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miércoles, 14 de junio de 2017

LA REALIDAD NO SE DECRETA

González Ordosgoitti: A la sociedad hay que leerla desde abajo
Macky Arenas

El sociólogo y antropólogo, Enrique Alí González Ordosgoitti, profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) aseguró en entrevista exclusiva a ENPaís que los cambios dentro de una sociedad pueden generarse a partir de la estructura de la vida cotidiana.

Para el experto en Ciencias Sociales, la sociedad debe “leerse desde abajo” y los cambios reales pueden darse solamente en el día a día, de lo contrario “son superficiales y no echan raíces”.

_  ¿Cómo hay que interpretar a la sociedad hoy desde la perspectiva humanista cristiana?

_  Es preciso llamar la atención acerca de una manera limitada de analizar a la sociedad que ha imperado hasta ahora en el plano de la ciencia social, cual es pensar que existen solo dos formas de sociedad, la civil y la política, algo que viene desde el siglo XVIII y finales del XIX, desarrollados bajo esquemas de Hegel, Marx –a su manera- y luego Gramschi. Eran visiones limitadas pues la sociedad política presenta instituciones claramente formalizadas, es decir, que poseen una dinámica de auto-reproducción consciente y evidente. La sociedad civil, que viene formándose como una especie de “alterno” a la sociedad política, crea organizaciones que finalmente, pueden llegar a ser formalizadas. Por ejemplo, lo que sucede en América Latina con las organizaciones de vecinos las cuales, primero, funcionan como juntas en los barrios –sectores populares- con un mínimo de formalidad hasta que llegan a convertirse en auténticas organizaciones vecinales de la cuales podemos decir que estamos en presencia de una sociedad civil estructurada.

_  ¿Qué es lo que las hace limitadas?

_  Están dejando de lado otros elementos que incluyen lo antropológico, lo cotidiano, lo cual es muy importante. Implica lo que, a partir del desarrollo de la sociología francesa de los años 70, se llamó la vida cotidiana. Por ello nosotros hemos planteado hablar de “la sociedad de la vida cotidiana”. Se diferencia de la civil y la política porque no se encuentra estructurada formalmente, incluso su manera  de funcionar es con estructuras informales pero son tan importantes cuanto que allí es donde se da la reproducción de lo social.

_ ¿De qué manera?

_  Se manifiestan allí muy claramente siete grandes  estructuras sociales. Estamos acostumbrados a hablar de estructura política, económica y cultural, que son, ciertamente, tres mega-estructuras. Pero hay otras siete que sí funcionan y que muestran un contenido mucho más cercano a lo antropológico como son: la estructura de la amistad, la edad –solidaridad generacional-, la étnica que es fundamental, la estructura de la lengua, la del parentesco, la del sexo –o el uso social del sexo- y la estructura de la vecindad que es la forma de crear lazos en parroquias o lugares donde se hace vida cotidiana. Estas estructuras se movilizan,  son las que condicionan la vida cotidiana y, por ende, gran parte de la vida social.

_  ¿Quiere decir que involucran a la gente desde un punto de vista más humano?

_  Absolutamente, porque son las estructuras más estrictamente antropológicas, que nunca varían. Podemos hablar de sociedad política y hacer una historia de la humanidad antes y después de la aparición del Estado; igualmente con la sociedad civil por su estrecha relación con el Estado. En cambio, estas estructuras de que hablamos existen desde que existe el ser humano. Son relaciones de amistad, de edad, étnicas y todas las que hemos mencionado.

_  ¿Cuando hablamos de cultura, de política, de economía, todas esas formas de organizarse no están comprendidas, es decir, de alguna manera implícita?

_  No. Y ello responde a la falta de desarrollo teórico que había hasta los sesenta. Querían abarcar todo lo demás pero, en el camino andado por las ciencias sociales, esas otras formas de organización social se iban manifestando en el campo de la sociología y de la politología. De hecho,  descuidaban lo que venía descubriendo, por una parte la antropología y lo que luego se va a llamar una sociología comprensiva que buscaba trabajar más los elementos de la base social. La separación que hubo en la forma de mirar de esas ciencias es algo del siglo XX pues al principio los grandes sociólogos como Durkheim y Weber mezclaban todo esto porque partían de una sola visión. Igualmente, cuando se desarrolla la politología harán hincapié solamente en la sociedad política y, por supuesto, en su versión de la sociedad civil descuidando la verdadera manera de funcionar de la humanidad.

_  ¿Cuáles son los orígenes de esta gran discusión teórica?

_ Obedece a una teoría que comenzó a  desarrollarse en el siglo XVIII pero alcanzará el siglo XIX, conocida como la idea del progreso infinito, la creencia de que la sociedad avanza hacia una supuesta racionalidad de las relaciones, que siempre vamos a estar mejor que anteriormente y que se va a expresar en dos grandes corrientes, el positivismo y el marxismo. Entre las muchas profecías en las cuales Marx se equivocó hay tres importantes de señalar pues resucitaron al contrario de su visión. Marx pensaba –cuando se desarrolla la idea del Internacionalismo- que en el siglo XX dejarían de funcionar las nacionalidades, las solidaridades étnicas  e iban a desaparecer las religiones.

_  También se equivocó en su concepto del capital y del trabajo y hoy se aprecia mejor que nunca…

_  Por supuesto. Pero estos errores resultan especialmente graves pues impidieron comprender a cabalidad la dinámica política de las sociedades. Hoy, por ejemplo, ya ni siquiera las personas que siguen definiéndose marxistas –o cualquier cosa que eso pueda significar en la actualidad- pueden negarse  a aceptar que gran parte de la dinámica política que vivimos se explica por  conflictos nacionales, étnicos o religiosos, precisamente los tres elementos de la sociedad que Marx aseguraba iban a  desaparecer para el siglo XX. Y Marx creía que iban a desaparecer porque sus criterios sobre estos hechos partían de una sola premisa: impulsar el pensamiento circunscrito a los conceptos de sociedad política y sociedad civil, desde las universidades. En las universidades decidieron que hablar de las naciones, de las etnias y del hecho religioso era atrasado. Pretendían que sólo con ignorarlo y decretar que era atrasado, iban a dejar de existir. Y se equivocaron.

_  Quiere decir que conectar el pensamiento con utopías sin enraizarlo en las realidades humanas conduce a serios descalabros teóricos…

_  Se ha planificado a partir de las propias fantasías y de allí puede salir cualquier cosa pero, sobre todo, errores descomunales de interpretación de la historia y de la realidad sociopolítica.

_  ¿Eso de ver a la sociedad desde abajo qué ha aportado, no sólo al plano del debate teórico?

_  Lo primero es el conocimiento de lo real. Poder comprender por qué ha seguido desarrollándose con tanta fuerza la diversidad étnica, la diferencialidad religiosa y nacional. Esas tres aristas de la realidad viven en la cotidianidad, en la sociedad de la vida cotidiana. Una de esas grandes estructuras es la étnica. Cuando se estudia lo étnico, lo primero que se aborda es la manera como se reproduce la propia etnicidad y la manera como se reproduce la distancia con el que no pertenece a tu grupo étnico. A medida que se va conociendo eso es posible percibir cuáles pueden ser las zonas de conflicto y cuáles las de colaboración. Cuando a partir de los años sesenta ocurre la descolonización de África, se crean naciones totalmente ficticias que atraviesan identidades étnicas, colocan a unos de un lado y a otros del otro de manera discrecional, lo que luego repercute en las guerras interminables.

_  ¿Podría también explicar el terrorismo talibán, por ejemplo?

_  Por supuesto. Hay una etnia, la más grande de Afganistán que son los pastun, divida por mitad entre ese territorio y Pakistán. Antes eran una etnia nacional y los separaron. Eso equivalía a crear una nación a partir de una diversidad étnica que antes no había formado nación. Se vio como la imposición de una sobre la otra y  hoy están en guerra permanente. Si se hubiese tenido en cuenta lo étnico, eso se percibe.

_  ¿En las relaciones de parentesco funciona igual?

_  De la misma manera. Si analizamos lo social a partir de la estructura de parentesco se puede descubrir un conjunto de cosas que no se asoman a primera vista. Pongo el ejemplo de México y Japón, donde se analizaron empresas y fábricas y se demostró que los cargos internos se otorgaban a partir de compadrazgos o de relaciones familiares. Así mismo, en una universidad venezolana se cruzaron los nombres de empleados y profesores, incorporando los cuatro apellidos que todos tenemos y fácilmente salió a la luz la red familiar. Todos ellos se ayudan mutuamente. Con la vecindad es igual y da origen a la solidaridad con la región. Si no se reconocen y analizan estas cosas no se puede comprender lo que pasa.

_ ¿Ayuda también a generar soluciones?

_  Por supuesto. Estudios demostraron que las asociaciones de vecinos se han conformado en barrios y urbanizaciones a partir de relaciones de parentesco y vecindad. Pueden ser juntas de vecinos o consejos comunales pero analizas los nombres y hay una estructura familiar funcionando allí. Sencillamente se adaptan a  los modelos que le propone la sociedad política para organizarse pero no cambian las relaciones estructurales básicas. Cuando esto no se cruza no se percibe la dinámica y se llega a conclusiones ligeras pues los cambios reales de la sociedad  solamente pueden darse en esta estructura de la vida cotidiana. De lo contrario son superficiales y no echan raíces. Analizado el largo plazo histórico de las sociedades latinoamericanas, fácilmente apreciamos la existencia de conflictos no resueltos en el siglo XVII que aún siguen vigentes.

_  ¿Por qué arrastramos esas rémoras?

_  Porque hay causas que siguen sin ser atendidas. En América Latina persiste el conflicto centralismo-regionalismo que en EEUU fue resuelto. Había acá provincias que, cuando se planteó la guerra de separación de España, enfrentaron un nuevo centralismo alrededor de las provincias capitales. En Venezuela, por ejemplo, hubo provincias que no firmaron el Acta de Independencia pues no se sentían representadas por la hegemonía de la provincia de Caracas. Eso está aún allí, latente y se va creando una historia centralista que, por cierto, no es la historia de Caracas, sino la historia desde Caracas, lo cual es diferente. Es la razón por la que las regiones no se sienten interpretadas y se automarginan del discurso nacional pero siguen creando el suyo propio. Eso aleja la posibilidad de cohesión nacional.

_ ¿Qué papel juega la religión ante esa posibilidad de cohesión nacional, habida cuenta de que, a pesar de habernos separado España en tiempos de la Independencia, no dejamos de ser católicos elemento que hoy es básico para nuestra identidad nacional?

_  Una amalgama importante.  Es el motivo por el que, desde otros ámbitos, se juega a destruir estos elementos básicos. Factores como la religión y la nacionalidad  han permitido la reproducción de aquellas tres utopías que el marxismo aseguraba iban a desaparecer. Es en la vida social cotidiana donde se reproduce el concepto de nación, de etnia, de familia y de religión. Cuando la religión es expulsada de la sociedad política y reducida en la sociedad civil la institución que la encarna – la Iglesia-, se ancla para su desarrollo en la estructura familiar y se reproduce en esas relaciones.  Y ese es el largo plazo histórico: el sentido de sí mismos que han acumulado las personas a lo largo de la historia familiar y social. Una permanencia de siglos, es su memoria. No es casual que en los países comunistas de Europa del Este, las primeras revueltas que se producen detrás de lo que se llamó “la Cortina de Hierro” aparecen en naciones de cultura católica: Hungría, Polonia, Eslovaquia.

_ ¿Qué aporta solidez a la  cultura católica?

_ Tiene su base en el universalismo, pero alrededor de una proposición cristocéntrica, que es la Iglesia. Y no permite que sea sustituida por otro universalismo como el ateo. Para un católico es imposible aceptar eso. Otras propuestas cristianas no tienen ese eje universal que es la Iglesia y por ello quizá les fue más fácil adaptarse pues se trata de iglesias particulares, a diferencia  de la concepción de Iglesia universal que tiene el catolicismo, que se enraiza en nuestra cultura y se convierte en identidad. Y es justamente esa identidad la que aflora para luchar contra los totalitarismos. Hizo posible el alzamiento en Polonia, la Primavera de Praga y la epopeya húngara.

_ ¿Cuán fuerte es, en nuestro continente, la identidad por la vía del catolicismo?

_  Baste recordar la Guerra de los Cristeros en México enfrentados a un Estado absolutamente agresivo contra la Iglesia. Es la misma Iglesia la que, a pesar de los ataques recibidos, cuando ves los números de fieles adscritos, siempre rondan el 70%. Es una base que ha podido soportar todos los embates y le sigue dando identidad. En algunos casos la Iglesia, desde abajo, ha dialogado con otros cultos y religiones que han tenido cierto desarrollo independiente y no son anticatólicas. En algunos casos, sobre todo en el caso de Venezuela que es muy emblemático, se ha logrado desarrollar un tipo de catolicismo popular, con sus cultos paganos como el que representa María Lionza, pero se siguen considerando católicos, por cierto un tema distinto a la santería. Y es que se ha creado una conexión muy fuerte que los vincula con la historia. Una historia que viene desde abajo, desde su historia de raíz.

_  ¿Es la misma que se ha contado?

_  La historiografía surgida a partir del siglo XIX para dar cuenta de las guerras independentistas -en realidad guerras de secesión a partir de 1810- tanto en Venezuela como en otros países de América Latina, ha sido completamente ideologizada en el sentido de falta de conciencia. En realidad lo que tuvimos fue una guerra civil, no solo porque los ejércitos estaban conformados por personas nacidas en este territorio, sino porque en aquella época no existía la nacionalidad venezolana, todos éramos españoles, es decir, se trató de una guerra civil entre españoles. Eso es clarísimo. El mismo Bolívar nunca fue venezolano, fue caraqueño con pasaporte español. Más adelante, en 1819, lo que Bolívar crea es la República de Colombia, la Gran Colombia. En estricto sentido, fue español y colombiano pero nunca venezolano.  Quien crea la República de Venezuela es Páez en 1830. Eso no le quita méritos a Bolívar, sino que precisa cómo es que debemos ver las cosas. Si la historiografía nos dijera eso, sería más comprensible todo lo que ha pasado posteriormente. Por eso es que una vez propusimos, en un seminario en 1999 en la Universidad Central de Venezuela, que sólo podríamos reconstruir al país a través de un nuevo pacto, pero un pacto regional que se expresaría en una bandera con 24 estrellas, una por cada estado y una por Caracas. Cuando Chávez planteó recuperar la octava estrella para Guayana fue querer cambiar volviendo hacia atrás pues Guayana no estaba representada. Hoy en día Zulia y Falcón no están tampoco en la bandera. Hay que actualizar con 24 estrellas lo que permitirá conformar un pacto regional a partir de conferir identidad a cada región, valorar su experiencia y su historia y acabar con la marginación del discurso centralista. Esto no es un discurso contra la nación, sino para revitalizar una idea de nación, pero de nación federal.

_ ¿Cómo lo solucionaron en Estados Unidos?

_  El voto es delegado, de segundo piso, no es votación universal. Ello permite que se tomen en cuenta los 50 estados. Si fuera sólo numérico tendríamos que Hilary Clinton obtuvo más votos pero en menos estados. Si el voto hubiera sido directo sería ella la presidenta pero se habrían expresado pocos estados apoyándola, lo que habría representado una lucha entre los estados grandes y los pequeños, de manera que la voluntad de las ciudades y estados  medianos no estaría allí presente. Esa es la importancia de este federalismo que en Venezuela estaba representado en la Cámara del Senado y fue eliminada. Entonces, la única forma de ir solucionando en positivo el problema que persiste entre centralismo y regionalismo que arrastramos desde el siglo XIX es a través de una fórmula así, una visión que fortalezca y reivindique las particularidades regionales y locales, respetando sus propias historias.-

Fuente:
http://enpaiszeta.com/gonzalez-ordosgoitti-la-sociedad-leerla-desde/
Fotografía: https://www.facebook.com/ealigor

miércoles, 5 de septiembre de 2012

EL ESFUERZO: ÍNTEGROS E INTEGRALES

Teñidos de Maritain
Luis Barragán


Domingo, 1 de junio de 2003

En una reciente asamblea partidista realizada en Petare, sentimos a Jacques Maritain, relevante figura del pensamiento cristiano contemporáneo, desaparecido físicamente treinta años atrás. No hubo necesidad de nombrarlo. Bastaba el ambiente, cada pieza de los oradores, la invocación de una cierta manera de ver el mundo y las cosas, para descubrirlo entre los más humildes con la aceptación de un compromiso de lucha y la riqueza invalorable del diálogo sencillo al culminar el acto.

Lo reconocimos,incluso, en quienes jamás lo leyeron directamente. Un estudioso de los partidos de larga trayectoria, con tradiciones, con la consciencia crítica de sus éxitos y de sus errores, puede adivinarlo según el código empleado. Posible porque quedó en lo más profundo de la reflexión en aquellos años en los que pudimos descubrirlo. Después de algún círculo de estudio, al que nos atrevíamos en la Venezuela dineraria, impactada por los altos precios del petróleo, nos permitiamos una lectura personal que –por fortuna, inevitable- adquiere otros sentidos al pisar la madurez.

Jóvenes, incursionamos en la política con el afán de los ideales, a veces incomprendidos por la burda penetración que hizo el populismo o la cultura populista en el partido. Gracias a esos ideales, soportamos las crisis experimentadas, los años de devastación electoral. Los mismos ideales que, redimensionados en la medida que sean discutidos y compartidos, abren la esperanza cierta de la recuperación, de la renovación, del compromiso.

Nuestra primera aproximación al autor fue en la búsqueda de la utopía. Una nueva sociedad de inspiración cristiana nos animaba y acentuaba una militancia en la que –es necesario reconocer- hubo mucho de ingenuidad e inmadurez. La crítica ética que hizo del capitalismo nos convencía del acierto de nuestras posiciones. “El hombre y el Estado” y –sobre todo- “Humanismo integral”, eran emblemáticos, junto a los documentos de Medellín y -en camino- Puebla. No obstante, necesario de reivindicar definitivamente, cultivamos un cierto sentido de la irreverencia, de la inconformidad, del deseo de nadar a contracorriente, como él mismo lo aconsejara, y que –debemos reconocerlo también- extrañamos en muchos jóvenes que elevan por bandera la edad, pero se nos antojan tan conservadores y calculadores que bien les hace falta un buen balde de tensión espiritual.

Revisando viejos apuntes hemerográficos, observamos que la muerte de Maritain atrajo la atención de la opinión pública porque la democracia cristiana gobernaba por vez primera en Venezuela. Por ejemplo, Antonio Aparicio inmediatamente lo relacionaba con “la defensa de la acosada fortaleza donde el humanismo pugna por sobrevivir en medio de una época sin ideales, en la que regímenes y sistemas contrapuestos rivalizan en precipitar la liquidación de los valores del espíritu” (El Nacional, 11/05/73). Fernando Valera señaló por entonces que “se ha podido decir de Jacques Maritain y de sus discípulos que han funcionado como un grupo de presión de los que empujaron a la Iglesia Católica hacia el Concilio Vaticano II” (ibidem, 02/07/73). Ana Carranza inventariaba a los líderes que recibieron su influencia en un reportaje cuyo título nada le debía a la relación intentada (“Maritain: ¿marxista-cristiano?”, Elite, 11/05/73).

Hoy, teñidos de los aportes del autor, en las circunstancias tan duras que atraviesa el país, no basta la simple divulgación del francés que siempre nos invitó, como él mismo lo hizo con tantos, a superarlo. Y, lo más importante, con la urgencia de repensar al país, de nadar a contracorriente. Hay nociones que se vuelven tan convencionales, aceptadas a ciegas por el mundo político, que siempre será necesario el debate. Y en este sentido no olvidemos, otro ejemplo, el llamado de atención que ha hecho José Rodriguez Iturbe en un texto significativo como “Sobre la sociedad civil y la oposición política” (Revista Nueva Política, nrs. 71-72 de noviembre de 2000) que pone en aprietos no sólo a unos cuantos que dicen profesar el socialcristianismo, sino a los que no se cansan de recitarlo, mencionando como un recurso de autoridad a Maritain, sin molestarse con dos o tres párrafos que lo asuman de acuerdo a los nuevos tiempos.

Maritain está hecho para la irreverencia creadora. Vivimos también el fenómeno llamado “chavismo”, porque nos instalamos en la comodidad del mundo dado. Y éste ya tiene años de agotado.

Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5615461.asp

domingo, 15 de julio de 2012

EL SIN SENTIDO DE LA FILOSOFÍA

EL UNIVERSAL, Caracas, 15 de Julio de 2012
¿Hay algún Humanismo No-Cristiano?
Todo intento de intuir Lo Humano al margen de la Noción de Dios, es una tontería...
EMETERIO GÓMEZ 

Vaya este artículo como disculpa para Maxim Ross -amigo ancestral- por una trastada que le hice en estos días. Fue con motivo del Foro Economía y Humanismo, organizado por la Universidad Monteávila y por su rector Joaquín Rodríguez, cuya invitación agradezco, aunque no pude asistir. Era una reunión con Miguel Alfonso Martínez-Echevarría, "Fundador del Equipo de Investigaciones en Economía Política y Filosofía, de la Universidad de Navarra" (¡¡me carcome la envidia!!). Comentando un escrito suyo, Maxim mostró su desacuerdo con restringir la discusión al Humanismo Cristiano, a lo cual -idiotamente- respondí con un ferviente "¡¡No hay otro!!". Y recalqué, ya fanático: "no hay humanismos ateos, como cuando teníamos 20 años y delirábamos con las zonceras de Marx".
Lamenté no estar en el evento, porque la sola presentación seducía: "en medio de una grave crisis económica... reflejo de una crisis cultural y social aún más grave... ha llegado el momento de iniciar una profunda renovación de ideas, acabar con temas tabú, admitir preguntas incómodas y proponer una nueva manera de enfocar la economía y la totalidad de lo humano". Nada más: ¡¡"renovar las ideas, liquidar los tabúes y admitir preguntas incómodas"!! Desde esta columna he venido sosteniéndolo: la profundidad de la crisis que vive Occidente, nos obliga a asumirla... pero no solo "respecto de la Economía y de la totalidad de lo humano", sino también respecto de la ya inocultable quiebra radical de la Filosofía, del pensamiento racional, empezando por Platón y Aristóteles (masacrados por Wittgenstein: "toda proposición lógica es tautológica"); así como respecto de la drástica incapacidad de ambos para descifrar la Moral; el reconocimiento brutal del propio Platón, para quien El Bien -la clave indiscutible del "Ser" de Lo Humano- era totalmente inaccesible... porque es una noción ubicada "más allá de todas las ideas", Epékeina tes Ousias.
Pero lo esencial -¡¡felicitaciones!!- es "admitir preguntas incómodas". Por ejemplo: ¿podemos seguir creyendo que la Filosofía capta Lo Humano? ¿Hasta dónde aferrarnos a ella, si tal como dice el propio Martínez-Echevarría: "... en el diálogo filosófico se formulan preguntas que nadie puede responder con seguridad y de modo definitivo. Por eso, como dice Pieper, el primer elemento del concepto original de filosofía es... una relación sin prejuicios con la teología". Lo hemos dicho con firmeza en este espacio y por años: ¡¡sin esa base teológica, la Filosofía carece por completo de sentido!! Lo esencial es ese Fundamento Religioso y no el saber racional -o sea, tautológico- que sobre él se monta. ¿Cuándo podremos decir, sin ambages, en Venezuela o en España, que la Filosofía carece de sentido? Porque todos sus saberes del Mundo y de la Naturaleza los ha asumido con creces la Ciencia; y porque lo realmente importante, el Espíritu, tampoco nos lo puede explicar, porque él atañe a la psicología, la teología, la religión y la Noción de Dios.
Reitero mi disculpa para Ross... por el tono fanático con el que le hablé... ¡¡pero ratifico plenamente lo dicho!! No hay ni puede haber ningún Humanismo Ateo, porque todo intento de intuir Lo Humano al margen de la Noción de Dios, es una tontería que solo tiene sentido, repito, cuando se tienen 20 años... O, mejor dicho ¡¡cuando hace 50 años se tenían 20!! Porque habría que ver cómo piensan los chamos de ahora. No hay ningún Humanismo Ateo y, por lo poco que sé de otras religiones, tampoco se plantea en ninguna de ellas la Libertad Plena del Hombre. Me disculpo de nuevo por mi fanatismo.


sábado, 26 de mayo de 2012

RATZINGER

Cristianismo y política
Joseph Ratzinger

El Estado no constituye la totalidad de la existencia humana ni abarca toda la esperanza humana. El hombre y su esperanza van más allá de la realidad del Estado y más allá de la esfera de la acción política. Y esto es válido no sólo para un Estado al que se puede calificar de Babilonia, sino para cualquier tipo de Estado [incluso “cristiano”]. El Estado no es la totalidad. Esto le quita un peso al hombre político y le abre el camino de una política racional. El Estado romano era falso y anticristiano precisamente porque quería ser el totum de las posibilidades y de las esperanzas humanas. Pretendía así lo que no podía realizar, con lo que defraudaba y empobrecía al hombre. Su mentira totalitaria le hacía demoníaco y tiránico. La supresión del totalitarismo estatal ha desmitificado al Estado, liberando al hombre político y a la política.

 Pero cuando la fe cristiana, la fe en una esperanza superior del hombre, decae, vuelve a surgir el mito del Estado divino, porque el hombre no puede renunciar a la plenitud de la esperanza. Aunque estas promesas se vayan obteniendo mediante el progreso y reivindiquen exclusivamente  para sí el concepto de progreso, son, sin embargo, históricamente consideradas, un retroceso a un estadio anterior a la buena nueva cristiana, una vuelta hacia atrás en el camino de la historia. Y aunque vayan propalando como objetivo propio la liberación total del hombre, la eliminación de cualquier dominio sobre el hombre, entran realmente en contradicción con la verdad del hombre y con su libertad, porque reducen el hombre a lo que él puede hacer por sí solo. Semejante política, que convierte al Reino de Dios en un producto de la política y somete la fe a la primacía universal de la política, es, por su propia naturaleza, una política de la esclavitud; es política mitológica.

La fe opone a esta política la mirada y la medida de la razón cristiana, que reconoce lo que el hombre es realmente capaz de crear como orden de libertad y, de este modo, encontrar un criterio de discreción, consciente de que su expectativa superior está en manos de Dios. El rechazo de la esperanza que radica en la fe es, al mismo tiempo, un rechazo del sentido de la medida en la razón política. La renuncia a las esperanzas míticas es propia de una sociedad no tiránica, y no es resignación, sino lealtad, que mantiene al hombre en la esperanza. La esperanza mítica del paraíso inmanente y autárquico sólo puede conducir al hombre a la frustración; frustración ante el fracaso de sus promesas y ante el gran vacío que le acecha; una frustración angustiosa, hija de su propia fuerza y crueldad.

El primer servicio que presta la fe a la política es, pues liberar al hombre de la irracionalidad de los mitos políticos, que constituyen el verdadero peligro de nuestro tiempo. Ser sobrios y realizar lo que es posible en vez de exigir con ardor lo imposible ha sido siempre cosa difícil; la voz de la razón nunca suena tan fuerte como el grito irracional. El grito que reclama grandes hazañas tiene la vibración del moralismo; limitarse a lo posible parece, en cambio, una renuncia a la pasión moral, tiene el aspecto del pragmatismo de los mezquinos. Sin embargo, la moral política consiste en resistir la seducción de la grandilocuencia con la que se juega con la humanidad, el hombre y sus posibilidades. No es moral el moralismo de la aventura que pretende realizar por sí mismo lo que es Dios. En cambio, sí es moral la lealtad que acepta las dimensiones del hombre y lleva a cabo, dentro de esta medida, las obras del hombre. No es en la ausencia de toda conciliación, sino en la misma conciliación donde está la moral de la actividad política.

A pesar de que los cristianos eran perseguidos por el Estado romano, su posición ante el Estado no era radicalmente negativa. Reconocieron al Estado en cuanto Estado, tratando de construirlo como Estado según sus posibilidades, sin intentar destruirlo. Precisamente porque sabían que estaban en “Babilonia”, les servían las orientaciones que el profeta Jeremías había dado a los judíos deportados a Babilonia. La carta del profeta transcrita en el cap. 29 del libro de Jeremías no es ciertamente una instrucción para la resistencia política, para la destrucción del Estado esclavista, ni se presta a tal interpretación. Por el contrario, es una exhortación a conservar y a reforzar lo bueno. Se trata, pues, de una instrucción para la supervivencia y, al mismo tiempo, para la preparación de un porvenir nuevo y mejor. En este sentido, esta moral del exilio contiene también elementos de un ethos político positivo. Jeremías no incita a los judíos a la resistencia ni a la insurrección, sino que les dice: “Edificad casas y habitadlas. Plantad huertos y comed de sus frutos... Procurar la paz de la ciudad adonde os trasladé; y rogad por ella al Señor, porque en la paz de ella tendréis vosotros paz” (Jr. 29, 5-7).

Muy semejante es la exhortación que se lee en la carta de Pablo a Timoteo, fechada tradicionalmente en tiempos de Nerón: “(Rogad) por todos los hombres, por los emperadores y por todos los que están en el poder, a fin de que tengamos una vida quieta y tranquila en toda piedad y honestidad”. (1 Tm 2,2). En la misma línea se desarrolla la carta de Pedro con la siguiente exhortación: “Vuestro comportamiento entre los paganos sea irreprensible, a fin de que, por lo mismo  que os censuran como malhechores, reflexionando sobre las obras buenas que observan en vosotros, glorifiquen a Dios en el día del juicio”. (1 P 2,12). “Honrad a todos, amad a vuestros hermanos, temed a Dios, honrad al rey” (1 P 2,17). “Ninguno de vosotros tenga que sufrir como homicida, o ladrón, o malhechor, o delator. Pero si uno sufre como cristiano, que no se avergüence; que glorifique más bien a Dios por este nombre”. (1 P 4,15 a)

¿Qué quiere decir todo esto? Los cristianos no eran ciertamente gente sometida angustiosamente a la autoridad, gente que no supiese de la existencia del derecho a resistir y del deber de hacerlo en conciencia. Precisamente esta última verdad indica que reconocieron los límites del Estado y que no se doblegaron en lo que no les era lícito doblegarse, porque iba contra la voluntad de Dios. Por eso precisamente resulta tanto más importante el que no intentaran destruir, sino que contribuyeran a regir este Estado. La antimoral era combatida con la moral, y el mal con la decidida adhesión al bien, y no de otra manera. La moral, el cumplimiento del bien, es verdadera oposición, y sólo el bien puede preparar el impulso hacia lo mejor. No existen dos tipos de moral política: una moral de la oposición y una moral del poder. Sólo existe una moral: la moral como tal, la moral de los mandamientos de Dios, que no se pueden dejar en la cuneta ni siquiera temporalmente, a fin de acelerar un cambio de situación. Sólo se puede construir construyendo, no destruyendo. Esta es la ética política de la Biblia, desde Jeremías hasta Pedro y Pablo.

El cristianismo es siempre un sustentador del Estado en el sentido de que él realiza lo positivo, el bien, que sostiene en comunión los Estados. No teme que de este modo vaya a contribuir al poder de los malvados, sino que está convencido de que siempre y únicamente el reforzamiento del bien puede abatir al mal y reducir el poder del mal y de los malvados. Quien incluya en sus programas la muerte de inocentes o la destrucción de la propiedad ajena no podrá nunca justificarse con la fe. Explícitamente es lo contrario a la sentencia de Pedro: “Pero jamás alguno de vosotros padezca por homicida o ladrón” (1 P 4,15); son palabras que valen también ahora contra este tipo de resistencia. La verdadera resistencia cristiana que pide Pedro sólo tiene lugar cuando el Estado exige la negación de Dios y de sus mandamientos, cuando exige el mal, en cuyo caso el bien es siempre un mandamiento.

De todo esto se sigue una última consecuencia. La fe cristiana ha destruido el mito del Estado divinizado, el mito del Estado paraíso y de la sociedad sin dominación ni poder. En su lugar ha implantado el realismo de la razón. Ello no significa, sin embargo, que la fe haya traído un realismo carente de valores: el de la estadística y la pura física social. El verdadero realismo del hombre se encuentra el humanismo, y en el humanismo se encuentra Dios. En la verdadera razón humana se halla la moral, que se alimenta de los mandamientos de Dios. Esta moral no es un asunto privado; tiene valor y resonancia pública. No puede existir una buena política sin el bien que se concreta en el ser y el actuar. Lo que la Iglesia perseguida prescribió a los cristianos como núcleo central de su ethos político debe constituir también la esencia de una actividad política cristiana: sólo donde el bien se realiza y se reconoce como bien puede prosperar igualmente una buena convivencia entre los hombres. El gozne sobre el que gira una acción política responsable debe ser el hacer valer en la vida pública el plano moral, el plano de los mandamientos de Dios.

Si hacemos así, entonces también podremos, tras el paso de los tiempos de angustia, comprender, como dirigidas a nosotros personalmente, estas palabras del Evangelio: “No se turbe vuestro corazón” (Jn. 14,1). “Porque por el poder de Dios estáis custodiados mediante la fe para vuestra salvación...”.

Fuente: Revista Católica Internacional Communio, 2ª. Época, Año 17, julio-agosto de 1995
http://www.mercaba.org/FICHAS/Politica/cristianismo_y_politica.htm










lunes, 26 de marzo de 2012

UN MISMO PALCO


De un falso dilema
Luis Barragán


Del dicho al hecho hay un buen trecho, reza la sentencia popular. Ahora, el problema es que no existe distancia alguna entre lo que se dice, con la grandilocuencia de siempre, y lo que se hace, cada vez más con maquillada brutalidad.

Aseveremos, las escuelas positivista y marxista ya tienen experiencia de poder en Venezuela. Curiosamente, coinciden en la terca pretensión de prolongarse en la dirección del Estado, lo que – inevitablemente – las obliga a sincerar sus propuestas, dejando atrás hasta las más elegantes metas enunciadas.

La una, culminó su franqueza con Pérez Jiménez, mientras que la otra está todavía pendiente con Chávez Frías. No por casualidad, las caracteriza una profunda vocación militarista.

El caso actual estriba en la abierta sospecha y prédica con todo lo que juzgue y califique como traición, procurando identificar y arrinconar a los apátridas, entreguistas y corruptos incurables, en nombre de un socialismo definido de acuerdo a las circunstancias. Y ello, inicialmente, se materializa en un feroz despliegue de la descalificación y persecución personal, el odio, el rencor, la desconfianza, y toda la gratuita violencia verbal que antecede a la física.

Casualidad alguna es que, por ejemplo, sin que el video correspondiente lo evidencie, el candidato favorito a la gobernación del estado Aragua, Richard Mardo, sea acusado por agredir a una periodista y, sorpresivamente, se plantee una investigación en la plenaria de la Asamblea Nacional con el objeto de allanarle la inmunidad parlamentaria e inhabilitarlo para los comicios regionales. No existe otra herramienta para zanjar las diferencias que, al profundizarlas, apueste por el sempiterno juego suma-cero.

Parece la única alternativa para los venezolanos, un socialismo que no redime al proletariado que ha aniquilado paulatinamente, agigantándose el Estado a favor de sus privilegiados conductores, predisponiéndonos y habituándonos a unas relaciones de agresión que tampoco tardan en darse en el seno del partido de gobierno. Sin embargo, inadvertidamente realizamos la otra opción.

Avisados por los estudios de la organización “Liderazgo y Visión” hacia 2005, en un porcentaje significativo de la población, hay disposición de sacrificar los derechos políticos fundamentales a favor de la prosperidad económica que ha de garantizar un gobierno fuerte, equiparando la vocación nacionalista con un decidido propósito de protagonismo geopolítico. Prosperidad visible con la construcción de grandes obras de infraestructura que, además, empleen masivamente a los venezolanos, por efímero y keynesiano que luzca.

Obviamente, la fortaleza del gobierno dependerá de la reducción y administración de la disidencia política, interesando la continuidad de aquellas actividades económicas que se desean tan imperturbables, como exclusivas de la ungida dirección del Estado. Esta vez, el suma-cero se afianza en la prédica de la transformación del medio físico y el mejoramiento de la raza.

Versamos sobre un falso dilema necesario de combatir, inscrito en el vicioso círculo y no menos popular dictamen del Guatemala-al-Guatepeor. Es necesario disertar sobre la cultura democrática que se afianzó sobre la tolerancia, el respeto, la confianza, el disenso y el consenso, que por siempre fue perfectible e inspiró y legitimó - ¿por qué olvidarlo? – la política de pacificación en un país con más de 150 años de rencillas, escaramuzas y guerras civiles.

Disertación que, por cierto, puede sintetizarlo el varias veces citado acuerdo de las juventudes políticas de noviembre de 1958, comprometidas a un debate ideológico y al destierro de lo que dio en llamarse el canibalismo político. Inmediatamente después, nadie puede negar que el Pacto de Punto afianzó las relaciones agonales entre los venezolanos, que no las existenciales que se hicieron una fatal costumbre en el pasado.

El positivismo y el marxismo, trastocados en la cultura política impuesta desde el poder, no constituyen opciones valederas. Significa reconstruir, incluso, la que compartieron e inspiraron en buena medida a los redactores de la Constitución de 1961: la del humanismo cristiano.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/11335-de-un-falso-dilema

domingo, 24 de abril de 2011

DERROTAR LOS ANTIVALORES


Diario El Progreso, Ciudad Bolívar, 20 de Abril de 2.011
Luis Barragán, dirigente nacional de Copei:
Derrotaremos en el 2012 los antivalores representados por el chavismo (*)
Intopress

Caracas, abril 19.- Para el diputado y vicepresidente nacional de Redes del partido Copei, Luis Barragán, los creyentes y no creyentes debemos interpelarnos con motivo de la Semana Mayor, para afrontar las responsabilidades personales y ciudadanas que exigirá una no tan lejana transición post-autoritaria.

El parlamentario señaló que no es una materia inútil la de indagar sobre el sentido de las tareas opositoras, porque “existe un ideario, concursamos con una orientación doctrinaria e ideológica orientados a la construcción de los diferentes consensos que explican el renacimiento y perfeccionamiento de la democracia como fórmula de vida”.

Agregó que “los partidos políticos y, específicamente, Copei, deben reivindicar el carácter de agencias de socialización ciudadana, por lo que su trabajo, diligencias y discusiones, necesita de una profunda convicción humanista y cristiana, en nuestro caso. Insistimos en recuperar la institucionalidad partidista que apunta a la colegiatura de las decisiones y al compromiso militante por la libertad liberadora”.

Finalmente, alegó: “La fecha de las primarias presidenciales de la oposición, es – apenas – una incidencia frente al enorme desafío a enfrentar. Jamás se quemarán las naves en nuestro continuo combate cívico, porque siempre la democracia estará bajo amenaza. Ni aceptaremos que el triunfalismo nos enceguezca, porque el nuestro es un realismo creador. Y, en última instancia, ha de ser la nueva cultura ciudadana la que derrote a la cultura utilitaria profundizada en los últimos años, así el oficialismo intente un discurso y una alianza que son las de los antivalores representados por sus altos dirigentes y contratistas en apuros para 2012”.

(*) Relativamente modificado el boletín original, colocaron "chavismo" en lugar de "chavezato" que, en nuestra perspectiva, tiene una connotación diferente.

Fotografía: 10/09

viernes, 18 de febrero de 2011

PARA EL DEBATE


EL UNIVERSAL, Caracas, 23 de Enero de 2011
¿Humanismos?
Emeterio Gómez

La preocupación por la cuestión espiritual, en Venezuela, va en un crescendoindudable. Asistimos, el 19-01-11, a un foro en la UCAB (El Humanismo Cristiano: ¿un cascarón vacío?),No hay ninguna conexión racional entre la Ética y Lógica, y tampoco entre la Fe y la Razón...cuyo solo nombre o, más exactamente, el que los organizadores se hayan atrevido a ponerle ese nombre, ya era motivo de reflexión. Aunque solo fuese como hipótesis para ser negada, ese título resultaba atrayente. Pero lo grave es que después del foro, quedó en el ambiente la sensación de que la respuesta a la pregunta podría ser parcialmente afirmativa, ¡que el Humanismo Cristiano pudiera ser un cascarón, por lo menos medio vacío! Gracias a los ponentes, Luis Ugalde, María Elena Febres-Cordero y Mario Di Giacomo, por sus valiosos aportes y a la Cátedra de Pensamiento Cristiano de la UCAB, por promover el evento.

Pero lo realmente grave es que al Humanismo Cristiano le pasa lo mismo que a todos los Humanismos... y al conjunto de la Cultura Occidental: la quiebra radical del Pensamiento Racional, le está socavando las bases más profundas. Todos los Humanismos están centrados en la creencia según la cual la Razón puede ser el cimiento de lo Humano. Bien exclusivamente, como en el Racionalismo necio del siglo XVII, bien combinando la Razón y la Fe, como pretende el Cristianismo. El problema de todos los Humanismos es que entre 1740 (cuando David Hume, en el famoso Is-Ought Passage, el Pasaje del Ser y el Deber Ser, le asesta el primer golpe mortal a la Razón) y 1920, cuando Wittgenstein, en su Tractatus, le propina el hachazo final; entre esas dos fechas, decíamos, el Pensamiento Racional se desploma silenciosamente, dejando no solo a todos los Humanismos, sino a la Cultura Occidental en el aire. No es por casualidad que Heidegger se burla sangrientamente del tonto de Sartre, por creer que el Existencialismo era un Humanismo.

Hume había dicho: "No hay ninguna posibilidad de deducir el Deber Ser a partir del Ser", es decir, ¡¡no hay ninguna conexión racional -absolutamente ninguna- entre la Moral y la Razón!! Lo Razonable, como dijo Ugalde en el foro, puede ser gastar más en los niños abandonados que en la guerra; el problema es que los humanos, puestos ante esa disyuntiva, jamás dudan: ¡¡siempre escogen la guerra!! Pero el de Hume había sido apenas un preaviso, el golpe de gracia lo dio Wittgenstein, 180 años más tarde: "Todas las proposiciones racionales, son estrictamente tautológicas". Esto es, ningún razonamiento puede poner en su conclusión nada que no haya estado antes en las premisas; la Razón no genera el más mínimo ápice de conocimiento nuevo. ¡¡Pero, lo humano no puede fundarse en tautologías!!

Todos los Humanismos se quedaban en el aire, incluido el cristiano. Todos los esfuerzos (absolutamente inútiles) fueron hechos para salvar a la Razón: la Razón Práctica de Kant, la Razón Dialéctica de Hegel, la Histórica de Marx, la Razón Vital de Ortega, la Razón Crítica de Popper y hasta la ¡Razón Empírica! de la ciencia. Tarde o temprano el Catolicismo tendrá que revisar la doctrina según la cual la Fe y la Razón, son conciliables. Tarde o temprano aceptaremos que así como no hay ninguna conexión racional entre la Ética y Lógica, tampoco la hay entre la Fe y la Razón. ¡¡Porque no puede haber relación alguna entre la Fe y un conjunto de tautologías!! Y no hay la menor duda de que la Razón es solo un conjunto de tautologías. No es -como me permití observar en el foro- que la que está en crisis sea la Razón Instrumental, es que no hay ninguna otra Razón que no sea la Instrumental. Al Catolicismo le haría mucho bien afrontar este rollo.