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jueves, 4 de febrero de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Juan Liscano.  "Jorge Gaitán Durán". El Nacional, Caracas, 29/03/1962.
-  Aníbal Romero. "¿Nos espera otro 27-F?". El Diario de Caracas, 24/01/90.
- Sanín. "La triple 'A' de URD". El Nacional, 22/10/65.
- Augusto Mijares. "Las universidades abiertas". El Nacional, 11/10/76.

Reproducción:  Ignacio Luis Arcaya. Elite, Caracas, 31/12/60.

lunes, 1 de abril de 2013

1963

Las otras elecciones
Luis Barragán


Un pasado tergiversado es el asiduo huésped de las sesiones parlamentarias y de los medios oficialistas, procurando conquistar así la autoridad moral que el presente les niega.  Curiosamente, hay más de ignorancia compartida, añadida la oposición, que de de súbita nostalgia, la que es ajena al predominio natural de otras generaciones.

Revelación del debate deficitario, imposible de sustituir con la estridencia, los acontecimientos invocados se presumen conocidos. E, irrefutable, lo remoto adquiere una contundencia tal que facilita la sanción de leyes como la de Desaparecidos (etc.), al igual que la aprobación de sendos acuerdos reminiscentes que buscan concederle cierta identidad al PSUV, suponiendo que la del PCV se mantiene.

En los días que cursan, el gobierno nacional intenta articular un discurso contra la violencia, el crimen y el terrorismo, desenfadadamente cínico, frente a una oposición que aspira a una limpia y pacífica realización de los comicios de 2013, no sin denunciar  la amarga situación que convierte la inseguridad personal en una suerte de guerra civil agazapada. Recurrimos a las viejas ediciones de El Nacional y Clarín, libres de toda sospecha – valga el término – betancurista, para acercarnos a las circunstancias que desembocaron en las elecciones generales de 1963, dándole soporte a la comparación.

Intensificándose a finales de 1960, hubo una escalada subversiva de izquierda, animada por el ejemplo de Cuba, que compitió (des) lealmente con el golpismo de derecha, alentado desde República Dominicana, obligando a la consecutiva suspensión de las garantías constitucionales. Por cierto, en su definitivo balance histórico, con tino observó Manuel Caballero (2010) que “Betancourt nunca usó eso para no gobernar, ni anduvo lloriqueando por lo del magnicidio”.

Hacia abril de 1961, el III Congreso del PCV reconoce la insurgencia que ya lo ha comprometido, junto al MIR, a pesar de la minoritaria resistencia interior de líderes de inequívoca importancia, aumentando la presión guerrillera al año siguiente que, por lo demás, supo de una inminente guerra nuclear. Continuando la ruta marcada por el Barcelonazo, en 1962 entran a escena el Carupanazo, el Guairazo y el Porteñazo,  dándonos la oportunidad para dos breves coletillas: por una parte, irresponsable y suicida, el Guairazo no sólo convocó a 300 militantes de la Juventud Comunista, sino que suscitó el celebérrimo “disparar primero y averiguar después”, suficiente y convincentemente explicado por Caballero; y, por otra, tales acciones buscaron provocar un golpe de Estado, tal como lo asevera Luigi Valsalice (1973), autor jamás identificado, superando así al “Garganta Profunda” de Woodward y Bernstein.

Próximo a vencerse el quinquenio constitucional,  inhabilitados el PCV y el MIR por sus incursiones subversivas,  decididamente  abstencionistas, una multiplicidad de partidos intenta la silla presidencial, al igual que las curules parlamentarias y edilicias que, acaso, por un eufemismo, Jesús Sanoja Hernández (1998) llama desconcentración electoral. Un cierto equilibrio de las distintas candidaturas presidenciales de oposición en 1963, despierta un entusiasmo que no logra definitivamente suplantar, por añadidura, el agresivo lenguaje de la campaña, síntoma que encontramos en el nada feroz Wolfgang Larrázabal, en un mitín celebrado en El Silencio: “Si se realiza un fraude electoral en Venezuela estoy dispuesto a morir en las calles de Caracas luchando al lado de mi pueblo (…) Cualquier candidato que defraude al pueblo como lo ha hecho Betancourt merece ser arrastrado por las calles y cortarle la cabez, (SIC) por traidor” (El Venezolano, Caracas, 01/08/63).

Hacia finales del año, ocurre la consabida tragedia de El Encanto y resultan inmediatamente detenidos los parlamentarios del PCV y el MIR, siendo remitidos al Cuartel San Carlos. Y, subrayando el contraste, otros parlamentarios los visitan por más de una hora, Ignacio Luis Arcaya y César Rondón Lovera, artífices también de la pérdida del control gubernamental de la Cámara de Diputados a partir de 1962; y, declarados aquéllos en huelga de hambre, dos médicos del Hospital Militar se suman a los médicos y enfermeras del penal que “constantemente vigilan la salud de los huelguistas”. Empero, alrededor de 300 familiares  rodean el cuartel y son reprimidos, siendo suspendida la huelga (Clarín, Caracas, 08 y 09/11/63).

Destaquemos el retiro unilateral de los representantes del PCV y el MIR del Consejo Supremo Electoral, además de propiciar el boicot de las sesiones de la Comisión Delegada del Congreso Nacional, a favor de una asamblea de parlamentarios de oposición saludada por los gremios sindicales y estudiantiles, igualmente bajo la influencia de URD y AD-Oposición. Miguel Otero Silva, quien aceptó incorporarse como un comisionado de equilibrio y entendimiento, renuncia al foro que pudo adquirir una elevada importancia para dirimir y radialmente sincerar el problema de las inmunidades parlamentarias violentadas, complementando   las denuncias realizadas sobre “La Cobra Negra” que el periódico dirigido por Luis Miquilena, la aseguró encabezada por Alejandro Oropeza Castillo, Lucas Pérez, Charlita Múñoz, Guillermo Salazar Meneses, entre otros (Clarín, 04/11/63).

Se ha dicho mucho de la violencia gubernamental de entonces, mas no de las fuerzas y corrientes insurreccionales que invitan a un breve ejercicio de imaginación, en el caso que Chávez Frías o Maduro Moros hubiesen ocupado  Miraflores.  A escasos días de la fecha electoral, enunciando el inventario de los sucesos reseñados por El Nacional y Clarín, noviembre de 1963 nos ilustra: descubierto arsenal enterrado en Paraguaná, dinamitados dos sitios del oleoducto ULE-Amuay, descubierta fábrica de bombas en Barquisimeto, incendio de la Goodyear en Puerto La Cruz,  asalto y destrucción de una oficina de telégrafos en Guárico, incendio de seis oleoductos y dos gasductos (SIC) en oriente. Y nada más en Caracas, asaltada la residencia del dirigente sindical Rodolfo Quintero, asaltada la jefatura de la parroquia San Juan, muerto  estudiante de un balazo durante los disturbios, asaltada la residencia de un miembro de la Misión Militar estadounidense, robo millonario en la sede del IAN,  estallaron 18 níples en varios lugares, regadas de tachuelas las principales avenidas, 12 muertos y 70 heridos durante disturbios, francotiradores y tiroteos en la esquina de Miracielos y El Guarataro, quema de autobuses, colocación de níples en ataúdes, policía asalta El Nacional, Digepol toma barrios populares, 20 bombas lanza-volantes llaman a una huelga general, fusilan a estudiante, envío de explosivos a altos dirigentes políticos, incendio del Teatro Broadway.

Futuro teórico del foquismo, hallándose  en Caracas, Régis Debray señaló que ni en Argelia había visto algo parecido, según comentó Teodoro Petkoff a Agustín Blanco Múñoz (1980), agregado el pronóstico de José Vicente Rangel: no habrá comicios. Y los hubo, ganando Raúl Leoni seguido por Rafael Caldera y Jóvito Villalba, apareciendo el fenómeno de Arturo Uslar Pietri y el desinflamiento de Wolfgang Larrazábal y Raúl Ramos Giménez, con la correspondiente cosecha de curules, aunque Germán Borregales – el último presidenciable – deberá esperar otros cinco años para llegar al Capitolio Federal.

Luego de los resultados, la insurgencia políticamente derrotada predicó el fraude, transitando un largo y penoso camino que la condujo a una rica y aleccionadora, aunque tardía, discusión al despuntar los setenta, lamentable e interesadamente ahora olvidada, explicando así el atraso ideológico de los sectores oficialistas.  Asimismo, para finalizar, nos permitimos una breve consideración sobre el caso de URD.

Evidentemente, el partido amarillo acudió dividido a la cita electoral de 1963, aunque convenientemente concertado no sólo para obtener las curules necesarias, pues, de otro modo, las hubiesen perdido justos y pecadores, sino para alentar la candidatura de Villalba, cuyo triunfo suponía el desarrollo de una alternativa diferente para la pacificación, tal como se estimaba – salvando las diferencias y matices – con Uslar Pietri o Ramos Giménez.  Aguda contradicción, luego de la salida de URD del gobierno de Betancourt,  compitiendo por el voto de los sectores marxistas, pero negado a darle cabida en sus listas a los parlamentarios detenidos, la derrota presidencial significará un reconocimiento a la importancia y al caudal de votos logrado, volviendo al gobierno con Leoni.

Una pequeña compilación de textos que la presumimos muy de inicios de la década (Ediciones Catatumbo), trae la opinión de Rodolfo José Cárdenas en torno a la inestabilidad doctrinaria de URD y el silencio que administró el partido tenido por liberal, ante las más graves vicisitudes de orden público que experimentó el país, a sabiendas que el tiempo contaba contra una insurrección popular que, por definición, es inmediata y fulminante. 
Manuel Vicente Magallanes (1983), dejó constancia que, después de la aludida derrota, los sectores más radicales de la organización constituyeron en febrero de 1964, el Frente Interno Progresista para derivar en Vanguardia Popular Nacionalista: “En Navidad, la alegría es la venganza del pueblo”, quedó apenas como respuesta al fraude proclamado (Clarín, 15/12/63).

http://www.noticierodigital.com/2013/04/las-otras-elecciones/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=952709

viernes, 7 de septiembre de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Herrera Oropeza. "Burguesía nacional y democracia". El Nacional, 19/04/68.
- José Herrera Oropeza. "Autoritarismo y corrupción". El Nacional, 22/05/93.
- José Herrera Oropeza. "La subversión del populismo". El Nacional, 14/12/91.
- José Herrera Oropeza. "La naáusea latinoamericana". El Nacional, 04/08/78.
- José Herrera Oropeza. "Hacia la amplia unidad". El Nacional, 08/01/65.
- Reseña de "Hacia una Venezuela nacionalista" de José Herrera Oropeza. The Economist (en español), vol. 2, nr. 9 del 03/05/68.

Fotografía: José Herrera Oropeza, secretario de Propaganda, desmiente que Unión Republicana Democrática (URD) haya planteado apoyar a Isaías Medina Angarita. En la gráfica, declara a Germán Carías. El Nacional, Caracas,  20/09/52.

Nota LB:

Interesante personalidad la de JHO que optó por una decidida postura marxista en las décadas anteriores, luego de militar en URD. A veces, nos preguntamos en torno a la postura que hubiese asumido en el curso del chavezato, aunque  José Vicente Rangel, por semejante origen partidista y generacional, probablemente ha respondido.  Lo cierto es el mundo de los contrastes, pues, por su trayectoria e inquietudes en el orden de las ideas, no es el prototipo dirigencial del chavezato.

jueves, 6 de enero de 2011

de atractiva portada






Tuvimos ciertamente interés por un partido desparecido o de larga agonía como Unión Republicana Democrática (URD), a finales de 2010. E, incluso, hicimos algunas consideraciones en el portal "Venezuela Analítica". Traspapelamos la obra referenciada ahora, cuya reaparición entre los papeles de casa aconteció algo tarde.

Tratamos de una obra emotiva,en la que Valeri realiza un esfuerzo de reivindicación del partido por 2007, bajo un sello curioso:"Ediciones URD", infrecuentemente o nunca visto en las vidrieras.

Nos pareció un esfuerzo loable que incluye el de darle sentido al que fue un gran o extraordinariamente influyente partido, con iras a la refundación que no ha movido la inquietud de politólogos, historiadores y - con mayor acento - periodistas. ¿Tarea inútil?, ¿apenas una iniciativa que quedó nada más en el tintero?, ¿intención de hacerlo un partido "comodín"?. Por lo pronto, excepto algunos documentos posiblemente inéditos sobre la denominada Vanguardia Juvenil Urredista de principios de los '60, tenemos un texto de ocasión. No hay análisis de profundidad, disparador de perspectivas, sino una larga y amable crónica. No vimos, por ejemplo, una precisión sobre los orígenes de un partido que capitalizó Jóvito Villalba, aunque no lo fundó.

Finalmente, añadimos la atractiva portada. Sencilla, pero suficientemente expresiva por los colores y fuentes empleadas...

sábado, 11 de diciembre de 2010

sobre jóvito y urd


Una nota sobre URD
Luis Barragán


Muy pocos recuerdan a Unión Republicana Democrática (URD) y a Jóvito Villalba. Obviamente, carecen de toda vigencia política, pero la historia está ahí, pendiente, a la espera de una reflexión innovadora sobre lo que significaron con todos sus aciertos y errores.

Es natural el olvido, cuando ha transcurrido más de dos o tres décadas del fulgurante protagonismo que tuvieron. Apenas, equivocada o confusamente a nuestro juicio, Carlos Raúl Hernández le comenta a Mirtha Rivero del "izquierdismo de Jóvito"; quizá sigue viva la sentencia de "yo y mi partido, mi partido y yo" que popularizó definitivamente "Radio Rochela", el también extinguido programa de televisión; surgen nombres como el de Alirio Urgarte Pelayo, el del autopistoletazo, o Leonardo Montiel Ortega, cuya pericia en materia petrolera palideció gracias al primer capítulo de una telenovela del escándalo; interesados, adquieren hoy otros matices Fabricio Ojeda e Ignacio Arcaya; y, por supuesto, la generación del '28 o el pacto de Punto Fijo.

Una rápida consulta a la clásica obra de Manuel Vicente Magallanes sobre los partidos políticos en Venezuela,nos permite redescubrir la fundación del partido por figuras más a tono con el medinato, el 10 de Diciembre de 1945. Luego, Villalba lo capitalizó casi inevitablemente, frente a las circunstancias estelares del proceso constituyente de principios de los '50.

El 30 de Noviembre de 1952, el partido ya jefaturado por Jóvito gana los comicios para la Asamblea Nacional Constituyente, pero el día 2 de Diciembre se anucian otros resultados. Y para el día 15 de Diciembre, el líder amarillo (color corporativo que toda lavida caracterizó a URD), fue invitado al ministerio de Relaciones Interiores, siendo expulsado del país junto a Luis Hernández Solís, Ramón Tenorio Sifontes, Humberto Bártoli, Víctor Raffali, Raúl Díaz Legórburo y Jesús Alfonso Medina Sánchez.

Aludimos a una experiencia política importante que no cuenta con la fortuna de sendas y conocidas investigaciones históricas o politológicas, tan necesarias también para nuestro adecuado direccionamiento hacia el futuro. Más allá de lo que se ha consagrado como el fenómeno de la "urredización", con más de talante despectiva que verificación pedagógica, quedan muchos espacios para la tinta y el papel.

Creemos, los partidos llamados históricos no desaparecen súbitamente, sino que experimentan una prolongadísima agonía, a veces penosa o lastimosa. Posiblemente, "mi partido y yo, yo y mi partido" merezcan una profunda consideración respecto a sus posturas y oportunidades, la transitoriedad de Punto Fijo o la Ancha Base, la realización de sus cuadros de conducción, inventario y desaparición del patrimonio inmobiliario, el dominio legal de la entidad y las adhesiones contradictorias que tuvo en los eventos electorales, la pérdida de sus archivos, la cuantía real de sus miembros, entre otros.

EL NACIONAL, Caracas, 18 de Enero de 1998
Protagonistas
Jóvito Villalba
(Pampatar 22/3/1908 - Caracas 8/7/1989)

Su incipiente calvicie, aunada a su fogoso verbo de orador, le hacía aparentar más edad de la que tenía. Su participación en la semana del estudiante en 1928 dio pie a una ola de protestas contra Juan Vicente Gómez, lo que le valió ocho años de prisión, primero en La Rotunda y luego en el Castillo Libertador. Durante los sucesos del 14 de febrero de 1936, Villalba se erigió en el principal líder opositor del general Eleazar López Contreras. Su ganado prestigio político lo obtuvo al principio como presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) y luego con el partido que fundó y del que fue su máximo líder: Unión Republicana Democrática (URD). Esta organización política ganó las elecciones del 30 de noviembre de 1952 para escoger los miembros de la Asamblea Constituyente, triunfo que fue desconocido por Marcos Pérez Jiménez. Villalba fue detenido y enviado al exilio, en Nueva York, donde, junto a Betancourt y Caldera, sentó las bases del Pacto de Punto Fijo. Eventualmente, URD le retiró su apoyo al gobierno de Betancourt y Villalba pasó a la oposición. Rol en el que desempeñó los cargos de diputado y senador, así como el de candidato a la Presidencia de la República.

EL NACIONAL - DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1999
Las trampajaulas de 1957
SIMON ALBERTO CONSALVI

Después que el 2 de diciembre de 1952, el coronel Marcos Pérez Jiménez dio su "golpe dentro del golpe", la dictadura consideró inevitable ampararse en alguna máscara de legitimidad. No bastaba, evidentemente, que las Fuerzas Armadas lo hubieran proclamado como "Presidente provisional". El dictador, aun cuando la Guerra Fría (y John Foster Dulles) propiciaran los regímenes de fuerza para sus batallas anticomunistas, quería ser un Presidente constitucional, como Stroessner, Odría o Somoza. La tentación electoral acababa de señalarle que, por ese camino, no encontraría sino rechazo: el 30 de noviembre, la dictadura fue aplastantemente derrotada. La unidad del país se consolidó alrededor de la figura de Jóvito Villalba. El Gobierno secuestró las urnas electorales y falsificó los resultados, contó los votos con las puntas de las bayonetas. URD había obtenido 1.198.000 votos. Renunciaron 11 de los 15 miembros del Consejo Supremo Electoral. El MRI dio los "nuevos" resultados: para el Frente Electoral Independiente (del Gobierno), la cantidad de 788.031 y para URD, apenas 638.336.

Mientras Jóvito Villalba y otros líderes de URD viajaban al destierro, en Caracas, y sin quórum, se instaló la Asamblea Nacional Constituyente de 1953. Fue uno de los episodios más lamentables de la historia del siglo. Mario Briceño Iragorry describió ese proceso en Sentido y vigencia del 30 de noviembre de 1952.

Una "constituyente" que no pasó de ser sino una dependencia del Ministerio de Relaciones Interiores. En aquel estado de sitio, legitimó al "Presidente provisional", mientras con premura aprobaba (sin discutir) la Constitución de 1953, hecha con tan apresuradas tijeras, que no pudieron borrar la previsión del artículo 104 que consagraba la gran conquista de la Constitución de 1947, entonces considerada como herética y socialista: la elección directa, universal y secreta del presidente de la República. No se sabe si fue una imprevisión o, simplemente, una jugarreta del ministro de Relaciones Interiores, que solía burlarse de los apremios legalistas del general. La Asamblea Constituyente le dio, pues, la Constitución que deseaba y el título consiguiente de presidente constitucional de la República, además de proveerlo (manu militari) de los senadores y diputados que habrían de acompañarlo en aquella odisea de (i)legitimidad del período 1953-1958.

El artículo 104 fue la desgracia del general, y nunca se lo perdonó a su ministro de Relaciones Interiores. En su Historia Política de Venezuela, Juan Bautista Fuenmayor relató los avatares del dictador en 1957. Había resultado relativamente impune aniquilar a los oposicionistas, censurar los periódicos, abrir campos de concentración, cárceles masivas y destierros masivos. Pero pensar en otra consulta electoral (con el antecedente del 30 de noviembre) era una verdadera calamidad.

Ante las impertinencias de Vallenilla-Planchart, avanzado 1957, de que se "acababa el tiempo", Pérez Jiménez le contestó: "Usted está empeñado en alborotar el cotarro político. Deje llegar los acontecimientos". Surgió la idea del plebiscito. "En una ocasión me habló usted del plebiscito, de la consulta al pueblo sin intermediarios", le dijo Pérez Jiménez al ministro. "Aquí los partidos no representan nada... Pues, prescindamos de ellos. Dirijámonos al consumidor... El venezolano de hoy no es el mismo de hace cinco años". Sorpresivamente, envían al Congreso un proyecto de Ley Electoral y, desde luego, lo aprueban, y fijan el 15 de diciembre para la consulta. Al elector le darían dos tarjetas, la azul para el Sí, la roja el No. Con la azul se reelegiría al presidente de la República y al Congreso. Era el "tercer golpe dentro del golpe" y marcó el final de la dictadura. Todo el país (incluidas ahora las Fuerzas Armadas, tan arbitrariamente utilizadas por el dictador), rechazó los propósitos continuistas del plebiscito. "La Constitución ha pasado a ser el golpe de Estado erigido en sistema", declaró en Nueva York Jóvito Villalba. Rafael Caldera fue expulsado de Venezuela, y así, en ese diciembre primaveral, Betancourt, Villalba y Caldera velaron sus armas en la Navidad de un destierro que pronto tendría su fin.

Dios ciega a quien quiere perder: el primer ciego de 1957 fue Pérez Jiménez. No pudo comprender que el país lo rechazaba y que estaba fatigado de tanta asfixia. El 1° de mayo fue un día estelar: el arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco, dio a conocer su famosa Pastoral. Se leyó en todas las iglesias de todo el país. Fue una crítica severa frente a las condiciones sociales del venezolano. Junto a la gran riqueza de unos pocos, todos los demás andaban en penuria. "(...) nadie osará afirmar que esa riqueza se distribuye de manera que llegue a todos los venezolanos", dijo el arzobispo, "ya que una inmensa masa de nuestro pueblo está viviendo en unas condiciones que no se pueden calificar de humanas. El desempleo que hunde a muchísimos venezolanos en el desaliento y que a algunos empuja hacia la desesperación; los salarios bajísimos con que una gran parte de nuestros obreros tienen que conformarse, mientras los capitales invertidos en la industria y el comercio que hacen fructificar esos trabajadores, aumenta a veces de una manera inaudita". La Pastoral descorrió el velo de la censura.

Esa era la realidad social y el balance de 10 años de dictadura. Es difícil comprender, por consiguiente, cómo el protagonista de la década puede ser magnificado y convertido en el gran modelo, digno de emulación en estos tiempos. Moraleja: sólo las constituciones democráticas preservan los derechos humanos y las garantías del ciudadano.

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 18 DE AGOSTO DE 1999
El ejemplo urredista
Humberto Celli

En 1952 y 1958, Unión Republicana Democrática (URD), vivió los mejores instantes de su existencia, bajo la conducción de uno de los grandes líderes venezolanos de este siglo: Jóvito Villalba. En 1952, URD aglutinó el más amplio respaldo popular como forma de repudio a la cruenta dictadura perezjimenista y, aunque su victoria fue desconocida, quedó la demostración sólida de la valentía del pueblo venezolano que llamado a expresar su voluntad la manifestó con claridad.

En 1952, URD con la candidatura presidencial del almirante Wolfgang Larrazábal estuvo a punto de lograr una importante victoria. Todos coincidieron en que si en la acera de enfrente no hubiese encontrado un estadista y líder popular como Rómulo Betancourt, el primer presidente de la democracia venezolana habría sido Larrazábal.

En los años siguientes URD empezó a rodar por una pendiente. Muchos errores de su dirección política lo llevaron a iniciar su desvanecimiento, pese a que Villalba hizo esfuerzos supremos y, sobre todo, manifestación de voluntad democrática. En 1963, cuando Venezuela se movía en la dicotomía votos o balas, el candidato urredista lanzó su propia consigna: "voto sí, balas no", lo que significó un gran impulso y apoyo al esfuerzo democrático que venía realizando el presidente Betancourt.

Pero ya URD había comenzado a disminuir y aunque algunos dicen que en el Gobierno del presidente Chávez los de mayor poder son urredistas (Miquilena, José Vicente Rangel, Arcaya), lo objetivo es que ese gran partido prácticamente es inexistente. De allí que de unos años para acá se ha venido utilizando en el lenguaje político, el término urredización para significar un proceso de envejecimiento progresivo y desactualización popular que condena irremediablemente a la muerte. Hoy URD está representado en el Congreso Nacional por un solo diputado, Ramón Tenorio Sifontes.

Sin embargo, el proceso vivido por URD fue lento y duró muchos años, de allí que muchos directivos de mi partido Acción Democrática, piensan que la misma curva descendente en nuestro caso duraría mucho tiempo más. Pero cuando se instala la Constituyente y se observa que AD sólo tiene un representante, no se puede dejar de pensar que lo que en URD demoró 30 años, la actual dirigencia de AD lo logró en un año.

Los errores de URD se cometieron de tanto en tanto: indefiniciones doctrinarias, vacilaciones políticas, abandono inoportuno de los dos gobiernos de coalición iniciales de nuestra democracia: Punto Fijo y Ancha base, alianzas desafortunadas, corrupción...

En cambio la actual dirigencia política de Acción Democrática pareciera haber entrado en competencia con el tiempo para ver cuántos errores pueden cometerse en el menor lapso.

En julio de 1998, en una apresurada modificación estatutaria, le arrebataron a la base partidista el derecho a escoger su candidato presidencial, para imponer el llamado consenso y presentar una candidatura que todas las encuestas de opinión presentaba como incapaz para obtener la victoria.

El desastre mayor vendría unos meses más tarde, cuando después de adelantar la campaña de Alfaro Ucero, deciden, violentamente, despojarlo de la candidatura faltando 10 días para las elecciones (¿qué partido en el mundo soporta eso?). Y apoyar a Salas Romer, candidatura hecha a base de cuantiosos recursos económicos que le permitieron manipular encuestas y comprar espacios para aparentar una fuerza que no tenía. Por si fuera poco Salas representa un pensamiento de derecha, muy alejado del ser acciondemocratista.

En el interregno, la dirección nacional se repartió los cargos al Congreso Nacional, colocándose primeros en las listas y también en los circuitos. Es decir, todo el poder para el soviet o, en términos criollos, alfarismo sin Alfaro.

En todos los países cuando se producen descalabros, los dirigentes renuncian a sus cargos. Son muchos los casos, pero señalaremos dos de signo ideológico contrario: En España, Felipe González, después de haber ganado cuatro elecciones consecutivas y perder una, renunció al liderazgo del PSOE y Helmut Kohl, después de ser canciller de Alemania por 20 años y perder una elección, renunció a la presidencia de la Democracia Cristiana alemana. Y eso que estas derrotas fueron producto de los avatares de la política, no de errores cometidos.

¿Podía esta dirección nacional concluir un proceso de revitalización de AD? Quienes con sus desaciertos y errores colocaron al partido al borde del colapso, no tienen credibilidad ni capacidad.

EL NACIONAL - VIERNES 26 DE FEBRERO DE 1999
Lecciones, elecciones y reelecciones
Jesús Sanoja Hernández

El 20 de febrero de 1992 estaba preso en el cuartel San Carlos, si la memoria no me traiciona como suele suceder, el teniente coronel Hugo Chávez Frías. Habían pasado cien años justos del alzamiento de Crespo contra el gobierno de Andueza Palacio, quien empujado por la emoción continuista había impuesto la reforma constitucional de 1891 mediante la cual pretendía prorrogar su mandato por dos años más. ¿El resultado? Triunfó la Revolución Legalista y Andueza salió desterrado a la espera de que Crespo fuese borrado del mapa político, lo que efectivamente sucedió en Mata Carmelera. Seis años de exilio le costó al portugueseño (menos afortunado que Luis Herrera y más ambicioso que Márquez Bustillos) la aventura continuista.

En cambio, ni Gómez ni Cipriano Castro tuvieron problemas en la prolongación de sus mandatos, el de Castro logrado por la "vía revolucionaria" y el de Gómez por un curiosísimo mecanismo que mezclaba el golpe y el autogolpe. No ha habido presidente o dictador más habilidoso en nuestra historia que Juan Vicente Gómez. Se hizo reelegir cuantas veces quiso y reformó la Constitución cada vez que lo deseó y, además, se valió de presidentes títeres que no daban órdenes que de él no provinieran, como Gil Fortoul, Márquez Bustillos y Juan Bautista Pérez.

Las lecciones derivadas de las reelecciones castro-gomecistas son, por lo menos, dos: las constituciones resultan fácilmente reformables o sustituibles cuando el presidente de turno dispone de mucho poder y diestra capacidad de mando, a su vez respaldados éstos por un partido armado (el Ejército) o por un partido político hegemónico. En América Latina, en el período de la "apertura democrática", la mayoría de los países optó por desechar la reelección inmediata, pero de pronto en estos años 90, varios presidentes han saltado el muro de contención e impuesto la modalidad reeleccionista: en Brasil el ex teórico de la dependología (feísima palabra prácticamente desaparecida del vocabulario sociológico) bregó la repetición, usando a veces procedimientos prohibidos. Cardoso, pues, obtuvo nuevo período en octubre del pasado año en medio de la euforia por la recuperación económica, al poco tiempo desplomada por "el efecto Brasil".

Más abajo, el astuto Menem, que de peronista tiene lo que Pinochet de inocente, logró la reelección en 1995 tras reforma constitucional que contó con el apoyo (créanlo si quieren) de Alfonsín. Y muy poseído de sí mismo y de sus virtudes para la maniobra, intentó en 1998 una segunda reelección contra la cual se rebeló su propia organización, el Partido Justicialista. Los analistas calificaron las jugadas de Cardoso y Menem, al juzgarlas vinculadas a los proyectos de Fujimori en Perú y Pérez Balladares en Panamá, como onda expansiva del reeleccionismo latinoamericano.

Fujimori utilizó al Congreso (tan distinto al que disolvió en 1992) para rechazar al referéndum propuesto por la ONPE (Oficina Nacional de Proyectos Electorales) con el fin de impedir su tercer mandato. El soberano, pues, no tuvo oportunidad de expresar el rechazo a una tercera elección de Fujimori, quien para entonces veía caer en picada su popularidad, parcialmente recuperada por el manejo de asuntos fronterizos con Ecuador y Colombia.

Pérez Balladares (a) El Toro, deseoso de ser el presidente que recibiría de Estados Unidos la administración del canal de Panamá, adelantó, en el mismo año 98 de la furia reeleccionista latinoamericana, la aprobación del mandato duplicado, pero en vano: el referéndum del 30 de agosto vetó con más del 60% de los votos, el plan de lo que sus críticos llamaron "la dictadura civil".

Hay un país de excepción en la región, y la excepción viene funcionando como lubricada e infalible máquina política desde hace 70 años, al reforzar la consigna de la Revolución de 1910 ("Sufragio efectivo, no reelección") con la hegemonía del PRI, todavía no afectada a pesar de la irrupción de Cárdenas en 1988, así como de los avances de su partido, el Partido de la Revolución Democrática, y del Partido de Acción Nacional en las elecciones regionales. A cambio de la no reelección, ni inmediata ni con intermedios en el drama, México se acogió al período sexenal, el mismo que Menem redujo a cuatro años cuando impulsó la reelección inmediata.

En los tiempos en que se discutía la democrática Constitución de 1961, oí decir que Jóvito Villalba era partidario de incluir la reelección inmediata, aunque con reducción del período a cuatro años, como en Estados Unidos, país donde el reloj ha funcionado tan perfectamente como el de la no reelección mexicana con sus turnos sexenales, aunque debe advertirse que después de Roosevelt, electo tres veces, la reelegibilidad se redujo a un solo período (1951).

Lo que en principio aducía Villalba era la reducción del lapso y la reelección inmediata facilitaban para la segunda oportunidad una especie de referéndum sobre el primer mandato. Y no sé si alertaba acerca de los retornos presidenciales 10 ó 20 años después, punto que intentaré tratar en algún próximo artículo, a propósito de dos casos ejemplarizantes: CAP y Caldera.

Fotografía: Jóvito Villalba con el periodista Ciro Medina (Bohemia, Caracas, nr. 672 del 9 al 15/02/76)