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domingo, 25 de febrero de 2018

TABOR

NOTITARDE, Valencia, 24 de febrero de 2018
“CAMINANDO CON CRISTO”
La tranfuguración de Cristo (Mc. 9, 1-9)
Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de Marcos, que es el evangelio más antiguo, al igual que los otros evangelios sinópticos (Mateo y Lucas), nos habla de la Transfiguración de Jesús, El Cristo; transfiguración que en griego sería metamorfosis, significa cambiar de forma y desde el punto de vista bíblico y específicamente desde los evangelios hace referencia al cambio de aspecto físico de Jesús delante de  tres de sus discípulos (Pedro, Santiago y Juan). El hecho está unido al anuncio de la pasión y muerte que en varios momentos el Señor anunció a sus apóstoles y discípulos. Al mostrarles su gloria eterna, lugar al que estamos llamados todos los cristianos, reafirmó la fe de sus seguidores y también la nuestra. Cristo deja claro que antes de la resurrección viene la pasión y la muerte; pero la gloria final debe ser nuestra esperanza. Porque después de la cruz, viene la resurrección y a esta esperanza nos invita Jesús, a que no perdamos de vista y nos aliente en el camino de la vida la Gloria eterna.

La Transfiguración del Señor sucedió, según la tradición bíblica, en el monte Tabor, uno de los montes de Galilea, considerado el más alto, que tiene una altura aproximada de 600 metros. Los tres evangelios sinópticos narran este acontecimiento que sucedió en el Tabor y que, por tanto, señala que es un fenómeno que impactó a los seguidores de Cristo o que deja una enseñanza profunda para la vivencia de la fe cristiana. En el caso de Marcos que nos presenta a un Jesús humano, la transfiguración es un adelanto de la Pascua, donde Jesús muestra y revela a sus apóstoles su divinidad, el ser Hijo de Dios, que en Él se cumplen las profecías y promesas del Antiguo Testamento, que Él es el Mesías y Salvador de los hombres.

La Transfiguración ocurre en medio del  desánimo, la frustración y la desesperanza en la que habían caído los discípulos.

IDA Y RETORNO: Oración y acción por Venezuela.

Ilustración: Giovanni Bellini.
Fuente:

sábado, 11 de marzo de 2017

NADA A CAMBIO

Escucharle es atender un grito del prójimo
Marcos Rodríguez

No conocemos cómo se fraguó este relato en la primera comunidad cristiana. Sabemos que es muy antiguo porque Marcos, el primer evangelista que escribió, ya lo narra completamente elaborado.
Es lógico suponer que, una vez que, en la experiencia Pascual, experimentaron lo que Jesús era, trataran de comunicar a los demás esa vivencia que les había dado Vida. Para hacerlo más creíble, lo colocaron en la vida terrena de Jesús justo antes del anuncio de la pasión. De esta manera disimulaban la total ceguera de los seguidores, que no fueron capaces de descubrir quién era hasta después de su muerte.
No podemos pensar en una puesta en escena por parte de Jesús; no es su estilo ni encaja con la manera de presentarse ante sus discípulos. Por lo tanto, debemos entender que no es la crónica de un suceso.
Se trata de una teofanía, construida con los elementos y la estructura de las muchas relatadas en el AT. Probablemente es un relato pascual, retrotraído a la época de su vida pública tiempo después de haberse elaborado.
Veamos algunas razones por las que no podemos entender literalmente el pasaje:
1 - El relato está tejido con los elementos simbólicos, aportados por las numerosas teofanías que se narran en el AT. Nada en él es original; ni siquiera la voz de Dios es capaz de aportar algo nuevo, pues repite exactamente lo que dijo en el bautismo. Se trata de expresar la presencia divina en Jesús, con un lenguaje que todos podían reconocer. Lo importante es lo que quiere comunicar, no los elementos que utiliza para la comunicación.
2 - Si los apóstoles hubieran tenido antes de la pasión y muerte, esta experiencia de lo que era Jesús, no le hubieran abandonado ni negado poco después. No podemos proponerlo como un intento de preparar a los apóstoles para soportar el escándalo de la cruz. Si fue ese el objetivo, el fracaso fue absoluto: “todos le abandonaron y huyeron”.
3 - En los cuatro evangelios está muy claro que los discípulos no entendieron nada de lo que era Jesús hasta después de su muerte. Es en la experiencia pascual donde descubrieron lo que realmente era Jesús. Entonces se dieron cuenta de que todo lo que descubrieron después de su muerte, estaba ya presente en él cuando andaban por los caminos de Palestina. Los exegetas apuntan a que estamos ante un relato pascual. Si se retrotrae a la vida terrena es con el fin de hacer ver que Jesús fue siempre un ser divino.
4 - La gloria y el poder aparecían el domingo pasado como tentaciones para Jesús. Él nunca actuó desde esa perspectiva ni metió a Dios en ella. Mucho menos quiso engatusar a sus seguidores con promesas deslumbrantes. La tentación consiste en buscar la gloria externa y aparatosa que nos coloque por encima de los demás; o por lo menos, que nos acerque a un Dios que nos hemos imaginado todopoderoso, para poder compartir ese poder.
5 - No podemos seguir pensando en un Jesús que lleva escondido en la chistera el comodín de la divinidad, para sacarlo en los momentos de dificultad. Lo que hay de Dios en él, está en su humanidad. Lo divino nunca podrá ser percibido por los sentidos. Es hora de que tomemos en serio la encarnación y dejemos de ridiculizar a Dios.
6 - La única gloria de Dios es su amor. Nada que venga del exterior puede afectarle ni para bien ni para mal. El aplicar a Dios nuestras apetencias de grandeza, es sencillamente ridiculizarle. La única gloria del hombre es manifestar que en él está ya ese mismo amor. El don total de sí, la muerte por amor, es la mayor gloria de Jesús y la de todo ser humano.
7 - Jesús vivió constantemente trasfigurado, pero es ridículo pensar que esa plenitud de ser tenía que manifestarse externamente (hasta en los vestidos) con síntomas espectaculares. Su humanidad y su divinidad se expresaba cada vez que se acercaba a un hombre para ayudarle a ser él. La única luz que transforma a Jesús es la del amor, y sólo cuando manifiesta ese amor ilumina. Sólo en lo humano se trasparenta Dios.
8 - Los relatos de teofanía que encontramos en el AT, son intentos de trasmitir experiencias de seres humanos concretos. Esa vivencia es siempre interior e indecible. No quiere decir que Dios anda haciendo espectáculos de luz y sonido por los montes. Mucho menos que tenga que manifestar su cercanía de manera sensible y espectacular.
Una vez hechas estas aclaraciones, no nos alejamos del evangelio, al contrario, es ahora cuando estamos en condiciones de descubrir el verdadero mensaje del relato. Tratemos de comprender lo que significan cada uno de los símbolos que en él aparecen:
Tomó consigo a tres: La experiencia interior es siempre personal no colectiva, por eso los presenta con sus nombres propios. Recordemos que también Moisés subió a la montaña acompañado por tres personas concretas.
El monte: Es el ámbito de lo divino en todas las tradiciones religiosas. Suponiendo que Dios está en el cielo, lo más cercano al cielo será lo mejor acondicionado para que se manifieste. Los montes más altos son el lugar donde siempre está Dios (Sinaí)
Rostro resplandeciente: la gloria de Dios se comunica a aquellos que están cerca de Él. Moisés al bajar del monte, después de haber hablado con Dios, tuvieron que taparle el rostro porque su luminosidad hería los ojos.
La luz: ha sido siempre símbolo de la presencia de la Gloria de Dios.
La nube: Símbolo de la presencia protectora de Dios. A los israelitas les acompañaba por el desierto una nube que les protegía del calor del sol.
Moisés y Elías: Jesús conectado con todo el AT. La Ley y los Profetas en dialogo con Jesús. El evangelio es continuación del AT pero superándolo.
La voz: la palabra ha sido siempre el instrumento de la acción de Dios, el vehiculo por el que su voluntad se realizaba. Es pues la expresión de la voluntad de Dios.
¡Escuchadlo! Es la clave de todo el relato. Sólo a él, ni siquiera a Moisés y a Elías.
El miedo, aparece también en todas las teofanías. La presencia de lo divino asusta al hombre que se siente empequeñecido. En el AT, miedo incluso de morir por ver a Dios.
La raíz del mensaje del evangelio de hoy, está en proponer a Jesús como la presencia de Dios entre los hombres, pero de manera muy distinta a como se había hecho presente en el AT. Por eso hay que escucharlo. Su humanidad llevada a plenitud es Palabra definitiva.
Escuchar al Hijo es transformarse en él y llevar una vida como la suya, es decir, ser capaces de manifestar el amor a través del don total de sí. No se trata de tener la antena dirigida al cielo para esperar de allí unas palabras. Se trata de descubrir la voz de Dios en el grito desesperado de cada uno de los seres humanos que encontramos en nuestro caminar.
Ni la plenitud de Jesús ni la de ningún hombre está en un futuro propiciado por la acción externa de Dios. La plenitud del hombre está en la entrega total, en cualquier circunstancia, en la dicha y en el sufrimiento.
No está la resurrección después de la muerte ni la dicha después del sufrimiento. La Vida y la gloria están allí donde hay amor como el que Dios nos tiene.
Ni Jesús aguantó el sufrimiento porque esperaba en la resurrección ni a nosotros se nos pide que aguantemos porque después se nos recompensará con creces. No se trata de aspirar a una meta lejana, sino de descubrir una realidad presente.

También la vida de Jesús se presenta como un éxodo, pero el punto de llegada será el Padre que ya estaba en unidad indisoluble con él en el momento de empezar el camino.
¡Qué fácil es caer en la tentación de Pedro! Construir chozas en un mundo soñado, fuera de la realidad, para disfrutar de privilegios egoístas. Se está bien con el Jesús glorioso, pero no queremos saber nada de la cruz. “No puedo cantar ni quiero, a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en el mar”. Nuestra concepción religiosa y nuestros prejuicios sobre un Dios de poder, son el mayor obstáculo para escuchar a Jesús.
El relato está manifestando que a los cristianos les queda aún un paso por dar. No se trata de aceptar el sufrimiento y la prueba como un medio para llegar a “la gloria”. Se trata de ver en la entrega, aunque sea con sufrimiento, la meta de todo ser humano.
El amor es lo único que nos hace hijos de Dios, que es don total y nunca busca nada de nosotros, sino que se da gratuitamente. Darse a los demás porque esperas una recompensa, no tiene nada de cristiano. La meta no está en la “gloria”. La gloria está en el deshacerse por los demás.
Jesús nos descubre otra idea de Dios. Un Dios que se da totalmente sin pedirnos nada a cambio. La idea que nosotros tenemos de recompensa no es más que una ficción. Dios no puede darme más de lo que ya me está dado. No es la esperanza en un premio, sino la confianza de una presencia enriquecedora lo que me debe animar.
La transfiguración nos está diciendo lo que era realmente Jesús y lo que somos realmente cada uno de nosotros. ¡Sal de tu tierra! Abandona tu materialidad y adéntrate por los caminos del Espíritu. Vives exiliado en una tierra extraña, que no es el lugar propio que te pertenece.

Meditación-contemplación
¡Escuchadle a él!
El objetivo no es oír y aprender lo que ha dicho,
sino empaparse de lo que ha vivido para vivirlo nosotros.
Lo importante no es lo que nos ha dicho con palabras,
sino lo que ha manifestado en su propia vida.
.................
No se trata de esperar que se produzca en nosotros una transfiguración,
sino de descubrir nuestro ser no desfigurado.
No tengo que caminar hacia una meta fantástica que me prometen,
sino descubrir ya en mí el más sublime don, Dios mismo.
......................
No se trata de esperar que me añadan abalorios y capisayos externos,
sino de vivir mi realidad esencial que ya está en mí.
Durante mucho tiempo hemos imaginado a Dios en las alturas,
pero está en la profundidad de mi propio ser.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-MR_A_11-2c_.htm
Ilustraciones: Carl Heinrich Bloch y Giovanni Bellini.
Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mt-17-01-09.htm
José Martínez de Toda: http://homiletica.org/JosemartinezdetodaCICLOAPP.htm
Píldoras de la Fe: https://www.pildorasdefe.net
José Enrique Galarreta: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-JE_90-A_11-2c.htm

domingo, 21 de febrero de 2016

ANTÍTESIS

NOTITARDE, Valencia 21 de febrero de 2016
“Caminando con Cristo”
La transfiguración del Señor (Lc. 9, 28-36)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Hoy leemos el texto de la transfiguración de Jesús. Esta escena es la antítesis de las tentaciones del desierto. Los llamados evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) hablan de ambas escenas. Pedro y Juan en sus escritos hablan específicamente de éste acontecimiento de la transfiguración, lo que atestigua que los marcó considerablemente y afirman que fueron testigos de la gloria de Jesús, el Hijo de Dios.(1 Pe. 1,16-ss ; Jn.1,14 ; 1Jn.1,1-ss).
Cristo manifiesta su gloria a tres de sus apóstoles: Pedro, Santiago y Juan. Lo hace para animarlos a la misión, para alentarlos en medio del camino, para que sepan que después de ésta vida nos aguarda una vida sin fin, la gloria junto a Dios y que el bien que podamos hacer en este mundo, en el presente contribuye a esa corona de vida eterna que le espera al cristiano y a toda la Iglesia. Cristo se transfiguró delante de sus apóstoles, antes de padecer, para que ellos pudieran fortalecer su fe y soportar el escándalo que traería su muerte en cruz.
Ante los anuncios de la pasión por la que tenía que pasar Jesús, sus apóstoles andaban desalentados, sin esperanza, confundidos; porque ellos como cualquier otro judío, esperaban un mesías triunfalista, que con su poder destruiría a las fuerzas opresoras de Jerusalén. Por eso, en un clima de oración, en un sitio aparte, Jesús le muestra a sus apóstoles la gloria que les aguarda junto a Él. Jesús les muestra su condición divina y su transfiguración presagia la Resurrección.
Para nosotros hoy y para todos los cristianos el mensaje es claro: necesitamos orar constantemente; necesitamos buscar cada día un espacio para comunicarnos con ese Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Orar es un diálogo confiado y amoroso con Dios.
IDA Y RETORNO: Venezuela necesita de nuestra fuerza, constancia, firmeza y oración.

Cfr.
Enrique Martínez Lozano: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-EML_49-lc-09-28-36.htm
Ilustración: Giovanni Bellini.