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sábado, 5 de marzo de 2011

LIBIA (TRES)


EL UNIVERSAL, 3 de Marzo de 2011
Libia busca un camino hacia la democracia
Julio César Pineda

Diego Arria, Milos Alcalay, Humberto Calderón Berti, Alfredo Coronil, Rafael Medina, Milagros Betancourt, Hermann Escarrá y quien escribe, tuvimos la oportu- nidad de referirnos a la política exterior de Venezuela para un nuevo gobierno en una actividad académica convocada por el Instituto de Dere- cho Constitucional Internacional. El coordinador de asuntos internacionales de la MUD, Ramón José Medina, presentó un mensaje de respaldo en nombre de todas las fuerzas de oposición, de respaldo y solidaridad con esta iniciativa y con señalamientos sobre la presente y futura diplomacia venezolana. En mi ponencia, como ex embajador de Venezuela en Libia, durante tres años, me referí ampliamente al excéntrico personaje coronel Muamar Gadafi, guía de la revolución desde el 1 de septiembre de 1969, al país, “La Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista” y al socialismo que ha implementado y ha querido extender al mundo árabe y africano sin éxito, donde mezcla el marxismo en su doble versión soviética y china con el Islam, en su llamada tercera teoría universal, recogida en “El Libro Verde”, producto de la revolución cultural de 1977, inspirada en el Libro Rojo de Mao de obligatoria lectura y paradigma para la sociedad libia.

Por supuesto que al referirme a Libia lo hice en la dimensión de la primavera democrática que se originó en Túnez con el derrocamiento del militar presidente Ben Alí y de su extensión a Egipto con la separación del poder de otro militar, el presidente Hosni Mubarak. Todo dentro del marco de las variables del petróleo y la religión, fundamentales para comprender el Medio Oriente desde Pakistán hasta Mauritania, con la observación de que esta importante región del mundo nunca ha conocido la democracia, ni tiene historia constitucional ni gobiernos alternativos. Quinientos años de ocupación otomana, terminada la Primera Guerra Mundial, reparto entre las dos grandes potencias Inglaterra y Francia, bajo el supuesto del petróleo y posteriormente la presencia estadounidense. Regímenes autoritarios y dictaduras, tanto monarquías conservadoras como con gobiernos militares, de carácter mesiánico. Así fue Libia, hasta la llegada de Gadafi y su golpe militar en 1969 contra el corrupto rey Idris el Samusia. A diferencia de Túnez y Egipto, donde las demandas populares, especialmente de jóvenes y mujeres, fueron oídas por los militares que actuaron como institución para facilitar el tránsito hacia la democracia, en el caso de Libia, Gadafi, sustituyó a las fuerzas armadas por milicias pagadas, fanatizadas, con total sumisión al líder único. Es el drama que vive ese extenso territorio con una de las más grandes riquezas petroleras del planeta. La comunidad internacional ha actuado rápidamente, tanto en el seno de la ONU como en la Unión Africana y con gran acierto en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Se espera la decisión para llevar al líder libio al Tribunal Penal Internacional de La Haya, lo cual dificulta el intento de asilo o refugio en cualquier país democrático. Igualmente, la declaratoria de una zona protegida por fuerzas internacionales para evitar el exterminio de la población libia en las zonas declaradas libres, especialmente en la región de Bengazi, cerca de Egipto, y en la frontera con Túnez; no se descarta una intervención militar como la ejecutada contra Milosevich, en su agresión contra el pueblo de Kosovo. El rechazo ha sido total de la comunidad internacional a la actitud genocida de Gadafi, incluyendo los duros términos del líder iraní Ahmadineyad. Lo extraño para los observadores internacionales ha sido la actitud de Venezuela, de respaldo al Gobierno de ese país que se manifestó tímidamente en el inicio a través del canal Telesur, informando la injerencia extranjera y la inmediata invasión a Libia por sus riquezas petroleras, afirmando la tranquilidad del país y comprometiendo al propio embajador venezolano en esa actitud. El canciller Maduro fue más directo en ese respaldo, y el presidente Chávez, utilizando el Twitter, llegó a publicar “Viva Libia y su independencia, Gadafi enfrenta una guerra civil”.

Este brevísimo recorrido por la historia reciente nos demuestra, entre otras cosas, que la situación al norte de África no es producto de la casualidad y su repercusión a nivel mundial es inobjetable, por tal razón presentaremos una serie de artículos que nos permitan dibujar en profundidad, el origen y consecuencias de esta ruptura de paradigmas en el mundo árabe.

EL NACIONAL - Martes 01 de Marzo de 2011 Opinión/8
Final fatal
El otrora poderoso Gadafi, como todo dictador, tiene los días contados
VÍCTOR RODRÍGUEZ CEDEÑO

La tormenta en el norte de África se acentúa entre manifestaciones, masacres e indecisiones de la comunidad internacional que, por diversas razones, mantuvo una complicidad silenciosa e interesada con los regímenes totalitarios de la región. Hasta hace poco, muchos jefes de Estado de Occidente se fotografiaban con el dictador Gadafi para mantener alianzas y negocios, sin que les importara el sufrimiento de los pueblos. El primer ministro francés disfrutó sus vacaciones de fin de año en Egipto, por invitación del gobierno de Mubarak; el presidente del Consejo Italiano, Silvio Berlusconi, recibió meses atrás a Gadafi para celebrar entre tiendas y chicas el nivel de las relaciones, confirmar los negocios de gas y petróleo y lograr recursos para una asfixiada economía italiana, y a ninguno de los dos les importó el dolor de los pueblos.

Los organismos internacionales tampoco se habían manifestado. Es apenas ahora cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ­presidido hace sólo cinco años por Libia­ adopta una decisión para condenar la violación de los derechos humanos en ese país. El Consejo de Seguridad de la ONU, después de largos debates, aprobó por consenso algunas medidas en contra de Libia, entre las cuales figuran prohibición de salir del país a Gadafi y sus familiares y allegados, así como el congelamiento de sus cuentas en el exterior y, lo más importante, al igual que hace un tiempo en el caso de Bashir de Sudán, el envío de la situación que ocurre en Libia a la Corte Penal Internacional (CPI) para que investigue acerca de los horrendos crímenes que se cometen en ese país y se establezcan las responsabilidades del caso.

La respuesta de Gadafi a las legítimas protestas de los libios fue "acabar" con los manifestantes, recurriendo al uso de las armas, incluso a bombardeos a la población civil, lo que ha dejado centenares de muertos que, según la "independiente" Telesur, eran "exageraciones de los medios imperialistas".

Estamos ante crímenes graves de trascendencia internacional que pueden ser conocidos por la CPI, aunque Libia no es parte del Estatuto de Roma. Bombardeos, llamados a la masacre de civiles. La resolución del Consejo de Seguridad activa la jurisdicción de la corte (artículo 12 del Estatuto), lo que permitirá la actuación inmediata del fiscal (artículo 13-b) para investigar los hechos y determinar las responsabilidades. Gadafi tiene serias responsabilidades. También los militares y civiles armados, mercenarios muchos, quienes ejecutan por órdenes y llamados del dictador estos crímenes contra la humanidad. No hay excusas para eximir la responsabilidad de los presuntos criminales.

Ante la gravedad de la situación, aunque tardíamente, la mayoría de los gobiernos del mundo ha condenado las masacres y pedido al régimen de Gadafi que detenga las atrocidades. Solamente Cuba, Nicaragua, Bielorrusia y Venezuela han manifestado irresponsable y lamentablemente su apoyo al criminal Gadafi, lo que preocupa enormemente dentro y fuera.

El apoyo a Gadafi significa ­así de simple­ la aprobación de los métodos para disolver las manifestaciones pacíficas de civiles desarmados, ejecutadas por militares y civiles armados e instruidos para ello, lo que lamentablemente vimos una vez en Venezuela y que esperamos no ver más, pese a los anuncios desesperados lanzados por algunos de que "los oligarcas" no volverán y que "no entregaremos el Gobierno a ninguno que no sea Hugo Chávez, pese a los resultados electorales", incitación que por sí misma constituye un crimen contra la humanidad.

El otrora poderoso Gadafi, como todo dictador, tiene los días contados y si es recibido en otro Estado ­y esto es muy importante en el caso de Venezuela­ las autoridades de ese Estado tendrán que entregarlo a la justicia internacional, de acuerdo con los compromisos que han asumido al suscribir el Estatuto de Roma. La cooperación con la corte es una de las obligaciones más importantes que asumen los Estados partes en el Estatuto.

Los regímenes como el de Gadafi y todos los que violan de manera sistemática y generalizada los derechos humanos, los que cometen crímenes contra la humanidad, terminan tarde o temprano de la misma forma. El final es siempre fatal.

Ilustración: Pedro León Zapata (El Nacional, Caracas, 01/03/11)

LIBIA (CUATRO)


La estrategia de "demonización"
Kadafi abortó el golpe de la CIA y ahora sufre un aislamiento internacional
Por: IAR-Noticias

El jefe del régimen libio, Muammar Kadafi aplastó a sangre y fuego el golpe de la CIA (montado en las "revueltas populares"), controla la mayor parte del territorio libio (aunque quedan bolsones de rebelión militar como secuela) y enfrenta, en una segunda fase, una operación de aislamiento internacional y un intento de división interna de sus fuerzas en un escenario de parálisis económica y social.

Ese es el verdadero título desarrollado de los hechos que están sucediendo en Libia, silenciados y deformados por la prensa internacional, parte funcional y operativa del eje sionista USA-UE-Israel en su estrategia de apoderamiento de petróleo y recursos estratégicos en los países islámicos situados en el "eje del mal".

Según la prensa internacional, el jefe libio controla el grueso de su ejército, sus fuerzas policiales, y los mukhabarat (servicios de seguridad), y mantiene el mando sobre el movimiento llamado Comité Revolucionario, que monitorea y supervisa las actividades represivas del régimen contra sus enemigos internos.

Dentro de este dispositivo represivo se inserta el Batallón Disuasivo, la conocida Brigada 32, que opera en Ouezzane, cerca de la frontera con Túnez que es comandada por uno de los hijos de Gadafi, Khemis, entrenada para lidiar con revueltas dentro del país.

También se integra la Legión Islámica, creada en los años 80 por musulmanes provenientes de Sahel, señalada por los opositores como integrada por "mercenarios extranjeros".

"El régimen, en resumen, tiene una gama de mecanismos de represión a su disposición y en el pasado nunca ha mostrado titubeos en responder con brutalidad a la menor señal de protestas", subraya la cadena británicaBBC.La misma prensa internacional que protegió y calló las masacres de Israel en Gaza y en Líbano, que silencia a diario los genocidios de EEUU y la "alianza occidental; en Afganistán, Irak, Pakistán y las zonas petroleras del Cuerno de África, no ahorra munición pesada para condenar el "brutal genocidio" de Kadafi contra su pueblo.

Que, en realidad no es el "pueblo" libio en su conjunto, sino grupos operativos que motorizan las revueltas, armados, entrenados y financiados por la CIA, el Mossad israelí y los servicios "aliados" de Europa.

"El líder libio Muammar Kadafi se aferró al poder el martes al contar con el apoyo cerrado de un ejército leal que se hizo con el control de la capital, en un momento en que una parte importante del este del país parecía haber caído bajo el control de la oposición", señala The Wall Street Journal el vocero financiero del Imperio USA.
La información es coincidente con la de las agencias y cadenas internacionales sionistas (parte de la operación golpista contra Kadafi), quienes coinciden en que el "genocida" libio aplastó "a sangre y fuego" a las manifestaciones en su contra y se replegó bajo el manto del poder militar.

Si consideramos que Libia está cerrada y blindada, y que los titulares y contenidos de la prensa internacional sólo están alimentados por fuentes de la sedición, la conclusión es obvia: Kadafi abortó, exterminó de cuajo, la operación relámpago en su contra utilizando un poder de fuego indiscriminado contra la revuelta callejera.
Y las apreciaciones de las usinas "rebeldes" infiltradas y motorizadas por CIA y la inteligencia occidental aliada (expresadas en la "información internacional") también son coincidentes.

Salvo algunos grupos del ejercito "rebelados" en el Este, las fuerzas del régimen libio controlan el país, sumido en una profunda parálisis social y económica como consecuencia de la represión militar y los enfrentamientos armados.

La estrategia de "demonización"

Y como sucede habitualmente en estas operaciones de derrocamiento de gobiernos (no "dóciles" al Imperio) disfrazadas de "protestas populares"(así pasó con los golpes fracasados de la "revolución naranja", o con la frustrada maniobra contra el régimen militar birmano) abortada la acción militar encubierta en las calles, comienza la segunda fase de la operación golpista: El aislamiento internacional y la "demonización" del régimen y/o de los lideres de los gobiernos que quedan en pie.
Consecuentemente, Muammar Kadafi, que durante años mantuvo un "bajo perfil" y era elogiado por la prensa internacional como un "arrepentido" de su pasado antiimperialista, mientras abría el grifo petrolero a la voracidad sin limites de los pulpos petroleros occidentales, ahora pasó a ocupar el lugar de un "demonio genocida".

Hay una cuestión verificable y estadística: La prensa internacional, sus analistas superficiales vaciados de cerebro estratégico, no analizan objetivamente los hechos que están sucediendo en Libia. Solo se limitan a"comentar" los titulares escritos por las usinas golpistas (las únicas fuentes existentes) y a proclamar consignas "demonizadoras" del jefe del régimen libio.

Y ante el hecho consumado de una acción relámpago para derrocarlo en las calles, Kadafi hizo lo que cualquier dictador militar de 40 años en el poder haría para preservar su vida y su poder: Exterminar militarmente la revuelta organizada para evitar el contagio antes de que sea tarde.

En la lógica de la acción reacción, y sin entrar en falsos moralismos de idealización, Washington y la CIA, infiltrando y movilizando grupos de protestas callejeras, le armaron un golpe de estado para derrocarlo y el presidente libio lo aplastó sin miramientos con su aparato militar. La primera fase fracasó.
Ahora, la fase que sigue, la operación de aislamiento y condena internacional al régimen de Kadafi, es un procedimiento calcado, una acción de manual.
Incluso la izquierda más "civilizada" y sus teóricos, adosados a la ideología"democrática" del sistema de dominio imperial capitalista, se prende a las "condenas" internacionales digitadas por el eje USA-UE-Israel.

La ONU, los gobiernos mundiales y las organizaciones internacionales que (salvo pocas excepciones) legitiman con su silencio operaciones militares diarias de genocidio en masa de civiles en Medio Oriente, África y Asia, levantan sus voces indignadas para condenar la "masacre del dictador libio".

Ya sucedió en todos los escenarios de las fracasadas "revoluciones naranja", en las "rebeliones budistas" del sudeste asiático, o en las "rebeliones reformistas" de Irán motorizadas para derrocar al régimen de los ayatolas desde adentro.
Tras el armado de operaciones de "revuelta popular" mediante infiltraciones en grupos opositores locales, en Libia están utilizando un modelo de "iraquización" militar y social orientado a debilitar internamente al régimen de Kadafi.

Fracasada la operación, ahora quieren dividir a las fuerzas armadas libias controladas por Kadafi e iniciar un proceso de aislamiento que desemboque en un régimen de bloqueo y de sanciones internacionales contra el país petrolero.
Objetivamente en Libia no hay una "revuelta popular" ingenua contra Kadafi, sino una acción callejera para derrocar a su régimen desde adentro motorizada por la CIA y el Mossad israelí que siempre actúan juntos, como hermanos simbióticos.

Se lo hicieron en su momento a Saddam Hussein, y siempre fracasaron, dado que el presidente iraquí ahogaba esa movidas internas a sangre y fuego. Razón por la cual, la logia imperial USA se vio obligada a invadir Irak para derrocarlo.
Salvada distancias y escenarios, lo que está pasando con Kadafi en Libia tiene muchas similitudes con el Irak de Saddam Hussein.

El jefe libio, ahogó la sublevación utilizando poder de fuego de alto espectro. Cerró y blindó militarmente a su país, puso un candado a la información de la prensa internacional sionista y puso en marcha una limpieza militar, una operación de cirugía mayor, contra las células operativas del levantamiento.
Es lo que hicieron algunos regímenes pro-rusos cuando abortaron en sus países la "revolución naranja".

En el terreno de la acción militar, Kadafi exterminó la acción relámpago para derrocarlo desde adentro.

Ahora deberá resistir a otro frente de guerra por otras vías: Las operaciones diplomáticas y la acción mediática internacional para estrangular económicamente a su régimen.

Una guerra donde el petróleo libio, puede servirle a Kadafi como carta de triunfo para dividir al eje sionista USA-UE e impedir una acción conjunta en su contra.

Esto es solo el comienzo.


Fuente: http://www.aporrea.org/internacionales/a118265.html

Libia - El verdadero Kadafi & Co.
Miércoles 2 de marzo de 2011
• Kadafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos
Por Vicenç Navarro

Gadafi no siempre fue lo que es (y ha sido) desde hace ya años: un dictador corrupto y enormemente represivo. En realidad, en 1969, el Coronel Gadafi, entonces tenía 27 años, lideró un golpe a imagen y semejanza de su ídolo, el Coronel Nasser en Egipto, destronando al monarca Idris (que estaba bajo tratamiento médico en Turquía). En sus primeros años hizo reformas sustanciales, entre las que se encontraba una reforma agraria y la nacionalización del petróleo (mayor recurso del país), dedicando gran parte de los recursos obtenidos de la explotación del petróleo a mejorar sustancialmente el bienestar social de las clases populares y, muy en especial, los servicios de asistencia sanitaria y educación. Estableció también formas de participación de los obreros en los lugares de trabajo en las empresas (más de doscientas) que fueron nacionalizadas. Sus primeros años se caracterizaron también por un intervencionismo del estado en la economía de aquel país, que incluía la nacionalización del crédito a través del Banco Central Estatal. Gadafi presentó aquella experiencia como la tercera vía entre capitalismo y el socialismo, asociado entonces a la Unión Soviética.

Hubo, sin embargo, notables diferencias también entre Gadafi y Nasser. Y una de ellas fue que a diferencia de Nasser, Gadafi no quería establecer un estado laico, sino islámico. Pero, en este intento se enfrentó con un movimiento islámico más radical que intentó incluso asesinarle más tarde en 1993. Esta corriente radical tenía lazos con Al Qaeda, también influyente en Marruecos y Argelia. De ahí que Gadafi fuera un enemigo acérrimo de Al Qaeda y que durante y después del ataque de Al Qaeda a las Torres Gemelas en Nueva York, Gadafi apoyara al gobierno Bush en su lucha contra el terrorismo islámico. Vijay Prashad, en su ensayo The Lybian Labyrinth, hace explícitas muchas referencias favorables que Gadafi hizo a la política del Presidente Bush en contra del terrorismo del radicalismo islámico. Fue entonces cuando el Presidente Aznar aplaudió a Gadafi y su apoyo a la guerra en contra del terrorismo islámico del Presidente Bush.

El cambio de su política económica

Su tercera vía se transformó, más tarde, en capitalismo popular, desarrollando políticas públicas que cambiaron significativamente muchas de las reformas que había realizado en los primeros años de su mandato. En muchos aspectos fue un giro de 180 grados. Una de tales medidas fue favorecer la privatización de las empresas productoras y distribuidoras de petróleo, facilitando y estimulando la inversión extranjera, la cual alcanzó su máxima expresión en la década de los noventa. El máximo arquitecto de estas medidas privatizadoras de la industria del petróleo fue Shokri Ghanem que fue primer ministro del gobierno Gadafi y dirigía la poderosa Compañía Nacional del Petróleo (Nacional Oil Corporation).

Las compañías que se beneficiaron de estas privatizaciones estaban incluidas en un amplio abanico, desde Occidental Petroleum, a China Nacional Petroleum. Ni que decir tiene que los gobiernos occidentales, y muy en especial los europeos, compitieron para conseguir favores de Gadafi. El gobierno de Blair incluso liberó a los responsables del atentado terrorista del avión Pa Nam, que había ocurrido en territorio británico y Berlusconi realizó campañas de promoción de Gadafi que alcanzaron niveles histriónicos que el presidente italiano justificó indicando que “la prevención de la inmigración ilegal y el petróleo” bien valían sus agasajos. Y para no ser menos el Presidente Aznar primero, seguido del Presidente Zapatero y del Monarca español, todos ellos visitaron a Gadafi con su lista de ruegos e inversiones.

Estas privatizaciones alcanzaron a la mayoría de las empresas públicas, que realizadas dentro de un sistema dictatorial, fueron acompañadas de una gran corrupción que enriqueció a los miembros de la familia Gadafi, y muy en especial a uno de sus hijos que aspiraba a ser su sucesor. Todos estos cambios privatizadores (que fueron alabados por el entonces Presidente Aznar) se hicieron bajo la supervisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que, en su último informe, señalaba el estado de la economía de Libia como muy bueno. En realidad, como también había ocurrido en Túnez y Egipto, los indicadores de crecimiento económico libios eran altamente positivos.

Lo que esta visión optimista de la economía libia ignoraba y ocultaba es que tales medidas, apoyadas por el FMI, estaban dañando muy seriamente a las clases populares y a la clase trabajadora. Las medidas neoliberales que determinaron la subida de los precios de los alimentos y la eliminación de los subsidios públicos crearon revueltas que precedieron a la última movilización popular. Y como en Túnez y Egipto determinaron, por fin, que las clases populares salieran a la calle, intentando forzar la dimisión de Gadafi y el final de su dictadura. En esta movilización coinciden movimientos laicos junto con movimientos islamistas que son los que reciben mayor atención de los medios de información internacional. Una vez más el Fondo Monetario Internacional, al presionar a las élites dictatoriales a llevar a cabo políticas de claro corte neoliberal, estaban afectando negativamente las difíciles condiciones que la población libia tenía que padecer, forzándoles a salir a la calle para protestar y exigir al dictador y a su camarilla corrupta el final del régimen. Es interesante, por cierto, subrayar que una de las primeras medidas que tomó la Junta Militar en Egipto fue, además de prohibir las huelgas, abandonar gran parte de las políticas neoliberales que el FMI había exigido al gobierno Mubarak.

Una última observación. La mayoría de las armas y equipamientos de represión que Gadafi tiene a su disposición fue suministrada por EEUU, Gran Bretaña (especializada en equipamiento policial), Francia y España. Como bien ha indicado Tarecq Amer en su ensayo “Oil, Arms and the Imperial Enterprise in North Africa”, hablar de Gadafi es hablar de corrupción y armas para adquirir petróleo por parte de poderes autodefinidos como defensores de los derechos humanos, incluyendo España.

Fuente: http://www.izquierda.info/modules.php?name=News&file=article&sid=10848

Ilustración: Pedro León Zapata (El Nacional, Caracas, 05/03/11)

martes, 28 de diciembre de 2010

la razón (des) armada


EL NACIONAL - Martes 28 de Diciembre de 2010 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo

La razón en la historia
EDUARDO VÁSQUEZ*


No es casual que la época de la razón comienza con la Ilustración y alcanza logros definitivos con la Revolución americana y la francesa.

El cristianismo, desde sus inicios, había sostenido que todos los hombres son iguales ante Dios, pero la razón trasladó esa igualdad a la Tierra.

Son iguales porque todos están dotados de razón y por eso poseen derechos que nada ni nadie puede arrebatarles. Por ser racionales, todos pueden decidir por sí mismos y tienen el derecho de escoger su vida y su profesión, y actuar según lo que les aconseje su razón y su conciencia. Los niños deben ser educados, no con castigos corporales sino por la razón, y se les debe enseñar a distinguir entre lo bueno y lo malo.

Los criminales, aunque hayan errado, son personas y se debe tratar de mejorarlos. La tortura debe ser prohibida y también marcar con hierros candentes en la frente o en la mejilla para que todos sepan que es un criminal. Que los hombres tienen una dignidad que prohíbe que se burlen de ellos públicamente.

La razón proclamó la autonomía de los seres humanos. Concibió los derechos del hombre y del ciudadano como una valla al poder del Gobierno y, no como creyó Marx, para proteger el derecho del egoísmo de la burguesía. Autonomía del hombre, instituciones para proteger su autonomía o libertad, protección para sus creencias. Fue a esta etapa de la historia la que Kant llamó la época de la mayoría de edad de los hombres.

Kant y Hegel son los filósofos que expresan en sus ideas esa época. Por eso fueron excluidos por los filósofos nazis, ya que según ellos ambos filósofos no pertenecían a la tradición alemana.

Carl Schmitt, el más importante de los pensadores nazis, escribió que "el día que Hitler tomó el poder Hegel, por decirlo así, murió". Lo que proclamaba Schmitt no era la muerte de Hegel, sino la de la razón, la cual era, esencialmente, una filosofía de la libertad presente y desarrollada en los países europeos, pues, según Hegel, "la filosofía es el tiempo aprehendido en el pensamiento". Todos los que proclaman la muerte de la razón se ubican en gobiernos que se esfuerzan en poner término a las conquistas de la razón. La señora Luisa Stella Morales se pronuncia contra la división de poderes, pues esta pone límites a la voluntad de poder.

Rigoberto Lanz enuncia que la investigación científica autónoma es incompatible con el Estado, que es el que debe decidir cuáles son las investigaciones "pertinentes". ¿Qué entiende Rigoberto Lanz por razón? Nunca hay una definición, ni siquiera una descripción. No falta en Hegel una descripción de lo que él entiende por razón.

* USB

Distinguido profesor: Por lo menos un punto puedo precisar en este momento: hay una confusión originada en el corte de la entrevista de El Nacional que da lugar a esta polémica; yo he planteado expresamente una distinción fundamental entre la investigación académica hecha en las universidades y la investigación que el propio Gobierno hace a través de sus organismos especializados. De estos últimos hay más de 30 instituciones que deben responder claramente a los requerimientos del Gobierno, a sus necesidades, a sus políticas públicas.

Esto no tiene nada que ver con la investigación académica que se desarrolla en la universidad; allí el Gobierno no tiene por qué involucrarse, como tampoco el rector, los decanos o cualquier autoridad local. Yo defiendo ­desde hace 40 años­ el derecho de investigar lo que me dé la gana, sin rendirle cuentas a nadie, sin estar pendiente de la necedad de lo "útil" que puede ser mi trabajo. Desde luego, si mi lugar de investigación fuese el INIA es bastante probable que hace rato me hubiesen despedido: sencillamente porque el mejoramiento de semillas o el control biológico de plagas no son mi fuerte epistemológico.

La pertinencia de la investigación en los organismos específicos del Gobierno debería estar clarísima. De ese modo nadie se equivoca a la hora de elegir su lugar de trabajo. Por lo menos puedo decirles que en estas cuatro décadas nunca me equivoqué de lugar.

R. Lanz

Ilustración: Zapata (El Nacional, Caracas, 27/12/10)

viernes, 29 de octubre de 2010

regresiones


EL NACIONAL - Jueves 28 de Octubre de 2010 Opinión/10
Cuenta regresiva
COLETTE CAPRILES

Es verdad, es difícil aceptarlo. Reconocer que los días del esplendor son ya parte del pasado, mientras el futuro va adquiriendo nítidamente los contornos de lo inconcebible. Hay alguna gente que evoca el mismo viejo experimento mental y le pregunta a uno si puede imaginar al actual Presidente transmitiendo la banda presidencial a su sucesor. Es evidente que, en primer término, sería al propio protagonista a quien no le alcanza la imaginación para tal circunstancia.

El largo gobierno parece resumirse en una sola cosa: la pretensión de suspender el futuro.

Tal vez sea materia de un epitafio político, pero, oyéndolo proferir amenazas puntuadas del sonoro "no volverán", es razonable suponer que los anticipos del cambio han llegado a perturbar el sueño de eternidad. Habilidad ha tenido, hay que decirlo, para tejer la ilusión de hegemonía, que, ahora, se ha ido rompiendo desde abajo, desde la experiencia diaria del desencanto y de las penurias, y no tanto desde las élites.

No me cuesta nada imaginar a un ex presidente Chávez, convertido en tal mediante el voto de la mayoría. Tampoco es difícil imaginar las dificultades que todavía habrá de atravesar la sociedad para llegar allí. Los dichos y hechos del ahora Presidente justo al llegar de su irrelevante gira internacional continúan inscribiéndose en la única línea política que se conoce de este gobierno: burlar la democracia intentando demostrar la futilidad e irrelevancia política de las elecciones que está obligado (política y constitucionalmente) a realizar. Además de frecuentar amistades geopolíticas desaconsejables, para lo que fue necesario improvisar una trama en la que figuran triangulaciones de cambures por casitas (haciendo mofa, parece, del agudo estado de necesidad de una población a la intemperie como la que tenemos), la ofensiva monopolística ha sido anunciada sonoramente con la "expropiación" de la Owens-Illinois, que, cabe esperar, será seguida de otras medidas iguales.

El punto es que, aunque el Gobierno desprecia el costo político de estas decisiones porque en definitiva su objetivo es probar que no está sujeto al control democrático de los electores y que, como gobierno insurgente, está dispuesto a imponerse como minoría, la sociedad ha dejado de considerar como imposible la transición política que se avecina. La está deseando.

El régimen responde: además de las medidas ejecutivas que intentarán seguir sembrando la desesperanza, se prepara desde la moribunda Asamblea un paquete de leyes dirigidas a lo mismo, creando una arquitectura de papel para reforzar la impresión de que el nuevo cuerpo legislativo que se instalará en enero carecerá de eficacia política, siendo sustituido por organizaciones súbditas del partido de gobierno. Se diría que las fuerzas democráticas deben plantearse la ofensiva electoral, y prepararse para ofrecer la alternativa desde ya construyendo el horizonte de la transición y contrastándolo con la destrucción sistemática que el Gobierno está empeñado en continuar. Campaña larga y dura, necesariamente entrelazada con un trabajo político diario que procure contrapesar el daño sufrido.

En estos días alcancé a oír por radio esa guaracha de Billo, la del brujo que anticipa un veredicto electoral, huella arqueológica de la campaña que enfrentó a Herrera y Piñerúa. La bola de cristal, sostenía el brujo, no le dejaba prever el resultado de la contienda, pero sí le certificaba que el próximo presidente no sería particularmente agraciado. Pensé que, dentro del sarcasmo, la pieza es un breve himno a la alternabilidad que la democracia ofrece como su más preciado bien. Y es exactamente allí adonde ha llegado la aspiración de la mayoría.

jueves, 13 de mayo de 2010

Percepciones de ordenación


EL NACIONAL - Jueves 13 de Mayo de 2010 Opinión/8
¿Qué quieren los venezolanos?
COLETTE CAPRILES


Comentaba en la última entrega los resultados del estudio de opinión llevado a cabo por el Centro Gumilla en septiembre pasado y que me luce como un avance en la formulación del mapa político del país. El estudio detecta tres grandes grupos o estructuras valorativas que reúnen 81% de la muestra, mientras que el 9% restante forma un núcleo separado, de "auténticos" Ni-Ni, ligados por su propensión autoritaria.

Los tres grupos principales, de tamaño aproximadamente equivalente, muestran en cambio opiniones compatibles con las tres vertientes de la concepción contemporánea de la democracia: deliberativa/ participativa, liberal y socialdemócrata. Dos elementos me parecen notables: primero, la relativa homogeneidad en la composición sociológica de los tres grupos: los grupos D/E+ y E-, que componen 82% de la muestra total encuestada, se hallan representados en los tres grupos: 92% de los llamados "demócratas-socialistas del siglo XXI"; 79% de los llamados "demócratas liberales", y 79% de los "socialdemócratas" (y componen solamente 66% del minigrupo "autoritarios").

Indudablemente, hay una diferencia a favor del proyecto de la "democracia-socialismo del siglo XXI", pero dado que las proporciones en la composición social de los otros dos bloques conservan la proporción general de la muestra, pareciera que la ubicación en la escala social no es la variable fundamental para explicar la adhesión a uno u otro modelo, a excepción de la versión que los autores llaman "autoritaria", en la que la proporción se transmuta: de ese 9% de la muestra que se adscribe a esa constelación, 34% pertenece a la clase ABC (contra 18% de la muestra total); 49% al estrato D/E+ y 17% al E-.

Esto me lleva al otro punto: quizás por primera vez vemos una formalización de un grupo de aproximadamente un tercio de la población que exhibe opiniones identificadas con la democracia liberal; tal grupo no es la representación de las rancias oligarquías fantaseadas por el resentimiento de los nuevos oligarcas, sino que se encuentra en todos los sectores sociales.

Las estructuras valorativas que ha encontrado este estudio se revelan como polarización política cuando a estos grupos se les interroga sobre su evaluación de la coyuntura.

Es decir, a pesar de un acuerdo básico, hay unas diferencias radicales en la percepción de las acciones del Gobierno y de distintas instituciones, así como de la situación futura, que se orientan, predeciblemente, siguiendo la tensión entre liberales y "socialistas del XXI".

Se trata de que, aunque hay un acuerdo básico sobre los valores de la democracia y el papel del Estado como moderador y/o regulador de la economía y de otros cuadrantes de la vida colectiva, hay un gran divorcio en cuanto a la percepción de lo que está ocurriendo en el país. Cuando la indagación se traslada de los valores a las experiencias, aparecen los contrastes. Los sujetos interpelados evalúan la acción del Gobierno y de los distintos actores sociales no según los valores de los que se declaran partidarios sino según una simpatía partidaria que obedece a la lógica polarizada. Por ejemplo, un enunciado como: "La Presidencia de la República está haciendo lo mejor que puede por el país" obtiene, en una escala en la que 100 significa "acuerdo total", 83,8 puntos entre el grupo de los "demócratas-socialistas siglo XXI", mientras que alcanza 18,1 entre el grupo de "demócratas liberales"; y ese esquema se repite en la evaluación de todas las instituciones públicas. Los actores no gubernamentales también operan como divisores de la opinión, aunque algunos datos son sorprendentes, como, por ejemplo, las respuestas ante el enunciado: "Los políticos están dispuestos a mentir para ganar elecciones", que obtiene 25,6% entre los primeros y ¡84,2%! entre los segundos, y más aún cuando, interrogados sobre si "los partidos políticos son imprescindibles en cualquier democracia", los primeros ponderan en 40,3% su acuerdo y los segundos en 88,0%.

Conclusión: con respecto a la evaluación de la realidad o a las percepciones que ordenan dicha realidad, los venezolanos parecemos estar utilizando instrumentos cognitivos que nada tienen que ver con los valores que declaramos profesar. En el examen de lo cotidiano se suspende el juicio, por así decirlo: se despoja uno de las convicciones para entrar en un entramado de pasiones y heridas abiertas.

Ese es el legado de los tiempos que nos tocó vivir.

(Ilustración de Zapata, El Nacional, Caracas, 13/05/10)