EL NACIONAL - Domingo 28 de Abril de 2013 Nación/4
El foro del domingo
LUIS UGALDE El Gobierno puede pagar un alto costo político por amenazar a empleados públicos
"Maduro comienza muy mal al perseguir a los disidentes"
El ex rector de la UCAB no cree en la sinceridad del Presidente de la República cuando dice que está dispuesto a dialogar hasta con el demonio.
"Es totalitario el régimen en el que no puedes disentir en libertad", afirma
EDGAR LÓPEZ
El sacerdote jesuita Luis Ugalde recomienda ver el video (colgado en Youtube) en el que aparece el ministro de Vivienda, Ricardo Molina, capturado in fraganti cuando amenazaba con botar a los empleados públicos que estén en contra del Gobierno.
Y seguidamente continúa la sugerencia ver la película La vida de los otros, del director alemán Florian Henckel von Donnersmarck, que recrea la infeliz existencia de un agente de la policía secreta encargado de espiar a un escritor no alineado con el régimen totalitario que imperaba en Alemania Oriental en 1984.
Ugalde recuerda que después de la Segunda Guerra Mundial hubo elecciones abiertas en Checoslovaquia, ganó el Partido Comunista y en poco tiempo no había ni un solo disidente en libertad. ¿Similitudes con la situación actual en Venezuela? "Es totalitario el régimen en el que no se puede disentir en libertad", responde el ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello.
--Hasta el papa Francisco se ha hecho eco de lo que sucede en Venezuela. ¿Es tan grave la situación? --El Papa, la Internacional Socialista y muchos gobiernos del mundo nos han advertido que se trata de una emergencia muy grave. Nos dicen que tenemos que convencernos que de aquí en adelante la forma de hacer política no puede ser igual. Y ese mensaje va dirigido principalmente al Gobierno.
--En respuesta, vía Twitter, Maduro dijo que rechaza la intolerancia, como si el Gobierno nada tuviera que ver con eso. --Hay muchas cosas que se dicen de la boca para fuera.
Maduro, en ese momento, citó a san Francisco de Asís: "Hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio, yo pongo amor". Pero lo dice ligeramente. Lo mismo que cuando dice que sería capaz de dialogar hasta con el demonio. El diálogo debe ser sincero, de lo contrario Venezuela no tiene salida. No se trata de eslóganes, como ese de la revolución dentro de la revolución, que no reflejan lo que está pasando: que la inflación va a ser mayor a lo largo del año por el déficit fiscal y porque no alcanzan los dólares para importar; que la producción dentro del país ha bajado dramáticamente; que hay que diversificar la economía porque 94% de las exportaciones es petrolera; que hace falta empleo calificado, bien remunerado, estable y con seguridad social; que al ser importadores estamos generando empleo en otros países pero no en Venezuela y tenemos a la mitad de los trabajadores del país como vendedores ambulantes.
--Las autoridades del Poder Electoral y del Poder Judicial han adelantado que el recuento de votos es un imposible y que no van a variar los resultados oficiales que ratificaron a Nicolás Maduro como Presidente de la República. --Ni la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia ni algunas de las rectoras del CNE que han salido a declarar han entendido la gravedad de la situación. Y le hacen muy mal favor a un gobierno que muestra sus debilidades y ya no cuenta con su gran líder.
La auditoría que se prometió es algo que ayudaría a recuperar la credibilidad del ente comicial, que bien le viene, así como la tranquilidad de la población. Procede cuando hay duda razonable y, en esta oportunidad, las dudas son más que razonables. El Gobierno no imaginó que una inmensa mayoría de los ciudadanos, incluidos chavistas, quieren que se aclare todo.
¿Qué pasa? Si tú un día dices sí, al siguiente dices no y luego que la auditoría no servirá de nada, la gente supone con razón que algo esconden. Se decida lo que se decida en la auditoría, es obvio que ha habido un empate, y que sin todas estas coacciones, la oposición tiene más votos que el Gobierno. Sin todo el ventajismo y el uso abusivo de los recursos del Estado, el Gobierno pierde.
--¿El acoso a empleados públicos puede conducir a una nueva lista Tascón? --Todo venezolano demócrata tiene que solidarizarse con el amenazado. Con la lista Tascón hay diferencias, porque se trataba de un referéndum que ameritaba la firma de los electores que lo respaldaban.
Era muy fácil identificarlos.
Pero en este momento no.
Por ejemplo, el Gobierno no sabe por quién votó el padre Ugalde. Y no tiene modo de saberlo. Pero si los militantes del PSUV se convierten en lo que vulgarmente se llaman "sapos", se pueden ir haciendo listas. Eso es totalmente inaceptable en democracia.
--El ministro Molina fue ratificado en su cargo por Maduro. --Han debido destituirlo, porque está admitiendo la violación de la Constitución. Maduro comienza muy mal al perseguir a los disidentes.
--¿Basta la solidaridad o hay algo más específico que hacer a favor de los amenazados? --Hay que organizar equipos de abogados laborales dispuestos a defender a cualquiera que sea víctima de amenazas y que se entere todo el mundo. Aunque ellos manejan los tribunales, que el Gobierno sienta que el costo político de las amenazas es tan alto que se vea obligado a recapacitar.
--¿Está promoviendo una suerte de contraloría social? --Contraloría social y defensa de los derechos humanos. Hay una Defensoría del Pueblo que se debería estar ocupando de estos casos de persecución por razones políticas. Pero todos los venezolanos debemos defender los derechos humanos de todos y todas.
--¿Cómo evalúa usted la actuación de la defensora del pueblo? --Yo no pretendo evaluar a la defensora del pueblo. Lo que sí es claro es que ni el Tribunal Supremo, ni la Defensoría del Pueblo, ni el Consejo Nacional Electoral, ni la Asamblea Nacional pueden estar a la orden del Ejecutivo. Eso es contrario a la Constitución. Que la defensora del pueblo abogue por un chavista, perfecto. Pero si la víctima de abuso no es del oficialismo también tiene el deber de defenderlo.
--¿Qué opina de la censura impuesta por Diosdado Cabello a los diputados de oposición que no reconocen el triunfo de Maduro? --Un hecho como este cau saría un escándalo en cualquier país del mundo, excepto Cuba, Zimbabue y Corea del Norte. El presidente de la Asamblea Nacional no es dueño de la palabra. No le puede negar el derecho de palabra a los representantes de miles de personas que los eligieron.
Y lo dijo en un tono que solamente un enemigo del régimen lo podría hacer, porque lo desprestigia tremendamente. Esas son cosas típicas del fascismo, de lo que hacen los regímenes totalitarios con el que piensa distinto.
--¿Por qué usted afirma que el Gobierno ha sembrado el miedo en forma sistemática? --El miedo político está en todos los ambientes. Miedo en la administración pública, que tiene dos millones y medio de empleados que temen que los boten del trabajo. Un miedo que se extiende a sus familiares. El miedo de los beneficiarios de las misiones que entienden que se tratan de regalos del Gobierno y no de derechos constitucionales.
Yo conozco personas que acaban de recibir una vivienda y me cuentan que hay días que no van al trabajo porque están obligados a participar en actos de proselitismo político organizados por el PSUV. Que están obligados a inscribirse en el partido de gobierno. El responsable de esa siembra es el que dice sistemáticamente: los que están conmigo son patriotas venezolanos y los que no están conmigo son traidores, vendidos al imperio.
Ilustración: Tadeusz Trepkowski.
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domingo, 28 de abril de 2013
¿QUÉ NOS PASA? (2)
CIUDAD CARACAS, 28 de abril de 2013
El perdón como camino a la paz
NUMA MOLINA
Comienzo por reconocer que hay diferentes modos de abordar el tema del perdón. Hay concepciones erradas que podrían llevar incluso a una bomba de tiempo entre personas o entre grupos humanos si no se sabe abordar el perdón como un proceso.
Por ejemplo, identificar el perdón con el olvido es un error porque solo se puede perdonar bien si se recuerda bien y se ventila lo acontecido. Si tenemos delante lo que pasó lo podemos integrar. Esto nos lleva a comprender con mayor claridad el por qué el perdón es un proceso. Es muy común encontrarnos con frases engañosas como “olvido y perdón”, o “borrón y cuenta nueva” en el contexto de crímenes y guerras en América Latina. Dirá Carlos Cabarrús, un jesuita guatemalteco, que estas expresiones usadas como argumento son “la mejor garantía de volver a cometer los crímenes”.
En Guatemala tenemos un ejemplo, cuando en 1988 la Conferencia Episcopal de ese país nombró a los obispos Rodolfo Quesada y Juan Gerardi para participar en la Comisión Nacional de Reconciliación después de aquella guerra fratricida que había azotado al país. El argumento de los agresores era que la Iglesia debía perdonar olvidando y el obispo Gerardi, defensor incansable de los derechos humanos de indígenas y campesinos se opuso a ese concepto y comenzó por la recuperación de la memoria histórica del pueblo. Se documentaron 54 mil violaciones de derechos humanos perpetrados por el ejército durante la dictadura militar que duró desde 1960 a 1996. Gerardi tituló aquella recopilación testimonial “Guatemala nunca más”. Coloco este ejemplo histórico para afirmar que perdonar no significa eximir al agresor de asumir las consecuencias dejadas por sus actos. En otras palabras, si no hay justicia ¿cómo puede emerger el perdón? Para eso existen las leyes civiles y penales que los ciudadanos y ciudadanas han acordado como nación.
JUSTICIA Y PUNICIÓN
Estos elementos, justicia y punición, son esenciales para que en una sociedad acontezca el perdón sanador. Primero se tiene que aplicar la justicia, que no es la justicia alternativa no establecida a la que se recurre cuando no funciona la justicia ordinaria, sino la justicia contemplada en las leyes de la República y aplicada por quienes tienen el deber de hacerlo. Cuando esta justicia no acontece porque se la cercena por diversas razones de interés particular, entonces estamos frente a lo que conocemos como impunidad. Y la impunidad no es otra cosa sino la falta de castigo, así escuetamente lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Un acto de agresión que se queda impune genera temores en la ciudadanía, la persona siente una especie de orfandad legal ante la cual los poderes competentes están en la obligación de responder.
Creo que el tema de la impunidad en Venezuela es una deuda muy vieja y pendiente. Para ello necesitamos que nuestro sistema judicial pase por una reforma profunda y contundente. Ha llegado el momento de reclamar como país el respeto a la vida. Hay mucha impunidad en las calles de nuestras ciudades y a ella se suma hoy la ola de violencia irracional de la que fuimos testigos recientemente y de la que tenemos un saldo de 10 personas fallecidas y un número elevado número de centros de salud integral que fueron asediados unos, y otros destruidos. Tenemos también muchas personas humildes silenciadas y silenciosas para evitar ser agredidas por una ola de intolerancia sin razón.
El camino hacia la paz exige el reconocimiento de la falta como reconocimiento del otro de la otra sino no será posible una auténtica reconciliación. Por eso estoy en desacuerdo cuando se habla de reconciliación con una ligereza tal que se ignora la herida causada sin motivo a nuestros hermanos o hermanas.
DEL PERDÓN CON JUSTICIA AL RECONOCIMIENTO DEL OTRO
Creo que cuando caemos en estas espirales de violencia producto de la intolerancia entonces perdemos la capacidad para reconocer en nuestros semejantes las cualidades que cada una y cada uno tiene. Se desatan los demonios del fatalismo y comenzamos a ver en las personas de nuestro entorno únicamente lo negativo que tiene, sus distintos modos de pensar y no las potencialidades con las que cuenta cada ser humano y con las que en común podríamos construir espacios sabrosos de convivencia. Para ilustrar lo que quiero decirles haré uso de una sabia y sencilla metáfora que se titula asamblea en la carpintería:
Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades”. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes. “La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.
LA FAMILIA, ESPACIO PARA CULTIVAR VALORES
La parábola a la que me referí anteriormente es válida para cualquier grupo humano llámese familia, institución, empresa, grupo de vecinos o el país como gran comunidad. Esta vez quiero enfatizar a la familia. Allí cultivan los valores, allí los padres son maestros de vida para bien o para mal mediante su conducta. Cuando el padre o la madre tienen la capacidad de corregir a su hijo porque cometió un error en la escuela pero antes de hacerlo le recuerdan todas las cualidades que tiene, están formando ya un potencial ser humano para la vida, para la tolerancia, capaz de ser proactivo, de mirar su entorno como oportunidad y no como amenaza. Qué bueno sería que los padres y madres dedicaran en su tiempo libre con sus hijos algunos para enumerar las cualidades que tiene su hermanita o sus padres, sus amiguitos de la escuela. Es un modo práctico para educar la sensibilidad hacia lo bueno, hacia lo grande, hacia lo hermoso que cada ser humano tiene.
LA ESPECULACIÓN
Es otro tema que está a la orden del día. Un especulador es un hampón suelto que roba sutilmente en nombre de la devaluación, del dólar paralelo, de que no se consigue el producto, etc. Las mil razones para convencer a la víctima. Es ahí donde los consumidores necesitamos ser valientes, preguntar, levantar la voz para reclamar oportunamente. Si no somos capaces de reclamar nuestros propios derechos ¿seremos capaces de levantar la voz cuando se le violan los derechos a los demás, en especial a los más humildes? Hay que denunciar ante Indepabis, que colapse sus oficinas con nuestras denuncias hasta que se haga justicia. Conozco de pueblitos pequeños en el interior del país donde los campesinos están a merced del viejo barrigón del abasto de la esquina que manda más que el jefe civil y especula como le viene en gana y allí, a Indepabis nunca lo han visto o viene una vez al año, ¿qué hace el pueblo ante tanta impunidad? Porque la especulación es otro delito que en la mayoría de las veces se queda impune.
(*) El autor es periodista
Ilustración: Uncas
El perdón como camino a la paz
NUMA MOLINA
Comienzo por reconocer que hay diferentes modos de abordar el tema del perdón. Hay concepciones erradas que podrían llevar incluso a una bomba de tiempo entre personas o entre grupos humanos si no se sabe abordar el perdón como un proceso.
Por ejemplo, identificar el perdón con el olvido es un error porque solo se puede perdonar bien si se recuerda bien y se ventila lo acontecido. Si tenemos delante lo que pasó lo podemos integrar. Esto nos lleva a comprender con mayor claridad el por qué el perdón es un proceso. Es muy común encontrarnos con frases engañosas como “olvido y perdón”, o “borrón y cuenta nueva” en el contexto de crímenes y guerras en América Latina. Dirá Carlos Cabarrús, un jesuita guatemalteco, que estas expresiones usadas como argumento son “la mejor garantía de volver a cometer los crímenes”.
En Guatemala tenemos un ejemplo, cuando en 1988 la Conferencia Episcopal de ese país nombró a los obispos Rodolfo Quesada y Juan Gerardi para participar en la Comisión Nacional de Reconciliación después de aquella guerra fratricida que había azotado al país. El argumento de los agresores era que la Iglesia debía perdonar olvidando y el obispo Gerardi, defensor incansable de los derechos humanos de indígenas y campesinos se opuso a ese concepto y comenzó por la recuperación de la memoria histórica del pueblo. Se documentaron 54 mil violaciones de derechos humanos perpetrados por el ejército durante la dictadura militar que duró desde 1960 a 1996. Gerardi tituló aquella recopilación testimonial “Guatemala nunca más”. Coloco este ejemplo histórico para afirmar que perdonar no significa eximir al agresor de asumir las consecuencias dejadas por sus actos. En otras palabras, si no hay justicia ¿cómo puede emerger el perdón? Para eso existen las leyes civiles y penales que los ciudadanos y ciudadanas han acordado como nación.
JUSTICIA Y PUNICIÓN
Estos elementos, justicia y punición, son esenciales para que en una sociedad acontezca el perdón sanador. Primero se tiene que aplicar la justicia, que no es la justicia alternativa no establecida a la que se recurre cuando no funciona la justicia ordinaria, sino la justicia contemplada en las leyes de la República y aplicada por quienes tienen el deber de hacerlo. Cuando esta justicia no acontece porque se la cercena por diversas razones de interés particular, entonces estamos frente a lo que conocemos como impunidad. Y la impunidad no es otra cosa sino la falta de castigo, así escuetamente lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Un acto de agresión que se queda impune genera temores en la ciudadanía, la persona siente una especie de orfandad legal ante la cual los poderes competentes están en la obligación de responder.
Creo que el tema de la impunidad en Venezuela es una deuda muy vieja y pendiente. Para ello necesitamos que nuestro sistema judicial pase por una reforma profunda y contundente. Ha llegado el momento de reclamar como país el respeto a la vida. Hay mucha impunidad en las calles de nuestras ciudades y a ella se suma hoy la ola de violencia irracional de la que fuimos testigos recientemente y de la que tenemos un saldo de 10 personas fallecidas y un número elevado número de centros de salud integral que fueron asediados unos, y otros destruidos. Tenemos también muchas personas humildes silenciadas y silenciosas para evitar ser agredidas por una ola de intolerancia sin razón.
El camino hacia la paz exige el reconocimiento de la falta como reconocimiento del otro de la otra sino no será posible una auténtica reconciliación. Por eso estoy en desacuerdo cuando se habla de reconciliación con una ligereza tal que se ignora la herida causada sin motivo a nuestros hermanos o hermanas.
DEL PERDÓN CON JUSTICIA AL RECONOCIMIENTO DEL OTRO
Creo que cuando caemos en estas espirales de violencia producto de la intolerancia entonces perdemos la capacidad para reconocer en nuestros semejantes las cualidades que cada una y cada uno tiene. Se desatan los demonios del fatalismo y comenzamos a ver en las personas de nuestro entorno únicamente lo negativo que tiene, sus distintos modos de pensar y no las potencialidades con las que cuenta cada ser humano y con las que en común podríamos construir espacios sabrosos de convivencia. Para ilustrar lo que quiero decirles haré uso de una sabia y sencilla metáfora que se titula asamblea en la carpintería:
Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades”. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes. “La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.
LA FAMILIA, ESPACIO PARA CULTIVAR VALORES
La parábola a la que me referí anteriormente es válida para cualquier grupo humano llámese familia, institución, empresa, grupo de vecinos o el país como gran comunidad. Esta vez quiero enfatizar a la familia. Allí cultivan los valores, allí los padres son maestros de vida para bien o para mal mediante su conducta. Cuando el padre o la madre tienen la capacidad de corregir a su hijo porque cometió un error en la escuela pero antes de hacerlo le recuerdan todas las cualidades que tiene, están formando ya un potencial ser humano para la vida, para la tolerancia, capaz de ser proactivo, de mirar su entorno como oportunidad y no como amenaza. Qué bueno sería que los padres y madres dedicaran en su tiempo libre con sus hijos algunos para enumerar las cualidades que tiene su hermanita o sus padres, sus amiguitos de la escuela. Es un modo práctico para educar la sensibilidad hacia lo bueno, hacia lo grande, hacia lo hermoso que cada ser humano tiene.
LA ESPECULACIÓN
Es otro tema que está a la orden del día. Un especulador es un hampón suelto que roba sutilmente en nombre de la devaluación, del dólar paralelo, de que no se consigue el producto, etc. Las mil razones para convencer a la víctima. Es ahí donde los consumidores necesitamos ser valientes, preguntar, levantar la voz para reclamar oportunamente. Si no somos capaces de reclamar nuestros propios derechos ¿seremos capaces de levantar la voz cuando se le violan los derechos a los demás, en especial a los más humildes? Hay que denunciar ante Indepabis, que colapse sus oficinas con nuestras denuncias hasta que se haga justicia. Conozco de pueblitos pequeños en el interior del país donde los campesinos están a merced del viejo barrigón del abasto de la esquina que manda más que el jefe civil y especula como le viene en gana y allí, a Indepabis nunca lo han visto o viene una vez al año, ¿qué hace el pueblo ante tanta impunidad? Porque la especulación es otro delito que en la mayoría de las veces se queda impune.
(*) El autor es periodista
Ilustración: Uncas
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¿QUÉ NOS PASA? (3)
EL NACIONAL - Domingo 28 de Abril de 2013 Siete Días/6
Días del odio
ANTONIO PASQUALI
Fue en una misa en memoria de Simón A. Consalvi donde el oficiante Luis Ugalde trajo a cuento en su homilía, con agudo sentido del momento, una implacable sentencia del Juan del Apocalipsis: "El que no ama permanece en la muerte, el que odia a su hermano es un homicida" (Ep.1, 3, 14-15).
Los caínes que nos gobiernan desde 1998 han hecho del odio hacia el hermano en desacuerdo el basamento de una política de Estado destinada a liquidarlo, a subvertir la Constitución y dar vida a una Venezuela comunista. Con una atenuante: sin el paredón con el que fueron fusilados en Cuba ente 5.000 y 19.000 disidentes. El propio Fidel, con senil arrepentimiento, recomendó una vez a Hugo y Evo "llegar a lo mismo, pero en democracia". "Llegar a lo mismo" fue, en memorandas palabras de Chávez del 10/11/2005 al vicepremier ruso Zhukov, hacer de "América Latina la Stalingrado de las ideas... lo que Rusia no pudo ser", difuso axioma cósmico que Alí Rodríguez enfocaría mejor: "En Venezuela resurge el sueño de la Unión Soviética". "En democracia" significó remplazar la muerte física por la muerte civil, el paredón por un odio despiadado y aniquilador hacia el resistente que pudo llegar a cuasi invitación al linchamiento, mayoritariamente inyectado diría Lasswell por una hipodérmica radioeléctrica que los exegetas de las 4.000 horas de alocución radiotelevisiva chavista (una inacabable mina de graves incitaciones al odio) ojalá logren un día clasificar y diagnosticar.
La Misión Miranda y las escuelas cubanas para cuadros del partido y agit-prop hicieron el resto. De una de ellas salió hacia 1986, en sus 26 años, el hoy Presidente de Venezuela. Su cerebro fue lavado, intoxicado e impermeabilizado al diálogo hace ya un cuarto de siglo; apostemos por que un día de estos repetirá una de las últimas frases pronunciadas por Chávez: "No he sido nombrado para negociar con burgueses". Parecía imposible ahondar más en esa obra maestra de Chávez, la polarización del venezolano (un mixto de criollo resentimiento de clase con mucho know-how cubano-soviético), y se imaginó que el odio unilateral de la mitad roja del país hacia la otra amainaría tras la desaparición física de su impulsor. Pero hete aquí a los pequeños seres que hoy nos gobiernan lanzados en una fuga hacia adelante para más odio polarizador, mostrando que el sadismo no tiene límites, que quedaba espacio para una más paranoica naranja mecánica. Exasperando su rodado mecanismo de proyección de la propia viga en ojo ajeno, acusan ahora a la oposición de "golpista", de "fascista" y de "vender la droga del odio" (¡sic!); le prohíben el uso de la calle y vejan en las cárceles a sus manifestantes presos, hablan de encarcelar a su líder Capriles (tildado por el teniente Cabello de "asesino") y califican a sus partidos de "asociaciones para delinquir"; dan vida a otra depuración de empleados públicos no chavistas y activan sus escuadras "de respuesta rápida" en purísimo estilo cubano; sus tres arpías mayores adelantan desde el CNE, el TSJ y la Fiscalía graves opiniones contra la oposición, amenazada además de quedar sin voz en la Asamblea, y por el Presidente en persona de "radicalizar la revolución... de bajar la gente del cerro para ir a la búsqueda de ustedes".
Una despiadada estrategia del terror de Estado que busca paralizar a la oposición y recuerda las primeras arremetidas del nazifascismo contra la población judía, del franquismo contra los republicanos.
Quien odia a su hermano es un Caín fratricida, un principio consustanciado con lo más atávico de nuestra cultura. Denunciemos siempre tal abominación. ¿Y qué más corresponde a la mitad no intoxicada del país para romper esa espiral del odio preludio de guerra civil? Cerrar activamente filas alrededor de su líder Capriles por haber enarbolado las banderas de la reconciliación, del pluralismo con respeto mutuo y de la concordia ciudadana, de la que aseguraba Aristóteles (Eth. Nic 1107 b,3) que "no es unanimidad forzosa de pareceres... sino... el reinado de la amistad en la pólis".
Ilustración: Pedro Poyatos.
Días del odio
ANTONIO PASQUALI
Fue en una misa en memoria de Simón A. Consalvi donde el oficiante Luis Ugalde trajo a cuento en su homilía, con agudo sentido del momento, una implacable sentencia del Juan del Apocalipsis: "El que no ama permanece en la muerte, el que odia a su hermano es un homicida" (Ep.1, 3, 14-15).
Los caínes que nos gobiernan desde 1998 han hecho del odio hacia el hermano en desacuerdo el basamento de una política de Estado destinada a liquidarlo, a subvertir la Constitución y dar vida a una Venezuela comunista. Con una atenuante: sin el paredón con el que fueron fusilados en Cuba ente 5.000 y 19.000 disidentes. El propio Fidel, con senil arrepentimiento, recomendó una vez a Hugo y Evo "llegar a lo mismo, pero en democracia". "Llegar a lo mismo" fue, en memorandas palabras de Chávez del 10/11/2005 al vicepremier ruso Zhukov, hacer de "América Latina la Stalingrado de las ideas... lo que Rusia no pudo ser", difuso axioma cósmico que Alí Rodríguez enfocaría mejor: "En Venezuela resurge el sueño de la Unión Soviética". "En democracia" significó remplazar la muerte física por la muerte civil, el paredón por un odio despiadado y aniquilador hacia el resistente que pudo llegar a cuasi invitación al linchamiento, mayoritariamente inyectado diría Lasswell por una hipodérmica radioeléctrica que los exegetas de las 4.000 horas de alocución radiotelevisiva chavista (una inacabable mina de graves incitaciones al odio) ojalá logren un día clasificar y diagnosticar.
La Misión Miranda y las escuelas cubanas para cuadros del partido y agit-prop hicieron el resto. De una de ellas salió hacia 1986, en sus 26 años, el hoy Presidente de Venezuela. Su cerebro fue lavado, intoxicado e impermeabilizado al diálogo hace ya un cuarto de siglo; apostemos por que un día de estos repetirá una de las últimas frases pronunciadas por Chávez: "No he sido nombrado para negociar con burgueses". Parecía imposible ahondar más en esa obra maestra de Chávez, la polarización del venezolano (un mixto de criollo resentimiento de clase con mucho know-how cubano-soviético), y se imaginó que el odio unilateral de la mitad roja del país hacia la otra amainaría tras la desaparición física de su impulsor. Pero hete aquí a los pequeños seres que hoy nos gobiernan lanzados en una fuga hacia adelante para más odio polarizador, mostrando que el sadismo no tiene límites, que quedaba espacio para una más paranoica naranja mecánica. Exasperando su rodado mecanismo de proyección de la propia viga en ojo ajeno, acusan ahora a la oposición de "golpista", de "fascista" y de "vender la droga del odio" (¡sic!); le prohíben el uso de la calle y vejan en las cárceles a sus manifestantes presos, hablan de encarcelar a su líder Capriles (tildado por el teniente Cabello de "asesino") y califican a sus partidos de "asociaciones para delinquir"; dan vida a otra depuración de empleados públicos no chavistas y activan sus escuadras "de respuesta rápida" en purísimo estilo cubano; sus tres arpías mayores adelantan desde el CNE, el TSJ y la Fiscalía graves opiniones contra la oposición, amenazada además de quedar sin voz en la Asamblea, y por el Presidente en persona de "radicalizar la revolución... de bajar la gente del cerro para ir a la búsqueda de ustedes".
Una despiadada estrategia del terror de Estado que busca paralizar a la oposición y recuerda las primeras arremetidas del nazifascismo contra la población judía, del franquismo contra los republicanos.
Quien odia a su hermano es un Caín fratricida, un principio consustanciado con lo más atávico de nuestra cultura. Denunciemos siempre tal abominación. ¿Y qué más corresponde a la mitad no intoxicada del país para romper esa espiral del odio preludio de guerra civil? Cerrar activamente filas alrededor de su líder Capriles por haber enarbolado las banderas de la reconciliación, del pluralismo con respeto mutuo y de la concordia ciudadana, de la que aseguraba Aristóteles (Eth. Nic 1107 b,3) que "no es unanimidad forzosa de pareceres... sino... el reinado de la amistad en la pólis".
Ilustración: Pedro Poyatos.
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jueves, 27 de diciembre de 2012
MOLICIE
EL NACIONAL - Jueves 27 de Diciembre de 2012 Opinión/7
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Molicie
ATANASIO ALEGRE (*)
A la molicie expresada bajo el adjetivo mollis, que significa blando en latín- atribuía San Agustín una de las causas de la caída del Imperio Romano. San Agustín era obispo de Hipona en el 412, cuando se produjo el Saqueo de Roma.
Si no hacer nada es ya un trabajo, esta es la forma que tiene de estar en el mundo, de sacar su vida adelante, quien cae bajo el dominio de la molicie.
San Agustín, que había llegado a la categoría de retórico la máxima condición intelectual de la época- antes de convertirse al cristianismo, se expresó de esta manera en un discurso a sus feligreses cuando se enteró de lo que estaba pasando en Roma. Migne, el autor de la Patrología, calificó este discurso Sobre la destrucción de la ciudad, como una de las piezas oratorias más importantes de la historia de la humanidad.
De hecho, ése fue el esquema de donde saldría, años después, la obra monumental de San Agustín, titulada La ciudad de Dios.
Eso fue entonces y en aquella civilización que tan bien asimiló la cultura griega, que llegó a tener poetas como Virgilio y Horacio, historiadores como Tito Livio y el mismo César que fue las dos cosas, general e historiador; pero aquella civilización que creó monumentos arquitectónicos como el Coliseo de Roma y desarrolló una red de calzadas para comunicar al imperio, que logró dotar del servicio de agua a las ciudades merced a los acueductos, cayó -con la abundancia de unos y la corrupción de quienes dirigían el Imperio- en la molicie, en la blandura de costumbres, en la suplantación del esfuerzo por el espectáculo del circo.
"Mientras nos mantuvimos fieles a nuestros dioses y a nuestras tradiciones, todo marchó como debía, el problema comenzó cuando nos dejamos llevar por otras creencias, por otra forma de interpretar el mundo", escribió el historiador romano Warron, a propósito de la caída del Imperio romano.
¿Pero hoy, qué papel juega la molicie en el comportamiento de las sociedades contemporáneas? Si uno quiere conocer cómo funciona la molicie, sin ir muy lejos, -entre nosotros- no tiene más que darse una vuelta, un día de trabajo, por cualquiera de las plazas de Caracas, por la de Brión, por ejemplo, -frontera de dos mundos- y echar una mirada a la gente que permanece allí horas y horas, sin hacer nada, sin dar un palo al agua, como se dice. ¿Qué hacen?¿Esperan a que caiga algo? -¿Y tú no trabajas? -Yo estoy en las misiones, mano.
-¿Y con eso vives? -Y alguna chamba que se presente por ahí.
¿De qué habla esta gente que llena ociosamente algunas de las plazas, qué callan, qué personajes están en sus conversaciones? Hablan mucho del Presidente a quien atribuyen lo bueno y lo malo de la situación; hablan de la inseguridad en el barrio donde viven, de lo que ha subido la vida, de que los buhoneros tienen ya los precios del automercado. No dicen nada en contra del régimen porque puede haber "sapos" que los denuncien y entonces se quedan sin el producto de la "misión". Pero algo es claro, prefieren estar ahí que en casa; ahí, que en el barrio; ahí, que entre cuatro paredes haciendo un trabajo.
"Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos". Hablan mucho de beisbol, de que Cabrera es el mejor de la liga americana, comentan algunas de las jugadas de la noche anterior en el beisbol local.
Son magallaneros en su mayor parte. Traen a colación en sus conversaciones, alguna vez, a los hijos, cuando uno de ellos está en una buena posición gracias al esfuerzo de haber hecho una carrera y tener ahora un empleo.
Hay una pregunta recurrente.
-¿Y tú que crees que va a pasar aquí? -¿Cuándo? Y uno, que es un viejo lector de los buenos escritores que lo fueron antaño, no puede por menos que recordar aquello de Pio Baroja: "Un vago apoyado en un farol es un motivo de reflexión. El farol, la ciencia, la rigidez, la luz, el vago, la duda, la indecisión, la sombra. ¡Glorificad a los faroles! ¡Nos desdeñéis a los vagos!" Quien no desdeña a los vagos, a la gente a quien la molicie sirve de forma de vida, es el régimen. Sin ellos, sin su pasividad, su destino el del régimen- podría haber sido distinto.
(*) UCV.
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Molicie
ATANASIO ALEGRE (*)
A la molicie expresada bajo el adjetivo mollis, que significa blando en latín- atribuía San Agustín una de las causas de la caída del Imperio Romano. San Agustín era obispo de Hipona en el 412, cuando se produjo el Saqueo de Roma.
Si no hacer nada es ya un trabajo, esta es la forma que tiene de estar en el mundo, de sacar su vida adelante, quien cae bajo el dominio de la molicie.
San Agustín, que había llegado a la categoría de retórico la máxima condición intelectual de la época- antes de convertirse al cristianismo, se expresó de esta manera en un discurso a sus feligreses cuando se enteró de lo que estaba pasando en Roma. Migne, el autor de la Patrología, calificó este discurso Sobre la destrucción de la ciudad, como una de las piezas oratorias más importantes de la historia de la humanidad.
De hecho, ése fue el esquema de donde saldría, años después, la obra monumental de San Agustín, titulada La ciudad de Dios.
Eso fue entonces y en aquella civilización que tan bien asimiló la cultura griega, que llegó a tener poetas como Virgilio y Horacio, historiadores como Tito Livio y el mismo César que fue las dos cosas, general e historiador; pero aquella civilización que creó monumentos arquitectónicos como el Coliseo de Roma y desarrolló una red de calzadas para comunicar al imperio, que logró dotar del servicio de agua a las ciudades merced a los acueductos, cayó -con la abundancia de unos y la corrupción de quienes dirigían el Imperio- en la molicie, en la blandura de costumbres, en la suplantación del esfuerzo por el espectáculo del circo.
"Mientras nos mantuvimos fieles a nuestros dioses y a nuestras tradiciones, todo marchó como debía, el problema comenzó cuando nos dejamos llevar por otras creencias, por otra forma de interpretar el mundo", escribió el historiador romano Warron, a propósito de la caída del Imperio romano.
¿Pero hoy, qué papel juega la molicie en el comportamiento de las sociedades contemporáneas? Si uno quiere conocer cómo funciona la molicie, sin ir muy lejos, -entre nosotros- no tiene más que darse una vuelta, un día de trabajo, por cualquiera de las plazas de Caracas, por la de Brión, por ejemplo, -frontera de dos mundos- y echar una mirada a la gente que permanece allí horas y horas, sin hacer nada, sin dar un palo al agua, como se dice. ¿Qué hacen?¿Esperan a que caiga algo? -¿Y tú no trabajas? -Yo estoy en las misiones, mano.
-¿Y con eso vives? -Y alguna chamba que se presente por ahí.
¿De qué habla esta gente que llena ociosamente algunas de las plazas, qué callan, qué personajes están en sus conversaciones? Hablan mucho del Presidente a quien atribuyen lo bueno y lo malo de la situación; hablan de la inseguridad en el barrio donde viven, de lo que ha subido la vida, de que los buhoneros tienen ya los precios del automercado. No dicen nada en contra del régimen porque puede haber "sapos" que los denuncien y entonces se quedan sin el producto de la "misión". Pero algo es claro, prefieren estar ahí que en casa; ahí, que en el barrio; ahí, que entre cuatro paredes haciendo un trabajo.
"Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos". Hablan mucho de beisbol, de que Cabrera es el mejor de la liga americana, comentan algunas de las jugadas de la noche anterior en el beisbol local.
Son magallaneros en su mayor parte. Traen a colación en sus conversaciones, alguna vez, a los hijos, cuando uno de ellos está en una buena posición gracias al esfuerzo de haber hecho una carrera y tener ahora un empleo.
Hay una pregunta recurrente.
-¿Y tú que crees que va a pasar aquí? -¿Cuándo? Y uno, que es un viejo lector de los buenos escritores que lo fueron antaño, no puede por menos que recordar aquello de Pio Baroja: "Un vago apoyado en un farol es un motivo de reflexión. El farol, la ciencia, la rigidez, la luz, el vago, la duda, la indecisión, la sombra. ¡Glorificad a los faroles! ¡Nos desdeñéis a los vagos!" Quien no desdeña a los vagos, a la gente a quien la molicie sirve de forma de vida, es el régimen. Sin ellos, sin su pasividad, su destino el del régimen- podría haber sido distinto.
(*) UCV.
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