el pecado" (Hebreos 4,15), y la Palabra de Dios "es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos" (Hebreos 4,12).

En este momento, Venezuela necesita como nunca obispos y sacerdotes que acompañen a los perseguidos y compartan el sufrimiento de su pueblo en sus carencias y frustraciones por promesas incumplidas.

Sanar las heridas y avivar la esperanza de una sociedad libre, con vida digna y con oportunidades, con capacidad de reconocer al otro y construir la paz juntos.

Profeta. Hace 2.700 años vivió el profeta judío Jeremías.

Muy joven, movido del Espíritu, empezó a decir verdades exigentes. Como consecuencia, lo cuestionaron sus familiares, lo evitaron sus amigos y lo persiguieron las autoridades políticas.


Jeremías entró en crisis y peleó con Dios. En su desesperación, maldijo su nacimiento: "¡Maldito el día en que nací!..." (Jeremías 20,1418), y decidió no volver a dar la palabra, a hablar a su fuego interior. Pero Dios lo volvió a seducir y él retomó su voz profética porque sentía su Palabra dentro: "Como fuego ardiente encerrado en mis huesos, hacía esfuerzos por contenerla y no podía" (Jer. 20,9). Murió asesinado.

En nuestros tiempos dictatoriales, en la Iglesia han brillado grandes profetas-obispos, como el cardenal Silva Henríquez en Chile, Helder Cámara en Brasil, Angelelli en Argentina, Gerardi en Guatemala, Romero en El Salvador... Los tres últimos asesinados por los dictadores de su país.

Rey. Jesús es rey, pero no ­le corrige a Pilatos­ como los reyes mundanos que usan el poder para oprimir, sino con el Amor de servicio que da vida al Reino de Dios, que es de paz, justicia y amor.

Gracias, cardenal Urosa. Usted no inventó eso de que nos quieren llevar al mar de la felicidad comunista de Cuba; todos lo oímos antes. Pero en el propio Partido Comunista cubano se reconoce la miseria, la opresión y la desesperanza, a causa de un modelo totalitario impuesto con la promesa de que era el camino al Paraíso en la tierra. En Venezuela estamos a tiempo para evitarlo con responsabilidad de todos. Nos corresponde a la gente de la Iglesia, obispos, sacerdotes, laicos, hablar y actuar con el Espíritu de Jesucristo para denunciar, consolar y construir.

Ilustración: http://www.intergaleria.es/images/obras/141/oleos/Cristo-actualizado---op.jpg&imgrefurl