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martes, 23 de junio de 2020

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- J. L. Salcedo-Bastardo. "Ensayos críticos de sociología y filosofía social: Por el mundo sociológico de Cecilio Acosta". El Universal, Caracas, 04/03/1945.
- José Emilio Castellanos. "Crear un partido ecológico proponen en la Sociedad de Ciencias Naturales" (Francisco Quero, Arturo Eichler). El Nacional, Caracas, 03/05/78.
- J. E. C. "Puede echar raíces: El partido ecológico frenaría los intereses creados que esán acabando con la naturaleza" (Ramón Aveledo Hostos, Francisco Tamayo). El Nacional, 04/05/78.
- Anselmo Amado. "Cuatricentenario de San Cristóbal: La antigua Casa de Gobierno" (Casa de Los Leones, F. Guerrero Pulido). El Nacional, 21/12/60.
- Manuel Rojas Poleo. "El archivo de Betancourt". El Nacional, 30/07/87.
- José Domingo Mora. "Monitor de medios: Internet ataca el negocio editorial (I)".  Economía Hoy, Caracas, 22/09/2000. 

Ilustración: Pardo. El Universal, Caracas, 11/01/1978.

Breve nota LB: Preferimos la expresión "ilustración" a la de caricaturas, por cierto. Ahora bien, los aportes de Pardo a El Universal, también fueron ingeniosos. curre que de una mayor promoción gozaron otros, como Pedro León Zapata o Régulo Pérez, quizá porque fueron artistas plásticos, quzá porque provenían de aquella muy movida y sacrosanta izquierda cultural que calló con lo ocurrido en este siglo XXI con las excepciones del caso.

domingo, 21 de junio de 2020

EL VIENTO DE RUÍZ ZAFÓN

Del espesor de las estanterías
Luis Barragán

Apegados al formato convencional, hoy, el libro sabe de distintas versiones informáticas para recorrer las redes e interpelar al navegante que prefiere las aguas ligeras. El internauta promedio tiene, por lo general, una frágil embarcación y lo banal le es una carga más cómoda, con sus memes, humores de bajo cabotaje,  convertida la ridiculez en un visado hacia la popularidad.

Quizá sea la tendencia, el libro se dice desterrado del universo digital, aunque la lectura sea la inevitable herramienta empleada.  Paradójicamente, se lee, aunque es necesario llegar a mares anchos y profundos para descubrir que el libro es algo más que un fetiche.

Recientemente falleció Carlos Ruiz Zafón, autor de una saga extraordinaria en la que el protagonista es el libro. Incluso, puede decirse, sus textos  abonan a la feliz bibliosis que una ya remota vez descubrimos con Jorge Luis Borges y las vivencias de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, hasta llegar a Federico Vegas y una novela histórica que resultó la biografía del espesor de los estantes que conoció.

Cuando pocos conocían del autor, años atrás, desde la península ibérica, Trinidad Navarro, nos envió un título aparentemente fúnebre de Ruiz Zafón.  El cementerio de libros se hizo la sombra de un viento que nos prendió inmediatamente, cuya fuerza llega hasta estos días.

En tiempos de pandemia, fallece un autor que exhibe un puerto importante y confiable donde fondear nuestras naves deseosas de aguas más profundas. Despleguemos las velas, rompamos cabos y dejémoslo que nos lleve a la rica intimidad de las estanterías adecuadamente compatibles con las redes digitales.

Fotografía:
https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/carlos-ruiz-zafon-y-su-lado-secreto-como-musico-entre-sus-exitos-literarios-509142
22/06/2020:
http://guayoyoenletras.net/2020/06/21/del-espesor-las-estanterias/

jueves, 14 de mayo de 2020

BYTES COVID19

Diario de Internet en cuarentena: así ha sido el gran éxodo a la vida digital en las redes europeas
Algunos países empiezan a acercarse ya a niveles de tráfico previos a la crisis, mientras que en España Telefónica registra descensos pero el consumo aún queda lejos de las cotas normales
Montse Hidalgo Pérez

Una tendencia parecida queda reflejada en los datos que maneja Telefónica. Según la información compartida por la operadora con EL PAÍS, los usuarios españoles ya están entrando en la tendencia descendente, pero aún no han alcanzado los niveles de antes. “Los días laborables Telefónica registra un 14% más de tráfico de banda ancha fija de lo que era habitual en días laborables antes de la crisis, mientras que en fin de semana estamos un 20% por encima de los niveles precrisis”. Por otra parte, el obligado ocio digital ha convertido los fines de semana en los espacios de mayor intensidad de tráfico.
Picos y valles
Pasado el primer pico registrado por Telefónica el 15 de marzo, aún quedaban cotas más altas por conquistar. “El máximo tráfico de este periodo se alcanzó el festivo 10 de abril (Viernes Santo) cuando se produjo un 35% de crecimiento respecto a valores previos a la crisis”, confirman desde la operadora.
En el otro extremo, la a flexibilización de las salidas también está contribuyendo a la caída del tráfico. “Desde el inicio de la fase 0, se registra un descenso del 13% en el tráfico de datos fijos a partir de esa hora. A su vuelta a casa los usuarios vuelven a hacer uso de la banda ancha y el tráfico vuelve a subir”.
Retrato de Europa
Este particular diario de las peripecias del Internet del Viejo Continente frente al azote de la pandemia comienza el 24 de marzo. El ORECE registraba entonces "incrementos significativos" que por el momento no habían conducido a "mayores incidentes de congestión", aunque sí hablaba de dificultades de acceso "locales y temporales". A la alerta de las autoridades de cada país se sumaban las primeras medidas implementadas por los propios operadores, como aumentar la cantidad de datos móviles de las suscripciones por tiempo limitado y difundir advertencias y buenas prácticas sobre el uso razonable de internet. En España ese comunicado llegó el domingo 15 de marzo, tras el pico histórico registrado el día antes.
La segunda página del cuaderno de bitácora de una red contra las cuerdas llegó el 26 de marzo. En tan solo dos días, algunos países empezaban a registrar una estabilización del tráfico e incluso ciertos descensos asociados a las medidas implementadas por proveedores de contenido como Netflix y Youtube, que limitaron la calidad máxima de sus vídeos. Autoridades y operadoras se mantenían en conversación constante en previsión de que fuera necesario tomar medidas especiales y, dado el estado de emergencia, Rumanía solicitó a sus proveedores de comunicaciones electrónicas que no desconectaran los servicios en caso de impago de sus clientes. Sin embargo, ORECE seguía sin registrar "mayores incidentes". Atención, spoiler: la espada de Damocles nunca llegó a caer, según el histórico de informes.
El 31 de marzo continuaban las notificaciones de estabilización y operadores de distintos países comenzaron a ofrecer de forma gratuita servicios adicionales como contenidos educativos o espacios dedicados a informaciones relacionadas con la Covid-19. "Aunque ningún Estado miembro ha sufrido notables colapsos de tráfico, algunos operadores han incrementado la capacidad de sus redes", señala el informe. Hasta esa fecha, tales medidas se habían tomado en Grecia, Italia, Letonia, Lituania, Portugal y Eslovenia.
El 2 de abril llegó con noticias parecidas: sin grandes incidentes. Entre las anomalías menores figura la notificación de España, que reportaba "problemas ocasionales para completar llamadas en áreas de gran densidad durante los primeros días", pero también se sumaba a la lista de países que afirmaban estar registrando una estabilización del tráfico. Francia, por su parte, anunció que retrasaba dos semanas el lanzamiento de la plataforma de streaming, Disney+, en un claro intento de evitar que fuera a parir la abuela.
La novedad más destacable del 7 de abril fue la intervención de Portugal, que había propuesto proteger a los consumidores a través de medidas de flexibilización de cambio e interrupción de contratos, prevención de la interrupción de los servicios en caso de impago, y eliminación de intereses y penalizaciones. España reportaba también medidas similares a las introducidas por Rumanía para frenar la desconexión de servicios en caso de impago.
Entre los cambios notificados el 14 de abril figura la llegad de Disney+ en Francia, que se implementó en paralelo a unap limitación la velocidad de transmisión de los contenidos. En Polonia se elevaron los límites de datos y se ampliaron los periodos de pago para las personas mayores. Holanda reportaba haber iniciado tareas de expansión de la capacidad y equilibrio del tráfico.
Las primeras notificaciones de descenso en el tráfico llegaron el 16 de abril, procedentes de Bulgaria, Italia y Rumanía. Como prueba del las diferencias en el avance del virus y los cambios de hábitos asociados a este, Croacia o Chipre, comenzaban a notar la estabilización posterior al pico. "Estas tendencias muestran una tercera fase en la evolución general del tráfico durante la crisis: fuerte incremento, estabilización y suave descenso desde el pico", recoge el informe.
El 21 de abril, Bulgaria ya confirmaba que estaba registrando niveles de tráfico cercanos a los que rondaba antes de la crisis y Dinamarca reportaba descensos "significativos" y comunes a redes fijas y móviles. Países Bajos registró una tendencia similar, pero solo en las redes móviles. La lista de países que el 24 de abril reportaban una estabilización general en el tráfico incluye 21 países, entre ellos España. Mientras tanto, Eslovenia, Rumanía, Grecia y Austria se sumaban a la tendencia del descenso generalizado.
Aunque la semana santa devolvió a Bulgaria a niveles superiores a los promedios precrisis, según el informe del 28 de abril, en esas fechas, Italia comenzó a registrar descensos del tráfico móvil, mientras que el uso de redes fijas se mantenía estable, en línea con las tendencias de Polonia y Portugal. De acuerdo con el último informe disponible, publicado el 7 de mayo, se confirman las tendencias de la semana previa y la recién iniciada conquista de la normalidad. "El tráfico general en internet está empezando a revertir a los niveles medios más típicos del periodo previo al inicio de la crisis de la Covid-19".

Fuente:
Composición gráfica: Getty Images.

domingo, 22 de diciembre de 2019

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Juan Pablo Pérez Afonzo. "Plan de Destrucción Nacional". Resumen, Caracas, nr. 116 del 25/01/1976.
- Guillermo Feo Calcaño. "Teatro: Una Academia Nacional de Arte Dramático". El Nacional,  28/04/53.
- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "Pido la palabra: La Emisora Cultural de Caracas". El Nacional, Caracas, 26/10/83.
- S/a. "Gumersindo (Rodríguez) profesor". Deslinde, Caracas, 15/06/69.
- José Domingo Mora. "Monitor de medios: Internet ataca el negocio editorial (I)". Economía Hoy, Caracas, 22/09/2000.

Reproducción: " Salón principal de clases del 'Liceo Caracas' ".El Nuevo Diario, Caracas, 21/04/1917.

domingo, 17 de marzo de 2019

TECLAS

De la existencia digital
Siul Nagarrab


Precursoramente, Giovanni Sartori versó sobre la videopolítica. Asociada a  la lumpen-intelligencija y al homo insipiens, dijo de una poderosa simplificación de contenidos y conductas por la sobreimposición de las imágenes frente al uso de la razón confiable y compartida.
La intensidad emocional del instante, es reemplazada por otro tanto o más explosivo, en una sucesión que banaliza aún las más severas realidades. Útil en muchas facetas, las redes sociales, favorecidas unas más que otras,  parecen más una creación de los psicólogos clínicos y sociales, por la exacta radiografía del momento, que por los periodistas que pugnan por profesionalizarlas exclusivamente.
El dirigente político las sabe una magnífica herramienta,   comprobado por quienes – muy pocos, como María Corina Machado y Leopoldo López -  hacia 2014 convocaron las grandes movilizaciones ciudadanas mediante la telegrafía digital.  Hoy, todavía más, en la era de la represión, la (auto) censura y el bloqueo informativo, no se entiende el oficio de lo público, sin el diestro perolito electrínico.
Un caso de estudio puede ser el de  las cuentas públicas del diputado Juan Guaidó y, particularmente, la del Twitter que para el 5 de enero de 2019, alcanzaba alrededor de cien mil seguidores y, ahora, tiene poco más de un millón.  Al respecto, por una parte, muy conocido en la acera opositora, a pesar de los cien mil, era un desconocido para el país (imagínense los que no pasan de tres dígitos de seguidores, aunque sean dirigentes de una irrefutable – mediana o alta – influencia); por la otra, explicación que podrán dispensarnos los expertos, por mucha publicidad nacional e internacional que tenga, como justificada pertinencia, aún está en la franja del millón y tanto de seguidores, lo que avisa de un crecimiento – si se quiere, lento – siendo noticia viva y continua; y, finalmente, el segmento de las celebridades o notoriedades, ya ineludibles, como los hay, cuenta con más de tres o cinco millones de seguidores, convertida la cuenta en un patrimonio de valor inconmensurable, construidas en varios años, por lo general, a punta de Tweeds y de un aparato genial para las redes (por cierto, todo jefe de Estado o Gobierno, aquí y allá, tiene por inicial garantía ese aparato exponencialmente multiplicado).
El uso de las más populares redes sociales tiene sus bemoles, sobre todo cuando ya no son absolutamente personales y familiares. De tener responsabilidades o proyecciones  públicas, sociales, gremiales y políticas, o privadas de naturaleza gerencial y afines,  obran tres circunstancias: hay que medir lo que se dice o escribe, asesorarse profesionalmente o contratar a un operador, e intentar una estrategia de crecimiento, pues, por mucha influencia que se tenga o diga tener, siendo justo o injusto el baremo, el número de seguidores luce decisivo: crucial en el Twitter de las clases medias, ya no tanto para el Facebook socialmente más democrático, cobrando importancia para el Instagram que busca una identidad entre los venezolanos.
Muy probablemente, el Facebook capitalizará más seguidores en la medida que se escriba largo y tendido, con fotografías y videos cadenciosos u otras florituras que las urgencias del Twitter no consienten. Ésta red social que parece algo así como la patria de los aforismos y las greguerías, géneros de diferencias sutiles, definitivamente la es del motivo gráfico y de los videos sensacionalistas: un flyer bien diseñado y contrastante, o un video en plena acción, son de largo más decisivos para atraer la atención y capturar a un seguidor que la mayéutica, paciente, razonable y serena.
Prisioneros del instante,  lo galopamos en las redes socales que se confunden con la propia existencia. Diríamos, hay un existencialismo digital que pone en duda la autenticidad, un dato esencial de la escuela, imposibilitados del seguimiento a nosotros mismos, harto diferente al templo narcisista del número de nuestros seguidores.

Fotografía: Pieza de Chema Madoz.
17/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/34557-nagarrab-s

viernes, 15 de marzo de 2019

KATZ

"Etcétera", revista frecuentemente leída por entonces. Impresión:  25/08/1998.

miércoles, 16 de mayo de 2018

(Y DE LA CULTURA POLÍTICA LIBERAL)

EL PAÍS SEMANAL, Madrid.
ENTREVISTA
Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”
Borja Hermoso

A punto de cumplir 89 años, el filósofo vivo más influyente del mundo está en plena forma. El viejo profesor alemán, discípulo de Adorno y superviviente de la Escuela de Fráncfort, mantiene un pulso de hierro en sus juicios sobre las cuestiones esenciales de ahora y de siempre, que sigue destilando en libros y artículos. Los nacionalismos, la inmigración, Internet, la construcción europea y la crisis de la filosofía son algunos de los temas tratados durante este encuentro en su casa de Starnberg.

EN TORNO AL LAGO de Starnberg, a unos 50 kilómetros de Múnich, se arraciman sucesivas hileras de chalets estilo alpino. La única excepción a la apabullante dosis de melancolía, madera oscura y flores en los balcones surge en forma de un bloque blanco y compacto de esquinas suaves, con ventanas grandes y cuadradas como única concesión a la sobriedad. Es el racionalismo hecho arquitectura en el país de Heidi. La Bauhaus y su modernidad rabiosa en medio de la Baviera eterna y conservadora. Una minúscula placa blanca sobre una puerta azul confirma que ahí vive Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), sin duda el filósofo vivo más influyente del mundo por trayectoria, obra publicada y actividad frenética aun hoy, cuando falta mes y medio para que cumpla 89 años. Su esposa desde hace más de 60 años, la historiadora Ute Wesselhoeft, recibe en el pequeño vestíbulo y solo tarda unos segundos en girar la cabeza y exclamar: “¡Jürgen, los señores de España han llegado!”. Ambos habitan esta casa desde 1971, cuando Habermas pasó a dirigir el Instituto Max Planck de Ciencias Sociales.

El discípulo y asistente de Theodor Adorno, además de miembro insigne de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort y antiguo catedrático de Filosofía en la Universidad ­Goethe de Fráncfort avanza desde su estudio, una coqueta leonera de papeles y libros en estado de caos cuyos ventanales dan a un bosque. Da la mano con fuerza. Es muy alto, camina muy recto y tiene una espectacular mata de pelo blanco como la nieve. Saluda afable e invita a sentarse en uno de los grandes sofás. La estancia está decorada en tonos blancos y arena y acoge una pequeña colección de arte moderno que incluye pinturas de Hans Hartung, Eduardo Chillida, Sean Scully y Günter Fruhtrunk, y esculturas de Oteiza y Miró (esta última simboliza el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales recibido en 2003). Se abre imponente al visitante la biblioteca de Habermas, que aloja viejos volúmenes de Goethe y de Hölderlin, de Schiller y de Von Kleist, y filas enteras de obras de Engels, Marx, Joyce, Broch, Walser, Hermann Hesse y Günter Grass, entre otra infinidad de escritores y pensadores.

El autor de obras imprescindibles del pensamiento, la sociología y la ciencia política del siglo XX como Historia y crítica de la opinión pública, Conocimiento e interés, El espacio público, Discurso filosófico de la modernidad o Teoría de la acción comunicativa intercambia con El País Semanal impresiones acerca de algunos de los temas que le han preocupado durante seis décadas y le siguen preocupando. Con una excepción: el entrevistado prefirió esquivar toda cuestión relacionada con el pasado nazi de su país y con su propia experiencia al respecto (fue miembro de las Juventudes Hitlerianas —como tantos compatriotas suyos, obligado—). Habermas está enfadado. “Sí…, sigo enfadado con algunas de las cosas que ocurren en el mundo. Eso no es malo, ¿no?”, bromea.
Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”

Profesor Habermas, se habla mucho de la decadencia de la figura del intelectual comprometido. ¿Considera justo ese juicio? ¿No es a menudo un mero tema de conversación entre los propios intelectuales?

Para la figura del intelectual, tal como la conocemos en el paradigma francés, desde Zola hasta Sartre y Bourdieu, fue determinante una esfera pública cuyas frágiles estructuras están experimentando ahora un proceso acelerado de deterioro. La pregunta nostálgica de por qué ya no hay intelectuales está mal planteada. No puede haberlos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con sus argumentos.

¿Puede pensarse que Internet ha acabado por diluir esa esfera pública que quizá garantizaban los grandes medios tradicionales y que eso ha afectado a la repercusión de los filósofos y los pensadores?

Sí. Desde Heinrich Heine, la figura histórica del intelectual ha ganado altura de la mano de la esfera pública liberal en su configuración clásica. Sin embargo, esta vive de unos supuestos culturales y sociales inverosímiles, principalmente de la existencia de un periodismo despierto, con unos medios de referencia y una prensa de masas capaz de dirigir el interés de la gran mayoría de la ciudadanía hacia temas relevantes para la formación de opinión política. Y también de la existencia de una población lectora que se interesa por la política y tiene un buen nivel educativo, acostumbrada al conflictivo proceso de formación de opinión, que saca tiempo para leer prensa independiente de calidad. Hoy en día, esta infraestructura ya no está intacta. Si acaso, que yo sepa, se mantiene en países como España, Francia y Alemania. Pero también en ellos el efecto fragmentador de Internet ha desplazado el papel de los medios de comunicación tradicionales, en todo caso entre las nuevas generaciones. Antes de que entrasen en juego estas tendencias centrífugas y atomizadoras de los nuevos medios, la desintegración de la esfera ciudadana ya había empezado con la mercantilización de la atención pública. Estados Unidos y su dominio exclusivo de la televisión privada es un ejemplo espeluzante. Ahora, los nuevos medios de comunicación practican una modalidad mucho más insidiosa de mercantilización. En ella, el objetivo no es directamente la atención de los consumidores, sino la explotación económica del perfil privado de los usuarios. Se roban los datos de los clientes sin su conocimiento para poder manipularlos mejor, a veces incluso con fines políticos perversos, como acabamos de saber a través del escándalo de Facebook.

El pensador alemán se asoma a una ventana de la casa donde vive con su esposa, Ute, desde 1971.

¿No cree que Internet, más allá de sus indiscutibles ventajas, ha forjado una especie de nuevo analfabetismo?

Usted se refiere a las controversias agresivas, las burbujas y los bulos de Donald Trump en sus tuits. De este individuo no se puede decir siquiera que esté por debajo del nivel de la cultura política de su país. Trump destruye ese nivel permanentemente. Desde la invención del libro impreso, que convirtió a todas las personas en lectores en potencia, tuvieron que pasar siglos hasta que toda la población aprendió a leer. Internet, que nos convierte a todos en autores en potencia, no tiene más que un par de décadas de edad. Es posible que con el tiempo aprendamos a manejar las redes sociales de manera civilizada. Internet ya ha abierto millones de nichos subculturales útiles en los que se intercambia información fiable y opiniones fundadas. Pensemos no solo en los blogs de científicos que intensifican su labor académica por este medio, sino también, por ejemplo, en los pacientes que sufren una enfermedad rara y se ponen en contacto con otra persona en su misma situación de continente a continente para ayudarse mutuamente con sus consejos y su experiencia. Se trata, sin duda, de grandes beneficios de la comunicación, que no sirven solo para aumentar la velocidad de las transacciones bursátiles y de los especuladores. Yo soy demasiado viejo para juzgar el impulso cultural que originarán los nuevos medios. Lo que me irrita es el hecho de que se trata de la primera revolución de los medios en la historia de la humanidad que sirve ante todo a fines económicos, y no culturales.

En el paisaje hipertecnologizado de hoy, donde triunfan los mal llamados saberes útiles, ¿qué vigencia y sobre todo qué futuro tiene la filosofía?

Mire, soy de la anticuada opinión de que la filosofía debería seguir intentando responder a las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me es dado esperar? y ¿qué es el ser humano? Sin embargo, no estoy seguro de que la filosofía, tal como la conocemos, tenga futuro. Actualmente sigue, como todas las disciplinas, la corriente hacia una especialización cada vez mayor. Y eso es un callejón sin salida, porque la filosofía debería tratar de explicar la totalidad, contribuir a la explicación racional de nuestra manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo.

¿Qué queda de su vieja filiación marxista? ¿Sigue siendo Jürgen Habermas un hombre de izquierdas?

Llevo 65 años trabajando y luchando en la universidad y en la esfera pública a favor de postulados de izquierdas. Si desde hace un cuarto de siglo abogo por la profundización política de la Unión Europea, lo hago con la idea de que solamente ese régimen continental podría domar un capitalismo que se ha vuelto salvaje. Jamás he dejado de criticar al capitalismo, pero tampoco de ser consciente de que no bastan los diagnósticos a vuelapluma. No soy de esos intelectuales que disparan sin apuntar.

Kant + Hegel + Ilustración + marxismo desencantado = Habermas. ¿Le sirve esta ecuación para despejar la “x” de su ideología y de su pensamiento?

Si hay que expresarlo en estilo telegráfico, estoy de acuerdo, aunque no sin una pizca de la dialéctica negativa de Adorno…

Usted acuñó en 1986 el concepto político del patriotismo constitucional, que hoy suena casi medicinal frente a otros supuestos patriotismos de himno y bandera. Es mucho más difícil ejercer el primero que los segundos, ¿no?

En 1984 pronuncié una conferencia en el Congreso español por invitación de su presidente, y al acabar fuimos a comer a un restaurante histórico. Estaba, si no me equivoco, entre el Parlamento y la Puerta del Sol, en la acera de la izquierda. Sea como sea, durante la animada tertulia con nuestros impresionantes anfitriones —muchos de ellos eran compañeros socialdemócratas que habían participado en la redacción de la nueva Constitución del país—, mi esposa y yo nos enteramos de que en ese local había tenido lugar la conspiración para preparar la proclamación de la Primera República española en 1873. Al saberlo, experimentamos una sensación totalmente diferente. El patriotismo constitucional necesita un relato apropiado para que tengamos siempre presente que la Constitución es el logro de una historia nacional.

Y en ese sentido, ¿se considera usted un patriota?

Me siento patriota de un país que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago, pero en este sentido sí, soy un patriota alemán, además de un producto de la cultura alemana.

¿De qué cultura alemana? ¿Solo hay una o hay culturas alemanas? Yo me siento orgulloso de esa cultura también cuando de la segunda o la tercera generación de inmigrantes turcos, iraníes, griegos, o de donde quiera que hayan llegado, aparecen de repente en la esfera pública los cineastas, los periodistas y las locutoras de televisión más fabulosos; los ejecutivos y los médicos más competentes, o los mejores literatos, políticos, músicos o profesores. Todo ello constituye una demostración palpable de la fuerza y la capacidad de regeneración de nuestra cultura. El rechazo agresivo de los populistas de derechas contra las personas sin las cuales esa demostración habría sido imposible es una majadería.

Creo que prepara un nuevo libro sobre la religión y su fuerza simbólica y semántica como remedio a ciertas lagunas de la modernidad. ¿Puede contarnos algo sobre ese proyecto?

Bueno, la verdad es que este libro no trata tanto de religión como de filosofía. Yo espero que la genealogía de un pensamiento posmetafísico desarrollado a partir de un discurso milenario sobre la fe y el conocimiento pueda contribuir a que una filosofía progresivamente degradada en ciencia no olvide su función esclarecedora.

Hablando de religiones y de guerra de religiones y culturas… Teniendo en cuenta el actual nivel de intransigencia y los fundamentalismos de todo corte, ¿cree que vamos a un choque de civilizaciones? ¿Quizá estamos ya inmersos en él?

En mi opinión, esta tesis es totalmente errónea. Las civilizaciones más antiguas e influyentes se caracterizaron por las metafísicas y las grandes religiones que estudió Max Weber. Todas ellas poseen un potencial universalista, y por eso se levantaron sobre la base de la apertura y la inclusión. Lo cierto es que el fundamentalismo religioso es un fenómeno totalmente moderno. Se remonta a los desarraigos sociales que surgieron y siguen surgiendo a consecuencia del colonialismo, la descolonización y la globalización capitalista.

Escribió en cierta ocasión que Europa debería fomentar el auge de un islam ilustrado y europeo. ¿Cree que lo está haciendo? En la República Federal de Alemania nos esforzamos por incluir en nuestras universidades la teología islámica, de manera que podamos formar profesores de religión en nuestro propio país y no tengamos que seguir importándolos de Turquía o de otros lugares. Pero, en esencia, este proceso depende de que logremos integrar verdaderamente a las familias inmigrantes. No obstante, esto no alcanza ni mucho menos a las oleadas mundiales de emigración. La única manera de hacerles frente sería combatir sus causas económicas en los países de origen.

¿Cómo se hace eso?

No me pregunte cómo conseguirlo sin cambios en el sistema económico mundial del capitalismo. Es un problema de siglos. No soy un experto, pero lea el libro de Stephan Lessenich Die Externalisierungsgesellschaft [La sociedad de la externalización] y verá que el origen de las oleadas que ahora refluyen hacia Europa y el mundo occidental está en estos mismos.

“Europa es un gigante económico y un enano político”. Firmado, Jürgen Habermas. Nada parece haber ido a mejor tras el Brexit, el auge de populismos y extremismos, los movimientos neonazis, los intentos nacionalistas de escisión en Escocia o Cataluña…

La introducción del euro ha dividido la comunidad monetaria en norte y sur, en ganadores y perdedores. La causa es que las diferencias estructurales entre las regiones económicas nacionales no se pueden compensar si no se avanza hacia la unión política. Faltan válvulas, como por ejemplo la movilidad en un mercado laboral único o un sistema de seguridad social común, y faltan competencias europeas para una política fiscal común. A ello se añade el modelo político neoliberal incorporado a los tratados europeos, que refuerza aún más la dependencia de los Estados nacionales con relación a los mercados globalizados. El elevado desempleo juvenil en los países del sur es un escándalo que clama al cielo. La desigualdad ha aumentado en todos nuestros países y ha erosionado la cohesión de la ciudadanía. Entre los que consiguen adaptarse, se extiende el modelo económico liberal que orienta la acción en beneficio propio; entre los que se encuentran en situación precaria, cunden los miedos regresivos y las reacciones de ira irracionales y autodestructivas.

¿Sigue de cerca el problema catalán? ¿Cuál es su opinión y su diagnóstico?

Pero realmente, ¿cuál es el motivo de que un pueblo culto y avanzado como Cataluña desee estar solo en Europa? No lo comprendo. Me da la sensación de que todo se reduce a cuestiones económicas… No sé lo que pasará. ¿Usted qué cree?

Creo que pensar en aislar políticamente a una población de en torno a dos millones de personas con aspiraciones independentistas no es realista. Y desde luego, no es sencillo…

Está claro que eso es un problema, sí. Es demasiada gente.

Jürgen Habermas habla con mucha dificultad debido a un defecto de nacimiento en forma de fisura de paladar y labio leporino. Una pequeña tragedia personal para alguien cuya misión filosófica primordial ha sido poner en valor el lenguaje y la dimensión social y comunicativa del hombre como remedio de tantos males (todo ello recogido en su célebre Teoría de la acción comunicativa). El viejo profesor se muestra realista y resignado cuando, mirando por la ventana, susurra: “Ya no me gustan los grandes auditorios ni los grandes salones. No me entero bien de las cosas. Hay una cacofonía que me desespera”.

Profesor, ¿considera los Estados-nación más necesarios que nunca o por el contrario cree de algún modo que están superados? 


Hum, quizá no debería decir esto, pero considero que los Estados-nación fueron algo que casi nadie se creía pero que hubo que inventar en su tiempo por razones eminentemente pragmáticas.

Siempre culpamos a los políticos del fracaso en la construcción europea, pero ¿no tenemos los ciudadanos de a pie de la UE nuestra parte de culpa? ¿De verdad creemos los europeos en la europeidad? 

Veamos, hasta ahora, los liderazgos políticos y los gobiernos han llevado adelante el proyecto de manera elitista, sin incluir a las poblaciones de los países en estas complejas cuestiones. Tengo la impresión de que ni siquiera han familiarizado a los partidos políticos ni a los diputados de los Parlamentos nacionales con la complicada materia de la política europea. Bajo el lema “mamá cuida de vuestro dinero”, Merkel y Schäuble han protegido durante la crisis, de manera verdaderamente ejemplar, sus medidas contra la esfera pública.

¿Conserva Alemania una vocación de liderazgo europeo? ¿Ha confundido Alemania a veces liderazgo con hegemonía? ¿Y Francia? ¿Qué papel debe desempeñar el país que lidera su adorado presidente Macron?

Seguramente el problema ha sido, más bien, que el Gobierno federal alemán ni siquiera ha tenido el talento ni la experiencia de una potencia hegemónica. De lo contrario habría sabido que no es posible mantener Europa unida sin tener en cuenta los intereses de los demás Estados. En las dos últimas décadas, la República Federal ha actuado cada vez más como una potencia nacionalista en el terreno económico. En lo que respecta a Macron, sigue intentando persuadir a Merkel de que tiene que pensar en su imagen con vistas a los libros de historia.

Jürgen Habermas lee en el salón de su casa de Starnberg, cerca de Múnich

¿Qué papel cree que puede jugar España en la mejora de la construcción europea?

 España simplemente tiene que respaldar a Macron.

En artículos recientes usted ha defendido con pasión la figura del presidente Macron, quien, por cierto, es filósofo como usted. ¿Qué es lo que más le atrae de él? ¿Cree que es bueno que un líder político sea un filósofo? ¡

Por Dios, nada de gobernantes filósofos! No obstante, Macron me inspira respeto porque, en la escena política actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política; que, como persona intelectual y orador convincente, persigue las metas políticas acertadas para Europa; que, en las circunstancias casi desesperadas de la contienda electoral, demostró valor personal, y que, hasta ahora, desde su cargo de presidente, hace lo que dijo que iba a hacer. Y en una época de paralizante pérdida de identidad política, he aprendido a apreciar estas cualidades personales en contra de mis convicciones marxistas.

Sin embargo, es imposible por ahora saber cuál es su ideología… en el caso de que la tenga.

Sí, tiene usted razón. Hasta la fecha sigo sin ver claramente qué convicciones subyacen tras la política europea del presidente francés. Me gustaría saber si al menos es un liberal de izquierdas convencido…, y eso es lo que espero.

Esta entrevista, que pudo realizarse gracias a los buenos oficios del profesor y escritor Daniel Innerarity, es un cruce de caminos entre respuestas ofrecidas por escrito e intercambios de impresiones durante aquella mañana en Starnberg. Cuando la conversación acabó, el único superviviente de la segunda Escuela de Fráncfort desapareció de repente tras la puerta de la cocina de su casa. Volvió dibujando en su cara una sonrisa cómplice, con una botella de Rioja en una mano y otra de Riesling en la otra. España y Alemania, juntas en casa de Habermas.­


Jürgen Habermas, durante una intervención en el refectorio de la Universidad de Fráncfort en junio de 1968. Abisag Tüllmann (BPK)

El guardián de la conversación
Daniel Innerarity

Tres invitados sentados a comer en casa de los Habermas equivale a ir directos al grano, es decir, al pensamiento, sin la distracción de una comida que haya que valorar. Enseguida la conversación ocupaba toda la escena, y no el monólogo que podíamos haber esperado, pues Habermas escuchaba y preguntaba más de lo que intervenía. Y eso que seguramente era el único allí con verdadero derecho a la grandeza, pero que, tal vez por tenerla, era el más curioso de todos. Se tenía la sensación de estar conversando con uno de los más grandes, tal vez con el último de esos intelectuales públicos que han gozado de una autoridad que en la era de las redes sociales y la inmediatez oportunista comenzamos a echar de menos. Me atrevo a decir que el legado de Habermas no será tanto su inmensa obra escrita como ese aprecio hacia lo público y lo común, que es más una virtud cívica, una actitud intelectual, que una teoría. Habermas es, antes que nada, un entusiasta de la conversación, alguien convencido de que cuanto vale la pena ha sido el resultado de una empresa común, de lo que hemos dicho y hecho entre todos. Su preocupación fundamental ha sido siempre cómo proteger y mejorar ese espacio de la intersubjetividad porque es ahí donde realizamos los verdaderos descubrimientos y, sobre todo, el lugar en el que se edifica la convivencia democrática.

Formado en la tradición de la gran filosofía clásica alemana, a la que quiso someter a la prueba del contraste con otras formulaciones más modernas, como las teorías analíticas del lenguaje o las formulaciones republicanas de la democracia, Habermas posee una amplia cultura que no es tanto agregación de informaciones, sino transversalidad que ha constituido como un diálogo interior. En sus propuestas filosóficas están Kant, Marx y Adorno, pero no como piezas mudas de museo, sino como interlocutores a los que se puede poner a hablar con Austin, Derrida y Rawls. La totalidad no está construida en la mente de Habermas como un sistema, sino como una conversación de muchos interlocutores. Este gusto por las interpretaciones generales del mundo y la cultura es algo que parece extemporáneo en una época de fragmentación y especialismo. El primer obstáculo al que ha de hacer frente quien pretenda elaborar algo así como una teoría general de las cosas es el escepticismo de quienes lo creen imposible o al menos no tan rentable como saberlo todo de casi nada. Habermas ha resistido siempre la posible acusación de que preocuparse por la totalidad era una empresa arrogante o ingenua. Gracias a esa temeridad le debemos algo que, más que una teoría, es un hilo conductor de su visión del mundo: situar al ser humano que dialoga en el centro de todas las soluciones.

Tal vez esa pasión por el argumento público es lo que explica el sentido de responsabilidad que ha presidido su vida como intelectual público. Su tarea como profesor e investigador es inseparable de su intervención continua en los grandes debates que han tenido lugar en los últimos decenios, ya fuera el uso público de la historia, los riesgos de la intervención genética o, más recientemente, el modo como Europa debía resolver sus crisis. Si Voltaire resumía todos nuestros deberes en que hemos de cultivar nuestro propio jardín, Habermas parecía haber traducido esa metáfora en el cuidado de la conversación. Nos daba así la lección a los comensales de que el dominio público no debe ser imaginado como un gigantesco y solemne debate entre los poderosos de este mundo, sino también como una charla de sobremesa en la que por cierto no siempre estábamos de acuerdo.

Fotografías:

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2018/04/25/eps/1524679056_056165.html?por=mosaico

sábado, 26 de marzo de 2016

UNA TRANSICIÓN DESDE EL SILENCIO

28/03/2014 http://www.radiowebinformativa.com/opinion/de-la-tinta-a-los-bytes/
De la tinta a los bytes
Luis Barragán


Consabido, importantes medios del exterior celebran la inevitable transición a la infopista. Pasan con naturalidad del papel periódico al de bytes, festejando las extraordinarias posibilidades del hipertexto que los lectores de distintos idiomas y rincones del planeta, incluyen agradecidos en su diaria dieta informativa.

Un fenómeno similar, aunque de contrastante e inequívoco cuño, experimentamos los venezolanos.  Cierto, ya incomoda la búsqueda de las tardías ediciones convencionales, acumulándose los recortes de papel periódico como promesa de una posterior lectura, pero también lo es que la interconectividad, lejos de universalizarse, retrocede respecto a todo un continente, forzándonos a la tradición.

La migración de la tinta a los bytes, a pesar de las apariencias, constituye un doble e injusto castigo, pues, el gobierno nacional monopoliza el papel, traficándolo arbitrariamente, agrediendo a los editores independientes, como de igual manera ejerce el control de la red de redes, permitiéndose censurarlos y bloquearlos bajo cualquier e infame pretexto. Siendo imposible controlar todo, sobrevive una opinión pública que sobradamente desconfía de la versión oficial, consultando todas las posibilidades que brinda una precaria conexión a medios de mayor independencia, equilibrio y veracidad.

En todo caso, superada esta amarga etapa de la vida republicana, estamos predestinados a los espacios digitales en el caso de una necesaria recuperación económica que permita la pronta actualización tecnológica. Ya hay experiencias elocuentes de una integración editorial que espera por la abierta y sana competencia, como ocurre con Radio Web Informativa, a la que agradecemos el ofrecimiento de este rincón virtual para nuestros modestos textos, enlazando imprenta, audio e imágenes para un promisorio desarrollo noticioso, solamente posible a partir de una transición democrática.

Por ironía, el régimen que imprime a diario, abusando del dinero de todos los venezolanos, solo aporta el gratuito papel periódico para la limpieza de los hogares, talleres mecánicos y paremos de contar, porque nadie traga sus mentiras. Y el régimen, intentando la regulación de todo el ámbito interneteano, poco le importa sus incompetentes y atrasados portales, privilegiando el uso de las redes para las actividades de contrainteligencia.
28/03/2014 http://www.radiowebinformativa.com/opinion/de-la-tinta-a-los-bytes/
Fotografía: http://argonautnews.com/brothers-in-arts/

domingo, 13 de marzo de 2016

ESCOMBROS

EL NACIONAL, 13 de marzo de 2016
Del derrumbe cultural
Fernando Rodríguez 

No debería intentar medirse la salud cultural del país por la vistosa y limitadamente promovida emergencia de algunas instituciones privadas y algunas creaciones artísticas o intelectuales aisladas. Esto, que por supuesto es muy meritorio y permite la supervivencia de la alta cultura, tiene un peso muy restringido en el conjunto de la cultura nacional, más limitado todavía en la actual prevalencia generalizada de antivalores espirituales. Sería improcedente clínicamente limitarnos a ese nivel cada vez más angosto y por ende excluyente, entre otras razones por sus imposibilidades financieras, falta de estructuras político-administrativas pertinentes o capacidad promocional.
Pero aun en esa región cultural, comparada con lo que en ella acontecía hace ya casi dos décadas, son notorias las carencias. Ausencias de políticas públicas para el área y cuando las ha habido han sido farruquianemente monstruosas. Museos y otras instituciones oficiales en estado terminal. Difusión de los productos oficiales más detestables y anodinos culturalmente hablando, orientados por una ideología perversa que recoge el nacionalismo y el patrioterismo más grotescos, el detritus del marxismo, la cursilería populista, el culto a la personalidad con ribetes religiosos, el clientelismo de rigor. En este nivel habría que analizar con más detenimiento, quisiéramos hacerlo, lo concerniente al teatro, la música o al cine que han tenido derroteros peculiares, producto de azares, oportunismo y, en algún caso, de afán y autenticidad.
Pero yo prefería darle mayor fuerza en esta instantánea al evidente y creciente deterioro de unos pocos aspectos que de alguna manera son soportes del entramado cultural nacional. Vinculados a la cultura común.
Por ejemplo, el deterioro de la televisión venezolana, tan omnipresente. Que, por supuesto, siempre fue una baratija en que el comercialismo impune devoró cualquier intención cultural o educadora. Pero ahora es mucho peor. No solo por el manejo indecente de los medios públicos que hizo un foro estelar de La Hojilla, con todo y actuaciones del presidente eterno, sino porque la televisión privada, con excepciones mínimas, no solo ha sido casi siempre servil ante el poder despótico, sino que, otrora rica y hoy pobre de solemnidad, da más lástima que nunca. El cable ayuda, en alguna medida, sobre todo el fútbol.
O la premedita demolición de las universidades y de la investigación científica. Con su interminable sangría de cerebros, decenas de miles, y su consecuente empobrecimiento. O convirtiendo cualquier antro en un recinto académico. Afectando esta vez a millones de jóvenes y las reservas básicas de energía espiritual del país.
O la casi desaparición del libro y todo lo que tiene que ver con el papel, periódicos famélicos cuando no difuntos, ausencia casi absoluta de revistas con alguna vocación cultural. Llegando al extremo de que autores venezolanos publicados en el exterior no llegan al país. Uno de nuestros ensayos más brillantes de los últimos años, Del futuro, de Antonio Pasquali, editado en España, no se leerá en mucho tiempo en el país en que vive su autor. Es una escasez que debilita los sesos, nos hace provincianos y lerdos. El Internet ayuda, es cierto. Las publicaciones, todas, de la UCV se hacen ahora en ese prodigioso soporte y uno bendice los pdf que se multiplican. Alá es grande.
Son algunos ejemplos, dijimos. Pero sobre todo hay que subrayar el clima espiritual omnipresente, lleno de la vulgaridad castrense y populachera, del desprecio contra la meritocracia, de la incesante promoción del odio y la falta de estructuras lógicas y sintácticas (Con el Mazo Dando), del adefesio colocado en la vía pública, del temple de desesperanza anímica inducido, de la estupidez de la cotidianidad que nos devora, la cola y el lamento. De esa plaza pública, con ella y contra ella, es de donde nace y renace eso que llamamos cultura, aunque no lo parezca.

domingo, 16 de agosto de 2015

PARASITAJE DE BYTES

EL PAÍS, Madrid, 16 de agosto de 2015
TRIBUNA
La fiebre de las plataformas
Una gran mayoría de las compañías tecnológicas se ha convertido en parásitos
de las relaciones sociales y económicas existentes. No producen nada propio
sino que reordenan lo que otros han desarrollado
Evgeny Morozov 
 
Casi no pasa un día sin que alguna empresa tecnológica proclame el deseo de reinventarse convirtiéndose en una plataforma informática. En marzo, cuando Corea del Sur prohibió Uber, la empresa prometió que permitiría a los taxistas locales utilizar su plataforma, además de sus servicios adjuntos. En mayo, Facebook recurrió a una argucia parecida: después de meterse en un lío con la seudohumanitaria iniciativa de proporcionar acceso gratis a la Red a través de un proyecto llamado Internet.org, también prometió transformarlo en plataforma. De este modo, los usuarios de Internet.org, en su mayoría del mundo en desarrollo, también podrían acceder gratis a aplicaciones, y no solo a las desarrolladas por Facebook.
Algunos destacados críticos han llegado incluso a hablar de un “capitalismo de plataforma”: una profunda transformación en la manera de producir, compartir y proporcionar bienes y servicios. En lugar del cansado modelo convencional, en el que diversas empresas compiten por atraer al consumidor, estamos asistiendo al surgimiento de uno nuevo, aparentemente más horizontal y participativo, en el que los consumidores se relacionan directamente entre sí. Con un móvil inteligente, los individuos pueden hacer cosas para las que antes necesitaban un abanico de instituciones.
Esa es la transformación a la que estamos asistiendo en muchos sectores: antes las compañías de taxis llevaban a los pasajeros, pero Uber solo los pone en contacto con los conductores. Los hoteles ofrecían servicios basados en la hospitalidad; Airbnb se limita a poner en contacto a anfitriones y huéspedes. Y así sucesivamente: hasta Amazon pone en contacto a los libreros con los compradores de libros usados.
Es fácil detectar las diferencias con el antiguo modelo, previo a la plataforma. En primer lugar, esas empresas tienen una extraordinaria valoración, pero su contabilidad es sospechosamente liviana: Uber no necesita dar trabajo a conductores y Airbnb no tiene por qué poseer casas. En segundo lugar, en vez de respetar un código preciso y riguroso que describa los derechos de los consumidores y las obligaciones del proveedor de servicio —piedra angular del Estado regulador moderno—, los operadores de plataformas confían en el conocimientode los participantes en el mercado, esperando que este acabe castigando a los que se porten mal. Según la utopía del libre mercado propugnada por pensadores como Friedrich Hayek, santo patrón de la economía colaborativa, tu reputación también refleja lo que otros participantes en el mercado saben de ti. De este modo, si eres un cliente desagradable o un conductor maleducado, los demás no tardarán en descubrirlo, por lo que no habrá necesidad de leyes que controlen los comportamientos.
Ese mercado de la reputación perfectamente líquido y dinámico no se ve por ninguna parte. Su ausencia la pone de relieve una demanda presentada recientemente en EE UU. Resulta que los conductores de Uber discriminan con frecuencia a los discapacitados, ya que se niegan a colocar sus sillas de ruedas en el maletero del coche. Cabría pensar que las leyes contra la discriminación que se aplican al servicio de taxi también se aplicaran a Uber, pero la empresa afirma que no es un servicio de taxi, sino una empresa tecnológica, una plataforma. No existe un mecanismo de reacción fácil que ayude al discapacitado: para eso están las leyes de protección del consumidor.
Cuando Uber discrimina a los discapacitados dice que no es un taxi sino una empresa ‘online’
Mientras Uber se sirve de su condición de plataforma para protegerse de las demandas, Facebook la utiliza como ardid publicitario. Hace poco ha defendido que “Internet.org” es una “plataforma abierta”. Pero lo cierto es que de abierta no tiene nada: Facebook es el que decide qué aplicaciones acepta y qué requisitos tienen que cumplir (nada de vídeos, ni de transferencia de archivos, ni de fotografías de alta resolución).
En una cultura obsesionada con la innovación, como lo es sin duda la nuestra, tiene sentido que Facebook haga suya la retórica de la plataforma. Puede que los detractores de Internet.org tengan razón al señalar que dicho proyecto se aparta del ideal de neutralidad de la Red, pero, a la larga, a Facebook le gustaría que creyéramos que eso no importa: una plataforma, por lo menos en teoría, es un lugar en el que se producen innovaciones no planificadas e impredecibles, ¿qué más podemos pedir? En la batalla entre la justicia y la innovación, esta siempre gana.
En la transición hacia una economía del conocimiento, esos elementos periféricos dejan de ser tales para convertirse en un factor esencial del servicio que se ofrece. Cualquier servicio e incluso cualquier proveedor de contenidos corren el riesgo de convertirse en rehenes del operador de una plataforma, que, al reunir los elementos periféricos y racionalizarlos, pasa de repente de la periferia al centro.
Internet.org no es abierta. Facebook decide a quién acepta y los requisitos que han de cumplir
Buenas razones explican que en Silicon Valley se ubiquen tantas plataformas: los principales elementos periféricos de hoy en día son cosas como los datos, los algoritmos y la potencia del servidor. Por ello, muchos afamados editores se están poniendo de acuerdo para publicar ahí su información, en una nueva función llamada Instant Articles. La mayoría carece de la pericia y la infraestructura necesarias para ser tan ágil, hábil e impresionante como Facebook cuando se trata de ofrecer a quien corresponde y en el momento adecuado artículos que le interesan, y con más rapidez que cualquier otra plataforma.
Pocos sectores se verán libres de la fiebre de las plataformas. La verdad que no se dice es que gran parte de las actuales, controladas por grandes marcas, son monopolios que se aprovechan del efecto red que produce gestionar un servicio cuyo valor aumenta con el número de personas que lo utiliza. Esto explica que puedan reunir tanto poder: una muestra son las constantes luchas de Amazon con los editores, porque no hay otro Amazon al que recurrir.
Una buena forma de mantener a raya a las plataformas es impedirles que se apropien de los elementos periféricos adyacentes. Para empezar, estaría bien que pudiéramos trasladar nuestra reputación, así como nuestro historial de uso y el mapa de nuestras conexiones sociales, a otras plataformas. También necesitamos tratar otros elementos técnicos del nuevo paisaje de las plataformas (servicios de verificación de nuestra identidad, nuevos métodos de pago, sensores de geolocalización) como las infraestructuras que son, garantizando así que a ellos pueda acceder todo el mundo y con unas condiciones equiparables, no discriminatorias.
La mayoría de las plataformas no son más que parásitos de las relaciones sociales y económicas existentes. No producen nada propio: se limitan a reordenar lo que aquí y allá otros han desarrollado. Teniendo en cuenta los enormes beneficios que obtienen esas grandes empresas, en su mayoría no gravados fiscalmente, el mundo del “capitalismo de plataforma”, a pesar de su embriagadora retórica, no es tan diferente del anterior: lo único que ha cambiado es quien se va a embolsar el dinero.
(*)  Evgeny Morozov es profesor visitante en la Universidad de Stanford y profesor en la New America Foundation.
Traducción de Manuel Cuéllar.
Ilustración: Eduardo Estrada.

domingo, 9 de agosto de 2015

INJUSTICIA DIGITAL: UNA DECISIÓN POLÍTICA

LA RAZÓN, Caracas.
El Internet no es prioridad de inversión para Venezuela
Mónica Duarte

La velocidad de internet en Venezuela es una de las tres peores del continente, mientras que la inversión nacional se ha enfocado en masificar la conectividad pero no ha logrado ofrecer desarrollo tecnológico en los estados más alejados
Si bien el índice de acceso a Internet y telefonía ha aumentado en Venezuela, sigue siendo insuficiente para superar la brecha tecnológica e impulsar un verdadero desarrollo digital en el país. La falta de inversión para mejorar la velocidad de la conexión y el atraso que genera podría dejar al país fuera de los estándares mundiales de navegación.
“Dar acceso a los beneficios de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones, en colaboración con el sector privado” fue una de las metas del milenio fijadas en el año 2000 por la Organización de Naciones Unidas. Esta debía ser cumplida para el año 2015.
La incorporación del acceso de las nuevas tecnologías dentro de los indicadores del octavo objetivo del milenio pretende fomentar una alianza mundial para del desarrollo y el crecimiento social.
La redes de interconexión digital han facilitado el desarrollo en muchos ámbitos a nivel mundial. Para países como Francia es normal tener una conexión con 42,45 Megabits, que les permite, entre otras cosas, transitar en el metro acompañado de una aplicación móvil como Metro París que estima el arribo del siguiente tren.
El informe Ookla de la página Netindex (especializada en hacer mediciones de conexión) ubica a Francia como el décimo quinto país en velocidad de ancho de banda, mientras que Venezuela ocupa el lugar 190 de 198 países, con 2,10 Megabits (Mbps).
Luis Carlos Díaz, especialista en comunicación digital y coordinador del área de Comunicación y Redes del Centro Gumilla, en Caracas, asegura que la lentitud del internet produce una experiencia de usuario insatisfactoria y limitada. “A las metas del milenio le basta el número de conectividad y Venezuela puede decir que sí ha cumplido, estamos conectados entre el 55% y el 65% de la población venezolana, eso tiene un impacto propagandístico pero cuando uno va al detalle se da cuenta que sí estamos conectados con la peor velocidad de todo el continente”.
La inversión es la principal carencia
En los últimos siete años, Cantv ha instalado 4.381,86 kilómetros de cables de fibra óptica y tiene pendiente 6.886 kilómetros más de colocación, de acuerdo con datos oficiales. Este cableado permite establecer los nodos o puntos de distribución de la señal de internet residencial y móvil en todo el país.
Para este desarrollo de redes se designaron 2.369.828.984 de bolívares solo en 2014. Este monto representa 1,9% de los 130 millones de dividendos brutos generados por Cantv desde su nacionalización hace ocho años. La cifra fue dada por el presidente de Cantv, Manuel Fernández, el pasado mes de mayo.
La instalación de cableado y satélites es competencia exclusiva de la estatal Cantv. Las empresas privadas están excluidas de una posible inversión en fibra óptica. “Están doblemente amarradas, Cantv no permite la competencia en infraestructura y los proveedores particulares deben esperar la aprobación de divisas para importar”, explica Díaz.
El especialista en redes asegura que para mejorar las conexiones el gobierno nacional tiene que considerar a las telecomunicaciones como una prioridad de inversión. “Es una decisión política que Cantv tenga una conexión tan lenta, los dividendos se están usando para pagar deudas del gobierno y no para mejorar la infraestructura”, manifiesta.
El atraso en la conexión podría dejar al país fuera de los estándares mundiales de navegación
Para Andrés Azpúrua uno de los obstáculos del progreso tecnológico es que la política oficial se enfoca en la cobertura y no en mejorar la calidad. “Las dos cosas son sumamente importantes y tiene que haber políticas serias hacia ambas, actualmente no existe un control sobre los servicios, no se promueve que los proveedores aumenten o mantengan la calidad o las velocidades”.
Aun así, a pesar de priorizar la masificación de internet, no existen suficientes enlaces de fibra óptica para ofrecer un acceso extendido en el interior del país. Según la Memoria y Cuenta 2014 del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, de los 20.000 kilómetros ofrecidos en 2011 existen un poco más de 11.000 ya operativos para la conexión.
Solo 11 estados superan 50% de conectividad a internet
Según las cifras del último informe trimestral de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, Conatel, para el primer trimestre del año 2015 existían 16.267.611 usuarios del servicio de internet a nivel nacional, lo que corresponde a una penetración de 61,30% de la población.
Estos números aumentaron abruptamente a partir del tercer trimestre de 2014 cuando Conatel cambió la base de su medición al incluir personas que poseen un teléfono móvil con un plan de acceso a redes de datos y estimar la cifra de población total a partir de los siete años de edad, logrando aumentar el porcentaje de penetración de 44,79% a 59,02% en un trimestre. A partir de allí se ha incrementado en 2% el índice de conexión.
Solo 11 estados superan el 50% de conectividad a internet, según el último informe, y en comparación con los datos del primer trimestre de 2014, los únicos estados que crecieron en conexión fueron: Táchira, Lara, Yaracuy, Zulia, Carabobo, Aragua, Miranda y Distrito Capital. Las demás entidades disminuyeron la penetración web.
Los números de estados como Miranda, con 103% de conectividad, chocan con las cifras de estados rurales mucho menos avanzados como Amazonas, con 19% de penetración, Delta Amacuro, con 29%, o Yaracuy, con 33%. Los expertos asocian estas cifras con la incorporación de las conexiones móviles a las mediciones, impactando solo a las zonas altamente urbanizadas.
En velocidad de ancho de banda Venezuela ocupa el lugar 190 de 198 países
Estas limitaciones en la conectividad se ven acentuadas cuando se toma en cuenta el precio de los dispositivos de conexión. “En el mercado de compra se puede ver como, en este momento, adquirir un celular o un dispositivo electrónico es casi prohibitivo para cualquier familia popular en Venezuela. Los precios superan los sueldos mínimos por mucho”, asegura Díaz.
La banda ancha promedio de Venezuela ronda los 2 Megas por segundo si se trata de proveedores privados, mientras que el servicio de ABA Cantv es de 1,5 Mbps por segundo, según el informe 2015 denominado Estado de Internet del proveedor global Akamai. Este tipo de conexión se refiere al acceso de alta velocidad al internet y Conatel asegura que llega a 3.448.295 suscriptores en toda Venezuela.
Fuera de los estándares de navegación
Anuncios gubernamentales del año 2013 prometieron duplicar la velocidad de la banda ancha, que ya se encontraba en un Mega para este año. A partir de este momento, se ha previsto llegar a una velocidad de 3,4 Mbps con la que solo superaríamos en la región a Bolivia, Paraguay y Cuba.
“En Bogotá, la siguiente capital más cercana a Venezuela, se pueden contratar velocidades de 150 Megas por segundo y aquí Cantv apenas va a llegar a 10 Megas pero eso solo lo recibe el 1% de los usuarios”, refiere Diaz, especialista en comunicación digital.
De acuerdo al ranking Akamai, Venezuela se encuentra en el puesto 134 por su velocidad de navegación máxima de 10,7 Mbps, siendo el último país del continente y el único con una caída en relación al trimestre anterior. En la misma medición, naciones como Chile tienen una conexión pico de 36,7Mbps, ubicándose en el puesto 53 del ranking mundial, seguido en América por Colombia con una velocidad de 28,7Mbps.
Andrés Azpúrua, director de la organización de derechos digitales Venezuela Inteligente, asegura que el atraso en la conexión podría dejar al país fuera de los estándares mundiales de navegación. Actualmente la referencia internacional es de 4Mbps pero en Estados Unidos estudian cambiar el nivel de definición de banda ancha a 10Mbps por segundo, el equivalente a la máxima velocidad que se puede contratar por Inter y Cantv, dependiendo de la disponibilidad de la zona residencial.
“Esta velocidad afecta los hábitos de usos, los requerimientos de las personas han cambiado y cada vez se consumen más datos bien sea por trabajo, entretenimiento o educación”, explica Azpúrua.
Internet-Venezuela-Acceso
Según Conatel existen 16.267.611 usuarios del servicio de internet a nivel nacionalLas posibilidades detrás de una mejor conexión
Los expertos señalan que el nivel de penetración digital en Venezuela es una gran oportunidad desaprovechada. Con más de 60% de conectividad y 9.664 antenas satelitales instaladas desde 2008, las posibilidades de los recursos digitales han aumentado 201,59% con respecto al año 2000, según el informe oficial de los Objetivos del Milenio 2012.
Para el director de Venezuela Inteligente el internet se extiende en todos los aspectos de la vida. “Tanto la educación como las oportunidades de trabajo y los derechos laborales están muy sensiblemente vinculados a la web. Venezuela necesita una buena conexión a internet para poder sacar todo su potencial de desarrollo”, dice Azpúrua.
 “Es una decisión política que Cantv tenga una conexión tan lenta
Sin embargo, desde el 22 de marzo de 2009 el internet fue eliminado de la lista de prioridades de inversión para la nación por el Instructivo Presidencial para la Eliminación del Gasto Suntuario o Superfluo en el sector público nacional, publicado en la Gaceta Oficial Nº 39.146.
A raíz de ello surge el movimiento de Internet Prioritaria de la mano de la Red Académica de Centros de Investigación y Universidades Nacionales. “Nos preocupa suponer que el uso de internet pueda ser considerado una posible actividad superflua para la actividad académica y universitaria”, establecen en su pronunciamiento oficial los 23 expertos firmantes. Esta red pretende optimizar la inversión en el desarrollo y apropiación de las nuevas tecnologías con este proyecto.
Mantener una conexión de datos para aplicaciones más complejas es uno de los retos del desarrollo tecnológico del país a pesar de que el informe Futuro Digital 2015, que se puede consultar en la web de Conatel, reveló que los venezolanos son quienes más tiempo ocupan conectados a internet en América Latina.
“Los niveles de conectividad no se traducen en una experiencia de usuarios satisfactoria”, afirma Díaz. Para este especialista de redes uno de los principales problemas del internet móvil es su consumo en actividades básicas. “Se usan para leer correos o ver redes sociales pero no existe un uso más complejo del internet”.
La alfabetización digital
InfocentrosEn algunas poblaciones, los infocentros significan la única opción de acceso a internet para toda una comunidad
Para impulsar el uso adecuado y mayor aprovechamiento de las tecnologías de información no solo basta un mejor servicio de Internet, también es necesaria la capacitación de la población en destrezas digitales para el beneficio personal y profesional de las herramientas web.
Azpúrua manifiesta que, si bien el gobierno ha realizado una importante labor en esta dirección con la creación de los infocentros, a inicios del año 2000, esta actividad ha quedado estancada. “El estado está en la obligación de facilitar el acceso de la población de la forma más eficientemente posible, esto impacta en la capacidad de respuesta del mismo Estado en cumplir con los objetivos que le debe a los ciudadanos”.
Los infocentros son puntos que permiten la navegación gratuita y actualmente suman 888 locales distribuidos en 293 municipios. En algunos de estos lugares alejados significan la única opción de acceso a internet para toda una comunidad, además de ofrecer una sala para el uso guiado de conexiones en línea.
Según las cifras divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística, 1.880.000 personas habían sido alfabetizadas desde el punto de vista tecnológico para 2012, gracias a estos centros. Sin embargo, otras iniciativas privadas como el Centro de Inclusión Digital (alianza entre varias empresas) y el programa Superatec han instruido a 21.000 inscritos en 17 centros de educación técnica digital para el “aprovechamiento laboral de las tecnologías”.
El desempeño académico e intelectual de los jóvenes es otro aspecto cada vez más ligado al uso del internet. “Casi todas las personas que estudian en la universidad utilizan el internet para completar sus conocimientos. Sin acceso a internet no puedes ver videos educativos o clases grabadas en otras universidades”, destaca Azpúrua.
Internet Wifi Público en Venezuela
En las plazas la navegación vía WiFi es sumamente lenta y la conexión se colapsa rápidamente
Plan de conectividad pública
Parte de la infraestructura nacional de acceso a internet ha sido invertida en la colocación de puntos de acceso libre en espacios públicos. El plan de conectividad WiFi público del gobierno nacional se enfoca en liceos, universidades, aldeas universitarias, principales plazas y parques nacionales. De las 5.774 localidades previstas están conectadas 1.479, es decir, 26%.
De estos puntos de servicio WiFi, ni los municipios ni las instituciones que proveen las conexiones dan especificaciones de la capacidad o calidad de la cobertura inalámbrica. “No hay ningún centro con internet libre que signifique una mejor velocidad de conexión para los usuarios. En las plazas la navegación es sumamente lenta, la conexión se colapsa rápidamente y no hay ninguna garantía de seguridad ni privacidad”, señala Luis Carlos Díaz.
Otra de las incertidumbres que dejan los datos publicados por Conatel para este especialista es si se están tomando en cuenta los puntos de acceso a WiFi libre con un número de usuarios límite “para engordar la cifra de conexión” o si se están dejando a un lado.

Fuente:
http://www.larazon.net/2015/08/06/el-internet-no-es-prioridad-de-inversion-para-venezuela/

domingo, 14 de junio de 2015

BYTES QUE DESNUDAN

EL PAÍS, Madrid, 12 de junio de 2015
LA BATALLA POR LOS DATOS
¿Qué hacen con nuestros datos en internet?
La información personal se ha convertido en un producto más de compraventa. Deambular por los mundos real y virtual tiene cada vez menos de anónimo
Gemma Galdon Clavell 

Todos hemos oído alguna vez decir que cuando un producto es aparentemente gratuito, es probable que en realidad lo estemos pagando con datos. Ocurre con las redes sociales, las tarjetas de fidelización de tiendas o supermercados o con un sinfín de aplicaciones que nos ofrecen servicios más o menos relevantes a cambio, solamente, de nuestros detalles personales.
Pero más allá de intuir que nosotros somos el producto, en realidad desconocemos qué se hace exactamente con nuestra información, o en qué consiste y cómo funciona ese pago con datos. En realidad, no es una cuestión sencilla, y cada aplicación cuenta con sus propios procedimientos y lógicas. En el caso de la navegación por Internet, por ejemplo, las empresas y prestadores de servicios nos ofrecen de forma gratuita sus motores de búsqueda, páginas webs y servicios asociados, para leer la prensa, consultar la previsión meteorológica, o estar en contacto con otras personas a través de redes sociales o foros. No obstante, cada vez que entramos en una web estamos descargando automáticamente una serie de microprogramas conocidos como cookies que recaban información de nuestra actividad online y hacen llegar al propietario de la web visitada información sobre nuestra IP, MAC o IMEI (la matrícula de nuestro dispositivo), el tiempo y forma en que utilizamos un sitio concreto u otros sitios que estén abiertos en el mismo momento, identifica si somos visitantes habituales y qué uso hacemos de la página de Internet, en qué secuencia y cómo accedemos a otros sitios, etcétera. Además, es habitual que diferentes empresas paguen al sitio que visitamos para poder instalarnos sus propias cookies, como también lo es que la empresa utilice los datos no solo para sus estudios internos, sino que los venda a terceros.
En realidad, cada vez que visitamos una página con el ordenador, el teléfono móvil o la tableta, recibimos decenas de peticiones de instalación de cookies. Somos, pues, el producto porque a cambio de la información que obtenemos proporcionamos detalles sobre nuestra actividad online y, a menudo, datos personales como nuestro nombre y ubicación, hábitos, tarjeta de crédito, etcétera, de los que no tenemos forma de controlar dónde acaban. Ante esto, el único recurso de autoprotección es o no aceptar cookies y renunciar al servicio, o borrarlas sistemáticamente de nuestro ordenador, algo tan engorroso como limitadamente útil.
Facebook, una red social utilizada por más de mil millones de personas al mes, dispone de los datos que el usuario deposita voluntariamente en ella, pero también hace inferencias en base a nuestras interacciones con personas e información, las comparte con terceros y elabora un perfil único que le permite determinar qué aparece en nuestro muro, tanto por parte de nuestros amigos como de anunciantes. Todo me gusta o registro a través de Facebook genera información que es analizada y clasificada por algoritmos con el fin tanto de conocernos individualmente como consumidores, como de elaborar perfiles sociales destinados a agencias de publicidad. El registro continúa incluso si hemos cerrado la página: a no ser que salgamos manualmente, las cookies de Facebook continuaran espiando todo lo que hacemos online.
Si, además, hemos instalado Facebook en nuestro teléfono móvil, junto con su aplicación de mensajería, el sistema podrá activar remotamente nuestra cámara o micro, acceder a nuestras fotografías y mensajes, etcétera, y así ir perfeccionando nuestro perfil.
El ejemplo de la navegación web es el más habitual, pero ya no el único protagonista. El mismo despliegue de conexiones no aparentes y de compraventa de datos se produce también cuando utilizamos una tarjeta de fidelización de cliente, que relaciona nuestro patrón de consumo con un nombre, dirección, a menudo unos datos bancarios y las respuestas al cuestionario que habitualmente acompañan la solicitud.
A no ser que salgamos manualmente de la página, Facebook continuarán espiando lo que hacemos
Otro ámbito en el que la recogida de datos es cada vez más relevante es el espacio público. Nuestro incauto deambular por las calles tiene cada vez menos de anónimo, y los sensores que leen los identificadores únicos y la geolocalización de nuestros dispositivos, las cámaras termales y de video vigilancia, las redes wifi, las farolas inteligentes o los sensores de lectura automática de matrículas nos incorporan de forma rutinaria a bases de datos públicas y privadas que en algún lugar le sirven a alguien para obtener un beneficio que ni conocemos ni controlamos.
El ámbito doméstico es quizás el espacio dónde esa monitorización de nuestros movimientos y rutinas para elaborar patrones vendibles aumenta de forma más preocupante: todos los electrodomésticos inteligentes, del contador de la luz al televisor, pasando por la nevera, construyen una red de extracción de datos que quiere perfeccionar la imagen de quiénes somos, qué queremos o qué podemos querer. El reto es ser capaz de adelantarse a nuestras necesidades para tentarnos a adquirir productos o servicios que aún no sabemos que deseamos. Pagamos, pues, dos veces: cuando adquirimos el electrodoméstico o abonamos el recibo de la luz, en euros, y cada vez que le proporcionamos información, con datos personales.
Hay empresas que han empezado a explorar la posibilidad de convertirse en data brokers de los ciudadanos, una especie de corredores de datos que gestionarían nuestra información devolviéndonos una parte del beneficio generado por ella. Que nadie espere hacerse rico: de momento las empresas que intentan abrirse camino en este turbio mundo no dan más que unos cuantos euros al mes a cambio de información tan sensible como datos médicos o bancarios. De momento, el verdadero dinero no se encuentra en la relación entre ciudadanos y servicios que recogen datos. La economía de los datos es aún poco más que una promesa, de la que hasta ahora se benefician muy pocos actores (Facebook o Tuenti, Google, Foursquare, YouTube, etc.), y más por la fiebre inversora que por la cuenta de resultados. Al albor de esta promesa de negocio, eso sí, proliferan los corredores de datos dedicados al cruce de diferentes bases para aumentar el precio de venta de los perfiles generados a partir del cruce de información de actividad online y offline: los informes médicos, por ejemplo, pueden añadir mucho valor a un historial de búsqueda en Internet.
Hay empresas que ya exploran la posibilidad de convertirse en ‘brokers’ de datos de los ciudadanos
A algunos este escenario no les genera ninguna inquietud. Pagar con información propia abre también la puerta a la promesa de servicios personalizados y atención individualizada. Sin embargo, los corredores de datos no se limitan a cruzar detalles de lo que compramos, con quién interactuamos y qué nos gusta. Este comercio incluye también, y cada vez más, historiales médicos, datos fiscales y de renta o datos bancarios. El tipo de información que puede determinar si se nos concede un crédito, si se nos ofrece un seguro médico más o menos caro o si conseguimos un trabajo. De repente, el precio pagado con información personal emerge como algo totalmente desproporcionado e incontrolable.
Al aceptar nos convertirnos en el producto, pues conviene no olvidar que aceptamos también que se nos pueda acabar apartando del juego, escondidos o ignorados porque nuestro perfil no aporta la solvencia, salud u obediencia esperada.

 Una vida vigilada
Tecnología y dispositivos que producen o almacenan datos de nuestra actividad cotidiana
:
1/6/14. Videovigilancia: las imágenes pueden ser interceptadas.
2. Contadores de luz y termostatos: dan información de hábitos.
3 /4. Televisores inteligentes y consolas: incorporan cámaras y micrófonos.
5. Controles biométricos de entrada y salida.
7. Monitorización remota en el trabajo: capturas de pantalla del trabajador para medir la productividad.
8. Bases de datos personales: pueden contener datos fiscales y de salud de los clientes.
9. Sensores de conteo de personas: monitarizan el flujo de compradores y los tiempos de compra.
10. Tarjetas de fidelización: a cambio de descuentos, crean perfiles del comprador.
11. Ibeacons: envían ofertas a móviles cercanos.
12. Wifi gratuito: se puede ofrecer a cambio de acceso al perfil de Facebook.
13. Abonos de transporte público: tarjetas recargables que producen datos de desplazamientos.
14. Redes de bicicletas públicas: registro de trayectos.
15. Coches: hay sistemas para registrar las matrículas.
16. Telefonía móvil: permite geolocalizar.
17. Cámaras térmicas y sensores sonoros: miden flujo de peatones y niveles de ruido.
18. Mobiliario urbano que detecta presencia de peatones.
19. Sistemas de párking: el pago con tarjeta de plazas azules y verdes genera datos del usuario.

(*) Gemma Galdon Clavell, doctora en políticas públicas y directora de investigación en Eticas Research and Consulting.
Ilustración e información: Olga Subirós (CC BY-NC-ND-2.0)