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sábado, 4 de abril de 2020

SABIDURÍA


EL NACIONAL, Caracas, 10/12/1985. José Luis Vethencourt, Vivir, Conocer, Psíquis, Sabiduría psíquica, Sabidría espiritual, Religiosidad, Filosofía.
Breve nota LB:  Son numerosas las notas orbitadas en el blog de J. L. Vethencourt, otrora referente de la opinión pública. No obstante, quizá por el número de archivos, no indexa bien el sistema. Como suele ocurrir, a veces, aparecen y, otras, no.  Esto, a pesar del cuidadoso etiquetamiento no a salvo de errores. Posiblemente, ayudará a indizar, hacerlo fuera de la sección misma de las etiquetas.  El texto en cuestión pertenece a una serie dedicada a la sabiduría, por diciembre de 1985. Si mal no recordamos, sirvió de preámbulo o de epílogo a tres o cuatro artículos más que están en la órbita blogspoteana. Oportuno para estos tiempos cercanos al Domingo de Ramos (mañana) y de la cuarentena coronaviriana.

lunes, 21 de marzo de 2016

MOTIVO DE INTERPELACIÓN

La reflexión necesaria
Luis Barragán


Se dirá de un desaprendizaje propio de la postmodernidad, mas lo cierto es que tendemos a creer en cualquier cosa y en nada. La vida y pasión de Jesús pudiera ser distante, tediosa e inoportuna para algunos, mientras que, para otros, un mero espectáculo.

Cada quien tiene la libertad de creer en lo que deseé, pero – más de las veces – escasea la actitud crítica hacia esa creencia que la aspira portátil, cómoda y acomodaticia. Así, somos inadvertidos rehenes de mercachifles que  resultan onerosos al tomar por asalto nuestra ingenuidad.

Queda el gesto del creyente como una superstición fielmente cumplida, reacio a la necesaria reflexión, pues, fe y esperanza pudieran resultar, y resultan, inexplicables y, con todo, susceptibles de esa reflexión que es edificación con la separación constante del trigo y la cizaña. Se nos antoja que muchos jóvenes, sin la mayor cautela, se hacen devotos de cuanta cosa se mercadea como la salvación más expedita e, incluso, formalmente católicos, quejosos – precisamente – de sus fastidiosas formalidades, gastan lo poco que tienen para el cumplimiento de rituales y de vestimentas, incursionando en prácticas estridentes..

Se puede creer en lo que se deseé, cierto, mas no sin las precauciones que una reflexión crítica concede. Es el debate consigo mismo y con los demás, el esfuerzo de indagar y de compartir, que resulta aconsejable antes que la sedicente amargura de una fe absolutamente privada, supuestamente incontaminada, autosuficiente excepto la inversión que se requiere para sostenerla.

Días de forzada inactividad laboral, podemos acercarnos más al motivo de la Semana Mayor, así pertenezcamos a otra creencia organizada. Importa que no subestimemos ese motivo y permitamos que irrumpa en nuestras vidas para interpelarla y desafiarla, sin miedo.

Obra: Martin Isaac.


21/03/2016

domingo, 30 de marzo de 2014

INMANENCIA

EL PAIS, Madrid, 30 de marzo de 2014
La secreta religiosidad de Paz
Enrique Krauze

Hablaba poco de Dios. En materia de religión estaba más cerca de don Ireneo, su abuelo jacobino, que de su madre, la piadosa andaluza Josefina. Estoy cierto de que en las tres religiones monoteístas veía un legado de intolerancia incompatible con su actitud de pluralidad. Le divertía contar la anécdota de un fervoroso musulmán que en el Himalaya, a mediados de los sesenta, le dijo, casi a señas: “Moisés, kaputt; Jesús, kaputt; solo Mahoma vive”. Paz pensaba que también el más reciente profeta estaba kaputt y que la única religión coherente con el misterio de nacer y morir era el budismo. Octavio —nombre latino al fin— era un personaje del mundo clásico: buscaba la sabiduría de Sócrates, no la de Salomón; releía a Lucrecio, no la Biblia ni a san Agustín; no admiraba a Constantino sino a Juliano el Apóstata, restaurador del panteón pagano. Por su curiosidad universal en el arte, el pensamiento y la ciencia, era un hombre del Renacimiento; por su espíritu libre, libre, liberal y hasta secretamente libertino, era un filósofo del siglo XVIII. Por su arrojo creativo y su pasión política y poética, fue un revolucionario del siglo XX. Un humanista pleno.
Y, sin embargo, escribió su libro cumbre sobre una religiosa, sor Juana Inés de la Cruz, figura mayor de la literatura barroca en castellano. Un dominico, el padre Julián, lo invitaba a hablar con Luis Buñuel sobre temas teológicos. Y quiso que en Vuelta rescatáramos un debate de 1942 sobre misticismo en el que habían intervenido, además de él mismo, Vasconcelos, el sabio sacerdote Gallegos Rocafull y el filósofo José Gaos.
Paz interpretó certeramente la obra y la vida de su amigo, el gran escritor revolucionario José Revueltas, como una extraña, apasionada y atea imitación de Cristo. En ese acercamiento a la sacralidad en el destino de Revueltas, he creído ver una clave autobiográfica: la religiosidad es la clave secreta de Paz, no solo porque su poesía termina y comienza con la palabra comunión. Su vida política —como se aprecia claramente en su poema Nocturno de San Ildefonso— estuvo marcada por un tránsito de la fe (marxista) a la crítica de esa fe, vivido con un sentido religioso de culpabilidad por los crímenes que, sin saberlo, tácitamente, sentía haber avalado.
El hombre que luchaba como un león contra el inexorable avance de la muerte, el viejo rey Lear maldiciendo al avaro destino que le escatimaba unos años más, o siquiera unos meses, ¿se abrió a la esperanza de lo trascendente?
Tal vez. Lo cierto es que en aquel último discurso en Coyoacán, había volteado hacia el cielo, como invocándolo, las nubes se disiparon de pronto y apareció el sol: “Allí hay nubes y sol, nubes y sol son palabras hermanas, seamos dignos de las nubes del Valle de México, seamos dignos del sol del Valle de México”.
Años atrás, en una entrevista notable, Carlos Castillo Peraza le preguntó por el significado de las famosas líneas de su poema Hermandad:
“También soy escritura
Y en este mismo instante
Alguien me deletrea”.
Paz declaró su postura agnóstica. No sabía si ese “alguien” era un hombre como él o un ser lejano, más allá de su poema Pasado en claro, en el que aparece una tercera posibilidad, la suya propia:
“Dios sin cuerpo,
Con lenguajes de cuerpo
lo nombraban
Mis sentidos. Quise nombrarlo
Con un nombre solar,
Una palabra sin revés.
Era el Dios inmanente del amor y la poesía”.

sábado, 30 de marzo de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Juan Francisco Hernández. "Campanario: El Vaticano cambia". El Nacional, Caracas, 02/12/1965.
- Rosita Caldera entrevista al Padre Juan Cardón (25 años de sacerdocio). El Nacional, 28/08/83.
- Baltazar Porras. "Los jóvenes y la  religión católica". El Nacional, 05/01/96.
- Antonio Arráiz. "La religiosidad aumenta". El Nacional, 06/10/57.
- Alberto Sanabria. "Pedro Pablo Barnola: 50 años de sacerdocio". El Universal, Caracas, 19/05/75.

Fotografía: Francisco José Hurriza (SIC), nuevo prelado. Fantoches, Caracas, nr. 723 del 24/02/40.

domingo, 10 de febrero de 2013

APUESTA DE DEIDAD

EL NACIONAL, Caracas, 10 de Febrero de 2001 / Papel Literario
Manuel Felipe Sierra
"Chávez es un milagrero con habilidades de predicador protestante"
La edición de Papel Literario dedicada al 4 de febrero ha encendido los motores de la discusión. Cartas, correos electrónicos, aireadas críticas, expresiones de afecto, ceños fruncidos y sonrisitas. Un diálogo con Manuel Felipe Sierra, director de la revista Primicia, nos remitió al tema de que la pugna de Chávez, tiene también sus secuelas estéticas. Esta entrevista se realizó justo el domingo 4 de febrero, mientras el Presidente volvía a arroparnos con sus desbordados talentos telegénicos. Sierra es un agudo analista de la vida política venezolana, periodista y hombre con dotes notables para la conversación
Nelson Rivera

-¿Estamos viviendo una televisocracia desde el 4 de febrero, donde el componente de la teatralidad es más relevante que en regímenes anteriores?
-Sí, de alguna manera. Es evidente que el presidente Chávez ha usado su carisma, su capacidad de comunicarse desde la televisión, que es un medio con mucha eficacia, con mucha capacidad de influir de inmediato. Chávez es un hecho mediático en lo esencial. Cuando se da un golpe y se producen aquellas horas de incertidumbre, de suspenso, la gente suele pensar en los altos mandos militares, es decir, piensan que algún general se alzó. Cuando Chávez apareció al mediodía del 4 de febrero ya rendido, cuando aparece en televisión lo hace con una frase que revela su capacidad de comunicador, el "por ahora". Su mensaje no fue el de un hombre rendido, sino el de un hombre que había sido derrotado transitoriamente, pero que había dejado un mensaje. Cuando la gente vio a un teniente coronel vestido en traje de campaña, aquello ensambló con el planteamiento de cambio que había en el país. Ese Chávez no era sólo el Chávez que había planificado un golpe contra el Presidente de la República, sino que de alguna manera también revelaba el malestar que había en el pueblo y en los niveles intermedios de las Fuerzas Armadas. Una frase en la televisión logró acopiar toda una energía política que había en el país. En los días siguientes al golpe, el gobierno de Carlos Andrés Pérez contrató a David Garth, quien hizo una serie de encuestas diarias para evaluar la imagen del gobierno, que de alguna manera había quedado debilitada. Todas esas encuestas daban a Chávez como el personaje más importante entre todos los políticos, a un promedio entre 70 y 80%.
-¿Qué es lo que le resulta tan atractivo a los espectadores: que se trata de un espectáculo distinto, un espectáculo que va a contra corriente, o es que de verdad había en el país una actitud contenida y el intento de golpe le abre la puerta a la participación y a la protesta?
-Normalmente, cuando se produce un golpe de estado, en la televisión aparece una junta que le dice al país, a los ciudadanos: esta mañana se produjo tal o cual cosa. Entonces, el hecho de rendirse y no rendirse en un mismo acto, por un insurrecto que es un teniente coronel y no un general, produce un impacto inevitable. Luego, yo no diría que en todos los ámbitos de la sociedad venezolana, pero efectivamente en los sectores populares, Chávez empezó a encarnar un hecho cultural bien importante. Por ejemplo, está el caso de la música llanera. La música llanera en Venezuela es un fenómeno que, a lo mejor en Caracas no se siente, pero que a partir de los Teques se hace fuerte y predominante. Venezuela está sumida en la cultura de la carne en vara, de Reina Lucero y Luis Silva. Ese país que a veces nos resulta subterráneo encontró en la presencia de Chávez una referencia importante. La cultura media del venezolano, sobre todo en el interior ha sido ganada por la cultura del llano. Luis Silva logró vender hace cinco años 300 mil copias de un disco. Tiene que ver con esa cultura del Conde del Guácharo, que uno lo encuentra en los lugares más insólitos y sigue llenando escenarios. Aquí hubo una mutación cultural del país, que tiene que ver mucho con este proceso social en el que una parte del país reaccionó contra el establecimiento.
-Luis Britto García sugiere en un ensayo suyo que publicamos el sábado pasado, que el 4 de febrero, además de desatar la insurrección política y militar, generó una insurrección cultural. Habla de Alí Primera y de las banderas. Son ejemplos distintos, pero que seguramente van en el mismo sentido que los suyos. ¿Piensa usted que Chávez ha removido la escena cultural de forma profunda y consistente?
-Creo que Chávez recoge muchas cosas que estaban allí latentes y que era imposible percibirlas con la visión lineal que se tenía del fenómeno cultural en el país. El logra activarlos, y de alguna manera es beneficiario de ese proceso. Eso es indudable. En el carnaval siguiente al 4 de febrero, el disfraz más importante no fue el Zorro, fue el chavito. Y eso no es expresión del MVR, ni fue dirigido, es una respuesta del país que tenemos hoy, que es un país que está muy ganado por la cultura de la provincia. De alguna manera hay un regreso a un nacionalismo que no es inducido por las élites culturales. Cuando Chávez sale de Yare y se va al interior, ya los políticos venezolanos no hacían eso. Chávez se mete en el interior y logra compenetrarse con ese fenómeno de la cultura del llano, que está permeando y cubriendo el país. Cuando en marzo de 1998 Chávez aparece en las encuestas, ya es absolutamente imposible revertir esa tendencia. Pero viene del llano hacia Caracas, es decir, reproduce de alguna manera el fenómeno histórico y cultural de los andinos cuando ocupan Caracas en el año 99. Esa cultura que nosotros no veíamos y no entendimos, pero que estaba allí.
-El sistema que se instaura en 1958 desarrolló un lenguaje, un discurso, unas promesas, unos rituales. Chávez también es un hombre de rituales y de discursos, es decir, podríamos decir que propietario de una retórica distinta, pero una retórica a fin de cuentas. Desde el punto de vista del relato narrativo, Chávez es un perturbador. Aunque tiene un ritual, él lo exacerba, le introduce elementos sacrílegos, es decir, lo modifica, hace bufonadas, se sale del ritual y hasta violenta una de las reglas tradicionales de la escena: conversa con el público.
-También falsifica la historia.
-Abiertamente. Estos elementos tienden a molestar incluso a las jerarquías que lo acompañan y que lo adversan. ¿Qué significa que a la gente le guste tanto esta modificación del espectáculo? ¿Una expresión cultural de rechazo al formalismo? ¿Demuestra esto una lucha estética?
-Sí, una confrontación estética que va más allá del mensaje de Chávez. Evidentemente, creo que los venezolanos somos muy arbitrarios, nos gusta romper las convenciones. El venezolano de estos tiempos es mucho más abierto, y de alguna manera, es más permeable a ser tocado por esta cultura subterránea que se fue generando y consolidando en los últimos años.
-Aníbal Romero sostiene que la clase intelectual venezolana ha sido dominada por dos grandes tendencias frente al hecho del poder: o se ha entregado a suscribir el poder o se ha mantenido fuera en una actitud que llama "utopismo", que describe a aquellos que se sienten legítimos porque sueñan con la revolución.
-Vargas Llosa dice en su artículo de hoy, cómo lo imaginario, lo utópico, pesa tanto en los países latinoamericanos, que es un pensamiento útil para crear grandes novelas, para desarrollar nuevas tendencias en la pintura, pero que todo esto constituye un mundo irreal. Yo creo que la vanguardia intelectual venezolana se inmoló con el fracaso de la lucha armada. Eso tiene varias consecuencias, entre otras, una anímica: hasta sus nombres más conocidos todavía viven con el peso de la derrota, y nunca pensaron que podía haber una posibilidad de cambio político. Y por supuesto, para todos ellos, Chávez nunca podría ser la expresión de un cambio estético. Quizás esto no es un cambio revolucionario, pero sí es una alteración histórica, sí se produjo una fractura de la cual Chávez es beneficiario. Chávez no es el buen revolucionario de los años 60 que decía Carlos Rangel, Chávez no es la expresión ideal del líder de la izquierda, el revolucionario típico. Chávez más bien, para la vanguardia cultural, merece el tratamiento de un personaje excéntrico, raro. No te olvides que nuestra vanguardia cultural, fundamentalmente la caraqueña de los años 60, los grupos literarios que se gestaron en esa época eran grupos urbanos, con una visión del país más hacia Europa, más hacia las nuevas tendencias culturales. Chávez lo que hace es retrotraernos, para usar una frase muy famosa en los años 60, a una visión mucho más simple del país, pero que quizás es la visión real que tienen los venezolanos. Yo creo que en eso deberíamos reflexionar.
-Es curioso que siendo Chávez un provocador, no haya logrado conquistar a esa clase creativa, a esos sectores intelectuales que han estado por años clamando por un espacio para la provocación.
-Creo que Chávez reivindica un sentimiento, un sueño que no tiene pertinencia, que no tiene viabilidad histórica en este momento. La revolución de Chávez es una revolución del siglo XIX. Es decir, en el fondo no hay revolución transformadora, es un relevo de hegemonía política, es el aprovechamiento de una circunstancia que le permite impulsar algunos cambios y plantear algunas ideas, ideas que no tienen mayor consistencia. Por ejemplo, la reinterpretación del pensamiento bolivariano es absolutamente extemporánea, no tiene sentido. La sacralización de Zamora tampoco tiene sentido. Zamora fue un militar de un gran arrojo, un gran estratega en la batalla, pero casi no participó en los hechos más significativos de la Revolución Federal. La Guerra Federal comenzó el 20 de febrero de 1859 y Zamora muere en 1860. Todo el proceso que Chávez reivindica se corresponde a una etapa en la que Zamora estaba muerto. La Revolución Federal la dirigen, Juan Crisóstomo Falcón y Guzmán Blanco, que son los que conducen y los que protagonizan las grandes batallas. Son ellos quienes culminan aquella sangrienta fractura.
-George Balandrier habla de milagrismo, para describir la presencia en la escena del poder de una imagen que irradia una fuerza social o política, sólo a partir de propagar la esperanza.
-Hay mucho de eso. Si se pudiese apostar a una definición de Chávez, yo recordaría lo que los colombianos llaman el milagrero, que es el vendedor de feria, el que es capaz de vender sueños, una suerte de buhonero de ilusiones. Y eso tiene mucho que ver con lo que es el país ahora, con la nueva calidad de la marginalidad venezolana. Es cierto que el venezolano es mayoritariamente católico, pero si tú revisas en términos reales en los sectores marginales, hay una amplia población religiosa que es protestante, pero también es católica. Hay un sincretismo extraordinario, y Chávez de alguna manera encarna a un milagrero con habilidades de predicador protestante.
-La conexión de Chávez con el tema religioso podría sugerir una contradicción. Una lectura del libro que acaban de publicar Carmen Betancourt y María Matilde Suárez, dedicado a José Gregorio Hernández, muestra la sobrecogedora y creciente presencia del beatificado en todos los sectores sociales. José Gregorio disfruta de un reconocimiento unánime, amplio, pero su imagen parece asociada a palabras como consenso, paz, bondad, solidaridad, concentración, valores que parecen ir a contracorriente de conceptos como pugnacidad, confrontación, ruptura, dispersión, que uno podría asociar a Chávez. ¿Es arbitraria la posibilidad de interrogarse sobre las posibles conexiones entre estos dos personajes, que parecen coincidir en el entramado emocional de la esperanza de mucha gente?
-Es cierto que Dios es pacífico, que Dios no quiere la guerra. José Gregorio Hernández, sin querelo, está camino a la beatificación. Chávez, seguramente, también quiere la trascendencia.

TÍMIDAMENTE, RL

EL NACIONAL - Domingo 10 de Febrero de 2013     Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La enfermedad del fanatismo
RIGOBERTO LANZ

"Me imagino una ciudad inmensa...
podría ser Nueva York.

¿Qué hacer allí dentro?
Una sola cosa: vender y
comprar mercancías o imágenes,
lo que viene a ser lo mismo,
porque son símbolos planos,
sin profundidad...".
Julia Kristeva:
Las nuevas enfermedades del alma, p. 35


Un fanático es una persona inhabilitada en una amplia proporción para funciones básicas como pensar, crear, ejercer la crítica, tener opinión propia y actuar autónomamente. Cuando esta anomia se hace fenómeno colectivo estamos en presencia de una verdadera tragedia para toda iniciativa de convivencia democrática, para el fortalecimiento de la ciudadanía, para que la multitud se posicione autónomamente de la gestión de la sociedad.
Cuando el fanatismo se entremezcla con religión y política nos enfrentamos a un revoltillo ideológico-político sencillamente letal. Hoy observamos con gran "normalidad" las aberraciones de Estados confesionales, de partidos directamente religiosos, de universidades definidas por su naturaleza religiosa, de medios de información expresamente identificados con sectas de variada procedencia.
Todo ello revela la dificultad mayor de desarrollar la conquista moderna consistente en la neta separación entre el Estado y cualquier iglesia, entre las legítimas inclinaciones religiosas de la gente y la manipulación de los aparatos eclesiásticos en el seno del espacio público.
Esta perversión de Estados confesionales se combina con modalidades más sutiles en las que las prácticas y discursos religiosos se asumen de hecho como ingredientes del desempeño público del Estado. Ello es de suyo muy preocupante y lo es más aún cuando la deriva del fanatismo político se ve legitimado por las incrustaciones de iglesias y sectas que deberían permanecer en el estricto ámbito de la vida privada. El delirio ciego de las muchedumbres no tiene remedio.
Los niveles de irracionalidad son variables. Dependiendo de los ámbitos donde nos fijemos, el fanatismo político constituye un campo de manipulación donde los argumentos han sido desplazados por el griterío, las buenas razones ceden el paso a las pasiones histéricas, las empatías psicológicas se vuelven patologías y las pautas de identidad o pertenencia ya no pasan por la discusión y la crítica.
Cuando la política está muy centrada en las disputas electorales, este fanatismo encuentra cauce en la algarabía de calle que transmite la dudosa sensación de fuerza, de arrastre de masas, de fortaleza de los aparatos; la autogestión política verdadera es desplazada por el bullicio del gentío excitado; el gregarismo de la calle suministra la falsa percepción de una participación orgánica en los asuntos públicos: si no hay posicionamiento verdadero de la multitud en las decisiones públicas, ello quiere decir que estamos lejos de cambios revolucionarios.
La deriva fanática va en el sentido opuesto de la toma de partido consciente y crítico. El consignismo de una gentarada fanatizada no sirve para casi nada. Una manifestación pública de la multitud no es necesariamente una reunión de fanáticos. No confundir una y otra cosa. Lo que es preciso combatir es la mezcolanza entre la afinidad política intensa, que es perfectamente legítima, y los arrebatos histéricos de muchedumbres que sólo consumen consignas, banderolas y estridencias. Los esfuerzos por construir verdaderos mecanismos de participación de la multitud en los asuntos públicos (autogestión) son mucho más lentos y exigentes que la agitación propagandística.
El desmantelamiento del capitalismo de Estado que padecemos pasa por el creciente posicionamiento de la gente en los espacios de decisión que les conciernen. Ello no tiene nada que ver con conductas fanáticas ni con dogmas políticos. Al contrario, se trata de poner en juego con máxima intensidad la voluntad de cambio, la creatividad política y la capacidad crítica de la gente.
El espejismo de las empatías histéricas ­en la izquierda y en la derecha­ distrae un tiempo y una energía que deben ser revertidas hacia la formación y el empoderamiento de la gente en la conducción de sus asuntos. La voluntad política ciega no va a...


Fotografía: Noticiero Digital (Camatagua).

lunes, 21 de enero de 2013

TRANSUBSTANCIADOS

Sincretismo de Estado
Luis Barragán


Recientemente, Rigoberto Lanz ha hecho una breve disertación sobre la irrupción de la modernidad y la consiguiente aconfesionalidad del Estado.  Supusimos, por el título del artículo (“Regreso del catolicismo reaccionario”), que inscribiría la postura antigubernamental de los sectores católicos en la incansable terquedad de preservar sus privilegios, asediados por las tribus post-modernas que pudieran confundirlos, pero – alimentando un poco la acertada peregrinación conceptual de Oscar Schemel, en torno al liderazgo religioso – denunció   las prácticas católicas regresivas de Chávez Frías y sus  colaboradores. Sin embargo, circunscrito a una determinada liturgia, olvida que el ceremonial de Estado ha apelado a otras, confiscada inescrupulosamente la llamada religación por quienes no sabemos definitivamente a cuál Dios rezan.

Confiscación que no teme  simular las prácticas y hacerse de los símbolos de las distintas creencias, suponiendo de derecho divino la entronización del régimen. Éste es el dato fundamental, derivando el culto a la personalidad presidencial, perfeccionamiento del bolivariano de cuño guzmancista y lopecista,  en una radical política de la fe que oculte toda evidencia de los fracasos y contradicciones, como no ocurriría con la del escepticismo; autorizando y promoviendo a sectas de menor impacto, como contraprestación a una afinidad política que garantiza un insospechado crecimiento de las más audaces; e intentando, ante la consabida enfermedad, un discurso de la resurrección que las circunstancias puedan convenir como de relevo y encarnación. Por cierto, no es casual que el ministro Giordani hable de “transubstanciación”, en uno de sus libros,   dizque para explicar las políticas económicas que concibe convertido en un extraño tomista en el socialismo de novísima centuria.

Los católicos post-conconciliares adoptamos también diferentes posturas ante el régimen, e – incluso – feligrés asiduo a la Iglesia de San Francisco, debemos apuntar que,  las homilías de los jesuitas, por más simpatizantes o adversos que se digan del proceso, no están contaminadas por el mensaje de una específica militancia partidista.  Y, aunque de yerros se hace la trayectoria terrenal, la Conferencia Episcopal plantea sus denuncias y señala sus orientaciones con la prudencia que reclama la coyuntura.

La desesperación lleva a los altos personeros del Estado, según el hábito heredado, a espectacularizar sus urgencias políticas y, banalizando la muerte, como ha ocurrido con las 20 mil personas que dejaron el pellejo en las calles en 2012,  el constante seguimiento o monitoreo de la opinión pública, realizado a través de costosísimos estudios y abnegados analistas, dice legitimarlos para protagonizar cualquier evento religioso que los ayude a reforzar un imaginario social que les ha prodigado importantes y decisivos dividendos. Predominantemente católico, las modalidades son fáciles de adivinar para aprovecharse de un pueblo que vive en constante zozobra.


Ilustración: Robert Indiana, "Love" de 1967 (invertida). 

OTRO ES EL PLEONASMO

EL NACIONAL - Domingo 20 de Enero de 2013     Opinión/9
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Regreso del catolicismo reaccionario
RIGOBERTO LANZ



"Yo te acepto y te tomo: encarnación del mal,
 devastación del alma".
Henry Miller
(Trópico de Capricornio, p. 505)


En Venezuela se viene experimentando desde hace algún tiempo un oscuro proceso de incrustación religiosa a dos velocidades: una, la impronta de un catolicismo que arropa al Estado que ya se había liberado de este oscurantismo con el advenimiento de la Modernidad. Otra, el repoblamiento en los sectores populares de toda clase de sectas que van colonizando ­en sincretismos muy peculiares­ la subjetividad de amplios sectores de la población.
Me concentro ahora sólo en el ablandamiento del Estado laico que heredamos de la Modernidad, que sin dudas representa una de las aportaciones mayores en la lucha contra el oscurantismo católico que azotó al mundo durante tantos siglos.
El Estado laico representa un hito en la emancipación que encarnó la Modernidad. En todos lados este fue un proyecto frustrado, pero en el terreno de la separación de los aparatos religiosos y el espacio público del Estado, la Modernidad logró poner las cosas en su lugar: las prácticas religiosas son un asunto del mundo privado y el Estado está en la obligación de preservar escrupulosamente este principio de convivencia política.
¿Qué está pasando hoy en Venezuela? Hay una deriva que ignora esta regla de oro, todo se mezcla en una amalgama en la que parecen "normales" las incrustaciones discursivas en las instituciones del Estado, el funcionariado adopta las poses del catolicismo en todo evento y se trasmite la sensación de que la Iglesia y el Gobierno son una gran familia.
Allí hay una alta responsabilidad del jefe del Estado quien ha asumido que sus creencias religiosas forman parte de la gestión del Estado. Semejante extravío lleva a diversas aberraciones en el espacio escolar, en el campo comunicacional y en variadas esferas de la vida pública.
Con la enfermedad del señor Presidente estos desvaríos se han acentuado de forma escandalosa.
Se ha creado un clima clerical en el que la espiritualidad de la multitud es recuperada maliciosamente por un catolicismo reaccionario (disculpen el pleonasmo) que secuestra la multiplicidad de formas en la que puede expresarse la solidaridad y la afectación de tanta gente por la salud de Chávez. La presencia de rituales religiosos en todos los escenarios, las invocaciones del mismo género en cualquier actividad pública, este clima reverencial manejado por curas y la inocencia que envuelve todo este tinglado, hacen muy vulnerable la subjetividad de la gente que se postra ante la avalancha de puestas en escena en nombre del noble propósito de "pedir" por la salud del Presidente.
Por si no está claro, precisemos: la gente tiene todo el derecho de practicar la religión que le plazca (en su vida privada); nadie tiene por qué involucrase en las decisiones que cada quien toma en ese terreno.
En lo personal soy muy respetuoso de lo que la gente hace o deja de hacer en el campo religioso (sobre todo, si eso permanece estrictamente en el ámbito privado).
Pero cuando este submundo se convierte en discurso y práctica del Estado, se encienden las alarmas porque la categoría de Estado laico es una conquista históricamente muy valiosa sin la cual la violencia cultural se instaura y la noción de sociedad vuelve a la Edad Media.
El clima enrarecido en el mundillo político no deja mucho margen para un debate serio sobre las implicaciones de largo plazo de lo que vengo de plantear. No importa. Esta palabra está dirigida a toda ciudadana y ciudadano que no están imbuidos de credos religiosos, que no definen sus vidas a partir alguna iglesia y que son capaces de convivir con la gente de todos los dioses. A estas alturas tener que recordar que el Estado Moderno se define como "Estado laico" (con todas las implicaciones de esta definición) habla por sí mismo de los retrocesos que pueden incubarse en derivas a veces imperceptibles que se cruzan en el entramado de la sociedad.
Bienvenidas todas la religiones... a condición de que no crucen la acera del Estado.

Fotografía: http://zonatwive.wordpress.com/tag/hugo-chavez-frias/

domingo, 2 de septiembre de 2012

ES, AÚN DEJANDO DE SER

EL UNIVERSAL, Caracas, 2 de Septiembre de 2012
Marx y Nietzsche, Huguito, fueron bobos
Dios ES, por sobre todas las cosas, la Inescrutable Infinitud que habita en el Espíritu Humano
EMETERIO GÓMEZ

Porque los dos -tus dos tutores intelectuales preferidos- fueron ateos y arremetieron contra la Religión. ¡¡Y sólo se puede ser ateo si no se ha entendido absolutamente nada!! Cuando se vive, o se vivió, el vacío aterrador que deben haber sufrido los primeros pensadores que en el siglo XIX tuvieron que enfrentarse a la Quiebra Radical de la Filosofía Occidental; los que tuvieron que intuir que Platón, Aristóteles, Kant y Hegel -"los cuatro grandes" del Pensamiento Racional- ¡¡no habían entendido en realidad nada!! cuando todo ello ocurrió, es comprensible que algunos se hayan sentido tentados a tirar a la basura, junto con la Razón, a la Noción de Dios.
Porque la Idea de Dios, Huguito, no es esa que el bobo de Nietzsche tenía en su cabecita cuando afirmó que "Dios había muerto"; no es el Dios antropomórfico de la famosa pintura de Miguel Ángel; ni el simple "Creador del cielo y de la Tierra", como la tradición nos ha enseñado. Porque no se trata de "Crear algo finito", sino de crear la absoluta infinitud espacial y temporal del Universo, que nunca jamás termina, ni espacial ni temporalmente; porque jamás -por más que viajemos, durante siglos y milenios, a velocidades superiores a la de la luz- jamás podríamos agotar el Universo... porque siempre, con la más absoluta seguridad, éste continuará. Porque no se puede crear lo infinitamente grande, pues siempre se nos quedará algo por fuera, siempre habrá un residuo por crear. ¡¡Porque es impensable que el Tiempo o el Espacio empiecen o terminen nunca!! Y, lo realmente importante, Hugo: porque Dios no pudo haber creado la más infinita de todas las infinitudes, la que piensa a todas las demás, el Hiperinfinito más Incognoscible, Sagrado e Inescrutable, sobre todo, Inescrutable: el Espíritu Humano, la Ética, nuestra capacidad para imponernos -¡¡o para rehuir!!- a toda esa, también infinita, animalidad o bestialidad que habita en nosotros.
Lo que se empezó a intuir a partir del siglo XIX, es que Dios no era (no podía ser) el "Creador de todas aquellas Infinitas Infinitudes", sino que ¡¡Él ES esas Infinitas Infinitudes!! Ese Misterio Absoluto que jamás podremos, de ninguna manera, descifrar, por mucho que nuestras tontas ciencias -incluidas la Física Quántica, la Psicología y la Neurología- hagan todos los esfuerzos que se les ocurra hacer. Porque Dios ES, por sobre todas las cosas, la Inescrutable Infinitud que habita en el Espíritu Humano. Porque Dios no creó en nosotros el Amor al Prójimo, sino que Él ES ese hermoso Amor al Prójimo que Jesucristo nos inculcó; el mismo que nos permite -aunque sea por instantes luminosos- ver como un hermano a alguien que ni siquiera conocemos. Esa es la noción de Dios que, desde el siglo XIX, se abre paso para darle a nuestras vidas algún sentido, el único que pueden tener. (La genial idea de Wittgenstein: que Dios es "la posibilidad de darle algún sentido al Absoluto Sinsentido Infinito que es la vida").
Es esa Noción de Dios, Huguito -la de la Infinita Infinitud del Universo, y del Espíritu Humano, cada uno por su lado- la que le da sentido a una nueva visión de la Ética, capaz de convertir en Solidario al Capitalismo. Esa es la visión de la Ética que defiendo. Ponle atención, porque ella irá creciendo a medida que el Cristianismo vaya ocupando el espacio que la Filosofía Occidental, al fracasar, dejó libre. Y no dejes de ver la respuesta que doy a tus críticas de Irrealista, en un programa, Piedra con Aletas, por CoolChannel TV (Televisión por Internet), dirigido por Enrique Guillén. ¡¡No te dejo hueso sano, pana!!

domingo, 3 de junio de 2012

MAGISTERIAL

SOL DE MARGARITA, Porlamar, 1ro. de Junio de 2012
Magisterio
Mayo: Trabajo, religión, naturaleza y cultura
La religión, aunada a la vida familiar y a la cultura, también ocupa un lugar preponderante en mayo. La religiosidad se manifiesta en el profundo apego que este mes se rinde a nuestra Madre la Virgen María, como máxima expresión de belleza espiritual y de entrega.
CELIS E. RODRÍGUEZ SERRANO

Ayer terminó mayo, uno de los meses más significativos en Venezuela. Y es que este mes tiene que ver con aspectos tales como el socio-laboral, la naturaleza y la belleza, la religión,  la familia y la cultura. Aspectos que han sufrido ciertos embates politiqueros, por ese empeño enfermizo de algunos en politizar todo.

En lo socio-laboral, comienza mayo con la celebración del día del trabajador. Muchos olvidan la génesis de tan importante fecha, que se remonta a la famosa huelga de obreros (1886) en Chicago; y desde algún tiempo esta fecha sólo ha girado en torno al anuncio de ajustes salariales, (los aumentos hace rato desaparecieron), y solo ha servido para promover y hacer marchas y anuncios político-electorales, dejándose de lado muchas veces el verdadero sentido de tan importante fecha, que no es más que ofrecer y garantizar mejores condiciones de vida a los trabajadores.

En cuanto a la naturaleza y la belleza, no en balde cada último domingo de este mes se celebra el día del árbol. Con mayo se inician las lluvias, y con éstas se acentúa la primavera (prima: primer; vera: verdor). Con la llegada de las lluvias, el agricultor se apresta a labrar la tierra, a sembrar las semillas de donde nacerán los árboles que nos darán sus frutos. Mayo es el mes de la belleza. En este mes nacen las flores y reverdecen los campos. Mayo simboliza la vida, el amor y la esperanza.

La religión, aunada a la vida familiar y a la cultura, también ocupa un lugar preponderante en mayo. La religiosidad se manifiesta en el profundo apego que durante este mes se rinde a nuestra Madre la Virgen María, como máxima expresión de belleza espiritual y de entrega. La madre que nos protege y aleja de los espantos, ánimas y duendes, cuyas apariciones también se acentúan durante este mes. En su honor se celebra cada segundo domingo “El Día de las Madres”. No obstante, a estos extraordinarios seres también se ha querido “etiquetar” en actos políticos en los últimos tiempos, restándosele magnanimidad a tan importante día. El 3 de mayo se rinde culto y tributo a la Santísima Cruz de Mayo. En este aspecto, relacionado directamente con lo cultural, vale destacar las lecciones de Historia, Lengua, Geografía y Cultura General que recibíamos de egregios galeronistas como José Ramón Villarroel (+), Luis Marín (+), Hernán Malaver (+), José Farías, entre otros, en aquellos inolvidables festivales, hoy devenidos también en vulgares actos políticos, salvo contadas excepciones.

Finalmente, fue mayo, específicamente el día 31, el mes escogido por el TODOPODEROSO para que vinieran al mundo dos valleros de excepción: José Ramón Villarroel (1937-1995), El Huracán del Caribe y Pedro Rodríguez (1938-2011), mi querido y siempre recordado Padre; ambos dejaron un legado inolvidable, y un ejemplo de vida impecable, signado éste por la responsabilidad hacia la familia, el respeto al prójimo, la dedicación al trabajo y el amor a la cultura tradicional margariteña. Afortunadamente la política no opacó las actuaciones de estos seres extraordinarios. Dios les tenga en su Gloria.
Ilustración: Manuel Romero Ochoa