Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Tenreiro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Tenreiro. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de enero de 2015

ARRUGAS QUE ESCONDEN

Autoelogio arquitectónico…. y musical
Oscar Tenreiro

Ayer no más, en la tarde, estuve un rato en la Facultad de Arquitectura en la que me inicié como arquitecto hablando con los estudiantes y un grupo de sus profesores. Como se me ha hecho habitual, fue una conversación que quiso ser franca y abierta sobre lo que me preocupa, me ha preocupado y ocupado y la forma como veo las cosas hoy, pocos días después de haber cumplido 75 años.
No podía faltar en lo que dije consideraciones desde distintos ángulos sobre lo que ocurre “en este lugar del mundo”, como me refiero al país donde vivo. Entre las cuales destaca el asombro, o digamos más bien el estupor ante lo que nos viene ocurriendo en los últimos años. Y he aquí que entre esas “cosas que ocurren” tenemos que referirnos de nuevo a la idea de Gustavo Dudamel y José Antonio Abreu de contratar a Frank Gehry para construir una sede del Sistema de Orquestas en Barquisimeto a 500 kilómetros de Caracas, una ciudad con tradición y personalidad además de peso social, cultural, político y económico (explicación para los extranjeros) cuya población recibe, entre agradecida, impávida, o simplemente asombrada, de nuevo, la noticia de ese supuesto gran acontecimiento.
Y conecto ese anuncio y lo que se deriva de él, precisamente con lo que hacía notar en mi conversación de ayer: la inmensamente contradictoria situación que venimos viviendo en Venezuela. Donde, entre otras cosas, no es posible comprar sin sufrir inconvenientes de distinto tipo y terminando siempre en el mercado negro controlado por militares, un simple saco de cemento. Donde todos los materiales importantes para construir escasean, sin hablar de los recubrimientos que son importados y van adquiriendo precios incosteables. En ese país en crisis que se precipita sin atenuantes a una especie de catástrofe económica al no poder recibir ya el soporte del dinero petrolero que ha sido el verdadero origen del Poder avasallante de una sedicente “revolución”, el dúo Dudamel-Abreu vuelve por las suyas y anuncia la contratación de la estrella arquitectónica del extremo capitalismo asociado a la extrema desmesura.

Fuente: http://analitica.com/opinion/autoelogio-arquitectonico-y-musical/
Gráfica; http://cav.org.ve/cms/index.php?option=com_flexicontent&view=items&cid=156:noticias&id=1820:frank-gehry-entusiasmado-con-su-proyecto-en-venezuela&Itemid=56

domingo, 5 de octubre de 2014

CIUDAD A LA MANO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 26 de septiembre de 2014
La ciudad como tema - Arquitectura y poesía
Claudio Beuvrin

Hay profesiones cuyos tareas sólo pueden ser comprendidas en términos muy técnicos. Me refiero a la física, las matemáticas, la ingeniería, la química, etc. Otras profesiones pueden recurrir, sin riesgo de extraviarse, al uso de lenguajes poéticos, no sólo sin perder precisión, sino incluso ganándola, como es el caso de todas las disciplinas artísticas. Y también hay profesiones tensadas entre la expresión técnica y la poética, entre la dura objetividad y la expresión de subjetividades que tal vez no dicen nada, pero comunican mucho. Una de ellas es la arquitectura: es muy técnica. Sin técnica no hay arquitectura, pero con la sola técnica no hay arquitectura. La arquitectura se presta a ser explicada recurriendo a un lenguaje poético que somete y arropa a la técnica. Por ejemplo, en la Flor de Venezuela, obra de Fruto Vivas, no está claro si se trata de poesía o de un alarde tecnológico por la complejidad mecánica de los pétalos de la flor. Pero al verla, reconocemos la poesía, no la técnica. Otros ejemplos nos lo ofrece Santiago Calatrava cuya formación comenzó en una escuela de arte, especializándose en escultura, luego se recibió de arquitecto y más tarde de ingeniero civil. El resultado de esta combinación de saberes es que obras que podían ser resueltas recurriendo a las técnicas ya probadas y establecidas, fueron convertidas en obras de extraordinaria calidad, como son sus puentes. El maestro de todos nosotros, Carlos Raúl Villanueva, también fue un poeta de la forma, en este caso dentro del racionalismo de mediados del siglo pasado. Pero no solo son importantes las obras cargadas de poesía que han diseñado arquitectos muy talentosos. También están los arquitectos que se apoderan de las obras una vez terminadas: son los críticos que, al explicar el valor de una obra, ayudan al público a captar esos valores, recurriendo a un discurso poético, no técnico. Entre los arquitectos venezolanos que recurren a la crítica poética están Oscar Tenreiro, William Niño y Federico Vegas, quien tras una exitosa carrera como arquitecto, en la madurez renuncia a las mesas de dibujo para seguir su verdadera vocación, la de escritor. Pero Vegas no puede cancelar su íntima relación con su profesión e inevitablemente hace referencia a hechos arquitectónicos y urbanos, pero lo hace con la capacidad poética y critica propia de los escritores. Dueño de un lenguaje erudito y al mismo tiempo creativo, combina cultura profesional con la poética desvelando obras que de otra manera tal vez resulten desangeladas para el público no especialista. Su libro Ciudad Vagabunda fue recién publicado por Libros El Nacional. Leerlo es una delicia y nos reconcilia con la posibilidad de que, en algún futuro, nuestras ciudades estén llenas de poesía.

Fotografía: http://www.furiamag.com/hands-esculturas-de-manos-en-yeso-como-protesta-ante-la-crisis-en-espana/