Invasores pobres, pero abusadores
Hermann Alvino
En 1923 el político italiano y liberal ejemplar Giovanni Amendola acuñó el
término "totalitarismo" para aplicarlo al fascismo de Mussolini; lo que no imaginó
Amendola es que dicha definición le iba a gustar tanto al dictador que éste la adoptaría
junto a su séquito de teóricos, que sobre la marcha iban inventando qué decir para
justificar las acciones del régimen (igual que muchos a lo largo de la historia moderna
dentro de la cual obviamente se incluye a Chávez y sus compinches). Para todos ellos el
totalitarismo se resume en la frase mussoliniana "todo dentro del Estado, nada fuera del
Estado".
Fue esta definición de totalitarismo la que también Hitler adoptaría de inmediato al
asumir el poder, y por supuesto la misma que desde 1918 los soviets estaban imponiendo
en Rusia; una definición pues que calzaba perfectamente a regímenes enemigos, e
ideológicamente disímiles, pero solo en apariencia, dadas las restricciones cívicas y
económicas con las que aplastaban a sus gobernados mediante una economía centralizada
y códigos únicos que lo abarcaban todo, desde lo moral (si cabe el término) hasta lo
estético, para eliminar a los disidentes (Amendola por cierto fue a morir fuera de Italia
al no poder recuperarse de la paliza que le propinó una banda fascista) y para ahogar a la
sociedad sometiéndola a sacrificios horribles mientras los jerarcas se enriquecían con lo
que iban esquilmando impunemente.
A esos sacrificios causados por esa locura ideológica por supuesto se le unió la II
Guerra Mundial, que en suelo europeo implicó un grado de destrucción física, humana
y espiritual nunca visto, con ejércitos nazifascistas que invadían el Este y triunfaban,
para luego ser derrotados por los soviéticos y retroceder, mientras ambas hordas armadas
violaban, saqueaban e incendiaban todo durante su turno de paso.
Con todo y los problemas económicos de Alemania, Polonia, o los países que luego
serían parte del mundo soviético, como Hungría y Checoeslovaquia, y a pesar de que el
nazifascismo lo chupaba todo para alimentar su absurda máquina de guerra, el nivel de
la población de esos países era inmensamente superior al de Rusia, Bielorusia, Ucrania,
o los países centroasiáticos con cuya población se constituía el ejercito rojo. Esos
soldados rojos, además, tenían dos décadas de adoctrinamiento sobre la pobreza, miseria
y decadencia occidental y capitalista, estando fanatizados con la idea de la superioridad
comunista, por lo que cuando avanzaban por media Europa, mientras se revertía la suerte
alemana y les iban devolviendo, diente por diente, cada tropelía con la misma crueldad
e intensidad, no comprendían por qué la granjas polacas que iban saqueando tenían
pollos y otros animales, o que sus propietarios tuviesen más de una muda de ropa, o que
la gente de las ciudades y pueblos tuviese bicicletas mientras transitaban por vías bien
acondicionadas con adoquines, ya que en su tierra nada de eso había. Se asombraban con
las pocetas de los baños, arrancaban los grifos de las paredes pensando que llevándolas a
sus casas tendrían agua corriente, no comprendían como todos los edificios y viviendas
pudiesen tener agua, gas, y electricidad, y su admiración llegó a límites tan preocupantes
para los comisarios políticos rusos que hubo que justificar ese desbalance de riqueza
con argumentos tan absurdos como que toda esa riqueza fue robada por Hitler al resto
de Europa para disfrute de los alemanes. Frente a esa grotesca diferencia de prosperidad entre aquella herencia liberal europea que ni siquiera el nazifascismo pudo agotar,
y la miseria comunista de sus países de origen, el ejército rojo se hizo una pregunta
fundamental: ¿Por qué toda esta gente quiso invadir a Rusia, que querían, si acá lo tenían
todo y nosotros nunca tuvimos nada?
Las hordas comunistas mostraron una particular "preferencia" por la mujeres (se estiman
dos millones de violaciones), el alcohol (se bebían todo lo que estaba a su alcance) y los
relojes, hasta el punto que los propagandistas de Stalin tuvieron que retocar la fotografía
de los soldados que plantaban bandera en el Reichtag, porque en cada uno de sus brazos
tenían relojes robados que resaltaban groseramente en la foto original (la imagen está en
la red, basta teclear el nombre de quien tomó la foto: Yevgeny Khaldei).
Todo lo cual nos lleva a preguntarnos ¿Qué diablos vio Chávez en Cuba, que en medio
siglo nunca tuvo nada mientras que en Venezuela había de todo?, y a imaginarnos la
cara de los miles de cubanos con los que Fidel ha invadido hace años a Venezuela
cuando vieron unas ciudades llenas mujeres bonitas, de vehículos modernos y centros
comerciales repletos de mercancía que nunca habrían imaginado su existencia, y las
carreras para enviarlos a la isla, no vaya a ser que se les terminase la "manguangua".
Y también nos lleva a preguntarnos sobre sus abusos en los barrios y en los cuarteles. Al
fin y al cabo son una fuerza invasora. Y Chávez su enfermo prisionero.
Fuente: http://vivalapolitica.wordpress.com/
Ilustración: Pieza de Pol Bury.
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jueves, 6 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
PRUDENCIA
¿Heroica deserción y cobarde lealtad?
Luis Barragán
Consternados, nos enteramos de algunas deserciones directas en las filas de la oposición. Abiertas y francas, en un heroico desafío a los compañeros de ruta de muchos años, quizá bajo la promesa de adscribirlos, encuentra la adecuada versión del régimen: cobardes los que se quedan, aún cuando jamás fueron beneficiarios de la cuarta república y sus excedentes.
Las decisiones individualmente adoptadas, procuran toda suerte de justificación, incluso, en el reconocimiento arrepentido o sobrevenido de la jefatura celestial de Chávez Frías. Empero, más frecuente, invocan las contradicciones jamás planteadas, o tímidamente formuladas, en el seno de la oposición.
Muchísimas veces, hemos sentido las diferencias, experimentado las contrariedades y lamentado las incomprensiones que surgen naturalmente en el liderazgo alternativo, pero también la necesidad de evitar un sismo artificial, una implosión interesada y, en definitiva, la ruptura de un acuerdo político básico e indispensable a los altos intereses del país. Por supuesto, al lado del reconocimiento de los triunfos y certezas, no debemos callar los fracasos y falsedades, aunque nos obliga un mínimo sentido de responsabilidad.
Sentido que se impone para intentar corregir los yerros de una oposición diversa y compleja que cuenta con sendas repúblicas autónomas, caprichosas y pendencieras, pero que nunca autorizan a prestar un servicio al régimen como aspira constantemente. Pocos días atrás, eso pasa, un connotado dirigente sindical zuliano se quejó con justicia que fuese prácticamente execrado de un acto de apoyo a Pablo Pérez, pero – que sepamos – no significó apostar por el triunfo de Arias Cárdenas, retratarse teñido de rojo: al contrario, ratificó su apoyo que es, en última instancia al ideario democrático, lo que fuerza al actual gobernador y sus más cercanos seguidores, a una reflexión y a una enmienda profundas.
No deseamos particularizar en torno al elenco de deslealtad que ahora atestiguamos, pero – por muchos que sean los problemas que hacen la procesión – la prudencia es mejor consejera. En lo particular, tenemos observaciones, críticas y disidencias que esgrimir en torno al partido en el que militamos y a la propia Mesa de la Unidad Democrática y, pacientes en la común tarea de ganarlas, esperaremos el momento más acuerdo luego de las elecciones regionales para actualizar sueños y propósitos: algo muy distinto a armar una alharaca que única y lógicamente encuentra cabida en los medios gubernamentales que la explotan hasta la saciedad, levantando sonoras y legítimas sospechas.
Y así como podemos hacer un llamado a la responsabilidad de los principales dirigentes de la oposición, igualmente debemos hacerlo respecto a los indicios de una descomposición moral urgida de atajar. Aceptamos y comprendemos que algunas individualidades regresen a los predios del oficialismo del que una vez fueron protagonistas, pero tal arrepentimiento es demasiado diferente respecto a quienes se formaron y combatieron siempre en las trincheras democráticas y – ahora – dicen descubrir a Chávez Frías y sus procónsules, como si hubiesen caminado hacia Damasco.
Ilustración: Pol Bury.
Luis Barragán
Consternados, nos enteramos de algunas deserciones directas en las filas de la oposición. Abiertas y francas, en un heroico desafío a los compañeros de ruta de muchos años, quizá bajo la promesa de adscribirlos, encuentra la adecuada versión del régimen: cobardes los que se quedan, aún cuando jamás fueron beneficiarios de la cuarta república y sus excedentes.
Las decisiones individualmente adoptadas, procuran toda suerte de justificación, incluso, en el reconocimiento arrepentido o sobrevenido de la jefatura celestial de Chávez Frías. Empero, más frecuente, invocan las contradicciones jamás planteadas, o tímidamente formuladas, en el seno de la oposición.
Muchísimas veces, hemos sentido las diferencias, experimentado las contrariedades y lamentado las incomprensiones que surgen naturalmente en el liderazgo alternativo, pero también la necesidad de evitar un sismo artificial, una implosión interesada y, en definitiva, la ruptura de un acuerdo político básico e indispensable a los altos intereses del país. Por supuesto, al lado del reconocimiento de los triunfos y certezas, no debemos callar los fracasos y falsedades, aunque nos obliga un mínimo sentido de responsabilidad.
Sentido que se impone para intentar corregir los yerros de una oposición diversa y compleja que cuenta con sendas repúblicas autónomas, caprichosas y pendencieras, pero que nunca autorizan a prestar un servicio al régimen como aspira constantemente. Pocos días atrás, eso pasa, un connotado dirigente sindical zuliano se quejó con justicia que fuese prácticamente execrado de un acto de apoyo a Pablo Pérez, pero – que sepamos – no significó apostar por el triunfo de Arias Cárdenas, retratarse teñido de rojo: al contrario, ratificó su apoyo que es, en última instancia al ideario democrático, lo que fuerza al actual gobernador y sus más cercanos seguidores, a una reflexión y a una enmienda profundas.
No deseamos particularizar en torno al elenco de deslealtad que ahora atestiguamos, pero – por muchos que sean los problemas que hacen la procesión – la prudencia es mejor consejera. En lo particular, tenemos observaciones, críticas y disidencias que esgrimir en torno al partido en el que militamos y a la propia Mesa de la Unidad Democrática y, pacientes en la común tarea de ganarlas, esperaremos el momento más acuerdo luego de las elecciones regionales para actualizar sueños y propósitos: algo muy distinto a armar una alharaca que única y lógicamente encuentra cabida en los medios gubernamentales que la explotan hasta la saciedad, levantando sonoras y legítimas sospechas.
Y así como podemos hacer un llamado a la responsabilidad de los principales dirigentes de la oposición, igualmente debemos hacerlo respecto a los indicios de una descomposición moral urgida de atajar. Aceptamos y comprendemos que algunas individualidades regresen a los predios del oficialismo del que una vez fueron protagonistas, pero tal arrepentimiento es demasiado diferente respecto a quienes se formaron y combatieron siempre en las trincheras democráticas y – ahora – dicen descubrir a Chávez Frías y sus procónsules, como si hubiesen caminado hacia Damasco.
Ilustración: Pol Bury.
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REVISIÓN
Indignación y esperanza
José Antonio Pagola
28.11.12
[Indignados] Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.
Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará "signos" de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.
Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los "acontecimientos cósmicos" que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.
El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos "Dios".
No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El "último día" no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: "Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación". Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.
Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.
Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. "Tened cuidado: que no se os embote la mente". No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. "Estad siempre despiertos". No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.
¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.
2 de diciembre de 2012
1 Adviento (C)
Lucas 21,25-28. 34-36
Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/buenas-noticias.php/2012/11/28/indignacion-y-esperanza
Fotografía: Pieza de Pol Bury.
José Antonio Pagola
28.11.12
[Indignados] Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.
Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará "signos" de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.
Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los "acontecimientos cósmicos" que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.
El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos "Dios".
No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El "último día" no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: "Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación". Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.
Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.
Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. "Tened cuidado: que no se os embote la mente". No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. "Estad siempre despiertos". No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.
¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.
2 de diciembre de 2012
1 Adviento (C)
Lucas 21,25-28. 34-36
Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/buenas-noticias.php/2012/11/28/indignacion-y-esperanza
Fotografía: Pieza de Pol Bury.
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