sábado, 28 de enero de 2017

¿LOS BOBOS LEYERON?

EL NACIONAL, Caracas, 26 de enero de 2017
El culto por la anomalía
José Rafael Herrera

Durante los últimos años, el término anomalía ha sido objeto de significativas modificaciones hermenéuticas –modificaciones, como suele suceder, sustentadas sobre la inevitable viscosidad de las ideologías–, no ajenas a los maniqueos cambios de flechado axiológico o de valor, que han terminado por redimensionar su uso original en ciencias sociales, dando lugar a su utilización como expresión manifiesta de radicalismo ideológico y de subversión política. Más específicamente, después de la publicación del ensayo filosófico de Antonio Negri, L'Anomalia selvaggia, de 1981, lo anómalo comenzó a dejar de ser expresión de anormalidad y defecto para devenir recta virtud.

A los fines del rigor argumentativo, conviene no perder de vista el hecho de que Antonio Negri fue el filósofo par excellence –o más bien, el mentor oficial– de la llamada “generación boba”, como la denominara en su momento cierto rector universitario de triste remembranza. Como tampoco conviene dejar pasar el hecho de que Negri, uno de los miembros principales de Autonomia Opertaia, fuese acusado, a finales de los años setenta, de conspiración, asociación ilícita e insurrección contra el Estado italiano, y de ser el autor intelectual del asesinato del primer ministro Aldo Moro y de diecisiete personas más. Condenado a treinta años de prisión, el Partito Radicale lo postuló al parlamento. Electo y envestido de inmunidad, con cuatro años en la cárcel sobre sus hombros, Negri asumió por poco tiempo el nuevo cargo, ya que el parlamento le revocó la inmunidad. Exilado en Francia, y bajo la protección del gobierno de Mitterrand, enseñó en la Universidad de París y en el Colegio Internacional de Filosofía, junto a Michel Foucault, Gilles Deleuze, Felix Guattari, entre otros filósofos de la llamada “posmodernidad”. No hace mucho tiempo, fue recibido con desbordado entusiasmo por sus seguidores –algunos de ellos, sobrevivientes de la “generación boba” que hoy sustenta el poder en Venezuela– en el Aula Magna de la UCV. En síntesis, anomalía revestida de virtud. ¿Qué dirían, hoy en día, los férvidos y furibundos detractores de Leopoldo López? Para Spinoza, el origen del mal es la ignorancia.

Anomalía es palabra latina de origen griego. Anomalus –an-homalus– significa irregular, a-normal, dado que homalia –de homos– significa regular, normal, en el sentido de no ser hetero, es decir, de no ser otro. Para los antiguos griegos quien padecía de anomalía era diagnosticado como mentalmente incapaz de llamar las cosas por su nombre, o sea, como un bárbaro, es decir, un bobo. En otros términos, carecía de eso a lo cual Spinoza, en la Ethica, designa con el nombre de adequatio. En este sentido, resulta cuando menos cuesta arriba el atreverse a calificar a Spinoza como un anómalo selvaggio. La anomalía no está, pues, en Spinoza sino en un “Spinoza” que Negri mira cuando se pone frente al espejo. La sola representación con la cual pretende establecer dos supuestas líneas –dos “filones” los llama– absolutamente antagónicas en la historia del pensamiento moderno, a saber, la de “los malos” (Hobbes, Rousseau y Hegel) y la de “los buenos” (Maquiavelo, Spinoza y Marx), como si la historia de la filosofía fuese un ring de boxeo o un “nos vemos en la salida”, ya es suficiente para comprender la ausencia de adecuación oculta tras la pompa ideológica, tan grata al resentimiento barbárico.

Confundir la irreverencia que caracteriza a todo pensamiento pensante –es decir, la crítica filosófica, propiamente dicha– con el terrorismo de Estado solo puede resultar de la conciencia infeliz propia de una crasa anomalía, que consiste en transformar el pensamiento en herramienta al servicio de una ideología anacrónica, una fe, un dogma. Nada más lejos de Spinoza, del nous que transita su inteligencia. Por cierto, y a propósito de Marx, fue precisamente en la Escuela de Hegel –en la que se formó, a pesar de las salvajes fábulas de los cultores del “materialismo dialéctico”– que aprendió a admirar la fuerza especulativa de Spinoza. “Ser spinozista –decía Hegel– es el punto de partida esencial de toda filosofía”. La anomalía es contraria al orden de las ideas y de las cosas. Para Spinoza, “el orden y la conexión de las ideas es idéntico al orden y la conexión de las cosas”.

Ahora se comprende cómo y por qué un grupo de fans en-capucha de las salvajes anomalías de Negri tiene que terminar, necesariamente, destruyendo –¿deconstruyendo?– la sociedad, hasta la actual condición de anomia que padece. Cuestiones, se dirá, inherentes al “pensamiento débil”. Es, por cierto, en este punto que se logra comprender la causa eficiente de ciertas asociaciones o gangs entre seguidores de las anomalías y gorilas. “Mueran los blancos, viva el rey”, gritaba Boves. Y es que, en efecto, no por mera casualidad, la expresión anomalía guarda una estrecha relación con la expresión anomia –a-nomos, ausencia de normas–, dado que comparten la misma raíz. Como se sabe, la anomia consiste en una condición de indeterminación, es decir, en la anulación –la nulidad o nadeidad– de la potencia del ser social. En el ensayo titulado El suicidio, Durkheim sostiene que la anomia se caracteriza por una pérdida o supresión de virtudes morales, religiosas, cívicas, en fin, sociales, que terminan en una creciente destrucción del orden social. Es el estadio característico del ente enajenado, temeroso, angustiado, insatisfecho, que conduce al suicidio. Y cabe advertir que existen muchas formas de suicidio. No solo quien estrella su humanidad contra el Metro puede llamarse suicida. También el condenado a morir de hambre es inducido al suicidio, tanto como lo es el paciente que espera que el tratamiento llegue, algún día, al hospital, o quien decide marcharse y quema las naves de su pasado.

Es el “ser para la muerte”, para la “solución final”. El auto-genocidio es tarea del día a día. Los anómalos han conducido a la sociedad al mayor estado de anomia. Simbólicamente –y no tan simbólicamente, después de todo– Venezuela es, en la actualidad, un país suicida.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/culto-por-anomalia_77502

DE LO LÍQUIDO AL POLVO

Posmodernidad, vida líquida, amor líquido
Juan José Tamayo  

El politólogo y científico social polaco  es uno de los pensadores más lúcidos e influyentes de nuestro tiempo.

“Líquido” es una de las categorías centrales y de gran riqueza analítica de su pensamiento. Su tesis es que en la sociedad actual todo es líquido, inconsistente, evanescente: la modernidad, los miedos, los temores, el amor, la vida. Las condiciones de vida y de acción y las estrategias de respuesta se modifican con tal celeridad que no pueden consolidarse ni traducirse en hábitos y costumbres.

Nuestro mundo avanza a un ritmo vertiginoso pero sin rumbo, cambia pero sin consistencia. No hay tiempo para que las cosas echen raíces. La precariedad es el signo, y el sino, de nuestro tiempo. Pareciera que el imperativo categórico fuera estar poniéndose al día constantemente. Las cosas se adquieren y se desechan con celeridad compulsiva. Las capacidades se tornan discapacidades en un instante. La apelación a la experiencia es signo de decrepitud. Se impone la velocidad frente a la duración, la aceleración frente a la eternidad, la novedad frente a la tradición, el consumismo frente a la ciudadanía. “El consumidor, afirma, es enemigo del ciudadano”. Hemos pasado del miedo al cambio al miedo al estancamiento.

La vida líquida se caracteriza por ser una “cultura del desenganche, de la discontinuidad, del olvido”; que no educa en la reflexión, ni en la actitud de búsqueda, sino en la ojeada fugaz. No hay convicciones firmes, sólo opiniones que pueden cambiar tanto en la política como en el debate intelectual. Cada vez hay menos personas dispuestas a dar su vida por algo o por alguien. Se ha pasado de la figura del mártir a la del héroe como camino más rápido para conseguir celebridad.

El martirio significa solidarizarse con “un colectivo al que la mayoría discrimina, humilla, ridiculiza, odia y persigue”. El mártir “pone la lealtad a la verdad por encima de cualquier otro cálculo de ganancia o beneficios mundanos”. Aquí radica la diferencia entre mártires y héroes modernos. Estos hacen cálculos sobre las pérdidas y las ganancias de sus acciones y esperan obtener beneficios de su sacrificio. Mientras que la muerte de los mártires sea “inútil”, no se entiende que pueda existir un “heroísmo inútil”. La democracia ha sufrido un golpe de Estado por el neoliberalismo, cuyo objetivo es privatizar la esfera pública y eliminar la utopía social. La utopía de la modernidad se ha convertido “en blanco y presa de llaneros, cazadores y tramposos solitarios: uno de los muchos trofeos de la conquista y la anexión de lo público a lo privado”. Calificar hoy a una persona, a un grupo o a un proyecto de utópicos no es una alabanza. Constituye una descalificación en toda regla. La utopía sufre un largo destierro y un maltrato semántico. Se identifica con quimera, ilusión, sueño irrealizable, evasión de la realidad, renuncia a las responsabilidades del presente.

Sin embargo, la utopía, liberada de toda mitología, es una categoría mayor de la filosofía de la esperanza y tiene un sentido positivo en tanto proyecto de un mundo justo, que implica la crítica del presente. Es necesaria como imagen movilizadora de las energías humanas, horizonte que orienta y guía la praxis, instancia crítica de la realidad y motor de la historia. El individuo vive en permanente asedio. Cuanto más se empeña en afirmar su individualidad, más asediado se ve por la sociedad. “La individualidad es tarea que la propia sociedad de individuos fija para sus miembros. El auge de la individualidad supuso el debilitamiento de los lazos sociales”. ¿En qué consiste el viaje de autodescubrimiento? En una feria global de comercio al por mayor de recetas de individualidad. Los elementos auténticamente individuales de cada persona terminan por convertirse en moneda de uso común, en estándares sin valor.  Vivimos un proceso de fragmentación y de segmentación, de diversidad individual y social. Lo que exige como objetivos políticos y sociales importantes, escribe Bauman, citando a Dominique Simone Rychen, el fortalecimiento de la cohesión social, el desarrollo de un sentido de conciencia y responsabilidad sociales, la interacción con otras personas, el diálogo, la comprensión mutua, la gestión y resolución de los conflictos.

Siguiendo a Hannah Arendt y a Bertold Brecht, llama a nuestra época “tiempos de oscuridad”, en los que se degrada toda verdad a una trivialidad sin sentido y el distanciamiento de la política y de lo público se ha convertido en la “actitud básica del individuo moderno, quien, alienado del mundo, sólo puede revelarse  en privado y en la intimidad de los encuentros cara a cara”. Bauman se pregunta por la posibilidad de convertir el espacio público en lugar de participación duradera, de diálogo permanente, de debate y de confrontación entre consenso y disenso, en vez de ámbito de encuentros fugaces y casuales. Esa conversión, dice, sólo es posible creando un espacio público nuevo y global, que se traduzca en una política planetaria adecuada, un escenario planetario, un análisis global de los problemas provocados a escala global y una responsabilidad planetaria. Ello exige reformar el tejido de las interdependencias e interacciones globales.

Las reflexiones de Bauman no dejan a nadie indiferente. Se compartan o no, dan  que pensar. Llevan por veredas inexploradas, no por los caminos del éxito seguro en los negocios. Provocan insatisfacción como punto de partida para cambiar la realidad. Invitan a construir relaciones simétricas, cálidas, duraderas, auténticas, no mediadas crematísticamente. Sus pensamientos no acaban en desencanto y apatía. Su libro Vida líquida termina con una llamada a la esperanza entendida como encuentro entre imaginación y sentido moral. La esperanza se resiste a reconocer la jurisdicción “de lo que es” y a someterse al dictamen de la realidad. Es esta la que tiene que explicar por qué no siguió el criterio marcado por la esperanza. Y junto a la esperanza, la apelación a la utopía, a partir de la consideración del ser humano como criatura esperanzada según Bloch y de la ética como filosofía primera según Lévinas. El mundo exterior tiene que demostrar su inocencia ante el tribunal de la ética, no al contrario. Y por el momento no le va a ser posible demostrarla, porque dicho tribunal está sometido al asedio del mercado, que es el mejor ejemplo de inmoralidad.
(*) Profesor Universidad Carlos III | CCS

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/28741-zygmunt-bauman

ACEITADOS

La maldición del petróleo
Margarita López Maya 

En estos tiempos tan necesitados de reflexión, la maldición del petróleo es un concepto, que debiera ser más explorado y debatido por nuestros gobernantes y la sociedad toda.

Existe una importante producción académica sobre ella, y las ópticas suelen enfatizar o el lado económico o el lado político, dependiendo de la disciplina desde donde se aborde.

El concepto apareció en los años ochenta para explicar por qué países ricos en minerales, particularmente en petróleo, no lograban utilizar este bien para desarrollarse. Por el contrario, sus tasas de crecimiento, en el largo plazo, eran inferiores a otros países.

Cuatro cualidades de la economía petrolera explicarían esta maldición: una escala de producción masiva, que acalla diferencias sobre su gestión; la naturaleza externa del ingreso fiscal, que hace que los estados no dependan del impuesto a sus ciudadanos; la inestabilidad de los precios en el mercado internacional, que causa permanentes dificultades económicas y la secrecía con que se suele manejar el recurso, que estimula la corrupción y malas prácticas económicas, pues es fácil esconder los errores.

La literatura política se centra en el Estado rentista. El rentismo propicia prácticas autoritarias, inculca la conducta de cazar renta entre funcionarios y la sociedad, moldea un país improductivo. Terry L. Karl, especialista en esta materia, llamó este fenómeno la “paradoja de la abundancia”. Ella es una de las entrevistadas por Carlos Oteiza en CAP, dos intentos, un documental donde la maldición revela su presencia en los mandatos de Pérez, creando situaciones análogas a las actuales.

Venezuela, junto a países petroleros de África, como Angola, es actualmente un caso paradigmático de esta maldición. La teoría, empero, no la considera algo inevitable. Al contrario, describe sus peculiaridades económicas y sociopolíticas, para contribuir a evitarla.

Desafortunadamente, en nuestro país, la maldición se ha convertido en inescapable por la ignorancia o desprecio hacia el conocimiento del que ha hecho gala el poder. Es tiempo de rectificaciones, estudiar y aprender de otros países que han logrado conjurar la maldición y hoy, como Noruega, dan calidad de vida, igualdad y democracia a sus pueblos.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/28727-margarita-lopez-maya

ESTRUCTURACIÓN DE LA INSEGURIDAD PERSONAL

EL UNIVERSAL, Caracas, 25 de enero de 2017
23 planes de seguridad. El gran fracaso
Eldes J. Rojas L.

Uno de los trucos de los comu­nis­mos, socialismos, populismos o como se les quiera llamar a esas cómicas destructoras de so­cie­dades, es el lanzamiento de su­cesivos planes, uno encima del otro, cuando el anterior ya ha ve­ri­ficado el fracaso completo. De hecho es muy seguro que en el caso del chavismo tengan pla­nes diseñados de antemano para cada año de gobierno. Siempre sa­ben que fracasarán, pero en el ca­mi­no muchos de los integran­tes de la cúpula se ganarán unos reales. Eso es lo que importa. Lo de­más es cuento, cadenas, habla­de­ra y buscar culpables. Siempre los encuentran. Y los meten pre­sos sin juicios o con pruebas fal­sas. No importa. Como en Cuba.

En Venezuela, que es como Cuba, hay varios problemas que están des­truyendo a la sociedad y se­rán irrecuperables en el corto pla­zo. La economía, la inflación, la seguridad jurídica, la educa­ción, la infraestructura, la pro­ducción, la agricultura. Mucho más. Pero es la seguridad la reina de las posturas terrenales del cha­vis­mo. Por eso medio país huyó y otro tanto está con las maletas lis­tas solo esperando llegar al llegadero. No falta mucho. Total, ya hay suficiente familia afuera, y sólidamente establecida,  con las camas bien tendidas y a la es­pe­ra. Pero hay que llegar al llega­dero. Mientras tanto, pues, no. De eso trata esta nota. De la es­ta­fa del chavismo en materia de seguridad para los súbditos. Y eso que son chavistas, humanis­tas, socialistas. Si fueran capita­lis­tas nos matan a todos, según su verborrea televisiva y de bar fino. De bar para chavistas de la iz­quierda ilustrada y con un pie fuera del país. Pues, ahí es donde hay más.

Veamos qué han  hecho estos ilu­­sio­nistas desde los tiempos del comandante fallecido hasta el mandato de los herederos a juro.

Planes es lo que sobra desde 1999, cuando comenzó la pesadilla roja. En el 99 se regis­traron en Venezuela unas 5 mil 900 personas fallecidas a manos de la delincuencia, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de la Violencia. El 2016 cerró con cerca de 30 mil muertes violentas. Como se ve, estos comunistas y sus militares de apoyo son de lo más eficientes. Casi perfectos. ¿Y los planes? Muchos y de variada especie. Con mucha plata de por medio y, claro, eso genera vínculos de militancia amorosa y muchos nuevos ricos. Especialmente de verde. Veamos. Casi siempre con expertos militares metidos en la candela y, naturalmente,  en las compras de armas y aparatos para reprimir. Ese es el meollo. No los resultados.

La lista del fracaso: Plan Nacional de Desarme Carcelario (1999). Plan Nacional de Seguridad Ciudadana (1999).  Plan Bratton, Alcaldía Metropolitana de Caracas (2000). Plan Estratégico de Prevención de la Violencia (2001), Plan Confianza (2001). Plan Nacional de Control de Armas (2002). Plan Piloto de Seguridad (2003). Plan Integral de Seguridad Misión Caracas (2003). Plan Estratégico Nacional de Convivencia y Seguridad Ciudadana (2006). Plan Caracas Segura (2008). Plan Ruta Segura, Distrito Capital (2008). Plan Noche Segura (2009). Plan Autopista Segura, Distrito Capital (2009). Dispositivo Bicentenario de Seguridad (2009). Operación Cangrejo (2009). Madrugonazo al Hampa (2009).  Guardia del Pueblo (2009). Misión A Toda Vida Venezuela (2012). Operativo Madriguera, Distrito Capital (2013). Plan Patria Segura (2013). Plan Nacional  de Desarme (2014). Creación de las OLP (Operación de la Liberación del Pueblo)  (2015). Campaña Carabobo 2021 (2017).

Como pueden ver son 23 planes de seguridad que lleva el chavismo. Cada uno más fracasado que el anterior. Como debe ser.

En la presentación del último embarque Maduro dijo que activó seis líneas estratégicas para el Plan Campaña Carabobo 2021, comprendidas en: la primera línea se encargará de la expansión de todos los planes deportivos y culturales del Movimiento por la Paz y la Vida. Como segunda línea la reactivación del Plan Patria Segura. La tercera línea contempla la instalación en todo el país de los Cuadrantes de Paz. La cuarta línea el fortalecimiento del Sistema Popular de Protección para la Paz, que tendrá la finalidad ejecutar el trabajo de inteligencia, anunciando las alertas y previniendo las amenazas en lo económico, político cultural y social. La quinta línea tiene que ver con la reformación de las Operaciones de Liberación del Pueblo. La sexta y última, estará representada por las casas para la resolución de conflicto, “para la justicia temprana, para combatir la impunidad, para llevar la Ley y el orden a la comunidad”.

Lean bien y no se desmayen ante el tamaño del cerro de gamelote. Es lo usual. Ya deberíamos estar acostumbrados.

Cuídense. El país los necesita vivos.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/planes-seguridad-gran-fracaso_636516
Fotografía: http://runrun.es/opinion/impacto/99182/se-incendia-la-pradera-por-armando-duran.html/attachment/inseguridad-venezuela 

LECCIÓN NUNCA APRENDIDA

EL PAÍS, Madrid, 21 de ener de 2017
 TRIBUNA
25 años de paz en El Salvador
El fin del conflicto ha favorecido el desarrollo humano, el crecimiento económico y la inclusión social
Rebeca Grynspan Mayufis

El pasado 16 de enero acompañamos al Gobierno de El Salvador en la conmemoración del 25 aniversario de la firma de los Acuerdos de Chapultepec, la culminación de un largo proceso de negociación que puso fin a más de una década de guerra civil en el país. Como los demás acuerdos de paz en Centroamérica –y como el acuerdo recientemente aprobado en Colombia– se trató de una solución propia y negociada por los mismos salvadoreños, en el marco de la iniciativa de paz centroamericana, y en la que demostraron que el diálogo y la institucionalidad permiten alcanzar la salida a los más dolorosos conflictos.

Desde una óptica actual, es difícil imaginar cuán dura fue la segunda mitad del siglo XX en América Latina y cuánto se ha avanzado en construir sociedades más democráticas, prósperas, inclusivas y sostenibles. A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, prácticamente toda América Latina sufría alguna forma de violencia extrema. La guerra sacudía a Colombia, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Gobiernos militares presidían 12 de los 20 países latinoamericanos y las guerrillas operaban, en mayor o menor medida, en toda la región.

Yo pertenezco a una generación que recuerda claramente esa época. Aunque la guerra centroamericana nunca alcanzó en pleno el territorio costarricense, sí sentimos con fuerza sus efectos. Desde las olas de refugiados hasta las presiones extranjeras, desde las movilizaciones en las universidades hasta el impacto en la economía, la guerra era parte de la realidad durante mis años de juventud y el inicio de mi carrera profesional. Por eso soy consciente de la importancia de los Acuerdos de Chapultepec y de la necesidad de reconocer los logros de Centroamérica, aun en presencia de los desafíos pendientes.

Es cierto que El Salvador enfrenta todavía muy altos niveles de violencia e inseguridad ciudadana, pero también es cierto que han registrado adelantos considerables. En 1991, dos terceras partes de la población salvadoreña vivía en la pobreza. Hoy esa cifra se ha reducido a la mitad, al 34,5%. En 1990, su tasa de mortalidad infantil era de 60 por cada 1.000 nacidos vivos, una de las más altas de la región. Hoy se ha reducido en tres cuartas partes, a menos de 16 por cada 1.000 nacidos vivos. En 1992, la tasa de alfabetización de las personas jóvenes en El Salvador era inferior al 85%. Hoy alcanza el 98%, en parte gracias a un incremento del 40% en el gasto público en educación (aunque sigue siendo bajo, en torno al 3,5% del PIB). La combinación entre el despeño económico y políticas públicas progresivas, permitieron que entre 1990 y 2014 El Salvador avanzara en el Índice de Desarrollo Humano a una tasa promedio anual del 1,02%, muy por encima de la media global de 0,73%.

A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, prácticamente toda América Latina sufría alguna forma de violencia extrema

Todo esto fue posible gracias a la paz, que no provee garantías ni certezas, pero genera las condiciones mínimas para el desarrollo humano de los pueblos, para el crecimiento económico estable, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental. Sin la voluntad política de las partes en el conflicto salvadoreño, sin la determinación de los negociadores, sin el respaldo de las Naciones Unidas y la comunidad internacional, y sin el apoyo decidido de la región latinoamericana (especialmente el rol que jugaron los procesos de Contadora y Esquipulas II), quizás aún seríamos testigos del horror de aquella guerra.


Hoy el pueblo colombiano también inicia su propio recorrido en el posconflicto. La aprobación del acuerdo de paz de Colombia convierte a América Latina en la única región del mundo donde ningún país se encuentra involucrado en un conflicto armado. El caso salvadoreño demuestra que la lucha por la paz inicia con el fin de la guerra, pero no se agota ahí. Nos falta mucho por construir una mejor convivencia ciudadana. Nos falta fortalecer el Estado de derecho y los sistemas de administración de justicia. Nos falta crear más oportunidades de movilidad social, que alejen a nuestros jóvenes de las calles y aprovechen su talento en las aulas, en los laboratorios, en las empresas y en los centros de arte.

Los retos pendientes son enormes y a ellos se añaden las incertidumbres que actualmente atraviesa el panorama global, pero, como bien dice el proverbio, incluso el más largo de los viajes inicia con el primer paso. Ojalá que la región se inspire en la paz para continuar avanzando, para derrotar finalmente la violencia en todas sus formas, para vencer la pobreza y la desigualdad, para construir un futuro de mayor armonía, prosperidad, desarrollo y seguridad para nuestros pueblos.
(*) Rebeca Grynspan es Secretaria General Iberoamericana.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/01/20/opinion/1484935198_759835.html
Imágenes:
https://www.timetoast.com/timelines/guerra-civil-de-el-salvador-583005e7-7462-4e93-bde8-93b1cdc1856e https://www.youtube.com/watch?v=x1DDt8vCijs http://www.proceso.com.mx/359827/el-salvador-la-reparacion-a-la-victimas-de-la-guerra-civil https://www.emaze.com/@ACTZCRRZ/La-Guerra-de-El-Salvador

TRUMPADAS

EL PAÍS, Madrid, 28 de enero de 2017
 TRIBUNA
La conjura contra América
Leonardo Padura

Hace unos años, mientras leía la novela de política-ficción La conjura contra América (2004), del gran escritor norteamericano Philip Roth, sentí de forma visceral el gran poder de la literatura: tocar y afectar lo más profundo del espíritu humano. Aquella historia, ubicada en los Estados Unidos de 1942, en la imaginaria coyuntura de un sorpresivo triunfo electoral del exaviador Charles Lindbergh sobre Franklin D. Roosevelt, desarrollaba su trama en una Norteamérica dirigida por una Administración cercana a los ideales nacionalsocialistas de Hitler en la que, junto al pregón de posturas nacionalistas, primero de manera sibilina, y luego de forma abierta, se culpaba de los males domésticos a un enemigo cada vez más concreto y cercano, en este caso la comunidad judía asentada en el país.

La reacción que me fue provocando el sentimiento de encierro, desvalimiento, indefensión de unos individuos posibles ante la enorme maquinaria desbocada de un poder que los ha convertido en sus objetivos de represión y ataque solo por ser culpables de lo que son, me llegó a resultar agobiante, al punto de que por momentos debí detener mi lectura. Y es que Roth nos advertía en su magnífica y dolorosa novela, referida a un mundo tan imaginario y posible como el de George Orwell en 1984, sobre la necesidad del poder de tener o de crear enemigos, reales o pretendidos, y su capacidad de devorar a los marcados por esa necesidad, a los reales o pretendidos disidentes. Y aquella historia me afectaba porque sus connotaciones son universales, los peligros de su existencia siempre están latentes y porque, partiendo de una conjetura histórica, Roth desbordaba la realidad factual y me mostraba de modo ejemplar cómo había sido siempre, cómo podía ser siempre, cuando desde las alturas políticas se exacerban el nacionalismo, el aislacionismo y el odio nacional, social, político, sexual o racial hacia el otro.

Creo que, precisamente por su proyección universal y su cualidad de permanencia, a nadie le extrañará que La conjura contra América haya vuelto por estos días a mi mente, revolviendo todos los avasallantes efectos estéticos y políticos que en su momento me provocó la novela.

El discurso presidencial de Donald J. Trump este 20 de enero de 2017 es, sencillamente, uno de los documentos más alarmantes que se han lanzado al mundo en las últimas décadas, por venir de quien viene y por salir de donde sale. La exacerbación flagrante de los sentimientos patrióticos mediante el levantamiento de su peor manifestación, el nacionalismo, aparece tan en el centro de sus palabras que opacan la capacidad o necesidad de anotar sus inexactitudes, sus medias verdades (o medias mentiras) y su comportamiento antiético respecto a sus predecesores políticos, especialmente el saliente presidente, Barack Obama.

El espíritu del país ha sido convocado para reclamar derechos que, dicen, les han arrebatado

“A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, solo Estados Unidos será la prioridad. Estados Unidos primero”, afirmó Trump, mesiánico, casi revolucionario. La atmósfera creada por estas posturas que se empeñan en señalar a algún culpable y pretenden convertirse en política de Estado del país más poderoso del mundo, de seguro calará en la mente de millones de personas que viven en Estados Unidos y, al escucharlas, se sienten más patriotas, más insatisfechos y ofendidos, incluso humillados pero, sobre todo, al fin capaces de denar sus temores. Y sus respuestas, estoy convencido, no se harán esperar: el enemigo ha sido señalado y se les ha pedido, a ellos, los buenos, actuar. El enemigo es el otro, el extranjero, el que está más allá de las fronteras (el que provoca miedo y nos roba) y las víctimas han sido los que debían haber sido beneficiados y han sido perjudicados por esos otros.

Como bien se sabe, pocos discursos gustan más a las masas que los de este estilo, muy cercano al practicado por los totalitarismos que sufrimos en el siglo XX y hasta el día de hoy: el que hace posible culpar al otro de nuestros problemas, el que nos hace vernos como objetivos de una malévola conjura y con derecho a defendernos con todas las armas.

Trump no dice cómo hará para que los grandes capitales industriales renuncien a sus ganancias y abran fábricas en Estados Unidos y paguen 25 dólares la hora al obrero que, fuera de sus fronteras, por igual o más trabajo, empleado por esos mismos capitales u otros similares, solo recibe cinco, o menos. Tampoco cómo mejorará la educación y la salud, el gran tema todavía pendiente en el país poderoso y que a su juicio reclaman una refundación. Pero afirma que se construirán más carreteras y, con vehemencia, que si se les da a los norteamericanos lo que les corresponde, todo irá a mejor para ellos.

La máquina del nacionalismo excluyente ha sido puesta en movimiento en Estados  Unidos

El espíritu de un país ha sido convocado a reclamar derechos que les pertenecen y que, les dicen, les han sido arrebatados. Cómo gestionará Trump su política de rescate de la (según él) perdida grandeza norteamericana puede ser objeto de muchos análisis y conjeturas. Pero lo que ya ha ocurrido es que las semillas de su alarmante pensamiento político han sido lanzadas al viento y muchas de ellas van a caer en tierra fértil donde brotarán, diría que inevitablemente, los retoños del odio, la xenofobia, la megalomanía de los grandes sectores de un país que votó por estos discursos populistas de Trump que tanto recuerdan otras exaltadas elocuciones de similar especie que de vez en cuando la historia evoca con pavor para que algunos nos preguntemos cómo fue posible que aquello ocurriera.

Por suerte también sabemos que no todos los estadounidenses votaron por Trump y que muchos de ellos observan con pavor el ambiente creado antes y con el ascenso del mandatario. Hace unos pocos días Merryl Streep lanzó su grito de alarma, el mismo que han dado otros muchos norteamericanos, democratas y republicanos, que han decidido levantar banderas mucho más nobles y coherentes y han comenzado el movimiento civil de oposición. Pero lo cierto y terrible es que la máquina del nacionalismo excluyente ha sido puesta en movimiento y que el futuro se ha convertido en una interrogadora amenaza para muchos norteamericanos pero, también, para nosotros, “los otros”, pues su alcance será lamentablemente universal.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/01/27/opinion/1485528343_681861.html


EL UNIVERSAL, Caracas, 18 de enero de 2017
Trump: el descenso del Olimpo
Alfredo Toro Hardy

Nunca antes las corporaciones multinacionales habían alcanzado su dimensión actual. Tal como refería Noreena Hertz en su obra The Silent Takeover, publicada en 2001, de las cien mayores economías del mundo, cuarenta y nueve eran Estados-naciones y cincuenta y uno corporaciones multinacionales. Desde entonces la balanza se ha inclinado cada vez más en la dirección de estas últimas, gracias a un proceso sistemático de megafusiones empresariales.

Dichas megacorporaciones tienden a ser controladas con mano firme. Hace varias décadas Galbraith desarrolló su teoría de la evolución corporativa, según la cual las empresas habían pasado del liderazgo carismático de sus fundadores a aburridos directorios tecnocráticos. Ello no se corresponde a la realidad actual, donde figuras de inmensa fuerza como Warren Buffet, Larry Page, Sergey Brin, Carlos Slim, Mark Zuckerberg, Amancio Ortega o Bernard Arnault, dominan sin cortapisas sus emporios económicos. Ello responde al hecho, documentado por el censo 2013 de mil millonarios de Wealth-X y la banca UBS, de que el 60 por ciento de éstos son “self-made men” que virtualmente crearon sus empresas de la nada.

Pero junto al valor de las empresas que controlan se encuentra la fortuna personal de estas figuras. En enero de 2016 la organización internacional Oxfan, basada en Oxford, Reino Unido, difundió un reporte titulado Riqueza: Tenerlo Todo y Querer Más, donde proporcionaba una cifra espeluznante: A partir de 2016, la riqueza de 1% de la humanidad superará a la del 99% restante. De acuerdo a la encuesta de Wealth-X y UBS, antes citada, la fortuna combinada de las 2.170 personas que hoy pasan de los mil millones de dólares es de 6.5 millón de millones de dólares. Es decir, más que el PIB de Japón. De su lado, la polarización económica a la que ha llegado Estados Unidos resulta pasmosa. En efecto, la riqueza poseída por el 0,1% de arriba resulta igual al del 90% de su población contada a partir de abajo (Angela Monaghan, “US Wealth inequality- Top 0.1% worth as much as the bottom 90%”, The Guardian, 13 November, 2014).

Esos grandes líderes corporativos no sólo suelen compartir una visión similar del mundo sino que tienden a reunirse frecuentemente. Los espacios donde se congregan van desde los de naturaleza abierta como el Foro Económico Mundial hasta agrupaciones reservadas como Bilderberg, la Comisión Trilateral, o el Grupo de los Cincuenta. Según Bruno Cardeñosa: “Estos grupos pretenden gestar una red de mando que no se vea afectada por el capricho de turno de los ciudadanos” (El Gobierno Invisible, Madrid, 2007).

Lo anterior se traduce en una conectividad que ha llegado a ser cuantificada económicamente. En palabras de Tyler Durden: “De acuerdo a la publicación Wealth-X las conexiones entre los mil millonarios del mundo equivale a un círculo social cuyo valor combinado asciende a 33 millones de millones de dólares, es decir, el doble que el PIB de Estados Unidos” (“The World 2170 billionaires control $33 trillion in net worth”, Zero Hedge, 23 November, 2013).

La conjunción entre el gigantesco poder económico de las grandes corporaciones, el liderazgo carismático sobre las mismas, la fortuna personal de quienes las controlan, la presencia de valores compartidos, la existencia de un marco asociativo común y la conectividad derivada de ese marco asociativo, se traducen en un poder inconmensurable. No es exagerado hablar, por tanto, de un “club de los amos del mundo”. Cualquier Estado que se enfrente a los intereses de éste, debe estar dispuesto a asumir un costo desmesuradamente alto. No en balde pocos se arriesgan a hacerlo. Ello ha conducido a lo que el historiador John Polock ha calificado como la subordinación de las comunidades soberanas de ciudadanos al poder del dinero.

Curiosamente algunos de estos amos han decido descender del Olimpo para medirse con los simples mortales. Ello ha implicado abandonar el mundo de la opacidad para someterse al conteo de los votos y al escrutinio público. Entre éstos cabría citar a Silvio Berlusconi en Italia, a Thaksin Shinawatra en Tailandia, a Rafic Hariri en Líbano o a Sebastián Piñera en Chile, quienes cedieron a la tentación del poder político. A juzgar por los costos que ello le implicó a Hariri y en menor medida a Shinawatra y a Berlusconi, cabría preguntarse si tuvo sentido desdeñar los hilos ocultos y el poder gremial del “club”.

Donald Trump se suma ahora a este grupo. A juzgar por los bajos niveles de popularidad con los que inicia su mandato, a la oposición sin cortapisas de la llamada prensa liberal, a los cuestionamientos a la legitimidad de su presidencia derivados de la injerencia rusa, a los innumerables conflictos de intereses y acusaciones de nepotismo que confronta y a su extraordinaria capacidad para boicotearse, los suyos serán años en extremo difíciles. Algunos anticipan desde ya un “impeachment”. Este bajar del Olimpo (o del penthouse de Trump Tower), puede terminar resultándole una pésima escogencia. El tiempo dirá.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/trump-descenso-del-olimpo_635392


EL UNIVERSAL, Caracas, 26 de enero de 2017
Trump: ¿Líder Mesiánico?
Julio César Pineda

Los griegos al referirse a la arrogancia de los gobernantes con el uso ilimitado del poder creyéndose omnipotentes acuñaron el término “hybris”. David Owen uno de los más grandes especialistas en esta materia cuando se refiere a los caudillos mesiánicos habla de “borrachera de poder” en los tiempos modernos. Para Aristóteles “hybris” es la actitud de amilanar a la víctima. Esquilo la calificaba como maldición que los dioses imponían a los humanos con desmesura y soberbia, para que perdieran el sentido de la realidad y terminaran en el caos. Eurípides, sentenció “aquél a quien los dioses quieren destruir primeramente lo enloquecen”.

El poeta Borges en su libro “Otras Inquisiciones”, cuando se refiere al Emperador de China Qin Shi Huang Di, para romper con la historia decretó la quema de todos los libros escritos antes de su reinado. Fue quien ordenó la construcción de la gran Muralla China para proteger su imperio y para protegerse él. En su deseo de inmortalidad, prohibió que en su reino mencionaran la palabra muerte y consultó innumerables magos y alquimistas para encontrar el elixir de la vida eterna. La Muralla en el espacio y el incendio en el tiempo, eran barreras mágicas destinadas a proyectar su poder y su existencia. El poeta y escritor argentino, al referirse a esto recuerda al filosofo Spinoza “todas las cosas quieren persistir en el ser”, el Emperador y sus magos creyeron en la posibilidad de la inmortalidad.

Mussolini, Hitler, Stalin, Mao Tse Tung y muchos otros líderes mesiánicos incluyendo algunos en nuestro continente, compartieron esta visión del mundo y su destino. Han desconocido que el síndrome de “Hybris”, encuentra tarde o temprano el freno trágico o moderado de lo que los griegos llamaban “Némesis o Castigo”, casi siempre signado como un final trágico.

Hoy la psicología política permite acercarse al fenómeno de la locura y el poder. El populismo tanto de derecha como izquierda, facilita la presencia de líderes con cierta dote de locura y ofertas desmesuradas dejando de lado la política racional. Es lo que los británicos han denominado la “Post Verdad” (Post- Truth). El francés Pascal de Sutter, ilustre de esta nueva orientación de la psicología, en su libro “Estos locos que nos gobiernan” donde ejemplifica en los últimos tiempos Jefes de Estado y Jefes de Gobierno que pueden llegar por vía electoral o situaciones épicas pero que, o llegan dementes al poder o desde el poder desarrollan sus locuras.

Esta reflexión más cercana a la filosofía que a la política, es a propósito de la elección de Donald Trump, sus promesas electorales, y especialmente las ejecuciones que ha comenzado a realizar en la nación más importante del planeta. Él reúne todas las características del “Líder Mesiánico” y encuadra en lo que los ingleses Anthony Stevens y John Price denominan “Prophets, Cults and Madness”. Estos jefes se consideran superiores y elegidos, con personalidades patológicas guiadas por la hostilidad y el resentimiento que puede ser más peligroso cuando poseen síntomas de esquizofrenia con unas fuertes dosis de paranoia y narcisismo. No conciben el diálogo y la negociación, sino la imposición y el control, midiendo  otros dentro de sus propios términos y en la permanente relación “amigo-enemigo”.

El discurso del Presidente Trump el día de su investidura nada tuvo que ver con las palabras de los 44 presidentes que lo antecedieron ante esa misma función, parecía más la proclama de un Jefe Militar o de un Dictador. Para el nuevo Presidente sólo existe su país y los otros. Lo valioso es lo nuestro, y los nuestros están llenos de bondad y generosidad. En todo hay una conspiración contra nuestro país, con enemigos internos y externos. Todos los gobiernos anteriores han sido nefastos y han conducido al país a la catástrofe, a la pobreza. De ahora en adelante, comienza la democracia para hacer fuerte de nuevo a Estados Unidos. Make America Great Again. Las Fuerzas Armadas ahora serán diferentes y muchos países se han aprovechado de la defensa que se les ha otorgado y en el futuro deben pagar por ello.

En Política Internacional tendremos que ver el desarrollo de sus ofertas frente al Libre Comercio y los compromisos de Estados Unidos con el TLC y el TPP que acaba de denunciar, su decisión de aislar a China y establecer vínculos con Taiwán. ¿Qué decidirá con los acuerdos no sólo de Estados Unidos sino los del Consejo de Seguridad y Alemania con respecto a Irán y el tema nuclear? ¿Echará atrás todo lo acordado con Cuba? ¿Cuál será su actitud referente a Venezuela? ¿Qué acciones va a tomar para frenar la guerra en Siria? Su nueva relación con la OTAN y con la presencia de las tropas norteamericanas en territorio de aliados con zonas de conflicto. Su posición frente a Ucrania y las nuevas democracias en la antigua Unión Soviética. Los imperativos impostergables de los tratados sobre el calentamiento global y el cambio climático ¿Qué sorpresa para la Geopolítica Mundial en su nueva relación con Rusia y el Presidente Putin?

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/trump-lider-mesianico_636744


EL PAÍS, Madrid, 25 de enero de 2017
 TRIBUNA
La toma de posesión de Trump
Jean-Marie Colombani

La toma de posesión del 45º presidente de Estados Unidos no puede hacernos olvidar que Donald Trump no debe su elección al voto popular, sino a una particularidad del escrutinio norteamericano: Hillary Clinton obtuvo dos millones y pico más de votos, pero un escaso margen de 11.000 votos repartidos en tres Estados le dieron el triunfo a él. Así se explica sin duda el récord de impopularidad del nuevo presidente, que acaba de instalarse en la Casa Blanca en minoría.

Puede que a la mayoría de los norteamericanos le preocupe comprobar que el areópago que rodea al nuevo mandatario recuerda al consejo de administración de Goldman Sachs. ¿Será ya una influencia de Vladímir Putin? Lo cierto es que, por el número de millonarios que lo componen, el Gobierno de Donald Trump es un equipo de oligarcas.

En cuanto a nosotros, los europeos, tenemos motivos para estar más preocupados aún. Las declaraciones del nuevo presidente sugieren en efecto que estamos viviendo un noviembre de 1989 al revés. Antaño, una doble política de “contención” del imperio soviético y “desarrollo” ‒cuyo efecto contagio fue decisivo‒ hizo posible la derrota de la URSS. El mundo tal y como había sido organizado tras la Segunda Guerra Mundial descansaba en dos pilares: el librecambio y la seguridad colectiva. Donald Trump, cuya doctrina es proteccionista y aislacionista, pone en tela de juicio los dos. Por una parte, ha declarado que quiere revisar los acuerdos comerciales, especialmente en el continente americano y en Asia, a riesgo de desencadenar sendas guerras comerciales; por otra, ha declarado que la OTAN está “obsoleta”. Y, mientras Vladímir Putin enseña los dientes en las fronteras de la Unión Europea, a él parece traerle sin cuidado.

Desde un punto de vista estadounidense, Putin es una cuestión secundaria: Rusia es una potencia mediana. Ciertamente, puede crear dificultades a Estados Unidos, pero solo en la periferia. Como en Siria, por ejemplo. La estrategia norteamericana de repliegue iniciada por Barack Obama le ha facilitado la tarea. China es la única potencia que puede rivalizar con Estados Unidos, y será, ya lo es, la única obsesión de la América de Trump.

Trump tiene elementos discursivos propios de los partidos populistas y extremistas que tienen como doctrina común su hostilidad a la construcción europea

En cambio, Vladímir Putin es una cuestión delicada, incluso una amenaza, para Europa y solo para ella. Pues el presidente ruso se ha fijado como objetivo debilitar a la Unión Europea para restablecer la tutela que la URSS ejercía sobre el Este del continente, a expensas de unos países que hoy son miembros de la UE y de la OTAN. Y se diría que Donald Trump comparte ese mismo objetivo: debilitar a Europa.

De hecho, la inspiración de Donald Trump en cuestiones europeas es Nigel Farage, expresidente del UKIP y punta de lanza de la campaña a favor del Brexit, cuyo objetivo político es ahora conseguir el desmantelamiento de la Unión. Así se explican el pronóstico formulado por Donald Trump sobre la próxima muerte de Europa y también su tono antialemán. En el nuevo presidente norteamericano están presentes los elementos discursivos de todos los partidos populistas y extremistas que tienen como doctrina común su hostilidad a la construcción europea. Así pues, Europa se encuentra amenazada desde el Este y desde el Oeste.

Hay que añadir la adhesión sin condiciones ‒habría que decir la “rendición”‒ del nuevo Gobierno británico a este combate antieuropeo: Theresa May se ha situado de inmediato en la estala de Donald Trump, lo que la conduce a optar por un Brexit “duro”, es decir, con una salida del mercado único y de la unión aduanera aderezadas por la promesa de convertir a Gran Bretaña en un enorme paraíso fiscal a las puertas del Viejo Continente.

Esta combinación de circunstancias negativas sobreviene en un momento particularmente delicado de la vida de la Unión Europea, paralizada o casi por la preparación de las próximas elecciones francesas y, luego, alemanas, los dos países sin cuyo acuerdo no existe la Unión Europea.

No obstante, para intentar convencerse de que lo peor nunca es seguro, el inventario de divergencias expresadas por los cargos recién nombrados por el presidente norteamericano pueden ayudarnos: Rex Tillerson, futuro secretario de Estado y expresidente del gigante petrolero Exxon, asegura que apoya el tratado transpacífico que el presidente ha prometido desmantelar; promete una diplomacia de la disuasión con respecto a Rusia, mientras que Donald Trump evoca la retirada pura y dura de las sanciones económicas aprobadas tras la invasión de Crimea. Tanto el actual director de la CIA como el próximo, Mike Pompeo, han puesto en guardia al presidente norteamericano sobre el peligro que, en su opinión, representa la afición del mandatario a las declaraciones intempestivas. En cuanto a James Mattis, consejero de Seguridad, estima “importante reconocer” que Vladímir Putin intenta “desmantelar” la OTAN. La lista no es exhaustiva.
(*) Jean-Marie Colombani fue director de Le Monde.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/01/24/opinion/1485253123_969384.html


EL NACIONAL, Caracas, 26 de enero de 2017
Efecto Trump
Pedro Palma

De los anuncios y posiciones públicas de Donald Trump se puede inferir que lo que probablemente caracterizará la política económica de su gobierno será el proteccionismo comercial, una política de gasto público fuertemente expansiva concentrada en el desarrollo de infraestructura y defensa, y recortes impositivos. Eso implicaría, por una parte, la revisión de tratados comerciales –como los suscritos con México y Canadá, así como con las economías del Pacífico–, mayores aranceles y presión sobre las empresas norteamericanas para que inviertan localmente y abandonen planes de inversión foránea; y, por la otra, mayores déficits fiscales que obligarían a ampliar el endeudamiento del sector público. Esto último presionaría al alza las tasas de interés de esa economía, y podría verse esa tendencia reforzada por una política monetaria restrictiva implementada por la Reserva Federal ante los temores de un repunte inflacionario.

Como bien explica Xavier Vidal-Folch en su artículo “El fantasma de la Gran Depresión” (El País, 20/1/2017), las mayores tasas de interés atraerían capitales hacia Estados Unidos, fortaleciendo aún más al dólar y debilitando la competitividad a los productos norteamericanos a nivel mundial. Ello contribuiría a estimular las importaciones de Estados Unidos y a limitar sus exportaciones, ensanchando así su déficit comercial. Pero, a la larga, el alto desequilibrio externo norteamericano acabaría debilitando el dólar, máxime si otros gigantes comerciales, como China, mantienen sus monedas subvaluadas. Al igual que lo sucedido en administraciones anteriores, como las de Reagan y George W. Bush, es probable que en la de Trump se materialice una situación de déficits gemelos, el fiscal y el comercial, lo cual tendría importantes repercusiones.

Como ya explicara en mi artículo “Los déficits de Bush”, escrito hace ya más de 12 años (El Universal, 13/11/2004), una situación como esa limita el crecimiento del orbe, ya que los mayores costos de financiamiento restringen la demanda y generan efectos recesivos a escala global, particularmente si las principales economías mundiales elevan sus aranceles para impedir el deterioro de sus balances comerciales, ya que ello limitaría las posibilidades de exportación de las naciones con mayor capacidad competitiva. Adicionalmente, los países altamente endeudados en monedas fuertes, como es el caso de varias naciones latinoamericanas, tendrían que destinar un alto porcentaje de sus recursos a honrar esas deudas, limitando la disponibilidad de fondos para el desarrollo de su capital físico y humano, con las negativas consecuencias sociales y económicas que ello acarrea. Ese es el típico caso de Venezuela.

Los anuncios de desregulación a la exploración petrolera en áreas hasta ahora protegidas en Estados Unidos también pueden afectar a los países exportadores de petróleo de forma importante. El objetivo que persigue la nueva administración norteamericana es reducir la dependencia de suministro externo de petróleo de ese país, por lo que no sería de extrañar que en un futuro nuestras exportaciones de hidrocarburos a esa nación, nuestro principal cliente, se vean aún más reducidas, debido no solo a la declinación de nuestros volúmenes de producción, sino también por los recortes de demanda del país del norte. Esto podría exacerbarse como consecuencia de un deterioro aún mayor de las relaciones políticas y diplomáticas entre ambas naciones, máxime con la manifiesta actitud antilatina del nuevo presidente.

Como se ve, el panorama no luce favorable. Al contrario, debemos tomar conciencia de que los tiempos que vienen serán muy difíciles y atípicos, con una nueva administración norteamericana caracterizada por el proteccionismo, el egocentrismo, la falta de diplomacia, la tosquedad, la rusticidad y la antipatía manifiesta hacia los latinoamericanos. No será fácil tratar con gente así.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/efecto-trump_77505


EL UNIVERSAL, Caracas, 25 de enero de 2017
Trump y el fin de la hegemonía estadounidense
Alfredo Toro Hardy

La noción de hegemonía, de acuerdo a la definición clásica de Antonio Gramsci, se sustenta en la idea del consentimiento ajeno al propio poder. Según Andrew Gramble: “El concepto de hegemonía se asocia con Gramsci. El ejercicio del poder entraña del uso tanto de la coerción como del consentimiento de los otros, pero las formas de control político más estable son aquellas donde sobresale el consentimiento. El énfasis en este caso es puesto en una concepción del orden internacional, sustentada en la creación y sostenimiento de una arquitectura institucional, que se integre en un proyecto político de amplio espectro. El aspecto ideológico de la hegemonía es lo más significativo”. (“Hegemony and Decline” en Patrick K. O’Brien, Editor, Two Hegemonies, Burlington, 2002).

Durante largas décadas Estados Unidos ha detentado la hegemonía mundial. Ello a través de su capacidad para definir la agenda política internacional por vía una arquitectura institucional diseñada a imagen y semejanza de sus valores e intereses. Este proceso se remonta a las fases final e inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, bajo los gobiernos de Roosevelt y Truman. Durante esa etapa cobraría vida una amplia red de organizaciones multilaterales y de alianzas, susceptible de dar forma a algo parecido a un sistema de gobernabilidad mundial.

Bajo el impulso de Roosevelt surgirían la ONU y los acuerdos de Bretton Woods con la aparición del Banco Mundial y del FMI. Bajo Truman aparecería  el GATT así como todo un siste-ma de alianzas y organizaciones que vincularía a Washington con Europa Occidental, Asia del Este y América Latina. Este entretejido se consolidaría en tiempos de Kennedy con el fortalecimiento de la Comunidad Atlántica y la creación de la OCDE.

Se estructuró así un sofisticado sistema internacional al amparo de la primacía estadounidense. Cierto, del otro lado se alzaba el bloque comunista con su propia estructura de alianzas y organizaciones y compartiendo el liderazgo al interior de la ONU. Aunque el alcance de este último fuese más limitado, el mismo imponía límites y retos a la hegomonía de Estados Unidos. Sin embargo esta dualidad resultó de mucha utilidad para que Washington pudiese afianzar el control sobre su inmensa esfera de influencia.

Tras el colapso del comunismo el mundo entero se vio obligado a buscar acomodo bajo el sistema de gobernabilidad definido desde Washington. De hecho, el “Consenso” que llevaba su nombre se impuso sobre los cuatro puntos del planeta como realidad económica inapelable.

La llegada del segundo de los Bush a la Casa Blanca hizo tambalear toda la arquitectura institucional que daba sustento a la hegemonía estadounidense. Inmerso en concepciones arcaicas con respecto a la naturaleza del poder, aquel abandonó los valores globales y el multilateralismo cooperativo, en función de un unilateralismo militante.

El suyo pasó a ser un mundo de satélites y no de aliados, de coaliciones ad hoc y no de instituciones multilaterales, de distinciones tajantes entre “nosotros o contra nosotros”, de mecanismos de castigo a la disidencia y no de estímulos a la cooperación y de la acción preventiva prevaleciendo arrogantemente sobre el derecho internacional.

Poco faltó para que toda la estructura internacional que sustentaba la primacía estadounidense se viniese abajo. Fueron necesarios ocho años de labor paciente y sistemática por parte de Obama para devolver al sistema parte de su antigua fortaleza. Al propiciar activamente el multilateralismo cooperativo, incluyendo allí al liderazgo sobre las negociaciones globales sobre cambio climático, Washington volvió a posicionarse como punto de confluencia y por ende de influencia.

El triunfo de Trump, con su mensaje proteccionista, aislacionista y de absolutización del interés nacional, no sólo echa abajo lo alcanzado estos últimos ocho años, sino que retrotrae el reloj de la historia a los años treinta del siglo pasado. Su discurso de toma de posesión, reafirmación consistente de sus principales temas de campaña, fue tajante.

Ni una sola mención a aliados, ninguna referencia a valores o principios de política internacional, ni una palabra de historia, ninguna manifestación de multilarismo cooperativo. Por el contrario, el suyo fue un grito de guerra frente a alianzas estratégicas, tratados comerciales o mecanismos internacionales que impongan algún costo a sus ciudadanos o al Fisco de su país.

El egoísmo nacional militante de Trump, actuando sobre el terreno abonado por Bush, desborda la capacidad de resistencia de cualquier sistema sustentado en la acción colectiva. El capítulo de la hegemonía internacional de  Estados Unidos llega así a su fin. Con ello desaparece una estructura diseñada en función de los intereses de Estados Unidos, a través de la cual dicho país pudo ejercer un nivel inconmensurable de control planetario, por vía del consentimiento de parte importante de la comunidad de naciones.

Funte:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/trump-fin-hegemonia-estadounidense_636425
Ilustraciones: Goggle imagen.

DE LA ÚNICA NOVEDAD



Actualización  y tipificación de un delito

“Los parlamentarios y todo Vente Venezuela rechaza y condena firmemente la violación de la inmunidad parlamentaria de la que ha sido objeto el colega Luis Florido”, expresó el diputado del partido azul Luis Barragán.

“Consideramos que hubo una detención del diputado Florido, aunque fuese por algunas horas, con la abusiva anulación del pasaporte de quien es – faltando poco – el  presidente de la Comisión de la Comisión Permanente de Política Exterior de la Asamblea Nacional, acarreando las responsabilidades penales y administrativas de los mediatos e inmediatos funcionarios que incurrieron en un delito, mas no en una  momentánea retención y anecdótico despojo de su documentación legal. Recordemos, el artículo 200 constitucional establece expresa, clara e inequívocamente todo un complejo de inmunidades parlamentarias que constituye una prerrogativa para el mejor desempeño de la cámara, antes que una prerrogativa personal, pacíficamente aceptado por el constituyente de 1999, paradójica y significativamente, siendo uno de ellos Nicolás Maduro”.

Agregó el parlamentario por el estado Aragua: “Ciertamente, no constituye novedad alguna el atropello sufrido por el diputado Florido, al invocar además el precedente todavía inédito de una tal destitución administrativa que afectó a la entonces diputada María Corina Machado, en 2014. Y es que, como siempre se ha explicado histórica y universalmente la institución, el parlamento ha de reivindicarse todos los días resistiéndose al régimen socialista en el que no cabe, pero está llamado a superar de acuerdo a la propia Constitución de la República”.

Finalmente, el diputado Barragán propuso una inmediata reforma al Código Penal: “Desarrollando el texto constitucional, es necesario actualizar y  tipificar con mayor rigor el delito de violación de las inmunidades parlamentarias,  incluso, calificándolo para penas más severas. Sabemos de la situación real en la que se encuentra hoy la Asamblea Nacional, pero resulta aconsejable generar y sancionar una reforma de tal importancia que contribuya a salvaguardar – ahora y más adelante -  a la institución de las más arriesgadas circunstancias que vive y, por definición, seguirá viviendo para el restablecimiento del Estado Constitucional en Venezuela”.

28/01/2016: