EL PAÍS, Madrid, 22 de octubre de 2015
TRIBUNA »
La desintegración de Europa
El restablecimiento de fronteras internas es una señal clara de que la UE
se cae a pedazos. La salida de Reino Unido puede trastocar la dinámica de la integración. Razón de sobra para arreglarlo antes de que sea demasiado tarde.
Philippe Legrain
Si hacía falta una señal clara de que la Unión Europea se cae a pedazos a ritmo vertiginoso, basta ver la decisión de Hungría de construir una valla a lo largo de la frontera con la vecina Croacia (también miembro de la UE). La crisis de la eurozona ha fragmentado los flujos financieros, causado divergencia entre las economías, debilitado el apoyo político a las instituciones de la UE y enfrentado a los europeos. Ahora, conforme los Gobiernos erigen barreras y restauran controles fronterizos, la crisis de los refugiados pone trabas al flujo de personas y al comercio internacional. Y mientras la UE se deshace, aumenta el riesgo de que Reino Unido vote por abandonarla.
Suele decirse que la UE progresa gracias a las crisis, porque estas concentran la atención en la necesidad imperiosa de aumentar la integración. Pero para que haya tal progreso se necesitan al menos cuatro ingredientes: una correcta interpretación compartida del problema; un acuerdo respecto al modo eficaz de superarlo; voluntad para ceder más soberanía; y líderes políticos capaces de impulsar los cambios. Hoy, faltan las cuatro condiciones.
Los líderes europeos son débiles, están divididos y parecen incapaces de plantear una visión creíble de los beneficios de una mayor integración; eso les impide conseguir apoyo popular y convencer a los Gobiernos renuentes. Por falta de una respuesta eficaz compartida, las crisis europeas empeoran, se refuerzan mutuamente y fomentan el unilateralismo. Los problemas de la eurozona y de los refugiados comparten características que los hacen difíciles de resolver. Ambos implican desacuerdos respecto a cómo repartir los costes, agravados por un conflicto de valores que gira en torno a la nueva posición dominante de Alemania.
La UE es penosamente incapaz de compartir responsabilidades. En vez de acordar un reparto justo de los costes, los Gobiernos tratan de minimizar sus obligaciones y pasarse la pelota, lo cual aumenta el coste colectivo. Una crisis bancaria que podía resolverse mediante una reestructuración justa y decisiva de las deudas insostenibles se infló hasta convertirse en una crisis económica y política mucho mayor, que enfrenta a acreedores y deudores dentro y fuera de las fronteras nacionales.
En vez de pensar a largo plazo, a los líderes solo les preocupa limitar los costes inmediatos
Asimismo, las normas de la UE que estipulan que los refugiados reciban asilo en el primer país miembro que pisen han resultado inaplicables e injustas. Como los solicitantes llegan en su mayoría al sur de Europa, pero quieren ir al norte, Grecia e Italia ignoran las normas y les facilitan el paso. Y países de tránsito como Hungría tratan de desviar a los refugiados a otra parte. De modo que la reubicación de las casi 750.000 personas que han buscado asilo en la UE este año —y que solo representan el 0,14% de la población de la Unión— se ha convertido en una crisis existencial.
En vez de pensar estratégicamente en las consecuencias más amplias a largo plazo, a los líderes de la UE solo les preocupa limitar los costes políticos y financieros inmediatos. Reestructurar la deuda griega en 2010 hubiera supuesto un perjuicio financiero para los bancos franceses y alemanes (y los Gobiernos que los respaldaban), pero la pérdida hubiera sido mucho menor que el coste creciente de una crisis interminable. Del mismo modo, aunque dar acogida a los refugiados demanda una inversión inicial de fondos públicos, puede resultar beneficioso tan pronto como los recién llegados comiencen a trabajar. Un continente que envejece necesita jóvenes dinámicos que se hagan cargo de los trabajos que los locales rechazan (o para los que no están capacitados), que cubran los gastos de los ancianos y cuiden de ellos, que creen empresas y que pongan en práctica gérmenes de nuevas ideas capaces de impulsar el crecimiento económico.
La búsqueda de acuerdos también se dificulta por un conflicto de valores. Los alemanes insisten en que los deudores están moralmente obligados a pagar sus deudas y expiar la culpa de su prodigalidad. El primer ministro eslovaco rechaza a los refugiados con el argumento de que “Eslovaquia está hecha para los eslovacos, no para minorías”; difícil negociar con alguien así. Y pese a que el plan de la UE liberaría a Hungría de los migrantes que rechaza, su líder, Viktor Orbán, autoritario y nacionalista, se opone por principio y acusa a Alemania de “imperialismo moral” por querer imponer a sus vecinos su generosidad hacia los refugiados.
Hasta hace poco, las autoridades alemanas intentaban expiar el pasado nazi mediante la búsqueda de una Alemania más europea y la provisión de apoyo financiero a la UE, lo cual ayudaba a limar muchas asperezas. Pero ahora que la condición de acreedor por excelencia ha colocado a Alemania al timón, el Gobierno de Angela Merkel trata de crear una Europa más alemana.
Las crisis de la Unión aumentan el riesgo de que los británicos voten por abandonarla
Alemania se niega a aceptar que sus políticas económicas hipercompetitivas —reflejadas en su enorme superávit de cuenta corriente— son una causa de la crisis de la eurozona y uno de los principales obstáculos para su solución. En cambio, pretende imponer su voluntad a los otros países.
Merkel ha tenido una actuación mucho más positiva en la crisis de los refugiados. Alemania suspendió unilateralmente la aplicación de las normas de asilo de la UE y se comprometió a aceptar a todos los refugiados sirios que llegaran. Pero la incapacidad de la canciller para proporcionarles un tránsito seguro hasta Alemania ha agravado el caos. La subsiguiente restauración de controles fronterizos en el (supuestamente unificado) espacio Schengen ha sentado un terrible precedente, que motiva a los vecinos de Alemania a imitarlo.
Conforme la UE se muestra cada vez más como fuente de crisis económicas, conmoción política y migrantes no deseados, crece el riesgo de que los británicos voten por abandonarla. Reino Unido ya está con un pie afuera: no integra el espacio Schengen y se excluyó del euro y de muchos asuntos internos, incluida la política de asilo. Incluso si se queda, el Gobierno trata de negociar condiciones todavía más laxas para su permanencia, de modo que es posible que termine aun más apartada de lo que ya está dentro de la UE.
Las encuestas están muy igualadas y es imposible predecir el resultado del referéndum. En tiempos de furia antisistema y agitación política, los propagandistas del antieuropeísmo tienen tres utopías poseuropeas para vender: una de libre mercado, una libre de extranjeros y una socialista. En cambio, el campo proeuropeo tiene que conformarse con vender la realidad de la UE tal como es, con todos sus defectos.
Hasta hace poco, la integración de la UE parecía inevitable. Pero la salida de Reino Unido puede trastocar esa dinámica ahora que la UE se desmorona. Razón de sobra para arreglarlo antes de que sea demasiado tarde.
(*) Philippe Legrain, ex asesor independiente en temas económicos para la presidencia de la Comisión Europea, es investigador superior visitante en el Instituto Europeo de la Escuela de Economía de Londres.
Traducción: Esteban Flamini.
Mostrando entradas con la etiqueta Refugiados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Refugiados. Mostrar todas las entradas
jueves, 22 de octubre de 2015
domingo, 13 de septiembre de 2015
¿DIOS SE DIO DE BAJA EN TODAS?
EL PAÍS, Madrid, 12 de septiembre de 2015
TRIBUNA »
¿Vuelven las guerras de religiones?
Juan José Tamayo
En el imaginario sociocultural judeo-cristiano tenemos grabada la imagen del asesinato de Abel con una quijada de burro por Caín, quien, ante la pregunta de Dios "¿dónde está tu hermano?”, elude toda responsabilidad en la eliminación física su hermano. De entonces para acá la violencia es una constante en la historia de la humanidad, que se impone sobre la paz que todo ser humano anhela. Sucede, además, que, lejos de retroceder, va in crescendo. En la medida en que las sociedades más avanzan científica y técnicamente recuren a formas de violencia más sofisticadas y destructivas. El siglo XX, considerado el de mayor progreso de todos los tiempos, ha sido el más violento de la historia.
Ante esta situación nos preguntamos: ¿Son las religiones fuente de violencia o caminos de paz? ¿La violencia está en los genes de las religiones monoteístas o se trata de una patología a erradicar? El tema no puede ser más actual. Cuando creíamos que las guerras de religiones eran fenómenos del pasado y habían desaparecido las razones para provocarlas, han vuelto a resurgir con especial crudeza y radicalidad, están tiñendo de sangre no pocos de los escenarios geopolíticos del planeta, que llevan crespones negros por banderas, y destruyendo todo lo que encuentran a su paso, desde vidas humanas a manifestaciones culturales que son patrimonio de la humanidad.
Las guerras, a mi juicio falsamente religiosas, están provocando éxodos masivos de la población civil que desembocan en tragedias humanitarias como las del Mediterráneo, que sólo este año se ha cobrado más de 2.500 vidas humanas, la última la del niño sirio de tres año Aylan Kunrdi, ahogado en las costas turcas. Y todo ello ante la insensibilidad de Europa, que permite el libre acceso de los capitales para negocios bursátiles y cierra sus puertas a los inmigrantes y refugiados, que huyen del hambre y de la violencia terrorista.
Ante la falta de argumentos racionales para justificar dichas guerras, se apela a Dios –siempre con atributos masculinos y bélicos- y se mata en su nombre, convirtiéndolo en asesino. Lo expresaba con todo realismo el filósofo Martin Buber en un texto que hoy sigue conservando actualidad: “Dios es la palabra más vilipendiada de todas las palabras humanas. Ninguna ha sido tan mancillada, tan manipulada…. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Esta palabra lleva sus huellas dactilares y su sangre. Los seres humanos dibujan un monigote y escriben debajo la palabra ‘Dios’. Se asesinan unos a otros y dicen: ‘lo hacemos en nombre de Dios’”.
Ante la falta de argumentos racionales, se apela a Dios y se mata en su nombre, convirtiéndolo en asesino
No es extraño, por ende, que Dios haya decidido darse de baja de todas las religiones, como expresaba un chiste, creo que de El Roto en EL PAÍS, con motivo de la guerra de Bush, Blair y Aznar contra Iraq. El retorno de las guerras por motivos religiosos lleva a pensar, equivocadamente en mi opinión, que estas son una constante en la humanidad, más aún, la ley de la historia de la que no podemos escapar. Si sí fuere, la humanidad se habría convertido ya en un coloso en llamas.
La violencia tiene muchos rostros y un sinnúmero de manifestaciones a cuál más dramáticas y destructivas del tejido de la vida y de la convivencia cívica. Una de las más extremas es la violencia de género, instrumento de poder y de dominación del patriarcado en la sociedad y en las religiones que, dada su extensión y sus motivaciones, desemboca en terrorismo patriarcal, al que responde el feminismo, una de las pocas revoluciones pacíficas de la historia, a través de la no-violencia activa desde un discurso y unas prácticas fundadas en la igual dignidad de los seres humanos. Violencia patriarcal hoy muy extendida entre los adolescentes y en los jóvenes, en el trabajo, en los conflictos armados, donde las mujeres se convierten en campo de batalla, y contra la infancia, una de las más persistentes y ocultas que colocan a los niños y niñas en una situación de total indefensión.
Pero la violencia y los conflictos bélicos son solo una cara de la realidad mundial y de las religiones. Hay otra más esperanzada y esperanzadora, más optimista y constructiva: las tradiciones y experiencias religiosas que trabajan por la paz fundada en la justicia, transitan por caminos de reconciliación como respuesta a los conflictos armados, fomentan espacios de diálogo y racionalidad frente a la irracionalidad de los fundamentalismos y participan en los procesos de paz entre contendientes en guerra.
Las dialéctica violencia-caminos de paz en las religiones es el tema del 35 Congreso de Teología que se celebrará en Madrid del 10 al 13 de septiembre, en el que reflexionarán en clave inter-disciplinar teólogos, teólogas y filósofas de distintas religiones, culturas y continentes, científicos sociales, activistas de movimientos pacifistas, víctimas de los diferentes terrorismos, etcétera. El Congreso de Teología hará un homenaje a dos de las figuras más relevantes del cristianismo liberador latinoamericano: Monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado hace 35 años, y Pedro Casaldàliga, obispo-poeta-profeta del Mato Grosso (Brasil), que, en un clima de violencia política, religiosa, racial, sexista, estructural y ecológica, trabajaron por la reconciliación, la justicia, la fraternidad-sororidad y el cuidado de la tierra siempre del lado de los “crucificados de la Tierra”.
Las dialéctica violencia-caminos de paz en las religiones se tratará en el 35 Congreso de Teología que se celebrará en Madrid
(*) Juan José Tamayo es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y secretario general de la Asociación Teológica Juan XXIII.
TRIBUNA »
¿Vuelven las guerras de religiones?
Juan José Tamayo
En el imaginario sociocultural judeo-cristiano tenemos grabada la imagen del asesinato de Abel con una quijada de burro por Caín, quien, ante la pregunta de Dios "¿dónde está tu hermano?”, elude toda responsabilidad en la eliminación física su hermano. De entonces para acá la violencia es una constante en la historia de la humanidad, que se impone sobre la paz que todo ser humano anhela. Sucede, además, que, lejos de retroceder, va in crescendo. En la medida en que las sociedades más avanzan científica y técnicamente recuren a formas de violencia más sofisticadas y destructivas. El siglo XX, considerado el de mayor progreso de todos los tiempos, ha sido el más violento de la historia.
Ante esta situación nos preguntamos: ¿Son las religiones fuente de violencia o caminos de paz? ¿La violencia está en los genes de las religiones monoteístas o se trata de una patología a erradicar? El tema no puede ser más actual. Cuando creíamos que las guerras de religiones eran fenómenos del pasado y habían desaparecido las razones para provocarlas, han vuelto a resurgir con especial crudeza y radicalidad, están tiñendo de sangre no pocos de los escenarios geopolíticos del planeta, que llevan crespones negros por banderas, y destruyendo todo lo que encuentran a su paso, desde vidas humanas a manifestaciones culturales que son patrimonio de la humanidad.
Las guerras, a mi juicio falsamente religiosas, están provocando éxodos masivos de la población civil que desembocan en tragedias humanitarias como las del Mediterráneo, que sólo este año se ha cobrado más de 2.500 vidas humanas, la última la del niño sirio de tres año Aylan Kunrdi, ahogado en las costas turcas. Y todo ello ante la insensibilidad de Europa, que permite el libre acceso de los capitales para negocios bursátiles y cierra sus puertas a los inmigrantes y refugiados, que huyen del hambre y de la violencia terrorista.
Ante la falta de argumentos racionales para justificar dichas guerras, se apela a Dios –siempre con atributos masculinos y bélicos- y se mata en su nombre, convirtiéndolo en asesino. Lo expresaba con todo realismo el filósofo Martin Buber en un texto que hoy sigue conservando actualidad: “Dios es la palabra más vilipendiada de todas las palabras humanas. Ninguna ha sido tan mancillada, tan manipulada…. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Esta palabra lleva sus huellas dactilares y su sangre. Los seres humanos dibujan un monigote y escriben debajo la palabra ‘Dios’. Se asesinan unos a otros y dicen: ‘lo hacemos en nombre de Dios’”.
Ante la falta de argumentos racionales, se apela a Dios y se mata en su nombre, convirtiéndolo en asesino
No es extraño, por ende, que Dios haya decidido darse de baja de todas las religiones, como expresaba un chiste, creo que de El Roto en EL PAÍS, con motivo de la guerra de Bush, Blair y Aznar contra Iraq. El retorno de las guerras por motivos religiosos lleva a pensar, equivocadamente en mi opinión, que estas son una constante en la humanidad, más aún, la ley de la historia de la que no podemos escapar. Si sí fuere, la humanidad se habría convertido ya en un coloso en llamas.
La violencia tiene muchos rostros y un sinnúmero de manifestaciones a cuál más dramáticas y destructivas del tejido de la vida y de la convivencia cívica. Una de las más extremas es la violencia de género, instrumento de poder y de dominación del patriarcado en la sociedad y en las religiones que, dada su extensión y sus motivaciones, desemboca en terrorismo patriarcal, al que responde el feminismo, una de las pocas revoluciones pacíficas de la historia, a través de la no-violencia activa desde un discurso y unas prácticas fundadas en la igual dignidad de los seres humanos. Violencia patriarcal hoy muy extendida entre los adolescentes y en los jóvenes, en el trabajo, en los conflictos armados, donde las mujeres se convierten en campo de batalla, y contra la infancia, una de las más persistentes y ocultas que colocan a los niños y niñas en una situación de total indefensión.
Pero la violencia y los conflictos bélicos son solo una cara de la realidad mundial y de las religiones. Hay otra más esperanzada y esperanzadora, más optimista y constructiva: las tradiciones y experiencias religiosas que trabajan por la paz fundada en la justicia, transitan por caminos de reconciliación como respuesta a los conflictos armados, fomentan espacios de diálogo y racionalidad frente a la irracionalidad de los fundamentalismos y participan en los procesos de paz entre contendientes en guerra.
Las dialéctica violencia-caminos de paz en las religiones es el tema del 35 Congreso de Teología que se celebrará en Madrid del 10 al 13 de septiembre, en el que reflexionarán en clave inter-disciplinar teólogos, teólogas y filósofas de distintas religiones, culturas y continentes, científicos sociales, activistas de movimientos pacifistas, víctimas de los diferentes terrorismos, etcétera. El Congreso de Teología hará un homenaje a dos de las figuras más relevantes del cristianismo liberador latinoamericano: Monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado hace 35 años, y Pedro Casaldàliga, obispo-poeta-profeta del Mato Grosso (Brasil), que, en un clima de violencia política, religiosa, racial, sexista, estructural y ecológica, trabajaron por la reconciliación, la justicia, la fraternidad-sororidad y el cuidado de la tierra siempre del lado de los “crucificados de la Tierra”.
Las dialéctica violencia-caminos de paz en las religiones se tratará en el 35 Congreso de Teología que se celebrará en Madrid
(*) Juan José Tamayo es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y secretario general de la Asociación Teológica Juan XXIII.
Etiquetas:
Congreso de Teología,
Guerra de religiones,
Juan José Tamayo,
Refugiados,
Religiones,
Teología
MIGRACIONES
EL UNIVERSAL, Caracas, 13 de septiembre de 2015
No son tan fanáticos los musulmanes
Alejandro A. Tagliavini
Existen -está claro- musulmanes muy fanáticos, solo porque les conviene. Y también le conviene que existan estos fanáticos a los partidarios occidentales de la guerra -traficantes de armas, mercenarios, etc.- que se benefician con los conflictos que ayudan a crear.
Más de cuatro millones de sirios huyeron de la guerra. En lo que va de año, Berlín recibió más de 1.000 menores no acompañados, según Save The Children. En Suecia, calculan que cada semana llegan 700 niños "huérfanos". Al final del 2014, solo en Alemania había 17.000 niños y adolescentes refugiados sin familiares.
"Hecha la ley, hecha la trampa" dice el refrán que desenmascara el hecho de que los gobiernos fabrican "leyes" con el fin crear delincuentes. Así, la imposibilidad de entrar "legalmente" a Europa ha introducido a los "traficantes" que les consiguen, a las personas, lo que los Estados les niegan. Por caso, un adolescente eritreo de 16 años contó a Save The Children cómo los traficantes lo obligaron a trabajar en un campo en Libia, para pagar su pasaje, donde le pegaban y le rompieron un brazo.
Aunque abrieron sus puertas a los kuwaitíes cuando Hussein invadió el emirato en 1991, las ricas monarquías del Golfo -propagadoras del fanatismo islámico como Arabia Saudita que tiene una policía religiosa más violenta que la Inquisición- casi no reciben refugiados musulmanes demostrando que son fanáticos, del islamismo, solo cuando les conviene. Dicho sea de paso, si los torpes políticos de Occidente no hubieran atacado Irak y Libia el panorama sería hoy más pacífico y sus tiranos -Gaddafi y Hussein- hubieran caído por su propio peso.
Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar) gastaron para Siria unos US$ 500 millones, poco comparado con su capacidad. Pero cuando los refugiados salen de los campos en el Líbano, Jordania y Turquía van sobre todo a Europa, demostrando que no son fanáticos y que prefieren la cultura occidental.
En una prueba más de su dislocación síquica con la realidad, "Llamamos a los musulmanes... a realizar la hégira (emigración) al Estado Islámico", dijo el líder de la zona de donde más huyen, el "Estado Islámico". Eso sí, Qatar y Arabia Saudita cuentan con una enorme cantidad de extranjeros, principalmente de India y Asia Central, pero musulmanes... no, gracias.
Miles de europeos dan muestras de solidaridad con los refugiados aun cuando el desempleo en la Unión Europea (UE) roza los 23 millones de personas. Desempleo que no es natural -hay muchas viviendas, escuelas, hospitales, etc., para hacer- sino creado por el "Estado de Bienestar" al imponer "leyes" como la del salario mínimo que impide que trabajen -"legalmente" - los que ganarían menos.
Irónicamente, según estudios, la UE necesitará en las próximas tres décadas sumar 50 millones de trabajadores -que paguen impuestos... obvio- para sostener sus sistemas sociales. Y sin inmigración la población europea descendería. Los refugiados llegados -365.000- en lo que va de año a la UE equivalen al 0,06% de la población local, tienen una tasa de emprendimiento empresarial mayor y cometen menos crímenes. Y no generan desempleo: el Reino Unido incorporó desde 2004 más de un millón de polacos mientras se redujo el desempleo y subió el salario medio.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
No son tan fanáticos los musulmanes
Alejandro A. Tagliavini
Existen -está claro- musulmanes muy fanáticos, solo porque les conviene. Y también le conviene que existan estos fanáticos a los partidarios occidentales de la guerra -traficantes de armas, mercenarios, etc.- que se benefician con los conflictos que ayudan a crear.
Más de cuatro millones de sirios huyeron de la guerra. En lo que va de año, Berlín recibió más de 1.000 menores no acompañados, según Save The Children. En Suecia, calculan que cada semana llegan 700 niños "huérfanos". Al final del 2014, solo en Alemania había 17.000 niños y adolescentes refugiados sin familiares.
"Hecha la ley, hecha la trampa" dice el refrán que desenmascara el hecho de que los gobiernos fabrican "leyes" con el fin crear delincuentes. Así, la imposibilidad de entrar "legalmente" a Europa ha introducido a los "traficantes" que les consiguen, a las personas, lo que los Estados les niegan. Por caso, un adolescente eritreo de 16 años contó a Save The Children cómo los traficantes lo obligaron a trabajar en un campo en Libia, para pagar su pasaje, donde le pegaban y le rompieron un brazo.
Aunque abrieron sus puertas a los kuwaitíes cuando Hussein invadió el emirato en 1991, las ricas monarquías del Golfo -propagadoras del fanatismo islámico como Arabia Saudita que tiene una policía religiosa más violenta que la Inquisición- casi no reciben refugiados musulmanes demostrando que son fanáticos, del islamismo, solo cuando les conviene. Dicho sea de paso, si los torpes políticos de Occidente no hubieran atacado Irak y Libia el panorama sería hoy más pacífico y sus tiranos -Gaddafi y Hussein- hubieran caído por su propio peso.
Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar) gastaron para Siria unos US$ 500 millones, poco comparado con su capacidad. Pero cuando los refugiados salen de los campos en el Líbano, Jordania y Turquía van sobre todo a Europa, demostrando que no son fanáticos y que prefieren la cultura occidental.
En una prueba más de su dislocación síquica con la realidad, "Llamamos a los musulmanes... a realizar la hégira (emigración) al Estado Islámico", dijo el líder de la zona de donde más huyen, el "Estado Islámico". Eso sí, Qatar y Arabia Saudita cuentan con una enorme cantidad de extranjeros, principalmente de India y Asia Central, pero musulmanes... no, gracias.
Miles de europeos dan muestras de solidaridad con los refugiados aun cuando el desempleo en la Unión Europea (UE) roza los 23 millones de personas. Desempleo que no es natural -hay muchas viviendas, escuelas, hospitales, etc., para hacer- sino creado por el "Estado de Bienestar" al imponer "leyes" como la del salario mínimo que impide que trabajen -"legalmente" - los que ganarían menos.
Irónicamente, según estudios, la UE necesitará en las próximas tres décadas sumar 50 millones de trabajadores -que paguen impuestos... obvio- para sostener sus sistemas sociales. Y sin inmigración la población europea descendería. Los refugiados llegados -365.000- en lo que va de año a la UE equivalen al 0,06% de la población local, tienen una tasa de emprendimiento empresarial mayor y cometen menos crímenes. Y no generan desempleo: el Reino Unido incorporó desde 2004 más de un millón de polacos mientras se redujo el desempleo y subió el salario medio.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
Etiquetas:
Alejandro A. Tagliavini,
Estado Islámico,
Islam,
Refugiados,
Tráfico de armas
viernes, 31 de julio de 2015
INFIDELIDAD A LOS PRINCIPIOS
EL PAÍS, Madrid,21 de julio de 2015TRIBUNA
Historias de refugiados
Cuando los europeos huían de la barbarie, en la mayoría de los casos encontraban un país que los acogiese. En la actualidad, sus descendientes se muestran altamente insolidarios con esa nueva ola de necesitados que vienen de Oriente
Monika Zgustova
Uno. “Tenemos que exiliarnos”, decidieron mis padres a mediados de los setenta, al darse cuenta de que no podían seguir viviendo en su país que, tras la invasión soviética, volvió al totalitarismo. A mi padre, lingüista, como represión por su participación en el proceso liberador de la Primavera de Praga de 1968, las nuevas autoridades acababan de echarle de su trabajo en un conocido instituto de investigación; por eso, mis padres concluyeron que no les quedaba otro remedio que emigrar con sus dos hijos de su Praga natal. Los países de la órbita soviética, entre los cuales se encontraba Checoslovaquia, no permitían a sus ciudadanos marcharse del país; el “abandono de la patria”, según la terminología de entonces, se consideraba alta traición y se castigaba duramente: a las personas que intentaban cruzar la frontera, los guardias las fusilaban sin más. Por eso, mis padres trazaron un minucioso plan para huir. Inscribieron a la familia en un viaje organizado a la India, en aquel entonces uno de los pocos países fuera de la órbita soviética que las autoridades checas ocasionalmente permitían visitar. Mis padres consideraron que, en un principio, no era prudente revelar sus planes a sus dos hijos adolescentes. En Delhi consiguieron los visados para Estados Unidos y compraron los billetes de avión. Tras algunas situaciones de alto riesgo en la aduana de Delhi, los cuatro desembarcamos en el aeropuerto J. F. Kennedy de Nueva York: los padres, con los nervios destrozados —desde entonces, ambos se han ido medicando contra la ansiedad—; los hijos, desilusionados por no poder volver a ver a sus amigos y abuelos. Más tarde nos enteramos que de las 60 personas que salieron en el viaje organizado de Praga a la India, solo cuatro volvieron. Prácticamente la totalidad utilizó el viaje para huir de un país cuya represión no estaban dispuestos a tolerar más.
Los pasajeros de nuestro viaje formaron parte de toda una oleada de exiliados políticos: un total de 220.000 personas huyeron de la Checoslovaquia comunista, un país de 15 millones de habitantes. A pesar de todas las dificultades, el final de la aventura fue feliz; a mi padre le acabaron eligiendo miembro de la Academia estadounidense; los hijos logramos una buena preparación académica a base de las becas que nos otorgaron.
Cuando en los ochenta decidí volver a Europa, mi segundo refugio fue España. Aterricé aquí sin conocer a nadie, sin dinero. El país me brindó una buena acogida y nunca me faltó trabajo. Gracias a la comprensión de los países que nos ampararon, el exilio de toda mi familia fue modélico.
Nuestra experiencia no fue sino una pequeña gota en el mar que formaron los exiliados europeos que, a partir de la I Guerra Mundial, inundaron el mundo entero. El siglo XX europeo con sus ideologías esclavizantes, guerras mundiales y guerras civiles, dictaduras y totalitarismos ha generado olas de refugiados, que en algunos casos cambiaron el mapa étnico de las grandes urbes europeas y americanas. Alemanes, rusos, españoles, judíos, checos... todos ellos en su momento huyeron de algún horror.
Por participar en la Primavera de Praga, mi padre fue expulsado de su trabajo y salió al exilio
Dos. Al igual que mis padres se escaparon de la Checoslovaquia totalitaria, Amar Obaid, un comerciante sirio que tras la revolución prestó apoyo a la rebelión contra el presidente Bachar el Asad, tuvo que huir de Siria en 2011; quedándose en su país hubiera puesto en riesgo su vida y la de su mujer y sus tres hijas. Con sus ahorros estableció en El Cairo un pequeño comercio de muebles. Sin embargo, desde que el golpe militar —y con él, un chovinismo xenófobo— sacudió Egipto, los moderadores televisivos no han parado de arremeter contra los refugiados sirios como contra unos parásitos. Amar, que no puede regresar a Siria, tampoco tiene futuro alguno en Egipto; el país de acogida se ha vuelto una trampa de la que solo hay una salida: marcharse a Occidente. Y puesto que no hay manera legal que permita a Amar trasladarse a Europa, como no la hubo para mis padres cuando decidieron abandonar su país, la familia de Amar decidió que el padre se apuntaría a un viaje con una agencia traficante de personas, que en Egipto y Libia funcionan como una especie de agencia de viaje y, una vez establecido en Europa, haría llegar a su familia a su lado. Un plan arriesgado pero no imposible. Tras mucho dinero perdido, tras varios intentos de viajar frustrados y más de una estancia en la cárcel, Amar —persona real con nombre inventado, como el de la mayoría de esos pasajeros frágiles e impotentes— sigue esperando, desde hace meses, en la orilla egipcia, entre traficantes mafiosos y personas inocentes y exasperadas como él, a que un barco le lleve al otro lado del Mediterráneo y luego a un lugar cualquiera donde podrá sobrevivir.
Tanto la motivación por la huida como el peligro que sufre Amar tienen puntos de similitud con los que experimentaron mis padres; sin embargo, me temo que la acogida de uno y otros en los países receptores diferirá de modo radical.
Un sirio que se rebeló contra El Asad espera que un barco lo lleve al otro lado del Mediterráneo
Tres. Mientras que los europeos huían de la barbarie, en la mayoría de los casos encontraban un país que los acogiese. En la actualidad, los descendientes de esos europeos se muestran altamente insolidarios con esa nueva ola de necesitados, cuyo paradigma es Amar Obaid y que provienen del Oriente Próximo, esa parte del mundo que, en parte por culpa de Occidente, está en llamas. Europa es reacia a aceptarlos, cada país tiene sus problemas y todos temen que sus votantes no vean con buenos ojos una oleada de refugiados. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esos exiliados no son muchos —el año pasado fueron 43.000 en total—; que muchos son ingenieros, comerciantes y abogados, y, además, que provienen de antiguas colonias europeas y por eso deberíamos responsabilizarnos de ellos. Sin embargo, precisamente Gran Bretaña, la gran colonizadora de antaño, hoy está entre los países más reacios a aceptar cupos. De modo similar, el Gobierno de España ha protestado contra los cupos, aunque en la posguerra europea los refugiados españoles, tanto los que huían de Franco como los que escapaban de la miseria, encontraron trabajo en otros países. Y los Gobiernos de los países exsoviéticos como Hungría y Checoslovaquia, muchos de cuyos habitantes fueron bien acogidos en su momento, muestran una buena dosis de chovinismo. En general, en muchos países europeos la crisis de los migrantes ha ayudado a generar apoyo de los votantes a la derecha populista, xenófoba y excluyente.
La Unión Europea, la formación geopolítica con más riqueza per capita del mundo, siempre ha ostentado sus programas de ayuda social. Para no perder su autoestima, debería seguir siendo fiel a esos principios. La Europa contemporánea debería mostrarse generosa y brindar amparo a esos refugiados, y no solo por motivos humanitarios: los que hoy huyen de la barbarie, mañana enriquecerán nuestro continente.
(*) Monika Zgustova es escritora.
Ilustración: Eulogia Merle.
Etiquetas:
Checoeslovaquia,
Eulogia Merle,
Europa,
Exilio,
Monika Zgustova,
Refugiados
domingo, 26 de abril de 2015
EL SUELO MOVEDIZO DE LA MEMORIA
De la añoranza y consternación
Luis Barragán
Gracias a la brevedad reglamentaria de las intervenciones en la Asamblea Nacional, a finales del año pasado apenas enunciamos nuestra preocupación por el destino de los inmuebles de valor histórico y arquitectónico en Venezuela. Lo ejemplificamos, entre otros casos, con las condiciones en las que se encontraba la vieja sede la Biblioteca Nacional, tan cercana al Palacio Legislativo.
En efecto, sede por numerosas décadas, a mediados o finales de los setenta del XX, fue escenario de una experiencia exitosa: la Biblioteca Pública Central de Caracas, esperando un poco más la Biblioteca y la Hemeroteca Nacionales por otro destino definitivo, con la futura construcción del Foro Libertador, aceptado el tránsito de la prensa por la Pista Mucubají del Nuevo Circo. Tiempos en los que la inquietud juvenil se paseaba entusiasta por una estantería extraordinaria, añadidos servicios como el del préstamo circulante, una fonoteca y la sala de lectura de la Plaza Bolívar con sus revistas extranjeras: por muy críticos que nos digamos, Virginia Betancourt hizo una inmensa contribución al país que todavía no tiene equivalente alguno.
Nos familiarizamos tanto con el lugar que, ya adultos, continuamos con la costumbre de hurgar y devorar de vez en cuando las novedades que ofrecía la biblioteca ubicada entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, al salir del tribunal penal donde laborábamos. Todavía sobreviven muchos apuntes y fotocopias de aquella época en la que disfrutábamos de unos espacios reverenciados, pues se asomaban las colecciones en las terrazas con una vistosidad sobria, ordenada y premonitoria del paciente oleaje que nos esperaba.
La vieja sede sería reformulada con la llegada de Chávez Frías al poder, heredero – por cierto - de un Foro Libertador que hoy no tiene semejanza con sus inicios. No hubo mejor reformulación que el cierre y, al transcurrir el presente siglo, terminó como el justificado refugio de las víctimas de las lluvias por un prolongado tiempo hasta que, no hace mucho, fue paulatinamente desalojado.
Tránsito obligado para acudir a la Asamblea Nacional, quienes resguardaban el sitio se aireaban un poco, abriendo las puertas y ventanas colándose la vista de cualquier peatón sobre el terrible deterioro de las instalaciones vacías. Semanas atrás, sinceraron la vista por los trabajos de remodelación emprendidos, imposibles de fotografíar por el riesgo de sacar el móvil en otra de las arterias caraqueñas empañadas por el hampa.
El viernes 24 de los corrientes, saliendo del Palacio de las Academias, después de escaparnos de nuestras labores habituales para escudriñar la antigua prensa, nos detuvimos frente al portón de la otrora Biblioteca Nacional que tiene días engalanada con sendos pendones que hablan del Centro de Historia Nacional y de una Exposición sobre la Constitución. Oportunidad esperada, preguntamos y nos detuvimos en medio de la sala, empuñando distraídamente el perolito electrónico: sentimos la profunda consternación de un sitio que añoramos, con todos los remiendos vivos de una remodelación evidentemente inconclusa que hasta la losa del piso, seguramente de remota data, tenía el sello de una criminal improvisación.
Terrazas solitarias, golpeadas por luces multicolores para una audiencia de escasos muchachos a la usanza postmoderna que parecía fastidiarles el conjunto de cuatro, arpa, maracas y cantante de encendidas letras antipuntofijistas, invitando a pormenorizar la exposición. ¿Cómo funcionará el Centro de Historia Nacional en un espacio concebido para apoteósicas colecciones de libros? ¿Por qué de la festividad ante una obra de remodelación – insistimos – inconclusa que puede llevarse por el medio hasta un vetusto pasamanos? ¿Qué harán con los ahora tapiados ascensores para libros que tampoco sirven de chimeneas para una cocina?
Supusimos mal, pues la exposición se limitaba a una ridícula pared taseajeada para videos, impresas las consabidas leyendas, o un no sé qué recurso didáctico a objeto de explicar la Constitución que ha sido violada reiteradamente. Guardamos poco a poco el arma de reglamento, no otro que el repletador de imágenes, sin ocasión para un video que extrañaría a la concurrencia de un espectáculo barato y abaratador de inconfundible cuño propagandísticos para … ellos mismos.
Proyectamos plantear nuestras inquietudes en el seno de la Comisión Permanente de Cultura, como ha ocurrido antes. Queda el sabor amargo de un gigantesco simulacro revolucionario que, al detal, halla una versión de mediodía sobre los escombros de un referente urbano que trepidaba tinta y papel.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/22355-de-la-anoranza-y-consternacion
Fotografías: LB, Caracas (24/04/2015).
Luis Barragán
Gracias a la brevedad reglamentaria de las intervenciones en la Asamblea Nacional, a finales del año pasado apenas enunciamos nuestra preocupación por el destino de los inmuebles de valor histórico y arquitectónico en Venezuela. Lo ejemplificamos, entre otros casos, con las condiciones en las que se encontraba la vieja sede la Biblioteca Nacional, tan cercana al Palacio Legislativo.
En efecto, sede por numerosas décadas, a mediados o finales de los setenta del XX, fue escenario de una experiencia exitosa: la Biblioteca Pública Central de Caracas, esperando un poco más la Biblioteca y la Hemeroteca Nacionales por otro destino definitivo, con la futura construcción del Foro Libertador, aceptado el tránsito de la prensa por la Pista Mucubají del Nuevo Circo. Tiempos en los que la inquietud juvenil se paseaba entusiasta por una estantería extraordinaria, añadidos servicios como el del préstamo circulante, una fonoteca y la sala de lectura de la Plaza Bolívar con sus revistas extranjeras: por muy críticos que nos digamos, Virginia Betancourt hizo una inmensa contribución al país que todavía no tiene equivalente alguno.
Nos familiarizamos tanto con el lugar que, ya adultos, continuamos con la costumbre de hurgar y devorar de vez en cuando las novedades que ofrecía la biblioteca ubicada entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, al salir del tribunal penal donde laborábamos. Todavía sobreviven muchos apuntes y fotocopias de aquella época en la que disfrutábamos de unos espacios reverenciados, pues se asomaban las colecciones en las terrazas con una vistosidad sobria, ordenada y premonitoria del paciente oleaje que nos esperaba.
La vieja sede sería reformulada con la llegada de Chávez Frías al poder, heredero – por cierto - de un Foro Libertador que hoy no tiene semejanza con sus inicios. No hubo mejor reformulación que el cierre y, al transcurrir el presente siglo, terminó como el justificado refugio de las víctimas de las lluvias por un prolongado tiempo hasta que, no hace mucho, fue paulatinamente desalojado.
Tránsito obligado para acudir a la Asamblea Nacional, quienes resguardaban el sitio se aireaban un poco, abriendo las puertas y ventanas colándose la vista de cualquier peatón sobre el terrible deterioro de las instalaciones vacías. Semanas atrás, sinceraron la vista por los trabajos de remodelación emprendidos, imposibles de fotografíar por el riesgo de sacar el móvil en otra de las arterias caraqueñas empañadas por el hampa.
El viernes 24 de los corrientes, saliendo del Palacio de las Academias, después de escaparnos de nuestras labores habituales para escudriñar la antigua prensa, nos detuvimos frente al portón de la otrora Biblioteca Nacional que tiene días engalanada con sendos pendones que hablan del Centro de Historia Nacional y de una Exposición sobre la Constitución. Oportunidad esperada, preguntamos y nos detuvimos en medio de la sala, empuñando distraídamente el perolito electrónico: sentimos la profunda consternación de un sitio que añoramos, con todos los remiendos vivos de una remodelación evidentemente inconclusa que hasta la losa del piso, seguramente de remota data, tenía el sello de una criminal improvisación.
Terrazas solitarias, golpeadas por luces multicolores para una audiencia de escasos muchachos a la usanza postmoderna que parecía fastidiarles el conjunto de cuatro, arpa, maracas y cantante de encendidas letras antipuntofijistas, invitando a pormenorizar la exposición. ¿Cómo funcionará el Centro de Historia Nacional en un espacio concebido para apoteósicas colecciones de libros? ¿Por qué de la festividad ante una obra de remodelación – insistimos – inconclusa que puede llevarse por el medio hasta un vetusto pasamanos? ¿Qué harán con los ahora tapiados ascensores para libros que tampoco sirven de chimeneas para una cocina?
Supusimos mal, pues la exposición se limitaba a una ridícula pared taseajeada para videos, impresas las consabidas leyendas, o un no sé qué recurso didáctico a objeto de explicar la Constitución que ha sido violada reiteradamente. Guardamos poco a poco el arma de reglamento, no otro que el repletador de imágenes, sin ocasión para un video que extrañaría a la concurrencia de un espectáculo barato y abaratador de inconfundible cuño propagandísticos para … ellos mismos.
Proyectamos plantear nuestras inquietudes en el seno de la Comisión Permanente de Cultura, como ha ocurrido antes. Queda el sabor amargo de un gigantesco simulacro revolucionario que, al detal, halla una versión de mediodía sobre los escombros de un referente urbano que trepidaba tinta y papel.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/22355-de-la-anoranza-y-consternacion
Fotografías: LB, Caracas (24/04/2015).
domingo, 30 de septiembre de 2012
BITÁCORA (2)
Las Torres del Centro Simón Bolívar transitan un proceso de remodelación. No sabemos cuán es de restauración. Por lo pronto, la vista es desde la terraza del edificio administrativo de la Asamblea Nacional, caraqueña esquina de Pajaritos. Hay refugiados y, obviamente, está la televisión satelital pre-pagada al lado de la mensajería chavista.Una ciudad desconocida, un país distinto hacia el centro histórico y oeste, donde pocas referencias ya hacen los medios de comunicación. Una dimensión estética que es la de una crónica mudanza. Un territorio característico del oficialismo, pues tiene por epicentro natural Miraflores, aunque el grueso de las importantes dependencias oficiales están hacia el este.
¿Cuál canto actualizado a la Caracas que se resiste a todo poemante? ¡La postmodernidad que la hace trizas, favorecida por la inadvertencia de los días que transcurren? ¿Cuál colorido de realidades?
Huelgan los comentarios.
LB
Fotografías: LB, Caracas (25/09/12)
Etiquetas:
Bitácora,
Centro Simón Bolívar,
Chavismo,
LB,
Refugiados
sábado, 10 de marzo de 2012
APENAS, UN DATO
EL NACIONAL - Sábado 10 de Marzo de 2012 Mundo/11
RECUPERACIÓN En Fukushima se mantiene el proceso de descontaminación
A un año del sismo, reubicados 99% de los damnificados en Japón
Sólo 0,1% de los 470.000 afectados por la tragedia esperan por una vivienda
ARMANDO AVELLANEDA AAVELLANEDA@EL-NACIONAL.COM ENVIADO ESPECIAL JAPÓN
Las ruinas de una casa de dos pisos es lo que queda en Ciudad Natori, en Sendai, Japón.
La estructura, sin paredes es el único indicador de que antes hubo vida, y único testigo de lo ocurrido hace un año, cuando el tsunami posterior al sismo arrasó con poblaciones costeras en la región de Tohoku, al noreste del país.
Donde ayer hubo vida hoy espacios vacíos; la zona, localizada cerca del aeropuerto de Sendai, en la prefectura o gobernación de Miyagi, estaba poblada hasta ese día. De 108 casas donde vivían 400 personas, queda la evidencia de lo que la furia del agua puede hacer.
Lo que altera el paisaje son pilas de escombros cuidadosamente organizados, como muestra de la reconstrucción.
En una hay carros dañados; en otras, barro y tierra bien compactados, irreconocibles si uno no se acerca. La limpieza y el orden hacen impensable que en ese lugar, en el que no se volverá a construir, una catástrofe causó 54 muertos.
La naturaleza trastocó la vida de los japoneses el 11 de marzo de 2011. Los sorprendió un sismo de magnitud 9 en la escala de Richter -cuya intensidad máxima es 10-, con epicentro al noreste, en el océano Pacífico. 45 minutos después ocurrió el tsunami, con olas de más 10 metros de altura, que penetró hasta más de 6 kilómetros desde la costa. Hubo daños en 15 prefecturas.
"Muchos decidimos olvidar y trabajar", afirmó una joven en un bar de Sendai. Uno de los que no pudieron escapar a la realidad es Eiji Suzuki, que vivía en Ciudad Natori en la estructura en pie y era propietario de un estacionamiento cerca del aeropuerto. El terremoto lo dejó muy alterado y fue al hospital.
El hombre, de 70 años de edad, fue a su trabajo para ver cómo había quedado todo. Llegó y salió antes de que el océano -localizado a 1 kilómetro de su hogar-, se embraveciera y destruyera todo. "Escapé porque manejé rápido.
Estuve en casa de unos amigos hasta que pude regresar", precisó. Hoy vive en un pueblo cercano y ha recuperado su negocio. "Quisiera volver a mi hogar, pero la zona es de alto riesgo", precisó.
Kazuko Mori, de 60 años de edad, residía cerca de Suzuki, en un edificio del que se llega en 10 minutos a pie al aeropuerto de Sendai. La catástrofe la sorprendió allí, con su madre. Se quedaron sin luz, gas ni agua el gobierno cortó los servicios por prevención-.
"No sabía lo que pasaba hasta que los bomberos pidieron que desalojáramos. Lo hicimos a pie. A mi madre le cuesta caminar y eso se empeoró por la nieve; se caía. Llegamos como pudimos al aeropuerto", precisó.
Tsuyio Hirayama y su esposa vivían junto a 100 familias en Shinhama, pueblo pesquero cerca de Sendai. El sismo los sorprendió en una tienda. "Fue el primer trauma; no nos imaginamos que el segundo sería peor", dijo desde un conjunto de 18 casas prefabricadas de más de 40 metros cuadrados cada una- que construyó el Gobierno central en Sendai a modo de albergue temporal. Allí comparte con 128 personas.
Superado el susto supieron de la alerta de tsunami. Convenció a su esposa de evacuar, pero primero fue a su casa por dinero. Cuando regresaban, sintieron el golpe del agua.
"Fueron como dos olas que nos empujaron", expresó.
Salieron como pudieron del vehículo y el agua minutos después y llegaron a un lugar para protegerse del agua y el frío en invierno las temperaturas pueden ser menores a cero grados-.
"Creímos que moriríamos.
Estoy contento de haber sobrevivido. Al principio tenía pesadillas, pero lo superé. Mi esposa sufre de depresiones y recuerda lo vivido; por eso suele ir al hospital", lamentó.
Registro. La catástrofe causó más de 15.800 muertos y 128.525 casas desaparecidas en todo el país. El Gobierno calculó daños en más de 200 millardos de dólares. Una de las gobernaciones más afectadas fue Miyagi. En febrero se contabilizaron 9.472 muertos -3.182 en Ishinomaki-y 83.861 residencias destruidas.
"Los dos problemas han sido trabajo y viviendas. Los desempleados más de 110.000- laboraban en el sector agrícola y en el pesquero, principalmente; 10% de las tierras quedaron inutilizables y en algunas zonas la costa se hundió hasta un metro, lo que facilita inundaciones", explicó Yoshihiro Murai, gobernador de Miyagi.
En la prefectura de Fukushima hubo la crisis en la planta nuclear Fukushima Dai-ichi, manejada por la empresa TEPCO. Hubo emisión de partículas radiactivas a la atmósfera y al mar. Se le calificó como el accidente atómico más grave desde la explosión de la planta de Chernóbil en 1986. Hay una zona de protección de un radio de 20 kilómetros desde la central que está deshabitada.
La economía del país fue golpeada; en 2011 solo creció un trimestre. El turismo bajó también.
El Gobierno central definió un plan de reconstrucción de 10 años, centrado en rehabilitar las zonas de desastre; restaurar la vida de los afectados, revivir la economía.
Los actores clave son los 222 municipios impactados, que deben presentar un plan; las gobernaciones deben apoyarlos, mientras que Tokio debe bajar el dinero, dar asistencia y optimizar el trabajo con la Agencia de Reconstrucción, creada en febrero, que coordina a los ministerios.
"El tsunami barrió con pueblos. Hay que ver qué tipo de tierras se pueden trabajar, cómo rehacer la vida de los afectados buena parte gente mayor-, reindustrializar la zona recuperar las antiguas y atraer nuevas-, y eso hay que consensuarlo", explicó Yoshio Ando, consejero de la Secretaría de Reconstrucción.
La recolección de escombros supera en muchas zonas 90%, dijo en Caracas Shotoku Habukawa, de la Embajada de Japón. De 470.000 damnificados, 337.619 han sido reubicados en hoteles y apartamentos que el gobierno alquila o en 52.000 casas temporales; más de 140.000 han recuperado sus hogares, se mudaron a otros, o están con sus familiares; solo faltan 600, según Habukawa.
"Para la reconstrucción se han aprobado 240 millardos de dólares. Cerramos todos los centros de evacuación, progresamos en la limpieza de las zonas afectadas, y recuperamos servicios públicos como agua, electricidad y gas, excepto en las zonas de la crisis nuclear.
Se ha subsidiado a instituciones financieras para que den a los afectados créditos para viviendas a bajos intereses. Para la reindustrialización ofrecemos exenciones de impuestos y subsidios", expresó Ando.
En Miyagi hubo más de 320.000 damnificados, 14% de la población. Para diciembre los habían recolocado y cerrado los albergues. El aeropuerto de Sendai recuperó su pista de aterrizaje el 29 de marzo, con ayuda de Estados Unidos. Los vuelos se reiniciaron el 13 de abril. Más de 347 kilómetros de los 675 de vías rápidas de la entidad fueron destruidas; el 24 de marzo se levantaron las restricciones de tránsito.
"El gran reto es la economía.
Esperamos recuperar, relanzar e internacionalizar la agricultura, pesca y silvicultura en 10 años", expresó Murai.
En Fukushima sigue la descontaminación. Se espera rehabilitarla en 10 años. Se hacen controles a carnes y vegetales que no arrojan riesgos. En el Centro de Tecnología Agrícola de Fukushima se reconoció que frutas y peces tienen radiación. La veda de pesca sigue vigente allí.
Quejas. Hirayama, hoy desempleado que vive de aportes del gobierno. No está satisfecho con la reconstrucción. "El Ejecutivo central ha trazado un plan pero no sabemos qué pasa; sentimos que todo es muy lento", lamentó.
La señora Kazuko Nunakata, de 61 años de edad, dijo percibir que era poco lo que se hacía. "El Gobierno no actúa y la oposición bloquea; las prefecturas y las alcaldías parecen paralizadas", recriminó.
Kanaki Yamaoka, del Instituto de Economías en Desarrollo de Japón, afirmó que es la oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo. "Hay que revolucionar el sistema económico; a uno más abierto y flexible", indicó.
Propuso un óptimo funcionamiento de la Agencia de Reconstrucción y mayor colaboración intergubernamental.
"Hay que aumentar la comunicación con los Ejecutivos locales. La clave es hablar con la gente y no centralizar decisiones", concluyó.
RECUPERACIÓN En Fukushima se mantiene el proceso de descontaminación
A un año del sismo, reubicados 99% de los damnificados en Japón
Sólo 0,1% de los 470.000 afectados por la tragedia esperan por una vivienda
ARMANDO AVELLANEDA AAVELLANEDA@EL-NACIONAL.COM ENVIADO ESPECIAL JAPÓN
Las ruinas de una casa de dos pisos es lo que queda en Ciudad Natori, en Sendai, Japón.
La estructura, sin paredes es el único indicador de que antes hubo vida, y único testigo de lo ocurrido hace un año, cuando el tsunami posterior al sismo arrasó con poblaciones costeras en la región de Tohoku, al noreste del país.
Donde ayer hubo vida hoy espacios vacíos; la zona, localizada cerca del aeropuerto de Sendai, en la prefectura o gobernación de Miyagi, estaba poblada hasta ese día. De 108 casas donde vivían 400 personas, queda la evidencia de lo que la furia del agua puede hacer.
Lo que altera el paisaje son pilas de escombros cuidadosamente organizados, como muestra de la reconstrucción.
En una hay carros dañados; en otras, barro y tierra bien compactados, irreconocibles si uno no se acerca. La limpieza y el orden hacen impensable que en ese lugar, en el que no se volverá a construir, una catástrofe causó 54 muertos.
La naturaleza trastocó la vida de los japoneses el 11 de marzo de 2011. Los sorprendió un sismo de magnitud 9 en la escala de Richter -cuya intensidad máxima es 10-, con epicentro al noreste, en el océano Pacífico. 45 minutos después ocurrió el tsunami, con olas de más 10 metros de altura, que penetró hasta más de 6 kilómetros desde la costa. Hubo daños en 15 prefecturas.
"Muchos decidimos olvidar y trabajar", afirmó una joven en un bar de Sendai. Uno de los que no pudieron escapar a la realidad es Eiji Suzuki, que vivía en Ciudad Natori en la estructura en pie y era propietario de un estacionamiento cerca del aeropuerto. El terremoto lo dejó muy alterado y fue al hospital.
El hombre, de 70 años de edad, fue a su trabajo para ver cómo había quedado todo. Llegó y salió antes de que el océano -localizado a 1 kilómetro de su hogar-, se embraveciera y destruyera todo. "Escapé porque manejé rápido.
Estuve en casa de unos amigos hasta que pude regresar", precisó. Hoy vive en un pueblo cercano y ha recuperado su negocio. "Quisiera volver a mi hogar, pero la zona es de alto riesgo", precisó.
Kazuko Mori, de 60 años de edad, residía cerca de Suzuki, en un edificio del que se llega en 10 minutos a pie al aeropuerto de Sendai. La catástrofe la sorprendió allí, con su madre. Se quedaron sin luz, gas ni agua el gobierno cortó los servicios por prevención-.
"No sabía lo que pasaba hasta que los bomberos pidieron que desalojáramos. Lo hicimos a pie. A mi madre le cuesta caminar y eso se empeoró por la nieve; se caía. Llegamos como pudimos al aeropuerto", precisó.
Tsuyio Hirayama y su esposa vivían junto a 100 familias en Shinhama, pueblo pesquero cerca de Sendai. El sismo los sorprendió en una tienda. "Fue el primer trauma; no nos imaginamos que el segundo sería peor", dijo desde un conjunto de 18 casas prefabricadas de más de 40 metros cuadrados cada una- que construyó el Gobierno central en Sendai a modo de albergue temporal. Allí comparte con 128 personas.
Superado el susto supieron de la alerta de tsunami. Convenció a su esposa de evacuar, pero primero fue a su casa por dinero. Cuando regresaban, sintieron el golpe del agua.
"Fueron como dos olas que nos empujaron", expresó.
Salieron como pudieron del vehículo y el agua minutos después y llegaron a un lugar para protegerse del agua y el frío en invierno las temperaturas pueden ser menores a cero grados-.
"Creímos que moriríamos.
Estoy contento de haber sobrevivido. Al principio tenía pesadillas, pero lo superé. Mi esposa sufre de depresiones y recuerda lo vivido; por eso suele ir al hospital", lamentó.
Registro. La catástrofe causó más de 15.800 muertos y 128.525 casas desaparecidas en todo el país. El Gobierno calculó daños en más de 200 millardos de dólares. Una de las gobernaciones más afectadas fue Miyagi. En febrero se contabilizaron 9.472 muertos -3.182 en Ishinomaki-y 83.861 residencias destruidas.
"Los dos problemas han sido trabajo y viviendas. Los desempleados más de 110.000- laboraban en el sector agrícola y en el pesquero, principalmente; 10% de las tierras quedaron inutilizables y en algunas zonas la costa se hundió hasta un metro, lo que facilita inundaciones", explicó Yoshihiro Murai, gobernador de Miyagi.
En la prefectura de Fukushima hubo la crisis en la planta nuclear Fukushima Dai-ichi, manejada por la empresa TEPCO. Hubo emisión de partículas radiactivas a la atmósfera y al mar. Se le calificó como el accidente atómico más grave desde la explosión de la planta de Chernóbil en 1986. Hay una zona de protección de un radio de 20 kilómetros desde la central que está deshabitada.
La economía del país fue golpeada; en 2011 solo creció un trimestre. El turismo bajó también.
El Gobierno central definió un plan de reconstrucción de 10 años, centrado en rehabilitar las zonas de desastre; restaurar la vida de los afectados, revivir la economía.
Los actores clave son los 222 municipios impactados, que deben presentar un plan; las gobernaciones deben apoyarlos, mientras que Tokio debe bajar el dinero, dar asistencia y optimizar el trabajo con la Agencia de Reconstrucción, creada en febrero, que coordina a los ministerios.
"El tsunami barrió con pueblos. Hay que ver qué tipo de tierras se pueden trabajar, cómo rehacer la vida de los afectados buena parte gente mayor-, reindustrializar la zona recuperar las antiguas y atraer nuevas-, y eso hay que consensuarlo", explicó Yoshio Ando, consejero de la Secretaría de Reconstrucción.
La recolección de escombros supera en muchas zonas 90%, dijo en Caracas Shotoku Habukawa, de la Embajada de Japón. De 470.000 damnificados, 337.619 han sido reubicados en hoteles y apartamentos que el gobierno alquila o en 52.000 casas temporales; más de 140.000 han recuperado sus hogares, se mudaron a otros, o están con sus familiares; solo faltan 600, según Habukawa.
"Para la reconstrucción se han aprobado 240 millardos de dólares. Cerramos todos los centros de evacuación, progresamos en la limpieza de las zonas afectadas, y recuperamos servicios públicos como agua, electricidad y gas, excepto en las zonas de la crisis nuclear.
Se ha subsidiado a instituciones financieras para que den a los afectados créditos para viviendas a bajos intereses. Para la reindustrialización ofrecemos exenciones de impuestos y subsidios", expresó Ando.
En Miyagi hubo más de 320.000 damnificados, 14% de la población. Para diciembre los habían recolocado y cerrado los albergues. El aeropuerto de Sendai recuperó su pista de aterrizaje el 29 de marzo, con ayuda de Estados Unidos. Los vuelos se reiniciaron el 13 de abril. Más de 347 kilómetros de los 675 de vías rápidas de la entidad fueron destruidas; el 24 de marzo se levantaron las restricciones de tránsito.
"El gran reto es la economía.
Esperamos recuperar, relanzar e internacionalizar la agricultura, pesca y silvicultura en 10 años", expresó Murai.
En Fukushima sigue la descontaminación. Se espera rehabilitarla en 10 años. Se hacen controles a carnes y vegetales que no arrojan riesgos. En el Centro de Tecnología Agrícola de Fukushima se reconoció que frutas y peces tienen radiación. La veda de pesca sigue vigente allí.
Quejas. Hirayama, hoy desempleado que vive de aportes del gobierno. No está satisfecho con la reconstrucción. "El Ejecutivo central ha trazado un plan pero no sabemos qué pasa; sentimos que todo es muy lento", lamentó.
La señora Kazuko Nunakata, de 61 años de edad, dijo percibir que era poco lo que se hacía. "El Gobierno no actúa y la oposición bloquea; las prefecturas y las alcaldías parecen paralizadas", recriminó.
Kanaki Yamaoka, del Instituto de Economías en Desarrollo de Japón, afirmó que es la oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo. "Hay que revolucionar el sistema económico; a uno más abierto y flexible", indicó.
Propuso un óptimo funcionamiento de la Agencia de Reconstrucción y mayor colaboración intergubernamental.
"Hay que aumentar la comunicación con los Ejecutivos locales. La clave es hablar con la gente y no centralizar decisiones", concluyó.
Etiquetas:
Armando Avellaneda,
Japón,
Refugiados
lunes, 5 de diciembre de 2011
INHÓSPITO

Protestar a Chávez, en nombre de … Chávez
Luis Barragán
Ya es costumbre protestar al gobierno nacional, procurando salvaguardar a quien lo encabeza. Una curiosidad de la década, propia de los regímenes de fuerza que, inevitable, dejan ciertos espacios de libertad intentando sostener una mejor imagen, aunque – por cierto – las autoflagelaciones revelan las patologías generadas en su andar.
Los denunciantes del presente legarán a los estudiosos del futuro, incontables materiales en la búsqueda incesante de respuestas respecto a la sociedad que somos. Cualquier manifestación no escapará a los historiadores, antropólogos, sociólogos o politólogos, por más modesta o secundaria que diga ser.
En días recientes, el gremio de los hoteleros dejó suficiente testimonio del drama que los aqueja, incluyendo a los damnificados que acogen. Forzados, cumplieron con el llamado de emergencia de un gobierno nacional que, simplemente, se desentendió de los damnificados también representados en la rueda de prensa.
Digan lo que digan, raro el hotel de buen o mal prestigio que no alojó a las familias afectadas por las lluvias. Ha transcurrido suficiente tiempo y el Estado no ha respondido por ellas: mientras crece astronómicamente el presupuesto de la Presidencia de la República, los hoteleros deben mantener a esas familias inocentes, hacinadas en reducidas habitaciones donde lavan y cuelgan la ropa, cocinan y realizan otras actividades.
Los hoteleros subsidian al Estado, temiendo por el cierre o fracaso definitivo de sus negocios que se traducirá en un mayor desempleo. No reciben recurso alguno de compensación y, ha ocurrido, deben pagar multas por el exceso de consumo eléctrico, por no citar algunas de las vicisitudes delincuenciales que confrontan. Sin embargo, llama poderosamente la atención la postura asumida por sus auxiliados.
En efecto, en la señalada rueda de prensa, la representación de los damnificados condenó la irresponsabilidad e indiferencia del Estado, consciente – además – de la escasez de cabillas y cemento, pero también apurada en relevar de toda responsabilidad a Chávez Frías. Alegaron, la situación le hace daño a la revolución y al señor presidente tan pretendidamente inocentes como ellos.
Una de tres (o las tres): preservan la posibilidad – aunque sea remota – de alcanzar una vivienda, por lo que reafirman su solidaridad con Chávez Frías; conscientes de la realidad, esa solidaridad es frágil esperando por una mejor alternativa; o, inevitable, la solidaridad es con el gremio de los hoteleros que, al fin y al cabo, aún contra su voluntad, los ha ayudado. Versamos en torno a una conducta política apegada a cada una de las circunstancias vividas, objeto de una quizá fácil manipulación gubernamental.
Aciertan aquellos que demandan la verificación de las cifras de damnificados, a realizar por entidades tan acreditadas y respetables como PROVEA, siendo pertinente un programa oficial de emergencia ante el nuevo período de lluvias. Valga acotar, es en el terreno estadístico donde resulta más peligroso el chavezato capaz de celebrar la construcción de la vivienda número 100.000 aún cuando existen dudas razonables en torno a una hazaña que no es tal.
Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/7803741.asp
Ilustración: http://ovario.wordpress.com/page/26/?archives-list&archives-type=tags
Etiquetas:
Chavezato,
Damnificados,
Hotelería,
Luis Barragán,
Refugiados
miércoles, 30 de noviembre de 2011
REGRESAR, SIN HABER IDO NUNCA

EL NACIONAL - Miércoles 30 de Noviembre de 2011 Primera Página/1
PREFIEREN SUS CASAS EN RUINAS A LOS REFUGIOS DEL GOBIERNO
Centenares de familias vuelven a zonas desalojadas hace un año
Esperanza García regresó a Blandín, en la carretera vieja Caracas-La Guaira, después de pasar nueve meses en un refugio solidario
En Altavista y Blandín viven quienes perdieron la fe, como Gladys Palacios: "No sé qué da más miedo, si vivir en riesgo o estar sin casa"
Fotografía: Omar Véliz
Etiquetas:
Chavezato,
Omar Véliz,
Refugiados
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
