Mostrando entradas con la etiqueta Albert Gleizes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Albert Gleizes. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de febrero de 2013

FORTALEZA, GOZO, CONTAGIO

2 Cuaresma (C) Lucas 9,28-36
Escuchar a Jesús 
JOSÉ ANTONIO PAGOLA

Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente “La transfiguración del Señor”. Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una “teofanía” o revelación de Dios.
Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente “para orar”, no para contemplar una transfiguración.
Todo sucede durante la oración de Jesús: “mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió”. Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.
En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.
Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues “se caían de sueño” y solo “al espabilarse”, captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que “no sabía lo que decía”.
Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: “Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle”. La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.
Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente “interiorizar” nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.
Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.

Fuente: http://feadulta.com/anterior/Ev-lc-09-28-36-Pag-C.htm
Ilustración: Albert Gleizes.

lunes, 1 de agosto de 2011

CAZA DE CITAS





"La economía a veces avanza, aunque sea despacio, pero los retrocesos en la microeconomía son intolerables. El empleo disminuye y los salarios siguen siendo insuficientes. La vida política se maneja en términos que no están lejos de la violencia. Entre tanto las viejas organizaciones sindicales, que dominaron la vida del país, no por sí mismas sino por sus alianzas indecorosas con el Estado, están en franca decadencia"

Néstor De Buen

(Efrén Córdova - Néstor De Buen, "Estudios de derecho del trabajo bajo la óptica de dos maestros", Fundación Universitas, Barquisimeto, 2009:347)

Ilustración: Albert Gleizes, "Paisajes"

martes, 10 de mayo de 2011

DE LA (IN) ESTABILIDAD INSTITUCIONAL


EL SOL DE MARGARITA, Porlamar, 10/05/11
Teoría de la relatividad
Luis Barragán


Hay consenso entre los especialistas al señalar que los comicios de 1963, realizados en un país hoy irreconocible, significaron una contundente y decisiva derrota política para el guerrillerismo de entonces, precediendo a la militar. El llamado a la abstención electoral fracasó, aún cuando se le creyó inscrito en las condiciones objetivas y subjetivas que – por irradiación – lo hicieron terco imitador del consabido proceso cubano.

E, incluso, declarándose en emergencia el Consejo Supremo Electoral (CSE), al reseñar que apenas se había inscrito el 8,24% del electorado (El Nacional/Caracas, 03/07/63), no puede descartarse la absoluta confusión de los cuadros insurgentes, como tampoco desautorizar la hipótesis de un juego táctico del gobierno que la punzara. Lo cierto es que, para unos, se abrió la senda de la segura estabilidad institucional, mientras que, para otros, ésta siempre fue endeble y propicia al ademán insurgente.

De un lado, la democracia representativa se asentaba con los sucesivos períodos electorales, afianzándose y avivándose las actividades de los órganos del Poder Público. A mediados de la década de los setenta, canalizadas parlamentariamente las vitales diferencias, el ensayo recibió un formidable impulso con las inaugurales bonanzas petroleras que aceraron la ilusión de una estabilidad fuera de todo peligro.

Del otro, el fracaso subversivo se entendió como una mera y accidentada coyuntura, pues, a pesar de los brotes que languidecieron hasta finales de los setenta, cualquier otra podía encender la pradera, tal como intentaron convertir el llamado Movimiento de Renovación en las universidades en la chispa esperada. Esta vez, la ilusión acerada fue la de una inestabilidad crónica, así pasaran décadas para que, extrapolando las realidades, reclamasen la revolución en curso como producto de añejas gestas.

Salvadas las circunstancias, ahora hay una sorprendente equivalencia de posiciones, ya que el chavezato cree en la absoluta estabilidad de un régimen tan curiosamente festejado por otras bonanzas petroleras, incluyendo el descomunal e injustificado endeudamiento público, mientras la oposición apuesta por algún acontecimiento, por tímido que fuere, que puede dar al traste con el actual orden de cosas, siendo devota de la enfermiza estabilidad que le atribuye. Y, valga la constatación, todo esto se debe al radical desaprendizaje de la política y de lo político que se manifiestan en un complejo proceso que intimida y atemoriza.

Proceso que debemos asir, pues, en el fondo de ese eterno retorno histórico que puede alegarse, hay una sobrada novedad histórica que responder, tal como ocurrió – por ejemplo – en la Venezuela de 1936, 1945 o 1958. Es decir, lo público y lo trascendente, va más allá de los títulares de la prensa, sean de oposición o de gobierno: la relatividad que nos resistimos a teorizar o meditar.

Fuente: http://www.elsoldemargarita.com.ve/Noticias.aspx?NoticiaId=79191&Seccion=5

Ilustración: Albert Gleizes, "La ciudad"