Del itinerario trágico hacia la gloriosa Resurrección
Luis Barragán
Inédito confinamiento viruscoronario, aunque no conozcamos de algún esbozo sobre el empleo del tiempo presuntamente libre, nos atrevemos a varias hipótesis. Por ejemplo, la una, evidente, el consentimiento resignado a la elemental medida de enclaustramiento, justificada la desconfianza hacia un Estado que, en poco o en nada, auxilia a sus ciudadanos; y, la otra, menos obvia, la reivindicación del hogar al mismo tiempo que la de los espacios públicos.
Específicamente, la casa nos devuelve a las intimidades olvidadas, aunque en condiciones precarias que obligan a sendas excursiones para la búsqueda de los insumos necesarios, vapuleados por la inflación, rogando por no afrontar una emergencia - incluso – distinta a la viral, más de las veces, sin el servicio eléctrico o de agua. No obstante, en alguna escala, tendemos a revisar algunas de las convicciones que nos mantienen en pie y, aun no siendo creyentes, siéndolos de un modo particular u, otra variante, creyéndonos incrédulos, aplaudimos desde casas y apartamentos, el periplo cumplido por el Nazareno en las principales arterias de aldeas, caseríos, pueblos y ciudades.
Quizá por darle un acento diferente a las desoladas calles, muchos reparamos en el cumplimiento trágico de un itinerario que llevó finalmente a Jesús a la Resurrección, sublimando el de todo un país que ya no diferencia entre el Covid19 y el régimen que nos atormenta. En el llamado papamóvil, transitó por Caracas el Nazareno de la Iglesia Santa Teresa, agolpada tradicionalmente por estas fechas, seguido por numerosos motorizados de la Guardia Nacional y de la Policía Bolivarianas, cuales carceleros, hasta que una falla eléctrica impidió consumar el recorrido: no fue por falta de gasolina, como aseguró la prelatura que no ha de mentir y, menos, en la época cuaresmal.
A pesar de las limitaciones igualmente compartidas, los párrocos, se esfuerzan por una novedosa tarea evangelizadora y, así, con una modestia de infinita riqueza espiritual, el más cercano a nuestra residencia, hizo el trayecto con el Nazareno sobre una camioneta equipada con un básico sonido, compartiendo las oraciones con el extenso vecindario que también lo aplaudió como símbolo de las esperanzas que no desfallecen. En lo más recóndito de una agitada existencia común, arreciado el estado de zozobra como pocas veces en nuestra historia, surgen las preguntas de la vida misma, persistentes, ineludibles, impostergables.
Entre los papeles removidos en casa, por cierto, encontramos viejos recortes de prensa, como los de la serie de José Luis Vethencourt sobre la sabiduría, entre ellas, la espiritual, publicada por el Nacional a finales de 1985; el de Pynchas Brener, para el mismo periódico, sobre el pecado y el arrepentimiento (04/11/98); el de Roberto Briceño-León para El Universal, en relación al “Foucault entre nosotros” (08/07/84), curioso para un diario tildado de conservador; y hasta los títulos significativos de Ignacio Larrañaga junto a los ejercicios ignacianos de los padres Ignacio Huarte y José Martínez. Es decir, por poco que sea el tiempo disponible, el dramático camino de Jesús hacia la gloria, nos interpela, desde el propio oficio de la codianidad forzosa.
10/04/2020:
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36700-resurreccion
Ilustración: Audrey Anastasi.
Fotografías: LB, Caracas (Jueves Santo, 09/04/2020).
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viernes, 10 de abril de 2020
sábado, 20 de abril de 2019
EN CLAVE DE ESTOS TIEMPOS
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| Boris Vallejo |
Siul Nagarrab
Consabido, el pueblo judío esperaba al terranalísimo libertador, en clara correspondencia con el Dios de los Ejércitos. A pesar de las profecías, luego cumplidas, no imaginaban definitivamente que la túnica del mesías se rifara entre los soldados burlones que lo condujeron a la muerte.
La muerte misma, injusta y prematura, cruel y desmoralizante, supuso la cancelación del proyecto de salvación. El Viernes Santo, próximo pasado, el sacerdote reflexionaba sobre un hecho ineludible que, además, no ha de explicarse por un burdo fatalismo, pues, Jesús libre, pidiendo que lo apartara del sacrificio, finalmente aceptó hacer la voluntad del Padre.
Referido por San Pablo al escribirle a los corintios, lo plebeyo del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es. El sujeto debilucho de una apartada latitud del imperio, luego de arrastrarla, humillado e injuriado, muere en la cruz: paso previo, a ella nos remite la gloria de la Resurrección, en lugar del Jesús que caminaba sobre las aguas, como lo reclamaba Antonio Machado.
La brutal noticia ha sabido de versiones más o menos atenuadas a lo largo del tiempo y, aún teñido del drama, el imaginario renacentista cuida muy bien el paisaje y sus protagonistas, distinguiendo también en otras escenas, en la perspectiva teológica de entonces, por la consabida corona de luz, a Jesús y sus fieles seguidores de inconfundibles rasgos europeos, y – como un tributo - vistiéndolos con las más elegantes telas en espacios igualmente ostentosos. Siglos después, siendo la Palabra y su testimonio de una fuerza extraordinaria, el cine intenta tal realismo, con Pier Paolo Pasolini (“Il Vangelo secondo Matteo”, 1964) y Mel Gibson (“The Passion of the Christ”, 2004), caracterizado Jesús por una fragilidad física y pobreza material que lo hizo el menos sospechoso de todos, para vencer a la muerte.
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| Tony Lanza |
Jesús superhéroe, a tono con estos tiempos, es el físicoculturista o fisioculturista que, por muy pesado que fuere, es capaz de las ágiles maniobras y desplazamientos que las circunstancias impongan, capaz de pensar y hacer la guerra, o enfrentar cualquier escaramuza, por vana que sea. No por casualidad, Spiderman, Supermán o Batman, quedan para afrontar a los delincuentes comunes, aun no siendo los muy apertrechados, creativos y malévolos, aparentemente desatentos a las lides o percances sentimentales: constituyendo por sí mismos un arma estratégica, cuyos superpoderes pudieran interesar al jefe de recursos humanos de la CIA, en el peor de los casos, no compiten con los artefactos atómicos, ni les interesa la complejidad de los juegos estratégicos que requieren más de un escritorio o tablero de ajedrez que del empleo de la fuerza física.
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| Boris Vallejo |
A muchos les parecerá ofensiva esta versión, pero debemos aceptar que igualmente está codificada en nuestra cultura occidental, objeto real de nuestras interrogantes, frente a los integrismos o fundamentalismos orientales en expansión que insisten en la barbarie. Interrogantes que llevan forzosamente a la reflexión teológica, una ventana inevitable.
Queda la lección de la extraordinaria fuerza y fortaleza espiritual del débil, del que no es nada y es capaz de anular lo que es, resucitando. ¡Felices Pascuas!
21/04/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34739-nagarrab-s-
domingo, 12 de abril de 2015
PARA EL ANDAR ESPERANZADO
EL NACIONAL, Caracas, 9 de abril de 2015
¿Es reversible esta muerte?
Luis Ugalde (SJ)
Pocos- aun entre los chavistas – dudan de la muerte de esta “revolución”. Todavía tienen poder, pero murió la esperanza. Los soldados armados custodian un sepulcro vacío y la esperanza ya no está ahí. Pero los pueblos no mueren ni renuncian a sus sueños de vida libre y digna.
Ningún año de nuestra historia es tan terrible ni tan de muerte como 1814. “Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado nuestro seno, derramado nuestra sangre, incendiado nuestros hogares y os han condenado a la expatriación”. Así escribía Bolívar en Carúpano a punto de escaparse al exilio. Pero en medio de esa noche espantosa y en vísperas del envío español del ejército mayor y mejor entrenado, Bolívar afirma la esperanza contra toda esperanza: “No habrá potestad humana que detenga el curso que me he propuesto, seguir hasta volver a libertaros” (Manifiesto de Carúpano, 1814).
En diciembre de 1957, el amañado plebiscito ratificaba la invencibilidad de la dictadura con un pueblo resignado. Pero un mes después la esperanza y conducción decidida de unos cuantos trajo la huída del dictador y la explosión democrática del 23 de enero; luego la democracia concretó programas de esperanza y creatividad constructiva.
En 1998 el bipartididismo democrático- acostumbrado a contar con 80% de los votos- agonizaba por su corrupción, su falta de iniciativa renovadora y su desconexión con las necesidades de la gente. Sucumbió ante la esperanza ilusionada, conectada con las penurias del pueblo, que encarnaba Chávez.
Los partidos y los gobiernos mueren, pero los pueblos continúan con quienes encarnen la confianza de vida y de cambio. Hoy, muerto un modelo que ha agravado la enfermedad con su corrupción e ineptitud y con una propuesta política insensata e inviable, la gente está urgida de líderes que conecten con su confianza apagada y la enciendan como hoguera contagiosa.
Cuando nos va mal como ahora, algunos solo ven cenizas de desolación y concluyen con aire de sabiduría autosuficiente que nuestro pueblo es inferior a sus retos, que aquí no hay remedio y lo mejor es irse del país. En su miopía no aprecian que debajo de las cenizas hay brasas en espera de un soplo inspirador que las convierta en fuego indetenible. En ambos lados de la triste Venezuela dividida están las frustradas brasas y restos del optimismo; unidos y sólo unidos, y avivados con nuevo soplo de creencia en políticas razonables, podemos salir de esta muerte y desolación.
En estos días santos oímos al ángel que sorprende a las mujeres que, tras la noche oscura del Calvario, fueron a amanecer en el sepulcro de Jesús: “No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado” (Mateo 16,6). La muerte de Jesús fue una derrota espantosa para sus discípulos y con ella murió la esperanza y de sus corazones se apoderaron el miedo, la desolación y la dispersión sin sentido. Días después, salidos de su escondite, empezaron a proclamar en plaza pública: A este hombre justo que pasó haciendo el bien, ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de gente sin ley. Pero Dios lo resucitó “porque la muerte no podía retenerlo” (Hechos 2,24). Al encontrarse con el Resucitado la derrota se transforma en esperanza de los discípulos, el miedo desaparece y empiezan a entender lo que en vida de Jesús no habían comprendido: que dar la vida es el camino para hallarla, pues el amor es más fuerte que la muerte. La Resurrección de Jesús es para nosotros: “Dios resucitó a su siervo y lo envió primero a ustedes, para bendecirlos y transformarlos” (Hechos 3,26).
Las autoridades prohibieron y encarcelaron a aquellos discípulos del Crucificado, emborrachados de Espíritu, que a la amenaza respondieron: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4,20). Mientras los soldados seguían cuidando el sepulcro vacío y el poder reprimía, la comunidad cristiana crecía alimentada del Espíritu de Jesús, que por dar su vida fue resucitado por el Padre y puesto como Salvador.
Nuestra primera necesidad es saber convertir la esperanza del Resucitado con la convicción de que quien da la vida por otro no la pierde, sino que la encuentra. Para que haya vida en Venezuela hay que transformar en vida y esperanza esta economía y poder de muerte, sus persecuciones, injusticias, anarquías y corrupciones. Es nuestro reto de hoy y el logro de mañana con una Venezuela unida en lo fundamental.
¿Es reversible esta muerte?
Luis Ugalde (SJ)
Pocos- aun entre los chavistas – dudan de la muerte de esta “revolución”. Todavía tienen poder, pero murió la esperanza. Los soldados armados custodian un sepulcro vacío y la esperanza ya no está ahí. Pero los pueblos no mueren ni renuncian a sus sueños de vida libre y digna.
Ningún año de nuestra historia es tan terrible ni tan de muerte como 1814. “Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado nuestro seno, derramado nuestra sangre, incendiado nuestros hogares y os han condenado a la expatriación”. Así escribía Bolívar en Carúpano a punto de escaparse al exilio. Pero en medio de esa noche espantosa y en vísperas del envío español del ejército mayor y mejor entrenado, Bolívar afirma la esperanza contra toda esperanza: “No habrá potestad humana que detenga el curso que me he propuesto, seguir hasta volver a libertaros” (Manifiesto de Carúpano, 1814).
En diciembre de 1957, el amañado plebiscito ratificaba la invencibilidad de la dictadura con un pueblo resignado. Pero un mes después la esperanza y conducción decidida de unos cuantos trajo la huída del dictador y la explosión democrática del 23 de enero; luego la democracia concretó programas de esperanza y creatividad constructiva.
En 1998 el bipartididismo democrático- acostumbrado a contar con 80% de los votos- agonizaba por su corrupción, su falta de iniciativa renovadora y su desconexión con las necesidades de la gente. Sucumbió ante la esperanza ilusionada, conectada con las penurias del pueblo, que encarnaba Chávez.
Los partidos y los gobiernos mueren, pero los pueblos continúan con quienes encarnen la confianza de vida y de cambio. Hoy, muerto un modelo que ha agravado la enfermedad con su corrupción e ineptitud y con una propuesta política insensata e inviable, la gente está urgida de líderes que conecten con su confianza apagada y la enciendan como hoguera contagiosa.
Cuando nos va mal como ahora, algunos solo ven cenizas de desolación y concluyen con aire de sabiduría autosuficiente que nuestro pueblo es inferior a sus retos, que aquí no hay remedio y lo mejor es irse del país. En su miopía no aprecian que debajo de las cenizas hay brasas en espera de un soplo inspirador que las convierta en fuego indetenible. En ambos lados de la triste Venezuela dividida están las frustradas brasas y restos del optimismo; unidos y sólo unidos, y avivados con nuevo soplo de creencia en políticas razonables, podemos salir de esta muerte y desolación.
En estos días santos oímos al ángel que sorprende a las mujeres que, tras la noche oscura del Calvario, fueron a amanecer en el sepulcro de Jesús: “No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado” (Mateo 16,6). La muerte de Jesús fue una derrota espantosa para sus discípulos y con ella murió la esperanza y de sus corazones se apoderaron el miedo, la desolación y la dispersión sin sentido. Días después, salidos de su escondite, empezaron a proclamar en plaza pública: A este hombre justo que pasó haciendo el bien, ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de gente sin ley. Pero Dios lo resucitó “porque la muerte no podía retenerlo” (Hechos 2,24). Al encontrarse con el Resucitado la derrota se transforma en esperanza de los discípulos, el miedo desaparece y empiezan a entender lo que en vida de Jesús no habían comprendido: que dar la vida es el camino para hallarla, pues el amor es más fuerte que la muerte. La Resurrección de Jesús es para nosotros: “Dios resucitó a su siervo y lo envió primero a ustedes, para bendecirlos y transformarlos” (Hechos 3,26).
Las autoridades prohibieron y encarcelaron a aquellos discípulos del Crucificado, emborrachados de Espíritu, que a la amenaza respondieron: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4,20). Mientras los soldados seguían cuidando el sepulcro vacío y el poder reprimía, la comunidad cristiana crecía alimentada del Espíritu de Jesús, que por dar su vida fue resucitado por el Padre y puesto como Salvador.
Nuestra primera necesidad es saber convertir la esperanza del Resucitado con la convicción de que quien da la vida por otro no la pierde, sino que la encuentra. Para que haya vida en Venezuela hay que transformar en vida y esperanza esta economía y poder de muerte, sus persecuciones, injusticias, anarquías y corrupciones. Es nuestro reto de hoy y el logro de mañana con una Venezuela unida en lo fundamental.
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domingo, 17 de agosto de 2014
¿REENCARNAR O RESUCITAR?
Jesús es de todos
José Antonio Pagola
Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.
La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.
La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.
La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos.: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.
Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.
Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.
Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida.
Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas."
Fuente:
http://creereenti.blogspot.com/2014/08/evangelio-domingo-17-de-agosto-de-2014.html
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-resurreccion-o-re-encarnacion
Ilustración: Diana Moisés Botkin, "Hasta que él apareció".
José Antonio Pagola
Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.
La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.
La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.
La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos.: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.
Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.
Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.
Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida.
Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas."
Fuente:
http://creereenti.blogspot.com/2014/08/evangelio-domingo-17-de-agosto-de-2014.html
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-resurreccion-o-re-encarnacion
Ilustración: Diana Moisés Botkin, "Hasta que él apareció".
jueves, 28 de marzo de 2013
HOMILÍA INADVERTIDA
“YO SOY LA RESURECCION Y LA VIDA”
Homilía en la Misa por el eterno descanso del Presidente Chávez
Iglesia de Santa María dei Monti, Roma, 7 de marzo de 2013
CARDENAL JORGE UROSA SAVINO, ARZOBISPO DE CARACAS
Queridos hermanos:
¡Yo soy la resurrección y la vida! Movidos por nuestra fe en Cristo Misericordioso y resucitado, y por sentimientos de cristiana piedad, nos encontramos en esta querida Iglesia romana de Santa Maria dei Monti para ofrecer la Santa Eucaristía por el eterno descanso del alma del Cdno. Presidente de nuestra amada República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, recientemente fallecido luego de haber sufrido una larga y penosa enfermedad. Agradezco de corazón al venerable Párroco, Don Francesco Pesce, su gentileza al abrirnos las puertas de este templo para nuestra piadosa celebración.
CRISTO: RESURRECCION Y VIDA
Acabamos de escuchar en el evangelio las consoladoras palabras de Cristo, quien se proclama a sí mismo la resurrección y la vida. El nos dice también:“quien crea en mí, aunque haya muerto vivirá”.
¡Qué grande es nuestra fe! Sabemos que Jesús es realmente la resurrección y la vida pues luego de haber pronunciado estas palabras se dirigió al sepulcro de su amigo Lázaro y con voz potente lo llamó a salir de las sombras de la muerte, para restituirlo a su familia. Y así sucedió, provocando el asombro de los presentes, y la fe de muchos de ellos. Pero más aún, luego de haber muerto en la cruz para librarnos de nuestros pecados, el Señor mismo resucitó triunfalmente, mostrando así la gloria de su divinidad. Cristo es Dios, nuestro Salvador único e irrepetible. Y por ello, las palabras que pronunció a continuación, también son verdaderas y tienen sentido: “el que crea en mí, aunque haya muerto vivirá”.
LA MUERTE A LOS OJOS DE LA FE
La muerte, mis queridos hermanos, es parte integrante de la existencia humana. Con toda su carga trágica y dolorosa, es consecuencia el pecado original. Pues bien: Cristo vino al mundo precisamente para vencer no sólo al mal, al pecado y al demonio, sino también a la muerte. Y lo hace muriendo, ofreciéndose por nosotros a Dios en la cruz, para destruir esa pesada carga que perturba a la humanidad, y para convertirla en el paso hacia la eternidad feliz.
Por eso, aunque la muerte es dolorosa, no es algo definitivo. Los seres humanos no somos como las flores que se marchitan; no somos como los grandes palacios que pueden ser destruidos: tenemos un alma inmortal, y estamos llamados a vivir para siempre. Y estamos llamados a resucitar gloriosamente al final de la historia. “La muerte no es el final absoluto del camino vital del hombre sino el paso definitivo al lugar del consuelo, de la luz y de la paz. …la muerte del bautizado es absorbida en la victoria de Jesucristo, su resurrección (Cf. 1 Cor. 15, 54-57). Por tanto, aunque todos pasamos por el trance de la muerte, si morimos unidos en la fe a Cristo redentor, tenemos la garantía de la resurrección en el día final de la historia humana (Cf. Jn 11,25-26).
Nuestra fe cristiana, pues, nos enseña a ver la muerte como una transición, como el paso de la vida temporal a la eterna. Y esto por la misericordia de Dios, manifestada abundantemente en Jesucristo, quien venció a la muerte; sabemos que la muerte temporal no es el fin de nuestra existencia humana porque tenemos un alma inmortal, y por la misericordia de Dios, que está siempre dispuesto a acogernos en sus brazos, como al hijo pródigo, para hacernos partícipes del reino de los cielos.
CONCLUSIÓN
Mis queridos hermanos:
¡Cristo es la resurrección y la vida! Oramos, pues con viva fe y confianza en Dios, inmensamente misericordioso, por el eterno descanso del alma del Presidente Chávez. En mi condición de Obispo de la Iglesia de Dios los invito a orar para que el Señor le conceda el eterno descanso, le perdone los pecados que pueda haber cometido, y lo lleve a gozar de la eterna gloria. Es bueno recordar que en momentos difíciles de su existencia, cuando en 1992 estuvo preso en el Cuartel San Carlos, y luego en los sucesos de abril de 2002, varios Obispos venezolanos estuvieron cerca de él para protegerlo y ayudarlo.
Como ya hemos afirmado en nuestro comunicado del Arzobispado de Caracas fechado el 5 de marzo, día de la muerte del Presidente Chávez, y en el comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana de la misma fecha, manifestamos nuestras sinceras condolencias a sus padres, hermanos, hijos y demás familiares, a los poderes públicos, y a sus amigos y seguidores.
Al proseguir esta Eucaristía, oremos también, hermanos, con mucho fervor por nuestra querida Venezuela, para que podamos todos convivir como hermanos, miembros de un solo gran pueblo, y para que podamos resolver nuestros conflictos en paz.
Oremos también para que el Señor nos conceda pronto un nuevo Romano Pontífice, Sucesor de San Pedro, según el corazón de Dios.
Nos ayude a ello la maternal intercesión de nuestra madre amorosa la Virgen de Coromoto, Madre de la Iglesia, Patrona de Venezuela.
Fuente: http://www.arquidiocesisdecaracas.com/
Ilustración: http://www.pelauts.com/pintura/pintura-en-aerosol-de-jesucristo-imagenes-de-jesus.html
Homilía en la Misa por el eterno descanso del Presidente Chávez
Iglesia de Santa María dei Monti, Roma, 7 de marzo de 2013
CARDENAL JORGE UROSA SAVINO, ARZOBISPO DE CARACAS
Queridos hermanos:
¡Yo soy la resurrección y la vida! Movidos por nuestra fe en Cristo Misericordioso y resucitado, y por sentimientos de cristiana piedad, nos encontramos en esta querida Iglesia romana de Santa Maria dei Monti para ofrecer la Santa Eucaristía por el eterno descanso del alma del Cdno. Presidente de nuestra amada República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, recientemente fallecido luego de haber sufrido una larga y penosa enfermedad. Agradezco de corazón al venerable Párroco, Don Francesco Pesce, su gentileza al abrirnos las puertas de este templo para nuestra piadosa celebración.
CRISTO: RESURRECCION Y VIDA
Acabamos de escuchar en el evangelio las consoladoras palabras de Cristo, quien se proclama a sí mismo la resurrección y la vida. El nos dice también:“quien crea en mí, aunque haya muerto vivirá”.
¡Qué grande es nuestra fe! Sabemos que Jesús es realmente la resurrección y la vida pues luego de haber pronunciado estas palabras se dirigió al sepulcro de su amigo Lázaro y con voz potente lo llamó a salir de las sombras de la muerte, para restituirlo a su familia. Y así sucedió, provocando el asombro de los presentes, y la fe de muchos de ellos. Pero más aún, luego de haber muerto en la cruz para librarnos de nuestros pecados, el Señor mismo resucitó triunfalmente, mostrando así la gloria de su divinidad. Cristo es Dios, nuestro Salvador único e irrepetible. Y por ello, las palabras que pronunció a continuación, también son verdaderas y tienen sentido: “el que crea en mí, aunque haya muerto vivirá”.
LA MUERTE A LOS OJOS DE LA FE
La muerte, mis queridos hermanos, es parte integrante de la existencia humana. Con toda su carga trágica y dolorosa, es consecuencia el pecado original. Pues bien: Cristo vino al mundo precisamente para vencer no sólo al mal, al pecado y al demonio, sino también a la muerte. Y lo hace muriendo, ofreciéndose por nosotros a Dios en la cruz, para destruir esa pesada carga que perturba a la humanidad, y para convertirla en el paso hacia la eternidad feliz.
Por eso, aunque la muerte es dolorosa, no es algo definitivo. Los seres humanos no somos como las flores que se marchitan; no somos como los grandes palacios que pueden ser destruidos: tenemos un alma inmortal, y estamos llamados a vivir para siempre. Y estamos llamados a resucitar gloriosamente al final de la historia. “La muerte no es el final absoluto del camino vital del hombre sino el paso definitivo al lugar del consuelo, de la luz y de la paz. …la muerte del bautizado es absorbida en la victoria de Jesucristo, su resurrección (Cf. 1 Cor. 15, 54-57). Por tanto, aunque todos pasamos por el trance de la muerte, si morimos unidos en la fe a Cristo redentor, tenemos la garantía de la resurrección en el día final de la historia humana (Cf. Jn 11,25-26).
Nuestra fe cristiana, pues, nos enseña a ver la muerte como una transición, como el paso de la vida temporal a la eterna. Y esto por la misericordia de Dios, manifestada abundantemente en Jesucristo, quien venció a la muerte; sabemos que la muerte temporal no es el fin de nuestra existencia humana porque tenemos un alma inmortal, y por la misericordia de Dios, que está siempre dispuesto a acogernos en sus brazos, como al hijo pródigo, para hacernos partícipes del reino de los cielos.
CONCLUSIÓN
Mis queridos hermanos:
¡Cristo es la resurrección y la vida! Oramos, pues con viva fe y confianza en Dios, inmensamente misericordioso, por el eterno descanso del alma del Presidente Chávez. En mi condición de Obispo de la Iglesia de Dios los invito a orar para que el Señor le conceda el eterno descanso, le perdone los pecados que pueda haber cometido, y lo lleve a gozar de la eterna gloria. Es bueno recordar que en momentos difíciles de su existencia, cuando en 1992 estuvo preso en el Cuartel San Carlos, y luego en los sucesos de abril de 2002, varios Obispos venezolanos estuvieron cerca de él para protegerlo y ayudarlo.
Como ya hemos afirmado en nuestro comunicado del Arzobispado de Caracas fechado el 5 de marzo, día de la muerte del Presidente Chávez, y en el comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana de la misma fecha, manifestamos nuestras sinceras condolencias a sus padres, hermanos, hijos y demás familiares, a los poderes públicos, y a sus amigos y seguidores.
Al proseguir esta Eucaristía, oremos también, hermanos, con mucho fervor por nuestra querida Venezuela, para que podamos todos convivir como hermanos, miembros de un solo gran pueblo, y para que podamos resolver nuestros conflictos en paz.
Oremos también para que el Señor nos conceda pronto un nuevo Romano Pontífice, Sucesor de San Pedro, según el corazón de Dios.
Nos ayude a ello la maternal intercesión de nuestra madre amorosa la Virgen de Coromoto, Madre de la Iglesia, Patrona de Venezuela.
Fuente: http://www.arquidiocesisdecaracas.com/
Ilustración: http://www.pelauts.com/pintura/pintura-en-aerosol-de-jesucristo-imagenes-de-jesus.html
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