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sábado, 14 de marzo de 2020

TEORÍA DEL MACHIRULO

TRIBUNA 
Un nuevo campo de batalla
Daniel Innerarity
 
La coherencia no es la virtud más extendida en el género humano. ¿Cómo es posible que en muchos países los trabajadores voten a la extrema derecha o que los varones se sientan agredidos, pese a la evidencia de su posición hegemónica? Podríamos citar otras incoherencias en el actual paisaje político que llaman la atención: elitistas que ganan elecciones con un discurso contra las élites, líderes que apelan a la religión al tiempo que desprecian los valores más elementales del humanismo, también hay quien ha ganado la batalla contra el terrorismo y se presenta como derrotado…
 
Reflexionemos un momento sobre la primera contradicción. ¿A qué se debe esa nostalgia por un tipo de liderazgo viril del estilo del que representan Trump, Salvini, Abascal o Putin? ¿Podríamos explicar su éxito si no fuera porque, además de que son votados por los tradicionales reaccionarios de la derecha, resultan políticamente atractivos para amplias capas de la población, incluidos aquellos trabajadores que en su momento pudieron votar a los comunistas?

La primera explicación que se me ocurre tiene que ver con un mecanismo de compensación ante el desconcierto que produce la nueva reconfiguración de los papeles masculinos y femeninos, así como el avance de la lucha por la igualdad. Estamos en un momento histórico en el que se están volviendo a definir lo público y lo privado, la autosuficiencia y la dependencia, la soberanía y la cooperación, los principios y la negociación. En este contexto, el retorno del macho alfa o del cotidiano machirulo respondería a un intento de clarificación y vuelta a los patrones tradicionales. La dominación masculina se resiste a ceder y encuentra el sustento de amplias capas de la población que no saben cómo transitar hacia el nuevo reparto del territorio. El intento de conservar antiguos privilegios cuenta con el beneplácito de quienes se sienten inseguros en la nueva redefinición. Unos no saben cuál debe ser su nueva posición y otros lo saben demasiado bien y se resisten a ello. Porque no se negocia un simple reparto de tareas domésticas sino la definición de la propia identidad, algo que está produciendo nuevos perdedores y gente desconcertada e insegura.
 
El clásico combate por la igualdad mantenía la identidad de los combatientes, por lo que no resultaba demasiado desconcertante; ahora se discute también qué significa la masculinidad, en torno a las variantes de feminismo y la diversidad sexual. No es un combate de estereotipos sino contra ellos, porque el modo como el género se traduce en un estilo hace ya mucho tiempo que explotó en una variedad inclasificable. La cuestión es cómo equilibramos valores como el cuidado, la eficacia o la protección cuando ya no están asociados a ningún género en exclusiva.

Explicar los comportamientos sociales apelando a una incoherencia de los actores resulta demasiado fácil; es un modo de renunciar a entenderlos y, en su caso, a combatirlos adecuadamente. El caso de los trabajadores que votan a la extrema derecha tiene que ver concretamente con categorías simbólicas que actúan en el trasfondo de ciertos comportamientos elementales del ser humano. En su magna obra La distinction el sociólogo francés Pierre Bourdieu estudiaba con detalle hasta qué punto las clases populares han sido más rigoristas en lo que atañe a la sexualidad y a la división del trabajo entre los sexos, mientras que ese tipo de diferencias tiende a atenuarse a medida que se asciende en la escala social. En la clase dominante —señala Bourdieu a partir de diversas encuestas sociológicas— las mujeres tienden a atribuirse las prerrogativas mas típicamente masculinas, como fumar o vestir de modo garçon, mientras que los hombres no dudan en reconocer intereses y disposiciones en materia de gusto que los expondrían a pasar por afeminados, como pudiera ser un interés por la moda y algunas manifestaciones culturales. En este contexto no tiene nada de extraño que los trabajadores hayan considerado a las élites como burguesas y afeminadas; sus modales, su cosmopolitismo y su diplomacia aparecían en claro contraste con la fuerza y virilidad de quienes, como los trabajadores del campo o industriales, tienen una experiencia concreta de confrontación con el mundo material. En buena medida este antagonismo se reproduce hoy en el que enfrenta a globalistas y nativistas, con todos los atributos que podemos asociar a sus respectivas culturas políticas, sus diferentes estilos de comunicación y protección. En Francia un liderazgo como el de Macron, aunque solo sea implícitamente, recuerda al tipo de cosmopolitismo feminizante de ciertas élites y la circunstancia de que esté casado con una mujer mucho mayor que él no hace sino reforzar la “sospecha” acerca de su virilidad. En contraposición, Marine Le Pen aparece con todos los atributos de la masculinidad y esta puede ser la razón de que obtenga tantos apoyos electorales en los barrios obreros.

El capitalismo financiarizado implica, por así decirlo, una desmasculinización del trabajo. El momento reaccionario que vive hoy la América de Trump puede entenderse como una reacción a este fenómeno y responde muy adecuadamente al deseo de recuperar el contacto con la cultura material. Así lo plantea un filósofo como Matthew Crawford, que reivindica, frente al capitalismo de casino y la economía especulativa, el mundo industrial e incluso artesanal, tan propio de cierta cultura americana. Él mismo se define como un filósofo y reparador de motos, al tiempo que defiende un estilo de vida que conecta con el imaginario popular de la sociedad americana, tal como es presentado, por ejemplo, en esos programas de la televisión protagonizados por tipos duros y generosos, que ensalzan el bricolaje, la solidaridad vecinal y la lucha por la supervivencia en medio de una naturaleza hostil.

Mi conclusión de esta pequeña teoría del machirulo es que nos encontramos en un nuevo campo de batalla que tenemos que diagnosticar adecuadamente; no es exactamente una lucha de géneros, tampoco se trata del clásico combate por la igualdad, sino la confrontación de tipos de poder y valores tradicionalmente asociados a los hombres y las mujeres. De ahí también que surjan combinaciones insólitas, incomprensibles desde nuestras viejas clasificaciones de la realidad. No estamos solo ante la tarea de luchar contra unos extremistas o convencer a electorados confusos sino también y fundamentalmente en medio de una gran transición en la que rivalizan culturas políticas diferentes, modos de concebir el gobierno, tipos de liderazgo, valores, maneras de comunicación y mando, estilos emocionales y formas de entender la protección. Aquí se libra una contienda que a mi juicio será más decisiva que la estereotipada contraposición entre la izquierda y la derecha.
(*) Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco. Acaba de publicar Una teoría de la democracia compleja (Galaxia Gutenberg).

Fuente:
Fotografía: Thomas Peter, mujeres locales junto a soldados rusos cerca de una base militar ucraniana en Perevalnoe.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

IZQUIERDA-DERECHA, ARRIBA-ABAJO, TARRÁQUEO-SIDERAL, MARINO-SUBMARINO

Nota facebookeana
Guillermo Aveledo

No quiero polemizar innecesariamente, y cada organización tiene derecho a autodefinirse.
Pero vamos a aclarar unas cosas:

1. El espectro "izquierda-derecha" no es un invento marxista. Viene de la revolución francesa de 1789, y refleja un clivaje que conocemos desde la política de la antigüedad griega.

2. Aunque hay elementos "objetivos" para ubicar a un partido en tal o cual parte del clivaje, también se trata de elementos relativos a un sistema político dado. La "izquierda" de 1789 puede ubicarse a la derecha en 1848, por cuanto se mueve lo aceptable para el centro. En Venezuela, por cierto, el "centro" está tradicionalmente más a la "izquierda", aunque eso puede haber cambiado.


3. Normalmente se ubica en el centro posiciones moderadas. No sé si se puede ser moderado ante este sistema, y no sé si Vente asumiría esa moderación como bandera "au milieu, entre les deux extrêmes", que entre el mantenimiento del status quo y su erradicación, prefiere conciliar con elementos de ambos. Claro, ¿cuál es el status quo frente al cual te ubicas de modo crítico o defensivo? ¿La herencia estatista del gomecismo en adelante? ¿La herencia populista del '45 en adelante? ¿El chavismo? ¿El socialismo autoritario?

4. No diría tampoco que es la "extrema derecha" o "ultra derecha", porque hay organizaciones que están de manera objetiva y relativa más allá de la organización de lidera la ciudadano Machado.

5. Aún siendo centro-derecha (que es lo que creo que hace justicia) eso podría implicar que la alianza con la centro-izquierda es aún posible, puesto que teóricamente estarían de acuerdo con unas reglas básicas.

Creo que se asume, para bien o mal, que la voz "derecha" presenta todavía un cariz negativo ante el cual esperan no involucrarse. No sé por qué, más bien, no lo reivindican; pueden hacer su propio "Con quien estamos y contra quien estamos".

Fuente:
https://www.facebook.com/gaveledo?hc_ref=ARSzeIg5xP0AjslaFT6cUX9wMfr37Bsd956xwkcuHvPsiOQkzhjf9FKqqEoyEYPED2I
Referencia:
http://elestimulo.com/climax/maria-corina-machado-la-dama-de-acero
Fotografías: http://www.elimpulso.com/enterate/maria-corina-machado-el-dialogo-debe-suspenderse-y-retomarse-la-ruta-unitaria-entrevista  y  http://elmaracaibeno.com.ve/blog/2018/01/16/reflexiones-de-guillermo-aveledo-coll-no-2/
Breve nota LB: El de GA es un breve y quizá evasivo ejercicio. Empero, abre algunas puertas relacionadas con la perspectiva - además, legítima - de los sobrios críticos de MCM.

lunes, 30 de abril de 2018

SINO TODO LO CONTRARIO ...

Izquierda y derecha
Luis Barragán


Volviendo al siglo XXI que nos tiene por precarios inquilinos, el socialismo depredador ha abusado enfermizamente de los términos izquierda y derecha. En un caso, para la propia calificación graciosa; y, en el otro, para la descalificación de sus adversarios reales, circunstanciales y ficticios.

Objetivamente, muy poco o nada revelan ambos vocablos, aunque Norberto Bobbio ha hecho un esfuerzo notable de sistematización, refiriéndolos a los valores de la libertad e igualdad, advirtiendo que “el juicio de valor positivo o negativo que se da sobre la derecha  o izquierda es parte integrante de la misma lucha política, donde la metáfora espacial ha perdido totalmente el significado originario y representa dos lugares no axiológicamente connotados”, pues, “un lenguaje como el político es ya de por sí poco riguroso” (“Derecha e izquierda”, Taurus, Madrid, 1998: 107, 122).  A pesar de los esfuerzos teóricos realizados, como el de Octavio Rodríguez Araujo, en las obras que llevan el sello de Siglo Veintiuno Editores, podemos concluir que serán de izquierda o de derecha, quienes sencillamente se tengan por tales.

Apartando la consideración del centro y de sus extremos, el binomio ha domiciliado una tan infinita confusión que, según el canon dominante, se puede ser de izquierda, siendo realmente de derecha, y viceversa. Dependerá de las convicciones, conductas y realizaciones efectivas en juego, a pesar que, por ejemplo, Manuel Camino señaló que pocas veces la distinción fue tan decisiva en la centuria anterior, propensos a sustantivos y adjetivos de una mayor claridad y mejor significación (“En el laberinto de la izquierda y el socialismo”. El Nacional, Caracas, 31/12/1984).

Optando por una solución práctica, antes que teórica, en la búsqueda de los referentes de la vieja polémica venezolana, a modo de ilustración tomamos la materia petrolera para el rápido ejercicio que nos proponemos. Así, por una parte, puede estimarse como una posición de derecha, la de Arturo Uslar Pietri al proponer que se otorgaran nuevas concesiones que, por lo demás, reafirmarán la inevitable condición del país petrolero (“¿Somos o no, un país petrolero?”, ibídem: 30/03/1960); y, por otra, como una postura de izquierda la de Juan Nuño que, definiéndonos como una colonia petrolera, le respondió como un firme partidario de la  inmediata nacionalización de la industria (“La voz de su amo: No somos un país petrolero”: Crítica Contemporánea, Caracas, 05/1960).

Curioso, se impuso la perspectiva del centro político, por cierto, propia de la principales realizaciones del llamado puntofijismo, como ha sostenido Juan Carlos Rey (“El sistema de partidos venezolano, 1830-1999”, Gumilla-UCAB, Caracas, 2009). Vale decir, la política (de Estado) iniciada por el ministro Juan Pablo Pérez Alfonso de no más concesiones, comisión coordinadora de las actividades del sector, mayor participación del Estado en las ganancias, CVP y OPEP (“El pentágono petrolero: la política nacionalista de defensa y conservación del petróleo”, Revista Política, Caracas, 1967).

Paradójicamente, la izquierda actual, adueñada de Miraflores, heredera legítima y directa de la que así se catalogó en la centuria anterior, no sólo quebró la industria, sino que, de hecho, ha entregado la Faja del Orinoco a las transnacionales, como quizá no hubiese ocurrido con el mismo Gómez o Pérez Jiménez.  Literalmente,  arrasó con la gerencia especializada, formada en varias décadas, convertida PDVSA en un fantasma – para más señas – constitucionalizado.

Entonces, eso de izquierda y derecha, si no fuesen tan trágicos los estereotipos, pasaría por un divertimento más. Cierto, el binomio encubre el dilema muy real entre la libertad y la esclavitud, el atraso y la contemporaneidad, el Estado y el mercado, la cosificación y la persona humana, todo un detalle que no debemos olvidar.

Ilustración: Ferdinand Léger (1913).
Captura de imágenes: Comentarios en La Patilla y promoción en Twitter.
30/04/2018:
http://www.ventevenezuela.org/2018/04/30/izquierda-y-derecha-por-luis-barragan/
https://www.lapatilla.com/site/2018/04/30/luis-barragan-izquierda-y-derecha/
https://www.tenemosnoticias.com/noticia/barragn-luis-derecha-izquierda-230295/710429

domingo, 20 de agosto de 2017

DESORQUESTADOS

EL NACIONAL, Caracas, 19 de agosto de 2017
La ceguera ideológica
Eduardo Posada Carbó

El giro internacional que ha tomado la discusión sobre la crisis venezolana en algunos círculos no deja de sorprender.

Lo que es a todas luces un atropello abierto contra las libertades y la democracia se convierte, desde ciertas perspectivas, en un debate entre derechas e izquierdas. Como anclados en el pasado. Sin aprender de las lecciones del trágico siglo XX.

La defensa de lo indefendible (el régimen político imperante en Venezuela) se basa en dos premisas, tan simples como falsas: que la legitimidad democrática reposa en el gobierno bolivariano y que la oposición es un nicho de fanáticos derechistas asociados a un complot del imperio.

“A lo largo de muchas elecciones”, ha escrito el intelectual portugués Boaventura de Souza Santos, el gobierno de la revolución bolivariana “durante los últimos 20 años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados” (La Jornada, 28/7/17). ¿Nunca?

Para comenzar, tendría que repasarse la forma cuestionable como Chávez manipuló el proceso constituyente de 1999, que le permitió consolidar un poder hegemónico extraordinario. Habría que repasarse también el proceso del referendo revocatorio en 2004. Y las respuestas de Chávez ante ciertas derrotas, como cuando creó una alcaldía paralela en Caracas tras el triunfo electoral de la oposición.

“Respetar los resultados” parece, pues, una noción bastante relativa. Que excluye además las condiciones en que se celebraron muchos procesos electorales –con el Consejo Nacional Electoral, dominado por fieles chavistas, y con una prensa estrangulada por el régimen.

Aceptemos en gracia de discusión, sin embargo, que Chávez respetaba los resultados electorales. Desde la llegada de Maduro al poder, la aseveración de Souza Santos es insostenible.

El origen de esta crisis se debe a la falta de reconocimiento de la derrota electoral de 2015, cuando la oposición conquistó las mayorías del Legislativo. Primero, el régimen descalificó a varios diputados. Después le privó de funciones. Ahora quiere desplazarlo del todo. ¿Esto se llama “respetar resultados”?

Maduro tampoco respetó el proceso del referendo revocatorio, dispuesto por la misma Constitución chavista –herramienta que hubiera facilitado una salida democrática de la crisis–. Ni respetó el calendario electoral cuando sus aliados en el CNE aplazaron las elecciones regionales en diciembre. El número de mandatarios locales elegidos por la oposición y perseguidos por el régimen crece.

Cualquier fachada democrática ha desaparecido con la constituyente corporativista que se ha impuesto de manera dictatorial en Venezuela.

Es, así mismo, falso y simple identificar a la oposición con un complot neoliberal de la derecha imperial.

Si algo caracteriza a la oposición venezolana es su diversidad –tanta que no hay líder indiscutible–. Enriquecida desde hace tiempo por disidentes chavistas, la fiscal general Luisa Ortega es apenas la más destacada recientemente. Con otros importantes miembros provenientes de la izquierda, como Teodoro Petkoff, cuyo periódico, Tal Cual, ha sido perseguido por el régimen.

Y los protagonistas centrales de las protestas callejeras son en su mayoría jóvenes, casi nacidos al tiempo con la revolución bolivariana –allí está la figura simbólica de Wuilly Arteaga, violinista del Sistema.

Por supuesto que las torpes e indebidas amenazas de Trump de una “intervención militar” de Estados Unidos en Venezuela solo sirven para reforzar las posiciones de quienes siguen defendiendo lo indefendible.

Importa superar el debate trasnochado de izquierdas y derechas frente a la dictadura. En Venezuela se juega el futuro democrático de la región.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/ceguera-ideologica_199439

lunes, 4 de noviembre de 2013

AL MAL SE RESPONDE CON EL MAL

EL NACIONAL - Viernes 25 de Octubre de 2013     Escenas/2
Incoherencias de izquierda y derecha
LA VENTANA INDISCRETA
CINE
SERGIO MONSALVE

La ciencia ficción pura y dura es historia. La banalidad política también se la devoró. No hay futuro para ella en el engranaje de dos artefactos averiados de la cartelera: Elysium y Amenaza roja . El ying y el yang de un mismo inconveniente. Es decir, la prosaica involución del relato distópico, al transportarlo de regreso al período de la Guerra Fría. Con la primera cinta de la dupla, el realizador Neill Blomkamp filma un panfleto bolchevique de anticipación, financiado por un estudio de la meca.
El discurso socialista rinde dividendos en taquilla.
Es la cruel verdad de la izquierda divina afincada en Hollywood. La conocen de sobra Oliver Stone y Michael Moore, explotadores de las miserias del neoliberalismo tardío. Comunistas de palabra pero capitalistas en la acción. Se les atribuye el hecho de haber inventado el blockbuster de corazón marxista. Pero ellos no son los padres de la criatura. El populismo progresista nace en las barracas de feria y luego lo adoptan innumerables negociantes del discurso revolucionario. Rusos y cubanos patentan la fórmula en clásicos como Octubre y los documentales de Santiago Álvarez, antes del establecimiento de la censura. La industria reconstruye el filón para aliviar las tensiones de la crisis, ofreciéndole circo a las masas necesitadas de pan.
Hoy la lucha de clases es moneda corriente de la cultura del espectáculo. Vean el ejemplo de Elysium , una secuela devaluada de Sector 9 , aquella obra maestra sobre el drama del apartheid en Suráfrica. El director de la película sigue siendo un virtuoso de la composición multimedia. La potencia indiscutible del filme radica en la médula espinal de sus efectos especiales. Asumiendo la perspectiva subjetiva de un videojuego, el emisor sumerge al receptor dentro de una cápsula virtual con la óptica de un guerrillero cibernético. La misión del héroe mesiánico es liberar a los pobres del planeta de la opresión de los ricos esnobistas alojados en un hotel espacial y hermético de lujo. Alusión a las divisiones y discriminaciones actuales de la polis. En tal sentido, el mensaje del largometraje es oportuno para sembrar conciencia. Sin embargo, la credibilidad se derrumba en el desarrollo de la trama. Amputados y caricaturescos, los protagonistas preparan un combo de McGuevara para el gusto de los Che Donalds. En términos menos rebuscados, el personaje principal, interpretado por Matt Damon, derrota a los villanos del poder blanco, con el objetivo de implantar el Obamacare. Al final la cursilería paternalista baja el telón en las favelas del globo. Irónicamente, Elysium llenará los bolsillos de los mentados usureros, de los chivos expiatorios de la pieza. Momento de invocar a Amenaza roja , un remake de pocas luces o el reverso del caso anterior.
La versión original contaba la absurda invasión de Estados Unidos por parte del bloque soviético. Unos muchachos oponían resistencia desde las trincheras, provocando la emancipación del país. Ahora los norcoreanos encarnan al ejército invasor y los chicos de otra tonta película juvenil organizan la gesta de independencia. La legítima defensa es justificada, hasta con actos terroristas, a la hora de recuperar la soberanía. Me pregunto si no es un boomerang para el Pentágono en el Medio Oriente.

lunes, 18 de marzo de 2013

¿ ... SÓLO ESTELAS EN LA MAR?

SOL DE Margarita, 17 de marzo de 2013
Moralidad y moralina
Luis Barragán


Resistiéndonos a debatir la naturaleza y  alcances de la célebre díada izquierda-derecha que, incluso, conquistó una estupenda síntesis con Norberto Bobbio,  deseamos llamar la atención únicamente sobre una bondad atribuida a un extremo, siendo negada al otro: la moral. Y, aunque ambos participan inevitablemente  de ella, suele una monopolizarla o creer que la monopoliza, frente a la otra condenada al basurero de los (anti) valores, repletando la lista de indiciados.

Hubo un sentimiento que nos identificó como de izquierda, en las filas socialcristianas, en nuestra época de juventud,  al descubrirnos o intentar descubrirnos como consecuentes con una ética inexpugnable, fuerte y blindada, caracterizado el adversario como secreción de un pragmatismo escandaloso que dibujaba principios maleables, débiles y diluyentes. Empero, fue motivo de una constante autocrítica,  la que no veíamos en los sectores marxistas obstinados en una versión maniquea de las personas, el mundo y las cosas.

Los grandes y medianos operadores de esto que se empeñan en llamar revolución, a diario rinden testimonio de ese fariseísmo que fácilmente se multiplica, gracias a los comentaristas tarifados del gigantesco aparato comunicacional que, además, los más avisados lo dicen expresión fiel de la hegemonía cultural a lo Gramsci, cuando es un burdo y magníficamente presupuestado aparato que ni siquiera admite la sindicalización de sus propagandistas. Simplemente, mienten y no logran impedir que nazca y se fortalezca esa convicción en todo el país.

La utilidad de un cadáver esboza lo que puede llamarse la vía fúnebre al socialismo, pretendiendo refundar un imaginario social que ya está completamente agotado sobre una utopía que ya la sabemos radicalmente terrenal. Jamás a nadie se le ocurrió tan descomunal operación psicológica, materializada a través de una campaña que desea a Chávez Frías como la más auténtica manifestación de nuestra identidad patria, para el gozo y disfrute de sus (i) legítimos herederos, que ha incluido el destino vacilante de sus restos, hallando la provisionalidad en la sede de la vieja Escuela Militar.

Apenas un ejemplo, todavía no ha sido sepultado o exhibido el cadáver, cuando – de nuevo – repletan las calles con millones de afiches asfixiantes que exaltan a Nicolás Maduro, parte de una secuencia fríamente calculada y que, además, avisa del vencimiento definitivo del culto bolivariano forjado en las hormas originales de Guzmán Blanco y López Contreras.  No tardaremos en obviar al caraqueño y al barinés, para – muy norcoreanamente – adentrarnos en las grandes fauces mágico-religiosas que haga del otro, un monumento de la psicología colectiva.

Inconsecuentes con la prédica, por lo menos oficial, el pragmatismo traspasa las fronteras indecibles de un oportunismo degradante e insostenible que, por si fuese poco, nunca logrará responder a la más elemento inquietud: ¿cuánto ha costado este y todo el esfuerzo realizado, dando por sentada la fuente de financiamiento?, por no interpelarlos sobre el estilo de vida de una dirigencia contrastante. Por consiguiente, ¿cómo reclamar una mayor feligresía para la novísima iglesia cuando – rasgándose las vestiduras – mueren miles de personas por la violencia callejera, por no decir de hambre, y ahora el mesías de turno promete solventar después de catorce años de ejercicio de poder?

http://www.elsoldemargarita.com.ve/site/232037/moralidad-y-moralina


Fotografía: Bus estacionado, Plaza Venezuela (Caracas, 03/13). Movilización exequias Hugo Chávez Frías.

domingo, 6 de mayo de 2012

SOCIALMENTE ATORMENTADOS

De un estigma de ubicación
Luis Barragán

La jerga política del oficialismo ubica invariablemente a sus adversarios en la (ultra) derecha, suponiéndolos a todos reaccionarios, racistas, insensibles, explotadores, apátridas, delincuentes, arrogantes.  El énfasis maniqueo que los dice  acreedores de todo bien y de todas las infinitas bondades que podamos conocer, contribuye al artificioso esfuerzo de la polarización social que los compromete, como a la confusión que genera un estigma que contribuye a la simplificación del debate.

Hubo y hay razones para el creciente malestar social que, por cierto, logra la coincidencia de distintos estratos que se suponían estructuralmente adversos. Empero, pretendiendo alterar las realidades que naturalmente siguen su curso, no otras que las agudizadas en una sociedad rentista,  intentan la construcción de un enemigo ideal (y real), de acuerdo a las necesidades que les imponen las circunstancias: el fascismo, una suerte de Frankenstein hacia el cual se orientan importantes decisiones de Estado, a veces alentado por aquellas minorías que dicen combatirlo (¿será el caso del ahora celebérrimo video “Caracas, la ciudad de las despedidas”?).

Removiendo papeles en casa, no logramos hallar nuestro ejemplar de Norberto Bobbio sobre la clásica díada (derecha e izquierda), pero encontramos un viejo texto de Jean Meynaud y Alain Lancelot (“Las actitudes políticas”, 1965). Entre otros asuntos, advierten que las actitudes políticas de un sujeto dependen de la situación concreta que vive y, sintiéndose amenazado, los estereotipos de la percepción lo ayudan a explicarse la situación específica que confronta, dándole cabida a los prejuicios que sostiene.

Recordamos, extraviado también el ejemplar, el ensayo de Ricardo Sucre de finales de los noventa que versaba sobre la amenaza social y el autoritarismo, partera de los más variados estigmas o estereotipos que le permitían a alguien explicarse un poco más la crisis personal o doméstica que atravesaba. Vale decir,  ajenos al oficio político, es inevitable que interpretemos nuestras realidades partiendo de una personalísima creencia, idea, convicción o predisposición.

Siendo así, esa creencia, idea, convicción o predisposición, puede recibir el impacto de la socialización política que la confirme, neutralice o modifique. Y, si de socialización política se trata, escaseando los recursos de los partidos que – por si fuese poco -  tienden a ser despreciados,   sobran a un Estado que los administra y despilfarra a discreción, por lo que no es difícil colegir que realiza una descomunal campaña propagandística y publicitaria para condicionar a la ciudadanía, infundiéndole temores y sembrando estereotipos interesados que, por ejemplo, “aclaran” quiénes son de la (ultra) derecha maldita y quiénes de la izquierda bendita, sin que – obviamente – se vea compelido a una definición más o menos sensata.

La cultura política del llamado puntofijismo nos hizo a todos centristas, desconociendo todavía las expresiones reales y palpables que puedan identificarse como de izquierda o derecha, excepto los ademanes subversivos y golpistas del pasado remoto, por cierto,  corroborado por la novísima Ley Orgánica del Trabajo que, en mayor o menor medida, tradujo la extrema cautela del convaleciente presidente de la República, después de tanta estridencia temeraria. Casualmente, tenemos a la mano un trabajo de Octavio Salazar Benítez (revista “Leviatán”, Madrid, nrs. 85-86 de 2001), donde distingue entre centrismo y moderación, siendo ésta una capacidad de actuación propensa al diálogo y la negociación que evidentemente no se dio en Chávez Frías, excepto una maniobra de insondable cuño oportunista y manipulador.

Podemos citar innumerables trabajos sobre la díada, la serie que le dedicó “Marcha” de Uruguay a especificarla tiempo atrás, o la famosa diferenciación con la izquierda borbónica de Petkoff. Lo cierto es que muy difícilmente encontremos una caracterización de la izquierda o de la derecha que aceptablemente opere en el medio político real, siempre propensos a los estigmas interesados de ubicación que siembra el chevezato que no alcanzan a justificar el por qué tiene también en sus filas a reaccionarios, racistas, insensibles, explotadores, apátridas, delincuentes, arrogantes.

Tarea pendiente,  desde las actas constituyentes de 1999 para acá, incluyendo las miles de millones de ediciones impresas y audiovisuales que ha parido el régimen, sería interesante constatar una mínima evolución conceptual de la díada que, en definitiva, los lleva a la recreación del Frankestein simbólico, ideológico o imaginario. Mientras tanto, hacemos caso de una observación que hizo  José Barbeito al versar sobre la revolución cubana (“Realidad y masificación”, 1964): “Precisemos, ante todo, que el esquema de las derechas y las izquierdas es anacrónico: desde la Revolución Francesa hasta nuestros días ha llovido mucho. Pero, además, es falso. Los comunistas, que aparecen tradicionalmente alineados en la extrema izquierda, pasan a constituir una derecha ultramontana tan pronto asumen el poder”.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/11689-de-un-estigma-de-ubicacion
Fotografía: Marie Claire Chahda, urb. El Bosque, Valencia (06/12)

martes, 12 de octubre de 2010

¿el yo-yo se juega con la mano izquierda, derecha u otras extremidades?



EL NACIONAL - Martes 12 de Octubre de 2010 Opinión/7
A Tres Tres Manos Manos
Miradas múltiples para el diálogo Miradas múltiples para el diálogo
De derecha e izquierda
El filósofo francés André C. Sponville le preguntó, siendo niño, a su padre qué era lo de derechas e izquierdas
CAMILO PERDOMO*

El título asoma la idea de una convivencia sin problemas entre esas dos palabras, pero como ni las palabras son neutras (R. Lanz) ni "el idioma nunca es inocente" (R. Foster) entonces toca jugar con esas palabras. La tradición desde aulas o textos universitarios, predefine a un intelectual de izquierda forrado en sentidos humanitarios, conocedor del bien y dispuesto a darlo todo por los desarrapados y excluidos de la sociedad. Por oposición y sentido diferente, el de derecha es portador de prácticas y conductas que se aprovechan y hunden al excluido. El filósofo francés André C. Sponville le preguntó, siendo niño, a su padre qué era lo de derechas e izquierdas y obtuvo esta respuesta: "Ser de derechas es desear la grandeza de Francia.

Ser de izquierdas es desear la felicidad de los franceses". Allí se despliegan dos sentidos: grandeza y felicidad, en ellos conviven deseos que si los miramos de cerca (Marx) no tienen por qué ser excluidos o colocados en un único lugar definitorio.

Hablando desde Venezuela, cuya característica económica básica es contribuir con la lógica del mercado capitalista como productor de petróleo, la grandeza está asociada con una memoria histórica centrada en el ideal bolivariano, pero en relación con la felicidad el sentido es complejo leerlo en la eficiencia de las políticas públicas. Por tradición epistemológica, la derecha es anticomunista y la izquierda es lo contrario.

Intentando lo que el amigo Rigoberto le sugiere a Emeterio Gómez de desbrozar el camino, es válido preguntar: ¿fue desde la derecha política el lugar donde grandeza y felicidad entraron en contradicción de sentidos? Si la respuesta es afirmativa, ¿cuál es la alternativa que por tradición presenta la izquierda con esos términos, dentro de la lógica del capital de un país petrolero? Si situamos el proyecto político bolivariano denominado chavismo como espacio de izquierda, es válido preguntar: ¿qué predomina hoy entre grandeza internacional y felicidad al interior de la sociedad? De la respuesta pasamos a estas otras: ¿están bloqueadas las palabras izquierda y derecha en un país petrolero como Venezuela, donde la ética utilitarista tiene amplio dominio?, y ¿es más genuino y transparente defendiendo a los sectores populares el intelectual de izquierda que el de derecha? El debate queda abierto y un punto de referencia en el aludido desbrozamiento es obligado: "La modernidad política entró en crisis de fundamentos", idea explicada por el amigo Rigoberto en sus textos sobre la posmodernidad. Admitida esa crisis que condujo a la posmodernidad donde cualquier cruce político entra con su ética del "todo vale", entonces hay cruces entre autopromocionarse de izquierda y actuar como la derecha o, y quizás sin sentido, promocionarse desde la derecha cuando siempre se sirvió de las categorías de la izquierda.

Como puede verse, cualquier híbrido teórico puede aparecer, pero aquello de grandeza y felicidad sigue en suspenso mientras haya exclusión, miseria y desigualdad social. De poco vale, al reinventar el presente, situarse en esos polos si se ignora la crisis de la modernidad, de la opacidad de su razón y del vaciamiento de su ética cargada de moralismos opuestos a la vida feliz, como la leyó Nietzsche.

Como no puedo ir terminando estas palabras sin responder sobre el nombrado bloqueo, mi respuesta es invitar al desbloqueo por vía del debate argumentado, pues de alguna u otra forma hay que responder a esta otra: ¿y quién se encargará de la felicidad al interior de Venezuela y en ella de los excluidos? Como eso no es exclusivo de un sector social, no queda sino el diálogo y el debate donde posiblemente unos estaremos en un sector y otros en el otro.

Pero la clave sigue siendo: "No hay camino, hay que reinventarlo cotidianamente para ser felices".

*ULA/Táchira

miércoles, 16 de junio de 2010

Monumentalidad denominativa (cotidiana y a la vista)


De un ejercicio denominativo
Luis Barragán


Existe la necesidad de contrastar las ofertas políticas o, mejor, los movimientos culturales o ideológicos que las impulsan. Norberto Bobbio destaca dos términos antitéticos, recíprocamente exclusivos y conjuntamente exhaustivos: derecha e izquierda. Términos que resultan los más exitosos frente a los más episódicos como güelfos y gibelinos, patricios y plebeyos, cátaros y maquiavélicos, sagrados y profanos, federales y centralistas. Empero, son los medios de comunicación social los que reclaman y ensayan una frecuente nomenclatura de distinción, a veces pésima e inconsistente política, cultural e históricamente.

Igualmente, señala el filósofo turinés que la díada derecha-izquierda se ha convertido en un lugar común e, incluso, una trampa lingüística que carece de valor heurístico, clasificatorio o estimativo. Y para ello, algunas objeciones que se desprenden de la llamada crisis de las ideologías, favorecidos otros términos como progresistas-conservadores; y el creciente pluralismo político de las sociedades democráticas, admitidas otras denominaciones.

La llamada antipolítica realiza febriles aportes, sobre todo desde la perspectiva de una radical (des) calificación personal, más moral que política. Afianzan el mejor el voluntarismo, el maniqueísmo y el sentimiento hegemónico, desechando en lo posible toda ambigüedad, novedad, neutralidad y sentido de búsqueda.

Una economía (y una sociedad) rentista que puede pasar del capitalismo al socialismo (de Estado), casi inadvertidamente, parece autorizar una sola diferenciación: los que están dentro y los que están fuera del gobierno, independientemente de lo que son. Y, sobre todo, partiendo de una simulación de valores y principios jamás cultivados, únicamente pretextados para insistir en los prejuicios de interpretación de la realidad que siempre asedia.


Referidos a la oposición, los boletines de prensa del oficialismo consagran a la (ultra) derecha y la contrarrevolución, como antes a los golpistas y conspiradores. Parafraseando un poco a Octavio Rodríguez Araujo, se confunden el realismo irreal con la irrealidad real, con el ensayo de una misilística verbal que – se nos antoja – parece apenas una pedrada dificultosa de la embriaguez de poder.

Nada dice tamaño vocabulario, tratándose de los impulsores de la Apertura II, si fuere el caso, destruyendo a la propia PDVSA. Sin embargo, a propósito de la empresa estatal y del cambio de denominación que el propio Chávez Frías dice que está en estudio, ¿no comporta una reforma constitucional para caracterizarla y llamarla socialista?.

Por disparatada que fuese la idea, la absurda constitucionalización de una entidad mercantil, puede ocasionar otro referéndum preconstituyente, ésta vez a objeto de actualizar las denominaciones en boga. La vasta operación bautismal permitirá colgar el adjetivo respectivo a los ejércitos de aire, mar y tierra, y pasar de lo bolivariano a lo socialista como simple ejercicio denominativo, aparentemente inocente, sin que implique en momento alguno un esfuerzo mínimo conceptual para la gloria de una revolución infundada.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/4866-de-un-ejercicio-denominativo
Ilustración:
Proyecto de Monumento a Bolívar de Oscar Niemeyer