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miércoles, 14 de junio de 2017

LA REALIDAD NO SE DECRETA

González Ordosgoitti: A la sociedad hay que leerla desde abajo
Macky Arenas

El sociólogo y antropólogo, Enrique Alí González Ordosgoitti, profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) aseguró en entrevista exclusiva a ENPaís que los cambios dentro de una sociedad pueden generarse a partir de la estructura de la vida cotidiana.

Para el experto en Ciencias Sociales, la sociedad debe “leerse desde abajo” y los cambios reales pueden darse solamente en el día a día, de lo contrario “son superficiales y no echan raíces”.

_  ¿Cómo hay que interpretar a la sociedad hoy desde la perspectiva humanista cristiana?

_  Es preciso llamar la atención acerca de una manera limitada de analizar a la sociedad que ha imperado hasta ahora en el plano de la ciencia social, cual es pensar que existen solo dos formas de sociedad, la civil y la política, algo que viene desde el siglo XVIII y finales del XIX, desarrollados bajo esquemas de Hegel, Marx –a su manera- y luego Gramschi. Eran visiones limitadas pues la sociedad política presenta instituciones claramente formalizadas, es decir, que poseen una dinámica de auto-reproducción consciente y evidente. La sociedad civil, que viene formándose como una especie de “alterno” a la sociedad política, crea organizaciones que finalmente, pueden llegar a ser formalizadas. Por ejemplo, lo que sucede en América Latina con las organizaciones de vecinos las cuales, primero, funcionan como juntas en los barrios –sectores populares- con un mínimo de formalidad hasta que llegan a convertirse en auténticas organizaciones vecinales de la cuales podemos decir que estamos en presencia de una sociedad civil estructurada.

_  ¿Qué es lo que las hace limitadas?

_  Están dejando de lado otros elementos que incluyen lo antropológico, lo cotidiano, lo cual es muy importante. Implica lo que, a partir del desarrollo de la sociología francesa de los años 70, se llamó la vida cotidiana. Por ello nosotros hemos planteado hablar de “la sociedad de la vida cotidiana”. Se diferencia de la civil y la política porque no se encuentra estructurada formalmente, incluso su manera  de funcionar es con estructuras informales pero son tan importantes cuanto que allí es donde se da la reproducción de lo social.

_ ¿De qué manera?

_  Se manifiestan allí muy claramente siete grandes  estructuras sociales. Estamos acostumbrados a hablar de estructura política, económica y cultural, que son, ciertamente, tres mega-estructuras. Pero hay otras siete que sí funcionan y que muestran un contenido mucho más cercano a lo antropológico como son: la estructura de la amistad, la edad –solidaridad generacional-, la étnica que es fundamental, la estructura de la lengua, la del parentesco, la del sexo –o el uso social del sexo- y la estructura de la vecindad que es la forma de crear lazos en parroquias o lugares donde se hace vida cotidiana. Estas estructuras se movilizan,  son las que condicionan la vida cotidiana y, por ende, gran parte de la vida social.

_  ¿Quiere decir que involucran a la gente desde un punto de vista más humano?

_  Absolutamente, porque son las estructuras más estrictamente antropológicas, que nunca varían. Podemos hablar de sociedad política y hacer una historia de la humanidad antes y después de la aparición del Estado; igualmente con la sociedad civil por su estrecha relación con el Estado. En cambio, estas estructuras de que hablamos existen desde que existe el ser humano. Son relaciones de amistad, de edad, étnicas y todas las que hemos mencionado.

_  ¿Cuando hablamos de cultura, de política, de economía, todas esas formas de organizarse no están comprendidas, es decir, de alguna manera implícita?

_  No. Y ello responde a la falta de desarrollo teórico que había hasta los sesenta. Querían abarcar todo lo demás pero, en el camino andado por las ciencias sociales, esas otras formas de organización social se iban manifestando en el campo de la sociología y de la politología. De hecho,  descuidaban lo que venía descubriendo, por una parte la antropología y lo que luego se va a llamar una sociología comprensiva que buscaba trabajar más los elementos de la base social. La separación que hubo en la forma de mirar de esas ciencias es algo del siglo XX pues al principio los grandes sociólogos como Durkheim y Weber mezclaban todo esto porque partían de una sola visión. Igualmente, cuando se desarrolla la politología harán hincapié solamente en la sociedad política y, por supuesto, en su versión de la sociedad civil descuidando la verdadera manera de funcionar de la humanidad.

_  ¿Cuáles son los orígenes de esta gran discusión teórica?

_ Obedece a una teoría que comenzó a  desarrollarse en el siglo XVIII pero alcanzará el siglo XIX, conocida como la idea del progreso infinito, la creencia de que la sociedad avanza hacia una supuesta racionalidad de las relaciones, que siempre vamos a estar mejor que anteriormente y que se va a expresar en dos grandes corrientes, el positivismo y el marxismo. Entre las muchas profecías en las cuales Marx se equivocó hay tres importantes de señalar pues resucitaron al contrario de su visión. Marx pensaba –cuando se desarrolla la idea del Internacionalismo- que en el siglo XX dejarían de funcionar las nacionalidades, las solidaridades étnicas  e iban a desaparecer las religiones.

_  También se equivocó en su concepto del capital y del trabajo y hoy se aprecia mejor que nunca…

_  Por supuesto. Pero estos errores resultan especialmente graves pues impidieron comprender a cabalidad la dinámica política de las sociedades. Hoy, por ejemplo, ya ni siquiera las personas que siguen definiéndose marxistas –o cualquier cosa que eso pueda significar en la actualidad- pueden negarse  a aceptar que gran parte de la dinámica política que vivimos se explica por  conflictos nacionales, étnicos o religiosos, precisamente los tres elementos de la sociedad que Marx aseguraba iban a  desaparecer para el siglo XX. Y Marx creía que iban a desaparecer porque sus criterios sobre estos hechos partían de una sola premisa: impulsar el pensamiento circunscrito a los conceptos de sociedad política y sociedad civil, desde las universidades. En las universidades decidieron que hablar de las naciones, de las etnias y del hecho religioso era atrasado. Pretendían que sólo con ignorarlo y decretar que era atrasado, iban a dejar de existir. Y se equivocaron.

_  Quiere decir que conectar el pensamiento con utopías sin enraizarlo en las realidades humanas conduce a serios descalabros teóricos…

_  Se ha planificado a partir de las propias fantasías y de allí puede salir cualquier cosa pero, sobre todo, errores descomunales de interpretación de la historia y de la realidad sociopolítica.

_  ¿Eso de ver a la sociedad desde abajo qué ha aportado, no sólo al plano del debate teórico?

_  Lo primero es el conocimiento de lo real. Poder comprender por qué ha seguido desarrollándose con tanta fuerza la diversidad étnica, la diferencialidad religiosa y nacional. Esas tres aristas de la realidad viven en la cotidianidad, en la sociedad de la vida cotidiana. Una de esas grandes estructuras es la étnica. Cuando se estudia lo étnico, lo primero que se aborda es la manera como se reproduce la propia etnicidad y la manera como se reproduce la distancia con el que no pertenece a tu grupo étnico. A medida que se va conociendo eso es posible percibir cuáles pueden ser las zonas de conflicto y cuáles las de colaboración. Cuando a partir de los años sesenta ocurre la descolonización de África, se crean naciones totalmente ficticias que atraviesan identidades étnicas, colocan a unos de un lado y a otros del otro de manera discrecional, lo que luego repercute en las guerras interminables.

_  ¿Podría también explicar el terrorismo talibán, por ejemplo?

_  Por supuesto. Hay una etnia, la más grande de Afganistán que son los pastun, divida por mitad entre ese territorio y Pakistán. Antes eran una etnia nacional y los separaron. Eso equivalía a crear una nación a partir de una diversidad étnica que antes no había formado nación. Se vio como la imposición de una sobre la otra y  hoy están en guerra permanente. Si se hubiese tenido en cuenta lo étnico, eso se percibe.

_  ¿En las relaciones de parentesco funciona igual?

_  De la misma manera. Si analizamos lo social a partir de la estructura de parentesco se puede descubrir un conjunto de cosas que no se asoman a primera vista. Pongo el ejemplo de México y Japón, donde se analizaron empresas y fábricas y se demostró que los cargos internos se otorgaban a partir de compadrazgos o de relaciones familiares. Así mismo, en una universidad venezolana se cruzaron los nombres de empleados y profesores, incorporando los cuatro apellidos que todos tenemos y fácilmente salió a la luz la red familiar. Todos ellos se ayudan mutuamente. Con la vecindad es igual y da origen a la solidaridad con la región. Si no se reconocen y analizan estas cosas no se puede comprender lo que pasa.

_ ¿Ayuda también a generar soluciones?

_  Por supuesto. Estudios demostraron que las asociaciones de vecinos se han conformado en barrios y urbanizaciones a partir de relaciones de parentesco y vecindad. Pueden ser juntas de vecinos o consejos comunales pero analizas los nombres y hay una estructura familiar funcionando allí. Sencillamente se adaptan a  los modelos que le propone la sociedad política para organizarse pero no cambian las relaciones estructurales básicas. Cuando esto no se cruza no se percibe la dinámica y se llega a conclusiones ligeras pues los cambios reales de la sociedad  solamente pueden darse en esta estructura de la vida cotidiana. De lo contrario son superficiales y no echan raíces. Analizado el largo plazo histórico de las sociedades latinoamericanas, fácilmente apreciamos la existencia de conflictos no resueltos en el siglo XVII que aún siguen vigentes.

_  ¿Por qué arrastramos esas rémoras?

_  Porque hay causas que siguen sin ser atendidas. En América Latina persiste el conflicto centralismo-regionalismo que en EEUU fue resuelto. Había acá provincias que, cuando se planteó la guerra de separación de España, enfrentaron un nuevo centralismo alrededor de las provincias capitales. En Venezuela, por ejemplo, hubo provincias que no firmaron el Acta de Independencia pues no se sentían representadas por la hegemonía de la provincia de Caracas. Eso está aún allí, latente y se va creando una historia centralista que, por cierto, no es la historia de Caracas, sino la historia desde Caracas, lo cual es diferente. Es la razón por la que las regiones no se sienten interpretadas y se automarginan del discurso nacional pero siguen creando el suyo propio. Eso aleja la posibilidad de cohesión nacional.

_ ¿Qué papel juega la religión ante esa posibilidad de cohesión nacional, habida cuenta de que, a pesar de habernos separado España en tiempos de la Independencia, no dejamos de ser católicos elemento que hoy es básico para nuestra identidad nacional?

_  Una amalgama importante.  Es el motivo por el que, desde otros ámbitos, se juega a destruir estos elementos básicos. Factores como la religión y la nacionalidad  han permitido la reproducción de aquellas tres utopías que el marxismo aseguraba iban a desaparecer. Es en la vida social cotidiana donde se reproduce el concepto de nación, de etnia, de familia y de religión. Cuando la religión es expulsada de la sociedad política y reducida en la sociedad civil la institución que la encarna – la Iglesia-, se ancla para su desarrollo en la estructura familiar y se reproduce en esas relaciones.  Y ese es el largo plazo histórico: el sentido de sí mismos que han acumulado las personas a lo largo de la historia familiar y social. Una permanencia de siglos, es su memoria. No es casual que en los países comunistas de Europa del Este, las primeras revueltas que se producen detrás de lo que se llamó “la Cortina de Hierro” aparecen en naciones de cultura católica: Hungría, Polonia, Eslovaquia.

_ ¿Qué aporta solidez a la  cultura católica?

_ Tiene su base en el universalismo, pero alrededor de una proposición cristocéntrica, que es la Iglesia. Y no permite que sea sustituida por otro universalismo como el ateo. Para un católico es imposible aceptar eso. Otras propuestas cristianas no tienen ese eje universal que es la Iglesia y por ello quizá les fue más fácil adaptarse pues se trata de iglesias particulares, a diferencia  de la concepción de Iglesia universal que tiene el catolicismo, que se enraiza en nuestra cultura y se convierte en identidad. Y es justamente esa identidad la que aflora para luchar contra los totalitarismos. Hizo posible el alzamiento en Polonia, la Primavera de Praga y la epopeya húngara.

_ ¿Cuán fuerte es, en nuestro continente, la identidad por la vía del catolicismo?

_  Baste recordar la Guerra de los Cristeros en México enfrentados a un Estado absolutamente agresivo contra la Iglesia. Es la misma Iglesia la que, a pesar de los ataques recibidos, cuando ves los números de fieles adscritos, siempre rondan el 70%. Es una base que ha podido soportar todos los embates y le sigue dando identidad. En algunos casos la Iglesia, desde abajo, ha dialogado con otros cultos y religiones que han tenido cierto desarrollo independiente y no son anticatólicas. En algunos casos, sobre todo en el caso de Venezuela que es muy emblemático, se ha logrado desarrollar un tipo de catolicismo popular, con sus cultos paganos como el que representa María Lionza, pero se siguen considerando católicos, por cierto un tema distinto a la santería. Y es que se ha creado una conexión muy fuerte que los vincula con la historia. Una historia que viene desde abajo, desde su historia de raíz.

_  ¿Es la misma que se ha contado?

_  La historiografía surgida a partir del siglo XIX para dar cuenta de las guerras independentistas -en realidad guerras de secesión a partir de 1810- tanto en Venezuela como en otros países de América Latina, ha sido completamente ideologizada en el sentido de falta de conciencia. En realidad lo que tuvimos fue una guerra civil, no solo porque los ejércitos estaban conformados por personas nacidas en este territorio, sino porque en aquella época no existía la nacionalidad venezolana, todos éramos españoles, es decir, se trató de una guerra civil entre españoles. Eso es clarísimo. El mismo Bolívar nunca fue venezolano, fue caraqueño con pasaporte español. Más adelante, en 1819, lo que Bolívar crea es la República de Colombia, la Gran Colombia. En estricto sentido, fue español y colombiano pero nunca venezolano.  Quien crea la República de Venezuela es Páez en 1830. Eso no le quita méritos a Bolívar, sino que precisa cómo es que debemos ver las cosas. Si la historiografía nos dijera eso, sería más comprensible todo lo que ha pasado posteriormente. Por eso es que una vez propusimos, en un seminario en 1999 en la Universidad Central de Venezuela, que sólo podríamos reconstruir al país a través de un nuevo pacto, pero un pacto regional que se expresaría en una bandera con 24 estrellas, una por cada estado y una por Caracas. Cuando Chávez planteó recuperar la octava estrella para Guayana fue querer cambiar volviendo hacia atrás pues Guayana no estaba representada. Hoy en día Zulia y Falcón no están tampoco en la bandera. Hay que actualizar con 24 estrellas lo que permitirá conformar un pacto regional a partir de conferir identidad a cada región, valorar su experiencia y su historia y acabar con la marginación del discurso centralista. Esto no es un discurso contra la nación, sino para revitalizar una idea de nación, pero de nación federal.

_ ¿Cómo lo solucionaron en Estados Unidos?

_  El voto es delegado, de segundo piso, no es votación universal. Ello permite que se tomen en cuenta los 50 estados. Si fuera sólo numérico tendríamos que Hilary Clinton obtuvo más votos pero en menos estados. Si el voto hubiera sido directo sería ella la presidenta pero se habrían expresado pocos estados apoyándola, lo que habría representado una lucha entre los estados grandes y los pequeños, de manera que la voluntad de las ciudades y estados  medianos no estaría allí presente. Esa es la importancia de este federalismo que en Venezuela estaba representado en la Cámara del Senado y fue eliminada. Entonces, la única forma de ir solucionando en positivo el problema que persiste entre centralismo y regionalismo que arrastramos desde el siglo XIX es a través de una fórmula así, una visión que fortalezca y reivindique las particularidades regionales y locales, respetando sus propias historias.-

Fuente:
http://enpaiszeta.com/gonzalez-ordosgoitti-la-sociedad-leerla-desde/
Fotografía: https://www.facebook.com/ealigor

domingo, 29 de diciembre de 2013

EXAMINACIÓN

Entrevista a Naudy Suárez – Historiador y presidente de la Fundación Rómulo Betancourt
“Hay que saber de dónde venimos para poder imaginar hacia dónde vamos”
Macky Arenas

Hay un antagonismo entre la formación doctrinaria y una práctica divorciada de la ética en la política. En su soberbia, los jóvenes creen que se las saben todas y puede resultar que de lo viejo, solo aprendan lo malo. Hay que ver la ignorancia histórica que revela el partido que encabeza hoy el gobierno, señala el profesor universitario especializado en la historia contemporánea venezolana.
Naudy Suárez, andino y riguroso, comenzó en la política desde muy joven como militante activo de la Democracia Cristiana. En un seminario católico estudió Humanidades y Filosofía. Allí se formó su profundo concepto religioso de la vida. Se graduó de periodista en la UCV. Hoy es profesor universitario y un apasionado investigador sobre historia de las ideas. Le ha seguido los pasos a las corrientes políticas venezolanas, al punto de que Rómulo Betancourt decía a los adecos que se acercaban para saber de su trayectoria: “En vez de venir aquí, vayan a Copei y busquen a Naudy Suárez, ese sabe más de mí que yo mismo”.  Hoy dirige la Fundación que lleva el nombre del político emblema de la democracia en este país. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.
—  ¿Qué efecto ha tenido, en la política venezolana, el abandono de la formación en los cuadros juveniles?
—  No pienso que fue la juventud la que abandonó la formación. Si existe alguna responsabilidad la ubico en los dirigentes políticos. Si nos ponemos en plan comparativo, no hay duda de que en Venezuela hay dos fuerzas políticas, las cuales tuvieron más éxito en las últimas décadas: Acción Democrática, que derivó hacia la socialdemocracia y Copei, de tendencia socialcristiana. Sus dirigentes, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, entendieron que sus partidos debían ser fuerzas potenciadas por un pensamiento, una doctrina. De allí que la expresión “partidos doctrinarios” fue muy de esos tiempos. Desafortunadamente, hoy “doctrina” es casi una mala palabra para estas generaciones políticas.
—  ¿Hay razones para ello?
—  A juicio de algunos, seguramente que sí. ¿Pero cómo debe llamarse a un pensamiento que vaya detrás  de una propuesta o programa político, sino doctrina? Pero lo importante es que la doctrina estuvo respaldando proyectos políticos que se demostraron durables  en el tiempo, de largo alcance. Esa gente creó cuadros bien provistos desde el punto de vista del pensamiento.
—  ¿Será por eso que el declive del sistema político coincide con la entrada al pragmatismo?
—  Hay un antagonismo entre la formación doctrinaria y una práctica divorciada de la ética en política. Hace unos años, Dhinora Carnevalli escribió una tesis denominada “Araguatos, astronautas y avanzados”, nombres que representaban un grupo de corrientes de tipo doctrinal que aparecieron al interior de Copei entre los años 60 y 70.
—  ¿Esa diversidad enriquecía el debate o complicaba las cosas?
—  Justamente, aparecieron esas corrientes como resultado del interés que los jóvenes de entonces tenían por la doctrina, en ese afán de encontrar los términos que servirían de orientación para una mejor práctica política. Los más radicales eran los astronautas, los avanzados se ubicaban en una vía media y los araguatos eran los más conservadores. Pero lo cierto es que había interés doctrinario y eso llevaba a confrontaciones entre los partidos. El PC de la época, ligado a Moscú y teledirigido desde La Habana -porque Cuba hacía la intermediación- se liaba en fuertes debates con la DC y otras juventudes que también sostenían posiciones doctrinarias sobre los grandes temas políticos y sociales. Era extraordinario. Las convenciones juveniles de un partido como Copei ocupaban las primeras planas de los diarios de la época. Las discusiones eran reseñadas con gran respeto.
¿Partidos políticos o movimientos electorales?
—  ¿Qué pasa hoy en día?
—  En mi opinión, hoy el liderazgo nuevo se conforma con muy poco en lo que se refiere a la educación de sus juventudes políticas.
—  Uno los siente más ávidos de poder que cualquier otra generación. Y no es que el político no deba buscarlo, pero el poder, por el poder mismo, conlleva muchos riesgos y revela profundas carencias, ¿no cree?
—  ¡Por cierto! Si partidos como Copei y AD, siendo partidos doctrinales, llegaron a sufrir serias crisis y fueron duramente atacados por el pragmatismo rampante, ¿qué puedes esperar para partidos que le ponen muy poca o ninguna atención a la formación doctrinal?
— ¿Pero esto que tenemos ahora pueden llamarse partidos o más bien movimientos electorales? Los partidos políticos son básicos para la democracia y si andan sobre dos patas, una de ellas tiene que ser la formación para que sus propuestas estén sustentadas por una doctrina sólida, ¿no es así?
—  Los partidos “estrella” o modelos desde el punto de vista histórico, AD y Copei, sobre los cuales conozco muy bien cómo llegaron a crearse y a ser tan poderosos, no improvisaron en esta materia. Detrás de esos partidos había un liderazgo formado para comenzar ellos mismos y en condiciones mucho más adversas. Fueron líderes que leyeron teoría política en las cárceles o en el destierro. Los más privilegiados, en las universidades. Asimilaron esas enseñanzas, las cuales, además, debieron “nacionalizar” pues las grandes corrientes ideológicas eran internacionales.
—  ¿Pueden, entonces, los líderes actuales, darse el lujo de desechar a los mayores, al pasado, al aprendizaje sobre toda esa trayectoria de los grandes partidos nacionales?
—  De hecho, lo hacen, pero a mi manera de ver detrás de eso hay una enorme ignorancia. Además, una falta de perspectiva. Me da la impresión de que estos muchachos no leen historia. Tal vez lo básico, pero así no se generan los grandes programas políticos y los proyectos de trascendencia para el país. ¿Cómo lo hicieron antes? ¿Sobre qué bases los montaron? Sobre una mezcla de lecturas y meditación sobre Venezuela, inspirada por su conocimiento de la historia. Me temo que si le haces un examen de historia elemental o de geografía a nuestros actuales dirigentes políticos saldrían raspados. Si son de oposición es lamentable, ¡aunque del gobierno ni hablar! El caso famoso es la Geografía de Venezuela que maneja el señor Maduro, quien se ha atrevido a crear “estados” nuevos, lo que demuestra una grave ignorancia de lo básico. ¿Cómo cambias al país  si no lo entiendes, si no conoces su historia?
—  Hay una tendencia a creer que el mundo marcha por derroteros esencialmente tecnológicos y que ya ciertas cosas del pasado no cuentan tanto como ver hacia el futuro. ¿Por qué la historia es importante?
—  Se ha dicho mucho que hay que saber de dónde venimos para poder imaginar hacia dónde vamos. Es ya casi un lugar común aceptar que si no conoces el pasado repetirás los errores. La meditación histórica, no sólo pretérita sino reciente, es de primordial importancia. Es preciso conocer y respetar la experiencia democrática iniciada en 1958, la más exitosa en la historia política del país desde 1830 hasta nuestros días. Esa experiencia se edificó sobre la base de una profunda meditación y autocrítica que se hizo de lo que había sido la historia política venezolana desde la muerte de Gómez hasta entonces, en particular, de una manera razonable, sobre lo que habían significado los casi 10 años de la década militar 48 al 58.
El legado de Chávez
—  Los jóvenes de entonces, ¿cómo asumieron ese proceso de revisión?
— Me asombra cómo se manejaron los políticos, no sólo los que en aquél momento eran jóvenes, por sólo mencionar dos que militaban en corrientes distintas, Luis Herrera y Domingo Alberto Rangel, “pinos nuevos” en aquél paisaje político del 58. Mostraron una gran madurez y disposición a corregir errores, tanta como la que exhibían los mayores como Betancourt, Caldera, López Contreras, quienes sacaban sus cuentas admitiendo sus fallas. La misma actitud que debían tener los jóvenes de hoy, a más valdría admitir sus ignorancias y ponerse a repararlas, a llenar sus vacíos. Hay que ver la ignorancia histórica que revela un partido como el que encabeza hoy el gobierno en Venezuela, ¡el Psuv! ¡Verdaderamente monumental!
—  Ignorancia que data desde Chávez…
—  El difunto Presidente Chávez inauguró ese “estilo”. Recuerdo cuando hablaba del Pacto de Puntofijo. Yo, que lo he leído y releído, me daba perfecta cuenta de que jamás se había paseado por él, a pesar de que apenas tiene unas 4 cuartillas. Decía tales barbaridades que sólo podían ser atribuidas a un craso desconocimiento de su texto.
—  Repiten clichés como que fue un Pacto entre oligarquías y que todo lo que de allí derivó es execrable…
— Por eso están condenados a fracasar. La mejor alabanza escrita que existe al Pacto de Puntofijo provino de uno de los más eminentes consejeros de este gobierno autodenominado “revolucionario”. Son las alabanzas más razonadas, escritas a cosa de dos o tres meses de haberse firmado el Pacto, a pocos días de celebradas las elecciones que le dieron el triunfo a Rómulo Betancourt, el 7 de diciembre de 1958. El hombre que ponderó de esa manera el Pacto de Puntofijo hoy está a la cabeza de lo que podríamos llamar “el cinismo histórico nacional” y se llama José Vicente Rangel.
—  ¿A qué se debe la imposibilidad de conseguir, al cabo de casi 19 años, una salida a la difícil situación en que se encuentra el país?
—  Creo que tanto gobierno como oposición han “cooperado”. Por el lado del gobierno hay un empeño en copiar modelos fracasados. Estamos a menos de 4 años de cumplirse 100 de aquella Revolución de Octubre que dio paso a la primera experiencia de lo que, en su propio lenguaje, llaman los comunistas “el socialismo real”. Eso fue en 1917 y se cumple el centenario en el 2017. Esa revolución deslumbró al mundo entero, pero sobre todo a los jóvenes, que la veían como el faro, la estrella guía. Escalonadamente aparecieron nuevas experiencias inspiradas en ese modelo, marcado por Marx y Lenin, en Europa del Este, en China y en otros países de Asia y África; penúltimamente en Cuba y últimamente en Venezuela. Ellas no son más que la historia de un fracaso continuado. Muchos bien intencionados, pero para ellos se cumple el refrán que dice “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Cito el caso del centenario pues es hora de hacer balance y reclamar racionalidad a quienes quieren seguir conduciendo a Venezuela por un camino probadamente fracasado.
—  ¡Y a qué costo!
—  No fue un fracaso inocuo sino enormemente costoso, desde todos los puntos de vista, político, social y, sobre todo, desde el punto de vista de los derechos humanos, que es lo más importante.
—  ¿Y la parte que le toca a la oposición?
—  Está en el deber de elaborar una propuesta fiable, con base, motorizada por grupos políticos capaces de combinar doctrina con mística. Recalco que, en su soberbia, los jóvenes creen que se las saben todas y puede resultar que de lo viejo solo aprendan lo malo.
—  Puede ser que piensen que no hay nada bueno que aprender, que hay que reconstruir todo, la misma tesis de Chávez al principio cuando convocó la Constituyente…
—  Una falta de madurez política. La experiencia vale mucho. Se aprende de los éxitos pero también de los fracasos. Por estos días se ha vuelto a pensar que una de las experiencias políticas más exitosas de la historia comenzó cuando tres o cuatro líderes europeos, algunos de ellos ancianos como Adenauer, otros menos ancianos pero todos maduros, como De Gásperi y el francés Shuman, se pusieron de acuerdo para echar a andar una experiencia de distinto signo, de unidad, la cual, iniciándose de una manera modesta, se llama hoy la “Unión Europea”, que ya cuenta con 30 países unidos para terminar con sus problemas, siendo en lo básico exitosa pues le está garantizando a Europa, por lo pronto, la libertad y el progreso social.
http://www.ventevenezuela.org/entrevista-naudy-suarez/
Fotografía: Naudy Suárez junto a Jacqueline y Elías López La Torre. Tomada de https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10202218122390258&set=a.1235821291417.37147.1105752168&type=1&theater