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jueves, 23 de julio de 2020

LA VOZ DEL HISTORIADOR

Del maniqueísmo histórico
Luis Baragán

El precedente histórico – real o ficticio -  echa el piso legitimador de las posturas políticas actuales, aunque la opinión pública es una instancia igualmente vapuleada por los laboratorios a los que les importa un bledo hasta la misma sensatez de los asuntos que procesa. En comparación con otros tiempos, sobreviven pocos historiadores profesionales en la palestra digital, aunque – juzgando por las publicaciones especializadas – los  hay quienes ojalá tuvieran disposición para la abierta, decidida y arriesgada polémica que, con las contadas excepciones de rigor, desmayó al iniciarse la presente centuria para facilitar – disculpándonos por la cacofonía -  la estafa estrafalaria de la llamada V República. 

Inés Quintero, por vocación y habilidad innata, ha accedido exitosamente a los medios de comunicación y, aunque tiene obras duramente calificadas por otros de sus colegas (ella acusa el golpe del disgusto que le causa uno de sus títulos  a Germán Carera Damas), es quizá de las más familiares en relación a otros de los integrantes de la Academia  Nacional de la Historia, por cierto, una instancia de  rigores desconocidos en otros ámbitos. Y, en una exposición virtual para la Fundación Rómulo Betancourt (11/07/2020), fresca y espontánea, pero también muy consistente y asentada, cuestionó la interpretación impecable e implacable, maciza y maniquea que se le ha dado a nuestros orígenes republicanos.

La sola coexistencia de varios proyectos políticos (e ideológicos), desmiente la conformación y la unanimidad inalterable de los partidarios de la Independencia y de los que nos desearon atados a la corona española. Independencia absoluta, federación, monarquía republicana, centralismo, absolutismo ibérico, revela las variaciones de un proceso que, por una parte, comprensible, apeló al culto de los héroes para visar el surgimiento de una nación: y, por otra, la violencia definitivamente lo zanjó, háblese del fusilamiento de Piar, háblese de los diez mil hombres y 800 cañones que le dieron argumentos a Morillo al entrar por Margarita.

Además, el país no fue el mismo, luego de la destrucción material que heredó de una larga guerra, en el que el Páez – antes inimaginable – presidía la mesa de la mantuanidad que sobrevivió. De  todo ello, pudiera dar cuenta la conformación y las discusiones de los muy  peculiares parlamentos que tuvimos en el proceso independentista para la construcción de una nueva legitimidad.

De verbo comedido o tremendista, ameno o desafiante, luce indispensable la voz del historiador para contribuir al esfuerzo de superación de un régimen que condensó todo el maniqueísmo demencial que urge por otros derroteros. Seguramente, esa superación también será ocasión para otros mitos que la envalentonen, aunque siempre será necesaria la polémica para que las aguas vuelvan a al debido cauce.

Capturas de imagen: 
Escenas de “Simón Bolívar” de  Alessandro Blasetti (1969):
23/07/2020:

domingo, 12 de agosto de 2018

VIEJO Y CULTIVADO PREJUICIO

Parlamento y maniqueísmo aldeano
Luis Barragán


La sobresaturación noticiosa, privilegiado – incluso -  morbosamente un acontecimiento frente a otros tanto o más importantes, pero subestimados y finalmente relegados, constituye una de las características esenciales del régimen. Obviamente, el fenómeno es incompatible con lo que universalmente se entiende por parlamento.

El pretendido allanamiento de los diputados Requesens y Borges, por consiguiente, tiene un contexto de macabra confusión. Tratada la inmunidad parlamentaria como un privilegio personal, definitivamente delictivo, en lugar de una indispensable prerrogativa de protección de la institución, facilita el arrollamiento de la maquinaria propagandística y publicitaria oficialista, en clave de cine negro.

Consideremos el deliberado y sistemático propósito de desvirtuar a la Asamblea Nacional, realizado por todos estos años, ahora deslealmente competida por la tal constituyente. Estudios de opinión revelan que, siendo tan intensa y sostenida la campaña radiotelevisiva desde los tiempos de Chávez Frías, éste y su gabinete fungieron como una suerte de órgano deliberante frente a la propia instancia especializada del Estado, por más que la Constitución la estampase.

Evidentemente, la oposición ha de defender, en el caso concreto del diputado Requesens, indebida e injustamente capturado y apresado, sometido a asombrosas torturas, la reputación de sus diputados, propugnando la inmediata salida del régimen. Salida demasiado obvia, aunque haya sectores que, en la práctica, deseen postergarla, pero también hablar, explicar y defender a la institución parlamentaria: no comprendemos que cubra una faceta, sin la otra.

Además de romper o intentar romper con el maniqueísmo aldeano, a lo sumo, resultado de una eficaz  terquedad monotemática, contrarrestando el linchamiento moral cebado sobre cada parlamentario, ha de difundir y defender la noción misma del parlamento y, específicamente,  la inmunidad o el complejo de impunidades como institución.  Vale decir, darle el mínimo de racionalidad requerida al esfuerzo de resistencia y superación del régimen que tan bien ha sembrado el disparate.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 15/04/1999. El Camaleón.
12/08/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/08/12/parlamento-maniqueismo-aldeano/

viernes, 14 de julio de 2017

LOS VERSOS TRU(N)CADOS

Los trovadores: narrativa y moral de las izquierdas
Antonio Sánchez García  

Nadie lloró el brutal asesinato de los millones de rusos de todas las clases sociales, perseguidos, encarcelados y asesinados por la Cheka de Lenin y Stalin. Comenzando por la familia imperial, la aristocracia, la burguesía y las clases acomodadas, siguiendo por los kulaks, terminando por los campesinos pobres y los proletarios más desamparados. La primera matanza colectiva, el primer genocidio nacional del Siglo XX. La inmensa mayoría de las víctimas sin siquiera imaginar las causas de sus tragedias. Algunos de ellos tan abandonados a su suerte y confinados en sitios tan inhóspitos y aislados, que terminaron devorándose unos a otros, en el más salvaje y desesperado acto de canibalismo, por miles. Muy por el contrario: ¿cuántos poemas, cuántas canciones, cuántos ditirambos recibieron los asesinos? ¿Cuántas historias, cuántas novelas, cuántas obras de teatro se escribieron para ensalzar el brutal genocidio cometido? La apología del crimen político - si es de izquierdas - colma la literatura, la pintura, la música, el teatro y el cine de la primera mitad del siglo XX. Inolvidables las maravillosas obras de los grandes creadores al servicio de la apología del genocidio: Picasso, Malraux, Neruda, Bertolt Brecht, Sartre, entre los más grandes genios del siglo a la cabeza.

Fue el primero de una serie de horrendos genocidios que conmovieron al mundo, pero para su admiración y asombro. Y si Hitler se hubiera conformado con dominar Europa, del Atlántico a los Urales, y no hubiera caído en el delirio de enfrentarse a todos los poderes fácticos de la tierra, deteniéndose ante los portones de Auschwitz y observando desde Polonia las puertas de Moscú, hubiera muerto en su lecho, como Stalin, su contraparte. El perfecto reverso de la medalla. Si un accidente hubiera acabado con su vida en 1938, tal como lo planteara en su extraordinaria biografía el historiador alemán Joachim Fest, sería recordado por moros y cristianos como el más grande estadista alemán de todos los tiempos.

¿Quién lloró a los miles de asesinados por Fidel, Raúl y el Che Guevara? ¿Quién a las decenas de miles de cubanos devorados por los tiburones en las aguas del Caribe mientras intentaban escapar del infierno? ¿Quién a los millones de cubanos que debieron huir dejando abandonados sus bienes, productos de generaciones de esfuerzos? Nadie. Fidel Castro dictó la sentencia: los asesinados, encarcelados, devorados y desterrados ni siquiera eran cubanos: eran gusanos.

¿Cuánto duraron, en cambio el llanto, el lamento y las exequias del Che Guevara y Salvador Allende? ¿Cuántos los dedicados a Lenin y a Stalin? ¿Cuánto los declamados, cantados y publicados en honra a Mao, el Gran Timonel, a Ho Chi Min, a la Pasionaria?

La historia del Siglo XX es la historia de la homérica venganza de la barbarie represada contra la cultura y la civilización construida durante los diez mil años de historia precedente. Librada en nombre de la cima de su filosofía: Hegel. Y su más adelantado discípulo: Karl Marx. Desde la revolución francesa la humanidad decidió negarse a si misma, castigarse a si misma, mutilarse a si misma. Cumpliendo con pertinaz rigor la faena de Prometeo: devorarse las entrañas. Hispanoamérica puso su granito de arena bajo el fulgor asesino de las lanzas coloradas. La narrativa del mártir y el tirano, subyacente al Occidente cristiano desde la épica de la crucifixión, terminó transfigurada gracias a la obra de Hegel y Marx en la épica de la auto mutilación de la cultura. El discurso de la afirmación trascendental de lo que había sido y era fue transmutado en el discurso aniquilador de lo que era en función de lo que debía ser. El sentido de la utopía arrasó con el sentido de lo real: lo inmoral o amoral se convirtió en máxima moralia. Viva la devastación. Viva la muerte. La vida no es hoy, es mañana.

No son teorías. Es la trágica realidad del desprecio, el menosprecio y el abandono de nuestra civilización y nuestra cultura en el que se han empecinado los hombres desde que la revolución socialista les sirvió el pretexto perfecto: derribar lo construido para sobre sus ruinas levantar lo por construir. La moral del porvenir en oposición y contraste con la moral del presente. El ideal desconocido por sobre lo conocido que nos rodea y determina.

El respaldo consiguiente, enceguecido y turbio, al crimen cometido, siempre en la expectativa de los resultados que vendrán. Aplaudir las matanzas, porque de ellos, los asesinos, será el reino de los cielos. Cantarle al Che y a Fidel mientras asesinaban a todo aquel que se les opusiera, seguir cantándoles mientras consolidaban la opresión y convertían a Cuba en un campo de concentración y travestir el crimen de lisonjas, de días y flores. Porfiadamente. Así, tras sesenta años de tiranía, Cuba no esté un milímetro mejor de lo que estaba bajo el dictador en miniatura, Fulgencio Batista. Es más: estando mucho peor.

Pondré un ejemplo menudo y posiblemente insignificante, pero clarificador y a la altura de nuestras circunstancias. ¿Dónde están los cantos de los bardos de las izquierdas de España y las Américas que venían a llenar nuestros estadios y salas de espectáculos en tiempos de la democracia protestando indignados contra las dictaduras militares del Cono Sur mientras le cantaban loas a la tiranía del Caribe? ¿Dónde, criticando esta dictadura militar asesina y sanguinaria, que ha hundido en ruinas aquella próspera sociedad que se permitía financiar la protesta trovadora? ¿Dónde, ensalzando el coraje de quienes se oponen a la tiranía de Nicolás Maduro, a pecho descubierto y sin armas en la mano? ¿Dónde los lamentos de los trovadores en honor a los jóvenes caídos, reprimidos, gaseados, perseguidos, encarcelados y asesinados por la satrapía venezolana? ¿Volverán a pisar algún día las calles de lo que es nuestra ciudad ensangrentada?

Es el insólito maniqueísmo de las izquierdas. La abrumadora inmoralidad de las izquierdas. La amoralidad de las izquierdas. Una narrativa tan asentada en los entresijos de la hegemonía dominante, que resiste todas las pruebas de la veracidad, los brutales hecho cotidianos. Si se dice de izquierdas y obedece a los dictados del castrismo, del Foro de Sao Paulo, de los partidos socialistas, comunistas, ultra izquierdistas y compañeros de ruta no sólo tiene permiso para matar: tiene el derecho y la obligación de hacerlo.

Y lo hace abierta, desembozada, impunemente. Es una de las más repudiables taras de la conciencia contemporánea. Haberse habituado al crimen, al narcotráfico, al robo y al saqueo en nombre de la utopía. ¿Cuántos cientos de millones de cadáveres yacen en los campos del futuro feliz? ¿Cuántos esperan su turno? Pregúnteselo a los bardos y trovadores de las izquierdas. Sólo tiene que pagar la entrada.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/internacionales/30315-los-trovadores
Cfr.
http://lbarragan.blogspot.com/2017/07/polvo-en-el-viento.html

miércoles, 16 de junio de 2010

Monumentalidad denominativa (cotidiana y a la vista)


De un ejercicio denominativo
Luis Barragán


Existe la necesidad de contrastar las ofertas políticas o, mejor, los movimientos culturales o ideológicos que las impulsan. Norberto Bobbio destaca dos términos antitéticos, recíprocamente exclusivos y conjuntamente exhaustivos: derecha e izquierda. Términos que resultan los más exitosos frente a los más episódicos como güelfos y gibelinos, patricios y plebeyos, cátaros y maquiavélicos, sagrados y profanos, federales y centralistas. Empero, son los medios de comunicación social los que reclaman y ensayan una frecuente nomenclatura de distinción, a veces pésima e inconsistente política, cultural e históricamente.

Igualmente, señala el filósofo turinés que la díada derecha-izquierda se ha convertido en un lugar común e, incluso, una trampa lingüística que carece de valor heurístico, clasificatorio o estimativo. Y para ello, algunas objeciones que se desprenden de la llamada crisis de las ideologías, favorecidos otros términos como progresistas-conservadores; y el creciente pluralismo político de las sociedades democráticas, admitidas otras denominaciones.

La llamada antipolítica realiza febriles aportes, sobre todo desde la perspectiva de una radical (des) calificación personal, más moral que política. Afianzan el mejor el voluntarismo, el maniqueísmo y el sentimiento hegemónico, desechando en lo posible toda ambigüedad, novedad, neutralidad y sentido de búsqueda.

Una economía (y una sociedad) rentista que puede pasar del capitalismo al socialismo (de Estado), casi inadvertidamente, parece autorizar una sola diferenciación: los que están dentro y los que están fuera del gobierno, independientemente de lo que son. Y, sobre todo, partiendo de una simulación de valores y principios jamás cultivados, únicamente pretextados para insistir en los prejuicios de interpretación de la realidad que siempre asedia.


Referidos a la oposición, los boletines de prensa del oficialismo consagran a la (ultra) derecha y la contrarrevolución, como antes a los golpistas y conspiradores. Parafraseando un poco a Octavio Rodríguez Araujo, se confunden el realismo irreal con la irrealidad real, con el ensayo de una misilística verbal que – se nos antoja – parece apenas una pedrada dificultosa de la embriaguez de poder.

Nada dice tamaño vocabulario, tratándose de los impulsores de la Apertura II, si fuere el caso, destruyendo a la propia PDVSA. Sin embargo, a propósito de la empresa estatal y del cambio de denominación que el propio Chávez Frías dice que está en estudio, ¿no comporta una reforma constitucional para caracterizarla y llamarla socialista?.

Por disparatada que fuese la idea, la absurda constitucionalización de una entidad mercantil, puede ocasionar otro referéndum preconstituyente, ésta vez a objeto de actualizar las denominaciones en boga. La vasta operación bautismal permitirá colgar el adjetivo respectivo a los ejércitos de aire, mar y tierra, y pasar de lo bolivariano a lo socialista como simple ejercicio denominativo, aparentemente inocente, sin que implique en momento alguno un esfuerzo mínimo conceptual para la gloria de una revolución infundada.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/4866-de-un-ejercicio-denominativo
Ilustración:
Proyecto de Monumento a Bolívar de Oscar Niemeyer