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domingo, 21 de junio de 2020

EL VIENTO DE RUÍZ ZAFÓN

Del espesor de las estanterías
Luis Barragán

Apegados al formato convencional, hoy, el libro sabe de distintas versiones informáticas para recorrer las redes e interpelar al navegante que prefiere las aguas ligeras. El internauta promedio tiene, por lo general, una frágil embarcación y lo banal le es una carga más cómoda, con sus memes, humores de bajo cabotaje,  convertida la ridiculez en un visado hacia la popularidad.

Quizá sea la tendencia, el libro se dice desterrado del universo digital, aunque la lectura sea la inevitable herramienta empleada.  Paradójicamente, se lee, aunque es necesario llegar a mares anchos y profundos para descubrir que el libro es algo más que un fetiche.

Recientemente falleció Carlos Ruiz Zafón, autor de una saga extraordinaria en la que el protagonista es el libro. Incluso, puede decirse, sus textos  abonan a la feliz bibliosis que una ya remota vez descubrimos con Jorge Luis Borges y las vivencias de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, hasta llegar a Federico Vegas y una novela histórica que resultó la biografía del espesor de los estantes que conoció.

Cuando pocos conocían del autor, años atrás, desde la península ibérica, Trinidad Navarro, nos envió un título aparentemente fúnebre de Ruiz Zafón.  El cementerio de libros se hizo la sombra de un viento que nos prendió inmediatamente, cuya fuerza llega hasta estos días.

En tiempos de pandemia, fallece un autor que exhibe un puerto importante y confiable donde fondear nuestras naves deseosas de aguas más profundas. Despleguemos las velas, rompamos cabos y dejémoslo que nos lleve a la rica intimidad de las estanterías adecuadamente compatibles con las redes digitales.

Fotografía:
https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/carlos-ruiz-zafon-y-su-lado-secreto-como-musico-entre-sus-exitos-literarios-509142
22/06/2020:
http://guayoyoenletras.net/2020/06/21/del-espesor-las-estanterias/

domingo, 26 de noviembre de 2017

¿OLOR DE IMPRENTA?

De la bibliotéquesis necesaria
Luis Barragán

Muy antes de realizar el foro sobre el Esequibo en la sede de la Universidad Metropolitana, nuevamente nos dispusimos José Alberto Olivar y el suscrito, sin apremios, al recorrido comentado por  la biblioteca que nos faltaba, la “Ramón J. Velásquez”. Ambiente grato y seguro, tanto que había una mesa con una laptop y otras pertenencias personales de un usuario que muy bien sucumbiría en otra biblioteca pública, cada pasillo se hizo ocasión para alguna observación distraída, un dato para las manos que buscaban el  golpe de impresión, la anécdota recordada por el historiador que trató personalmente al historiador, alguna vicisitud del tribuno público y testigo excepcional que, probablemente, dejó un testimonio todavía inédito de su último  tránsito por el poder.

En condiciones que naturalmente no lograba garantizar en casa, más de dieciséis mil volúmenes sostienen a los anaqueles, desafiando la teoría física conocida, mientras otros diez mil encuentran bajo mayor cuidado en otros espacios alternos. A la entrada, una réplica del  despacho del coleccionista y, además, la gigantografía de varias de sus obras más conocidas, despejando el camino hacia el busto de quien presidió el país en circunstancias tan difíciles.

Bibliotecantes, los pasos parecieron interminables para el primer vistazo de los lomos partidos, pues, exposición relativamente nueva, el usuario no habrá manoseado todavía en demasía los volúmenes, como para adivinar cierto itinerario del lector fundamental que tuvo la colección. De hacer una comparación inicial, por los títulos, data y conservación, tenemos  la impresión de hallarnos frente a un bibliotecúmeno político, interesado en determinados temas y, por esencia un relacionista, se hizo un receptor y preservador de buena parte de las obras que le obsequiaron: en comparación, de recordar los otros recorridos comentados, se nos antoja que la “Pedro Grases” es entera y exclusivamente la del historiador también aficionado a la tauromaquia, mientras que la “Arturo Uslar Pietri” es, principalmente, la del enciclopedista que suscribía semanalmente sus artículos de  prensa y acumuló muchas horas de televisión.

Llama  la atención el interés por el tema militar y, además de un libro dedicado a la guerra electrónica de Mario de Arcángeles, evidentemente leído, está otro de Amos Perlmutter, uno de los  pocos en español que existen en Venezuela, comentó Olivar. Hubo un marcado interés por la Unión Soviética y la vieja edición rústica de Trotsky sobre la historia de la revolución, entre otras, se nota, mantuvo por buen tiempo la lámpara encendida.

De los tres ejemplares de  “La pasión de comprender”, uno está autobiografiado por Manuel Caballero con un gran afecto. Empero, “Sumario” de Federico Vegas,  la novela de la bibliofilia por excelencia, luce intacta en la estantería, desafiando al atrevido lector de los días que cursan.

Huelga comentar el interés del sumador de libros por la venezolana historia venezolana, la hecha en casa a la luz de cada noticia, aunque en la muestra pública e  inmediata,  el bibliotecótico no hallará todas las fuentes que inspiraron más al periodista que al político e historiador de jerarquizar su vocación, según nuestro modesto juicio.   Hallamos un particular interés por Francisco de Miranda, así no se encuentren a la vista todos los tomos de sus archivos, los que también supieron  de un extraordinario esfuerzo de comercialización más de medio siglo tras, emblematizando toda biblioteca doméstica, como tampoco se observan todas las colecciones hemerográficas que tensaron el nervio óptico del andino tan orgulloso de su patria chica.

Ciertamente, hoy,  los medios digitales ahorran demasiado espacio físico para el afanoso lector, como no ocurría antes para el llamado hombre público que, además, vivía y palpaba de cerca la crónica inestabilidad política que nos caracterizaba. A pesar de los problemas, los hubo con el heroico esfuerzo de defender un mínimo patrimonio bibliográfico, siendo de derecha o de izquierda, según la manida distinción topográfica, pues cultivaron la acción como el pensamiento en la Venezuela que reconstruyeron, cada uno a su modo.

Hubo bibliotecas caseras de uso y de mera exhibición, mas – en todo caso – un dirigente político no se entendía sin la reflexión organizada y refutable de un libro que lo afincara, por ágrafo que fuese el medio donde se desenvolvía. Además, ocurrió con Velásquez,  el tránsito por el poder, renaciente la democracia representativa en las postrimerías tempestuosas de los ’60 del ‘XX,  probó el interés no sólo de salvaguardar el patrimonio documental del Estado, sino el de publicarlo mediante el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores que, faltando poco, llegaba gratuitamente a nuestros hogares por la vía postal.

Afortunadamente, la Unimet alberga y protege la colección como no puede hacerlo institución alguna del Estado.  Además, abre sus puertas para todo biblioandante.

27/11/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/31411-bibliotequesis

lunes, 8 de febrero de 2016

PALEO-LÓGICOS Y NEO-LÓGICOS

Tres voces biblio-aficionadas
Luis Barragán


Quienes tenemos por modesto hábito  escribir, solemos intercambiar posteriores comentarios con los lectores que generosamente nos prestan atención, gracias a la facilidad y rapidez que permiten los medios digitales.

Uno de los correos recientemente recibidos,  suscrito por Xavier Querol, indaga sobre el significado de sendos términos que empleamos en un artículo relacionado con la novela “Sumario” de Federico Vegas, publicado por Letralia y Venezuela Analítica en 2010 (2), cuyo formato intentó el propio de una decisión forense. El remitente está trabajando un bibliodiccionario (3), importante iniciativa que ha de atraer a todo lectorante.

Por supuesto, no siendo especialistas en la materia, indagamos en Ángel Rosenblat y Alexis Márquez Rodríguez.  No obstante, descubrimos un viejo artículo de opinión, mediante el cual, con Luis Quiroga Torrealba (“Los neologismos y la lengua española”: El Nacional, Caracas, 15/02/1986), concluimos que los términos en cuestión resultan de la composición de otros, empleados en ámbitos diferentes, por lo que no incurrimos propiamente en el uso y, mucho menos, invención de los neologismos.

Las voces en cuestión, contextualizadas por lo que supusimos una sentencia interlocutoria respecto a la aludida novela, son “biblioquetética” (y no “biblioquenética”, referido por Querol), “bibliotecúmeno” y “bibliosis”, por lo además, utilizadas años atrás – si mal no recordamos – en textos publicados por el desaparecido diario caraqueño Economía Hoy. Bastará con relacionarlas con otros oficios, convertido en clave el sufijo respectivo, familiarizándonos respectivamente con el coleccionismo que cuenta con un origen y unas reglas;  la iniciación en una determinada fe o creencia, sabiéndose comprometido por la doctrina recibida; ; y las enfermedades crónicas, abiertas las puertas para considerar el debido tratamiento.

En consecuencia, por lo pronto, podemos considerar la “bibliotequética”, como la vocación y el propósito de coleccionar libros, versando sobre el origen, la administración y el desarrollo de la colección misma bajo determinados parámetros o normas que validan otros coleccionistas; “bibliotecúmeno”,  a quien se inicia en el culto a los libros, incluyendo sus secretos; y “bibliosis”, las enfermedades físicas y mentales contraídas por  la bibliofilia. La novela en cuestión las sugiere como una experiencia personal (no institucional o corporativa), pues, tratando de enfocarla desde la perspectiva de la historia y del derecho penal (trata de un magnicidio), nuestro veredicto – a la espera de otro definitivamente firme – no ha de soslayar el oficio mismo del coleccionista de libros, convertida la narración en una suerte de cartilla para los que se inician en el culto.

Quizá en otras obras relacionadas, por ejemplo, las de Carlos Ruíz Zafón, como “La sombra del viento” (2001), podamos identificar algunas de las acepciones o facetas aludidas, pero estamos seguros que “Sumario” de Federico Vegas (2010), trayendo las sonoridades al espíritu, lo hizo mejor, catapultándolas. Valga la coletilla, a Xavier Querol le tocará ensayar con la involuntaria expresión “biblioquenética”, suficientemente sugestiva.

(1)
http://lbarragan.blogspot.com/2010/12/interlocutoria.html?showComment=1454422791277#c7009485991727858884
(2) 
http://www.letralia.com/243/articulo08.htm
 http://www.analitica.com/va/arte/oya/3734405.asp
(3)
Biblioaprenent.wordpress.com

12/02/2016
http://letralia.com/articulos-y-reportajes/2016/02/12/tres-voces-biblioaficionadas/

Gráfica: http://www.indexdf.com.br/conheca-os-convidados-do-debate-de-17-de-dezembro/