EL NACIONAL - Domingo 28 de Abril de 2013 Nación/4
El foro del domingo
LUIS UGALDE El Gobierno puede pagar un alto costo político por amenazar a empleados públicos
"Maduro comienza muy mal al perseguir a los disidentes"
El ex rector de la UCAB no cree en la sinceridad del Presidente de la República cuando dice que está dispuesto a dialogar hasta con el demonio.
"Es totalitario el régimen en el que no puedes disentir en libertad", afirma
EDGAR LÓPEZ
El sacerdote jesuita Luis Ugalde recomienda ver el video (colgado en Youtube) en el que aparece el ministro de Vivienda, Ricardo Molina, capturado in fraganti cuando amenazaba con botar a los empleados públicos que estén en contra del Gobierno.
Y seguidamente continúa la sugerencia ver la película La vida de los otros, del director alemán Florian Henckel von Donnersmarck, que recrea la infeliz existencia de un agente de la policía secreta encargado de espiar a un escritor no alineado con el régimen totalitario que imperaba en Alemania Oriental en 1984.
Ugalde recuerda que después de la Segunda Guerra Mundial hubo elecciones abiertas en Checoslovaquia, ganó el Partido Comunista y en poco tiempo no había ni un solo disidente en libertad. ¿Similitudes con la situación actual en Venezuela? "Es totalitario el régimen en el que no se puede disentir en libertad", responde el ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello.
--Hasta el papa Francisco se ha hecho eco de lo que sucede en Venezuela. ¿Es tan grave la situación? --El Papa, la Internacional Socialista y muchos gobiernos del mundo nos han advertido que se trata de una emergencia muy grave. Nos dicen que tenemos que convencernos que de aquí en adelante la forma de hacer política no puede ser igual. Y ese mensaje va dirigido principalmente al Gobierno.
--En respuesta, vía Twitter, Maduro dijo que rechaza la intolerancia, como si el Gobierno nada tuviera que ver con eso. --Hay muchas cosas que se dicen de la boca para fuera.
Maduro, en ese momento, citó a san Francisco de Asís: "Hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio, yo pongo amor". Pero lo dice ligeramente. Lo mismo que cuando dice que sería capaz de dialogar hasta con el demonio. El diálogo debe ser sincero, de lo contrario Venezuela no tiene salida. No se trata de eslóganes, como ese de la revolución dentro de la revolución, que no reflejan lo que está pasando: que la inflación va a ser mayor a lo largo del año por el déficit fiscal y porque no alcanzan los dólares para importar; que la producción dentro del país ha bajado dramáticamente; que hay que diversificar la economía porque 94% de las exportaciones es petrolera; que hace falta empleo calificado, bien remunerado, estable y con seguridad social; que al ser importadores estamos generando empleo en otros países pero no en Venezuela y tenemos a la mitad de los trabajadores del país como vendedores ambulantes.
--Las autoridades del Poder Electoral y del Poder Judicial han adelantado que el recuento de votos es un imposible y que no van a variar los resultados oficiales que ratificaron a Nicolás Maduro como Presidente de la República. --Ni la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia ni algunas de las rectoras del CNE que han salido a declarar han entendido la gravedad de la situación. Y le hacen muy mal favor a un gobierno que muestra sus debilidades y ya no cuenta con su gran líder.
La auditoría que se prometió es algo que ayudaría a recuperar la credibilidad del ente comicial, que bien le viene, así como la tranquilidad de la población. Procede cuando hay duda razonable y, en esta oportunidad, las dudas son más que razonables. El Gobierno no imaginó que una inmensa mayoría de los ciudadanos, incluidos chavistas, quieren que se aclare todo.
¿Qué pasa? Si tú un día dices sí, al siguiente dices no y luego que la auditoría no servirá de nada, la gente supone con razón que algo esconden. Se decida lo que se decida en la auditoría, es obvio que ha habido un empate, y que sin todas estas coacciones, la oposición tiene más votos que el Gobierno. Sin todo el ventajismo y el uso abusivo de los recursos del Estado, el Gobierno pierde.
--¿El acoso a empleados públicos puede conducir a una nueva lista Tascón? --Todo venezolano demócrata tiene que solidarizarse con el amenazado. Con la lista Tascón hay diferencias, porque se trataba de un referéndum que ameritaba la firma de los electores que lo respaldaban.
Era muy fácil identificarlos.
Pero en este momento no.
Por ejemplo, el Gobierno no sabe por quién votó el padre Ugalde. Y no tiene modo de saberlo. Pero si los militantes del PSUV se convierten en lo que vulgarmente se llaman "sapos", se pueden ir haciendo listas. Eso es totalmente inaceptable en democracia.
--El ministro Molina fue ratificado en su cargo por Maduro. --Han debido destituirlo, porque está admitiendo la violación de la Constitución. Maduro comienza muy mal al perseguir a los disidentes.
--¿Basta la solidaridad o hay algo más específico que hacer a favor de los amenazados? --Hay que organizar equipos de abogados laborales dispuestos a defender a cualquiera que sea víctima de amenazas y que se entere todo el mundo. Aunque ellos manejan los tribunales, que el Gobierno sienta que el costo político de las amenazas es tan alto que se vea obligado a recapacitar.
--¿Está promoviendo una suerte de contraloría social? --Contraloría social y defensa de los derechos humanos. Hay una Defensoría del Pueblo que se debería estar ocupando de estos casos de persecución por razones políticas. Pero todos los venezolanos debemos defender los derechos humanos de todos y todas.
--¿Cómo evalúa usted la actuación de la defensora del pueblo? --Yo no pretendo evaluar a la defensora del pueblo. Lo que sí es claro es que ni el Tribunal Supremo, ni la Defensoría del Pueblo, ni el Consejo Nacional Electoral, ni la Asamblea Nacional pueden estar a la orden del Ejecutivo. Eso es contrario a la Constitución. Que la defensora del pueblo abogue por un chavista, perfecto. Pero si la víctima de abuso no es del oficialismo también tiene el deber de defenderlo.
--¿Qué opina de la censura impuesta por Diosdado Cabello a los diputados de oposición que no reconocen el triunfo de Maduro? --Un hecho como este cau saría un escándalo en cualquier país del mundo, excepto Cuba, Zimbabue y Corea del Norte. El presidente de la Asamblea Nacional no es dueño de la palabra. No le puede negar el derecho de palabra a los representantes de miles de personas que los eligieron.
Y lo dijo en un tono que solamente un enemigo del régimen lo podría hacer, porque lo desprestigia tremendamente. Esas son cosas típicas del fascismo, de lo que hacen los regímenes totalitarios con el que piensa distinto.
--¿Por qué usted afirma que el Gobierno ha sembrado el miedo en forma sistemática? --El miedo político está en todos los ambientes. Miedo en la administración pública, que tiene dos millones y medio de empleados que temen que los boten del trabajo. Un miedo que se extiende a sus familiares. El miedo de los beneficiarios de las misiones que entienden que se tratan de regalos del Gobierno y no de derechos constitucionales.
Yo conozco personas que acaban de recibir una vivienda y me cuentan que hay días que no van al trabajo porque están obligados a participar en actos de proselitismo político organizados por el PSUV. Que están obligados a inscribirse en el partido de gobierno. El responsable de esa siembra es el que dice sistemáticamente: los que están conmigo son patriotas venezolanos y los que no están conmigo son traidores, vendidos al imperio.
Ilustración: Tadeusz Trepkowski.
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domingo, 28 de abril de 2013
¿QUÉ NOS PASA? (2)
CIUDAD CARACAS, 28 de abril de 2013
El perdón como camino a la paz
NUMA MOLINA
Comienzo por reconocer que hay diferentes modos de abordar el tema del perdón. Hay concepciones erradas que podrían llevar incluso a una bomba de tiempo entre personas o entre grupos humanos si no se sabe abordar el perdón como un proceso.
Por ejemplo, identificar el perdón con el olvido es un error porque solo se puede perdonar bien si se recuerda bien y se ventila lo acontecido. Si tenemos delante lo que pasó lo podemos integrar. Esto nos lleva a comprender con mayor claridad el por qué el perdón es un proceso. Es muy común encontrarnos con frases engañosas como “olvido y perdón”, o “borrón y cuenta nueva” en el contexto de crímenes y guerras en América Latina. Dirá Carlos Cabarrús, un jesuita guatemalteco, que estas expresiones usadas como argumento son “la mejor garantía de volver a cometer los crímenes”.
En Guatemala tenemos un ejemplo, cuando en 1988 la Conferencia Episcopal de ese país nombró a los obispos Rodolfo Quesada y Juan Gerardi para participar en la Comisión Nacional de Reconciliación después de aquella guerra fratricida que había azotado al país. El argumento de los agresores era que la Iglesia debía perdonar olvidando y el obispo Gerardi, defensor incansable de los derechos humanos de indígenas y campesinos se opuso a ese concepto y comenzó por la recuperación de la memoria histórica del pueblo. Se documentaron 54 mil violaciones de derechos humanos perpetrados por el ejército durante la dictadura militar que duró desde 1960 a 1996. Gerardi tituló aquella recopilación testimonial “Guatemala nunca más”. Coloco este ejemplo histórico para afirmar que perdonar no significa eximir al agresor de asumir las consecuencias dejadas por sus actos. En otras palabras, si no hay justicia ¿cómo puede emerger el perdón? Para eso existen las leyes civiles y penales que los ciudadanos y ciudadanas han acordado como nación.
JUSTICIA Y PUNICIÓN
Estos elementos, justicia y punición, son esenciales para que en una sociedad acontezca el perdón sanador. Primero se tiene que aplicar la justicia, que no es la justicia alternativa no establecida a la que se recurre cuando no funciona la justicia ordinaria, sino la justicia contemplada en las leyes de la República y aplicada por quienes tienen el deber de hacerlo. Cuando esta justicia no acontece porque se la cercena por diversas razones de interés particular, entonces estamos frente a lo que conocemos como impunidad. Y la impunidad no es otra cosa sino la falta de castigo, así escuetamente lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Un acto de agresión que se queda impune genera temores en la ciudadanía, la persona siente una especie de orfandad legal ante la cual los poderes competentes están en la obligación de responder.
Creo que el tema de la impunidad en Venezuela es una deuda muy vieja y pendiente. Para ello necesitamos que nuestro sistema judicial pase por una reforma profunda y contundente. Ha llegado el momento de reclamar como país el respeto a la vida. Hay mucha impunidad en las calles de nuestras ciudades y a ella se suma hoy la ola de violencia irracional de la que fuimos testigos recientemente y de la que tenemos un saldo de 10 personas fallecidas y un número elevado número de centros de salud integral que fueron asediados unos, y otros destruidos. Tenemos también muchas personas humildes silenciadas y silenciosas para evitar ser agredidas por una ola de intolerancia sin razón.
El camino hacia la paz exige el reconocimiento de la falta como reconocimiento del otro de la otra sino no será posible una auténtica reconciliación. Por eso estoy en desacuerdo cuando se habla de reconciliación con una ligereza tal que se ignora la herida causada sin motivo a nuestros hermanos o hermanas.
DEL PERDÓN CON JUSTICIA AL RECONOCIMIENTO DEL OTRO
Creo que cuando caemos en estas espirales de violencia producto de la intolerancia entonces perdemos la capacidad para reconocer en nuestros semejantes las cualidades que cada una y cada uno tiene. Se desatan los demonios del fatalismo y comenzamos a ver en las personas de nuestro entorno únicamente lo negativo que tiene, sus distintos modos de pensar y no las potencialidades con las que cuenta cada ser humano y con las que en común podríamos construir espacios sabrosos de convivencia. Para ilustrar lo que quiero decirles haré uso de una sabia y sencilla metáfora que se titula asamblea en la carpintería:
Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades”. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes. “La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.
LA FAMILIA, ESPACIO PARA CULTIVAR VALORES
La parábola a la que me referí anteriormente es válida para cualquier grupo humano llámese familia, institución, empresa, grupo de vecinos o el país como gran comunidad. Esta vez quiero enfatizar a la familia. Allí cultivan los valores, allí los padres son maestros de vida para bien o para mal mediante su conducta. Cuando el padre o la madre tienen la capacidad de corregir a su hijo porque cometió un error en la escuela pero antes de hacerlo le recuerdan todas las cualidades que tiene, están formando ya un potencial ser humano para la vida, para la tolerancia, capaz de ser proactivo, de mirar su entorno como oportunidad y no como amenaza. Qué bueno sería que los padres y madres dedicaran en su tiempo libre con sus hijos algunos para enumerar las cualidades que tiene su hermanita o sus padres, sus amiguitos de la escuela. Es un modo práctico para educar la sensibilidad hacia lo bueno, hacia lo grande, hacia lo hermoso que cada ser humano tiene.
LA ESPECULACIÓN
Es otro tema que está a la orden del día. Un especulador es un hampón suelto que roba sutilmente en nombre de la devaluación, del dólar paralelo, de que no se consigue el producto, etc. Las mil razones para convencer a la víctima. Es ahí donde los consumidores necesitamos ser valientes, preguntar, levantar la voz para reclamar oportunamente. Si no somos capaces de reclamar nuestros propios derechos ¿seremos capaces de levantar la voz cuando se le violan los derechos a los demás, en especial a los más humildes? Hay que denunciar ante Indepabis, que colapse sus oficinas con nuestras denuncias hasta que se haga justicia. Conozco de pueblitos pequeños en el interior del país donde los campesinos están a merced del viejo barrigón del abasto de la esquina que manda más que el jefe civil y especula como le viene en gana y allí, a Indepabis nunca lo han visto o viene una vez al año, ¿qué hace el pueblo ante tanta impunidad? Porque la especulación es otro delito que en la mayoría de las veces se queda impune.
(*) El autor es periodista
Ilustración: Uncas
El perdón como camino a la paz
NUMA MOLINA
Comienzo por reconocer que hay diferentes modos de abordar el tema del perdón. Hay concepciones erradas que podrían llevar incluso a una bomba de tiempo entre personas o entre grupos humanos si no se sabe abordar el perdón como un proceso.
Por ejemplo, identificar el perdón con el olvido es un error porque solo se puede perdonar bien si se recuerda bien y se ventila lo acontecido. Si tenemos delante lo que pasó lo podemos integrar. Esto nos lleva a comprender con mayor claridad el por qué el perdón es un proceso. Es muy común encontrarnos con frases engañosas como “olvido y perdón”, o “borrón y cuenta nueva” en el contexto de crímenes y guerras en América Latina. Dirá Carlos Cabarrús, un jesuita guatemalteco, que estas expresiones usadas como argumento son “la mejor garantía de volver a cometer los crímenes”.
En Guatemala tenemos un ejemplo, cuando en 1988 la Conferencia Episcopal de ese país nombró a los obispos Rodolfo Quesada y Juan Gerardi para participar en la Comisión Nacional de Reconciliación después de aquella guerra fratricida que había azotado al país. El argumento de los agresores era que la Iglesia debía perdonar olvidando y el obispo Gerardi, defensor incansable de los derechos humanos de indígenas y campesinos se opuso a ese concepto y comenzó por la recuperación de la memoria histórica del pueblo. Se documentaron 54 mil violaciones de derechos humanos perpetrados por el ejército durante la dictadura militar que duró desde 1960 a 1996. Gerardi tituló aquella recopilación testimonial “Guatemala nunca más”. Coloco este ejemplo histórico para afirmar que perdonar no significa eximir al agresor de asumir las consecuencias dejadas por sus actos. En otras palabras, si no hay justicia ¿cómo puede emerger el perdón? Para eso existen las leyes civiles y penales que los ciudadanos y ciudadanas han acordado como nación.
JUSTICIA Y PUNICIÓN
Estos elementos, justicia y punición, son esenciales para que en una sociedad acontezca el perdón sanador. Primero se tiene que aplicar la justicia, que no es la justicia alternativa no establecida a la que se recurre cuando no funciona la justicia ordinaria, sino la justicia contemplada en las leyes de la República y aplicada por quienes tienen el deber de hacerlo. Cuando esta justicia no acontece porque se la cercena por diversas razones de interés particular, entonces estamos frente a lo que conocemos como impunidad. Y la impunidad no es otra cosa sino la falta de castigo, así escuetamente lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Un acto de agresión que se queda impune genera temores en la ciudadanía, la persona siente una especie de orfandad legal ante la cual los poderes competentes están en la obligación de responder.
Creo que el tema de la impunidad en Venezuela es una deuda muy vieja y pendiente. Para ello necesitamos que nuestro sistema judicial pase por una reforma profunda y contundente. Ha llegado el momento de reclamar como país el respeto a la vida. Hay mucha impunidad en las calles de nuestras ciudades y a ella se suma hoy la ola de violencia irracional de la que fuimos testigos recientemente y de la que tenemos un saldo de 10 personas fallecidas y un número elevado número de centros de salud integral que fueron asediados unos, y otros destruidos. Tenemos también muchas personas humildes silenciadas y silenciosas para evitar ser agredidas por una ola de intolerancia sin razón.
El camino hacia la paz exige el reconocimiento de la falta como reconocimiento del otro de la otra sino no será posible una auténtica reconciliación. Por eso estoy en desacuerdo cuando se habla de reconciliación con una ligereza tal que se ignora la herida causada sin motivo a nuestros hermanos o hermanas.
DEL PERDÓN CON JUSTICIA AL RECONOCIMIENTO DEL OTRO
Creo que cuando caemos en estas espirales de violencia producto de la intolerancia entonces perdemos la capacidad para reconocer en nuestros semejantes las cualidades que cada una y cada uno tiene. Se desatan los demonios del fatalismo y comenzamos a ver en las personas de nuestro entorno únicamente lo negativo que tiene, sus distintos modos de pensar y no las potencialidades con las que cuenta cada ser humano y con las que en común podríamos construir espacios sabrosos de convivencia. Para ilustrar lo que quiero decirles haré uso de una sabia y sencilla metáfora que se titula asamblea en la carpintería:
Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades”. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes. “La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.
LA FAMILIA, ESPACIO PARA CULTIVAR VALORES
La parábola a la que me referí anteriormente es válida para cualquier grupo humano llámese familia, institución, empresa, grupo de vecinos o el país como gran comunidad. Esta vez quiero enfatizar a la familia. Allí cultivan los valores, allí los padres son maestros de vida para bien o para mal mediante su conducta. Cuando el padre o la madre tienen la capacidad de corregir a su hijo porque cometió un error en la escuela pero antes de hacerlo le recuerdan todas las cualidades que tiene, están formando ya un potencial ser humano para la vida, para la tolerancia, capaz de ser proactivo, de mirar su entorno como oportunidad y no como amenaza. Qué bueno sería que los padres y madres dedicaran en su tiempo libre con sus hijos algunos para enumerar las cualidades que tiene su hermanita o sus padres, sus amiguitos de la escuela. Es un modo práctico para educar la sensibilidad hacia lo bueno, hacia lo grande, hacia lo hermoso que cada ser humano tiene.
LA ESPECULACIÓN
Es otro tema que está a la orden del día. Un especulador es un hampón suelto que roba sutilmente en nombre de la devaluación, del dólar paralelo, de que no se consigue el producto, etc. Las mil razones para convencer a la víctima. Es ahí donde los consumidores necesitamos ser valientes, preguntar, levantar la voz para reclamar oportunamente. Si no somos capaces de reclamar nuestros propios derechos ¿seremos capaces de levantar la voz cuando se le violan los derechos a los demás, en especial a los más humildes? Hay que denunciar ante Indepabis, que colapse sus oficinas con nuestras denuncias hasta que se haga justicia. Conozco de pueblitos pequeños en el interior del país donde los campesinos están a merced del viejo barrigón del abasto de la esquina que manda más que el jefe civil y especula como le viene en gana y allí, a Indepabis nunca lo han visto o viene una vez al año, ¿qué hace el pueblo ante tanta impunidad? Porque la especulación es otro delito que en la mayoría de las veces se queda impune.
(*) El autor es periodista
Ilustración: Uncas
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