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jueves, 16 de julio de 2020

COSA NOSTRA

Gramsci como aplicación
José Rafael Herrera

“Cuando ustedes, los que están en 
la cima del Estado, tocan la flauta
¿cómo pueden esperar otra cosa 
sino que los de abajo bailen?
Karl Marx

Dice un adagio popular que conviene recibir lo dicho dependiendo de quién lo diga. No son pocos los políticos o los “especialistas” que aseguran ver la sombra corva y siniestra de Gramsci detrás de los propósitos del gansterato narcoterrorista que mantiene secuestrada a Venezuela. Y es que el pensamiento del filósofo italiano, especialmente su concepto de hegemonía, ha sido representado por estos “expertos” en las formas vaciadas de contenido -adiestrados en prescindir del ser y canjear la verdad por la “metodología”- como el fundamento mismo, el “nervio vital”, de sus objetivos políticos. El plan consistiría, siempre siguiendo le storte intenciones de Gramsci, en “aplicar” su jorobado concepto de hegemonía a la realidad, es decir, adueñarse de la entera sociedad civil, de su cuerpo y de su alma, para consolidar así su poder e instaurar un régimen totalitario, al estilo soviético, que era, claro está, el modelo de estatolatría que Gramsci siempre tuvo en mente. A partir de semejante disquisición, de tan rigurosa elucubración, de tan sorprendente profundidad, uno llega a comprender por qué pueden existir personas que tienen el rostro semejante al de un mocasín. Mentón agudo y cuadrado, cabeza ancha y hueca. Después de todo, algo de verdad tiene que haber en las ficciones de la Nuova Scuola lombrosiana.

Ver la fotografía de Gramsci como telón de fondo del programa de televisión de un maleante, que en algún momento tuvo la osadía de intuir que la política podía ser usada como mecanismo de sustentación criminal, a base de transmutar la comunicación en intrigas y ruindades, dice mucho. Mucho, no tan solo de sí mismo, cabe decir, del inusitado y retorcido cinismo propio del malandro, sino del nivel de los que, fascinados por quienes se han habituado a hacer de la intriga, el escándalo y la ruindad sus mayores delicias, lo siguen con mórbido afán. Da lo mismo echar mano de Simón Bolívar, de Simón Rodríguez, de Antonio José de Sucre o de Armando Reverón y colgarlos en el mismo pedestal del que cuelgan facinerosos de la “talla” de Maisanta, Fidel Castro, el Che Guevara o Hugo Chávez. Son las enseñanzas del viejo aparato de propaganda soviética. El Diamat ruso comenzaba con las fotografías de Marx, Lenin y Stalin. Hoy han sido sustituidas por las de Putin, Masha y el Oso.

Es dentro de semejante contexto de patrañas y manipulaciones que se justifica, en el escenario del estudio televisivo del canal de “todos los venezolanos”, la presencia de la fotografía de Gramsci, al fondo, observando con mirada perpleja, inevitablemente silente, aunque estupefacto, las procacidades de un adicto y demencial delincuente que hoy puede afirmar que la Universidad Simón Bolívar es una institución “privada” y mañana que el presidente Guaidó es el jefe de un cartel de narcotraficantes con alerta roja en China, Rusia e Irán. Whatever! Sólo recibirá elogios por sus infamias de la complaciente pobreza espiritual que nutre su audiencia. Y cabe decirlo, no sólo de los fieles o correligionarios del gansterato. En el diálogo Parménides Platón demostró con creces que toda negación abstracta es, en el fondo, una afirmación abstracta. Los mocasines suelen ser muy cómodos, por lo que exigen pocas mediaciones para ser calzados.

La audacia es tan propia del prejuicio como de la ignorancia, porque la una es un síntoma inequívoco del otro. La expresión “hegemonía” causa urticaria no sólo entre unos cuantos respetables socialdemócratas de formación sino, además, entre quienes han llegado a autodefinirse como “liberales”, sin tener la responsabilidad de conocer, más allá de las reseñas enciclopédicas, los orígenes histórico-culturales de los términos con los que dicen “sentirse” comprometidos. Uno de los más sólidos, coherentes y fundamentados representantes del liberalismo contemporáneo es Norberto Bobbio. Y uno de los autores de cabecera de Norberto Bobbio es Antonio Gramsci, a quien no sólo admira, sino de quien ha derivado la exigencia de recuperar el significado más hondo y auténtico de la democracia republicana. Sólo por “vaga experiencia” o “conocimiento de oídas”, como diría Spinoza, se puede considerar a Antonio Gramsci como un pensador panfletario, digno de presidir el estudio de televisión de un hampón de poca monta, o colocar sus Quaderni del carcere al lado de las “obras incompletas” -nunca escritas- de Ezequiel Zamora.

Piero Sraffa fue un destacado economista italiano, defensor del liberalismo económico y autor de la llamada “teoría de la producción de mercancías por medio de las mercancías”, considerado por los -¡esta vez sí!- auténticos expertos como el refundador de la escuela clásica de economía. Pues bien, a la vuelta de sus frecuentes visitas a la cárcel donde el fascismo mantenía detenido a Gramsci, Sraffa traía ocultos, entre sus prendas de vestir, los cuadernos en los que Gramsci iba pacientemente dando cuerpo a su filosofía de la praxis, de la cual forma parte su concepción de la hegemonía, es decir, del fundamento de la vida dentro de un Estado ético, estrictamente consensual. Una obra, por cierto, que fuera publicada por la prestigiosa editorial Einaudi, cuyos vínculos con el pensamiento liberal son bien conocidos, especialmente porque su editor, Giulio Einaudi, era hijo de uno de los fundadores del Partido Liberal de Italia y segundo presidente de la República italiana, después de la caída del fascismo, Luigi Einaudi.

Es probable, sin embargo, que en las mentes de los prejuiciosos e ignorantes no quepa la posibilidad de formularse la pregunta de por qué los más serios liberales italianos -incluyendo al propio Benedetto Croce- no sólo celebraran la obra de Gramsci, sino que la rescataran de las mazmorras fascistas y la publicaran, primero, en edición temática, a cargo de Palmiro Togliatti y, más tarde, en edición crítica, a cargo de Valentino Gerratana. Para ellos, en cambio, Gramsci es el demonio que tramó e inspiró el perverso plan de Maduro para destruir a Venezuela. Maduro -afirman- “aplica” la concepción de la hegemonía gramsciana. Pero el pensamiento de Gramsci no se “aplica” porque el consenso no se “aplica”, se construye. Si el régimen siguiera efectivamente la lección de Gramsci, la sociedad civil sería escuchada, el país tendría poderes independientes, medios de comunicación libres. Los gobernadores y alcaldes, distintos al régimen, no tuviesen sobre ellos tutelaje gansteril y la Asamblea Nacional no habría sido, primero, desconocida mediante la trastada de una Asamblea Constituyente y, luego, partida en dos mediante la compra y venta de unos cuantos diputados corruptos. Hay quienes gustan tirar piedras al vacío y bailar al ritmo de la flauta de Maduro. Cuando se les agoten los guijarros del sensacionalismo danzante quizá logren comprender que el único “concepto” que sustenta al gansterato es el narcotráfico. Y que por el hecho de ser italiano Gramsci no formaba parte de La cosa nostra.

16/07/2020:
https://www.elnacional.com/opinion/gramsci-como-aplicacion/

domingo, 29 de julio de 2018

¿DESESPECIALIZACIÓN?

EL NACIONAL, Caracas, 21 de junio de 2018
“Todos son intelectuales”
José Rafael Herrera

Las llamadas ciencias sociales han avanzado vertiginosamente, de modo exponencial, durante los últimos tiempos. Casi se podría afirmar que los muy respetables científicos sociales llevan puestas las botas de las siete leguas, las mismas que usara Pulgarcito para evadir al ogro que se oculta detrás de la realidad. Sus agigantados avances, su extensión por la sinuosa y escarpada geografía del conocimiento, se pierde tras el horizonte de las urbes, del primero al último de los mundos posibles. Sus respuestas –siempre– están a la mano, como en las largas estanterías de los supermercados que, en épocas más felices, tenían a su disposición los consumidores venezolanos. Y cuentan, además, con una respuesta del peso y tamaño requeridos para la ocasión, para todo o para casi todo. La sociología, por ejemplo, cual caballero de reluciente armadura, porta en sus manos el escudo de la epistemología y la lanza del método. En su justa contra los molinos de viento metafísicos, ha dado cuenta de sus extraordinarias capacidades para pasar de las formas de la religión a las formas teológicas y, desde estas, a la ciencia pura y simple. Uno de esos distinguidos científicos sociales, auténtico heredero de las más sutiles revelaciones que se sustentan en las certezas provenientes de la reflexión del abstraktes Verständnis, es el lúcido y eminente profesor Fernando Mires, quien hace pocos días dejó caer sobre su cuenta de Twitter una sentencia tan 'clara y distinta' como plena de maravilla aristotélica: “Intelectual es toda persona que piensa. Los intelectuales no existen como profesión: existen profesores, escritores, pintores, dentistas, policías, obreros, albañiles, basureros (todas dignas profesiones). En todas esas profesiones hay gente que piensa: todos son intelectuales”.

Es verdad que, basándose en sus indiscutibles esfuerzos cognitivos y en sus inclinaciones por las certezas relativas, las ciencias sociales presuponen respuestas para toda ocasión, para cada circunstancia, porque ellas –entre 'eventos' y 'narrativas', como acostumbran decir– conocen de antemano, prevén, se anticipan. No como las sacerdotisas, echando mano del oráculo, ni por medio de las piedras de los druidas, ni de las cartas astrales de los divinari, sino –como respetables científicos que son– a través de sus sofisticados y rigurosísimos instrumentos metodológicos de última generación. Y sin embargo, cabe pensar –después de todo, “hay gente que piensa”– en la posibilidad, y solo a manera de hipótesis, de que, tal vez, sea por eso que sus grandes fortalezas pudieran llegar a poner de relieve sus grandes debilidades. En efecto, como ha afirmado recientemente el estudioso español, Alexandre Carrodeguas: “Las sociologías generales, más allá de lo que pueda ser su mérito, no le hacen justicia a la realidad, porque pretenden tener sistemáticamente una respuesta para todo. Con ellas sabemos de antemano lo que debemos encontrar, en qué casilla teórica, bajo qué concepto o rubro prexistente acomodaremos lo que hayamos observado”.

Y, más aún: “Se sabe de antemano, por ejemplo, que la realidad social se puede distribuir, sin restos, en unos órdenes o sistemas determinados. O que está edificada sobre elecciones individuales racionales. O, al contrario, que las sociedades se organizan como totalidades a priori, como si la sociedad prexistiera a sí misma, y los actores no hicieran otra cosa que aplicar los valores sociales, como sostiene el culturalismo, aplicar las funciones, según el funcionalismo u obedecer a unas reglas, como plantea el estructuralismo”. Tales escuelas o tendencias tienen una “respuesta para todo” y proponen “conceptos elásticos que llevan más a formular preguntas que a responderlas”. Y es que, después de todo, conviene plantear preguntas pertinentes, buenas preguntas, porque solo de ese modo resulta posible anticipar buenas respuestas.

Antonio Gramsci no era, para su desgracia, sociólogo. Lector de Vico y de Hegel, de Marx y Labriola, de Croce y Gentile, eligió la filología y la filosofía, no solo por convicción, sino también por profesión. En sus Cuadernos puede leerse que, ciertamente, “todos los hombres son ‘filósofos”, pero, eso sí: “definiendo los límites y los caracteres de esta 'filosofía espontánea', propia de 'todo el mundo', y de la filosofía que está contenida: 1) en el lenguaje; 2) en el sentido común y el buen sentido; 3) en la religión popular y en todo el sistema de creencias, supersticiones, modos de ver y obrar que se asientan en aquello que generalmente se denomina 'folclor'”. Y así, una vez que se demuestra que todos los hombres son “filósofos” inconscientemente, dado que “en la mínima manifestación de cualquier actividad intelectual –el ‘lenguaje’– está contenida una determinada concepción del mundo”, resulta necesario pasar a un segundo momento: al de la crítica y la conciencia, dado que no es posible pensar sin poseer “conciencia crítica, de un modo disgregado y ocasional, es decir, 'participar' de una concepción del mundo impuesta mecánicamente”.

No pocas veces, los silogismos pueden llevar a conclusiones que terminan en la más triste confirmación del populismo: “Todos los hombres son intelectuales. Trucu-trú es –muy a su pesar– un hombre. Ergo: Trucu-trú –muy a su pesar– es un intelectual”. A Dios rogando y..., dice un refrán popular, bien conocido por la gran mayoría de la intelectualidad nacional. No hay que estudiar, en consecuencia, para ser filósofos. Hay gobernantes que no llegaron a formarse, a educarse, en las universidades. No lo necesitaban: son intelectuales, o como dice Gramsci, “filósofos”. Todos lo son. Los hay, incluso, capaces de formular tautologías sin tener idea de que, efectivamente, son expertos en ellas, como aquel conocidísimo filósofo que solemnemente sentenció: “Y si me matan y me muero”. No: no es necesario estudiar para ser un intelectual. Bastará, como diría Spinoza en su Reforma del entendimiento –o sea, en ese intento suyo por enmendar, precisamente, el intelecto– con las percepciones de oídas o con la vaga experiencia. Y así, “como va viniendo, vamos viendo”. Que “el tiempo de Dios” sea “perfecto” o “que Dios proveerá”, son dos de las más grandes sentencias que se le han escapado de sus respectivos laberintos minotáuricos a dos grandes intelectuales, para devenir máximas de la novísima filosofía probada y comprobada, epistemológica y metódicamente, por uno de los más destacados científicos de la certeza sensible de este menesteroso presente. No sin razón, afirmaba Hegel que el entendimiento sin la razón es algo. A pesar de no tener profesión alguna, después de todo, habrá que “seguir pensando”.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/todos-son-intelectuales_240806
Piezas: Richard Serra.
Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=S3Q9FNCLaHI

domingo, 19 de noviembre de 2017

VIEJOS HOMBRES, VIEJOS IDEALES, VIEJOS PROCEDIMIENTOS

De la célula fundamental del régimen
Luis Barragán

Recientemente, en el marco del curioso y harto prolongado Estado de Excepción que padecemos, Maduro Moros decretó e instaló los llamados Consejos Productivos de Trabajadores y Trabajadoras (CPTT) que los supondrá presentes y activos en 660 empresas privadas y 144 públicas, tributarios de la Gran Misión de Abastecimiento Soberano (GMAS).  Señaló en El Poliedro de Caracas, escenario exclusivo de todo acto oficial y oficioso, que deberán posicionarse como “una instancia de poder” para elevar la producción y la productividad, en consonancia con la llamada Agenda Económica Bolivariana.

La única premisa nos remitiría no sólo a la constante y sofocante burocratización del régimen, sino a la imposición de un sistema de reglas reñido con la más elemental noción de Estado de Derecho, lesionado desde sus propios orígenes habida cuenta del otrora control gubernamental del parlamento, del más obcecado que ha ejercido sobre el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, no faltaba más, de las reiteradas habilitaciones presidenciales. La sola denominación de los programas y entidades, propios de un lenguaje de la devastación económica, nos remite mejor a Comala de Juan Rulfo que al Macondo de Gabriel García Márquez o  Yoknapatawpha de William Faulkner.

Anuncio y (des) consuelo

Anunció el decretante (https://www.youtube.com/watch?v=aLdfyddmoOA), una nueva etapa del socialismo, asegurando la iniciativa como propia de la clase obrera que, en la empresa Cacique Maracay, por ejemplo, asumió el control con la ayuda del gobierno, tras el abandono de los capitalistas, aunque – buen saludo a la bandera -  criticó el sentido burocrático en el ejercicio del liderazgo y la corrupción. Intervino también el general Vladimir Padrino, coordinador nacional de la GMAS, quien saludó la iniciativa como “demostración de la más perfecta expresión de la unión cívico-militar (..) porque el socialismo hay que territorializarlo y lo primero que tenemos que territorializar es la conciencia de la clase obrera”, realizado un esfuerzo conjunto entre  la Universidad Militar Bolivariana y el ministerio del Trabajo para incidir desde el concepto filosófico hasta lo más táctico o elemental en los procedimientos de la instancia (re) creada.

La novísima etapa es la de la productividad y, en consecuencia, la clase obrera ha de convertirse en fuerza productiva dirigente, pues, ella, organizada, es la gran vacuna y medicina, a la vez, contra el sida capitalista, la economía criminal  y parasitaria.  Huelga comentar en torno a la insólita lumpenprolerización del país en lo que va de siglo, y el escaso o existente respaldo que tiene el socialismo, precisamente, en la clase obrera que apenas le sobrevive.

Interpelación desde el marxismo

Ahora bien, la mayor ventaja de un régimen que no esconde su naturaleza y vocación marxista, es la de verse relevado de toda crítica desde la perspectiva de esta escuela. Podemos cuestionarla desde el estricto ámbito jurídico y económico, mas no renunciar a una aproximación política e ideológica, por mucho que hoy, como no ocurrió ayer,  sea considerada como toda una veleidad académica.

Por lo visto, distinto a la experiencia cubana, Venezuela cuenta todavía con grandes ventajas comparativas para reindustrializarse y, luego del monumental retroceso experimentado, insuficiente la  renta petrolera mil veces devorada en esta centuria tan inútilmente, atisban, intuyen o presienten que, a largo plazo, no queda otro camino. Excepto, el disparo imprevisto y recurrente de los precios del barril, aunque no haya políticas, planes y condiciones concretas que deban materializar a los fines de la supervivencia del propio régimen al que no le bastará sus incursiones en la economía delictiva, ensayará la vía de la industrialización forzada o, como fue denominada en la extinta Unión Soviética, estajanovista. Sin embargo, en lugar de idear y plantear esas políticas, planes y condiciones, comienzan por el control hegemónico de las empresas, principalmente públicas y provisoriamente privadas, esbozadas como las células fundamentales en las que debe intervenir  el dispositivo cívico-militar para modelarlas.

Fordismo o taylorismo aparte, concebido el socialismo como el lógico  e inevitable paso siguiente al capitalismo – por supuesto – industrializado, Antonio Gramsci concibió los consejos de fábrica (CF) como las células fundamentales de la revolución, organización básica de la vida social del trabajador, el organismo de base representativo y no burocrático, embrión del nuevo Estado, constitutivo y decisivo, convertido en una institución de carácter “público” frente al carácter “privado” del partido (AG: 101).  Estimaba que, al expresarla, “el Estado socialista existe ya potencialmente en las instituciones de vida social características de la clase obrera explotada”, pues, “la dictadura del proletariado es la instauración de un nuevo Estado, típicamente proletario, en el cual confluyan las experiencias institucionales de la clase obrera, en el cual la vida social de la clase obrera y campesina se convierta en sistema general y fuertemente organizado”, subrayando que “ese Estado no se improvisa”  (ibídem: 59, 62).

Vale decir, hay una relación hipotética de continuidad, garantizando el control de la producción, aunque también la independencia frente al partido y al sindicato, según la “delimitación crítica” que la interpretación gramsciana hace de los CF (MMR: 125). Por consiguiente, es válido afirmar que los CPTT constituyen una entelequia en la Venezuela deliberadamente desindustrializada de las últimas décadas, un aparato preventivo de control hegemónico en un país que no produce y que se cree que puede producir, por la ruta demasiado improbable de los incontables decretos, salvo que se  imponga la definitiva militarización del trabajo que explica la intervención de la Fuerza Armada en una materia ajena a su especialidad.

Por lo demás, aspiraba el sardo,  “los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un determinado modo de vivir, de pensar y de sentir” (AG: 475). Obviamente, no hay mayor novedad que la desaparición o aniquilación misma del proletariado por el régimen socialista del XXI,  por lo que habría que preguntarse cuál es su célula fundamental, anuncio y resultado de un modo de vivir, pensar y sentir.

Ante los CF gramscianos, los soviéts del bolchevismo, o los comités de defensa de la revolución del castrismo, podemos indagar sobre la preeminencia del modo de vivir, pensar y sentir, hacer o deshacer, de la presidencia de la República, del alto mando militar, la cúpula del PSUV sindicalmente incapacitada, de las juntas comunales, de los llamados colectivos armados, de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), o, ahora, de los CPTT. Quizá del aparato publicitario y propagandístico del régimen,  aunque habría que apuntar a las posibilidades reales de inclusión, como a la función económica y represiva que desempeñan para la citología política que deseamos.

Conjeturas

Toda célula ha de apostar por su multiplicación, consistencia y eficacia, dispuesta a abrir las puertas a la participación desde la base, por lo que evidentemente sólo pueden ser concursables las juntas comunales, los colectivos, los CLAP y los CPTT, como sostenes del proceso. Requieren de un crecimiento de comprobadas voluntades sectarias, dispuestas a  cualesquiera tareas políticas encomendadas, donde ha fallado el partido, como suele ocurrir con todo artificio eminentemente presupuestario, por lo que quedan los CLAP y las perspectivas muy distantes de los CPTT, ya que las juntas comunales están contaminadas por los adversarios, fracasado el subsidio masivo y directo de los adherentes, exponiendo los colectivos  requisitos algo   especiales de pertenencia.

En una economía empedernidamente rentista, el modo de vivir, pensar, sentir, hacer y deshacer, por excelencia, compromete a dos sectores delincuenciales extremos y excluyentes, favores concedidos aparte, como la boliburguesía y los pranes, expresiones sociales que resultan de esta particular lucha de clases que el socialismo de la centuria ha parido. La “democratización” directa e indirecta del subsidio, convierte a los CLAP en un atractivo, así fuere de limitada composición, pues, abre una vía distinta para la comercialización en el prometedor mercado negro y, a la vez, la intervención de los elementos partidistas y militares,  complementan las tareas de inteligencia y de represión que adelantan los colectivos.

Del radical divorcio entre los hechos y la prédica que, por cierto, cada día adquiere una mayor franqueza, se desprende que la célula fundamental del socialismo venezolano radica en el “guiso” y sus  formas y fórmulas alcanzadas, por lo que Gramsci es una noticia irreal e indeseada, como una simple manía retórica de Jorge Giordani. Por cierto, al principiar los ’90 del ‘XX, denunciando el riesgo de generar un Estado más autoritario en Venezuela,  Mujica Ricardo apostaba por la comprensión de fenómenos como la burocracia y el bonapartismo, y comentaba sobre la práctica política que negó la complejidad y heterogeneidad de las fuerzas sociales y del mundo real, constatando que las propuestas teóricas marcadas por el neoliberalismo tenía más fuerza que las del marxismo. Empero, presumimos, es el actual Ambassadeur de la République bolivarienne du Venezuela en France et auprès des Principautés de Monaco et d’Andorre.

Referencias:
GRAMSCI, Antonio (1968) “Antología” [Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán]. Siglo XXI Editores. México, 1978.
MUJICA RICARDO, Michel (1994) “Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci (el fenómeno del americanismo y del fordismo)”. Academia Nacional de la Historia, Caracas.

Imágenes: Tomadas de la red. Ilustración de AG:  https://www.amuyshondt.com/2017/07/apuntes-sobre-el-pensamiento-politico-estrategico-de-antonio-gramsci-jaime-pastor/

20/11/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31365-regimen

sábado, 21 de diciembre de 2013

DESCOMPOSICIÓN

EL NACIONAL - Jueves 17 de Octubre de 2013     Opinión/9
A PRIMERA VISTA
El fascismo para Gramsci
JUAN BARRETO CIPRIANI

Para Antonio Gramsci, uno de los pensadores de izquierda más agudos con relación a la cuestión fascista, la posición de un ala ideológica de derecha de la pe queña burguesía constituyó la base de masas para una contraofensiva reaccionaria contra el movimiento obrero y socialista. Para Gramsci la presencia del fascismo ocurre por la combinación de la agitación y propaganda demagógica de los sectores medios de derecha y un plan de revancha de la gran burguesía, contra cualquier intento de revolución socialista.
(Cualquier parecido con la oposición venezolana no es pura coincidencia).
La victoria del fascismo en Italia 1922 se ha de considerar, pues, no como una victoria conseguida sobre la revolución, sino como la consecuencia de la derrota producida a las fuerzas revolucionarias por sus errores, debilidades y defectos intrínsecos.
El fascismo, como movimiento de la reacción armada que se propone el objetivo de disgregar y desorganizar a la clase trabajadora para inmovilizarla, entra en el cuadro de la política tradicional de las clases dirigentes italianas, y en la lucha del capitalismo contra la clase obrera.
Socialmente el fascismo encuentra su base social en la pequeña burguesía urbana y en una nueva burguesía agraria surgida de una transformación de la propiedad rural en algunas regiones.
Esto, y el hecho de haber encontrado una unidad ideológica y organizativa en las formaciones militares en las que revive la tradición de la guerra antiobrera, que sirven en la guerrilla contra los trabajadores, permiten al fascismo concebir y ejecutar un plan de conquista del Estado.
En sustancia, el fascismo modifica el programa de conservación y reacción que siempre ha dominado la política de derechas solamente con un modo distinto de concebir el proceso de unificación de la fuerza reaccionaria. Este propósito corresponde con la voluntad de resistir a fondo a todo ataque revolucionario, lo que permite al fascismo recoger las adhesiones de la parte más decisivamente reaccionaria de la burguesía industrial y de los terratenientes agrarios.
En el campo político, ante todo, la unidad orgánica de la burguesía en el fascismo no se realiza inmediatamente después de la conquista del poder.
Fuera del fascismo quedan los centros de una cierta oposición burguesa al régimen autoritario de derecha. Por una parte, no queda absorbido el grupo que tiene fe en la solución democrático-liberal del Estado. Es decir, los moderados reformistas democráticos quedan fuera progresivamente de cualquier alianza con el fascismo.
El fascismo se ve obligado a luchar contra estos grupos democráticos y moderados sobrevivientes, dando lugar a una fisura en el bloque de las fuerzas conservadoras y antiproletarias, que en determinadas circunstancias puede favorecer el desarrollo y la afirmación del proletariado organizado como clase política revolucionaria como tercer y decisivo factor de una situación política.
En el campo económico, el fascismo actúa como instrumento de una oligarquía industrial y agraria para concentrar en las manos del capitalismo el control de todas las riquezas del país. Esto no puede hacerse sin provocar el descontento en la pequeña burguesía, que, con el advenimiento del fascismo, creía llegado el tiempo de su dominio.
El fascismo para Gramsci adopta toda una serie de medidas para favorecer una nueva concentración industrial, y a éstas corresponden otras medidas a favor de los sectores de propietarios agrarios y contra los pequeños y medios cultivadores (impuestos, arbitrios sobre el trigo, "batalla del trigo").
La acumulación que estas medidas determinan no constituye un crecimiento de riqueza nacional, sino que es expoliación de una clase en favor de otra, esto es, de las clases trabajadoras y medias a favor de la plutocracia.

EL NACIONAL - Jueves 11 de Julio de 2013     Opinión/8
A PRIMERA VISTA
Fascismo imperial
JUAN BARRETO

El presupuesto militar de Estados Unidos representa 47% de los gastos militares mundiales. Pasemos revista a algunos datos: según cálculos conservadores, Estados Unidos ha gastado en 13 años de guerra contra el "terrorismo", es decir, Irak y Afganistán, más de 2 billones de dólares. Si comparamos esta astronómica cifra con lo que se necesitaría para acabar con el analfabetismo en el mundo (unos 49.000 millones); o con lo que se podría invertir en ese país para erradicar la pobreza de unos 50 millones de norteamericanos (300.000 millones de dólares), nos damos cuenta de cuán alta es la cifra.
Paradójicamente, si este país reduce en apenas 20% el gasto militar, desaceleraría su economía en esa misma proporción, dejando en la calle a un millón y medio de trabajadores y produciendo la quiebra de industrias como el acero, la informática, la farmacéutica y hasta el ramo de la alimentación y la confección. El imperio se halla atrapado al interior de su propia paradoja al haber amarrado el carro de su destino al caballo de la doctrina de "la guerra eterna".
Mientras Washington espía, el fraude del "sueño americano" vive su implosión, con millones de personas desempleadas y miles de ellas en las calles, el despliegue de la sociedad de control fascista y armamentista sobre las pretensiones del sector de las altas tecnologías, son explotadas hasta sus últimas consecuencias, el "enemigo" puede ser despachado a través de un dron.
Como señala Ignacio Ramonet: "Nos lo temíamos. Y tanto la literatura (1984, de George Orwell) como el cine de anticipación (Minority Report, de Steven Spielberg) nos habían avisado: con los progresos de las tecnologías de comunicación todos acabaríamos siendo vigilados. Claro, intuíamos que esa violación de nuestra privacidad la ejercería un Estado neototalitario. Ahí nos equivocamos. Porque las inauditas revelaciones efectuadas por el valeroso Edward Snowden sobre la vigilancia orwelliana de nuestras comunicaciones acusan directamente a Estados Unidos, país antaño considerado como `la patria de la libertad’. Al parecer, desde la promulgación en 2001 de la ley `Patriot Act’ (2), eso se acabó. El propio presidente Barack Obama lo acaba de admitir: `No se puede tener un 100% de seguridad y un 100% de privacidad’.
Bienvenidos pues, a la era del `Gran Hermano"...
Así se va despertando el monstruo fascista del imperio. Gilles Deleuze, en febrero de 1977 advertía que las ideas autoritarias vienen al relevo, y a la revancha; hay un ritornello, un remake, de las ideas del conservadurismo reaccionario ante el agotamiento de las institucionales demo-liberales y el Estado del bienestar, y producto de la crisis de la posguerra y el miedo a las nuevas ideas socialistas, luego de superada las crisis de la caída del Muro de Berlín.
El neofascismo en el mundo constituye entonces una posibilidad histórica, en la medida en que el modo de enfrentar la crisis de la hegemonía capitalista sea una solución de fuerza contra el avance de los sectores populares en la conquista de cambios democráticos reales de la estructura de poder social.
En una crisis histórica, en que se combinen a la vez los factores económicos con los políticos; es decir, una crisis general de autoridad, se traduce en una crisis de la eficacia de las ideologías burguesas, dando lugar a que los sectores medios vivan un extremo momento de tensión entre la opción capitalista y la opción socialista defendida por los sectores populares. De esta manera la hegemonía burguesa utiliza como masa de maniobra a los sectores medios, difundiendo una ideología reaccionaria que anhela la certidumbre de la verticalidad autoritaria, y que sacrifica la democracia política por la autoridad concentrada en una solución de fuerza.
¿Será entonces que el norteamericano medio ­y el mundo entero­ debemos sentirnos seguros, pues un gobierno fascista nos está vigilando?

EL NACIONAL - Jueves 22 de Agosto de 2013     Opinión/7
A PRIMERA VISTA
Fascismo: comunitarismo sin comunidad
JUAN BARRETO CIPRIANI

El fascismo como un virus va mutando, va cambiando su constitución de acuerdo a los territorios en que le toca proliferar. Es decir, tiene un componente regional que lo hace singular ante el otro fascismo que constituye al Fascismo como aparato de dominación.
El fascismo niega la democracia porque para el fascista no se trata de construir un régimen de mayorías, ni de darle poder al pueblo, sino de usar el gobierno como una "suma de individuos" amalgamados en un proyecto determinado por los intereses de clase y que se consideran asimismo como lo más excelso de la raza.
"La comunidad fascista consuma el crimen de la asimilación a la fuerza y de la identidad incontestable", dice Bataille. A lo que el fascista llama libertad, el comunista lo llama asimilación. El exterminio de la alteridad no es visto por el fascista como crueldad, sino como un mal necesario en una comunidad que reivindica el orden y la unidad en todas las dimensiones sociales. La sociedad homogénea es la sociedad útil, "así en el orden actual de las cosas, la parte homogénea de la sociedad está formada por los hombres que poseen los medios de producción o el dinero, es en la llamada clase capitalista y burguesa donde se crean los hombre útiles a la sociedad, en las clases medias se crean sujetos intercambiables y reductibles a esta operación, en tanto que entidades abstractas intercambiables".
El fascismo no tiene afuera, es una comunidad de un adentro constante y perpetuo, una comunidad pensada de esta manera sólo conoce puertas, muros, cierres, rejas, barreras. Es una comunidad sin aperturas, cerrada sobre si misma e imponiéndose desde allí a los otros.
La guerra de Irak, la invasión a Siria, el genocidio contra Palestina, la invasión a Libia y a Panamá, no son más que manifestaciones de ese fascismo que asume lo otro como amenaza. Recordemos la frase de Le Pen. "Habrá que escoger entre una Francia para los franceses o una Francia para todos".
Por todo ello, el fascismo combate de frente al internacionalismo obrero, (comunismo/socialismo) desde una posición chovinista y creando un pseudo-nacionalismo de carácter popular, y a su vez se asumen como la síntesis de la sociedad toda; también sustraen las consignas y las banderas socialistas como estrategia para mimetizarse con las luchas y reivindicaciones de las clases subalternas, tratando de conciliar lo irreconciliable.
En Venezuela, los representantes de la ultraderecha suelen dar muestra de eso, ya que en el mismo discurso pueden asumir símbolos y consignas de la tradición izquierdista y patriótica, a pesar de ir dirigido a los estratos más altos de la pirámide social.
"En Italia no hay ricos, no hay pobres. Hay italianos" decía Mussolini; y en Venezuela Henrique Capriles Radonski dijo en su campaña "los venezolanos estamos unidos, en una sola Venezuela" decir que "aquí no hay derechas, ni izquierdas" es una pirueta mental para pretender que se crea que también ellos defienden al obrero. Se les oye defender la propiedad porque sienten al país como una propiedad de sus familias, por eso cuando dicen "están acabando con el país, están regalando nuestra riqueza", en realidad quieren decir están acabando con mis negocios.
Es necesario entender como el fascismo se vertebró como anticomunismo radical.
El historiador alemán Ernest Nolte sugiere que el fascismo no debe ser reducido a la simpleza del anticomunismo, pero propone que el fascismo es un comunismo a la inversa, comunitarismo sin comunidad. Individualismo exacerbado mostrado en un escenario de masas. Es decir; el fascismo trata de que salvemos entre todos mi individualidad, por lo cual, de manera natural choca con el comunismo que plantearía a un individuo que se realiza desde y con la comunidad y no al individuo que usa a la comunidad para auto realizarse.

EL NACIONAL - Jueves 15 de Agosto de 2013     Opinión/8
A PRIMERA VISTA
Los estratos socio-psicológicos del fascismo
JUAN BARRETO CIPRIANI

Los modelos de referencia e identificación primaria dependen de las impresiones y emociones con las que asociamos las ideas, de manera que el fascismo es también una formación discursiva que echa raíces profundas en los modos de producción de los procesos de subjetivación, a los que el pensador francés Félix Guattari llama formaciones colectivas del inconsciente, modos que actúan como dispositivos de referencia y de respuesta, y constructores de mundos semióticos que gobiernan el gusto y direccionan las predilecciones afectivas o políticas.
Son devenires singulares de las personalidades represivas, muy propias de la psicología y la personalidad de aquellos que escogen funciones sociales en donde el mando y la jerarquía son fundamentales. Guattari recuerda que Freud hablaba de los fragmentos discursivos marcadores que hacen la personalidad. De allí tomó Freud la idea de analizar los sueños, para extraer el núcleo semiótico dominante capaz de funcionar como atractor extraño que organiza en retículas de pensamiento la enunciación y la interpretación, que es vista como individualizada pero que actúa como articulador social de las identidades colectivas.
Los estratos socio-psicológicos del fascismo se movilizan en la dirección de conservar las seguridades y esto instala a la subjetividad en el lugar donde el deseo es sacrificado a favor del orden, por miedo a que el deseo rebase sus propios límites y se convierta en deseo revolucionario.
Tal vez por esto, algunos sectores de las fuerzas armadas en América Latina, en donde el concepto de disciplina, jerarquía, orden y autoridad están por encima de otras consideraciones éticas e ideológicas, han sido susceptibles al devenir fascista, convirtiéndose en élites testamentarias colocadas por encima de la sociedad. Los imperios han encontrado fácil caldo de cultivo en militares ambiciosos con escasa formación intelectual y debilidades en los aspectos ideológicos.
Las fuerzas armadas de América Latina formaron cuerpos con una historia marcada por funciones de represión interna, proclives a simpatizar con las ideas fascistas. (Léase: El Chile pinochetista o la Argentina de Videla) El Estado absoluto y el orden absoluto son anhelados y fantaseados como fórmulas para administrar el bien común y salvaguardar los intereses nacionales en estos estamentos autoritarios. De allí, la importancia de abordar el estudio de los ámbitos sociopsicológicos que dan lugar a la emergencia del fenómeno reaccionario y fascista. Wilhelm Reich afirmaba que las clases medias ansían el orden a falta de poder, desprecian a las clases trabajadoras y al pueblo, le temen mientras envidian a la burguesía cuyo polo de identificación desean. Pero el no poder acceder a los beneficios de la condición burguesa y al intentar alejarse a como dé lugar de la condición de clase proletaria, optan por la doctrina de un Estado que les brinde seguridad y les permita mantener sus privilegios como sector intermedio para, desde allí, ascender en el estatus de clase dominante.
El fascismo estimula una suerte de individualismo organizado a partir de una comunidad reaccionaria. La llamada meritocracia o los segmentos de la tecno-burocracia son proclives aspirantes a la estructura socio-psicológica de corte reaccionario. Su "no toma de partido" es de suyo una toma de partido por un régimen autoritario en el que sus ideas están por encima de cualquier saber. Es en los momentos de crisis en los que se rasga el velo frágil de opacidad presente en la sociedad y se desenmascaran las contradicciones de clase, los sectores de la sociedad que vivían al margen de las contradicciones se sienten asaltados en sus estilos de vida, y sienten en peligro lo que consideran sus logros vitales más importantes, su ilusorio ascenso social y su estructura de clases.

EL NACIONAL - Jueves 01 de Agosto de 2013     Opinión/7
A PRIMERA VISTA
¿Existe el peligro neofascista en Venezuela?
JUAN BARRETO CIPRIANI

En Venezuela, el peligro reaccionario de los sectores medios resulta recurrente gracias a las expectativas vertidas sobre la distribución de la renta petrolera y a la naturaleza rentista del Estado, desde el cual han surgido numerosas capas medias, absolutamente divorciadas de la producción y cuyo único vínculo con la sociedad es el parasitismo y el disfrute de la renta en actividades no productivas. Todo esto es el caldo de cultivo que incuba el escenario del "fascismo criollo".
El discurso fascista recurrirá a la descomposición política que la crisis genera en las capas intermedias para captar su base de apoyo. Al proyecto revolucionario le toca una urgente caracterización de las fracciones de clases de las capas medias para pensar en antídotos concretos que neutralicen el fascismo. A diferencia del Cono Sur, la clase dominante no ha podido ensamblar una doctrina militar, y una clase político-militar alternativa ha tenido que refugiarse en aventuras golpistas y en sabotajes con poco aliento.
Si la burguesía penetra con éxito el aparato militar del proyecto revolucionario bolivariano, la realidad se manifestaría de una manera distinta. No jugarían tan sólo a desbordar los canales de control del sistema político sino que avanzarían de una vez al total aplastamiento de las fuerzas populares.
Como toda doctrina política, el fascismo también evoluciona, aunque el neofascismo conserva rasgos y matices del fascismo tradicional. El fascismo es más bien un devenir, una práctica social y política que va diseminándose y copa los espacios de poder de la llamada "sociedad civil", así como varios espacios de los aparatos del Estado.
Como pensaba Manheim, el fascismo es la respuesta a un "momento crítico o crucial".
Se constituye la violenta respuesta de masa de la burguesía cuando se siente acorralada por el proletariado, cuando siente que ha perdido el control del sistema democrático liberal, movilizando como onda de choque a las clases medias anteriormente apartadas de la vida política pública.
Pero el bloque fascista no está exento de contradicciones.
Unos ven al fascismo como necesidad coyuntural y otros, como proyecto histórico. En la Alemania nazi, algunos políticos eran partidarios de sumar a amplias capas de plebeyos y proscriptos a los beneficios del Estado para garantizar la identificación de sectores de las masas con el proyecto fascista, mientras que otros eran más proclives a un gobierno de élites a favor de la promoción de las clases medias, de modo que dentro del fascismo también hay tendencias enfrentadas y contradicciones, y no puede ser leído como un bloque monolítico y que no se actualiza.
Se activa y actualiza la base de masas del fascismo con el ascenso de los sectores populares que pugnan por la transformación del poder de Estado capitalista hacia un poder de Estado de transición hacia el socialismo.
En este cuadro coyuntural se está instalando un neofascismo, en comparación con el cual el antiguo quedará reducido a una forma folklórica. En lugar de ser una política y una economía de guerra, el neofascismo es una alianza mundial para la seguridad, para la administración de una "paz" no menos terrible.
Gilles Deleuze, en febrero de 1977, advertía que las ideas autoritarias vienen al relevo y a la revancha. Hay un ritornelo, un remake de las ideas del conservadurismo reaccionario ante el agotamiento de las institucionales demo-liberales y el miedo a las nuevas ideas socialistas.
El neofascismo en América Latina constituye entonces una posibilidad histórica en la medida en que el modo de enfrentar la crisis de la hegemonía capitalista sea una solución de fuerza contra el avance de los sectores populares en la conquista de cambios democráticos reales de la estructura de poder social.
Ilustración: Chema Madoz.

Breve nota LB: JB ha publicado una serie de artículos sobre la materia. No hemos tenido tiempo de leerlos y ponderarlos. Sobre todo el relacionado con Gramsci. Es el problema: el tiempo para ponderarlos y, sobre todo, contrastarlo con su ejercicio de poder. "Por sia", guardamos los textos. Quedan pendientes.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

APROXIMACIÓN (3)

EL NACIONAL - Miércoles 25 de Junio de 2008     Opinión/10
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Cuestiones del socialismo campamental
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder y la comprensión misma del país   
LUIS BARRAGÁN*

Circunscritos a las observaciones consignadas por Jesús Puerta y habida cuenta del poco espacio disponible, nuestra inicial intención es la de interpelar al marxismo que el régimen ha caricaturizado inevitablemente. La crisis es, en propiedad, la del leninismo que fuerza y contamina los aportes gramscianos, pero –sin dudas– obedece a otra de mayores y decisivas magnitudes: la de una coalición populista que, anacrónica, se resiste a las insuficiencias del recurso externo que la soporta y a las salidas más sensatas del descalabro.
Una sociedad tan compleja y plural no cabe en la versión del populismo realmente existente, en cuyo seno pudiera aparecer otro bloque histórico (lo de nacional-popular, antiimperialista y socialista, no aporta novedad alguna, rindiendo tributo a las lejanas conclusiones del III Congreso del PCV).
La naturaleza utilitaria, prebendaria y clientelar sabe de una reedición siempre agónica de la coalición que nos lleva a otra de las crisis: la del Estado, empecinada en una hegemonía organicista, la polarización artificial y las posturas maniqueas.
La concepción instrumental del Estado, represivo directa y –sobre todo– indirectamente, constituye el fundamento de un chavezato contrarrevolucionario que, amén de rechazar la salida posrentista, a pesar de las bulliciosas representaciones sociales de una revolución, sienta sus bases en los registros mercantiles e inmobiliarios, promoviendo a otros sectores que se convierten en burguesía comercial y financiera y, como siempre, en pugna con lo que queda o pudiera quedar de la industrial.
Valga acotar que la discusión de los contratos colectivos en Venezuela es tema vedado para el oficialismo de escasa incidencia real en el mundo sindical. Por lo demás, el Estado burgués invocado en nada considera el desarrollo institucional del Estado Social y de Derecho construido en años anteriores, por lo que el fallido proyecto constitucional sólo se contentó con pretender desestatizar para fortalecer a la cúpula conductora de lo que queda del Estado, deseando transferir enteramente a las comunidades los problemas que las agobian y rebasan completamente sus posibilidades materiales para solventarlos, como el desempleo, la inseguridad personal y la falta de viviendas.
En un apretado esfuerzo de síntesis, sostenemos que los viejos esquemas duvergereanos le impiden a Puerta superar el fácil discurso del bi/monopartidismo, pasando por alto las lindezas del PSUV y la función subsidiaria del PPT y el PCV, al igual que la aparición de sendos partidos orgánicos. O el asunto de la "antipolítica", en realidad "infrapolítica", que le permitió a Hugo Chávez acceder y mantenerse en el poder. O, si se me permite la hipótesis, la hazaña antiimperialista que corre detrás de la re-creación de la Gran Colombia, siendo más viable construir un referente internacional-estatal (FARC, ELN, ALBA, etc.), que internacional-popular.
Sigue intacto el problema de la legitimación del poder en Venezuela y la comprensión misma del país, por lo que la sociedad posrentista –como reto y como realización– servirá –igualmente– para no explicar más la situación gracias al petróleo y permitir, así, una renovación del pensamiento político que algún día tocará al marxismo que –ni siquiera– logra salir del leninismo que cohabita asfixiantemente con Gramsci. Por cierto, hay más de propaganda sobre las asunciones autoritarias que constataciones en la respuesta del interlocutor Puerta, convertida la hojarasca en el denso polvo que ata las hojas caídas por el sismo silencioso de la crisis teórica que evidencia.
Mounier diferenciaba entre la revolución de los desfiles y la trabajadora de los pobres. Es en aquélla donde invierten toda la pólvora mediática, dineraria y asimétrica que hace al socialismo campamental. Reconozcámoslo: sobrios para hallar lo sustancial del drama, sin que –al revés– hagamos un melodrama para adivinar una respuesta tardía.
* Centro de Investigaciones y Estudios Latinoamericanos (Ciela)

Pieza: Martín Mancera (FIA, 2013)

lunes, 2 de septiembre de 2013

CAZA DE CITAS

"De ahí que desde el punto de vista de su capacidad liberadora, Gramsci juzgue negativamente a la cultura popular, pues la considera incapaz de, por sí sola, liberar a las masas populares. Por lo tanto, estas, para emanciparse, deben trasmutarse y abandonar los contenidos de su identidad popular, y avanzar hacia la constitución de una nueva identidad que supere a la anterior"

Jorge Luis Acanda González

("Traducir a Gramsci", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009: 271)

Ilustración: Julio Ibarra.

Breve nota LB: Escrito desde Cuba, ¿qué ha ocurrido francamente en Cuba?; ¿por qué de tanta pobreza, incluso, desde la perspectiva del marxismo del madurato respecto a la discusión del otrora Proyecto de Ley Orgánica de Cultura?; ¿cuál es el interés compartido de postergar el debate de fondo?

domingo, 23 de junio de 2013

CONCEPTOS ELEMENTALES

EL NACIONAL - Sábado 22 de Junio de 2013     Opinión/9
El Tejado Roto
Algoritmo sin Marx
RAMÓN HERNÁNDEZ

Saliendo de la reunión con los últimos dinosaurios del comunismo reformulado italiano, ese presidente desclasado y campechano que es Nicolás hizo el anuncio más trascendente que se les ha escuchado a presuntos, y presuntuosos, revolucionarios en el poder; que de ahora en adelante la revolución bolivariana, además de marxista, cristiana y chavista será gramsciana; que el legado de ese perseguido por el fascismo será incorporado al arsenal ideológico gubernamental. Lo que no combina es que en las horas precedentes había nombrado, restituido, mejor, en la presidencia del Indepabis a Eduardo Samán, que es el más antigramsciano de toda la camarilla que gobierna, aunque se haga pasar por trotskista.
Pobres perros de Catia y de la calle Real de Los Magallanes.
Estos casi quince años de minestrón ideológico ­con mano libre para robar con total impunidad­, de exclusión permanente y de aplicación de la lucha de clases como mecanismo de retaliación, venganza, resentimiento social, que utiliza la sentina de la sociedad en estrategias de terror que tienen más cercanía con Boves que con el mariscal de Ayacucho, han sido todo lo que Gramsci cuestionaba en sus reflexiones.
Que Nicolás lo nombre, lo rescate, que empiece a leerlo y que obligue a Jaua, Diosdado, Giordani, Merentes, Farruco y el resto de la nomenklatura a presentarle la lección de lo aprendido diariamente, nos permitiría ser un tanto, no más, optimistas sobre el futuro.
La primera consecuencia sería, ave maría purísima, que hasta la gente de Aporrea empezaría a hacerse preguntas sobre el régimen cubano y ese materialismo dialéctico que han aplicado los hermanos Castro y sus segundones en la isla desde hace 50 años, que han significado la generalización de la penuria, nunca la democratización del bienestar, salvo en la zona A, esa especie de Kremlin tropical donde hay pistas de Fórmula 1 para los muchachos de la cuadra y están a la mano los más exquisitos bastones de golf y los gimnasios más lujosos. También sus relaciones con esa banda de delincuentes que son las FARC y con esos parias del sandinismo que son Daniel Ortega y Rosario Murillo. Dejemos a Evo mascando coca, por ahora.
Ha sido un salto dialéctico. Cójale. Nicolás dejó atrás no sólo a Ceresole y al estalinista Mao, a István Mézsáros y a Heinz Dieterich Steffan, sino que también se dispone a darle una revolcada a Giulio Santosuosso, aunque le podría aceptar que no se confunda socialismo con estatismo, y como buen gramsciano empiece a "privatizar", a darle a cada ciudadano su cuotaparte en la Cantv, en Café Madrid y en Café Fama de América, en Lácteos Los Andes y esos mamotretos que se han bautizado como empresas de propiedad social, para empezar. Bienvenido a Gramsci, Nicolás, pero no hagas como el otro con El capital, que no pasó de la primera página y se dejó engañar por los manualitos de la fenecida Academia de Ciencias de la URSS. Presto lupa que no se empaña.

Ilustración: http://blogdonico.zip.net/arch2006-11-19_2006-11-25.html

REHENES

SOL DE MARGARITA, 1ro. de junio de 2013
2 notas para 1 sábado de junio
Decía Antonio Gramsci, el político, el ideólogo, el recio luchador italiano opositor al fascismo de Mussolini que luchar contra la hegemonía de las clases dominantes no podía ser resuelta, sólo con la violencia y la toma del gobierno.
Walter Castro Salerno

1/ La visión del Globo: Hay nuevos propietarios en un canal de Tv y por ello hay cambio de dirección, así como de lo que se llama “las líneas” orientadoras en los programas, en la cobertura de los hechos, en los análisis y las perspectivas que de estos se derivan, en torno a la economía, la política, el desenvolvimiento general de la actividad diaria del país. No por azar se muta la programación de un canal de tv de hoy para mañana. Decía Antonio Gramsci, el político, el ideólogo, el recio luchador italiano opositor al fascismo de Mussolini que luchar contra la hegemonía de las clases dominantes no podía ser resuelta, sólo con la violencia y la toma del gobierno. Con la mera y rápida suplantación de una clase por otra en el ejercicio del poder. La cultura, las ideas, los valores de la clase arrojada, con o sin violencia del dominio, del mando, del gobierno, continuaban ejerciendo gran influencia. Perviven durante cierto tiempo Es lo que se conoce como la hegemonía de la clase dominante. Gramsci fue certero. No se cambia de un día para otro todo un “sistema” de ideas y conductas que durante tantos años estuvieron en boga. “Dominando”, así entre ésas comillas, a toda la sociedad. Permeando los tejidos de la misma. Y como la ideología no es una inyección que se le pone a la gente para prevenir el virus AH1-N1, ni un paquete de harina para hacer arepas, pues hay que tratarla y considerarla como parte formal, pero esencial, de un proceso cultural. Didáctico. Aprendizaje y práctica simultáneamente. En el caso del canal de tv, ha sido despedido un periodista de quien lo menos, lo nimio que pueda decirse es que carecía totalmente de objetividad en sus comentarios o apreciaciones sobre la realidad del país. Mucha, por no indicar casi toda  la programación de ése medio, estaba vertida hacia la negación, el repudio de lo que ocurría en el país. Ahora se intenta poner al despedido como si fuese una especie de “monstruo sagrado” de la comunicación social en Venezuela. Una suerte de Orson Welles criollo, sin desde luego nunca, ni por milésimas de segundos acercarse a la portentosa figura, casi mitológica, del genial yanqui, revolucionario del 7mo. Arte.
2/ En el Cabello de Dios dado. No tengo relación alguna con Diosdado Cabello. Me fue presentado una vez que fui de visita en la cárcel para ver a unos presos amigos por mi fraternal Jota Erre Núñez Tenorio. Luego le vi un par de veces aquí en Margarita en una de las tantas visitas de Chávez. Ni él tiene nada que darme, ni tampoco este servidor Walter Castro, nada que pedirle. Por manera que lo aquí escribo es simplemente fruto de mi forma de pensar y de ser. Recientemente volvieron varias personas, a propósito de la grabación de Mario Silva, a referirme presuntos hechos de corrupción, de guisos que involucran a Diosdado Cabello. Le pregunto a ellos y a todo el mundo: ¿Hay una sola denuncia, con pruebas en la mano, con las cuales pueda imputarse a Cabello? ¿Dónde estás las pruebas para demostrar ante los órganos competentes la supuesta corrupción de Diosdado Cabello? Como en carne propia sufrí en el pasado acusaciones semejantes y hasta las pagué con exilio y persecuciones, ahora saldré en defensa de quien sea acusado sin que se presenten las pruebas. Se le acusa también de ambición de poder. Pero en dos oportunidades históricas, tuvo la opción de darle una patada a Chávez, y al proceso: cuando el golpe de abril del 2002, y luego recientemente con su desaparición física, y no lo hizo. ¿Entonces?
Fotografía: http://corinariosargentina.blogspot.com/2012/09/odio-los-indiferentes.html

sábado, 26 de mayo de 2012

DESENCUADERNACIÓN

EL NACIONAL - VIERNES 01 DE FEBRERO DE 2008    OPINIÓN/12
ATres Manos
¡Pobre Gramsci!
Miradas múltiples para el diálogo
JAVIER BIADEAU*

Revisando el borrador del denso aporte de Müller-Rodríguez Araque para el debate del PSUV, me sorprende encontrar escasas referencias a Gramsci (sólo dos) como inspirador y renovador del movimiento socialista y del pensamiento revolucionario mundial. Llama poderosamente la atención los lugares en el texto, como plantea la transdisciplina del "análisis crítico del discurso", donde se encuentran sus escasas referencias. Veamos. En un párrafo dedicado extensamente al análisis de la dispersión de las fuerzas revolucionarias venezolanas en los años setenta y ochenta del siglo XX, se dice lo siguiente: "La diáspora de las fuerzas revolucionarias produjo más de una decena de partidos y movimientos políticos, medianos y pequeños (y hasta minúsculos), que asumieron dos líneas estratégicas separadas: aquella seguida por los más significativos mediante la cual, tomando las prácticas de la democracia representativa, trabajarían como vanguardias por la creación de la conciencia de clase en el proletariado, y los que, víctimas de la enfermedad infantil del izquierdismo, se mantendrían en una lucha armada sin aparato político-social, y sin sostén logístico".

El texto reproduce las distinciones elaboradas desde la mitología de las dos izquierdas a partir de las "formas de lucha" empleadas: la vía electoral, ligándola al paradigma de la "democracia representativa", o la vía armada, que en su momento de debilidad político-estratégica y organizativa deviene en una práctica propia de la "enfermedad infantil del izquierdismo" (Lenin dixit).

Entramos de lleno en la polémica. Gramsci y el eurocomunismo. ¿Es Gramsci el responsable directo de una actitud denominada "revisionista"? Si se trata de revisar el marxismo para enriquecerlo, para ampliar el programa crítico de investigación-acción de las fuerzas anticapitalistas, diría sí. Pero la palabra "revisionista" es utilizada en el texto bajo el acento ideológico de los que se "desvían" del buen camino del "socialismo científico". Aquí hay un primer punto de desacuerdo radical con estos autores.

El "socialismo científico" es de cabo a rabo problemático, analizados los debates contemporáneos sobre las ciencias sociales históricas críticas y el post-positivismo (ver: Abrir las ciencias sociales-Wallerstein). Así mismo, se plantea que fue una interpretación y aplicación equivocada de la tesis de la "dictadura del proletariado" por parte del partido comunista de la URSS el que creó una nueva clase privilegiada y la imposición a la fuerza del llamado socialismo real. Esta segunda tesis es todavía más increíble. Obviamente, el eurocomunismo sale también mal parado (con su abandono de la tesis política de la "dictadura del proletariado"), con el pluripartidismo y la construcción del socialismo en paz y libertad.

Hay que leer entre líneas para destacar las implicaciones que para la ligadura orgánica entre democracia, socialismo y revolución tienen semejantes tesis.

No parece nada consistente con la investigación teóricopolítica acerca de la obra de Gramsci el lugar que le asignan Müller y Rodríguez Araque en todo esto. Gramsci sirve de pretexto y complemento a prácticas revisionistas vinculadas al eurocomunismo. Esto es un gravísimo error teórico y político que parece colocar a Gramsci en el mismo plano de consistencia que Togliatti.

El electoralismo aparece como un elemento del bloque hegemónico y del dominio cultural de las clases dominantes y electoralismo, desdibujan hasta su desaparición la tesis de la lucha de clases.

Nada más alejado de Gramsci, por cierto.

Si estamos en lo cierto, en el texto se reflota la vieja tesis de la "dictadura del proletariado", condenando la democracia representativa, el multipartidismo, la paz y la libertad, como elementos de dominación cultural de las clases dominantes.

De estos errores está empedrado el camino del socialismo burocrático-despótico, como lo analizó brillantemente Poulantzas, quien cuestionó la solidaridad estrecha entre ultra-izquierdismo y estatismo autoritario en el plano de los hechos. Así de lamentable parece ser la hermenéutica política, ¡pobre Gramsci, y pobre de nosotros!

* Universidad Central de Venezuela

jueves, 1 de septiembre de 2011

PARTICULAR TRADUCTOR


Traducir a Gramsci
Luis Barragán


Sorprendidos, hallamos en Librerías del Sur un título excepcional: "Traducir a Gramsci" de Jorge Luis Acanda González (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009). La cadena estatal de una anterior, hermosa y paradójica denominación comercial, está repleta de una burda literatura marxista, encarecido lo poco de que ofrece Siglo Veintiuno Editores, acentuando la sospecha sobre el libro cubano de exportación. Empero, el mayor asombroso proviene de una línea sostenida y aparentemente pacífica de investigación en torno al sardo.

Impensable años atrás, en un país regido por una Constitución de recio e inconfundible cuño estalinista que la hace obviamente prescindible, descubre y trabaja a un heterodoxo que irónicamente desenmascara al régimen. Nunca antes la imprenta cubana hubiese aportado una obra semejante, indicando ahora cuán lejos está llegando el ya irreprimible reconocimiento de un fracaso, por lo menos en el cauto mundo académico, que ayudará a una definitiva aflojadura de las tuercas que la alianza con Venezuela y la propia supervivencia biológica de los Castro pretende soldar.

Cierto, Acanda González apenas dedica tres de los doce capítulos, incluido el epílogo, concretamente a Antonio Gramsci, pero traza un indispensable, erudito y didáctico recorrido que lo contextualizará, marcando una abismal diferencia con la vulgata marxista que condena, principal y curiosamente tomado de la mano de Nicos Poulantzas. Muy bien le aprovecharía al ministro por siempre, Jorge Giordani, etéreo graficador de la escuela, acercarse a un investigador que, además, ha tenido el privilegio de acceder a una bibliografía que seguramente envidiarán sus colegas.

Por lo pronto, constatamos un esfuerzo de diferenciación con lo que el autor denomina socialismo o comunismo de Estado, reconocido el fracaso del proyecto totalitario euroriental que contrasta con aquellos que, en este lado del mundo, aún no reciben la noticia de la caída del muro de Berlín. Hay una experiencia histórica que acá ridículamente soslaya la casta gubernamental, tupida de toda suerte de consignas que se convierten con facilidad en improperios por su débil soporte.

Hallándose en la isla caribeña, puede esperarse un análisis sincero, audaz y profundo de las propias realidades del modelo castrista, a partir de Gramsci. Empero, siendo aún una empresa harto riesgosa, comprendemos que lo remita directamente a una amplia consideración del capitalismo. Valga la coletilla, a pesar de atreverse a observar - por ejemplo - la "trapisondería intelectual y oportunismo político" de independizar la superestructura de los procesos económicos de base, "allí donde todavía se intenta mantener un proyecto socialista (siendo) necesario abrir un espacio mayor a la existencia de relaciones monetario-mercantiles y a las inversiones extranjeras, con la consiguiente diversificación de los tipos de propiedad y la disminución de la capacidad del Estado de regular directamente los procesos de producción y circulación social" (166).

El capítulo iluminador sobre la concepción gramsciana de la hegemonía, a guisa de ilustración, repara en la perspectiva instrumental y maquiavélica de la política que, en el caso venezolano, es de degeneración o descomposición continua, pues, confundida con la reyerta terca y ampulosamente descalificadora, emplea "los mismos mecanismos y recursos, trucos y tretas" burgueses, derivando en un "espectáculo, no por curioso menos trágico, de una programación televisiva que repite los patrones de su supuesto rival ideológico" (167). Bastará con el discurso del poder establecido, las intervenciones en el parlamento del gramsciano Giordani y toda la programación radiotelevisiva del Estado, para apreciar esa concepción que galopa sobre la hegemonía en la sociedad - dato fundamental - ultrarrentista que perfecciona.

En lo posible (y asequible), seguiremos la pista de Acanda González en la Cuba encallejonada. Significa seguirlo de cara a Venezuela, no menos atrapada.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2011/08/traducir-a-gramsci/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=797891

lunes, 2 de mayo de 2011

G & G (REPOSICIÓN)


Gramsci, Italia y Venezuela
Luis Barragán


Conocido desde una temprana edad, Jorge Giordani publicó un emotivo repertorio de notas relacionadas con el – ciertamente – heroico político y filósofo italiano: “Gramsci, Italia y Venezuela (Apuntes e impresiones)” [1]. De una redacción a veces confusa, etérea, insegura o meramente retórica, comprensible en el funcionario de gobierno que fue y – pacientemente – esperó volver, armado políticamente de su mejor cautela, la obra constituye un buen aporte, en medio de la estridencia y oquedad del debate nacional.

Prontamente desea convencernos de una transición iniciada por 2006, cuya fase actual habla de una recuperación del crecimiento económico, estabilidad política, mejor inserción del país en el concierto internacional: “paz interna legitimada por los procesos democráticos seguidos en concordancia con la Constitución”, camino hacia una “economía productiva programada” [1: 27, 36, 42, 122]. Versión idílica e hidrogenada que puede flotar con facilidad entre los partidarios del régimen, merecedora de una encendida polémica si hubiese un fiable ambiente parlamentario y una mayor profundidad de la opinión pública.

Líder del gabinete ejecutivo, importa un par de reconocimientos: el de hallarnos en un “proceso constituyente en curso”, al compás de un “socialismo indeterminado” [1: 36, 97]. Más o menos una infidencia de quien forma parte – quizá indeseada – del grisáceo paisaje ministerial, pugna por un “liderazgo colectivo que intenta superar el yo por el nosotros” [1: 55], olvidando a quien lo preside o deslizando la crítica, con algo de habilidad.

Una constante, el señalamiento del golpe de Estado y sabotaje petrolero de 2002, con el concurso del fascismo nacional e internacional, exalta la democracia participativa y protagónica, dejando de lado la derrota del proyecto de reforma constitucional y las circunstancias en las que fue aprobado el Plan de Desarrollo Económico y Social, extendido hasta 2013. Asegura como un atrevimiento o exageración tomar al sardo para ventilar una realidad “extraña y lejana” [1: 112, 131], siéndolo – por ejemplo – cuando no aterroriza en el análisis concreto del “aparente fracaso de la utopía comunista” [1: 190], nostálgico de lo que significó el PCI; la crisis que se nos antoja más coyuntural que orgánica de la hegemonía, por la existencia y pasión del rentismo anomizador venezolano; la misión y dirección política y ética del proletariado, demás imposible cuando se le quiere interponer el aparato estalinista y corporativo de los consejos de trabajadores; la naturaleza adquirida por el Estado, lesionado irónicamente por el ultraestatismo en pie; o el partido estelar y los subsidiarios del gobierno, amén de los llamados colectivos.

Acotemos que, tratándose de un mismo expediente, puede interrogársele también por las imputaciones que hace al pasado, ejemplificado con la desnacionalización, la insensibilidad ante las (protestas y) explosiones sociales, el empeoramiento de las condiciones de vida, la acumulación de riquezas en el exterior, el endeudamiento y – nos permitimos – la misma reseña que hace del congreso inaugural del PSUV en la sede histórica y tan bien conocida del cuartel San Carlos [1: 29 s., 31, 33, 36, 43 s.], mientras la disidencia aún más modesta hoy es remitida a compartir la vida diaria con la más peligrosa delincuencia común. Sumemos otra observación contrastante: “Las revoluciones en Gramsci no eran golpes de fuerza, sino que resultaba de la acumulación de un patrimonio intelectual que rompiese con la ‘espontaneidad’ de las masas…” [1: 118].

Propios y extraños están, literalmente, en el deber de leer a Giordani, quien – por lo menos – cuenta con la preocupación de escribir sobre un proceso – disculpen – evidente y convenientemente indefinido. Independientemente de las diferencias políticas e ideológicas, es un referente serio

APUNTES CAUTELOSOS

Señalamos la importancia del viejo, sobrio y modesto luchador. Y no sólo porque ha ocupado el decisivo despacho de Planificación por ocho de los diez años que lleva el régimen, sino por el empeño de consignar sus observaciones y, en lo posible, impartir las orientaciones ideológicas que cree necesarias en la compleja intimidad del poder; de rendir testimonio de sus ejecutorias, reservados los datos a los que privilegiadamente accede, solapados o ausentes en la Memoria y Cuenta ministerial; o de salvar su propia responsabilidad histórica, permitiéndose una crítica velada a la gestión gubernamental [2].

Regresa al gabinete, finalizando febrero de 2009, a objeto de ejercer un liderazgo en el área económica que no alcanzaron Felipe Pérez y su prédica ética, ni Haiman El Troudi y sus específicas iniciativas socialistas. Calificado de ermitaño, al abandonar la cartera el año anterior [3], le corresponderá afrontar problemas muy concretos, como el de la inflación, dejando a buen resguardo las delicadas o comprometedoras reflexiones que son, en última instancia, las del poder que irremediablemente se ejercita.

Giordani ofrece un conjunto de impresiones gramscianas, puntos particulares de vista en torno al sardo que consigna cuidadosamente fechados, aunque no logramos relacionar las “afirmaciones no controladas”, aproximaciones, enunciados o temas no desarrollados [1: 23, 48 s.], con los inmediatos acontecimientos políticos que pudieron inspirarlos. Por ejemplo, una de las noticias más significativa que hallamos en la glosa del 16 de Enero de 2008 [A: 48 s.], fue la visita de Chávez Frías a La Habana, en la que indicó que “Fidel apunta a la madre de la crisis: la crisis del buen sentido político donde se toman las decisiones” [4]: intento infructuoso, excepto la correlación sea lo más abstracta posible en una obra que es, predominantemente, fruto de la visita a la península itálica. Empero, ella está teñida de la angustia teórica del antiquísimo militante.

En efecto, la exigencia es la de indagar, descubrir y compartir un proyecto que el poder no tiene, a menos que aceptemos muy post-moderna o improvisadamente que cualquier cosa lo es. En los rieles del marxismo básico de la actual dirección del Estado, gramsciano romántico que también pugna por aprovechar la irrepetible oportunidad que brinda el liderazgo presidencial, no desea forzar los supuestos de validez universal con el análisis de ciertas cifras e informaciones, aunque permitan “mejores explicaciones de los que queremos” [1: 25 ss.].

Resaltando la búsqueda y elaboración afanosa de una teoría revolucionaria a partir de una específica praxis, como la realización histórica de una voluntad racional y colectiva, en Gramsci, insiste Giordani en el estímulo del debate “útil para la acción práctica” [1: 76 s., 112, 115]. No obstante, proclamada una revolución, escasamente encontramos la racionalidad, coherencia y profundidad esperada, en propios y extraños, habida cuenta – por una parte – de la dudosa e interesada calidad de la discusión política en Venezuela, como – por otra – de la subyacente y – a veces - vacilante contraposición entre Lenin y Gramsci [5].

Hay cautela en Giordani, porque la hondura de una controversia teórica o ideológica, compromete en exceso a oficialistas - y opositores - que, quizá involuntariamente, dibujando el trance de un autoritarismo de nuevo cuño, tiene en la ligereza utilitaria una de las claves del régimen. Es decir, la imposibilidad de abandonar las labores ministeriales para asumir la posible vastedad de una elaboración teórica de éxito muy incierto, guarda cabal correspondencia con un gobierno que se ha hecho de simples enunciados, sustentado más por las emociones que bien administra, que por la precisa claridad y naturaleza de sus definitivos propósitos.

CARACTERIZACION Y CAMBIO

Giordani insiste en la herencia recibida: una “democracia representativa y clientelar”, “modelo político clientelar”, “clientelismo político de tipo distributivo de la renta petrolera”, “gobierno corporativo”, “Estado rentista y clientelar” [1: 25, 29, 37, 38, 121]. Sufrida una crisis de legitimación del Estado, obviamente que las características señaladas obligan a una pronta devolución al presente para adivinar otra crisis similar.

El cambio parte de dos premisas constantes en sus reflexiones, tomadas de István Mészáros y Asdrúbal Baptista. Por una parte, referida a la lógica del metabolismo social del capital, asistimos a una debacle estructural que abanica las contradicciones del capital transnacional y los Estados Nacionales, como del medio ambiente, la liberación de la mujer y el desempleo crónico, apostando por una sociedad fundada en una nueva lógica del trabajo; y, por otra, la que versa en torno al colapso del capitalismo rentístico venezolano, basado en la renta captada y no producida, sintetizada por la fórmula de a mayor rentismo, mayor incapacidad económica para crecer y desarrollarse sostenidamente [1: 27-31, 113 ss.]. Empero, nos permitimos dos acotaciones inmediatas.

Respecto al capitalismo, ciertamente padece una crisis de grandes dimensiones que en el fondo igualmente apunta a la del Estado de Bienestar, sin que pueda obviarse con facilidad la del llamado socialismo real que obedeció a la pérdida o extravío de la noción misma de mercado, cuya reivindicación ofrece otros y agigantados retos en el marco de la inevitable globalización. Mucho tememos que el problema no pueda despacharse con una facilidad estridente, semejante al anuncio del colapso o crisis terminal del capitalismo en los años treinta, bajo los auspicios de una mera propaganda anti-imperialista, capaz de caricaturizar las contradicciones abanicadas cuando da alcances a potencias emergentes como India y la emblemática China [1: 28].

Sobre el capitalismo rentístico venezolano, realizado por el proyecto reformista posterior a 1958 que subsistió gracias a los recursos provenientes del petróleo [1: 37], luce evidente la sustitución por un socialismo rentístico, en virtud de su principal medio de subsistencia a lo largo de diez años, incluyendo lo que podemos llamar una política sustitutiva de exportaciones, aunque se hable de una “economía productiva programada” [1: 122]. Tratado en anterior ocasión por el hombre de gobierno que inevitablemente es, el problema tiende a agravarse por la confusión conceptual que ya genera [6], contentándose con sentenciar: “… el país productivo más allá de la renta aún se refugia en mecanismos que provienen del estamento estatal” [1:121].

Tratamos de un socialismo que es fiel reflejo de la sociedad rentista que somos, no cuestionada por Giordani, por lo menos, con la sinceridad y disposición que invirtió Gramsci para abordar las manifestaciones de la cultura italiana promedio, como la pereza fatalista, la improvisación, el “talentismo”, el diletantismo fantasioso, la indisciplina intelectual, la irresponsabilidad y la deslealtad moral [7: 296]. Necesaria revisión al invocarlo, parece importante actualizar ideas como la del burgués agotado, “rama seca en el campo de la producción”, prescindible frente al “altísimo grado de autonomía” del proletario: optimista, Gramsci disertaba en torno a la crisis extrema del capitalismo que imponía un nuevo modo para recuperar la producción [7: 70, 72, 113], por lo que el socialismo venezolano tiene la tarea pendiente de demostrar su superioridad en términos de producción, productividad, eficacia y elevación de las condiciones de vida.

Y es que, a contrapelo de lo expresado por Giordani, no emerge una clase dirigente capaz de desarrollar o de esbozar el desarrollo de las fuerzas productivas para atender las necesidades de la población; la propaganda y la publicidad resultan sustitutivas de la esperada consciencia social, presente y perseverante en la lucha; y deslucen los partidos oficialistas como instancias aptas para cabalgar un nuevo bloque histórico [1:116 s.]. De modo que las contradicciones obedecen a las del propio régimen, el cual no sobreviviría con un uso preciso del bisturí gramsciano.

El ministro hoy nuevamente en funciones, comenta con tino que el PSUV ha dejado de lado la discusión a fondo de sus propuestas ideológicas y programáticas, debido a las circunstancias electorales. Apela a la vieja y genérica alianza de los obreros, campesinos e intelectuales que, en un favorable contexto internacional, abrirán las puertas gramscianas a una revolución civil (SIC), promotora de una nueva cultura socialista y masiva difusora de una ética laica y autónoma [1: 119 ss., 132].

No sabemos de un estudio actualizado y pormenorizado de las clases sociales en Venezuela y de las que particularmente puedan afrontar la construcción del socialismo planteado, salvo se trate objetivamente de los sectores castrenses, representativos de la mesocracia, y del lumpemproletariado que lo ha ilustrado. Con Gramsci, nos enteramos que la burguesía mercantil o rentista agotó su función, desintegrado su bloque, pero tiende rápidamente a recomponerse pasando del consenso espontáneo que suscitó a otro, impuesto por la violencia [7: 488], si se nos permite tan libérrima interpretación de lo que está ocurriendo en Venezuela, frente a una sociedad civil cada vez más desarticulada, reprimida la complejidad y pluralidad que nos caracteriza mediante el puro dominio del Estado: ¿qué hacer con aquello de “la crisis revolucionaria se manifiesta como crisis de hegemonía, cuando dominación y dirección se encuentran disociadas” [7: 44]?.

GIORDANI O EL OPTIMISMO BIZANTINO

Doble indagación, la del autor que intenta un proyecto público, coherente y devoto para el gobierno, y la nuestra que pretende descubrirlo expresamente, a fin de hallar una mayor sensatez del poder que se despliega, el cual – nos parece – concita la lealtad o devoción únicamente de talante presupuestaria. Nos permitiremos lo más concisamente posible, ventilar algunos aspectos como el de la hegemonía, bloque histórico y partido, para tratar luego el harto decisivo de los consejos de fábrica.

Giordani correctamente asume la hegemonía como la generación de consenso que concibe y logra la dirección del proceso, constitutiva de una consciencia de cambio, traducida la capacidad de una clase social para impulsarla política, intelectual y moralmente, alcanzada aún antes de arribar al poder tras una crisis orgánica o estructural, antes que coyuntural o de reacomodo [1: 58 s., 63 s.]. Dijimos, falta un estudio fiable de las clases sociales en Venezuela, por lo que la formación objetiva de los sectores subalternos, la adhesión activa y pasiva a los partidos dominantes, el nacimiento de nuevos partidos y organizaciones, susceptibles de unificarse mediante el Estado, como aconsejaba estudiar Gramsci [7: 491 s.], merece una consideración más allá de lo intuido.

Por lo pronto, según el canon, habría que preguntarse cuál clase social es la propulsora de la novísima hegemonía y si no se trata de una crisis de reacomodación en la sociedad rentista, ganada más para el puro dominio o la escalada de violencia que la persuasión o captación de voluntades espontáneas. Mujica Ricardo observa que el término – hegemonía – se hace inexacto, tornadizo o variable [5:100 ss.], suponiendo – grosso modo - la elevación del nivel cultural y moral para la dirección y - obvia – resolución de los problemas de la producción, motivando el consenso activo de las clases subalternas, pero adivinamos que la polarización artificial, la doble moral del poder, el sicariato sindical o la anomia campante, añadida la configuración de sendos clanes burocrático-comerciales a la sombra del Estado o la forzada lealtad presupuestaria de los seguidores, no manifiestan precisamente el optimismo de Gramsci en torno a un profundo desarrollo de la sociedad civil.

Antes que bloque histórico, soportado organizacionalmente por los consejos de fábricas, portador de esa capacidad política e ideológica de dirección, asistimos a una alianza oportunista de sectores y grupos sociales en el intento de capturar la renta mediante una frente de partidos que, incluso, por más denostados que sean por el mismísimo mandatario nacional, se resisten a abandonarlo. Las propias maniobras parlamentarias, orientadas a la ventajosa y unilateral aprobación de la Ley Orgánica de Procesos Electorales, formalizados o fingidos los canales de participación, confirman la degenerada premisa [8].

El destino del país entero, “no puede ser delegado a ninguna autoridad constituida” [1: 54], refiere Giordani apremiado por la idea del liderazgo colectivo, aunque existe desconfianza hacia las manifestaciones espontáneas del pueble venezolano, protestatario aún en nombre del chavismo, adulterado el bloque histórico por el partido – Estado que procura ejercer su dominio (leninista) ante los que están llamados a ser, alcanzar y esgrimir la condición de dirigentes, según Gramsci. Y es que el partido o los consejos comunales, por citar otro ejemplo, no se ofrecen como novedosas experiencias e instituciones de las clases subalternas, precursoras del Estado proletario que “no se improvisa” [7: 59, 62], contrapuesto al burgés, sino como falsificación del bloque histórico.

Giordani acepta y asume discretamente al PSUV como el partido protagonista del proceso, intelectual orgánico, embrión del futuro Estado, vanguardia y escuela de militantes, aunque lo desea de una continuidad propia de los partidos en las sociedades modernas que trascienden a su miembros iniciales, prestos a la conquista y ejercicio del poder a fin de realizar una determinada doctrina política [1: 55, 70 s., 77, 115]. Anotación del día 13 de Marzo de 2008, mediante la cual evade las situaciones concretas que produjo la fundación del PSUV por el Presidente de la República, sin que quepa la deserción y el regreso de militantes al PPT, PCV y MEP, incluida la denuncia en torno a la inscripción de un supuesto narcotraficante en sus filas [9].

Desmedida aspiración protagónica de tomar en cuenta el historial del partido, así como el de su antecesor (MVR), sobrando los comentarios. Preferimos acotar sobre el absoluto sometimiento a su presidente que, no por casualidad es simultáneamente el jefe de Estado, en el marco de un palmario culto a la personalidad.

Frente al mito personalizado, el ministro se atreve a esgrimir la idea del liderazgo político colectivo [1: 84 s.]. La objeción de Gramsci, por 1924, no radicó en la personalización física de la función de mando, sino en la naturaleza de las relaciones de la jefatura con el partido de clase, enfocado en la experiencia del bochevique [7: 150 ss.], cuestión que sobrepasa la amable intención de unas apostillas conmemorativas.

La sola referencia del sardo al partido bolchevique, ligado a la clase obrera, fruto de una selección de décadas (luchas de facciones, debates, detenciones, etc.), pudo provocar un juicio políticamente indebido del PSUV, al que estimamos de naturaleza presupuestaria, temperamento burocrático, pasión fulanizadora. Conforme con el vistazo aéreo de Gramsci, presuntamente autolimitado, la resignación lo obliga al optimismo bizantino.

EL CIRCUITO RENTISTA

A nuestro parecer, esencial y didáctico, reconocida la importancia de la “teoría generada partir de una determinada práctica” [1: 113], subrayada la necesidad del genuino soporte institucional, expresión del poder directo de los trabajadores, epicentro formador de la voluntad colectiva, el consejo de fábrica nos remite a un “sistema de dominación coherente y funcional de la unidad decisional”, susceptible de llegar al campo militar, por cierto. Asociado a la primacía de las fuerzas productivas, a la regulación de la relación de clases sobre la base de la libertad política y – atención – descentralización administrativa [11: 91, ss., 107 s.], es de suponer la búsqueda de un equivalente venezolano a la instancia en la que Gramsci aspiró a la sustitución del taylorismo y fordismo.

Agreguemos que, a propósito de la militarización del trabajo de Trotsky, el sardo confió en la justeza de sus preocupaciones, pero las creyó una práctica equivocada y bonapartista, pues, hermosamente expresado, “los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un determinado modo de vivir, de pensar y de sentir la vida” [17: 475]. Dimensión contraria al “estajanovismo” que no tuvo tiempo de conocer, típico de la industralización estalinista, puramente coactiva, con supresión de las garantías elementales de seguridad, afianzado por un heroísmo que tuvo un alto costo en vidas humanas, de acuerdo a Mujica Ricardo [5: 475].

Ahora bien, consabido el proceso de desindustrialización y desinversión de las últimas décadas en Venezuela, evidentemente que la célula fundamental de nuestro capitalismo rentístico no se halla en la fábrica, por lo que una transformación del sentido común ha de adivinar los componentes del circuito básico. Esto es, el del utilitarismo, clientelismo y reacomodo prebendario, indisciplinado y oportunista, en el que confluyen los asalariados y contratistas, como otros beneficiarios del Estado que monopoliza la divisa petrolera.

Entendamos como “aparatos” generadores de la hegemonía rentista a Pdvsa y al resto del Estado que lo usufructa, pero no subestimemos el impulso de la economía informal, como la creación y financiamiento por el poder central de los consejos comunales, ideológicamente “cementados” por el bolivarianismo en uso. Luego, soslayados los parámetros que no hablan precisamente del taylorismo y fordismo inalcanzados, hay motivaciones y conductas, métodos y vivencias que modificar: tras las distintas medidas de “nacionalización”, la tendencia de Chávez Frías es la de llamar al voluntarismo heroico de los venezolanos que, dato olvidado por Giordani, no se refleja exactamente en las inauditables empresas del Estado, las de producción social y las más modestas cooperativas.

Propósitos como el intensificar el mercado interno para cubrir las demandas crecientes de la población, abonando a la inmensa deuda social acumulada, generando condiciones para el posible “capitán de industria” (con “seguro energético”) o el desarrollo de la economía social [1: 96], naufragan con una prontitud aterradora. Libre de toda sospecha, calificado el proyecto como “castrocomunista”, el Padre Trigo bien ha retratado el fondo de manipulaciones de un régimen que ha despilfarrado oportunidades a pesar de la altísima concentración del poder y de los recursos con los que ha contado [11].

Las frecuentes referencias a Mészáros por Chávez Frías, sin duda alguna obedecen a la influencia proyectada por Giordani. Y, es de suponer, que puede sentirse una mayor de Gramsci, en el confuso cruce de autores presuntamente estudiados con la hondura esperada, aunque prevaleciente siempre una perspectiva guevarista de la revolución [12]. No obstante, inconsciente o involuntariamente, por ahora asistimos a una evolución de la “guerra de posiciones”, gramscianamente generalizada una situación, que puede concluir en una “guerra de movimientos”, leninistamente copado el poder definitivo.

Finalmente, encontrándonos en el curso de un socialismo “indeterminado”, luce pertinente citar a Mujica Ricardo: “¿El socialismo se define por el hecho de la supresión del mercado o podrá entenderse como el autogobierno de los trabajadores? ¿Podemos hablar de un socialismo pluralista, descentralizado y autogestionario? ¿Cómo podemos evitar la concentración del poder en la edificación del socialismo? ¿Cómo podemos eludir la corporeidad de un único sujeto que controle los recursos materiales y espirituales en la sociedad?” [5: 126].

Referencias:

[1] Giordani C., Jorge A. (2009) “Gramsci, Italia y Venezuela (Apuntes e impresiones)”, Vadell Hermanos, Valencia-Caracas.

[2] En una nota editorial, Teodoro Petkoff lo tilda de cínico, ignorante (y) crítico encubierto del gobierno, a propósito de las declaraciones relacionadas con la política económica y petrolera. Vid. “El rey de la pamplina frita” (2009), Tal Cual, Caracas, 20 de Octubre.

[3] Consultado, Ricardo Sucre no lo consideró un hombre de diálogo, junto a William Lara y Pedro Carreño, también cesanteados, destacando a El Troudi como el más abierto al debate, por proceder del Centro Internacional Miranda. Vid. Pereira, Javier (2008) Reportaje, El Nacional, Caracas, 31 de Agosto.

[4] S/a (2008) Nota, Vea, Caracas, 17 de Enero. Por cierto, no se encuentran todos los archivos digitales del diario.

[5] De un lado, Magallanes (2007) observa la disfuncionalidad del debate político venezolano, caracterizado por la polarización, degradación, irracionalidad, desestimación del conocimiento y la experiencia, oportunismo, apelación a la Fuerza Armada, excesiva concentración en la figura presidencial e ingerencia de factores externos; e, igualmente, “la constatación a nivel formal de la existencia entre nosotros de posturas de izquierda estereotipadas, prejuiciadas y carentes de fundamento en el estudio y comprensión de la realidad” (2008). Vid. Magallanes, Rodolfo (2007) “El debate político en Venezuela a inicios del siglo XXI”, Politeia, UCV, Caracas, nr. 38; y (2008) “Del socialismo del siglo XIX a la propuesta de un socialismo para el siglo XXI”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, UCV, Caracas, nr. 3. Y, del otro lado, hay diferencias entre la escuela leninista y gramsciana que, al decir de Mujica Ricardo, el sardo no asumió plenamente, cuya independencia y originalidad eran “insólitas en la tradición marxista”, según Eric Hobsbawn (1976). Incluso, éste especula que de haber actuado libremente, Gramsci hubiese corrido el riesgo de condenar al Kominters o actuado como jefe efectivo del PCI, imponiendo una fuerte censura como hizo Togliatti. Vid. AA.VV. (1976) “Revolución y democracia en Gramsci”, Editorial Fontamara, Barcelona: 28, 32; y Mujica Ricardo, Michel (1994) “Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Gramsci (el fenómeno del americanismo y del fordismo)”, Academia Nacional de la Historia, Caracas: 85. Cfr.: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/1927900.asp.

[6] En relación a “La transición venezolana, y la búsqueda de un camino propio” (2007), de Giordani, vid.: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6626065.asp. Parafraseando a Baptista, puede decirse que el socialismo venezolano no tiene como contrapartida el trabajo ni el capital doméstico o estatizado (¿socializado?), sino “sólo la propiedad sobre un medio de producción no producido”, objeto de distribución clientelar, a sabiendas que un “clima de cosas ideológicamente orientado termina por imponer sobre el Estado-propietario la decisión a favor de su uso prioritario”. Por lo demás, “no hay viabilidad del proceso de desarrollo social apoyado en la circulación y acumulación del provento rentístico”, y el colapso “antes que el anuncio de un tiempo por venir, se trata de la caducidad de un tiempo ido”. Vid. Baptista, Asdrúbal (1997) “Teoría del capitalismo rentístico. Economía, petróleo y renta”, Ediciones IESA, Caracas: 13, 134, 159.

[7] Gramsci, Antonio (1970) “Antología / Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán”, Siglo Veintiuno Editores, México.

[8] Al prologar la obra, Gustavo Bueno Martínez advierte que el bloque histórico no puede ser teóricamente el resultado de una composición conceptual (clase obrera y campesina), pacto de grupos o partidos, antes alianza que integración, mostrando su “debilidad mal disimulada por la buena voluntad ideológica”. Vid. Laso Prieto, José María (1973) “Introducción al pensamiento de Gramsci”, Editorial Ayuso, Madrid: 13 ss.

[9] Lugo-Galicia, Hernán (2008) Reportaje, El Nacional, Caracas, 12 de marzo; ibid., S/a, Nota, 13 de marzo.

[10] Aguijoneando en dirección a las transformaciones sociales, éstas comienzan con las del sentido común que para el filósofo y político italiano es la propensión “a creer que lo que hoy existe ha existido siempre”. Vid. Gramsci, Antonio (1974) “El ‘Risorgimento’ “, Editorial Granica, Buenos Aires: 67.

[11] Señala que “no ha logrado ningún avance en ningún (sic) área proporcional al poder del que ha dispuesto”. Vid. Trigo (SJ), Pedro (2009) “Chávez y pueblo, sobredimensionados”, SIC, Caracas, nr. 71 de septiembre-octubre. Luce interesante, respecto a la sociedad civil, el intento de “recuperación” de una noción explotada por la derecha, reconociéndola plural y compleja, como el problema de interpretación correspondiente. Cfr. Montilla, Omar (2007) “Aproximaciones al concepto de Sociedad Civil en Antonio Gramsci y sus repercusiones en Venezuela”, www.tribuna-popular.org, 18 de Julio; (2007) “Antonio Gramsci y la Teoría del Consenso: Problemas de interpretación”, ibid., 8 de Julio; (2007) “Antonio Gramsci y el concepto de Bloque Histórico: Contribución para un análisis ", www.aporrea.org, 23 de junio.

[12] Por ahora, solamente tenemos noticias de los señalamientos circunstanciales que ha hecho Chávez Frías sobre Gramsci, como ocurrió en la VII Cumbre de ALBA, en Bolivia, al recordar al “gran teórico revolucionario italiano” por aquello de ”perder el tiempo es perder la vida” [Vid. Filomeno, Omar (2008) “Chávez en la Cumbre: ‘Cristo era comunista’ “, Vea, Caracas, 18 de Octubre]. En otras ocasiones lo toma para fundamentar la existencia del PSUV, paradójicamente publicado en un órgano del PCV: “Recordemos la premisa fundamental de Gramsci, punto de partida, jamás de llegada, de nuestra organización política: un partido de masas que cree, genere, produzca cuadros” [Cfr. Chávez Frías, Hugo (2009) “¡Colombia, Colombia!”, Tribuna Popular, 10 de Agosto; ibid. S/a. Nota, 3 de mayo]. Al juramentar la Comisión Central de Planificación: “Chávez aclaró que según la teoría gramsciana, la superestructura no solo está compuesta por las ideas, sino también por los ‘instrumentos para difundir las ideas (…) Él (Gramsci) señala que hay diferentes mecanismos, instituciones y herramientas para difundir la ideología de las clases dominantes, entre ellas los medios de comunicación social’, razón por la cual estos se han ubicado entre los grupos de oposición contra el Gobierno nacional, explicó” [S/a (2007) Nota, www.tribuna-popular.org, Caracas, 20 de junio]. Para un programa televisivo, mostró una mejor disposición: instó a no dejarse "chantajear por voces del extremismo, de tesis pasadas de moda que en ninguna parte del mundo las van a conseguir: que si eliminación de la propiedad privada... ¡no, no, no! Esa no es nuestra tesis. Hay que buscar, más allá de eso, las alianzas para fortalecer el nuevo bloque histórico, como lo llamaba (Antonio) Gramsci" [Delgado, Sergio (2008) “Una Revolución de Otoño”, Tribuna, Popular, Caracas, 7 de junio]. Por cierto, recientemente, Gramsci ha inquietado a la prensa de gran circulación: Barreto, Juan (2009) “Sólo para marxistas”, El Nacional, Caracas, 16 de Abril; Biardeau, Javier (2009, ibid. “¿Intelectuales?: más allá de Gramsci”, 20 de Junio; Romero, Aníbal (2009) “Sobre Marx y Gramsci”, 16 de Septiembre.

Fuente: www.medios24.com