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martes, 5 de mayo de 2020

Y LO QUE FALTA ...

La economía antes y después del coronavirus
Abdón Vivas Terán

I
En la medida en que la terrible crisis global producida por el coronavirus sigue su macabro camino, asolando la salud y la vida de miles de ciudadanos alrededor del mundo, se adelanta paralelamente un intenso debate acerca de cuáles serán sus consecuencias económicas y cuáles serán las vías para superarlas.
Debido a la pandemia, se estima que la economía mundial caerá en una de las mayores depresiones de toda su historia y su hundimiento será súbito y agudo; todo ocurrirá entre los dos meses finales del primer trimestre de este año y los meses siguientes correspondientes al II Trimestre. La pandemia es percibida como una expresión inesperada de la globalización que hasta ahora abarcaba otras cosas cruciales tales como la cultura, la economía, las relaciones internacionales y las comunicaciones. Precisamente, son esos mecanismos modernos de interacción, transporte y comunicación responsables por la rápida propagación del virus. Sus consecuencias económicas serán devastadoras y se medirán en la pérdida de empleos, el aumento de la pobreza, la destrucción parcial del aparato productivo, el desquiciamiento de las cadenas productivas sectoriales e intersectoriales, el tremendo desbarajuste del comercio mundial y la estrepitosa caída del Producto Interno Bruto mundial y nacional.
Esta crisis es original no sólo en el hecho que su única causa es la pandemia producida por el coronavirus, sino que lo es, también por dos características notables. La primera, es que la respuesta que demos a ella admite una primera prioridad. Hay otras, pero vienen en segunda o tercer lugar. La prioridad de manera absoluta consiste en salvar la vida y proteger de enfermedades a tantos seres humanos cuanto nos sea posible. Para lograr este objetivo no podemos vacilar en aplicar todos los recursos económicos y científicos disponibles. La segunda característica es que, -en esto se diferencia de cualquier otra crisis económica durante toda la historia de la modernidad y, en particular, a partir de la Revolución industrial- ella golpea simultáneamente las dos expresiones de la actividad económica: Vale decir, cercena la demanda y ataca a fondo a la oferta. Esta situación es un fenómeno no corriente en el capitalismo, en especial en las economías avanzadas, y se constituye en una de las más serias dificultades de economía política y de técnica macroeconómica a ser consideradas para poder intentar una recuperación exitosa en el más corto plazo posible.
Unos días antes de presentarse la pandemia del coronavirus, la mayoría de los países habían presentado sus resultados en cuanto al comportamiento del PIB para el año anterior y guardaban un optimismo moderado en lo que podían esperar acerca el comportamiento de esta variable agregada básica en el año que transcurre. El pronóstico predominante era que durante este lapso no iba a presentarse ningún problema especial y que se podía esperar un crecimiento moderado por la estabilización de los ritmos de crecimiento de las economías más importantes del mundo. Así, los países y las instituciones económicas internacionales procedieron a entregar los datos del crecimiento porcentual del PIB correspondientes al año 2019. Veamos algunos que hemos seleccionado: Unión Europea (UE) 1,2%; United States of América (USA) 2,3%; Japón 0,7%; China (cifra correspondiente al año 2018), 6,8%; Alemania, 0,6%; Brasil, 1,3%; Rusia, 2,3% e India, 6,1%. Se pensaba que este ritmo se iba a mantener en el año presente o en el mejor escenario seria superado un tanto. En cuanto al PIB mundial, las estimaciones presentadas por la OCDE nos informan que esta Institución ha bajado sus expectativas sobre el crecimiento de la economía planetaria desde un 2,9% hasta el nivel de un 1,5% para el año que corre, estimación hecha antes de la pandemia, con la advertencia de que este ritmo de crecimiento pudiera llegar a ser más bajo.
Con la rápida extensión de la pandemia se ha dado paso a nuevos pronósticos que apuntan a un desbalance mundial que dejará atrás a cualquier otro desastre económico producido por crisis sistémicas anteriores. Esta aseveración incluye a la Gran Depresión que ocurrió en todo el Planeta a partir del año de 1930 y que se prolongó por casi toda esa década. Por lo tanto ofrezco una aproximación global a esta materia, refiriéndome al impacto de la pandemia en el PIB del mundo, basándome en el estudio que la gran firma alemana de Baviera, la Roland Gerber, ha presentado. Esta firma de consulta estratégica ha analizado esta situación a través de dos escenarios: El primero, se basa en suponer que los efectos disruptivos sobre la economía, causados por la pandemia duraran cuatro semanas; El segundo, sostiene que esos efectos pueden durar 12 semanas. Se trata de estimar cómo se comportará el PIB en el año 2020 en cada uno de ellos. En cuanto al Primer Escenario la firma mencionada obtiene resultados para el comportamiento del PIB de algunos países y bloques; estos son: Todo el Mundo, 0,2%; EE. UU, -2,5%; Unión Europea, -2,4%; China, 4,1%. En cuanto al Segundo Escenario los datos son los siguientes: Todo el Mundo, -1,9%; EEUU: -5,4%; Unión Europea, -4,8%; China, 2,7%. Observando estas cifras es de destacar que ambos escenarios, pero en especial el segundo que es a la vez el más probable de ambos, representan un severo retroceso para el desarrollo social y humano: más pobreza, menos trabajo, más desesperanza, más amargura, más lucha por sobrevivir. Es claro que el Segundo Escenario nos acerca, a una gran catástrofe planetaria.
II
Luego de esta breve reflexión en torno al coronavirus y la economía mundial cabe preguntarse cuál sería la situación en ese mismo ámbito, si nos enfocamos en particular sobre nuestro país. Para aproximarnos a esta materia comenzaremos con una afirmación concreta, demostrable e irrefutable. Se puede aseverar que la pandemia de coronavirus hará aún más grave la crisis terminal, global y profunda que el régimen chavista de Maduro ya ha desatado de manera planificada, consciente y metódica en todos estos últimos años con mucha antelación a la aparición de la pandemia. Esta crisis impuesta a Venezuela sería fatal incluso si no se hubiese presentado el coronavirus. En el caso de nuestro país el efecto de la pandemia es muy diferente al que ésta desatará sobre el resto de los países del mundo. En Venezuela no hay que esperar por ninguna catástrofe económica; esa catástrofe ya está aquí desde hace años y se ha extendido por todo el país y por el entorno de la economía. Y aunque hoy analizamos solamente la materia económica, es necesario señalar que la crisis es total, desde lo político, lo económico y el ecocidio sobre el medio ambiente, hasta lo que se ha dado en llamar con especial perspicacia y precisión sociológica “el mal antropológico”. Este mal antropológico es la deformación que se ha tratado de inculcar en los venezolanos, en su escala de valores, en su imaginario, en su conciencia cívica y su libertad personal, al pretender convertirlo en un ser sometido, dependiente absoluto del Estado, colonizándole culturalmente y sembrándole el terror de discrepar frente aquellos que están en el poder. La economía es uno de los campos más apetecidos, asimismo más propicios, para desarrollar la programada acción destructora del régimen. Apunta a destruir el aparato económico de la nación para campear sobre sus ruinas y asegurar así la eliminación de cualquier vestigio de oposición al proyecto de control político totalitario que buscan mantener. De esta manera imitan el ejemplo que miran continuamente, y que les ha dado Cuba, con la permanencia del Partido Comunista en el poder durante ya más de sesenta años.
La destrucción de la economía, antes de la irrupción del coronavirus, se manifiesta en Venezuela con claridad en hechos tales como la disminución dramática de la producción medida por la contracción drástica del PIB; el desmantelamiento de los sectores técnicos productivos primario, secundario y terciario; la expropiación de unidades productivas del sector privado; la depauperación creciente del complejo de empresas propiedad del estado; el exterminio de cualquier vestigio de organización sindical del mundo del trabajo; el sitio impuesto a cualquier emprendimiento que brote de ciudadanos libres y responsables; el estrangulamiento de las cadenas productivas sectoriales e intersectoriales; la ruina inminente de las cadenas de comercialización internas y con el exterior; la ruina en que ha dejado convertida a PDVSA; la enorme pobreza y desigualdad que cada día aprietan más al ciudadano y que roen su espíritu y su carne como dientes cargados de ponzoña; la pérdida de empleos en los sectores modernos de la producción; la avasallante y superabundante emisión inorgánica de dinero destinada a satisfacer el galopante gasto público; la hiperinflación que devora cada día que pasa el salario real de los trabajadores; la devastación de todos los servicios públicos; la destrucción de los equilibrios macro económicos que sostienen la armazón de cualquier economía moderna; el creciente peso de la deuda externa de la República y de PDVSA; la declaración de impago, default, de esa misma deuda lo que ha cerrado el crédito internacional a la nación; el sostenido déficit público que ha aparecido en las cuentas del estado desde hace ya años y que se empina más allá del 20% interanual en relación con el PIB etc. Es obvio que la existencia de este avanzado grado de destrucción del sistema económico nacional añade una pesada carga negativa a las necesarias, y costosas, medidas que hay que tomar para aminorar los efectos de la pandemia desde el punto de vista médico y sanitarios, así como desde el punto de vista social. Se conoce bien el conjunto de estas medidas ya que estas se han implementado correctamente, aun cuando con matices diferenciales, en todos los países que hoy las aplican que son, en muchos casos, economías modernas y prosperas pero que está funcionado bien en otras menos desarrolladas. Esta situación, que reina en general en el mundo, tiende a ser precisamente lo contrario en Venezuela, en donde el virus anuncia su llegada en un sistema de salud pública destruido casi hasta sus cimientos. Con hospitales descuidados, sin camas hospitalarias, sin provisión de medicinas e insumos, sin quirófanos adecuados disponibles, sin unidades de cuidados intensivos, con escasos profesiones de medicina y enfermería disponibles, sin respiradores suficientes, sin electricidad, servicios sanitarios y agua disponibles. En fin, en donde reina el caos.
Podemos, ahora, intentar estimar estos mismos datos del PIB en relación con Venezuela para ver la realidad y constatar cómo la feroz pandemia que azota al globo, agravará el desastre sustancial y radical en que el país ya estaba sumergido antes de que aquella hiciera su aparición; seguro que esto ocurrirá, a menos que causas sobrenaturales o causas naturales de reacción temprana y no conocidas, puedan proteger a la nación y a sus habitantes. Nada podemos esperar del régimen el cual ya ha tomado algunas medidas que son contraproducentes, en especial desde el lado de la oferta, y, ridículamente escasas o hasta negativas, desde el punto de vista de la demanda con relación a las acciones sociales y económicas adecuadas que deberían ser tomadas y que lucen cada día más urgentes e impostergables. Como demostración de la anterior aseveración podemos referirnos a recientes decisiones tomadas por el régimen de Nicolás Maduro, desde el lado de la oferta, y que afectan a todo el sector productivo. En particular destacamos la decisión de ocupación decretada de varias empresas que, aun en medio de las dificultades y hostilidades a que están sometidas desde el régimen, continúan produciendo alimentos básicos tales como Alimentos Polar, Plumrose, Coposa y el Matadero Industrial de Turmero. Desde el punto de vista de la demanda el régimen acaba de tomar, hace apenas pocos días, la decisión de aumentar, por decreto y mediante anuncio público del ministro del Trabajo Eduardo Piñate, la pensión del Seguro Social y el Salario Mínimo. La primera llegará hasta 400.000 Bs y el segundo se establece en 800.000 Bs. Estas cantidades son equivalentes, a 2,28 US$ para la pensión y de 4,55 US$ para el salario mínimo. Para obtener estas cifras hemos aplicado la tasa de cambio oficial del dólar al Bolivar publicada por el BCV el 29 de abril del 2020 que es 175.659,84 Bs/$. Solo citar estos ingresos para la pensión y para el salario mínimo que reciben millones y millones de venezolanos produce indignación y escalofríos al permitirnos constatar, más allá de cualquier duda, como se extiende la miseria a la que el régimen ha conducido a las grandes mayorías de trabajadores del país. Hace un par de párrafos nos referimos al comportamiento del PIB de algunos países y de ciertos bloques de ellos, antes de la presencia del coronavirus, y pudimos introducir una estimación acerca del comportamiento de sus economías medido por el comportamiento de sus PIB respectivos.
III
Examinaremos ahora, de manera somera, algunos elementos sobre el mismo tema relacionados con la economía de Venezuela. Para ello nos apoyaremos en las series estadísticas publicadas por el BCV que actúa como la Oficina de Asuntos Económicos del Régimen. (Tenga presente el lector que las estadísticas que, de vez en cuando, produce el BCV,- hay series de las cuales no se publican datos desde hace años- tienden a ser estimadas con desconfianza por la gran mayoría de la población; las usamos, por el simple hecho que a partir de ellas hemos obtenido resultados analíticos tan devastadores al interés nacional que vale la pena emplearlas). Calculamos de inmediato la variación porcentual del PIB en estos últimos años del régimen del señor Maduro. Son las siguientes: año 2015, -6,2%; año 2016, -17,1; año 2017, -15,7%; año 2018, -19,6%. La contracción del PIB de Venezuela, en estos cuatro años para los cuales tenemos información, llega a la insólita cifra de -58,6%; esta cifra es increíblemente elevada, aún para la consideración de cualquiera conocedor elemental de la economía, y constituye una meridiana demostración de la enorme miseria, pobreza y desesperanza que el régimen del socialismo del siglo XXI está desatando sobre la indefensa población de Venezuela. Una disminución tan catastrófica del PIB no se ha producido antes, ni siquiera en la era de las más grandes depresiones que se han manifestado en el sistema capitalista mundial, ni, tampoco, en aquellos países que han vivido procesos de cambio político radical dirigidos a hacerlos pasar del capitalismo tradicional al socialismo, como fueron los casos típicos de los países del Europa del Este o de Cuba en la época del Socialismo Real de la Unión Soviética. Para fundar esta aseveración, permítanme realizar dos comparaciones, sobre estas cifras del PIB de Venezuela, bajo el Gobierno de Maduro; la primera será con relación a los Estados Unidos; la segunda será en relación con Cuba.
Empecemos considerando el desarrollo del PIB de USA al inicio de la Gran Depresión que experimentó el capitalismo mundial al comenzar la década de los años de 1930 y que dejó tras su paso una amarga secuela de pobreza, desempleo y desesperanza. Esta Gran Depresión ha sido la más funesta de las crisis experimentadas por este modo de producción desde los albores de la Revolución Industrial y fue tan dramática que sirvió de acicate a Keynes, nada menos, para que creara su obra cumbre la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, la que se convirtió en una sólida fundamentación para una nueva interpretación del capitalismo, para un análisis potente del porqué la inversión es la palanca estratégica del desarrollo, para ampliar las vías acerca de la transformación del sistema y de cuáles son las políticas económicas a aplicar para garantizar su mejor y más suave funcionamiento. Pues bien, procederemos a señalar como fue el comportamiento del PIB de USA en los años desde 1930-1933, que fueron los más agudos de aquella hecatombe de la economía mundial, y las compararemos con los frutos obtenidos en esa misma variable por el régimen del socialismo del siglo XXI en los años 2015-2018 con el fin de acercarnos a una conclusión al respecto. Este fue el comportamiento del PIB en USA en aquella época: 1930, -8,5%; 1931, -6,4%; 1932, -12,9%; 1933, -8,5%. Esto nos informa que el total de la contracción del PIB en los EE. UU durante la Gran Depresión fue de -36,3%. La única conclusión: el régimen del socialismo del siglo xxi ha empobrecido a Venezuela dos veces más que lo que la Gran Depresión, la más grande catástrofe del capitalismo mundial en toda su existencia, empobreció a la economía de los EE.UU.
IV
Tomemos ahora el caso de la República de Cuba, que ha proclamado su apego al Socialismo Eterno. Veamos el comportamiento de su PIB en los mismos años que lo hicimos con relación al régimen que desgobierna en Venezuela. Encontramos los siguientes datos para el PIB cubano: año 2015, 4,4%; año 2016, 0,5%; año 2017, 1,8%; año 2018, 2,2%. La variación total del PIB cubano en estos años es de 8,9%%. Esta cifra no es, en ningún caso ni siquiera en el de Cuba, indicación de una gran expansión; pero sí indica que la economía cubana se fortalece muy modestamente, mientras que sus congéneres socialistas en Venezuela arruinan a nuestra patria hasta la medula de sus huesos. Esta última afirmación se deduce de inmediato si comparamos el modesto crecimiento del PIB de Cuba, ya mencionado, con la enorme contracción del PIB, -58,6%, que Venezuela experimentó durante los años 2015-2018 bajo la égida del socialismo del siglo XXI. Podemos complementar esta visión acudiendo a otro indicador de interés. Nos referimos, en este caso, al PIB Per/Cápita. En el año 2018 el PIB Per/Cápita de Venezuela montó a la cantidad de 3.233 US$; en el mismo año, este indicador fue para Cuba la cantidad de 8.822 US$. Es claro, según estos datos, que Venezuela pese a sus ingresos petroleros, peso a su excelente dotación de recursos naturales, y a sus empresarios y trabajadores preparados y modernizados es mucho más pobre que Cuba, a la que como si fuese poco, se le siguen enviando importantes volúmenes de petróleo y combustibles mientras el pueblo de Venezuela sigue siendo sometido a una depauperación generalizada y a una pobreza extrema por el régimen socialista de Maduro que le impone a este país ser casi tres veces más pobre, considerando el PIB Per/Cápita, que aquella isla socialista eterna a quien Chávez llamaba “el mar de la felicidad”.
Ahora demos un paso adelante para referirnos a otro aspecto que puede agravar más la funesta situación en que el régimen socialista del siglo XXI ha colocado a la economía venezolana: La producción y el precio del petróleo. El tema que ahora enfocaremos ya venía manifestándose antes de la aparición del coronavirus. Desde hace meses la demanda se venía debilitando; Rusia y Arabia Saudita, quienes en esa situación no pudieron concertarse en un acuerdo de disminución de la producción, rompieron amargamente y se desató entre ellos una feroz guerra de precios. La sobre oferta en el mercado mundial era evidente en esas circunstancias. Entonces llegó el coronavirus que agravó toda la situación desde el punto de vista de la demanda y precipitó al abismo el nivel de precios del petróleo en todo el mundo. Este declive, en las particulares circunstancias de sobre abastecimiento, escasez de facilidades para almacenarlo y presencia activa del coronavirus, llegó a manifestarse en una forma totalmente insólita; se afirma que esto no se había dado en el caso del petróleo con anterioridad, cuando el pasado 20 de abril el West Texas Intermediate llegó a ser cotizado en la Bolsa de Nueva York a un mínimo de -40,32 US$ para entregas a futuro en el mes de mayo. Estos hechos produjeron algunas respuestas con relativa rapidez. La OPEP+ se reunió telemáticamente el día 10 de abril, participaron 32 países, y llegaron a un acuerdo general para intentar, mediante una reducción programada de la producción, detener el desplome de los precios y buscar, en el corto y mediano plazo, suavizar su impacto. El acuerdo, que fue recibido por EE. UU con beneplácito, aun cuando no es miembro de OPEP+ y aun así se comprometió a reducir su propia producción en 300.000 b/día, consistió en líneas generales en acordar que, a partir del 1º de mayo, se reducirá la oferte petrolera en 9,7 millones de b/día y que esta reducción operará por los dos meses siguientes. De igual manera se ha adelantado que la reducción se mantendrá en el nivel de 8 millones de b/día en los meses de julio a diciembre de este año y que, luego, desde enero del 2021 hasta abril del 2022, se reducirá hasta los seis millones de b/día. Habrá que esperar que la OPEP+ ratifique estas últimas propuestas y esperar, asimismo, para ver si este esfuerzo logra levantar los precios del petróleo a niveles más aceptables para los productores.
Hemos traído el tema inmediato anterior a la mesa del análisis porque todo lo relacionado con el petróleo ha sido, desde hace ya más de un siglo muy importante para la economía y las finanzas públicas del país. En las circunstancias del coronavirus vuelve a ser importante para Venezuela considerar con cuidado el asunto del precio y de la cantidad de petróleo que puede ser diariamente producido y exportado. Veamos primero el asunto de la producción. El país ha visto mermar su producción diaria de petróleo a cifras realmente mínimas. La causa principal de este declive pronunciado está constituida por el conjunto de medidas que el régimen ha tomado sobre PDVSA y la situación de abandono y de postración gerencial, técnica y administrativa que el conjunto de ellas ha significado para esta, otrora, gran empresa. En artículos anteriores hemos tratado con cierta profundidad esta materia, razón por la cual no volveremos a hacerlo en esta oportunidad. Vale, sin embargo, señalar que, según fuentes oficiales de OPEP recogidas en su último informe mensual, la producción diaria de Venezuela para esta fecha ha llegado a ser 680.000 b/día. Si a la anterior cantidad restamos el consumo interno que, luego de la destrucción causada por el régimen, ha quedado reducido a la misérrima cifra de 80.000 b/día de los 700.000 b/día que no hace mucho tiempo llegó a utilizar el país, obtenemos entonces el monto máximo posible de exportación de petróleo desde Venezuela que es de 600.000 b/día. Conservemos esta cifra disponible en nuestra mente ya que la utilizaremos en lo que sigue. La caída abrupta hacia la baja de los precios del crudo en los mercados internacionales se debe, en buena medida, a las transformaciones económicas causadas por el coronavirus, pero la baja de la producción de Venezuela es causada totalmente por la gestión pésima del petróleo por parte del régimen del socialismo del siglo XXI.
Conviene que veamos, entonces, cuál sería la realidad de los ingresos en divisas que Venezuela puede recibir en este año suponiendo que exporte en su totalidad los mencionados 600.000 b/día. Proponemos utilizar, para el cálculo respectivo, el precio del WTI (West Texas Intermediate) y el precio de la Cesta de la OPEP para el día 29 de abril del 2020. El precio para esa fecha del WTI era de 15,39 US$/b y el de la Cesta OPEP era de 12,41 US$/b. Tomemos un respiro; para que esa venta produzca alguna utilidad, aun cuando sea mínima, la entidad vendedora, en este caso PDVSA o empresas asociadas, debe deducir el costo de producción de su petróleo de ese precio. Se tiene una información bastante precisa acerca del costo promedio de producir un barril de petróleo en Venezuela; ese costo promedio de producción puede estimarse con bastante precisión, para el año 2018, en 17,14 US$/b, esto sin tomar en cuenta el pago de la regalía correspondiente; probablemente a la fecha en que escribimos sea un poco más elevado. Si comparamos los precios anteriormente mencionados con el costo de producción promedio del petróleo de Venezuela observamos indubitablemente que el país perderá dinero si hace estas ventas, en las condiciones en que opera hoy el mercado internacional de hidrocarburos. De manera que, si no nos equivocamos y ojalá sea así, el país enfrentará una muy delicada situación en sus ingresos de divisas por exportaciones petroleras, como consecuencia de una combinación letal entre el coronavirus y la incompetencia y ceguera del régimen del socialismo del siglo xxi, en su gestión político y administrativa del oro negro nacional.
Dada la explicación que hemos consignado en los párrafos anteriores resulta sorprendente, y demuestra que el régimen está navegando en aguas muy procelosas, la declaración de Maduro de fecha 21 de abril según la cual “Estamos preparados y, nos hemos entrenado y a Venezuela no la detiene ni petróleo a diez, ni a menos de 10 dólares”. Ya analizamos anteriormente que, a precios internacionales del petróleo para el día de hoy, incluso un poco superiores a los que señala Maduro en sus declaraciones, cesa totalmente el flujo de divisas que Venezuela recibe por exportaciones petroleras. ¿Qué busca entonces el Jefe del régimen con esa mezcla de prepotencia, ignorancia, desafío, o mala orientación de sus asesores en esta área? La escasez evidente de divisas que, como venimos comentando, comienza a enfrentar el país puede tornarse aún más severa si incorporamos, en el análisis, otros factores adicionales todos ellos relacionados entre sí. Nos referimos a la declaración de default que el régimen bolivariano hizo sobre la deuda titularizada de la República y de PDVSA, lo que ha llevado a un cierre total de la nación para recurrir a los mercados internacionales de crédito. También señalemos la severa caída de las remesas en divisas que la diáspora venezolana, aventada a los cuatro puntos cardinales del Planeta, experimentará en el curso de este año debido precisamente a la irrupción en el escenario internacional de la pandemia y al efecto sobre los puestos de trabajo que aquella enorme comunidad de venezolanos está experimentando por su presencia. Paralelo a estas, nada gratas informaciones, es necesario apuntar adicionalmente al vertiginoso crecimiento de la deuda externa de la República y de PDVSA que el régimen ha impulsado en el curso de los últimos años. Se estima su monto en unos 180.000 mil millones de US$. De ellos se le deben a China unos 15.000 millones de US$ y la deuda con Rusia ha de amortizarse mediante el pago de unos 4.000 millones de US$ en el curso del 2020.
V
Todos esos factores, tomados en conjunto, más los anteriores elementos que hemos señalado, ponen de manifiesto que la causa básica de la descomunal ruina y la enorme pobreza en que, antes y después del coronavirus, está sumida la nación es responsabilidad atribuida totalmente al régimen por su ceguera ideológica, por su incompetencia, por sus erradas políticas, por su despilfarro, por su desorden y por la ola generalizada de corrupción que ha hecho su hábitat predilecto en las esferas de gobierno de la República. Para aproximarnos al final de esta exploración sobre la economía de Venezuela, me parece útil añadir otro factor que tiene, sin duda, un peso adicional sobre su situación antes y después del coronavirus. Nos referimos a la manera irresponsable, ligera e inconsciente con la cual el régimen ha manejado el tema de la base monetaria, la liquidez y la creación de dinero inorgánico a través de su Oficina de Asuntos Monetarios, el Banco Central de Venezuela. Uno de los aspectos a destacar en relación con lo que acabamos de apuntar es la actuación desquiciada que el régimen del socialismo del siglo XXI ha seguido en relación con la creación de cantidades fabulosas, astronómicas, de dinero inorgánico. El régimen viene financiando sus gastos ordinarios diarios, los de empresas del estado, incluida PDVSA, y sus déficits públicos a través de la creación de este tipo de dinero. Esta es una política de reciente factura y se puede situar hacia mediados del año 2019 la fecha en la cual el régimen socialista del siglo XXI perdió los frenos al respecto y enloqueció con su decisión de crear dinero inorgánico sin medida y sin paragón en toda nuestra historia. En efecto, desde esa fecha hasta el día 27 de marzo pasado el régimen había creado la increíble cantidad de, redondeando las cifras, 1.832 billones de Bolívares; esto es, escribiendo todo el número, la cantidad de 1.832.000.000.000.000 Bs. No se refiere esta cantidad a la circulación de billetes y monedas nuevas. No, en absoluto. Se refiere a la sumatorias de órdenes para apertura de cuentas corrientes en instituciones financieras del Estado o al aumento directo de los saldos de cuentas de empresas no financieras del estado en cifras descomunales mediante el mandato de algún burócrata de alto coturno. En medio de este increíble despelote financiero, el régimen ha subido a elevada velocidad la liquidez, la M2, pero a limites mucho menores que la emisión inorgánica. El volumen de la liquidez, para tenerlo a la vista, fue para el día 27 de marzo del 2020, de 74.192.3123.000.000 Bs. Esta manera de manejar la masa de dinero dentro de la política monetaria ha producido la evaporación del valor adquisitivo del Bolívar; para decirlo en palabras que Chávez solía aplicar para señalar el destino que, según él, les esperaba a sus adversarios, el régimen ha reducido el valor del Bolívar a “polvo cósmico”, ha pulverizado los salarios reales y ha extendido la pobreza de manera inmisericorde a lo largo y a lo ancho de la extensión de la patria venezolana.
Dejaremos en el tintero la exploración de otra serie de variables y de temas que hacen referencia al nivel económico del país por razones de escaso espacio y tiempo. Hemos mencionado algunos de ellos tales como las reservas internacionales, la hiper inflación, la desigualdad en la distribución del ingreso, la infraestructura de apoyo a las actividades productivas, las relaciones interindustriales y otras. En algunos ensayos que hemos publicado con anterioridad se encuentran enfoque que pudiesen resultar útiles para los amables lectores. A estas alturas del presente Trabajo dedicaremos un párrafo final a la conclusión de todas las materias que hemos expuesto a lo largo de estas páginas. Hemos demostrado, al menos creemos que hemos dado un apoyo sólido al planteamiento, que la economía de Venezuela antes de la pandemia, yacía postrada, en escombros, básicamente debido a la decisión programada del régimen de arruinar hasta llegar a la raíz a la economía nacional. Esta decisión se encuentra respaldada, en la visión del régimen, por una determinada adscripción a lo que este entiende por Socialismo del Siglo XXI que no es otra cosa que la aniquilación del actual sistema de economía de mercado que con todas sus imperfecciones ha prevalecido en Venezuela a lo largo de estos últimos cien años. A esta consciente decisión nosotros sumamos otros factores que caracterizan la actuación del socialismo del siglo XXI y que agravan aún más la terca adscripción al socialismo según lo entienden en Cuba: Incompetencia supina, políticas económicas deficientes y erróneas; desorden, derroche y despilfarro; prepotencia en el ejercicio del poder; corrupción generalizada. El objetivo perseguido a todo trance, será mantener el poder mientras van creando un estado totalitario en el cual surgirá una nueva clase constituida por los jefes del régimen, sus allegados del mundo privado por vinculaciones familiares o económicas y los militares participantes; clase que, ejercerá la conducción del Estado y de la sociedad, de manera totalitaria y permanente, en la búsqueda de sus particulares intereses.
Para llegar al final de nuestro texto, es necesario preguntarse: ¿Qué podemos prever, entonces, como posibilidad de recuperación para la economía venezolana, después de la pandemia, dadas las situaciones que hemos desplegado en las páginas precedentes? En las últimas semanas se ha viralizado en el mundo de la comunicación social, pero también en los estudiosos de este mismo tema a escala mundial, ofrecer como respuesta a preguntas iguales o similares a esta, una imagen construida a partir del uso de las letras del alfabeto para explicar cómo sería ese proceso de recuperación en los distintos países de la Tierra. Así, una recuperación en U significa una caída abrupta y una recuperación muy rápida de la economía, como ejemplo el caso de China y de EE. UU; una recuperación en V transmite la idea de una caída muy abrupta y una recuperación más prolongada, pero de duración relativamente definida, como ejemplo señalan a la Unión Europea y Japón. Una recuperación en L apunta a la idea de una economía que experimenta una caída fuerte y prolongada, que se estabiliza luego en un nivel mucho más bajo y que permanece en ese nivel por un espacio de tiempo prolongado. Tal vez sea esta, con las caracterizaciones específicas que demanda el estado actual de Venezuela, la imagen que podemos aplicar para el caso de la recuperación de la economía del país dada la fuerza destructora del agente básico constituido por el socialismo totalitario venezolano.
Se tiene hoy la convicción, en diversos medios de comunicación y en consultoras de mucho prestigio, que algunas economías del Planeta experimentaran el ultimo tipo de recuperación que acabamos de describir pero que, la base horizontal de la L, no será muy prolongada en el tiempo ya que entrarán en acción fuerzas combinadas, del sector público y privado, las cuales actuarán de manera conjunta e incidirán de esta manera para que la base horizontal recta de la L vuelva a emprender con relativa prontitud el ascenso. Este no será el caso de Venezuela. En nuestro país la caída ha sido abrupta desde antes de la presencia de la pandemia, pero se ha acelerado hacia abajo por sus consecuencias sobre todo el tejido social en especial el económico. Traduciendo esta descripción a la imagen que estamos usando, ello significa que la sección vertical de la L será mucho más larga que la que otros países de la tierra van a experimentar. Esa caída se prolongará hasta que el régimen esté satisfecho de su obra de destrucción del sistema productivo nacional. En ese punto, girara hacia la derecha para comenzar a construir la base horizontal de la línea en L, que es la imagen que aplicamos para describir el proceso de recuperación. Este segmento horizontal tenderá a alargarse indefinidamente en el tiempo y, sólo se interrumpirá ese curso, cuando irrumpan en el escenario nacional fuerzas exógenas que sean suficientemente potentes para que logren cambiar la orientación de ese segmento impulsándolo de nuevo hacia arriba; es decir, hacia una recuperación del tejido social. Se buscará un cambio de gobierno, de modelo, de perspectivas, de políticas públicas, de participación popular en el poder.
Ese renovado impulso deberá tener como función la creación de un sistema político de democracia integral, una economía ecológica y social de mercado, un cambio de perspectivas que harán posible le construcción de la sociedad moderna, equitativa, y productiva, basada en la eminente dignidad de la persona, celosa defensora de los derechos cívicos y humanos y que considera al trabajo de los ciudadanos como elemento esencial al desarrollo social y al proceso de producción de bienes y servicios.
Madrid, 30 de abril del 2020.

Ilustración: Chema Madoz.

(*) Abdón Vivas Terán: Economista UCV;  Doctor en Ciencias Políticas Universidad Complutense (Madrid); Ex-diputado al Congreso Nacional de Venezuela; Ex-Secretario Juvenil de COPEI; Ex-Gobernador del Distrito Federal; Ex-Embajador en Colombia. Analista y articulista en diversos medios académicos y de comunicación social. 

Breve nota LB: Remitido a nuestro correo por el autor.

domingo, 17 de marzo de 2019

TECLAS

De la existencia digital
Siul Nagarrab


Precursoramente, Giovanni Sartori versó sobre la videopolítica. Asociada a  la lumpen-intelligencija y al homo insipiens, dijo de una poderosa simplificación de contenidos y conductas por la sobreimposición de las imágenes frente al uso de la razón confiable y compartida.
La intensidad emocional del instante, es reemplazada por otro tanto o más explosivo, en una sucesión que banaliza aún las más severas realidades. Útil en muchas facetas, las redes sociales, favorecidas unas más que otras,  parecen más una creación de los psicólogos clínicos y sociales, por la exacta radiografía del momento, que por los periodistas que pugnan por profesionalizarlas exclusivamente.
El dirigente político las sabe una magnífica herramienta,   comprobado por quienes – muy pocos, como María Corina Machado y Leopoldo López -  hacia 2014 convocaron las grandes movilizaciones ciudadanas mediante la telegrafía digital.  Hoy, todavía más, en la era de la represión, la (auto) censura y el bloqueo informativo, no se entiende el oficio de lo público, sin el diestro perolito electrínico.
Un caso de estudio puede ser el de  las cuentas públicas del diputado Juan Guaidó y, particularmente, la del Twitter que para el 5 de enero de 2019, alcanzaba alrededor de cien mil seguidores y, ahora, tiene poco más de un millón.  Al respecto, por una parte, muy conocido en la acera opositora, a pesar de los cien mil, era un desconocido para el país (imagínense los que no pasan de tres dígitos de seguidores, aunque sean dirigentes de una irrefutable – mediana o alta – influencia); por la otra, explicación que podrán dispensarnos los expertos, por mucha publicidad nacional e internacional que tenga, como justificada pertinencia, aún está en la franja del millón y tanto de seguidores, lo que avisa de un crecimiento – si se quiere, lento – siendo noticia viva y continua; y, finalmente, el segmento de las celebridades o notoriedades, ya ineludibles, como los hay, cuenta con más de tres o cinco millones de seguidores, convertida la cuenta en un patrimonio de valor inconmensurable, construidas en varios años, por lo general, a punta de Tweeds y de un aparato genial para las redes (por cierto, todo jefe de Estado o Gobierno, aquí y allá, tiene por inicial garantía ese aparato exponencialmente multiplicado).
El uso de las más populares redes sociales tiene sus bemoles, sobre todo cuando ya no son absolutamente personales y familiares. De tener responsabilidades o proyecciones  públicas, sociales, gremiales y políticas, o privadas de naturaleza gerencial y afines,  obran tres circunstancias: hay que medir lo que se dice o escribe, asesorarse profesionalmente o contratar a un operador, e intentar una estrategia de crecimiento, pues, por mucha influencia que se tenga o diga tener, siendo justo o injusto el baremo, el número de seguidores luce decisivo: crucial en el Twitter de las clases medias, ya no tanto para el Facebook socialmente más democrático, cobrando importancia para el Instagram que busca una identidad entre los venezolanos.
Muy probablemente, el Facebook capitalizará más seguidores en la medida que se escriba largo y tendido, con fotografías y videos cadenciosos u otras florituras que las urgencias del Twitter no consienten. Ésta red social que parece algo así como la patria de los aforismos y las greguerías, géneros de diferencias sutiles, definitivamente la es del motivo gráfico y de los videos sensacionalistas: un flyer bien diseñado y contrastante, o un video en plena acción, son de largo más decisivos para atraer la atención y capturar a un seguidor que la mayéutica, paciente, razonable y serena.
Prisioneros del instante,  lo galopamos en las redes socales que se confunden con la propia existencia. Diríamos, hay un existencialismo digital que pone en duda la autenticidad, un dato esencial de la escuela, imposibilitados del seguimiento a nosotros mismos, harto diferente al templo narcisista del número de nuestros seguidores.

Fotografía: Pieza de Chema Madoz.
17/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/34557-nagarrab-s

sábado, 21 de diciembre de 2013

OPCIÓN

EL NACIONAL - Domingo 15 de Diciembre de 2013     Papel Literario/2
Cruce de espadas
Nicolás Maquiavelo
LEO STRAUSS

"Maquiavelo es el único pensador político cuyo nombre se ha utilizado comúnmente para designar un tipo de política, el cual existe y seguirá existiendo independientemente de su influencia, una política que se guía de forma exclusiva por consideraciones de conveniencia, que usa todos los medios, limpios o sucios, hierro o veneno, para lograr sus fines ­y esos fines son el engrandecimiento del propio país o la propia patria­, pero también usa la patria al servicio de la exaltación personal del político o del estadista o del propio partido. Pero, si este fenómeno es tan viejo como la sociedad política misma, ¿por qué se lo designa como un derivado del nombre de Maquiavelo, quien vivió y escribió hace no demasiado tiempo, unos quinientos años atrás? Maquiavelo fue el primero en defenderlo públicamente en libros que tenían su nombre en la portada. Maquiavelo lo convirtió en públicamente defendible. Esto significa que su logro, detestable o admirable, no puede entenderse en función de la política misma, ni de la historia de la política ­digamos, en términos del Renacimiento italiano­, sino únicamente desde el punto de vista del pensamiento político, de la filosofía política, de la historia de la filosofía política.
Maquiavelo parece haber roto con todos los filósofos políticos precedentes. Hay pruebas de peso en apoyo de esta opinión. Sin embargo, su obra más extensa procura en forma ostensible producir el renacimiento de la antigua República romana; lejos de ser in innovador radical, Maquiavelo es un restaurador de algo viejo y olvidado (...).
Maquiavelo no se interesa por el modo de vivir de los hombres con el mero fin de describirlo; más bien, sobre la base del conocimiento de cómo viven, su intención es enseñar a los príncipes cómo deberían gobernar e incluso cómo deberían vivir. En consecuencia, reescribe, por así decirlo, la Ética de Aristóteles.
Hasta cierto punto, admite que la enseñanza tradicional es verdadera: los hombres están obligados a vivir virtuosamente, en el sentido aristotélico.
Pero niega que la vida virtuosa sea una vida feliz o conducente a la felicidad. `Si la liberalidad se usa a la manera en que estás obligada a usarla, te hiere; pues si la usas virtuosamente y como deberíamos usarla’, el príncipe se arruinará y se verá obligado a gobernar a sus súbditos de manera opresiva para conseguir el dinero necesario.
La mezquindad, lo contrario a la liberalidad, es `uno de los vicios que permiten a un príncipe gobernar’. Un príncipe debería ser liberal, no obstante, con la propiedad de otros, porque eso incrementa su fama. Consideraciones similares se aplican a la compasión y su opuesto, la crueldad. Esto lleva a Maquiavelo a la cuestión acerca de si para un príncipe es mejor ser amado o ser temido. Es difícil ser amado y temido a la vez. Por consiguiente, puesto que es menester elegir, se debe optar por ser temido, y no amado, porque para ser amado se depende de otros, mientras que para ser temido se depende de uno mismo.
Pero uno debe evitar llegar a ser odiado; el príncipe evitará que se le odie si se abstiene de los bienes y las mujeres de sus súbditos; sobre todo de sus bienes, que los hombres aman a tal punto que les afecta menos el asesinato de su padre que la pérdida de su patrimonio.
En la guerra, la fama de crueldad no hace daño alguno".
(*) Nota: este es un fragmento de su ensayo Nicolás Maquiavelo.
Ilustración: Chema Madoz.

ENGRANAJES

EL PAÍS, Madrid, 12 de octubre de 2013
TRIBUNA
Un sueño para la era digital
Más de 2.000 millones de personas viven en la era digital. Hay que cerrar la brecha con los casi 5.000 millones que siguen en la del papel
Peter Singer 

Hace cincuenta años, Martin Luther King soñó con unos Estados Unidos que un día pudieran cumplir la promesa de igualdad para todos sus ciudadanos, sean blancos o negros. Hoy Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, también tiene un sueño: dar acceso a Internet a los 5.000 millones de personas del planeta que no lo tienen.
La visión de Zuckerberg puede parecer un intento interesado de lograr más usuarios de Facebook. Sin embargo, hoy el mundo se enfrenta a una creciente brecha tecnológica que tiene implicaciones para la igualdad, la fraternidad y la libertad, y el derecho a buscar la felicidad no menos urgentes que la división racial contra la que predicara King.
En todo el planeta, más de 2.000 millones de personas viven en la era digital. Pueden acceder a un vasto universo de información, comunicarse por poco o nada con sus amigos y familiares, y conectarse con otras personas con las que tienen la posibilidad de colaborar de nuevas maneras. Los otros 5.000 millones siguen viviendo en la era del papel en que creció mi generación.
En aquellos días, si uno deseaba averiguar algo pero no poseía una costosa enciclopedia (o la que tenía no estaba tan al día como para contener esa información), había que ir a la biblioteca y dedicar horas a encontrarla. Para comunicarse con amigos o colegas que residieran en el extranjero había que escribirles una carta y esperar al menos dos semanas para recibir respuesta. Las llamadas telefónicas internacionales eran prohibitivas, por costosas, y la idea de ver a alguien mientras conversaba con uno era cosa de ciencia ficción.
Bill Gates carece de una conciencia visionaria de cómo puede beneficiar Internet a los pobres
Internet.org, una iniciativa de colaboración global a la que Zuckerberg dio inicio el mes pasado, se propone hacer que los dos tercios de la población mundial sin acceso a Internet se integren en la era digital. Participan de ella siete importantes compañías de tecnología de la información, así como organizaciones sin fines de lucro y comunidades locales. Sabiendo que no se puede pedir a la gente que opte entre comprar comida y comprar datos, la iniciativa buscará lograr medios más novedosos y baratos de conectar ordenadores, desarrollar programas informáticos más eficaces y explorar nuevos modelos de negocios.
Bill Gates, fundador de Microsoft, ha sugerido que el acceso a Internet no es una prioridad importante para los países más pobres y que es más urgente luchar contra problemas como la diarrea o la malaria. No puedo sino alabar sus esfuerzos por reducir la cantidad de víctimas de estas enfermedades, que afectan principalmente a los más pobres. Sin embargo, es curioso que su visión parezca carecer de una conciencia más visionaria de cómo Internet puede transformar esas vidas. Por ejemplo, si los agricultores pudieran recibir predicciones más precisas sobre dónde plantar sus semillas u obtener precios más altos para sus cosechas, les sería más fácil pagar la instalación de redes sanitarias, de manera que sus hijos no contraigan la diarrea, o mallas para las camas con el fin de proteger a sus familias contra la malaria.
Hace poco, un amigo que trabaja dando consejos a los keniatas pobres sobre planificación familiar me contó que a su clínica llegaban tantas mujeres que no podía dedicar más de cinco minutos a cada una. Mujeres que tienen una sola fuerte de información y una sola oportunidad para obtenerla; si tuvieran acceso a Internet podrían tenerla ante sus ojos siempre que quisieran.
Más aún, sería posible realizar consultas en línea, con lo que las mujeres se ahorrarían tener que ir a la clínica. El acceso a Internet también permitiría dar un rodeo al problema del analfabetismo, aprovechando las sólidas tradiciones orales de distintas culturas rurales y haciendo posible que las comunidades creen grupos de autoayuda y compartan sus problemas con personas en situaciones semejantes en otros pueblos.
Lo que es válido para la planificación familiar también lo es para una amplia variedad de temas, especialmente aquellos de los que es difícil hablar, como la homosexualidad y la violencia en el hogar. Internet está ayudando a muchas personas a comprender que no están solas y que pueden aprender de la experiencia de los demás.
Proveer acceso universal a la Red es un proyecto tan grande como la secuenciación del genoma humano
Si ampliamos todavía más nuestra visión, no resulta absurdo esperar que puedan establecerse vínculos y conexiones entre los más pobres y las personas con más medios materiales, elevando así los niveles de ayuda y asistencia. Los estudios demuestran que es más probable que alguien done a una organización caritativa contra el hambre si se le muestra una fotografía y se le señala el nombre y la edad de una niña como las que reciben su ayuda. Si apenas una foto y unos cuantos detalles de identificación pueden hacer eso, ¿qué podría lograrse con una conversación por Skype?
Proveer acceso universal a Internet es un proyecto similar en escala al de la secuenciación del genoma humano y, al igual que este, generará nuevos problemas y temas éticos sensibles. Los estafadores en línea tendrán acceso a un público nuevo y tal vez más ingenuo. Las violaciones a los derechos de autor se generalizarán aún más que hoy (aunque no costarán a sus propietarios mucho dinero, ya que es muy improbable que los pobres puedan comprar libros y otros materiales patentados).
Más aún, las características distintivas de las culturas locales quizá resulten afectadas, lo que tiene un lado bueno y uno malo, ya que estas pueden restringir las libertades y negar la igualdad de oportunidades. Sin embargo, en general es razonable esperar que dar acceso a los pobres del mundo al conocimiento y la interacción con otras personas de cualquier lugar del planeta tenga un muy positivo poder de transformación social.
(*) Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y profesor laureado de la Universidad de Melbourne. Entre sus publicaciones se encuentran 'Ética práctica, Un solo mundo' y 'La vida que puedes salvar'.
 Ilustración: Chema Madoz.

TRAZOS DE ANATOMÍA

EL NACIONAL - Lunes 08 de Julio de 2013     Opinión/7
El ballet y yo
CLAUDIO NAZOA

A Belén Lobo...

Me he relacionado con el ballet un par de veces en mi vida. Comenzaré por la última, ya que durante seis años estuve casado con la bella y gran bailarina venezolana (QEPD) Eva Millán, quien murió muy joven.
Fue la época en la que trabajaba dando clases y haciendo funciones teatrales con un grupo de marionetas. Eva bailaba en el Teatro Teresa Carreño.
Quedé impresionado con su figura y talento e hice lo imposible por conocerla. Lo logré. Cuando por fin la vi, cuando la tuve cerca, no hallaba qué decirle, e inventé que estaba construyendo la marioneta de una bailarina y necesitaba asesoramiento.
Ella dijo que quería verla, pero yo no tenía nada que mostrar e hice lo que en ese momento debía hacer: mentir.
Raudo corrí a mi casa y comencé a tallar la figura. Durante tres días con sus noches, trabajé muy duro hasta que lo logré: esculpí su delicada y grácil silueta. Una costurera diseñó y coció un tutú, que es el vestidito armado que usan las bailarinas.
Desde que la conocí hasta que terminé, pasó una semana. Yo llamaba a Eva día de por medio y le decía que estaba muy ocupado, pero que pronto le llevaría la muñeca.
La marioneta quedó tan bonita que me envalentoné y me dije: "Si esta mujer no me hace caso con esto, tiro la toalla". Metí mi bailarina en una maletica y quedé con Eva en vernos en el cafetín del Teatro Teresa Carreño. Estaba nervioso porque las bailarinas son como de otro mundo: esbeltas, refinadas, sifrinas, elegantes, disciplinadas como militares, lejanas, caminan rarísimo y, sobre todo, son superatletas.
No sé cómo hacen para soportar a diario los espantosos ejercicios que ellas llaman ensayos. Los bailarines pareciera que no tienen huesos, tan sólo músculos y alas.
Cuando terminó el ensayo, allí estaba yo con mi maletica; nervioso se la mostré y ella quedó impactada. La marioneta acababa de cubrir mi fealdad. Lo cierto es que por esos extraños fenómenos de la naturaleza femenina, aquello se convirtió en otra cosa.
Tiempo después, con Eva y la muñeca, montamos un pequeño espectáculo para poco público, en donde yo salía con la marioneta que luego tomaba vida con el cuerpo de Eva; todo acompañado con el concierto de Vivaldi para dos mandolinas y orquesta. Total, fui un perfecto partner, un gran bailarín de ballet clásico de dos muñecas.
Mi primera inclusión en tan difícil arte fue en 1953 cuando era miembro del Ballet Nena Coronil; allí tuve el honor de bailar junto al talento de Vicente Nebrada, Julián Pérez, Germán Flores, Milagros Socorro, Loly Viloria, Digna de Rivas, Argenis Martínez, Irma Contreras y la despampanante Belén Lobos, con quien interpreté el segundo acto de Giselle y el tercero de Bodas de Aurora.
Entre Belén y yo surgió una cosa que ahora llaman química, y aunque nunca le toqué un pelo, de vaina no me casé con ella, y no lo hice porque apareció un apuesto y culto joven nacido en la parroquia San Juan de Caracas, excelso e insigne bailador de guaracha y mambo, de nombre Rodolfo Izaguirre. Este hombre de impresionante labia y muchísimo dinero obsequiaba joyas y prometía villas y castillos a mi inocente prometida. Yo, humilde, sólo podía ofrecer mi insigne apellido y uno que otro pan de jamón.
Rodolfo arruinó mi carrera y mi vida cuando me arrebató a mi Belén. Juré venganza y hoy, denunciando públicamente al destructor de corazones, creo lograrlo. Ahora, sumido en el alcohol y en el despecho, sólo me queda pensar que el gran Boris Izaguirre, pudo haber sido mi hijo.
Ilustración: Chema Madoz.

DESCOMPOSICIÓN

EL NACIONAL - Jueves 17 de Octubre de 2013     Opinión/9
A PRIMERA VISTA
El fascismo para Gramsci
JUAN BARRETO CIPRIANI

Para Antonio Gramsci, uno de los pensadores de izquierda más agudos con relación a la cuestión fascista, la posición de un ala ideológica de derecha de la pe queña burguesía constituyó la base de masas para una contraofensiva reaccionaria contra el movimiento obrero y socialista. Para Gramsci la presencia del fascismo ocurre por la combinación de la agitación y propaganda demagógica de los sectores medios de derecha y un plan de revancha de la gran burguesía, contra cualquier intento de revolución socialista.
(Cualquier parecido con la oposición venezolana no es pura coincidencia).
La victoria del fascismo en Italia 1922 se ha de considerar, pues, no como una victoria conseguida sobre la revolución, sino como la consecuencia de la derrota producida a las fuerzas revolucionarias por sus errores, debilidades y defectos intrínsecos.
El fascismo, como movimiento de la reacción armada que se propone el objetivo de disgregar y desorganizar a la clase trabajadora para inmovilizarla, entra en el cuadro de la política tradicional de las clases dirigentes italianas, y en la lucha del capitalismo contra la clase obrera.
Socialmente el fascismo encuentra su base social en la pequeña burguesía urbana y en una nueva burguesía agraria surgida de una transformación de la propiedad rural en algunas regiones.
Esto, y el hecho de haber encontrado una unidad ideológica y organizativa en las formaciones militares en las que revive la tradición de la guerra antiobrera, que sirven en la guerrilla contra los trabajadores, permiten al fascismo concebir y ejecutar un plan de conquista del Estado.
En sustancia, el fascismo modifica el programa de conservación y reacción que siempre ha dominado la política de derechas solamente con un modo distinto de concebir el proceso de unificación de la fuerza reaccionaria. Este propósito corresponde con la voluntad de resistir a fondo a todo ataque revolucionario, lo que permite al fascismo recoger las adhesiones de la parte más decisivamente reaccionaria de la burguesía industrial y de los terratenientes agrarios.
En el campo político, ante todo, la unidad orgánica de la burguesía en el fascismo no se realiza inmediatamente después de la conquista del poder.
Fuera del fascismo quedan los centros de una cierta oposición burguesa al régimen autoritario de derecha. Por una parte, no queda absorbido el grupo que tiene fe en la solución democrático-liberal del Estado. Es decir, los moderados reformistas democráticos quedan fuera progresivamente de cualquier alianza con el fascismo.
El fascismo se ve obligado a luchar contra estos grupos democráticos y moderados sobrevivientes, dando lugar a una fisura en el bloque de las fuerzas conservadoras y antiproletarias, que en determinadas circunstancias puede favorecer el desarrollo y la afirmación del proletariado organizado como clase política revolucionaria como tercer y decisivo factor de una situación política.
En el campo económico, el fascismo actúa como instrumento de una oligarquía industrial y agraria para concentrar en las manos del capitalismo el control de todas las riquezas del país. Esto no puede hacerse sin provocar el descontento en la pequeña burguesía, que, con el advenimiento del fascismo, creía llegado el tiempo de su dominio.
El fascismo para Gramsci adopta toda una serie de medidas para favorecer una nueva concentración industrial, y a éstas corresponden otras medidas a favor de los sectores de propietarios agrarios y contra los pequeños y medios cultivadores (impuestos, arbitrios sobre el trigo, "batalla del trigo").
La acumulación que estas medidas determinan no constituye un crecimiento de riqueza nacional, sino que es expoliación de una clase en favor de otra, esto es, de las clases trabajadoras y medias a favor de la plutocracia.

EL NACIONAL - Jueves 11 de Julio de 2013     Opinión/8
A PRIMERA VISTA
Fascismo imperial
JUAN BARRETO

El presupuesto militar de Estados Unidos representa 47% de los gastos militares mundiales. Pasemos revista a algunos datos: según cálculos conservadores, Estados Unidos ha gastado en 13 años de guerra contra el "terrorismo", es decir, Irak y Afganistán, más de 2 billones de dólares. Si comparamos esta astronómica cifra con lo que se necesitaría para acabar con el analfabetismo en el mundo (unos 49.000 millones); o con lo que se podría invertir en ese país para erradicar la pobreza de unos 50 millones de norteamericanos (300.000 millones de dólares), nos damos cuenta de cuán alta es la cifra.
Paradójicamente, si este país reduce en apenas 20% el gasto militar, desaceleraría su economía en esa misma proporción, dejando en la calle a un millón y medio de trabajadores y produciendo la quiebra de industrias como el acero, la informática, la farmacéutica y hasta el ramo de la alimentación y la confección. El imperio se halla atrapado al interior de su propia paradoja al haber amarrado el carro de su destino al caballo de la doctrina de "la guerra eterna".
Mientras Washington espía, el fraude del "sueño americano" vive su implosión, con millones de personas desempleadas y miles de ellas en las calles, el despliegue de la sociedad de control fascista y armamentista sobre las pretensiones del sector de las altas tecnologías, son explotadas hasta sus últimas consecuencias, el "enemigo" puede ser despachado a través de un dron.
Como señala Ignacio Ramonet: "Nos lo temíamos. Y tanto la literatura (1984, de George Orwell) como el cine de anticipación (Minority Report, de Steven Spielberg) nos habían avisado: con los progresos de las tecnologías de comunicación todos acabaríamos siendo vigilados. Claro, intuíamos que esa violación de nuestra privacidad la ejercería un Estado neototalitario. Ahí nos equivocamos. Porque las inauditas revelaciones efectuadas por el valeroso Edward Snowden sobre la vigilancia orwelliana de nuestras comunicaciones acusan directamente a Estados Unidos, país antaño considerado como `la patria de la libertad’. Al parecer, desde la promulgación en 2001 de la ley `Patriot Act’ (2), eso se acabó. El propio presidente Barack Obama lo acaba de admitir: `No se puede tener un 100% de seguridad y un 100% de privacidad’.
Bienvenidos pues, a la era del `Gran Hermano"...
Así se va despertando el monstruo fascista del imperio. Gilles Deleuze, en febrero de 1977 advertía que las ideas autoritarias vienen al relevo, y a la revancha; hay un ritornello, un remake, de las ideas del conservadurismo reaccionario ante el agotamiento de las institucionales demo-liberales y el Estado del bienestar, y producto de la crisis de la posguerra y el miedo a las nuevas ideas socialistas, luego de superada las crisis de la caída del Muro de Berlín.
El neofascismo en el mundo constituye entonces una posibilidad histórica, en la medida en que el modo de enfrentar la crisis de la hegemonía capitalista sea una solución de fuerza contra el avance de los sectores populares en la conquista de cambios democráticos reales de la estructura de poder social.
En una crisis histórica, en que se combinen a la vez los factores económicos con los políticos; es decir, una crisis general de autoridad, se traduce en una crisis de la eficacia de las ideologías burguesas, dando lugar a que los sectores medios vivan un extremo momento de tensión entre la opción capitalista y la opción socialista defendida por los sectores populares. De esta manera la hegemonía burguesa utiliza como masa de maniobra a los sectores medios, difundiendo una ideología reaccionaria que anhela la certidumbre de la verticalidad autoritaria, y que sacrifica la democracia política por la autoridad concentrada en una solución de fuerza.
¿Será entonces que el norteamericano medio ­y el mundo entero­ debemos sentirnos seguros, pues un gobierno fascista nos está vigilando?

EL NACIONAL - Jueves 22 de Agosto de 2013     Opinión/7
A PRIMERA VISTA
Fascismo: comunitarismo sin comunidad
JUAN BARRETO CIPRIANI

El fascismo como un virus va mutando, va cambiando su constitución de acuerdo a los territorios en que le toca proliferar. Es decir, tiene un componente regional que lo hace singular ante el otro fascismo que constituye al Fascismo como aparato de dominación.
El fascismo niega la democracia porque para el fascista no se trata de construir un régimen de mayorías, ni de darle poder al pueblo, sino de usar el gobierno como una "suma de individuos" amalgamados en un proyecto determinado por los intereses de clase y que se consideran asimismo como lo más excelso de la raza.
"La comunidad fascista consuma el crimen de la asimilación a la fuerza y de la identidad incontestable", dice Bataille. A lo que el fascista llama libertad, el comunista lo llama asimilación. El exterminio de la alteridad no es visto por el fascista como crueldad, sino como un mal necesario en una comunidad que reivindica el orden y la unidad en todas las dimensiones sociales. La sociedad homogénea es la sociedad útil, "así en el orden actual de las cosas, la parte homogénea de la sociedad está formada por los hombres que poseen los medios de producción o el dinero, es en la llamada clase capitalista y burguesa donde se crean los hombre útiles a la sociedad, en las clases medias se crean sujetos intercambiables y reductibles a esta operación, en tanto que entidades abstractas intercambiables".
El fascismo no tiene afuera, es una comunidad de un adentro constante y perpetuo, una comunidad pensada de esta manera sólo conoce puertas, muros, cierres, rejas, barreras. Es una comunidad sin aperturas, cerrada sobre si misma e imponiéndose desde allí a los otros.
La guerra de Irak, la invasión a Siria, el genocidio contra Palestina, la invasión a Libia y a Panamá, no son más que manifestaciones de ese fascismo que asume lo otro como amenaza. Recordemos la frase de Le Pen. "Habrá que escoger entre una Francia para los franceses o una Francia para todos".
Por todo ello, el fascismo combate de frente al internacionalismo obrero, (comunismo/socialismo) desde una posición chovinista y creando un pseudo-nacionalismo de carácter popular, y a su vez se asumen como la síntesis de la sociedad toda; también sustraen las consignas y las banderas socialistas como estrategia para mimetizarse con las luchas y reivindicaciones de las clases subalternas, tratando de conciliar lo irreconciliable.
En Venezuela, los representantes de la ultraderecha suelen dar muestra de eso, ya que en el mismo discurso pueden asumir símbolos y consignas de la tradición izquierdista y patriótica, a pesar de ir dirigido a los estratos más altos de la pirámide social.
"En Italia no hay ricos, no hay pobres. Hay italianos" decía Mussolini; y en Venezuela Henrique Capriles Radonski dijo en su campaña "los venezolanos estamos unidos, en una sola Venezuela" decir que "aquí no hay derechas, ni izquierdas" es una pirueta mental para pretender que se crea que también ellos defienden al obrero. Se les oye defender la propiedad porque sienten al país como una propiedad de sus familias, por eso cuando dicen "están acabando con el país, están regalando nuestra riqueza", en realidad quieren decir están acabando con mis negocios.
Es necesario entender como el fascismo se vertebró como anticomunismo radical.
El historiador alemán Ernest Nolte sugiere que el fascismo no debe ser reducido a la simpleza del anticomunismo, pero propone que el fascismo es un comunismo a la inversa, comunitarismo sin comunidad. Individualismo exacerbado mostrado en un escenario de masas. Es decir; el fascismo trata de que salvemos entre todos mi individualidad, por lo cual, de manera natural choca con el comunismo que plantearía a un individuo que se realiza desde y con la comunidad y no al individuo que usa a la comunidad para auto realizarse.

EL NACIONAL - Jueves 15 de Agosto de 2013     Opinión/8
A PRIMERA VISTA
Los estratos socio-psicológicos del fascismo
JUAN BARRETO CIPRIANI

Los modelos de referencia e identificación primaria dependen de las impresiones y emociones con las que asociamos las ideas, de manera que el fascismo es también una formación discursiva que echa raíces profundas en los modos de producción de los procesos de subjetivación, a los que el pensador francés Félix Guattari llama formaciones colectivas del inconsciente, modos que actúan como dispositivos de referencia y de respuesta, y constructores de mundos semióticos que gobiernan el gusto y direccionan las predilecciones afectivas o políticas.
Son devenires singulares de las personalidades represivas, muy propias de la psicología y la personalidad de aquellos que escogen funciones sociales en donde el mando y la jerarquía son fundamentales. Guattari recuerda que Freud hablaba de los fragmentos discursivos marcadores que hacen la personalidad. De allí tomó Freud la idea de analizar los sueños, para extraer el núcleo semiótico dominante capaz de funcionar como atractor extraño que organiza en retículas de pensamiento la enunciación y la interpretación, que es vista como individualizada pero que actúa como articulador social de las identidades colectivas.
Los estratos socio-psicológicos del fascismo se movilizan en la dirección de conservar las seguridades y esto instala a la subjetividad en el lugar donde el deseo es sacrificado a favor del orden, por miedo a que el deseo rebase sus propios límites y se convierta en deseo revolucionario.
Tal vez por esto, algunos sectores de las fuerzas armadas en América Latina, en donde el concepto de disciplina, jerarquía, orden y autoridad están por encima de otras consideraciones éticas e ideológicas, han sido susceptibles al devenir fascista, convirtiéndose en élites testamentarias colocadas por encima de la sociedad. Los imperios han encontrado fácil caldo de cultivo en militares ambiciosos con escasa formación intelectual y debilidades en los aspectos ideológicos.
Las fuerzas armadas de América Latina formaron cuerpos con una historia marcada por funciones de represión interna, proclives a simpatizar con las ideas fascistas. (Léase: El Chile pinochetista o la Argentina de Videla) El Estado absoluto y el orden absoluto son anhelados y fantaseados como fórmulas para administrar el bien común y salvaguardar los intereses nacionales en estos estamentos autoritarios. De allí, la importancia de abordar el estudio de los ámbitos sociopsicológicos que dan lugar a la emergencia del fenómeno reaccionario y fascista. Wilhelm Reich afirmaba que las clases medias ansían el orden a falta de poder, desprecian a las clases trabajadoras y al pueblo, le temen mientras envidian a la burguesía cuyo polo de identificación desean. Pero el no poder acceder a los beneficios de la condición burguesa y al intentar alejarse a como dé lugar de la condición de clase proletaria, optan por la doctrina de un Estado que les brinde seguridad y les permita mantener sus privilegios como sector intermedio para, desde allí, ascender en el estatus de clase dominante.
El fascismo estimula una suerte de individualismo organizado a partir de una comunidad reaccionaria. La llamada meritocracia o los segmentos de la tecno-burocracia son proclives aspirantes a la estructura socio-psicológica de corte reaccionario. Su "no toma de partido" es de suyo una toma de partido por un régimen autoritario en el que sus ideas están por encima de cualquier saber. Es en los momentos de crisis en los que se rasga el velo frágil de opacidad presente en la sociedad y se desenmascaran las contradicciones de clase, los sectores de la sociedad que vivían al margen de las contradicciones se sienten asaltados en sus estilos de vida, y sienten en peligro lo que consideran sus logros vitales más importantes, su ilusorio ascenso social y su estructura de clases.

EL NACIONAL - Jueves 01 de Agosto de 2013     Opinión/7
A PRIMERA VISTA
¿Existe el peligro neofascista en Venezuela?
JUAN BARRETO CIPRIANI

En Venezuela, el peligro reaccionario de los sectores medios resulta recurrente gracias a las expectativas vertidas sobre la distribución de la renta petrolera y a la naturaleza rentista del Estado, desde el cual han surgido numerosas capas medias, absolutamente divorciadas de la producción y cuyo único vínculo con la sociedad es el parasitismo y el disfrute de la renta en actividades no productivas. Todo esto es el caldo de cultivo que incuba el escenario del "fascismo criollo".
El discurso fascista recurrirá a la descomposición política que la crisis genera en las capas intermedias para captar su base de apoyo. Al proyecto revolucionario le toca una urgente caracterización de las fracciones de clases de las capas medias para pensar en antídotos concretos que neutralicen el fascismo. A diferencia del Cono Sur, la clase dominante no ha podido ensamblar una doctrina militar, y una clase político-militar alternativa ha tenido que refugiarse en aventuras golpistas y en sabotajes con poco aliento.
Si la burguesía penetra con éxito el aparato militar del proyecto revolucionario bolivariano, la realidad se manifestaría de una manera distinta. No jugarían tan sólo a desbordar los canales de control del sistema político sino que avanzarían de una vez al total aplastamiento de las fuerzas populares.
Como toda doctrina política, el fascismo también evoluciona, aunque el neofascismo conserva rasgos y matices del fascismo tradicional. El fascismo es más bien un devenir, una práctica social y política que va diseminándose y copa los espacios de poder de la llamada "sociedad civil", así como varios espacios de los aparatos del Estado.
Como pensaba Manheim, el fascismo es la respuesta a un "momento crítico o crucial".
Se constituye la violenta respuesta de masa de la burguesía cuando se siente acorralada por el proletariado, cuando siente que ha perdido el control del sistema democrático liberal, movilizando como onda de choque a las clases medias anteriormente apartadas de la vida política pública.
Pero el bloque fascista no está exento de contradicciones.
Unos ven al fascismo como necesidad coyuntural y otros, como proyecto histórico. En la Alemania nazi, algunos políticos eran partidarios de sumar a amplias capas de plebeyos y proscriptos a los beneficios del Estado para garantizar la identificación de sectores de las masas con el proyecto fascista, mientras que otros eran más proclives a un gobierno de élites a favor de la promoción de las clases medias, de modo que dentro del fascismo también hay tendencias enfrentadas y contradicciones, y no puede ser leído como un bloque monolítico y que no se actualiza.
Se activa y actualiza la base de masas del fascismo con el ascenso de los sectores populares que pugnan por la transformación del poder de Estado capitalista hacia un poder de Estado de transición hacia el socialismo.
En este cuadro coyuntural se está instalando un neofascismo, en comparación con el cual el antiguo quedará reducido a una forma folklórica. En lugar de ser una política y una economía de guerra, el neofascismo es una alianza mundial para la seguridad, para la administración de una "paz" no menos terrible.
Gilles Deleuze, en febrero de 1977, advertía que las ideas autoritarias vienen al relevo y a la revancha. Hay un ritornelo, un remake de las ideas del conservadurismo reaccionario ante el agotamiento de las institucionales demo-liberales y el miedo a las nuevas ideas socialistas.
El neofascismo en América Latina constituye entonces una posibilidad histórica en la medida en que el modo de enfrentar la crisis de la hegemonía capitalista sea una solución de fuerza contra el avance de los sectores populares en la conquista de cambios democráticos reales de la estructura de poder social.
Ilustración: Chema Madoz.

Breve nota LB: JB ha publicado una serie de artículos sobre la materia. No hemos tenido tiempo de leerlos y ponderarlos. Sobre todo el relacionado con Gramsci. Es el problema: el tiempo para ponderarlos y, sobre todo, contrastarlo con su ejercicio de poder. "Por sia", guardamos los textos. Quedan pendientes.

SECUENCIA (S)

EL NACIONAL - Domingo 22 de Septiembre de 2013     Opinión/8
Reductio ad Hitlerum
RAÚL FUENTES

Profesor de filosofía política en la Universidad de Chicago y autor de unas meditaciones sobre Maquiavelo (Thoughts on Machiavelli, 1958), Leo Strauss acuñó la locución reductio ad Hitlerum para referirse a la maliciosa acusación de fascista con la que los polemistas de vocación despótica procuran descalificar a quienes les confrontan y, de este modo, poner término a cualquier discusión.
La argumentum ad nazium, como también se la conoce, es la falacia a la que Nicolás Maduro recurre con inusitada asiduidad para desacreditar a sus opositores, esquivar cualquier debate e intentar vestir con un envoltorio de jaquetonería su desnudez conceptual; pero ni aun así logra sacudirse de las aprensiones, pesadillas y fantasmas que alimentan su creciente paranoia; una manía persecutoria que le predispone contra su entorno cívico-militar, pues al afirmar, como lo ha venido haciendo, que "a él no lo van a tumbar", uno se imagina que el mensaje no puede estar dirigido sino a quienes tienen el control de los medios para derrocarlo, es decir, a su propio partido y a la FANB.
Súmele usted a esa chifladura monotemática el para nada infundado temor a una debacle electoral el venidero diciembre y entenderá cómo se bate el cobre en la fragua oficialista respecto al porvenir de Maduro y el destino del proyecto chavista; entenderá por qué tanta angustia y premura para completar el catastro de las comunas e impulsar la implantación porque sí de una estructura paraconstitucional basada en el empoderamiento a dedo de los consejos comunales, a fin de suplantar el modelo de organización del poder público pautado en la carta magna con otro, más representativo de la voluntad de la camarilla gobernante, en el que las decisiones se tomen en incondicionales asambleas populares mediante "la señal de costumbre". Esta vía, que en Asia dio lugar a engendros tan perversos como la Revolución Cultural china o los jemeres rojos de Kampuchea, es vista con algo más que recelo por un buen número de partidarios del Gobierno que perciben en ella un impedimento para sus aspiraciones a ocupar posiciones relevantes en el ordenamiento municipal.
Ese proceder aclara el porqué de la pintoresca campaña contra la corrupción emprendida por el Gobierno, a sabiendas de que ese flagelo es inherente al poder y, por ello, su prédica contra el mismo no pasa de ser mera hipocresía; un demagógico recurso que degrada el debate sobre el tema, pero justifica ­a los ojos del solicitante y a los de sus asesores­ la petición de una habilitación que le permita a Corazón junior legislar en concordancia con su desazón ante una eventual pérdida del poder; y también explica que Cabello se muestre tan ansioso de llenar el vacío dejado por Corazón el Grande en la presidencia del PSUV y, para ello, apele a un astuto fingimiento para tratar de ocultar sus ambiciones.
Aquí se hace necesario recordar que el partido de gobierno, defensor de hegemonías y exclusiones de todo tipo, se ha estructurado conforme al modelo estalinista ideado por Lenin que coloca formalmente la autoridad suprema en manos de su Congreso General, pero que ­por "razones prácticas"­ éste delega en el Comité Central (o algún organismo semejante) el cual, a su vez, lo transfiere al secretariado (vicepresidentes en el caso del PSUV) para que, finalmente, recaiga en el secretario general o el presidente del partido que, tal como están las cosas, lo sería simultáneamente de la República. Estamos sometidos, pues, al mandato de un partido a la medida del talante autoritario de su inspirador y que en las actuales circunstancias ­dadas las contradicciones y pugnas en su seno­, tal vez sea el refugio menos recomendable para un presidente que no las tiene todas consigo, navega a la deriva y podría naufragar por impericia en la conducción de la nave gubernamental o por el amotinamiento de su tripulación. Esto lo sabe muy bien el presidente de la AN.
Toca a la oposición estar mosca ante tantas escaramuzas dirigidas a entorpecer o impedir la realización de los comicios programados para diciembre.
Sin renunciar a la participación activa en la contienda decembrina, los voceros de la unidad deben alertar sobre lo que parecen planes de contingencia encaminados a escamotearles una posible victoria y que forman parte de una estrategia que pasa por exacerbar la desconfianza de los votantes hacia el poder electoral y fomentar el abstencionismo. Y es que el 8 de diciembre la apuesta no es sólo por alcaldías y concejos edilicios, no; la apuesta es por ponerle freno a un gobierno que pedalea sin tino, marcha en retroceso y, a punta de reductio ad Hitlerum, quiere enclaustrarnos en el pasado... y el pasado es un lugar demasiado sombrío.
Ilustración: Chema Madoz.

PROBLEMAS DE SAQUE

EL NACIONAL - Jueves 29 de Agosto de 2013     Opinión/9
Esto es la transición   
COLETTE CAPRILES

Lo que pasa es que seguimos en medio de ese tsunami llamado transición. Aunque los productores del espectáculo han creído que con mantener la escenografía y discretos cambios de elenco podían mantener la ilusión de continuidad, la experiencia de todos los días afirma lo contrario. La camarilla en el poder ha podido escamotear la temida palabra de la conciencia pública, aunque su plan operativo sea precisamente transitar, ir hacia otra cosa que ya no puede ser la misma que cuando mandaba Chávez.
Queda claro hoy que los años de Chávez terminaron en una especie de status quo cuya liquidación comienza el 14 de abril, cuando la posibilidad real de ser sustituidos en el poder obliga a un cambio ­quizás improvisado- de reglas de juego.
En el antiguo status quo, el pluralismo político tenía un cierto lugar, siempre que no amenazara existencialmente a la gigantesca masa de poder acumulada por la persona del presidente. Chávez reunía el poder político, el poder institucional a través del control del aparato burocrático y de la economía, y añadía eso que suele llamarse los poderes fácticos, habiéndose diseñado una corte, en el sentido absolutista de la palabra, desde donde irradiaban privilegios y castigos para los distintos intereses particulares.
En esta transición las reglas no están ni siquiera tácitas. No hay, en realidad. El problema estratégico para el gobierno es construir un sistema en el que su poder no pueda verse amenazado, es decir, para gobernar como minoría tiránica, cuando ya no puede funcionar con absoluta seguridad como mayoría electoral. Pero no está claro si puede seguir las fórmulas históricamente disponibles para ello, que tampoco son tantas.
Las transiciones soviéticas, o la cubana (me refiero a la remoción de Fidel Castro), ocurren exitosamente bajo condiciones que Venezuela no tiene hoy: unas economías espantosas pero estables.
El caso Gorbachov es la prueba negativa de eso: aunque no pretendía tocar el sistema soviético, las tímidas reformas políticas que impulsó desencadenaron la avalancha, porque la promesa de una mínima calidad de vida ya era insostenible.
Hoy el régimen está bajo una serie hasta ahora desconocida de restricciones ocasionadas por el mismo modelo económico que antes le producía tantos beneficios, cuando sus perversiones e ineficiencias podían ocultarse con petróleo y "muela" del jefe. El dilema es claro: o se abre la economía o la crisis se profundiza.
Pero precisamente, pluralizar la economía contradice la voluntad de poder tiránico. Una economía menos monopólica genera oportunidades para el pluralismo político, obviamente.
Pero la oposición tiene que construir una política para que esta transición nos ponga en el camino de la recuperación de la democracia y de la sanidad económica. Las viejas reglas desaparecieron y las señales del régimen son simples y terribles: represión y persecución para impedir el crecimiento de la alternativa, militarización, distribución focalizada de privilegios en medio de más penuria generalizada, y censura en serio.
Hay que hacer política en un escenario inédito. ¿Qué significa eso? Interpelar a la gente, dialogar, persuadir y organizar para la acción. Para distintos tipos de acción: electoral, denunciativa, pero sobre todo defensiva y afirmativa frente a la destrucción moral e institucional. Aquella incomodidad colectiva ante la arbitrariedad y la indecencia, que antes podía justificarse con la sensación de que era el precio de una mejoría en la capacidad de consumo (o con el discurso identitario del hombre nuevo), es ahora la materia prima de la indignación y así, del cambio político.
Otra vez es la dura hora de la política de verdad, como en 1936 y en 1958.
Ilustración: Chema Madoz.

VERSADOR SOBRE EL HORIZONTE

EL NACIONAL - Domingo 06 de Octubre de 2013     Papel Literario/1
Libro homenaje a Demetrio Boernser
TOMÁS STRAKA

Las tormentas de Europa Central expulsaron a muchas de sus mejores cabezas en la primera mitad del siglo XX. Fue el altísimo costo, individual y colectivo, que pagaron aquellos países por los sueños de grandeza y las utopías supremacistas de algunos de sus líderes y de muchos de sus pueblos. Derrumbado el antiguo régimen de sus Kaiser ­el alemán y el austrohúngaro­ en algunos casos no reencontraron el camino de la paz, la libertad y la prosperidad hasta después de 1989.
Una hecatombe de la que, tal vez, el mundo Occidental fue el gran ganador. Universidades, orquestas y museos ingleses, australianos y norteamericanos se llenaron de científicos, artistas y filósofos, algunos de ellos los mejores del mundo.
En ese contexto, Latinoamérica tuvo también su cuota, muy especialmente Venezuela que rápidamente le abrió las puertas a los refugiados, primero los judíos centroeuropeos ­como atestiguan las gestas de El Caribia y el Koenigstein­ y a los republicanos españoles, después a los de un piélago inmenso de nacionalidades.
Uno de esos inmigrantes es Demetrio Boersner (Hamburgo, 1930), en cuyo honor acaba de aparecer América Latina: identidad e integración. Libro homenaje a Demetrio Boersner. El volumen recoge los trabajos presentados en las XII Jornadas de Historia, organizadas en mayo de 2012 por el Instituto de Investigaciones Históricas Hermann González Oropeza, sj y el Centro de Investigación y Formación Humanística, ambos de la UCAB. Teniendo como contexto el Bicentenario de las Cortes de Cádiz, con su primer proyecto de unidad entre la "España Europea" y la "España Americana", así como la reunión de la I Cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), entre el 16 y el 18 de mayo de 2012, reunió a especialistas de diversas instituciones latinoamericanas para analizar los desafíos históricos y actuales de la integración regional. No podía haber una mejor oportunidad para homenajear al profesor Boersner, que acababa de jubilarse y que ha dedicado su vida al estudio y el ejercicio de la diplomacia latinoamericana. Plenamente activo a sus 83 años, preocupado por los destinos de Venezuela y del mundo; fiel a sus valores y sus luchas, vayan acá algunos párrafos que redactamos para la presentación de su libro-homenaje: Demetrio Boersner nació en el seno de una familia socialista, de padre judío y madre cristiana, en Hamburgo, en 1930.
De tal manera que su tiempo, su lugar, su etnia y sus ideas resumen alguno de los conflictos políticos e ideológicos más grandes del siglo XX. La combinación de socialista y judío (agnóstico, pero judío), tan común en Europa Central y que tantos nombres legó a la historia de las ideas, en especial a la de las ideas de izquierda (pensemos sólo en Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Eduard Berstein y Karl Kautsky, por no nombrar al mismísimo Karl Marx), parece tener en Boersner un representante fidedigno en Venezuela.
De hecho, es un socialdemócrata doctrinario, más cerca de Kautsky que del Programa de Godesberg, que aún cita a Marx y sobre su base aspira a un régimen que por igual garantice las libertades y la igualdad.
Huyendo de los nazis la familia decide emigrar. Su padre, con el seudónimo de Wolfram Dietrich, había publicado una biografía del Libertador Simón Bolívar en 1934, lo que le allanó la amistad con el cónsul de Venezuela en Hamburgo. Gracias a él consiguen un destino en Venezuela, adonde llegan los Boersner en 1939 a bordo del legendario vapor Orazio, que nos conectaba con el mundo.
Demetrio tiene 9 años y desde entonces ha sido un venezolano a carta cabal. Todas las grandes causas del país han contado con su compromiso, resuelto y desinteresado. En 1952 se graduó en Estudios Internacionales y en 1957 en el doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra. Durante los siguientes años esa formación la desplegaría en la cátedra (llegó a jubilarse como profesor titular de la Universidad Central de Venezuela), en la prensa (aún mantiene columnas en dos periódicos caraqueños), en el servicio diplomático (fue embajador en Austria, Suecia y Rumania) y en la lucha política, que tal vez ha sido el eje que le da sentido a su vida.
Boersner es el más importante teórico de la socialdemocracia que hay actualmente en Venezuela. Tiene en su haber el importante ¿Qué es el socialismo democrático? que, con prólogo de Carlos Andrés Pérez, publicó en 1988. Desde que volvió de Europa militó en el ala izquierda de Acción Democrática. Son años de deslinde en el seno del partido, por lo que en 1967 es de los que se separan con Luis Beltrán Prieto Figueroa para formar el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), donde continua con su importante actividad político-intelectual. Pero, a mediados de la década de 1970, cuando el MEP deriva ideológicamente hacia la esfera del socialismo soviético, mientras algunos de sus militantes comienzan a manifestar prácticas indistinguibles de las que acusaban en AD, decide renunciar. Seguirán años de trabajo académico y de funciones diplomáticas. También de acercamiento al Centro Gumilla y su labor investigativa y social.
Mantiene desde entonces una muy leída columna en la revista SIC; pero ese vínculo traería también otra consecuencia, esta espiritual: su conversión al catolicismo. No significó un cambio en sus convicciones: al contrario, fue una ampliación de horizontes, una profundización en los compromisos. El agnóstico y marxista socialdemócrata pasa a ser católico, pero igualmente marxista profeso de una adscripción en la socialdemocracia que no se erosiona con el vaciamiento ideológico y el pragmatismo que siguen a la Caída del Muro de Berlín y el neoliberalismo. Sigue escribiendo, viajando, pensando, dando clases. Si alguna vez pensó en retirarse, con la llegada de Hugo Chávez esto se descartó. Su compromiso por una alternativa socialista y democrática, opuesta a las tentaciones totalitarias de izquierda del mismo modo en que se oponga a los zarpazos neoconservadores, se revivió con igual o tanta intensidad que antes. Por eso, para nuestra fortuna, lo tenemos hoy con sus ochenta y tantos años más activo y militante que nunca. Dos columnas en la prensa, conferencias, clases en postgrado, un trabajo de militante en el partido Un Nuevo Tiempo, dan fe de esto.
Sin embargo, la fama internacional le viene como historiador de las relaciones internacionales. Un libro más bien corto, sencillo, pensado con ánimo divulgativo, abrirá todo un espectro que nadie antes había tratado: el de la diplomacia de la región vista de manera orgánica. Hablamos de su clásico Relaciones internacionales en América Latina: breve historia, publicado por primera vez por Nueva Sociedad en 1982 y continuamente reeditado desde entonces. A lo largo de todo el continente es el texto obligatorio con el que se forman los futuros diplomáticos e internacionalistas. Es el abecé donde todos debemos comenzar para después ir hacia indagaciones más específicas; es en buena medida el estudio iniciador, iniciático y fundamental del tema.
Experto y teórico de las relaciones interamericanas, antiimperialista confeso, socialista, demócrata, diplomático, pocos homenajes resultan más oportunos en este Bicentenario de Cádiz, definido por las grandes iniciativas integracionistas de la Celac y Unasur. Cada una de las angustias y batallas de Boersner tienen algo que ver con estas iniciativas. Una América libre y democrática, cuyos primeros gritos se dieron en Caracas, Bogotá, Tunja, Cartagena y Cádiz doscientos años atrás; una América unida; una América al margen de tutelajes imperiales y de chantajes ideológicos de quienes se presentan como antiimperialistas para postrarla con nuevas cadenas: eso es la tradición que Boersner encarna y eso es precisamente lo que hemos querido estudiar y celebrar en el libro que se presenta en estas líneas.
Ilustración: Chema Madoz.

SOBRE LA (IM) PUNTUALIDAD CÍVICA

EL PAÍS, Madrid, 16 de septiembre de 2013
LA CUARTA PÁGINA
Más participación para salvar la política
Las tribulaciones han engendrado multitud de ocurrencias sobre leyes de partidos y cambios electorales. Pero el único remedio es una mayor implicación de los ciudadanos y una reforma constitucional
José María Maravall 

En tiempos de tribulación abundan las ocurrencias. Como decía Robert Lynd, para “dar clases de navegación mientras el barco se hunde”. Entiendo por “ocurrencias” diagnósticos y propuestas que se realizan con insuficiente reflexión.
Una primera ocurrencia consiste en atribuir nuestros males a una “élite extractiva”: nuestros políticos. Se abusa de un concepto de Daren Acemoglu y James Robinson, que deriva de ideas de un Nobel de Economía, Douglass North. Una “élite extractiva” goza de impunidad para ignorar los intereses generales y explotar a la población —ya sea en el Congo, Sierra Leona, Haití o Rusia—. El concepto no sirve para interpretar el oscuro túnel por el que pasa la política española.
Se utiliza este concepto respecto de los “políticos”, no respecto de banqueros o empresarios. Pero los primeros dependen de los votos; los segundos, no. Si los políticos fuesen una “casta” que expoliase a los ciudadanos, no se explicarían diferencias entre ellos. Pero Bachelet o Brandt no son Berlusconi; Palme no es Andreotti o Aznar. Hablar de una “élite extractiva” resulta más exótico que afirmar que “todos los políticos son iguales”, pero no arroja ninguna luz sobre la política.
Si los políticos fuesen una casta que expolia a los ciudadanos no habría las diferencias que hay entre ellos
Una segunda ocurrencia es asignar los males a la transición a la democracia. Una benevolencia con el franquismo, unas estrategias de consenso, una Constitución pactada generaron una “casta política” aislada respecto de los ciudadanos. Sin embargo, la movilización ciudadana fue considerable, muy superior a Grecia, Chile, Brasil, Argentina o Hungría. Los franquistas se opusieron violentamente a la Constitución de 1978, con dos golpes militares en febrero de 1981 y junio de 1985 e innumerables conspiraciones. La Transición no fue pacífica: hubo más de 660 muertos entre 1975 y 1982, una violencia muy superior a la habida en Grecia o Portugal, exhaustivamente analizada por Ignacio Sánchez-Cuenca.
Muchas ocurrencias se refieren al sistema electoral. Pretenden, por una parte, reducir la distancia entre políticos y ciudadanos; por otra, acabar con el bipartidismo y reflejar mejor la diversidad de preferencias de los ciudadanos.
Para el primer objetivo, se defiende la introducción de un sistema mayoritario. Pero en Estados Unidos solo vota la mitad de la población. Un sistema mayoritario no permite tampoco la entrada de más partidos sino que refuerza el bipartidismo. Y en sociedades polarizadas, con intereses divergentes e intensos, los conflictos civiles son mucho más probables. Para el segundo, se propone lo opuesto: una mayor proporcionalidad. Si aumenta el número de partidos, genera también Gobiernos de coalición —según Schumpeter, “el reino de los políticos”—. Aquí, a espaldas de los ciudadanos, los políticos hacen y deshacen Gobiernos. Los ciudadanos pueden elegir en un menú más abundante, pero pierden el control de los gobernantes: en las coaliciones, el 61% de los cambios de primeros ministros se deben a conspiraciones de otros políticos, no al voto de los ciudadanos.
La Transición no fue pacífica: más de 660 muertos entre 1975 y 1982, muchos más que en Grecia o Portugal
Los objetivos de representar más fielmente las preferencias de los ciudadanos, de acercar los ciudadanos a los políticos y de controlar mejor a los Gobiernos, no son fácilmente compatibles. Por tanto, se deben abordar con cuidado. Téngase en cuenta que el sistema español, de proporcionalidad muy corregida, ha dado lugar durante 23 años a Gobiernos minoritarios dependientes del apoyo parlamentario de otros partidos: cinco años con Suárez, siete con González, cuatro con Aznar, siete con Zapatero. Desde 1977 se han producido cuatro cambios de Gobierno (1982, 1996, 2004, 2011), frente a solo tres en los casos de Gran Bretaña (1979, 1997, 2010) o Alemania (1981, 1998, 2005) —con dos sistemas electorales muy apreciados por los “reformadores”—. Si queremos reformarlo, hay que pensar con cuidado en la alternativa.
Veamos el sistema electoral alemán. La mitad de los escaños se asignan según los votos a listas de los partidos; la otra mitad, según los votos a candidatos en circunscripciones uninominales. Los resultados electorales serían equivalentes al sistema español. Solo cambiarían si se introdujeran en España circunscripciones pequeñas o medianas, en torno a siete diputados cada una. Alberto Penadés lo ha mostrado de forma muy convincente. Si podrían producirse cambios en la calidad de los candidatos en las circunscripciones uninominales, así como en la relación entre votantes y representantes. Aquí radica para mí el mayor interés del sistema alemán.
Otras ocurrencias tienen que ver con la selección negativa de nuestros políticos. Este es, sin duda, uno de los principales problemas de la democracia. Pero cuanto más se denigre la política, peores serán aquellos que se dediquen a ella. Muchas propuestas para “mejorarla” son dudosas:
—Una “ley de partidos” no constituye una varita mágica. En los países donde funcionan bien, esa ley no existe; ni los congresos ni la selección de candidatos se regulan por ley. Países con partidos abiertos y democráticos disponen de reglas similares a las españolas.
—Elecciones primarias pueden ser plebiscitos escasamente democráticos. Tony Blair utilizó consultas directas a los afiliados para saltarse los controles intermedios del partido laborista. No entiendo por qué una mayor democracia interna consiste en desarbolar los órganos de representación y control internos. Deseo un debate público de calidad y las primarias no lo aseguran.
—Circunscripciones uninominales y listas abiertas pueden permitir una mayor autonomía de los representantes respecto de la dirección central de su partido. Pero cabe que generen caciques con apoyos propios, independientes de la dirección del partido. No existe en Estados Unidos una mayor limpieza de la política; sí una mayor influencia del dinero y chantajes como los de la National Rifle Association.
Cataluña, la política fiscal, la crisis del euro, el gasto social, la UE: esos sí son problemas serios
Sin duda la disciplina de los grupos parlamentarios resulta penosa. Fernando Abril Martorell la defendió en su día para evitar que los partidos se convirtieran en “una especie en vías de extinción”: ese momento sin duda ha pasado. Pero un partido con múltiples posiciones suele ser rechazado: los ciudadanos no saben a cuál de esas posiciones atenerse. Y los debates internos con frecuencia se interpretan como peleas por el poder. Lo que los ciudadanos en las 21 democracias parlamentarias de la OCDE apoyan es una peculiar mezcla de participación y autoridad, ambas democráticas.
No pienso que existan remedios institucionales mágicos a las carencias de nuestra vida política, pero no acepto resignación y fatalismo. Creo que la solución podrá venir de una mayor participación política en una sociedad largo tiempo desmovilizada; de ciudadanos que defiendan activamente aquello en lo que crean, fuera o dentro de los partidos; de que medios de comunicación y jueces desempeñen adecuadamente su papel de control. De que los ciudadanos mantengan toda la desconfianza política, pero sin ceguera alguna: descalificaciones genéricas de la política y de los políticos socavan la democracia. Nunca he comprendido por qué uno es felicitado por no volver a la política en vez de ser criticado.
Apoyo una reforma constitucional. Quiero un Estado laico de verdad; un mejor acomodo para Cataluña, cuya autonomía tiene una razón de ser muy diferente de aquellas para las que se pensó el artículo 143 de la Constitución; una Monarquía transparente y que rinda cuentas; una educación pública cuyo refuerzo requiere reformar el artículo 27 de la Constitución; una sanidad pública tratada como un derecho no relegado al artículo 43. Pero no basta con que yo lo quiera.
Una reforma constitucional no se puede justificar con el argumento de Jefferson de que una generación no puede ser gobernada por una Constitución elaborada por una generación anterior. La opinión de Madison ha prevalecido en todas las democracias: si una generación ha tenido que hacer frente al caos, ese caos no tiene por qué ser sufrido por generaciones siguientes. Las reformas solo se justifican con argumentos rigurosos acerca de problemas muy serios. Por poner algunos ejemplos: Cataluña, la política fiscal, la crisis del euro, programas de gasto social no redistributivo, la dirección política de la Unión Europea. Si no es así, reformar o renovar solo consistirá en fichar a un Justin Bieber; en sustituir ideas por palabras retóricas.
(*) José María Maravall, sociólogo y político, fue ministro de Educación y Ciencia (1982-1988) en Gobiernos de Felipe González. Su libro más reciente es Las promesas políticas (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Ilustración: Chema Madoz.