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sábado, 7 de octubre de 2017

ENSEÑANZAS DE UNA PARÁBOLA

Evangelio dominical: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 27° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al domingo 8 de octubre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 21,33-43.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
¿Tenemos algún virus que nos va comiendo internamente?
            Espero que no. Pero escucha esta historia:
(Félix Jiménez, escolapio).
Nosotros somos también como la medusa: con avidez nos comemos los caracolitos, aparentemente inofensivos. Los caracolitos son el alcohol, la ira, avaricia, depresión, preocupación, ansiedad… Van creciendo y nos van comiendo y acabando con nosotros.
Uno de esos caracolitos es el robo y la codicia, que lleva a los mayores asesinatos. Aparece en la parábola de los empleados malvados.
¿Qué cuenta esta parábola?
Es una parábola importante, pues sólo ella está en los tres Sinópticos junto con la parábola del Sembrador (13:-23) y la dela Semilla de Mostaza  (13:31-32). 
La parábola habla de una viña recién plantada, que el dueño encargó a un grupo de trabajadores. Al principio no da mucha uva, pero el dueño debe estar pendiente de colectar su cosecha puntualmente y de hacerse presente en la viña por sí o por sus representantes, porque la ley judía permite a la gente apoderarse y “establecer la propiedad de una viña, si pueden demostrar que han tenido posesión de ella durante tres años sin que nadie más la reclame” (Mishnah, B. Bat. 3:1). 
Por eso el dueño de la viña manda a sus criados a nombre suyo a hacer acto de presencia y a recolectar el fruto; pero los labradores los apalean y matan, pues quieren quedarse con la viña.
Por fin, el dueño manda a su propio hijo, pensando que los labradores lo respetarán. Pero ellos ven la muerte del hijo como su gran oportunidad para quedarse con la viña. Echan fuera al hijo antes de matarlo. Si lo hubieran matado dentro de la viña, la tierra se habría hecho impura, y peligraría la venta del producto.
¿Qué hará el dueño con estos trabajadores?, pregunta Jesús a los sumos sacerdotes.
Estos responden: -“Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos  a sus tiempos.”
¿Qué simboliza esta parábola?
El dueño de la viña es Dios.
 -- los empleados son el pueblo de Israel y sus líderes religiosos
 -- los siervos son los profetas
 -- el hijo es Jesús
 -- los otros empleados podrían representar la iglesia.
Dios envió a su pueblo a profetas y a su mismo Hijo Jesús para recoger los frutos de la viña: una vida recta, buenas obras, justicia y fidelidad, amor y compasión, generosidad y perdón. Dios envió a los profetas y a Jesús, como Mesías e Hijo de Dios, Jesús tiene un papel único y decisivo.
Pero los israelitas los maltrataron y mataron.
 El asesinato del Hijo fuera de la viña corresponde a la muerte de Jesús sobre el Gólgota, fuera de Jerusalén (27:33). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12).
En la historia de Jesús, el resultado no es la destrucción de la viña, sino su transferencia a “otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos” (v. 41). La misión del cuidado del pueblo de Dios se pasa a los Apóstoles y discípulos del Señor.
            Y  de Jesús se dice: “La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo”. La piedra rechazada – el Cristo crucificado — se convierte en la piedra principal del nuevo edificio de Dios. Yla Iglesia es su instrumento visible.
¿Qué enseñanzas sacamos de esta parábola?
La parábola nos enseña muchas cosas sobre Dios y cómo se relaciona Él con nosotros.
1-En primer lugar vemos la previsión, providencia y generosidad de Dios: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda”. Antes de que Dios te confíe una misión, te hace provisión de todo lo que necesites para llevar adelante tal responsabilidad. Nos lo pone a nuestro alcance sin merecerlo. Esto es lo que significa que lo tenemos ‘por la gracia de Dios’. La misma vida es un privilegio. Debemos hacer que ella produzca buenos frutos, que presentaremos a Dios en el día de la cosecha.
2-“La arrendó a unos labradores y se marchó de viaje”. Esto muestra la confianza que Dios tiene en nosotros. Él confía en que hagamos lo correcto. Pero, por desgracia, muchos de nosotros no lo hacemos.
3- También nos da Dios la libertad para usar o abusar de nuestros privilegios. Esta parábola de los empleados malvados trata de los abusos de la libertad.
4-Pero todo esto supone por parte nuestra un sentido de responsabilidad. Nos hacemos responsables del uso que hagamos de estos privilegios.
5-La parábola ilustra la paciencia que Dios tiene con nosotros. Dios nos envía mensajero tras mensajero para que le rindamos cuenta de lo que le debemos, para que acabemos con nuestra rebeldía y hagamos lo correcto. Pero no hacemos caso. Y Él nos envía a su propio Hijo, pero nosotros acabamos con él. El robo y la codicia lleva a los mayores crímenes. 
¿Qué hacer para dominar nuestras preocupaciones?
Todos tenemos dentro un caracol que nos quita el sueño, que nos roba la paz, que nos produce úlceras, que nos impide saludar a los hijos, que nos pone tristes, que nos devora y ahoga: falta de buen empleo, enfermedad…
San Pablo nos dice hoy en la 1ª Lectura de hoy (Fil 4, 6-9):
-“No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias”.
La oración es el antiveneno para destruir la concha no digestible del caracol, que lleva dentro. Nos permite vivir en la presencia del Dios de la paz.

Fuente:
Cfr.
Pieza: Gian Lorenzo Bernini.

NUEVO PUEBLO DE DIOS

NOTITARDE, Valencia, 8 de octubre de 2017 
“Caminando con Cristo”
“Los viñadores homicidas” (Mt.21, 33-43)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos ubica de nuevo en el contexto del diálogo de Jesús en el Templo de Jerusalén con los jefes religiosos de Israel que le habían preguntado ¿con qué autoridad enseñaba? Y tanto el domingo pasado, con la parábola de los dos hijos y hoy con la parábola de los viñadores homicidas les echa en cara su hipocresía, su incoherencia de vida, su incapacidad para ver y reconocer los signos mesiánicos presentes delante de sus ojos, la soberbia de creerse ya salvados y dueños del mensaje de la salvación. Por esto, la parábola de hoy tiene como mensaje central el traspaso del Reino a otro pueblo y específicamente a la Iglesia que es el nuevo Pueblo de Dios y de la cual Cristo es fundador y piedra angular. Un Pueblo llamado a esparcir la semilla del evangelio, de la Buena Noticia de salvación a todos los pueblos de la tierra y a dar frutos de santidad y buenas obras. Los personajes de la parábola son el Dueño de la Viña, los labradores, los mensajeros y el Hijo del Dueño. Llegó el tiempo de la vendimia y el dueño de la viña manda mensajeros para recibir lo frutos que le corresponden y se encuentra con la negativa de los viñadores que se adueñaron de la viña y fueron capaces de maltratar, golpear, apedrear y hasta matar a los mensajeros y al hijo del dueño. Si describimos a los personajes de la parábola, queda así: El Dueño de la Viña representa a Dios Padre, los viñadores son los jefes religiosos del pueblo de Israel, los mensajeros son los antiguos profetas, incluyendo al último y precursor del Señor, Juan El Bautista, al que Jesús mencionó explícitamente en la parábola de los dos hijos y el hijo del dueño representa a Jesús, entregado en manos de los jefes religiosos de Israel. La vendimia, el castigo de los viñadores asesinos y la entrega de la Viña a otros labradores representa la llegada del Reino de Dios, la admisión de los pueblos paganos al Nuevo Pueblo de Israel.

IDA Y RETORNO: El próximo domingo es necesario votar.

Fuente:
Cfr.
Ilustración: Kristin Miller.
Breve nota LBPor cierto, importante que el Padre Núñez Flautes, empleé el Twitter para difundir su homilía aniversaria de la parroquia valenciana.(https://twitter.com/prdelsenor): las redes ofrecen un extraordinario recurso para la evangelización, sobre todo con las homilías. Digamos, un aporte de esperanza y de cordura, frente al galopante discurso irracional del poder establecido.

domingo, 5 de octubre de 2014

ANGULAR

NOTITARDE, Valencia, 5 de octubre de 2014
"Los viñadores homicidas" (Mt.21, 33-43)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos ubica de nuevo en el contexto del diálogo de Jesús en el Templo de Jerusalén con los jefes religiosos de Israel que le habían preguntado ¿con qué autoridad enseñaba? Y tanto el domingo pasado, con la parábola de los dos hijos y hoy con la parábola de los viñadores homicidas les echa en cara su hipocresía, su incoherencia de vida, su incapacidad para ver y reconocer los signos mesiánicos presentes delante de sus ojos, la soberbia de creerse ya salvados y dueños del mensaje de la salvación. Por esto, la parábola de hoy tiene como mensaje central el traspaso del Reino a otro pueblo y específicamente a la Iglesia que es el nuevo Pueblo de Dios y de la cual Cristo es fundador y piedra angular. Un Pueblo llamado a esparcir la semilla del evangelio, de la Buena Noticia de salvación a todos los pueblos de la tierra y a dar frutos de santidad y buenas obras. Los personajes de la parábola son el Dueño de la Viña, los labradores, los mensajeros y el Hijo del Dueño.
Llegó el tiempo de la vendimia y el dueño de la viña manda mensajeros para recibir los frutos que le corresponden y se encuentra con la negativa de los viñadores que se adueñaron de la viña y fueron capaces de maltratar, golpear, apedrear y hasta matar a los mensajeros y al hijo del dueño. Si describimos a los personajes de la parábola, queda así: El Dueño de la Viña representa a Dios Padre, los viñadores son los jefes religiosos del pueblo de Israel, los mensajeros son los antiguos profetas, incluyendo al último y precursor del Señor, Juan El Bautista, al que Jesús mencionó explícitamente en la parábola de los dos hijos y el hijo del dueño representa a Jesús, entregado en manos de los jefes religiosos de Israel. La vendimia, el castigo de los viñadores asesinos y la entrega de la Viña a otros labradores representa la llegada del Reino de Dios, la admisión de los pueblos paganos al Nuevo Pueblo de Israel y la promesa del retorno de Dios que traerá consigo la justicia y la paz.
Con la parábola, aparte de lo ya expresado, Jesús anuncia su muerte, lo que luego dirá abiertamente a sus discípulos: "El Hijo del Hombre será entregado en manos de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, será matado y resucitará al tercer día" (los tres anuncios de su pasión que recoge de manera especial San Marcos). También proclama su divinidad, porque les hacer ver a los fariseos y saduceos que Él es el Hijo de Dios, enviado por el Padre, al que ellos acosan y le quieren dar muerte.
La Iglesia es ese nuevo Pueblo de Dios, que le toca dar frutos, en cuyo seno se encuentran sobre todo los pobres y marginados, aquellos que eran excluidos por la cultura judía (como sucede en las grandes ciudades de hoy, en el mundo de la técnica, que trae progreso, pero también miseria, hambre y donde algunos, por distintas circunstancias, entre ellas las injusticias se quedan al margen de la sociedad) y específicamente por los jefes religiosos de Israel que sentenciaban que los paganos, los pobres, los pecadores públicos estaban fuera de las promesas de salvación. Por eso, llega a decir Jesús: "Yo no he venido para los sanos, sino para los enfermos, no he venido para los justos, sino para los pecadores". 
No es que Jesús aplaudiera y ensalzara sus pecados y debilidades, sino que les brindó la oportunidad de cambiar, como lo sigue haciendo hoy con nosotros que somos, por el bautismo, miembros vivos de su pueblo, necesitados de su perdón y misericordia, porque a diario fallamos; invitados a vivir en la caridad que es el núcleo del mensaje cristiano; caridad dentro de la Iglesia, donde encontramos a hermanos pobres, desvalidos, olvidados, caridad hacia fuera de la Iglesia, teniendo la conciencia de luchar por una sociedad más humana, justa, solidaria, fraterna, empezando por transformar mi propio entorno, mi familia, mi lugar de estudio o trabajo; más que con las palabras con el testimonio de vida; no como los escribas o fariseos que ofrecían un discurso y un ritual vacío; sino como Cristo, cuya expresión máxima de su amor por la humanidad fue la entrega en la cruz.
Ida y retorno: Les comparto con alegría y gratitud al Señor, que el miércoles 1 de octubre, Mons. Reinaldo Del Prette, anunció personalmente en la Iglesia de La Esmeralda, municipio San Diego, que la va a elevar como nueva parroquia eclesiástica de nuestra Arquidiócesis y que yo seré el párroco fundador. Agradezco públicamente a Mons. Reinaldo esta designación y decisión. Agradezco también el trabajo que por muchos años realizó el hasta ahora párroco de San Diego, Padre Benito Ramírez y pido al Señor y a su Santísima Madre, que bendigan a esta nueva parroquia, que sea desde ya una parroquia misionera, abierta a llevar con alegría la Buena Nueva del Evangelio. Que bendiga a todos los que forman y formarán parte de esta gran familia de La Resurrección de El Señor. Pido que bendiga mi ministerio como párroco y me encomiendo a sus oraciones para que yo sea fiel a lo que me pide Cristo y la Iglesia.

Ilustración: Alejandro Soto.

LECTURA HONESTA

Crisis religiosa
José Antonio Pagola

La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.
Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón…?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”… ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?

Fuente:
Ilustración: Mario Radice.

CONTINUIDAD

NOTITARDE, Valencia, 5 de octubre de 2014
Judios católicos
Isabel Vidal de Tenreiro 

A Jesucristo le gustaba tomar las imágenes del trabajo y de su tierra para configurar sus parábolas.  Así a veces nos hablaba de rebaños, ovejas y pastores, y otras veces nos hablaba de viña, vid y uvas.
Un día habló de una viña suya, que arrendó a unos viñadores mientras se iba de viaje (Mt. 21, 33-43).  Cuando llegó el momento de la vendimia o cosecha de las uvas, envió a sus empleados a cobrar la parte que le tocaba, pero los viñadores mataron uno a uno a cada empleado que fue enviando el dueño.  Decidió éste enviarles a su hijo, pensando que a ése sí lo respetarían, pero muy por el contrario, lo asesinaron también -nos dice la parábola- para eliminar al heredero y quedarse con la propiedad.
Jesús hablaba en ese momento a los líderes del pueblo de Israel.  Y al final del cuento les hace saber que ellos son el pueblo elegido, pero que al rechazar a cada uno de los enviados de Dios y también al Hijo de Dios, el Reino de Dios sería dado "a un pueblo que produzca frutos".
Por supuesto, ese pueblo que rechazó a todos los enviados de Dios (los profetas) y los mató, y terminó matando al Hijo de Dios, fue el pueblo de Israel.  Aunque no todo, porque algunos judíos, comenzando por los Apóstoles y discípulos, no siguieron a esos líderes y sí aceptaron a Jesús como el Mesías.  Por cierto, hay algunos judíos que en estos momentos están dándose cuenta que Jesús es el Mesías prometido y que la Iglesia Católica es la continuación del pueblo de Israel.(http://www.salvationisfromthejews.com)

Ilustración: Aldo Galli.