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lunes, 14 de mayo de 2018

¿LO PERFECTO ENEMIGO DE LO BUENO?

Siete chapuzas del mundo perpetradas por genios de la arquitectura 
Stephen Bayley

La Casa de la Cascada, de Frank Lloyd Wright (Wisconsin, EE UU, 1867- Arizona, EE UU, 1959), levantada en Bear Run, Pensilvania, es uno de los edificios más fotografiados del siglo XX. Sin embargo, la estructura presentaba problemas y la construcción era pésima. La inconmensurable visión del arquitecto sobrepasó con creces la competencia técnica de quienes la erigieron. 'La Casa de la Cascada' tenía muchas goteras, algo poco sorprendente puesto que se construyó sobre el lecho de un río. Pero Wright consideraba que esta intrusión demostraba su genio. Desde el punto de vista creativo, la ausencia de goteras habría revelado poco empeño por su parte. Wright creía que los fallos estructurales constituían una orgullosa prueba de su talento imaginativo y que demostraban lo adelantado que estaba respecto de la aletargada tecnología constructiva. ¡Expande los límites hasta que se formen goteras! (Getty images).

Walt Disney Concert Hall: Frank Gehry (Toronto, Canadá, 1929) es seguramente el más pródigo a la hora de infringir los principios de utilidad, firmeza y belleza que acuñó Vitruvio. En 2007, el MIT (Massachusetts Institute of Technology) demandó al arquitecto porque en el Centro Ray y Maria Stata, finalizado tres años antes en el mismo instituto, habían aparecido grietas y manchas de moho en las paredes y en invierno se formaban carámbanos en los salientes. La contratista Skanska ya había alertado sobre los problemas que su construcción conllevaría. ¿Por qué? Gehry había proyectado la forma sin pensar en el funcionamiento. Lo mejor llegó con el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles (en la foto). Al sol de California, los reflejos del metal que lo cubría elevaban 15ºC la temperatura de la acera. Si la temperatura en verano en Los Ángeles puede llegar a los 30ºC, estamos hablando que se alcanzarían los 45ºC en el perímetro del edificio. Los visitantes que esperaban cola fuera y los vecinos protestaron, y se tuvo que llevar a cabo un lijado del metal para reducir el reflejo (Cordon).

La piscina olímpica sin visibilidad de Londres, por Zaha Hadid Cuanto más ilustre el nombre, mayor la ofensa. La piscina de Zaha Hadid (Bagdad, Irak 1950- Miami, EE UU, 2016) para los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, sencillamente, no podía construirse tal como estaba diseñada: la cubierta con forma redondeada bloqueaba las vistas de las últimas filas sobre el trampolín; además, los asientos de los espectadores estaban mal diseñados. Los contratistas estaban desesperados. Una de las últimas obras de Hadid (falleció en 2016) fue el estadio de Qatar para el Mundial de Fútbol de 2022. Muchos observaron que, a vista de pájaro, el estadio parecía una vagina abierta. Y Hadid respondió: “Si crees que cualquier cosa con un agujero es una vagina, es tu problema” (Cordon).

Londres: el 'walkie-talkie' asesino de coches, de Rafael Viñoly Hace poco, en Londres, se sufrió un choque térmico de proveniencia arquitectónica en la Torre Fenchurch 20 o el “walkie-talkie” –como se le conoce popularmente–, del arquitecto Rafael Viñoly (Montevideo, Uruguay, 1944). La banalidad conceptual de este edificio salta a la vista por su parecido a un transmisor-receptor. Pero los defectos eran funcionales además de artísticos: su curvatura actuaba como espejo cóncavo que concentraba la inusual luz solar londinense en un feroz rayo que derritió, literalmente, el Jaguar de un ejecutivo. Hubo que instalar carísimos deflectores, añadiendo el despilfarro a los cargos estéticos contra Viñoly (Cordon).

Le Corbusier: de su plan para demoler el centro de París a las casas para trabajadores que estos no aceptaron. Los errores arquitectónicos de Le Corbusier (Suiza, 1887- Francia, 1965) eran de una naturaleza especial. Algunos se construyeron, otros no. En su Plan Voisin de 1925 pedía nada menos que la demolición total del centro urbano de París para reemplazar sus bellos bulevares por autopistas urbanas y bloques de pisos. Nunca llegó a realizarse. Las que sí se construyeron fueron las viviendas que proyectó Le Corbusier para los trabajadores de los viñedos de Pessac, en Burdeos (en la foto). Los empleados renegaron de su estilo limpio, níveo y racionalista y, en cuanto se dio media vuelta Le Corbusier, adornaron sus blancos y austeros edificios cúbicos con tejas de barro, contraventanas, ruedas de carro y lámparas de farol. Un momento antes de morir en 1965, un escarmentado Le Corbusier dijo: “La vida tiene razón y el arquitecto se equivoca”. (Corno.fulgur75 / Visualhunt.com).

Goteras en la estación de tren más cara del mundo (Nueva York), de Santiago Calatrava En España también tenemos arquitectos estrella que han terminado estrellados. Los puentes expresionistas de Santiago Calatrava (Valencia, 1951) se asocian a un irresponsable derroche municipal, además de a una tendencia a las goteras. Los ha construido, y casi siempre con problemas, en Bilbao, Murcia, Jerusalén, Venecia... Su última obra, el Oculus del World Trade Center de Nueva York, considerada la estación de tren más cara del mundo con un coste de 4.000 millones de dólares (unos 3.300 millones de euros), recibió la llegada de goteras el mes de mayo de 2017, apenas un año después de su inauguración (Cordon).

Problemas con la limpieza en el Centro Pompidou (París), de Richard Rogers El arquitecto británico Richard Rogers (nacido en 1933) bebió mucho de Le Corbusier. Su Centro Pompidou de París, construido entre 1970 y 1977, fue la materialización de la visión mecánica que Le Corbusier tenía de los edificios. La fijación de Rogers era colocar la climatización y la instalación electromecánica en el exterior del edificio, de modo que los intestinos colgaran por fuera del esqueleto. Pero el espacio ganado en el interior no servía, como estaba previsto, para exposiciones y fue necesario crear nuevas divisiones. Lejos de ser funcional, el edificio de Rogers acarreó al cliente problemas de limpieza y mantenimiento de inusitada dificultad –el hecho de que las instalaciones del edificio vayan en el exterior, y casi sin cubrir, es el principal atractivo y el máximo problema, pese a que están identificadas cada una con un color (rojo para ascensores y escaleras, azul para climatización, verde para el agua, la electricidad está en amarillo y las extracciones de aire en blanco), su mantenimiento en altura era muy complicado y siempre surgían problemas. Cuando hubo que realizar reformas de calado, no le volvieron a invitar: llamaron a otros arquitectos.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2018/04/10/album/1523365795_287816.html#foto_gal_7

martes, 13 de enero de 2015

MAQUETADO

EL NACIONAL, Caracas, 13 de enero de 2015
Al instante
El factor "Wow"
Hannia Gómez

“El factor determinante de una cultura es el espiritu del lugar".
Lawrence Durrell.


1. Narciso en Lara
"Wow". Esta es la expresion que utiliza el actual director residente de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, Gustavo Dudamel, cuando se refiere a la arquitectura de su sede, el Walt Disney Concert Hall (2003). "Mi primera impresion al ver la sala fue la arquitectura: como trabajaria acusticamente por dentro. Y desde la primera nota lo supe: 'Wow: esto es  algo unico. Este es uno de los mejores instrumentos que existen en el mundo".1 La prensa arquitectonica angelina se apropio su expresión inmediatamente: había nacido The Wow Factor: el factor "Wow", para referirse a la obra de Frank Gehry.
Gehry trabajó por unos cuantos años (1998-2003) en esta sala de conciertos, junto al ingeniero acústico japonés Yasuhisa Toyota (Nagata Acoustics), a fin de lograr el "efecto atmosférico" que tanto fascina a nuestro director y que hace que "la música este en todas partes". Aparentemente, el equipo volvería a repetir en Barquisimeto, aunque deberán apurarse algo más, ya que el Centro Nacional de Acción Social por la Música lo han prometido los del gobierno para el primer semestre de 2016.
Dicho esto, no nos extrane la fascinacion dudameliana por la obra de Gehry, quien lo ha reclutado junto a Jose Antonio Abreu para "su proyecto venezolano": "un complejo cultural de 10.000 metros cuadrados con dos salas de conciertos; la principal de ellas, para 2.000 personas, a llamarse, justamente, Sala Gustavo Dudamel". Si revisamos el interior de la recién inaugurada sede de la Fundacion Louis Vuitton en París, la de Dudamel es la misma fascinación que sienten todos los visitantes en el Bois de Boulogne cuando, luego de experimentar afuera los acrobáticos juegos de las gigantescas "velas" de vidrio, traspasan el umbral del edificio y comprueban que la funcionalidad interna de los espacios y sus diferentes usos es completamente normal y esta resuelta perfectamente. Alguien quizás debería explicarselo: la funcion esta divorciada de la expresion arquitectonica del exterior, porque esa es otra historia. Si no lo hacen, es porque arruinarian el factor "Wow".
Y he aquí el quid del asunto. ¿Cómo podría nuestro virtuoso director enamorarse tanto de una tal arquitectura si no sonara bien? Todo lo demás, es decir su forma, su expresión exterior, su relación con el contexto y, lo que es más importante, su aporte a la identidad de la ciudad de Los Angeles, son completamente otra historia. Como bien lo subrayó el crítico de arquitectura del periódico LATimes, Cristopher Hawthorne, quien, al cumplir en 2013 el Walt Disney Hall su primera década, le dedicara en un artículo titulado "El Walt Disney Concert Hall de Frank Gehry es inextricablemente de  L. A.",  una loa a como el edificio "encarna la informalidad esencial de Los Angeles". Para Hawthorne no hay nada más parecido a Los Angeles que esta arquitectura de Gehry, una ciudad "donde el perfomance y la imagen cívica propia se han entrelazado siempre, incluso hasta hacerse inseparables". De allí que quienes intentan insultar al arquitecto llamando a sus obras "arquitectura del espectáculo", en el fondo lo que están haciendo es lanzarle una flor. Le estan diciendo que representa a un lugar de la tierra.
Pero volvamos a la Sala Dudamel. ¿Qué es lo que encontramos en las pocas imágenes de las maquetas develadas en Miraflores el pasado diciembre de este ambicioso proyecto, nuevo enclave del Sistema? Por un lado vemos una profusión aumentada de velas vuittonianas y vigas torsionadas en abanico enmascarando los volúmenes de las dos salas, las cuales lucen por ahora a todas vistas, como muy clásicas, (seguramente un punto de partida para que luego funcionen bien). Por otro lado vemos junto a estas unos cuantos volúmenes menores que van salpicandolo todo por aquí y por allá, todo ello lanzado en medio de una especie de suburbia barquisimetana de edificios sueltos y arboles del campo. Pero lo que realmente vemos, lo que realmente nos encontramos en las fotos, es una galactica "Starchitecture" que luce como venida de Marte, alienígena, casi divorciada de una ciudad con la que no tiene absolutamente nada que ver, y que aterriza en el terreno como esos circos de grandes carpas que venian a maravillarnos por un tiempo y a las que acudiamos buscando para que nos arrancaran algun efimero "Wow".
2. En defensa del alma de la ciudad
Y ya que Louis Vuitton, el otro gran cliente de Frank Gehry, se ha apoderado de la arquitectura contemporánea para hacerla su emblema y la línea de su marketing (lo cual en principio no tendría nada de malo), vale la pena volver sobre unos acontecimientos que fueron un gran alivio en la ciudad de París la semana pasada. El 5 de enero la Corte Administrativa de Apelaciones de esa ciudad anuló el permiso que había logrado justamente la misma empresa LMHV para transformar los antiguos almacenes haussmanianos de La Samaritaine sobre la rue de Rivoli en un hotel de lujo.
La gravedad del asunto consistía en que le había encargado el proyecto a otros arquitectos ganadores del Premio Pritzker (el "Nobel de la Arquitectura"), los japoneses Sanaa, a quienes no se les ocurrió otra cosa mejor que envolver en una fachada de vidrio ondulado y lechoso toda la emblemática y patrimonial arquitectura del edificio.
El fallo a favor de los "defensores del alma de la ciudad", las asociaciones patrimoniales (como SOSParis), "hizo justicia contra un proyecto que desfiguraba el centro historico de Paris, al no respetar las leyes del PLU (Plan Local de Urbanismo), el cual exige que las 'construcciones nuevas deben insertarse en el paisaje en volumen, materiales y aspecto".4 La importancia de este veredicto definitivo contra este proyecto descabellado es que se dio justamennte en un momento en que a pesar de dicho plan sigue estando en juego toda la identidad de la ciudad por una serie de "arquitecturas de ruptura" impulsadas por el poder inmobiliario.
Asi, he aquí dos ciudades viviendo el mismo dilema a ambos lados del oceano, Barquisimeto y París, una más desprotegida que la otra, luchando por preservar su identidad. Ambas nos hacen recordar a Rem Koolhaas, cuando en 1995 en un terriblemente lucido ensayo, se preguntaba: Y, “¿qué queda después de acabar con la identidad?  La ciudad generica".

jueves, 8 de enero de 2015

ARRUGAS QUE ESCONDEN

Autoelogio arquitectónico…. y musical
Oscar Tenreiro

Ayer no más, en la tarde, estuve un rato en la Facultad de Arquitectura en la que me inicié como arquitecto hablando con los estudiantes y un grupo de sus profesores. Como se me ha hecho habitual, fue una conversación que quiso ser franca y abierta sobre lo que me preocupa, me ha preocupado y ocupado y la forma como veo las cosas hoy, pocos días después de haber cumplido 75 años.
No podía faltar en lo que dije consideraciones desde distintos ángulos sobre lo que ocurre “en este lugar del mundo”, como me refiero al país donde vivo. Entre las cuales destaca el asombro, o digamos más bien el estupor ante lo que nos viene ocurriendo en los últimos años. Y he aquí que entre esas “cosas que ocurren” tenemos que referirnos de nuevo a la idea de Gustavo Dudamel y José Antonio Abreu de contratar a Frank Gehry para construir una sede del Sistema de Orquestas en Barquisimeto a 500 kilómetros de Caracas, una ciudad con tradición y personalidad además de peso social, cultural, político y económico (explicación para los extranjeros) cuya población recibe, entre agradecida, impávida, o simplemente asombrada, de nuevo, la noticia de ese supuesto gran acontecimiento.
Y conecto ese anuncio y lo que se deriva de él, precisamente con lo que hacía notar en mi conversación de ayer: la inmensamente contradictoria situación que venimos viviendo en Venezuela. Donde, entre otras cosas, no es posible comprar sin sufrir inconvenientes de distinto tipo y terminando siempre en el mercado negro controlado por militares, un simple saco de cemento. Donde todos los materiales importantes para construir escasean, sin hablar de los recubrimientos que son importados y van adquiriendo precios incosteables. En ese país en crisis que se precipita sin atenuantes a una especie de catástrofe económica al no poder recibir ya el soporte del dinero petrolero que ha sido el verdadero origen del Poder avasallante de una sedicente “revolución”, el dúo Dudamel-Abreu vuelve por las suyas y anuncia la contratación de la estrella arquitectónica del extremo capitalismo asociado a la extrema desmesura.

Fuente: http://analitica.com/opinion/autoelogio-arquitectonico-y-musical/
Gráfica; http://cav.org.ve/cms/index.php?option=com_flexicontent&view=items&cid=156:noticias&id=1820:frank-gehry-entusiasmado-con-su-proyecto-en-venezuela&Itemid=56

domingo, 11 de mayo de 2014

TORNADOS DE LUZ

EL PAÍS, Madrid, 7 de mayo de 2014
Tributo a Gehry, el arquitecto-artista
Anatxu Zabalbeascoa

Con 85 años, diseñando sombreros para Lady Gaga o joyas para Tiffany’s al tiempo que reinventa la capacidad expresiva de los rascacielos, Frank Gehry (Toronto, 1929) es el icono de la arquitectura icónica, el más osado entre los más creativos. Premiarlo con el Príncipe de Asturias de las Artes implica valorar esta disciplina como él mismo siempre la ha defendido: como un arte por encima de cualquier otra implicación o consecuencia. En ese sentido la decisión del jurado es o valiente... o inconsciente. Perpetuando el reconocimiento al componente plástico —por encima de valores sociales o económicos— contrasta con la línea actual de la arquitectura, que busca contactar con la sociedad transformándose en una disciplina más necesaria que visual.
Desde Santa Mónica, en Los Ángeles, Gehry admite que el Príncipe de Asturias es un reconocimiento completo a toda su carrera. Pero señala que el Pritzker que recibió en 1989, antes de diseñar el Guggenheim de Bilbao, fue un premio valiente que a él le sirvió de aliento, reforzó su elección. Asegura estar contento con el galardón “pero espero que no sea el último”, dice por teléfono: “Que quede claro que yo sigo trabajando”.
El Guggenheim Bilbao, una de las grandes obras de Gehry (1997). / Gonzalo Azumendi
Explica que todavía considera el Guggenheim una obra clave en su trayectoria. “Los proyectos son como hijos y el que estás criando en cada momento es el favorito. Pero es cierto que el Guggenheim creyó en mí. Fue fundamental en mi carrera. Espero haber ayudado igualmente a Bilbao”. Tanto es así que, cuenta, el año pasado celebró, el 29 de febrero, su cumpleaños en el museo. “Cenamos allí con políticos y amigos. Fue bonito volver a verlo”. Respecto al nuevo premio, no considera que recibirlo sea un reconocimiento a su manera artística de entender y defender la arquitectura: “ha habido varios arquitectos premiados con el Príncipe de Asturias y cada uno representa una opción. La mía es la artística, pero estoy convencido de que el arte está en los ojos quien mira”.
Con todo, el talentoso autor del museo bilbaíno —posiblemente su mejor trabajo, aunque la crítica estadounidense se inclina por el posterior Auditorio Disney de Los Angeles (2003)— es hoy, indiscutiblemente, una marca. Amigo de cantantes y actores y convertido en “el arquitecto más importante de nuestro tiempo”, según la revista Vanity Fair —que la web Gehry Technologies cita como referencia—, el canadiense ha llegado a ser un personaje de los Simpson (en concreto un arquitecto que veía cómo su auditorio se convertía en prisión) y es conocido, y celebrado, por el gran público. Algo insólito para un proyectista vivo.
La Torre Beekman en Nueva York, inugurada en 2010. / Richard Gray (Cordon)
Afincado en Santa Mónica (California), donde construyó ayudándose de materiales de ferretería su propia vivienda en 1978 —un proyecto que le reportaría fama mundial— Gehry celebró su 82 cumpleaños en Nueva York, en el piso 76 de la Torre Spruce (2010), su primer rascacielos y el primer inmueble que —aceptando la inminente densificación de los centros urbanos— apostó por romper la geometría y llevar una expresión orgánica a las fachadas de los edificios en altura. ¿Qué arquitecto del mundo festejaría su cumpleaños con Bono, el cantante de U2? Aquel 29 de febrero, a sus amigos de siempre, entre ellos el escultor pop Claes Oldenburg o el pintor Chuck Close, se unieron sus compañeros de estatus: la actriz Candice Bergen o el citado Bono. El arquitecto dijo entonces que levantar un rascacielos en Manhattan —“la ciudad a la que mi padre llegó como inmigrante”— era importante para él.
Y es que, a pesar de ser un proyectista sumamente osado, Frank Gehry arrastra una biografía de miedos. Dejó de ser Frank Owen Goldberg para convertirse en Gehry en 1954, cuando tenía 25 años y dos hijas. Y aunque Wikipedia asegura que su primera mujer le impulsó a cambiarse el nombre, él ha explicado que lo hizo por miedo a que esas hijas de su primer matrimonio sufrieran, por ser judías, el acoso que él había padecido de niño en Toronto.
Bodegas y hotel para la firma Marqués del Riscal, en Elciego (Álava), construidos en 2007. / L. RICO
Tras décadas firmando edificios cúbicos y blancos, hijos del movimiento moderno, Gehry encontró su oportunidad transformando su casa. Corrían los últimos años de la década de los setenta, tenía 50 años y se atrevió a ser un arquitecto-artista. Basta verlo trabajar, retorciendo una maqueta en lugar de dibujar un croquis como primera aproximación a un proyecto, para apreciar que siempre ha sido un escultor que estudió arquitectura. El nuevo Gehry fracturó el espacio del Museo Aeroespacial de Los Angeles (1984) y colgó de esa fachada un jet para convertir el edificio en anuncio. Por entonces, el escultor Claes Oldenburg, que había realizado los gigantescos binoculares que singularizaron el edificio para la agencia de publicidad Chiat/Day que Gehry firmó cerca de su casa (hoy llamado Binoculars Building) lo recomendó en Alemania. Allí diseñó el Vitra Design Museum, su primer encargo europeo (1989). Ese edificio revolucionó la productora de muebles hasta el punto de que tiró por tierra el plan general que había encargado a Nicholas Grimshow y pasó a coleccionar los primeros inmuebles europeos de creadores insignes como Zaha Hadid o Tadao Ando. Así, cuando ese mismo año consiguió el premio Pritzker, Gehry aún no había firmado los edificios que le reportarían fama fuera del ámbito arquitectónico y que colocarían a Bilbao entre los destinos del mundo. La ciudad española sacó lo mejor del arquitecto, pero esa valentía tuvo una mala digestión —conocida como efecto Guggenheim— al despertar la envidia de los alcaldes menos imaginativos decididos a inaugurar sus propios monumentos.
Por eso hoy, cuando algunos de sus edificios no encuentran consenso a la hora de ser juzgados como los más creativos o los más torturados, la acusación de autoparodiarse lo persigue en la prensa especializada. Los cuerpos encorsetados del Stata Center (2004) en Cambridge (Massachusetts) recuerdan a la Casa Danzante (1996) que mira al Moldava en Praga. Más allá del alcance del eco estilístico del arquitecto, el Massachusetts Institute of Technology, MIT, lo denunció cuando el mencionado Stata Center se agrietó y se llenó de goteras.
Entre encargos, reconocimiento, premios y críticas, Frank Gehry se ha cansado de repetir que la expresión de sus trabajos no es un capricho sino el resultado de rigurosas investigaciones. Para investigar fundó una empresa que calcula los volúmenes imposibles de proyectos como los suyos. Gehry Technologies ofrece sus servicios a quienes no se conforman con la frialdad moderna. Se podría decir que hoy esa empresa es el laboratorio que, a finales de los 70, fue su propia casa en Santa Mónica. Puede que limitar la expresión plástica llegue a apartar de la arquitectura a talentos creativos como el de Gehry. En cualquier caso, más allá de su efecto, el Guggenheim dejó bien claro que no todo el mundo es capaz de diseñar un Guggenheim.
Fotografía: Gonzalo Azumend, Bodega Marqués de Riscal, en la Rioja alavesa.