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domingo, 5 de junio de 2016

CUADERNO DE BITÁCORA

Carlos Lachica ha aportado la singular imagen de Juan Vicente Gómez, con y sin el bigotazo. Comenta: n"... No lo hemos visto sin los ' mostachos', pero aquí en esta composición que efectué lo podemos ver; de no haberse visto así...creo que 'por ahí iban los tiros' " (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1108213285865682&set=oa.10153018019658544&type=3&theater). Y, ciertamente, toda una curiosidad que autoriza al juego de las imágenes históricas que va más allá de desbarbar a Guzmán Blanco, por ejemplo. Entretenimiento inicial y arte sobrevenido, supone el dominio pleno de las artes gráficas. Jamas vimos desbigotado al dictador que, por cierto, luciendo tan marcial, siempre cuidó de la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas. E, incluso, Rafael Arráiz Lucca toma nota extrañada de la elección de Gómez por el Congreso hacia mayo de 1915: esignado Victorino Márquez Bustillos como presidente provisional, el hijo de La Mulera ostentó simultáneamente  la aludida jefatura y el ¿cargo? de presidente electo por años (""Venezuela: 1830 a nuestros días", Editorial Alfa, Caracas, 2013: 123).

domingo, 1 de febrero de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Bernabé López Rodríguez. "Venezuela y su inmigración". El Nacional, Caracas, 02/05/1948.
- Robert de Flers. "El Libertador Bolívar y la mentalidad francesa". Billiken, Caracas, nr. 51 del 31/10/25.
- César Lizardo. "Marginales: Aspectos de la labor histórico de (Lino) Iribarren Celis". El Universal, Caracas, 06/01/52.
- Fermín Brito. "El canal entre el Orinoco y el Amazonas que busca Humboldt". El Nacional, 17/02/50.

Reproducción: "EN EL PALACE HOTEL.- Aspecto de la mesa durante el banquete ofrecido por el doctor Adriano Riera a los señores Doctor (SIC) V. Márquez Bustillos, Presidente Provisional de la República y general Juan C. Gómez, Gobernador del Distrito Federal". Billiken, Caracas, nr. 94 del 24/09/1921.

viernes, 2 de enero de 2015

¿NUEVO?

Del año inicial
Luis Barragán


En los tiempos rurales o urbanos, de dictadura o libertad, miseria o prosperidad,  simulados o reprimidos los excesos, el fin o el inicio de cada año obligaba al gobierno a transmitir un mensaje de orientación que, de un modo u otro, esperaba el país.  Los hubo también muy breves o extensos (y hasta no  los hubo), dependiendo de  las convicciones del mandatario de turno, de los medios tecnológicos disponibles y del propio respeto a las libertades públicas.

Miraflores siempre fue el referente, aunque el poder real estuviese fuera de Caracas.  El acto de Estado que servía para el reencuentro  del gobernante con sus colaboradores y los representantes de las misiones diplomáticas con sede en la ciudad capital, era también motivo para la libre indagación de la prensa, sobre todo después de 1958 con todas las dificultades del caso.

El lenguaje oficial, con motivo de la fecha, excepto la década y media en curso, tendió al comedimiento, al sentimiento de unidad, a la cordialidad y a la sobriedad del comunicante. Independientemente de las razones políticas e ideológicas que lo distanciaran, e – incluso – del gesto y de la palabra que convenciesen,  por amado o detestado que fuese, todos agradecían un instante de sosiego que, en propiedad,  se intentaba en cada hogar.

Hoy, en los países de una libre,  poderosa y desarrollada industria radio-televisiva,  lucen suficientes pocos minutos para transmitir un mensaje que acapara la atención del país y, quien así lo deseé, acaso puede complementar con el acto de las salutaciones oficiales por los canales disponibles. En otros, monopolizada y asfixiada por el Estado, siendo apenas útil un pequeño segmento, el mensaje es de un prolongado tedio que no logra subsanar la forzada sonrisa que se desea espontánea,  huérfano de una audiencia que no confía en la veracidad de lo dicho y representado.

El poder exhibe modos de concluir o principiar el año,  más aún cuando tiene la severísima posibilidad de no matricular para los meses siguientes.  Por más confiado que estuviese Pérez Jiménez, dado el exitoso 1957 que dijo prometerle más,  ya el semblante lo delataba al iniciarse enero.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/21381-del-ano-inicial

miércoles, 3 de diciembre de 2014

HALAR, GUINDARSE Y MECERSE

Síndrome de la casa iluminada
Ox Armand


Las ya remotas fechas decembrinas venezolanas.  Distintos y muy variados motivos,  incluyendo los electorales, las inspiraron. Valga el ejemplo de la festividad para Victorino Márquez Bustillos, en 1916. Todo el año celebró la existencia de Juan Vicente Gómez, fuere carnaval o Navidad. Y llegó a tanto, que hizo de su casa de habitación un curioso farallón publicitario. La pista nos la dio  Manuel Caballero, pues, hecha con bombillos de luz eléctrica que no eran precisamente los que dominaban en el país de entonces, la siguiente inscripción de fachada: “GLORIA A GOMEZ SUPREMO, BIENHECHOR DE LA PATRIA”. Caballero cita en “Gómez, el tirano liberal” (Monte Ávila, Caracas, 1994: 181, 187), la edición de El Nuevo Diario, Caracas, del 08/03/1916, aunque mejor apreciada es la ocurrencia – por ejemplo – en la edición del 20/12/16 que el historiador o su asistente de investigación no vieron. Puede decirse, agravada por su relativa continuidad e inevitable atracción, que – en un caso – la nota es ridícula, porque el formal presidente de la República está dispuesto a jugar carnaval, que sepamos, no era con agua, y – en el otro – a darle una cierta trascendencia mística al gesto: todo, menos un capricho.

Recordemos aquella novela de Miguel Otero Silva, “Cuando quiero llorar no lloro” (1970). ¿En cuál de los tres Victorinos ubicamos a Márquez Bustillos? En principio, diremos que en el joven de esa clase media que ascendió uncida al carro del petróleo y que, muy después, tendrá hijos dispuestos al acto subversivo de los sesenta del XX para después  reacomodarse en las épocas de las bonanzas petroleras. Siempre linsonjero, de intrigas de alto vuelo y negocios de limpio procedimiento en desmedro de los dineros públicos: ¿o quizá Márquez sólo le contentó asegurar lo indispensable para tener una vida confortable y dedicarse al estudio, una vocación irreductible? Pero eso es parte de la especulación sociológica en torno a los grandes burócratas de nuestra historia, por lo que queda es el adulador insigne, el publicista acaso involuntariamente ingenioso, el demandante enfermizo del reconocimiento a su fidelidad. Inevitable, fácilmente constatamos que no hay en el presente, por más humilde que sea su posición en la administración pública, el jefe de alguna dependencia oficial que no apueste a su supervivencia clamando gráficamente por las deidades del régimen. Por más austera que sea la fachada de la sede de un organismo de Estado, debe atreverse a la gigantografía que diga de Chávez Frías y Maduro. Incluso, valga la ilustración, una empresa tan sobria como el Metro de Caracas, con los motivos simbólicos que daban cuenta de una identidad corporativa por encima de cualquier gobernante de turno, cambió de logotipo y enrojeció todos sus espacios, añadido el atuendo del personal. Algo así como el síndrome VMB, en  la tarea forzada para la supervivencia del burócrata y sus relacionados (nóminas de personal y contratistas que perfeccionan la noción del clientelismo), permitiéndonos atisbar la naturaleza de esa novísima clase media alumbrada por un Estado que es dueño de las divisas, en su paciente ascenso, aunque le hastíe ya el vacío del mensaje ideológico que compra, obligada por la oportunidad que la simple viveza rara veces captura.

Muchos reirán al ver la casa iluminada del otrora jerarca del gomezato, pero no lo harán mucho al fijarse en las novísimas modalidades de la Venezuela del siglo XXI. Jaladores de bolas, pues, con talento y buena rentabilidad, que hasta pasan desapercibidos por sus fórmulas sofisticadas de halar, guindarse y hasta mecerse.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/21202-sindrome-de-la-casa-iluminada

Post-data LB¿Cuál luminosidad de las navidades venezolanas? ¿Después de los años cuarenta del XX, al urbanizarse definitivamente el país? ¿Primero fue la II Guerra Mundial y Sear’s que el árbol de Navidad? ¿El tradicional nacimiento surgió del mundo rural, como obviamente parece? Aunque lo deseable era colocar la imagen en el álbum de J.V. Gómez y el (anti) gomecismo, preferimos ubicarla en el del mes decembrino estimulando un poco la reflexión de esa cotidianidad que suele escaparse a la afición histórica. Tenemos, con el privilegio de la energía eléctrica en la otrora exclusiva zona residencial de Caracas, el derroche de don Victorino Márquez Bustillos, el formal presidente de la República para 1916. Presumimos que muchos turistas internos, los que podían tardar en llegar a Caracas por razones de una precaria vialidad y hasta por las eminentemente económicas, acudían para observar la casa desde sus alrededores. No sería mucho el despliegue de seguridad, como ahora lo concebimos.

domingo, 20 de abril de 2014

LA ASONADA TÉCNICA

De un precursor golpe de Estado
Luis Barragán


Cien años atrás,  supimos del primer golpe (técnico) de Estado en nuestra historia. Superamos las más variadas,  espontáneas y recurrentes  montoneras y asonadas, guerras y escaramuzas, por impedimento de las Fuerzas Armadas encaminadas hacia su definitiva profesionalización y especialización, como inequívoca expresión del Estado Nacional.

Tropas reglamentadas, línea vertical de mando, aprovisionamiento,  movilizaciones indiscutidas, artillería, logística, planes operacionales,  constituyen rasgos de sendas operaciones militares orientadas a amurallar el acceso a la región central del país y, específicamente, a la sede de los Poderes Públicos redefinidos en violación a la Constitución – por entonces – vigente.  No habrá una batalla decisiva que celebrar, convertido todo el territorio nacional en un teatro de operaciones que,  ya muy poco o nada, remite a las tradicionales, improvisadas y azarosas reyertas de generales sobrevenidos.

Juan Vicente Gómez (JVG), tiene ya  algunos años como inquilino  en el poder que, después, lo tendrá como dueño exclusivo.  Cercano a cumplir su mandato constitucional, ha sorteado las diferentes rivalidades apostando al constante reacomodo político en los ámbitos nacional y regionales, y a la lenta conformación de un equipo estable de gobierno concitada la lealtad de los jefes militares y la de una astuta intelectualidad que cumple también roles tecnocráticos, privilegiando el nexo familiar.

La Constitución de 1909, imposibilita la reelección inmediata (artículo 84); y subraya la importancia del Consejo de Gobierno, cuyos integrantes significativamente los elige el Congreso en la misma oportunidad que al Presidente de los Estados Unidos de Venezuela (88).  Por cierto, éste comanda y organiza el Ejército y la Milicia, concebida como Fuerza Pública Nacional naval y terrestre (79 y 124), auspiciando una entidad armada pasiva y obediente, referida a las autoridades civiles (140).

Franchesqui González, en un interesante y condensado trabajo digital,  habla de las “maniobras políticas” que resultan en un “equilibrio inestable”, entre 1908 y 1912. Cercanas las elecciones, planteada la sucesión presidencial, importa recordar con Caballero: “No era todavía [JVG] el gobernante absoluto, como todo el mundo se acostumbrará a verlo más tarde, sino un hombre obligado a hacer esas concesiones, de rigor en un juego político al cual luego afectará despreciar”.

Por 1913, venciéndose el período presidencial, hay circunstancias apremiantes y peligrosas que las sintetizan crisis como la del Protocolo Venezolano-Francés, la de una considerable resistencia al continuismo que tiene por principal escenario el Consejo Federal y el complot de Román Delgado Chalbaud.  Sostenemos, conjurar la crisis,  después del triunfo trascendental que protagonizara JVG en Ciudad Bolívar en 1903, liquidado el caudillismo como estirpe para parafrasear a Inés Quintero, amerita de una solución diferente a aquella que pueda convencionalmente reactivarla.

Gracias a su personal intuición y a las recomendaciones de los más cercanos colaboradores,  escuchadas con su habitual cautela, JVG pondrá un acento innovador al  recontextualizar la política militar del odiado antecesor.  Así, entre 1910 y 1912, ha iniciado un proceso de institucionalización, estructuración y organización de la entidad armada con el reconocimiento y la fundación de la Academia Militar, la Escuela de Aplicación Militar y la Escuela de Clases, ilustrando la definitiva  consolidación del Estado,  coincidente con la construcción de las carreteras y líneas ferroviarias que le garanticen una creciente movilidad en todo el territorio nacional, por ejemplo.

La estratagema de 1913

Será harto difícil que JVG desconozca la Constitución de 1909 que rubricó su esperanzador ascenso al poder, requerido de una respuesta eminentemente política que afiance el control sobre el Ejército también bajo las inevitables expectativas.  Pareciera que no la hubiese, encallejonado, excepto la de idear una mentira sin precedentes, aunque de una eficacia insospechada: la amenaza de una temible invasión de Cipriano Castro,  por las costas falconianas,  permitiéndole simultáneamente depurar,  aglutinar y convertir en una  emergencia nacional la salvación del propio régimen.

Denunciada la invasión, JVG suspende las garantías constitucionales que fuerza a la de la misma elección presidencial, a mediados de 1913. Bien lo apunta Franchesqui González, invocando el artículo 23 constitucional, al convertirse en defensor de los derechos fundamentales,  evitará la declaratoria de un trastorno del orden público previa a la de conmoción interior o rebelión a mano armada (82)  que, en la práctica, equivale a la de un Estado de Excepción, generador de un conjunto de diligencias que incluye, previamente, la deliberación y el voto favorable del Consejo de Gobierno.

Partiendo del telegrama de alerta remitido a los presidentes de los estados,  es tal el engaño que, por una parte, únicamente JVG conoce la naturaleza, las condiciones y alcances específicos de la  amenaza, generando confusión entre sus cercanos partidarios tentados por  distanciarse; por otra,  igualmente confundidos,  estimula a sectores del castrismo exiliado en Curazao para incorporarse a la fingida invasión, resultando apresados los más ingenuos; y, luego,  en nombre de la paz alterada,  creyendo atajar un alzamiento convencional, conducirá al Ejército a protagonizar y celebrar un golpe ya técnico de Estado. Fenómeno quizá inédito, concuerdan simultáneamente las medidas políticas y militares del caso, capturando el poder por siempre.

Suspendida la elección presidencial, ha adoptado una serie de represalias contra aquellos que avivaron su entusiasmo y voluntad en el albur de una campaña electoral que jamás se dio.  El abogado guayanés Félix Monte, quien – además – denuncia la vecindad de una guerra civil, tiene el atrevimiento de aspirar a la sucesión, lanzado al destierro por más de veinte años, mientras que, completando la amarga lección, el más vehemente promotor de la candidatura, el corajudo periodista Rafael Arévalo González, se hundirá en las espesas sombras de La Rotunda.

JVG deja como encargado de la Presidencia de los Estados Unidos de Venezuela a José Gil Fortuol, quien preside el redefinido Consejo de Gobierno, y encabeza toda una empresa bélica,  movilizando a miles de hombres extraordinariamente adiestrados, apertrechados, coordinados, disciplinados y decididos, acantonándolos finalmente en Maracay y sus alrededores a objeto de protocolizar el nacimiento e institucionalización de una poderosa fuerza que él y únicamente él comanda, consagrada la jerarquía militar.  Ya los contrastes de la década están anunciados en una vitrina políticamente eficaz, sumada un sentido de la marcialidad de escasos antecedentes:   “La diferencia  - anotará Rangel - entre el aparato castrense del gobierno y el que podían oponerle sus enemigos se torna abismal.  Mientras en la Venezuela de 1890 un caudillo podía guardar armas tan mortíferas como las del gobierno,  en 1920 esa situación se ha revocado. Frente a un ejército nacionalmente vertebrado, con disciplina y mandos centralizados y dueño de ametralladoras y cañones eficientes,  las tropas caudillescas serán una caricatura”.

La ecuación está despejada, aventajada por el viejo temor a la guerra y la conclusiva consolidación del “establishment gomecista”, de acuerdo a Caballero. Empero, tan extraordinaria movilización no será un simple ejercicio de tropas, sino que coronará una intención que convierte la nota de un periódico caraqueño en un obligado amago de inocencia cuando todos los vecinos de Caracas ya hicieron de notarios ante el nuevo Ejército, entrante el primero de enero de 1914 a la ciudad: “… La vida institucional de la República interrumpida por breve paréntesis á causa de la rebelión armada que interrumpiera en 1913 el desarrollo del proceso electoral”.

Consumación del golpe

La compleja operación política tan afín a un golpe entera y técnicamente militar, sin claros precedentes,  comporta la simulación de un renacimiento republicano cuando las municipalidades, como depositarias de la soberanía popular,  mediante las Asambleas de Plenipotenciarios de los Distritos,  elija un Congreso de Diputados Plenipotenciarios de Venezuela en 1914, encaminado a redactar un Estatuto Constitucional Provisorio.  Y lo hará con la ironía de proclamar que “toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos” (artículo 22), arribando a una fórmula completamente novedosa: el Comandante en Jefe del Ejército Nacional, seleccionado por esa instancia (43), consumando así el golpe.

Indiscutible acreedor de los destinos del país, JVG impone el nombre del abogado y periodista Victorino Márquez Bustillos (VMB), como Presidente Provisional,  el 19 de abril del aludido año. La reseña de primera plana, en El Universal de Caracas, es suficientemente didáctica al asegurar que “el estampido de la salva que anunció la reunión de los Plenipotenciarios de los Estados en Congreso, anunció también la bancarrota del sindicato revolucionario". Y prosigue: "El fracaso político ha sido decisivo como el militar. Cuando los Estados inquirieron de qué fuente legítima podían salir los nuevos depositarios de los Poderes de la Federación, el Ejecutivo Federal contestó: sólo tiene derecho á destruir, el que puede construir. La fuente legítima es el Pueblo; es El quien hace ó deshace el Pacto. El Ejecutivo se limita á acatar la decisión de los Estados".

Derrotada la pretendida confabulación de "Castro y los que, llamados á servir á la Rehabilitación, estorbaron y retardaron ó con su codicia, á la cual sacrificaron siempre los intereses públicos, ó con ambiciones personales y prácticas contrarias al bién de la Nación, el cumplimiento del programa rehabilitador".  Añade: "Y el General Gómez triunfó de esa conspiración de la gratitud, y Jefe incontestado é incontestable de cuantos ciñen espada (...) depuso el bastón de mando", y "frente al continuismo de ellos y de sus procedimientos á lo que se opone esta administración, continuadora fidelísima de la alta labor del ex-presidente General J. V. Gómez, Jefe único de la Rehabilitación Nacional".

Ceremonia de la normalización republicana, Gil Fortuol eleva un mensaje al país seguido por la presentación de las memorias de los despachos ejecutivos, procediéndose a la elección de la provisionalidad: VMB, Presidente; Jesús Rojas Fernández, quien curiosamente se desempeñaba como Administrador de la Aduana de La Guaira, Primer Vicepresidente; y el general Caracciolo Parra Picón, Segundo Vicepresidente. José Eugenio Pérez, Plenipotenciario del estado Portuguesa, es el proponente de JVG como Comandante en Jefe del Ejército.

La Procuraduría recae en Pedro Manuel Arcaya. La Corte Federal la integran: Emilio Constatino Guerrero, Carlos Alberto Urbaneja, Pedro Hermoso Tellería, Enrique Urdaneta Maya, Juan Bautista Pérez, Crispín Yépez y Eugenio Pérez (principales); y Caros Urrutia, Wanceslao Monserrate Hermoso, Alejandro Urbajeja, Angel Vicente Rivero, Cristóbal Soublette, Rafael Medina Torres y Francisco Gerardo Yánes (suplentes). Y el Gabinete Ejecutivo: Ministro de relaciones Interiores, César Zumeta; Relaciones Exteriores, Manuel Día Rodríguez; Hacienda, Román Cárdenas; Guerra y Marina, general M.V. Castro Zavala; Fomento, Pedro Emilio Coll; Obras Públicas, Luis Vélez; e Instrucción Pública, F. Guevara Rojas.

Luego, es redactada, sancionada y promulgada la nueva Constitución.  Ya es posible la reelección inmediata del Presidente, quien comanda y organiza el Ejército, la Armada y la Milicia, facultado en caso de conmoción interior o rebelión a mano armada (artículo 78), reiterando la pasividad y obediencia castrense (125).  Las cámaras de Senadores y de Diputados se reunirán en Congreso para “nombrar cada año, si lo juzgaren conveniente (…) un Comandante en Jefe del Ejército Nacional, y determinar en el mismo acto sus funciones” (57). Sin embargo, libre ya de cualquier compromiso con los liberales amarillos y nacionalistas,  elegido JVG para un período de siete años como Presidente Titular, conservando el cargo de Comandante en Jefe del Ejército, dejará como Presidente Encargado a VMM hasta 1922, ocasión en la que es reemplazado con la Carta de 1914.

Un contrasentido, citando a Ulises Picón Rivas, Franchesqui González  indica que la tarea ha sido la de “institucionalizar el Golpe de Estado continuista”, aunque así pareciera por obra de un golpismo crónico en relación a los reajustes constitucionales y la misma comedia institucional que inaugura. Recurriendo de nuevo a una reseña de prensa,  ésta asegura que de los eventos “salieron ilesos los principios republicanos sin recurrir á la dictadura  ni prolongar á la nación en un largo período de incertidumbre”, afianzando el disparate jurídico.

Lo cierto es que asistimos al perfeccionamiento técnico del golpe de Estado, so pretexto de un ingenioso ardid político. La asonada o el pronunciamiento, ya no dependerán de la aventurada incursión de las montoneras, sino de la centralizada y  jerarquizada corporación castrense, de sus superiores recursos materiales y bélicos, como de los servicios de información que las hacen capaces de desplegarse operacionalmente en todo el territorio nacional para el cumplimiento de sus objetivos tácticos y, luego, estratégicamente, ensayar y soportar una distinta superlegalidad.

Agregamos con Nordlinger, ya ha perfilado sendos intereses corporativos inherentes a su profesionalización y prerrogativas que, al consustanciarse con JVG, adquiere preeminencia con la creación y reconocimiento de la figura del  Comandante en Jefe, cuya selección es semejante a la del propio Presidente de la República, siendo éste escasamente importante – sobre todo – por la provisionalidad que caracterizó su ejercicio.  No por casualidad, en 1914 se da el reventón del Zumaque 1 y otros serán los desarrollos de la institución armada que especialistas reconocidos, como Domingo Irwin o Luis Alberto Buttó, trabajan incansablemente.

Breve noticia de VMB

Abogado y periodista (1858-1941),  diputado, senador, presidente del estado Trujillo, gobernador del Distrito Federal y ministro de Guerra y Marina, posteriormente frustrada la embajada en la Santa Sede, después de morir JVG ingresó a la Academia de Ciencias Políticas y tuvo una pasantía como secretario de Eleazar López Contreras.  De acuerdo a algunas fuentes, éste consideró – además -  su nombre para sucederle en la jefatura del Estado.

Chiossone advierte que VMB perteneció activamente a un grupo de antiguos gomecistas que, reunidos con frecuencia en su casa de Sebucán, se oponían a la designación de un civil como Diógenes Escalante, planteándose la sucesión de López Contreras en cabeza de los generales Elbano Mibelli o Félix Galavís, añadidos los preparativos de un movimiento armado.  Finalmente, el grupo aceptó la designación de Isaías Medina Angarita, quedando para la posterioridad la estampa de un VMB de frondosos bigotes, adulador insigne que iluminó su casa de habitación proclamando a JVG, como puede verse en sendas fotografías publicadas por El Nuevo Diario o Billiken.

Junto a Juan Bautista Pérez, desempeñó la larga y extravagante función de la provisoriedad, en una dictadura que no dejó de ser tal,  por más empeño – que los tuvo – de guardar las apariencias políticas y jurídicas.  El desempeño de un ministerio tan importante como el de Guerra y Marina, así cumpliese una faceta eminentemente administrativa, nos avisa de una adecuada destreza y competencia para navegar en las aguas encontradas de la corporación que ayudó a crear.

REFERENCIAS:   Brewer-Carías, Allan (2008) “Las Constituciones de Venezuela”, Academia Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, Caracas;  Caballero, Manuel (1993) “Gómez, el tirano liberal (Vida y muerte del siglo XIX)”, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas; Chiossone, Tulio (1988) “Memorias de una reaccionario”, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Caracas; Franchesqui González, Napoleón (2001) “El gobierno de Juan Vicente Gómez 1908-1914” (http://nfghistoria.net/wp-content/uploads/2010/09/Juan-Vicente-Gomez_LibroNFG2.pdf); Nordlinger, Eric (1977) “Soldiers in politics: Military coups and governments”,  Prentice-Hall, New Jersey;  Fundación Polar, “Diccionario Interactivo de Historia de Venezuela” (S/f);  Pérez Campos, Magaly (1998) “Glosario de términos de Ciencia Política”, UCV, Caracas; Rangel, Domingo Alberto (1965) “Los andinos en el poder”, Talleres Gráficos Universitarios, Mérida; S/a (1914) Reseñas, El Universal, Caracas, 20 y 23/04.

Reproducciones:
1.    Reseña de la formalización del precursor golpe técnico de Estado y parte de los elencos facilitadores. El Universal, Caracas, 20/04/1914.
2.    Márquez Bustillos no repetirá en la encargaduría de la presidencia gracias a las intrigas, como suele asegurarse, frustrada luego la representación por ante la Santa Sede. Además de la prolongada provisionalidad, no sorprende que un régimen de las consabidas características tenga la intriga y la confabulación palaciega como una de sus claves esenciales, por lo que – inferimos – el personaje demostró una fructífera habilidad para imponerse frente a sus competidores. Fotografía de Chirinos, Gómez a la entrada del Hipódromo de El Paraíso lleva del brazo a la sra. Knopps ("viste traje de levita por primera y última vez"). Entre otros, está acompañado del canciller, general Manuel Antonio Matos, Victorino Márquez Bustillos, y el  general Martínez Méndez ("a quien le acomodaron la especie de haber dicho al Presidente - su cuñado - que el traje de levita le evita inconvenientes a quien lo usa", anota Lucas Manzano). Élite, Caracas, nr. 2028 del 08/08/1964.
3.    Márquez Bustillos cumplió fielmente con las responsabilidades delegadas, aunque no repetirá como encargado de la presidencia luego de 1922.   De su bibliografía directa, destacan títulos que versan sobre Gómez y su régimen, llamando la atención uno específicamente relacionado con la reforma militar, pero no hay alguno referido a su gestión eminentemente administrativa o afín a la especialidad que lo convirtió en miembro de la Academia de Ciencias Políticas.  Por cierto, la fotografía fue tomada por Manrique & C°,   siendo la más conocida  la de Luis Felipe Toro de 1912. Billiken, año III, Caracas, nr. 24 del 29/04/1922.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/04/de-un-precursor-golpe-de-estado/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1029974

CUADERNO DE BITÁCORA

La carta marcada

Digamos, por una parte, Víctor Miguel Pineda Arrevillales, en el grupo “Retrospectiva. Historia de Venezuela Siglo XX” (https://www.facebook.com/groups/1383449535264618/), recuerda que el venidero 19 de abril se cumplirá un siglo del nombramiento de Victorino Márquez Bustillos como Presidente Provisional de Venezuela. Seguídamente, Gustavo A. Valero, al exhibir una “foto propiedad” del Prof. Oldman Botello, en el grupo “Maracay: Sólo su pasado histórico” (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10153720959850294&set=gm.10153666845875484&type=1&theater), en la que aparece VMB con otras personas, más adelante agrega un comentario sobre el caso de la iluminada vivienda del Provisorio: “Me voy a atrever a hacer una corrección a la foto del prof. Botello. La fecha no es 1925, debe ser menor a junio de 1923 porque en esa fecha mataron a Juan Crisóstomo Gómez Chacón (conocido como "Juancho Gómez" y "Juanchito") en Miraflores. Que aparezca Victorino Márquez Bustillos en la foto (el 2do a la izquierda de JVG con traje oscuro y piernas cruzadas) da a entender que es una visita del presidente de Vzla. a JVG para darle quizás alguna información sobre lo que pasa en Caracas o pidiéndole permiso para hacer algo. La foto luce entonces anterior a 1922. Márquez Bustillos por cosas de la historia de este país fue presidente entre 1914-1922 cuando JVG decide no asumir de nuevo la presidencia y quedarse en su casa de Maracay como Comandante en Jefe del ejército, el cargo que más le gustaba. En esa etapa, Vzla. tuvo 2 presidentes en simultáneo: Márquez Bustillos (como provisional) y JVG (elegido por el congreso de la época), se le catalogó por mucho tiempo como un presidente "títere". Anécdotas y bromas sobre la autoridad de Márquez Bustillos en ese época hay varias y su legado pasa por debajo de la figura de JVG lamentablemente, tanto es así que aunque el acta de fundación de la Escuela de Aviación Militar tiene su firma y autorización un 10 de Diciembre de 1920, todo el mundo hasta la fecha jura y sabe que todo fue aprobado por el general Gómez aunque su firma no esté por ningún lado en ese documento. El vivir bajo la sombra y órdenes de JVG no era fácil y así incluso lució la casa de presidente Márquez Bustillos en Caracas por un tiempo para recordarles a los turistas y caraqueños quien era el jefe verdadero en 1916”. Casualmente, la gráfica a la que hace alusión es la que nosotros, en una ocasión, orbitamos con una casi imperceptible marca de agua en el centro (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10153728740420294&set=p.10153728740420294&type=1&theater).

Por otra parte, nada grave, creemos accidentada la colocación de la fotografía por Oldman Botello, quien debe ser el  mismo autor de un ensayo sobre el “iluminador”, referido por el consabido diccionario de la Fundación Polar (“Semblanza biográfica  del Dr. Victorino Márquez  Bustillos 1858-1941”, Guanare, 1982). Seguro conocedor de las fuentes hemerográficas, se apresuró en orbitar la gráfica, aunque incurrió en el error de no circunstanciarla. Suele pasar que, a veces, involuntariamente procuramos salvar una pieza que costará luego ubicarla en las redes.

Por último, volvemos al tema de las marcas de agua. Ellas no sugieren unaapropiación de las fotografías, sino – por lo menos, en nuestro caso – la remisión al blog donde está una modesta curaduría de interés. Por lo demás, el tema resulta espinoso en torno a la propiedad intelectual en la red de redes, tocado ya en otras ocasiones.

LB

Cfr.
http://lbarragan.blogspot.com/2013/02/bienhechurias.html

lunes, 18 de febrero de 2013

LUCES DE LA CIUDAD

Culto de masas
Luis Barragán


La implacable maquinaria propagandística y publicitaria del régimen, generosamente financiada, ideó y perfeccionó  una poderosa movilización mística que, ahora, enflaquece por la torpeza de los sacerdotes que dicen oficiarla en mero resguardo de la deidad: Chávez Frías, ausente, luce insustituible. Maduro y Cabello procuran captar las pasiones de una Iglesia que todavía tiene dueño, desatando la ira hacia quienes poco o nada tienen que ver con sus procesiones

Sentimos que el culto a la personalidad, políticamente viable, no se explica sin la propia presencia física y providencial del beneficiario, pues, indelegable, por más obispos que se deseen presidiendo los altares del inevitable conflicto doméstico, lo único que cabe es la resurrección.  Y ésta, hasta nuevo aviso, resulta incompatible con la reencarnación.

Digamos, una deidad sucede a otra. El secretísimo XX Congreso del PCUS, así lo reconoció, abriendo una pugna sangrienta en la intimidad de la casa, porque ninguno de los pretendientes gozaba de la legitimidad y majestad suficientes para gobernar en nombre del espectro de Stalin,  sacratísima representación de la revolución, por lo que debían – inaugurando otra era – gobernar en su propio nombre, tal como ocurrió con los herederos de Mao, Ho Chi Ming y Kim Il Sung, aunque en  el caso norcoreano la relación de consaguinidad los relevó de toda acrobacia teológica, al igual que ocurrirá en Cuba de permanecer la dictadura.

Entendemos, el culto a la personalidad ha de ser de masas, hallando y agigantando un mito, generando la clerecía correspondiente y el terror necesario para evidenciar sus victorias frente al mal que siempre acecha.  Requisitos cumplimentados por una intensa propaganda y la liquidación física de los adversarios, aunque la más reciente contemporaneidad convierte el esfuerzo publicitario en una vasta operación de guerra psicológica, y – evitando la condena internacional – procura la pulverización moral y civil de los que convierte en reos de delitos  ordinarios.

El problema está en los clérigos sorprendidos que confunden el  inevitable papel de mandaderos con la dignidad obispal alcanzada, pues,  ausente la deidad, deben interpretarla adecuadamente, temiendo un fiero regreso, o  atreverse al efectivo reemplazo de quien supusieron inmortal.  Circunstancia ésta que comporta grandes riesgos,  no tanto por la reaparición en la que preventivamente invierten sus mejores y visibles preces, sino por la pelea misma que toda la casta sacerdotal escenifica, aún en la prudente confidencialidad de un congreso, convertida la supervivencia en una apuesta adicional.

Claro está, los presbíteros serán los únicos que celebrarán la vuelta, callando el resto de la arquidiócesis ante una estafa escatológica, como esgrimirá el más avisado y despierto. A la postre, comprenderán que el culto de masas necesita de tamaño combustible simbólico, porque no se trata de  la sencilla adhesión a proyecto de salvación, sino del complejo acceso al salvador que, por si fuese poco, concede identidad y, fuera de ella, están esperando los precipicios de la maldad.

Comprendidas las distancias, cuán inocente era la devoción de la que hacía gala Victorino Márquez Bustillos, Presidente Provisional de la República, porque se contentaba con iluminar su casa de habitación para halagar a Juan Vicente Gómez, el titular.  En uno de sus libros, Manuel Caballero olvidó el perfeccionamiento decembrino del que hizo gala en las artes decorativas, asombrado por una pequeña muestra carnestolenda, en 1916: posiblemente, el  provisorio estuvo convencido que no tenía ocasión ante Juancho, José Vicente o Alí Gómez, aunque muy luego quedaría anonadado frente a Eleazar López Contreras, con el que no pudo Eustoquio Gómez.

La de hoy, no es mera lealtad,  porque el culto de masas acarrea consecuencias.  Y, frecuentemente, vale muchísimo rezar por el impredecible curso de la historia.

Fotografía: El Nuevo Diario, Caracas, 20/12/1916.

miércoles, 13 de febrero de 2013

BIENHECHURÍAS

El barajo de la coyuntura
Luis Barragán


Quizá comenzamos a diferenciar entre uno y otro fenómeno, pues el problema ya no consiste en el febril y cosificador deseo de alcanzarlos, procurando todo sacrificio personal – incluso – por aquellos manifiestamente inútiles y banales, sino en la imposibilidad real de acceder a los bienes y servicios fundamentales.  La enfermedad del consumismo es muy distinta a la de la escasez o inexistencia, aunque ésta se diga remedio de la otra.  Empero, no luce fácil el contraste por la inmensa manipulación que, además, dice convencer a los propios victimarios.

Sutiles matices hallamos entre la propaganda y la publicidad alienantes de las sociedades capitalistas, y las que embriagan a las presuntamente alternativas, con una significativa desavenencia: la libertad hasta para  denunciarlas.  Apuntemos otra, en este lado del mundo se ha quemado un elevado porcentaje de los ingresos públicos para aceitar la perversa maquinaria arrolladora de las realidades vividas y sentidas.

Una poderosa ilusión del poder establecido que castiga, además, a quienes osen pensar que la sufren, nos embarga, aunque – insobornables – esas realidades siguen su curso. Devalúan en los días feriados, cuando negaron tercamente una medida que todavía requiere de otras indispensables; denuncian lo ya sabido sobre el armamento de guerra en un centro penitenciario, pero no establecen las responsabilidades consiguientes, agregada la ministerial; dueños de los controles, agitan el fantasma de la especulación, mas no explican el desabastecimiento que, por cierto, no lo hubo en las vecindades del Caracazo; o intentan la pronta resurrección presidencial, luego de presumir – por sus dichos y diligencias – el inevitable deceso.

El constante barajo de los escenarios de transición que, hasta nuevo aviso, capitalizan Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, ha agotado toda capacidad de invención, aunque no de histrionismo. Y, por más que fuercen los guiones, allanando o intentando allanar las inmunidades parlamentarias de su magno antojo, les quedan tres opciones ya aleccionadas por la historia.

La una, ausentes los argumentos, la de banalizar el debate disputando  las consabidas gorras tricolores a la oposición, exponiendo una debilidad simbólica a la que sólo cabe reconocer.  Excepto la más brutal represión, los pueblos en crisis toman cabal conciencia de las burlas que toda maniobra de distracción sintetiza.

La otra, arriesgarse a idear y denunciar una poderosa conspiración política que, a falta de pruebas, se revierta. La invasión de Cipriano Castro que Juan Vicente Gómez eficazmente fabuló en 1913, tuvo por explicación las muy veraces que afrontó a lo largo de su tan prolongado gobierno.

Finalmente, agotada la legitimidad que les concede una Constitución torpemente violentada, retroceden a las fórmulas más elementales de la devoción presidencial, pretendiendo una canonización inmediata y utilitaria. Así, dateados por Manuel Caballero y su “Gómez, el tirano liberal” (1993), aunque no dijo de los días de carnaval,  consultamos El Nuevo Diario del 08/03/1916  (Caracas, nr. 1144), para corroborar una asombrosa fotografía de Manrique, pues, la casa de habitación de Victorino Márquez Bustillos, Presidente Provisional de la República, exhibía un juego de bombillos que decía: “GLORIA A GOMEZ SUPREMO BIENHECHOR DE LA PATRIA”.  Por ende, nada nuevo bajo el sol, inherente a toda encargaduría que jamás olvida al benefactor, Maduro sólo simplifica la vasta empresa publicitaria y propagandística gubernamental, enmudeciendo – sorprendido – frente a las complejas e  impostergables demandas sociales.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2013/02/el-barajo-de-la-coyuntura/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=940203