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sábado, 14 de abril de 2018

VISTA DEL PARLAMENTO

Antejuicio para un triste aniversario
Luis Barragán

La Fracción Parlamentaria del 16 de Julio (F-16J), responsable y oportunamente, planteó iniciar el debate habida cuenta de la consabida decisión del legítimo Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en la  pasada sesión de una Asamblea Nacional (AN) que no podía decirse ajena a un hecho notorio, público y comunicacional. Consignando copia de la decisión, con el aplomo y la prudencia que reclamaron las circunstancias, el diputado Juan Pablo García propuso la modificación del Orden del Día, pues, suele ocurrir, ni siquiera consultan con antelación el temario de la reunión.

Valga la digresión, siendo la del 16-J una bancada, agrupación, bloque o fracción legítima, práctica universal de todo parlamento democrático, expresa y confesamente ha sido excluida de la ahora llamada junta directiva ampliada de la AN,, como puede constatarse en el comunicado mediante el cual, por fin, se da por notificada por la máxima instancia judicial de la República. Es demasiada la arrogancia  de los partidos que incurrieron en el dislate del diálogo dominicano, por citar un caso, resistiéndose al esfuerzo desprendido, eficaz y compartido de oponerse al régimen, desarrollando – además – las encontradas agendas de sus corrientes internas.

Por lo pronto, lo más importante es preguntarse sobre la disposición de enjuiciar a Nicolás Maduro, cuya autorización es requerida, no faltaba más, por todo el país que sabe muy bien  de las herramientas constitucionales disponibles, como alguna vez la hubo con el revocatorio que tan injustamente malbarataron. Y, más aún, la de reconocer a cabalidad al TSJ que la AN, no otra instancia, nombró, pues, nadie ha de dudar sobre la integridad de los magistrados que cumplieron con todos los extremos legales para su nombramiento.

Existe el suficiente soporte jurídico para el procesamiento del abusivo ocupante de Miraflores, importando la deliberación abierta y  sincera para una decisión esperada por la ciudadanía tan deseosa de una transición que obliga a la profunda y corajuda comprensión del momento histórico. Ha de reivindicarse la AN, reivindicando las exigencias de una vasta mayoría de venezolanos, renunciando a las maniobras de dilación, a los escarceos de una resignación inaceptable, e – incluso – a las tentaciones con las que suele emboscar la dictadura a quienes creen todavía en un ridículo estatus nobiliario, porque la curul ganada en 2015 fue para la lucha tenaz por alcanzar las libertades públicas hoy conculcadas.

La oportunidad se ofrece en el mes aniversario de las protestas descaradamente reprimidas en todo el país, las que no cupieron en las autopistas por 2002 o 2017, en un mismo escenario que dio cuenta de las extraordinarias mayorías que jamás tradujo el organismo electoral, trampeando sus resultados. Por cierto, cercanas a la sede de la AN, todavía hay paredes de la ciudad capital que exhiben la cobarde amenaza de muerte cumplida de los grupos paramilitares, de febrero-marzo de 2017 que, al parecer, todavía intimidan a quienes están llamados a autorizar el enjuiciamiento del meritorísimo dictador.

Fotografías: LB, vista del Palacio Legislativo (Caracas, 11/04/2018). Alrededor de las 08:00 am.

16/04/2018:
http://www.ventevenezuela.org/2018/04/16/antejuicio-para-un-triste-aniversario-por-luis-barragan/
http://www.noticierodigital.com/2018/04/luis-barragan-antejuicio-triste-aniversario/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=98028

jueves, 17 de agosto de 2017

DE UNA FORZADA COHABITACIÓN



La casa tomada

Luis Barragán

Celebérrimo cuento de Julio Cortázar, el caserón fue poco a poco tomado por los fantasmas para el desconcierto y, luego, resignación de sus vivos ocupantes. Finalmente relegados a un reducido espacio, el lector mismo queda desconcertado.

Huérfano de todo talento para concebir y desarrollar una trama de suspenso, la dictadura ha asediado y atacado la sede de la Asamblea Nacional, optando ahora por una invasión calculada de sus espacios. Comienza por la toma del Salón Elíptico que está bajo su jurisdicción, toda una reminiscencia de la concepción guzmancista del inmueble, para – después -  ocupar el hemiciclo protocolar, donde aprietan las asentaderas los tales constituyentes, hacinándolo, ya que no les bastan teatros como el Municipal, el Nacional, el Teresa Carreño o el patio de  la Casa Amarilla.

El régimen se siente dueño del histórico Capitolio Federal y procede, en consecuencia. Hoy invade el protocolar, mañana lo hará con el hemiciclo de trabajo, la secretaría o cualesquiera otras dependencias, con la aceptación pasiva de los diputados que resultaron – apenas año y medio atrás – de una elecciones universales, directas y secretas.

A diferencia del cuento citado, la minoría oficialista trepa cada centímetro del Palacio Legislativo con el franco y abierto empleo de la fuerza, mediando los efectivos y las armas de fuego de la Guardia Nacional que, se supone, deben acatar la autoridad legislativa. Quizá evitando que el mundo los vea en tales afanes, a deshoras cumplen con la encomienda y, mientras tanto, van imponiendo una cohabitación inaceptable que – esta vez – desconcierta a la ciudadanía que mayoritariamente rechaza a la dictadura.

Por lo menos, en  1999, el otrora Congreso de la República hizo una mayor resistencia ante la – por entonces – Asamblea Nacional Constituyente que quiso impedir el paso de senadores y diputados a su natural lugar de trabajo, con la ayuda de un régimen que se estrenaba, pletórico de popularidad, y la violencia ejercida por los llamados Guerreros de  La Vega en el centro histórico caraqueño. A los parlamentarios del presente, no nos queda otro camino que el de resistirnos y, aunque ella no es la que concede nuestra legitimidad, pudiendo sesionar en otro sitio, pública o clandestinamente, importa dejar constancia de la defensa de la sede parlamentaria, constante y sonante.
14/08/2017:
Fotografía: LB (Asamblea Nacional, Caracas, 09/08/2017). 

jueves, 1 de diciembre de 2016

ESCALERAS DE LA VIEJA CIUDAD

Pedro Alfonso Fressel Galaviz, aportó la primera gráfica al grupo facebookeano Caracas en Retrospectiva I, con el siguiente comentario: "El 7, de diciembre de 1924, se llevo a cabo la inauguración de la escalinata en granito artificial para acceso al Salón Elíptico y departamentos adyacentes en el Palacio Federal -Caracas- obra encargada por el Ministerio de Obras Publicas a los señores R. Velásquez, Sues., Celestino Martinez, Aguerrevere & Mejias y M.A Chellini, quienes acordaron la distribución de los trabajos a realizarse en ocasión de los festejos del primer Centenario de la Batalla de Ayacucho".

Seguídamente, Pedro Emilio Correa coloca otra imagen y refiere: "Esta foto es de 1917 circa, ya existían unas escaleras. ¿La de la foto de la cabecera es un remodelación?"

Así las cosas, por un momento pensamos en dos posibilidades: la de una amplísima terraza norte en la edificación original, contrapuesta a la del sur; y, solía ocurrir, en las frecuentes remodelaciones dizque modernizadoras de antes. Empero, aceptamos que siempre hubo las gradas de acceso al Salón Elíptico. Circunstancia ésta que habla de las escalas de la vieja ciudad, pues, tan modesta, la amplitud generosa de las escaleras del Capitolio Federal no tendría equivalente alguno en la ciudad, excepto las escaleras del parque de El Calvario. Uno y otro lugar, rodeado de pequeñas casas residenciales y comerciales, quizá facilitando el hacinamiento en los lugares más cotizados y comerciales de una urbe que se creyó por siempre tan modesta, aún con la llegada inadvertida del petróleo. ¿Cuál seria la relación del habitante con las escaleras, por lo general, concebidas de caracol para ahorrar espacios, excepto las de los muy escasos inmuebles de los más afortunados? Así, ¿qué significó todo el apotéosis de la primera escalera mecánica enmaderada del Pasaje Zingg?

LB

domingo, 30 de octubre de 2016

UNA CUADRA VEDADA A LA CIUDADANÍA

De Monjas a San Francisco
Luis Barragán


El - por ahora - frustrado asalto al hemiciclo  de la Asamblea Nacional,  coloca el acento en las condiciones de trabajo de la representación popular. Es necesario decirlo, como ocurre con todo dirigente político y social en Venezuela: se vive con el peligro pisando los talones.

Las condiciones de seguridad de la sede legislativa, comprobado, resultan extremadamente precarias, sumándole un personal civil desarmado igualmente expuesto a toda suerte de amenazas. Es de suponer, la Guardia Nacional debe custodiar el inmueble y garantizar la integridad física de sus ocupantes, pero – ya lo vimos – el grupete violento forzó las puertas, se apoderó del hemiciclo protocolar y pretendió agredir a los diputados en el de las sesiones ordinarias, con la absoluta distracción – por decir lo menos – de la llamada Guardia del Pueblo.

Acontece lo peor en las inmediaciones de palacio, pues, ingresar y egresar del lugar natural de trabajo se ha convertido en una proeza. Todos los flancos están cubiertos por los piquetes tarifados del gobierno, cuya impunidad es evidente, aunque – tuvimos ocasión de denunciarlo en el pasado período – los espacios adyacentes están diseñados y administrados para la agresión de todo disidente.

Hacia finales de la década de los ’90 del XX, se hizo realidad el compromiso de devolverle a la ciudadanía sus espacios vitales y, así, entre las esquinas de Monjas y San Francisco, la bulevarización permitió el tránsito peatonal con amplitud, comodidad y hasta sosiego. E, incluso, esa anchura  devuelta, fue característica de  la zona décadas atrás.

En los últimos diez años de este siglo XXI, el oficialismo se apoderó del sitió y, ajardinándolo, lo convirtió en un estacionamiento, dejando un resquicio para que la gente pase, aunque también goza de sus alcábalas. Disponiendo plenamente del sector, el alcalde menor de una Caracas que, por cierto, no sabe de él, ejerce el dominio represivo de unas esquinas que no aceptan condición alguna de ciudadanía, así se trate de diputados legítima e inequívocamente electos.
Fotografía: Tomada del grupo Caracas en Retrospectiva / Facebook.
31/10/2016:
http://www.diariocontraste.com/2016/10/de-monjas-a-san-francisco-por-luis-barragan-luisbarraganj/

ESCENARIO DE RIESGOS Y PELIGROS

Recordando un testimonio de coraje
Luis Barragán


Consabido, el asedio es cada vez mayor e, incluso, hubo el intento de asaltar el hemiciclo en plena sesión. Gracias a la inmediata y corajuda respuesta del grueso de los parlamentarios opositores y el desarmado como escaso personal civil de seguridad, el grupete violento retrocedió, aunque la bancada oficialista y la Guardia Nacional que, se supone, custodia la sede, no ha dado respuesta convincente alguna.

En las jornadas siguientes, la Asamblea Nacional persiste como escenario de riesgos y peligros. De difícil ingreso y egreso, paradójicamente cuando se llama a diálogo, hubo colegas agredidos más allá de la palabra. Sin embargo, tres rápidas reflexiones vienen a nuestro espíritu.

Quizá el mayor heroísmo es el que no se reconoce como tal y, siendo legítima la difusión de nuestra presencia en la cámara, como ocurrió – por ejemplo – con los parlamentarios de Vente Venezuela, dejando constancia, nadie reclama el reconocimiento con el superior acento que merece todo el pueblo venezolano que soporta estoicamente una dictadura que, apenas, muchos se permiten admitirlo ahora. Pueblo jamás resignado, espera de su dirigencia la claridad de sus orientaciones, la perspicacia de sus acciones, pero también el vivo testimonio de sus luchas.

Inevitable, el frustrado asalto nos remitió a otras situaciones del pasado período legislativo, acaso, más delicadas, graves y difíciles porque la minoría opositora debió lidiar con la mayoría gubernamental, los palcos y demás espacios repletos de sus partidarios, agentes encubiertos de cualquier ralea y una turba recurrente que siempre estuvo a la caza en las inmediaciones de palacio. La salvaje golpiza en la que salimos heridos numerosos diputados, fracturados indeciblemente María Corina Machado, Julio Borges y Américo de Grazia, en abril de 2013, no impidió sostener y profundizar en una postura firme frente al régimen.

Probablemente, el momento más dramático y del que ella nunca hizo estridencia, fue cuando María Corina resultó inconstitucionalmente destituida de la curul y, tomado militarmente el lugar por varias semanas, por cierto, se le impidió el acceso al Palacio Legislativo: lo intentó desde la esquina de Pajaritos, sitio al que llegaron prestos los colectivos armados. Acaeció mientras la Asamblea Nacional sesionó con su mayoría y su minoría de entonces, pero ella – acompañada por pocos colegas – selló un testimonio de inmenso valor que, hoy, dándonos fuerza, recordamos.
30/10/2016:
http://guayoyoenletras.net/2016/10/30/recordando-testimonio-coraje/

FACHADA DE FACHADAS

Nuestra Asamblea
Federico Vegas

¿Cuál ha sido la edificación más revolucionaria en la historia de Caracas?
¿Cuál ha sido la que por más tiempo ha cumplido la misma función?
¿Cuál es la más necesaria en este momento histórico?
Pueden haber distintas respuestas a cada una de estas preguntas, pero hay una sola que contesta con acierto las tres: el Palacio Legislativo, sede de la Asamblea Nacional.
¿Por qué su arquitectura fue tan innovadora en su tiempo, y, a la vez, tan adecuada para dar albergue y continuidad a una asamblea a través de siglo y medio de dictaduras y democracias?
¿Qué celebra y propicia este edificio?
La celebración de nuestra democracia
Los grandes palacios de Florencia semejan fortalezas con sus altas fachadas de piedra y pequeñas puertas y ventanas. Los Palacios de Venecia son enormes vitrinas con arcadas abiertas donde ricos mercaderes se sentían seguros y dichosos de exhibirse.

Estas diferencias de estilo fueron consecuencia de una situación política. Florencia vivió siglos de luchas internas: disputas entre Gibelinos y Güelfos, enfrentamientos entre la aristocracia y la nueva élite mercantil, rivalidades entre los Albizzi y los Médici, más los delirios religiosos de Fray Jerónimo Savonarola.
En cambio Venecia tuvo la suerte de consolidar una república más estable, donde los problemas internos se resolvían con una suerte de democracia para evitar tanto las rivalidades como una excesiva concentración de poder.
¿Cómo nuestra historia política ha asumido a nuestro llamado “Palacio Legislativo”?
Fue iniciado en 1872 por Antonio Guzmán Blanco, llamado el “déspota ilustrado”. Uno de los sueños despóticos e ilustrados de Guzmán era crear, para su gloria personal, un capitolio a imagen y semejanza de las grandes repúblicas. Los medios eran escasos y al principio los tres poderes compartían los espacios del modesto palacio, pero no les resultaría fácil convivir teniendo necesidades tan distintas, y pronto el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial se marcharon dejando al Legislativo disfrutar de toda la edificación.
Es comprensible que se marcharan el presidente con los jueces y se quedaran los asambleístas. La naturaleza del lugar, con sus aperturas generosas a la ciudad y al cielo, la hace apropiada para una actividad más cívica y compartida entre iguales. Su configuración invita al encuentro y la discusión abierta, pero no va bien con los secretos y argucias de quienes ejercen el poder y emiten sentencias, instancias que requieren de resguardo y fuertes medidas de seguridad. Y ya vimos el domingo, 24 de octubre, lo fácil que es traspasar las amplias y francas puertas de la Asamblea.

No existe un espacio donde se congreguen tantos servidores públicos elegidos por el pueblo y al servicio de todo el país. El presidente es uno solo; los gobernadores y alcaldes se deben a sus regiones; a los jueces los elige la Asamblea, pero pueden tornarse contra ella, como hoy lo demuestran pruebas estruendosas e incesantes. La Asamblea también elige a los rectores del Poder Electoral, hoy al servicio de la permanencia del Poder Ejecutivo.
Este recuento nos señala que el cuerpo constituido con la mayor cantidad de venezolanos elegidos por el pueblo es nuestra Asamblea, y, por consiguiente constituye el ente más genuinamente democrático. A esto se añade que sea la institución más recientemente elegida, lo que tiene una doble significación ahora que estamos bajo la amenaza de no celebrar elecciones por mucho tiempo.
La celebración de lo civil
Ya hemos hablado en otro ensayo (http://prodavinci.com/blogs/quince-anos-por-60-segundos-por-federico-vegas) sobre las dificultades que ha tenido la palabra civil en el castellano. Provenía de una palabra latina, civilis, que significaba “perteneciente a la ciudad o a los ciudadanos”, pero en la evolución de nuestro idioma empezó a significar “Ruin, mezquino”. La razón de semejante descenso es que lo civil se oponía estructuralmente a lo militar, y el poder militar era entonces la fuerza predominante. En Francia, Italia y Cataluña, donde los ciudadanos contaban con mejores instituciones, la palabra civil conservó su significado latino, al que se fue agregando “sociable, urbano, atento”.
Le tomó tiempo a lo civil ganar terreno en España e Hispanoamérica, y aún hoy ese significado de ruin y mezquino aparece en la séptima acepción del diccionario de la Real Academia, como amenazando con regresar al primer lugar.
Hace años, el entonces ministro Miquilena se preguntaba:
—¿Sociedad civil, con qué se come eso?
Nos estaba asomando a una amenaza que ahora se ha cumplido: en Venezuela el poder no reposa en la sociedad ni en las instituciones civiles, sino en la fuerza militar y los representantes civiles encargados de servirles.
La tercera acepción de civil en el diccionario habla de aquello “que no es militar ni eclesiástico”. Nuestro Palacio Legislativo, por su misma escala y disposición, radicalmente distintas a las de una fortaleza o una iglesia, se presta a las actividades civiles. Desde el momento en que se entra a la edificación sentimos que está dedicada a las tareas propias del ciudadano. Los uniformes y las armas, las togas negras y los birretes, no tendrían sentido en sus corredores ni en los jardines de su gran patio.
La celebración de nuestra casa tradicional
Esos capitolios grandiosos pueden ser contraproducentes. No siempre conviene que sobre espacio, pues se presta a la acumulación y la estupidez. La sede de nuestra Asamblea es modesta si hablamos de palacios, pero sus proporciones son generosas si la consideramos como una casa.
No creo que entre los propósitos del déspota ilustrado y sus arquitectos estuviera realizar una interpretación de la casa caraqueña tradicional. Debe haber sido más bien una referencia inevitable de un modelo que ya tenía varios siglos funcionando.

La tipología de casa urbana que heredamos de la colonia fue muy exitosa, de aquí su perdurabilidad. Sigue siendo una solución válida, fresca, acogedora y muy urbana. Su planta de espacios organizados alrededor de un patio viene a ser un microcosmos de la ciudad. Lo que para la casa era el patio para la ciudad era la plaza.
En los años cincuenta este sabio modelo fue abandonado y de la casa con patio se pasó, en una sola generación, a mitificar el modelo anglosajón de la quinta con jardín. Son modelos antagónicos. Uno tiene sus espacios abiertos al aire y la luz en el centro y está concebido para integrarse y formar cuadras; el otro tiene sus espacios abiertos en la periferia y está concebido para estar separado. De la casa como instrumento de integración se pasó a la casa como un medio de disgregación.

Lo cierto es que Guzmán Blanco nos dejó en herencia una extraordinaria interpretación del hogar caraqueño tradicional. Sus arquitectos ampliaron los patios y corredores de la intimidad familiar y los convirtieron en espacios propicios para que los diputados se encontraran y argumentaran sobre el destino de la nación.
El llamado Palacio de Miraflores, construido unos veinte años más tarde por Joaquín Crespo, y sede de la Presidencia de la República a partir de Cipriano Castro, ejemplifica la tipología de una quinta con jardín, montada y resguardada en una colina y separada de la trama urbana.

Leon Battista Alberti explicó en tiempos del Renacimiento cuál debe ser la relación entre la arquitectura y el urbanismo: “La ciudad es una gran casa, y la casa, a su vez, una pequeña ciudad”. Tenemos la suerte de tener en el centro fundacional de Caracas una gran casa convertida en una pequeña ciudad.
La celebración de nuestra ciudad
La Caracas de la colonia había quedado devastada con las guerras de independencia. En 1870 todavía se veían las ruinas que había dejado el terremoto de 1812 y la ciudad aún no alcanzaba los 50.000 habitantes que tenía el 19 de abril de 1810.
Después de un letargo de medio siglo había llegado el momento de dejar atrás la ciudad colonial y crear la capital de una joven y aturdida república. En la gesta que inicia Guzmán a partir de 1870, la ciudad va a ser la máxima expresión de su pensamiento político. Cada una de sus obras refleja su visión sobre un tema: el parque El Calvario señala cuál debe ser la relación entre la naturaleza y lo urbano; la plaza Mayor pasó de ser un mercado a convertirse en un jardín donde se rinde culto a Bolívar; el acueducto de Macarao y la creación de un nuevo cementerio al sur de la ciudad demuestran la importancia de la salud pública. La relación entre lo que crea Guzmán y los limitados medios de que dispone es impresionante, sobre todo por lo mucho que nos está diciendo, proponiendo, orientando, augurando.

Muchos de los nuevos edificios consisten en fachadas neoclásicas superpuestas a construcciones que ya existen y se les da nuevos usos. Más tajante es su estrategia de derribar templos y conventos para dotar a la ciudad de edificaciones civiles. Para Guzmán, la ciudad colonial estaba dominada por lo sacro y le había llegado la oportunidad a lo cívico. El caso más notable va a ser el Palacio Legislativo, construido en una cuadra donde antes había un institución religiosa.
Fue un evento y un escándalo cuando las Reverendas Madres de la Inmaculada Concepción fueron obligadas a desalojar su convento, muchas de ellas damas de sociedad que se habían recluido por sus virtudes o por sus pecados. Nada más exclusivo que un convento de clausura y más inclusivo que una asamblea. El término “exclusivo” lo hemos convertido en una cualidad cuando implica excluir. Yo prefiero los espacios incluyentes, como los mercados y las plazas.
La manera en que el Capitolio se implantó donde antes estaba el convento fue para los caraqueños una sorpresa mayor que el desalojo de las reverendas. Hasta entonces las edificaciones se ajustaban a los límites de la cuadra creando un sistema de muros continuos con portales y ventanas, pero ahora el edificio se retiraba con entrantes que regalaban jardines a la calle. El damero dejaba de ser una camisa de fuerza y los edificios podían generar en su perímetro bulevares, nuevas experiencias urbanas. La noción de espacio público ya no se limitaría a las plazas.

Cuando Ricardo Razetti realiza su plano de Caracas en 1897, ya Guzmán Blanco había sido derrocado y vivía en el París de sus sueños y principales referencias, pero Caracas sigue siendo la ciudad que él había reinterpretado. En este plano podemos ver el impacto del Capitolio, su esplendida oferta a los que están dentro y fuera del edificio.
Los arquitectos que trabajaron con Guzmán van a estar sometidos a mucha presión. Luciano Urdaneta y Hurtado Manrique deberán manejar diversas técnicas, desde elementos metálicos prefabricados hasta muros de adobe. Otra exigencia era la prisa. La parte sur, donde están los espacios para las sesiones de la Asamblea, se construyó en menos de cinco meses, un tiempo récord para entonces e imposible de lograr hoy en día.
El espacio que más me asombra y disfruto es el patio central. Su misma proporción, mayor a la usual en las casas de entonces y de ahora, debe haber asombrado a los caraqueños del siglo XIX tanto como hoy a los del siglo XXI. Una de las fotos que tomé en mi última visita podría ser de las playas de Morrocoy o de un bosque en Barlovento. Es hermoso y emocionante encontrar en el corazón del recinto un homenaje a nuestra naturaleza.

El patio fue un descubrimiento tan fundamental como la rueda. Permitía en las enormes extensiones del campo crear una suerte de pequeño espacio urbano y en la ciudad dar presencia al verde en los hogares. En Caracas se ha convertido en una especie en extinción. La familia venezolana que dependió del patio para vivir y congregarse, ha logrado eliminarlo en pocas décadas. Esta nueva condición, con implicaciones creo que antropológicas, me lleva a pensar que uno de los mayores aportes de nuestro pequeño palacio y gran casa sea ese gran patio que es también una pequeña plaza. Los niños que lo visitan se sienten desconcertados al principio y muy felices minutos después.
La celebración de nuestra alma republicana
No hay sede de gobierno con más historia que la casa de nuestra Asamblea Nacional, ni con más presencia en la memoria colectiva. Todos sabemos donde está y cómo funciona.
El Palacio de Miraflores, en cambio, es cursi y estrambótico; la sede de los jueces está disgregada en varios lugares; las rectoras electorales se reúnen en no sé que pisos del Centro Simón Bolívar.
Aparte de la ubicación de estos poderes, está la imagen que surge al preguntarnos cómo diablos funcionan. Del presidente y sus ministros hemos visto alguna vez una larga mesa; de los rectores solo un rostro cansado frente a un micrófono; de los jueces bastante menos, algo en su misma naturaleza los hace remotos y ocultos.
Los congresistas, en cambio, son actores continuamente expuestos y acosados por cámaras y micrófonos al estilo del programa “Gran hermano”.

Hace pocos días visité por primera vez el salón de sesiones y me impresionó su escala. Me sentí como cuando visité el colegio donde estudié primaria y todo lucía más pequeño. Otra referencia que vino a mi mente fue el corral de la comedia en Almagro, y ciertamente se han dado interesantes comedias en nuestra Asamblea. Pero también tragedias. El asalto al congreso de 1848 que provocó ocho asesinatos no ocurrió en el actual Palacio Legislativo, pero el aura de esos hechos sí se siente, especialmente después de este domingo, cuando fue asaltado por una turba. No es casualidad que en 1848, tal como ahora, se estaba considerando enjuiciar al presidente de la república.
De nuevo con la acuciosidad de un episodio de “Gran Hermano”, vimos largas y exhaustivos videos de los asaltantes, sus paroxismos y muecas mientras esperaban a que milagrosamente los viniera a reconducir, esta vez hacia la salida, el alcalde Jorge Rodríguez.
El dantesco zafarrancho fue positivo. La escena toda solivianta la viva presencia que la Asamblea tiene en nuestra psique. Sabemos bien dónde están nuestros diputados, cómo actúan, a qué presiones y riesgos están sometidos, la valentía y sacrificios que su vocación les exige, y esa misma observación obsesiva nos hace partícipes, protagonistas y dolientes de lo que está en juego. En este pertenecer y estar presente reside la esencia y el sentido de la democracia.
Es paradójico que un lugar tan importante no esté protegido y que sus entradas, insisto, sean tan francas e invitantes. No existe una edificación pública más transparente. Podemos ver a través de sus puertas y su patio desde la calle este hasta la calle oeste. ¿Qué sentido tiene entonces que la mayor y más variada concentración de elegidos se encuentre en un lugar tan abierto, tan frágil? La respuesta es que allí está el alma de nuestra democracia y el alma nunca debe estar acorazada ni escondida.
Más temprano que tarde toda nación comprende que debe proteger su alma, el espejo donde todos necesitamos reflejarnos. La fuerza con que sintamos este deber y este derecho es en definitiva la única garantía de su permanencia.

Fuente:
http://prodavinci.com/blogs/nuestra-asamblea-por-federico-vegas/
Gráficas en orden sucesivo:
* Vista aérea.
* Izquierda: Palazzo della Signoria, Florencia; derecha: Palazzo Ducale, Venecia.
* Entrada Este del Palacio Legislativo.
* Izquierda: Palacio legislativo en la Habana; derecha: Palacio de la legislatura en Buenos Aires.
* Izquierda: Casa de patio; derecha: Quinta con jardín.
* Vista del Palacio de Miraflores en 1909.
* Palacio Legislativo en Caracas. Patio interior.
* Fachada norte.
* Fachada sur.
* Plano de Caracas por Ricardo Razetti, 1897.
* Chaguaramos en el patio. Fotografía de Federico Vegas.

Breve nota LB: Magnífico texto que nos permite recordar que, a finales de septiembre del presente año, le propusimos al historiador Sócrates Ramírez (Asamblea Nacional), realizar un foro sobre la sede legislativa, sugiriéndole ls nombres de Hannia Gómez, María Sigillo y Nicomedes Febres. La idea surgió a raíz de una reproducción de una de las fachadas del Capitolio bañada por consignas subversivas, en 1968 que no distan de las actuales agresiones a la edificación. La fecha del evento (un coloquio), fue postergada por un viaje de Hannia. No hemos recibido noticias sobre el evento, aunque resulta obvio que las actuales circunstancias impiden el normal desarrollo de las actividades.

domingo, 2 de octubre de 2016

CAZA DE CITAS

"En tiempos de la Guerra Fría, el maestro sigue ejerciendo su liderazgo pero en algunos casos desde otras posiciones. Por los momentos, observa con desconfianza todo lo que le rodea. Tras el envío de 23  políticos a El Dorado, luego del golpe a Gallegos, Sojo suscribe un 'Manfiesto a la Nación' que desafía a los usurpadores. La Seguridad Nacional despliega sus operativos a fin de neutralizar insurrecciones, unas en gestación y otras inexistentes (...) Durante casi un año, Antonio Lauro estuvo preso entre la Cárcel Modelo de Caracas y el penal de máxima seguridad de San Juan de Los Morros. El maestro Sojo intercedió por él ante el teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez. No será la última vez que medie a favor de un alumno, años más tarde lo hará por uno que recién se integra a la Escuela, Raimundo Pereira"

Yellice Virgüez Márquez

("Vicente Emilio Sojo", BanCaribe-Editora El Nacional, Caracas, 2010:92)

Escultura: Martín Leonardo Funes. Palacio Legisativo, Caracas.

domingo, 11 de septiembre de 2016

CONFUSIÓN

Una polémica extemporánea
Luis Barragán


Hay quienes, razonablemente, manifiestan hoy su desacuerdo con el desconocimiento a las inmunidades parlamentarias, e, irrazonablemente, equiparan tan grave amenaza con lo ocurrido a principios de los sesenta con los otrora militantes del PCV y del MIR. Siendo distintas las circunstancias e intenciones del gobierno que, aún perdiendo el control de la cámara de diputados, permitió al Congreso de la República proseguir el camino que lo llevó a la renovación electoral de 1963 y 1968, en el difícil tramo de una década compleja, la equivalencia resulta francamente oportunista.

Por lo pronto, en el presente siglo, en toda la oposición democrática no hay un solo elemento alzado en armas, tentado por la violencia capaz de regar con tachuelas a ciudades y pueblos y, menos, asesinar a inocentes en un paseo campestre de fin de semana. Por septiembre de 1963, acaeció la tragedia de El Encanto y ha sido suficiente, desde entonces, el debate en torno a un hecho que es, incontrovertiblemente, histórico y, decididamente, impertinente.

Excepto se trate de un enfoque moral, los representantes, o los que se dicen tales, del sector político e ideológico que impulsó la subversión, al alegar aquellos hechos del consabido paseo, incurren en un revanchismo gratuito y acomodaticio. A falta de mejores argumentos, pretender el desconocimiento de las inmunidades por el sonado precedente, además de revelar sus incapacidades políticas, nos interna en el terreno de un moralismo insólito, pues, si fuere aplicable la receta, a ellos también se les podría amoldar fórmulas extravagantes para terminar de descomponer y degenerar la propia discusión política.

Al  respecto, nos parece que sólo cabe el interés histórico donde la coyuntura política del nuevo siglo nada puede hacer. Y tenemos la impresión que el allanamiento o desconocimiento de las inmunidades de más de medio siglo atrás, tardaron a pesar de las evidencias; las acciones señaladas, históricamente han sido constatadas en la mayoría de los casos; e, incluso, explicando la contradictoria y ensoberbecida dinámica de entonces, al lado de los condenables excesos represivos, hubo también paciencia para dar oportunidades a los promotores del guerrillerismo. Valga la coletilla, Rafael Caldera y COPEI, por ejemplo, se resistieron a aceptarlo hasta que, luego de El Encanto, se produjo la orden de detención de los parlamentarios del PCV y del MIR, provocando la aplicación del criterio sobre el delito militar que prevalecía sobre las novísimas previsiones constitucionales de entonces.

Una polémica extemporánea sobre aquellos allanamientos, abiertas las puertas de un oportunismo moralista y enceguecedor, obviamente no encuentra cupo en los episodios de ahora. Simplemente, es un expediente para arremeter contra la oposición parlamentaria, firmemente democrática, que – además – acompleja a un gobierno de perdidas habilidades políticas.
Fotografía: Fusión de imágenes de Juan Carlos Briceño‎, para Caracas en Retrospectiva / Facebook.

domingo, 14 de agosto de 2016

DEVENIDA COSTUMBRE

Del obsesivo desprecio hacia la sede parlamentaria
Luis Barragán


Hitler bombardeó y arrasó inclementemente con las ciudades que pudo, pero cuidó muy bien de entrar y salir de París, dejándola ilesa. Para ella reservó algunas de sus mejores ilusiones de pintor frustrado, a la vez que demostró una mínima sensibilidad por un patrimonio cultural  irrepetible. Sin embargo, no ocurre lo mismo con aquellos que se suponen ubicados ideológicamente en la acera del frente, empeorando las cosas.

Salvando las distancias,  ciudades, pueblos y caseríos venezolanos están saturados de las pintas gubernamentales, repitiendo consignas que tampoco apuestan por un motivo gráfico más o menos novedoso.  Incluso, poco les ha importado emplear artefactos explosivos para afectar casi irreparablemente las obras artísticas de la Universidad Central de Venezuela (UCV), sin que las autoridades policiales simulen una investigación para guardar las formas respecto al declarado patrimonio cultural de la humanidad.

Inmuebles de trascendencia histórica corren la suerte del deterioro interesado a objeto de justificar las recurrentes obras de remodelación, mas no restauración, empinando un suculento negocio, incluyendo la permisividad de los impunes, masivos y feroces ataques del oficialismo que protesta. Construida en tiempos de Juan Vicente Gómez, la sede de la gobernación trastocada en sede de la alcaldía mayor, sufrió la rápida, sistemática y eficaz agresión de aquellos que no permitirían que la ocupase el por entonces victorioso burgomaestre Antonio Ledezma.

Algo semejante ha ocurrido con el Palacio Legislativo o Capitolio Federal, mancillado desde principios del presente año. Despreciada con una obsesión digna de mejor causa, puede decirse, la sede exhibe varias capas de pintas grotescas que parece regocijar a la Guardia Nacional, encargada de su custodia: hace poco, por una parte, descubrimos la escasamente famosa “manito peluda” al fotografiar el lugar con  la cautela impuesta por la delincuencia del lugar, como parte de la frustrada campaña gubernamental que pretende – cual cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo – acusar de estafa a la oposición.

Se dirá de un circunstancial envalentonamiento de nuevo siglo, pero nos percatamos, por otra, que ese desprecio ha sido constante por el sector ideológico y político que hoy gobierna, como lo revela una gráfica de 1968. A pesar de la derrota guerrillera, cualquier ocasión fue propicia para agredir la edificación construida en los tiempos de Antonio Guzmán Blanco, quedando constancia casi notarial de los hechos.



Fotografías: LB (Caracas, 2016).
Reproducción: "La fachada del Capitolio quedó pintada de letreros, en donde se pide la disolución de cuerpos policiales (Foto Cárdenas)". En: "Paro de estudiantes en varios liceos y en la UCV". El Nacional, Caracas, miércoles 03/04/1968.
15/08/2016:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/27256-del-obsesivo-desprecio-hacia-la-sede-parlamentaria

sábado, 5 de marzo de 2016

HUBIESEN BOMBARDEADO A PARÍS

Atentar contra el patrimonio histórico de esta y otras ciudades
Luis Barragán


Sobran los ejemplos, pero detengámonos por un instante en lo que fue la sede de la gobernación del Distrito Federal, ubicada frente a la Plaza Bolívar. Al conocerse el triunfo de Antonio Ledezma como Alcalde mayor de la ciudad, sabiendo que tendría que despachar desde el histórico inmueble, éste fue bombardeado por los grupetes oficialistas con la indiferencia y hasta beneplácito de un gobierno nacional que no hizo nada por evitarlo.

Cayó sobre el edificio que, por cierto, le fue definitivamente negado al burgomaestre, una lluvia inmisericorde de piedras, disparos y pintas. Hazaña de miserables, poco o nada sabían de un referente arquitectónico de la Caracas que ya ha perdido otros, como el otrora Cine Rialto: por lo menos, estuvieron enterados los jerarcas que muy pronto volcaron sus preocupaciones hacia la jugosa ganancia de una remodelación.

Algo semejante ocurre con el Palacio Legislativo, atacado quizá preventivamente con la pintura, de acuerdo a la reciente  denuncia que hace Henry Ramos Allup por las redes sociales. Seguros herederos de los más antiguos grupetes, porque el oficio parece de una alta rotación por el incumplimiento de los pagos o la feliz ocupación de un empleo alterno y estable, las consignas de fácil adivinación pretendieron sellar el destino de los parlamentarios: los unos, representan el interés de algunos conductores dizque políticos y, los otros, representan a millones de venezolanos a quienes no le perdonan la libre manifestación de una voluntad soberana.

Ciegos atropellos que no reparan siquiera en el valor histórico y arquitectónico de los inmuebles de esta y otras ciudades, revelan ciertamente la mentalidad de una jefatura partidista que reniega de un legado necesario de preservar. Sospechamos que, puestos en el papel de Hitler, hubiesen bombardeado a París sin pestañar.

Valga acotar, además, que Jorge Rodríguez decidió construir un depósito en la azotea del viejo edificio que le sirve de sede a la Alcaldía menor y, entendemos, fue rechazada la supervisión de las autoridades patrimoniales. En proceso, el quiste se levanta porque, simplemente, le da la gana.

07/03/2016


jueves, 4 de febrero de 2016

ENSAYOS PARCIALES


Una Asamblea bajo asedio
Luis Barragán

Días atrás, asistimos a la sesión de la Comisión Permanente de Política Exterior que abordó inicialmente el problema esequibano, compartiendo la presentación de las metas que los diputados adscritos se proponen cumplir este año. Nos llamó la atención el reparo que hizo la bancada oficialista respecto a lo que entendió como “propaganda” y que, a nuestro juicio, constituían expresiones legítimas y – sobre todo – razonables de un plan pendiente de aprobación.

Sencillamente -  inferimos -  no constituye propaganda la tonelada de consignas que anegó a la Asamblea Nacional en el pasado período constitucional, pero sí lo es el enunciado de objetivos susceptibles de argumentar, inspirado por la propia Constitución. Todo esto zanja una diferencia entre la necedad y la sensatez, inadvertido resultado de los todavía recientes comicios parlamentarios.

Diferencia notable al iniciarse los trabajos del novísimo parlamento, pues, bajo la conducción de la mayoritaria bancada democrática, el contenido y el estilo resultan contrastantes con el período anterior, convirtiendo la vieja sede en epicentro de la polémica pública por la sobriedad y profundidad de los planteamientos. Los que, por cierto, impotentes, no ha sabido de una contra-argumentación convincente, coherente y rotunda del oficialismo que todavía espera por el diligente vocero que lo logre y, mientras tanto, intenta o ensaya con otras incursiones temerarias que compensen todo el defecto.

A pesar de la aceptación de la actual correlación de fuerzas, protocolizada con el consenso que produjo el nombramiento de los miembros de Parlatino y Parlasur, el gobierno se resiste a los hechos. De pobrísima movilización de las huestes, ha asediado el Palacio Federal Legislativo con grupúsculos que ensayan la agresión verbal y física de los diputados opositores, por supuesto, en los días hábiles, y hasta ha estallado una que otra caja de las que llaman sonora, en sus alrededores, vomitando sendos panfletos atribuidos a una tal fuerza bolivariana armada o algo parecido.

A falta de argumentos, perdido el protagonismo de otros tiempos, fracasada la maquinaria publicitaria, pareciera que esperan por una respuesta cada vez más violenta de rechazo a una derrota electoral que, todavía incomprendida, mira con nostalgia a aquellos Guerreros de La Vega que concursaron decididamente en los ataques sistemáticos a los senadores y diputados de 1999 que, además, llegado el momento, eran secuestrados o no podían acudir puntualmente a su natural lugar de trabajo. Tratamos ahora de un asedio más o menos tenue, quizá bajo el obligado cálculo del costo político que pueda representar.

01/02/2016