Mostrando entradas con la etiqueta Comisión de la Verdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comisión de la Verdad. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de agosto de 2017

¿Y DE HABER LEIDO A ORWELL?



Ministerio de la Verdad y Fuerza Armada
Luis Barragán


"A medida que la sociedad cambia,
también cambian los militares"
Samuel P. Huntington (*)


Infaltable en el repertorio represivo del régimen, de nuevo surge una tal comisión de la verdad de las entrañas de la tal constituyente. Suponiéndose por encima de todo lo divino y humano, Miraflores la ha decidido cual ministerio orwelliano con plenas facultades inquisitoriales, incluida esa vocación por el espectáculo que recuerda la inicial puesta en escena hacia 2002.

Por supuesto, procesará la versión interesada del  poder establecido y, por mucho que contraríe las realidades,  se impondrá mediante la pólvora constante y sonante. Por ello, en reciente cadena radiotelevisiva para satisfacer nuestro “derecho a la información veraz”, Maduro Moros exaltó a la institución armada bolivariana, martiana, chavista y fidelista, mientras que Delcy Rodríguez, la sobrevenida líder de esta otra secuencia del socialismo en curso, obligada a la retórica como todo aquél que dirija una corporación, palabras más, palabras menos, dijo de una nueva forma de ejercicio espiritual de la identidad del venezolano.

Poco importa cuán grande y calamitosa sea la mentira, añadido ese artefacto verbal llamado post-verdad, porque están las armas que batirán nuestro espíritu hasta levantar – nada más y nada menos – una nueva identidad nacional.  La Fuerza Armada que derrotó la violencia insurreccional de décadas anteriores, hoy ha cumplido con su rito de pasaje, rindiéndole culto al hacedor de la dictadura cubana.

Creyéndola la peor de todas nuestras crisis, en los ya remotos noventa del XX, la sociedad venezolana concibió y confió en el mesianismo militar hasta llegar a estas orillas del siglo XXI, enfrascada con un gobierno de fuerza.  Aquél soldado excedido de sus funciones, por más que la letra constitucional lo ataje o diga atajarlo, ahora se muestra en carne viva por aquello de las medidas económicas estadounidenses mientras acá  hay más democracia, como cínicamente expresó Padrino López, o la tristemente célebre resolución 008610, la abierta represión de toda disidencia, la complementación más que tolerancia con los grupos paramilitares, el tal estado mayor de los alimentos para una hambruna innegable, entre otras de las facetas del sector de defensa que gobierna en nombre de la seguridad   de la nación.

Por lo visto, la cúpula militar hará del kafkiano proceso inquisitorial su única verdad, respaldándola a contracorriente de los cambios que experimenta la sociedad aspirante no sólo a la libertad y a la democracia,  sino a la reinstitucionalización castrense, al ejercicio exclusivo de su misión profesional, a la realización satisfactoria de su especialidad,  completamente ajena a la política partidista, subordinada al poder civil, representada por un oficial de decoro, lealtad, consecuencia enteramente republicana y convincentemente patriótica. El país que  está de regreso de lo que fue algo más que una poderosa ilusión óptica, pues, lo quebró ética y materialmente, espera del militar una urgente actualización que están muy lejos de darla los fraudulentos constituyentes del momento.

(*) "El orden político en las sociedades en cambio", Paidós, Buenos Aires,  1972: 200.

28/08/2017:

jueves, 24 de agosto de 2017

PANTALLA DE ALGO MÁS QUE DE CONCRETO



Érase el edificio de Pajaritos

Guido Sosola


Ya para las postrimerías de la dictadura de Gómez, Caracas conocía una que otra edificación que contrastaba con el paisaje tradicional que sobrevivió a la cosmética francesa de la dictadura de Guzmán Blanco. No comportaba ninguna reforma urbana, pues, buena parte de la ciudad prosiguió con el entramado de calles y callejuelas desalcantarilladas, sin los servicios básicos que, después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, conoció al sanearse como nunca antes.

A los llamativos edificios que sirvieron de sede al ministerio de Guerra y Marina, o el de Correo y Telégrafos, luego, tan injustamente desaparecidos, se sumaron otros como el del Museo Boliviano en el corazón de un referente comercial, como el de la esquina de Pajaritos, familiarizado con ese acento del art-decó de la Gobernación del Distrito  Federal.  Ahí, en Pajaritos, por 1936, decidió Eleazar López Contreras, líder  de una dictadura que trató de no serla, levantar un inmueble que homenajeara la memoria de El Libertador, que pudo mantenerse en pie a pesar de la vecindad del hermoso y arrollador complejo del Centro Simón Bolívar.

Fueron muchas las décadas de abandono y, aún no sabemos por cuál vía, el edificio de Pajaritos llegó a la jurisdicción del Congreso de la República. Cierto,  en este XXI, cuando es rescatado y recuperado durante la gestión de Cilia Flores como presidente de la Asamblea Nacional, adquiere una merecida prestancia,  aunque,  por muchas que sean las fallas estructurales que puedan alegarse, sufrió una dramática remodelación mas no restauración, injertándole una  pantalla de concreto que cambió su fachada y afecto un poco, por cierto, la entrada de la residencia de los jesuitas que está al lado.

Se convirtió el inmueble en un modesto complejo de salones que, antes de la victoria opositora en el parlamento por 2015, era de un exclusivo uso del oficialismo para cualesquiera actos, incluso, partidistas.  En el último año y medio, con el cambio de dirección, por instantes, este siglo supo de una apertura a la pluralidad política a través de numerosas reuniones, conferencias y foros.

El caso está en que  la tal y consabida constituyente echó mano del Museo Boliviano, aunque estuviese bajo la autoridad de la Asamblea Nacional. La idea es que sirva como sede a la tal comisión de la verdad, una instancia inquisitorial que puede deparar ingratas sorpresas.

Entendemos, fue prácticamente tomado por asalto. Lo curioso es que el Museo Boliviano sirvió para dejar o remitir a un personal administrativo decididamente chavista que, de un modo u otro, aprendió de las ventajas de la convivencia, pero todos – justos y pecadores – salieron del edificio: ese personal chavista que creyó recibir y compartir con los suyos la posesión, uso y disfrute del edificio, salió expulsado, excepto que alguna palanca le funcione a alguna avispada individualidad que no quiera aprender la lección.

domingo, 20 de agosto de 2017

VIL MONTAJE



Antipolítica en clave de telenovela

Luis Barragán

Tiempo que no la veía, aunque está adscrita a la Asamblea Nacional, encontramos por casualidad a la otrora asistente de una parlamentaria oficialista que no logró repetir, a pesar de sus recias posturas y capacidad de trabajo. Nos saludó con afecto, pues, siendo frecuente y muy duro el choque en las plenarias y en una de las comisiones permanentes, quedó como saldo inevitable el mutuo respeto personal. 

Me dijo que trató de entrar a palacio, donde la “seguridad de ustedes”  lo impidió   y, al despedirse, más en serio que en broma, alegó que debía apurarse para buscar la harina de maíz que Lorenzo Mendoza y otros que hacen la guerra económica, les niegan. No valía la pena discutir  sobre la seguridad de la sede legislativa  a cargo de la GNB que tiene por prisioneros a los diputados, cada vez que así lo deciden, filtrándoles las visitas,  y que, además, la crisis humanitaria corre bajo la  absoluta responsabilidad de la dictadura, añadido el nefasto desempeño de los CLAP. Empero,  inmediatamente nos remitió al caso demasiado recurrente de sus voceros que inculpan a la oposición por las muertes de los ciudadanos en legítima  protesta, como por el incendio de una sede escolar u otras vicisitudes que la propaganda altera.

Toda dictadura miente, pero ésta que padecemos la hace con sobradísimo cinismo, demostrando lo lejos que llega el (auto) engaño. Por ello, es necesario preservar y divulgar constantemente las evidencias de un descomunal atropello, porque no le ha bastado con asesinar a los jóvenes que tuvieron por única defensa una lámina de cartón, linchar a discapacitados, destruir casas y edificios, hasta disparar a una mascota y lacrimogenar al hospital de la Cruz Roja que, por cierto, dista demasiado de haber cumplido con su deber en las calles que supo de la Cruz Verde, de la Cruz Azul y de otros equivalentes en relación al auxilio de médicos y paramédicos, igualmente tiroteados y perseguidos.

Insuficiente la versión de tan desacreditados voceros, incluyendo al ocupante de Miraflores, la tal constituyente ha nombrado a una tal comisión de la verdad que espera repetir – ante todo – el linchamiento moral ensayado entre 2002 y 2003, después de los consabidos sucesos del 11-A. Recordemos, una brutal   faena represiva, con muertos y malheridos a cuestas, produjo una comisión parlamentaria tan sólo nominalmente presidida por un representante de la oposición, con una clara y contundente mayoría oficial, que escenificó un espectáculo tan propio de la antipolítica, logrando confundir a la opinión pública al falsear los hechos con descaro, desembocando en dos informes contrapuestos que quedaron para la mera formalidad.

Luego de los hechos de 2014, procurando el gobierno evadir sus responsabilidades, la mayoría asamblearia, partidaria de Diosdado Cabello, valga acotar, trató de imponer otra tal comisión de la verdad a la que nos opusimos sin ambages los diputados de Vente Venezuela, como consta en las actas y videos de las sesiones de entonces. El propósito siempre ha sido el de banalizar la tragedia y, escupiéndole al país que los detesta, reglar y arreglar una razzia de inconfundible cuño  fascista.

Apropiándose por la fuerza de los espacios del Museo Boliviano, bajo la responsabilidad de las actuales autoridades legislativas que, además, no lo han denunciado, la tal comisión de la verdad de la tal constituyente trama una telenovela de la peor inspiración para lavarse las manos respecto al tsunami represivo que anegó las calles y hogares venezolanos.  A la feria electoral de las regiones, tramados unos comicios a la medida de los propósitos miraflorinos, se sumará la réplica interesada de lo que tendrá más de la filmografía de los  procesos de Núremberg que de los juicios televisados en Cuba, después de Bahía de Cochinos.

La ultraizquierda alojada confortablemente en la antipolítica, tal como la concebimos y sufrimos en lo que va de siglo, dirá cumplir con un inicial objetivo: trivializar la noción misma de la comisión de la verdad. Nada tuvo, tiene o tendrá que ver con lo que universalmente se entiende por tal, sobre todo después de la experiencia salvadoreña, en estas latitudes, porque se trata de un burdo espectáculo en el que los teloneros fueron, son y serán las víctimas.
Fotografía: Tomada Google Imágenes que, a su vez, la captran de: https://www.youtube.com/watch?v=0XIBFN88cjs


20/08/2017: