Aparatosa e inútil complicación
Luis Barragán
La otrora jefatura civil daba cuenta de las partidas de nacimiento y de defunción, el orden público en una jurisdicción de extensión más o menos extensa, casaba, coordinaba sendas actividades comunitarias, encerraba a carteristas y borrachitos, entre otras de las facetas de una variedad cónsona con los recursos disponibles. Quizá una de las más importantes, mantenía la paz vecinal, no sólo porque contaba con un mínimo contingente policial a la mano, sino porque solía imponer las ordenanzas que versaban sobre la pacífica convivencia.
El pleito de vecindario, el ruido estridente u otras de las faltas cotidianas, podían ventilarse en la jefatura y, por lo general, culminaba con la llamada caución. El compromiso de mantener la buena conducta, muchas veces lograba la definitiva reconciliación de las partes.
Ahora, la cosa es más complicada porque, faltando un juez de paz, el problema se encamina a través del Ministerio Público, por muy modesta que sea la queja, complicándose inútilmente el asunto a diligenciar. El fiscal, atiborrado de expedientes, clama por un delito para enderezar su atención ante el conflicto de un par de vecinos que, siendo lo más lejos que han llegado, se han mentado la madre.
El supuesto reordenamiento de las tareas del Estado, ha perdido de vista la vida cotidiana y de casos, diferencias, pleitos y problemas, más sencillos que, al no recibir la adecuada atención, se complican aparatosamente. Así como existen ministerios que parecen constelaciones apartadas con sus innumerables despachos ministeriales, viceministeriales, institutos, etc., y todas las reglas y procedimientos correspondientes, duplicando las funciones, parece ocurrir y ocurre algo semejante “hacia abajo”: el trámite de una diferencia por el rayón que alguien plenamente identificado produjo al automóvil en el estacionamiento, como un gesto de revancha, nunca es resuelto por la madeja kafkiana de un Estado que, al agigantarse, deja simplemente de serlo.
Coexistir tiene sus dificultades, pero el Estado renuncia a atenderlas. Obviamente, no desaparecerán, sino que se complicaran como el Estado mismo que termina por ausentarse.
http://www.diariocontraste.com/aparatosa-e-inutil-complicacion-por-luis-barragan-luisbarraganj/
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domingo, 22 de noviembre de 2015
miércoles, 5 de septiembre de 2012
EL ESFUERZO: ÍNTEGROS E INTEGRALES
Teñidos de Maritain
Luis Barragán
Domingo, 1 de junio de 2003
En una reciente asamblea partidista realizada en Petare, sentimos a Jacques Maritain, relevante figura del pensamiento cristiano contemporáneo, desaparecido físicamente treinta años atrás. No hubo necesidad de nombrarlo. Bastaba el ambiente, cada pieza de los oradores, la invocación de una cierta manera de ver el mundo y las cosas, para descubrirlo entre los más humildes con la aceptación de un compromiso de lucha y la riqueza invalorable del diálogo sencillo al culminar el acto.
Lo reconocimos,incluso, en quienes jamás lo leyeron directamente. Un estudioso de los partidos de larga trayectoria, con tradiciones, con la consciencia crítica de sus éxitos y de sus errores, puede adivinarlo según el código empleado. Posible porque quedó en lo más profundo de la reflexión en aquellos años en los que pudimos descubrirlo. Después de algún círculo de estudio, al que nos atrevíamos en la Venezuela dineraria, impactada por los altos precios del petróleo, nos permitiamos una lectura personal que –por fortuna, inevitable- adquiere otros sentidos al pisar la madurez.
Jóvenes, incursionamos en la política con el afán de los ideales, a veces incomprendidos por la burda penetración que hizo el populismo o la cultura populista en el partido. Gracias a esos ideales, soportamos las crisis experimentadas, los años de devastación electoral. Los mismos ideales que, redimensionados en la medida que sean discutidos y compartidos, abren la esperanza cierta de la recuperación, de la renovación, del compromiso.
Nuestra primera aproximación al autor fue en la búsqueda de la utopía. Una nueva sociedad de inspiración cristiana nos animaba y acentuaba una militancia en la que –es necesario reconocer- hubo mucho de ingenuidad e inmadurez. La crítica ética que hizo del capitalismo nos convencía del acierto de nuestras posiciones. “El hombre y el Estado” y –sobre todo- “Humanismo integral”, eran emblemáticos, junto a los documentos de Medellín y -en camino- Puebla. No obstante, necesario de reivindicar definitivamente, cultivamos un cierto sentido de la irreverencia, de la inconformidad, del deseo de nadar a contracorriente, como él mismo lo aconsejara, y que –debemos reconocerlo también- extrañamos en muchos jóvenes que elevan por bandera la edad, pero se nos antojan tan conservadores y calculadores que bien les hace falta un buen balde de tensión espiritual.
Revisando viejos apuntes hemerográficos, observamos que la muerte de Maritain atrajo la atención de la opinión pública porque la democracia cristiana gobernaba por vez primera en Venezuela. Por ejemplo, Antonio Aparicio inmediatamente lo relacionaba con “la defensa de la acosada fortaleza donde el humanismo pugna por sobrevivir en medio de una época sin ideales, en la que regímenes y sistemas contrapuestos rivalizan en precipitar la liquidación de los valores del espíritu” (El Nacional, 11/05/73). Fernando Valera señaló por entonces que “se ha podido decir de Jacques Maritain y de sus discípulos que han funcionado como un grupo de presión de los que empujaron a la Iglesia Católica hacia el Concilio Vaticano II” (ibidem, 02/07/73). Ana Carranza inventariaba a los líderes que recibieron su influencia en un reportaje cuyo título nada le debía a la relación intentada (“Maritain: ¿marxista-cristiano?”, Elite, 11/05/73).
Hoy, teñidos de los aportes del autor, en las circunstancias tan duras que atraviesa el país, no basta la simple divulgación del francés que siempre nos invitó, como él mismo lo hizo con tantos, a superarlo. Y, lo más importante, con la urgencia de repensar al país, de nadar a contracorriente. Hay nociones que se vuelven tan convencionales, aceptadas a ciegas por el mundo político, que siempre será necesario el debate. Y en este sentido no olvidemos, otro ejemplo, el llamado de atención que ha hecho José Rodriguez Iturbe en un texto significativo como “Sobre la sociedad civil y la oposición política” (Revista Nueva Política, nrs. 71-72 de noviembre de 2000) que pone en aprietos no sólo a unos cuantos que dicen profesar el socialcristianismo, sino a los que no se cansan de recitarlo, mencionando como un recurso de autoridad a Maritain, sin molestarse con dos o tres párrafos que lo asuman de acuerdo a los nuevos tiempos.
Maritain está hecho para la irreverencia creadora. Vivimos también el fenómeno llamado “chavismo”, porque nos instalamos en la comodidad del mundo dado. Y éste ya tiene años de agotado.
Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5615461.asp
Luis Barragán
Domingo, 1 de junio de 2003
En una reciente asamblea partidista realizada en Petare, sentimos a Jacques Maritain, relevante figura del pensamiento cristiano contemporáneo, desaparecido físicamente treinta años atrás. No hubo necesidad de nombrarlo. Bastaba el ambiente, cada pieza de los oradores, la invocación de una cierta manera de ver el mundo y las cosas, para descubrirlo entre los más humildes con la aceptación de un compromiso de lucha y la riqueza invalorable del diálogo sencillo al culminar el acto.
Lo reconocimos,incluso, en quienes jamás lo leyeron directamente. Un estudioso de los partidos de larga trayectoria, con tradiciones, con la consciencia crítica de sus éxitos y de sus errores, puede adivinarlo según el código empleado. Posible porque quedó en lo más profundo de la reflexión en aquellos años en los que pudimos descubrirlo. Después de algún círculo de estudio, al que nos atrevíamos en la Venezuela dineraria, impactada por los altos precios del petróleo, nos permitiamos una lectura personal que –por fortuna, inevitable- adquiere otros sentidos al pisar la madurez.
Jóvenes, incursionamos en la política con el afán de los ideales, a veces incomprendidos por la burda penetración que hizo el populismo o la cultura populista en el partido. Gracias a esos ideales, soportamos las crisis experimentadas, los años de devastación electoral. Los mismos ideales que, redimensionados en la medida que sean discutidos y compartidos, abren la esperanza cierta de la recuperación, de la renovación, del compromiso.
Nuestra primera aproximación al autor fue en la búsqueda de la utopía. Una nueva sociedad de inspiración cristiana nos animaba y acentuaba una militancia en la que –es necesario reconocer- hubo mucho de ingenuidad e inmadurez. La crítica ética que hizo del capitalismo nos convencía del acierto de nuestras posiciones. “El hombre y el Estado” y –sobre todo- “Humanismo integral”, eran emblemáticos, junto a los documentos de Medellín y -en camino- Puebla. No obstante, necesario de reivindicar definitivamente, cultivamos un cierto sentido de la irreverencia, de la inconformidad, del deseo de nadar a contracorriente, como él mismo lo aconsejara, y que –debemos reconocerlo también- extrañamos en muchos jóvenes que elevan por bandera la edad, pero se nos antojan tan conservadores y calculadores que bien les hace falta un buen balde de tensión espiritual.
Revisando viejos apuntes hemerográficos, observamos que la muerte de Maritain atrajo la atención de la opinión pública porque la democracia cristiana gobernaba por vez primera en Venezuela. Por ejemplo, Antonio Aparicio inmediatamente lo relacionaba con “la defensa de la acosada fortaleza donde el humanismo pugna por sobrevivir en medio de una época sin ideales, en la que regímenes y sistemas contrapuestos rivalizan en precipitar la liquidación de los valores del espíritu” (El Nacional, 11/05/73). Fernando Valera señaló por entonces que “se ha podido decir de Jacques Maritain y de sus discípulos que han funcionado como un grupo de presión de los que empujaron a la Iglesia Católica hacia el Concilio Vaticano II” (ibidem, 02/07/73). Ana Carranza inventariaba a los líderes que recibieron su influencia en un reportaje cuyo título nada le debía a la relación intentada (“Maritain: ¿marxista-cristiano?”, Elite, 11/05/73).
Hoy, teñidos de los aportes del autor, en las circunstancias tan duras que atraviesa el país, no basta la simple divulgación del francés que siempre nos invitó, como él mismo lo hizo con tantos, a superarlo. Y, lo más importante, con la urgencia de repensar al país, de nadar a contracorriente. Hay nociones que se vuelven tan convencionales, aceptadas a ciegas por el mundo político, que siempre será necesario el debate. Y en este sentido no olvidemos, otro ejemplo, el llamado de atención que ha hecho José Rodriguez Iturbe en un texto significativo como “Sobre la sociedad civil y la oposición política” (Revista Nueva Política, nrs. 71-72 de noviembre de 2000) que pone en aprietos no sólo a unos cuantos que dicen profesar el socialcristianismo, sino a los que no se cansan de recitarlo, mencionando como un recurso de autoridad a Maritain, sin molestarse con dos o tres párrafos que lo asuman de acuerdo a los nuevos tiempos.
Maritain está hecho para la irreverencia creadora. Vivimos también el fenómeno llamado “chavismo”, porque nos instalamos en la comodidad del mundo dado. Y éste ya tiene años de agotado.
Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5615461.asp
jueves, 21 de octubre de 2010
el precio....
EL NACIONAL - VIERNES 03 DE AGOSTO DE 2007 OPINIÓN/14
Petróleo con "p" de populismo
LUIS PEDRO ESPAÑA
Sólo docena y media de países pueden aumentar sus ingresos sin aumentar su productividad. Sea un privilegio o una maldición, lo cierto es que nuestro nivel de vida material puede no depender de nosotros mismos, sino de los caprichos de las variables que determinan el precio del petróleo. La distancia entre trabajo e ingreso en Venezuela puede llegar a niveles de disparidad insospechadamente increíbles así como de impredecibles. Un día podemos amanecer pobres, en la más absoluta indigencia, tras haber sido los petulantes ricos del continente.
Imaginemos sólo por un momento que la humanidad descubre una fuente de energía distinta a la fósil y, como ocurrió con la tracción de sangre y más tarde con el carbón, la gasolina deje de alimentar los vehículos del progreso. Lo que sería el gran salto de la humanidad se convertiría en nuestra más horrible pesadilla hecha realidad.
Pero nuestro Apocalipsis post petrolero aún parece lejano.
Los pronósticos se anuncian alentadores.
Mercados crecientes con la voracidad del consumo capitalista en India y China, junto al rezago de inversiones en todas las fases del negocio y el renacimiento del interés de los países propietarios del crudo, vaticinan precios sólidos y crecientes para el futuro. ¿Pero qué tan confiables son tales pronósticos? ¿Puede alguien prever una caída o una estabilización de los precios? ¿Será el infinito el techo del precio del barril? La incertidumbre que se cierne sobre las respuestas a cada una de estas preguntas es tan alta, por la cantidad de variables que intervienen como determinantes, que a tiempos puede resultar ocioso tratar de pronosticar lo impredecible.
Es por ello que para nosotros quizás resulte más pertinente tratar de saber cómo lidiar con los problemas que se derivan de nuestra condición de país petrolero, antes que predecir su final. Primero debemos responder sobre cómo librarnos (o reducir) nuestra dependencia del ingreso petrolero y mitigar los contra-incentivos que provienen de una distribución del ingreso que no se corresponde con el nivel de productividad de los factores (capital o trabajo).
En segundo lugar, cómo hacer para regular el poder económico del Estado para que su alto grado de autonomía económica respecto a la sociedad venezolana no haga de algún gobierno de turno un verdadero tirano, envuelto en leguleyismos, como es el caso del gobierno que nos ha tocado en turno. El país lleva años tratando de sortear estas dos preguntas. Ellas adquieren importancia casi vital cuando los niveles de renta petrolera alcanzan niveles astronómicos como los conocidos en 1975 o los del presente. En los setenta se inventó la "Gran Venezuela" y se adquirieron compromisos sobre la base de un precio del barril que llegaría a los 100 dólares. Hoy es el "proyecto bolivariano" y su aparente necesidad de que el precio del petróleo tienda al infinito. Ayer despertamos de la borrachera rentista con el Viernes Negro, los estallidos sociales y los golpes de Estado, mañana ¿cómo amaneceremos? A la fecha se han presentado dos alternativas, o arreglos institucionales, para nuestra condición económica excepcional.
Una que podíamos calificar de liberal y otra que, a falta de mejor definición, llamaré social y democrática. La primera (disculpen sus autores mi resumen) consiste en privatizar la renta petrolera antes de que llegue a las manos del Estado.
Entregarla a todos los ciudadanos, en forma de asignación directa y (por carecer de criterio) en partes iguales. Tal principio de distribución sólo desarma al Estado, fortalece más al que ya lo es dentro de la sociedad e impide que el ingreso excepcional forme parte de las políticas públicas y su posibilidad de cambiar la situación presente.
La otra alternativa (disculpe el lector mi obvia inclinación) es destinarla fundamentalmente a generar bienes de salud, educación e infraestructura básica de acumulación, como destinos a los cuales los venezolanos se pueden aprovechar para incrementar sus capacidades productivas y, por lo tanto, estar mejor preparados para cuando la dependencia petrolera sea menor o ya no sea posible. Entre las dos cabe una tercera. La del presente, la que no proyecta hacia el futuro, la que supone que los venezolanos debemos vivir hasta donde nos alcance la cobija petrolera, o los restos de lo que de ella deje la voracidad del Estado. La que desconfía de la sociedad y pretende estatizarlo todo.
La que se sirve del petróleo para esclavizar a los venezolanos y no para liberarlos como alguna vez fue el sueño de todas las ideologías del pasado. Esta tercera es la demagógica, la insensata, la discrecional y corrupta, la que todo lo controla, la que considera que el petróleo es del señor Presidente, la que semanalmente ofrece lo insostenible, la que sólo pretende aplausos y vítores. Esta tercera vía se escribe con "p" de populismo, de podredumbre y de pobreza.
Fotografía: detalle tomado LB, en tiempos de la reforma constitucional de 2007, en uno de los pilares del Centro Simón Bolívar, Caracas. Puede apreciarse, tan asediado este y muchos lugares de la ciudad por la buhonería, el proyecto constitucional real: afiches -por entonces- raros en reclamo directo del socialismo y suscrito por organizaciones ampliamente desconocidas, avisos de distintas ofertas, la columna deteriorada....
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