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domingo, 17 de marzo de 2019

LECCIÓN

Evangelio Dominical: Transfiguración
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el 2° domingo de Cuaresma, ciclo C, correspondiente al domingo 17 de marzo de 2019.  La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 9, 28-36

“Éste es mi Hijo, escúchenle"

Dice el evangelio que Jesús apareció de una forma deslumbrante. ¿Por qué aparece Jesús de esta forma tan llamativa?

Entre la gente que seguía a Jesús, corrían dos interpretaciones de lo que debía ser el Mesías:

-          Una era la política y militar. La mayoría pensaba que el Mesías devolvería el poder y la gloria al pueblo judío.

-          Otra era la de la entrega hasta la muerte, a pesar del sufrimiento. Esta era la interpretación de Jesús. Precisamente seis días antes de la Transfiguración, Jesús había dicho a los discípulos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y letrados; sufrir la muerte y resucitar luego de tres días” (Mc 9, 2-10).

Estas palabras de Jesús sembraron la alarma entre los discípulos. El mismo Pedro trató de disuadirle (Marcos 8:31-33), porque esto no cuadraba con sus expectativas gloriosas de mando y poder. Los hermanos Santiago y Juan le andaban pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías. Estos tres discípulos son los que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión.

Y Jesús quiso dar una lección a esos tres discípulos

- ¿Qué hace Jesús para probar que su interpretación del Mesías es la verdadera?

-En primer lugar, aparece en una forma gloriosa. Se transformó: su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco. El evangelio utiliza la palabra griega ‘metamorfosis’, que usamos para describir el proceso por el que una oruga se convierte en una mariposa, una dramática transformación. En este pasaje de Jesús sólo hay una transformación de su apariencia externa. Jesús se presenta a los tres discípulos «revestido» de la gloria del mismo Dios. Como lo anunció a sus discípulos, va a ser crucificado por sus adversarios, pero va a ser, también, resucitado por Dios.

-En segundo lugar, aparece conversando amigablemente con Moisés y Elías.

¿Por qué aparecen Moisés y Elías junto a Jesús?

Porque eran los dos máximos exponentes de la tradición bíblica:

- Moisés, que fue el gran dador de la Ley y de los 10 Mandamientos 1.200 años antes. Pero además es el gran Liberador. Dios envió a Moisés a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y a conducirlo a una tierra de libertad que mana leche y miel.

- Elías era el gran profeta, que inició una gran renovación espiritual en Israel 900 años antes de Cristo. Elías era muy cercano a Dios. Y Dios se le hacía presente de forma muy íntima.     Elías en el monte Horeb, vio que el Señor no se dejó sentir ni en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara con su capa.

Ante aquella manifestación gloriosa de Jesús y la presencia de aquellos dos hombres, que encarnan la Ley y los Profetas, (Pagola). Pero Dios mismo le va a corregir de manera solemne.

Como respuesta de Dios Padre a la confusión de Pedro, “apareció una nube, que se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado: escúchenle a Él”. Sólo Jesús irradia luz propia. Todos los demás (incluyendo Moisés y Elías) somos testigos de la luz, irradiamos la Luz de Él, somos un reflejo de su Luz, de su Palabra.

Y hemos de escuchar su Palabra, también cuando nos habla de «cargar la cruz» en todos los tiempos.

 - ¿Qué es lo más importante en este evangelio de la Transfiguración?

1.Es la frase de Dios Padre: “Este es mi Hijo amado. Escúchenlo” (Marcos, 9, 7). Estas son casi las mismas palabras que Dios Padre dijo en el bautismo de Jesús. Entonces las dijo a Jesús. Ahora la voz de Dios Padre se dirige a los discípulos.

- ¿Estas palabras nos tocan también a nosotros?

Las necesitamos. Hay tantas voces hoy día. Y todas las voces parecen sabias y atractivas. Son de eruditos, internautas, comentaristas, políticos, gurús religiosos, celebridades... Nos prometen salud, riqueza y felicidad, pero raramente cumplen sus promesas y frecuentemente nos llevan a la ruina. ¿Hay una voz confiable en medio de toda esta cacofonía? Dios Padre nos responde: “Éste es mi Hijo muy amado. Escúchenlo”.

2.También está la nube. A través de todas las Escrituras, la nube simboliza la presencia de Dios. Así ocurrió durante la travesía del desierto de los israelitas:

- Dios caminaba delante de su pueblo en una columna de nube (Éxodo 13,21).

- Y en el Sinaí, mientras Dios hablaba con Moisés, se escondía detrás de una nube.

Así pues, la transfiguración significó la validación de Jesús, como el Señor ungido, y el máximo exponente de la voluntad de Dios Padre.

Todos los símbolos -monte sagrado, Moisés (la Ley), Elías (los profetas), la nube (que también aparece en el Éxodo), la luz resplandeciente-, van a indicar que en Jesús se cumplía todo lo anunciado por los antiguos escritos del pueblo de Israel.

Aquí se dio una “teofanía” (aparición de Dios), al estilo de muchas de las teofanías del Antiguo Testamento. Por ejemplo:

- Cuando Dios se aparece a Moisés y a los ancianos (Éxodo 24, 9-11);

- Cuando Dios se aparece a Elías en el viento (1 Reyes 19, 9-14);

- Cuando Dios se aparece al profeta Ezequiel en un carro (Ezequiel 1, 1-28).

¿Por qué les prohíbe decírselo a nadie, hasta después de la resurrección?

Los discípulos aún no están preparados para hablar correctamente de Jesús. Aún no han entendido bien el mensaje de Jesús, su interpretación de cómo debe ser el Mesías, y por lo tanto no serían capaces de proclamar su mensaje fielmente.

Fuente: https://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-transfiguracion-2

Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.notitarde.com/equipo-ganador/
Ilustración: Wilmer Herrison. 

domingo, 21 de febrero de 2016

"¿HAY UNA VOZ CONFIABLE EN MEDIO DE TODA ESTA CACOFONÍA?"

Domingo 21 de febrero de 2016
“Este es mi Hijo, escúchenle” (Lc 9, 28-36)
José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy nos trae la historia maravillosa de la Transfiguración del Señor, lleno de brillo y resplandor, con una apariencia sobrenatural. Escuchémoslo.
Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lc 9, 28-36)
NARRADOR/A – En aquel tiempo Jesús llamó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se morían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
PEDRO – "Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
NARRADOR/A –
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
DIOS PADRE – "Este es mi Hijo, el escogido, escúchenle".
NARRADOR/A – Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
Pregunta 1 – Dice el evangelio que Jesús apareció de una forma deslumbrante. ¿Por qué aparece Jesús de esta forma tan llamativa?
Entre la gente que seguía a Jesús, corrían dos interpretaciones de lo que debía ser el Mesías:
- Una era la política y militar. La mayoría pensaba que el Mesías devolvería el poder y la gloria al pueblo judío.
- Otra era la de la entrega hasta la muerte, a pesar del sufrimiento. Esta era la interpretación de Jesús. Precisamente seis días antes de la Transfiguración, Jesús había dicho a los discípulos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y letrados; sufrir la muerte y resucitar luego de tres días” (Mc 9, 2-10).
Estas palabras de Jesús sembraron la alarma entre los discípulos.
El mismo Pedro trató de disuadirle en una ocasión anterior (Marcos 8:31-33), porque esto no cuadraba con sus expectativas gloriosas de mando y poder.
Los hermanos Santiago y Juan le andaban pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías.
Estos tres discípulos son los que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión.
Y Jesús quiso dar una lección a esos tres discípulos.
Lo importante en el Mesías y en el Reino de Dios no es el poder, sino la humildad.
Pregunta 2 – ¿Qué hace Jesús para probar que su interpretación del Mesías es la verdadera?
-En primer lugar, aparece en una forma gloriosa. Se transformó: su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco.
El evangelio utiliza la palabra griega ‘metamorfosis’, que usamos para describir el proceso por el que una oruga se convierte en una mariposa, una dramática transformación. En este pasaje de Jesús sólo hay una transformación de su apariencia externa.
Jesús se presenta a los tres discípulos «revestido» de la gloria del mismo Dios. Como lo anunció a sus discípulos, va a ser crucificado por sus adversarios, pero va a ser, también, resucitado por Dios.
En segundo lugar, aparece conversando amigablemente con Moisés y Elías.
Pregunta 3 – ¿Por qué aparecen Moisés y Elías junto a Jesús?
Porque eran los dos máximos exponentes de la tradición bíblica:
- Moisés, que fue el gran dador de la Ley y de los 10 Mandamientos 1.200 años antes. Pero además es el gran Liberador. Dios envió a Moisés a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y a conducirlo a una tierra de libertad que mana leche y miel.
- Elías era el gran profeta, que inició una gran renovación espiritual en Israel 900 años antes de Cristo. Elías era muy cercano a Dios. Y Dios se le hacía presente de forma muy íntima.
Elías en el monte Horeb, vio que el Señor no se dejó sentir ni en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara con su capa.
Ante aquella manifestación gloriosa de Jesús y la presencia de aquellos dos hombres, que encarnan la Ley y los Profetas, (Pagola).
Pero Dios mismo le va a corregir de manera solemne.
Como respuesta de Dios Padre a la confusión de Pedro, “apareció una nube, que se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado: escúchenle a Él”.
Sólo Jesús irradia luz propia. Todos los demás (incluyendo Moisés y Elías) somos testigos de la luz, irradiamos la Luz de Él, somos un reflejo de su Luz, de su Palabra.
Y hemos de escuchar su Palabra, también cuando nos habla de «cargar la cruz» en todos los tiempos.
Pregunta 4 – ¿Qué es lo más importante en este evangelio de la Transfiguración?
1. Es la frase de Dios Padre: “Este es mi Hijo amado. Escúchenlo” (Marcos, 9, 7). Estas son casi las mismas palabras que Dios Padre dijo en el bautismo de Jesús. Entonces las dijo a Jesús. Ahora la voz de Dios Padre se dirige a los discípulos.
Pregunta 5 – ¿Estas palabras nos tocan también a nosotros?
Las necesitamos. Hay tantas voces hoy día. Y todas las voces parecen sabias y atractivas. Son de eruditos, internautas, comentaristas, políticos, gurús religiosos, celebridades... Nos prometen salud, riqueza y felicidad, pero raramente cumplen sus promesas y frecuentemente nos llevan a la ruina. ¿Hay una voz confiable en medio de toda esta cacofonía?
Dios Padre nos responde: “Éste es mi Hijo muy amado. Escúchenlo”.
2. También está la nube. A través de todas las Escrituras, la nube simboliza la presencia de Dios. Así ocurrió durante la travesía del desierto de los israelitas:
- Dios caminaba delante de su pueblo en una columna de nube (Éxodo 13,21).
- Y en el Sinaí, mientras Dios hablaba con Moisés, se escondía detrás de una nube.
Así pues, la transfiguración significó la validación de Jesús, como el Señor ungido, y el máximo exponente de la voluntad de Dios Padre.
Todos los símbolos -monte sagrado, Moisés (la Ley), Elías (los profetas), la nube (que también aparece en el Éxodo), la luz resplandeciente-, van a indicar que en Jesús se cumplía todo lo anunciado por los antiguos escritos del pueblo de Israel.
Aquí se dio una “teofanía” (aparición de Dios), al estilo de muchas de las teofanías del Antiguo Testamento. Por ejemplo:
- Cuando Dios se aparece a Moisés y a los ancianos (Éxodo 24, 9-11);
- Cuando Dios se aparece a Elías en el viento (1 Reyes 19, 9-14);
- Cuando Dios se aparece al profeta Ezequiel en un carro (Ezequiel 1, 1-28).
Pregunta 6 – ¿Por qué les prohíbe decírselo a nadie, hasta después de la resurrección?
Los discípulos aún no están preparados para hablar correctamente de Jesús. Aún no han entendido bien el mensaje de Jesús, su interpretación de cómo debe ser el Mesías, y por lo tanto no serían capaces de proclamar su mensaje fielmente.

(http://www.jesuitas.org.co/homilia.html?homilia_id=1518)

Ilustración: Andrea Bergart.

TEOFANÍAS

No acabamos de dar el salto del Dios del AT al Dios de Jesús
Marcos Rodríguez 

En la liturgia de este domingo se nos proponen dos teofanías, (manifestaciones de Dios) una a Abrahán y otra a los tres apóstoles. En realidad, toda la Biblia es el relato de la manifestación de Dios.
En el caso de Abrahán, estamos ante el hecho más significativo en la historia del pueblo judío, la Alianza sellada por Abrahán con el mismo Dios. Hay un detalle muy significativo. Dios no llegó a la cita hasta que vino la noche y Abrahán cayó en “un sueño profundo y un terror intenso y oscuro...” Fue una experiencia interior de Abrahán que para él era más cierta que la misma realidad, que podría ver con los ojos abiertos. Es significativo que muchas de las experiencias de Dios en el AT se relatan como sueños.
Tampoco la transfiguración debemos entenderla como una puesta en escena por parte de Jesús. Va en contra de toda su manera de ser y de actuar. No tiene ni pies ni cabeza que Jesús montara un espectáculo de luz y sonido ni para tres ni para tres mil.
El domingo pasado se proponía una espectacular puesta en escena (tírate de aquí abajo) como una tentación. No tiene mucho sentido que hoy se proponga como una “gracia” en beneficio de los tres apóstoles. Una cosa es la experiencia, y otra muy distinta cómo nos la cuentan.
Es clave para la comprensión del relato la advertencia final. "Por el momento no dijeron nada de lo que habían visto". En el relato de Mateo y Marcos, el mismo Jesús les prohíbe decir nada a nadie "hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".
Seguramente se trata de una experiencia pascual. Las experiencias pascuales se narran como si fueran acontecimientos de la vida normal, pero son vivencias internas que se intentan comunicar a los demás con el lenguaje que se utiliza para contar hechos que no se pueden constatar por los sentidos. Con el tiempo este relato se insertó en la vida de Jesús.
La versión litúrgica nos ha escamoteado el comienzo que dice “unos ocho días después…” se trata de indicar que estamos en el primer día de la nueva creación.
En este episodio, se emplean los mismos elementos que se habían utilizado en todo el AT para relatar las repetidas teofanías de Dios.
   El monte, lugar de la presencia de Dios.
   El resplandor signo de que Dios estaba allí.
   La nube en la que Dios se manifestó a Moisés y que después les acompañaba por el desierto.
   ·         La voz que es el medio por el que Dios comunica su voluntad.
   ·         El miedo que siente todo aquel descubre la presencia de Dios.
   ·         Las chozas, alusión a la fiesta más importante en tiempo de Jesús para los judíos. Fiesta mesiánica en la que se conmemoraba el paso por el desierto, de la esclavitud a la tierra prometida.
   ·         Moisés y Elías que son símbolos: La Ley y los Profetas, los dos pilares sobre los que se asentaba la religiosidad del pueblo judío.
Moisés y Elías conversan con Jesús, pero se retiran. Han  cumplido su misión y en adelante será Jesús la referencia última. Pedro no está en es dinámica y pretende hacer tres chozas, para que Moisés y Elías puedan continuar
Deja muy claro que se trata de una transfiguración. Lo que cambió fue la figura, no la sustancia. En lo esencial, Jesús siguió siendo el mismo. Fue la apariencia lo que los tres discípulos experimentaron como distinto. En Jesús, lo verdaderamente importante, es el ser divino que no puede ser percibido por los sentidos. Lo que normalmente ven en él, es lo accidental.
En los relatos pascuales, se quiere resaltar que ese Jesús que se les aparece, es el mismo que anduvo con ellos en Galilea. En la transfiguración, se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. Ese Jesús que vive con ellos es ya el Cristo glorificado. Quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, pero no fueron capaces de apreciarlo. Lo que hay de divino en Jesús, está siempre en su humanidad, no añadido a ella en un momento determinado.
La inmensa mayoría de las interpretaciones de este relato, apuntan a una manifestación de la “gloria” como preparación para el tiempo de prueba de la pasión. En mi opinión, esto sería una manifestación trampa. Cuando interpretamos la “gloria” como lo contrario al “sufrimiento”, nos alejamos del verdadero mensaje del evangelio. El sufrimiento, la cruz no puede ser un medio para alcanzar la gloria. En el sufrimiento está ya Dios presente, exactamente igual que en lo que llamamos glorificación.
No descartes el meditar una hora (o doce veces cinco minutos cada vez) este punto. Lo que llamamos gloria de Dios no tiene absolutamente nada que ver con la gloria humana. En Dios, su “gloria” es simplemente su esencia, no algo añadido. Dios no puede estar ni ser glorificado, por la sencilla razón de que nunca puede estar ni ser sin gloria.
Con nuestra mente no podemos comprender esto. Cuando hablamos de la gloria divina de Jesús, aplicándole el concepto de gloria humana, tergiversamos lo que es Jesús y lo que es Dios. Si en Jesús habitaba la plenitud de la divinidad, como dice Pablo, quiere decir que Dios y su gloria nunca se separaron de él. Jesús, como ser humano, si podría recibir gloria humana: cetros, coronas, solios, poder, fama, honores, etc. etc. Pero todo eso que nosotros nos empeñamos en añadirle no es más que la gran tentación.
El evangelio nos dice que no tenemos nada que esperar para el futuro. La buena noticia no está en que Dios me va a dar algo más tarde aquí abajo o en un hipotético más allá, sino en descubrir que todo me lo ha dado ya.
“El reino de Dios está dentro de vosotros”. En Jesús está ya la plenitud de la divinidad, pero está en su humanidad. Lo divino que hay en Jesús no se puede percibir por los sentidos. De fenómenos externos no puede venir nunca una certeza de la realidad trascendente, por muy espectaculares que parezcan.
Todo lo que Jesús nos pidió que superáramos, resulta que ahora lo volvemos a reivindicar con creces, sólo que un poco más tarde. Renunciar ahora para asegurarlo después, y para toda la eternidad... Es la mejor prueba del valor que seguimos dando a nuestro falso yo, y de que seguimos esperamos la salvación a nivel de nuestro ego.
Jesús acaba de decir a los discípulos, justo antes de este relato, que tiene que padecer mucho; que el que quiera seguirle tiene que renunciar a sí mismo; que el grano de trigo tiene que morir...
Jesús nos enseñó que debemos deshacernos de la escoria de nuestro falso yo, para descubrir el oro puro de nuestro verdadero ser. Nosotros seguimos esperando de Dios, que recubra de oropel o purpurina esa escoria para que parezca oro. Lo que tenemos que hacer es descubrir, más allá de la purpurina que nos envuelve, el oro de nuestro verdadero ser; ver el diamante que somos, escondido tras el lodo que nos envuelve.
Lo divino que ya está dentro de nosotros, no es lo contrario de las carencias que experimentamos. Es una realidad que ya somos y es compatible con las limitaciones de todo tipo (físicas, síquicas y morales), que son inherentes a nuestra condición de criaturas.
Después de Jesús, es absurda una esperanza de futuro. Dios nos ha dado ya todo lo que podría darnos. Se ha dado Él mismo y no tiene nada más que dar (Sta. Teresa).
Claro que esto da al traste con todas nuestras aspiraciones de “salvación”. Pero precisamente ahí debe llegar nuestra reflexión: ¿Estamos dispuestos a aceptar la salvación que Jesús nos propone, o seguimos empeñados en exigir de Dios la salvación que nosotros desearíamos para nuestro falso yo? La única esperanza que cabe es la de que descubra la realidad que soy.
¡Escuchadle a él solo! Para nosotros, los cristianos del siglo XXI, no es nada fácil cumplir esa recomendación de la “voz”. Seguimos, como Pedro, aferrados al Dios del AT y nos da miedo soltar amarras y fiarnos sólo de lo que dice Jesús.
Dos mil años de cristianismo han velado de tal forma el mensaje de Jesús, que es casi imposible distinguir lo que es mensaje evangélico y lo que es adherencia ideológica. Los prejuicios que tenemos sobre Jesús, nos impiden acercarnos a él con la mente abierta. Esa tarea de discernimiento es más urgente que nunca.
La creciente relación entre culturas y religiones hace que podamos comparar y descubrir lo mucho de relleno que se nos ha vendido como evangelio. Jesús buscaba odres nuevos que aguantaran el vino nuevo. Hoy lo que abunda son odres nuevos que esperan vino nuevo, porque no aguantan el vino viejo que se les ofrece.
El hecho de que Moisés y Elías se retiraran antes de que hablara la voz, es una advertencia para nosotros que no acabamos de dar el salto del Dios del AT, al Dios de Jesús.
Jesús ha dado un salto en la comprensión de Dios que debemos dar nosotros también. En realidad, en ese salto consiste todo el evangelio. El Dios de Jesús es un Dios que es siempre y para todos amor incondicional.  El Dios de Jesús nos desconcierta, nos saca de nuestras casillas porque nos habla de entrega incondicional, de amor leal, de desapego del Yo.
El Dios del AT ha hecho una alianza al estilo humano y espera que el hombre cumpla la parte que le corresponde. Sólo entonces, premia al que la cumple y castiga al que no la cumple. Con este Dios sí nos identificamos, porque es lo que haríamos nosotros si estuviéramos en su lugar. Esa es la trampa; nos empeñamos en hacer un dios a nuestra medida.
Oración-contemplación
Hoy los apóstoles ven a Jesús como realmente es.
También tu verdadero ser es un diamante.
No te dejes engañar por las apariencias.
Ni tú ni los demás tenéis nada que cambiar en lo esencial.
…………………………
No confundas la meta.
No tienes que arrancar nada de ti.
Todo lo que no es esencial, terminará por desprenderse.
Agudizar la vista para ver lo que eres,
más allá del oropel y del lodo que te cubre y oculta.
 ..................
Sólo la meditación podrá iluminarte para ver la realidad.
No es fácil, pero es el único camino.
Insiste. Enfoca toda tu atención hacia el centro de tu ser.
La iluminación llegará con la mayor naturalidad.

(http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-09-28-36-MR-C.htm)
Cfr. Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto: http://www.elimpulso.com/opinion/arquidiocesana-transfiguracion

ANTÍTESIS

NOTITARDE, Valencia 21 de febrero de 2016
“Caminando con Cristo”
La transfiguración del Señor (Lc. 9, 28-36)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Hoy leemos el texto de la transfiguración de Jesús. Esta escena es la antítesis de las tentaciones del desierto. Los llamados evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) hablan de ambas escenas. Pedro y Juan en sus escritos hablan específicamente de éste acontecimiento de la transfiguración, lo que atestigua que los marcó considerablemente y afirman que fueron testigos de la gloria de Jesús, el Hijo de Dios.(1 Pe. 1,16-ss ; Jn.1,14 ; 1Jn.1,1-ss).
Cristo manifiesta su gloria a tres de sus apóstoles: Pedro, Santiago y Juan. Lo hace para animarlos a la misión, para alentarlos en medio del camino, para que sepan que después de ésta vida nos aguarda una vida sin fin, la gloria junto a Dios y que el bien que podamos hacer en este mundo, en el presente contribuye a esa corona de vida eterna que le espera al cristiano y a toda la Iglesia. Cristo se transfiguró delante de sus apóstoles, antes de padecer, para que ellos pudieran fortalecer su fe y soportar el escándalo que traería su muerte en cruz.
Ante los anuncios de la pasión por la que tenía que pasar Jesús, sus apóstoles andaban desalentados, sin esperanza, confundidos; porque ellos como cualquier otro judío, esperaban un mesías triunfalista, que con su poder destruiría a las fuerzas opresoras de Jerusalén. Por eso, en un clima de oración, en un sitio aparte, Jesús le muestra a sus apóstoles la gloria que les aguarda junto a Él. Jesús les muestra su condición divina y su transfiguración presagia la Resurrección.
Para nosotros hoy y para todos los cristianos el mensaje es claro: necesitamos orar constantemente; necesitamos buscar cada día un espacio para comunicarnos con ese Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Orar es un diálogo confiado y amoroso con Dios.
IDA Y RETORNO: Venezuela necesita de nuestra fuerza, constancia, firmeza y oración.

Cfr.
Enrique Martínez Lozano: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-EML_49-lc-09-28-36.htm
Ilustración: Giovanni Bellini.

domingo, 24 de febrero de 2013

FORTALEZA, GOZO, CONTAGIO

2 Cuaresma (C) Lucas 9,28-36
Escuchar a Jesús 
JOSÉ ANTONIO PAGOLA

Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente “La transfiguración del Señor”. Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una “teofanía” o revelación de Dios.
Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente “para orar”, no para contemplar una transfiguración.
Todo sucede durante la oración de Jesús: “mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió”. Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.
En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.
Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues “se caían de sueño” y solo “al espabilarse”, captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que “no sabía lo que decía”.
Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: “Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle”. La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.
Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente “interiorizar” nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.
Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.

Fuente: http://feadulta.com/anterior/Ev-lc-09-28-36-Pag-C.htm
Ilustración: Albert Gleizes.

SORPRESA

NOTITARDE, Valencia, 24 de Febrero de 2013
La transfiguración del Señor (Lc. 9, 28-36)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Transfiguración que en griego sería metamorfosis, significa cambiar de forma y desde el punto de vista bíblico y específicamente desde los evangelios hace referencia al cambio de aspecto físico de Jesús delante de tres de sus discípulos. El hecho está unido al anuncio de la pasión y muerte que en varios momentos el Señor anunció a sus apóstoles y discípulos. Al mostrarles su gloria eterna, estado al que estamos llamados todos los cristianos, reafirmó la fe de sus seguidores de ayer y de hoy. Cristo deja claro que antes de la resurrección viene la pasión y la muerte; pero la gloria final debe ser nuestra esperanza. Porque después de la cruz, viene la resurrección, como decimos en la sabiduría popular: “Después de la tormenta viene la calma”. “Después de la noche sale el sol”.
La Transfiguración del Señor sucedió, según la tradición bíblica, en el monte Tabor, uno de los montes de Galilea, considerado el más alto, que tiene una altura aproximada de 600 metros. Los tres evangelios sinópticos narran este acontecimiento que sucedió en el Tabor y que, por tanto, señala que es un fenómeno que impactó a los seguidores de Cristo o que deja una enseñanza profunda para la vivencia de la fe cristiana.
La Transfiguración tiene su contexto en el desánimo, la frustración y la depresión en la que habían caído los discípulos, porque Cristo había derribado su paradigma que establecía la llegada de un Mesías guerrero, político, que por la fuerza de la violencia liberaría a Israel de la opresión romana; pero al escuchar el discurso donde Jesús se presenta como Mesías pacífico, que se somete a las manos de sus opresores, que tendrá que padecer y morir, esto los lleva a la desesperación. Al mismo tiempo, Lucas resalta que ante la inminente Pasión de Jesús en ese momento de crisis, Él se va a solas a orar con sus discípulos, a encontrar fuerza espiritual en su Padre Eterno, en el Dios Padre Amor que le sostiene en la tribulación. Por esto, Cristo manifiesta su gloria delante de sus discípulos y les invita a participar de su victoria que pasa primero por la cruz. Los tres apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) serán testigos de lo que han visto con sus ojos y portarán aliento a aquellos que también siguen a Cristo y que se ven sometidos a momentos de angustias.
Jesús es presentado como el Mesías anunciado por todos los profetas del Antiguo Testamento, es eso lo que atestigua la presencia de Moisés y Elías (la ley y el profetismo) entre los cuales los apóstoles ven a Cristo conversando con ellos; la voz del Padre que habla en medio de la nube y el rostro resplandeciente de Cristo señalan que este Mesías que viene a salvar a la humanidad no es cualquier hombre o cualquier personaje suscitado entre el pueblo, sino que es el “Hijo predilecto de Dios Padre”, al que todo hombre debe y necesita escuchar y seguir, como lo harán luego y con más decisión los apóstoles y discípulos.
El mensaje es claro para nosotros: muchas veces llega a nuestra existencia el pesimismo, la decepción, la desesperanza, la depresión, el sinsentido de la vida, el fracaso, la derrota, la cruz… que nos hacen sentir oprimidos y sin ilusión frente al futuro. Pues bien, para el cristiano estas cosas vistas desde Cristo, que ya antes las padeció para enseñarnos a nosotros, nos dice que si es posible esperar y creer en un cambio, en que hay una nueva posibilidad, que no todo está perdido, que al final del túnel brilla siempre una luz, que siempre hay una salida y lo mejor de todo, es saber que Dios siempre nos acompaña con su amor, con su cercanía, con su ternura y con la fuerza de su Espíritu nos capacita para vencer aquello que nos oprime y desalienta. Dios no abandona al ser humano, si bien lo creó libre, no lo deja desamparado, se mantiene atento a las necesidades de sus hijos y si como humanos atraviesan áridos valles, luego con su amor de Padre los lleva a recostar en verdes prados. Así es Dios, así vivió, nos dejó ejemplo mientras pasó por este mundo y así nos invita a tomar la cruz de cada día, pero con la certeza de la resurrección, de la vida eterna que comienza desde esta vida, con la seguridad, la convicción y la certeza de que todo pasa y se supera, que es posible alcanzar la felicidad y encontrar el camino que nos conduce a buen término. Jesús nos invita a orar, a dialogar con Dios y a encontrar en Él, fuerza para el camino, para superar la adversidad.
Ida y retorno
En esta semana importante para nuestra Iglesia Católica, no dejemos de orar por el Santo Padre Benedicto XVI, para que Dios recompense sus afanes y su entrega al Pueblo de Dios y para que desde ya nos regale el Papa que no sólo necesita la Iglesia en estos momentos, sino el mundo. Que el nuevo Papa siga guiando al rebaño, como lo ha hecho Benedicto XVI, a puerto seguro, que la Iglesia salga fortalecida ante tantas calumnias, intrigas, exageraciones y de sus propias debilidades, al estar compuesta por seres humanos. Que triunfe la santidad de los hijos de Dios, por encima del pecado y del mal.

Ilustración: Rick Silva.