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domingo, 16 de septiembre de 2018

CRUZ Y DEPORTE

Evangelio Dominical: Cesarea de Filipo
José Martínez de Toda, S.J.

XXIV domingo tiempo ordinario B. Comentario sobre el Evangelio que se proclama el 24° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 16 septiembre 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 8, 27-35

“El  que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo”

 ¿Dónde ocurrió este episodio tan importante del evangelio?

En Cesarea de Filipo (v. 27a), al pie del Monte Hermón (2.200 m).  Esto es lo más al norte que llegó Jesús en sus travesías. Allí había un templo al emperador César, que lo convertía en dios. Filipo era hijo de Herodes el Grande. Llamaron a esta ciudad ‘Cesarea de Filipo’, para distinguirla de otra ciudad Cesarea, localizada en la orilla mediterránea.

Fue aquí, en este ambiente impregnado de la deificación del emperador César, donde Cristo presentó esta ‘encuesta de opinión’“¿Quién dice la gente que soy yo?”.

Los discípulos respondieron:

-“Unos dicen que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que alguno de los profetas” (vv. 27-28).

Se ve que la gente pensaba que Jesús no era el Mesías, sino un Gran Hombre, como los grandes de su historia.

Pero esto no era por culpa de Jesús, sino por la idea falsa que tenían de lo que debía ser el Mesías.

Los judíos pensaban que el Mesías, como sucesor de David, sería un militar, que echaría fuera al ejército romano, restableciendo la gloria de Israel y abriendo paso a una edad de oro. Y para ello utilizaría la dominación militar o económica.

Pero veían que Jesús no se inclinaba por el poder y la fuerza. Por eso no lo consideraban como Mesías.

De todas formas, Jesús quiere aclarar este punto con sus discípulos, y por eso les pregunta de nuevo: "¿Quién dicen ustedes que soy yo?"

Éste es el pasaje central en el evangelio de S. Marcos, en que revela la identidad de Jesús como Mesías.

Toda la primera parte de este evangelio va llevando a este momento crucial; y la segunda parte brota de aquí, pues cuenta cómo se cumplió esta misión del Mesías hasta la cruz y su resurrección.

 ¿Qué responden los apóstoles a esta segunda pregunta?

Pedro se convierte aquí en vocero de los apóstoles, y da la respuesta correcta:

- “Tú eres el Cristo, el Mesías”. (v. 29).

Mesías significa “ungido.”  Los judíos ungían a tres grupos de gente: a sacerdotes, a profetas, y a reyes.  Jesús pertenece a cada uno de ellos.

Jesús trata de explicarles con precisión lo que esto significa. Y les dijo:

“El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y escribas. Tiene que ser ejecutado y resucitar a los tres días”.

Esto sí que no entró por la cabeza de Pedro. Y tomó aparte a Jesús, y de una forma vehemente trató de convencerle de que ése no era el camino para ser Mesías.

En ese momento Jesús le gritó delante de todos:

“ Quítate de en medio, Satanás, porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres” (v. 33b).

Aquí, como decimos familiarmente, Pedro metió la pata. Antes había dicho la frase correcta: “Tú eres el Mesías”. Pero ahora Jesús le llama ‘Satanás’.  En un abrir y cerrar de ojos, Pedro ha pasado de ser el Alumno Estrella a ser un Tonto.

 ¿Por qué reacciona tan fuertemente Jesús contra Pedro?

Precisamente Pedro toca un punto muy sensible para Jesús. La gran tentación en la vida de Jesús fue que no aceptara la cruz, sino que utilizara su carisma para reunir suficiente apoyo político para poder convertirse en lo que las multitudes querían de él.

Esta tentación de Pedro debió ser aún más fuerte y peligrosa que las anteriores de Satanás, pues venía precisamente de un amigo, de un hombre bien intencionado, como Pedro, y no del diablo, personificación de la maldad. Uno se inclina mucho más a aceptar una voz amigable que la de un conocido malhechor. Y por eso llama a Pedro ‘Satanás’, el Gran Tentador, pues le propone lo más contrario a su verdadera identidad: el no cargar la cruz.

 “Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (v. 34b).

Cuando Jesús invita a seguirle, no nos invita a un hotel maravilloso del mar Caribe.

Nos invita a ponernos en camino, a peregrinar con sufrimientos y alegrías.

 ¿Qué significa cargar la cruz?

Al escribirse este Evangelio, era tiempo de persecuciones en Roma. Los cristianos eran condenados a cargar literalmente las cruces del martirio y allí perdían su vida.  Estas palabras de Jesús se refieren directamente a aquella situación. Para salvarse la vida bastaba negar a Cristo.

Para muchos cristianos hoy eso todavía es verdad.  La persecución de cristianos continúa.  Más cristianos murieron por su fe en el siglo XX que en el siglo I.  La lista de naciones en las que los cristianos son perseguidos hoy de manera rutinaria es larga: China, Corea del Norte, Camboya, Myanmar, Irak, Laos, Vietnam, Indonesia, Timor del Este, India, Pakistán, Afganistán, Egipto, Sudán, Irán, Arabia Saudita, etc, etc.

Pero las palabras de Jesús ofrecen una gran promesa: El final del camino de un cristiano no es la crucifixión, sino la resurrección.

 Es como en el deporte.

 ¿Por qué se parece la cruz al deporte?

Los partidos de fútbol y béisbol no solo se ganan en el campo de juego, sino antes en el campo de práctica.

Para ser glorioso el día del partido, el atleta debe empujarse a si mismo hasta el límite en el campo de práctica. El condicionamiento físico es doloroso y agotador, pero el propósito de la disciplina no es ni el dolor ni el aburrimiento, sino la victoria.  Así es también en el campo cristiano.  La disciplina espiritual engendra victoria espiritual.

Ciertamente para nosotros es vital reconocer y confesar cada vez con más hondura a Jesús como el Ungido. Pero no basta llenar nuestra boca con títulos cristológicos admirables.

(Pagola).

Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro:http://www.notitarde.com/revisar-el-interior-2/

Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2021-para-saber-qui%C3%A9n-es-jes%C3%BAs-tengo-que-saber-qui%C3%A9n-soy-yo.html
Detalle pieza de Gian Lorenzo Bernini. 

sábado, 7 de octubre de 2017

ENSEÑANZAS DE UNA PARÁBOLA

Evangelio dominical: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 27° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al domingo 8 de octubre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 21,33-43.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
¿Tenemos algún virus que nos va comiendo internamente?
            Espero que no. Pero escucha esta historia:
(Félix Jiménez, escolapio).
Nosotros somos también como la medusa: con avidez nos comemos los caracolitos, aparentemente inofensivos. Los caracolitos son el alcohol, la ira, avaricia, depresión, preocupación, ansiedad… Van creciendo y nos van comiendo y acabando con nosotros.
Uno de esos caracolitos es el robo y la codicia, que lleva a los mayores asesinatos. Aparece en la parábola de los empleados malvados.
¿Qué cuenta esta parábola?
Es una parábola importante, pues sólo ella está en los tres Sinópticos junto con la parábola del Sembrador (13:-23) y la dela Semilla de Mostaza  (13:31-32). 
La parábola habla de una viña recién plantada, que el dueño encargó a un grupo de trabajadores. Al principio no da mucha uva, pero el dueño debe estar pendiente de colectar su cosecha puntualmente y de hacerse presente en la viña por sí o por sus representantes, porque la ley judía permite a la gente apoderarse y “establecer la propiedad de una viña, si pueden demostrar que han tenido posesión de ella durante tres años sin que nadie más la reclame” (Mishnah, B. Bat. 3:1). 
Por eso el dueño de la viña manda a sus criados a nombre suyo a hacer acto de presencia y a recolectar el fruto; pero los labradores los apalean y matan, pues quieren quedarse con la viña.
Por fin, el dueño manda a su propio hijo, pensando que los labradores lo respetarán. Pero ellos ven la muerte del hijo como su gran oportunidad para quedarse con la viña. Echan fuera al hijo antes de matarlo. Si lo hubieran matado dentro de la viña, la tierra se habría hecho impura, y peligraría la venta del producto.
¿Qué hará el dueño con estos trabajadores?, pregunta Jesús a los sumos sacerdotes.
Estos responden: -“Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos  a sus tiempos.”
¿Qué simboliza esta parábola?
El dueño de la viña es Dios.
 -- los empleados son el pueblo de Israel y sus líderes religiosos
 -- los siervos son los profetas
 -- el hijo es Jesús
 -- los otros empleados podrían representar la iglesia.
Dios envió a su pueblo a profetas y a su mismo Hijo Jesús para recoger los frutos de la viña: una vida recta, buenas obras, justicia y fidelidad, amor y compasión, generosidad y perdón. Dios envió a los profetas y a Jesús, como Mesías e Hijo de Dios, Jesús tiene un papel único y decisivo.
Pero los israelitas los maltrataron y mataron.
 El asesinato del Hijo fuera de la viña corresponde a la muerte de Jesús sobre el Gólgota, fuera de Jerusalén (27:33). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12).
En la historia de Jesús, el resultado no es la destrucción de la viña, sino su transferencia a “otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos” (v. 41). La misión del cuidado del pueblo de Dios se pasa a los Apóstoles y discípulos del Señor.
            Y  de Jesús se dice: “La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo”. La piedra rechazada – el Cristo crucificado — se convierte en la piedra principal del nuevo edificio de Dios. Yla Iglesia es su instrumento visible.
¿Qué enseñanzas sacamos de esta parábola?
La parábola nos enseña muchas cosas sobre Dios y cómo se relaciona Él con nosotros.
1-En primer lugar vemos la previsión, providencia y generosidad de Dios: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda”. Antes de que Dios te confíe una misión, te hace provisión de todo lo que necesites para llevar adelante tal responsabilidad. Nos lo pone a nuestro alcance sin merecerlo. Esto es lo que significa que lo tenemos ‘por la gracia de Dios’. La misma vida es un privilegio. Debemos hacer que ella produzca buenos frutos, que presentaremos a Dios en el día de la cosecha.
2-“La arrendó a unos labradores y se marchó de viaje”. Esto muestra la confianza que Dios tiene en nosotros. Él confía en que hagamos lo correcto. Pero, por desgracia, muchos de nosotros no lo hacemos.
3- También nos da Dios la libertad para usar o abusar de nuestros privilegios. Esta parábola de los empleados malvados trata de los abusos de la libertad.
4-Pero todo esto supone por parte nuestra un sentido de responsabilidad. Nos hacemos responsables del uso que hagamos de estos privilegios.
5-La parábola ilustra la paciencia que Dios tiene con nosotros. Dios nos envía mensajero tras mensajero para que le rindamos cuenta de lo que le debemos, para que acabemos con nuestra rebeldía y hagamos lo correcto. Pero no hacemos caso. Y Él nos envía a su propio Hijo, pero nosotros acabamos con él. El robo y la codicia lleva a los mayores crímenes. 
¿Qué hacer para dominar nuestras preocupaciones?
Todos tenemos dentro un caracol que nos quita el sueño, que nos roba la paz, que nos produce úlceras, que nos impide saludar a los hijos, que nos pone tristes, que nos devora y ahoga: falta de buen empleo, enfermedad…
San Pablo nos dice hoy en la 1ª Lectura de hoy (Fil 4, 6-9):
-“No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias”.
La oración es el antiveneno para destruir la concha no digestible del caracol, que lleva dentro. Nos permite vivir en la presencia del Dios de la paz.

Fuente:
Cfr.
Pieza: Gian Lorenzo Bernini.