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martes, 25 de agosto de 2015

DESERCIÓN Y LEALTAD

Evangelio Dominical: Los leales
Padre José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama vigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B, correspondiente al domingo 23 de agosto de 2015.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 6, 55. 60-69.
"Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna"
Hoy aparecen los primeros desertores de Jesús. ¿Quiénes son?
1. Los primeros desertores están en la gran masa presente en la multiplicación de los panes. Lo quieren proclamar rey. Pero Jesús no acepta ser rey. Más bien, se esconde. Y aquella multitud, que no ha entendido bien su misión, se dispersa.
2. Segundos desertores. Pero algunos de sus seguidores porfían. Entonces Jesús aprovechó para hablarles claramente de su identidad y de su misión.
Él les ofrece el Pan del cielo, que es su carne como único alimento verdadero para el camino hacia el Padre. Al oir esto, muchos comienzan a dudar, inclusive los que se consideraban 'discípulos' suyos (Lc 10,1) y se alejan de Jesús.
Tantos se fueron, que Jesús tuvo que preguntarles a sus 12 Apóstoles:
"¿También ustedes quieren irse?"
Simón Pedro, siempre entusiasta y de buen corazón, hace de portavoz de la comunidad de los discípulos que se mantienen fieles. Y le contesta:
– "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios".
Y se quedó con Él. Así responden los leales.
Y así respondemos también nosotros. En los momentos más difíciles de nuestra propia vida, necesitaremos llenarnos de valor para responder, como Pedro.
O como hicieron los compañeros de luchas del ex-esclavo Espartaco después de su derrota. Cuando fueron capturados, el militar romano les preguntó: "¿Quién es Espartaco?". Y todos se levantaron gritando "Yo soy Espartaco", para protegerle.
Hay muchos otros casos de lealtad ante el peligro del líder.
Y nosotros, ¿somos leales o desertores con Jesús?
Un autor anónimo escribió estos versos, en los que habla Jesús:
Me llamas Camino y no lo andas. Me llamas Vida y no me deseas.
Me llamas Sabio y no me sigues. Me llamas Justo y no me amas.
Me llamas Rico y no me pides. Me llamas Bondad y no confías en mí.
Me llamas Noble y no me sirves. Me llamas Poderoso y no me honras.
Me llamas Justo y no me temes. Si te condeno, no me eches la culpa.>
Aquí se ve que uno es muchas veces leal de palabra, pero desertor en la práctica.
¿Hay momentos difíciles en nuestro seguimiento a Jesús?
Hay momentos en que nos tenemos que definir. Te contaré esta historia:
Una mujer estaba a punto de hacer lo mismo, cuando el muchacho le dijo: "Señora, ¿no me reconoce? Soy ese Jesús que ustedes los cristianos dicen que aman".
La mujer empezó a llorar y lo recibió en su casa. En ese momento aquella mujer hizo la mejor decisión de su vida> (Félix Jiménez, escolapio).
Amar a Jesús es ayudar al necesitado, aun a riesgo de la propia vida.
Jesús contrapone 'espíritu' y 'carne'. ¿Qué significa aquí 'carne'?
Dice Jesús: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada".
La carne simboliza aquí todas las tendencias naturales o afecciones desordenadas (como las llamaría S. Ignacio). Ellas no son malas de suyo, pues han sido creadas por Dios. Pero han sido corrompidas por el pecado original, y hay que tener cuidado con ellas. En ellas predomina el instinto animal, que muchas veces es egoísta, y sólo se interesa por lo de uno mismo de una forma excesiva, sin preocuparse de los demás.
Se pueden resumir en las tres 'P': Plata (el dinero), Placer y Poder. Las tres se pueden tener de una forma inocente y sabia, pero son muy peligrosas, si ellas mandan en nosotros. José Luis Vethencourt decía que en Venezuela mandaba otra P, la de Prestigio.
En cambio, el espíritu viene de Dios, que es amor, generosidad, solidaridad, altruismo. Dice S. Pablo: "Ustedes, hermanos, han sido llamados a vivir en libertad; pero no la libertad que da rienda suelta a sus bajos instintos; más bien, háganse servidores los unos de los otros por medio del amor" (Gálatas 5, 13).
El espíritu nos da ilusión, alegría. En la vida hay que caminar con los ojos abiertos del espíritu, que ve más lejos, y de pronto podemos encontrar tesoros. Te cuento esta historia.
El hombre que le compró el campo observó que había muchas piedrecitas blancas. Y como siempre había tenido curiosidad por la geología, cogió unas cuantas y se las llevó a un geólogo para que las analizara. Y resultó que las fincas encerraban un gran depósito de minerales, necesarios para procesar el aluminio y otros metales. Así que lo revendió a una gran empresa, y se hizo rico.> (Félix Jiménez, escolapio).
La persona superficial mira con los ojos de la rutina, del simple mirón, del curioso, del que se convierte en desertor ante la primera dificultad, es decir con los ojos de la carne.
La persona profunda mira con los ojos de la superación, de la fe, de los leales, del espíritu, del 'Magis' ignaciano, siempre listo para buscar lo mejor.
¿Hay alguna crisis parecida en el Antiguo Testamento?
La 1ª. Lectura de hoy (del libro de Josué) nos habla de una crisis en el pueblo hebreo.
"¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! Porque Él es quien nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto" (Jos 24, 16-17).>
Así debemos reaccionar ante las crisis de hoy contra lo religioso y la Iglesia. El problema hoy en muchos no es el ataque frontal contra Dios, sino el prescindir de Él, no dar importancia a lo cristiano, serle indiferente, pensar que hay cosas más importantes que Jesús.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-leales
Cfr.
Fray Marcos (Rodríguez): http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-06-60-69-MR.htm

domingo, 16 de noviembre de 2014

AFÁN DE SEGURIDADES

Lo que importa es la actitud de servicio a los demás
Fray Marcos
 
Contexto
Mateo sigue con sus amonestaciones. Estamos en el tiempo de la comunidad, antes de que llegue el tiempo escatológico, que aquellos cristianos creían cercano. Cada miembro debe tomar la parte de responsabilidad que le corresponde y no defraudar ni a Dios ni a los demás.
Seguramente en tiempo de Mateo, ya había quien se dedicaba a vivir del cuento, sin dar golpe. Es curioso que las tres parábolas de este capítulo 25 hagan referencia a omisiones, a la hora de advertir de las consecuencias de nuestros actos.
Explicación 
El talento no era una moneda real, sino imaginaria, era como un billete de banco o un pagaré. Era una cantidad desorbitada, que equivalía a 26- 41 kilos de plata = 6.000 denarios; el salario de 16 años de un jornalero. Esto es importante a la hora de apreciar la realidad espiritual significada en esas cantidades.
Para entender lo de enterrar el talento, hay que tener en cuenta, que había una norma jurídica, según la cual, el que enterraba el dinero que tenía en custodia en un pañuelo de cabeza, no tenía responsabilidad civil, si se perdía. Parece ser que era la forma más segura de guardarlo.
Tenemos que empezar con una advertencia sobre la interpretación literal y materialista del texto. Se ha empleado esta parábola para invitarnos a producir y acaparar bienes materiales.
De esta interpretación nace una cultura, en la que toda acción se valora por los resultados. Es uno de los casos en que hemos utilizado el evangelio en contra del evangelio.
Es verdad que el capitalismo es el sistema económico que más riqueza ha creado, pero también ha creado las desigualdades; y el abismo entre ricos y pobres no hace más que aumentar, excluyendo del acceso a los bienes necesarios a una masa cada vez mayor de seres humanos, que, mientras no conste lo contrario, tienen el mismo derecho a vivir. El domingo que viene dirán: “Porque tuve hambre y no me disteis de comer...”
También sería una equivocación interpretar “talentos” como cualidades de la persona. Esta interpretación ha quedado sancionada por el lenguaje. ¿Qué significa tener talento? Pero tampoco es éste el verdadero planteamiento de la parábola.
En el orden de las cualidades estamos obligados a desplegar todas las posibilidades, pero siempre pensando en el bien de todos y no emplear la mayor inteligencia, el mayor ingenio, las mayores habilidades o la mejor preparación, en beneficio propio: para acaparar más y desplumar a los menos capacitados. Eso sí, dando gracias a Dios por ser más listos que los demás.
En todos los órdenes tenemos que poner los talentos a fructificar, pero no todos los órdenes tienen la misma importancia. Como seres humanos tenemos algo esencial y mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no puede ser la principal preocupación.
Los talentos de que habla el evangelio, tienen como fin el hacer al hombre más humano. Y ser más humano significa amar más. Y amar quiere decir don y servicio a los demás. Sólo en esta dirección puede desplegar el hombre su plenitud.
Los talentos a los que hace referencia la parábola, son los bienes esenciales que debemos descubrir. La parábola del tesoro escondido es una pista. No entendida como que hay algo en nosotros, sino descubriendo que somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrir esa realidad.
La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús. El relato del domingo pasado, el de hoy y el del próximo, terminan prácticamente igual: “Entraron al banquete de boda...” “Pasa al banquete de tu señor”. “Venid, heredad el Reino...”. Banquete y Reino son símbolos de la felicidad.
Algunos puntos de la parábola nos resultan difíciles de digerir. En primer lugar, podemos preguntarnos por qué no ha contemplado una tercera posibilidad. Un empleado negocia con sus talentos con la mejor voluntad, pero pierde todo el dinero. Me gustaría saber qué hubiera hecho el señor con él. Estoy seguro que la respuesta no hubiera sido de condena. La parábola apunta más bien a que lo que se valora no son los resultados, sino la actitud de búsqueda y la confianza que los empleados tienen en el amo y en ellos mismos.
En segundo lugar, el que no arriesga el dinero, no lo hace por holgazanería o comodidad, sino por miedo. El siervo inútil no derrocha la fortuna del amo. Simplemente no hace nada. También debía hacernos pensar que se condene tan severamente a uno por no hacer nada. Creo que en nuestra comunidad eclesial, lo que hoy predomina es el miedo. No se deja poner en marcha iniciativas que supongan riesgo de perder seguridades, pero con esa actitud, se está cercenando la posibilidad de llevar esperanza a muchos desanimados.
En tercer lugar, la actitud del señor tampoco puede ser ejemplo de lo que hace Dios con los que no cumplen. Pensemos en la parábola del hijo pródigo que después de la que armó, es tratado por el Padre de una manera completamente diferente. Quitarle al que tiene menos lo poco que tiene para dárselo al que tiene más, tomando al pie de la letra la parábola, sería impropio del Dios de Jesús.
Hay que analizar con más cuidado la actitud del dueño. El que escondió el talento ya se ha privado de él haciendo inútil su existencia. No sólo ha perdido toda posibilidad de hacer que fructifique, sino que realmente lo ha perdido ya. Sólo se conserva lo que se da. Lo que se retiene se pierde.
Es también muy interesante constatar que tanto el que negocia con cinco, como el que negocia con dos, reciben exactamente el mismo premio. Esto indica que en ningún caso se trata de valorar los resultados del trabajo, sino la actitud de los empleados.
Aplicación 
La parábola nos tiene que llevar a un serio examen de todos los aspectos de nuestra vida. Ningún ámbito se puede escapar a la crítica que la parábola hace de la pasividad. Las posibilidades (talentos) que tenemos en el orden del ser son inmensas. Hay que dedicar tiempo a descubrirlas, y sobre todo no hay que tener miedo al riesgo de ponerlos a funcionar, es decir, a disposición de los demás. No se trata de negociar con los talentos para el provecho propio. Se trata de ponerlos al servicio de toda la comunidad.
Si nos quedamos en el orden de las cualidades, podíamos concluir que Dios es injusto, porque ha dado más a unos que a otros. No es en ese ámbito donde está la valoración. Lo que se juzga no son las cualidades, sino el uso que yo hago de ellas. Tenga más o menos, lo que se me pide es que las ponga al servicio de mi auténtico ser y, por tanto, al servicio de todos.
En el orden del ser, todos somos exactamente iguales. Cuando percibimos esas diferencias es que estamos haciendo referencia a lo accidental. En el orden del ser todos tenemos miles de talentos. Esos no dependen de las circunstancias ni externas ni internas. Las bienaventuranzas lo dejan claro. La verdadera salvación está al alcance de todos.
La parábola nos está hablando de una dinámica de progreso, de evolución constante hacia lo no existente, mejor dicho, hacia lo no descubierto todavía. El único pecado del hombre es negarse a profundizar, refugiar­se en lo ya conseguido y disfrutar cómodamente de lo ya descubierto. El ser humano tiene que estar volcado hacia su interior para poder desplegar todas sus posibilidades.
Todo el pasado del hombre (y de la vida) no es más que el punto de partida, la rampa de lanzamiento hacia mayor plenitud. Claro que la tentación está en querer asegurar lo que ya tengo, enterrar el talento. Tal actitud no demuestra más que falta de fe (confianza) en uno mismo y en la vida, y por lo tanto, en Dios. Es la tentación de todos los tiempos.
Los judíos del tiempo de Jesús prefirieron seguir confiando en el cumplimiento de la Ley y en el templo, que abrirse a la novedad del amor.
Lo primero que tenemos que hacer es tomar conciencia de la riqueza que ya tenemos. Unos no llegan a descubrirlos y otros los esconden. El resultado es el mismo. No es nada fácil, porque nos han repetido hasta la saciedad, que estamos en pecado desde antes de nacer, que no valemos para nada, que estamos enfangados en el mal y que no podremos nunca salir de allí. La única salvación posible tiene que venirnos de fuera.
Lo malo es que nos lo seguimos creyendo. El relato del camello que se negaba a moverse porque se creía atado a la estaca, aunque no lo estaba, es el mejor ejemplo de nuestra postura ante la religión. O el león que vivía con las ovejas como un borrego más sin enterarse de lo que era.
Todo afán de seguridades, todo afán de instalarse en verdades absolutas y normas de conducta inmutables, carecen de todo sentido cristiano. Ninguna presencia de Dios es definitiva; hace siempre referencia a un más allá. Estamos aquí para evolucio­nar, para que la vida nos atraviese y salga de nosotros enriquecida.
El miedo no tiene sentido, porque la fuerza y la energía no la tenemos que poner nosotros. No podemos convertir la religión en una valla de protección que me da seguridades y me aísla de todo lo demás. Creer es confiar, perder todo miedo incluso al fracaso. El miedo es lo más contrario a la fe.
Meditación-contemplación
No hay un “yo” que posea un tesoro.
Soy, realmente, un tesoro de valor incalculable.
Sólo hay un camino para poder disfrutar de lo que soy:
poner toda esa riqueza a disposición de los demás.
…………………
Es la gran paradoja del ser humano.
Alcanza su plenitud cuando se da plenamente.
Esto va en contra de lo que nos dicen los sentidos e incluso la razón.
Por eso es tan difícil convencerse de ello.
………………
Hay una única manera de descubrir la trampa.
Bajar a lo hondo del ser y descubrir lo auténtico.
Hacer oídos sordos a la sirena de los sentidos.
No hacer caso a los discursos hedonistas de la razón.

Fuente:
Cfr. Mons. Antonio José López Castillo (Arzobispo de Barquisimeto): http://elimpulso.com/articulo/arquidiocesana-tus-talentos
Ilustración: Mario Radice.

miércoles, 8 de octubre de 2014

EL BYTE COMERCIAL

¿No es mejor una Ley de Promoción y Desarrollo del Comercio Electrónico?
Luis Barragán

En fecha  1ro. de octubre de 2014, la Comisión Permanente de Administración y Servicios consideró y aprobó la conversión del borrador en Proyecto de Ley de Regulación del Comercio Electrónico para su primera discusión en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional, y, en fecha 8 de los corrientes, levantó la sanción a la espera del correspondiente estudio de impacto económico. En una ocasión, escuchó a distintos funcionarios de CONATEL, Ministerio Público, Defensoría del Pueblo, y de la Dirección de Desarrollo Legislativo del parlamento nacional; y, en otra, a representantes de un gremio del empresariado digital, como a un empresario independiente, además de otros funcionarios del Ejecutivo Nacional.

En la primera oportunidad, fijamos nuestra postura que, luego, reflejamos en una declaración pública, mientras que, en la segunda, respaldamos el levantamiento de la sanción. Es necesario aclarar la necesidad de evitar el discurso polarizador, lo cual no significa sacrificar la propia concepción que tenemos del mercado electrónico: el consenso básico y necesario ha de partir del reconocimiento de las diferencias para administrarlas y conquistar una normativa justa, sobria, equilibrada, eficaz y convincente.

Por lo  que respecta al suscrito, el comercio electrónico no requiere de una legislación predominantemente punitiva, sobre todo cuando hay leyes ordinarias  de factura relativamente reciente que contribuyen a corregir sus desviaciones delictivas.  Asumimos la posibilidad de un instrumento que también promueva y desarrolle la actividad privada en el medio, dándole un soporte jurídico firme y sistemático, pues, por una parte, como refirió un vocero del oficialismo, luce necesario superar la “buhonería electrónica”, y, por la otra, existen igualmente  normas específicas y  dispersas que aconsejan un esfuerzo de ordenamiento que, en última instancia, apunte a la seguridad jurídica.

Condenamos las prácticas que van más allá de la deslealtad en el comercio digital, trastocadas en sendos estafas y otros fraudes, pero también de problemas muy particulares, inherentes a su  transparente desenvolvimiento, como el de la facturación electrónica. Incluso, renglón de extraordinaria relevancia en las redes, la banca comercial, pública y privada,  puede ilustrarnos de una inmensidad de situaciones, aspectos e incidentes capaces de ayudar a tomar las previsiones necesarias para que prospere una alternativa tan propia del siglo.

Señalamos en la aludida Comisión que, si se tratara de un enfoque exclusivamente punitivo, hay instrumentos legales de más o menos reciente data que tocan la materia, pues,  si hablásemos de un tema recurrente como el de los portales engañosos, un año atrás fue sancionada la Ley que Regula la Compra y Venta de Vehículos Automotores (pendiente todavía de la promulgación o devolución), está vigente la  Ley Orgánica Contra la Delincuencia Organizada, existe  la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso para los Bienes y Servicios (con un capítulo específico relacionado con el comercio electrónico), por no citar la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas, al igual que un conjunto de resoluciones y providencias que, presumimos, resultan indispensables para una mínima regulación de la actividad. Por lo demás, no parece fácil innovar en ámbitos como el derecho penal, la criminología y la propia criminalística, si no existe – por lo menos -  una real y efectiva relación estadística  de los delitos recurrentes,  añadidas aquellas  actividades que puedan realmente considerarse novedosas y que escapen de la labor jurisprudencial.

Obviamente, hay motivos para pensar en un escenario indeseable como es el propio intento gubernamental de limitar, condicionar, bloquear o censurar el empleo de la red de redes en Venezuela, como ocurre ya en otros ámbitos muy reales y convencionales, aunque el diputado oficialista Claudio Farías, presidente de la Comisión, lo desmintió en la más reciente sesión.  Sin embargo, hallamos países que ni siquiera se plantean el problema de la brecha digital, porque la interconectividad prácticamente no existe, como en Cuba, o, existiendo, está bajo un fortísimo control gubernamental, como en la China de un pujante desarrollo capitalista.

Más que una Ley de Regulación del Comercio Electrónico, pensamos en una orientada a su decidida promoción y desarrollo que contemple, sistematice y particularice el aspecto penal, innovándolo, como una faceta más en el contexto de metas más ambiciosas. A propósito del proyecto de marras, las comunidades de usuarios y proveedores tienen la palabra.
Ilustración: Mario Radice, 1934.

domingo, 5 de octubre de 2014

LECTURA HONESTA

Crisis religiosa
José Antonio Pagola

La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.
Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón…?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”… ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?

Fuente:
Ilustración: Mario Radice.

martes, 23 de septiembre de 2014

LA OTRA LÓGICA

Parábola del propietario generoso. Mirada enferma
José Antonio Pagola

A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistia una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como un misterio de bondad insondable que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio. Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo. Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da un denario: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir. Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: Vas a tener envidia porque yo soy bueno? ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar? ¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas como lo haíamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación? Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad? Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona. Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza. 
Enseñanza de Jesús en la parábola
A) Jesús proclama ante todo, a través de esta parábola, la bondad de Dios. Dios es Alguien que no excluye de su bondad a nadie ni siquiera a los que son tenidos por últimos, a los despreciados, a los pecadores, publicanos. Dios ofrece también su salvación a los que han hecho muy poco o nada; incluso a estos últimos quiere darles lo que merecen. Así es Dios con todas las gentes.
B) Esta bondad de Dios sobrepasa nuestra idea de justicia. Dios no descuida a nadie, no deja de premiar a nadie, no queda en deuda con ninguno, a nadie hará injusticia. Por eso nadie podrá presentarse con reclamaciones justificadas ante Dios. La bondad de Dios no podrá quedar encerrada dentro de las ideas de justicia que nosotros manejamos.
C) Esta idea que Jesús anuncia quiere decir que Dios no recompensa simplemente a las perdonas según lo que hagan -no queda atado a lo que hacen los hombres- como si fuera un distribuidor automático que da a cada uno lo que merece… Eso es falso: Dios no da a cada uno lo que merece -desde luego que no le dará menos- pero le dará más, le puede dar más. La actuación de Dios para con los hombres es fruto de su bondad, la cual no entra dentro de nuestras categorías y nuestros criterios de justicia humana.
D) La bondad de Dios es lo que explica y justifica la actitud de Jesús. El se acerca también a los últimos, a los pecadores… porque sencillamente es El la encarnación de ese Dios de Bondad. Por eso, Jesús es siempre un Evangelio, una Buena Noticia para los últimos, para los que tienen muy poco que presentar, para los pecadores.
E) La actitud bondadosa y generosa de Dios y de Jesús solamente resultan escandalosas para quienes todavía no entienden a Dios ni han comprendido quién es El. Pero todo el que se extrañe, se escandalice de que Dios es así, tiene que pensar ante todo si en su corazón no habrá envidia y falta de amor. Porque no se puede murmurar contra la bondad de Dios. Pedirle cuentas de por qué a los otros más aunque merezcan menos será actuar con envidia. Ante la bondad de Dios nadie puede decir nada.
La enseñanza de la parábola en Mateo
Mateo recogió esta parábola y le pareció situarla donde lo ha hecho para así explicar la frase de “muchos primeros…”
Esta idea es de Jesús: “la idea de que habrá un cambio de situaciones” y va dirigida a sus discípulos para los que llegará un día en que se sentarán a juzgar las doce tribus de Israel. Llegará un día en el que se dará la justicia que aquí no se da.
Mateo pudo tener otra intención: si uno conoce un poco el Evangelio de Mateo sabe que tienen en su evangelio una intención eclesial. Habla mucho de la Iglesia, del nuevo Israel en contraste con la sinagoga. Y por eso, probablemente quiere dar aquí una catequesis eclesial. La comunidad estaba formada por judeocristianos y cristianos procedentes de la gentilidad y probablemente quiere recordar lo siguiente: “que dentro de la comunidad cristiana los judeocristianos no se sientan con más derechos que los demás, no se sientan los primeros porque Dios es tan bueno que quiere coger también a otros últimos, los provenientes del paganismo. (recuerda esta idea en 8, 11). Pero esta lección de Mateo es secundaria en esta parábola.
La predicación de la parábola HOY
A) Esta parábola nos está diciendo que a Dios tenemos que presentarle como un Dios cuya característica principal es: una actitud de bondad, generosidad hacia los últimos. Dios es inexplicablemente bueno. Esto es lo que tiene que decir un cristiano. Y que su bondad no puede quedar encerrada en nuestros criterios y en las medidas estrechas de la justicia humana. Rebasa todos nuestros cálculos.
B) Es también una crítica de un Dios manipulado por el hombre. Dios no es alguien encadenado y que tenga que estar pendiente de cada uno de nosotros para saber qué nos tiene que dar. Dios es mucho más grande que todo eso. Dios no dará a nadie menos de lo que le corresponde. Dará eso y también lo no merecido.
C) Es también una crítica de cualquier postura religiosa en la que el ser humano se sienta con algún derecho de reclamación ante Dios. Esta parábola recuerda otra muy importante: Lc. 17, 1-10. Ante Dios nadie puede presentarse con reclamaciones: “Cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado decid: somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hace”. Es también una crítica de la religión concebida como una adquisición de derecho ante Dios. Todo el que crea que por oír misa… tiene unos derechos ante Dios, se equivoca. Pero hay que saber las dos cosas: considerarse “siervos inútiles “ y esperar más de lo merecido.
D) Es asimismo una crítica terrible contra aquellos que, basándose en la autenticidad de su vida, se creen con derecho a poseer a Dios de manera especial. Se creen los primeros. Cualquier postura de tipo sectarista, creernos un grupo selecto, que monopolizamos a Dios, que somos del Vaticano o de Trento… que merecemos una bendición especial de Dios, nos equivocamos totalmente. Nadie puede colocarse ante Dios creyendo que tiene derecho especial de gozar su bendición, de su ayuda y de su recompensa divina con anterioridad y con preferencia a otros.
E) Es una crítica para los que se escandalizan y se extrañan de que Dios, Cristo o su Iglesia adoptan una postura de bondad o de preocupación especialmente por los últimos… de cualquier orden que sean. El escandalizarse de que la Iglesia se preocupe de ellos es un signo bien claro de que no conocemos la bondad de Dios. También los que pertenecemos a la Iglesia podemos caer en ese escándalo. El Evangelio es una Buena Noticia para los últimos y para quienes comprenden que Dios es para esos últimos.
F) Una comunidad que desea hoy encarnar a Cristo y anunciar su mensaje, que quiera descubrir al Dios cristiano en el mundo actual, tiene que ser una comunidad que ante la gente adopte una postura no sólo de estricta justicia sino una bondad generosa para los últimos. Si una comunidad quiere descubrir a ese Dios, al que no se le puede medir con categorías humanas de justicia, tiene que comprender que, a la hora de relacionarse unos con otros, su actuación no tiene que ser de injusticia. Una comunidad cristiana no hace injusticia a nadie y tiene que ofrecerse a las personas, a los marginados, a los pecadores… y saber dar lo que no merece la gente por Dios es así: es bueno y sabe dar a cada uno lo que no merecemos.
Mirada enferma
Jesús había hablado a sus discípulos con claridad: "Buscad el reino de Dios y su justicia". Para él esto era lo esencial. Sin embargo, no le veían buscar esa justicia de Dios cumpliendo las leyes y tradiciones de Israel como otros maestros. Incluso en cierta ocasión les hizo una grave advertencia: "Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de Dios". ¿Cómo entendía Jesús la justicia de Dios?
La parábola que les contó los dejó desconcertados. El dueño de una viña salió repetidamente a la plaza del pueblo a contratar obreros. No quería ver a nadie sin trabajo. El primer grupo trabajó duramente doce horas. Los últimos en llegar sólo trabajaron sesenta minutos.
Sin embargo, al final de la jornada, el dueño ordena que todos reciban un denario: ninguna familia se quedará sin cenar esa noche. La decisión sorprende a todos. ¿Cómo calificar la actuación de este señor que ofrece una recompensa igual por un trabajo tan desigual? ¿No es razonable la protesta de quienes han trabajado durante toda la jornada?
Estos obreros reciben el denario estipulado, pero al ver el trato tan generoso que han recibido los últimos, se sienten con derecho a exigir más. No aceptan la igualdad. Esta es su queja: «los has tratado igual que a nosotros». El dueño de la viña responde con estas palabras al portavoz del grupo: «¿Va ser tu ojo malo porque yo soy bueno?». Esta frase recoge la enseñanza principal de la parábola.
Según Jesús, hay una mirada mala, enferma y dañina, que nos impide captar la bondad de Dios y alegrarnos con su misericordia infinita hacia todos. Nos resistimos a creer que la justicia de Dios consiste precisamente en tratarnos con un amor que está por encima de todos nuestros cálculos.
Esta es la Gran Noticia revelada por Jesús, lo que nunca hubiéramos sospechado y lo que tanto necesitábamos oír. Que nadie se presente ante Dios con méritos o derechos adquiridos. Todos somos acogidos y salvados, no por nuestros esfuerzos sino por su misericordia insondable.
A Jesús le preocupaba que sus discípulos vivieran con una mirada incapaz de creer en esa Bondad. En cierta ocasión les dijo así: "Si tu ojo es malo, toda tu persona estará a oscuras. Y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!". Los cristianos lo hemos olvidado.
¡Qué luz penetraría en la Iglesia si nos atreviéramos a creer en la Bondad de Dios sin recortarla con nuestra mirada enferma! ¡Qué alegría inundaría los corazones creyentes! ¡Con qué fuerza seguiríamos a Jesús!

Fuente:
Ilustración: Mario Radice