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sábado, 20 de abril de 2019

EN CLAVE DE ESTOS TIEMPOS

Boris Vallejo
Jesús, superhéroe
Siul Nagarrab


Consabido, el pueblo judío esperaba al terranalísimo libertador, en clara correspondencia con el Dios de los Ejércitos. A pesar de las profecías, luego cumplidas, no imaginaban definitivamente que la túnica del mesías se rifara entre los soldados burlones que lo condujeron a la muerte.

La muerte misma, injusta y prematura, cruel y desmoralizante, supuso la cancelación del proyecto de salvación. El Viernes Santo, próximo pasado, el sacerdote reflexionaba sobre un hecho ineludible que, además, no ha de explicarse por un burdo fatalismo, pues, Jesús libre, pidiendo que lo apartara del sacrificio, finalmente aceptó hacer la voluntad del Padre.

Referido por San Pablo al escribirle a los corintios, lo plebeyo del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es.  El sujeto debilucho de una apartada latitud del imperio, luego de arrastrarla, humillado e injuriado, muere en la cruz: paso previo,  a ella nos remite la gloria de la Resurrección, en lugar del Jesús que caminaba sobre  las aguas, como lo reclamaba Antonio Machado.

La brutal noticia ha sabido de versiones más o menos atenuadas a lo largo del tiempo y, aún teñido del drama, el imaginario renacentista cuida muy bien el paisaje y sus protagonistas, distinguiendo también en otras escenas, en la perspectiva teológica de entonces, por la consabida corona de luz, a Jesús y sus fieles seguidores de inconfundibles rasgos europeos, y – como un tributo -  vistiéndolos con las más elegantes telas en espacios igualmente ostentosos. Siglos después,  siendo la Palabra y su testimonio de una fuerza extraordinaria, el cine intenta tal realismo,  con Pier Paolo Pasolini (“Il Vangelo secondo Matteo”, 1964) y Mel Gibson (“The Passion of the Christ”, 2004), caracterizado Jesús por una fragilidad física y pobreza material que lo hizo el menos sospechoso de todos, para vencer a la muerte.

Tony Lanza
Lugo, por estos años, en las versiones atribuidas a Tony Lanza o Boris Vallejo, Jesús – en clave de historieta – se descubre con una fuerza y dimensiones que le permiten salir del cautiverio de una cruz blindada para dejar constancia de una victoria que compartirá. Quebrará el vidrio o la madera al despertar,  ahorrado el sepulcro, en un rápido ataque de ira o en el momento de una caprichosa serenidad, luego de dejarse colgar esperando tan sólo  la oportunidad de aleccionarnos.

Jesús superhéroe, a tono con estos tiempos, es el físicoculturista o fisioculturista que, por muy pesado que fuere, es capaz de las ágiles maniobras y desplazamientos que las circunstancias impongan,  capaz de pensar y hacer la guerra, o enfrentar cualquier escaramuza, por vana que sea. No por casualidad, Spiderman, Supermán o Batman, quedan para afrontar a los delincuentes comunes, aun no siendo los muy apertrechados, creativos y malévolos, aparentemente desatentos a las lides o percances sentimentales: constituyendo por sí mismos un arma estratégica, cuyos superpoderes pudieran interesar al jefe de recursos humanos de la CIA, en el peor de los casos, no compiten con los artefactos atómicos, ni les interesa la complejidad de los juegos estratégicos que requieren más de un escritorio o tablero de ajedrez que del empleo de la fuerza física.

Boris Vallejo
El superhéroe en cuestión, clavado a la cruz, antes que molido por efectos de los rayos láser o afines, al hurgar las redes, tiene más de un Flex Wheeler o Jay Cutler que del modesto y, de compararlo, anémico Charles Atlas que hizo del músculo una rentable actividad pedagógica. De acuerdo al prototipo, no hay uña ni diente que, abultado, no se descubra sin un mínimo músculo que le dé la debida prestancia a las exacerbaciones, convertidas las fibras en una contra-repuesta a las obesidades cultivadas por Fernando Botero.

A muchos les parecerá ofensiva esta versión, pero debemos aceptar que igualmente está codificada en nuestra cultura occidental, objeto real de nuestras interrogantes, frente a los integrismos o fundamentalismos orientales en expansión que insisten en la barbarie. Interrogantes que llevan forzosamente a la reflexión teológica, una ventana inevitable.

Queda la lección de la extraordinaria fuerza y fortaleza espiritual del débil, del que no es nada y es capaz de anular lo que es, resucitando. ¡Felices Pascuas!

21/04/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34739-nagarrab-s-

martes, 16 de abril de 2019

CONMOCIÓN

Notre Dame petrolero
Siul Nagarrab


La conmoción universal llega a las redes digitales por el incendio de Notre Dame, incluyendo un mensaje del europarlamentario González Pons, quien refirió: “… Todos nos estamos quemando ahí, hasta lo que no saben que se queman”. Quizá pudo decir, a todos nos alarma la inmensa fogata, incluyendo a los que ignoran qué cosa devora.

Nos familiarizamos con la catedral, gracias a los textos escolares y, más adelante, la literatura que no pudo evadirla. Quizá las viejas y repetidas charlas televisivas de Arturo Uslar Pietri, consumado eurocentrista, por ejemplo, hizo demasiada aburrida alguna posterior oferta viajera en la que no aparecía expresamente señalada el Pigalle y sus promesas de diversión nocturna.

Hay quienes nos tildan dominicalmente de ociosos, pero esta vez realmente lo somos en un día de forzado asueto madurista al hacer una rápida encuesta telefónica entre diez amigos contemporáneos: de los cinco que alguna o varias veces conocieron a París, apenas uno se tomó una fotografía a las puertas de la catedral y otro, efectivamente, tuvo la fortuna de recorrerla interiormente. Lo curioso es que, precisamente, una de las personas que más golpes de pecho se ha dado ante la “irreparable pérdida de la iglesia de la ciudad luz”, como puso en las redes, y de las dos o tres veces que estuvo encaramada en la Torre Eiffel para la fotografía terriblemente acostumbrada, no se le ocurrió pisar Notre Dame y, menos hacer las largas colas para ver a la Monalisa o reflejarse en la pirámide de Pompidou.

Turismo petrolero aparte, esperemos al qué dirán las investigaciones del siniestro, aunque nos preguntamos sobre lo que podría ocurrir acá con alguna joya arquitectónica o un emporio de arte sobreviviente, ajenos a todas las previsiones y dispositivos que poseen los parisinos. Nos ha impresionado ver algunos hidrantes de emergencia dispensando el agua que la dictadura niega, pero también aquellos que están completamente secos a pesar de la vecindad con una escuela u hospital.

A esta hora no sé qué ha dicho, por ejemplo, Michel Houellebecq en torno a la tragedia, pero – de antemano – sabemos que los resortes de las diferencias religiosas, raciales, etc., están por dispararse. En verdad se trata – Notre Dame – de una gran obra de fe, con siglos a cuesta, y ojalá no haya un fanático sindicado que hizo lo que se negó hacer el propio Hitler: destruirla, aunque sea a medias.

16/04/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34717-nagarrab-s-
Fotografías: Philippe Wojazer (Reuters), Patrick Anidjar (AFP), y François Guillot (AFP).

lunes, 15 de abril de 2019

DEPORTE: EL DÉFICIT HISTORIOGRÁFICO

El deporte cultivado
Siul Nagarrab


La vieja prensa es toda una cantera para la reflexión,  aunque tratemos de un asunto que nunca fue secundario para el país, como ahora lo es por las razones ya consabidas.  Cada hecho deportivo y las opiniones que suscitaba, solía llegar  a la imprenta para garantizar el éxito de una edición y, a veces, al extremo de agotarla.

Por más indiferentes que fuésemos, con las excepciones de rigor, todos estuvimos familiarizados con los eventos, reporteros, jugadores  y columnistas que pisaban también los terrenos de la polémica, por más perezosos que nos dijeran.   Periódicos y revistas, dedicaban pequeños o grandes espacios que, incluso, tendían a especializarse en determinadas disciplinas del deporte, o en varias de sus detalladas facetas, con gran autoridad  hasta el punto de  competir – además – con entregas que, en su momento, marcaron sendos hitos, como el magazine “Sport Gráfico” o el diario “Meridiano”, dirigidos por Delio Amado León o Carlos González.

Pueden contarse por millones las imágenes de una hemerografía penosamente sobreviviente, siendo inimaginables las cifras de las que no fueron publicadas y quedaron atrapadas en los archivos, muchas de una extraordinaria factura ciertamente inimitables,  a pesar de los actuales avances tecnológicos.  E, incluso, hubo inspirados testimonios artísticos, como la ilustración vanguardista  de autor impreciso que aparece en la portada de un magazine de amplia popularidad (Élite, Caracas, nr. 373 del 05/11/1931): el rostro de un jugador negro (como los cantantes de jazz, diría Les Luthiers) de trazos extraordinarios.

Más allá de las estadísticas a las que se obliga cada renglón del deporte – valga la redundancia - disciplinado, sobre todo el profesional, hubo también una curiosa inquietud histórica que atrapó la atención de un público que no se resignaba al deleite pasajero. Por ejemplo, en una nota alusiva a la inauguración de un programa radial en Rumbos, por  1951,  donde coinciden en el estudio Alide Delgado, Felipe Serrano y Wolfgang Larrazábal, por entonces, director nacional de Deportes, se menciona la narración hecha en la noche de un encuentro beisbolístico entre Royals Criollos y Santa Marta, realizado en 1931 (El Universal, Caracas, 06/08/1951); u otro ejemplo, un semanario de la competencia, más tarde, recoge las incidencias de un juego estelarizado por Independencia y Centrales, en 1918 (Momento, Caracas, nr. 25 del 04/01/1957).

Quizá pueda decirse que hay béisbol, cuando existe una tradición cultivada con el infaltable testimonio histórico, como cualesquiera otros deportes. Nos queda, por cierto, la duda sobre el juego de 1931: ¿colocaron un elepé con el audio original, o reconstruyeron el juego, actualizando la publicidad?

14/04/2019:
 http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34704-nagarrab-s-

lunes, 8 de abril de 2019

BARRAS SIN ESTRELLAS

Abstemios anónimos
Siul Nagarrab


A falta de las drogas más duras y costosas, buena parte de la mendicidad no se entendía sin el licor. Por lo general, el más barato y dañino, corroboraba aquél viejo y cruel chiste del borrachito que resbalaba y caía, teniendo la botella en el bolsillo trasero: rogaba a Dios que fuese sangre lo que palpaba con sus temblorosas manos en las nalgas.

Hoy, el colapso humanitario ha barrido literalmente con una pobreza que se hizo tristemente célebre e impertinente en las calles. La cultura petrolera que nos hizo capaces de importar fabulosas  cantidades del mejor whisky, dilapidando millones de oportunidades en un festín que el mismo Chávez creyó inacabable,  tuvo su más acabada expresión en la miseria de la que muchos intentaban escapar a través de los peores bebedizos que agravaban las enfermedades padecidas, principalmente la del espíritu.

De los veinte años bajo el consabido régimen, en los últimos dos él  ha cumplido con una promesa de solución, pero al revés: matándolos previamente de hambre, desasistidos, abandonados y socialmente sentenciados, la persona etílicamente enferma ya no puede sostener algo más que una afición y un sedante. Todo aquel que, en los últimos tiempos, ha cumplido con un itinerario de rutina, puede fácilmente observar la minimización y desaparición de los borrachitos de la calle de cualesquiera edades que la poblaban en sus recovecos y, más de las veces pensamos, ni siquiera los desafortunados gozaron de un mínimo y aceptable sepelio.

A la forzada abstención de los más anónimos del lumpen-proletariado, ahora se suma la de  las clases mediasque no  pueden echarse el debido guamazo de antes,  evocando los que antes acostumbraba, incluso, mientras bajaba el endiablado tráfico automotor. Un derecho perfectamente constitucional a consumir cualquier bebida lícita, en la medida que no sea señal de una patología y haya con qué sostenerla, las barras no constituyen ya una referencia del hacinamiento nocturno, tratándose de los locales mejor cotizados gastronómicamente o de los llamados bares de la mala muerte que siempre tuvieron sus fanáticos, añadida la irresistible atracción por las famosas mesoneras aliadas a la penumbra.

Quedan sólo pocas alternativas y, una de ellas, descubrir una botella de muchos años de madurez entre los peroles de la casa o dar con el alma caritativa que nos obsequie con algunas respetables copas en una modesta fiesta doméstica.  Una opción, sobre todo para los muchachos, es la de apostar un carro con la maleta encervezada en la vía pública, aún a las puertas de un restaurant que pueda suministrar la catira, quizá teniendo la calle por extensión para los fumadores; mas,  una corneta de alto volumen y los peligros del hampa no prometen mucho;  u otra respuesta se encuentre en los negocios que, bajo cualquier modalidad, expresan al Narco-Estado, ya que, reducida la oferta, quebradas las antiguas y aplaudidas referencias, hay caña y buena comida sólo teniendo por delante la cartera abultada de dólares constantes y sonantes.

07/04/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34667-nagarrab-s-
Ilustración: Pedro León Zapata, El Nacional (Caracas, 11/06/1985).

jueves, 28 de marzo de 2019

UNA MIRADA DESACOSTUMBRADA

Arquitectura de prisión
Siul Nagarrab


Obligados, los venezolanos nos habituamos a vivir enrejados en casas y apartamentos. La más humilde ventana, añadida la sala de  baño, requiere de una máscara de hierro para evitar el escalamiento insólito de un decidido hampón, como ocurre también con la terraza que la supuso la más elemental previsión del ocupante al tratarse de un piso alto del edificio.

Décadas atrás, prosperó el negocio de las rejas en sus más variados formatos, por momentos competidas por  las puertas de seguridad y las múltiples barras secretas de un costo  enorme. Cualesquiera motivos y ornamentos, adquirida la pieza sin consultar al condominio, el enrejado derivó en un rompecabezas del gusto arbitrario en las comunidades residenciales que no pocos conflictos produjeron en calles cerradas, tratándose de las casas, o en elevados inmuebles de ocupantes que todavía se juran propietarios verticales y no horizontales.

Frecuentemente, como refiere el venezolanismo, el más avispado picaba adelante e imponía al resto un estilo que no tardaba en conseguir otras rivalidades al pasear la vista por la vereda, los balcones y pasillos. Después, pudiendo apreciarse desde que culminó el salvaje derribamiento de los portones con la masiva represión de 2017,  cualquier cosa que pueda soldarse es útil para la defensa de un hábitat de difícil mantenimiento, incluyendo la madera de antigua reputación, aunque algunos tuvieron tiempo de contratar sendas láminas de acero, como – bueno mencionarlo – los kiosqueros.

Testimonios, como el de una amiga cercana, muestra el riesgo de la más elemental reparación de los accesos al lugar donde – al menos – se duerme, pues, obra la presunción de un adineramiento imprevisto para ensayar algún hurto, asalto a mano armada o secuestro.  Atorada y rota la puerta metálica del garaje de una casa nada llamativa, heredada de padres laboriosos, incurrió en el error de ordenar una soldadura y tres manos de pintura a pagar poco a poco, pero estuvo asediada por quienes de un modo u otro, ajenos al sitio, tomaron nota de la novedad y procedieron para celebrar tan peculiar negocio que, por fortuna, frustró el convencimiento de unas cuentas bancarias raquíticas de la médico que ya ni automóvil propio tiene.

Por muy serializada que sea la Caracas de pequeñas, medianas o grandes torres, hay muestras de inmuebles de una grata y, a veces, muy elaborada arquitectura que las rejas, muros altos, alambradas eléctricas, ocultan. Muy pocos, se ofrecen tales como vinieron al mundo para asombrarnos por ángulos, espacios y materiales que tienen la  osadía de esculpir al viento.

Disculpándonos por una nueva alusión personal, tras varias décadas de visitar el estado Táchira, nunca se nos ocurrió aprovechar la oportunidad de visitar la otrora rumbosa, insegura y también horripilante ciudad colombiana de Cúcuta.  Lo hicimos hacia el 2013 para almorzar en un restaurante de extraordinaria cocina y nos sorprendió que el local tuviese grandes vidrieras y puertas desprovistas de rejas, como el resto de un vecindario con casas y edificios de útiles terrazas para airearse y asolearse despreocupadamente.

Estamos lejos de imaginar a las principales ciudades venezolanas, con inmuebles desprovistos del artefacto de seguridad. Sin dudas, ya condicionados por los muchos años de infortunios, al apreciar un modesto edificio de la vieja capital (El Universal, Caracas, 08/08/1953),  la impresión inicial es que está desnudo, pues, no pertenece al género indeseado de la arquitectura de prisión que significa toda una costumbre de la mirada empobrecida: una estética petrolera que es la del derrumbe, en contraste con otras latitudes orientales en las que el crudo  permite cotizar y muy bien a los más osados arquitectos,

Reproducción: El Universal, Caracas,08/08/1953.
31/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34628-nagarrab-s

miércoles, 27 de marzo de 2019

ADICCIÓN

Perfectos desconocidos
Siul Narragab


En una anterior ocasión, tocamos un tema que, por cotidiano, pasa inadvertido: el uso de las redes antes digitales que sociales, según el juicio de algunos expertos. Llamó la atención de algunos amables lectores y, por supuesto, uno de ellos  trajo a colación un hecho notorio, público y comunicacional: el móvil celular que distrae a los propios parlamentarios, mientras sesionan.
Todo un lugar común, es un problema universal el del aislamiento electrónico, pues, los audífonos y la aplicación favorita (WhatsApp llevando la delantera, entre las más variadas aplicaciones que van especializándose), nos tienen a todos muy juntos, pero  nunca revueltos. Cualquiera puede dar testimonio de lo que ocurre en la calle (mientras se pueda), en la oficina (cuando el jefe lo permite) y en el mismísimo hogar (sin que nadie tenga autoridad moral de contar con el dinero para adquirir un equipo).
Sobre todo, en el presente año, no hay sesión de la Asamblea Nacional en la que, al menos, muy visiblemente, los oradores explayen sus mejores o peores argumentos, al mismo tiempo que los directivos de la corporación están ensimismados en sus pantallas portátiles. Se dirá de excepciones, dependiendo de la prestancia del discursante de turno, o de un recurso de descanso y recreación por las varias horas  de obligada perorata, pero lo cierto e irrefutable es que, en el pódium, a la vista de todo el mundo, consumen horas de una comunicación privada que nos permite a una rara presunción: siguen la sesión misma a través de las redes.
 La cuestión está en que las más avanzadas tecnologías, por el uso abusivo  tratándose aún de una deliberación in situ, con personas de carne y hueso al frente, nos convierte mutuamente en extraños, alertando el sentido de la vista y del auditivo, con pérdida  del tacto, gusto y olfato. Viene a nuestra memoria una célebre película de Alex de la Iglesia, “Perfectos desconocidos” (2017), adaptación de “Perfetti sconosciuti” de Paolo Genovese (2016), en la que varias parejas juegan a compartir la cena con sus móviles delatores, importándoles un bledo la degustación y el momento.
Nada casual, la data de todo celular resulta una espectacular promesa para todo hampón profesional y, además, cualquier policía de buenas o malas intenciones. En el perolito electrónico solemos depositar nuestros más recónditas relaciones secretas y habrá quien lleva un diario íntimo en él, creyéndose protegido por la suerte de unas claves que cuentan con límites matemáticos que los expertos pueden violentar.

24/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/tech/34587-narragab-s

domingo, 17 de marzo de 2019

TECLAS

De la existencia digital
Siul Nagarrab


Precursoramente, Giovanni Sartori versó sobre la videopolítica. Asociada a  la lumpen-intelligencija y al homo insipiens, dijo de una poderosa simplificación de contenidos y conductas por la sobreimposición de las imágenes frente al uso de la razón confiable y compartida.
La intensidad emocional del instante, es reemplazada por otro tanto o más explosivo, en una sucesión que banaliza aún las más severas realidades. Útil en muchas facetas, las redes sociales, favorecidas unas más que otras,  parecen más una creación de los psicólogos clínicos y sociales, por la exacta radiografía del momento, que por los periodistas que pugnan por profesionalizarlas exclusivamente.
El dirigente político las sabe una magnífica herramienta,   comprobado por quienes – muy pocos, como María Corina Machado y Leopoldo López -  hacia 2014 convocaron las grandes movilizaciones ciudadanas mediante la telegrafía digital.  Hoy, todavía más, en la era de la represión, la (auto) censura y el bloqueo informativo, no se entiende el oficio de lo público, sin el diestro perolito electrínico.
Un caso de estudio puede ser el de  las cuentas públicas del diputado Juan Guaidó y, particularmente, la del Twitter que para el 5 de enero de 2019, alcanzaba alrededor de cien mil seguidores y, ahora, tiene poco más de un millón.  Al respecto, por una parte, muy conocido en la acera opositora, a pesar de los cien mil, era un desconocido para el país (imagínense los que no pasan de tres dígitos de seguidores, aunque sean dirigentes de una irrefutable – mediana o alta – influencia); por la otra, explicación que podrán dispensarnos los expertos, por mucha publicidad nacional e internacional que tenga, como justificada pertinencia, aún está en la franja del millón y tanto de seguidores, lo que avisa de un crecimiento – si se quiere, lento – siendo noticia viva y continua; y, finalmente, el segmento de las celebridades o notoriedades, ya ineludibles, como los hay, cuenta con más de tres o cinco millones de seguidores, convertida la cuenta en un patrimonio de valor inconmensurable, construidas en varios años, por lo general, a punta de Tweeds y de un aparato genial para las redes (por cierto, todo jefe de Estado o Gobierno, aquí y allá, tiene por inicial garantía ese aparato exponencialmente multiplicado).
El uso de las más populares redes sociales tiene sus bemoles, sobre todo cuando ya no son absolutamente personales y familiares. De tener responsabilidades o proyecciones  públicas, sociales, gremiales y políticas, o privadas de naturaleza gerencial y afines,  obran tres circunstancias: hay que medir lo que se dice o escribe, asesorarse profesionalmente o contratar a un operador, e intentar una estrategia de crecimiento, pues, por mucha influencia que se tenga o diga tener, siendo justo o injusto el baremo, el número de seguidores luce decisivo: crucial en el Twitter de las clases medias, ya no tanto para el Facebook socialmente más democrático, cobrando importancia para el Instagram que busca una identidad entre los venezolanos.
Muy probablemente, el Facebook capitalizará más seguidores en la medida que se escriba largo y tendido, con fotografías y videos cadenciosos u otras florituras que las urgencias del Twitter no consienten. Ésta red social que parece algo así como la patria de los aforismos y las greguerías, géneros de diferencias sutiles, definitivamente la es del motivo gráfico y de los videos sensacionalistas: un flyer bien diseñado y contrastante, o un video en plena acción, son de largo más decisivos para atraer la atención y capturar a un seguidor que la mayéutica, paciente, razonable y serena.
Prisioneros del instante,  lo galopamos en las redes socales que se confunden con la propia existencia. Diríamos, hay un existencialismo digital que pone en duda la autenticidad, un dato esencial de la escuela, imposibilitados del seguimiento a nosotros mismos, harto diferente al templo narcisista del número de nuestros seguidores.

Fotografía: Pieza de Chema Madoz.
17/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/34557-nagarrab-s

viernes, 5 de octubre de 2018

VARIAS CUERDAS

El timbre de los sesenta
Siul Nagarrab 
 

Década mítica del XX, se hizo de todas las innovaciones musicales, académicas y populares, que por  entonces se conocían.

La industria discográfica experimentó un extraordinario impulso, como la radial, y, al transnacionalizarse, se le acercó un poco más, por su influencia y ganancias, al modelo: no otro que el de las empresas petroleras.

La clave  estuvo  en el empleo de un instrumento que tuvo la fortuna de conseguir un género, como el  rock and roll, y llevarlo a horizontes inescrutables que, quizá por ironía, llegan al gesto jazzístico más consumado. Un timbre particularísimo que supo de hábiles manos y hasta de una excelente y bien entrenada coreografía, desde los pasos sencillos de Chuck Berry hasta las temeridades de Pete Townshend, por cierto, muy pocas veces enredados con el cableado.

La guitarra eléctrica, le dio la novedad y estridencia que necesitaba el ritmo, aún en sus instantes más serenos, dejando atrás el saxo, el piano, el órgano o el sintetizador resignados a complementarla. El golpe oportuno y diestro de la batería, le dio una mayor identidad, a pesar del indispensable registro del bajo eléctrico de un anonimato tan injusto.

Por supuesto, están las excepciones de rigor, añadidas las voces infaltables de una hazaña también publicitaria que explicó la emergencia de bandas innovadoras, pero – igualmente – la prolongada vigencia de mediocres expresiones, por ejemplo, en el ámbito anglosajón, como hemos descubierto, con los años. Por ello, la esencia del rock es el rif de una audaz guitarra eléctrica que, inadvertidamente,  nos lleva a valorar y reivindicar la espléndida armonía de piezas clásicas de la academia y del jazz, sin que signifique la pérdida del gusto y, a lo mejor, hábito que tenemos por el rock de los setenta, la época culminante.

Recientemente, tuvimos ocasión de escuchar algo de Paul McCartney y su Estación de Egipto, sin acceder – en la Venezuela aislada – a la versión original que, se supone, trata de recobrar la vieja e inolvidable prestancia del elepé.  Y estamos atentos, aunque llegue muy tarde a estas playas, las sesiones faltantes, un día  traspapeladas, del Album Blanco de Los Beatles, a quienes reconocemos sus portes, así se nos antoje a ratos muy monótonos, sin las más espontáneas y sencillas transgresiones en las, por otros ratos, incurrieron Los Who, nada casual, gracias a Townshend y sus cuerdas que, como Page y Plantt, calzaba muy bien con la garganta de Roger Daltrey.

Convengamos, por muy electrónica que sea la guitarra y los restantes instrumentos de hoy, sumado a la alta tecnología de los estudios de grabación que convierten en gracia lo que fue una morisqueta, todavía la guitarra eléctrica no ha recibido el justo reconocimiento que merece, como eje insustituible del rock.  Alvin Lee puede dar cuenta de ello, como posiblemente no lo hagan Jimmy Hendrix o Eric Clapton, pues, orquestables, hicieron rock en la medida que, poco o mucho, lo respaldara la banda, mientras aquél perfectamente podía entenderse sin el Ten Years After.

Al momento de suscribir estas líneas, nos enteramos de la reactivación en Chacao del Festival de las Nuevas Bandas. Ojalá, sea exitoso, mientras tanto intentamos imaginar a Alirio Díaz, Narciso Yépes, Rodrigo Riera o a John Williams, ejecutando una guitarra eléctrica.

07/10/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33624-nagarrab-s
Ilustración: Yanel Sánchez.

domingo, 30 de septiembre de 2018

TRAMPOSO ZAPATERO A LA CIUDADANÍA

Sobre la libertad de recreación
Siul Nagarrab


El límite para la libertad en el uso y disfrute de los espacios públicos, convengamos, tiene por límite la libertad de los otros para su uso y disfrute. Excepto incurramos en faltas y delitos contemplados en el ordenamiento jurídico vigente, cada quien puede hacer lo que le venga en gana con la calle.

El caso viene a colación, por una tarde de curiosidad sabatina en la Plaza de  La Candelaria que, por cierto, no transitábamos desde  hace muchísimo tiempo. Es que era otro, en el que degustábamos y libábamos con una aceptable seguridad personal, en sus inmediaciones, demasiado distante hoy del referente gastronómico que alguna vez fue.

Varios agentes policiales repentinamente recorrieron la plaza y le ordenaron a los jugadores de dominó, cesar en su inocente afición. Inocente, porque casi todos eran de la llamada tercera edad y no se veía apuesta pública alguna, asociada con una alteración o alboroto del orden público.

Semanas más tarde, por curiosidad y también añoranza, nos fuimos a recorrer la dominical Plaza Madariaga de El Paraíso y observamos a algunas personas, con mesas portátiles y refrigerios, con sus piedras de dominó. Valga acotar, aunque poco importa para la nota, un venezolanísimo juego que detestamos, nos da pereza o fastidio, presto a eludirlo en cualquier encuentro – casero o no – de amigos.

Los policías de La Candelaria, nunca dieron explicación alguna sobre la orden impartida, absolutamente contraria a la libertad o legítima libertad de recreación de los viejitos tan temerosos que únicamente se conformaron con recoger sus cosas e irse, contando sus pasos.  Si fuese problema el de una plaza convertida en garito, en centro de apuestas ilegales, sitio de perdiciones, en lugar de pesquisar, detener y disciplinar a los infractores, les resulta más fácil la arbitraria decisión que afecta a todo el mundo, algo inmoral porque pagan los justos por pecadores: igual, me llenan de alcabalas la ciudad, obstaculizando mi derecho a transitarla confiadamente, pues, negocio aparte, es más cómodo y fácil que inteligenciar sobre el paradero de los delincuentes y capturarlos.

Fotografías: Tomadas de la red, piezas de dominó de Daniel Martinez, Reneé Petropoulis y Roger White. Edificio de servicios municipales, lado oeste de Broad,  entre Arch y JFK, Filadelfia (EE.UU.).
30/09/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33569-nagarrab-s

sábado, 22 de septiembre de 2018

UNA PARTICULAR RADIO EMISORA

Dial Vzlasinfonica
Siul Nagarrab



Presente en otras redes, ya me acostumbré a sintonizar por instantes la cuenta @Vzlasinfonica en Instagram.  Entre los miles de motivos, personales, familiares y políticos de las personas que tengo en mi lista de amigos, sobresale esa bocanada de oxígeno musical.

Unas veces, el rigor de la música académica y, otras, los resplandores de la música popular. No suele extenderse mucho la muestra, pero es suficiente para deleitar el rato de un chequeo del móvil celular y, tomando nota, llegar a casa, chequear con calma el correo y ubicar al artista sugerido para escucharlo completo antes de dormir.

Directores y compositores venezolanos, alternan con los internacionalmente conocidos. De la interpretación sinfónica de una mañana, puede pasar a un estribillo jazzístico más tarde, como ocurre con un pasaje folklórico o una ochentosa melodía pop (la década se nota en los bytes).

Nombres conocidos y desconocidos, niños y muchachos, adultos o muy  adultos, destacan.  Nos enteramos un exitoso joven venezolano que empuña la batuta en Australia, despliega el arco más allá o más acá, familiarizándonos con el nombre.

Esta cuenta en particular, se nos antoja parecida a un día de la AM o FM de antes, con sus muy sobrios espacios programados por la Radio Nacional o la Emisora Cultural de Caracas. ¿Cuántas veces no pasábamos a retirar por Don Disco, el folleto de la 97.7 FM que ofrecía estrictamente de todo, como Vzlasinfonica?

 Luego, no todo fue malo y tan malo en la Venezuela petrolera. Y no todo lo será en la que nos espera, confiando en las nuevas generaciones de artistas que, con toda certeza, sabrán expresar estos tiempos aciagos y responder por los otros que históricamente esperan.

Por mucho que trabajemos y busquemos trabajo, resultan indispensables los momentos de recreación. Digo, he inventado los propios, porque ya la televisión aburre, por satelital que fuese, aunque está en veremos el asuntico de las tarifas, y apelamos a las redes, cuando hay señal.

Una vez, hice caso de la recomendación de Andrés Levell, compositor venezolano que me impresionó, ratificando esa impresión al chequear los videos disponibles a cielo abierto. Otra vez, me causó gracia esa ochentosa recomendación y, exclusiva respuesta de la que nunca se enteraron los cuentadantes de la emisora instragramiana, derivé en el rock británico de los setenta para reivindicar a Los Who, indagar la etapa en la que se hicieron transgresores, frente a las veleidades de Los Beatles o de Los Rolling Stones.

Una cuenta internetiana que, sin ser emisora radial, hace sus veces. Una programación que, a lo sumo, se despliega en un minuto, pero marca las pautas para la personal recreación nocturna.

Reproducción:  Fotografía de Edgar Anzola, “Caracas 1939”. Revista Nacional de Cultura, Caracas, nr. 3 de enero de 1939.

23/09/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33518-nagarrab-s

domingo, 16 de septiembre de 2018

DESCORCHE

Breve tributo a la botella
Siul Nagarrab


Medio siglo atrás, vilipendiado el vidrio, ya era común que los envases y pitillos fuesen de un elaborado papel que forzaba al rápido consumo de sus contenidos. Luego, parecía lógico que el país petrolero hiciese milagros con el plástico, aunque – valga la paradoja – las mejores marcas eran importadas.

Antes de la primera bonanza petrolera, la botella de vidrio libró una titánica lucha frente a la de hojalata, tardando en exhibir una pestaña para abrirla con comodidad y mucho más para su conversión en plástico transparente. Tras la última bonanza de estos años, falta poco para que no se consiga una botella del diseño geométrico que fuese, de vidrio, ni de plástico, anime u hojalata, perdida además toda noción de lo desechable.

La botella de vidrio aún parece de regreso, excepto en algunos rubros como el de los grandes envases de agua mineral.   Forzado regreso, por toda la consabida crisis, le es reconocida universalmente la bondad de preservar mejor los licores y las salsas, ya ignorada localmente su asociación con las legendarias marcas de refrescos y cervezas, incluso, nacionales, de una enorme popularidad mucho tiempo ha.

Posiblemente, son numerosos los jóvenes, avispados por el video-juego, que no han visto personalmente un pleito zanjado por una botella apretada en la garganta y, partida, dispuesta con sus filos homicidas; o, escaseando el alcohol, tampoco al borrachito que se cae, con la carterita en el bolsillo trasero, rogando que sea sangre y no licor lo palpado por sus manos. Saben del botellazo  de  advertencia, lanzado desde la ventana más anónima de todas, deseando acabar con una conversación callejera que no deja dormir a los vecinos en horas de la madrugada; o, por supuesto, de la molotov con la que pintan cualquier tanqueta de sus rabias.

Probablemente, son muchos los que recuerdan con agradecida nostalgia, las jamás bien ponderadas chapitas, beisboleándolas al empuñar un palo de escoba como bate; o, arrepentidos, aquella botellita giratoria de la adolescente lascivia, pues, desde entonces, el instante de sulfuración devenido embarazo, castigó a dos personas porel resto de sus vidas.  Pero los tiempos han cambiado: ya no hay carros embotellados y Aladino hace mucho que se fue del país.

Fotografía: Detalle de una colección doméstica de Luis Buttó (2018).
16/09/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33477-nagarrab-s

martes, 11 de septiembre de 2018

VICISITUDES DEL ESTADO DE SITIO

Colgadura
Siul Nagarrab


Por algunas décadas, en un edificio próximo a la caraqueñísima esquina de Gradillas, funcionó la biblioteca de la Fundación de los Tribunales, bajo el nombre de Juan José Rojas Astudillos. La pequeña sala de lectura, sobre todo por las pesadas sillas rotatorias de noble madera que le daban el marcado acento de mediados del siglo pasado a un ambiente que, por cierto, respiramos en  las novelas iniciales de Salvador Garmendia, convocaba a los profesionales, estudiantes y curiosos del derecho.

La colección que, entendemos, hoy está custodiada por una importante universidad, incluyó una jurisprudencia a veces centenaria, expuesta   a la pantalla de una fotocopiadora que, no faltaba más, sufría de recurrentes fallas mecánicas. Por entonces, las normas de preservación del patrimonio documental no gozaban de la universalidad de la que supimos posteriormente, esta vez, conscientes de la violación.

Más allá de la añoranza, el asunto viene a colación por una de las efímeras polémicas que caracterizan a las redes sociales. Larga y tendida, inquirían – esta vez - sobre la universidad y, particularmente, la Universidad Central de Venezuela, como cuna del llamado chavismo.

Sintiendo importante el debate, al menos, halando la punta del hilo de otro superior, se diluyó entre los acostumbrados estereotipos y sandeces. Lo curioso es que tuvo una mayor fuerza y terquedad que otros problemas planteados con menor suerte y audiencia, como es el caso de las tablas salariales del profesorado o el destino mismo de la universidad en un país sometido a los más elementales afanes de supervivencia. 

Así como todo adolescente ha cursado en este país la materia, por largos cinco años, sin ni siquiera finalmente leer en inglés, una de las carreras históricamente de mayor demanda ha sido la del derecho, paradójicamente huérfanos de un innovador pensamiento jurídico. Esto no significa que carezcamos enteramente de una reflexión normativista de interés y novedad, pero lo cierto es, interpelando a la universidad venezolana, convengamos en tres circunstancias.

Digamos, por una parte,  el gigantesco número de abogados que ostentamos en Venezuela, por cierto, sin que  metan miedo a nadie, como ocurría muy antes, no guarda correspondencia con la cantidad de artículos académicos, libros de cierta rigurosidad u otros textos alusivos a una materia de tan diversos y complejos ámbitos; por otra, generalmente provisorios, a buena parte de los jueces el litigante debe demostrarle que no sabe nada para intentar una comprensión, aquiescencia y facilidades que ayuden a resolver los casos; y, luego,  reducido el oficio a las taquillas, simplificados muchos procedimientos a través de los portales digitales que no requieren de visado, la competencia entre gestores se ha hecho banal. Empero, obra una más poderosa circunstancia a  la que la universidad venezolana, como un todo, tarda en asumir: la del atípico socialismo que nos muele.

Consabido, no hay Estado de Derecho, por lo que en el campo del derecho público, antes abonado por insignes autores, es poco lo que puede hacerse; y el del derecho privado, el que una vez recibió  el empuje de las grandes y medianas inversiones extranjeras que lo dinamizaron, relegando tan injustamente el derecho agrario, hoy  prácticamente es inexistente, por poca o mucha interconectividad que haya, pues, la revolución digital de los contratos, del delito o de la manipulación de la ata personal, constituye una lejana curiosidad que se da en países de un franco desarrollo tecnológico. Y es que así, entendemos, como ha disminuido dramáticamente el número de litigios civiles y mercantiles, añadidos los laborales y hasta del tránsito automotor, siendo preferible el arreglo extrajudicial o una infinita postergación, acotemos, muchísimo menos hay la exigencia de un mínimo y actualizado pensamiento jurídico.

Difícilmente, con un deficitario presupuesto, bajísimos salarios y plaga de la deserción  docente y estudiantil, la universidad poco puede aportar, excepto el patrimonio bibliográfico del que dispone, enfermo de anacronismos y también de las condiciones necesarias para preservarlo. Además, bibliotecas especializadas, como la Rojas Astudillos, ubicadas en una calle cualquiera de la ciudad, constituyen una rareza del pasado.

Finalmente, todo dependerá del cambio de régimen, pues, el presente, carece de toda regla para dirimir pacífica y razonablemente las diferencias en el ámbito político, por lo que obviamente ha de reflejarse en el jurídico. Nada difícil deducir, nada extraña que la regla sea la de una irreflexión en ambas disciplinas, pues, todavía estamos colgados de convicciones y supuestos anacrónicos.

09/09/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33439-nagarrab-s

lunes, 3 de septiembre de 2018

PUNTOS E ÍES

De la otra revolución industrial
Siul Narragab


Importa volver al asunto para atajar cualquier versión flácida y complaciente que, deseándose optimista, conducirá inexorablemente al desencanto. El consumo cultural en Venezuela es miserable y, particularmente, el musical, ajeno a la otra revolución industrial que ya busca distintos horizontes en el resto del mundo, mientras lidiamos, en dictadura, con la vieja y selectiva trova protestataria que anima, exhausta, los mítines oficialista y estorba el desenvolvimiento – acotemos, atormentado -  de los usuarios del metro de Caracas que, indiferentes, pugnan por entrar y salir airosos de sus atapuzados vagones, predispuestos ante la violencia creciente que anega sus andenes en las horas más difíciles.

Trova, por cierto, reducida a Alí Primera, el emblemático cantautor de las décadas más remotas y significativamente post-insurreccionales, incómodas ante el debate de una derrota que, a la postre, supo esquivar en los rieles del mesianismo militar, toda una apuesta al abrirse el presente siglo. Tuvo razón Luis Beltrán Acosta al aseverar que el mercado no podía eludir, esta vez, al poeta falconiano (“La socio-política en el canto de Alí Primera”, Suplemento Cultural de Últimas Noticias, Caracas, 04/08/1985), aunque subraya  la circunstancia de un mestizo de familia humilde que se hizo competitivo frente a los artistas de moda, como Sandro o Raphael, revelando una curiosa perspectiva de análisis.

Permítannos la digresión, una pieza musical de mediados de los ’70 del ‘XX, como la de Gloria Martín (https://www.youtube.com/watch?v=JCns3KRys5E), tiene una extraordinaria vigencia actual, pero jamás la radiarán en los medios públicos y masivos de transporte, ya que obedeció al remoto y militante período de agitación política que no cabe para el ejercicio real del poder, por lo demás inescrupuloso. Quizá buena parte de los cantautores de entonces, están o estuvieron integrados a la nómina de la administración pública e, interesadamente silentes,  contribuyen al obvio descrédito moral de la tal revolución en marcha.

Ahora bien, principiando 2010, en el marco del Estudio sobre la Pobreza en Venezuela, adelantado por la UCAB (https://es.scribd.com/presentation/28464224/Informe-Estudio-Consumo-Cultural-2010), los indicadores de consumo cultural revelaron el predominio, por ejemplo, del merengue, la salsa y el vallenato, por encima de otros géneros, ocupando la duodécima posición la llamada música clásica, siendo extremadamente baja la afición por el jazz, aunque paradójica y relativamente alta lució la asistencia a conciertos de música académica. Sentimos que, ahora,  no hay una mayor variación en el gusto masivo, e, incluso, disminuyendo dramáticamente la programación y existencia misma de las emisoras radiales de carácter comercial, o la realización regular de conciertos de todo tipo, han empeorado  las condiciones para el género académico, desactualizados los demás. De hecho, nos ha obligado a recurrir a las redes sociales, hacer caso de sus promociones y, en un cruce con las mejores secciones culturales de la prensa extranjera, acercarnos a las novedades del momento, si es que abren para el circuito digital venezolano.

Quizá está demás observar, no hay artistas foráneos de una gran cotización, ni siquiera baja o mediana, que ose presentarse en Venezuela, ni empresario del espectáculo en pie que se atreva a un mercado prácticamente quebrado, excepto los muy ya ocasionales festivales promovidos por el régimen que monopoliza las divisas, en su afán de obsequiar una distracción a las masas depauperadas que, a la vez, hace rentable el gesto populista. El Poliedro, otrora coso para una variedad de eventos populares, a guisa de ilustración, es un recuerdo ajeno a las actuales generaciones, y salvo que se trate de la privadísima fiesta de algún prohombre del gobierno, de la que tarde o temprano se sabrá, ya escasea o no tenemos  un hotel, una taberna o una taguara de oportunidad que nos deleite con una voz exteriorana e interiorana de renombre o sin-nombre.

Fallecida en días recientes, hay quienes se asombran que Aretha Franklin, como Tom Jones o Charles Aznavour, visitara a Caracas y la presentara también en televisión un productor independiente, como Renny Ottolina. O que Andrés Segovia, Ígor Stravinski o Zubin Mehta, anduviesen por nuestras calles.

Para mayor ironía, el país del exitoso Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juvenil, no revela inclinación  generalizada alguna por la música académica, apenas muy tenue en los familiares y relacionados de los aprendices instrumentales que los animan.  Pocos tienen la ocasión de descubrir la majestuosidad del riguroso género, cuando antes lo lograban con la Radio Nacional de una muy sobria programación, la Emisora Cultural de Caracas que ofrecía estrictamente de todo, la Sala Ríos Reyna que presentaba a ejecutantes nacionales e internacionales a muy bajo costo, apremiados por el estribillo musical de las cuñas publicitarias que sacaban provecho de un repertorio que flotaba en el ambiente.

La cuenta de VZLASINFONICA en Instagram, suele informarnos de las reducidas actividades que se realizan y, citando la fuente, informa que ochenta músicos venezolanos crearon una orquesta en Buenos Aires (https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/violin-batuta-mochila_0_ByK-DGDDQ.html), lo cual nos da una idea de la exportación de brillantes ejecutantes, como directores y hasta gerentes, que formamos durante largos años y no encuentran cabida acá, bajo una dictadura de distracción.  ¿Para qué indagar en torno a la antes legendaria Orquesta Sinfónica de Venezuela, o la Municipal de Caracas que tiene una batuta insigne, como la de  Rodolfo Saglimbeni?

Con o sin Círculo Musical, una empresa meritoria de principios de los sesenta, estuvimos familiarizados con el nombre de los grandes compositores. Venezolanos como Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Evencio Castellano o Inocente Carreño, eran parte de nuestra cotidianidad, así nos durmiese su música, o era muy normal leer las crónicas de Israel Peña, Luis Felipe Ramón y Rivera, Eduardo Lira Espejo o Rházes Hernández López, en la diaria prensa que supo de numerosas especialidades temáticas.

Ya eso no lo hay y nos agarramos estéticamente de lo que el Estado tiene a bien dispensarnos, muy de vez en cuando, teniendo en jaque – por ejemplo – las obras plásticas acumuladas por más de tres siglos, cuyo destino inspiró el ministro celestial de apellido Farruco. Lejos quedan los encuentros de las bandas de rock a lo Félix Allueva, por citar un nombre de los que arriesgaban una inversión que actualizaba el ámbito, porque son las camarillas del poder, algunas muy exquisitas, valga acotar, las que pueden dejar caer los bienes y servicios culturales de la insólita mesa de sus apetencias hollywoodenses, pues, la travesía de Chávez Frías por Cannes nos avisó de las inauditas veleidades petroleras que llevan por dentro.

Un Estado que, disparador y disparatador de leyes y reglamentos, condensa la cultura en un hecho burocrático, permitiéndose promover a pintores de brocha gorda, escenificar un Pájaro Guarandol de un radical costumbrismo escolar y urbano, o cualesquiera otras actividades que sean lo más baratas posible, aunque arroje dividendos indecibles por obra de un presupuesto ejecutado, mas desconocido (Juan Liscano y el festival del folklore de los ’40, se agiganta cada vez más). Que existan manifestaciones genuinas manifestaciones culturales, particularmente las musicales, se debe a la inquietud y al esfuerzo heroico de una ciudadanía que se resiste, en medio de las miserias del espíritu dominante, el de la dictadura.

La materia no es nada baladí, en las actuales circunstancias y constituye todo un desafío a la dirigencia que tiene por hábito su propio ombligo, pues, “los estadistas tienen, en los bienes culturales y en los procesos creadores, no solo valiosos objetos a apoyar y promover sino también, en su condición de líderes sociales, una materia de estudio pendiente para entender y cumplir mejor con las funciones esenciales de su propio liderazgo”, como señaló María Elena Ramos (“La cultura bajo acoso”, Artesano Editores, Caracas, 2012: 39).  La revolución industrial de estos tiempos (llamada naranja), llegará con la transición democrática a Venezuela, en el campo musical y también en las artes escénicas, la plástica, la gastronomía, la digital, etc.
 
Reproducción: "En la residencia del crítico musical Eduardo Lira Espejo se reunieron el jueves de la semana pasada, los más destacados personajes del  mundo musical venezolano con el fin de festejar los sesenta años de edad del Ilustre Maestro Vicente Emilio Sojo. Al lado de sus discípulos, hoy Maestros, de sus actuales alumnos, de escritores y periodistas expresaron a Sojo sus sentimientos de admiración y simpatía". Élite, Caracas, nr. 1578 del 31/12/1955.

02/09/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33401-nagarrab-s


 Luis Beltrán Acosta. "La socio-política en el canto de Alí Primera". Últimas Noticias, Caracas, 04/08/1985. Suplemento Cultural.

miércoles, 29 de agosto de 2018

COSAS DE LAS REDES SOCIALES

(Pre) bernsteinianos
Siul  Nagarrab


El día 25 de los corrientes, el mundo celebró el centenario del nacimiento de un gran director y también compositor estadounidense: Leonard Bernstein. Empuñaba la batuta sintiendo profunda y casi caribeñamente el ritmo, con los gestos apasionados que les fueron tan característicos, así como hoy Valery Gergiev es reconocido por un juego coreográfico y Esa Pekka Salonen por el decidido trazo de sus énfasis ante la orquesta conducida por el espíritu de Marcel Marceau.

Oportuno centenario que, en este lado del mundo, nos impone sobre el ya generalizado desconocimiento de la música académica.  Nos invade una cierta consternación al observar a los muchachos, apretados en el transporte público, arriesgando su propia seguridad personal, enfundados en un par de audífonos de extraordinario volumen, habituados a la pobreza inaudita de la música de moda, atrapados en una relación de concentración e intimidad que, muy probablemente, no sabrá jamás de las riquezas genuinas del barroco, clásico, neoclásico, moderno y contemporáneo, o de la salsa brava, jazz, rock, folklore o de otros géneros de una imaginación que, simplemente, no imaginan.

Además de los estrictamente inherentes a su profesión, Bernstein tuvo el inmenso mérito del incansable divulgador que supo emplear los medios, particularmente la televisión, para enseñar – sobre todo a los jóvenes – los secretos de la música. En las redes sociales, incluso, dobladas al español, encontraremos los ya viejos programas de una paciente y amena pedagogía de la que hay un estupendo testimonio bibliográfico, por su contenido, diseño y diagramación, bajo el sello de la editorial Siruela.

Valga acotar, parecido esfuerzo hizo en Venezuela el eminente Juan Bautista Plaza, quien utilizó la radio hacia un 1939 prebernsteiniano. Además del impreso, el Estado publicó una edición multimedia, bastante limitada que bien merecería volcarse por completo a las redes sociales, tal como se ha hecho con las lecciones de José Antonio Calcaño al reproducir los viejos elepés de los años ’60 del ‘XX, por no citar la historia de la música académica occidental con el colombiano Rodolfo Acosta Restrepo, cuya exposición recomendamos ampliamente.

El consumo cultural en la Venezuela del XXI es realmente miserable, aunque en el espacio de la música académica ya prácticamente nulo, sin emisoras radiales o espacios televisivos realmente especializados. Por el camino que andamos, las nuevas generaciones tardarán en descubrir o nunca lo harán, que hay alternativas diferentes, predispuestos resueltamente a no escucharlas.

26/08/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33363-nagarrab-s


domingo, 12 de agosto de 2018

HOY, POR ÚNICO EXPONENTE: LA CRISIS

Desgalerizados
Siul Nagarrab


Crecimos en un país donde las artes plásticas también fueron noticia, no sólo por la nombradía de quienes las hacían, sino por la influencia ejercida en el gusto masivo.  Relativamente fáciles de adquirirlos, fuere de contado o a crédito, preferiblemente figurativo, la tendencia  llevó a exhibir  la copia o el original de un cuadro que presidía aún al más modesto hogar.

La existencia de un museo público en cualquier localidad venezolana, por lo menos, era pretexto para una visita de recreación dominical de la familia. A falta de cine o de cualquier otro espectáculo, o complementándolo, los niños gozaban de una mínima noción del mundo estético que compaginaba con las inquietudes sembradas en el  aula.

Incluso, eran profusas las visitas a las galerías privadas de las clases medias que pulsaban el ritmo de los esplendores petroleros, o los sectores universitarios que calibraban  el dato vanguardista de alguna afiliación ideológica, sin que hubiese obligación alguna de adquirir las encarecidas y, a veces, incomprensibles piezas. Todavía no disponemos de una radiografía histórica y sociológica de las viejas concurrencias, por ejemplo, al Museo de Arte Contemporáneo que tuvo en su directora, Sofía Ímber, una magnífica publicista, con  la virtud de actualizar la gratuita oferta visual  del Estado, con el que competían los sectores privados que supieron de un fenómeno que trascendió lo meramente mercantil.

Así como se ha despedazado el ámbito editorial, quebrando una librería tras otra, cerrada hace poco Lugar Común en Altamira, casi veinte años dejan algo semejante en el artístico.  De las galerías públicas, ya nada se sabe y son numerosas las sospechas que levanta el patrimonio del que disponen, y de los museos privados, prácticamente se extinguieron, resistiéndose pocos locales a la debacle económica.

Quizá esta nota sea un tributo a esa infancia que nos acercó a las alternativas plásticas que prosperaron en la vieja prensa, en los espacios públicos y privados. Así no fuese compradora, un paseo familiar hacia el este de la ciudad incluía la admirada obra de un artista que la dejaba ver, por poco o mucho tiempo, antes que llegase el comprador y que, de un modo u otro, imitábamos con nuestros creyones o acuarelas para cumplir con una tarea escolar..

Ilustración: Guillaume Montier.

sábado, 11 de agosto de 2018

LO SOMOS

Bolsas
Siul Narragab


Asombrosa paradoja, el país petrolero y petroquímico que sólo estadísticamente seguimos  siendo, avanzando la realidad, ya no tiene bolsas de plástico, por cierto, recientemente  prohibidas en Chile, para guardar y trasladar las mercancías, entre otros de sus usos. Antes, fueron gratuitas, por el módico precio de la centena, y, si las hay, hoy las cobran en los locales comerciales, sorprendiendo sólo a los incautos.

Ya se está imponiendo la costumbre de llevar los víveres entre las manos, a menos que llevemos en el bolsillo la vieja bolsa, grande y ajada, que también costó mucho. A pocos les avergüenza,  como ocurría hasta hace poco, exponer públicamente las pocas piezas para la supervivencia literal a la que estamos condenados.

Solemos emplear una bolsa negra y que no se vea muy pesada a la distancia, para evitar el asalto de un motorizado que rastrea algo más que un móvil celular, disculpándonos con los genuinos profesionales del maniobro.  Mientras menos exhibamos en nuestra andanza callejera, con o sin vehículo propio, mejor, transformándose el propio orgullo de una clase media que siente la profunda nostalgia de sus esplendores petroleros.

Antes de las grandes bonanzas, décadas atrás, era común apreciar las bolsas confeccionadas con telas de coleto, más eficientes que las bolsas de papel timbradas de los supermercados. El recorrido por los mercados populares, ahora tan caros, era e de esas bolsas marrones de asas incómodas, agotadoras al superar los varios kilos que soportaban.

Hemos aprendido, por ejemplo, la inutilidad de una bolsa, cuando muy bien podemos empuñar la garrafa de leche o de jugo pasteurizados, si los encontramos, pero evidentemente los brazos no alcanzan para la compra de oportunidad, a lo cual hay más de indignación que de hábito o mal hábito.  Ya, en esta era post-petrolera, algo distinto al post-rentismo, tendemos a ser más bolsas de lo que creemos.

11/08/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/33274-nagarrab-

domingo, 29 de julio de 2018

LENGUAJE CIFRADO

Telefonía de una etapa histórica
Siul Narragab


Ya no hay espacio para la conversación privada, preferido  un lenguaje cifrado o, al menos, el que tenemos por tal, con sus habituales alusiones, eufemismos y metáforas. Y, aunque creamos que la autocensura sólo se debe a motivos estrictamente políticos, una somera revisión de la vida rutinaria nos  remite a la imposible conversación libre y espontánea, no sólo por obra del hampa que la modela, tupiéndonos de precauciones, sino por una cada vez más reducida esfera de una privacidad asfixiada.

Relegados al hogar doméstico o al laboral que, a veces, es tan hogar como el que más,  si de compartir el espacio se trata,  solemos incomodar con un diálogo que se empeña en lo banal para disimular alguna gravedad de las tantas que sorteamos en el mundo cotidiano, frente a terceros que viven su propia experiencia. Reducidas las oportunidades para compartir un modesto café, por los costos y el peligro mismo de la calle, evacuamos asuntos amistosos, profesionales o amorosos, empuñando el móvil celular en la disputada sala de baño, cocina u otra dependencia de la casa o del trabajo, competida por otros llamantes.

El promedio de las personas que trilla la ciudad, está relegado a pocos metros cuadrados y, aun disponiendo por herencia de espacios más holgados, es una temeridad habitarlos o frecuentarlos, pues, solemos optar por sitios lo más modestos posibles y  obedecer al horario que es propio de un estado de sitio, antes que exponernos a cualesquiera de las impredecibles intenciones de los extraños. Nos reprimimos al charlar en una mesa de restaurant, por temor a los comensales vecinos, o de soltar un libérrimo sentimiento, por respeto al vecino residencial, aminorando la posibilidad de un secuestro para vaciar las humildes cifras bancarias, a través de una tarjeta de débito, o de hacer el ridículo por usar un diminutivo que no compete a nadie más.

Convengamos, no había mejor escenario que la calle para nuestras llamadas telefónicas, quizá por aquello del secreto mejor guardado es el que se hace público, sentenciado por un personaje de “La cabeza de la hidra” de Carlos Fuentes. Dándole utilidad al desplazamiento automotor o a pie, solíamos vomitar una procacidad, aventurarnos con un verso, o revelar algún dato, ante la indiferencia generalizada de las otras y bulliciosas personas que hacían lo mismo, pero – desde hace ya bastante tiempo – es todo un  atrevimiento demencial el de asomar algún rudimento electrónico, por siempre asombrados porque en otros países es normal andar en un tren subterráneo con una tableta al aire.

En las callejuelas, veredas, calles o avenidas de cada caserío, aldea, pueblo y ciudad,  no hay una caseta telefónica dispuesta,  convertido el sanitario de cualquier lugar en un área especializada para ensayar los hilos invisibles del teléfono. Modismos aparte, hablar en clave seguramente conoce de venezolanismos que esperan por el filólogo, el novelista o el cronista tan urgidos, ya que, superada objetivamente la actual etapa histórica, ésta quedará sembrada  por un lenguaje que se prolongará mucho más a la espera de los intérpretes.

Reproducción: Reventón, Caracas, nr. 13 de 1971.
29/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33192-narragab-s

viernes, 27 de julio de 2018

LA CIUDAD DESMORONADA

Residencia en la tierra
Siul Narragab


El Colegio de Arquitectos de Venezuela, ha emitido un reciente comunicado, justo y lacónico, advirtiendo sobre la agresión a la memoria inmobiliaria del país.  Lo poco que queda en pie, por la acción irresponsable y despiadada del Estado, camino a su propia demolición,  no sólo afecta la mínima identidad urbana que alcanzamos, aún antes del impacto petrolero,  sino que nos convierte en una suerte de campamento para saciar toda la voracidad de los contratistas que, al remodelar, raspan la olla del erario público.

Un vistazo a las principales ciudades del país, nos impone de un gigantesco e imparable deterioro. A lo sumo, mientras haya efectivo en caja, les contenta el remiendo infinito de edificios, calles y avenidas que, alguna vez, tuvieron una enorme significación para el país, en el que propios y extraños celebraban el rostro arquitectónico de una urbe cargada de historia.

La crónica caraqueña, por ejemplo, no está sólo orientada al recuerdo de la cada vez más remota capital, la que experimentó una fuerte transformación cultural, gracias a la renta, con una extraordinaria mudanza material, sino a la actual y casi inadvertida pérdida de sus obras más emblemáticas, las que le concedieron identidad, por a acción y omisión de una dictadura que ha hecho del olvido o la falsificación histórica, una de sus piezas maestras. Por citar algunos nombres de inconfundible calidad literaria y periodística, ya no cultivamos la nostalgia de Enrique Bernardo Núñez, Guillermo José Schael, Carlos Eduardo Misle, William Niño Araque, Guillermo Meneses, sino la denuncia, la más corajuda denuncia de los destrozos actuales, llena de rabia, indignación e impotencia, aún en el contexto de un sobrio y adecuado tratamiento académico.

Ha sido incansable la labor de investigación, catalogación y exposición de la Arqº Hannia Gómez, sobre la Caracas que nos arraiga, nos concede un sentido, nos permite una identidad, en vías de desaparecer. E, incluso, igualmente la ocupan los referentes más modestos, advirtiendo lo que puede ocurrir y ocurre,  orientándonos estéticamente, con data precisa en mano: pasó con la quinta “Hilda” de El Paraíso que, ya tan injustamente demolida, el terreno fue cercado y, luego, “expropiado” por un colectivo, sin que sepamos qué suerte le cabrá al terreno.

En más de un sentido, esta tierra en la que residimos y trabajamos (o alguna vez lo hicimos), va cubriéndose de una desolación inaceptable.  La Arqª María Fernanda Jaua, quien  ha tenido un intenso desempeño académico foráneo, entre otros de sus trabajos, ha orbitado en las redes una espléndida conferencia sobre nuestro patrimonio industrial y, lejos de apesadumbrarnos,  apunta al reto – por siempre vigente -  de recuperar el parque y la República misma hallar el futuro que no es otro que el de las libertades necesarias para vivirlo y trabajarlo.

Fotografía: Hannia Gómez / Decomomo. Quinta "Helena" (1932-2012), El Paraíso, Caracas. Ya derribada. Reclamado por un colectivo el terreno, sigue cercado.
22/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/33144-narragab-s

domingo, 15 de julio de 2018

RUTINA SOCIALISTA

La calle es libre, no la malgastes
Siul Narragab


Muy pocas o inexistentes las alternativas, el citadino promedio no encuentra una fórmula distinta de distracción. Las deficientes redes sociales o la televisión por cable o satelital, suplen las carencias recreativas de toda familia que sabe de una ida al cine, un almuerzo fuera de casa o la asistencia a un evento deportivo, como una excepción y hazaña que agujerea cualquier bolsillo inocente.

En un extremo, por lo general, los comederos más exigentes y quizá lujosos, están reservados para la prole que intuye, pero no pregunta, sufragada por el capo que goza de la posibilidad de saciarlos con demasiada frecuencia, en un país sumergido  en la catástrofe humanitaria. Y, en el otro, ya no hay siquiera un autobús de los que llamaban de circunvalación que permita encaramar a los muchachos, bajarse en la última parada y, antes de devolverse, compartir con ellos, un perro-caliente o un raspado de granadina; menos, llenar la cava de sardina enlatada, algunas cervezas y, aguantando la cola de ida y vuelta, mojar al sol a los carajitos -  por dos o tres horas -  hasta que se sequen a solas en la unidad de transporte.

Los jóvenes no sospechan de los sitios bailables que antes los tenían por especialidad, añadiendo conciertos en vivo de los ídolos, propios o forasteros, disponibles. Otros vicios aparte, costosos y arriesgados, cuando la policía era seria, sobraban los bebederos de caña, unos apacibles y, otros, bulliciosos, en la generosa oferta de las barras para todas las edades.

Por supuesto, toda una universalidad, contábamos con sitios apartados y seguros, para la reunión de varios automóviles portadores de grandes cornetas, donde cada quien brincaba y libaba, sin molestar a los extraños.  Empero, el panorama hoy luce radicalmente diferente y, si de consumo etílico se trata, forzosamente razonable, por los precios, ya no hay taguara metropolitana que se respete, que no pruebe la dura supervivencia al atender a la clientela a sus puertas, al menos, los viernes y sábados.

Existen locales de un viejo prestigio, rodeados de casas o edificios, que se mantienen con el despacho de los licores más baratos, otrora despreciados. La cocina es un ornamento y los mesoneros perfectamente prescindibles,  logran satisfacer  el pedido con pago inmediato, obviamente electrónico,  hasta la media noche en la calle semi-obscura, de la muchachada que no se percata que sus risas y conversaciones, la música, el encendido de una motocicleta con rauda tosferina, como el basurero consiguiente, afecta a la comunidad que ya no ensaya siquiera con el lanzamiento anónimo de un botellazo de aviso. Además, se puede fumar libremente, como no ocurriría en las interioridades de un local empegostado de avisos que lo prohíben, así como las armas de fuego, la segregación racial, el respeto a los discapacitados y a las mujeres, o cualesquiera otras de las expresas  e inmorales  advertencias de un Estado que ya ni puede sostenerse con petróleo.

Mientras que el alboroto no sea de cuño político, oloroso a la güarimba que caprichosamente tipifican, a las autoridades les importa un bledo que se haga con la calle, lo que venga en gana; presumimos, por cierto, que algún “alquiler” cobrarán por ello. El resto, obedece al “ritmo estructural” que va imponiendo el socialismo, pues,   sólo él es y será el único capaz de divertirnos, bien porque  sus prohombres queman y quemarán sumas atrevidas de divisas para algún festival a cielo abierto, bien porque las televisoras oficiales hacen y seguirán haciendo de los informes de (contra) inteligencia, un motivo para el cumplido linchamiento moral de sus adversarios.

Ya no está comercialmente departamentalizada la recreación, porque los comederos y los bebederos aptos tienen por destino a boliburgueses y relacionados  que, en sus constantes visitas de negocios al país, predecibles, extrañan los mejores lugares de Nueva York o París. Y quien deseé divertirse por su cuenta, asume los riesgos de rutinario asalto a mano armada, entre otros riesgos, malgastando la calle que, hoy, más que nunca, debe tener por hábito la protesta.

15/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/33093-narragab-s

domingo, 8 de julio de 2018

MÚSICA POPULAR Y MARCACIÓN DEL TIEMPO

Jodie Foster y la teoría de la relatividad especial
Siul Narragab


Todo ha de depender  de las circunstancias personales e, inevitables, de las sociales que suelen escapar de nuestra voluntad. En términos psicológicos, tendemos a justificar y defender la edad biológica, apelando a aquello de soy joven, y no adolescente; soy viejo, mas no anciano.

Las democracias liberales tienen sus propios ritmos de comprensión existencial, despuntando – no por casualidad – las escuelas filosóficas que la cultivaron, buscando esta vez diferentes resquicios. Empero, no hay experiencia totalitaria que no la paralice, trastocada en la mera prueba de la supervivencia heroica  que celebrará la escolástica fascista o comunista, temiendo por siempre a la literatura y a quienes la hacen.

Teoría general de la relatividad, se es lo suficientemente joven y lo suficientemente viejo, según la calidad de vida y las propias expectativas que albergue una determinada comunidad nacional o local. La miseria y la opresión sólo autorizan la distinción para efectos publicitarios, allanándonos espiritualmente para confiscar toda ventura personal.

Nos pusimos viejos, sin darnos cuenta, al avanzar el siglo XXI. Quizá porque supusimos que este régimen era de una transitoriedad radical, que no tardaría en ceder o caer de un día para otro, a los venezolanos se nos pasó el tiempo, perdiéndolo – nada casual – miserable, inútil e infamemente.

Inaugurada la centuria, nos fuimos acercando lentamente a la presbicia, domándola con los anteojos (cristales y montura), por entonces accesibles; y, al superar la cincuentena, ya es demasiado difícil conseguir los medicamentos y hasta lograr el adecuado diagnóstico de alguna enfermedad. Si bien es cierto que ahora que nos percatamos de nuestras limitaciones físicas, también nos enteramos que no somos los abuelos prematuros que alguna vez creímos, siéndolos en su justo momento, y es que  el tiempo – implacable – ha pasado: la violencia que supusimos efímera del régimen, por decir lo menos, ha perdurado trastocándose en hastío y también resignación.

Infalible marcador, por citar un ejemplo, tenemos la ilusión que de Freddie Mercury y el Queen, para acá, no hay novedad alguna y, por ello, en un parpadear, parece que fue ayer que lo disfrutábamos. Ocurre que la desplomada Venezuela,  ha quedado atrás en relación a la música popular y a los Mercury de hoy, ni se les ocurrirá venir y presentarse en el país que convirtió a El Poliedro en sede del PSUV, congelándonos en el tiempo.

Por más que se diga de los grandes raperos y reaguetoneros de la hora, ninguno – por venezolanísimos que fuesen – es tan conocido y familiar, como ayer ocurrió con Ricardo Montaner o los actores de una telenovela estelar. Una teoría especial de la relatividad, debe dar cuenta de estas circunstancias para entendernos y  aceptar que ya somos viejos, madurando a última hora la edad que nos sorprende, como no acaeció con nuestros padres.

Una actriz admirada, en reciente entrevista a El País Semanal, despejó una de las incógnitas: asume la vejez como una curiosidad. Pocas podían expresar algo tan inteligente, teniendo por decisivo antecedente que, en lugar de banalizarse por la fama que le llegó tan temprano en la vida, un buen día decidió ir y egresar de una universidad prestigiosa, declararse como lesbiana cuando no era la moda y, ahora, exhibirse con las arrugas que le conceden una extraordinaria prestancia.

Vamos descubriéndonos en la vetustez, porque son pocas las fuerzas para aventurarnos en el extranjero, comenzando de nuevo, o por el supremo interés de alguna carajita en conquistarnos, conquistando un móvil celular de última generación. O al plantearnos el destino de los muchos o pocos bienes que tengamos, añadida la casa pagada con todos los sacrificios del mundo, hoy tan injustamente depreciada.

08/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/33043-narragab-s