Parlamento y maniqueísmo aldeano
Luis Barragán
La sobresaturación noticiosa, privilegiado – incluso - morbosamente un acontecimiento frente a otros tanto o más importantes, pero subestimados y finalmente relegados, constituye una de las características esenciales del régimen. Obviamente, el fenómeno es incompatible con lo que universalmente se entiende por parlamento.
El pretendido allanamiento de los diputados Requesens y Borges, por consiguiente, tiene un contexto de macabra confusión. Tratada la inmunidad parlamentaria como un privilegio personal, definitivamente delictivo, en lugar de una indispensable prerrogativa de protección de la institución, facilita el arrollamiento de la maquinaria propagandística y publicitaria oficialista, en clave de cine negro.
Consideremos el deliberado y sistemático propósito de desvirtuar a la Asamblea Nacional, realizado por todos estos años, ahora deslealmente competida por la tal constituyente. Estudios de opinión revelan que, siendo tan intensa y sostenida la campaña radiotelevisiva desde los tiempos de Chávez Frías, éste y su gabinete fungieron como una suerte de órgano deliberante frente a la propia instancia especializada del Estado, por más que la Constitución la estampase.
Evidentemente, la oposición ha de defender, en el caso concreto del diputado Requesens, indebida e injustamente capturado y apresado, sometido a asombrosas torturas, la reputación de sus diputados, propugnando la inmediata salida del régimen. Salida demasiado obvia, aunque haya sectores que, en la práctica, deseen postergarla, pero también hablar, explicar y defender a la institución parlamentaria: no comprendemos que cubra una faceta, sin la otra.
Además de romper o intentar romper con el maniqueísmo aldeano, a lo sumo, resultado de una eficaz terquedad monotemática, contrarrestando el linchamiento moral cebado sobre cada parlamentario, ha de difundir y defender la noción misma del parlamento y, específicamente, la inmunidad o el complejo de impunidades como institución. Vale decir, darle el mínimo de racionalidad requerida al esfuerzo de resistencia y superación del régimen que tan bien ha sembrado el disparate.
Reproducción: El Nacional, Caracas, 15/04/1999. El Camaleón.
12/08/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/08/12/parlamento-maniqueismo-aldeano/
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domingo, 12 de agosto de 2018
sábado, 1 de abril de 2017
POSTALES PARA SONIA (1)
Postales para Sonia Sanoja
Luis Barragán
Poco importaba que no tuviésemos afición alguna o ignorásemos todo lo concerniente al motociclismo, el derecho penal, el boxeo, la ciencia o la danza clásica y contemporánea, porque – de un modo u otro – nos familiarizábamos con nombres como el de Johnny Cecotto, José Rafael Mendoza, Vicente Paúl Rondón, Humberto Fernández-Morán o Sonia Sanoja. Propio de las sociedades temáticamente complejas, compitiendo numerosos actores y las más disímiles vicisitudes en el tablero de la opinión pública, no había arte u oficio que no resplandeciese en todos los ámbitos, por muy ajenos que fuesen.
Días atrás, falleció una venezolana de inmensos aportes: Sonia Sanoja. Al igual que otros magníficos constructores del país que seguiremos siendo, a pesar de los pesares, idos por estos años, sentimos que no hubo el debido reconocimiento a una trayectoria que se agradece. Y el fenómeno ocurre en toda aldea monotemática a la que apuntan las propuestas totalitarias, sobresaturados por falsas o veraces noticias que se reemplazan unas a otras, restándole espacio al pluralismo, clave de toda identidad nacional que adquiera vigor y prestancia.
Muchas veces, descubrimos en el movimiento de un boxeador, siendo el más famoso Cassius Clay, todo un perfomance del esteticismo (in) conscientemente vedado en el gusto personal. Quizá las fotografías artísticas de mejor cotización en el mundo deportivo, obedezcan al pivote congelado del camarero o campo-corto que vira a la primera base para completar un doble-play, con una majestad del gesto demasiado instantáneo; e, incluso, recordamos aquella publicidad de la Gillette que animaba nuestra infancia, desplegándose a cámara lenta el antesalista de los Orioles de Baltimore, Brooks Robinson, con una hazaña del movimiento que, años más tarde, aprendimos un poco a apreciar en la danza, interesándonos inadvertidamente en las versiones coreográficas que una pieza musical suscita.
Quienes nos criamos sabiendo de la fama ineludible de Zandra Rodríguez, descubrimos que hubo una Sonia Sanoja de espléndidas jugarretas, técnicas y audacias que procuraban violentar la ley de la gravedad. No por casualidad, con independencia de sus inclinaciones políticas e ideológicas, subyacía la danza en una literatura que nos enfebreció, como la de Alejo Carpentier.
Para quienes poco o nada sabemos de la materia, rendimos un modesto tributo a la Sonoja que hizo a Sonia en los aires, acentuando el firmamento. Valga acotar, comentándole la triste noticia a una persona amiga, ella sonrió brevemente, recomendándonos buscar y ver las maravillas que un fotógrafo, Alejandro Coutinho, hizo con bailarinas que confirman su sensualidad con la de los escenarios barquisimetanos: las vimos y, así, tomamos prestadas sus postales para homenajear a Sonia Sanoja.
http://lbarragan.blogspot.com/2017/04/postales-para-sonia-2.html
http://lbarragan.blogspot.com/2017/04/postales-para-sonia-3.html
Luis Barragán
Poco importaba que no tuviésemos afición alguna o ignorásemos todo lo concerniente al motociclismo, el derecho penal, el boxeo, la ciencia o la danza clásica y contemporánea, porque – de un modo u otro – nos familiarizábamos con nombres como el de Johnny Cecotto, José Rafael Mendoza, Vicente Paúl Rondón, Humberto Fernández-Morán o Sonia Sanoja. Propio de las sociedades temáticamente complejas, compitiendo numerosos actores y las más disímiles vicisitudes en el tablero de la opinión pública, no había arte u oficio que no resplandeciese en todos los ámbitos, por muy ajenos que fuesen.
Días atrás, falleció una venezolana de inmensos aportes: Sonia Sanoja. Al igual que otros magníficos constructores del país que seguiremos siendo, a pesar de los pesares, idos por estos años, sentimos que no hubo el debido reconocimiento a una trayectoria que se agradece. Y el fenómeno ocurre en toda aldea monotemática a la que apuntan las propuestas totalitarias, sobresaturados por falsas o veraces noticias que se reemplazan unas a otras, restándole espacio al pluralismo, clave de toda identidad nacional que adquiera vigor y prestancia.
Muchas veces, descubrimos en el movimiento de un boxeador, siendo el más famoso Cassius Clay, todo un perfomance del esteticismo (in) conscientemente vedado en el gusto personal. Quizá las fotografías artísticas de mejor cotización en el mundo deportivo, obedezcan al pivote congelado del camarero o campo-corto que vira a la primera base para completar un doble-play, con una majestad del gesto demasiado instantáneo; e, incluso, recordamos aquella publicidad de la Gillette que animaba nuestra infancia, desplegándose a cámara lenta el antesalista de los Orioles de Baltimore, Brooks Robinson, con una hazaña del movimiento que, años más tarde, aprendimos un poco a apreciar en la danza, interesándonos inadvertidamente en las versiones coreográficas que una pieza musical suscita.
Quienes nos criamos sabiendo de la fama ineludible de Zandra Rodríguez, descubrimos que hubo una Sonia Sanoja de espléndidas jugarretas, técnicas y audacias que procuraban violentar la ley de la gravedad. No por casualidad, con independencia de sus inclinaciones políticas e ideológicas, subyacía la danza en una literatura que nos enfebreció, como la de Alejo Carpentier.Para quienes poco o nada sabemos de la materia, rendimos un modesto tributo a la Sonoja que hizo a Sonia en los aires, acentuando el firmamento. Valga acotar, comentándole la triste noticia a una persona amiga, ella sonrió brevemente, recomendándonos buscar y ver las maravillas que un fotógrafo, Alejandro Coutinho, hizo con bailarinas que confirman su sensualidad con la de los escenarios barquisimetanos: las vimos y, así, tomamos prestadas sus postales para homenajear a Sonia Sanoja.
Fotografías: La de Sonia Sanoja, tomada de Google-imagen y las restantes, de Rodolfo Pimentel y Alejandro Coutinho, Facebook. Dos impresiones iniciales: la una, gustándonos la precisión testimonial de Pimentel en principio, hay un "no sé qué" de superiodad técnica en la de Coutinho (quizá el ángulo de captura, calidad de la cámara, etc.); y, la otra, entre los espectadores de la triuna citadina, una muchacha con muletas, parece decir algo más.
Fuente:
Cfr.http://lbarragan.blogspot.com/2017/04/postales-para-sonia-2.html
http://lbarragan.blogspot.com/2017/04/postales-para-sonia-3.html
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domingo, 26 de marzo de 2017
MONOCICLO
¿Por qué de la aldea monotemática?
Luis Barragán
Libre por definición, la controversia de la vida democrática adquiere una pertinencia, complejidad y profundidad que, ocurre desde hace demasiado tiempo en Venezuela, contrasta con el hastío, simplicidad y ligereza en el tratamiento de los problemas comunes. Toda dictadura pugna por imponer constantemente su versión de las realidades, aunque esa yunta espantosa del eufemismo y del cinismo nunca logre subvertirlas y domesticarlas eficaz y completamente.
El esfuerzo inicial consiste en reducir a toda la sociedad, por muchas o pocas que sean las tradiciones de independencia que la pavimenten, a una suerte de aldea taciturna, desalumbrada y peligrosa. Destruir o reemplazar las extensas avenidas, calles y callejuelas del pluralismo, significa transitar o intentar el tránsito resignado por las escasas, precarias y circulares veredas del poder, allanadas por el abuso de un lenguaje que desoriente hasta consumarnos en la abulia del desatino.
Sobresaturada por noticias ciertas e inciertas que se reemplacen entre sí, la opinión pública – dejando de serla – va incapacitándose para tratar y digerir una agenda extensa de temas y materias, a favor de la que monotemáticamente imponga el gobierno. Lenta, pero segura, las fuentes periodísticas se desespecializan, mientras que los actores públicos – fuesen o no de carácter político – ejercen una vocería cada vez más elemental, autorizando – incluso – la improvisación: no por casualidad, sintoniza con la escasez de médicos que, celebrando además al paramédico que queda a la mano, debe resolver, arriesgándonos, asuntos muy propios del cardiólogo, el neumonólogo o el oftalmólogo que ya no se tiene y con el fármaco que la fortuna dispense.
Luego, la censura y el bloqueo informativo constituyen – apenas – un dato de la cultura cívica que minimiza cualquier disidencia y hasta hace de la propia coincidencia con el régimen, una experiencia pésimamente laudatoria. En definitiva, una experiencia de descomposición moral que se convierte en hábito.
La vieja prensa, por ejemplo, reportaba el normal y simultáneo tratamiento de numerosos casos denunciados, consultados con los especialistas, decididos por los poderes públicos, ventilados con el aporte hasta de un vocabulario que asimilábamos a la existencia cotidiana que, en nada, se parece a la actual imposición del “injerencismo” de la Carta Democrática que anula o dice anular el nuevo incendio de Amuay, el drama de las panaderías, el fracaso deportivo o el aislamiento cultural del país. Por ejemplo, desarrollando las fuentes periodísticas hasta el detalle hoy inconcebible, siendo largamente exigente con los opinadores políticos, traer al tapate un asunto petrolero obligaba a precisar los flujos de producción, el cambio de patrones de refinación, la orimulsión o la transportación del crudo; una hazaña deportiva, contaba con expertos que la ventilaban autorizadamente en el ámbito beisbolístico o de otra disciplina, hasta hurgar en alguna particularidad del fildeardor o bateador; o las telenovelas, nos deslizaban hacia los roles secundarios, el tema musical o las venturas y desventuras del protagonista: cada tema competía y lograba una cuota de tiempo en el tapete de la opinión y, de un modo u otro, procesaba la variedad de inquietudes que suscitaban, algo imposible en una aldea monotemática.
Fotografía: LB, caravana oficialista hacia la esquina de Carmelitas (Caracas, 03/17).
26/03/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/03/26/la-aldea-monotematica
Luis Barragán
Libre por definición, la controversia de la vida democrática adquiere una pertinencia, complejidad y profundidad que, ocurre desde hace demasiado tiempo en Venezuela, contrasta con el hastío, simplicidad y ligereza en el tratamiento de los problemas comunes. Toda dictadura pugna por imponer constantemente su versión de las realidades, aunque esa yunta espantosa del eufemismo y del cinismo nunca logre subvertirlas y domesticarlas eficaz y completamente.
El esfuerzo inicial consiste en reducir a toda la sociedad, por muchas o pocas que sean las tradiciones de independencia que la pavimenten, a una suerte de aldea taciturna, desalumbrada y peligrosa. Destruir o reemplazar las extensas avenidas, calles y callejuelas del pluralismo, significa transitar o intentar el tránsito resignado por las escasas, precarias y circulares veredas del poder, allanadas por el abuso de un lenguaje que desoriente hasta consumarnos en la abulia del desatino.
Sobresaturada por noticias ciertas e inciertas que se reemplacen entre sí, la opinión pública – dejando de serla – va incapacitándose para tratar y digerir una agenda extensa de temas y materias, a favor de la que monotemáticamente imponga el gobierno. Lenta, pero segura, las fuentes periodísticas se desespecializan, mientras que los actores públicos – fuesen o no de carácter político – ejercen una vocería cada vez más elemental, autorizando – incluso – la improvisación: no por casualidad, sintoniza con la escasez de médicos que, celebrando además al paramédico que queda a la mano, debe resolver, arriesgándonos, asuntos muy propios del cardiólogo, el neumonólogo o el oftalmólogo que ya no se tiene y con el fármaco que la fortuna dispense.
Luego, la censura y el bloqueo informativo constituyen – apenas – un dato de la cultura cívica que minimiza cualquier disidencia y hasta hace de la propia coincidencia con el régimen, una experiencia pésimamente laudatoria. En definitiva, una experiencia de descomposición moral que se convierte en hábito.
La vieja prensa, por ejemplo, reportaba el normal y simultáneo tratamiento de numerosos casos denunciados, consultados con los especialistas, decididos por los poderes públicos, ventilados con el aporte hasta de un vocabulario que asimilábamos a la existencia cotidiana que, en nada, se parece a la actual imposición del “injerencismo” de la Carta Democrática que anula o dice anular el nuevo incendio de Amuay, el drama de las panaderías, el fracaso deportivo o el aislamiento cultural del país. Por ejemplo, desarrollando las fuentes periodísticas hasta el detalle hoy inconcebible, siendo largamente exigente con los opinadores políticos, traer al tapate un asunto petrolero obligaba a precisar los flujos de producción, el cambio de patrones de refinación, la orimulsión o la transportación del crudo; una hazaña deportiva, contaba con expertos que la ventilaban autorizadamente en el ámbito beisbolístico o de otra disciplina, hasta hurgar en alguna particularidad del fildeardor o bateador; o las telenovelas, nos deslizaban hacia los roles secundarios, el tema musical o las venturas y desventuras del protagonista: cada tema competía y lograba una cuota de tiempo en el tapete de la opinión y, de un modo u otro, procesaba la variedad de inquietudes que suscitaban, algo imposible en una aldea monotemática.
Fotografía: LB, caravana oficialista hacia la esquina de Carmelitas (Caracas, 03/17).
26/03/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/03/26/la-aldea-monotematica
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LAS CIRCULARES VEREDAS DEL PODER ESTABLECIDO
¿Por qué de la aldea monotemática?
Luis Barragán
Libre por definición, la controversia de la vida democrática adquiere una pertinencia, complejidad y profundidad que, ocurre desde hace demasiado tiempo en Venezuela, contrasta con el hastío, simplicidad y ligereza en el tratamiento de los problemas comunes. Toda dictadura pugna por imponer constantemente su versión de las realidades, aunque esa yunta espantosa del eufemismo y del cinismo nunca logre subvertirlas y domesticarlas eficaz y completamente.
El esfuerzo inicial consiste en reducir a toda la sociedad, por muchas o pocas que sean las tradiciones de independencia que la pavimenten, a una suerte de aldea taciturna, desalumbrada y peligrosa. Destruir o reemplazar las extensas avenidas, calles y callejuelas del pluralismo, significa transitar o intentar el tránsito resignado por las escasas, precarias y circulares veredas del poder, allanadas por el abuso de un lenguaje que desoriente hasta consumarnos en la abulia del desatino.
Sobresaturada por noticias ciertas e inciertas que se reemplacen entre sí, la opinión pública – dejando de serla – va incapacitándose para tratar y digerir una agenda extensa de temas y materias, a favor de la que monotemáticamente imponga el gobierno. Lenta, pero segura, las fuentes periodísticas se desespecializan, mientras que los actores públicos – fuesen o no de carácter político – ejercen una vocería cada vez más elemental, autorizando – incluso – la improvisación: no por casualidad, sintoniza con la escasez de médicos que, celebrando además al paramédico que queda a la mano, debe resolver, arriesgándonos, asuntos muy propios del cardiólogo, el neumonólogo o el oftalmólogo que ya no se tiene y con el fármaco que la fortuna dispense.
Luego, la censura y el bloqueo informativo constituyen – apenas – un dato de la cultura cívica que minimiza cualquier disidencia y hasta hace de la propia coincidencia con el régimen, una experiencia pésimamente laudatoria. En definitiva, una experiencia de descomposición moral que se convierte en hábito.
La vieja prensa, por ejemplo, reportaba el normal y simultáneo tratamiento de numerosos casos denunciados, consultados con los especialistas, decididos por los poderes públicos, ventilados con el aporte hasta de un vocabulario que asimilábamos a la existencia cotidiana que, en nada, se parece a la actual imposición del “injerencismo” de la Carta Democrática que anula o dice anular el nuevo incendio de Amuay, el drama de las panaderías, el fracaso deportivo o el aislamiento cultural del país. Por ejemplo, desarrollando las fuentes periodísticas hasta el detalle hoy inconcebible, siendo largamente exigente con los opinadores políticos, traer al tapate un asunto petrolero obligaba a precisar los flujos de producción, el cambio de patrones de refinación, la orimulsión o la transportación del crudo; una hazaña deportiva, contaba con expertos que la ventilaban autorizadamente en el ámbito beisbolístico o de otra disciplina, hasta hurgar en alguna particularidad del fildeardor o bateador; o las telenovelas, nos deslizaban hacia los roles secundarios, el tema musical o las venturas y desventuras del protagonista: cada tema competía y lograba una cuota de tiempo en el tapete de la opinión y, de un modo u otro, procesaba la variedad de inquietudes que suscitaban, algo imposible en una aldea monotemática.
Fotografías: LB (03/17). Casualmente, en horas de la mañana, nos comentaron la visita de unos funcionarios al Museo Boliviano en solicitud de sacar las bolsas de basura lo más temprano posible de la tarde. Regresando a casa, fue evidente. Antes que las hurguen, vean a las personas comer de la basura, las bolsasintegras van al camión.
Luis Barragán
Libre por definición, la controversia de la vida democrática adquiere una pertinencia, complejidad y profundidad que, ocurre desde hace demasiado tiempo en Venezuela, contrasta con el hastío, simplicidad y ligereza en el tratamiento de los problemas comunes. Toda dictadura pugna por imponer constantemente su versión de las realidades, aunque esa yunta espantosa del eufemismo y del cinismo nunca logre subvertirlas y domesticarlas eficaz y completamente.
El esfuerzo inicial consiste en reducir a toda la sociedad, por muchas o pocas que sean las tradiciones de independencia que la pavimenten, a una suerte de aldea taciturna, desalumbrada y peligrosa. Destruir o reemplazar las extensas avenidas, calles y callejuelas del pluralismo, significa transitar o intentar el tránsito resignado por las escasas, precarias y circulares veredas del poder, allanadas por el abuso de un lenguaje que desoriente hasta consumarnos en la abulia del desatino.
Sobresaturada por noticias ciertas e inciertas que se reemplacen entre sí, la opinión pública – dejando de serla – va incapacitándose para tratar y digerir una agenda extensa de temas y materias, a favor de la que monotemáticamente imponga el gobierno. Lenta, pero segura, las fuentes periodísticas se desespecializan, mientras que los actores públicos – fuesen o no de carácter político – ejercen una vocería cada vez más elemental, autorizando – incluso – la improvisación: no por casualidad, sintoniza con la escasez de médicos que, celebrando además al paramédico que queda a la mano, debe resolver, arriesgándonos, asuntos muy propios del cardiólogo, el neumonólogo o el oftalmólogo que ya no se tiene y con el fármaco que la fortuna dispense.
Luego, la censura y el bloqueo informativo constituyen – apenas – un dato de la cultura cívica que minimiza cualquier disidencia y hasta hace de la propia coincidencia con el régimen, una experiencia pésimamente laudatoria. En definitiva, una experiencia de descomposición moral que se convierte en hábito.
La vieja prensa, por ejemplo, reportaba el normal y simultáneo tratamiento de numerosos casos denunciados, consultados con los especialistas, decididos por los poderes públicos, ventilados con el aporte hasta de un vocabulario que asimilábamos a la existencia cotidiana que, en nada, se parece a la actual imposición del “injerencismo” de la Carta Democrática que anula o dice anular el nuevo incendio de Amuay, el drama de las panaderías, el fracaso deportivo o el aislamiento cultural del país. Por ejemplo, desarrollando las fuentes periodísticas hasta el detalle hoy inconcebible, siendo largamente exigente con los opinadores políticos, traer al tapate un asunto petrolero obligaba a precisar los flujos de producción, el cambio de patrones de refinación, la orimulsión o la transportación del crudo; una hazaña deportiva, contaba con expertos que la ventilaban autorizadamente en el ámbito beisbolístico o de otra disciplina, hasta hurgar en alguna particularidad del fildeardor o bateador; o las telenovelas, nos deslizaban hacia los roles secundarios, el tema musical o las venturas y desventuras del protagonista: cada tema competía y lograba una cuota de tiempo en el tapete de la opinión y, de un modo u otro, procesaba la variedad de inquietudes que suscitaban, algo imposible en una aldea monotemática.Fotografías: LB (03/17). Casualmente, en horas de la mañana, nos comentaron la visita de unos funcionarios al Museo Boliviano en solicitud de sacar las bolsas de basura lo más temprano posible de la tarde. Regresando a casa, fue evidente. Antes que las hurguen, vean a las personas comer de la basura, las bolsasintegras van al camión.
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Recolección de basura
domingo, 18 de diciembre de 2016
PRÓXIMA PUBLICACIÓN
La cuestión Esequibo
Luis Barragán
Cierto, hoy estamos bombardeados por los más variados y agudos problemas que, en medio del hastío y la desesperación, hacen distantes asuntos largamente pendientes como el del Esequibo. En definitiva la tensión está en la inevitable persistencia de esa variedad y la pretensión gubernamental de reducirnos a una aldea monotemática, arbitrando e imponiendo una agenda unilateral y artificial de discusión.
Insistimos, no entendemos conflicto limítrofe alguno sólo por salvaguardar la integridad del territorio heredado, deslizándonos – incluso – a un ultranacionalismo inexplicable en la era ya retrasada de la globalización, sino por una amenaza viva y cercana: quedarnos sin suelo propio para soñar y luchar por un mundo mejor. De sumar la displicencia entreguista del régimen respecto a Guyana, con la subasta ecocida del consabido Arco Minero y la militante indiferencia o quizá regocijo frente a la masiva emigración forzada que ha provocado, no dispondremos siquiera de casa propia para abrirla – accediendo – a la nueva universalidad que, con todos sus tropiezo, toca a nuestras puertas.
Luego, actualizar el asunto esequibano cuenta con una inmensa y legítima pertinencia, sobre todo cuando – en días pasados – el Secretario General saliente de la ONU, declaró en torno al plazo de finiquito del Proceso de Buenos Oficios que puede llevarnos a la Corte Internacional de Justicia. Todo acaece en un mes que sintetiza muchos de nuestros sufrimientos, ejemplificando la debilidad que exponemos en términos de seguridad y defensa: la propia dictadura.
Distintas voces reiteran su preocupación respecto al tema, aunque las consabidas dificultades del mercado editorial evitan una mayor difusión y ponderación especializada de los planteamientos. Sin embargo, por el denodado empeño de sus coordinadores, Claudio Briceño Monzón, José Alberto Olivar y Luis Alberto Buttó, en la comarca donde reina la escasez interesada de papel y tinta, a principios de 2017 circulará un título acaso decisivo en la materia: “La cuestión Esequibo. Memoria y soberanía”, con el patrocinio de las universidades Metropolitana, Los Andes y Simón Bolívar.
Un conjunto de valiosos trabajos, añadido el que modestamente aportamos, explican un libro necesario: La bulla aurífera tras el reclamo territorial con la Guayana Británica 1886-1887 (José Alberto Olivar); El Gran Estado Bolívar y el Territorio Federal Yuruari. Cambios político – administrativos del Guzmancismo (Hancer González); Publicidad limítrofe sobre la controversia Anglo – Venezolana [1895 – 1897] (Emad Aboaasi El Nimer); Venezuela y Guyana: el momento de las vías de hecho [1966-1969] (Guillermo Guzmán Mirabal); Geohistoria de la usurpación de la Guayana Esequiba: Del Acuerdo de Ginebra a la inercial posición del gobierno chavista (Claudio Alberto Briceño Monzón); Disuasión: el Esequibo en clave Defensa (Luis Alberto Buttó); Guyana ahora sí está dispuesta a resolver el reclamo Esequibo (Manuel Alberto Donís Ríos); Hugo Chávez y el problema del territorio Esequibo 1999-2012 (Rajihv Morillo Dáger); Esequib(v)o: enunciados para una discusión (LB). Por lo demás, todo un desafío en la aldea monotemática en la que desean convertirnos.
Permítannos una nota personal: planteado en el pasado período legislativo el problema esequibano, nos dispusimos a estudiarlo a fondo para el debate, consignados dos proyectos de leyes alusivos; e, iniciada la campaña parlamentaria aragüeña, recibimos la invitación de los Dres. Buttó y Olivar para participar en un foro realizado en la sede de la Universidad Simón Bolívar, junto a los Dres. Briceño Monzón, Donís Ríos y Germán Guía. Atendiéndola, los Dres. Buttó y Olivar nuevamente nos invitaron a formalizar, profundizar y precisar los apuntes que sustentaron nuestra intervención para el libro en cuestión, diligencia que procuramos cumplir y que, a la vez, sirvió para constatar – como ocurría en el pasado – que no hay tarea parlamentaria alguna, convincente y cabal, si no honra una vital responsabilidad: la del estudio.
Aspiramos a la presentación de “La cuestión Esequibo” para finales de enero o comienzos de febrero del año entrante, con motivo del aniversario del Acuerdo de Ginebra. Ojalá, las circunstancias y los recursos disponibles autoricen otras actividades relacionadas, con la participación de la academia y de las organizaciones especializadas de la sociedad civil, cuyos aportes todavía no se ha valorado en su justa dimensión.
Luis Barragán
Cierto, hoy estamos bombardeados por los más variados y agudos problemas que, en medio del hastío y la desesperación, hacen distantes asuntos largamente pendientes como el del Esequibo. En definitiva la tensión está en la inevitable persistencia de esa variedad y la pretensión gubernamental de reducirnos a una aldea monotemática, arbitrando e imponiendo una agenda unilateral y artificial de discusión.
Insistimos, no entendemos conflicto limítrofe alguno sólo por salvaguardar la integridad del territorio heredado, deslizándonos – incluso – a un ultranacionalismo inexplicable en la era ya retrasada de la globalización, sino por una amenaza viva y cercana: quedarnos sin suelo propio para soñar y luchar por un mundo mejor. De sumar la displicencia entreguista del régimen respecto a Guyana, con la subasta ecocida del consabido Arco Minero y la militante indiferencia o quizá regocijo frente a la masiva emigración forzada que ha provocado, no dispondremos siquiera de casa propia para abrirla – accediendo – a la nueva universalidad que, con todos sus tropiezo, toca a nuestras puertas.
Luego, actualizar el asunto esequibano cuenta con una inmensa y legítima pertinencia, sobre todo cuando – en días pasados – el Secretario General saliente de la ONU, declaró en torno al plazo de finiquito del Proceso de Buenos Oficios que puede llevarnos a la Corte Internacional de Justicia. Todo acaece en un mes que sintetiza muchos de nuestros sufrimientos, ejemplificando la debilidad que exponemos en términos de seguridad y defensa: la propia dictadura.
Distintas voces reiteran su preocupación respecto al tema, aunque las consabidas dificultades del mercado editorial evitan una mayor difusión y ponderación especializada de los planteamientos. Sin embargo, por el denodado empeño de sus coordinadores, Claudio Briceño Monzón, José Alberto Olivar y Luis Alberto Buttó, en la comarca donde reina la escasez interesada de papel y tinta, a principios de 2017 circulará un título acaso decisivo en la materia: “La cuestión Esequibo. Memoria y soberanía”, con el patrocinio de las universidades Metropolitana, Los Andes y Simón Bolívar.
Un conjunto de valiosos trabajos, añadido el que modestamente aportamos, explican un libro necesario: La bulla aurífera tras el reclamo territorial con la Guayana Británica 1886-1887 (José Alberto Olivar); El Gran Estado Bolívar y el Territorio Federal Yuruari. Cambios político – administrativos del Guzmancismo (Hancer González); Publicidad limítrofe sobre la controversia Anglo – Venezolana [1895 – 1897] (Emad Aboaasi El Nimer); Venezuela y Guyana: el momento de las vías de hecho [1966-1969] (Guillermo Guzmán Mirabal); Geohistoria de la usurpación de la Guayana Esequiba: Del Acuerdo de Ginebra a la inercial posición del gobierno chavista (Claudio Alberto Briceño Monzón); Disuasión: el Esequibo en clave Defensa (Luis Alberto Buttó); Guyana ahora sí está dispuesta a resolver el reclamo Esequibo (Manuel Alberto Donís Ríos); Hugo Chávez y el problema del territorio Esequibo 1999-2012 (Rajihv Morillo Dáger); Esequib(v)o: enunciados para una discusión (LB). Por lo demás, todo un desafío en la aldea monotemática en la que desean convertirnos.
Permítannos una nota personal: planteado en el pasado período legislativo el problema esequibano, nos dispusimos a estudiarlo a fondo para el debate, consignados dos proyectos de leyes alusivos; e, iniciada la campaña parlamentaria aragüeña, recibimos la invitación de los Dres. Buttó y Olivar para participar en un foro realizado en la sede de la Universidad Simón Bolívar, junto a los Dres. Briceño Monzón, Donís Ríos y Germán Guía. Atendiéndola, los Dres. Buttó y Olivar nuevamente nos invitaron a formalizar, profundizar y precisar los apuntes que sustentaron nuestra intervención para el libro en cuestión, diligencia que procuramos cumplir y que, a la vez, sirvió para constatar – como ocurría en el pasado – que no hay tarea parlamentaria alguna, convincente y cabal, si no honra una vital responsabilidad: la del estudio.
Aspiramos a la presentación de “La cuestión Esequibo” para finales de enero o comienzos de febrero del año entrante, con motivo del aniversario del Acuerdo de Ginebra. Ojalá, las circunstancias y los recursos disponibles autoricen otras actividades relacionadas, con la participación de la academia y de las organizaciones especializadas de la sociedad civil, cuyos aportes todavía no se ha valorado en su justa dimensión.
18/12/2016:
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Libro,
Luis Barragán,
Luis Buttó
domingo, 27 de noviembre de 2016
¿Y EL BANQUILLO?
Bipartidismo y aldea monotemática
Luis Barragán
Cuestionando que su naturaleza sea la de una mesa de diálogo como universalmente se le entiende, incumplidos los compromisos adquiridos por un gobierno que la diseñó de acuerdo a sus más urgidos intereses, la venidera sesión del significativo 6-D, autoriza a hablar de una ya temida involución a una simple mesa de entendimiento sobre algunos temas de interés. Significaría la entronización de una suerte de bipartidismo que llevará a una curiosa cohabitación, la que es capaz de corresponsabilizar a la propia oposición de la terrible crisis que atravesamos.
Lesionada la institucionalidad opositora, pues, no todas sus fuerzas y corrientes concursaron en la estrategia de las conversaciones y sus contenidos, desea criminalizarse la sola observación de los errores en los que incurrieron tres de sus actores, imposibilitada la participación – incluso – de los sectores organizados de la sociedad civil que no encuentran fórmulas eficaces para canalizar sus angustias. Fortalecido apenas un sector del gobierno que tambalea con la propia invocación del texto constitucional, los hay otros que, silenciados, buscan garantizar una literal supervivencia en el sorteo que impone Maduro Moros.
Quizá no sea el momento para disertar sobre el genuino multipartidismo que, indefectiblemente, nos caracteriza y la probidad de un bipartidismo hacia el cual puede evolucionar, como ocurrió en los tiempos democráticos para bien y para mal. Lo cierto es que, de constatar la ya referida involución, la concreción tan forzada como artificiosa de dos grandes partidos que, por añadidura, el uno pagará los platos rotos por el otro, tendrá como inicial consecuencia la de sobresimplificar las exigencas ciudadanas.
Rasgo inconfundible de este régimen que concibe a todo un país como una aldea propicia a toda suerte de maniqueísmos, la hábil saturación de noticias permite que un día se hable del precio petrolero y en los sucesivos de los presos políticos, del presupuesto, del período navideño, de la delincuencia común. El tratamiento de un tema elimina automáticamente la consideración de otro: por cierto, las sociedades democráticas estimulan una equilibrada simultaneidad y, puede constatarse en la vieja prensa, distintas materias y voceros ocupaban a la vez nuestra atención, en las décadas ya remotas.
Entonces, con el nuevo y supuesto bipartidismo se pondría sobre la mesa un único tema que diga interesarle a la opinión pública, reservándose las otras áreas de nuestro infortunio. De la cotización del dólar no se debe hablar, como tampoco del hambre y, de hacerlo, nos ocuparán las soluciones posibles en el marco de un mismo régimen, hasta que le corresponda el turno a la inseguridad personal, a la política petrolera o a la represa de El Guri y así, sucesivamente: la hipótesis no es nada descabellada, tratándose ya de la sobrevivencia de los actores que, incómodos o no, llenan las sillas.
Pieza: Joseph Beuys.
28/11/2016:
https://www.lapatilla.com/site/2016/11/28/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica
http://www.hoyenvenezuela.com/2016/11/28/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica
http://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/803184735451168768
http://reporte24.org/2016/11/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica
http://www.ventevenezuela.org/bipartidismo-aldea-monotematica-luis-barragan
http://www.feednoticias.com/noticias/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica.html
http://www.notiven.com/cgi-bin/archive.py?datediff=0
Luis Barragán
Cuestionando que su naturaleza sea la de una mesa de diálogo como universalmente se le entiende, incumplidos los compromisos adquiridos por un gobierno que la diseñó de acuerdo a sus más urgidos intereses, la venidera sesión del significativo 6-D, autoriza a hablar de una ya temida involución a una simple mesa de entendimiento sobre algunos temas de interés. Significaría la entronización de una suerte de bipartidismo que llevará a una curiosa cohabitación, la que es capaz de corresponsabilizar a la propia oposición de la terrible crisis que atravesamos.
Lesionada la institucionalidad opositora, pues, no todas sus fuerzas y corrientes concursaron en la estrategia de las conversaciones y sus contenidos, desea criminalizarse la sola observación de los errores en los que incurrieron tres de sus actores, imposibilitada la participación – incluso – de los sectores organizados de la sociedad civil que no encuentran fórmulas eficaces para canalizar sus angustias. Fortalecido apenas un sector del gobierno que tambalea con la propia invocación del texto constitucional, los hay otros que, silenciados, buscan garantizar una literal supervivencia en el sorteo que impone Maduro Moros.
Quizá no sea el momento para disertar sobre el genuino multipartidismo que, indefectiblemente, nos caracteriza y la probidad de un bipartidismo hacia el cual puede evolucionar, como ocurrió en los tiempos democráticos para bien y para mal. Lo cierto es que, de constatar la ya referida involución, la concreción tan forzada como artificiosa de dos grandes partidos que, por añadidura, el uno pagará los platos rotos por el otro, tendrá como inicial consecuencia la de sobresimplificar las exigencas ciudadanas.
Rasgo inconfundible de este régimen que concibe a todo un país como una aldea propicia a toda suerte de maniqueísmos, la hábil saturación de noticias permite que un día se hable del precio petrolero y en los sucesivos de los presos políticos, del presupuesto, del período navideño, de la delincuencia común. El tratamiento de un tema elimina automáticamente la consideración de otro: por cierto, las sociedades democráticas estimulan una equilibrada simultaneidad y, puede constatarse en la vieja prensa, distintas materias y voceros ocupaban a la vez nuestra atención, en las décadas ya remotas.
Entonces, con el nuevo y supuesto bipartidismo se pondría sobre la mesa un único tema que diga interesarle a la opinión pública, reservándose las otras áreas de nuestro infortunio. De la cotización del dólar no se debe hablar, como tampoco del hambre y, de hacerlo, nos ocuparán las soluciones posibles en el marco de un mismo régimen, hasta que le corresponda el turno a la inseguridad personal, a la política petrolera o a la represa de El Guri y así, sucesivamente: la hipótesis no es nada descabellada, tratándose ya de la sobrevivencia de los actores que, incómodos o no, llenan las sillas.
Pieza: Joseph Beuys.
28/11/2016:
https://www.lapatilla.com/site/2016/11/28/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica
http://www.hoyenvenezuela.com/2016/11/28/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica
http://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/803184735451168768
http://reporte24.org/2016/11/luis-barragan-bipartidismo-y-aldea-monotematica
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