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miércoles, 25 de octubre de 2017

DÍAS DE MUDANZA

EL NACIONAL, Caracas, 16 de octubre de 2017
Con la mudanza de los días
Atanasio Alegre

Ese sábado, el piso cuarto en la zona cuatro de donde salen los vuelos de las líneas alemanas estaba de pasajeros a más no poder en el aeropuerto Charles de Gaulle. Pero como la mejor manera de conseguir un puesto es cuando alguien se levanta, eso sucedió una media hora después cuando, de repente, el lugar quedó casi vacío porque salieron tres vuelos de un solo golpe. Y fue entonces, una vez sentados, cuando se acercó ella. “¿Venezolanos?”, dijo. Y comenzó a hablar. Eso me dio la idea de que no hacía mucho que había llegado de Venezuela, porque los que ya llevan tiempo saben que interesa poco o casi nada lo que cuente cada uno de los que tuvieron que salir, ocupados más bien los que llevan ya tiempo en Europa en matar las pulgas cada cual como puede. Pero quien ha iniciado la conversación es una muchacha entrada más bien en carnes, de mirada inteligente, de gestos medidos que apuntan maneras. Responde por el nombre de Ana Rosalía y a punto estuve de contarle aquello de Camarón de la Isla (¡Ay! Ana Rosalía, si tú me quisieras, qué feliz me harías), pero me pareció que la muchacha no estaba para bromas, quería que la escucharan. Llevaba seis meses en París viviendo con una hermana casada, pero viendo que cada vez más le hacían la vida imposible, había decidido atender la llamada de un hermano soltero que residía en Múnich en la idea de que le resultaría más fácil encontrar allí trabajo. Pertenecía a una de las últimas promociones de Ingeniería de la Universidad Católica y como tantos otros había tomado el camino del exilio, en vista de las circunstancias, con un pasaporte de la Comunidad Europea. Cuando le pregunté por el apellido y yo le di el mío con mi nombre, me dijo que había visto en la librería de la universidad un libro mío con un título que le llamó la atención. El ojo del mundo no está en su sitio, dije, es la única obra que he publicado en esa editorial.

“¿Y ustedes viven en Alemania?” No, pero conozco la vida alemana. En Alemania un ingeniero no debe tener problemas de trabajo una vez que domina el idioma. Y el idioma, que no es fácil, tampoco es imposible para alguien que ha cursado una carrera tan exigente como la tuya. En tres meses puedes tener el nivel que exigen las empresas para conseguir trabajo. “En Francia me cansé de enviar currícula sin llegar a recibir ni siquiera respuesta”. Bueno, tanto en Francia como en España, una de las formas más refinadas de desprecio es la callada por respuesta. En Alemania, carta que envíes, sea cual sea el contenido, no queda sin respuesta.

Poco después llamaron a los de su vuelo y nos despedimos.

El venezolano es un ser con capacidad de adaptación, digo. Fue en su momento un gran turista que recorrió cualquier lugar del planeta por exótico que fuera. Pero ahora le ha tocado el papel de inmigrante. Y no lo está haciendo mal.

“Pues, sí ha dicho mi mujer. Es lista la chama. ¿Cuánto le habrá costado salir de Venezuela? Y su decepción en casa de la hermana”. Pero hay que tener en cuenta que la hermana tiene ahora que distribuir sus preocupaciones entre el marido y los niños y cómo hacer para rendir un par de sueldos que no deben ir más allá en una ciudad tan costosa como París. Alguien que llegue de improviso sin aportar nada, no es más que un cuerpo extraño a quien tarde o temprano se le expulsa, esa es ley de sobrevivencia. Pero en Alemania, estoy seguro de que van a cambiarle las cosas.

Y eso fue todo antes de que la chama quedara reducida a anécdota.

Meses después, ya con el otoño trayendo de nuevo a escena el verso del poeta francés que habla de les sanlgos du violon de l'automnne, una noche sonó en el teléfono: “Soy Ana Rosalía, ¿me recuerda, en el Charles de Gaulle? Y contó, más que alegre, emocionada. Ya tenía trabajo y ... bueno. Se había sumergido en el idioma según habíamos hablado en aquella breve conversación y, naturalmente, había conseguido el nivel de suficiencia de idioma que la compañía le exigía. Me extrañó la llamada porque no le había dado ni el teléfono ni la dirección, pero dijo que había conseguido el apellido de mi hijo en la guía. Nos encontrábamos a cuarenta y cinco minutos de distancia, pero ya para vernos la cosa cambiaba porque nosotros regresábamos de nuevo a Madrid en esos días.

La conversación se prolongó algo más de lo que mi paciencia tiene como límite al teléfono, pero después me he quedado pensando en esos otros versos del poeta español en los que habla del tiempo que ni retrocede ni tropieza. El mismo que convirtió en los inmigrantes de ahora a los alegres turistas venezolanos de antaño –sin que hayan desaparecido del todo, en cualquier caso–. Hace treinta y cinco años cuando pisé por vez primera Alemania, la universidad en la que trabajaba en Venezuela me enviaba los cheques del salario a la dirección del Intuito de la universidad alemana en que me había matriculado. Por Navidad, ese primer año, ya con la gente en vacaciones, me acerqué a la oficina del director a retirar la carta con el cheque.

Al director, un hombre un poco resabiado con quienes veníamos del Tercer Mundo, le hubiera gustado saber qué es lo que ganaba un profesor en una universidad como de la que yo provenía. Rompí el sobre y sin leer siquiera lo que el cheque reflejaba, se lo pasé. Se quedó de una pieza. ¿De modo que usted gana el doble de lo que me pagan a mí, incluso teniendo en cuenta de que soy el director del instituto?

Eran los tiempos en los que la reconstrucción alemana no habían terminado todavía.

Eso fue entonces, si hoy sucediera algo parecido y comparáramos la relación de 50 a 5.000 que es la diferencia proporcional de las jubilaciones de ambos, el director hubiera encontrado completamente razonable la separación de los mundos a los que pertenecemos.

Pero la cosa no solo queda ahí. Pues hoy a mí, con el tiempo de por medio, se me haría difícil llenar los cuarenta y cinco minutos que puede durar una clase para contar algo a un grupo de alumnos que les pareciera interesante. El asunto va con la mudanza de los días. Todo pasa, todo cambia, todo se rompe, dicen los franceses. Y esta vez, a pesar de que no respondan las cartas, no les falta razón.. Ni a ellos ni a los españoles que suelen dar también la callada por respuesta.

Fuente:

viernes, 14 de noviembre de 2014

DE LA (S) NUEVA (S) GUERRA (S)

De un peligroso particularismo
Luis Barragán


El culto a la personalidad presidencial, la del extinto y la  del sucesor que seriamente dice ser su hijo para la construcción del relato correspondiente, cuenta con una inversión propagandística y publicitaria formidable, en todos los niveles en los que el oficialismo propone y dispone de los recursos públicos. Sin embargo, fatigados los estudios de opinión, no logra arraigarse para explicar la propia identidad nacional, según la meta.

Otrora movimiento político que ha dado cuenta, esgrimido y aprovechado el lejano imaginario subversivo de la década de los sesenta del siglo XX, intentando el más remoto  aún de la Guerra Federal del XIX,  apela a todas las manifestaciones culturales que les son posibles para arraigarse en el alma nacional, incluyendo las de cuño mágico-religioso. Al respecto, se ha escrito bastante en torno al fenómeno que ha tenido por base a Bolívar y, paradójicamente, la versión bolivariana del guzmancismo y el lopecismo.

Socialismo de muy rara factura, amparado por la renta petrolera, curiosamente  no goza del apoyo ni de la atención de los sectores obreros ni juveniles que desea domeñar, excepto trate (y sólo trate) del desarrollo de un clientelismo insostenible. Por ello,  harto contradictorio, prefiere reemplazar la lucha de clases – según el canon – por los choques reales y supuestos que el resentimiento racial, por citar un ejemplo, pueda suscitar en beneficio de la confusión que sostiene la alianza cívico-militar, mas no la tradicional de proletarios y campesinos de acuerdo a las conocidas consignas.

Preocupa que, al fracasar tamaño esfuerzo de refundación cultural, más allá de lo político y a tono con los tiempos globales que vivimos, la tarea desemboque en un novísimo particularismo capaz de generar algo más que una recurrente guerra civil en procura de mantener el poder a cualquier costo, inventando una identidad – por supuesto – artificial y artificiosa. La reescritura – preferiblemente heroica – de la historia, la explotación de cualesquiera prejuicios que la crisis pueda multiplicar y la neta voluntad de preservar el poder, constituyen indicios que el lenguaje pertinaz del régimen asoma.

Mary Kaldor en su “Las nuevas guerras. La violencia organizada en la era global” (Tusquets, Barcelona, 2001), expone un interesante capítulo en torno a los particularismos que soportan las nuevas conflictividades, sumadas las debilidades del poder administrativo y de los ejércitos centralizados y formales que caracterizan al Estado Nacional. Particularismos que, además, se inventan, en el ámbito nacionalista, étnico, religioso, racial, lingüístico, etc., procurando las extremas diferencias, como ingredientes del otro belicismo que, por un lado,  se apoya en la economía paralela (de guerra, mercado negro, crimen organizado, tráfico de drogas y órganos, etc.); y, por el otro, en distinciones prefabricadas y exacerbadas, como ha ocurrido en África o en la Europa post-soviética.

Experimentamos un prolongado gobierno que insiste en una representación social que legítimamente no tiene, por su desenvolvimiento o gestión real, evadiendo el más humilde cuestionamiento a través de una estridente confrontación. En las postrimerías de la campaña presidencial de 1998, a Herbert Koeneke le inquietaba el afán de transformación, legándonos una severa advertencia: “ … Si el triunfador en las elecciones de diciembre quisiera introducir cambios radicales en la cultura, sí como en la identidad nacional y política del venezolano, tendría no sólo que impulsar modificaciones profundas en las estructuras del país, sino también embarcarse en procesos ambiciosos y sistemáticos de resocialización, los cuales, por lo general, resultan muy raros o excepcionales en regímenes democráticos”  (en: “II Simposio Venezuela: tradición en la modernidad. Los rostros de la identidad”. Equinoccio Ediciones/Universidad Simón Bolívar – Fundación Bigott, Caracas, 2001).

Imposibilitados de dar el paso al “madurismo”, el “chavismo” agota sus mejores esfuerzos por convertir al “chavismo” en una diferente particularidad de múltiples encajes (sociales, religiosos, étnicos, etc.), que ya ni siquiera se molesta en decir que gobierna para todos. Una secta, cuyo carácter masivo únicamente es concedido por la violencia y los sospechosos resultados electorales, pero no por la calle que suele abstenerse o inmovilizarse ante el llaado desesperado y tremendista del ahora mandatario nacional.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/10/de-un-peligroso-particularismo/
 http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1058236

Fotografía: Guerra Civil en Bosnia-Herzegovina: http://1.bp.blogspot.com/-9HUZMU3ekCw/TwebCV6gGxI/AAAAAAAAZKs/CmwV7_mNc44/s1600/Bosnia.jpg

jueves, 2 de enero de 2014

POSTDICIENDO

EL NACIONAL - Miércoles 01 de Enero de 2014     Opinión/5
Imprediciendo
Aquel vacío identitario prechavista permitió, o convocó más bien, un régimen que, institucional al principio, va innovando sus formas de dominio
Colette Capriles

La prudencia aconseja no entrometerse en la tela opaca del futuro, pero un artículo como este, arrancando el año, no tiene más camino que repasar lo acontecido o aventurarse en la adivinación. Lo que es lo mismo: también se necesitan dotes oraculares para descifrar lo que ha pasado. Porque lo que va a marcar los meses que vienen, los años quizás, es la capacidad de construir el relato de lo que pasa. Y no es nuevo: la experiencia social, en Venezuela, está tomada por el mito desde hace años. La manera en que socialmente, políticamente, nos contamos lo que pasa, se parece más a las formas mitológicas que a las narrativas racionales (no se tome esta última palabra demasiado literalmente). También se podría decir que lo que ya no importa es la verdad o, peor áun, el acuerdo básico acerca de qué puede ser considerado verdad.
Lo mitológico no es ni verdadero ni falso porque su función no es hacer esa discriminación, sino otra: la que hay entre ellos y nosotros. Es una máquina de producir identidad y de ordenar el mundo entre quienes la comparten y quienes forman el exterior, lo distinto y lo diferente, sin lo cual a su vez la propia identidad no puede existir.
La pregunta de fondo es, naturalmente: ¿qué había en nuestro ser que estaba exigiendo tan ávidamente una respuesta identitaria (más bien: una anestesia, un tranquilizante)? A principios de los 90 hubo (y murió) una especie de debate implícito sobre la proliferación de signos patrios, en especial stickers con banderitas de siete estrellas, que señalaba esa inquietud nebulosa acerca del ser venezolano, cielo encapotado que anunciaba la ruta nacionalista que permitirá, tantos años después, la existencia de este drama llamado chavismo.
Todo esto para decir que de lo que se tratará es de identidades, de relatos acerca de cómo somos y seremos, y acerca de cómo lo que ocurre es consistente con esos relatos o los contradicen. Inútil discutir acerca de números electorales o magnitudes inflacionarias: sin un contexto de interpretación que les dé sentido, la discusión es imposible y termina siempre en un acto de fuerza (simbólica o real). Por ejemplo, el Banco Central de Venezuela, al hacer finalmente su anuncio acerca de la inflación de los dos últimos meses, decreta la muerte de la última verdad institucional: el documento presenta los datos como obedientes a la "guerra económica", adoptando pues ya el mito como única forma narrativa.
Aquel vacío identitario prechavista permitió, o convocó más bien, un régimen que, institucional al principio, va innovando sus formas de dominio para hacerlas cada vez más "antropológicas" y menos políticas, más dependientes de una conexión identitaria (en la que el nacionalismo es esencial) que de una preferencia política. Entre comentaristas eso ha solido aparecer como la conexión carismática o religiosa o inexplicable; como los efectos del caudillismo o de la redención de los pobres; sin duda, estas conexiones han sido eficaces, pero es su consistencia en forma de relato identitario (una oferta acerca de qué es ser venezolano) lo que las hace poderosas y lo que forma parte de esquemas de dominación probados ampliamente durante el siglo XX.
Curiosamente, el marxismo sirvió de vehículo paradójico para sostener estos proyectos de dominación a través de la identidad nacional. Digo curiosamente porque lo que forma el núcleo de la antropología marxista es esa idea de un hombre nuevo, universal y despojado de todas las particularidades identitarias que lo individualizan: patria, religión, familia. Pero el estalinismo acabó con eso y así como recupera el "modernismo" en el capitalismo de estado, utiliza la identidad nacional como forma de dominio, primero nacional y luego exportada. Cuba adopta el marxismo (soviético) como una continuidad natural de su propia y espantosa duda identitaria, nunca recuperada de la pérdida de su lugar privilegiado en el imperio español. Y en nuestro vacío se asienta también esa historia triste que se está escribiendo cada día aquí.

Fotografía: LB, Sambill La Candelaria, Caracas (28/09/13).

domingo, 30 de diciembre de 2012

EL SUCESO IDENTITARIO DEL AÑO

EL NACIONAL - Jueves 01 de Noviembre de 2012     Opinión/9
Rosado y Rosita
LUIS PEDRO ESPAÑA N.

Dos hechos presenciamos la semana pasada. Uno entre jocoso y morboso, y el otro ciertamente bochornoso. El primero no es más que un hecho delictivo, que probablemente habría pasado por debajo de la mesa (o al menos no con tanta notoriedad) si se hubiese circunscrito a otro episodio más de nuestra realidad carcelaria. ¿Qué tendría de raro que uno de esos que porta el nombre artístico de pran se fugara de la cárcel? ¿Ellos no son los que mandan en esos recintos? Lo raro es que no se fuguen.
El asunto fue, y es lo que le puso condimento a la noticia de sucesos, que al parecer dicha fuga se entreveró con la visita de una muchacha de la televisión a la cárcel y su posterior enconche. Los detalles realmente sobran. La prensa regional y nacional tituló y le siguió la pista (casi con sevicia) al preso fugado y la actriz de TV, hasta que esta última apareció.
El otro hecho, mucho menos seguido y comentado, fue el lamentable show que unos supuestos fanáticos del Deportivo Táchira protagonizaron al impedir que se realizara un juego de fútbol donde la directiva del equipo había programado una serie de actividades y símbolos de solidaridad junto con una organización de lucha contra el cáncer de seno.
Los incalificables "machotes" se opusieron a que el equipo de casa jugara con una franela rosada, que mundialmente alude a la actividad de solidaridad (como se hace en muchísimos otros eventos deportivos, artísticos y hasta políticos), lo que derivó en una inexplicable suspensión del juego y permitió que la barbarie se saliera con la suya.
Los dos hechos, ocurridos el mismo fin de semana, han movido a la opinión pública entre un moralismo pacato y ramplón, para el caso de la actriz y el pran, hasta cierto mutismo, que le resta gravedad, para la más que penosa suspensión del juego por la causa que apoyaba.
Lo reseñado parece estar mostrando que, dejada a su albedrío, es decir, sin instituciones que regulen sus locuacidades, parece que nuestra sociedad (hombres y mujeres por lo demás) sigue siendo gobernada por unos códigos sexistas según los cuales los hombres no son tales si se dejan asociar con cosas femeninas, y las mujeres no son dignas, a menos que sean madres.
Atraso, vulgaridad, ausencia de humanidad y de respeto nos golpea la cara con demasiada frecuencia. Nos burlamos y hacemos chistes de las mujeres en desgracia, pero no decimos mucho sobre los hombres desgraciados.
La reacción natural, cuando el observador deja la risa o la sorna, para ponerse reflexivo y leído (como decían en los pueblos), suele ser imputarles a los valores (su ausencia, claro está), a la forma de ser (los más deterministas), a la pobreza y la falta de instrucción (los más clasistas) la razón del bochorno y las bajezas que cada cierto tiempo nos muestra en público la comunidad a la que pertenecemos.
No deberíamos ver en las causas individuales el origen de los hechos. Por el contrario, puede que sólo sean la consecuencia. Si los energúmenos del estadio, o los presos de las cárceles pretendieran sus acciones frente a instituciones fuertes, éstas sencillamente no habrían permitido lo que hoy son desmanes que nos avergüenzan. El juego se hubiese realizado, los manifestantes estarían bajo algún sistema correctivo; el preso no se hubiera fugado y la actriz habría trabajado en un lugar algo más adecuado.
Puesto en esa perspectiva, el preso, la actriz y los insensatos del juego de fútbol no son sino el simple efecto de un país que lleva años debilitando sus instituciones.

domingo, 15 de julio de 2012

(DES) ANCLAJES

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO DE 2001 / OPINION
No somos nada
M. C. Valecillos

"No somos suizos", "no somos australianos", "no somos japoneses". Ya basta. Basta de definirnos por lo que no somos. Es hora, en esta ídem de revolución, definir claramente qué es lo que sí somos: conócete a ti mismo como conoces a tu prójimo.
Conversaba con un colega, oriundo de la República Popular China, acerca del año nuevo chino, celebrado este año el 24 de enero y regido, también este año, por la serpiente, emblema de cambio y renovación por aquello de la muda del cuero. La conversación giraba sobre su eje y sobre lo mucho que a un occidental le extraña que una celebración caiga un año en una fecha y al año siguiente en otra. Como si uno celebrase, vaya de ejemplo loco, una fiesta larga, elaborada y tradicional un año en marzo y al año siguiente en abril. Totalmente absurdo. Me decía Zhu-san que sí, que no deja de tener su inconveniencia, pero que por inconveniente que nos parezca eso de que cada año el año nuevo cae en fecha distinta (esta regido por el calendario lunar, el mismo que rige la hemodescarga de los cinco días que hace a la mujer tan resilente, tan misteriosa, tan impenetrable), por lo menos hay predictabilidad y posibilidad de planificación (igualito que con la susodicha), cosa que no había en otros tiempos. Me contaba que en la milenaria de antes sucedía mucho que cada vez que había una revuelta medianamente exitosa y cambiaba el reparto de la telenovela, el nuevo galán del imperio siempre comenzaba por decretar un "Año Nuevo pa ti, pa ti" que coincidía, generalmente con la fecha de la asonada y/o con la toma del poder.
A lo mejor no suena nada extremo, pero recordad cuán apegados a las tradiciones son los orientales que ahí mismito empezaban con que si las hojas y el pabilo para las hallacas, que si no hay uvas en el mercado, que si donde esta el cassette de Andrés Eloy, que si el reproductor no ha sido inventado, que si Isaac se comió las lentejas, que si la maleta todavía esta llena de la ropa que compré en Miami, que quién se estreno mis pantaletas amarillo limón limón. En fin, un corre corre inaguantable y agotador y eso sin haber nombrado todavía al nuevo gabinete. Tal fue el desespero que la gente comenzó a rogar a los dioses para que le diera larga vida en el trono al soberano (en ese tiempo el soberano era el que estaba arriba), pues tal longevidad garantizaba un respirito para, por lo menos, poder planificar el asueto y el bonche con cierta antelación (dicen que lo malo es que dios los complació pero ese es otro cuento).
¡Eureka!, le dije al primo Zhu, lo descubrí; "todo cuerpo sumergido en agua desplaza un volumen de liquido...". Digo, descubrí lo que somos, somos chinito soy chinito, de la China vengo yo; la tierra de los lotos y del naranjo sol. Como corolario propongo que se integre la estrofa anterior al nuevo himno nacional y que de ahora en adelante celebremos con el año nuevo chino, las diversas y lunáticas efemérides patrias.

Fotografía: Tomada de "Caracas Pa'Locos" /Facebook