Del individuo como persona y otros políticos más
Nelson Chitty La Roche
«Ego sum qui sum».
Dios a Moisés
(Éxodo 3 :14)
Una interesante plática aconteció hace algunas semanas, en el Consejo de la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, de la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de la UCV. Se trató de determinar si un trabajo de investigación sobre el tema género y derechos humanos era o no un elemento de naturaleza política o acaso, más bien jurídica.
No tuvimos tiempo de profundizar, pero quedó abierto a consideración y avanzaré en consecuencia algunas reflexiones al respecto, con el ánimo de penetrar en lo que viene siendo una línea de investigación en la que transito desde el inicio de 2020 o un poco antes quizá, el homo verus.
Comenzaré resaltando un trabajo del nunca suficientemente bien ponderado Michel Foucault y por el titulado Introducción a la vida no fascista, ampliamente glosado el susodicho en investigaciones sobre la política y su naturaleza, que escribió el francés a guisa de prólogo de la edición americana del anti-Edipo de Deleuze y Guattari. El título, nos indica Laura Llevadot, “es una paráfrasis irónica del libro de San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota. Con este incisivo título, Foucault señalaba dos desplazamientos con relación a la teoría política clásica que hoy se han vuelto casi obvios; en primer lugar, que la vida cotidiana es política, que lo personal es político, tal como lo denunciaban las feministas, que la parte aparentemente más intima de nuestra vida reproduce a menudo las relaciones de dominación que encontramos en la sociedad porque está hecha a partir de sus consignas y estructuras y, en segundo lugar, que lo más fácil, lo que nos sale espontáneamente si no prestamos atención, es que esa política que rige nuestras vidas íntimas es totalmente fascista, que replicamos a menudo en nuestras relaciones, con nosotros mismos y con cada gesto impensado, esquemas autoritarios, relaciones jerárquicas, juicios sumarísimos, violencia y humillación, hasta propagar la tristeza en el lugar mismo en que creemos dar a luz al amor”. (Valls Boix, Juan Evaristo, Agamben, Política sin obra, Editorial Gedisa, Madrid 2016) Subrayado nuestro.
Arendt conmovió el paradigma epistémico de acuerdo con el cual el poder era una manifestación de mando y obediencia, que incluía necesariamente el uso de la violencia cuando afirmó por el contrario que solo había poder cuando mediara la concertación entre los destinatarios. Aún cuando la reflexión de la filósofa alemana de origen hebreo no corresponde a una acabada elaboración conclusiva, abrió un boquete en la perspectiva analítica que se exhibía para aquel momento monolítica y le opuso su originalidad y su genio provocador y rutilante. En su libro sobre la mentira y la violencia se lee una definición del poder como la aptitud del hombre para accionar, para accionar de forma concertada. El poder debe ser aceptado para que subsista y no impuesto meramente.
Arendt no arriba a ese puerto epistémico sin un recorrido sobre nociones claves que en su pensar clarifican, muestran, desnudan su hallazgo al contrastarlo con aquellas profesadas por la mayoría de los que teorizaban sobre el tema. La consideración sobre las esferas públicas y privadas aporta elementos imprescindibles al seguimiento genealógico del asunto, así como la fundamentación histórica que se permite la alumna de Heidegger, metodológicamente punzante y precisa y audaz a la hora de develar lo que otros no ven o manejan asidos a perspectivas arrastradas como un hecho cultural simplemente. Por eso, hago notar que Arendt contribuye a cimentar su aserto sobre el poder como fenómeno de acción y concertación al afirmar: “El poder y la violencia son opuestos; donde uno domina absolutamente falta el otro. La violencia aparece donde el poder está en peligro pero, confiada a su propio impulso, acaba por hacer desaparecer al poder. Esto implica que no es correcto pensar que lo opuesto de la violencia es la no violencia, hablar de un poder no violento constituye en realidad una redundancia. La violencia puede destruir al poder; [pero] es absolutamente incapaz de crearlo” (Crisis de la república, versión de Guillermo Solana, Taurus, Madrid, 1998, p. 146).
El poder requiere entonces la convicción compartida y militancia en ella. Y a mi juicio, allí aparece como constructo básico, la política que emerge simultánea, en una dinámica simbiótica y sistémica. Todos involucrados en el espacio público, identificándose con sus pares, pero al hacerlo expresa una identidad propia en un momento irrepetible.
Por eso, cada ser humano lo es en su carácter de zoon politikon, lo cual supone una compulsiva comunicación con sus congéneres ciertamente, pero en el ejercicio tiene, requiere, demanda una afirmación de identidad propia de su condición humana que, como nos enseña Kant, en cada cual hay no un medio sino un fin en sí mismo.
Si lo personal es político, como lo indicó Foucault, la definición de cada cual es política, es una escogencia y una correspondencia, se trata de un rasgo fenotípico que supone el genotipo y la influencia ambiental social con consecuencias para él y para su entorno societario que no puede ni debe ser soslayado ni por él ni por los otros, so pena de disfuncionalidad. A esos elementos el agrega uno capital y es, su escogencia, su libertad, su impulso, su perfil personalísimo que lo acaba por definir y acredita su identidad personal y su posicionamiento.
No hay espacio para abundar en el protagonismo moral del hombre y a los fines de este modestísimo ensayo, no haré convocatoria aun cuando, para hablar del hombre hay que hablar de persona en su naturaleza y apreciación, pero bastará una cita cuya pertinencia, por ella sola, para luego volver al carril que nos ha traído hasta acá. Se trató de una conferencia dictada hace unos años en la Universidad Católica de Santo Toribio de Mogrovejo, titulada “Persona y personalismo”, con ocasión de su nombramiento como doctor honoris causa en octubre de 2008.
El persona Elio Sgreccia fue la primera persona que comenzó a hablar de “bioética personalista” en los años ochenta (solo se hablaba de bioética principialista, utilitarista, bioética liberal y casuística) y…La persona humana es fundamento ético en sentido subjetivo (acción es ética cuando expresa una elección de la persona); en sentido objetivo (la persona es fundamento, medida y término de la acción moral). En otras palabras, una acción es ética si respeta la plena dignidad de la persona humana y los valores que están intrínsecamente inscritos en su naturaleza.
Y agrega Sgreccia: “La reflexión filosófica contemporánea sobre el concepto de persona, recupera el significado de la relación, no en el sentido de auto-relación sino de hetero-relación, es decir, relación con el mundo y con los demás. Husserl identifica el Yo con intencionalidad entienda como relación “con” lo otro. La conciencia es el trascendental que “da sentido al mundo”, y no a sí misma. Scheler definió persona como “relación con el mundo”, la sociedad y el ambiente. Heidegger el concepto de persona como “ser-aquí” (Da-sein) y como relación con el mundo (in-der-Welt-sein). (Bioética, persona humana y personalismo Prezi 2014)
Corrientemente, sin embargo, la personalidad es entendida como las formas de presentación, expresión e identificación de la persona y la recepción de esas manifestaciones por parte de la comunidad en la que el ser humano convive. Cada uno asume sus características, las que legitima por su escogencia como propias y en esa medida, las que son percibidas como de esa persona.
Políticamente y jurídicamente, un ser humano es, pues, sujeto en acto y potencia, titular de derechos y obligaciones y ciudadano susceptible de ejercicio como miembro del cuerpo político. En tal carácter, ejerce su libertad basado en su discernimiento y en el marco legal que rodea a todos sus similares, pero también en lo que a él concierna y en sus vertientes existenciales, en su condición de individuo.
Quiso el derecho subsumir la personalidad en un cuadro legal, pero la persona como entidad lo trasciende y lo anticipa y así no logra racionalmente comprimirlo en una disposición. La persona es más que el trato que el derecho pueda darle y suele culminar, ampliando su consideración jurídica.
El asunto se complica en cuanto a la conciliación de los elementos objetivos de la identidad formal, tales como, nacionalidad, filiación, sexo, raza y la conciliación con su derecho a ser y mostrarse como lo que quiere ser. De allí que, la Constitución Nacional en su artículo 20, en el título tercero de los Derechos humanos y garantías y de los deberes, establezca: Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y del orden público y social.(subrayado nuestro).
También es de rigor constitucional y es menester destacarlo, el principio de progresividad que acompaña al reconocimiento y garantía de los derechos humanos, dándoles una perspectiva que los magnifica y convierte en una categoría en constante y definitivo progreso aunque produzca paralelamente, una suerte de hipertrofia del individuo ante el cosmos social que lo rodea y lo contiene. Así, postula una categoría que deviene avasallante ante los derechos de los demás y, el orden público y social que deberán admitirlo en la complejidad de su fenomenología. Como diría Bobbio al referirse a la filosofía política y al derecho, son caras de una misma moneda.
Por eso, el individuo ha movido la cerca de sus derechos en detrimento de la de los demás, pero igualmente del orden público y social que luce perplejo o simplemente superado por la gravitación conceptual de los derechos del individuo y su expansión en el coto racional de occidente fundamentalmente.
De allí que el feminismo, el LGBT, el matrimonio entre personas del mismo sexo encuentren más que comprensión, sostenido apoyo de los Estados y del derecho positivo que está presto para modificar incluso la institucionalidad más cara para la sociedad, complaciendo sus demandas que otrora habrían sido calificadas como estrafalarias e incluso, delictuales y baste recordar el juicio a Oscar Wilde, la argumentación de los abogados como tesis contrapuestas y las decisiones tomadas y ejecutadas por la justicia británica, a la luz del tratamiento que el asunto recibe hoy en día en el Reino Unido.
El homo verus es político porque su exposición lo es. También su naturaleza por cuanto afecta inevitablemente a los otros, los irradia e impacta aun más allá de su paulatina reducción como sujeto gregario, el individuo reta la sociedad con la complicidad de la sociedad misma y del aparato público. Es un signo de este tiempo.
10/04/2020:
https://www.elnacional.com/opinion/del-individuo-como-persona-y-otros-politicos-mas/
Composición gráfica: Michal Zahornacky.
Mostrando entradas con la etiqueta Michel Foucault. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michel Foucault. Mostrar todas las entradas
jueves, 14 de mayo de 2020
domingo, 12 de abril de 2020
LOS EJES DE LA CARRETA
De
los límites de la narrativa coronoviral
Luis
Barragán
“Una formación discursiva no ocupa, pues,
todo el volumen posible que le abren por
derecho los sistemas de formación de sus
objetos, de sus enunciados, de sus conceptos;
tiene, por esencia, lagunas, y
esto por el sistema
de formación de sus elecciones estratégicas”
Michel Foucault (*)
En
otra etapa de la vida republicana, el nombre de los directores nacionales de
Epidemiología y de Defensa Civil, por ejemplo, serían familiares a los
venezolanos que no atinan siquiera con el de los ministros del ramo, porque la
pandemia ha sido ocasión para la reivindicación extrema de la cúpula del poder que arbitra sobre la vida y la muerte mismas. Constituye una reafirmación piramidal de la usurpación, traducida en
un órgano rector para administrar al peligroso huésped, dependiente directamente de las decisiones
presidenciales y vicepresidenciales, con un solo ministro aventajado como
vocero; y una reafirmación kelseniana
de sus resoluciones, mediante un decreto de Estado de Alarma imposibilitado de
cualquier debate parlamentario, de la opinión pública y de los expertos que la
accedan.
Más
allá de su obvia pertinencia, la
cuarentena ha agudizado el control social habitualmente ejercido por la
delincuencia común, la precariedad y encarecimiento de los servicios
médico-asistenciales, o las consabidas faenas represivas de la dictadura
socialista. El confinamiento es,
prácticamente, el único recurso preventivo que emplea una población desasistida
y, además, forzosamente auto-disciplinada, aunque intuye o sabe que no lo vive igual o
parecido a los países de una caracterizada democracia liberal, acercándose más
al silencio resignado de aquéllos regímenes totalitarios que ocultan
celosamente sus tragedias.
Puede
aseverarse, hasta nuevo aviso, las redes digitales todavía ayudan a la
conformación de una comunidad cada vez más amplia, espontánea y heterogénea
para el intercambio necesario de información y de pareceres, capaz de ejercer
una orientación y también una resistencia formidable ante el biopoder en auge.
Susceptible de toda desviación, conciliando tácitamente la inquietud, la
convicción y el pensamiento político con el antropológico, luce como una veta
extraordinaria para el estudioso sobre el discurso común que está emergiendo,
ojalá alternativo, con sus dificultades, truncamientos, desarrollos y promesas.
Inevitable digresión, nada fortuita o circunstancial fue la denuncia fundada que hizo María Corina Machado sobre la inminente crisis humanitaria, por 2014, comprobada las generosas posibilidades que ofrece un pensamiento, una actitud y un compromiso de ruptura. Comprobando los límites angustiosos de una narrativa, por siempre temeroso de revelar las propias, Maduro Moros suele invocar las cifras del contagio y de la muerte de otros países que libremente las divulgan, como si bastara para convencernos de su intención antes que de su diligente voluntad por salvar al país de esta y de otras tragedias. Sin embargo, imponiéndose, otra vez constatamos la íntima naturaleza de un régimen que se realiza con el tráfico ilícito de la gasolina y de otros bienes escasos, como del asedio inconcebible de los llamados colectivos armados contra la dirigencia social y política de numerosas localidades, negado el combustible y el salvoconducto a los profesionales independientes de la salud.
Inevitable digresión, nada fortuita o circunstancial fue la denuncia fundada que hizo María Corina Machado sobre la inminente crisis humanitaria, por 2014, comprobada las generosas posibilidades que ofrece un pensamiento, una actitud y un compromiso de ruptura. Comprobando los límites angustiosos de una narrativa, por siempre temeroso de revelar las propias, Maduro Moros suele invocar las cifras del contagio y de la muerte de otros países que libremente las divulgan, como si bastara para convencernos de su intención antes que de su diligente voluntad por salvar al país de esta y de otras tragedias. Sin embargo, imponiéndose, otra vez constatamos la íntima naturaleza de un régimen que se realiza con el tráfico ilícito de la gasolina y de otros bienes escasos, como del asedio inconcebible de los llamados colectivos armados contra la dirigencia social y política de numerosas localidades, negado el combustible y el salvoconducto a los profesionales independientes de la salud.
Por
consiguiente, no tratamos sólo de la biopolítica que lidia con el biopoder,
según los términos consagrados por la literatura especializada, la que dispensó
sus mejores atenciones al mundo occidental y el capitalismo avanzado, sino de
una prolongada guerra no convencional que le ha asignado un papel al
coronavirus, instrumentalizándolo para la supervivencia misma del régimen. Sugiere, por lo pronto, el hallazgo, la
apropiación y la maduración de un
discurso que está lejos de agotarse, a
favor de las libertades públicas y de la reivindicación de la condición humana,
generador de múltiples estrategias que superan la sola interconectividad.
(*) “La arqueología del saber”,
Siglo Veintiuno Editores, México, 1979: 110 s.
13/04/2020:
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36710-cuarentena
http://www.ventevenezuela.org/2020/04/14/de-los-limites-de-la-narrativa-coronoviral-luis-barragan/
http://www.ventevenezuela.org/2020/04/14/de-los-limites-de-la-narrativa-coronoviral-luis-barragan/
Ilustración: Ghee Beom Kim (no es un coronavirus).
viernes, 10 de abril de 2020
REIVINDICAR LA INTIMIDAD
Del itinerario trágico hacia la gloriosa Resurrección
Luis Barragán
Inédito confinamiento viruscoronario, aunque no conozcamos de algún esbozo sobre el empleo del tiempo presuntamente libre, nos atrevemos a varias hipótesis. Por ejemplo, la una, evidente, el consentimiento resignado a la elemental medida de enclaustramiento, justificada la desconfianza hacia un Estado que, en poco o en nada, auxilia a sus ciudadanos; y, la otra, menos obvia, la reivindicación del hogar al mismo tiempo que la de los espacios públicos.
Específicamente, la casa nos devuelve a las intimidades olvidadas, aunque en condiciones precarias que obligan a sendas excursiones para la búsqueda de los insumos necesarios, vapuleados por la inflación, rogando por no afrontar una emergencia - incluso – distinta a la viral, más de las veces, sin el servicio eléctrico o de agua. No obstante, en alguna escala, tendemos a revisar algunas de las convicciones que nos mantienen en pie y, aun no siendo creyentes, siéndolos de un modo particular u, otra variante, creyéndonos incrédulos, aplaudimos desde casas y apartamentos, el periplo cumplido por el Nazareno en las principales arterias de aldeas, caseríos, pueblos y ciudades.
Quizá por darle un acento diferente a las desoladas calles, muchos reparamos en el cumplimiento trágico de un itinerario que llevó finalmente a Jesús a la Resurrección, sublimando el de todo un país que ya no diferencia entre el Covid19 y el régimen que nos atormenta. En el llamado papamóvil, transitó por Caracas el Nazareno de la Iglesia Santa Teresa, agolpada tradicionalmente por estas fechas, seguido por numerosos motorizados de la Guardia Nacional y de la Policía Bolivarianas, cuales carceleros, hasta que una falla eléctrica impidió consumar el recorrido: no fue por falta de gasolina, como aseguró la prelatura que no ha de mentir y, menos, en la época cuaresmal.
A pesar de las limitaciones igualmente compartidas, los párrocos, se esfuerzan por una novedosa tarea evangelizadora y, así, con una modestia de infinita riqueza espiritual, el más cercano a nuestra residencia, hizo el trayecto con el Nazareno sobre una camioneta equipada con un básico sonido, compartiendo las oraciones con el extenso vecindario que también lo aplaudió como símbolo de las esperanzas que no desfallecen. En lo más recóndito de una agitada existencia común, arreciado el estado de zozobra como pocas veces en nuestra historia, surgen las preguntas de la vida misma, persistentes, ineludibles, impostergables.
Entre los papeles removidos en casa, por cierto, encontramos viejos recortes de prensa, como los de la serie de José Luis Vethencourt sobre la sabiduría, entre ellas, la espiritual, publicada por el Nacional a finales de 1985; el de Pynchas Brener, para el mismo periódico, sobre el pecado y el arrepentimiento (04/11/98); el de Roberto Briceño-León para El Universal, en relación al “Foucault entre nosotros” (08/07/84), curioso para un diario tildado de conservador; y hasta los títulos significativos de Ignacio Larrañaga junto a los ejercicios ignacianos de los padres Ignacio Huarte y José Martínez. Es decir, por poco que sea el tiempo disponible, el dramático camino de Jesús hacia la gloria, nos interpela, desde el propio oficio de la codianidad forzosa.
10/04/2020:
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36700-resurreccion
Ilustración: Audrey Anastasi.
Fotografías: LB, Caracas (Jueves Santo, 09/04/2020).
Luis Barragán
Inédito confinamiento viruscoronario, aunque no conozcamos de algún esbozo sobre el empleo del tiempo presuntamente libre, nos atrevemos a varias hipótesis. Por ejemplo, la una, evidente, el consentimiento resignado a la elemental medida de enclaustramiento, justificada la desconfianza hacia un Estado que, en poco o en nada, auxilia a sus ciudadanos; y, la otra, menos obvia, la reivindicación del hogar al mismo tiempo que la de los espacios públicos.
Específicamente, la casa nos devuelve a las intimidades olvidadas, aunque en condiciones precarias que obligan a sendas excursiones para la búsqueda de los insumos necesarios, vapuleados por la inflación, rogando por no afrontar una emergencia - incluso – distinta a la viral, más de las veces, sin el servicio eléctrico o de agua. No obstante, en alguna escala, tendemos a revisar algunas de las convicciones que nos mantienen en pie y, aun no siendo creyentes, siéndolos de un modo particular u, otra variante, creyéndonos incrédulos, aplaudimos desde casas y apartamentos, el periplo cumplido por el Nazareno en las principales arterias de aldeas, caseríos, pueblos y ciudades.
Quizá por darle un acento diferente a las desoladas calles, muchos reparamos en el cumplimiento trágico de un itinerario que llevó finalmente a Jesús a la Resurrección, sublimando el de todo un país que ya no diferencia entre el Covid19 y el régimen que nos atormenta. En el llamado papamóvil, transitó por Caracas el Nazareno de la Iglesia Santa Teresa, agolpada tradicionalmente por estas fechas, seguido por numerosos motorizados de la Guardia Nacional y de la Policía Bolivarianas, cuales carceleros, hasta que una falla eléctrica impidió consumar el recorrido: no fue por falta de gasolina, como aseguró la prelatura que no ha de mentir y, menos, en la época cuaresmal.
A pesar de las limitaciones igualmente compartidas, los párrocos, se esfuerzan por una novedosa tarea evangelizadora y, así, con una modestia de infinita riqueza espiritual, el más cercano a nuestra residencia, hizo el trayecto con el Nazareno sobre una camioneta equipada con un básico sonido, compartiendo las oraciones con el extenso vecindario que también lo aplaudió como símbolo de las esperanzas que no desfallecen. En lo más recóndito de una agitada existencia común, arreciado el estado de zozobra como pocas veces en nuestra historia, surgen las preguntas de la vida misma, persistentes, ineludibles, impostergables.
Entre los papeles removidos en casa, por cierto, encontramos viejos recortes de prensa, como los de la serie de José Luis Vethencourt sobre la sabiduría, entre ellas, la espiritual, publicada por el Nacional a finales de 1985; el de Pynchas Brener, para el mismo periódico, sobre el pecado y el arrepentimiento (04/11/98); el de Roberto Briceño-León para El Universal, en relación al “Foucault entre nosotros” (08/07/84), curioso para un diario tildado de conservador; y hasta los títulos significativos de Ignacio Larrañaga junto a los ejercicios ignacianos de los padres Ignacio Huarte y José Martínez. Es decir, por poco que sea el tiempo disponible, el dramático camino de Jesús hacia la gloria, nos interpela, desde el propio oficio de la codianidad forzosa.
10/04/2020:
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36700-resurreccion
Ilustración: Audrey Anastasi.
Fotografías: LB, Caracas (Jueves Santo, 09/04/2020).
lunes, 6 de abril de 2020
MICROFÍSICA DEL PODER (EJERCICIO)
Del poder que nos habita
Luis Barragán
Largo ejercicio al trillar la centuria que juró en vano promisoria, el poder establecido se ha actualizado con la pandemia a través de un discurso que va más allá de lo verbal, realizándose por la suerte de un conglomerado confidencial de ideas, gestos, actitudes, hábitos, percepciones, trastocadas en cultura. Siempre por constituirse, jamás estable y confiable, fiel a las circunstancias que debe superar, concebido como una experiencia militar, nos aproxima con modestia y cautela a Michel Foucault y sus obras, por cierto, ya difíciles de hallar físicamente (https://www.bloghemia.com/2018/12/michel-foucault-obras-completas-en-pdf.html), sobre todo “Microfisica del poder” (1980), en alianza con Carlos J. Rojas Osorio y su “Foucault y el pensamiento contemporáneo” (Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995).
Escandalizada la opinión pública occidental por el arbitrario tratamiento que ha dado Viktor Orban, el gobernante húngaro que decretó el estado de excepción que luce tímido respecto a la aplicación hecha en Venezuela, el debate gana terreno en relación a la seguridad y a la cesión de los derechos ciudadanos. Anne Applebaum, no en balde ganadora del Premio Pulitzer por escribir sobre el Gulag y finalista del National Book Award por revelar la hambruna stalinista de Ucrania, ha llamado la atención recientemente sobre la concentración del poder bajo el amparo del coronavirus, citando sendos ejemplos históricos (https://www.anneapplebaum.com/2020/03/23/when-disease-comes-rulers-grab-more-power).
En nuestro país, sigue también postergado el inmediato tratamiento de otras dolencias y enfermedades, sujetos en lo posible todos al registro y seguimiento de las autoridades reales y sobrevenidas, como varias y copiosamente se hizo con los más variados operativos (viviendas, alimentos, vehiculares, etc.), complementarios de los tributarios u otros parecidos, en un contexto sanitario ampliamente cuestionado. La relación del poder con la población, es propia de los servicios de (contra) inteligencia, privando la sensación de una oportuna cuarentena para moderar la polémica política, quizá prolongable (al fin y al cabo, es un término ya propiamente médico), con el objetivo de una “renormalización” de la situación.
El pequeño artefacto electrónico de medición de la temperatura, ya visto en otras latitudes, no lo consigue cualquier ciudadano en una botica, siendo monopolizado por las autoridades para simbolizar mejor su dominio en los espacios públicos, por ejemplo, además del intenso patrullaje (no precisamente de los profesionales de la salud). Y, aunque frecuentemente no hallamos en Foucault las alternativas específicas y concretas a su diagnóstico, a esta suerte de mecanismos infinitesimales del poder que impiden el suministro de la gasolina para los médicos independientes, reprimiéndoles espontáneamente por videograbar sus angustiosas vicisitudes (https://twitter.com/reportesenlared/status/1245044197142470657), se une la convicción generalizada de que debemos librarnos de algo más que el coronavirus.
Todos intuimos o sabemos que no estamos ante un representante del Estado, como ocurrió, mal que bien, con la policía en tiempos pasados; e, incluso, como la hubo en la Caracas de 1834 de acuerdo a un extenso reportaje de Erasmo Colina (El Universal, Caracas: 24/04/1967). Por ello, la desconfianza frente a un poder que costará desmontar al habitarnos con una intimidad ganada por más de dos décadas que ahora se revela dramáticamente.
06/04/2020:
martes, 31 de marzo de 2020
ENUNCIADOS PARA UN DEBATE DE INEVITABLE PROFUNDIDAD
Pensar más allá de la pandemia
La crisis sanitaria da argumentos a los modelos de Estado totalitario mientras los países democráticos implementan restricciones que, en el pasado, hubieran sido inimaginables
Ilán Bizberg
Desde antes del estallido de la actual pandemia se estaban presentando a la sociedad global dos modelos contrastantes. Por un lado el autoritario, ejemplificado por China (aunque no solo por ella), que estaba desarrollando de manera acelerada su economía, sacando de la pobreza a 600 millones de sus habitantes, ampliando de manera espectacular su infraestructura y logrando que la nueva clase media emergente tuviera acceso a las comodidades del mundo desarrollado. Todo esto en apenas 30 años. Incluso se veía que, ante la contaminación que generaba el crecimiento, el Gobierno se encaminaba hacia la transición ecológica más rápidamente que el resto del mundo, como lo atestigua el hecho que este país se ha convertido en el productor mundial de paneles solares. Los dirigentes de este modelo alegan que la democracia y las libertades individuales pondrían en peligro la capacidad estatal de continuar con este impresionante proceso. Y la mayoría de la población acepta esta premisa: la democracia y las libertades individuales pueden esperar, lo más importante era que un país que, hasta hace poco tiempo era pobre, se estaba enriqueciendo a una velocidad sorprendente. Los valores que están en la base de las sociedades democráticas se podían retrasar a cambio del desarrollo económico. Unos que no estuvieron de acuerdo fueron los jóvenes de Tiananmén en los años 80, y los de la región administrativa especial de Hong Kong en la actualidad. Estos últimos al ver cómo las libertades de las que gozaron mientras fueron colonia inglesa y que aún tienen mientras esté vigente el modelo “un país, dos sistemas”, están siendo gradualmente erosionadas por el Gobierno comunista central.
Frente a este modelo, se ponía como contraste a los países democráticos, en especial a Europa, donde coincide un sistema político abierto y plural, un extenso Estado de bienestar y amplias libertades individuales. En estos países, el tiempo político parece ser demasiado lento, al grado de estar a la zaga de las necesidades imperiosas: su capacidad de reacción ante las crisis económicas y las demandas sociales, así como los desafíos de la emergencia ecológica, son tardías. Incluso la misma democracia que las caracteriza parece estar en crisis con el auge de los populismos de derecha. Hay que recordar que la lentitud es consustancial a la democracia, régimen basado en el diálogo, el debate, y los acuerdos. Por otra parte, en los países democráticos, la población valora su libertad individual y, por ello, es muy celosa de preservar su capacidad de crítica ante cualquier ordenamiento estatal.
Pues bien, la actual crisis sanitaria está dando argumentos a los que defienden la primacía del primer modelo –como en el artículo de Byung-Chul Han publicado hace unos días en EL PAÍS– al tiempo que el modelo democrático implementa restricciones que hubieran sido inimaginables anteriormente. En pocas palabras, Han plantea que lo que los países democráticos y sus poblaciones consideran como una intromisión a su privacidad es lo que ha permitido a los países asiáticos salir de la crisis sanitaria con menos costos humanos, sociales y económicos. Países como China lo han logrado con los mecanismos de control de la población tales como la capacidad de presión del Estado sobre los individuos, el reconocimiento facial, el acceso a los celulares y a otros medios de comunicación privada, que han sido tan criticados por los defensores de la democracia. Esto ha permitido hacer pruebas a millones de personas, medir la temperatura de los individuos, y obligarlos a aislarse si tienen síntomas, vigilando su más mínimo desplazamiento y el de sus familiares. En suma, los mecanismos de control autoritario sobre la población han sido sumamente eficaces en este momento de crisis para frenar la expansión del virus. Aunque hay que recordar algo que no dicen los promotores de este modelo: que este mismo régimen escondió por más de un mes la existencia de esta nueva enfermedad.
En balance, según el mismo artículo, los sistemas democráticos son menos eficaces y, por ello, están destinados a pasar a la historia frente a sistemas que no solo ejercen un control autoritario sobre la política, sino sobre la misma población, sobre cada uno de sus ciudadanos. De hecho, los países democráticos están implementando medidas que hace unos meses eran impensables. Decretos que no pasan por el congreso y que obligan a los ciudadanos a quedarse en sus casas, que les exigen un salvoconducto para ir a la farmacia, a la tienda de la esquina, a salir a hacer ejercicio, o si se alejan más de 100 metros de su lugar de residencia. Y no solo eso. En algunos casos, la policía – o incluso el Ejército– puede considerar la estancia en la calle injustificable e imponer multas o, incluso en algunos países, penas de cárcel.
Si bien es cierto que, en este momento, parece que la situación obliga a aceptar estas medidas y a considerar que los países autoritarios están mejor dotados para luchar contra la pandemia, es importante ver más allá. Los países autoritarios fácilmente utilizarán estos mecanismos impuestos en un momento de crisis para fortalecer y perpetuar su control; pero, ¿qué ha pasado con el auge de manifestaciones que habíamos visto a fines del año pasado en todo el mundo, entre ellas la de los jóvenes de Hong Kong? Por su parte, los países democráticos pueden no desarmar todos los mecanismos autoritarios que se implementan de manera temporal con la excusa de que sirven para cualquier otra crisis, como de hecho se hizo contra la lucha con el terrorismo.
Aquí vienen al caso los escritos de Michel Foucault, así como los de Giorgio Agamben, quienes han llamado la atención sobre la tendencia de los Estados contemporáneos de administrar la población. Foucault analizó cómo las formas modernas de control ya no son ejercidas por un mando centralizado (por un rey o el mismo Estado, como pensaba Maquiavelo), sino que el poder se ha difuminado. A partir de la invención de la policía, de la economía capitalista, de la administración estatal y de la estadística, se administra la población por mecanismos dirigidos a cada uno de nosotros, definiendo lo que es normal y anormal, regulando lo que se permite hacer y cuáles son nuestras obligaciones. Los Estados modernos tienen mecanismos cada vez más sofisticados para lograr esto. Agamben, por su parte, considera que el miedo se ha convertido en otra manera de control de la población, que se fortaleció con la guerra en contra del terrorismo y que amenaza de salir reforzada con la guerra en contra de la(s) pandemia(s).
Por otra parte, este autor ha llamado la atención acerca del hecho de que nuestra existencia no se puede resumir a la “vida desnuda”, como este llama a la supervivencia. Que la vida de los seres humanos, a diferencia de lo que hacen lo virus que colonizan nuestras células, no es simplemente sobrevivir, sino vivir con un objetivo que cada individuo define, que nuestras vidas no se pueden resumir a sobrevivir el presente, sino a proyectarnos hacia el futuro, mediante nuestras aspiraciones, deseos, y sueños. Salir triunfante de la guerra actual por la sobrevivencia abandonando todo al poder del Estado sería no solo una derrota de la democracia, la libertad y de la esencia de la vida misma. También nos pondría en grave desventaja frente a la lucha que viene, la verdadera amenaza de la humanidad en su totalidad: la crisis ecológica.
(*) Ilán Bizberg es investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2020/03/31/opinion/1585610408_637589.html
Fotografías: https://elpais.com/elpais/2020/03/19/album/1584617566_646053.html#foto_gal_6
Narong Sangnak (EFE).Las autoridades tailandesas desinfectan un mercado de animales de Chatuchak en Bangkok (Tailandia), este viernes.
Christoph Soeder (AP). Una mujer camina por un andén vacío de la estación de metro Zoologischer Garten en Berlín, este viernes.
La crisis sanitaria da argumentos a los modelos de Estado totalitario mientras los países democráticos implementan restricciones que, en el pasado, hubieran sido inimaginables
Ilán Bizberg
Desde antes del estallido de la actual pandemia se estaban presentando a la sociedad global dos modelos contrastantes. Por un lado el autoritario, ejemplificado por China (aunque no solo por ella), que estaba desarrollando de manera acelerada su economía, sacando de la pobreza a 600 millones de sus habitantes, ampliando de manera espectacular su infraestructura y logrando que la nueva clase media emergente tuviera acceso a las comodidades del mundo desarrollado. Todo esto en apenas 30 años. Incluso se veía que, ante la contaminación que generaba el crecimiento, el Gobierno se encaminaba hacia la transición ecológica más rápidamente que el resto del mundo, como lo atestigua el hecho que este país se ha convertido en el productor mundial de paneles solares. Los dirigentes de este modelo alegan que la democracia y las libertades individuales pondrían en peligro la capacidad estatal de continuar con este impresionante proceso. Y la mayoría de la población acepta esta premisa: la democracia y las libertades individuales pueden esperar, lo más importante era que un país que, hasta hace poco tiempo era pobre, se estaba enriqueciendo a una velocidad sorprendente. Los valores que están en la base de las sociedades democráticas se podían retrasar a cambio del desarrollo económico. Unos que no estuvieron de acuerdo fueron los jóvenes de Tiananmén en los años 80, y los de la región administrativa especial de Hong Kong en la actualidad. Estos últimos al ver cómo las libertades de las que gozaron mientras fueron colonia inglesa y que aún tienen mientras esté vigente el modelo “un país, dos sistemas”, están siendo gradualmente erosionadas por el Gobierno comunista central.
Frente a este modelo, se ponía como contraste a los países democráticos, en especial a Europa, donde coincide un sistema político abierto y plural, un extenso Estado de bienestar y amplias libertades individuales. En estos países, el tiempo político parece ser demasiado lento, al grado de estar a la zaga de las necesidades imperiosas: su capacidad de reacción ante las crisis económicas y las demandas sociales, así como los desafíos de la emergencia ecológica, son tardías. Incluso la misma democracia que las caracteriza parece estar en crisis con el auge de los populismos de derecha. Hay que recordar que la lentitud es consustancial a la democracia, régimen basado en el diálogo, el debate, y los acuerdos. Por otra parte, en los países democráticos, la población valora su libertad individual y, por ello, es muy celosa de preservar su capacidad de crítica ante cualquier ordenamiento estatal.
Pues bien, la actual crisis sanitaria está dando argumentos a los que defienden la primacía del primer modelo –como en el artículo de Byung-Chul Han publicado hace unos días en EL PAÍS– al tiempo que el modelo democrático implementa restricciones que hubieran sido inimaginables anteriormente. En pocas palabras, Han plantea que lo que los países democráticos y sus poblaciones consideran como una intromisión a su privacidad es lo que ha permitido a los países asiáticos salir de la crisis sanitaria con menos costos humanos, sociales y económicos. Países como China lo han logrado con los mecanismos de control de la población tales como la capacidad de presión del Estado sobre los individuos, el reconocimiento facial, el acceso a los celulares y a otros medios de comunicación privada, que han sido tan criticados por los defensores de la democracia. Esto ha permitido hacer pruebas a millones de personas, medir la temperatura de los individuos, y obligarlos a aislarse si tienen síntomas, vigilando su más mínimo desplazamiento y el de sus familiares. En suma, los mecanismos de control autoritario sobre la población han sido sumamente eficaces en este momento de crisis para frenar la expansión del virus. Aunque hay que recordar algo que no dicen los promotores de este modelo: que este mismo régimen escondió por más de un mes la existencia de esta nueva enfermedad.
En balance, según el mismo artículo, los sistemas democráticos son menos eficaces y, por ello, están destinados a pasar a la historia frente a sistemas que no solo ejercen un control autoritario sobre la política, sino sobre la misma población, sobre cada uno de sus ciudadanos. De hecho, los países democráticos están implementando medidas que hace unos meses eran impensables. Decretos que no pasan por el congreso y que obligan a los ciudadanos a quedarse en sus casas, que les exigen un salvoconducto para ir a la farmacia, a la tienda de la esquina, a salir a hacer ejercicio, o si se alejan más de 100 metros de su lugar de residencia. Y no solo eso. En algunos casos, la policía – o incluso el Ejército– puede considerar la estancia en la calle injustificable e imponer multas o, incluso en algunos países, penas de cárcel.
Si bien es cierto que, en este momento, parece que la situación obliga a aceptar estas medidas y a considerar que los países autoritarios están mejor dotados para luchar contra la pandemia, es importante ver más allá. Los países autoritarios fácilmente utilizarán estos mecanismos impuestos en un momento de crisis para fortalecer y perpetuar su control; pero, ¿qué ha pasado con el auge de manifestaciones que habíamos visto a fines del año pasado en todo el mundo, entre ellas la de los jóvenes de Hong Kong? Por su parte, los países democráticos pueden no desarmar todos los mecanismos autoritarios que se implementan de manera temporal con la excusa de que sirven para cualquier otra crisis, como de hecho se hizo contra la lucha con el terrorismo.
Aquí vienen al caso los escritos de Michel Foucault, así como los de Giorgio Agamben, quienes han llamado la atención sobre la tendencia de los Estados contemporáneos de administrar la población. Foucault analizó cómo las formas modernas de control ya no son ejercidas por un mando centralizado (por un rey o el mismo Estado, como pensaba Maquiavelo), sino que el poder se ha difuminado. A partir de la invención de la policía, de la economía capitalista, de la administración estatal y de la estadística, se administra la población por mecanismos dirigidos a cada uno de nosotros, definiendo lo que es normal y anormal, regulando lo que se permite hacer y cuáles son nuestras obligaciones. Los Estados modernos tienen mecanismos cada vez más sofisticados para lograr esto. Agamben, por su parte, considera que el miedo se ha convertido en otra manera de control de la población, que se fortaleció con la guerra en contra del terrorismo y que amenaza de salir reforzada con la guerra en contra de la(s) pandemia(s).
Por otra parte, este autor ha llamado la atención acerca del hecho de que nuestra existencia no se puede resumir a la “vida desnuda”, como este llama a la supervivencia. Que la vida de los seres humanos, a diferencia de lo que hacen lo virus que colonizan nuestras células, no es simplemente sobrevivir, sino vivir con un objetivo que cada individuo define, que nuestras vidas no se pueden resumir a sobrevivir el presente, sino a proyectarnos hacia el futuro, mediante nuestras aspiraciones, deseos, y sueños. Salir triunfante de la guerra actual por la sobrevivencia abandonando todo al poder del Estado sería no solo una derrota de la democracia, la libertad y de la esencia de la vida misma. También nos pondría en grave desventaja frente a la lucha que viene, la verdadera amenaza de la humanidad en su totalidad: la crisis ecológica.
(*) Ilán Bizberg es investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2020/03/31/opinion/1585610408_637589.html
Fotografías: https://elpais.com/elpais/2020/03/19/album/1584617566_646053.html#foto_gal_6
Narong Sangnak (EFE).Las autoridades tailandesas desinfectan un mercado de animales de Chatuchak en Bangkok (Tailandia), este viernes.
Christoph Soeder (AP). Una mujer camina por un andén vacío de la estación de metro Zoologischer Garten en Berlín, este viernes.
Etiquetas:
Byung-Chul Han,
China,
Coronovirus,
Ilán Bizberg,
Michel Foucault,
Pandemia,
Populismo de derecha
lunes, 16 de marzo de 2020
DE LA GRIPE ESPAÑOLA AL CORONA VIRUS: EL BIOPODER
De la biopolítica
Luis Barragán
La indeseable recepción del coronavirus, ojalá auspicie una discusión en torno al modelo biopolítico del poder establecido en Venezuela. En contadas ocasiones leído, Michel Foucault arroja luces en una materia escasamente conocida por la opinión pública, aunque sabemos de destacados académicos e, incluso, amigos columnistas que lo dominan, al igual que a Giorgio Agamben o Byung-Chul Han, pero quizá la barrera (¿infranqueable?) de la pusilanimidad generalizada no permite ir más allá del simple enunciado.
Versamos sobre autores que escrutan la realidad de los países capitalistas avanzados, con observaciones y juicios valederos y puntuales. Empero, inicial impresión personal, olvidan algo más que las vicisitudes experimentadas en aquellas latitudes que están bajo regímenes totalitarios, realizando la barbarie, como ocurre en este lado del mundo.
En una ocasión, en el curso de una intervención ante la plenaria de la Asamblea Nacional relacionada con la detención inconstitucional de varios diputados, equiparando a La Tumba con La Rotunda que algunos colegas, después, consideraron exagerada, nos referimos a la inaudita y absoluta disposición corporal de los prisioneros comunes y aún más políticos, como si la sola aprehensión autorizara al Estado para desconocerles los más elementales derechos humanos. Admitimos, fue quizá una convicción o intuición que afloró al calor del debate que, luego, le encontramos sentido y pertinencia acaso por algunas de las viejas y dispersas lecturas referidas al llamado biopoder.
El asunto nos remitió al mundo real de las exclusiones de un régimen que orwellianamente ha predicado la inclusión, pues, a los suyos, portadores activos y notorios del Carnet de la Patria, únicamente les llegan los alimentos y, además, de mala calidad (las cajas CLAP como sublimación de las tarjetas cubanas de racionamiento); gozan de cualesquiera bonos orientados al aplacamiento de los ánimos, subordinándolos; cuentan con la transportación segura y confortable de los “Yutong” para las movilizaciones partidistas, mientras que el resto del país está condenado a unidades tan antiguas, precarias como inseguras; o, aleatoriamente, pueden privilegiarlos con algún tipo de asistencia médico-hospitalaria, a la vez que se ha hecho habitual la muerte de neonatos o niños en los centros públicos, encarecidos los privados.
Nada casual que la literatura no llegue físicamente al país, días atrás descubrimos, pendientes de releer, un título de Agamben (https://tac091.files.wordpress.com/2008/12/agamben-giorgio-homo-sacer.pdf), cuya definición de la nuda vida (“la vida a quien cualquiera puede dar muerte”), nos condujo a los escandalosos indicadores de muertes violentas o callejeras en Venezuela. Útiles las redes sociales o digitales, a propósito del COVID-19, nos interesamos por una de las pestes que padecimos en el siglo XX, atentos a los aportes de Ramón Alberto Rivero, Jerjes Meléndez Núñez y Luis Heraclio Medina Canelón para Facebook. Y hasta – receptiva – consultamos a un contacto de Twitter, Ingrid Lares, quien se identifica como sociólogo foucaultiana, haciendo caso de su recomendación: “Vigilar y castigar”, del autor francés.
Reproducción: Tomada de la cuenta facebookeana de Ramón Alberto Rivero.
16/03/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36558-biopolitica
16/03/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36558-biopolitica
sábado, 14 de marzo de 2020
OPORTUNIDAD
TRIBUNA:
Biopolíticas
Agnes Heller
Foucault descubrió una zona principal de conflicto potencial en la modernidad tardía: la cautividad del cuerpo en la cárcel del alma. La política de disciplina y castigo no era, según él, una reliquia de un estado de cosas obsoleto, sino que ilustraba la manera opresiva inventada por la propia modernidad para domesticar al individuo en un sistema que, de esta manera, se había extendido a la escuela, al hospital y a la prisión.Biopolítica es el resultado del conflicto entre los dos principios básicos en los que se funda la modernidad en su aplicación al cuerpo en la cárcel del alma: los valores de libertad y vida. Cuando la recomendación libertaria de Foucault es desatendida y el valor de vida (tanto en el sentido de mera supervivencia como en el de felicidad) pasa a ser predominante o exclusivo con respecto al cuerpo, hace su aparición la biopolítica. El prólogo a esta nueva y altamente problemática evolución fue el movimiento antinuclear de los años ochenta, cuya retórica era una combinación de la proyección apocalíptica y tendenciosa de unos peligros que no eran inminentes y un desprecio casi evidente hacia el valor de libertad, junto con una ceguera o mala fe política. En un mundo en que la Unión Soviética ha dejado de existir como gran potencia puede afrontarse el tema completamente legítimo del desarme nuclear sin que nos amenacen ya los peligros implícitos en la solución antinuclear. Sin embargo, su legado sigue vigente en el balanceo del péndulo que va del libertarismo a la biopolítica. Las primeras constricciones de este cambio aparecieron hace ya una década en la obsesiva campaña antitabaco y en las oleadas de culto a la salud. Ambas entraron en escena con un celo y un espíritu inquisitorial que parecerían corresponder más bien a una religión, y de hecho, desempeñaron la función de sucedáneos de la religión.
La biopolítica trata de tres temas, cada uno de los cuales es perfectamente legítimo, e incluso crucial, que son el medio ambiente, el sexo y la raza. La doctrina del medio ambiente ha hecho dos promesas. Ha prometido que se producirá un desplazamiento desde un progreso indiscriminado y global hacia la promoción de unas tecnologías seleccionadas y la prohibición de otras. La segunda promesadiscriminación de la mujer ha sido prohibida por la ley. Al mismo tiempo, cualquier observador realista sabe muy bien que estos cambios, por muy cruciales que sean, no han afectado todavía a la institución imaginaria de la sociedad, que la discriminación por razones de raza y sexo sigue siendo activa.Decidirse por una política de los sexos es en sí mismo un acto que consiste en seleccionar una opción particular de entre un conjunto de tres lenguajes: el universalista, el sexocentrista y el diferencialista. Al adoptar la primera opción, los movimientos de la mujer optan por el ideal de una humanidad universal y contra cualquier sustancia sexual o genérica. Éste es el famoso proyecto universalistahumanista, que ha sido criticado recientemente en muchos aspectos (con y sin razón), pero que, no obstante, seguirá atrayendo a muchos, tal vez a lamayoría. Al optar por la categoría abarcadora de sexo o género, el movimiento está optando por la biopolítica. Y, por último, adoptar la opción de las diferencias individuales, que no implica ni una homogeneización universalista ni una sustancialización de los géneros, es la decisión que parece estar en completa armonía con la prioridad de la libertad.
Seleccionar la categoría abarcadora de género implica, en primer lugar, que el movimiento queda completamente autoclausurado. Porque el género se presenta o como un dato genético-biológico, en cuyo caso tenemos una nueva teoría de la raza, con sus mitos habituales -que excluyen la comunicación racional con la otra raza- o se presenta como una entidad cultural surgida históricamente, en cuyo caso la autoclausura, la exigencia de una epistemología especial, todo el lenguaje del nosotros y el ellos, las teorías o las prácticas implícitas de una revancha histórica, no representan otra cosa más que la elección de una agresiva política sectaria.
La biopolítica de la raza empieza con una estrategia legítima, con el rechazo de la asimilación forzada por parte de grupos étnicos completos que nunca eligieron el lugar sobre la Tierra en el que ahora viven, sino que se vieron obligados a
RAúL ocuparlo (ya fuera por la esclavitud o por catástrofes naturales o sociales en sus respectivastierras de origen). Dado que la extendida política de los derechos humanos abre ahora las fronteras de muchos países, no carece de realismo predecir un nuevo volkserwanderung y, junto con ello, la presencia de autodefiniciones. Este será el tema político principal en la agenda de los noventa, en particular porque, a pesar de la legislación, la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo todavía viven en la edad de piedra en cuanto a la cultura emocional referida al otro, cuya presencia todavía suscita turbación y despierta animosidad.
Las exigencias perfectamente legítimas de los grupos étnicos se convierten en biopolítica, y, por consiguiente, en un dilema, sólo cuando esos grupos se definen a sí mismos como una raza. Porque es evidente que una autodefinición racial es una opción cultural y política, y no el descubrimiento de unos factores genéticos. Pero una vez que la opción política de una autodefinición racial ha sido adoptada, una vez que la diferencia está escrita en el cuerpo (por consiguiente, es aceptada la forma paradigmática de biopolítica), las consecuencias serán desastrosas y a menudo irreversibles. El lenguaje político será hipócrita, todo el conjunto de medios y herramientas de una cultura serán movidos a predicar el odioso y superfluo carácter de la cultura cuyo lenguaje habla el hablante y a negar la débil vinculación del hablante con él. El diálogo entre las razas (creadas políticamente) se romperá, puesto que las diferencias genéticas no pueden comunicarse racionalmente. Adquiere mucha importancia el peligro de que el antisemitismo se universalice y todos los grupos se conviertan en espantapájaros y blanco de odios, como lo fueron en su día los judíos, para cualquier otro grupo y reciban el trato correspondiente. Los grupos étnicos sin rasgos genéticos distintivos, al igual que las comunidades rituales que no tienen una identidad étnica especial, pueden convertirse en razas para el enemigo racista (en analogía con la frase de Sartre que decía que es el antisemita el que crea al judío), y recíprocamente, los grupos étnicos y las comunidades rituales pueden cerrarse cultural y políticamente a sí mismos hasta el punto de una incomunicación genética. En biopolítica, el primer paso fatal y reaccionario es renunciar a la comunicación, haciendo referencia al otro como alguien que de alguna manera no pqede entender nuestro lenguaje. Esta es la actitud que genera una conciencia fácil en el sentido de que todo está permitido contra el otro. Ésta es la actitud que implica la abolición de las mejores características de la Ilustración y un descarado retorno a la jungla social.
Hay dos maneras de tratar el cuerpo en la cárcel del alma. Una es idolatrar al cuerpo, entendido como raza y como sexo. Esta opción nunca nos sacará de la cárcel. Se abre otro camino, que consiste en aferrarnos rápidamente a la primacía de la libertad, del alma y el cuerpo. Ésta es nuestra única oportunidad.
(*) Agnes Heller es profesora de sociología de la Nueva Escuela de Investigación Social de Nueva York.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 1991:
https://elpais.com/diario/1991/12/12/opinion/692492401_850215.html
Cfr.
http://cedinci.org/2019/07/20/una-conversacion-con-agnes-heller/
Biopolíticas
Agnes Heller
Foucault descubrió una zona principal de conflicto potencial en la modernidad tardía: la cautividad del cuerpo en la cárcel del alma. La política de disciplina y castigo no era, según él, una reliquia de un estado de cosas obsoleto, sino que ilustraba la manera opresiva inventada por la propia modernidad para domesticar al individuo en un sistema que, de esta manera, se había extendido a la escuela, al hospital y a la prisión.Biopolítica es el resultado del conflicto entre los dos principios básicos en los que se funda la modernidad en su aplicación al cuerpo en la cárcel del alma: los valores de libertad y vida. Cuando la recomendación libertaria de Foucault es desatendida y el valor de vida (tanto en el sentido de mera supervivencia como en el de felicidad) pasa a ser predominante o exclusivo con respecto al cuerpo, hace su aparición la biopolítica. El prólogo a esta nueva y altamente problemática evolución fue el movimiento antinuclear de los años ochenta, cuya retórica era una combinación de la proyección apocalíptica y tendenciosa de unos peligros que no eran inminentes y un desprecio casi evidente hacia el valor de libertad, junto con una ceguera o mala fe política. En un mundo en que la Unión Soviética ha dejado de existir como gran potencia puede afrontarse el tema completamente legítimo del desarme nuclear sin que nos amenacen ya los peligros implícitos en la solución antinuclear. Sin embargo, su legado sigue vigente en el balanceo del péndulo que va del libertarismo a la biopolítica. Las primeras constricciones de este cambio aparecieron hace ya una década en la obsesiva campaña antitabaco y en las oleadas de culto a la salud. Ambas entraron en escena con un celo y un espíritu inquisitorial que parecerían corresponder más bien a una religión, y de hecho, desempeñaron la función de sucedáneos de la religión.
La biopolítica trata de tres temas, cada uno de los cuales es perfectamente legítimo, e incluso crucial, que son el medio ambiente, el sexo y la raza. La doctrina del medio ambiente ha hecho dos promesas. Ha prometido que se producirá un desplazamiento desde un progreso indiscriminado y global hacia la promoción de unas tecnologías seleccionadas y la prohibición de otras. La segunda promesadiscriminación de la mujer ha sido prohibida por la ley. Al mismo tiempo, cualquier observador realista sabe muy bien que estos cambios, por muy cruciales que sean, no han afectado todavía a la institución imaginaria de la sociedad, que la discriminación por razones de raza y sexo sigue siendo activa.Decidirse por una política de los sexos es en sí mismo un acto que consiste en seleccionar una opción particular de entre un conjunto de tres lenguajes: el universalista, el sexocentrista y el diferencialista. Al adoptar la primera opción, los movimientos de la mujer optan por el ideal de una humanidad universal y contra cualquier sustancia sexual o genérica. Éste es el famoso proyecto universalistahumanista, que ha sido criticado recientemente en muchos aspectos (con y sin razón), pero que, no obstante, seguirá atrayendo a muchos, tal vez a lamayoría. Al optar por la categoría abarcadora de sexo o género, el movimiento está optando por la biopolítica. Y, por último, adoptar la opción de las diferencias individuales, que no implica ni una homogeneización universalista ni una sustancialización de los géneros, es la decisión que parece estar en completa armonía con la prioridad de la libertad.
Seleccionar la categoría abarcadora de género implica, en primer lugar, que el movimiento queda completamente autoclausurado. Porque el género se presenta o como un dato genético-biológico, en cuyo caso tenemos una nueva teoría de la raza, con sus mitos habituales -que excluyen la comunicación racional con la otra raza- o se presenta como una entidad cultural surgida históricamente, en cuyo caso la autoclausura, la exigencia de una epistemología especial, todo el lenguaje del nosotros y el ellos, las teorías o las prácticas implícitas de una revancha histórica, no representan otra cosa más que la elección de una agresiva política sectaria.
La biopolítica de la raza empieza con una estrategia legítima, con el rechazo de la asimilación forzada por parte de grupos étnicos completos que nunca eligieron el lugar sobre la Tierra en el que ahora viven, sino que se vieron obligados a
RAúL ocuparlo (ya fuera por la esclavitud o por catástrofes naturales o sociales en sus respectivastierras de origen). Dado que la extendida política de los derechos humanos abre ahora las fronteras de muchos países, no carece de realismo predecir un nuevo volkserwanderung y, junto con ello, la presencia de autodefiniciones. Este será el tema político principal en la agenda de los noventa, en particular porque, a pesar de la legislación, la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo todavía viven en la edad de piedra en cuanto a la cultura emocional referida al otro, cuya presencia todavía suscita turbación y despierta animosidad.
Las exigencias perfectamente legítimas de los grupos étnicos se convierten en biopolítica, y, por consiguiente, en un dilema, sólo cuando esos grupos se definen a sí mismos como una raza. Porque es evidente que una autodefinición racial es una opción cultural y política, y no el descubrimiento de unos factores genéticos. Pero una vez que la opción política de una autodefinición racial ha sido adoptada, una vez que la diferencia está escrita en el cuerpo (por consiguiente, es aceptada la forma paradigmática de biopolítica), las consecuencias serán desastrosas y a menudo irreversibles. El lenguaje político será hipócrita, todo el conjunto de medios y herramientas de una cultura serán movidos a predicar el odioso y superfluo carácter de la cultura cuyo lenguaje habla el hablante y a negar la débil vinculación del hablante con él. El diálogo entre las razas (creadas políticamente) se romperá, puesto que las diferencias genéticas no pueden comunicarse racionalmente. Adquiere mucha importancia el peligro de que el antisemitismo se universalice y todos los grupos se conviertan en espantapájaros y blanco de odios, como lo fueron en su día los judíos, para cualquier otro grupo y reciban el trato correspondiente. Los grupos étnicos sin rasgos genéticos distintivos, al igual que las comunidades rituales que no tienen una identidad étnica especial, pueden convertirse en razas para el enemigo racista (en analogía con la frase de Sartre que decía que es el antisemita el que crea al judío), y recíprocamente, los grupos étnicos y las comunidades rituales pueden cerrarse cultural y políticamente a sí mismos hasta el punto de una incomunicación genética. En biopolítica, el primer paso fatal y reaccionario es renunciar a la comunicación, haciendo referencia al otro como alguien que de alguna manera no pqede entender nuestro lenguaje. Esta es la actitud que genera una conciencia fácil en el sentido de que todo está permitido contra el otro. Ésta es la actitud que implica la abolición de las mejores características de la Ilustración y un descarado retorno a la jungla social.
Hay dos maneras de tratar el cuerpo en la cárcel del alma. Una es idolatrar al cuerpo, entendido como raza y como sexo. Esta opción nunca nos sacará de la cárcel. Se abre otro camino, que consiste en aferrarnos rápidamente a la primacía de la libertad, del alma y el cuerpo. Ésta es nuestra única oportunidad.
(*) Agnes Heller es profesora de sociología de la Nueva Escuela de Investigación Social de Nueva York.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 1991:
https://elpais.com/diario/1991/12/12/opinion/692492401_850215.html
Cfr.
http://cedinci.org/2019/07/20/una-conversacion-con-agnes-heller/
Etiquetas:
Agnes Heller,
Biopolítica,
Marxismo,
Michel Foucault
domingo, 29 de julio de 2018
FOUCAULTIANAS
El Universal, Caracas, 1978: por una parte, no precisamos bien la fecha ni el apellido de la autora del texto, por lo que esperamoshacerlo en otra visita a la hemeroteca; y, por la otra, luce significativo que un diario, como El Universal, publique sobre un autor del que, posiblemente, otros períodicos de línea editorial contraria, no den cuenta.
lunes, 26 de marzo de 2018
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Córnea de un perro transplantada (injertada) en Caracas a un joven obrero. El Nacional, Caracas, 13/04/1973.
- Martín de Ugalde. "¿Qué pasa con el clima de Caracas?". El Nacional, 22/11/58.
- Texto y fotografías de Graziano Gasparini: restauración de monumentos (Araure, Obispos, Píritu, Coro, Clarines, Barcelona). El Nacional, 27/07/61.
- Juan de Dios Sánchez. "Apuntes sobre Sabana Grande". ElUniversal, Caracas, 02/03/82.
- Roberto Briceño-León. "(Michel) Foucault entre nosotros". El Nacional, 08/07/84.
Reproducción: René de Sola. El Nacional, Caracas, 17/11/1958. Transplante,
- Martín de Ugalde. "¿Qué pasa con el clima de Caracas?". El Nacional, 22/11/58.
- Texto y fotografías de Graziano Gasparini: restauración de monumentos (Araure, Obispos, Píritu, Coro, Clarines, Barcelona). El Nacional, 27/07/61.
- Juan de Dios Sánchez. "Apuntes sobre Sabana Grande". ElUniversal, Caracas, 02/03/82.
- Roberto Briceño-León. "(Michel) Foucault entre nosotros". El Nacional, 08/07/84.
Reproducción: René de Sola. El Nacional, Caracas, 17/11/1958. Transplante,
viernes, 4 de septiembre de 2015
DOTE (S)
EL NACIONAL, Caracas, 4 de septiembre de 2015
A tres manos
Glosas sobre la creación del sujeto y la corrupción de la sal en la norma que regula
Rubén Darío Arroyo Osorio
Abordaremos esta reflexión en aras de fundamentar desde la filosofía de la praxis la búsqueda de elementos teóricos explicativos acerca de la ausencia de un sujeto autónomo en los procesos y mecánicas de la política colombiana, en concreto de la participación política electoral, que no obstante NO ser la única forma de participación política la abordamos hoy, por estar sumida en la postración merced a mecanismo del poder político y económicos basados en la corrupción y exclusión de ese sujeto, aun sumiso y morador de una espacio de abyección que en la cotidianidad rompe la norma y cae preso de acciones de corrupción en la política electoral.
Michel Foucault (1982) nos enseña a dirigir nuestra reflexión sobre el tema, más en la búsqueda de cómo funciona el poder en un determinado contexto histórico que, en quien lo detenta. Esta ilación contrastada con la idea de Judith Butler (1997), de relacionar sujeto, cuerpo y poder para replantear la noción transversal de Foucault, según la cual “el poder produce sujetos”. Así las cosas el filósofo Francés destaca aquí un carácter positivo de la mecánica del poder, mientras que Butler acentúa que en la relación de poder de la fuerza hegemónica sobre los grupos sometidos hay siempre una sujeción al poder, o dicho de otra manera –un apego vital a la ley y a la norma que deviene constitutivo del cuerpo y del sujeto.
Esta apreciación de Butler sobre la necesaria sujeción al poder del sujeto permite tratar de manera crítica asuntos concernientes a la violencia ejercida desde el poder para hacer efectiva la aplicación de la norma que a la postre generan una escisión entre zonas anormales y normales o abyectas. Entonces se piensa esta violencia en relación un determinado ideal normativo y también con apego a la ley constitutivo del sujeto, permitiendo constituir diferentes modos de resistencia a la norma. Es decir, que en este proceso de producción y sujeción se presentan como las partes de una unidad, aunque contradictoria, dialéctica e indisoluble. En otras palabras son los dos polos de la mecánica del poder.
Este sujeto, como individuo que reacciona de manera anárquica o reflexiva, a la saturación y al abuso del poder y aún mejor como colectivo se revela en alguna forma organizada a las distintas formas de violencia y ejerce resistencia a ese poder que impone la norma y la ley. Será esta una señal tangible de romper la sin salida de la sujeción y de autorreconocimiento del sujeto más allá de la interpelación de quien ejerce el control del poder y que construye al sujeto que en principio y por necesidad vital, como se dijo, acepta la norma, pero también pasará a cuestionarla en ese proceso de forcejeo entre sujeción y resistencia. No obstante Foucault advierte que el poder no solo tiene una faceta esencialmente represiva sino que, también en la mecánica propia de su funcionamiento tiene una faceta productiva que se manifiesta, especialmente en las sociedades disciplinarias al verse involucradas en diversas funciones como distribuir, serializar y normalizar.
Sería entender que el poder disciplinario al tratar de “enderezar conductas”, no reduce las fuerzas que domina encadenándolas totalmente al punto de eliminarlas, en masa y de manera total en un arrasamiento, sino más bien ejerciendo un proceso de neutralización les permite que se multipliquen de alguna manera para seguir dominándolas, o sea que separa, analiza y diferencia a los dominados, en sus matices o formas en que ella se pudieran multiplicar y al mismo tiempo continua usándolas en medio de la implementación de acciones cada vez más singulares y necesaria utilizando incluso mecanismo de descomposición (Foucault, 1975).
Esta construcción de individuos dóciles útiles está ligada al uso de determinados dispositivos que alimentan la exclusión o aceptación de grupos, organizaciones o individuos particulares que van asimilando lo que el poder hegemónico ha implantado través de permitir conductas y comportamientos asumiéndolas y reproduciéndolas como dimensiones de lo normal y anormal. En esta normalización disciplinaria los individuos ajustan sus actos, sus gestos, sus formas de pensar a unos modelos que adecuados a la norma sería lo normal y lo que no se adecua a ella sería lo anormal (Foucault. 1978).
Sin embargo, se da la trasgresión de la norma que paradójicamente coadyuva a la continuidad de la sujeción a un poder hegemónico y excluyente, expresado en dominio de las clases-élites, grupos aliados que controlan el poder político respaldado por el dominio en las relaciones económicas y sociales. Para que estas transgresiones no se desarrollen tanto, al punto de poner en jaque la observancia de la norma heterónoma a través de su equipamiento en los diferentes mecanismos del poder desde sus dispositivos de seguridad y de control se opera una transición que va desde las diferentes normaciones particulares que sustentaban el carácter prescriptivo de la norma a una normalización que contiene a norma y los diferentes grados de normalidad material, concreta en los cuerpos que se encuentran cercados políticamente, en gran parte imbuidos por una relación de poder y de dominación, como fuerza de producción...5. (Foucault, 1975: 32-33).
Frente a este aniquilamiento del Sujeto que destaca Foucault desde la categoría de subjetivación por medio de la que el poder produce al sujeto en su interpelación, Judit Butler señala que en el mismo proceso se va generando una situación de ambivalencia en tanto el sujeto emerge como efecto de un poder anterior y como condición de posibilidad de una forma de potencia condicionada… (Butler. J. Ibíd.).
Ahora si el poder se inscribe en ese espacio que es el cuerpo, que resulta en sujeto, pero como al mismo tiempo no existe sujeto anterior a dicho devenir, si se quiere explicar como se produce sujeto estaremos obligados a representarnos algo que no existe. No se acepta de suyo que haya un sujeto cronológicamente anterior ni ontológicamente distinto del proceso que lo produce al tomarlo ligar de investidura o con palabras del autor de Vigilar y castigar: “no se puede decir que el individuo preexista a la función sujeto, a la proyección de la psique, a la instancia normalizadora…” (Foucault, 2003, 78).
Así las cosas quien piense, comparta o lidere la idea de transformar ese individuo sumiso o prisionero de la norma que regula en el proceso permanente de normalización en sujeto autónomo o por lo menos insurrecto de la norma, tendrá que advertir esta ambivalencia del sujeto que aún no es y del sujeto que se construye en el ámbito de los mecanismos del poder todas sus tecnología disciplinarias abiertas o veladas que al mismo tiempo despliega una faceta creativa de ese sujeto que reclama regido en el marco de una determinada norma. ¿Pero como ser sujeto en un contexto en que la norma no ha sido asimilada o no se atiende, para crearse como sujeto en tanto no se piensa ni se asume como capaz de una acción que lo libere de ese cercamiento individual y colectivo?
Se plantea entonces una simultaneidad en el funcionamiento de la inmanencia de la norma que, no actúa sobre un contenido independiente a ella y, esta norma al producir al sujeto también se produce ella. Es de suyo una materialización constante de la norma que se estabiliza a través del tiempo produciendo un efecto de frontera, de permanencia y de superficie en que llamamos materia, entendida con relación a los efectos producidos y materializados, del poder regulador en el sentido de Foucault, según Butler (Matías Abeijón. 2014).
Aquí es más determinante la historicidad que somete la inmanencia de la norma que la preexistencia de un ideal normativo. Por ejemplo, en las sociedades disciplinarias el ideal normativo de docilidad y utilidad ingénito a dicho régimen es producido por la serie de acontecimientos históricos locales y, simultáneamente produce el sujeto disciplinado que abarca en la dominación. Butler destaca ahora como se desarrolla una simultaneidad y ambivalencia de subjetivación o sujeción.
Para ella, y sometimiento en la constitución de sujeto y de la propia mecánica del poder en la cuenta una determinada topografía psíquica que, según ella, Foucault no desarrolla. Ante la pregunta: ¿De qué manera el sometimiento del deseo instituye el deseo por el sometimiento?, ella se inclina en sostener que la sumisión definida como comisión al poder abre la dimisión de la disposición del sujeto a ser sujetado o bien la disposición del sujeto a ser producido bajo determinado ideal normativo (Butler. J. op. Cit; Foucault. 2003. Op. Cit; Abeijó Matías. El poder y el sujeto. Sujeción y resistencia en Judith Butler).
Así en esta argumentación el poder al mismo tiempo forma al sujeto y es condición de su existencia y reitera que para que el sujeto pueda emerger, las formas primarias de este vínculo deben surgir y a la vez ser negado. Su surgimiento es también su negación parcial. Entonces, el Yo solo puede existir negando esta dependencia inicial. Siguiendo su razonamiento Butler invoca a (Althusser. 1971.) en el ejemplo de la interpelación, aunque este pretende concluir que el sujeto es siempre ya sujeto en la medida que está preso de una determinación ideológica y en la interpelación autoritaria el sujeto que se reconoce cree que es autónomo al negar su dependencia inicial a aquel que lo interpela y al mismo proceso que lo produjo.
En esta compleja ilación de Althusser primero sostiene que, las ideas de un sujeto humano existen en sus actos, o deben existir en sus actos… nosotros – dice– hablaremos de actos insertos en la práctica y observaremos que estas prácticas están reguladas por rituales en los que aquellas se inscriben en el seno de la existencia material de un aparato ideológico, o incluso de una pequeña porción de este aparato: una pequeña misa en una iglesia, un entierro, un pequeño encuentro en una sociedad deportiva, una jornada de clase en una escuela, o un mitin de un partido político… Invocando a Pascal Althusser recuerda que éste dice: Arrodillaos, moved los labios de la plegaria y creeréis, esta enunciaciones concitan actos materiales insertos en prácticas materiales aunque sean expresadas en una modalidad diferente de materialidad, como por ejemplo ir a misa, hacer una genuflexión o el signo de la cruz.
Dos son los enunciados que propone el filósofo francés antes de entrar de lleno en el asunto de la Interpelación: 1.- Toda práctica tiene lugar por una ideología y bajo una ideología, y 2.- toda ideología se realiza por un sujeto y para un sujeto.
Es decir que solo hay ideología para sujetos concretos y, precisamente esa es la función de la ideología, construir sujetos concretos. De este modo para Althusser el hombre no solo es un animal gregario sino también un animal ideológico. Este no solo es creado por la ideología que sino a través de ella se evidencia un reconocimiento, como segunda función que ella ejecuta, frente a la otra cara de su antípoda la del desconocimiento.
Retomando a san Pablo dice que “es el “logos”, a saber, en la ideología, donde tenemos el ser, el movimiento y la vida. Así para usted como para mí el sujeto es la primera evidencia como todas las evidencias comprendidas las que hacen que una palabra “designe una cosa” o “posea un significado” (incluidas por lo tanto las evidencias de la transparencia del lenguaje), esta “evidencia” de usted y yo somos sujetos- y el que esto no tenga problema- es un efecto ideológico, el efectos ideológico elemental. Ilustrando estas secuencias digamos de nuevo con (Althusser, 1971) que todos tenemos amigos que, cunado llaman nuestra puerta y respondemos desde dentro de la casa “Quien es” y responden “¡Soy Yo!”. Con esto reconocemos que “ella o él”, entonces reafirmamos que usted y yo somos ya y desde siempre individuos y sujetos, aunque el auto reconocimiento consciente como sujetos sea derivación de la existencia concreta.
Así desde la óptica de Althusser, toda ideología trata a los individuos concretos como sujetos concretos. En otras palabras toda ideología actúa como si reclutara a todos o “transforma” a todos por una operación muy precisa llamada para él interpelación. Unos individuos pasean, un parte de ellos oye la interpelación: “Eh usted” –o un silbato– de un policía y en 90% de los casos el individuo que van en él un grupo gira o se devuelve, sintiéndose aludido, interpelado, reconocido o creado como sujeto, esta situación no se da por secuencia sino que la existencia de la ideología y la interpelación de los individuos como sujetos es una y la misma cosa.
Resumimos entonces que la ideología como manera de concebir el mundo y actuar en él, según seamos autónomos o abyectos, dependientes o subordinados a un imaginario gravitado en normas que regulan comportamientos morales, políticos y culturales observamos como en Latinoamérica y particularmente en Colombia se impone la idea de que somos libres e iguales en política-(formal) y al mismo tiempo se admite las desigualdades sociales y económicas en que seguimos sumidos como sujetos subalternos, cuando sería preferible formular una igualdad social y económica como punto de partida y omitiendo esto no se dan razones para analizar el por qué de esta contradicción fundamental, sino que se apela a la categoría de “los menos favorecidos”, como miembros de familia de clase más desventajosa a quienes sus dotes NATURALES le permiten, aquellos a quienes en el curso de su vida la suerte y la fortuna le resultaron adversas vivir menos bien (Dussel. 1998). Se enmascara la realidad socio económica con una pretendida argumentación naturalista, de corte social darwinista
La realidad nos dice que la corrupción es connatural al el Estado en América Latina en sus distintas formas. Desde el centralismo, el presidencialismo, el clientelismo y gamonalismo que ejerce desde el poder de las oligarquías el control del poder ejecutivo sobre los órganos legislativo y judiciales concebidas en la práctica como prolongación del primero y la Democracia es de suyo una formalidad o entelequia (Cárdenas Rivera y Díaz Chávez. 2011).
Para el caso que nos ocupa en la indagación de campo los ejemplos saltan a la vista en los casos de corrupción al elector, donde el aprovechamiento de la miseria y la falta de una educación política entre los ciudadanos de países como Colombia, con mayor énfasis en determinadas zonas, llamadas vulnerables en el mapa electoral histórico, por ejemplo, Costa Caribe, al encontrarse mayor número de inscritos, aptos para votar, que el número de ciudadanos que con mayoría de edad y con ese derecho como habitantes de la zona o el territorio en cuestión, al existir consuetudinariamente los llamados COMANDOS políticos que retienen cédulas y “amarran el voto”, comprándolo o canjeándolo por víveres, electrodomésticos, materiales para la construcción y a veces por cargos de menores rango en la administración pública.
*Colombia
(http://www.el-nacional.com/opinion/Glosas-creacion-sujeto-corrupcion-regula_0_695930418.html)
Ilustración: Jose Garcia.
A tres manos
Glosas sobre la creación del sujeto y la corrupción de la sal en la norma que regula
Rubén Darío Arroyo Osorio
Abordaremos esta reflexión en aras de fundamentar desde la filosofía de la praxis la búsqueda de elementos teóricos explicativos acerca de la ausencia de un sujeto autónomo en los procesos y mecánicas de la política colombiana, en concreto de la participación política electoral, que no obstante NO ser la única forma de participación política la abordamos hoy, por estar sumida en la postración merced a mecanismo del poder político y económicos basados en la corrupción y exclusión de ese sujeto, aun sumiso y morador de una espacio de abyección que en la cotidianidad rompe la norma y cae preso de acciones de corrupción en la política electoral.
Michel Foucault (1982) nos enseña a dirigir nuestra reflexión sobre el tema, más en la búsqueda de cómo funciona el poder en un determinado contexto histórico que, en quien lo detenta. Esta ilación contrastada con la idea de Judith Butler (1997), de relacionar sujeto, cuerpo y poder para replantear la noción transversal de Foucault, según la cual “el poder produce sujetos”. Así las cosas el filósofo Francés destaca aquí un carácter positivo de la mecánica del poder, mientras que Butler acentúa que en la relación de poder de la fuerza hegemónica sobre los grupos sometidos hay siempre una sujeción al poder, o dicho de otra manera –un apego vital a la ley y a la norma que deviene constitutivo del cuerpo y del sujeto.
Esta apreciación de Butler sobre la necesaria sujeción al poder del sujeto permite tratar de manera crítica asuntos concernientes a la violencia ejercida desde el poder para hacer efectiva la aplicación de la norma que a la postre generan una escisión entre zonas anormales y normales o abyectas. Entonces se piensa esta violencia en relación un determinado ideal normativo y también con apego a la ley constitutivo del sujeto, permitiendo constituir diferentes modos de resistencia a la norma. Es decir, que en este proceso de producción y sujeción se presentan como las partes de una unidad, aunque contradictoria, dialéctica e indisoluble. En otras palabras son los dos polos de la mecánica del poder.
Este sujeto, como individuo que reacciona de manera anárquica o reflexiva, a la saturación y al abuso del poder y aún mejor como colectivo se revela en alguna forma organizada a las distintas formas de violencia y ejerce resistencia a ese poder que impone la norma y la ley. Será esta una señal tangible de romper la sin salida de la sujeción y de autorreconocimiento del sujeto más allá de la interpelación de quien ejerce el control del poder y que construye al sujeto que en principio y por necesidad vital, como se dijo, acepta la norma, pero también pasará a cuestionarla en ese proceso de forcejeo entre sujeción y resistencia. No obstante Foucault advierte que el poder no solo tiene una faceta esencialmente represiva sino que, también en la mecánica propia de su funcionamiento tiene una faceta productiva que se manifiesta, especialmente en las sociedades disciplinarias al verse involucradas en diversas funciones como distribuir, serializar y normalizar.
Sería entender que el poder disciplinario al tratar de “enderezar conductas”, no reduce las fuerzas que domina encadenándolas totalmente al punto de eliminarlas, en masa y de manera total en un arrasamiento, sino más bien ejerciendo un proceso de neutralización les permite que se multipliquen de alguna manera para seguir dominándolas, o sea que separa, analiza y diferencia a los dominados, en sus matices o formas en que ella se pudieran multiplicar y al mismo tiempo continua usándolas en medio de la implementación de acciones cada vez más singulares y necesaria utilizando incluso mecanismo de descomposición (Foucault, 1975).
Esta construcción de individuos dóciles útiles está ligada al uso de determinados dispositivos que alimentan la exclusión o aceptación de grupos, organizaciones o individuos particulares que van asimilando lo que el poder hegemónico ha implantado través de permitir conductas y comportamientos asumiéndolas y reproduciéndolas como dimensiones de lo normal y anormal. En esta normalización disciplinaria los individuos ajustan sus actos, sus gestos, sus formas de pensar a unos modelos que adecuados a la norma sería lo normal y lo que no se adecua a ella sería lo anormal (Foucault. 1978).
Sin embargo, se da la trasgresión de la norma que paradójicamente coadyuva a la continuidad de la sujeción a un poder hegemónico y excluyente, expresado en dominio de las clases-élites, grupos aliados que controlan el poder político respaldado por el dominio en las relaciones económicas y sociales. Para que estas transgresiones no se desarrollen tanto, al punto de poner en jaque la observancia de la norma heterónoma a través de su equipamiento en los diferentes mecanismos del poder desde sus dispositivos de seguridad y de control se opera una transición que va desde las diferentes normaciones particulares que sustentaban el carácter prescriptivo de la norma a una normalización que contiene a norma y los diferentes grados de normalidad material, concreta en los cuerpos que se encuentran cercados políticamente, en gran parte imbuidos por una relación de poder y de dominación, como fuerza de producción...5. (Foucault, 1975: 32-33).
Frente a este aniquilamiento del Sujeto que destaca Foucault desde la categoría de subjetivación por medio de la que el poder produce al sujeto en su interpelación, Judit Butler señala que en el mismo proceso se va generando una situación de ambivalencia en tanto el sujeto emerge como efecto de un poder anterior y como condición de posibilidad de una forma de potencia condicionada… (Butler. J. Ibíd.).
Ahora si el poder se inscribe en ese espacio que es el cuerpo, que resulta en sujeto, pero como al mismo tiempo no existe sujeto anterior a dicho devenir, si se quiere explicar como se produce sujeto estaremos obligados a representarnos algo que no existe. No se acepta de suyo que haya un sujeto cronológicamente anterior ni ontológicamente distinto del proceso que lo produce al tomarlo ligar de investidura o con palabras del autor de Vigilar y castigar: “no se puede decir que el individuo preexista a la función sujeto, a la proyección de la psique, a la instancia normalizadora…” (Foucault, 2003, 78).
Así las cosas quien piense, comparta o lidere la idea de transformar ese individuo sumiso o prisionero de la norma que regula en el proceso permanente de normalización en sujeto autónomo o por lo menos insurrecto de la norma, tendrá que advertir esta ambivalencia del sujeto que aún no es y del sujeto que se construye en el ámbito de los mecanismos del poder todas sus tecnología disciplinarias abiertas o veladas que al mismo tiempo despliega una faceta creativa de ese sujeto que reclama regido en el marco de una determinada norma. ¿Pero como ser sujeto en un contexto en que la norma no ha sido asimilada o no se atiende, para crearse como sujeto en tanto no se piensa ni se asume como capaz de una acción que lo libere de ese cercamiento individual y colectivo?
Se plantea entonces una simultaneidad en el funcionamiento de la inmanencia de la norma que, no actúa sobre un contenido independiente a ella y, esta norma al producir al sujeto también se produce ella. Es de suyo una materialización constante de la norma que se estabiliza a través del tiempo produciendo un efecto de frontera, de permanencia y de superficie en que llamamos materia, entendida con relación a los efectos producidos y materializados, del poder regulador en el sentido de Foucault, según Butler (Matías Abeijón. 2014).
Aquí es más determinante la historicidad que somete la inmanencia de la norma que la preexistencia de un ideal normativo. Por ejemplo, en las sociedades disciplinarias el ideal normativo de docilidad y utilidad ingénito a dicho régimen es producido por la serie de acontecimientos históricos locales y, simultáneamente produce el sujeto disciplinado que abarca en la dominación. Butler destaca ahora como se desarrolla una simultaneidad y ambivalencia de subjetivación o sujeción.
Para ella, y sometimiento en la constitución de sujeto y de la propia mecánica del poder en la cuenta una determinada topografía psíquica que, según ella, Foucault no desarrolla. Ante la pregunta: ¿De qué manera el sometimiento del deseo instituye el deseo por el sometimiento?, ella se inclina en sostener que la sumisión definida como comisión al poder abre la dimisión de la disposición del sujeto a ser sujetado o bien la disposición del sujeto a ser producido bajo determinado ideal normativo (Butler. J. op. Cit; Foucault. 2003. Op. Cit; Abeijó Matías. El poder y el sujeto. Sujeción y resistencia en Judith Butler).
Así en esta argumentación el poder al mismo tiempo forma al sujeto y es condición de su existencia y reitera que para que el sujeto pueda emerger, las formas primarias de este vínculo deben surgir y a la vez ser negado. Su surgimiento es también su negación parcial. Entonces, el Yo solo puede existir negando esta dependencia inicial. Siguiendo su razonamiento Butler invoca a (Althusser. 1971.) en el ejemplo de la interpelación, aunque este pretende concluir que el sujeto es siempre ya sujeto en la medida que está preso de una determinación ideológica y en la interpelación autoritaria el sujeto que se reconoce cree que es autónomo al negar su dependencia inicial a aquel que lo interpela y al mismo proceso que lo produjo.
En esta compleja ilación de Althusser primero sostiene que, las ideas de un sujeto humano existen en sus actos, o deben existir en sus actos… nosotros – dice– hablaremos de actos insertos en la práctica y observaremos que estas prácticas están reguladas por rituales en los que aquellas se inscriben en el seno de la existencia material de un aparato ideológico, o incluso de una pequeña porción de este aparato: una pequeña misa en una iglesia, un entierro, un pequeño encuentro en una sociedad deportiva, una jornada de clase en una escuela, o un mitin de un partido político… Invocando a Pascal Althusser recuerda que éste dice: Arrodillaos, moved los labios de la plegaria y creeréis, esta enunciaciones concitan actos materiales insertos en prácticas materiales aunque sean expresadas en una modalidad diferente de materialidad, como por ejemplo ir a misa, hacer una genuflexión o el signo de la cruz.
Dos son los enunciados que propone el filósofo francés antes de entrar de lleno en el asunto de la Interpelación: 1.- Toda práctica tiene lugar por una ideología y bajo una ideología, y 2.- toda ideología se realiza por un sujeto y para un sujeto.
Es decir que solo hay ideología para sujetos concretos y, precisamente esa es la función de la ideología, construir sujetos concretos. De este modo para Althusser el hombre no solo es un animal gregario sino también un animal ideológico. Este no solo es creado por la ideología que sino a través de ella se evidencia un reconocimiento, como segunda función que ella ejecuta, frente a la otra cara de su antípoda la del desconocimiento.
Retomando a san Pablo dice que “es el “logos”, a saber, en la ideología, donde tenemos el ser, el movimiento y la vida. Así para usted como para mí el sujeto es la primera evidencia como todas las evidencias comprendidas las que hacen que una palabra “designe una cosa” o “posea un significado” (incluidas por lo tanto las evidencias de la transparencia del lenguaje), esta “evidencia” de usted y yo somos sujetos- y el que esto no tenga problema- es un efecto ideológico, el efectos ideológico elemental. Ilustrando estas secuencias digamos de nuevo con (Althusser, 1971) que todos tenemos amigos que, cunado llaman nuestra puerta y respondemos desde dentro de la casa “Quien es” y responden “¡Soy Yo!”. Con esto reconocemos que “ella o él”, entonces reafirmamos que usted y yo somos ya y desde siempre individuos y sujetos, aunque el auto reconocimiento consciente como sujetos sea derivación de la existencia concreta.
Así desde la óptica de Althusser, toda ideología trata a los individuos concretos como sujetos concretos. En otras palabras toda ideología actúa como si reclutara a todos o “transforma” a todos por una operación muy precisa llamada para él interpelación. Unos individuos pasean, un parte de ellos oye la interpelación: “Eh usted” –o un silbato– de un policía y en 90% de los casos el individuo que van en él un grupo gira o se devuelve, sintiéndose aludido, interpelado, reconocido o creado como sujeto, esta situación no se da por secuencia sino que la existencia de la ideología y la interpelación de los individuos como sujetos es una y la misma cosa.
Resumimos entonces que la ideología como manera de concebir el mundo y actuar en él, según seamos autónomos o abyectos, dependientes o subordinados a un imaginario gravitado en normas que regulan comportamientos morales, políticos y culturales observamos como en Latinoamérica y particularmente en Colombia se impone la idea de que somos libres e iguales en política-(formal) y al mismo tiempo se admite las desigualdades sociales y económicas en que seguimos sumidos como sujetos subalternos, cuando sería preferible formular una igualdad social y económica como punto de partida y omitiendo esto no se dan razones para analizar el por qué de esta contradicción fundamental, sino que se apela a la categoría de “los menos favorecidos”, como miembros de familia de clase más desventajosa a quienes sus dotes NATURALES le permiten, aquellos a quienes en el curso de su vida la suerte y la fortuna le resultaron adversas vivir menos bien (Dussel. 1998). Se enmascara la realidad socio económica con una pretendida argumentación naturalista, de corte social darwinista
La realidad nos dice que la corrupción es connatural al el Estado en América Latina en sus distintas formas. Desde el centralismo, el presidencialismo, el clientelismo y gamonalismo que ejerce desde el poder de las oligarquías el control del poder ejecutivo sobre los órganos legislativo y judiciales concebidas en la práctica como prolongación del primero y la Democracia es de suyo una formalidad o entelequia (Cárdenas Rivera y Díaz Chávez. 2011).
Para el caso que nos ocupa en la indagación de campo los ejemplos saltan a la vista en los casos de corrupción al elector, donde el aprovechamiento de la miseria y la falta de una educación política entre los ciudadanos de países como Colombia, con mayor énfasis en determinadas zonas, llamadas vulnerables en el mapa electoral histórico, por ejemplo, Costa Caribe, al encontrarse mayor número de inscritos, aptos para votar, que el número de ciudadanos que con mayoría de edad y con ese derecho como habitantes de la zona o el territorio en cuestión, al existir consuetudinariamente los llamados COMANDOS políticos que retienen cédulas y “amarran el voto”, comprándolo o canjeándolo por víveres, electrodomésticos, materiales para la construcción y a veces por cargos de menores rango en la administración pública.
*Colombia
(http://www.el-nacional.com/opinion/Glosas-creacion-sujeto-corrupcion-regula_0_695930418.html)
Ilustración: Jose Garcia.
domingo, 29 de julio de 2012
PELDAÑOS
El foro del lunes
El historiador chileno, invitado al foro Reflexiones sobre la caída de una República, señala que las investigaciones del pasado que se hacen actualmente son menos ideológicas que las de hace 30 años
"No estábamos predeterminados necesariamente a ser independientes"
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
Una lectura sobre la profusa bibliografía y las conclusiones de los numerosos foros por la conmemoración de los bicentenarios de las independencias de las repúblicas que integran América Latina hace evidente que en la región ha cambiado la investigación académica sobre la historia, privilegiando el estudio del desarrollo de las mentalidades más que la narración de efemérides.
Esa modificación hace más útil para el presente el estudio del pasado porque vincula las maneras de actuar atávicas con los sistemas de poder en las comunidades.
Esa es la línea de pensamiento en la que se inserta el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana en Venezuela y el Centro de Estudios de Historia Política de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile.
Ambas instituciones, junto con la Academia Nacional de la Historia, presentaron el martes pasado el foro Reflexiones sobre la caída de una República, en el que participaron tres historiadores venezolanos (Elías Pino Iturrieta, Guillermo Aveledo Coll y Edgardo Mondolfi Gudat), así como el director ejecutivo del centro chileno, Juan Luis Ossa. Este investigador está especializado en la historia política de su país y de América Latina, con énfasis en la emancipación y la construcción republicana de esa nación. Estuvo de visita en el país para familiarizarse con el proceso de la Independencia de Venezuela y con el desarrollo de los estudios de historia y la política en la Universidad Metropolitana.
¿Están los académicos contemporáneos más interesados en entender las diversas causas que configuraron un presente particular en cada una de las sociedad es latinoamericanas? Esta es una de las grandes discusiones que estamos teniendo en el centro que dirijo, pero también en la academia chilena en general.
No puedo hablar por las del resto de América Latina porque no las conozco. Los debates pretenden determinar qué papel juega la historia política hoy, después de unas décadas en las que supuestamente la historia política había sido recluida bajo otras formas de análisis. El estudio de la historia política de nuestros países fue relegado a un segundo o un tercer plano, pero no desapareció del todo. En Chile, los académicos más populares tienden a ser historiadores sociales.
El esfuerzo nuevo que estamos haciendo en el centro no busca necesariamente hacerle competencia a ese tipo de investigaciones, pero sí queremos rescatar una manera de hacer historia que estaba más o menos relegada. Eso pasa por el convencimiento de todos los que estamos allí de que la política está en todas partes.
Esta última parece una aseveración de Michel Foucault.
Pero la pregunta se refería también al acento que pone hoy la historiografía en el estudio del pensamiento.
No soy fanático de Foucault.
Entiendo su concepción del poder como un agente capital en lo cotidiano, pero veo este problema desde una perspectiva distinta. La influencia del poder puede ser positiva, no sólo como un ejercicio de disciplinamiento. El poder es una forma de expresión en la que no sólo participan las élites, sino también las clases medias y el pueblo con intereses que no necesariamente obedecen a una obligación de quienes dirigen un país. En ese sentido, creo que uno de los grandes pasos que ha dado la historia política últimamente es que recoge actores sociopolíticos que se desprenden de la visión clásica de la política.
¿Cómo ha ayudado ese cambio de perspectivas en el estudio histórico a la comprensión del presente? Estamos ante estudios mucho más dinámicos que los que estábamos acostumbrados en las décadas de los años sesenta y setenta. La investigación estructuralista tiene asuntos interesantes como el apogeo de la historia económica y la social, pero al ser una historia tan rígida crea como resultado estudios monolíticos y de sumas obvias. Hoy los investigadores estamos reaccionando a eso: a los estructuralistas y a la historia política oficial que nos han contado de los siglos XIX y XX porque era muy institucional, hablaba de los congresos, de los presidentes y de los partidos políticos.
Ahora nos fijamos más en la práctica y nos estamos llevando sorpresas notables.
Ahora que se conmemoran los 200 años de los procesos de emancipación en muchas naciones de América Latina proliferan los congresos por toda la región. ¿Cómo puede el estudio de los procesos independentistas arrojar luz sobre el presente? Esta es una pregunta importante. Los historiadores somos agentes narrativos, y últimamente he notado que nos alejamos de la glorificación excesiva de las efemérides. Eso es bueno. La investigación ahora es mucho menos ideológica que antes, en el sentido de que no damos por asumido que las independencias eran inevitables. Ese punto es clave y está dando vueltas desde hace un tiempo en el mundo anglosajón y francés, pero ahora en Latinoamérica ha agarrado mucho más fuerza.
No estábamos predeterminados necesariamente a ser independientes, pues la máquina del imperio español funcionaba bastante mejor de lo que los historiadores de la década los setenta habían pintado. Eso, me da la impresión, es una opinión bastante generalizada en los historiadores que se dedican a esos análisis. No quiero decir con esto que sea necesario el consenso entre historiadores de la región, pero sí hay ciertos peldaños que deben estar en el mismo nivel para poder debatir. Creo que eso lo estamos haciendo relativamente bien.
Ilustración: Dumont (El Universal, Caracas)
lunes, 25 de junio de 2012
EL PODER PASTORAL DE UN AUTOR
Biblioteca Pública de Moravia, en Facebook, recuerda que tal día como hoy falleció Michel Foucault, cuya fotografía tomamos de la red: ciertamente, una biblioteca de uso (además, de un fumador). Excepto un único título y algunos fragmentos, nunca nos hemos propuesto leerlo sistemáticamente. Parte de la deuda lectora a cancelar en cualquier momento. Por cierto, antes se le veía frecuentemente en las librerías caraqueñas de reputados libreros, escaseando en las precursoras cadenas. Ahora, excepcionalmente, en los viejo-libreros que quedan y en la universidad, más apegada ésta - comprensiblemente - al fotocopiado.
LB
Fotografía tomada de la red: (C) by GR DIGITAL
Cfr. http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Foucault
LB
Fotografía tomada de la red: (C) by GR DIGITAL
Cfr. http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Foucault
Etiquetas:
Biblioteca,
Biblioteca Pública de Moravia,
LB,
Michel Foucault,
Picadura
lunes, 2 de mayo de 2011
LIBRO-EXPERIENCIA

EL NACIONAL - LUNES 02 DE MAYO DE 2011 OPINIÓN/9
Libros: Michel Foucault
NELSON RIVERA
Nietszche, Bataille, Blanchot, Klossowski: no exactamente filósofos, puesto que no se propusieron crear sistemas: lograron intensas experiencias cuando escribieron sus libros, intentaron "llegar por medio de la experiencia a ese punto de la vida que está lo más cerca posible de la imposibilidad de vivir, su punto límite, para captar el máximo de su intensidad y, al mismo tiempo, su imposibilidad". Habla Michel Foucault (1926-1984) de los autores que lo removieron en los años de su primera formación universitaria. A través de ellos reconoció que escribir un libro podía ser un método para arrancarse de sí mismo, una palanca que evitara ser siempre el mismo.
Desde las primeras páginas de Conversaciones con Foucault (Editorial Amorrortu, Argentina, 2010) el pensador francés subraya el carácter experimental de su trabajo: escribir para salir transformado de ello. Su búsqueda, no de la verdad sino de lo esencial.
No proponer un método general de pensamiento, ni prescribir nada: ante el libro-verdad de la ortodoxia, su riesgo consiste en darle vida al libro-experiencia.
Quien pregunta y da pie a esta fértil conversación es el periodista italiano Duccio Trombadori. La misma se realizó a finales de 1978 y fue publicada por primera vez en 1981. Tres décadas más tarde, el libro conserva la chispa, la fuerza para remover del pensamiento de Foucault. Un tema recurrente del intercambio es el sujeto como figura que centraliza el pensamiento filosófico, diferenciado del sujeto arrancado de sí mismo que se constituye en el pensamiento de Foucault. Bajo esta perspectiva, Trombadori guía la conversación para analizar las diferencias con otros pensadores y corrientes, y para revisar las confrontaciones que han generado los libros de Foucault, siempre polémicos (en particular Historia de la locura, El nacimiento de la clínica y Las palabras y las cosas).
En la sección final de Conversaciones con Foucault, el tema del poder ocupa el eje de los intercambios. El pensador aclara: nunca fue su pretensión que "el poder" fuese la dimensión que pudiera explicarlo todo. Ante el poder, el intelectual define su papel: "No es hoy el de establecer leyes, proponer soluciones, profetizar, pues al proceder de ese modo no puede evitar contribuir al funcionamiento de determinada situación del poder que, en mi opinión, debe ser criticada (...) Mi rol es el de plantear verdaderamente los problemas, con efectividad: con el mayor rigor posible, con complejidad y dificultad máximas, de modo que no surja una solución así como así, de un golpe (...) ese trabajo ha de realizarse en la base, con las personas directamente implicadas, restituyéndoles el derecho a la palabra y a la imaginación política".
Etiquetas:
Conversaciones con Foucault,
Michel Foucault,
Nelson Rivera
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















