Abstemios anónimos
Siul Nagarrab
A falta de las drogas más duras y costosas, buena parte de la mendicidad no se entendía sin el licor. Por lo general, el más barato y dañino, corroboraba aquél viejo y cruel chiste del borrachito que resbalaba y caía, teniendo la botella en el bolsillo trasero: rogaba a Dios que fuese sangre lo que palpaba con sus temblorosas manos en las nalgas.
Hoy, el colapso humanitario ha barrido literalmente con una pobreza que se hizo tristemente célebre e impertinente en las calles. La cultura petrolera que nos hizo capaces de importar fabulosas cantidades del mejor whisky, dilapidando millones de oportunidades en un festín que el mismo Chávez creyó inacabable, tuvo su más acabada expresión en la miseria de la que muchos intentaban escapar a través de los peores bebedizos que agravaban las enfermedades padecidas, principalmente la del espíritu.
De los veinte años bajo el consabido régimen, en los últimos dos él ha cumplido con una promesa de solución, pero al revés: matándolos previamente de hambre, desasistidos, abandonados y socialmente sentenciados, la persona etílicamente enferma ya no puede sostener algo más que una afición y un sedante. Todo aquel que, en los últimos tiempos, ha cumplido con un itinerario de rutina, puede fácilmente observar la minimización y desaparición de los borrachitos de la calle de cualesquiera edades que la poblaban en sus recovecos y, más de las veces pensamos, ni siquiera los desafortunados gozaron de un mínimo y aceptable sepelio.
A la forzada abstención de los más anónimos del lumpen-proletariado, ahora se suma la de las clases mediasque no pueden echarse el debido guamazo de antes, evocando los que antes acostumbraba, incluso, mientras bajaba el endiablado tráfico automotor. Un derecho perfectamente constitucional a consumir cualquier bebida lícita, en la medida que no sea señal de una patología y haya con qué sostenerla, las barras no constituyen ya una referencia del hacinamiento nocturno, tratándose de los locales mejor cotizados gastronómicamente o de los llamados bares de la mala muerte que siempre tuvieron sus fanáticos, añadida la irresistible atracción por las famosas mesoneras aliadas a la penumbra.
Quedan sólo pocas alternativas y, una de ellas, descubrir una botella de muchos años de madurez entre los peroles de la casa o dar con el alma caritativa que nos obsequie con algunas respetables copas en una modesta fiesta doméstica. Una opción, sobre todo para los muchachos, es la de apostar un carro con la maleta encervezada en la vía pública, aún a las puertas de un restaurant que pueda suministrar la catira, quizá teniendo la calle por extensión para los fumadores; mas, una corneta de alto volumen y los peligros del hampa no prometen mucho; u otra respuesta se encuentre en los negocios que, bajo cualquier modalidad, expresan al Narco-Estado, ya que, reducida la oferta, quebradas las antiguas y aplaudidas referencias, hay caña y buena comida sólo teniendo por delante la cartera abultada de dólares constantes y sonantes.
07/04/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34667-nagarrab-s-
Ilustración: Pedro León Zapata, El Nacional (Caracas, 11/06/1985).
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lunes, 8 de abril de 2019
viernes, 3 de febrero de 2017
UNA INSTITUCIÓN PARLAMENTARIA
La Esfera, Caracas, 22/04/1937.- De acuerdo a Rafael Ramón Castellanos, "Speaker" responde a Eligio Macías Mujica y a Raúl Torres Gámez ("Historia del seudónimo en Venezuela", Ediciones Centauro, Caracas, 1981: II, 363).
viernes, 26 de febrero de 2016
BARRAS Y ... ESTRELLAS

Érase
de una barra
Guido
Sosola
Recientemente,
Henry Ramos se vio obligado no sólo a ordenar el desalojo de las barras en la
Asamblea Nacional, sino a suspender la sesión misma. Los partidarios del
gobierno imposibilitaron la jornada que, paradójicamente, iniciaba la discusión
del Proyecto de Ley de Producción Nacional, desde los palcos o – puede decirse
– la tercera curul.
Sobre
todo por lo que respecta a las sesiones parlamentarias de mediados de los
cuarenta y luego de 1959, consta en los Diarios de Debates el protagonismo del
público asistente, ubicado en los reducidos e incómodos balcones que apenas
permiten la mirada parcial al coso guzmancista. Incluyendo al taquígrafo que
varias veces hizo de cronista en pocos caracteres, fueron numerosos los
momentos de agitación y de suspensión que obligaba a la dirección de debates a
preservar una mínima disciplina en el lugar.
Ahora
recordamos uno de esos instantes de explosión emocional, con el eficaz sabotaje
del trabajo, después que la Sala Político-Administrativa de la Corte Suprema de
Justicia decidió la anulación de la condición senatorial de Marcos Pérez
Jiménez. Hubo una movilización
encabezada por destacados dirigentes de un perezjimenismo otrora unido, que
tomó las barras, bajó y caminó literalmente por encima de las curules en un
fortísimo conato de riña colectiva, el 27/10/1969.
Aquél
día, una seguidora del dictador hasta lanzó un aparato telefónico a la
humanidad del maestro Vicente Emilio Sojo, insigne músico que integró la Cámara
del Senado y, reconocido su temperamento, no temió en enfrentar la turba,
obligado su hijo – Efrén – a defenderlo. El presidente del Congreso, José
Antonio Pérez Díaz, recurrió a la fuerza policial, por cierto, la que
resguardaba el Capitolio Federal, cercana su comandancia, ubicada en la esquina
de Las Monjas (ocupada hoy por la Cámara del Municipio Libertador que, además,
está sufriendo de una inadvertida remodelación en su azotea), como se dijo que
había hecho Rafael Caldera, presidente de la Cámara de Diputados, auxiliándose
con la Policía Municipal, para intentar mantener el orden de una sesión
finalmente saboteada a mediados de julio de 1960, tras el asesinato de Andrés
Coba Casas, representante del movimiento
revolucionario cubano en Caracas.
Aquél
día, una seguidora del dictador hasta lanzó un aparato telefónico a la
humanidad del maestro Vicente Emilio Sojo, insigne músico que integró la Cámara
del Senado y, reconocido su temperamento, no temió en enfrentar la turba,
obligado su hijo – Efrén – a defenderlo. El presidente del Congreso, José
Antonio Pérez Díaz, recurrió a la fuerza policial, por cierto, la que
resguardaba el Capitolio Federal, cercana su comandancia, ubicada en la esquina
de Las Monjas (ocupada hoy por la Cámara del Municipio Libertador que, además,
está sufriendo de una inadvertida remodelación en su azotea), como se dijo que
había hecho Rafael Caldera, presidente de la Cámara de Diputados, auxiliándose
con la Policía Municipal, para intentar mantener el orden de una sesión
finalmente saboteada a mediados de julio de 1960, tras el asesinato de Andrés
Coba Casas, representante del movimiento
revolucionario cubano en Caracas.
Érase
de una barra virulenta, varias veces excedida, que tuvo su esplendor de
agitación durante el quinquenio legislativo pasado, cuando la bancada
oficialista la administró exclusivamente y de tal manera que hasta las turnaba
– según la materia – para agredir a la bancada opositora, en concierto con la
junta directiva encabezada por Diosdado Cabello. Creemos que, en el presente,
se requiere de mucha prudencia para su administración y, por muy envalentonadas
y mayoritarias que sean las fuerzas democráticas de la oposición, se deben
evitar las trampas gubernamentales de movilización y de alboroto: quizá sea
aconsejable, sesionar sin las barras en las ocasiones que necesite la Asamblea
Nacional para adelantar su trabajo.
28/02/2016
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/25512-erase-de-una-barra
28/02/2016
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/25512-erase-de-una-barra
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