Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Felipe Sierra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Felipe Sierra. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de agosto de 2015

RECLAMACIÓN AÉREA

ABC, Valencia.
José Rafael Revenga / Analista y consultor político:
Frente a Guyana, necesitamos mayor capacidad de decisión y manejo diplomático
Manuel Felipe Sierra 

Se le podría calificar, siempre con propiedad, de diferentes maneras: filósofo, profesor universitario, asesor de comunicación o estudioso de los temas internacionales. Durante años se desempeñó como alto ejecutivo de Venevisión y como promotor y directivo de la Casa Uslar Pietri. En los últimos tiempos es conocida su actividad como analista y consultor de los temas políticos nacionales e internacionales. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana
La reclamación del territorio Esequibo se ha reactivado luego del otorgamiento de concesiones por Guyana para la explotación petrolera en la fachada atlántica y la actitud inamistosa y agresiva del nuevo presidente guyanés David Granger.
Si, durante largas épocas los venezolanos hemos vivido con una reclamación aérea en cuanto al territorio Esequibo, que aparece en los límites iniciales de la República de Venezuela de Bolívar. Incluso hay un Decreto del Libertador en 1822, que fija los limites según los cuales lo que queda al margen oeste del Esequibo es parte integral del territorio nacional. Ese año Bolívar, envía al canciller de la Gran Colombia a Londres en una misión especial, para reclamar que habían colonos británicos que estaban trasladándose y ocupando el margen occidental del Esequibo.
Envía al canciller del momento, José Rafael Revenga, tu pariente.
Exactamente, en ese momento envía a mi tatarabuelo José Rafael Revenga para plantear que colonos británicos estaban en las provincias de Demerara y Berbice. Siempre los británicos querían conquistar y dominar el Delta del Orinoco, porque desde el punto de vista geoestratégico es de una importancia sublime. Entonces llega un botánico alemán contratado por la Sociedad Geográfica Oficial del Reino Unido en 1840, agarra un marcador, empieza a recorrer la zona, porque era botánico también, y un especialista en cartografía y comienza a trazar las famosas líneas, porque hubo varias Líneas Shomburgk. Una de ellas efectivamente se traslada hasta el Norte del Delta y pasaba por el Delta y Bocas de Navío, y todo ello se considera territorio británico. Desde ese momento hemos estado sufriendo una reclamación etérea, una reclamación aérea, que nunca se ha resuelto favorablemente, excepto que ahora tenemos de por medio el tema del petróleo.
Pero el punto de partida sin duda fue el Laudo Arbitral de París de 1899.
Tienes toda la razón en recordarlo, se forma entonces una comisión entre los especialistas en derecho internacional estadounidenses, que representaron a Venezuela y la comisión la preside el ruso, Frederik de Martens. Los Estados Unidos defienden la posición venezolana, pero hubo un famoso acuerdo entre Rusia y Gran Bretaña, que solamente se conoció en 1944, una negociación secreta, algo como ha pasado actualmente en la FIFA, por lo cual esa comisión en 1899 falla tres a dos en contra de Venezuela. Siempre Venezuela ha denunciado y lo ha reiterado el presidente Maduro en los últimos días que ese Laudo es írrito, nulo e ilegal, que no tiene ninguna vigencia, lo cual lleva posteriormente en los años sesenta al Acuerdo de Ginebra.
“Yo creo que tenemos poco tiempo para enfrentar con éxito la ofensiva de Guyana.”
El Acuerdo de Ginebra, estableció las normas para las negociaciones entre ambas partes y condujo al Protocolo de Puerto España en 1970.
Efectivamente en febrero del 1966 se firma el Acuerdo de Ginebra, en donde ambas partes, incluyendo como firmante al Reino Unido, porque en ese momento Guyana era colonia británica, deciden acordar las bases para buscar un acuerdo, o sea una fórmula para enfrentar la reclamación pero ésta también se trató de una declaración nebulosa. Es decir, las partes buscan una solución pero no se dice cómo llegar a un acuerdo y nunca se llegó a ello. Entonces estamos celebrando cincuenta años, medio siglo del Acuerdo de Ginebra y estamos no solamente en punto cero, sino que hemos perdido tiempo, hemos perdido influencia diplomática y ahora estamos perdiendo yacimientos petroleros de primera importancia, que compiten por su calidad con el petróleo venezolano, y quedan en la zona en reclamación y frente a nuestra costa deltana; es decir que eso es terreno soberano, proyección marítima venezolana, aunque no hemos especificado el límite inferior con Guyana. Ahora, hace muy poco la delimitamos con Trinidad y Tobago. Decíamos que ese petróleo compite en cuanto a calidad, facilidad de extracción y conveniencia de transporte con el petróleo proveniente de nuestra Faja del Orinoco. La exploración la realiza una empresa china, canadiense y estadounidense, porque no es únicamente la Exxon, es una empresa mixta asociada con la empresa SGX de Canadá y con la Nexen de China.
CARICOM
¿Pero cuál es el punto de inflexión entonces, para la crisis actual?
A ella se llega por la indolencia, la pasividad y la falta de imaginación de los gobiernos durante las últimas décadas, y hablo en plural cuando menciono las décadas, entonces de repente en octubre del 2013, hace año y medio, nos estalla la presencia de un buque explorador contratado por una empresa norteamericana, que dice tener una concesión de parte de la Republica Cooperativa de Guyana, y nuestra Armada decide despachar la fragata “Yekuana” para que aborde el buque intruso, aprese a la tripulación y la traslade a la isla de Margarita, pero a pesar de esa luz roja prendida, es decir un barco de una trasnacional en zona de proyección soberana de Venezuela, aunque no en mar proveniente de la zona en reclamación. Pero dejamos pasar año y medio, y en marzo de este año aparece un buque más grande llamado “El Campeón de las Aguas Profundas” que existen solamente dos en el mundo, contratado por esta empresa mixta, ya no haciendo estudio sismológico sino explorando con un taladro que tiene más de 20 metros de altura y puede taladrar la corteza terrestre por más de cinco kilómetros, y que ya voceros de la Exxon señalan de que hay un yacimiento potencial mercantil, es decir se está encontrando petróleo, y por supuesto, parte de éste es nuestro, parte de la proyección de concesión incide en las costas deltanas de nuestra franja atlántica, y entonces ahora no sabemos qué hacer, ahora tenemos un problema económico, un problema político en el país y un problema de política internacional, en donde Guyana obviamente ha tomado la delantera: reunió el CARICOM, llevo una ponencia de apoyo total, y además apeló a la Mancomunidad Británica.
Hubo mucha expectativa sobre la reunión de CARICOM en Barbados, pero la declaración final, si bien ofrece solidaridad con Guyana, no condena de ninguna manera a Venezuela, y se inclina por un acuerdo amistoso. Es decir la declaración fue matizada.
Ciertamente fue matizada por fortuna y creo que tanto la primer ministro de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, como el de Barbados, el señor Freundel Stuart, efectivamente quisieron enfatizar que Venezuela mantiene relaciones amistosas con muchas de la quince naciones que integran el CARICOM, y obviamente se terminó apoyando formalmente a Guyana, pero no se le puso mucha música al tema, yo creo que hay entonces un margen de maniobra, que la declaración no fue tan tajante como el presidente Granger quería, porque hay que tener en cuenta que él, lo primero que hizo al llegar a Barbados fue decir que “Venezuela era como un mono en la espalda de Guyana” era un fastidio, era un contrapeso, era una obsesión que limitaba el desarrollo de su país, y estas son expresiones de un Jefe de Estado muy simbólicas, muy dramáticas. También Granger pidió en la reunión del CARICOM, que Venezuela revocara el decreto presidencial del 26 de Junio, el número 1787, y eso no fue acordado, es decir que no hay una solidaridad automática plena entre sus miembros con Guyana, lo cual tampoco quiere decir que estén con Venezuela.
Granger es “militarófilo” y está cumpliendo con sus promesas.”
“Buen Oficiante”
Es decir, que existe un margen importante para las negociaciones.
Por supuesto, hay un margen para una labor diplomática de conciliación, de acuerdos, de intercambios, y no hay que hacerlo solamente con el CARICOM, hay que hacerlo con Petrocaribe, nueve de las dieciocho naciones que hemos apoyado vía el descuento de volumen petrolero de exportación son miembros del CARICOM. Tenemos, por decirlo así, una especie de palanca que podemos utilizar, está también el ALBA de parte nuestra, y el presidente Maduro ha dicho que llevara el caso a la consideración del presidente de Ecuador, Rafael Correa, porque es en estos momentos es el presidente de la CELAC, un organismo muy importante que tiene también la representación de organizaciones europeas. Mientras todo esto ocurre, nadie sabe por dónde se mueve el juego. También el secretario de las Naciones Unidas Ban Ki Moon, se inclina por nombrar un “Buen Oficiante”, cosa que ya hizo el gobierno venezolano, todo lo cual reviste una enorme importancia.
Es decir que la reclamación ya se mueve en el escenario internacional y no solo bilateral, en circunstancias que en los últimos tiempos se han tornado particularmente complejas.
Sí, hay muchos factores en juego, por ejemplo el secretario de la Comunidad Británica, Kamalesh Sharma, habló muy fuertemente en Georgetown contra Venezuela, y sabemos que no se trata únicamente una asociación de vecinos, son cincuenta y tres naciones en el mundo, la cuarta parte de todas las naciones a nivel mundial son, de alguna manera, “filo-británicas”, con gran peso en la Naciones Unidas.
¿Son suficientes las acciones anunciadas por el presidente Maduro?
Yo creo que tenemos poco tiempo, pese a que el presidente Maduro ha nombrado una comisión presidencial, y que ha llamado a la unidad nacional promoviendo manifestaciones públicas callejeras; todo lo cual es normal, pero necesitamos mucho más que eso, necesitamos una capacidad de decisión y un manejo diplomático como pocas veces hemos tenido a lo largo de nuestra historia.
El endurecimiento de la posición guyanesa tiene que ver demasiado con el nuevo gobierno de Granger, y con su posición radical frente a la reclamación de Venezuela.
David Granger es un coronel retirado, muy “militarófilo” y gana las elecciones con una alianza de dos partidos opositores, el partido progresista y el partido comunista de los indoguyaneses. Los dos partidos forman alianza, uno que se llama La Alianza por el Cambio, y el otro se llama Alianza para la Unidad Nacional, ellos conquistan la mayoría de la votación en las elecciones los primeros días de mayo y Granger es presidente a mediados de ese mes, y ha dirigido palabras muy duras contra Venezuela desde un principio. Pero hay que recordar que durante los 23 años del Partido Progresista, se otorgaron la concesiones, como la de la Exxon que es favorecida desde 1999 con una concesión de estudio y explotación de la fachada atlántica, es decir que desde hace 15 años la Exxon está allí.
Durante su campaña Granger había anunciado que endurecería el reclamo sobre Venezuela.
Si, lo utilizó como tema de campaña y lo está cumpliendo.

Fuente:
http://www.abcdelasemana.com/2015/07/24/el-abc-de-jose-rafael-revenga-analista-y-consultor-politicofrente-a-guyana-necesitamos-mayor-capacidad-de-decision-y-manejo-diplomatico/

domingo, 7 de septiembre de 2014

PASAJEROS SOMOS (3)


EL NACIONAL - Viernes 19 de Diciembre de 2008             Nación/16
Al Compás de Los Días
El demócrata necesario
Manuel Felipe Sierra

¿ Si Diógenes Escalante hubiese alcanzado la Presidencia de la República con el apoyo de Medina Angarita y Acción Democrática sobre la base de un acuerdo para convocar a elecciones populares, habría cambiado la historia del país? ¿Se hubiera evitado el encrespamiento feroz del trienio 1945-48 y los siguientes diez años de dictadura? ¿Ciertamente fue en una habitación del hotel Ávila donde el entonces "demócrata necesario" cedió abruptamente a la esquizofrenia? El episodio ha sido estudiado con detenimiento. El ex presidente Ramón J. Velásquez, entonces despierto y sagaz reportero, vivió intensamente aquellas horas desconcertantes. Abundan los testimonios de protagonistas e historiadores. Pero, aún flotan numerosas interrogantes. Lo sorpresivo del hecho, el interés que despertaba la transición del gomecismo hacia formas democráticas y lo increíble que resulta que no existiera certeza previa sobre la dolencia que padecía el embajador venezolano en Washington, dejan espacio todavía para profundizar en uno de los eventos más curiosos de nuestra reciente historia. Francisco Suniaga, abogado e internacionalista que en 2005 sorprendió al medio literario con su novela La otra isla, salda lo que él denomina una cuenta familiar: la reconstrucción del caso Escalante. El pasajero de Truman es el título de su nuevo esfuerzo novelístico. Dos amigos, testigos de la vida y de la carrera del diplomático y candidato frustrado, le permiten a Suniaga fabricar la obra. En ella sobresale un lenguaje preciso y convincente, con elementos cercanos al reportaje y al mejor ensayo político. Libro esclarecedor y de vigente lectura.
Sin embargo, para el venezolano seguirán gravitando muchas dudas sobre el hecho ¿Era Escalante el hombre capaz de reconducir la nación hacia la democracia? ¿Hasta dónde su nombre fue utilizado como una pieza para facilitar el continuismo de Medina? ¿El compromiso de Acción Democrática era lo suficientemente sólido? ¿La Unión Militar Patriótica (que ya había tomado el camino de la conspiración) habría respetado un acuerdo que no coincidía con sus objetivos de modernización de la institución castrense? En entrevistas posteriores, Marcos Pérez Jiménez confesó que la juventud militar hubiera actuado contra Escalante de la misma manera que lo hizo contra Medina Angarita el 18 de octubre de 1945.

Reproducciones: Últimas Noticias, Caracas, 01 y 03/10/1945.

NOTA LB: Refiere Manuel Caballero (“El 18 de Octubre de 1945”,Libros de Hoy / El Diario de Caracas,1979: 33), que AD propuso a Medina Angarita que consensuara a favor de un candidato “civil suficientemente incoloro, inodoro e insípido, y que garantice una rápida transición hacia un régimen de elección directa y universal del Presidente de la República”.  Se ha hablado con él en Washington y Diógenes Escalante acepta, aunque no obliga a suspender las conversaciones entre AD y los militares: “¡Por qué no ver mejor el problema en los términos en que finalmente lo hemos recibido y en que seguramente se planteó en hombres políticos, enfrentados a una situación que debía resolverse ante todo políticamente? Sin perdernos en disquisiciones, sin preocuparnos por la  buena o mala fe de Betancourt, ¿qué hombre político enfrentado a dos promesas, una sin sangre y otra con ella, no escogería la primera?”.

Luce oportuna la cita de Caballero, pues, perentoria la necesidad de una candidatura presidencial, aunque tardía, surgió la de Ángel Biaggini, quien prontamente se encampañó; e, incluso,  una personalidad muy particular en nuestra historia contemporánea, Alirio Ugarte Pelayo, proclamó esa candidatura. Ciertamente, la política cuenta con una específica naturaleza que no es puramente la del plañiderismo moral, pretendiendo postergar los hechos en nombre del desconsuelo que produjo el retiro de Escalante, por muy invocado que haya sido el liderazgo en ciernes. Valga la apostilla, ya que así como suele reclamarse toda la bondad o maldad de Betancourt o el betancurismo, igualmente hemos leído en torno a la inmensa ingratitud para con Escalante y la negación de todo apoyo a López Contreras.

viernes, 18 de abril de 2014

CUADERNO DE BITÁCORA (1)

Rayna Petkoff ha publicado un trío de fotografías que legítimamente la enorgullecen (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10203673962878449&set=pcb.10203673963918475&type=1&theater), dando cuenta de la fraternal relación con Gabriel García Márquez. Por cierto, una de las historias más interesantes que reveló, si mal no recordamos, en el primer tomo de sus inconclusas memorias, fue el interés de conocer personalmente a Teodoro Petkoff (y no al revés, como suele suceder). Lo atrajo la repetida fuga épica del dirigente del PCV del Cuartel San Carlos y del Hospital Militar y, luego, los planteamientos de profundidad que ocasionaron el deslinde y nacimiento del MAS.

 El seguimiento de la prensa de inicios de los setenta, la premiación del novelista y la donación de una cantidad considerable por entonces, cien mil bolívares al partido, nos permite constatar la vivacidad de una una época que prontamente contrasta con las tristes circunstancias actuales. E, independientemente de toda consideración política e ideológica, pues tenemos las inevitables  reservas en este terreno, ejemplifica la relación afectiva con este país que lo acogió en tiempos en los que era feliz e indocumentado.

Puede decirse, nuestro país ha sido también estancia de la creción literaria por lo que respecta a lo real-maravilloso y al realismo  que mágico. La caraqueñidad de García Márquez, como la de Alejo Carpentier, fue harto fructífera y ha dejado una escuela todavía necesitada de sopesar. Miradas distintas, coinciden en un paisaje múltiple de ebulliciones que están en sus páginas, directa o indirectamente.

Comenta la meritoria periodista Mariahé PabónMariahé Pabón: "Yo también tengo mi foto con Gabito y esta fue tomada en Bogotá durante una fiesta en su honor en la Embajada de Venezuela, hace unos añitos. Agradezco su envío a ,mi amigo José Luis Avila, quien la encontró por ahí y me la hizo llegar (...) Siempre decía que Aracataca, su pueblo natal, hoy bautizado como Macondo, se convertiría en un lugar famoso. Eso lo vaticinaba en Caracas, mucho antes de publicarse Cien Años de Soledad y de ganar el Premio Nobel. Y es que su mamá siempre decía que Gabito era brujo, porque,anunciaba acontecimientos que iban a ocurrir, como aquel día em que le vaticinó a su progenitora que la olla en la cual estaba cocinando un sancocho se iba a romper. Y Gabito diría que lo presintió cuando al entrar a su casa de Santa Marta, desde el zaguán, pudo ver que la olla de barro, no se había colocado bien en su soporte. Fue todo" (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152095796391234&set=a.111199756233.98779.698051233&type=1&theater).

Quizá por muchos años ya, no experimentamos unas vicisitaciones tan trascendentes. De allá para acá y de acá para allá. En cambio, sobras las oportunistas que tienen por empeño en convertirnos en tierra prometida.

TIempos de contrastes, sin dudas.  !Cuán diferentes son!, sobre todo porque - puede aseverarse - García Márquez está en el poder en Venezuela, a juzgar por su amistad e identificación con la dictadura cubana: una paradoja.

LB



Gabo sobre Caracas: “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado en esa ciudad infernal”


A través de Simón Bolívar, personaje fundamental de la historia de Colombia, Venezuela y otros países de Latinoamérica, Gabriel García Márquez supo de Caracas por primera vez, así lo reseña Ángel Ricardo Gómez en un trabajo sobre el grande de las letras latinoamericanas, publicado este viernes en El Universal.
Sin embargo, fue con un personaje de carne y hueso, alejado de los pedestales, con el que la capital venezolana entraría definitivamente en su imaginación. En el texto titulado La infeliz Caracas, el colombiano recuerda a una mujer llamada Juana de Freites, “inteligente y hermosa, y el ser humano más humano y con más sentido de la fabulación que conocí jamás“.

Aquella mujer le contaba las típicas historias infantiles pero con un escenario fijo: “Crecí con la certidumbre mágica de que Genoveva de Bravante y su hijo Desdichado se refugiaron en una cueva de Bello Monte, que Cenicienta había perdido la zapatilla de cristal en una fiesta de gala de El Paraíso, que la Bella Durmiente esperaba a su príncipe despertador a la sombra de Los Caobos, y que Caperucita Roja había sido devorada por un lobo llamado Juan Vicente el Feroz“.

No fue buscando princesas encantadas que llegó a Caracas. El autor de Cien años de soledad pasó por la tierra de Bolívar en 1957 cuando la revista Momento lo contrata como reportero. Sería así, testigo excepcional de la caída de Marcos Pérez Jiménez en 1958.
“Mi primer domingo en la ciudad desperté con la rara sensación de que algo extraño nos iba a suceder, y la atribuí al estado de ánimo que me había inspirado con sus fábulas doña Juana de Freites. Pocas horas más tarde, cuando nos preparábamos para un domingo feliz en la playa, Soledad Mendoza subió de dos zancadas las escaleras de la casa con sus botas de Siete Leguas. -¡Se alzó la aviación! – gritó. En efecto, quince minutos después, la ciudad se abrió por completo en su estado natural de literatura fantástica. Los caraqueños habían salido a las azoteas, saludando con pañuelos de júbilo a los aviones de guerra y aplaudiendo de gozo cuando veían caer las bombas sobre el Palacio de Miraflores, que para mí seguía siendo el Castillo del Rey que Rabió″, escribe en el citado texto.

Gabo estaría en Venezuela hasta marzo de 1958, cuando regresa a Barranquilla para casarse con su amada Mercedes Barcha. No obstante, volvería a Caracas por nuevos contratos periodísticos, esta vez de las revistas Venezuela Gráfica yÉlite.
Márquez vivió durante ese tiempo en San Bernardino, en el sexto piso de un edificio llamado Roraima, que no se sabe si aún existe pues no se precisa ni la calle ni ningún otro dato, según la investigación que hace Gerald Martin para la biografía del autor Gabriel García Márquez: una vida.
En Caracas tendría grandes amigos como Teodoro Petkoff, Salvador Garmendia y Miguel Otero Silva, de quien fue su huésped en su casa, llamada precisamente “Macondo” –hoy demolida– y en 1972 Venezuela lo premia con el Rómulo Gallegos por Cien años de soledad.

Gabriel García Márquez y su amigo Teodoro Petkoff

Manuel Felipe Sierra en su trabajo “El Gabo en Caracas” comenta que “si bien ya era conocido en Colombia por sus reportajes y algunos cuentos publicados en ‘El Espectador’; y luego, el tiempo de corresponsal en Europa le sirvió para perfeccionar el oficio; fue en los meses caraqueños cuando asumió el nuevo género del periodismo latinoamericano como la base de su mejor narrativa. Buen discípulo de Faulkner en la novela, asimiló los elementos del periodismo de Hemingway y Mailer aderezados con la inagotable fantasía del ‘realismo mágico’”.

Sierra apunta que en la revista Momento, por ejemplo, el colombiano escribió reportajes “que disolvían los linderos entre el relato y la crónica periodística. Reacio a la entrevista-cuestionario, incorporó las repuestas de los entrevistados en el clima de amenos textos literarios”. 
Y recuerda que en Cuando era feliz e indocumentado, un libro publicado al ganar el Premio Rómulo Gallegos en 1972, se encuentran los materiales de su experiencia caraqueña. En Caracas también en una Semana Santa, escribió el que llegó a considerar su mejor cuento, La siesta del martes. Otro periodista, Juan Carlos Zapata, sigue la pista del colombiano en Venezuela en su libro, Gabo nació en Caracas no en Aracataca (Editorial Alfa, 2007).

“Venezuela fue por poco tiempo, pero de un modo inolvidable en mi vida, el país más libre del mundo. Y yo fui un hombre feliz, tal vez porque nunca más desde entonces me volvieron a ocurrir tantas cosas definitivas por primera vez en un solo año (1958): me casé para siempre, viví una revolución de carne y hueso, tuve una dirección fija, me quedé tres horas encerrado en un ascensor con una mujer bella, escribí mi mejor cuento para un concurso que no gané, definí para siempre mi concepción de la literatura y sus relaciones secretas con el periodismo, manejé el primer automóvil y sufrí un accidente dos minutos después, y adquirí una claridad política que habría de llevarme doce años más tarde a ingresar en un partido de Venezuela (Movimiento al Socialismo-MAS)”, relata el Nobel en La infeliz Caracas, que cierra con una conmovedora confesión.

“Tal vez por eso, una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal. Me gusta su gente, a la cual me siento muy parecido, me gustan sus mujeres tiernas y bravas, y me gusta su locura sin límites y su sentido experimental de la vida. Pocas cosas me gustan tanto en este mundo como el color del Avila al atardecer. Pero el prodigio mayor de Caracas es que en medio del hierro y el asfalto y los embotellamientos de tránsito que siguen siendo uno solo y siempre el mismo desde hace 20 años, la ciudad conserva todavía en su corazón la nostalgia del campo.

Fuente:
http://larazon.net/2014/04/18/gabo-sobre-caracas-una-de-las-hermosas-frustraciones-de-mi-vida-es-haberme-quedado-en-esa-ciudad-infernal/ 

viernes, 27 de diciembre de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA

Los líderes políticos, empresariales, sindicales, científicos, etc., por lo menos en este rincón del mundo, frecuentemente lo abandonan sin dejar el tesimonio personal de lo que hicieron o deshicieron, inventariando los acuerdos y desacuerdos suscistado, lugarizando el tiempo. Son numerosos los archivos personales que se diluyen y las instituciones capaces de recibirlos, ordenarlos y ponderarlos hasta publicarlos. Se dirá, con sobrada razón, sobre las flaquezas de nuestro mercado editorial, pero hay testimonios necesarios de preservar y de avaluar en un urgente ejercicio histórico, sobre todo cuando el poder establecido tiene también por prioridad la de reversionar el pasado.

Días atrás, aparecieron los volúmenes iniciales de las memorias de Américo Martín, los cuales adquiriremos pronto, procurando equilibrar el presupuesto en casa, porque se trata de un protagonista ineludible del acontecer político que, según la naturaleza de los eventos, jamás se agota excepto la desaparición biológica. Y hasta esto tiene sus excepciones, pues, por algo vivimos la era antes inimaginable de la necropolítica.

Martín cuenta con sus amigos y enemigos, como luce natural en toda polémica cívica.  Hubo aciertos y desaciertos en su trayectoria que irritaba a viejos compañeros de causa, pero muy pocos son capaces de cuestionar una dimensión del obrar que lo caracterizó: la tinta. Pudo llevar y llevó sus posturas a la página impresa, como acaecía con una contrastante frecuencia antes, prestas al debate.  Que sepamos, desde el ensayo en torno a Marcuse y el aburguesamiento de la clase obrera, pasando por títulos incendiarios como "Los peces gordos", hasta sus indagaciones sobre el futuro cubano, el que más recientemente le leímos un lustro atrás, fuera y dentro de la tribuna parlamentaria, ha sido un disparador de planteamientos. Y no pretendemos ahora hacer un balance de sus inquietudes intelectuales, las que se asomaron en las más remotas contribuciones de la prensa, con o sin Haya de La Torre, acarreándole sanciones partidistas, sino acentuar el hecho por siempre inédito en este siglo XXI de la pluma que inquieta y del editor que se atreve a auspiciar inquietudes. Además, mejor nos introduce Manuel Felipe Sierra en su entrega de hoy:

"EL NACIONAL - Viernes 27 de Diciembre de 2013     Opinión/6
Al compás de los días
Memorias de Américo
MANUEL FELIPE SIERRA

Américo Martín ha escrito los primeros dos volúmenes de sus memorias: Ahora es cuando (1945 -1960) y La terrible década de los sesenta (1960-1969). Con tan solo 15 años se incorporó a las luchas estudiantiles contra el perezjimenismo y se inscribió en Acción Democrática en plena clandestinidad, enfrentado a la furia represiva del régimen.

Conoció las cárceles y fue sometido a brutales torturas en la Seguridad Nacional hasta la misma madrugada del 23 de enero de 1958, cuando desde una claraboya de la Cárcel Modelo de Caracas pudo observar el estallido de gritos y banderas que celebraban la huida del dictador. Después vendría la difícil etapa de la provisionalidad de Wolfgang Larrazábal y Edgar Sanabria, que culminó con el triunfo presidencial de Rómulo Betancourt, el cual logró después de vencer la resistencia (incluso de sectores de su propio partido) y de interminables negociaciones. Martín, testigo de aquellos años, pone en claro circunstancias y episodios generalmente desconocidos, pero que permiten una interpretación más certera de los hechos que marcarían los verdaderamente terribles y difíciles años siguientes.
Las memorias, que para los políticos con una vida entregada a los sobresaltos de la lucha son una suerte de rendición de cuentas, de recapitulación de vivencias ya juzgadas por el público, permiten también reforzar las visiones y posiciones políticas del autor.
Ambos elementos están presentes en los trabajos de Américo.
Pero a ello se añade (y allí radica un mayor interés e importancia de estos testimonios) un sabroso relato de vida, un repaso autobiográfico que escapa de lo puramente político para describir la vida cotidiana de la Caracas de la época, las hazañas del béisbol, las transmisiones radiales, los fastuosos Carnavales y los cambios urbanísticos que dan cuenta de una ciudad rutilante gracias a los milagros del "cemento armado" y la riqueza petrolera.
El segundo volumen, La terrible década de los 60, aborda de manera prolija los antecedentes de la lucha armada de la cual Martín fue protagonista como comandante guerrillero y, desde luego, sus relaciones con Fidel Castro durante su permanencia en Cuba, cuando el líder cubano se convirtió en factótum de la fracasada aventura armada. A través de anécdotas y recuerdos describe una etapa de nuestra reciente historia, cuyo conocimiento y valoración resultan indispensables para una mejor comprensión de los años, también terribles y difíciles, que el país ha vivido en las últimas décadas. Sin duda, se trata de un valioso aporte de Martín y la editorial Libros Marcados, en la tarea de ahondar con rigor en las claves del proceso histórico venezolano".

Texto que puede complementarse con una entrevista realizada por Milagros Socorro: http://milagrossocorro.com/2013/07/americo-martin-se-ha-echado-a-las-montanas-de-la-evocacion/. Por cierto, debimos fotografiar los dos tomos que tuvimos a la mano en Tecni-Ciencia (ya parecen no existir las librerías donde hay un librero a la mano, con sus comentarios), pues, la red de redes, no dispensa las portadas grandes y nítidas como es de esperarse, por lo que debmos recurrir a la fotografía que exhibe su hija, Marialejandra Martín, en las redes sociales, adecuándola (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152113950979124&set=t.536520808&type=3&theater).

Parecido a aquella anécdota de Jaimito sobre el eefante y la hormiga, al hallarse en medio de un examen escolar, referirse a Américo Martín es hacerlo con el MIR y, así, nos permitimos consignar las dos imperfectas reproducciones de portada de sendos encartados que están todavía en nuestros archivos: una, campaña electoral de 1978 y la magnífica consigna que empleó, "Manos limpias al poder", descubierta por el candidato presidencial mismo, según le escuchamos en una oportunidad; y, la otra,  constando el apoyo del partido a la opción de Teodoro Petkoff en los comicios de 1983, antes de fusionar la organización con el MAS.

LB

martes, 10 de septiembre de 2013

40 INEVITABLES (2)

La situación en el país
Por qué hubo un golpe en Chile
José Javier Esparza

El ministro El 11 de septiembre de 1973 el Ejército de Chile, empujado por una buena parte de la sociedad, dio un cruento golpe de Estado que derrocó al Gobierno de izquierda, Unidad Popular, elegido tres años atrás en las urnas, y costó la vida al propio presidente de la República, Salvador Allende. Dio así comienzo una dictadura que se prolongaría hasta 1990. Se ha contado muchas veces la crónica del bombardeo del Palacio de la Moneda, sede presidencial chilena, pero se ha contado mucho menos cómo y por qué se llegó a aquel 11 de septiembre de 1973: por qué hubo un golpe en Chile.
Nada de lo que ocurrió en Chile aquel día se entiende si no miramos atrás. Pongámonos en 1970. La guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, entre capitalismo y comunismo, ha despertado en todas partes una especia de guerra civil mundial. Y toda Hispanoamérica es campo de batalla de esta confrontación.
El mundo de la guerra fría
Chile no es ajeno a estas tensiones. Desde 1964 había gobernado el democristiano Eduardo Frei, que llevó a cabo una experiencia política completamente original fomentando el sindicalismo y las asociaciones civiles, acometiendo extensas campañas de alfabetización, creando millares de casas de protección oficial, promoviendo una sensata reforma agraria y nacionalizando buena parte de la producción del cobre, el principal motor económico del país, para inquietud de los Estados Unidos, que poseían cuantiosos intereses en este mineral. Una política que gozó de amplio respaldo popular, pero que no dejará de traerle sinsabores: un sector de la izquierda, netamente revolucionario y financiado por Moscú, azuzaba ocupaciones de fincas mientras un sector de los militares se sublevaba por razones corporativas.
A las elecciones de 1970 se llegó en un clima enrarecido, con la izquierda dispuesta a formar un solo bloque para frenar la senda reformista de Frei –porque le quitaba clientela– y con la derecha preocupada por la acometividad de la izquierda. Los Estados Unidos y la Unión Soviética se tomaron muy en serio el asunto. El director de la KGB, Yuri Andropov, libró 450.000 dólares al candidato de la izquierda, Allende (50.000 de ellos para el propio político), y la Cuba de Fidel completaba la aportación con otros 350.000 dólares. La CIA, mientras tanto, habilitaba más de 800.000 dólares para frenar a la izquierda. La democracia cristiana cometió el error de presentar a un candidato de edad muy avanzada, el veteranísimo Alessandri, de 74 años. La candidatura de izquierda, representada por Salvador Allende, no dejará de incidir en ello para restar credibilidad a un rival que, no obstante, partía favorito en las encuestas.
El camino al poder
Allende era un médico de 62 años, veterano líder socialista, secretario general del partido desde los años cuarenta, que ya había perdido tres elecciones y en cuyo currículum se contaban episodios tan pintorescos como el haber protagonizado el último duelo a pistola en Chile. Para las elecciones de 1970, los socialistas habían fraguado una coalición con los comunistas y otros movimientos de izquierda: Unidad Popular. Dentro del propio partido se intentó apartar a Allende, pero el apoyo comunista le convirtió en candidato a la presidencia. Y el tal apoyo no era meramente teórico: Moscú le colocó un asesor, Sviatoslav Kuznetsov, con la misión expresa de sostener su campaña tanto en estrategia como en financiación, según revelaría años más tarde el Archivo Mitrojin de la KGB.
Salvador Allende ganó. Lo hizo con una mayoría exigua: un 36,6% de los votos frente al democristiano Alessandri, que tuvo un 34,9%, y al 27,8% del candidato de centro-izquierda Radomiro Tomic. La norma común era que, en esas condiciones, hubiera segunda vuelta, pero la Constitución autorizaba que el ganador se hiciera con la presidencia aun con tan escaso margen. Es lo que ocurrió. No hubo segunda vuelta. El asunto se llevó al Congreso. Washington y Moscú movieron sus hilos, de manera particular sus talonarios. Y no sólo los talonarios: el general Schneider, partidario de Allende, es asesinado por pistoleros a sueldo, al parecer, de la CIA. El hecho es que los diputados de Tomic y hasta algunos democristianos votaron a Allende. Ganó el “compañero Salvador”. Y por goleada: 153 votos contra 35 de Alessandri y 7 en blanco. La Unidad Popular se hizo con la presidencia. Era el 24 de octubre de 1970.
Salvador Allende asumió la presidencia con un muy solemne Te Deum en la catedral de Santiago, pero su programa era muy claro: estatalización de los sectores clave de la economía, radicalización de la reforma agraria, nacionalización completa del sector del cobre, aumento general de los salarios con una emisión masiva de moneda y congelación de los precios de los productos de uso cotidiano, entre otras cosas. Eso era lo que Allende llamaba “la vía chilena al socialismo”. ¿Y podía hacer todo eso sin violentar la ley? En la legislación chilena permanecían vigentes algunas disposiciones tomadas en los años 30 por un tal Carlos Dávila, un aventurero bolchevizante que durante un año había implantado una “república socialista”. A ello se acogió Allende para comenzar su revolución.
La política de Allende fue cualquier cosa menos moderada. La estatalización de la economía se hizo de manera completamente discrecional, atribuyéndose el Gobierno la capacidad para decidir qué empresas eran poco productivas y, por tanto, podían ser intervenidas.
Crónica del caos
La nacionalización del cobre, aunque respaldada por todos los partidos –el propio Frei había comenzado el proceso–, se ejecutó de tal manera que las empresas propietarias –casi todas norteamericanas– no sólo no fueron compensadas, sino que se les aplicó de manera retroactiva un concepto de impuestos impagados, de modo que todas acabaron con enormes deudas. No tardarán en pedir socorro a Washington, que reaccionará con un boicot al cobre chileno. La gota que colmó el vaso fue la reforma agraria, que Allende exasperó promoviendo la ocupación ilegal de tierras por los campesinos, con el consiguiente desbordamiento del orden público. En uno de estos episodios, un pequeño agricultor llamado Rolando Matus fue asesinado por los “ocupantes” cuando defendía su pedazo de tierra.
A pesar de estos excesos, la experiencia podría haber funcionado de no ser porque las medidas de aumento general de los salarios sin más respaldo que el papel moneda y el estancamiento deliberado de los precios terminaron haciendo estallar la economía. El déficit público se multiplicó por tres en sólo un año. A finales de 1971 ya había desabastecimiento en los mercados. Y comienzan las manifestaciones masivas de mujeres haciendo sonar sus cacerolas en protesta por el vacío de los mercados. ¿Rectifica Allende? No: ese mismo año Fidel Castro se pasea por Chile entre las bendiciones oficiales. Tanto en lo político como en lo económico, la situación ya era de colapso.
La radicalización de la política chilena llevó a toda la derecha a acercar posturas mientras la izquierda, por su parte, trataba de acelerar el proceso revolucionario. La Vanguardia Organizada del Pueblo, de ultraizquierda, asesina a un ex ministro de Frei, Pérez Zujovic. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria –un grupúsculo violento nacido en los sesenta- se dedica a ocupar tierras y fábricas, y el Gobierno prohíbe a la Policía que intervenga. Inevitablemente nace una respuesta en la derecha, el grupo Patria y Libertad. En 1972 la violencia política llena las calles de Chile. La mayoría de la prensa critica acerbamente al Gobierno. Allende contesta que la CIA está financiando a la prensa –lo cual no es del todo falso– y reacciona a su vez amenazando con estatalizar la empresa La Papelera, la distribuidora nacional de papel. A la altura de 1973, la situación es insostenible. Las cifras son aterradoras: un decrecimiento económico del 5,57%, una inflación del 606%, una caída salarial media del 38,6%. En dos años y medio, Chile estaba arruinado.
En marzo de 1973 hubo elecciones legislativas. La derecha se unió. También la izquierda. Y ganó la derecha: un 54,6% frente al 43,5% de la Unidad Popular. Pero Allende, pese a tener al Parlamento en contra, no daba su brazo a torcer. En ese mismo año impulsa una reforma socialista de la educación que levanta una inmediata ola de protestas entre los estudiantes –y la reacción contraria de los estudiantes de izquierda–. En este momento hay cerca de un centenar de muertos al día por la violencia política. Para colmo, en el ejército se suceden los movimientos de uno y otro signo: hay fuertes rumores de conspiración alimentada por los Estados Unidos, y a la vez hay un intento de la extrema izquierda para sublevar a los marinos contra sus oficiales. Un comando de extrema derecha mata a un ayudante naval del presidente y un ministro de Allende, el general Prats, dispara a una ciudadana que le increpaba en la calle. Es de locura.
La puntilla llega el 22 de agosto de 1973, cuando el Parlamento aprueba un documento llamado “Acuerdo sobre el grave quebrantamiento del orden institucional y legal de la República”. ¿De que se trata? Se trata de que Allende ha entrado en tales conflictos con la Corte Suprema, por negarse a cumplir las objeciones judiciales a su política, que el Parlamento le acusa de gobernar contra la ley y el derecho. Y en ese documento, el propio Congreso hace un llamamiento a los ministros militares para que pongan fin al desafuero.
A principios de septiembre, Allende, acorralado, propone una reforma constitucional que le dé autoridad. El Parlamento le responde que sólo aceptará un plebiscito. Allende, después de negarse, rectifica y propone él mismo tal plebiscito. Son entonces sus compañeros socialistas los que se niegan. Sólo los comunistas le apoyan. Finalmente, en la noche del 10 de septiembre, con una huelga en la minería, un paro en los transportes y manifestaciones de mujeres en las calles, Allende logra sacar adelante la idea del plebiscito. No servirá de nada. Al día siguiente sufrirá un golpe de Estado que le costará la vida.
El mito del compañero
Las cruentas circunstancias de la muerte de Salvador Allende, víctima directa del golpe del 11 de septiembre cuando estaba atrincherado en su residencia oficial del Palacio de la Moneda, bombardeado por el ejército, han mitificado la imagen del socialista chileno. Esa mitificación comenzó casi inmediatamente, cuando toda la izquierda internacional, dejando de lado las circunstancias que llevaron al golpe, y que en muy buena parte fueron responsabilidad del propio Allende, focalizó la atención en la figura del gobernante demócrata muerto por la libertad. Las fotografías del venerable doctor, vestido de paisano, armado con un kalashnikov y con un casco mal ajustado en la cabeza, ennoblecieron su muerte. Durante muchos años se difundió la idea de que el “compañero Salvador”, como le llamaba la propaganda, había sido asesinado por los militares. En realidad hoy se sabe, y su propia familia así lo ha reconocido, que Allende se suicidó disparándose un tiro en la cabeza con su fusil de asalto. Un AK-47 que le había regalado Fidel Castro.
El comandante en jefe
En agosto de 1973, Augusto Pinochet era el segundo en el mando del Ejército de Tierra, colaborador estrecho del comandante en Jefe, general Prats, ministro de Defensa y ex de Interior. Prats había sufrido un importante deterioro en su imagen después de haber disparado a una ciudadana que le increpó en la calle. Prats presentó su renuncia, pero Allende le confirmó en el puesto. Fue un calvario para él. El 21 de agosto, en pleno caos social, Prats sufrió en su casa una manifestación de esposas de militares. Tan grave fue el altercado que Allende acudió al lugar, acompañado por el general Augusto Pinochet. Prats pidió a Allende que le relevara de la jefatura del Ejército. Y para relevarle proponía a Pinochet. Para entonces los movimientos de militares contra el Gobierno Allende ya eran cotidianos. Muchos de ellos habían pasado por el propio Pinochet, que siempre se había negado a secundar cualquier intentona ilegal. Los principales promotores de la sublevación eran el jefe del ejército del Aire, Leigh, y el vicealmirante Merino, respaldados, por supuesto, por los Estados Unidos. El 7 de septiembre, éstos enviaron un emisario a Pinochet para anunciarle el golpe, pero se cuidó mucho de dar su espaldarazo. Fue el día 9, en el momento en que Allende le informó de que iba a convocar un plebiscito, cuando Pinochet decidió sumarse a la asonada. Y lo hizo tomando el mando.

http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/por-que-hubo-un-golpe-chile-20130910

EL NACIONAL - Viernes 12 de Septiembre de 2008     Nación/11
Al compás de los días
La izquierda   
MANUEL FELIPE SIERRA

El 11 de septiembre de 1973 muere Salvador Allende en el palacio de La Moneda. Esa tarde aciaga se define la suerte de la izquierda latinoamericana. Su ascenso al poder había sepultado un mito: si era posible mediante el voto iniciar los cambios revolucionarios.
La tesis fidelista ejecutada por el Che Guevara, según la cual sólo las armas aseguraban el camino hacia el socialismo, había quedado en entredicho.
Pero Allende tendría que actuar bajo terribles presiones: en Chile se daba una severa radicalización de clases; en el contexto de la Guerra Fría el ejemplo chileno suponía un efecto demostración en un continente que reclamaba salidas radicales estimuladas por la Revolución Cubana, y las políticas de Washington operaban como muro de contención ante el riesgo del comunismo. Pero, curiosamente, el peligro mayor para el mandato de la Unidad Popular radicaba en la heterogeneidad de la alianza y la presencia mayoritaria en ella de aquellos sectores que habían convertido la hazaña de la Sierra Maestra en un dogma inconmovible.
Antonio Sánchez García, filósofo, lúcido polemista y sobre todo testigo hasta protagonista de esa etapa convulsa e inédita ha escrito La izquierda real y la nu va izquierda de América Latina con presentación del ensayista mejicano Enrique Krauze. Un libro que cuenta la tragedia de Chile, la cual devino en la sangrienta y larga dictadura de Augusto Pinochet.
Pero el texto, además, busca las claves para descifrar el mapa de la izquierda latinoamericana de este tiempo: el envejecimiento de la experiencia cubana y la responsabilidad de su dirigencia en los fracasos de las aventuras guerrilleras de los sesenta, y la torpe interferencia en procesos como el nicaragüense que se proponían la búsqueda de la democracia y a los cuales se les quiso imponer la receta del socialismo real ya en vías de definitivo agotamiento.
Por supuesto, el libro toca el tema de la nueva izquierda. ¿Hay dos izquierdas en América Latina? ¿Qué diferencias existen entre el socialismo de Lula Da Silva, Tabaré Vásquez y la Michelle Bachellet y el enorme disparate histórico del chavismo y sus satélites domesticados por la chequera petrolera? Krauze dice que Octavio Paz se preguntaba por qué la izquierda latinoamericana seguía enamorada de la revolución. Desgraciadamente, todavía no hay respuesta convincente.

EL NACIONAL - Martes 10 de Septiembre de 2013     Opinión/7
Tiempos de cambio
A cuarenta años del "pinochetazo"   
VLADIMIR VILLEGAS

Hace cuarenta años, el 11 de septiembre de 1973, se produjo un sangriento golpe de Estado contra el primer presidente socialista electo por los votos del pueblo en América Latina. Salvador Allende fue derrocado por militares encabezados por el comandante del Ejército, el general gorila Augusto Pinochet, y prefirió la muerte antes que rendirse a los cabecillas de esa pesadilla.
Allende permaneció en el Palacio de la Moneda mientras éste era bombardeado por los golpistas, y antes de su confusa muerte llamó al pueblo chileno a no sacrificarse, pero tampoco a arrodillarse frente a los "milicos", resistir, pero ya era tarde. Se había consumado el zarpazo.
El Estadio de Santiago de Chile, el mismo donde recientemente fue derrotada nuestra selección Vinotinto, fue convertido en un campo de concentración, y allí fueron llevados y asesinados hombres y mujeres chilenos, entre ellos, el inolvidable cantante Víctor Jara, a quien también lo sometieron a terribles torturas. Se iniciaba así la larga noche de la dictadura fascista de Pinochet, y se frustraba la posibilidad de iniciar por estas tierras latinoamericanas una experiencia de inspiración socialista nacida del voto popular. A las contradicciones existentes entre los componentes más diversos de la izquierda chilena, agrupados o no en la gobernante Unidad Popular, se sumó una terrible conspiración de la más rancia derecha chilena, como elementos que favorecieron el golpe, que ya venía siendo alimentado, promovido y orquestado por la Central de Inteligencia de Estados Unidos y por corporaciones como la International Telephone and Telegraph, según denuncias formuladas en aquella remota época.
Los extremos llevaron al golpe. Por un lado, el MIR chileno, con sus radicalismos fuera de lugar, tomando iniciativas que le restaban apoyo a Allende en los sectores medios, y por el otro, los grupos de extrema derecha, entre ellos Patria y Libertad, y sectores del partido Demócrata Cristiano, forzaron la barra para hacer inviable el camino chileno al socialismo.
Pero el acoso de la ultraderecha chilena contra el gobierno del presidente Salvador Allende se inició prácticamente antes de que éste asumiera la primera magistratura, luego de su triunfo electoral. A los pocos días de los comicios es asesinado el comandante del Ejército, general René Schneider, un militar demócrata que en aquel momento representaba una garantía para que el Congreso ratificara la voluntad popular y eligiera al abanderado de la Unidad Popular.
La Democracia Cristiana Chilena se hizo la "pendeja" frente al golpe, en la creencia de que a la vuelta de la esquina estaría de nuevo en el poder. Pasaron 17 años de dictadura para que, mediante un plebiscito, Pinochet abandonara la Presidencia pero no la Comandancia General del Ejército. Vuelve la democracia, pero aún se mantiene la constitución heredada del pinochetismo.
Allende no tuvo respiro, porque el experimento socialista chileno se enfrentaba con poderosos enemigos internos y externos. Hoy los documentos desclasificados por la CIA hablan por sí solos sobre el papel que el gobierno de Richard Nixon desempeñó en el derrocamiento del presidente chileno. Por muchos errores que haya podido cometer el gobierno de la Unidad Popular, nada justificaba el surgimiento de una dictadura sangrienta que imitó sin ningún rubor los procedimientos de los nazis alemanes. Miles de muertos, torturados, desaparecidos y exiliados fue el saldo inicial de la "gestión" de la junta militar pinochetista.
Venezuela, es bueno recordarlo, recibió en las décadas del setenta y ochenta a miles de chilenos, uruguayos, bolivianos y argentinos víctimas de las dictaduras militares impuestas en el Cono Sur. La solidaridad con los perseguidos nunca cesó en nuestro país. El espejo de lo ocurrido en Chile siempre tiene que estar presente en Venezuela. Todos, sin excepción tenemos que mirarnos en él de vez en cuando.

Fotografía: AFP / El general Augusto Pinochet (I) posa con el presidente chileno Salvador Allende, 23 de agosto 1973 en Santiago, poco después de que Allende le nombró jefe del ejército, sólo tres semanas antes de la golpe de Pinochet que mató a Allende.

lunes, 17 de junio de 2013

TESTACIÓN

EL NACIONAL - Viernes 14 de Junio de 2013     Opinión/9
Al compás de los días
Trujillo y Betancourt
MANUEL FELIPE SIERRA

" El Presidente reacciona, no ve ni oye, apenas siente un zumbido espantoso, tiene cubierta la cara de sangre, le arde la piel, están destrozados sus anteojos de gruesos aros oscuros y logra con un impulso concentrado abrir la puerta". Así relata Miguel de los Santos Reyero los minutos siguientes al atentado que sufriera Rómulo Betancourt el 24 de junio de 1960 en la avenida Los Próceres de Caracas. Se trataba de un ajuste de cuentas (como fue posteriormente comprobado por la OEA) del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo contra el mandatario venezolano.
El hecho criminal era el resultado de viejas diferencias entre los dos políticos, que tuvo momentos culminantes cuando en los años del 45 al 48 Santo Domingo se convirtió en el centro de conspiración de los adversarios de la Revolución de Octubre, que llegaron incluso en aquel momento a promover varios planes de invasiones al país. El episodio es retomado ahora por el historiador y escritor Edgardo Mondolfi Gudat en el libro El día del atentado (El frustrado magnicidio contra Rómulo Betancourt). Se trata de una investigación exhaustiva y esclarecedora sobre un acontecimiento que merecía, como ahora, un tratamiento más cuidadoso.
Mondolfi recurre a documentos desconocidos que ponen en claro los desencuentros insalvables entre Betancourt y Trujillo, y toda la trama subversiva que se tejió en República Dominicana para derrocar el gobierno de Betancourt nacido en 1959 y sometido a todo tipo de acechanzas.
En primer término, del viejo militarismo derrocado el 23 de enero con la caída de Pérez Jiménez, y luego, la insurgencia de sectores de izquierda iluminados por la Revolución Cubana de Fidel Castro.
El propio Trujillo (como producto de una antigua obsesión) manejó los hilos de varias conjuras incluido el golpe de Estado (también fallido) que intentó Jesús María Castro León desde San Cristóbal meses antes de lo ocurrido en Los Próceres, cuando milagrosamente Betancourt salvó la vida, aunque ello dejara graves secuelas para su salud.
El historiador indaga tambiénhasta dónde el asesinato de Trujillo, ocurrido el 30 de mayo de 1961, tendría que ver de alguna manera como una respuesta de sectores democráticos vinculados a Betancourt por la presencia de un dictador que representaba un estigma, no sólo para los dominicanos, sino para el Caribe y el resto de América. Si bien Mondolfi no encuentra comprobación de una vinculación entre ambos hechos, es indudable que a partir del atentado contra Betancourt y el aislamiento que como consecuencia de éste recibiera de la comunidad internacional, el largo mandato de Trujillo entró en un indetenible proceso de descomposición.
Sin duda, un valioso aporte del autor para profundizar en la historia contemporánea de Venezuela.

domingo, 10 de febrero de 2013

APUESTA DE DEIDAD

EL NACIONAL, Caracas, 10 de Febrero de 2001 / Papel Literario
Manuel Felipe Sierra
"Chávez es un milagrero con habilidades de predicador protestante"
La edición de Papel Literario dedicada al 4 de febrero ha encendido los motores de la discusión. Cartas, correos electrónicos, aireadas críticas, expresiones de afecto, ceños fruncidos y sonrisitas. Un diálogo con Manuel Felipe Sierra, director de la revista Primicia, nos remitió al tema de que la pugna de Chávez, tiene también sus secuelas estéticas. Esta entrevista se realizó justo el domingo 4 de febrero, mientras el Presidente volvía a arroparnos con sus desbordados talentos telegénicos. Sierra es un agudo analista de la vida política venezolana, periodista y hombre con dotes notables para la conversación
Nelson Rivera

-¿Estamos viviendo una televisocracia desde el 4 de febrero, donde el componente de la teatralidad es más relevante que en regímenes anteriores?
-Sí, de alguna manera. Es evidente que el presidente Chávez ha usado su carisma, su capacidad de comunicarse desde la televisión, que es un medio con mucha eficacia, con mucha capacidad de influir de inmediato. Chávez es un hecho mediático en lo esencial. Cuando se da un golpe y se producen aquellas horas de incertidumbre, de suspenso, la gente suele pensar en los altos mandos militares, es decir, piensan que algún general se alzó. Cuando Chávez apareció al mediodía del 4 de febrero ya rendido, cuando aparece en televisión lo hace con una frase que revela su capacidad de comunicador, el "por ahora". Su mensaje no fue el de un hombre rendido, sino el de un hombre que había sido derrotado transitoriamente, pero que había dejado un mensaje. Cuando la gente vio a un teniente coronel vestido en traje de campaña, aquello ensambló con el planteamiento de cambio que había en el país. Ese Chávez no era sólo el Chávez que había planificado un golpe contra el Presidente de la República, sino que de alguna manera también revelaba el malestar que había en el pueblo y en los niveles intermedios de las Fuerzas Armadas. Una frase en la televisión logró acopiar toda una energía política que había en el país. En los días siguientes al golpe, el gobierno de Carlos Andrés Pérez contrató a David Garth, quien hizo una serie de encuestas diarias para evaluar la imagen del gobierno, que de alguna manera había quedado debilitada. Todas esas encuestas daban a Chávez como el personaje más importante entre todos los políticos, a un promedio entre 70 y 80%.
-¿Qué es lo que le resulta tan atractivo a los espectadores: que se trata de un espectáculo distinto, un espectáculo que va a contra corriente, o es que de verdad había en el país una actitud contenida y el intento de golpe le abre la puerta a la participación y a la protesta?
-Normalmente, cuando se produce un golpe de estado, en la televisión aparece una junta que le dice al país, a los ciudadanos: esta mañana se produjo tal o cual cosa. Entonces, el hecho de rendirse y no rendirse en un mismo acto, por un insurrecto que es un teniente coronel y no un general, produce un impacto inevitable. Luego, yo no diría que en todos los ámbitos de la sociedad venezolana, pero efectivamente en los sectores populares, Chávez empezó a encarnar un hecho cultural bien importante. Por ejemplo, está el caso de la música llanera. La música llanera en Venezuela es un fenómeno que, a lo mejor en Caracas no se siente, pero que a partir de los Teques se hace fuerte y predominante. Venezuela está sumida en la cultura de la carne en vara, de Reina Lucero y Luis Silva. Ese país que a veces nos resulta subterráneo encontró en la presencia de Chávez una referencia importante. La cultura media del venezolano, sobre todo en el interior ha sido ganada por la cultura del llano. Luis Silva logró vender hace cinco años 300 mil copias de un disco. Tiene que ver con esa cultura del Conde del Guácharo, que uno lo encuentra en los lugares más insólitos y sigue llenando escenarios. Aquí hubo una mutación cultural del país, que tiene que ver mucho con este proceso social en el que una parte del país reaccionó contra el establecimiento.
-Luis Britto García sugiere en un ensayo suyo que publicamos el sábado pasado, que el 4 de febrero, además de desatar la insurrección política y militar, generó una insurrección cultural. Habla de Alí Primera y de las banderas. Son ejemplos distintos, pero que seguramente van en el mismo sentido que los suyos. ¿Piensa usted que Chávez ha removido la escena cultural de forma profunda y consistente?
-Creo que Chávez recoge muchas cosas que estaban allí latentes y que era imposible percibirlas con la visión lineal que se tenía del fenómeno cultural en el país. El logra activarlos, y de alguna manera es beneficiario de ese proceso. Eso es indudable. En el carnaval siguiente al 4 de febrero, el disfraz más importante no fue el Zorro, fue el chavito. Y eso no es expresión del MVR, ni fue dirigido, es una respuesta del país que tenemos hoy, que es un país que está muy ganado por la cultura de la provincia. De alguna manera hay un regreso a un nacionalismo que no es inducido por las élites culturales. Cuando Chávez sale de Yare y se va al interior, ya los políticos venezolanos no hacían eso. Chávez se mete en el interior y logra compenetrarse con ese fenómeno de la cultura del llano, que está permeando y cubriendo el país. Cuando en marzo de 1998 Chávez aparece en las encuestas, ya es absolutamente imposible revertir esa tendencia. Pero viene del llano hacia Caracas, es decir, reproduce de alguna manera el fenómeno histórico y cultural de los andinos cuando ocupan Caracas en el año 99. Esa cultura que nosotros no veíamos y no entendimos, pero que estaba allí.
-El sistema que se instaura en 1958 desarrolló un lenguaje, un discurso, unas promesas, unos rituales. Chávez también es un hombre de rituales y de discursos, es decir, podríamos decir que propietario de una retórica distinta, pero una retórica a fin de cuentas. Desde el punto de vista del relato narrativo, Chávez es un perturbador. Aunque tiene un ritual, él lo exacerba, le introduce elementos sacrílegos, es decir, lo modifica, hace bufonadas, se sale del ritual y hasta violenta una de las reglas tradicionales de la escena: conversa con el público.
-También falsifica la historia.
-Abiertamente. Estos elementos tienden a molestar incluso a las jerarquías que lo acompañan y que lo adversan. ¿Qué significa que a la gente le guste tanto esta modificación del espectáculo? ¿Una expresión cultural de rechazo al formalismo? ¿Demuestra esto una lucha estética?
-Sí, una confrontación estética que va más allá del mensaje de Chávez. Evidentemente, creo que los venezolanos somos muy arbitrarios, nos gusta romper las convenciones. El venezolano de estos tiempos es mucho más abierto, y de alguna manera, es más permeable a ser tocado por esta cultura subterránea que se fue generando y consolidando en los últimos años.
-Aníbal Romero sostiene que la clase intelectual venezolana ha sido dominada por dos grandes tendencias frente al hecho del poder: o se ha entregado a suscribir el poder o se ha mantenido fuera en una actitud que llama "utopismo", que describe a aquellos que se sienten legítimos porque sueñan con la revolución.
-Vargas Llosa dice en su artículo de hoy, cómo lo imaginario, lo utópico, pesa tanto en los países latinoamericanos, que es un pensamiento útil para crear grandes novelas, para desarrollar nuevas tendencias en la pintura, pero que todo esto constituye un mundo irreal. Yo creo que la vanguardia intelectual venezolana se inmoló con el fracaso de la lucha armada. Eso tiene varias consecuencias, entre otras, una anímica: hasta sus nombres más conocidos todavía viven con el peso de la derrota, y nunca pensaron que podía haber una posibilidad de cambio político. Y por supuesto, para todos ellos, Chávez nunca podría ser la expresión de un cambio estético. Quizás esto no es un cambio revolucionario, pero sí es una alteración histórica, sí se produjo una fractura de la cual Chávez es beneficiario. Chávez no es el buen revolucionario de los años 60 que decía Carlos Rangel, Chávez no es la expresión ideal del líder de la izquierda, el revolucionario típico. Chávez más bien, para la vanguardia cultural, merece el tratamiento de un personaje excéntrico, raro. No te olvides que nuestra vanguardia cultural, fundamentalmente la caraqueña de los años 60, los grupos literarios que se gestaron en esa época eran grupos urbanos, con una visión del país más hacia Europa, más hacia las nuevas tendencias culturales. Chávez lo que hace es retrotraernos, para usar una frase muy famosa en los años 60, a una visión mucho más simple del país, pero que quizás es la visión real que tienen los venezolanos. Yo creo que en eso deberíamos reflexionar.
-Es curioso que siendo Chávez un provocador, no haya logrado conquistar a esa clase creativa, a esos sectores intelectuales que han estado por años clamando por un espacio para la provocación.
-Creo que Chávez reivindica un sentimiento, un sueño que no tiene pertinencia, que no tiene viabilidad histórica en este momento. La revolución de Chávez es una revolución del siglo XIX. Es decir, en el fondo no hay revolución transformadora, es un relevo de hegemonía política, es el aprovechamiento de una circunstancia que le permite impulsar algunos cambios y plantear algunas ideas, ideas que no tienen mayor consistencia. Por ejemplo, la reinterpretación del pensamiento bolivariano es absolutamente extemporánea, no tiene sentido. La sacralización de Zamora tampoco tiene sentido. Zamora fue un militar de un gran arrojo, un gran estratega en la batalla, pero casi no participó en los hechos más significativos de la Revolución Federal. La Guerra Federal comenzó el 20 de febrero de 1859 y Zamora muere en 1860. Todo el proceso que Chávez reivindica se corresponde a una etapa en la que Zamora estaba muerto. La Revolución Federal la dirigen, Juan Crisóstomo Falcón y Guzmán Blanco, que son los que conducen y los que protagonizan las grandes batallas. Son ellos quienes culminan aquella sangrienta fractura.
-George Balandrier habla de milagrismo, para describir la presencia en la escena del poder de una imagen que irradia una fuerza social o política, sólo a partir de propagar la esperanza.
-Hay mucho de eso. Si se pudiese apostar a una definición de Chávez, yo recordaría lo que los colombianos llaman el milagrero, que es el vendedor de feria, el que es capaz de vender sueños, una suerte de buhonero de ilusiones. Y eso tiene mucho que ver con lo que es el país ahora, con la nueva calidad de la marginalidad venezolana. Es cierto que el venezolano es mayoritariamente católico, pero si tú revisas en términos reales en los sectores marginales, hay una amplia población religiosa que es protestante, pero también es católica. Hay un sincretismo extraordinario, y Chávez de alguna manera encarna a un milagrero con habilidades de predicador protestante.
-La conexión de Chávez con el tema religioso podría sugerir una contradicción. Una lectura del libro que acaban de publicar Carmen Betancourt y María Matilde Suárez, dedicado a José Gregorio Hernández, muestra la sobrecogedora y creciente presencia del beatificado en todos los sectores sociales. José Gregorio disfruta de un reconocimiento unánime, amplio, pero su imagen parece asociada a palabras como consenso, paz, bondad, solidaridad, concentración, valores que parecen ir a contracorriente de conceptos como pugnacidad, confrontación, ruptura, dispersión, que uno podría asociar a Chávez. ¿Es arbitraria la posibilidad de interrogarse sobre las posibles conexiones entre estos dos personajes, que parecen coincidir en el entramado emocional de la esperanza de mucha gente?
-Es cierto que Dios es pacífico, que Dios no quiere la guerra. José Gregorio Hernández, sin querelo, está camino a la beatificación. Chávez, seguramente, también quiere la trascendencia.

viernes, 19 de octubre de 2012

DE LA VEHEMENCIA VIABLE

EL NACIONAL - Viernes 19 de Octubre de 2012     Opinión/9
Al compás de los días
¿Un nuevo Chávez?
MANUEL FELIPE SIERRA

Reelegido Hugo Chávez es inevitable una pregunta: ¿hay espacio para la radicalización del socialismo del siglo XXI? Naturalmente, el chavismo asume los resultados como una ratificación de la propuesta, por lo que no habría razones para cambios o la moderación de ella. Horas después de la decisión del electorado el ex vicepresidente Elías Jaua anunció que se avanzaría en nuevas confiscaciones y expropiaciones. Se sabe también que para Chávez la retórica agresiva es uno de los atributos de su liderazgo, por lo cual no sería previsible viraje alguno en las metas del régimen.
Sin embargo, las realidades suelen condicionar el comportamiento político. Ahora Chávez tendrá que lidiar con una fuerza opositora robustecida y numéricamente en expansión y con un liderazgo renovado que se expresó en la candidatura de Capriles Radonski con seis millones y medio de votos. En el más somero análisis resulta claro que la nueva oposición apunta hacia el crecimiento y a futuras victorias. Si bien no luce posible el mecanismo del diálogo tal como lo han propuesto algunos voceros, es indudable que se plantea la necesidad de un "modus vivendi" que más allá del discurso retador del mandatario reconozca y respete la fortaleza de la contraparte.
En el plano económico es evidente que las medidas que condujeron al desmantelamiento del aparato productivo han tocado fondo. Si bien el uso del ingreso petrolero y un creciente endeudamiento se concibieron en función del triunfo electoral, estas políticas no podrán prolongarse en el futuro sin que ello conduzca a una severa crisis o al colapso.
De esta manera resultaría conveniente, incluso para la consolidación del proyecto mismo, abrir espacio a formas de inversión privada como una manera de estimular la producción, el empleo y la riqueza sin exprimir la fortaleza petrolera ni acentuar el incremento de la deuda externa.
En el ámbito internacional también las cosas han cambiado. La exportación de la revolución que tuvo un impacto años atrás en Suramérica ahora luce agotada. El proceso de paz iniciado por Santos y las FARC en Colombia y en el cual Chávez fue mediador decisivo, y la ley migratoria anunciada en Cuba que elimina el permiso para el viaje de los cubanos son señales de que se hace muy angosto el espacio para la propuesta de la diplomacia chavista. Sin renunciar a su vehemencia, Chávez parece condenado, en aras de la viabilidad de su estrategia, a ajustarla a nuevas exigencias. Siempre queda abierta, por supuesto, la posibilidad de profundizar un modelo cuyos resultados además de ineficientes han significado la división social y política y la destrucción de la economía. Pero ese sería nada más y nada menos que el camino del suicidio a mediano plazo.

domingo, 22 de julio de 2012

AUTORÍA EN MEDIO DEL TIROTEO

EL NACIONAL - Domingo 22 de Julio de 2012     Opinión/9
Tocar no es entrar
MILAGROS SOCORRO

--No, no, disculpe. Usted está equivocada.
Estoy al teléfono y apenas si entiendo lo que me dice la bibliotecóloga Anny Mejías, encargada del Archivo de la Cadena Capriles.
Me habla desde el asiento trasero del carro. Su voz revela inquietud y premura.
--Esas fotos no son de Héctor Rondón-- dice.
Con un gesto desecho la información. He visto las fotos y no me queda duda de que se trata de las imágenes tomadas en el sector La Alcantarilla de Puerto Cabello, el 9 de junio de 1962. Ahí está el párroco Luis María Padilla sosteniendo al subteniente Luis Antonio Rivero Sanoja en trance de muerte. Detrás está la carnicería, en primer plano el sacerdote mirando a los lados a ver de dónde vendrá la bala. O la tregua piadosa. Son, por tanto, las imágenes de Héctor Rondón.
--No-- insiste Anny Mejías--.
Las fotos que usted tiene fueron tomadas por José Luis Blasco, que era reportero gráfico de la Cadena.
Esa mañana del Porteñazo llegaron muchos periodistas al lugar de los hechos. Desde el día anterior, el Gobierno conocía los detalles de la inminente rebelión de la Base Naval de Puerto Cabello. De manera que los muchachos de la prensa llegaron pisándole los talones a las fuerzas leales.
El Porteñazo, ha escrito Manuel Felipe Sierra, fue "la operación más sangrienta y prolongada que se registra en la historia militar de esos años. Cálculos conservadores estiman las víctimas fatales entre 400 y 700". Al clarear el alba ya había allí un estruendo de plomo. Los periodistas se emplazaron en el comando de operaciones establecido por el Ejército en espera de la ocasión de meterse en la candela.
Enrique Aristiguieta era entonces diputado por Carabobo al Congreso Nacional. Oriundo de Puerto Cabello, consideró un deber apersonarse en las arenas de la tragedia. Allí vio al Batallón Carabobo distribuirse en pelotones de 30 hombres, cada uno de los cuales debía esconderse detrás de los trece tanques que entrarían al Puerto. Medio siglo después de los hechos, Aristiguieta me cuenta que vio a un fotógrafo colarse entre los uniformados.
"Vi cuando un hombre vestido de civil y llevando una cámara se pegó a un pelotón. Recuerdo haber pensado: `Hay que ver ese tipo sí tiene riñones".
Por la descripción de Aristiguieta, el hombre era José Luis Blasco, quien tenía estampa europea (había emigrado a Venezuela desde España y había sido testigo de la II Guerra Mundial) y mayor que Rondón, de 28 años en ese momento. Sin detenerse a considerar los riesgos, y contra las advertencias de los militares, Héctor Rondón hizo lo que solemos hacer en este oficio, donde los novatos imitan a los veteranos: secundó la acción de Blasco, ya una leyenda del periodismo.
Héctor Rondón había sido enviado por el diario La República.
El 10 de junio de 1962, transcurrida una semana de los hechos, La República publicó un suplemento especial sobre El Porteñazo. Allí puede leerse el testimonio de Héctor Rondón: "Era como un cuarto para las siete. Junto a mí iba otro fotógrafo, Blasco. Cuando el último tanque, donde yo iba junto al otro fotógrafo, llegó a la esquina de La Alcantarilla, empezaron los disparos... Disparaban hasta granadas. Los tanques se fueron, finalmente, dejando a los muertos. Entonces fue cuando vimos que venía un cura por la acera derecha... El cura trató de socorrerlo, lo levantó, trató de cargarlo. Yo tomé la foto. Era una escena horrorosa y a la vez tan humana. Blasco y yo le gritamos que saliera de ahí porque lo iban a matar".
Cuando Héctor Rondón da estas declaraciones, ignora que van a lloverle los más altos reconocimientos reservados a los fotógrafos en todo el mundo. Sabe que ha tomado una foto excepcional y sus colegas lo han colmado de felicitaciones. Pero no tiene idea del vuelco que va a dar su vida.
Como puede verse, todo el tiempo menciona a Blasco y deja ver la circunstancia de que estaban hombro con hombro en el instante de fotografiar al cura y al soldado agonizante. Pero fue la foto de Rondón la que sería distribuida por la Associated Press.
Los dos tocaron la puerta de la gloria. Y esta sólo se abrió para Rondón, quien, en 1962, obtuvo los premios a la Mejor Fotografía de Prensa del Año y al Reportaje Fotográfico del Año, otorgados por la organización Word Press Photo, con sede en Holanda. Y un año después se convirtió en el primer latinoamericano ­y único venezolano hasta la fecha­ en obtener el Premio Pulitzer.

Ilustración: Ugo

viernes, 4 de mayo de 2012

¿POR QUÉ CARVAJAL SOLAMENTE TIENE UNA FIESTA DE DESPEDIDA?

EL NACIONAL - Viernes 04 de Mayo de 2012     Opinión/9
Al compás de los días
La transición chavista
MANUEL FELIPE SIERRA

La activación del Consejo de Estado anunciado por Hugo Chávez antes de partir de nuevo a La Habana no es una decisión caprichosa. Como tampoco lo es el hecho que haya enfatizado la presencia en él de José Vicente Rangel. De alguna manera, éste sería el camino escogido por el mandatario para el inicio de una transición desde el mundo del chavismo. Está claro que cada vez son menores las posibilidades de que Chávez asuma la candidatura en términos que aseguren su reelección.

Después de negarse a reconocer la necesidad de la sustitución en razón de su delicado cuadro de salud, Chávez habría decidido despejar el camino que facilite las posibilidades de prolongarle el poder en las elecciones del 7 de octubre. Para ello, el Consejo de Estado resulta una salida oportuna. De otra manera, era lógico que la Vicepresidencia se convirtiera en un tema altamente polémico. La escogencia de un nuevo vicepresidente habría representado la designación de un eventual sustituto en la candidatura. El nombramiento de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Adán Chávez hubiera significado la liquidación de las aspiraciones de Elías Jaua y ofrecería una señal de hacia dónde apuntaban los pasos del mandatario, amén de reconocer su incapacidad para mantener la candidatura.

El Consejo de Estado, si bien es un organismo consultivo y no ejecutivo y cuya designación obedeció al estudio de la factibilidad para la separación de Venezuela de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA, habrá de cumplir una función decisiva en el manejo de temas políticos urgentes sin que ello interfiera con la estructura formal del gobierno. El peso y las destrezas políticas de Rangel lo convierten en este caso en un factor de negociación para conducir una transición en el chavismo.

No es menos importante el hecho de que el equipo asesor esté integrado por funcionarios que si bien no menos radicales mantienen una visión civilista del proceso y con vínculos con los factores democráticos.

La victoria de Henrique Capriles Radonski decretaría inevitablemente un período para la recomposición de las instituciones y para el abordaje de temas complejos como el rescate del aparato productivo, el futuro de Pdvsa y las Fuerzas Armadas y el replanteamiento de la obscena alianza estratégica con Cuba. Ello no podría lograrse solamente con el triunfo electoral, que si bien garantiza la Presidencia de la República no asegura el ejercicio pleno de los poderes, hoy en manos de la hegemonía chavista. ¿Es posible que en algún momento coincidan las transiciones del chavismo y de las fuerzas democráticas? El otro escenario significaría el uso de la violencia, en la cual tiene una clara ventaja el régimen. El Consejo de Estado no es un simple pote de humo.

EL UNIVERSAL, Caracas, 4 de Mayo de 2012
Consejo de Estado: Útil pero no sirve
Su instauración es otra acción efectista del Gobierno, para aparentar que trabaja
La responsabilidad del Consejo de Estado recae en el Vicepresidente Ejecutivo, es decir, Elías Jaua AVN
Los seis integrantes principales del Consejo de Estado ¿Quién es quién?
GERARDO FERNÁNDEZ 

La Constitución de 1999 consagró la institución del Consejo de Estado (CE), figura novedosa que desde el comienzo fue mal entendida desde el punto de vista constitucional y político.

Considero que el CE es "una de esas cosas útiles que no sirve para nada". Prueba de ello es que estando consagrada en la Constitución de 1999, solo 12 años después fue que se promulgó la ley que regulaba la institución y es solo ahora que el Presidente la recuerda nuevamente y nombra a sus miembros, quizás por aquello de en épocas difíciles se nombran asesores o notables que ayuden a compartir las responsabilidades.

La Exposición de Motivos de la Constitución de 1999, compara el CE que se estaba recién creando con el Consejo de Estado en Francia y en Colombia. Ello demuestra una ignorancia manifiesta del constituyente sobre el tema, porque lo que se creó en la Constitución venezolana nada tiene que ver con la institución del mismo nombre que tienen esos países. Eso refleja la incomprensión de la institución desde su misma concepción.

De acuerdo con la Constitución, en sus artículos 251 y 252, el CE es un órgano superior de consulta del Gobierno que recomendará políticas de interés nacional en aquellos asuntos que el Presidente de la República reconozca de especial trascendencia y requieran su opinión. Dicho órgano lo preside el Vicepresidente Ejecutivo y estará conformado, además, por cinco personas designadas por el Presidente de la República; por un representante designado por la AN; un representante designado por el TSJ; y un Gobernador designado por el conjunto de mandatarios estadales.

En definitiva, el CE es un órgano asesor del Presidente, y sus recomendaciones sobre asuntos de interés nacional no tendrán ningún efecto vinculante.

Este organismo, olvidado durante más de una década, revivió el 15 de febrero pasado, con la promulgación de un decreto ley producto de la Ley Habilitante que reguló su funcionamiento. En este instrumento legal, con la típica retórica revolucionaria, se justifica la existencia del CE en la idea plasmada por el Libertador, en el discurso de instalación del Congreso de Angostura de 1819, en el cual planteaba la existencia de un órgano al que le correspondiese el conocimiento de los asuntos públicos que ayudaran al correcto funcionamiento de la República. Asimismo, señala que el CE es necesario porque "se ha vuelto imprescindible articular las políticas internas de desarrollo y de modernización con los objetivos que persigue el Estado venezolano", agregando que "una visión interinstitucional integrada en la representación de diversas ramas del Poder Público, permitiría enfrentar simultáneamente las necesidades que plantea el pueblo.

Es por ello, que el funcionamiento del Consejo de Estado garantizaría un análisis completo, interdisciplinario y objetivo de las políticas que vayan a ser dictadas por el Ejecutivo nacional, y complementaría la toma de decisiones y la ejecución de los planes que sean implementados en beneficio del desarrollo nacional".

Como vemos, el CE se perfila, de acuerdo con la dialéctica revolucionaria, como las típicas instituciones que nadie comprende y que son fundamentales y útiles, pero que, en la práctica, no sirven para nada.

La ley que regula el CE ratifica su carácter consultivo, asesor y propositivo, y establece las atribuciones de sus miembros, crea una Secretaría Permanente a cargo del Procurador General, que verifica la viabilidad jurídica de las opiniones que emanen del CE, y una Secretaría Ejecutiva que será la unidad de apoyo administrativo y técnico, encargada de coordinar la labor del CE y de centralizar toda la información y documentación atinente al mismo. Asimismo, se regula el funcionamiento y presupuesto del CE.

La instauración del CE es otra acción efectista del Gobierno para intentar demostrar que está trabajando, pero en falso.

La mora de más de una década en ponerlo en funcionamiento solo refleja la poca utilidad del CE, y se me asemeja mucho la situación a las épocas de CAP II y su Consejo de Notables. El CE pudiera interpretarse como una acción que se adopta en momentos difíciles, buscando compartir responsabilidades, legitimar decisiones y oxigenar a los gobiernos desgastados.

A título informativo, la Constitución de Cuba consagra el "Consejo de Estado" como el órgano de decisión política, legislativa, judicial y gubernamental más importante del país. Es la dirección política del sistema y la herramienta fundamental del régimen totalitario. El Presidente del Consejo de Estado es el jefe de Estado y del gobierno.

Espero que en el régimen venezolano, a nadie se le ocurra confundir las instituciones, sus roles y funciones. Suficiente con que a través de los tiempos se diga erróneamente que el CE venezolano es análogo a la institución del mismo nombre en Francia y Colombia, o que su origen se remonta a Angostura de 1819, para que ahora los piticubanos del régimen digan que en esta onda de hermandad, identidad y unidad entre los dos países, el CE, en consecuencia, es lo mismo en Cuba que en Venezuela.

sábado, 31 de marzo de 2012

GÉNERO-SIDAD


EL NACIONAL - Sábado 31 de Marzo de 2012 Papel Literario/4
Manuel Felipe Sierra: todas las historias, la historia
¿Qué categorización darle a esos universos de dos o tres cuartillas de Manuel Felipe Sierra?
ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA

Lo bueno, si breve, dos veces bueno" escribió Baltazar Gracián, maestro de brevedades. Lohe recordado al sumergirme en ese sorprendente calidoscopio del que hace maestría Manuel Felipe Sierra. Que me hiciera recordar, asimismo, la maravillosa alegoría del Aleph, ese especular artificio inventado por Jorge Luis Borges por el que desfilan en una sucesión vertiginosa todos los hechos y figuras, batallas, conmociones, descubrimientos y hazañas de los hombres desde el comienzo de los tiempos.

¿Qué categorización darle a esos universos de dos o tres cuartillas con que Manuel Felipe Sierra se adentra en la vida y milagros de personajes y hechos de nuestra contemporaneidad? Cada uno de esos breves capítulos deja entrever la aventura de una novela y cumple a cabalidad con el arte de la brevedad que dignifica al cuento. Todos con unos comienzos narrativos arrolladores, precisos, breves como un suspiro pero filosos como una puñalada.

Para describir una parábola que culmina con la puntilla: un final perfecto, como en un gran cuento. "Largo el nombre y largo el apellido: José María de la Concepción Apolinar Vargas Vila Bonilla" comienza su ajustado y diáfano perfil del grande colombiano.

Página y media después destila su verdad como una maldición que cae del cielo: "Allí, en el panteón masónico que guarda sus restos se lee: Vargas Vila". Eso fue todo.

He disfrutado Las fábulas de carne y huesos de Manuel Felipe. Arrastrando tras cada uno de los mini capítulos de esa gran novela del mundo el desgano de no poder continuar por la senda entreabierta.

Una perspectiva infinita de una imaginaria línea de fuga de la que se nos entrega en anticipo la esencia, como en una alquimia de saberes. Son novelas de novelas condensadas para la lectura cómplice, vertiginosa como su misma escritura pero profunda por el espíritu de ilustración, de veracidad, de enseñanzas que encierran. Dotadas, además, de un conocimiento de las fuentes tan enciclopédico, tan acucioso y tan vívido que vuelven a recordarnos la inmensa credibilidad deque disfruta el autor. Sin duda, una de las cumbres del periodismo venezolano.

Desfilan por el calidoscopio de Manuel Felipe Sierra los personajes más emblemáticos de nuestro siglo XX y de esta parte de siglo que aún se despereza. Una conmovedora semblanza de Salvador Allende, el tribuno; José Domingo Perón al desnudo; Chapita Trujillo, el tirano de los hermosos asesinatos que no sobreviviera al mejor de todos ellos, el suyo. El Gabo, Vargas Llosa, los Castro, Rómulo, Batista, Somoza, Carlos Andrés, nuestro inefable tirano de dolores y quebrantos que nos devolviera al siglo XIX en gloria y majestad, y muchísimas otras primeras figuras, junto con el universo de sus paniaguados, sus secretarios, los tinterillos de la modernidad.

Nada parece escapar de la curiosidad y el escalpelo de este gran narrador. Panorámica de sucesos, de hechos, de acontecimientos que escapan de toda superficialidad, esa maldición persecutoria que a veces nos abruma en tratados de miles de página convertidos en best sellers precisamente por su incapacidad de destilar alguna esencia. Va Manuel Felipe al grano desde la primera línea.

Urgido por las nuevas normas de estilo impuestas por la tecnología de la comunicación instantánea. Esa que escribe la historia en 140 caracteres.

Un gran libro de un gran periodista.


Chapeau!