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domingo, 18 de junio de 2017

LA MIRADA MÚLTIPLE



El diseño gráfico de la coyuntura política

Ox Armand

Siempre la tuvo, pero hoy es demasiado relevante su importancia con la vertiginosa instantaneidad de las redes sociales. No hay obrar político, por muy pensantes o muy prácticos que sean los partidos, gremios, sindicatos o cualesquiera organizaciones, sin un ingenioso diseño gráfico que pueda distinguir un mensaje entre los miles que compiten por llamar nuestra atención. A veces, hay un virtuosismo publicitario colindante con una pieza plástica de las mejores y, otras, una elaboración burda que hace preferible el silencio con el que no media diferencia alguna. El mejor ejemplo consiste en el llamado a la concentración que será multitudinaria en Caracas, el lunes 19 de los corrientes. No pretendemos un análisis de fondo sobre las piezas ya conocidas – sobre todo – en la tarde del día anterior, pues toda aparición debe ser oportuna para que sea eficaz, a sabiendas que, horas después, es parte de un archivo que se olvida.

 Apartando la iniciativa de los internautas que individualmente hacen lo suyo, con un frecuente sentido de humor y hasta de descalificación personal de los gobernantes, la convocatoria opositora tiene por motivo central la imagen de una multitud en movimiento o que se le supone en movimiento. Además del logotipo, los colores corporativos de cada partido hacen la diferencia, pero también la leyenda utilizada.  A veces, es más fácil que un partido se caracterice como Vente Venezuela (“Vente a Caracas”), otras la fuente y el tamaño de las letras pueden suplir la ausencia de una consigna de impacto. En ésta muestra, Primero Justicia deja espacios libres que, por lo que general, copa con el amarillo y el negro que lo explican propagandísticamente: el color plano, con un amarillo vivo y un negro que comunica sobriedad, es preferible a la confusión o combinación de ambos, llevándolo a una suerte de concha de cambur que, por cierto, ha hecho célebre a artistas como Thomas Baumgärtel. El volante digital de la MUD suele ser abigarrado, compacto, acaso “literario” cual suerte de guía telefónica. Demasiado frecuente, Acción Democrática ni Un Nuevo Tempo exponen piezas coleccionables, porque – simplemente – no las hacen. Hay más una postura política de pasar agachados que ahorro de diseñadores gráficos que, en verdad, son caros en la medida que deben producir sus láminas para un perecedero aunque intenso momento.

Por lo pronto, deseamos subrayar dos o tres notas características de esta “explosión” del diseño coyuntural. Por un lado, se exige del diseñador algo diferente de lo que normalmente se ve en las redes, por lo que es completamente inútil el empleo de programas informáticos que prefabrican el diseño con los motivos, estilos y contenidos harto conocidos. En lo posible, se pide bastante invención en un terreno en el que no es fácil. Quizá estamos en presencia de una futura revolución publicitaria en Venezuela cuando todo esto pase, la cual hará de las vallas en las autopistas y de los segundos televisivos, una morisqueta devorada por el banner. 

Por otro, nada más aburrido que la uniformidad del mensaje, como algunos lo desean. La vivacidad de la política de calle se expresa por las múltiples versiones que tiene en las redes y, en el caso de las convocatorias a marchas, concentraciones y afines, responden o tiende a responder a los distintos públicos que se desean alcanzar. Esto no es el  viejo anuncio de la prensa de papel que reclamaba atención para ver u oir a un dirigente en una programa de televisión o de radio. Hay algo más. Y, finalmente, está el asunto de la identidad, porque si bien se impone la unidad de los más variados factores políticos y sociales de la oposición, en la medida de lo posible hay una lucha por identificarse, no perder los naturales matices que enriquecen esa unidad. Todo lo dicho contrasta con la fastidiosa uniformidad gubernamental de la publicidad y propaganda, propia del totalitarismo que no se arriesga a diferenciación alguna, por humilde que fuese. Por todos estos años, cuentan hasta con fuentes, contenidos y estilos muy propios, sumamente caros en el mercado, pero hasta el color rojo se les convirtió en una poderosa limitación: el diseño no puede hacer milagros cuando la realidad está signada por la muerte de más de setenta jóvenes en las jornadas de protesta.

Post-data LB: No entra en la muestra UNT. El tweed tiene fecha 17/06/17, pero no lo habíamos visto. Se va el texto a Opinión y Noticias que, por cierto,  tiempo sin publicar a OA, con esta pieza ausente. Nos preguntamos, inevitable, por qué no tan visible. Puede decirse que es un poco más "minimalista".  Nos parece que no se lee (es decir, al primer vistazo). 

Incluso, conjeturamos, el diseño es propio del aafiche que se ve a distancia. Las redes sociales, al contrario, son callejuelas, calles, avenidas y autopistas y que pide la mirada cercana. La torre de Parque Central, por emblemática que sea, se pierde. Es ua edificación más con prevaleciente cielo azul.

Parece una portada de esos libros de mesa sobre arte o turismo. La propaganda y publicidad política tiene sus propias características.

Todavía no tenemos noticias de AD o de otra organización. Quizá no corren con tanto éxitos los diseños en las redes o, mejor y peor, nuestras cuentas están muy limitadas. 
19/06/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/30165--coyuntura-politica 

domingo, 22 de noviembre de 2015

DURA FRONTERA

Ciego callejón, ciego
Luis Barragán


Todavía es motivo de consulta y hasta de asombro un clásico de Vance Packard, “Las formas ocultas de la propaganda” (1957), cuyas técnicas y triquiñuelas psicológicas no sólo mejoraron con el tiempo, dejando atrás la profusa reseña,  sino que también ha recibido la debida y persistente contrarrespuesta, incluida la denuncia,  propia de una opinión pública despierta, libre y organizada. Hincando el bisturí,  Luis Britto García tiene en su haber un par de títulos que versan en torno a la publicidad política del sistema que tanto combatió, como “La máscara del poder” (1988) y “El poder sin la máscara” (1990), aparecidos con la tinta, el papel y la casa editorial que no faltaban en el país. Sin embargo, suele ocurrir, nada equivalente circula cuando se trata de países que caminan hacia el totalitarismo.

Bajo el socialismo real, la propaganda y la publicidad saben de un brutal perfeccionamiento propagandístico y publicitario, orientados a garantizar el sojuzgamiento de pueblos enteros. Sobre todo, orientado al culto de la personalidad que aglutina y, a la postre, explica la misma existencia del Estado, adquiere niveles óptimos cuando el poder confisca y monopoliza todos los recursos materiales y simbólicos disponibles, impone la censura y el bloqueo informativo, al igual que combate deslealmente a la disidencia. Huelga citar el ejemplo cubano, cuya dictadura comienza desde el aula escolar.

Un rápido examen a la Venezuela de todos estos años, pone en escena la bien aceitada maquinaria misilística de la propaganga y de la publicidad, la que va al centro del subsconsciente de la población, haciéndola prisionera de los intereses oficialistas en boga. Vance se queda en pañales y Britto García hace el ridículo, porque – esta vez – el régimen por el que siempre apostó, resulta exponencialmente peor, por supuesto, cuidándose obviamente de opinar al respecto.

Huérfanos de imaginación, los constantes estudios de opinión desembocan en la enfermiza repetición de fórmulas, desembocando en unas groseramente elementales, rayanas en la imbecilidad, como la de presentarse el sr. Maduro como hijo del presidente extinto, cosa que jamás permitió el mismísimo Juan Vicente con Vicentico Gómez. Ahora, en un ciego callejón, haciendo una determinada lectura de los costosos estudios de opinión con los que cuentan hasta el hartago, emplean al que te conté y halagan como valiente al pueblo que han condenado a hacer colas, por decir lo menos.

Y es que, en la hondura de todas las manipulaciones del poder establecido, los que hoy monopolizan los privilegios, tienen su más cobarde pretexto en  el emblema del extinto. Un elenco de cobardes para un país tan valiente que le propinará una paliza electoral el 6-D,  encallejonados en la hora histórica de un cambio que los enceguece varias veces.

http://www.lapatilla.com/site/2015/11/13/luis-barragan-ciego-callejon-ciego/

domingo, 26 de julio de 2015

PROPAGAR

La máquina de resignificación
Ox Armand

A la larga,  está el más poderoso y cruel recurso del Estado: su poder simbólico. Todo lo que toca e interpreta, se impone. O, por lo menos, con la (auto) censura y el bloqueo informativo, cuesta un mundo compensarlo y superarlo. Así se puede hablar de una cultura del totalitarismo arrancando de la propi Hannah Arendt. Si no, vean el desastre del famoso 11-A: logró neutralizar el número de muertos y heridos víctimas de aquello que Tiburón I decidió. Hasta hubo familiares de las víctimas que cayeron en la versión oficial gratuita y voluntariamente. La macabra oposición los mató. Todo corrió y corre por cuenta de esas infernales campañas de propaganda y de publicidad que tienen por objetivo no otra cosa que la de renombrar las cosas, darle otros significados. Solamente eso se logra cuando hay plata para montarlo y sacarlo adelante, además de escasos escrúpulos. Incluyendo, cuando hay psicólogos sociales como implementadores. Por eso, los 43 jóvenes muertos en 2014 se debe a todo el mundo, a los guarimberos y a la oposición más pacífica y democrática que puede existir, menos al gobierno y a las fuerzas represivas con las que abiertamente cuenta. De esas lamentables muertes ya ni habla la oposición, porque – faltando poco – ganaron los que corrieron a Miraflores a dialogar frente a los propulsores de la célebre Salida.

Pasaba por el centro de Caracas un domingo que anduve de metro y de camioneta por puesto, buscando un repuesto para el carro en la otra punta de la ciudad  que logré que me vendieran en un día tan desacostumbrado y, oh sorpresa, la avenida Baralt estaba paralizada. Un camión de torpe logotipo de la Policía Metropolitana era el protagonista. Filmaban algunas escenas para una película o un “spot” publicitario sobre el 11-A. Nadie me supo precisar la cosa. Lo cierto es que, con mi repuesto en mano, envuelto en periódicos y escondido en una bolsa negra, por si acaso, tomé la gráfica. Llegué triste a la casa, pues ¿cómo luchar contra esa maquinaria infernal de la resignificación, falsificación o adulteración de los hechos? ¿Bastará la radio-bemba para detenerlo? ¿No lo facilita una cultura de la resignación, aunque se digan otras cosas, de la mismísima dirigencia opositora?

Esperaré a ver. ¿Una película o una pieza para la más sórdida propaganda?

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/23213-la-maquina-de-resignificacion

jueves, 26 de septiembre de 2013

UN SOLO OJO

EL NACIONAL - Jueves 26 de Septiembre de 2013     Opinión/7
Miradas de poder
COLETTE CAPRILES

Cuando los "ojos de Chávez" aparecieron durante la campaña electoral de 2012 estampados en franelas y paredes (con esa estética del street art con que el régimen ha querido fingir una vocación juvenil urbana tan contraria a su naturaleza estalinista y rural) no cabe duda de que resultó ser una gran jugada de branding , una marca evocadora o fetiche que aludía a la presencia/ausencia del propio candidato, imposibilitado de mostrarse como antes. Pero luego el signo salió de ese contexto para adquirir otros atributos. Hoy se recorre Caracas -el país entero, seguramente- tropezándose continuamente con una mirada insidiosa. Los versos de Antonio Machado retumban: "El ojo que ves/ no es ojo porque tú lo veas/ es ojo porque te ve": los de Chávez han sido convertidos en talismán y señal del poder, en una marca de la vigilancia que desde el más allá se le quiere imponer a una sociedad de súbditos.
Lo notable es, en todo caso, la resurrección en pleno siglo XXI de tan antiguo símbolo del poder. La mirada es apropiación; todas las culturas humanas tienen un concepto para lo que en el Mediterráneo se llama el "mal de ojo", una forma de apropiarse, dañándolo, de lo que no es de uno, o mejor dicho, de lo que no puede ser de uno. Los nazar turcos (un ojo azul que protege de las miradas del mal) dan testimonio además de aquella antigua forma de justicia que es el "ojo por ojo". Cuando Lorenzetti, en su impresionante alegoría sobre el buen y mal gobierno, representa al tirano como un individuo de mirada torcida, dirigida hacia sí mismo, sintetiza el concepto clásico de la tiranía: el régimen del que gobierna para satisfacer su propia voluntad envilecida. El ojo habla.
Los ojos de aquí aparecen en cualquier parte pero tienen preferencia por la perspectiva vertical. Los edificios de los programas de construcción del Gobierno los exhiben, junto al jeroglífico de la firma, como verdaderos monumentos funerarios, repetición de un imaginario faraónico. Los masones también enmarcaban el ojo ilustrado en una geometría piramidal, pero esta, la que está estampada en esos edificios, no es la mirada que alude a la sabiduría y a la providencia, sino a la "elevación" o apoteosis de su dueño. Los ojos funcionan como una estratagema para la deificación o la idolatría y para marcar una permanencia difusa e insidiosa que crea un "arriba" y un "abajo" y secuestra la memoria para convertirla en mera conmemoración.
Orwell encarnó el poder en la cara del Gran Hermano: y no es que el poder sea visible, sino que la figura de poder convoca al espectador a una comunión (como aparece en el monólogo final de Winston Smith, rendido ante la belleza de ese rostro que antes temía: "Contempló el enorme rostro... ¡Qué cruel e inútil incomprensión! ¡Qué tozudez la suya exilándose a sí mismo de aquel corazón amante! Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano"). En el mundo totalitario, no es la vigilancia lo que importa, ni el miedo: es el amor absoluto lo que se pretende, la identificación total, la fusión del individuo con el líder en una sola voluntad.
Y aunque evoca el dispositivo panóptico del que hablaba Foucault como estructurador de la relación de vigilancia que toda sociedad moderna propone, es otra cosa. La "función panóptica" es por definición impersonal, el vigilante nunca es visto y el poder proviene, por así decirlo, de las instituciones.
En Orwell, y aquí, el poder visible es el poder personal mitificado, un trofeo, una reliquia, un patrimonio de uno solo.

http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/firma--margarita-lopez-maya/mar-de-fondo.aspx

miércoles, 13 de febrero de 2013

BIENHECHURÍAS

El barajo de la coyuntura
Luis Barragán


Quizá comenzamos a diferenciar entre uno y otro fenómeno, pues el problema ya no consiste en el febril y cosificador deseo de alcanzarlos, procurando todo sacrificio personal – incluso – por aquellos manifiestamente inútiles y banales, sino en la imposibilidad real de acceder a los bienes y servicios fundamentales.  La enfermedad del consumismo es muy distinta a la de la escasez o inexistencia, aunque ésta se diga remedio de la otra.  Empero, no luce fácil el contraste por la inmensa manipulación que, además, dice convencer a los propios victimarios.

Sutiles matices hallamos entre la propaganda y la publicidad alienantes de las sociedades capitalistas, y las que embriagan a las presuntamente alternativas, con una significativa desavenencia: la libertad hasta para  denunciarlas.  Apuntemos otra, en este lado del mundo se ha quemado un elevado porcentaje de los ingresos públicos para aceitar la perversa maquinaria arrolladora de las realidades vividas y sentidas.

Una poderosa ilusión del poder establecido que castiga, además, a quienes osen pensar que la sufren, nos embarga, aunque – insobornables – esas realidades siguen su curso. Devalúan en los días feriados, cuando negaron tercamente una medida que todavía requiere de otras indispensables; denuncian lo ya sabido sobre el armamento de guerra en un centro penitenciario, pero no establecen las responsabilidades consiguientes, agregada la ministerial; dueños de los controles, agitan el fantasma de la especulación, mas no explican el desabastecimiento que, por cierto, no lo hubo en las vecindades del Caracazo; o intentan la pronta resurrección presidencial, luego de presumir – por sus dichos y diligencias – el inevitable deceso.

El constante barajo de los escenarios de transición que, hasta nuevo aviso, capitalizan Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, ha agotado toda capacidad de invención, aunque no de histrionismo. Y, por más que fuercen los guiones, allanando o intentando allanar las inmunidades parlamentarias de su magno antojo, les quedan tres opciones ya aleccionadas por la historia.

La una, ausentes los argumentos, la de banalizar el debate disputando  las consabidas gorras tricolores a la oposición, exponiendo una debilidad simbólica a la que sólo cabe reconocer.  Excepto la más brutal represión, los pueblos en crisis toman cabal conciencia de las burlas que toda maniobra de distracción sintetiza.

La otra, arriesgarse a idear y denunciar una poderosa conspiración política que, a falta de pruebas, se revierta. La invasión de Cipriano Castro que Juan Vicente Gómez eficazmente fabuló en 1913, tuvo por explicación las muy veraces que afrontó a lo largo de su tan prolongado gobierno.

Finalmente, agotada la legitimidad que les concede una Constitución torpemente violentada, retroceden a las fórmulas más elementales de la devoción presidencial, pretendiendo una canonización inmediata y utilitaria. Así, dateados por Manuel Caballero y su “Gómez, el tirano liberal” (1993), aunque no dijo de los días de carnaval,  consultamos El Nuevo Diario del 08/03/1916  (Caracas, nr. 1144), para corroborar una asombrosa fotografía de Manrique, pues, la casa de habitación de Victorino Márquez Bustillos, Presidente Provisional de la República, exhibía un juego de bombillos que decía: “GLORIA A GOMEZ SUPREMO BIENHECHOR DE LA PATRIA”.  Por ende, nada nuevo bajo el sol, inherente a toda encargaduría que jamás olvida al benefactor, Maduro sólo simplifica la vasta empresa publicitaria y propagandística gubernamental, enmudeciendo – sorprendido – frente a las complejas e  impostergables demandas sociales.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2013/02/el-barajo-de-la-coyuntura/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=940203

domingo, 10 de junio de 2012

INESCRUPULOSOS

EL NACIONAL - Domingo 10 de Junio de 2012 Siete Días/7 
La teología salvaje
Los oficialistas se declaran enemigos del capitalismo pero, en lo que a publicidad se refiere, practican de forma feroz todos sus métodos. Son los bárbaros del marketing
ALBERTO BARRERA TYSZKA

¿Cómo se fabrica un Dios? Llevamos casi catorce años observando cómo se desarrolla la respuesta a esta pregunta. Al principio, todo era más sutil. Pero, a medida que ha ido pasando el tiempo, hemos visto cómo de manera contundente y eficaz llegamos incluso a tener un Estado publicitario, un aparato público que es también una gran industria de producción de culto. La variable de la enfermedad del Presidente, administrada como una radionovela de suspenso, sólo ha hecho que este proceso aumente. Casi hasta el delirio. Toma tu estampita y repite conmigo: Dios nació en Sabaneta.
Esta semana, hice el ejercicio espiritual de sentarme durante horas frente a la televisión.
Me negué al cable. Me dediqué únicamente a mirar los canales de señal abierta. No sé si existe ya un estudio, pero sería muy saludable para el país saber cuánta publicidad oficial ­en cualquiera de sus versiones o formatos­ se transmite a diario en la televisión nacional.
Después de varias horas frente a la pantalla, me sentí intoxicado. Como si me hubiera metido varios pases de PSUV de alta pureza.
Por un lado, están los canales públicos, que al menos a escala nacional ya parecen ser mayoría. Por otro lado, está la regulación que obliga a los canales privados a difundir de manera gratuita los mensajes gubernamentales. Aparte, están, por supuesto, las cadenas. Esa dimensión de la publicidad que navega con el Himno Nacional y que puede durar varias horas seguidas. Todo esto, además, en el contexto de una legislación que promueve la autocensura y logra que algunos medios particulares tengan una agenda informativa y editorial que, a veces, parece redactada en un ministerio. No hay forma de escapar. Incluso, se puede sentir que hay canales públicos dedicados exclusivamente a los info-comerciales, a la publicidad subliminal, a la propaganda redaccional. No hay diferencia entre la programación y las cuñas. Todo es parte de la misma sobredosis.
Hace unos días, en el contexto de la reunión de la OEA, Roy Chaderton volvió a denunciar la existencia de "una dictadura mediática" en Venezuela. Por un momento me confundí. No entendía por qué, de pronto, el ex canciller había decidido dar la vuelta en U y había comenzado a cuestionar al Gobierno.
Luego me di cuenta de que se trata de la misma actitud devocional. Repiten dogmas sin necesidad de saber qué ocurre, cómo va cambiando o no la realidad. Probablemente, eso es lo que les impide constatar que, cada vez más, por diferentes vías, el Gobierno es el que controla el espacio comunicacional en el país. Quien denuncia un absolutismo mediático en Venezuela, se pone de inmediato en el lugar de la oposición.
Lo señaló de manera excelente Vladimir Villegas en su columna de esta semana. Ya no es tan fácil hablar de bandos y de ideologías. Los oficialistas se declaran enemigos del capitalismo pero, en lo que a publicidad se refiere, practican de forma feroz todos sus métodos. Son los bárbaros del marketing. Con ellos, Marx hubiera gozado un imperio. Hubiera podido escribir hoy mucho más sobre la noción religiosa del mercado, sobre la mercancía como fetiche. Basta ver una nueva pieza que está ahora al aire. Bajo el concepto de "testimonio", un personaje sacraliza a Chávez como héroe y como deidad. Creo que nunca antes, en la televisión venezolana, se había transmitido una maniobra tan impúdica, tan vulgar.
La cuña rueda así: aparece un hombre que cuenta su vida en código de melodrama: desde la muerte de su madre y una infancia pobre, hasta la entrega de un apartamento ­que casualmente describe como un "paraíso"­ por parte del Gobierno. En un momento, en su vivienda nueva, aparece junto a un retrato del Presidente. En medio de su narración, el hombre toca la foto y dice: "Llegó el Bolívar este", otorgándole a Chávez, de una vez y sin anestesia, el mismo rango que tiene el Libertador.
Como si esto no fuera suficiente, al final de la cuña, mirando a cámara, con una sonrisa conmovedora, el hombre afirma: "Primero Dios, segundo mi comandante". ¡No faltaba más! En la liga de los eternos, Chávez no es Jesucristo. Pero está ahí cerquita.
¿Dónde está la izquierda? ¿Dónde están los analistas de discursos, los críticos de la manipulación mediática? ¿Dónde están los Ramonet? ¿Dónde están los Luis Britto García y sus estudios sobre el talante religioso de los caudillos? ¿Dónde están los José Vicente Rangel y sus decálogos sobre antipoder?...
Pura retórica. Puro blablablá.
Finalmente, todos también están sometidos a la teología salvaje. Esto no es una revolución.
Esto sólo es la iglesia mediática de Hugo Chávez Frías.

Ilustración: Tomada de la red.

lunes, 27 de febrero de 2012

PUBLICIDAD DEMOCRÁTICA


El vértigo de lo irreal
Luis Barragán


Siendo varios los precedentes, aparentemente el país está atado a la suerte personal de Chávez Frías. Apenas conocemos la versión que él o sus voceros autorizados pueden dar sobre el curso de la consabida enfermedad, incluyendo el margen que deja a toda suerte de conjeturas, por obra de un ya comprobado y perverso cálculo tan inherente a los conflictos internos y clandestinos que el ejercicio del poder irremediablemente impone entre sus seguidores y beneficiarios.

Intentando una más elaborada reflexión, distinta a las enfebrecidas y también interesadas reacciones que suscita el caso, hallamos la de un consumado constitucionalista español, recientemente fallecido, cuya postura política en vida – por cierto – no lo invalida o demerita. Manuel Fraga Iribarne llamó la atención en torno al binomio de la pluralidad y publicidad, propio de las democracias occidentales, en su obra “La Constitución y otras cuestiones fundamentales” (Planeta, Barcelona, 1978: 111 ss.).

Contrario a lo que ocurría en las democracias – valga el eufemismo - populares del este, era harto difícil la absoluta confidencialidad de los asuntos que concernían a todos, añadida la vida – por muy personal que fuese – de los gobernantes. Al reconocimiento de la multiplicidad de los pareceres organizados, se unía el de la publicidad, cuya mejor garantía era el debate público canalizado política, parlamentaria y hasta judicialmente.

Concretamente, el órgano legislativo no era concebido como una mera caja o cámara de resonancia, adquiriendo una mayor eficacia con la libre discusión de los problemas y de todas las vicisitudes que angustiasen al colectivo. Igualmente, a Fraga Iribarne la preocupaba el principalísimo rol de la televisión y sus deformaciones informativas, alcanzada una importancia semejante al ágora ateniense, el foro romano o el mercado de las ciudades medioevales.

En Venezuela contamos con una oposición múltiple social y políticamente, muy a pesar del régimen, que debe lidiar con el secreto y las correlativas mentiras inherentes a la actual conducción del Estado, sin que haya oportunidad de ventilar institucionalmente todas las circunstancias que lo abultan. Y, curiosamente, cercados los medios de comunicación alternativos, son las emisoras radiotelevisivas oficiales las que se empeñan en subvertir la realidad aunque no puedan esconder el enorme absceso que la gesta provoca.

De nuevo, no hay un diagnóstico médico exhaustivo y confiable, como lo merece el país, sobre los padecimientos presidenciales, siendo – apenas – una apuesta a la consigna del “viviremos” que reemplazó el llamado a la muerte de las festividades de Estado. Sin embargo, recordemos, en el pasado sobrevivimos a la desaparición política y hasta física de Guzmán Blanco o Gómez, pero - ¡atención a los escandalosos y cómodos opositores de las redes sociales también infiltradas! – deseamos que Chávez Frías viva, sea derrotado electoralmente y tenga el coraje de disentir de la transición democrática que tenemos pendiente, fundada en el pluralismo y la publicidad que tanto detesta.

La democracia participativa formal que ahora nos aqueja, descansa en el secreto o la confidencialidad como principio. Novedad alguna en el horizonte de los regímenes autoritarios que, es nuestro caso, convierten la enfermedad del mandatario en una pieza teatral de total insinceridad que es, en última instancia, miedo.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/02/el-vertigo-de-lo-irreal/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=845604