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sábado, 25 de enero de 2020

ALGO MÁS QUE LIDERAZGO

Evangelio Dominical: Pescadores de hombres
José Martínez de Toda, S.J.

Reflexión dialogada del P. José Martínez de Toda, S.J. (Venezuela) sobre el Evangelio que se proclama el III Domingo del Tiempo Ordinario A, que corresponde al domingo 26 de enero. La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 4, 12-23.

"Les haré pescadores de hombres"

¿Eres líder?


Al cabo de un rato el párroco cogió unas tenazas y sacó una brasa brillante del fuego. Y la colocó sobre el suelo. La brasa comenzó a apagarse poco a poco y a convertirse en cenizas, mientras las otras brasas ardían y brillaban, y sus llamas bailaban alegres.

El párroco permanecía en silencio. Al cabo de un rato, el feligrés dijo:

- "El próximo domingo estaré en la iglesia".>

Hoy Jesús elige a pescadores, futuros líderes, que puedan mantener esas brasas juntas, que somos nosotros, en las celebraciones eucarísticas, para no morir llenos de ceniza. Así podremos estar siempre brillantes y vivos.

¿Dónde eligió Jesús a los pescadores?

Jesús, después de ser bautizado por Juan el Bautista, comienza su carrera, su ministerio. Desde las orillas del Jordán, sube al norte en tres o cuatro jornadas a pie. Va a Galilea, donde manda el mismo Herodes Antipas que arrestó a Juan; por lo que debe andar con cuidado. En Galilea está Nazaret, donde Jesús pasó toda su juventud y adolescencia. Isaías había profetizado grandes cosas para Galilea unos 700 años antes de Jesús.

¿Qué dice Isaías?

La llama "Galilea de los gentiles". Y anuncia que les llegará una gran luz. Esa luz es Jesús, que ahora va a Galilea a comenzar su misión.

Galilea es pequeña, pero densa en población; tiene mucha gente que puede escuchar el mensaje de Jesús. Muchos de sus residentes son gentiles, y está rodeada de ellos.

Por Galilea pasan importantes rutas de comercio, y ha sido invadida a menudo. Los galileos, por lo tanto, tienen más trato con los gentiles y están más dispuestos a recibir nuevas ideas que los judíos de Jerusalén.

La pesca en Galilea junto al lago Tiberíades era propia de los sectores más bajos.

Jesús se instala en Cafarnaún, la ciudad más importante de Galilea.

¿Y qué hace Jesús en Cafarnaún?

Predicar. Repetía: "Arrepiéntanse. Cambien sus vidas. El Reino de Dios está muy cerca". Se pueden ver como tres etapas en su mensaje:

1. Arrepentirse de los pecados

2. Conversión o cambio de mentalidad, es decir, dar vuelta y mirar en una nueva dirección. Pero no es sólo cambiar de costumbres, dejar a un lado las esclavitudes de la carne, la seducción del mundo y las tentaciones del demonio.

3 La conversión en positivo es encontrar el motor del cambio, y este motor sólo es Cristo. La conversión, que pide Jesús es seguir sus pasos: "Vengan y síganme".

¿A quiénes llama Jesús?

A gente común y corriente, gente ordinaria y trabajadora sin ninguna preparación especial. Cristo no necesita nuestra habilidad, sino nuestra disponibilidad, como María.

Jesús llama a dos hermanos, 'Pedro y Andrés'. Andrés había escuchado a Juan el Bautista decir que Jesús era el Cordero de Dios, y se fue tras Él, pasó la tarde con Él, y lleno de entusiasmo había ido a buscar a su hermano Simón Pedro para contarle su hallazgo. Y ellos seguían en contacto con ÉL. Y un día les llegó la llamada definitiva: "Vengan y síganme". Lo mismo pasó con Santiago y Juan, otros dos hermanos pescadores.

Esta llamada de Jesús es rara en la cultura de entonces. Los rabinos no suelen buscar estudiantes. Más bien, los estudiantes buscan a los rabinos para estudiar con ellos. Jesús, como siempre hace Dios, ¡toma la iniciativa!, nos busca, nos habla, se comunica con nosotros. Ser discípulo es dejarse encontrar, es dejarse hacer, no es conquistar sino ser conquistado, es dejar los ídolos para seguir a Jesús.

¿Y cómo aprenden de Jesús?

Pero después Jesús hace como los rabinos de su tiempo. El discípulo rabínico tenía contacto diario con el maestro; así se formaba su carácter y aprendía la ley tanto por el ejemplo del rabino como por sus enseñanzas doctrinales.

Eso sí es ser discípulo de alguien. No simplemente sentarse a escuchar la clase.


-"Enrique me dice que es uno de tus estudiantes". Y el otro le contestó:

- "Enrique está en mis clases, es verdad, pero no es uno de mis estudiantes".>

Jesús les ofrece a estos hombres la oportunidad de observarle de cerca a diario.

Escucharán sus comentarios sobre todo lo que ocurría a su alrededor. Porque Jesús no se callaba. Aprovechaba cualquier oportunidad para plantear su posición.

¿Y qué quiere Jesús que hagan sus discípulos?

Los llama no simplemente para salvarse a sí mismos, sino para salvar a los demás, para transformar el mundo y convertirlo en el reino de Dios. Nos llama a ser pescadores en el mar de la vida. En el anzuelo ponemos la carnada, que es la buena noticia del amor de Dios y su reino. Y Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca.

Podemos entreverlo en las vidas de los santos que han sabido acoger la llegada del Reino. Vemos su fuerza callada y sentimos su toque amable. Al decirnos que el reino se acerca, Jesús nos dice que, si queremos, podemos vivir en este reino. Solamente tenemos que arrepentirnos – alejarnos de los ídolos que abundan en nuestras vidas – y dejar a Dios reinar.

¿Cómo responden los que llamó Jesús?

"Y ellos, dejando inmediatamente, las redes, el barco y a su padre, le siguieron". No era mucho, pero era TODO lo que tenían:

- Las redes y el bote representan su bienestar – la manera de ganarse la vida.

-Su padre representa la conexión con su familia, con sus responsabilidades, pero también con su seguridad. Si estos pescadores estuvieran enfermos o sin empleo, sus familias les ayudarían a recuperarse.

Fuente:
https://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-pescadores-hombres-2
Ilustración: Gordon Jameson,

sábado, 21 de enero de 2017

PRÉDICA Y TRABAJO

Evangelio Dominical: Pescadores
Padre José Martínez de TodaComentario al Evangelio que se proclama en el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al Domingo 22 enero 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 4, 12-23

"Les haré pescadores de hombres"

¿Eres líder?
Al cabo de un rato el párroco cogió unas tenazas y sacó una brasa brillante del fuego. Y la colocó sobre el suelo. La brasa comenzó a apagarse poco a poco y a convertirse en cenizas, mientras las otras brasas ardían y brillaban, y sus llamas bailaban alegres.
El párroco permanecía en silencio. Al cabo de un rato, el feligrés dijo:
- "El próximo domingo estaré en la iglesia".
Hoy Jesús elige a pescadores, futuros líderes, que puedan mantener esas brasas juntas, que somos nosotros, en las celebraciones eucarísticas, para no morir llenos de ceniza. Así podremos estar siempre brillantes y vivos.

¿Dónde eligió Jesús a los pescadores?
Jesús, después de ser bautizado por Juan el Bautista, comienza su carrera, su ministerio. Desde las orillas del Jordán, sube al norte en tres o cuatro jornadas a pie. Va a Galilea, donde manda el mismo Herodes Antipas que arrestó a Juan; por lo que debe andar con cuidado. En Galilea está Nazaret, donde Jesús pasó toda su juventud y adolescencia. Isaías había profetizado grandes cosas para Galilea unos 700 años antes de Jesús.

¿Qué dice Isaías?
La llama "Galilea de los gentiles". Y anuncia que les llegará una gran luz. Esa luz es Jesús, que ahora va a Galilea a comenzar su misión.
Galilea es pequeña, pero densa en población; tiene mucha gente que puede escuchar el mensaje de Jesús. Muchos de sus residentes son gentiles, y está rodeada de ellos.
Por Galilea pasan importantes rutas de comercio, y ha sido invadida a menudo. Los galileos, por lo tanto, tienen más trato con los gentiles y están más dispuestos a recibir nuevas ideas que los judíos de Jerusalén.
La pesca en Galilea junto al lago Tiberíades era propia de los sectores más bajos.
Jesús se instala en Cafarnaún, la ciudad más importante de Galilea.

¿Y qué hace Jesús en Cafarnaún?
Predicar. Repetía: "Arrepiéntanse. Cambien sus vidas. El Reino de Dios está muy cerca". Se pueden ver como tres etapas en su mensaje: 1. Arrepentirse de los pecados
2. Conversión o cambio de mentalidad, es decir, dar vuelta y mirar en una nueva dirección. Pero no es sólo cambiar de costumbres, dejar a un lado las esclavitudes de la carne, la seducción del mundo y las tentaciones del demonio.
3 La conversión en positivo es encontrar el motor del cambio, y este motor sólo es Cristo. La conversión, que pide Jesús es seguir sus pasos: "Vengan y síganme".

¿A quiénes llama Jesús?
A gente común y corriente, gente ordinaria y trabajadora sin ninguna preparación especial. Cristo no necesita nuestra habilidad, sino nuestra disponibilidad, como María.
Jesús llama a dos hermanos, 'Pedro y Andrés'. Andrés había escuchado a Juan el Bautista decir que Jesús era el Cordero de Dios, y se fue tras Él, pasó la tarde con Él, y lleno de entusiasmo había ido a buscar a su hermano Simón Pedro para contarle su hallazgo. Y ellos seguían en contacto con ÉL. Y un día les llegó la llamada definitiva: "Vengan y síganme". Lo mismo pasó con Santiago y Juan, otros dos hermanos pescadores.
Esta llamada de Jesús es rara en la cultura de entonces. Los rabinos no suelen buscar estudiantes. Más bien, los estudiantes buscan a los rabinos para estudiar con ellos. Jesús, como siempre hace Dios, ¡toma la iniciativa!, nos busca, nos habla, se comunica con nosotros. Ser discípulo es dejarse encontrar, es dejarse hacer, no es conquistar sino ser conquistado, es dejar los ídolos para seguir a Jesús.

¿Y cómo aprenden de Jesús?
Pero después Jesús hace como los rabinos de su tiempo. El discípulo rabínico tenía contacto diario con el maestro; así se formaba su carácter y aprendía la ley tanto por el ejemplo del rabino como por sus enseñanzas doctrinales.
Eso sí es ser discípulo de alguien. No simplemente sentarse a escuchar la clase.
-"Enrique me dice que es uno de tus estudiantes". Y el otro le contestó:
- "Enrique está en mis clases, es verdad, pero no es uno de mis estudiantes".>
Jesús les ofrece a estos hombres la oportunidad de observarle de cerca a diario.
Escucharán sus comentarios sobre todo lo que ocurría a su alrededor. Porque Jesús no se callaba. Aprovechaba cualquier oportunidad para plantear su posición.

¿Y qué quiere Jesús que hagan sus discípulos?
Los llama no simplemente para salvarse a sí mismos, sino para salvar a los demás, para transformar el mundo y convertirlo en el reino de Dios. Nos llama a ser pescadores en el mar de la vida. En el anzuelo ponemos la carnada, que es la buena noticia del amor de Dios y su reino. Y Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca.
Podemos entreverlo en las vidas de los santos que han sabido acoger la llegada del Reino. Vemos su fuerza callada y sentimos su toque amable. Al decirnos que el reino se acerca, Jesús nos dice que, si queremos, podemos vivir en este reino. Solamente tenemos que arrepentirnos – alejarnos de los ídolos que abundan en nuestras vidas – y dejar a Dios reinar.

¿Cómo responden los que llamó Jesús?
"Y ellos, dejando inmediatamente, las redes, el barco y a su padre, le siguieron". No era mucho, pero era TODO lo que tenían:
- Las redes y el bote representan su bienestar – la manera de ganarse la vida.
-Su padre representa la conexión con su familia, con sus responsabilidades, pero también con su seguridad. Si estos pescadores estuvieran enfermos o sin empleo, sus familias les ayudarían a recuperarse.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-pescadores

Cfr.
Marcos Rodríguez: http://feadulta.com/anterior/Ev-mt-04-12-23.htmhttp://feadulta.com/anterior/Ev-MR_A_3_.htm
Pedro Olalde y Patxi Loidi: http://feadulta.com/anterior/Evang-09-3-DO-08.htm
Ilustración:Sigurbjörn Jónsson.

DISCÍPULOS EN MEDIO DEL OLEAJE

NOTITARDE, Valencia, 22 de enero de 2017
 “Caminando con Cristo”
El seguimiento de Cristo (Mt. 4, 12-23)
Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo ubica a Jesús en Galilea, lugar donde el inició su vida pública y comenzó a predicar la Buena Noticia del Reino de Dios. Jesús pide conversión al Reino; es decir, dar el paso hacia Dios Padre, quitar del corazón los sentimientos, pensamientos, esquemas, paradigmas, las convicciones personales que contradicen los valores que nos presenta el Evangelio predicado y hecho vida en la persona de Nuestro Señor, Jesucristo.  También, el mismo relato de hoy, nos presenta a Jesús llamando a algunos de sus discípulos. Se da la vocación (el llamado) de los primeros apóstoles al seguimiento radical del Divino Maestro. Jesús se presenta como aquel en quien se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento (Is.9,1-4), así es presentado hoy por el evangelio de Mateo y por eso es digno de seguir y su palabra convence. 

La conversión, que es la transformación que nos pide Cristo en el evangelio, es una tarea que dura toda la vida; por tanto, es una tarea inacabada, ya que una y otra vez tenemos que revisar nuestros sentimientos y acciones, nuestros deseos y proyectos, nuestros pensamientos y palabras, nuestras “verdades” y teorías, para confrontarlas con aquello que nos pide Dios, con su Palabra que es Palabra de vida eterna, con su mensaje; aunque exigente, pero que amplía nuestro horizonte de comprensión.

Como lo hizo con Pedro, Andrés, Santiago y Juan; Cristo no sólo sigue llamando hoy  a hombres para que sean sacerdotes, sino que llama a niños, jóvenes, adultos y ancianos para que vivan como sus discípulos en medio del mundo, de la vida familiar y laboral, del entorno académico, político, económico, deportivo…, para que allí realicen sus vidas desde el mensaje del evangelio y dando testimonio de Jesús en cualquier parte o en cualquier circunstancia.

IDA Y RETORNO: Sigamos orando por Venezuela y no nos dejemos robar la esperanza.

Fuente:
http://www.notitarde.com/el-seguimiento-de-cristo-mt-4-12-23/columnistas-del-dia/2017/01/22/1045611/
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.notitarde.com/la-gran-luz-/columnistas-del-dia/2017/01/20/1045471/
Ilustración: Paul Wadsworth.

domingo, 26 de enero de 2014

RENACER

NOTITARDE, Valencia, 26 de enero de 2014
“El seguimiento de Cristo” (Mt.4,12-23)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El Evangelio de este domingo ubica a Jesús en Galilea, lugar donde él inició su vida pública y comenzó a predicar la Buena Noticia del Reino de Dios. Jesús pide conversión al Reino; es decir, dar el paso hacia Dios Padre, quitar del corazón los sentimientos, pensamientos, esquemas, paradigmas, las convicciones personales que contradicen los valores que nos presenta el Evangelio predicado y hecho vida en la persona de Nuestro Señor, Jesucristo. También, el mismo relato de hoy, nos presenta a Jesús llamando a algunos de sus discípulos. Se da la vocación (el llamado) de los primeros apóstoles al seguimiento radical del Divino Maestro. Jesús se presenta como aquél en quien se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento (Is.9,1-4), así es presentado hoy por el Evangelio de Mateo y por eso es digno de seguir y su palabra convence.
La conversión, que es la transformación que nos pide Cristo en el Evangelio, es una tarea que dura toda la vida; por tanto, es una tarea inacabada, ya que una y otra vez tenemos que revisar nuestros sentimientos y acciones, nuestros deseos y proyectos, nuestros pensamientos y palabras, nuestras “verdades” y teorías, para confrontarlas con aquello que nos pide Dios, con su Palabra que es Palabra de vida eterna, con su mensaje; aunque exigente, pero que amplía nuestro horizonte de comprensión.
Como lo hizo con Pedro, Andrés, Santiago y Juan; Cristo no solo sigue llamando hoy a hombres para que sean sacerdotes, sino que llama a niños, jóvenes, adultos y ancianos para que vivan como sus discípulos en medio del mundo, de la vida familiar y laboral, del entorno académico, político, económico, deportivo…, para que allí realicen sus vidas desde el mensaje del Evangelio y dando testimonio de Jesús en cualquier parte o en cualquier circunstancia. Nosotros, como aquellos primeros hombres, hemos sido llamados, vocacionados a la fe en Cristo como verdadero Dios y verdadero Hombre; hemos sido elegidos no solo para estar con Él, sino para vivir según Él y así contribuir a que otros hombres y mujeres encuentren el camino de la felicidad auténtica que consiste en la unión profunda de Dios con el ser humano. Estamos invitados por nuestra vocación cristiana a lograr que otros se encuentren con Cristo, a “ser pescadores de hombres”; es decir, que otros abracen la fe y comiencen también a ser y vivir como discípulos del Único y Verdadero Maestro, Señor y Salvador que es Jesucristo.
En nuestro país la mayoría de los venezolanos se confiesan cristianos católicos, muchos de nuestros dirigentes hacen lo mismo, pero ¿cuántos de éstos viven y cumplen las exigencias del Evangelio? ¿Cuántos de ellos practican su fe como opción fundamental de vida? ¿Cuántos dejan guiar su vida por los mandamientos de Dios? La respuesta la tenemos cada uno de nosotros, porque a cada uno nos llamó el Señor, cada uno de nosotros somos bautizados y nos declaramos seguidores y discípulos de Cristo. ¿Qué sería de este mundo si todos los que nos llamamos cristianos viviéramos como nos pide Nuestro Señor?
En fin, lo que tiene que vivir un cristiano es aquello que nos enseñó Jesús en su vida, vivir en sintonía con Dios Padre, cambiar nuestra conducta y amoldarla a lo que el Señor nos pide, pero sobre todo viviendo en el amor a Dios y a los hermanos; ésta es la esencia del cristianismo, solo en el amor, por amor y con el amor en nuestras vidas es que podemos transformar nuestra propia existencia, nuestro entorno y contribuir a la vida del mundo. Solo a través del amor se puede vivir el seguimiento de Cristo, porque su vida pública no fue otra cosa que la predicación y la vivencia radical, hasta el extremo de este amor. “Nos amó hasta el extremo”, como dice la liturgia dominical, así debe ser vivido nuestro discipulado y seguimiento de Cristo. El amor es y debe ser el fundamento de toda ética y/o moral.
IDA Y RETORNO: El próximo sábado 1 de febrero, nuestra Arquidiócesis estará de júbilo por la ordenación sacerdotal de dos diáconos: Rafael Paredes de la parroquia Candelaria y Franklin Ramírez de la parroquia Inmaculada Concepción de Montalbán. La ordenación será en la Catedral de Valencia a las 10:00 a.m. presidida y realizada por nuestro arzobispo Mons. Reinaldo Del Prette. Oremos desde ya por éstos dos nuevos sacerdotes y para que Jesús nos siga regalando vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales que sigan haciendo posible la predicación de la Buena Noticia del Reino de Dios. Cuando una Diócesis, parroquia o comunidad de fe tiene vocaciones o genera vocaciones, significa que es una comunidad madura que realmente está a la escucha de lo que le pide Cristo, el Maestro y Señor. Jesús, danos sacerdotes santos, según tu corazón de Buen Pastor.
Bienvenido sea el Padre Alfredo Fermín que acaba de regresar de Roma después de haber culminado su doctorado en teología bíblica y que vendrá a trabajar en la formación sacerdotal.

Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/una-luz-resplandecio#
Ilustración: Samia Havia.

HEREDAD

DOMINGO 3 DEL TIEMPO ORDINARIO /A
Mt 4,12-23
Algo nuevo y bueno. La primera palabra de Jesús. Puntos claves
José Antonio Pagola

ALGO NUEVO Y BUENO
El primer escritor que recogió la actuación y el mensaje de Jesús lo resumió todo diciendo que Jesús proclamaba la “Buena Noticia de Dios”. Más tarde, los demás evangelistas emplean el mismo término griego (euanggelion) y expresan la misma convicción: en el Dios anunciado por Jesús las gentes encontraban algo “nuevo” y “bueno”.
¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?
En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mi me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta
confianza. Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús.
Convertíos
LA PRIMERA PALABRA DE JESÚS
El evangelista Mateo cuida mucho el escenario en el que va a hacer Jesús su aparición pública.
Se apaga la voz del Bautista y se empieza a escuchar la voz nueva de Jesús. Desaparece el paisaje seco y sombrío del desierto y ocupa el centro el verdor y la belleza de Galilea. Jesús abandona Nazaret y se desplaza a Cafarnaún a la ribera del lago. Todo sugiere la aparición de una vida nueva.
Mateo recuerda que estamos en la «Galilea de los gentiles». Ya sabe que Jesús ha predicado en las sinagogas judías de aquellas aldeas y no se ha movido entre paganos. Pero Galilea es cruce de caminos, Cafarnaún una ciudad abierta al mar. Desde aquí llegará la salvación a todos los pueblos.
De momento, la situación es trágica. Inspirándose en un texto del profeta Isaías, Mateo ve que «el pueblo habita en tinieblas». Sobre la tierra «hay sombras de muerte». Reina el caos, la injusticia y el mal. La vida no puede crecer. Las cosas no son como las quiere Dios. Aquí no reina el Padre.
Sin embargo, en medio de las tinieblas, el pueblo va a empezar a ver «una luz grande». Entre las sombras de muerte, «empieza a brillar una luz». Eso es siempre Jesús: una luz grande que brilla en el mundo.
Según Mateo, Jesús comenzó su predicación con esta palabra: «Convertíos». Esta es su primera palabra. Es la hora de la conversión. Hay que abrirse al reino de Dios. No quedarse «sentados en las tinieblas», sino «caminar en la luz».
Dentro de la Iglesia hay una «gran luz». Es Jesús. En él se nos revela Dios. No lo hemos de ocultar con nuestro protagonismo. No lo hemos de suplantar con nada. No lo hemos de convertir en doctrina teórica, en teología fría o en palabra aburrida. Si la luz de Jesús se apaga, los cristianos nos convertiremos en lo que tanto temía Jesús: «unos ciegos tratando de guiar a otros ciegos».
Por eso, también hoy ésa es la primera palabra que tenemos que escuchar de Jesús en la Iglesia: «Convertíos». Recuperad vuestra identidad cristiana. Volved a vuestras raíces.
Ayudad a la Iglesia a pasar a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús.
Vivid con nueva conciencia de seguidores.
Poneos al servicio del reino de Dios.
Pedid para la Iglesia un «corazón nuevo».
PUNTOS CLAVE
Es fácil resumir el mensaje de Jesús: Dios no es un ser indiferente y lejano, que se mueve en su mundo desconocido, interesado sólo por su honor y sus derechos. Es alguien que busca para todos lo mejor. Su fuerza salvadora está actuando en lo más hondo de la vida. Sólo quiere la colaboración de sus criaturas para conducir el mundo a su plenitud: «El reino de Dios está cerca. Cambiad».
Pero, ¿qué es colaborar en el proyecto de Dios?, ¿en qué hay que cambiar? La llamada de Jesús no se dirige sólo a los «pecadores» para que abandonen su conducta y se parezcan un poco más a los que ya observan la Ley de Dios. No es lo que le preocupa. Jesús se dirige a todos, pues todos tenemos que aprender a mirar la vida y a actuar de manera diferente. Su objetivo no es que en Israel se viva una religión más fiel a Dios, sino que sus seguidores introduzcamos en el mundo una nueva dinámica: la que responde al proyecto de Dios. Señalaré los puntos clave.
Primero. La compasión ha de ser siempre el principio de actuación. Hay que introducir en el mundo compasión hacia los que sufren: «Sed compasivos como es vuestro Padre». Sobran las grandes palabras que hablan de justicia, igualdad o democracia. Sin compasión hacia los últimos no son nada. Sin ayuda práctica a los desgraciados de la tierra no hay progreso humano.
Segundo. La dignidad de los últimos ha de ser la primera meta. «Los últimos serán los primeros». Hay que imprimir a la historia una nueva dirección. Hay que poner a la cultura, a la economía, a las democracias y a las iglesias mirando hacia los que no pueden vivir de manera digna.
Tercero. Hay que impulsar un proceso de curación que libere a la humanidad de todo lo que la destruye y degrada. «Id y curad». Jesús no encontró un lenguaje mejor. Lo decisivo es curar, aliviar el sufrimiento, sanear la vida, construir una convivencia orientada hacia el máximo de felicidad para todos.
Esta es la herencia de Jesús. Nunca en ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios, si no es liberando a los últimos de su humillación y sufrimiento. Nunca será bendecida por Dios ninguna religión si no busca justicia para ellos.

http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Cfr. José Martínez de Toda (SJ):  http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-dominical-pescadores-hombres
Ilustración: Luis Felipe Noé, "Retrospectiva con final sinfónico".

lunes, 24 de enero de 2011

indisoluble: conversión y anuncio


San Mateo, 4: 12-23

En la homilía del Padre Alvaro Lacasta (SJ) del 27 de Enero de 2008, apuntamos: Mateo orienta a los judíos que son nuevos cristianos. Ha arrancado la insólita vida pública de Jesús. Nazaret es un lugar tranquilo, de vida sencilla, mientras Cafarnaúm es una ciudad moderna, núcleo de la civilización. Jesús se ha metido en el corazón de la ciudad, por decirlo así, en grandes problemas. A veces siente nostalgia del pasado, pues Nazaret es tranquilo, pero ha de enfrentar los problemas gracias al Espíritu Santo.

Encuentra a pescadores que los hará pescadores de hombres. Dejarán todo y ganareán 101% en la vida. No en lo material, sino en el orden de la Gracia. Dios está aquí.

El coraje, la valentía, viene de Dios. Toma en serio a los pescadores de hombres. El Padre Lacasta recuerda a los misioneros. Particularmente los de la distante Filipinas. Cantan a Jesús. Conversión y anuncio: bo se entiende la conversión, sin que seamos anunciadores.


Ilustración, Christian Jequel: http://api.ning.com/files/NGAXkIICICtwTmqXgEqUsUuvKuunonSWZI0aq5TF1CIbZeJP4Gfs4hpKZfdFmQkS9nvJeywXjtSxiF-wG9Yfyq3f-9BW9WV9/ChristianJequel1.jpg

pescadores del reino


San Mateo: 4, 12 - 23

En su homilía de hoy, el Padre Wilfredo González (SJ) apuntó que la conversión es necesaria para construir el Reino de Dios. Los pescadores dejaron su vida rutinaria para experimentar otra de una enorme intensidad. Hay una ruptura: jamás volverían a ser lo mismo. El cristiano rompe con la rutina, no dice que el centro es Jesús, sino el Reino de Dios, de los excluidos, de los pata-en-el-suelo. Predica el culto a la vida y no el pánico de la muerte.

La lectura de Isaías (8: 23-9,3) apunta a nuestra propia oscuridad y su reconocimiento para hallar la luz, pues no dependemos de la presencia vasalladora y tremenda de Dios, sino de una búsqueda y un encuentro que no se decreta. San Pablo (1Co,10-13, 17), llama a la concordia, unidad, cordialidad y fraternidad que no prescribe: todos somos muy distintos, pero es posible cumplir con ese llamado al unir el hacer, sentir y pensar.

llamado


NOTITARDE, Valencia, 23 de Enero de 2011
Jesús predica en Galilea (Mt. 4,12-23)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes


El evangelio de este domingo nos presenta dos partes. En la primera se narra la presencia de Jesús en Galilea, predicando la conversión del corazón a Dios y anunciando la llegada de su reino. Jesús va a la región donde estaba la frontera de los países gentiles (al norte de la Palestina que hace frontera con los pueblos paganos), a aquellos que también eran considerados por Él como dignos de aceptar la buena noticia del reino de Dios y como beneficiarios de la llegada del Mesías que viene especialmente para los que están enfermos, los pobres, los excluidos, los pecadores y marginados de aquella sociedad judía. Jesús se mezcla entre aquellos gentiles y les pide la conversión; es decir, un cambio radical de vida, ya que Dios no aplaude el pecado, pero rescata al pecador y por eso le da la posibilidad de arrepentirse y volver sus pasos hacia Dios que ofrece felicidad, paz, amor y vida eterna. Aspectos que comenzarán a percibir cercanos, palpables y creíbles en la persona de Jesús, el Hijo de Dios que revela la presencia del Padre.

Que con su manera de pensar, sentir y actuar se manifiesta diferente, con credibilidad en comparación con los dirigentes religiosos de su tiempo. La segunda parte del evangelio, nos presenta a Jesús, caminando a la orilla del lago de Galilea y llamando a algunos hombres que va a vincular a su misión, los va a adoctrinar y con ellos comenzará a formar y colocará los fundamentos de la Iglesia; de hecho a Pedro lo colocará al frente de este grupo que recibirán el nombre de Apóstoles; es decir, aquellos que son enviados a anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, que compartirán la misión del Mesías, del Hijo de Dios encarnado que vino al mundo para salvar y liberar al ser humano y manifestarle cuanto lo ama Dios. En esta ocasión el evangelio nos dice que Jesús llamó a dos parejas de hermanos, los llamó por su nombre y les manifestó que los iba a ser pescadores de hombres; es decir, a contribuir a la salvación de la humanidad. Ellos, impactados por la presencia de aquel Jesús, lo dejaron todo (incluyendo familia, trabajo, tierra…) y lo siguieron. Así quedarían asombrados por aquel llamado, por esa forma de hablar y de actuar que fueron capaces de posponer otras cosas con tal de seguirlo y así lo harán hasta el final.

Como vemos, Jesús incorpora a su misión a hombres de carne y hueso, hombres sencillos, pescadores, de pueblo, débiles, con un estilo de vida; así nace la Iglesia o la comunidad de creyentes en Cristo; lo cual nos demuestra desde el inicio que la Iglesia de Cristo es santa y pecadora a la vez: Santa por su fundador, por el Hijo de Dios que la convoca, que la llama a constituirse, pecadora por los seres humanos que la componen, que tienen virtudes y defectos. Así fue desde el inicio y sigue siendo hasta ahora; pero la Iglesia mantiene la misión encomendada desde su origen, aquella que el Divino Maestro le delegó.

El cristiano es también un llamado por Dios a ser parte de su Iglesia, por medio del bautismo ha sido incorporado no sólo a la vida en Dios, la vida en la Trinidad, sino que entra a formar parte de un pueblo de creyentes, de una comunidad que tiene la misión de anunciar el evangelio y donde tiene la oportunidad de crecer en la fe, la esperanza y el amor por medio de los sacramentos que lo sostienen y fortalecen para la tarea que debe cumplir en medio de la sociedad. En nuestro mundo de hoy necesitamos cristianos valientes, sacerdotes y religiosas (llamados por Dios) que hagan operativa la petición de Jesús y su estilo de vida: "Conviértanse porque esta cerca el Reino de Dios". Hoy muchos hombres y mujeres viven de espaldas a Dios, encerrados en el hombre viejo caracterizado por la soberbia, el egoísmo, el orgullo, la avaricia, la lujuria y el poder con el cual explotan al prójimo. Esto se opone al hombre nuevo que viene a predicar Jesús, el hombre que se deja alcanzar por la gracia de Dios, por el amor y se convierte en hombre para los demás. Por esto, la conversión es una tarea inacabada, que dura toda la vida, ya que cristianos, sacerdotes o religiosas estamos tentados a volver al hombre viejo, a confundirnos en una sociedad que predica al hombre viejo. Tenemos ejemplos cercanos que nos atestiguan que si se puede contribuir a la renovación del mundo, de la sociedad y de la propia vida, que quien le abre el corazón a Dios se transforma desde adentro. Es la experiencia de los santos, de hombres como Juan Pablo II, vivamos así nuestro cristianismo.

Ida y retorno

En esta semana la Arquidiócesis de Valencia sufrió y sufre el sensible fallecimiento del Padre José Gregorio Yoris. Elevamos nuestra oración por él para que Dios lo tenga participando en su reino de amor, que consuele a su familia y feligreses y que haga germinar la semilla de la vocación en el corazón de muchos jóvenes de nuestra Iglesia valenciana, que los llame como a Pedro y demás apóstoles, que haga perseverar a los seminaristas en su deseo de ser santos, doctos y diligentes sacerdotes para el bien de su Pueblo. Señor, danos sacerdotes santos.


Ilustración: Shigeo Fukuda
NOTITARDE, Valencia, 23 de Enero de 2011
Jesús predica en Galilea (Mt. 4,12-23)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes


El evangelio de este domingo nos presenta dos partes. En la primera se narra la presencia de Jesús en Galilea, predicando la conversión del corazón a Dios y anunciando la llegada de su reino. Jesús va a la región donde estaba la frontera de los países gentiles (al norte de la Palestina que hace frontera con los pueblos paganos), a aquellos que también eran considerados por Él como dignos de aceptar la buena noticia del reino de Dios y como beneficiarios de la llegada del Mesías que viene especialmente para los que están enfermos, los pobres, los excluidos, los pecadores y marginados de aquella sociedad judía. Jesús se mezcla entre aquellos gentiles y les pide la conversión; es decir, un cambio radical de vida, ya que Dios no aplaude el pecado, pero rescata al pecador y por eso le da la posibilidad de arrepentirse y volver sus pasos hacia Dios que ofrece felicidad, paz, amor y vida eterna. Aspectos que comenzarán a percibir cercanos, palpables y creíbles en la persona de Jesús, el Hijo de Dios que revela la presencia del Padre.
Que con su manera de pensar, sentir y actuar se manifiesta diferente, con credibilidad en comparación con los dirigentes religiosos de su tiempo. La segunda parte del evangelio, nos presenta a Jesús, caminando a la orilla del lago de Galilea y llamando a algunos hombres que va a vincular a su misión, los va a adoctrinar y con ellos comenzará a formar y colocará los fundamentos de la Iglesia; de hecho a Pedro lo colocará al frente de este grupo que recibirán el nombre de Apóstoles; es decir, aquellos que son enviados a anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, que compartirán la misión del Mesías, del Hijo de Dios encarnado que vino al mundo para salvar y liberar al ser humano y manifestarle cuanto lo ama Dios. En esta ocasión el evangelio nos dice que Jesús llamó a dos parejas de hermanos, los llamó por su nombre y les manifestó que los iba a ser pescadores de hombres; es decir, a contribuir a la salvación de la humanidad. Ellos, impactados por la presencia de aquel Jesús, lo dejaron todo (incluyendo familia, trabajo, tierra…) y lo siguieron. Así quedarían asombrados por aquel llamado, por esa forma de hablar y de actuar que fueron capaces de posponer otras cosas con tal de seguirlo y así lo harán hasta el final.
Como vemos, Jesús incorpora a su misión a hombres de carne y hueso, hombres sencillos, pescadores, de pueblo, débiles, con un estilo de vida; así nace la Iglesia o la comunidad de creyentes en Cristo; lo cual nos demuestra desde el inicio que la Iglesia de Cristo es santa y pecadora a la vez: Santa por su fundador, por el Hijo de Dios que la convoca, que la llama a constituirse, pecadora por los seres humanos que la componen, que tienen virtudes y defectos. Así fue desde el inicio y sigue siendo hasta ahora; pero la Iglesia mantiene la misión encomendada desde su origen, aquella que el Divino Maestro le delegó.
El cristiano es también un llamado por Dios a ser parte de su Iglesia, por medio del bautismo ha sido incorporado no sólo a la vida en Dios, la vida en la Trinidad, sino que entra a formar parte de un pueblo de creyentes, de una comunidad que tiene la misión de anunciar el evangelio y donde tiene la oportunidad de crecer en la fe, la esperanza y el amor por medio de los sacramentos que lo sostienen y fortalecen para la tarea que debe cumplir en medio de la sociedad. En nuestro mundo de hoy necesitamos cristianos valientes, sacerdotes y religiosas (llamados por Dios) que hagan operativa la petición de Jesús y su estilo de vida: "Conviértanse porque esta cerca el Reino de Dios". Hoy muchos hombres y mujeres viven de espaldas a Dios, encerrados en el hombre viejo caracterizado por la soberbia, el egoísmo, el orgullo, la avaricia, la lujuria y el poder con el cual explotan al prójimo. Esto se opone al hombre nuevo que viene a predicar Jesús, el hombre que se deja alcanzar por la gracia de Dios, por el amor y se convierte en hombre para los demás. Por esto, la conversión es una tarea inacabada, que dura toda la vida, ya que cristianos, sacerdotes o religiosas estamos tentados a volver al hombre viejo, a confundirnos en una sociedad que predica al hombre viejo. Tenemos ejemplos cercanos que nos atestiguan que si se puede contribuir a la renovación del mundo, de la sociedad y de la propia vida, que quien le abre el corazón a Dios se transforma desde adentro. Es la experiencia de los santos, de hombres como Juan Pablo II, vivamos así nuestro cristianismo.

Ida y retorno

En esta semana la Arquidiócesis de Valencia sufrió y sufre el sensible fallecimiento del Padre José Gregorio Yoris. Elevamos nuestra oración por él para que Dios lo tenga participando en su reino de amor, que consuele a su familia y feligreses y que haga germinar la semilla de la vocación en el corazón de muchos jóvenes de nuestra Iglesia valenciana, que los llame como a Pedro y demás apóstoles, que haga perseverar a los seminaristas en su deseo de ser santos, doctos y diligentes sacerdotes para el bien de su Pueblo. Señor, danos sacerdotes santos.


Ilustración: Shigeo Fukuda