Breve nota iconográfica
Luis Barragán
Durante el pasado período legislativo, un buen día fuimos sorprendidos los diputados por la colocación de los grandes cuadros de Bolívar y Chávez al pie de la presidencia de la cámara. No le bastaba al oficialismo el predominio ejercido en la Asamblea Nacional, lugar que por sí mismo es portador de una enorme significación histórica y política, ornamentándolo grotesca e innecesariamente.
Luego del triunfo opositor, el hemiciclo volvió a la sobriedad de un ambiente republicano, pero la tal constituyente recogió esos cuadros y los recolocó en el hemiciclo protocolar que tiene bajo secuestro. No obstante, presidida la espuria instancia por Diosdado Cabello, ya son tres los motivos que protagonizan el espacio, perdida toda digresión.
Respuesta a las pretensiones mesiánicas de Maduro Moros, una de las camarillas del poder establecido deja bien sentado que es Chávez Frías y su versionado Bolívar, el objeto de culto. Mientras que está en paciente trámite la otra personalidad, como la del tal-constituyente citado, u la de otro aspirante agazapado en el proceso de descomposición dictatorial, el poco o mucho incienso que queda, tiene seguro destinatario.
La persistente manía iconográfica, revela toda una concepción histórica y estética del mundo y de las cosas. De una sofocante simplicidad, tercamente figurativo, el providencialismo explica cualesquiera fenómenos, alérgico a toda la complejidad simbólica de un hemiciclo que, por más un siglo, expresa el ideario republicano que ahora pretenden llevarse por el medio.
Ilegítimos e inoperantes, los tales-constituyentes se hacinan frente a los grandes retratos que logran intimidarlos en el curso de las improvisadas sesiones circenses. La escena tiene poco de sobriedad, soltura y orden, a favor de la presidencia que tiene por ventaja el monopolio del sonido.
02/07/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/07/breve-nota-iconografica-por-luis-barragan-luisbarraganj/
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domingo, 1 de julio de 2018
domingo, 10 de septiembre de 2017
A CONFESIÓN DE PARTE
La convicción y el hecho (militares)
Luis Barragán
Recientemente, acudió a la tal asamblea constituyente el alférez mayor de la Academia Militar de Venezuela, Andrés Alejandro Serrano Bonilla que, de acuerdo a la comentarista del video, representó a su sector en un debate sobre la juventud (https://www.youtube.com/watch?v=Dr2ED5iWAfE). La nada improvisada y breve intervención del cadete, que sepamos, sin precedentes en nuestra historia contemporánea, puede interpretarse como una tardía complementación del discurso que pronunciara el hoy todavía ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino, el 5 de julio de 2014 en la otrora Asamblea Nacional, bajo dominio oficialista.
El cursante que, suponemos, no deliberó prudentemente en un ambiente que le es ajeno, aunque el espacio histriónico no admite siquiera la libre polémica de más de 500 agradecidos tales constituyentes, apeló a la exaltación de Bolívar, Zamora y Páez (SIC), dijo estar dispuesto a entregar su vida frente a las amenazas del imperio y, obviamente, reiteró su devoción hacia la deidad en la que se empeñan con Chávez Frías. Habló en nombre de la FANB y de su universidad, como es de presumir, debidamente autorizado y muy quizá aupado por sus superiores inmediatos, en abierta contradicción con lo pautado en la Constitución de la República.
Ilustrándonos sobre el proceso formativo de la futura oficialidad, la sola contradicción nos alarma, pues, más allá de la muy obvia violación constitucional, reporta dos aspectos relevantes para la conformación del Estado Cuartel en Venezuela, tesis que la creemos atractiva e interesante a objeto de abordar el problema militar. Por una parte, asumiéndose tan arbitrariamente como originaria, la tal constituyente ha relegado al limbo a la propia Constitución de 1999 que tardará en sustituir parcial o totalmente, pues, su finalidad no es la de (re) elaborarla, sino la de reforzar a la dictadura que la nombró: pretendiéndolo, dice contar con un poder de suspensión de toda previsión constitucional que le resulte conveniente, por obra de una interesada interpretación que únicamente la fuerza impone, tanteando sus incursiones en el medio castrense.
Por otra, el alférez mayor del Ejército, Serrano Bonilla, incurrió en la involuntaria confesión de una profunda convicción inherente a su futuro desempeño profesional, pues, literalmente señaló que “realmente no es normal ver a un soldado” en los espacios de la política, para – inmediatamente - remitirlo a un hecho (o situación de hecho), la llamada unión cívico-militar. A nuestro juicio, lejos de solventar el asunto, destinada al aplauso programado de la audiencia, la corta intervención del cadete revela una incógnita que los pensa de la institución educativa militar no logran despejar al tratarse de una clara consigna partidista.
De la variedad de los Estados de Excepción que históricamente ha conocido el continente, destaca el caso venezolano de tensiones que, agazapadas o abiertas, prosperan o prosperarán al compás del recurrente dilema entre la profesionalización y la partidización. A juzgar por el sintético discurso del educando en cuestión, late tempranamente la inquietud, entre la convicción y el hecho.
Fotografía:
https://www.scoopnest.com/es/s/SERRANO
11/09/2017:
Luis Barragán
Recientemente, acudió a la tal asamblea constituyente el alférez mayor de la Academia Militar de Venezuela, Andrés Alejandro Serrano Bonilla que, de acuerdo a la comentarista del video, representó a su sector en un debate sobre la juventud (https://www.youtube.com/watch?v=Dr2ED5iWAfE). La nada improvisada y breve intervención del cadete, que sepamos, sin precedentes en nuestra historia contemporánea, puede interpretarse como una tardía complementación del discurso que pronunciara el hoy todavía ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino, el 5 de julio de 2014 en la otrora Asamblea Nacional, bajo dominio oficialista.
El cursante que, suponemos, no deliberó prudentemente en un ambiente que le es ajeno, aunque el espacio histriónico no admite siquiera la libre polémica de más de 500 agradecidos tales constituyentes, apeló a la exaltación de Bolívar, Zamora y Páez (SIC), dijo estar dispuesto a entregar su vida frente a las amenazas del imperio y, obviamente, reiteró su devoción hacia la deidad en la que se empeñan con Chávez Frías. Habló en nombre de la FANB y de su universidad, como es de presumir, debidamente autorizado y muy quizá aupado por sus superiores inmediatos, en abierta contradicción con lo pautado en la Constitución de la República.
Ilustrándonos sobre el proceso formativo de la futura oficialidad, la sola contradicción nos alarma, pues, más allá de la muy obvia violación constitucional, reporta dos aspectos relevantes para la conformación del Estado Cuartel en Venezuela, tesis que la creemos atractiva e interesante a objeto de abordar el problema militar. Por una parte, asumiéndose tan arbitrariamente como originaria, la tal constituyente ha relegado al limbo a la propia Constitución de 1999 que tardará en sustituir parcial o totalmente, pues, su finalidad no es la de (re) elaborarla, sino la de reforzar a la dictadura que la nombró: pretendiéndolo, dice contar con un poder de suspensión de toda previsión constitucional que le resulte conveniente, por obra de una interesada interpretación que únicamente la fuerza impone, tanteando sus incursiones en el medio castrense.
Por otra, el alférez mayor del Ejército, Serrano Bonilla, incurrió en la involuntaria confesión de una profunda convicción inherente a su futuro desempeño profesional, pues, literalmente señaló que “realmente no es normal ver a un soldado” en los espacios de la política, para – inmediatamente - remitirlo a un hecho (o situación de hecho), la llamada unión cívico-militar. A nuestro juicio, lejos de solventar el asunto, destinada al aplauso programado de la audiencia, la corta intervención del cadete revela una incógnita que los pensa de la institución educativa militar no logran despejar al tratarse de una clara consigna partidista.
De la variedad de los Estados de Excepción que históricamente ha conocido el continente, destaca el caso venezolano de tensiones que, agazapadas o abiertas, prosperan o prosperarán al compás del recurrente dilema entre la profesionalización y la partidización. A juzgar por el sintético discurso del educando en cuestión, late tempranamente la inquietud, entre la convicción y el hecho.
Fotografía:
https://www.scoopnest.com/es/s/SERRANO
11/09/2017:
lunes, 2 de enero de 2017
ENFERMIZO FEBRERISMO
El (in) culto a la personalidad
Luis Barragán
Finalizando el año, la Asamblea Nacional de Cuba, apenas, una presunción de parlamento, sancionó una ley mediante la cual prohíbe emplear el nombre y la imagen de Fidel Castro en los espacios públicos, según la postrera voluntad de quien logró complementarse con José Martí, empecinado en refundar la identidad nacional de los isleños. Por cierto, una agencia noticiosa recordó que, hacia marzo de 1959, surgió un instrumento legal que vedó o dijo vedar cualesquiera monumentos en tributo a las personalidades en vida.
Tardando demasiado, a las pocas horas Maduro Moros anunció una ley semejante en relación a Chávez Frías, tildando el culto a la personalidad como una desviación pequeño-burguesa, y prodigándole – eso sí - los consabidos adjetivos que muelen de hastío a los venezolanos. Cual agente del protectorado, invocando la vigencia de la ley habilitante, el correspondiente decreto muy poco agregará al habitual cinismo de todos estos años. Empero, subyacente, adivinamos la necesidad de decretante por recobrar una individualidad que, deliberadamente, sacrificó para sustentarse políticamente en la devoción del antecesor que hoy luce como un fantasma del imaginario colectivo, definitivamente agotada toda la manipulación en la que se esmeraron los especialistas.
La anécdota – así destaca, teniendo por fondo nuestros dramas – sugiere una sublimación del reciente luto cubano que, a su vez, lo es del más remoto del Kremlin, teniendo por diferencia el XX Congreso del PCUS y la asistencia de delegados extranjeros que mermó la confidencialidad de sus sesiones. Valga acotar, denunciado el culto a la personalidad y los crímenes que perpetró Stalin, todavía Grover Furr se atreve a cuestionarlos (“Kruschev mintió”, Vadell Hermanos, Caracas-Valencia, 2015), huérfano de fuentes confiables y pruebas convincentes.
De ética política se habla en la dictadura caribeña, mientras acá constituye un comentario más de los acostumbrados por Maduro Moro a contrapelo de una realidad macabra, como la que él – y no otros – ha creado. Quien se ha dicho hijo por siempre de Chávez Frías, parece medir su poderío con los disparates que dice y hace ante la aparente resignación de todos: suerte de “poderómetro” para el ilimitado ensayo, concebido como un arte de gobierno..
El (in) culto a la personalidad presidencial que también le dio y le da soporte a una ya larga experiencia de poder, marcando un retroceso en nuestra cultura política, apeló y apela a las más burdas manifestaciones mágico-religiosas. Imposible de sostener, es tiempo de abrir las ventanas hacia la sensatez y el libre debate, soportando una transición democrática sobre principios y valores capaces de explicar la legitimidad política más allá del penoso y sedicente credo de los gobernantes de turno.
Fuentes:
02/01/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/01/el-in-culto-a-la-personalidad-por-luis-barragan-luisbarraganj/
http://www.noticierodigital.com/2017/01/el-in-culto-a-la-personalidad/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=55338
Referencias:
http://www.telesurtv.net/news/Asamblea-de-Cuba-prohibe-usar-el-nombre-y-figura-de-Fidel--20161227-0044.html
http://www.abc.es/internacional/abci-cuba-prohibe-usar-nombre-fidel-castro-espacios-publicos-y-imagen-para-monumentos-201612272217_noticia.html
http://www.noticierodigital.com/2016/12/maduro-pide-eliminar-culto-a-la-personalidad-de-hugo-chavez
Pieza: Escultura de pequeña escala: José Rafael Morales, "Una imagen, una frase, 'un por ahora cumplido' " (2012). Biblioteca Nacional / Foro Libertador, Caracas, marzo de 2016 (prosiguiendo el tributo febrerista).
Luis Barragán
Finalizando el año, la Asamblea Nacional de Cuba, apenas, una presunción de parlamento, sancionó una ley mediante la cual prohíbe emplear el nombre y la imagen de Fidel Castro en los espacios públicos, según la postrera voluntad de quien logró complementarse con José Martí, empecinado en refundar la identidad nacional de los isleños. Por cierto, una agencia noticiosa recordó que, hacia marzo de 1959, surgió un instrumento legal que vedó o dijo vedar cualesquiera monumentos en tributo a las personalidades en vida.
Tardando demasiado, a las pocas horas Maduro Moros anunció una ley semejante en relación a Chávez Frías, tildando el culto a la personalidad como una desviación pequeño-burguesa, y prodigándole – eso sí - los consabidos adjetivos que muelen de hastío a los venezolanos. Cual agente del protectorado, invocando la vigencia de la ley habilitante, el correspondiente decreto muy poco agregará al habitual cinismo de todos estos años. Empero, subyacente, adivinamos la necesidad de decretante por recobrar una individualidad que, deliberadamente, sacrificó para sustentarse políticamente en la devoción del antecesor que hoy luce como un fantasma del imaginario colectivo, definitivamente agotada toda la manipulación en la que se esmeraron los especialistas.
La anécdota – así destaca, teniendo por fondo nuestros dramas – sugiere una sublimación del reciente luto cubano que, a su vez, lo es del más remoto del Kremlin, teniendo por diferencia el XX Congreso del PCUS y la asistencia de delegados extranjeros que mermó la confidencialidad de sus sesiones. Valga acotar, denunciado el culto a la personalidad y los crímenes que perpetró Stalin, todavía Grover Furr se atreve a cuestionarlos (“Kruschev mintió”, Vadell Hermanos, Caracas-Valencia, 2015), huérfano de fuentes confiables y pruebas convincentes.
De ética política se habla en la dictadura caribeña, mientras acá constituye un comentario más de los acostumbrados por Maduro Moro a contrapelo de una realidad macabra, como la que él – y no otros – ha creado. Quien se ha dicho hijo por siempre de Chávez Frías, parece medir su poderío con los disparates que dice y hace ante la aparente resignación de todos: suerte de “poderómetro” para el ilimitado ensayo, concebido como un arte de gobierno..El (in) culto a la personalidad presidencial que también le dio y le da soporte a una ya larga experiencia de poder, marcando un retroceso en nuestra cultura política, apeló y apela a las más burdas manifestaciones mágico-religiosas. Imposible de sostener, es tiempo de abrir las ventanas hacia la sensatez y el libre debate, soportando una transición democrática sobre principios y valores capaces de explicar la legitimidad política más allá del penoso y sedicente credo de los gobernantes de turno.
Fuentes:
02/01/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/01/el-in-culto-a-la-personalidad-por-luis-barragan-luisbarraganj/
http://www.noticierodigital.com/2017/01/el-in-culto-a-la-personalidad/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=55338
Referencias:
http://www.telesurtv.net/news/Asamblea-de-Cuba-prohibe-usar-el-nombre-y-figura-de-Fidel--20161227-0044.html
http://www.abc.es/internacional/abci-cuba-prohibe-usar-nombre-fidel-castro-espacios-publicos-y-imagen-para-monumentos-201612272217_noticia.html
http://www.noticierodigital.com/2016/12/maduro-pide-eliminar-culto-a-la-personalidad-de-hugo-chavez
Pieza: Escultura de pequeña escala: José Rafael Morales, "Una imagen, una frase, 'un por ahora cumplido' " (2012). Biblioteca Nacional / Foro Libertador, Caracas, marzo de 2016 (prosiguiendo el tributo febrerista).
jueves, 8 de septiembre de 2016
JUCHE

La política ideológica-cultural venezolana del Juche
Al mejor estilo de la revolución norcoreana (construida en torno al
culto a la personalidad de Kim Il-sung, de su hijo Kim Jong-il y de su
nieto Kim Jong-un) sobre el concepto ideológico y religioso del “Juche”
se coloca una estatua del comandante supremo eterno Hugo Chávez en la
Isla de Margarita, específicamente en el límite de los municipios
Maneiro y Mariño en lo que se ha dado a conocer como prolongación de la
Av. La Auyama, al frente del Hotel VENETUR (antiguo Hotel Hilton) con
motivo de la Cumbre de los países del Movimiento de Los No Alineados que
se efectuará en la Isla de Margarita del 13 al 18 de septiembre de este
año 2016.
Hoy es una escultura, mañana como en Corea del Norte, el régimen empleara una variante del calendario gregoriano, en el que el primer año coincide con el nacimiento de Kim Il Sung (1912), en nuestro caso con Hugo Chávez (1954).
Soc. MSc. Esp. Carlos Enrique Guzmán Cárdenas.
Director del ININCO-UCV.
Coordinador de la Maestría en Gestión y Políticas Culturales UCV.
Hoy es una escultura, mañana como en Corea del Norte, el régimen empleara una variante del calendario gregoriano, en el que el primer año coincide con el nacimiento de Kim Il Sung (1912), en nuestro caso con Hugo Chávez (1954).
Soc. MSc. Esp. Carlos Enrique Guzmán Cárdenas.
Director del ININCO-UCV.
Coordinador de la Maestría en Gestión y Políticas Culturales UCV.
sábado, 23 de abril de 2016
BANDERÍAS
Dictadura y gentilicioLuis Barragán
Presuntamente, los cubanos en el exilio estadounidense ya están cansados de la culpa que recae sobre el gentilicio por los tercos afanes de supervivencia de los Castro en el poder y, así, suelen remitir el caso a los propios países que sucumben a sus influencias. Algo parecido pueden decir y dirán los venezolanos en el exterior, al creerse directa y personalmente cuestionados por el influjo negativo de Chávez Frías (y sucesores).
Recientemente, en una entrevista interneteana, el periodista adujo que 100 o 150 mil cubanos constituyen una cifra muy inferior a los millones de venezolanos con los que comparten el mismo suelo, por lo que no deben convertirse en un pretexto para los problemas que nos aquejan. Le respondimos que es cierto, pero también que controlan servicios vitales como los de identificación y extranjería, registros y notarías, entre otros que se sospechan respecto a áreas sensibles en el ámbito de nuestra seguridad y defensa (*), remitiéndonos al régimen que los convirtió en emisarios.
Las dictaduras de orientación marxista, acostumbran a apelar a la nacionalidad para su sobrevivencia. Perfeccionado el aporte de claro cuño estalinista a la escuela, la dictadura se equipara al propio gentilicio.
En nuestro país, desde un primer instante, ha querido confundirse revolución, o dizque revolución, con la propia venezolanidad. Infructuoso esfuerzo que la maquinaria publicitaria y propagandística intenta, aunque debe pasar por el culto a la personalidad del gobernante y si Chávez Frías no pudo convertirse en sinónimo de nuestra identidad, menos lo va a hacer Maduro Moros de inferiores condiciones para un liderazgo político convincente.
Por cierto, grosso modo, Putin ha rendido un formidable tributo a Stalin al promover la grandeza de Rusia y así lo verificamos con motivo de una sesión de la Asamblea Nacional venezolana, a finales del pasado período, con la regocijada presencia del embajador ruso que festejó la victoria soviética de 1945 como antecedente del gobierno que representa, aplaudiendo las intervenciones extravagantemente bolcheviques de los diputados del oficialismo. Y nada puede extrañar que una transición post-comunista, adelantada por las mafias que cimentó, a la postre homenajeen a Fidel como adalid de la nacionalidad, a título de inventario por su ineludible siembra en el imaginario social.
(*)
https://www.youtube.com/watch?v=jMXcURx0s4k
https://www.youtube.com/watch?v=ReHQpt0plas
Fuente: https://www.google.co.ve/search?q=gentilicio+y+dictadura+barragan&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab&gfe_rd=cr&ei=j30uV6TFFoul-wX60ZuoDw
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Gentilicio,
Identidad,
Luis Barragán,
Venezuela
lunes, 11 de enero de 2016
DE LOS RECURSOS SIMBÓLICOS DEL ESTADO
Los cañones iconográficos
Luis Barragán
De mayor fuerza que los materiales, el Estado cuenta con formidables recursos simbólicos que ha de administrar sabiamente para no devaluarlos ni enfermar psicológicamente a la población, atentando contra su propia existencia y legitimidad. Los hay reconocidamente esenciales al lado de otros que los gobiernos – por definición - circunstanciales ensayan.
Se nos ha pedido una opinión sobre el ya célebre desalojo de los cuadros del hemiciclo de trabajo de la Asamblea Nacional y, aunque en principio nos resistimos a extendernos un poco más al respecto, intentamos responder a los varios correos electrónicos recibidos. Hay temas que consideramos suficientemente debatidos por la opinión pública, por lo que tendemos a no trillarlos a través de nuestros modestos artículos de prensa.
No recordamos con exactitud la fecha de aparición de los cuadros de Bolívar y Chávez Frías en la cámara, pero – sin dudas – fue una abusiva decisión y provocación de la otrora mayoría parlamentaria. Que sepamos, jamás hubo un hecho semejante ni siquiera cuando el antiquísimo Congreso sabía a Gómez como dueño y señor del país. Por cierto, hubo una larga etapa histórica en la que un inmenso óleo de Bolívar presidió las sesiones del Senado, reubicado luego en el Salón Elíptico – entendemos – a objeto de completar la iconografía independentista en un recinto que, en propiedad, fue el de los actos protocolares y estelares del parlamento como expresión del Estado, diferente al hemiciclo al que ahora le dan semejantes funciones y, por si fuese poco, el oficialismo convirtió también en un comedor para los diputados y relacionados.
Ambos hemiciclos, uno de los cuales exhibió medio siglo atrás una gigantesca bandera nacional, volvieron a exponer los símbolos de una radical sencillez republicana, como nuestro escudo de armas. No hizo falta saturar el ambiente cuando el Capitolio Federal destinó otros y más adecuados espacios a la veneración que remite al espíritu de nuestra nacionalidad. Harto diferente, todas las instalaciones del – ahora – Palacio Legislativo fueron anegadas con las imágenes del extinto presidente y su sucesor, amén de otros dirigentes (muy) secundarios, como si fuese la sede del PSUV, pagada – valga el detalle – por todos los venezolanos.
Comprobado hasta el hartazgo en todos estos años, ahora luce fácil denunciar el culto a la personalidad que, en definitiva, sostiene toda experiencia totalitaria, pero – iniciándose el régimen - fueron no pocas los críticos frente a los artículos de prensa que lo asomaban, como fue nuestro caso por las contribuciones que hicimos en los desaparecidos Economía Hoy o El Globo. Frustrado y frustante el esfuerzo, en más de década y media, la maquinaria propagandística y publicitaria del régimen ha tratado de imponer y entronizar a Chávez Frías en el imaginario social y patriótico o, por lo menos, hallar la deidad política en la que se convirtieron Eva y Juan Domingo Perón en Argentina: no la creímos nunca una operación espontánea y artesanal, sino propia de los más encarecidos especialistas en el campo de la psicología social, terminando– paradójicamente – por banalizarlo.
Existe una sobrada bibliografía sobre el culto bolivariano que, al partir del consabido estudio sistemático de Germán Carrera Damas, cuenta con importantes contribuciones, siendo la más reciente la de Miguel Ángel Perera – por ejemplo – y su pedagógica actualización debidamente contextualizada en otras manifestaciones antropológicas. De modo que la discusión tiene un espléndido soporte académico, por lo que no debemos permitirnos la réplica de las triviales necedades invocadas por el oficialismo que, como todas, constituyen un artificio intrascendente.
Parecía demasiado obvio que la sede de un parlamento plural que ha de reivindicarse como un órgano independiente del Poder Público, se desprendiera de todo el oropel torpemente propagandístico de un culto tan elemental. Además, el país lo esperaba. Sin embargo, no reparamos en una circunstancia.
En efecto, ese cambio de cuadros fue el único recurso que le quedó al oficialismo para cuestionar a una oposición que, responsable, decidida y sobriamente, ha encarado la transición parlamentaria. Ésta ha sido tan exitosa e impecable que, en correspondencia con la estrategia de la fracasada campaña electoral que privilegió la figura de Chávez Frías, el gobierno procura reavivar viejos y lejanos sentimientos de adhesión, manipulándolos.
Faltando poco, donde no hay el dinero para los alimentos y medicinas, como el resguardo de nuestras vidas y bienes, les sobra para pintoretear todo el país – inundándolo – con la imagen del extinto y su sucesor. Y, como si esto no hubiese sido práctica inveterada, amenazan con cañonearnos iconográficamente, negándonos cualquier sosiego, devaluando – precisamente – los recursos simbólicos que le quedan al Estado que, en última instancia, tienen en la Asamblea Nacional su mejor posibilidad de recuperación dada su genuina prestancia republicana.
Fuente:
https://www.lapatilla.com/site/2016/01/11/luis-barragan-los-canones-iconograficos/
Luis Barragán
De mayor fuerza que los materiales, el Estado cuenta con formidables recursos simbólicos que ha de administrar sabiamente para no devaluarlos ni enfermar psicológicamente a la población, atentando contra su propia existencia y legitimidad. Los hay reconocidamente esenciales al lado de otros que los gobiernos – por definición - circunstanciales ensayan.
Se nos ha pedido una opinión sobre el ya célebre desalojo de los cuadros del hemiciclo de trabajo de la Asamblea Nacional y, aunque en principio nos resistimos a extendernos un poco más al respecto, intentamos responder a los varios correos electrónicos recibidos. Hay temas que consideramos suficientemente debatidos por la opinión pública, por lo que tendemos a no trillarlos a través de nuestros modestos artículos de prensa.
No recordamos con exactitud la fecha de aparición de los cuadros de Bolívar y Chávez Frías en la cámara, pero – sin dudas – fue una abusiva decisión y provocación de la otrora mayoría parlamentaria. Que sepamos, jamás hubo un hecho semejante ni siquiera cuando el antiquísimo Congreso sabía a Gómez como dueño y señor del país. Por cierto, hubo una larga etapa histórica en la que un inmenso óleo de Bolívar presidió las sesiones del Senado, reubicado luego en el Salón Elíptico – entendemos – a objeto de completar la iconografía independentista en un recinto que, en propiedad, fue el de los actos protocolares y estelares del parlamento como expresión del Estado, diferente al hemiciclo al que ahora le dan semejantes funciones y, por si fuese poco, el oficialismo convirtió también en un comedor para los diputados y relacionados.
Ambos hemiciclos, uno de los cuales exhibió medio siglo atrás una gigantesca bandera nacional, volvieron a exponer los símbolos de una radical sencillez republicana, como nuestro escudo de armas. No hizo falta saturar el ambiente cuando el Capitolio Federal destinó otros y más adecuados espacios a la veneración que remite al espíritu de nuestra nacionalidad. Harto diferente, todas las instalaciones del – ahora – Palacio Legislativo fueron anegadas con las imágenes del extinto presidente y su sucesor, amén de otros dirigentes (muy) secundarios, como si fuese la sede del PSUV, pagada – valga el detalle – por todos los venezolanos.
Comprobado hasta el hartazgo en todos estos años, ahora luce fácil denunciar el culto a la personalidad que, en definitiva, sostiene toda experiencia totalitaria, pero – iniciándose el régimen - fueron no pocas los críticos frente a los artículos de prensa que lo asomaban, como fue nuestro caso por las contribuciones que hicimos en los desaparecidos Economía Hoy o El Globo. Frustrado y frustante el esfuerzo, en más de década y media, la maquinaria propagandística y publicitaria del régimen ha tratado de imponer y entronizar a Chávez Frías en el imaginario social y patriótico o, por lo menos, hallar la deidad política en la que se convirtieron Eva y Juan Domingo Perón en Argentina: no la creímos nunca una operación espontánea y artesanal, sino propia de los más encarecidos especialistas en el campo de la psicología social, terminando– paradójicamente – por banalizarlo.
Existe una sobrada bibliografía sobre el culto bolivariano que, al partir del consabido estudio sistemático de Germán Carrera Damas, cuenta con importantes contribuciones, siendo la más reciente la de Miguel Ángel Perera – por ejemplo – y su pedagógica actualización debidamente contextualizada en otras manifestaciones antropológicas. De modo que la discusión tiene un espléndido soporte académico, por lo que no debemos permitirnos la réplica de las triviales necedades invocadas por el oficialismo que, como todas, constituyen un artificio intrascendente.
Parecía demasiado obvio que la sede de un parlamento plural que ha de reivindicarse como un órgano independiente del Poder Público, se desprendiera de todo el oropel torpemente propagandístico de un culto tan elemental. Además, el país lo esperaba. Sin embargo, no reparamos en una circunstancia.
En efecto, ese cambio de cuadros fue el único recurso que le quedó al oficialismo para cuestionar a una oposición que, responsable, decidida y sobriamente, ha encarado la transición parlamentaria. Ésta ha sido tan exitosa e impecable que, en correspondencia con la estrategia de la fracasada campaña electoral que privilegió la figura de Chávez Frías, el gobierno procura reavivar viejos y lejanos sentimientos de adhesión, manipulándolos.
Faltando poco, donde no hay el dinero para los alimentos y medicinas, como el resguardo de nuestras vidas y bienes, les sobra para pintoretear todo el país – inundándolo – con la imagen del extinto y su sucesor. Y, como si esto no hubiese sido práctica inveterada, amenazan con cañonearnos iconográficamente, negándonos cualquier sosiego, devaluando – precisamente – los recursos simbólicos que le quedan al Estado que, en última instancia, tienen en la Asamblea Nacional su mejor posibilidad de recuperación dada su genuina prestancia republicana.
Fuente:
https://www.lapatilla.com/site/2016/01/11/luis-barragan-los-canones-iconograficos/
domingo, 10 de enero de 2016
LOS CAÑONES ICONOGRÁFICOS
EL NACIONAL, Caracas, 9 de enero de 2015
La fotogenia del fascismo
Sergio Dahbar
En días de debate cruento sobre el retiro de las imágenes bolivarianas del Parlamento, pasa por debajo de la mesa el siguiente asunto: ¿qué hizo el chavismo con la utilización de la imagen del ex presidente Hugo Chávez en oficinas públicas, en parcartas callejeras, en gigantografías desplegadas por los caminos más recónditos del país, en espacios de la Asamblea Nacional y en edificios gubernamentales del territorio nacional?
La fascinación por reproducir el culto a personalidad del timonel de Sabaneta ha sido una de las intromisiones más abusivas del espacio público venezolano que hayamos conocido en la historia nacional. El paisaje venezolano jamás había sido invadido con una acción propagandística tan desmesurada como en los últimos 17 años.
Similar a lo que ocurrió en regímenes fascistas de todo el planeta, como Corea del Norte, China, Unión Soviética, la campaña propagandística para endiosar una personalidad política (elegida para servir a los ciudadanos) se convirtió también en una arremetida política, que nunca fue exhibida como promesa electoral, ni consultada con la mayoría venezolana para saber si deseaba convertir el paisaje nacional en un museo al aire libre de la genuflexión ante el eterno.
El escritor cubano Iván de la Nuez, autor de un excelente libro sobre la relación entre los intelectuales y la dictadura más extensa de América Latina (Fantasía roja, Debate), ha trabajado en su blog el fascismo y la fotogenia.
Adolf Hitler tenía consciencia suprema del valor de su imagen. Por eso trabajó con fotógrafos que construyeron su mitología. Heinrich Hoffmann, Walter Frentz, Franz Krieger, pero también Benno Wündshammer, Arthur Grimm, Hugo Jäger, Franz Gayk. Eran a la fotografía lo que Leni Riefenstahl había sido al cine: arquitectos de una imagen poderosa que cautivaba a las masas con símbolos arquetípicos y absolutamente falsos.
Así lo describe Iván de la Cruz. “Todos forman parte, a diferentes niveles, de un programa que combinó la fotografía de guerra y la propaganda, la documentación y la edulcoración, el objeto y el sujeto del Tercer Reich. (Estos fotógrafos eran una especie de Goebbels con cámara)”.
Más cerca, las revelaciones que hace la escritora Thays Peñalver en La conspiración de los 12 golpes demuestran como se forjó el mito de Chávez con mentiras que él reelaboró desde sus desmesuradas cadenas de televisión y radio.
Cuba, ese país que los chavistas suelen olvidar cuando defienden soberanía e intromisión extranjera, fue otro territorio donde la fotografía del líder modeló un culto reverencial. Fidel Castro entendió que necesitaba fotógrafos para construir una épica rebelde: Enrique Meneses, Roberto Salas, Liborio Noval, Korda, Henri Cartier-Bresson, René Burri… Artistas que ayudaron a modelar al “buen revolucionario”.
La fotografía fue esencial para el fascismo a la hora de construir el mito (recordemos a Sontag: no hay imágenes neutrales). Así como Mussolini, el Shá de Irán, Stalin, Ceaucescu, Sadam Hussein… construyeron en mármol y cemento las estatuas para inmortalizarse.
Como bien anota De la Nuez, la fotografía tiene larga vida, mientras que las estatuas pueden ser destruidas. Como ocurrió en la decadencia del Shá de Irán, donde familias de ambos bandos sobrevivían destruyendo y levantando de nuevo estatuas de políticos envanecidos (Ryszard Kapuscinski).
En estos días, lejos de discutir la esencia (por qué dejamos que este régimen de corruptos erigiera un culto a la personalidad de un golpista en todo el país) perdemos el tiempo con la forma. Y evitamos tocar temas que muerden a la gente: cómo vamos a comer mañana en un país donde los inventarios se encuentran en cero y el hombre que va a buscar inversiones extranjeras es un comunista que odia el mercado.
La fotogenia del fascismo
Sergio Dahbar
En días de debate cruento sobre el retiro de las imágenes bolivarianas del Parlamento, pasa por debajo de la mesa el siguiente asunto: ¿qué hizo el chavismo con la utilización de la imagen del ex presidente Hugo Chávez en oficinas públicas, en parcartas callejeras, en gigantografías desplegadas por los caminos más recónditos del país, en espacios de la Asamblea Nacional y en edificios gubernamentales del territorio nacional?
La fascinación por reproducir el culto a personalidad del timonel de Sabaneta ha sido una de las intromisiones más abusivas del espacio público venezolano que hayamos conocido en la historia nacional. El paisaje venezolano jamás había sido invadido con una acción propagandística tan desmesurada como en los últimos 17 años.
Similar a lo que ocurrió en regímenes fascistas de todo el planeta, como Corea del Norte, China, Unión Soviética, la campaña propagandística para endiosar una personalidad política (elegida para servir a los ciudadanos) se convirtió también en una arremetida política, que nunca fue exhibida como promesa electoral, ni consultada con la mayoría venezolana para saber si deseaba convertir el paisaje nacional en un museo al aire libre de la genuflexión ante el eterno.
El escritor cubano Iván de la Nuez, autor de un excelente libro sobre la relación entre los intelectuales y la dictadura más extensa de América Latina (Fantasía roja, Debate), ha trabajado en su blog el fascismo y la fotogenia.
Adolf Hitler tenía consciencia suprema del valor de su imagen. Por eso trabajó con fotógrafos que construyeron su mitología. Heinrich Hoffmann, Walter Frentz, Franz Krieger, pero también Benno Wündshammer, Arthur Grimm, Hugo Jäger, Franz Gayk. Eran a la fotografía lo que Leni Riefenstahl había sido al cine: arquitectos de una imagen poderosa que cautivaba a las masas con símbolos arquetípicos y absolutamente falsos.
Así lo describe Iván de la Cruz. “Todos forman parte, a diferentes niveles, de un programa que combinó la fotografía de guerra y la propaganda, la documentación y la edulcoración, el objeto y el sujeto del Tercer Reich. (Estos fotógrafos eran una especie de Goebbels con cámara)”.
Más cerca, las revelaciones que hace la escritora Thays Peñalver en La conspiración de los 12 golpes demuestran como se forjó el mito de Chávez con mentiras que él reelaboró desde sus desmesuradas cadenas de televisión y radio.
Cuba, ese país que los chavistas suelen olvidar cuando defienden soberanía e intromisión extranjera, fue otro territorio donde la fotografía del líder modeló un culto reverencial. Fidel Castro entendió que necesitaba fotógrafos para construir una épica rebelde: Enrique Meneses, Roberto Salas, Liborio Noval, Korda, Henri Cartier-Bresson, René Burri… Artistas que ayudaron a modelar al “buen revolucionario”.
La fotografía fue esencial para el fascismo a la hora de construir el mito (recordemos a Sontag: no hay imágenes neutrales). Así como Mussolini, el Shá de Irán, Stalin, Ceaucescu, Sadam Hussein… construyeron en mármol y cemento las estatuas para inmortalizarse.
Como bien anota De la Nuez, la fotografía tiene larga vida, mientras que las estatuas pueden ser destruidas. Como ocurrió en la decadencia del Shá de Irán, donde familias de ambos bandos sobrevivían destruyendo y levantando de nuevo estatuas de políticos envanecidos (Ryszard Kapuscinski).
En estos días, lejos de discutir la esencia (por qué dejamos que este régimen de corruptos erigiera un culto a la personalidad de un golpista en todo el país) perdemos el tiempo con la forma. Y evitamos tocar temas que muerden a la gente: cómo vamos a comer mañana en un país donde los inventarios se encuentran en cero y el hombre que va a buscar inversiones extranjeras es un comunista que odia el mercado.
martes, 8 de septiembre de 2015
EFEMERIDIZAR EL PRESENTE
De la prefabricación del
imaginario social
Luis Barragán
Corre la noticia: Gabriel García
Márquez fue "espionado" por el FBI, gracias a una orden personal de
su director. ¿Cómo es posible que la agencia incurriese en tal desatino?, es el
latiguillo que concuerda con nuestra persistente auto-victimización. Sin
embargo, el hijo del nobelado – por entonces, insospechada premiación - acertó al declarar que la agencia hizo el
seguimiento al empleado de Prensa Latina que arribó por 1961 a Nueva York, con los estornudos de la
Guerra Fría.
Parece que un dato se extravía,
pues, la desclasificación de los documentos que inquietaron al Washington Post, ofrece un radical
contraste: por una parte, los clasificaron varias veces hasta cumplir un lapso
para la revelación, mientras que – en este lado del mundo – se los roban o lo
destruyen – además - por el capricho de
un funcionario que ni idea tiene de la emisión, orden y preservación de las fuentes (ahora más,
consagrado el tal patriota cooperante);
y, por el otro, algunos periodistas cumplimentan la pesquisa para atraer a los
lectores, informándolos en ese esfuerzo que hace la prensa convencional ante la
dura competencia impuesta por las redes sociales en sus distintas modalidades. Sufrió una medida tan injusta al que debieron
adivinar como el gran novelista que luego se hizo, indica el sentido común
donde no caben otros datos, como el
Estado necesitado del temprano o tardío control ciudadano, la libertad de
indagación y difusión de los medios independientes y, menos, las apetencias de
Gerald Martin que convirtió la biografía en un género de inagotables
exactitudes.
Es de suponer que la suerte
personal de todo alto funcionario, cuyas apreciaciones y decisiones generan no
pocas consecuencias, pasa por una vida
privada limitada, por lo que cualquier grave enfermedad que sufra naturalmente
interesa a todos. El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, no se
encontraba en el país en los días del anuncio y aplicación del Estado de
Excepción en nuestra frontera tachirense, nada más y nada menos, conociéndose
después que, al padecer un cáncer, marchó a La Habana: lo importante fue su
reaparición fotográfica al lado de Fidel Castro, No obstante, la divulgación fotográfica adquirió
la jerarquía de un honor, homenaje o reconocimiento al soldado venezolano,
aparentemente relevándonos de las circunstancias que lo llevaron a viajar.
Poco o nada obvio ha sido la
enfermedad del decisor público que no debió ocultarse, pues, no sólo porque
todos – incluyendo al suscrito – estamos propensos a padecer alguna dolencia,
fuere grave o no, y lejos de convertirla en una suerte de anormalidad política,
ha de aceptarse como naturalmente humano y, faltando poco, susceptible – antes o
después – de la indagación periodística. Hay constancia histórica de
gobernantes que han sufrido y hasta superado sus enfermedades, con pleno
conocimiento público de sus precisas dolencias, sin que ello produjese
inestabilidad política alguna, pues se convierte en un baremo de la propia
estabilidad y fortaleza institucional que, entre nosotros, tiene un valor
secundario ante la supremacía del individuo de turno.
Las distancias que marca el
imaginario social son las del sentido común y lo que no es tal, entre lo obvio
y lo que no llega a serlo, por lo que es necesario acudir a lo sensato para
descartar lo insensato. En los casos
vistos, juzgamos que lo relevante y fundamental es la posibilidad cierta de averiguar
oportunamente la verdad y, en última instancia, valorar la libertad de prensa
para compartirla y deliberarla, obligados al discernimiento. Empero, hay un
imaginario social – el de estos últimos años – forzado: lo notable es que un
famoso escritor latinoamericano fue sistemáticamente (per) seguido por el
imperio y el dictador cubano puede legitimar cualesquiera eventualidades,
apuntando a sendos mitos que creímos una vez superar.
Ahora, asistimos al otro intento
de prefabricación del imaginario desinhibidamente forzada la escolaridad, luego
de fallar la inmisericorde maquinaria propagandística y publicitaria del
régimen, al pretender cultivar la efemérides
de Chávez Frías. Valga recordar que,
referido por los especialistas, ante un país que no conseguía explicación a sus
miserias y fracasos, posterior a la dura independencia que alcanzó, surgió la
devoción bolivariana a partir de Eduardo Blanco y su Venezuela Heroica, en el siglo XIX: paradójicamente, en el XXI, se
ofrece como alternativa al propio responsable de la inédita debacle que
vivimos.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/23715-de-la-prefabricacion-del-imaginario-social
domingo, 16 de agosto de 2015
OSCURANTISMO
EL NACIONAL, Caracas, 16 de agosto de 2015
El culto a la personalidad
Antonio Pasquali
Un mosaico de una céntrica estación del metro de Pionyang representa a Kim Il-Sung estimulando con su mirada el crecimiento de los girasoles. Uno de los rasgos relevantes del culto a la personalidad es su ridiculez; el cuerdo la capta, el intoxicado ya no, el venerado en vida, por narcisista autosugestión, termina sintiéndose enviado de Dios, por lo que estima lógico ser objeto de culto. Pero ese culto no es un intrascendente episodio en el devenir de ciertas naciones, sino la peligrosa excrecencia de irresueltos traumas sociales, un espantable salto atrás a lo irracional y a la sumisa manada falsamente “protagónica”, como le sucedió al país de Leibnitz y Goethe, de Kant y Beethoven, que parió a Hitler, el monstruo. Dondequiera que se produzca esa regresión, allí hay oscurantismo, merma de racionalidad y estragos de todo tipo.
Los historiadores Carrera (1970) y Pino (2003) abrieron camino a la razón estigmatizando el culto monoteísta a Bolívar. Correspondió a Ciudadanía Activa el mérito de haber denunciado, en un video de 2006, el narcisismo de Chávez y el culto en vida a su persona, matrices del “totalitarismo del siglo XXI”. Y no era para menos: desde su ouverture: “Yo soy el único que puede gobernar este país” y su intermezzo: “América Latina será lo que la Unión Soviética no pudo ser”, hasta su titánico finale: “De mi reelección depende en gran medida el destino de la humanidad”, el delirante narcisismo de Chávez (un Chimborazo permanente) no podía sino dar vida al peor salto atrás de la historia nacional, un culto exacerbado a la personalidad que el Diccionario Soviético de Filosofía –tras el terremoto político de 1964– se había apresurado a condenar por “debilitar en cada individuo el sentido de responsabilidad por la causa común”.
Muerto en circunstancia y fecha misteriosas el Narciso nacional –objeto en vida de una veneración más planificada por la ingeniería publicitaria que espontánea– el régimen calculó esencial mantener en vigencia la línea de culto Bolívar-Chávez, y procedió a una transmutación propia del pensamiento mítico: totemizar al difunto objeto de culto convirtiéndolo en “el antepasado…cuyo espíritu protector envía oráculos a sus hijos y los protege” (Freud: Totem y Tabú) con toda su secuela de ritos, estereotipos semánticos para evocarlo, juramentos de fidelidad a su legado y hasta pajarillos-oráculo. Esto, para dejar en vida –con nuevos gastos publicitarios– el halo mítico que se le había fabricado a Chávez en el imaginario colectivo, a fin de mantener el basamento del régimen fuertemente anclado en la irracionalidad pre-lógica, fetichista y afectiva, ya que un decidido retorno del país a la razón traería su pronta desaparición.
Contrariamente al pensar utópico, revolucionario, libertario, laico y sin modelos, el pensar mítico es ontológicamente conservador, reaccionario y confesional: totemiza y congela cómodamente su arquetipo de perfección en el pasado, ritualiza su veneración y reduce la historia a un intento de conservarlo y revivirlo. Así, el mantenido culto a Chávez es hoy el principal instrumento ideológico, irracional y oscurantista manipulado por sus sucesores y vestales del mito para conservarse en el poder.
La minoritaria corriente racional-chavista ¿tendrá en su seno a un Kruschev criollo con guáramo para denunciar ante el congreso del PSUV esa lacra oscurantista, reaccionaria y desmovilizadora que es el culto a la personalidad de Chávez? Hay un meritorio e inspirador caso reciente. En Costa Rica, el minúsculo y virtuoso país con 67 años sin gastos militares, su presidente, Guillermo Solís, acaba de firmar un decreto que prohíbe todas las formas del culto a la personalidad, desde las fotos en dependencias oficiales hasta las placas en inauguraciones, que sólo podrán llevar la fecha de terminación de la obra. “Las obras públicas son del país y no de un gobierno o funcionario en particular…el culto a la imagen del Presidente se acabó”, declaró al firmar el decreto. ¿Y por qué no seguir el ejemplo que San José dio?
El culto a la personalidad
Antonio Pasquali
Un mosaico de una céntrica estación del metro de Pionyang representa a Kim Il-Sung estimulando con su mirada el crecimiento de los girasoles. Uno de los rasgos relevantes del culto a la personalidad es su ridiculez; el cuerdo la capta, el intoxicado ya no, el venerado en vida, por narcisista autosugestión, termina sintiéndose enviado de Dios, por lo que estima lógico ser objeto de culto. Pero ese culto no es un intrascendente episodio en el devenir de ciertas naciones, sino la peligrosa excrecencia de irresueltos traumas sociales, un espantable salto atrás a lo irracional y a la sumisa manada falsamente “protagónica”, como le sucedió al país de Leibnitz y Goethe, de Kant y Beethoven, que parió a Hitler, el monstruo. Dondequiera que se produzca esa regresión, allí hay oscurantismo, merma de racionalidad y estragos de todo tipo.
Los historiadores Carrera (1970) y Pino (2003) abrieron camino a la razón estigmatizando el culto monoteísta a Bolívar. Correspondió a Ciudadanía Activa el mérito de haber denunciado, en un video de 2006, el narcisismo de Chávez y el culto en vida a su persona, matrices del “totalitarismo del siglo XXI”. Y no era para menos: desde su ouverture: “Yo soy el único que puede gobernar este país” y su intermezzo: “América Latina será lo que la Unión Soviética no pudo ser”, hasta su titánico finale: “De mi reelección depende en gran medida el destino de la humanidad”, el delirante narcisismo de Chávez (un Chimborazo permanente) no podía sino dar vida al peor salto atrás de la historia nacional, un culto exacerbado a la personalidad que el Diccionario Soviético de Filosofía –tras el terremoto político de 1964– se había apresurado a condenar por “debilitar en cada individuo el sentido de responsabilidad por la causa común”.
Muerto en circunstancia y fecha misteriosas el Narciso nacional –objeto en vida de una veneración más planificada por la ingeniería publicitaria que espontánea– el régimen calculó esencial mantener en vigencia la línea de culto Bolívar-Chávez, y procedió a una transmutación propia del pensamiento mítico: totemizar al difunto objeto de culto convirtiéndolo en “el antepasado…cuyo espíritu protector envía oráculos a sus hijos y los protege” (Freud: Totem y Tabú) con toda su secuela de ritos, estereotipos semánticos para evocarlo, juramentos de fidelidad a su legado y hasta pajarillos-oráculo. Esto, para dejar en vida –con nuevos gastos publicitarios– el halo mítico que se le había fabricado a Chávez en el imaginario colectivo, a fin de mantener el basamento del régimen fuertemente anclado en la irracionalidad pre-lógica, fetichista y afectiva, ya que un decidido retorno del país a la razón traería su pronta desaparición.
Contrariamente al pensar utópico, revolucionario, libertario, laico y sin modelos, el pensar mítico es ontológicamente conservador, reaccionario y confesional: totemiza y congela cómodamente su arquetipo de perfección en el pasado, ritualiza su veneración y reduce la historia a un intento de conservarlo y revivirlo. Así, el mantenido culto a Chávez es hoy el principal instrumento ideológico, irracional y oscurantista manipulado por sus sucesores y vestales del mito para conservarse en el poder.
La minoritaria corriente racional-chavista ¿tendrá en su seno a un Kruschev criollo con guáramo para denunciar ante el congreso del PSUV esa lacra oscurantista, reaccionaria y desmovilizadora que es el culto a la personalidad de Chávez? Hay un meritorio e inspirador caso reciente. En Costa Rica, el minúsculo y virtuoso país con 67 años sin gastos militares, su presidente, Guillermo Solís, acaba de firmar un decreto que prohíbe todas las formas del culto a la personalidad, desde las fotos en dependencias oficiales hasta las placas en inauguraciones, que sólo podrán llevar la fecha de terminación de la obra. “Las obras públicas son del país y no de un gobierno o funcionario en particular…el culto a la imagen del Presidente se acabó”, declaró al firmar el decreto. ¿Y por qué no seguir el ejemplo que San José dio?
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Antonio Pasquali,
Culto a la personalidad
viernes, 14 de noviembre de 2014
DE LA (S) NUEVA (S) GUERRA (S)
De un peligroso particularismo
Luis Barragán
El culto a la personalidad presidencial, la del extinto y la del sucesor que seriamente dice ser su hijo para la construcción del relato correspondiente, cuenta con una inversión propagandística y publicitaria formidable, en todos los niveles en los que el oficialismo propone y dispone de los recursos públicos. Sin embargo, fatigados los estudios de opinión, no logra arraigarse para explicar la propia identidad nacional, según la meta.
Otrora movimiento político que ha dado cuenta, esgrimido y aprovechado el lejano imaginario subversivo de la década de los sesenta del siglo XX, intentando el más remoto aún de la Guerra Federal del XIX, apela a todas las manifestaciones culturales que les son posibles para arraigarse en el alma nacional, incluyendo las de cuño mágico-religioso. Al respecto, se ha escrito bastante en torno al fenómeno que ha tenido por base a Bolívar y, paradójicamente, la versión bolivariana del guzmancismo y el lopecismo.
Socialismo de muy rara factura, amparado por la renta petrolera, curiosamente no goza del apoyo ni de la atención de los sectores obreros ni juveniles que desea domeñar, excepto trate (y sólo trate) del desarrollo de un clientelismo insostenible. Por ello, harto contradictorio, prefiere reemplazar la lucha de clases – según el canon – por los choques reales y supuestos que el resentimiento racial, por citar un ejemplo, pueda suscitar en beneficio de la confusión que sostiene la alianza cívico-militar, mas no la tradicional de proletarios y campesinos de acuerdo a las conocidas consignas.
Preocupa que, al fracasar tamaño esfuerzo de refundación cultural, más allá de lo político y a tono con los tiempos globales que vivimos, la tarea desemboque en un novísimo particularismo capaz de generar algo más que una recurrente guerra civil en procura de mantener el poder a cualquier costo, inventando una identidad – por supuesto – artificial y artificiosa. La reescritura – preferiblemente heroica – de la historia, la explotación de cualesquiera prejuicios que la crisis pueda multiplicar y la neta voluntad de preservar el poder, constituyen indicios que el lenguaje pertinaz del régimen asoma.
Mary Kaldor en su “Las nuevas guerras. La violencia organizada en la era global” (Tusquets, Barcelona, 2001), expone un interesante capítulo en torno a los particularismos que soportan las nuevas conflictividades, sumadas las debilidades del poder administrativo y de los ejércitos centralizados y formales que caracterizan al Estado Nacional. Particularismos que, además, se inventan, en el ámbito nacionalista, étnico, religioso, racial, lingüístico, etc., procurando las extremas diferencias, como ingredientes del otro belicismo que, por un lado, se apoya en la economía paralela (de guerra, mercado negro, crimen organizado, tráfico de drogas y órganos, etc.); y, por el otro, en distinciones prefabricadas y exacerbadas, como ha ocurrido en África o en la Europa post-soviética.
Experimentamos un prolongado gobierno que insiste en una representación social que legítimamente no tiene, por su desenvolvimiento o gestión real, evadiendo el más humilde cuestionamiento a través de una estridente confrontación. En las postrimerías de la campaña presidencial de 1998, a Herbert Koeneke le inquietaba el afán de transformación, legándonos una severa advertencia: “ … Si el triunfador en las elecciones de diciembre quisiera introducir cambios radicales en la cultura, sí como en la identidad nacional y política del venezolano, tendría no sólo que impulsar modificaciones profundas en las estructuras del país, sino también embarcarse en procesos ambiciosos y sistemáticos de resocialización, los cuales, por lo general, resultan muy raros o excepcionales en regímenes democráticos” (en: “II Simposio Venezuela: tradición en la modernidad. Los rostros de la identidad”. Equinoccio Ediciones/Universidad Simón Bolívar – Fundación Bigott, Caracas, 2001).
Imposibilitados de dar el paso al “madurismo”, el “chavismo” agota sus mejores esfuerzos por convertir al “chavismo” en una diferente particularidad de múltiples encajes (sociales, religiosos, étnicos, etc.), que ya ni siquiera se molesta en decir que gobierna para todos. Una secta, cuyo carácter masivo únicamente es concedido por la violencia y los sospechosos resultados electorales, pero no por la calle que suele abstenerse o inmovilizarse ante el llaado desesperado y tremendista del ahora mandatario nacional.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/10/de-un-peligroso-particularismo/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1058236
Fotografía: Guerra Civil en Bosnia-Herzegovina: http://1.bp.blogspot.com/-9HUZMU3ekCw/TwebCV6gGxI/AAAAAAAAZKs/CmwV7_mNc44/s1600/Bosnia.jpg
Luis Barragán
El culto a la personalidad presidencial, la del extinto y la del sucesor que seriamente dice ser su hijo para la construcción del relato correspondiente, cuenta con una inversión propagandística y publicitaria formidable, en todos los niveles en los que el oficialismo propone y dispone de los recursos públicos. Sin embargo, fatigados los estudios de opinión, no logra arraigarse para explicar la propia identidad nacional, según la meta.
Otrora movimiento político que ha dado cuenta, esgrimido y aprovechado el lejano imaginario subversivo de la década de los sesenta del siglo XX, intentando el más remoto aún de la Guerra Federal del XIX, apela a todas las manifestaciones culturales que les son posibles para arraigarse en el alma nacional, incluyendo las de cuño mágico-religioso. Al respecto, se ha escrito bastante en torno al fenómeno que ha tenido por base a Bolívar y, paradójicamente, la versión bolivariana del guzmancismo y el lopecismo.
Socialismo de muy rara factura, amparado por la renta petrolera, curiosamente no goza del apoyo ni de la atención de los sectores obreros ni juveniles que desea domeñar, excepto trate (y sólo trate) del desarrollo de un clientelismo insostenible. Por ello, harto contradictorio, prefiere reemplazar la lucha de clases – según el canon – por los choques reales y supuestos que el resentimiento racial, por citar un ejemplo, pueda suscitar en beneficio de la confusión que sostiene la alianza cívico-militar, mas no la tradicional de proletarios y campesinos de acuerdo a las conocidas consignas.
Preocupa que, al fracasar tamaño esfuerzo de refundación cultural, más allá de lo político y a tono con los tiempos globales que vivimos, la tarea desemboque en un novísimo particularismo capaz de generar algo más que una recurrente guerra civil en procura de mantener el poder a cualquier costo, inventando una identidad – por supuesto – artificial y artificiosa. La reescritura – preferiblemente heroica – de la historia, la explotación de cualesquiera prejuicios que la crisis pueda multiplicar y la neta voluntad de preservar el poder, constituyen indicios que el lenguaje pertinaz del régimen asoma.
Mary Kaldor en su “Las nuevas guerras. La violencia organizada en la era global” (Tusquets, Barcelona, 2001), expone un interesante capítulo en torno a los particularismos que soportan las nuevas conflictividades, sumadas las debilidades del poder administrativo y de los ejércitos centralizados y formales que caracterizan al Estado Nacional. Particularismos que, además, se inventan, en el ámbito nacionalista, étnico, religioso, racial, lingüístico, etc., procurando las extremas diferencias, como ingredientes del otro belicismo que, por un lado, se apoya en la economía paralela (de guerra, mercado negro, crimen organizado, tráfico de drogas y órganos, etc.); y, por el otro, en distinciones prefabricadas y exacerbadas, como ha ocurrido en África o en la Europa post-soviética.
Experimentamos un prolongado gobierno que insiste en una representación social que legítimamente no tiene, por su desenvolvimiento o gestión real, evadiendo el más humilde cuestionamiento a través de una estridente confrontación. En las postrimerías de la campaña presidencial de 1998, a Herbert Koeneke le inquietaba el afán de transformación, legándonos una severa advertencia: “ … Si el triunfador en las elecciones de diciembre quisiera introducir cambios radicales en la cultura, sí como en la identidad nacional y política del venezolano, tendría no sólo que impulsar modificaciones profundas en las estructuras del país, sino también embarcarse en procesos ambiciosos y sistemáticos de resocialización, los cuales, por lo general, resultan muy raros o excepcionales en regímenes democráticos” (en: “II Simposio Venezuela: tradición en la modernidad. Los rostros de la identidad”. Equinoccio Ediciones/Universidad Simón Bolívar – Fundación Bigott, Caracas, 2001).
Imposibilitados de dar el paso al “madurismo”, el “chavismo” agota sus mejores esfuerzos por convertir al “chavismo” en una diferente particularidad de múltiples encajes (sociales, religiosos, étnicos, etc.), que ya ni siquiera se molesta en decir que gobierna para todos. Una secta, cuyo carácter masivo únicamente es concedido por la violencia y los sospechosos resultados electorales, pero no por la calle que suele abstenerse o inmovilizarse ante el llaado desesperado y tremendista del ahora mandatario nacional.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/10/de-un-peligroso-particularismo/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1058236
Fotografía: Guerra Civil en Bosnia-Herzegovina: http://1.bp.blogspot.com/-9HUZMU3ekCw/TwebCV6gGxI/AAAAAAAAZKs/CmwV7_mNc44/s1600/Bosnia.jpg
lunes, 4 de agosto de 2014
COMPLICIDAD PSICOLÓGICA
Del culto tatuado a la personalidad (y nota previa)
Luis Barragán
La inconformidad evidentemente está reprimida en muchos sectores medios y populares, como ocurre en el emblemático oeste caraqueño. La diputada María Corina Machado participó efectivamente en una Asamblea de Ciudadanos realizada en Caricuao e, inmediatamente después, los colectivos consabidamente armados se presentaron y, además, le dispararon a corta distancia: impactado el vehículo, afortunadamente salió ilesa, pero el caso ejemplifica muy bien su coraje y el de todos los venezolanos que ya se apoderaron del miedo gubernamental, dispuestos a celebrar el Congreso de Ciudadanos.
La ya inimaginable necropolítica
Sucedánea de la antipolítica, los elencos actuales en el poder necesitan urgentemente de Chávez Frías para mantenerse y, por ello, recrudece el culto a la personalidad huérfano de la correspondiente solución de continuidad. Deseándolo parte de la nueva identidad nacional que procuran construir, creyéndola fruto de una constante maniobra publicitaria, el pretendido y revelador aumento de la gasolina está precedido de la festejada fecha natal, al igual que de la insólita ocurrencia de estamparlo en el cuerpo de los que también lo aspiran como una inequívoca credencial en sus afanes clientelares.
Se dirá que el régimen se postmoderniza con el sello gráfico que impone a sus seguidores, a través de sendos operativos merecedores de una mejor causa. Así como enumera la desesperación, marcando el brazo de las personas que hacen cola para adquirir los alimentos de la ya escasa oferta del Estado, ahora pretende el imborrable y memorable tatuaje que pudiera pasar de la sencilla rúbrica a un inaudito código de barras.
El culto a la personalidad no expresa la mera afición litúrgica de sus beneficiarios, sino que manifiesta una necesidad extrema de preservación del poder, incluyendo, curiosamente, su denuncia a juzgar por la extraordinaria maniobra de Kruschev, dada la por entonces indudable solidez del régimen a mediados de los ’50 (XX), como deducimos de la parte final del infaltable Isaac Deutscher y su biografía política de Stalin. Ahora, curiosamente, la debilidad del régimen venezolano acentúa por cualesquiera medios una devoción que, por cierto, ha trabajado acuciosamente Miguel Ángel Perera en una obra publicada dos años atrás.
Necesidad que implica una suerte de una masiva complicidad psicológica y sobre la cual los especialistas pudieran orientarnos, abundando los hechos preocupantes de una novísima y asombrosa patología. La necropolítica adquiere dimensiones inimaginables, haciendo del laboratorio nuestro gentilicio.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/08/del-culto-tatuado-a-la-personalidad-y-nota-previa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1045699
Luis Barragán
La inconformidad evidentemente está reprimida en muchos sectores medios y populares, como ocurre en el emblemático oeste caraqueño. La diputada María Corina Machado participó efectivamente en una Asamblea de Ciudadanos realizada en Caricuao e, inmediatamente después, los colectivos consabidamente armados se presentaron y, además, le dispararon a corta distancia: impactado el vehículo, afortunadamente salió ilesa, pero el caso ejemplifica muy bien su coraje y el de todos los venezolanos que ya se apoderaron del miedo gubernamental, dispuestos a celebrar el Congreso de Ciudadanos.
La ya inimaginable necropolítica
Sucedánea de la antipolítica, los elencos actuales en el poder necesitan urgentemente de Chávez Frías para mantenerse y, por ello, recrudece el culto a la personalidad huérfano de la correspondiente solución de continuidad. Deseándolo parte de la nueva identidad nacional que procuran construir, creyéndola fruto de una constante maniobra publicitaria, el pretendido y revelador aumento de la gasolina está precedido de la festejada fecha natal, al igual que de la insólita ocurrencia de estamparlo en el cuerpo de los que también lo aspiran como una inequívoca credencial en sus afanes clientelares.
Se dirá que el régimen se postmoderniza con el sello gráfico que impone a sus seguidores, a través de sendos operativos merecedores de una mejor causa. Así como enumera la desesperación, marcando el brazo de las personas que hacen cola para adquirir los alimentos de la ya escasa oferta del Estado, ahora pretende el imborrable y memorable tatuaje que pudiera pasar de la sencilla rúbrica a un inaudito código de barras.
El culto a la personalidad no expresa la mera afición litúrgica de sus beneficiarios, sino que manifiesta una necesidad extrema de preservación del poder, incluyendo, curiosamente, su denuncia a juzgar por la extraordinaria maniobra de Kruschev, dada la por entonces indudable solidez del régimen a mediados de los ’50 (XX), como deducimos de la parte final del infaltable Isaac Deutscher y su biografía política de Stalin. Ahora, curiosamente, la debilidad del régimen venezolano acentúa por cualesquiera medios una devoción que, por cierto, ha trabajado acuciosamente Miguel Ángel Perera en una obra publicada dos años atrás.Necesidad que implica una suerte de una masiva complicidad psicológica y sobre la cual los especialistas pudieran orientarnos, abundando los hechos preocupantes de una novísima y asombrosa patología. La necropolítica adquiere dimensiones inimaginables, haciendo del laboratorio nuestro gentilicio.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/08/del-culto-tatuado-a-la-personalidad-y-nota-previa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1045699
viernes, 11 de julio de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
CUADERNO DE BITÁCORA
Necesitan reforzar el culto a la personalidad del anterior, pues, respecto al actual, todavía no cuaja. El recurso requiere del cuidado y de la supervisión al más alto nivel. Esta vez, no desean arriesgar con un favorito, urgidos de calidad. Para ello, hay recursos. Claro está, el concurso será entre los cineastas devotos. El país, atónito, lo recibirá. Y, cuando estrenen la cinta, quién sabe si ese país existirá.
LB
LB
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Culto a la personalidad,
Hugo Chávez Frías,
LB
domingo, 9 de febrero de 2014
REFERENTES
SOL DE MARGARITA, 8 de febrero de 2014
GRANO DE MOSTAZA
La espiritualidad del socialismo bolivariano
William Fariñas
La política es esencialmente humana y tiene espiritualidad. La sola acción de ocuparnos por resolver las situaciones que nos procura el bienestar y la felicidad junto a los semejantes nos aproxima a la actitud espiritual de la política. Nadie alcanza los bienes materiales y afectivos de la vida sin el intercambio social con los demás. Somos por naturaleza seres sociales de estirpe popular y comunitaria.
La inserción social dispone de una capacidad para convivir y compartir con nuestros prójimos. Las relaciones en la vida social, en el trabajo y la economía, en la comunidad y la familia, requieren del encuentro, el diálogo, la solidaridad y el acompañamiento para lograr los intereses y fines comunes. También están presentes en estas realidades las contrariedades y disentimientos, los debates, las confrontaciones e inevitablemente los conflictos de distintas intensidades.
El socialismo bolivariano construye su referencia moral y ética en este momento histórico del siglo XXI. Es una cimentación heroica de un pueblo consciente de sus poderes creadores para construir y sostener el proceso de cambio en la sociedad venezolana. En estas últimas décadas el pueblo bolivariano ha asumido una actitud crítica, reflexiva y proactiva para definir sus principios y valores rectores de la vida nacional. La Constitución Bolivariana es producto de ese esfuerzo colectivo.
Más allá de la materialidad que nos exige la vida en sociedad, existe un conjunto de representaciones mentales, cognitivas, sensoriales y espirituales que conforman los sistemas de ideas, creencias y valores que legitiman la gobernabilidad de la revolución bolivariana, no sólo en el ámbito electoral, igualmente en la espiritualidad de los venezolanos en todo su contexto. Es necesario aclarar que espiritualidad no significa sacralizar e identificar el concepto a religión alguna, más bien es respetar las creencias insondables de una nación creyente y no atea como el pueblo venezolano. Existe un legado espiritual de nuestros ancestros indígenas, afro y euro descendientes que sincretizan distintas creencias y místicas religiosas.
La revolución bolivariana es profundamente humanista, cristiana, patriota y chavista. Actualmente los cambios se iluminan con la revolución bolivariana, en la posibilidad de enriquecer nuestra espiritualidad con una nueva ética política por la paz y la vida; en el cuidado del ambiente, la salud, alimentación, educación y vivienda; la igualdad social en justicia y derecho y distintas expresiones de las artes y la cultura en general.
Jesucristo Redentor de los pueblos, El Libertador Simón Bolívar y el Comandante Invicto Hugo Chávez son nuestros referentes espirituales que nos alimentan la condición revolucionaria como ciudadanos exigidos por nuestros semejantes; especialmente en la dignificación de los más pobres, en el honor y amor a la patria, y todo lo que representa La República Bolivariana de Venezuela y sus desafíos en un mundo cambiante y globalizado. Venceremos.
GRANO DE MOSTAZA
La espiritualidad del socialismo bolivariano
William Fariñas
La política es esencialmente humana y tiene espiritualidad. La sola acción de ocuparnos por resolver las situaciones que nos procura el bienestar y la felicidad junto a los semejantes nos aproxima a la actitud espiritual de la política. Nadie alcanza los bienes materiales y afectivos de la vida sin el intercambio social con los demás. Somos por naturaleza seres sociales de estirpe popular y comunitaria.
La inserción social dispone de una capacidad para convivir y compartir con nuestros prójimos. Las relaciones en la vida social, en el trabajo y la economía, en la comunidad y la familia, requieren del encuentro, el diálogo, la solidaridad y el acompañamiento para lograr los intereses y fines comunes. También están presentes en estas realidades las contrariedades y disentimientos, los debates, las confrontaciones e inevitablemente los conflictos de distintas intensidades.
El socialismo bolivariano construye su referencia moral y ética en este momento histórico del siglo XXI. Es una cimentación heroica de un pueblo consciente de sus poderes creadores para construir y sostener el proceso de cambio en la sociedad venezolana. En estas últimas décadas el pueblo bolivariano ha asumido una actitud crítica, reflexiva y proactiva para definir sus principios y valores rectores de la vida nacional. La Constitución Bolivariana es producto de ese esfuerzo colectivo.
Más allá de la materialidad que nos exige la vida en sociedad, existe un conjunto de representaciones mentales, cognitivas, sensoriales y espirituales que conforman los sistemas de ideas, creencias y valores que legitiman la gobernabilidad de la revolución bolivariana, no sólo en el ámbito electoral, igualmente en la espiritualidad de los venezolanos en todo su contexto. Es necesario aclarar que espiritualidad no significa sacralizar e identificar el concepto a religión alguna, más bien es respetar las creencias insondables de una nación creyente y no atea como el pueblo venezolano. Existe un legado espiritual de nuestros ancestros indígenas, afro y euro descendientes que sincretizan distintas creencias y místicas religiosas.
La revolución bolivariana es profundamente humanista, cristiana, patriota y chavista. Actualmente los cambios se iluminan con la revolución bolivariana, en la posibilidad de enriquecer nuestra espiritualidad con una nueva ética política por la paz y la vida; en el cuidado del ambiente, la salud, alimentación, educación y vivienda; la igualdad social en justicia y derecho y distintas expresiones de las artes y la cultura en general.Jesucristo Redentor de los pueblos, El Libertador Simón Bolívar y el Comandante Invicto Hugo Chávez son nuestros referentes espirituales que nos alimentan la condición revolucionaria como ciudadanos exigidos por nuestros semejantes; especialmente en la dignificación de los más pobres, en el honor y amor a la patria, y todo lo que representa La República Bolivariana de Venezuela y sus desafíos en un mundo cambiante y globalizado. Venceremos.
jueves, 26 de septiembre de 2013
UN SOLO OJO
EL NACIONAL - Jueves 26 de Septiembre de 2013 Opinión/7
Miradas de poder
COLETTE CAPRILES
Cuando los "ojos de Chávez" aparecieron durante la campaña electoral de 2012 estampados en franelas y paredes (con esa estética del street art con que el régimen ha querido fingir una vocación juvenil urbana tan contraria a su naturaleza estalinista y rural) no cabe duda de que resultó ser una gran jugada de branding , una marca evocadora o fetiche que aludía a la presencia/ausencia del propio candidato, imposibilitado de mostrarse como antes. Pero luego el signo salió de ese contexto para adquirir otros atributos. Hoy se recorre Caracas -el país entero, seguramente- tropezándose continuamente con una mirada insidiosa. Los versos de Antonio Machado retumban: "El ojo que ves/ no es ojo porque tú lo veas/ es ojo porque te ve": los de Chávez han sido convertidos en talismán y señal del poder, en una marca de la vigilancia que desde el más allá se le quiere imponer a una sociedad de súbditos.
Lo notable es, en todo caso, la resurrección en pleno siglo XXI de tan antiguo símbolo del poder. La mirada es apropiación; todas las culturas humanas tienen un concepto para lo que en el Mediterráneo se llama el "mal de ojo", una forma de apropiarse, dañándolo, de lo que no es de uno, o mejor dicho, de lo que no puede ser de uno. Los nazar turcos (un ojo azul que protege de las miradas del mal) dan testimonio además de aquella antigua forma de justicia que es el "ojo por ojo". Cuando Lorenzetti, en su impresionante alegoría sobre el buen y mal gobierno, representa al tirano como un individuo de mirada torcida, dirigida hacia sí mismo, sintetiza el concepto clásico de la tiranía: el régimen del que gobierna para satisfacer su propia voluntad envilecida. El ojo habla.
Los ojos de aquí aparecen en cualquier parte pero tienen preferencia por la perspectiva vertical. Los edificios de los programas de construcción del Gobierno los exhiben, junto al jeroglífico de la firma, como verdaderos monumentos funerarios, repetición de un imaginario faraónico. Los masones también enmarcaban el ojo ilustrado en una geometría piramidal, pero esta, la que está estampada en esos edificios, no es la mirada que alude a la sabiduría y a la providencia, sino a la "elevación" o apoteosis de su dueño. Los ojos funcionan como una estratagema para la deificación o la idolatría y para marcar una permanencia difusa e insidiosa que crea un "arriba" y un "abajo" y secuestra la memoria para convertirla en mera conmemoración.
Orwell encarnó el poder en la cara del Gran Hermano: y no es que el poder sea visible, sino que la figura de poder convoca al espectador a una comunión (como aparece en el monólogo final de Winston Smith, rendido ante la belleza de ese rostro que antes temía: "Contempló el enorme rostro... ¡Qué cruel e inútil incomprensión! ¡Qué tozudez la suya exilándose a sí mismo de aquel corazón amante! Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano"). En el mundo totalitario, no es la vigilancia lo que importa, ni el miedo: es el amor absoluto lo que se pretende, la identificación total, la fusión del individuo con el líder en una sola voluntad.
Y aunque evoca el dispositivo panóptico del que hablaba Foucault como estructurador de la relación de vigilancia que toda sociedad moderna propone, es otra cosa. La "función panóptica" es por definición impersonal, el vigilante nunca es visto y el poder proviene, por así decirlo, de las instituciones.
En Orwell, y aquí, el poder visible es el poder personal mitificado, un trofeo, una reliquia, un patrimonio de uno solo.
http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/firma--margarita-lopez-maya/mar-de-fondo.aspx
Miradas de poder
COLETTE CAPRILES
Cuando los "ojos de Chávez" aparecieron durante la campaña electoral de 2012 estampados en franelas y paredes (con esa estética del street art con que el régimen ha querido fingir una vocación juvenil urbana tan contraria a su naturaleza estalinista y rural) no cabe duda de que resultó ser una gran jugada de branding , una marca evocadora o fetiche que aludía a la presencia/ausencia del propio candidato, imposibilitado de mostrarse como antes. Pero luego el signo salió de ese contexto para adquirir otros atributos. Hoy se recorre Caracas -el país entero, seguramente- tropezándose continuamente con una mirada insidiosa. Los versos de Antonio Machado retumban: "El ojo que ves/ no es ojo porque tú lo veas/ es ojo porque te ve": los de Chávez han sido convertidos en talismán y señal del poder, en una marca de la vigilancia que desde el más allá se le quiere imponer a una sociedad de súbditos.
Lo notable es, en todo caso, la resurrección en pleno siglo XXI de tan antiguo símbolo del poder. La mirada es apropiación; todas las culturas humanas tienen un concepto para lo que en el Mediterráneo se llama el "mal de ojo", una forma de apropiarse, dañándolo, de lo que no es de uno, o mejor dicho, de lo que no puede ser de uno. Los nazar turcos (un ojo azul que protege de las miradas del mal) dan testimonio además de aquella antigua forma de justicia que es el "ojo por ojo". Cuando Lorenzetti, en su impresionante alegoría sobre el buen y mal gobierno, representa al tirano como un individuo de mirada torcida, dirigida hacia sí mismo, sintetiza el concepto clásico de la tiranía: el régimen del que gobierna para satisfacer su propia voluntad envilecida. El ojo habla.
Los ojos de aquí aparecen en cualquier parte pero tienen preferencia por la perspectiva vertical. Los edificios de los programas de construcción del Gobierno los exhiben, junto al jeroglífico de la firma, como verdaderos monumentos funerarios, repetición de un imaginario faraónico. Los masones también enmarcaban el ojo ilustrado en una geometría piramidal, pero esta, la que está estampada en esos edificios, no es la mirada que alude a la sabiduría y a la providencia, sino a la "elevación" o apoteosis de su dueño. Los ojos funcionan como una estratagema para la deificación o la idolatría y para marcar una permanencia difusa e insidiosa que crea un "arriba" y un "abajo" y secuestra la memoria para convertirla en mera conmemoración.
Orwell encarnó el poder en la cara del Gran Hermano: y no es que el poder sea visible, sino que la figura de poder convoca al espectador a una comunión (como aparece en el monólogo final de Winston Smith, rendido ante la belleza de ese rostro que antes temía: "Contempló el enorme rostro... ¡Qué cruel e inútil incomprensión! ¡Qué tozudez la suya exilándose a sí mismo de aquel corazón amante! Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano"). En el mundo totalitario, no es la vigilancia lo que importa, ni el miedo: es el amor absoluto lo que se pretende, la identificación total, la fusión del individuo con el líder en una sola voluntad.
Y aunque evoca el dispositivo panóptico del que hablaba Foucault como estructurador de la relación de vigilancia que toda sociedad moderna propone, es otra cosa. La "función panóptica" es por definición impersonal, el vigilante nunca es visto y el poder proviene, por así decirlo, de las instituciones.
En Orwell, y aquí, el poder visible es el poder personal mitificado, un trofeo, una reliquia, un patrimonio de uno solo.
http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/firma--margarita-lopez-maya/mar-de-fondo.aspx
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