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sábado, 1 de agosto de 2015

LATIDOS

EL IMPULSO, Caracas, 31 de julio de 2015
Ciudades vivientes
Claudio Beuvrin

Los arquitectos, por deformación profesional, solemos ver a las arquitecturas y las ciudades como objetos que pueden ser analizados racionalmente, esto no es condenable por se, pues es inevitable en la práctica profesional
Una visión exclusivamente técnica convierte a la ciudad en un objeto congelado,vacío como ruinas de las que solo vemos formas, dejando de ver lo más significativo: como la gente vive en ellas, como las usa; lo que las ciudades y la arquitecturas le hacen a la gente y como estas reaccionan modificando la ciudad. Si el profesional no es capaz de ver esta dinámica simplemente no entenderá a la ciudad, y tampoco entenderá mucho de la gente. De aquí la importancia de saber acerca de las muchas cosas que las escuelas de arquitectura y urbanismo no difunden porque simplemente el tiempo no alcanza para divulgar todos los conocimientos que se requieren.
Por supuesto, sociología, economía, historia, etc. son lecturas obligantes para entender las ciudades. Desde Jane Jacobs a Jan Gehl la ciudad moderna ha sido descrita como la contradicción entre lo que los arquitectos y urbanistas suponen como debe funcionar y como ella funciona realmente y podría citar muchos autores que andan en esa tendencia. Pero hay otras maneras de complementar nuestro entendimiento de lo que es la ciudad: desde la literatura, la crónica y la poesía.
Las ciudades venezolanas tienen sus ángeles guardianes en personas como Marco Negrón, Federico Vegas, William Niño, Rafael Cartay y quedan muchos por citar. Uno de estos ángeles guardianes es Rubén Monasterios y sus "Caraqueñerias”, publicado en el 2003 pero que solo ahora logré comprar. Rubén hace precisamente lo que ayuda a entender a la gente en la ciudad: habla de los monumentos errantes; de los nombres de sus esquinas; de lo que comen los caraqueños. Nos habla de sus muchachas y de como antes se utilizaban las ventanas para el coqueteo amoroso pero también como se aliviaban en las áreas públicas las emergencias eróticas siempre a riesgo de ser descubiertos por la autoridad. Nos habla también de sus fantasmas, personajes que –añado yo- desaparecieron de la ciudad para refugiarse en las listas de votación del CNE. Hay que leer de Ítalo Calvino, Las Ciudades Invisibles, del que recomiendo la nota preliminar en la cual dejar ver qué difícil es captar la ciudad y describirla adecuadamente.
Si estuviera a mi alcance, propondría que en las escuelas de arquitectura, antes de entrar en materias técnicas, los estudiantes pasen un año aprendiendo a ver cómo la gente usa las arquitecturas y las ciudades. No faltará quien diga que perdemos un año para el pensum pero ganaríamos varios años de sabiduría.

jueves, 8 de enero de 2015

¿PRETERINTENCIONAL?

EL IMPULSO, Barquisimeto, 2 de enero de 2015
¿Urbanicidas?
Claudio Beuvrin

Una consecuencia de la  inseguridad es la tendencia a abandonar las calles ya encerrarse enurbanizaciones, en clubes privados y centros comerciales, perdiéndose con ello una característica fundamental de las ciudades: que sus calles y plazas sean lugares donde gente de distintas características y condiciones se hagan presentes sin temerse unos de otros.
El fenómeno, muy común entre la población de altos recursos, ahora ocurre también entre las pobres pues siempre hay alguien más pobre al cual hay que temer y del cual hay que protegerse.
El fenómeno se ha extendido tanto que ya no se trata del cierre de las calles de pequeñas partes de la ciudad sino de grandes complejos. En Argentina está el Nordelta, una ciudad planificada para familias de alto ingreso donde viven unas 30.000 personas y que se prevé que puede llegar a 100.000 habitantes. Tiene estrictos controles de entrada, muros perimetrales, vigilantes privados, cámaras de seguridad, servicios de emergencia, centros comerciales, estaciones de servicios, hospital, hotel, campos deportivos, colegios, aeropuerto, centros culturales, etc. Nordelta está gobernada como una sociedad cuyos accionistas son los propietarios de las casas. No tienen alcalde sino gerente y no hay concejales, sino junta directiva y tampoco hay manifestaciones políticas ni enfrentamientos en las calles.
Se trata, sin duda, que la materialización, en el siglo 21, de alguna utopía del renacimiento: todos más o menos iguales y de conducta muy reglamentada.En ella no hay pobres, no hay recoge latas, mendigos, borrachos ni perros realengos. El crimen ocurre muy raramente. Esto suena muy bueno, pero tiene su lado oscuro: el desinterés de sus residentes por lo que ocurre afuera de su ámbito.
El tema tiene aspectos importantes para reflexionar. Uno de ellos tiene que ver con el derecho que todos tenemos a la seguridad, derecho que en teoría debería ser garantizado por el Estado, pero no lo hace. En Venezuela, es común el pugilato entre comunidades que levantan barreras y los alcaldes que las derriban porque impiden el derecho a la libre circulación en las calles, lo cual es cierto, pero los alcaldes suelen hacer poco o nada para mejorar la seguridad de todos. Al final ganan los vecinos, aunque los delincuentes siempre encuentran la manera de penetrar y robar.
A quienes construyen estas ciudadelas se los acusa de matar la diversidad y la coexistencia propias de las ciudades. Pero está acusación invierte las relaciones entre causas y efectos: urbanicidas son las groseras diferencias de ingresos, la cultura de la violencia y el odio de clases.
Urbanicida es el sistema económico, político y social incapaz de disminuir las desigualdades y educar en la convivencia ciudadana. Hay países donde no existen guetos cerrados pues las diferencias sociales y económicas son pequeñas y hay una cultura básica de tolerancia y convivencia, haciendo del crimen un fenómeno más bien raro.

jueves, 25 de diciembre de 2014

PATEAR Y PATINAR

EL IMPULSO, Barquisimeto, 28 de noviembre de 2014
La ciudad como tema - Aunque ud. no lo crea
Claudio Beuvrin

Los Estados Unidos es un gran país con muchos aspectos positivos, pero también muchos que son una vergüenza. Uno de ellos es la manera como algunas ciudades están enfrentando la presencia de indigentes, los sin techo que deambulan por las calles,a los que, aun siendo inofensivos, consideran como una molestia y una plaga inaceptable: la pobreza y la miseria de los "otros” siempre asusta y nos recuerdan que muchas cosas están fallando, pero preferimos no averiguar cómo esta gente llegó a ser indigentes.
Para invisibilizarlos, algunas ciudades, por ahora 22 de ellas, están aplicando la política de prohibir las ayudas que individuos y organizaciones de caridad quieran darles, aplicando cárcel y multas a quien no atienda las ordenanzas. Recordemos que la distribución de alimentos y los refugios temporales, son esenciales para llegar al día siguiente, especialmente en noches de invierno.
Los norteamericanos tradicionalmente exaltan el "Self made men”, el hombre que a pesar de sus dificultades y muy humildes orígenes supo sobreponerse y convertirse en hombres de bien, aunque no necesariamente rico. Esto, dentro de su visión religiosa, es una señal de haber sido bendecido por Dios. Al contrario, la condición de indigente es considerada como un castigo divino, consecuencia de no haber sabido aprovechar responsablemente las oportunidades que le dio la vida por borracho, vago o ladrón y, por lo tanto inmerecedor de conmiseración o de ayuda.
Como explicó un policía, si se quiere alejar a los perros callejeros, no se les da comida. Pero no se trata de perros sino de personas, muchas de ellas muy vulnerables y que no tienen la posibilidad real de sobreponerse a su condición por ser ancianos, enfermos, débiles mentales, o niños que no se están educando. Son muchos los que no se dan cuenta que el sistema económico, además de bienestar para mucha gente, también produce pobres y excluidos.
Hay más: pueden prohibir que se les de alimento y refugio, pero no pueden prohibir que vivan en las calles, pero les limitan el número de bienes que cargan consigo: una colchoneta, una manta y algo de ropa. Y con eso solo logran hacer a los miserables aún más miserables. A esos gobernantes bien pensantes no les interesa aliviar la indigencia pues sería como levantar el castigo que Dios les impuso.
Obviamente, muchísimas organizaciones, incluso de carácter religioso, están luchando por ayudar a los pobres y hay ciudades que les están ofreciendo alternativas interesantes. De estas ya nos ocuparemos mas adelante.
Dedico este artículo a Argenis Giménez, el "Loco de la Pancarta” quien sí sabe de patear calles, dormir al descubierto y sufrir discriminación y cuyas luchas lo muestran como una persona sensata y sensible.

domingo, 23 de noviembre de 2014

EXTRAVÍOS (1)

EL IMPULSO, Barquisimeto, 12 de octubre de 2012
La ciudad como tema
Claudio Beuvrin

Toda crítica es siempre una reflexión bien sustentada acerca del mundo tal cual es y que a veces, avanza hasta decir como debería ser o como nos gustaría que fuera. Así, la crítica de la ciudad pone en evidencia, sus bondades y limitaciones, preparando el terreno para alguna propuesta dirigida a superar sus carencias. La reflexión es necesaria dado que habitamos, trabajamos, circulamos, consumimos, nos educamos y nos recreamos dentro de la ciudad y lo hacemos con grandes limitaciones de las que nos damos cuenta pero que con harta frecuencia terminamos por aceptarlas como inevitables, olvidando que la ciudad no es inmutable o que inevitablemente evoluciona para peor. La critica contribuye a despertar y juntar voces que, convertidas en corrientes de opinión, hacen posible el debate acerca de la necesidad de cambios en una u otra dirección y esto es un hecho profundamente democrático. Aceptémoslo: la ciudad cambia lentamente: solemos caminar bajo un sol inclemente sin preguntarnos por qué las calles aun no están arborizadas. Sentamos a nuestros niños a ver televisión durante horas sin aceptando la ausencia de parques y centros de actividades dirigidas a una distancia peatonal de la casa. Nos atascamos en La Ribereña sabiendo que hay planes y recursos que algunos ciudadanos, por razones de cretinismo político, no quieren aprobar. Las familias que invaden para levantar un rancho se alegran porque eso representa una posibilidad de mejoría sin preguntarse si hay mejores opciones. Y así hay un sinfín de temas y problemas que bien podrían resolverse si hubiera suficiente conciencia y presión política. Y mientras más presión, más breve el tiempo para lograr las soluciones. El critico no puede ignorar que la ciudad, sus habitantes y él mismo, están inmersos en un sistema de contradicciones y situaciones políticas, económicas, sociales, estéticas, ideológicas, etc. que explican al objeto criticado, el comportamiento y expectativas de los citadinos y las respuestas de las instituciones urbanísticas a las crisis que día a día se van presentando. La crítica puede ayudar a develar ese sistema de contradicciones y hacer que otros tomen conciencia de su existencia y rompan los nudos gordianos que impiden el progreso urbanístico y, por ende, social. La crítica urbanística siempre ha existido, pero refugiada en los círculos académicos y en la prensa especializada como parte normal y bien establecida, de la formación de arquitectos y urbanistas. Todos ellos salen a la vida profesional con alguna capacidad de crítica y autocritica y se espera que la utilicen en su ejercicio profesional, lo que no siempre se muestra en las obras que diseñan o en las decisiones que toman. Pero esto está cambiando y pongo por ejemplo el zafarrancho que armó la opinión publica cuando Chávez, trasmutado en urbanista y tras un vuelo rasante sobre la ciudad decide, sin consultar con nadie, que los galpones de la Polar no deben estar en la avenida Libertador. De inmediato la alcalde y los profesionales de la OMPU, atendiendo sumisamente el dictado del dictador, corrieron presurosos a darle el si de las niñas. Pero la ciudad se les opuso y de alguna manera lograron detener el despropósito que no obedecía a otra razón que perjudicar a la Polar. Cuando una comunidad cierra una autopista reclamando la falta de agua, los apagones o el asesinato de los vecinos, está, en la práctica y sin teoría, haciendo una crítica urbanística contundente, haciendo visible las insuficiencias de la ciudad. Los medios reseñan y publican declaraciones de asuntos que deben atenderse o denuncian perversiones en el ordenamiento urbano. Hay también articulistas y arquitectos que continuamente se ocupan de la ciudad: Marco Negrón, Federico Vegas, Oscar Tenreiro, Fernando Travieso, Fruto Vivas,Tulio Hernández, el fallecido Willian Niño Araque y seguro que dejamos a muchos por fuera. La internet es una herramienta esencial para divulgar el pensamiento crítico y en Venezuela tenemos blogs notables por su calidad. Está por ejemplo, www.pensarenvenezuela.org.ve donde se recogen los artículos de Marco Negrón. Está mejorciudad.wordpress.com, blog dirigido por Rafael Osio Cabrices y si prefiere una visión marxista puede entrar al larissaslibe.blogspot.com. Por supuesto, no pueden dejar de citarse, organizaciones locales como Espacios para la Vida, excelente organizadora de conferencias sobre la ciudad y promotora de acciones especificas. Esta también Lara Movimiento de Arquitectura que reúne un grupo de jóvenes arquitectos llenos de inquietudes por su ciudad. Y por supuesto, está el diario EL IMPULSO y la Fundación Juan Carmona, donde siempre hay un espacio disponible para la necesaria critica urbanística.

Ilustració: Jacek Yerka.

domingo, 5 de octubre de 2014

CIUDAD A LA MANO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 26 de septiembre de 2014
La ciudad como tema - Arquitectura y poesía
Claudio Beuvrin

Hay profesiones cuyos tareas sólo pueden ser comprendidas en términos muy técnicos. Me refiero a la física, las matemáticas, la ingeniería, la química, etc. Otras profesiones pueden recurrir, sin riesgo de extraviarse, al uso de lenguajes poéticos, no sólo sin perder precisión, sino incluso ganándola, como es el caso de todas las disciplinas artísticas. Y también hay profesiones tensadas entre la expresión técnica y la poética, entre la dura objetividad y la expresión de subjetividades que tal vez no dicen nada, pero comunican mucho. Una de ellas es la arquitectura: es muy técnica. Sin técnica no hay arquitectura, pero con la sola técnica no hay arquitectura. La arquitectura se presta a ser explicada recurriendo a un lenguaje poético que somete y arropa a la técnica. Por ejemplo, en la Flor de Venezuela, obra de Fruto Vivas, no está claro si se trata de poesía o de un alarde tecnológico por la complejidad mecánica de los pétalos de la flor. Pero al verla, reconocemos la poesía, no la técnica. Otros ejemplos nos lo ofrece Santiago Calatrava cuya formación comenzó en una escuela de arte, especializándose en escultura, luego se recibió de arquitecto y más tarde de ingeniero civil. El resultado de esta combinación de saberes es que obras que podían ser resueltas recurriendo a las técnicas ya probadas y establecidas, fueron convertidas en obras de extraordinaria calidad, como son sus puentes. El maestro de todos nosotros, Carlos Raúl Villanueva, también fue un poeta de la forma, en este caso dentro del racionalismo de mediados del siglo pasado. Pero no solo son importantes las obras cargadas de poesía que han diseñado arquitectos muy talentosos. También están los arquitectos que se apoderan de las obras una vez terminadas: son los críticos que, al explicar el valor de una obra, ayudan al público a captar esos valores, recurriendo a un discurso poético, no técnico. Entre los arquitectos venezolanos que recurren a la crítica poética están Oscar Tenreiro, William Niño y Federico Vegas, quien tras una exitosa carrera como arquitecto, en la madurez renuncia a las mesas de dibujo para seguir su verdadera vocación, la de escritor. Pero Vegas no puede cancelar su íntima relación con su profesión e inevitablemente hace referencia a hechos arquitectónicos y urbanos, pero lo hace con la capacidad poética y critica propia de los escritores. Dueño de un lenguaje erudito y al mismo tiempo creativo, combina cultura profesional con la poética desvelando obras que de otra manera tal vez resulten desangeladas para el público no especialista. Su libro Ciudad Vagabunda fue recién publicado por Libros El Nacional. Leerlo es una delicia y nos reconcilia con la posibilidad de que, en algún futuro, nuestras ciudades estén llenas de poesía.

Fotografía: http://www.furiamag.com/hands-esculturas-de-manos-en-yeso-como-protesta-ante-la-crisis-en-espana/

sábado, 21 de diciembre de 2013

TEJIDO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 20 de diciembre de 2013
La ciudad como tema - Chinos y no tan chinos
Claudio Beuvrin

Yo creía que el asunto de la identidad nacional era un problema sentido profunda y sinceramente por nuestros gobernantes rojos rojitos, empeñados en borrar nuestras simpatías por todo lo que no sea estrictamente nacional y en particular por todo lo que provenga de los Estados Unidos pero parece que la cosa no es nada fácil pues ni siquiera los cubanos, tras más de cincuenta años de estricto control cultural han logrado cancelar la admiración y el apetito que ellos sienten por los productos típicos del capitalismo norteamericano. Claro que les dan sucedáneos, pero no es lo mismo: unaMcCastro no se parece a una McDonald ni la Cuba-cola es una Coca-Cola. Traigo esto a colación porque el anterior gobierno municipal aprobó para el centro de la ciudad la creación de un barrio chino, dada la abundante presencia de chinosy sus muchos comercios que hay en el centro de Barquisimeto. El asunto trajo la protesta de los comerciantes criollos argumentando queeso altera los elementos de la identidad urbana tradicional y porque ellos ya estaban ahí mucho antes que los chinos. Si esta iniciativa se lleva adelante prontoveremos como las fachadas del centro de la ciudad, deterioradas tras años de decadencia económica, se recubrirán de colores rojo y dorado, con dragones y lámparas propios de la cultura china: tendremos pues nuestro propio barrio chino, un ítem a añadir a nuestros recursos turísticos. El más famoso de los barrios chinos está en San Francisco, el Chinatown, un barrio que comenzó a formarse en 1840 a medida que el hambreempujaba a los chinos a emigrar a la costa oeste norteamericana. El barrio ayudó mucho a los emigrantes recién llegados a asentarse y adaptarse a su nueva situación. Barrios con una alta concentración de inmigrantes o de grupos sociales específicos los hay en todas partes. En Nueva York sigue existiendo la"Little Italy”, conformada hoy por los bisnietos de los italianos que llegaron en los primeros años del siglo pasado.Las morerías y las juderíasque existían en las ciudades españolas medievales son otros ejemplos. El tema de la identidad es tratado con mucha seriedad por sociólogos y politólogos que ven en la intolerancia a las diferencias una fuente de discriminación, conflictos, exclusión y guerras. Las personas muy nacionalistas rechazan–y agreden- cualquier cosa que ellos consideren que atentan contra los rasgos identitarios de su país o su región, sin darse cuenta que toda identidad está en constante evolución. La respuesta a los nacionalistas fanáticos es afirmar que lo democrático no es que todos seamos igualessino que todos seamos todo lo diferente que queramos y podamos ser.Recuerdo a un profesor radical de historia de la arquitectura que al referirse a las viviendas de los campos petroleros recalcaba mucho que esas edificaciones eran extrañas a la tradición arquitectónica nacional, lo cual es cierto, pero obviaba decir que esas viviendas aportaban enseñanzas extraordinarias mostrando como se adapta exitosamente a las duras condiciones climáticas, una lección que las petroleras habían aprendido de sus experiencias en la India y que nosotros no aprendimos y que nosotros no copiamos, desafortunadamente. Es curioso saber que en la propia China están creando ciudades a imitación delas europeas. Unade ellas esTianducheng, que incluye una Torre Eiffel, edificios con mansardas, plazas, paseos, fuentes, etc., similares a las existentes en Francia, Incluyendo estatuas y grupos escultóricos con mujeres desnudas, con traseros redondos, muy a la francesa, no a la china. Debo aclarar que no tengo nada contra los chinos, a los que considero tienen una virtud que es extraña a nuestra identidad nacional y que bien quisiera para nosotros: trabajan como unos chinos.  Y si ellos quieren dotarse de un escenario urbano que imite sus ciudades, para sentirse como en casa, pues no veo en ello ningún problema principista, a menos que ese barrio chino sea una evidencia del proceso de neocolonización que la boliburguesía ha pactado con el imperialismo chino a cambio de unos realitos. Nuestras ciudades están llenas de ranchos: ¿debemos dejarlos tal como están considerando que son parte esencial de la identidad nacional?
Ilustración: Dalia Ferreira.

FLOTAMIENTO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 13 de diciembre de 2013
La ciudad como tema - Poblamiento y despoblamiento
Claudio Beuvrin

Mientras las ciudades del tercer mundo son desbordadas por muchedumbres que invaden tierras para construir ranchos, en el primer mundo hay ciudades quesufren importantes despoblamientos y cientos de miles de viviendas en buen estado se deterioran por falta de ocupantes: sus habitantes las abandonan por empleos en otras ciudades. Estefenómeno es tan intenso que hay ciudades que en 50 años han reducido su población a la mitad, como es el caso de  Chicago y Detroit. El resultado es lapérdida de miles de millones de dólares invertidos en viviendas y equipamientos colectivos completos  como vialidad, escuelas, comercios, centros de salud, etc., más los gastos adicionales, también milmillonarios, requeridos para despejar esas áreas. El despoblamientopone en riesgo la viabilidad de toda la ciudad pero también esuna oportunidad para corregir la degradación ecológica existente tanto en lasciudades que expulsan población como para las que la reciben.Las primeras, al encogerse, hacen posibledevolver áreas urbanas a la naturaleza, reconvirtiendo en bosques, parques y áreas agrícolas lo queantes eran cemento y asfalto. Para las segundas es la oportunidad de crecer en poblaciónsin mayor expansión física, densificando los espacios que hoy tienen muy baja densidad,sin aumentar las distancias de transporte y haciendo viable el transporte público en detrimento del automóvil y sin aumentar los costos asociados tanto a la dispersión como a la congestión. En Europa este proceso de migración ocurre como un movimiento de adultos mayores que se retiran a la tranquilidad de pequeños centros rurales que han perdido población joven, pues las actividades agrícolas muy automatizadas requieren de mucho menos personal. Esos centros poblados son modernizados y reequipados recuperando las viejas casas campesinas sin aumentar la superficie urbanizada: así, mientras se repuebla el campo se ruralizan las periferias de las ciudades, aunque en Europa las periferias dispersas y de baja densidad nunca han sido un problema grave.Todo esto ayuda a un objetivo a largo plazo: aumentar la sustentabilidad del medio ambiente. El despoblamiento de esas ciudadeses una situación que nos puede ser útil. Por ejemplo, podemos aligerar Caracas,una ciudad muy densa y mal equipadaestimulando el empleo en ciudades más pequeñas y de baja densidad como Barquisimeto. Esto requiere una política nacional y de largo plazo de población y asentamientos urbanos orientada a descongestionar las grandes ciudades invirtiendo en empleos de calidad donde sea conveniente. Si la política se diseña y aplicasensatamente durante un tiempo suficientemente largo, por lo menos 50 años, es posible detener primero el crecimiento de la población de Caracas para luego dar paso a su despoblamiento y esto sin aplicar medidas coercitivas. Con una población disminuida en un 20-30% y ya estabilizada en un número razonable de habitantes, será posible eliminar losranchos de los cerrosconvirtiéndolos en parques,logrando una ciudad mucho más amigable. Esto no es utopía, es cuestión de sensatez y tiempo. Por desgracia, el país se mueve en otra dirección: estamos sufriendo un proceso de desindustrialización estimulado desde el gobierno central. En Guayana, por ignorancia, incompetencia y simple delirio ideológico.Sin alternativas reales de empleos, en Guayana o en otras partes, están empujando a la población a la miseria, la informalidad y el rancherío. La ranchificación en el país tiene más de 90 años en marcha, a un ritmo que ha  dependido de las circunstancias económicas y que las diversas políticas de viviendas, planteadas solo como políticas de vivienda y no de empleo y población, no lograban realmente mitigar. Hay que disminuir las tasas de natalidad a niveles tales que el crecimiento económico no se vea desbordado por el crecimiento poblacional y se sigan acumulando los déficits de escuelas, hospitales, carreteras, redes de servicios, etc. Nota: el arrase de José Barrera y su equipo, tras 14 años de delirio, incompetencia y corrupción, abre nuevas posibilidades a Palavecino. José tendrá que batallar mucho: en la alcaldía solo quedaron deudas y los del PSUV harán todo lo posible para sabotearlo.
Ilustración: Dalia Ferreira.

domingo, 3 de noviembre de 2013

AL DERECHO Y AL REVÉS

EL IMPULSO, Barquisimeto, 01 de noviembre de 2013
La ciudad como tema - El cáncer y la ciudad
Claudio Beuvrin

Los ecologistas más radicales suelen afirmar que las ciudades son el cáncer de la buena madre tierra y señalan varios puntos en común: son de crecimiento incontrolable, suelen expandirse a partir de un simple campamento-comparable a una primera célula maligna- y, desarrollando vías y caminos-el equivalente a un sistema vascular- se extienden afectando todo el espacio en su entorno: flora, fauna, agua, suelos agrícolas, etc., que ya no volverán a ser como antes si no ocurre una radical intervención quirúrgica, algo que ha sucedido muy pocas veces en la historia. Pero la recuperación masiva de los suelos ahora urbanizados –y dañados- está en la agenda del futuro: empezará a ocurrir cuando la población detenga su crecimiento y luego comience a reducirse, liberando espacios hoy ocupados. Esto será, espero, la cura del cáncer urbanístico. Las ciudades además de ser consideradas un cáncer por sí mismas, ellas también provocan muchas enfermedades, incluyendo el cáncer. Aire y aguas contaminadas con cualquier combinación y concentración de agentes químicos, físicos y biológicos mantienen a la población expuesta a muchos daños que eventualmente les llevará la muerte. Y aquí es donde deberían intervenir las autoridades a todos los niveles, para bajar la insalubridad de la ciudad, pero hacen poco, tarde y mal. Ellas pueden mejorar los ambientes urbanos aplicando leyes, estimulando el sano comportamiento del público, castigando lo que debe castigarse, y, por supuesto, recurriendo a las herramientas técnicas y políticas del planeamiento urbano.Para nuestras autoridades la tarea es simplemente abrumadora y carecen de los recursos técnicos, financieros y sobre todo intelectuales para hacerlo, peroprobablemente ni saben que es una de sus tareas más importantes. Afortunadamente, si las ciudades enferman, también es cierto que tienen –o deberían tener- recursos para sanar. En ellas se concentran conocimientos, experticias e instalaciones de distintas especialidades de las que se espera ayuden a curar o mitigar las enfermedades, entre ellas el cáncer, cuyas medicaciones y procedimientos médicos son sumamente costosos para ser cubiertos sin ayuda por la población de bajos recursos. Y es aquí donde intervienen los hospitales y centros oncológicos públicos. Por desgracia hay problemas y limitaciones muy graves y uno de los más terribles es el de la destrucción, por incuria, incompetencia o simples negociados, de los sistemas de radioterapia públicos. Al parecer en el país quedan pocos hospitales con servicios de  radioterapia que estén funcionando a plenitud. Hace más de un año el Ministerio de Salud compró muchos equipos costosísimos pero algunos se dañaron en sus embalajes esperando por espacios para instalarlos, otros fueron instalados pero nunca arrancaron y unos másfuncionaron pero al poco tiempo se dañaron y están esperandoreparaciones y repuestos, entrampados en una mafia burocrática que todo lo retarda. Así, los servicios se fueron cerrando uno tras otro y los que pueden acuden a las clínicas privadas, siempre a un costo muy alto, pero que, precisamente porque cobran pueden mantenersefuncionando. En su odio hacia todo lo que funciona bien en el sector privado, las autoridades nacionalescada tanto amenazan con nacionalizar las clínicas privadas sin reconocer que con eso los servicios privados correrán la misma suerte de los servicios públicos, salvándose, tal vez, aquellos centros hospitalarios cuyo acceso está reservadoexclusivamente al alto gobierno. Lo que ha ocurrido con los servicios de radioterapia de los hospitales públicos  es más que simple corrupción, ineficiencia o irresponsabilidad: es un genocidio que clama al cielo. En el país hay miles de enfermos sufriendo y muriendo y que podrían haber tenido otra suerte. Sus actas de defunción solo dirán que murieron de cáncer sin añadir que murieron por vivir en ciudades insalubres en las que las autoridades no hacen mayor cosa para que no sigan haciendo daño ni dirán que murieron por falta de radioterapia y de drogas especiales. Proclaman querer salvar al mundo y no pueden salvar siquiera a sus propios ciudadanos enfermos.

sábado, 14 de septiembre de 2013

ABADES

EL IMPULSO, Barquisimeto, 13 de septiembre de 2013
La ciudad como tema: La responsabilidad social del arquitecto
Claudio Beuvrin

"No solemos pensar en eso, preocupados por asuntos que consideramos más importantes o simplemente distraídos cuando circulamos por una ciudad o un edificio, sin pensar en el efecto que un espacio determinado tiene en nosotros. Pero la arquitectura es un asunto directamente relacionado con la calidad de vida. Cuando es descuidada, irresponsable, crea problemas de circulación, de densidad, de contaminación visual. Cuando es acertada, humana consciente del entorno, produce bienestar, mejora un entorno urbano, irradia, incluso, belleza. Cuando esa arquitectura es pública –digamos, digamos la que está destinada al uso de mucha gente, la que está abierta al colectivo y no es patrimonio exclusivo de una empresa o una familia– todos los efectos positivos y negativos se potencian. La buena arquitectura pública genera sentido de pertenencia, contribuye a que se sigan las normas y favorece la convivencia, el disfrute del aire libre o de la cultura, la comunicación entre la gente que cohabita en una ciudad. Baste recordar el efecto que tuvo para la ciudad de Caracas la construcción de su metro, sobre todo en los 80 y 90: todos recordamos como esas magnificas instalaciones nos revelaron que podíamos comportarnos mucho mejor de lo que siempre habíamos pensado y de paso transformaban, para bien, espacios como Sabana Grande. Pensemos tambien en lo que era el Paseo Colon en Puerto La Cruz para quienes lo visitábamos cuando era tranquilo y seguro, o ese milagro que es la Abadía de San José de Güigue, en Carabobo. La arquitectura pública incluye el problema de la movilidad, uno de los más graves en las grandes ciudades venezolanas: el que contemos con mejores sistemas de transporte público es indispensable si queremos menos colas y más tiempo disponible para todos nosotros. En ese sentido, obras recientes como el TrolMerida o la extensión de los metros de Valencia y Maracaibo merecen respaldarse, por muy costosos y problemáticos que sean sus procesos de construcción. Y tambien se ocupa del espacio abierto: lo que por fortuna se ha hecho en la avenida principal de las Mercedes, en la Plaza de los Palos Grandes y ahora en el boulevard de Sabana Grande: lo que lamentablemente no se ha hecho en el aeropuerto de La Carlota, el parque que todos necesitamos para conectar el norte con el sur, o en el Parque del Este, agujereado (espero que temporalmente) con el cráter que crearon en lugar de la Carabela de Colon. Hay mucho, mucho que hacer en Venezuela para combatir nuestros innumerables inconvenientes como nación. Pero una buena arquitectura debe estar entre las prioridades. Es una de las mejores formas de aprovechar la renta petrolera en un país predominantemente urbano como este, nos guste o no, y como países similares como Colombia y Brasil lo han demostrado, un camino para la justicia social y la reducción de la violencia.

 Tumbando casa y construyendo torres no hacemos sino aumentar la densidad y el tráfico. Creando espacio habitable, que comunique, que sea para las personas y no para los carros, reducimos las brechas entre nosotros que tanta desconfianza producen, y nos proporcionan a todos –pero sobre todo a los niños y a los ancianos- espacios más humanos, donde podamos reconciliarnos con este lugar y con nosotros mismos.” El texto anterior fue escrito por Rafael Osío Cabrices con el titulo "Por una buena Arquitectura Publica” y publicado en el libro "Apuntes bajo el aguacero”. Lo leí cuando intentaba escribir acerca de este tema y decidí compartirlo con ustedes sintiendo que no podía escribirlo mejor. Pero no es fácil definir el concepto de responsabilidad social aplicado a la arquitectura pues ella está implicada en prácticamente todos los aspectos de la vida humana en tanto que diseñadora y materializadora de los espacios donde los hombres realizan sus actividades múltiples y complejas y siempre cargadas de contradicciones: lo que para unos es excelente, para otros no lo es en absoluto. Una arquitectura socialmente responsable es más fácil soñarla que lograrla. Y la responsabilidad del fracaso de la arquitectura pocas veces es responsabilidad exclusiva del arquitecto que la proyectó. Además, un conjunto de arquitecturas buenas no hacen necesariamente una ciudad buena ni una sociedad tambien buena.


Fotografías, Abadía Benedictina de San José en Güigüe, estado Carabobo:
http://fundacionfunadip.blogspot.com/p/abadia-de-san-jose.html
http://mensajescristianosmaa.blogspot.com/2010/02/abadia-benedictina-de-san-jose-en.html

viernes, 6 de septiembre de 2013

EL CANTAR QUE TIENE SENTIDO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 6 de septiembre de 2013
La ciudad como tema: A propósito de la corrupción
Claudio Beuvrin

En todos los países existe algún grado de corrupción, pero hay diferencias importantes en la intensidad con que se la práctica y combate, diferencias que se perciben en los "pequeños” detalles cotidianos. Digo esto cuando desde el gobierno están hablando de corrupción apuntando hacia todo el mundo menos hacia ellos mismos. Aquí ilustro dos ejemplos de esos pequeños detalles. Inglaterra, enero de 1981: tocan la puerta y me encuentro con un policía. El policía me tiende la cédula de mí esposa. Me explica que alguien la encontró en el parque y la llevó a la comisaría. Tambien me informa que he violado una norma legal por no notificar mi nueva dirección. ¡Vaya!, pienso, alguien encuentra una cédula en un parque y se molesta en llevarla a la policía y, a su vez, la policía se molesta en buscarme para entregármela descubriendo, de paso, que ya no vivo en la dirección que ellos tienen. Afuera está nevando y hace mucho frío e invito al policía a que entremos. Se muestra reluctante, pero insisto. Finalmente entra. Me explica que es grave no haber informado el cambio de dirección. Mi esposa nos trae sendas tazas de chocolate caliente pero el policía se niega a tomarlo. Le ofrezco un té y tambien lo rechaza mientras me explica que por esa omisión puedo ser expulsado del país. Me dice que debo mandarle una carta a la policía local explicando la razón del hecho. Al salir le pregunto el por qué no aceptó el chocolate o el té.

Fue lacónico: "Estoy de servicio” dándome a entender que la aceptación de hasta una simple taza de té podría ser interpretada como un soborno. Redacto la carta y en el tiempo establecido recibo la respuesta diciéndome que mi explicación fue aceptada pero con la advertencia de que no debía ocurrir de nuevo. Días más tarde un profesor nos explica la teoría de los "Estados blandos” desarrollada por Gunnar Myrdal para explicar como la corrupción contribuye al subdesarrollo pues desvía recursos para obras esenciales. Esto se refleja en la administración de las ciudades y en su capacidad para resolver sus muchos déficits. Intervengo explicando cómo funciona la corrupción urbanística en mi país: ignorando los planes urbanos, aceptando usos ilegales, aumentos de densidad, eliminando las áreas verdes, disminuyendo los estacionamientos, irrespetando los retiros, etc. Explico que la corrupción se da de muchas maneras, por ejemplo, cuando los arquitectos municipales le ofrecen a los privados saltarse los procedimientos de aprobación si le contratan a ellos mismos el proyecto. Por supuesto, quien no acepta estas condiciones encontrará todo tipo de trabas y deberá consumir un largo tiempo y esfuerzo para que sus proyectos sean aprobados. Si se trata del proyecto de una obra importante no sólo los funcionarios de urbanismo y de ingeniería pedirán alguna recompensa por facilitar su realización, tambien lo harán los alcaldes y los concejales y si la obra es muy grande hasta los ministros pescaran de ella. El sistema beneficia a todos: a los funcionarios, al gerente del banco que otorga el crédito, a los fiscales de obras, a los ingenieros inspectores, a los dirigentes sindicales que matraquean tanto al constructor como a los obreros que deben pagar para conseguir trabajo, etc. Así, los inversionistas están obligados a tener una abultada partida presupuestaria por concepto de "grasa” para aflojar tuercas y poder trabajar y que solo añade gastos. Con esto las obras cuestan el doble o el triple. Obviamente, este no es un dinero que se le saca al inversionista sino al cliente quien al final es quien paga la cuenta completa, sea el Estado, sea un ciudadano privado. Así disminuye la posibilidad de más carreteras, más hospitales, más escuelas, y más viviendas a más bajo precio para gente con menos recursos y, por supuesto, todo eso es menos desarrollo. Tras mi intervención me cuentan que algo parecido estuvo a punto de ocurrir en un caso de desarrollo de viviendas en Inglaterra, pero fue descubierto y tanto los funcionarios como los profesionales privados, además de multas y penas de cárcel, perdieron sus licencias profesionales. Hay pequeñas diferencias del tamaño de una montaña.


Ilustración: Tomada de una publicación caraqueña, posiblemente de los '60.

Breve nota LB: Cuando el fenómeno no es aislado, sino que tiende a explicar la sociedad misma, la clave está en la complicidad. El delito está unido a la posibilidad o no de "cantar", retando al resto a bailar al son que les toquen. No  precisamente, el Canto a Bolívar de Neruda ni el del Mio Cid....

martes, 14 de mayo de 2013

TAREA INMENSA


EL IMPULSO, Barquisimeto, 10 de mayo de 2913
Por una historia de nuestra arquitectura
Claudio Beuvrin

La ciudad como tema

Historias sobre diferentes aspectos de Barquisimeto hay muchas, dispersas entre notas de cronistas, fototecas, textos de historiadores locales, tesis de maestría, de periodistas y noticias de prensa, pero entre las cosas que faltan está la historia de su arquitectura y de los actores que la han hecho posible.
No tenemos un inventario de las obras de sus arquitectos y constructores, sus biografías personales y profesionales. Por ejemplo, si alguien quiere conocer las obras de Paolo Donghia, de Amado Agüero, de Francisco Carrillo, Ivan Faroh, Alejandro Dappo o Elvaro Jiménez, por citar unos pocos ya fallecidos, tal vez pueda señalar alguna, pero no tendrá una visión global e integral de lo que han hecho estos arquitectos y, sobre todo, no podrá señalar cuáles son los valores de esas obras ni como han influido o fueron influidas por el entorno social, económico y político de la ciudad en el momento en que fueron levantadas.
Faltan historias temáticas, por ejemplo, la de la vivienda de interés social y sus primeras manifestaciones en las obras del Banco Obrero, pasando en los setenta a las de Malariología y sus viviendas rurales, historias que yo contrastaría con las de la actual Misión Vivienda, por lo menos para saber que tan exitoso ha sido este nuevo programa. Tampoco tenemos una historia de las innovaciones tecnológicas que fueron llegando a Barquisimeto, por ejemplo ¿Cuándo y quien construyó el primer edificio de concreto armado? ¿Cuándo comenzó a utilizarse el sistema túnel? ¿Quién y cuándo construyó la primera torre de apartamentos en propiedad horizontal? ¿Cuándo y quienes desarrollaron la Urbanización del Este, Nueva Segovia y Los Libertadores y otras igualmente importantes? ¿Cuál fue la razón para que en  Cabudare se construyeran tantas viviendas a partir de los años setenta?
Hay que preguntarse cuál fue el impacto de los constructores italianos que llegaron tras la segunda guerra mundial. ¿Quiénes y cuando se diseñaron y construyeron los primeros centros comerciales, las universidades, los hospitales públicos y privados? ¿Quiénes trazaron las zonas industriales y sus edificaciones? ¿Cómo cambió arquitectura tradicional de los centrales azucareros cuando estos dieron el salto tecnológico? ¿Cuál era la relación que existía entre el empleo en la ciudad y la industria de la construcción? ¿Será verdad que la ciudad gozó de un período de oro de mano de varios de alcaldes con visión a largo plazo? ¿Cuántos premios nacionales de arquitectura tienen obras en nuestra ciudad y cuáles son? El Edificio Nacional, ¿fue diseñado por Carlos Raúl Villanueva o por Cipriano Domínguez?

Y no olvidemos algo fundamental: el acceso a la tierra conduce a arquitecturas diferentes según se la compre formalmente, se la recibe en dación o a muy bajo precio por parte del municipio o solo pueden obtenerla invadiéndola.
Las preguntas son muchas y las respuestas pocas: conocemos muy superficialmente la historia del urbanismo y la arquitectura recientes de nuestra ciudad. Hay mucho que investigar y este es un trabajo que no puede hacer una persona sola ni en poco tiempo.  Llevará años descubrir dónde está la información, recuperarla, analizarla, correlacionarla con la que ya se conoce, escribir los textos y publicarlos.  Hay que meterse en los archivos municipales, de la gobernación, en las notarias, en los archivos de organismos nacionales como el Banco Obrero, Inavi, MOP, Fudeco, Corpoccidente, Invilara y sus antecesores. Esa información probablemente no está organizada y, si no se ha perdido, habrá que buscarla en el Archivo General de la Nación.
Muchos de los actores todavía están vivos y seguramente estarán dispuestos a hablar de sus obras, de las peripecias por las que pasaron, sus éxitos y, tal vez, de sus fracasos.
La tarea es inmensa y necesariamente requiere de la colaboración de muchas personas e instituciones: la Escuela de Arquitectura de la UCV, la Escuela de urbanismo de la UCLA, el grupo de Postgrado de Historia del Pedagógico. Ya en la escuela de Arquitectura estamos dando los primeros pasos.
Y siguen las preguntas: ¿Cómo fue percibida la llegada de los primeros arquitectos en la ciudad, profesionales que llegaron reclamando su propio espacio en el diseño de las obras, espacio ocupado hasta ese momento por ingenieros civiles, dibujantes y “prácticos” que inevitablemente sentían que la llegada de  esos profesionales podían perjudicarlos?
Alguien dirá que, salvo pocas excepciones,  la ciudad no tiene obras de calidad notables. Pero es el caso que hasta estas están mal documentadas. Mi opinión es que además de la arquitectura notable hay que rescatar tambien la historia de la arquitectura genérica, aquella que a pesar de su modestia es nuestra arquitectura y es parte de nuestra referencia cultural.
Si algún lector quiere agregar algo a este esfuerzo, aun si cree que su aporte es modesto, que nunca lo es, contácteme y bienvenido sea.

Fotografía: Modernas edificaciones:  Oficina de Correos y Telégrafos; Asilo de Mendigos, Barquisimeto. Élite, Caracas, nr. 1049 del 10/11/1945.

martes, 7 de mayo de 2013

LA URBE ESTÉTICA

EL IMPULSO, Barquisimeto, 03 de mayo de 2013
La ciudad como tema: teoría y práctica
Claudio Beuvrin

Con frecuencia los estudiantes de arquitectura se preguntan para qué tanta teoría si lo que se trata es de aprender a diseñar y construir y que la teoría lo que hace es limitar el tiempo que debería dedicársele a diseñar. Por supuesto, respuestas a esta inquietud hay muchas, pero por flojera y comodidad voy a citar a un amigo que ya ha hecho el trabajo por mí. El dice: “Es la arquitectura una ciencia que debe ir acompañada de muchos otros conocimientos y estudios…Esta ciencia se adquiere por la práctica y la teoría.
La práctica es la repetida ejecución de proyectos propuestos, realizada con las manos sobre la materia. La teoría es la que puede explicar y demostrar, de acuerdo con las leyes del razonamiento, la perfección de las obras ejecutadas…Por tanto, los arquitectos que solo con la práctica se han dedicado a la construcción, no han podido conseguir labrarse crédito alguno, como tampoco lograron otra cosa que una sombra los que se apoyaron solo en la teoría.
En cambio, los pertrechados de ambas cosas, como soldados provistos de todas las armas necesarias, han llegado más prestos y con mayor aplauso a sus fines…De lo que se deduce claramente que el que quiera llamarse arquitecto debe conocer tanto la teoría como la práctica.
Para lograrlo es preciso tener talento y afición al estudio, puesto que ni el talento sin el estudio ni el estudio sin el talento, pueden formar un buen arquitecto…Conviene que el arquitecto este versado en Letras, para poder afirmar su memoria mediante los libros. Debe saber dibujo, para poder mostrar más fácilmente, mediante modelos dibujados, la figura de la obra que desea realizar. Le será de gran ayuda la Geometría, que le adiestrará especialmente en el uso de la regla y el compás, con cuyo auxilio trazará mucho más fácilmente las plantas de los edificios y sabrá levantar a escuadra y a nivel los planos de ellos…Con la Aritmética calculará los costes de los edificios, pondrá en claro lo que importa cada elemento y resolverá los difíciles problemas de las proporciones, mejor, a veces, que con la geometría. El conocimiento de la Historia le es necesario puesto que muchas veces los arquitectos emplean en los edificios diversos ornatos, de cuyos temas deben dar razón a quien se los pidiere.
La Filosofía presta al arquitecto elevación de miras, le impide ser altivo y le hace, por el contrario, justo, afable y leal y, lo que es muy importante, exento de avaricia, ya que no es posible llevar a cabo una gran obra sino con lealtad y desinterés. No ha de ser el arquitecto concupiscente, ni tener el ánimo entregado al ansia de recibir regalos; debe sostener su decoro con gravedad y mantener su honorabilidad.
La Medicina es necesaria al arquitecto para conocer cuáles son las condiciones del aire y de las aguas y saber que parajes son nocivos y cuales son saludables porque sin el conocimiento de estas circunstancias no es posible construir edificios sanos.
Tambien debe saber de Derecho, de las leyes que regulan las medianerías de paredes, las servidumbres de conducción de aguas, de desagües de albañales y otras materias para evitar que de las obras surjan controversias y litigios. Tambien le servirá para aconsejar a los propietarios y maestros de obras pues si los contratos están redactados competentemente, unos y otros estarán cubiertos de fraudes.
Estando pues esta gran ciencia de la arquitectura realzada por el conocimiento de tantas y variadas materias… nadie podrá, de buenas a primeras, decirse arquitecto sino aquel que desde su tierna infancia haya ido subiendo los grados de estas disciplinas y se haya criado con el aprendizaje de muchas ciencias y artes, hasta llegar al sumo templo de la Arquitectura”.
El lector encontrará que el texto que acaba de leer tiene resonancias extrañas. Se debe al tiempo y al idioma en que fue escrito: en el latín de los tiempos de Cristo. Su autor es Marco Lucio Vitruvio Polion. Este texto forma parte de Los Diez Libros de la Arquitectuta, el tratado de arquitectura más antiguo que haya llegado hasta nosotros. Su autor nos advierte que no se trata de ser maestro en cada una de esas ciencias y artes, sino de conocer las recíprocas conexiones que existen entre todas ellas y saber acudir a los expertos cuando así se requiera, formando lo que hoy denominamos equipos multidisciplinarios.
Internándose en la teoría y la historia el futuro arquitecto aprende quien, como, cuando, donde y porqué de lo ocurrido con anterioridad. Al estudiar los precedentes arquitectónicos se develan ideas, convicciones y principios relacionados con lo que ellos hacen en la actualidad y harán mañana y, tambien, los limites que el contexto histórico, real y concreto donde él trabaja le impone a su obrar. Y esto es, sin duda, fundamental… y nada nuevo, además.
Pieza: Luis Araujo.

martes, 23 de abril de 2013

LA CIUDAD COMO TEMA

EL IMPULSO, Barquisimeto, 12 de abril de 2013
Arquitectura, orden y utopía
Claudio Beuvrin

La arquitectura se ocupa no sólo de dar cobijo y resguardo a las actividades humanas, tambien las ordena, atendiendo una serie de suposiciones sobre el comportamiento de la gente: aquí harán esto y allá harán aquello.“Un lugar para cada actividad y cada actividad en su lugar” podría ser un buen lema para nuestra profesión pues en arquitectura el desorden  suele ser señal de mala arquitectura.
El orden ha sido una constante en la historia de la profesión. Lo que ha ido cambiando es como se expresa el orden en la forma arquitectónica hasta llegar, a partir de los años 70, al desorden de la arquitectura deconstructivista y postmoderna y que parecía no seguir ninguna regla formal. Pero en este caso aceptemos que el caos es un orden que inicialmente no comprendemos pero que puede explicarse. Esta arquitectura introdujo una ráfaga de buen humor a tanta rigidez y acartonamiento de la arquitectura racionalista, la de las edificaciones todas cuadradas y parecidas entre sí que son la solución estándar para la arquitectura común.
El hábito de ordenar espacios y actividades nos puede llevar a creer que el orden de la arquitectura puede imponerse al desorden  real y vital, de la sociedad, y de aquí, basta un pequeño salto para llegar al utópismo. Las utopías son intentos de diseñar una sociedad ideal donde los hombres se organizan para vivir en armonía y que el orden soñado se expresa en una forma arquitectónica, es consecuencia del orden de la sociedad. Pero el utopismo ingenuo de los arquitectos los lleva a suponer que el orden de la arquitectura genera el orden social.
Las utopías existen porque los hombres siempre han estado insatisfechos con su vida real. Los textos de las utopías suelen estar acompañados con planteamientos arquitectónicos y urbanísticos explicando cómo debe ser el recipiente físico de esa nueva sociedad. La casa de Adán en el paraíso ha sido un tema recurrente en la historia de la arquitectura: es el deseo de retornar a un estado de perfección que supuestamente una vez tuvimos.
Aparte de la bíblica, las utopías más conocidas fueron pensadas durante el Renacimiento y, más tarde, en tiempos de la Revolución Industrial, como proposiciones de socialistas que querían mejorar las condiciones de vida de la clase obrera. Se hicieron varios intentos para llevarlas a la práctica pero no duraron mucho: la gente se cansó de la disciplina y de los cambios de conducta que se exigían pues incluso se llegó a reglamentar la vida sexual por aquello que el sexo es fuente de toda clase de desordenes. Todas esas utopías procuraban aislar a sus miembros del contacto con el mundo exterior para que no se contaminaran y perdiera su espíritu de grupo. Es lo que sigue ocurriendo con las comunidades Amish, en los USA.
Las utopías reaparecen como ciudades socialistas al fundarse la Unión Soviética en el interés de crear hombres nuevos. Se esperaba que el individualismo se extinguiría cuando todas las actividades se realizarían en común y a la vista de todos, aunque no se llegó a proponer la promiscuidad total. Esos planteamientos fueron rápidamente abandonados ante la reacción de la gente que prefería tener un espacio privado, así fuera pequeño, para su familia.
Más exitosos fueron los kibutz israelitas. Parte de su éxito es que se fundamentaban en los principios del cooperativismo y el ingreso era voluntario. En este caso la disposición física de los kibutz  está impuesta no por un orden moral sino por razones de defensa: las casas en el perímetro exterior constituyen una barrera ante posibles ataques.
Curiosamente, la idea de ciudades socialistas no aparece en la literatura arquitectónica cubana. No pude encontrar ninguna referencia a ellas. En Venezuela hay varias ciudades socialistas en construcción pero poco se sabe de su basamento ideológico, que conductas se quieren modificar ni que tanto orden –arquitectónico y social- logrará imponerle a sus residentes ni si esos cambios conductuales están respaldados por estudios psicosociales que demuestren su viabilidad.  Quizás, cuando, a futuro, se analice este experimento, lo que veremos es  improvisación y un vano empeño en desconocer una de las lecciones de la historia: que los hombres cambian muy lentamente y no siempre en la dirección que quieren los líderes.
Hoy las nuevas utopías son ecológicas. En todo el mundo hay una efervescencia por transformar los viejos ambientes contaminados e insostenibles por otros donde el gasto energético es mínimo, la huella del carbono es casi cero y donde todo el mundo tendrá una elevada conciencia ecológica. La arquitectura tendrá climatización natural, electrificación por paneles solares u otros sistemas, con mucho verde, mucho reciclaje, mucho andar a pié, etc. Obviamente habrá un orden donde  las cosas dañinas que hoy hacemos mañana serán corregidas.
Soy un venezolano nacido en Italia, de padres muy golpeados por los embates de una utopía fracasada, la del fascismo. No permitamos que otra utopía fracasada, la del socialismo comunista, ahora golpee a nuestros hijos.
http://eldiariodecaracas.com/que-sucede/como-seran-ciudades-del-futuro