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sábado, 30 de noviembre de 2013

NOTA INMATERIAL

EL NACIONAL - Domingo 24 de Noviembre de 2013     Papel Literario/5
En Venezuela, la gastronomía contemporánea también tiene una historia mestiza y cosmopolita
Las líneas que vienen intentan responder la pregunta de si el país tiene una gastronomía que pueda declararse Patrimonio Cultural Inmaterial como ha pasado antes con la comida de México y la dieta mediterránea
DIAJANIDA HERNÁNDEZ MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

En la última década, un intenso movimiento dentro de la UNESCO ha llevado a que los países aprendan a apreciar la gastronomía de sus pueblos como un patrimonio intangible de su cultura. Como elemento esencial de la calidad de vida de los ciudadanos de un país, este patrimonio es un poderoso instrumento de cohesión social y si hay algo que una definitivamente a un pueblo es su comida, quizá por eso el lugar común señale que "la familia que cena junta permanece unida".
Las dos primeras cocinas que se han visto beneficiadas por este replanteamiento son la mexicana y la mediterránea, a las cuales el organismo multilateral elevó hace un par de años al estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo como fundamentales los aportes de la cultura azteca y de la gala al mapamundi de la alimentación. Ahora que en Venezuela hay un intenso movimiento gastronómico caracterizado por la difusión nacional e internacional del trabajo de sus chefs ­entre los que están Sumito Estévez, Helena Ibarra, Carlos García, María Fernanda Di Giacobbe y Víctor Moreno­ y que las discusiones sostenidas por académicos y artistas sobre las nociones de diversidad cultural, propulsadas por la discusión y aprobación en la Asamblea Nacional de la Ley de Cultura, han ocupado la mayor parte del año, poco se ha dicho sobre las opciones reales que tiene el país de que su gastronomía llegue a reconocerse internacionalmente.
"Nadie esperaba que en la Ley de Cultura la gastronomía se incluyera", se lamenta Ileana Matos, especialista de la fuente de Gastronomía de El Nacional: "La situación política está tan polarizada que el único objetivo es mantenerse del poder o sacar del poder, no hay tiempo para pensar en nada".
Para comerse las regiones Entre las particularidades que debe tener una gastronomía nacional para ser tomada en cuenta por los especialistas de la UNESCO es que sus regiones tengan alimentos y recetas bien diferenciadas. Y en este punto, la experiencia híbrida venezolana también es una ventaja: la cocina de Oriente está influenciada por la trinitaria e hindú, mientras que la zuliana recibió influencias de las antillas curazoleñas. En Los Llanos ­por ejemplo­ comen, además de verduras, proteínas como el chigüire, el pescado ­el salado, no el dulce, que es el del río como es la regla en Los Andes. Al sur del país la influencia de la gastronomía de Brasil es enorme. Y las recetas para cocinar caraotas o pollo o carne de una manera típicamente venezolana son innumerables. De hecho, refiriéndote a este asunto, el cocinero Sumito Estévez dijo en una entrevista el año pasado que "la cocina nacional llega a un grado de sutileza tal que no hay manera de definir inequívocamente qué es una caraota a la venezolana, por las enormes diferencias que hay entre una andina, una zuliana, una llanera, una central y una oriental".
Para Matos, la riqueza culinaria de este país es indiscutible: "Y nosotros en Caracas apenas podemos mencionar unos diez platos, a lo sumo.
Agrega que antes de 1982, cuando Armando Scannone organizó su recetario Mi cocina, a la manera de Caracas, al que coloquialmente se le llama "El libro rojo de Scannone", no se había organizado aún el recetario de la comida nacional. Esto fue una inspiración para que a partir de los años noventa comenzara a extenderse por el país la necesidad de conocer su cocina autóctona. Así, comenzaron a surgir iniciativas apegadas a la cocina nacional, promovidas por los cocineros venezolanos que trabajaban como sous chef de los franceses, que eran quienes manejaban la comida acá durante gran parte del siglo XX. "Esto, además, es parte de una tendencia latinoamericana con el trabajo de Gastón Acúreo en Perú y el boom de la comida mexicana". Por cierto que Estévez se ha constituido como uno de los muchos defensores de esta posición. "En las escuelas le han hecho creer a los muchachos que quien espesa con Maizina no es tan buen cocinero como el que espesa con harina de trigo.
Este es un discurso gastronómico que viene de otro imperial: `Nosotros, los dueños del trigo, sí cocinamos bien; ustedes, los dueños del maíz, son cocineros menores’", ha dicho.
Comer: una historia nacional
La historia de la gastronomía nacional es tan accidentada como la del país y es un ejemplo perfecto de la relación entre los pueblos y lo que comen. Si el mestizaje de razas tuvo su equivalente culinario, los venezolanos de la actualidad lo asumen con tanta naturalidad como los colores de la piel de sus contemporáneos. Quienes saben de estos asuntos señalan que, como en la constitución de la República, el siglo XIX fue crucial para conservar o perder definitivamente recetas culinarias de la dieta nacional. Pero como entonces se sucedieron guerras interminables, entre las que destacaron la de Independencia y la Guerra Federal, el ganado casi desapareció y la mayoría de los alimentos de la que era entonces la dieta básica de los venezolanos eran muy difíciles de conseguir.
Con el hallazgo del petróleo, la mesa de los venezolanos se hizo más cosmopolita y en épocas de la dictadura de Juan Vicente Gómez se comía en este país de todo lo que podía encontrarse en las principales capitales del mundo. Pero con la modernidad, también entró otro aporte crucial a la gastronomía nacional: la inmigración europea.
Por eso los venezolanos sienten que el pasticho es tan criollo como la arepa. Para Ileana Matos, esa manera de ver a la comida continental como autóctona es un rasgo idiosincrático fundamental de este gentilicio: "El venezolano no sólo es buen diente, sino que asimila fácilmente".
Ilustración: Dalia Ferreira.-

sábado, 14 de septiembre de 2013

¿DEFENSA O RECONSTRUCCIÓN?

EL NACIONAL, Caracas, 3 de julio de 2001 / Opinión
Notas sobre un rapto
Luis Barragán


Suele ocurrir: nombrar la revolución es muy distinto a hacerla. Agotada la imaginación, la ineptitud es cubierta con etiquetas que la fingen.

No es un mero afán opositor el que nos inspira, porque acá nadie podrá decir "jamás habíamos visto nada igual", parafraseando a Carlos Fuentes (Casa con dos puertas, Joaquín Mortíz, México, 1970: 151). Comprobamos con tristeza la pérdida de una inmensa oportunidad para el cambio que siempre soñamos desde la libertad.

Agolpadas las notas sobre la mesa, encontramos una ya antigua advertencia de Augusto Mijares: "Lo más grotesco es que (el político) quiera ser un revolucionario y no sepa cómo" (Elite, 27 de abril de 1963, número 1961). Desde la izquierda hasta la derecha, la invocación ha servido de mágica fórmula para conjurar las sorpresas que depara el ejercicio de gobierno y, habitual en este lado del mundo, las explosiones verbales dicen frenar el duro oleaje de la realidad.

El convencimiento más profundo que se tiene del tránsito por el poder reside en el empleo de la palabra: por modesta que sea, trasciende a todos los ámbitos. El desliz sintáctico, el neologismo espontáneo y la más atrevida adjetivación, rápidamente adquieren un visado social que también nos recuerda -con Castoriadis- aquello del político como prisionero de lo que dice.

Los dicterios no pueden construir una senda diferente, al menos que se tenga por tal la "sinceración" -Rangel dixit- de una herencia aceptada y recreada. Y es que los pronunciamientos radiales del presidente Chávez provocan las naturales reacciones que abonan a una básica cultura democrática adquirida en décadas que contrastan favorablemente con toda la historia republicana, por lo que no puede agravarse la oquedad revolucionaria con los caprichosos atropellos verbales.

Atropellos que igualmente avisan de una necesidad inaplazable: la de estatizar al propio Gobierno. Sentimos que, al discrepar de la reciente decisión del Tribunal Supremo, estaba en el fondo del recurso interpuesto por Elías Santana.

Insurge el Estado Audiovisual que, confundido con sus circunstanciales seguidores, sacraliza el gesto. No podemos olvidar las viejas experiencias, pues, observaba Fuentes: "La historia del siglo ha demostrado que las palabras también sirven para tiranizar. Hitler hizo algo más que quemar libros. El nazismo corrompió totalmente el lenguaje, al grado de que los significados elementales de la relación verbal se perdieron. Toda una generación de escritores alemanes ha debido dedicarse a la reconstitución del lenguaje primario de los individuos y de la sociedad. Y en el propio Estados Unidos, ¿no fue el macartismo, antes que otra cosa, un rapto verbal? El senador Joseph McCarthy fundó su aparato de sospecha, de infundio, de represión, de cacería de brujas, en el uso de epítetos difamantes, de palabras que no podían ser comprobadas, de etiquetas verbales" (115).

Quisiera que fuese una exageración al revisar y citar lecturas de antaño. No obstante, permanece la doble angustia por una revolución inauténtica, sin el compromiso con las razones, las emociones y la realidad misma que la autorizan, y la adulteración expresiva que supondrá una paciente reconstrucción de la esperanza misma: ¡Qué inmenso es el reto para la oposición democrática!

Post-data LB:   Con las excepciones del caso, hay más del gesto plañidero que de la efectiva reconstrucción de un lenguaje alternativo. Un terco diagnóstico que, por cierto, no repara en los foros políticos, como el intento que hace la oposición parlamentaria. No hay una literatura innovadora de la llamada revolución, como no hay una nueva, alternativa y confiable literatura de sus adversarios. ¿Habrá que esperar por testimonios como los de un Milan Kundera? ¿Olvidamos que se trata de edificar? ¿No tratamos - en propiedad - de una crisis del pensamiento y, además, del pensamiento político? ¿Por qué hay más de pendejear sobre la realidad venezolana de los últimos años, a través de una literatura que  no exhibe esa otra innovación esperada del lenguaje?  (14/09/13).

lunes, 2 de septiembre de 2013

ANTICULTURALIDAD

EL NACIONAL - Lunes 02 de Septiembre de 2013     Cultura/3
Elforodellunes
IRAIDA CASIQUE La revolución bolivariana ha borrado el valor del conocimiento, asegura la docente
"La cultura propuesta por el chavismo nos achata intelectualmente"
Para la profesora de la Universidad Simón Bolívar las políticas del Gobierno no impulsan la diversidad, sino un modelo de uniformidad y el conformismo en el cual se ataca la razón crítica
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Durante casi 10 años, Iraida Casique se ha dedicado a estudiar cómo la revolución bolivariana ha cambiado el significado del papel que desempeñan los intelectuales en el país.
Orientada por su preocupación en cuanto a que la cultura es un factor fundamental para la gestión de convivencia, la construcción de ciudadanía y el mejoramiento individual, la profesora de la Universidad Simón Bolívar en ponencias que ha dictado entre 2003 y 2012 dentro y fuera del país se ocupa del conflicto entre la formulación de ideas y el contexto histórico, así como de reflexionar sobre la dinámica intelectual venezolana en la revolución bolivariana para determinar qué perfil de pensadores diseñó el proceso y qué papel se les otorgó en la transformación cultural que se ha ensayado en Venezuela en los últimos tres lustros.
De acuerdo con Casique, el chavismo parece encontrarse en una fase crítica decretada por la muerte de su máximo líder, Hugo Chávez, que era también su principal figura intelectual. Esto, dice, ha concretado en una serie de cambios a partir de los cuales se hace fundamental preguntarse sobre el lugar de los intelectuales, tanto en el oficialismo como en la oposición.
Así, considera que el conflicto universitario y la reciente aprobación de la Ley Orgánica de Cultura evidencian que es en la relación con el conocimiento y los productores de pensamiento crítico donde se encuentra el aspecto más vulnerable de la revolución.
Con esto no quiere decir que el Gobierno no le ponga atención a la cultura, todo lo contrario. Para Casique, en los primeros años parecía que este sector no tenía ningún valor para la revolución bolivariana, pero desde la creación del ministerio en 2005 empezó a entender dónde estaba su interés: "Al igual que están haciendo ahora con las universidades, la gestión oficial se concentra en una política de desmantelamiento. Así pasó con el Consejo Nacional de las Artes: lo descalificaron, lo desmantelaron y pasaron a otra forma de gestión". El problema, señala, es que no hay una propuesta articulada sobre qué instituciones tomarán el lugar de las que se están desmantelando.
--De acuerdo con Antonio Gramsci ­un filósofo que a Chávez le gustaba citar­, los intelectuales no son sólo escritores, sino directores y organizadores involucrados en la tarea práctica de construir la sociedad. ¿En quiénes puede observarse ese papel en el chavismo? --Me quedan dudas de si era que Chávez no entendía el modelo de intelectual que proponía Gramsci o si, en cambio, lo entendía muy bien y quería proponerse él mismo como el gran intelectual central del país, erigirse como uno al estilo del siglo XIX, porque decía qué caminos debíamos tomar, qué se valoraba o cómo debía opinarse.
--¿Cuál es el perfil de intelectual que propone el chavismo? --El intelectual está execrado del proceso por considerar que pertenece a una clase pudiente y no está interesado en las necesidades del pueblo. Asumen la cultura como una marca de clase. Por ejemplo, cuando en 2005 anunció el lanzamiento de la Misión Cultura ­concebida como un horizonte programático para el recién creado ministerio­, Farruco Sesto insistió en la insuficiencia de los modelos culturales previos y señaló la necesidad de uno nuevo en el cual se creara una institucionalidad orgánica de gente que viviera "donde vive el pueblo" y trabajara en proyectos de la comunidad. En cuanto al perfil de los intelectuales con el proceso, yo los veo detrás de una cortina, no tienen necesariamente un papel protagonista. Pienso también en el Centro Cultural Miranda, donde hay poca presencia venezolana y los que se han atrevido a ser críticos han tenido que recular, como le pasó al español Juan Carlos Monedero en 2009, cuando dijo que la revolución bolivariana estaba en una encrucijada por la magnificación de la figura de Chávez y que los diferentes niveles del país, en lugar de hacer el esfuerzo de buscar sus soluciones, esperaban que el liderazgo del Presidente se las bajara. Si este ente, que está dentro del proceso, no tiene permiso para formular críticas constructivas, está claro que uno de los elementos que se rechaza de la intelectualidad es la conciencia crítica. Ese trabajo se está haciendo mejor desde la oposición que desde el chavismo, que está desperdiciando una oportunidad valiosa.
--¿Qué función se le ha otorgado a la cultura en la revolución bolivariana? --La entiende como un instrumento de lucha política y esta reducción fomenta la uniformidad de pensamiento. Ahí tenemos el ejemplo de los museos: todos están unificados bajo un ente central que va a coordinar, más que las exposiciones que se presentan ­­que cada vez son menos­, trabajos en los barrios. Así, la cultura no es un espacio para el disenso ni para la pluralidad o la diversidad ni necesariamente para la inclusión, sino uno para la construcción de un pensamiento ideológico. Lo diverso forma parte de la naturaleza humana, pero aquí no se está impulsando este modelo, sino el de la uniformidad y el conformismo. Más allá de los espacios culturales que estamos perdiendo, el impacto de esto será terrible en la población porque terminaremos convencidos de que no podemos aspirar a mucho. Nos están poniendo una plancha de acero en el techo para que siempre nos proyectemos desde allí y nos visualicemos felices. La cultura propuesta por el chavismo nos achata intelectualmente.
--¿Cómo los enfrentamientos con las universidades públicas y la reciente sanción de la Ley Orgánica de Cultura prueban que el chavismo no se interesa por los intelectuales? --En ambos casos se borra el valor del conocimiento. Para el chavismo, como muestra la ley, la cultura se circunscribe a las expresiones típicas, como el baile de joropo: está reducida a su expresión mínima de la venezolanidad.
Limitándola a una sola posibilidad, terminará por imponerse el pensamiento único.
No se espera que los intelectuales problematicen nada, porque si todos nos sentimos identificados con el joropo y las maracas no hay conflicto con la identidad y no vale la pena preguntarnos sobre eso.
Por supuesto que esto se inserta en el discurso antiimperialista, pero no veo que estas medidas nos inviten a crecer culturalmente, sino que nos reducen a conformarnos con lo nacional y rechazar lo demás.
--¿Cuál es el perfil del intelectual de oposición? --De ese lado se han vuelto creativos por las dificultades que han tenido que sortear.
Hoy más que antes, la clase media está interesada en el campo cultural, porque se ha convertido en el espacio de la reflexión y la discusión que está negada del otro lado.
Se está valorando el conocimiento y el trabajo cultural tanto de académicos como de cantantes populares, lo cual amplía lo que se comprende como cultura y creo que allí hay un enriquecimiento en la variedad de propuestas.

lunes, 17 de junio de 2013

ATESTACIÓN

EL NACIONAL - Lunes 17 de Junio de 2013     Cultura/3
Elforodellunes
EDGARDO MONDOLFI GUDAT El profesor universitario escribió El día del atentado
"Venezuela no ha sido tierra propensa a magnicidios"
El más reciente libro del individuo de número de la Academia Nacional de la Historia se refiere al legado del gobierno de Rómulo Betancourt, que fue severo con los regímenes de facto, de derecha y de izquierda
MICHELLE ROCHE R.

En el último lustro, los historiadores y otros académicos se han entregado a la intensa revisión de la figura histórica de Rómulo Betancourt y Edgardo Mondolfi Gudat acaba de sumarse a este grupo con su más reciente libro, El día del atentado. El frustrado magnicidio contra Rómulo Betancourt.
"En estos tiempos inciertos que vivimos, la figura de este presidente es percibida como eje de un proyecto que logró alinear dentro de unas mismas reglas de juego, en un pacto de gobernabilidad bien sostenido, a fuerzas políticas diferentes y comprometerlas con un régimen democrático.
Eso, indudablemente, llama la atención de las nuevas generaciones", indica el profesor de la Escuela de Estudios Liberales y de la maestría de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Metropolitana, cuyo interés en la historia comenzó por el siglo XIX y en los últimos años migró hacia el estudio de la modernidad nacional.
El libro, editado en la colección Hogueras del sello Alfa, agrega una dimensión adicional a la discusión académica al poner en perspectiva los enfrentamientos entre el primer presidente venezolano de la era democrática y Rafael Leónidas Trujillo, que durante 30 años impuso una dictadura militar en República Dominicana.
El historiador no sólo reconstruye el intento de magnicidio del 24 de junio de 1960, sino que también se detiene en sus consecuencias dentro y fuera del país. El volumen, adicionalmente, muestra las relaciones de los países caribeños con Estados Unidos durante la Guerra Fría y el papel que desempeñó Venezuela en los intercambios diplomáticos de la época. La creciente percepción negativa de la comunidad internacional sobre la dictadura de Trujillo y el temor a que esto beneficiara la Revolución Cubana multiplicando sus réplicas en la región creó paranoia en el Gobierno de Estados Unidos, que entonces estaba ocupado en erigirse como la cabeza del eje capitalista contra el comunismo soviético.
"Me propongo analizar al Betancourt que pregonaba una ideología reformista democrática frente a los regímenes autoritarios del Caribe", apunta el autor cuyo interés en el siglo XX empezó con la investigación sobre la actividad conspirativa de Eleazar López Contreras durante el Trienio 1945-1948, que culminó en su libro General de armas tomar , publicado por la Academia Nacional de la Historia, institución en la que es individuo de número desde 2012.
--Señala que Betancourt, en un gesto de humildad raro en la historia nacional, no quiso que el atentado en su contra quedara consagrado como un ejercicio de heroicidad republicana. ¿Qué parte en la formación de Betancourt lo convirtió en un civilista? --Venezuela no ha sido tierra propensa a magnicidios.
El gobierno actual ha hecho de la palabra magnicidio una mercancía cotidiana, pero para Betancourt el atentado que le hicieron no merecía ser recordado. Su civilismo se debe a que fue alguien probado en el pellejo de mil batallas y entendió que el camino no era el aventurerismo político, sino la construcción de un proyecto coherente de poder. La historia de su largo exilio y el hecho de que acompañara algunas propuestas invasoras en tiempo del gomecismo, para luego renunciar a todo eso cuando entendió que la modernidad reclamaba otro tipo de actuación en la política.
--¿Cómo explica que un país que se deja seducir por las opciones militares rechace soluciones de facto, como los intentos de magnicidio? --Hay una ambigüedad en la sociedad venezolana que es permisiva con el golpismo, la aventura militar y la insurrección, pero se frena ante otras formas de violencia política como el atentado contra un presidente. Todo el arco político de la época, desde el Partido Comunista de Venezuela hasta Fedecámaras, rechazó el intento de magnicidio de 1960, aunque poco después habrá factores en armas que comenzarán a desafiar al mismo gobierno en una forma radical de violencia política.
--Los protagonistas de su libro son, además de Betancourt y Trujillo, Fidel Castro, en un contexto donde el Departamento de Estado norteamericano intentaba controlar a las dictaduras caribeñas.
--Así es. Lo más interesante de la coyuntura es la difícil disyuntiva que tuvo que afrontar Estados Unidos al tener que condenar a Trujillo por su largo expediente de represión en la isla. No debe creerse que porque el régimen de la isla dio una buena acogida al sector financiero estadounidense, las relaciones políticas entre ambos países fueron cónsonas, a tal punto que Trujillo siempre se apoyó en una estrategia de cabildeo ante la opinión pública norteamericana para confrontar los cuestionamientos que Washington hacía de su política de represión. Pero también estaba el riesgo de que un proceso de desestabilización de la República Dominicana condujera a la emergencia de un fenómeno similar al cubano que había recién ocurrido. La actuación del gobierno de Betancourt se concentró en convencer a Estados Unidos de que, además del cubano, existía un modelo confiable de interlocución en la región, como era entonces Venezuela. Al final, Estados Unidos se plegó a las acciones que promueve Venezuela contra Trujillo.
--Betancourt estaba tratando de promocionar su gobierno como la salida democrática ideal para Latinoamérica, esto tiene que ver con una necesidad del entonces presidente de Venezuela de distanciarse de las ideas comunistas con las cuales había comulgado más joven.
--Hizo un esfuerzo inmenso por deslindarse de esas aguas. Y lo venía sosteniendo ya desde la década de los años treinta, pero había sectores, dentro y fuera del país, que lo asumían como un hombre de izquierda. Lo que clarificó el panorama de sus opiniones políticas fue la coincidencia de su presidencia con la de John F. Kennedy, que fue capaz de entender las circunstancias que tenía América Latina en su consolidación y la opción del reformismo que protagonizaba Betancourt.
Eso facilitó mucho la confianza que Estados Unidos le tuvo, me refiero a la capacidad de Kennedy de verlo como un socio confiable, uno que se estaba moviendo en la centro izquierda latinoamericana y cuya influencia podía comenzar a extenderse a otros países de la región.
--En términos diplomáticos, ¿cuál es el gran legado de su presidencia? --Betancourt tuvo una posición igualmente severa a la hora de condenar regímenes de facto, fueran de izquierda o de derecha. No dejó nunca de ser crítico del intervencionismo estadounidense en América Latina. Pero también entendió lo que significaba ponerle coto a los avances del proyecto castrista. Su legado fue la afirmación de una política venezolanista de no injerencia. Y de enfrentamiento por igual a los factores de derecha y de izquierda que hubiesen surgido en la región sin ser resultado de un proceso democrático.
--El único personaje de esta historia que queda vivo es Castro. ¿Cómo ve el papel que su régimen desempeña hoy en la región frente al que tuvo durante la Guerra Fría? --Esta es una etapa melancólica para el régimen cubano, si uno lo compara con la época caliente de la Guerra Fría, en la década de los años sesenta. Betancourt impidió que Castro entrara por la puerta principal a la arena internacional y ahora, que Cuba ya no es lo que fue en la Guerra Fría, nos encontramos que es el más cercano aliado de Venezuela en un contexto donde prima el ritualismo de izquierda de parte de nuestros gobernantes.

lunes, 22 de abril de 2013

ECOLOGÍA GRIS

EL NACIONAL - Lunes 22 de Abril de 2013     Cultura/3
El foro del lunes
CARLOS DELGADO FLORES Señala que Internet ayuda a que los venezolanos se formen criterios políticos
Para el académico, las redes sociales promueven intercambios de datos que permiten el surgimiento de un elector racional, uno que aspira a un espacio de gobernabilidad público
"El diálogo empodera y la diseminación de información genera simetría"
MICHELLE ROCHE R.

Carlos Delgado Flores es magíster, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, coordinador académico del posgrado en Comunicación Social de esa casa de estudios y miembro del Consejo de Redacción de la revista Comunicación. El año pasado formó parte de las mesas de diálogo ­en el área de Política Comunicacional­ cuyos resultados permitieron redactar los Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional, presentados por la Mesa de la Unidad Democrática en enero de 2012. Pero su trabajo más importante es silencioso: durante la última década se ha dedicado a interpretar las estrategias culturales del Gobierno y a entender cómo las nuevas tecnologías están reconfigurando la participación política y social de los venezolanos. Sus conclusiones están en las revistas editadas por el Centro Gumilla y representan perspectivas reveladoras del panorama real de las relaciones de poder en el país, de los perfiles electorales y de la entrada de Venezuela a la era de la información.
El impresionante desarrollo de las redes sociales en el país le hace pensar que las tecnologías pueden aprovecharse para conciliar la brecha cultural entre los venezolanos ­hoy, 8 millones no pasan del séptimo grado­ y que esas redes deben establecerse como los lugares del diálogo para la formación de ciudadanos.
De acuerdo con sus investigaciones, 65% de los usuarios de Internet en Venezuela pertenece a los niveles D y E, se ubica entre 18 y 32 años de edad y se conecta diariamente varias veces, desde los hogares o teléfonos móviles, con fines de socialización y búsqueda de información.
"Los 10 tabulados básicos del censo más reciente incluyen conexión a Internet y a televisión por cable. Según los datos que he revisado, encuentro, preliminarmente, que la correlación entre una y otra es alta, más de 0,80. Es decir: que quien tiene televisión por cable tiene acceso a Internet.
La penetración de la televisión por cable en Amazonas, por dar un ejemplo, es de 96%. Ya no podemos decir que Internet no tenga influencia en lo que pasa en Venezuela".
­¿Esas estadísticas reestructuran la hegemonía comunicacional del Estado? ­Abren la posibilidad de que se filtren otros mensajes, más allá de su aparato comunicacional, que es funcional y poderoso. Mientras la gente tiene más acceso a la televisión por cable, a Internet y a la información generada por medios independientes, se exponen a las informaciones de los buenos conversadores en la web, aquellos que proveen informaciones de fuentes confiables. Estos son los que en Twitter hacen retuiteo, comentan, usan fuentes confiables, las contrastan y aceptan el comentario en una atmósfera del respeto.
­¿Pero, la dependencia de la conexión no hace vulnerables esos procesos? Por ejemplo, el domingo de las elecciones, cuando se cayó Internet por unas horas.
­Somos vulnerables por otras razones: tenemos pocos proveedores para acceder a Internet y no podemos elegir, el servicio de conectividad es malo y el ancho de banda, risible. Estamos muy por debajo de los estándares internacionales y del promedio latinoamericano.
­¿Cómo evidencia la más reciente campaña el fortalecimiento de las redes sociales frente a la hegemonía comunicacional del Gobierno? ­Más allá de la polarización política, hay varios perfiles: 18% de usuarios de Internet son conectados y politizados: deliberan, hacen cyberpolítica, se forman criterios y no acceden a los medios de comunicación. Los medios de comunicación aquí son malos conversadores; los periodistas no, pero los medios sí, porque tienen poco nivel de interactividad. En nuestra coyuntura, eso implica perder audiencia a altos costos, tanto monetarios como políticos. Hace 5 años, la cuota de mercado de Internet era de 11% y la de televisión de señal abierta, de 35%. Hoy están a mitades, si no es que Internet ya está por encima. Según datos oficiales, 40% de la población venezolana es usuario de Internet y de allí, 8 millones de venezolanos tienen un perfil en Facebook, es decir, 8 de cada 10 habitantes del país, y 4 de cada 10 tienen una cuenta en Twitter. Es una diseminación mucho mayor que la de los periódicos. El problema es que nuestros medios (ni los radioeléctricos ni los digitales) no tienen oferta positiva, porque en una polarización como la nuestra no se proponen ideas. Pero el caso es interesante porque parte de esa población conectada y politizada ­como la hemos llamado en ensayos sobre el tema en Comunicación­ dejó de votar por Chávez porque está muerto y lo hicieron por Capriles, convencidos por el diálogo que han mantenido permanentemente con gente opositora o en redes; pero esa oferta hay que mejorarla.
­Por eso sostiene en sus investigaciones que el elector venezolano no es emotivo sino racional.
­El clientelismo, que lo asumimos como un vicio de la política, es también una elección racional. No es socializadora, pues privatiza el espacio público y desinstitucionaliza, pero obedece a nuestra lógica cultural: el venezolano es contigencialista y para él la voluntad personal tiene más peso que el proyecto colectivo.
­¿Qué prácticas sociales promueven las tecnologías? ­El diálogo entre iguales con interlocución; es decir, que tú escuches lo que te están diciendo y que quien habla luego te escuche con una norma que es consensuada. Esa es una actitud socializadora y permite el surgimiento de un elector racional que aspira a generar un espacio de gobernabilidad público y se interesa en crear una república a través del intercambio de conocimiento. El diálogo empodera y la diseminación de información genera simetría.
­¿Están las redes rompiendo la hegemonía comunicacional del chavismo? ­ El martes, Aporrea.com era un ejemplo del nivel de autocrítica que se está articulando en el chavismo. Allí vemos cómo Internet no sólo es arenga y movilización. Cuando revisas los trending topics nacionales de Twitter, notas que ellos están afrontando problemas en la unificación de tráfico porque te consigues con cinco hashtags asociados al mismo tema y son cinco etiquetas distintas. Antes era una sola porque había una voz mandante, pero ahora hay enredo y división. La burocracia gubernamental del proceso no entiende de dialogicidad y su diseño de redes es eficaz en el sentido de que homologaron la red de distribución de datos con la logística: usan las redes para movilización en los eventos clave y no deliberan. El problema, sin embargo, es que la oposición tampoco lo hace ni tiene mayores estrategias en redes.
­¿Hacia dónde deberían apuntar esas estrategias? ­A apoyar las prácticas de las redes, empodérandolas. ¿Por qué las propuestas programáticas de la MUD no salen a deliberación en línea? ¿Por qué no han difundido en redes el programa unitario? Si hay un buen espacio público, si hay una sociedad con sentido común, las políticas no tienen por qué ser interventivas ni costosas. Poner las ideas y los sentidos en común supone generar actitudes articuladas, puntos de encuentro y proyectos. Ese espacio hay que restablecerlo porque lo perdimos. Si bien la estrategia comunicacional del chavismo es de hegemonía, y por la vía de la propaganda, la simbología y el tono religioso repite en múltiples formatos un solo mensaje, del otro lado tampoco se ha construido un sentido común desde la horizontalidad de las redes. Quisiera que hubiera más acercamiento entre la academia y la MUD, pues no sólo debemos empoderar proyectos culturales con base en su incidencia, sino estudiar bien las políticas culturales y abrir la política a un debate enriquecedor; la cultura no se trata sólo de promoción de arte. En este momento sólo está dedicada a estetizar la política y eso debemos erradicarlo.
Fotografía: Leonardo Guzmán.

lunes, 8 de abril de 2013

LITERATOSOS

EL NACIONAL - Lunes 08 de Abril de 2013     Cultura/3
El foro del lunes
LUIS BARRERA LINARES El autor es individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua
El profesor universitario considera que debería desecharse el prejuicio de que todo buen lector sólo se forma leyendo clásicos de la literatura, así como el que pesa sobre el formato digital
"Debe estimularse la lectura de diversas formas de escritura"   
MICHELLE ROCHE R.

El Ministerio de la Cultura declaró 2013 el Año de la Lectura con el propósito de apuntalar una serie de medidas enfocadas a la promoción de este hábito en la población más joven del país. De acuerdo con la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela ­publicada el año pasado por el Centro Nacional del Libro­ en el país se leen anualmente entre 2 y 4 obras per cápita, más que en Colombia y México, donde se leen 2,2 y 2,9 publicaciones promedio al año.
Sin embargo, a pesar de lo que parece ser un panorama optimista, el Cenal elabora otro Plan de Lectura con el objeto de inculcar el hábito en ciudadanos en edad escolar, pues el más reciente, que data de 2009, se enfocaba en la población adulta y se sustentaba en el trabajo de los consejos comunales. Para avanzar en la planificación, la novena edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela que se celebró recientemente en Caracas convocó a especialistas en la materia provenientes de varias partes de la región.
Luis Barrera Linares, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua y profesor de Literatura de la Universidad Simón Bolívar, propone concentrarse en la discusión sobre el público del Plan de Lectura, más que en las características específicas de esta herramienta de promoción.
"Todo nuevo programa de promoción es positivo porque, por lo general, tiene la intención de mejorar la situación preexistente", concede.
"Si cuando se habla de jóvenes se alude a estudiantes de básica, me parece que precisamente es por allí por donde hay que comenzar. No es que no se pueda estimular la lectura en adultos, pero si se comienza por las etapas iniciales del sistema educativo las posibilidades de éxito son mayores".
--¿Qué recomendaría a los especialistas del Cenal para mejorar la promoción de la lectura entre los más jóvenes? --Está demostrado que los jóvenes son más atraídos por aquellas lecturas que de alguna manera toquen sus campos de interés y su contemporaneidad. Habría que comenzar con autores que no sean necesariamente los clásicos. Obligar a un niño o un adolescente a la lectura de un clásico puede traer consecuencias muy distintas a las que se esperarían. Estamos acostumbrados a escuchar de los lectores jóvenes que no hay nada más "pavoso" que leer un clásico. Y cuando uno tiene 10 o 12 años de edad, eso puede resultar una verdad lapidaria. En el proceso de inmersión en la lectura, los clásicos tienen también su momento y hay que darle tiempo al tiempo (y al lector, para que no termine rechazándolos).
--¿Cómo las universidades venezolanas, la Academia de la Lengua y otras instituciones en las que se discute la literatura nacional sirven para la promoción de la lectura? --Es importante dejar de lado el prejuicio de que un buen lector sólo se forma leyendo literatura. Debe estimularse la lectura de diversas formas de escritura. La literatura de creación es apenas un registro más de los muchos con que debe lidiar un lector. Y no solamente en esta época, siempre ha sido así. La literatura no debe ser excluida de ningún plan de lectura, pero tampoco se debe convertir en su eje transversal. Aquello de que "leer es un placer" pierde sentido si se mantiene la creencia de que el único complemento directo del verbo "leer" son los textos literarios.
También puede ser placentero leer historietas, artículos sobre historia contemporánea, biografías, crónicas en sus distintas variantes, manuales para videojuegos, en fin, textos de diversa naturaleza. De modo que la respuesta a su pregunta es sí: las academias, las instituciones educativas todas (y no solamente las universidades) deberían contribuir de alguna manera con la promoción de la lectura, cada una de acuerdo con sus posibilidades y objetivos.
--¿Y la crítica? ¿Cree que es escaso el trabajo crítico alrededor de la producción editorial contemporánea? ¿Cómo se relaciona esto con la falta de lectores? --Es verdad que la crítica podría estimular la lectura de alguna manera, principalmente si hablamos de la divulgativa, pero quien no tiene el hábito de la lectura tampoco leerá lo que escriban los críticos.
--Algunos profesores señalan que hoy en día, producto de las dificultades para importar y el impulso que desde hace un lustro recibe la literatura nacional, muchos estudiantes prefieren hacer sus tesis sobre esta última.
¿Ha notado este fenómeno? --Sí, desde hace algunos años parece haber mayor interés por la literatura nacional, no solamente por parte de los tesistas (que forman parte de los llamados "lectores profesionales"), sino también de los lectores en general. Pero no estoy seguro de que eso tenga que ver con la posibilidad mayor o menor para importar libros. Pensar eso me parece que más bien le resta méritos a la producción local. Casi como decir que como no tenemos acceso a otras formas de escribir, terminamos conformándonos con las nuestras. Y eso es una creencia errada porque hay buen material nacional en el mercado. El proyecto oficial de vender libros a precios muy módicos es además un buen aliciente, eso nadie puede negarlo. Adicionalmente, prefiero creer también que el interés creciente por la literatura venezolana, o por la escritura venezolana en general, tiene que ver más bien con una situación psicosocial que nos está obligando a interrogarnos sobre nosotros mismos, a buscar raíces, a requerir subconscientemente explicaciones para saber de dónde venimos, cómo somos y por qué.
Y también con que nuestros escritores andan en lo mismo y eso ha generado una relación de afinidad con algunos grupos de lectores. Aparte de que buena parte de quienes hoy hacen literatura en Venezuela se han dejado de prejuicios "literatosos" y están escribiendo para que los lean y no para hacer ejercicios de narcisismo o malabarismos escriturarios incomprensibles.

Fotografía: Manuel Sardá.

sábado, 16 de marzo de 2013

LECTORANTE, LECTORADO, LECTUROFOBIA

EL NACIONAL - Sábado 16 de Marzo de 2013     Cultura/3
CHRISTIAN VALLES
La funcionaria analiza los resultados de la Encuesta del Comportamiento Lector
"Las escuelas de Letras de este país no enseñan literatura venezolana"
La directora del Centro Nacional del Libro señala que la novena edición de Filven servirá para conocer las experiencias con planes de lectura de otros países y para promocionar autores nacionales
ENTREVISTA
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Por primera vez en nueve ediciones la Feria Internacional del Libro de Venezuela no se le dedica a un país, sino que se consagra a la promoción de la lectura, iniciativa que proviene de las conclusiones de la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela de 2012. Así, Filven, que estará hasta el miércoles 20 de marzo en el llamado Eje del Buen Vivir, servirá para reunir a especialistas internacionales en la elaboración de planes de lectura. Sobre esta feria y la promoción de la literatura venezolana habló Christian Valles, directora del Centro Nacional del Libro.
--¿Por qué esta Filven no se dedica a un país? --La selección estuvo intervenida por la agitación que producen las campañas electorales. Pero, además, no podíamos enfriar el estudio del comportamiento lector y así proponemos el debate sobre un plan de lectura. Tenemos la obligación de formular el Plan de la Nación ahora, no el año que viene.
--¿Por qué ahora la necesidad de un plan de lectura? ¿Qué pasó con el del año 2009? --Estaba dirigido a un segmento adulto de la población y asociado a la edición de los 100 títulos de la Biblioteca de los Consejos Comunales; buscaba la discusión de los temas necesarios para tener una población formada. Ya cubrió su ciclo.
--¿Y el nuevo plan hacia dónde apunta? --En Filven nos nutriremos de experiencias internacionales en promoción lectora.
Lo importante es que también construyamos la identidad de la literatura venezolana para promoverla. Una de nuestras preocupaciones es que las escuelas de Letras de este país no enseñan literatura venezolana.
--¿Sí? Pero si allí trabajan los escritores venezolanos. --En el porcentaje total del pensa lo que se enseña de literatura venezolana es mínimo y no se compensa con el dedicado al estudio de la literatura latinoamericana, griega o a los clásicos. Las universidades deben profundizar la investigación y el estudio de nuestra literatura para que podamos formar lectores y docentes que sean capaces de promover a nuestros autores y sembrar el gusto por la lectura.
--Según la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela, 50,2% de los venezolanos es lector de libros. Pero es interesante hablar también sobre los gustos. Los que se encargan de hacer este tipo de mediciones en el sector dicen que quienes declaran leer Don Quijote de la mancha o la Biblia es porque no leen con regularidad. --¿Por qué?
--Porque a nadie le gusta aceptar que no lee y estos son libros célebres que están en el top of mind de los hispanohablantes. --Eso es cierto, pero cuando asocias el libro con el escritor te evitas ese fenómeno. En nuestro estudio, casi 500 títulos asociados con sus autores aparecieron reseñados.
--De esa lista ¿cuál libro se lee más? --El autor más recordado es Rómulo Gallegos y, en segundo lugar, Paulo Coelho. Luego, sin orden específico, están Miguel Otero Silva, García Márquez y otros asociados con la escolaridad. Pero los títulos, si no recuerdo mal, son El Quijote y la Biblia, por supuesto.
--¿Qué hace el Cenal para promover escritores? --Los talleres literarios que están funcionando muy bien en Monte Ávila, el Celarg y la Casa de Bello. Esta última trabaja también en los nuevos urbanismos, en los refugios, en las cárceles y en los liceos.
--Claro, pero están enfocados para personas que comienzan a descubrir una vocación de escritores. La pregunta se refería a los autores maduros.
--Generamos acciones que van desde la captación de obras para su traducción y su divulgación en el exterior, hasta alianzas con editoriales tanto de habla castellana como de otras lenguas. Pero en este momento hay una crisis muy fuerte en el mercado editorial español.
--Pero con las traducciones el mercado se amplía. --Estamos hablando de las dos cosas. Por un lado están las traducciones para darnos a conocer en países francófonos o anglófonos, por ejemplo. Pero tampoco podemos descuidar el ámbito de la lengua castellana, que es el más grande de todos. Ahora, ¿cómo haces para que la literatura venezolana se convierta en un referente simbólico en materia del libro? --¿Cómo? --Creando nichos con el establecimiento de cátedras de literatura venezolana en espacios académicos.
--¿El Cenal está promoviendo la creación de cátedras sobre la literatura venezolana en el extranjero? --El Cenal ha intentado.
--¿Por ejemplo? --La que está consolidadísima es la de Salamanca.
--Por supuesto, la cátedra José Antonio Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca, creada por el Conac en 1993.
--La de toda la vida.
--¿Y qué pasó con la agencia literaria del Cenal? --Todavía la tenemos. Estamos representando a seis escritores: Wilfredo Machado, Laura Antillano, Luis Britto García, Gabriel Jiménez Emán, Ramón Palomares y Gustavo Pereira. Estos fueron los que promovimos hasta 2012, este año serán otros 10.
--¿En qué estado de negociación están con ellos? --Logramos la traducción del libro de Pereira.
--¿Y cuántos años tiene la agencia? --Cuatro años. Pero es que ha dado bandazos, no estamos apurados. La inclusión que debe caracterizar la gestión de gobierno no necesariamente está vinculada a una incorporación indiscriminada.
--¿Cómo seleccionaron a estos escritores? --Varios de ellos han sido premios nacionales e internacionales de literatura y los otros por su obra.
--¿Y José Balza? --Sí, su obra se estudia afuera, pero él ya está traducido. Él tiene una condición internacional.
--¿Y Rafael Cadenas? --Allí hay un tema de derechos de autor. Pregúntale a Cadenas por qué no quiere que lo publiquen las editoriales del Estado.
--En Filven van a presentar un libro de Ednodio Quintero editado por Monte Ávila. ¿Están negociando sus derechos? --No estamos traduciendo a todos los que editamos. No podemos, son demasiados.
Sólo El Perro y la Rana edita 400 autores al año.

Fotografía: Leonardo Noguera

lunes, 11 de marzo de 2013

UNA INVESTIGADORA EXPRESIVA

EL NACIONAL - Lunes 11 de Marzo de 2013     Cultura/3
OCARINA CASTILLO La antropóloga critica las omisiones históricas de la prédica oficial
"Nuestro desafío es pasar de la diversidad cultural a la interculturalidad"
La investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV y docente de la maestría en Planificación del Desarrollo propone que los discursos de lo popular y lo artístico se conviertan en herramientas para pacificar la convivencia ciudadana
MICHELLE ROCHE R.

A finales de la década de los noventa, cuando Hugo Chávez fue elegido Presidente de Venezuela, los intelectuales sostenían intensas discusiones sobre el significado de la identidad y la cultura nacional, no sólo en el país sino en el resto de América Latina. Por esos caminos la revolución bolivariana impuso en Venezuela un discurso de la multiculturalidad en términos étnicos y se asumió que durante gobiernos anteriores, supuestamente obsesionados con lograr una modernización al estilo del "progreso universal" estadounidense, se habían olvidado de diferencias básicas de la comunidad, como las raciales.
La reflexión anterior permite traer a colación otra que hizo Jesús Martín Barbero en el simposio Venezuela: Tradición y Modernidad, celebrado en 1998 en la Universidad Simón Bolívar, donde señaló que el autoritariasmo en América Latina era una respuesta a la precariedad del orden social, la debilidad de la sociedad civil y la complejidad de los mestizajes del continente: "Se hizo del Estado la figura que contrarresta las debilidades societales y las fuerzas de la dispersión". Añadió que en la región se invertía el sentido de la definición de la identidad nacional, poniéndola al servicio del chauvinismo de un Estado que en lugar de articular las diferencias culturales asume lo nacional como incompatible con lo distinto, tanto desde la derecha como desde la izquierda.
Ocarina Castillo, antropóloga y profesora de la Universidad Central de Venezuela, señala que desde que la Unesco declaró a la cultura un fundamento para el desarrollo y un derecho del ser humano se asume que la discusión sobre la multiculturalidad está caduca, pues no es suficiente para asegurar la convivencia pacífica entre individuos de las sociedades urbanas. Por eso, propone un término que negocia las divergencias: la interculturalidad.
La académica, magíster en Historia Contemporánea de Venezuela y doctora en Ciencias Políticas, indica que las grandes dificultades inherentes a la formulación de políticas públicas para el sector se relacionan con el hecho de que la cultura es un concepto inasible, pues tiene que ver con asuntos muy profundos, como significaciones: "Los intangibles son delicados, porque al fosilizarlos los amarras y los pierdes. Por eso, el trabajo con lo cultural siempre ha estado en tensión con el poder, porque necesita del oxígeno que le da la libertad frente al discurso oficial, referido éste no sólo al de las instituciones gubernamentales sino al sistema de valores imperante. Por otra parte, hay también una tensión en el Estado, que intenta ver cómo hace con ese mundo particular, diverso y complejo, que es la cultura".
­¿Cree, como señalan los partidarios del oficialismo, que uno de los logros del chavismo fue la inclusión de los sectores populares? ­El reconocimiento de lo popular no comienza en estos años, venía desde antes. Pero no era suficiente. La visibilización que se le ha dado al contenido de lo popular lo ha repotenciado de una manera extraordinaria, pero lo político ha confiscado el discurso de lo popular. Se ha reivindicado a los sectores populares, pero eso ha tenido sus límites en dos sentidos. Primero, desde el punto de vista político, hay una superposición donde lo popular es lo rojo rojito y no hay cabida para otras visiones de mundo, aunque también sean populares. La segunda exclusión es nuestro multiculturalismo selectivo: sólo tomamos en cuenta lo afrodescendiente, lo indígena y alguna que otra minoría cultural, pero obviamos los procesos enormes de migraciones y de hibridación que ocurrieron en el siglo XX.
­Entonces, ¿por qué señalar a la inclusión como éxito? ­En estos 14 años presenciamos un esfuerzo entusiasta, como política del Estado, de asumir la diversidad cultural.
Pero hay que dar el siguiente paso: nuestro desafío es pasar de la diversidad cultural a la interculturalidad; esto se trata de aprender a ser ciudadanos y se refiere a la relación entre cultura y ciudadanía. Significa respetar al otro, reconocerlo en su diferencia y aceptarlo.
Es muy bella esa declaración macro de que somos incluyentes, pero es apenas parte de la nomenclatura y está cargada de los epítetos con los que nos tratamos los unos a los otros. Y nuestras políticas culturales también están cargadas de esas discusiones.
En estos momentos hay muchas agendas abiertas, pero necesitamos entender que así como esta sociedad, después de 14 años, es otra, también tenemos que avanzar hacia la interculturalidad y la interacción, así como debilitar las fronteras ideológicas, políticas, raciales y sociales que nos hemos levantado. No nos sirven para continuar adelante ni para recuperar el sentido de nuestra historia.
­¿Cree que en estos días de luto se han visto vicios en la lectura que se hace de la historia de Venezuela? ­La historia es siempre una invitación abierta, porque cada revisita que uno le hace sugiere lecturas diferentes. Pero lo importante es ser conscientes de que el proceso histórico es uno en el cual hay continuidades y discontinuidades, así como articulaciones profundas, y de que es un proceso en el cual las interpretaciones son siempre múltiples y diversas, incluso formando parte de colectivos que se identifican con ideologías. La historia no debe ser la canonización de personajes ni de ideas, sino un diálogo abierto entre las generaciones de ahora con la memoria que forma parte de nuestro presente. Últimamente he escuchado generalizaciones impresionantes y de todo tipo. Se olvidan los hechos. Por ejemplo, cuando se habla del origen de la educación pública se olvida que es un derecho desde la época de Antonio Guzmán Blanco, en el siglo XIX. Dentro de todas las luces y las sombras de su período ese presidente introdujo importantes reformas liberales.
En su época, esas medidas fueron únicas para América Latina, porque ningún otro país se atrevía a separar la Iglesia del Estado.
­También se omite el aporte, más reciente, de Luis Beltrán Prieto Figueroa, ministro de Educación y ejemplo de la multiculturalidad de los adecos.
­Claro. Fue el maestro de maestros porque hizo escuela al escribir sobre su concepción de la pedagogía. De eso abrevamos durante mucho tiempo quienes tenemos vocación de docentes. Era un personaje integral: maestro, poeta y hombre de pueblo.
Un margariteño cuya identidad oriental se respiraba por los cuatro costados. Pero así pudiéramos hablar de cantidad de figuras. En materia de nuestra cultura popular, nos hemos olvidado nada menos que de Juan Liscano y de Rómulo Gallegos.
­Decir que es ahora cuando las tradiciones populares se respetan es desconocer nuestra historia.
­Sí. Claro que podemos criticar nuestras políticas públicas y decir que éstas, durante la segunda mitad del siglo XX, fueron negligentes en el estudio, la investigación y el desarrollo de esa memoria de nuestras expresiones populares. Hubo negligencia y faltó presupuesto y voluntad, así como coherencia institucional. Al compararnos con otros países de América Latina, nosotros no logramos articular una serie de instituciones que se lograran posicionar en la memoria. Pero eso no quiere decir que vamos a olvidar todo lo que se hizo, a pesar de esas negligencias e insuficiencias.
­Fue durante la gestión de Chávez que se cumplió una vieja aspiración del sector: la creación del Ministerio de Cultura. ¿Cuáles deberían ser las políticas públicas del sector en un país que busca la interculturalidad? ­Necesitamos contar mejor esa historia. La cultura se veía antes como un asunto de importancia sólo porque enriquecía al individuo. Fue así hasta finales del siglo XX, cuando se le comenzó a tomar como uno de los pilares del desarrollo social, tan importante como la salud, la educación y la vivienda. Hoy también se le asume como derecho humano. Esto generó problemas en el discurso oficial, especialmente en el mundo de las políticas públicas y las culturas populares.
Se trata de que aprendamos a vivir juntos a pesar de nuestras diferencias. A veces me parece que la llamada masificación de la cultura es sólo para los iniciados. He buscado libros editados por El Perro y la Rana y CD del Centro Nacional del Disco y no los puedo encontrar, aunque acuda a instituciones del Estado. Son circuitos complicados que no son abiertos, pues no privilegian que todos los interesados tengamos acceso a esos bienes que, además, son producidos con dinero público.
En las políticas públicas de estos 14 años ha primado esa estrategia del circuito cerrado, de comunicación alternativa y estructuras al margen.
Es lo que ha pasado con las universidades autónomas y con los hospitales. Al crear la Universidad Bolivariana y las misiones de salud pública no se fortalece ni se moderniza lo que existía, sino que se crea algo alternativo, que se pone como otra opción distinta a lo anterior, debilitándolo.

Fotografía: Leonardo Noguera.

sábado, 13 de octubre de 2012

MERCADO EDITORIAL

EL NACIONAL - Sábado 13 de Octubre de 2012     Escenas/4
MERCADO La trilogía de E. L. James nació en la página de fans de Crepúsculo
Cincuenta sombras de Grey: el erotismo banal de los libros hechos para vender
En Venezuela su popularidad, que no es mucha, se encuentra entre el público adolescente femenino
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Ni los niños magos ni los vampiros que se abstienen de morder a sus chicas son ahora la moda juvenil, pues el lugar común que decreta que el sexo vende ha tomado un nuevo significado en los anaqueles de las librerías.
Las agencias de noticias reportan que en los países hispanohablantes, como ya lo hizo en Estados Unidos, la trilogía de novelas eróticas Cincuenta sombras de Grey, creada por E. L. James, es un best seller.
En España, Argentina, Chile y México se mantiene entre los cuatro primeros puestos de venta. Lo mismo ocurre entre los lectores latinos en Norteamérica, según cifras suministradas por Barnes & Noble.
Vender placer. A pesar de que en los países anglosajones le llovieron las críticas no solo desde el estamento académico, sino desde los medios de comunicación más abiertos a las novedades, la trilogía constituida por los libros Cincuenta sombras de Grey, Cincuenta sombras más oscuras (2011) y Cincuenta sombras liberadas (2012) ha vendido alrededor de 39 millones de ejemplares en todo el mundo, por lo que puede clasificársele como un éxito editorial, aunque no alcanzara los 116 millones de Crepúsculo, los 65 millones de los libros de Stieg Larsson (Milllenium, 2005-2007) o los más de 450 millones de la serie de Harry Potter (1999-2006).
En Venezuela, sin embargo, es solo el primero de los tres libros, Cincuenta sombras de Grey, el que se mantiene este mes en el primer lugar de ventas, según cifras reveladas por la cadena Tecniciencia Libros a Efe. Otras novedades que figuran en la misma lista en el país son La civilización del espectáculo de Mario Vargas Llosa (2012), El prisionero del cielo de Carlos Ruiz Zafón y De que vuelan vuelan vuelan de Michaelle Ascencio.
A pesar de que los otros dos tomos de Cincuenta sombras pueden conseguirse en los anaqueles o encargarse, parece que la tendencia en el país es a leer el primero y dar por vistas sus secuelas. Varios libreros independientes expresan su preocupación porque quienes preguntan por estos títulos son niñas que aún no han salido del bachillerato. En esto, la tendencia difiere a la vista en Estados Unidos, donde se clasificó a estos libros de Mommy Porn, porque son populares entre las mujeres casadas de más de 30 años de edad.
Construir el placer. El título original de Cincuenta sombras era Amo del universo y nació como en una página web de fanáticos de Crepúsculo, como una novela por entregas. Cuando algunos lectores reprendieron a James por el contenido erótico de sus escritos, ella decidió crear su propia página: www.FiftyShades.com. Luego, convirtió la novela en tres partes y comenzó a venderla por demanda en formato e-book.
Gracias a la publicidad viral (por redes sociales), comenzaron a dispararse las ventas de este libro y Vintage Books, filial de Random House, compró los derechos. Así comenzó su definitivo ascenso a las listas de best sellers.
Los libros narran los encuentros sexuales de tipo sadomasoquistas de los protagonistas, la universitaria Anastasia (Ana) Steele, de 22 años de edad, y el adinerado joven ejecutivo Christian Grey, de 27 años, a partir de la firma de un contrato que los identifica como la dominada y el dominante. El resto del argumento, sin embargo, es bastante parecido al cuento Cenicienta, pues entre el joven rico y la sufrida Ana termina estableciéndose una historia de amor que termina en matrimonio. Jorge Volpi, en una columna reciente sobre el tema escribe: "Cincuenta sombras se balancea entre el romance y la pornografía. Y acaso lo peor sea que, al final, triunfa el primero: por más que Grey abuse de Anastasia, obligándola a firmar un contrato ­procedimiento robado a La venus de las pieles de Sacher-Masoch­, será ésta quien al final dulcifique a su Barbazul o su Bestia, como si las 1.500 páginas de la trilogía fueran un maratón de foreplay [estimulación erótica previa al coito] que termina con un matrimonio en el que, más allá de sus gustos `excéntricos’, sus protagonistas "vivieron felices y comieron perdices".
Y justamente de esto se tratan los best sellers: de repetir ad nauseam los viejos códigos narrativos de héroes y doncellas, o de príncipes y princesas, en los que el personaje femenino es siempre sinónimo de civilización, de cómo hacer al hombre un ciudadano socialmente aceptable. Frente a esto, sin embargo, cabe preguntarse, ¿Cincuenta sombras fuese tal éxito de ventas si el contrato entre los personajes declarara a Ana la dominadora y al opulento Christian el dominado?

Fotografía: Pieza de Edgar Negret.

Breve comentario LB
: Ha sido evidente el "boom" en las últimas semanas, aunque parece ´pertinente subrayar las observaciones de la periodista. De un lado, lo pornográfico que no, erótico; por otra, el mercado de los adolescentes. Ciertamente, la publicidad viral alcanza algunos éxitos; empero, profusa, deja como saldo un inmenso basurero.

viernes, 14 de septiembre de 2012

SUFRAGADORES

EL NACIONAL - Lunes 10 de Septiembre de 2012     Cultura/3
El foro del lunes
LUIS SALAMANCA El ex rector del CNE advierte que el 7 de octubre el enemigo será la abstención
"El sufragio es nuestro método para resolver conflictos"
El politólogo destaca el valor de medio siglo de historia
electoral como muestra de la vocación democrática del venezolano, aunque los partidos ya no son los que determinan la elección de cada quien
MICHELLE ROCHE R.

Por qué vota la gente? (Alfa, 2012) de Luis Salamanca resulta una publicación más que oportuna en este mes. No porque haga un análisis de la intención de voto de los venezolanos el 7 de octubre ­pues no lo hace­ ni porque su autor esté interesado en hacer allí predicciones, sino porque reflexiona sobre la historia del sufragio en el país con el objetivo de entender qué factores inciden en las decisiones de los electores. Es, además, una obra de ánimo académico, porque pone al alcance de los lectores temas y conceptos que le permiten entender mejor las campañas electorales.
Si bien la fortaleza del libro es su análisis histórico, son interesantes las conclusiones de Salamanca sobre el votante venezolano, especialmente el que es tradicionalmente chavista, pues cree que éste entró en una fase de "volatilidad y desaliento electoral" comparable a la del año 1998, cuando la crisis del país y de los partidos llevó a Hugo Chávez hasta Miraflores.
"El votante seguidor de la oposición comenzó a observarse más alineado con su fórmula política, lo que le permitió crecer, desde entonces, en forma constante, en señal de que la abstención opositora estaba disminuyendo, tal como mostraron las elecciones primarias del 13 de febrero de 2012", escribe y añade que el oficialismo, en los 6 años entre los comicios de 2006 y los de 2012, perdió 2.086.716 votos, además de lo que llama "el corredor electoral" ­en referencia a los estados del centrooccidente, excepto Aragua­, mientras que sus adversarios ganaron 985.282 simpatizantes.
­En ¿Por qué vota la gente? dedica muchas páginas a discutir el abstencionismo, pero en lo único que coinciden los adversarios políticos es en la trascendencia de las elecciones del 7­O. ¿Tiene sentido en este momento ser ni­ni? ­El ni-ni es un fenómeno de la época de Chávez, antes se les llamaba independientes, porque no eran de Acción Democrática ni de Copei. Los ni-ni nacieron en 2002, como consecuencia del conflicto tan brutal que vivimos, para abstraerse de los polos que se enfrentaron. Son votantes blandos, fluctuantes, que pueden cambiar de opinión de una campaña a otra. Votaron por Chávez en 1998 y quizá hasta 2006, pero cuando vieron el viraje autoritario del Presidente se frenaron, porque aspiran a la movilidad social ascendente. El ni-ni no es necesariamente abstencionista, sino que trata de evitar el conflicto.
­¿Por qué la abstención se mantiene tan alta? ­La abstención en Venezuela desde la década de los noventa es elevada, lo cual es contrario a lo que había ocurrido en los 30 años anteriores. Debemos preguntarnos por qué dejó de asistir a las urnas el votante: dejó de sentirse motivado por los viejos partidos y tampoco ha conseguido identificarse con los nuevos. Cuando se estancó la modernización social, y los partidos no dieron respuesta, mucha gente escogió salirse del sistema.
­En el libro señala que factores coyunturales, estructurales e individuales determinan la intención de voto de cada quien. ¿Cuál es la variable más fuerte en este momento? ­A pesar de que el voto es un acto fácil desde la perspectiva mecánica, la decisión que lo fundamenta no es necesariamente sencilla, pues allí influyen factores como la posición económica, el género, el ambiente social, la religión, la educación, la inclinación partidista, la gestión de los gobiernos y los temas de las campañas, entre otros. Hasta ahora no he hablado de la emoción, pues no la considero una causa de la decisión sino una condición del votante que se activa en el proceso electoral según los mensajes que reciba. No es que el votante sea emocional, es que los mensajes que recibe son de ese tipo. Chávez, por ejemplo, mantiene sus mensajes en lo puramente emocional y Capriles emociona por la vía de un razonamiento.
­¿Son los venezolanos partidistas aún? ¿Puede el PSUV compararse con AD? ­Antes los partidos lograban emocionar a la gente según una identidad partidista, y allí se resumían los factores que influían en la intención de voto de los venezolanos. No es que las características no estuvieran presentes antes, sino que estaban subordinadas a los partidos. Y la gente votaba como adeco o como copeyano. Hoy los líderes pasaron a ser más importantes que los partidos y, desde Irene Sáez, se hicieron a partir de su ataque a los partidos. La gente no vota por Chávez porque sea miembro del PSUV, sino porque es Chávez. Cuando la gente votaba por Rómulo Betancourt, en el pasado, lo hacía por el hombre y por su partido, AD. De 1998 para acá, el voto no se mueve por un partido. De la misma manera en que el voto del chavismo no lo mueve el PSUV, a la oposición la mueve una idea: salir de Chávez. Es de notar, sin embargo, que ahora comienzan a salir las variables como la clase social y el género de los electores y creo que esto se debe a que la propuesta de Chávez ahora no es policlasista, como lo fue en sus campañas de 1998 y de 2006. Cuando comenzó a erosionarse su plataforma de apoyo, se aferró al voto de las clases populares. Se nota también que tiene un mensaje, diría que desesperado, enfocado hacia la clase media, pero creo que ese sector, en su mayoría, se le fue.
­¿Qué tiene que enseñarle al mundo la historia electoral venezolana? ­Mucho. Tenemos más de medio siglo votando. Eso es la muestra de que tenemos experiencia electoral y de que la valoramos. En Venezuela, el sufragio es nuestro método para resolver conflictos políticos. Y le hemos dicho varias veces a nuestros políticos que no hay otra vía para llegar al poder que no sea la herramienta del voto. De hecho, en los últimos 15 años hemos vivido un proceso de maduración de la cultura electoral y eso es muy importante para un país que aspire a vivir en democracia.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

INQUIETUD

EL NACIONAL - Lunes 27 de Agosto de 2012     Cultura/3
LETRAS Elías Pino Iturrieta presentó el libro
Nicomedes Febres habló sobre féminas en la sede de El Nacional
Representantes del mundo del arte y de la historia se reunieron para bautizar Crónicas de las mujeres que inquietan a los hombres
M. R. R.

El título del texto hace referencia al eufemismo que se usaba en la época colonial para hablar de las prostitutas
Un nutrido grupo de amigos, personalidades del mundo de las artes, historiadores y escritores se dieron cita el martes en la sede del diario El Nacional, en Los Cortijos, para presentar uno de los testimonios más picantes del pasado venezolano: Crónicas de las mujeres que inquietan a los hombres, en el que Nicomedes Febres escribe seis relatos sobre la historia de la prostitución en el país.
El libro es de interés para la historiografía nacional, pues abre una línea de análisis antes poco tomada en cuenta como es lo erótico, que trasciende la perspectiva de la mujer en las diversas épocas. Por eso la presentación estuvo a cargo de Elías Pino Iturrieta, autor de Ventaneras y castas, diabólicas y honestas (2000), quien habló sobre la necesidad de que los investigadores, cuando traten el pasado, se ocupen de la crónica de lo menudo. Destacó que el valor del aporte de Febres radica en haberse dedicado a un tema sobre el que otros podían presentar reparos.
El también fundador de la galería D’Museo explicó que, cuando concibió el libro, su idea era conocer y darles voz a muchas personas que, siendo parte de la historia nacional, han permanecido enterradas.
Con pétalos de rosa y vino quedó inaugurado entonces otro interés académico: el estudio de la lujuria nacional.

viernes, 31 de agosto de 2012

LLAMAR A LA PARED

EL NACIONAL - Viernes 31 de Agosto de 2012     Cultura/4
ENTREVISTA La revolución sentimental se presentó anoche
Lecumberri: El libro es mi fotografía personal del país
Cuenta las historias asombrosas de la gente anónima que apoya o adversa la revolución bolivariana
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Era una publicista que ­cuenta­ abandonó su oficio para dedicarse a uno que parecía más rentable: el de maquillar a los cadáveres de la gente tiroteada que las funerarias rechazan. La historia de esa mujer evidencia los estragos de la delincuencia en el país y marcó de tal forma a la entonces corresponsal de la agencia de noticias France Presse en Venezuela que la convenció de escribir un libro que reuniera los relatos extraordinarios de la gente anónima a ambos lados de la confrontación política nacional.
Así nació La revolución sentimental, el título más reciente de la editorial Puntocero, que se presentó anoche en Caracas. Más allá de la personalidad avasallante del líder de la revolución bolivariana, son las anécdotas de esas personas ­la del policía que gasta sus ahorros en un chaleco antibalas, la de la niña que memoriza partituras por miedo a quedarse ciega y perder la fuente de su sustento y la de un militar que se proclama, más que un preso político, "un preso de Chávez"­ las que dicen la verdad del país. Y ese es el aporte central del libro: mirar con los ojos objetivos del extranjero las historias íntimas de los habitantes de un país en un momento social y político cuando menos difícil.
En la introducción del texto de 398 páginas la autora se refiere a lo que intentó hacer: "Un mosaico modesto, personal y por tanto incompleto, de un momento concreto en Venezuela, contado por sus propios protagonistas, con el objeto de poner a esta revolución un rostro diferente al de Hugo Chávez y de dar nombre y apellido a los desafíos, logros, osadías y errores de este proceso político, a menudo caricaturizado".
Los desafíos. Lecumberri, nacida en Pamplona, España, en el año 1973, dice que por ser extranjera le resultó difícil escribir sobre la situación venezolana. Por eso recalca que se trata de "su" fotografía personal del país: "Es mi propia versión, pero con rigor periodístico, pues todas las historias allí contenidas son reales y los datos están documentados, a pesar de que el tono de la crónica resulte personal y literario".
El libro también es un tributo de amor a un país que Lecumberri aprendió a adorar, por la sencillez de su gente y por su clima benigno. Como a muchos corresponsales internacionales, lo que más le impresionó a la periodista cuando llegó fue su división. "Como los habitantes de estos dos países no se ven ni se hablan, no pueden observar un montón de cosas. Por ejemplo, que se parecen mucho más de los que creen", asegura la autora que, ahora que vive en Francia, extraña las soleadas mañanas caraqueñas y el imponente Ávila.
También por eso se obsesionó con las historias que componen la obra que concluyó en poco más de seis meses, a pesar de que los testimoniales los recaudó en los años que pasó en el país como corresponsal de AFP. Si Chávez es el centro de Venezuela para el periodista extranjero que llega a trabajar aquí, porque su proyecto llama la atención y porque este es un país petrolero, Lecumberri quería entender mejor qué había detrás de la ciega devoción o de la profunda aversión por el líder que sienten los venezolanos de uno y otro bando.

Fotografía: Ernesto Morgado

Breve nota LB: Magnífica fotografía de EM. Posiblemente no se debe a la posición de la cámara, como a los colores apastelados (¿y sanitarios?) del contexto que hacen a la protagonista tocar desesperadamente a una puerta que no se abrirá: la pared.

jueves, 23 de agosto de 2012

ACTIVACIÓN

EL NACIONAL - Miércoles 18 de Julio de 2012     Cultura/3
LIBRO En Los mansos abundan las alegorías al presente nacional
Atanasio Alegre: Este es el momento de la literatura
El miembro de la Academia Venezolana de la Lengua escribe sobre la decadencia de la clase media
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Cuando sus padres se divorciaron, Lucy se mudó con su madre a Estados Unidos. Entonces tenía 8 años de edad.
Ahora, a los 30 años, volvió a Venezuela porque a su acaudalado padre le diagnosticaron una grave enfermedad. Entonces se encontró con un país divido entre dos polos irreconciliables. De la misma manera que ella ya no se siente identificada con las imágenes de su pasado, la clase media a la que pertenece parece condenada a la desaparición, a la expulsión de la Tierra de Gracia, de una Venezuela que ya no existe.
A esa trama se le suma la anécdota de una familia dividida por la promesa de una herencia, hilo dramático que es una metáfora de la nación: un pueblo que espera las dádivas de la tierra por las que no ha tenido que trabajar.
Ese es el argumento del libro Los mansos (o el síndrome del Paraíso), la novela más reciente de Atanasio Alegre, psicólogo e individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua.
"Borges decía que nacemos aristotélicos o platónicos. Esto quiere decir que hay un mundo de realidad y otro de fantasía.
Ahora, cómo combinar esas dimensiones es el problema del arte. El paraíso viene a ser la carta de identidad con la cual nos movemos dentro de una sociedad, una familia y un país", explica.
Lucy representa a una mujer de mundo enfrentada a la decadencia venezolana, cuya mirada crítica reconoce las miserias de la sociedad. "Ese era el síndrome del Paraíso.
Ese es el síndrome que afecta a cientos de millonarios o gentes que han ascendido muy arriba en la escala del prestigio público y que, de repente, sienten la necesidad de sufrir transgresiones de las cuales van a tener que arrepentirse", escribe Alegre en la novela, desde la perspectiva de su protagonista.
Miradas de la crisis. "Hay que tener cierto descaro para hacerlo, pero me he arriesgado a escribir una novela sobre el presente", bromea el autor para quien una de las dificultades de trabajar sobre la actualidad es el retrato de personajes que pudieran sentirse identificados con los de su ficción.
Alegre, a pesar de su visión descarnada de la sociedad, enfatiza que el quiebre y la decadencia de Venezuela que describe en su libro se refiere a los proyectos de una clase social determinada, pues en el ámbito de la cultura el país nunca había tenido un desarrollo tan notable.
El escritor asegura que la literatura venezolana vive un momento clave, uno de tal magnitud que es inabarcable para entenderlo ahora.
"Nunca un movimiento había sido tan descrito y estudiado como el chavismo. Eso ha generado un boom literario que tiene bastiones sumamente importantes, como la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, el Instituto de Investigaciones Literarias de la UCV y el Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar. En esos centros, los autores jóvenes producen pensamiento que evidencia que están tan preparados como en cualquier otra parte del mundo. De hecho, triunfan fuera", señala el también director de la revista académica Consciencia Activa. Esta bonanza intelectual permite interpretaciones del presente que sirven para ensayar futuros

domingo, 29 de julio de 2012

PELDAÑOS

EL NACIONAL - Lunes 25 de Junio de 2012    
El foro del lunes
El historiador chileno, invitado al foro Reflexiones sobre la caída de una República, señala que las investigaciones del pasado que se hacen actualmente son menos ideológicas que las de hace 30 años
"No estábamos predeterminados necesariamente a ser independientes"
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Una lectura sobre la profusa bibliografía y las conclusiones de los numerosos foros por la conmemoración de los bicentenarios de las independencias de las repúblicas que integran América Latina hace evidente que en la región ha cambiado la investigación académica sobre la historia, privilegiando el estudio del desarrollo de las mentalidades más que la narración de efemérides.
Esa modificación hace más útil para el presente el estudio del pasado porque vincula las maneras de actuar atávicas con los sistemas de poder en las comunidades.
Esa es la línea de pensamiento en la que se inserta el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana en Venezuela y el Centro de Estudios de Historia Política de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile.
Ambas instituciones, junto con la Academia Nacional de la Historia, presentaron el martes pasado el foro Reflexiones sobre la caída de una República, en el que participaron tres historiadores venezolanos (Elías Pino Iturrieta, Guillermo Aveledo Coll y Edgardo Mondolfi Gudat), así como el director ejecutivo del centro chileno, Juan Luis Ossa. Este investigador está especializado en la historia política de su país y de América Latina, con énfasis en la emancipación y la construcción republicana de esa nación. Estuvo de visita en el país para familiarizarse con el proceso de la Independencia de Venezuela y con el desarrollo de los estudios de historia y la política en la Universidad Metropolitana.
­¿Están los académicos contemporáneos más interesados en entender las diversas causas que configuraron un presente particular en cada una de las sociedad es latinoamericanas? ­Esta es una de las grandes discusiones que estamos teniendo en el centro que dirijo, pero también en la academia chilena en general.
No puedo hablar por las del resto de América Latina porque no las conozco. Los debates pretenden determinar qué papel juega la historia política hoy, después de unas décadas en las que supuestamente la historia política había sido recluida bajo otras formas de análisis. El estudio de la historia política de nuestros países fue relegado a un segundo o un tercer plano, pero no desapareció del todo. En Chile, los académicos más populares tienden a ser historiadores sociales.
El esfuerzo nuevo que estamos haciendo en el centro no busca necesariamente hacerle competencia a ese tipo de investigaciones, pero sí queremos rescatar una manera de hacer historia que estaba más o menos relegada. Eso pasa por el convencimiento de todos los que estamos allí de que la política está en todas partes.
­Esta última parece una aseveración de Michel Foucault.
Pero la pregunta se refería también al acento que pone hoy la historiografía en el estudio del pensamiento.
­No soy fanático de Foucault.
Entiendo su concepción del poder como un agente capital en lo cotidiano, pero veo este problema desde una perspectiva distinta. La influencia del poder puede ser positiva, no sólo como un ejercicio de disciplinamiento. El poder es una forma de expresión en la que no sólo participan las élites, sino también las clases medias y el pueblo con intereses que no necesariamente obedecen a una obligación de quienes dirigen un país. En ese sentido, creo que uno de los grandes pasos que ha dado la historia política últimamente es que recoge actores sociopolíticos que se desprenden de la visión clásica de la política.
­¿Cómo ha ayudado ese cambio de perspectivas en el estudio histórico a la comprensión del presente? ­Estamos ante estudios mucho más dinámicos que los que estábamos acostumbrados en las décadas de los años sesenta y setenta. La investigación estructuralista tiene asuntos interesantes como el apogeo de la historia económica y la social, pero al ser una historia tan rígida crea como resultado estudios monolíticos y de sumas obvias. Hoy los investigadores estamos reaccionando a eso: a los estructuralistas y a la historia política oficial que nos han contado de los siglos XIX y XX porque era muy institucional, hablaba de los congresos, de los presidentes y de los partidos políticos.
Ahora nos fijamos más en la práctica y nos estamos llevando sorpresas notables.
­Ahora que se conmemoran los 200 años de los procesos de emancipación en muchas naciones de América Latina proliferan los congresos por toda la región. ¿Cómo puede el estudio de los procesos independentistas arrojar luz sobre el presente? ­Esta es una pregunta importante. Los historiadores somos agentes narrativos, y últimamente he notado que nos alejamos de la glorificación excesiva de las efemérides. Eso es bueno. La investigación ahora es mucho menos ideológica que antes, en el sentido de que no damos por asumido que las independencias eran inevitables. Ese punto es clave y está dando vueltas desde hace un tiempo en el mundo anglosajón y francés, pero ahora en Latinoamérica ha agarrado mucho más fuerza.
No estábamos predeterminados necesariamente a ser independientes, pues la máquina del imperio español funcionaba bastante mejor de lo que los historiadores de la década los setenta habían pintado. Eso, me da la impresión, es una opinión bastante generalizada en los historiadores que se dedican a esos análisis. No quiero decir con esto que sea necesario el consenso entre historiadores de la región, pero sí hay ciertos peldaños que deben estar en el mismo nivel para poder debatir. Creo que eso lo estamos haciendo relativamente bien.

Ilustración: Dumont (El Universal, Caracas)

miércoles, 11 de julio de 2012

EXCEPTO, LA POST-VANGUARDIA

EL NACIONAL - Sábado 07 de Julio de 2012     Cultura/3
LIBRO La Academia de la Lengua publicó Poesía hispanoamericana del siglo XX
Márquez Rodríguez anda los caminos que la lírica en español cimentó en el siglo XX
El autor analiza el valor estético de poetas cuyo legado sobrevivió su época y trascendió sus países
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

En su ensayo crítico más reciente, Alexis Márquez Rodríguez estudia las escuelas originarias de la tradición lírica contemporánea: el Modernismo ­"la primera gran expresión madura de una poesía hispanoamericana"­ y la Vanguardia ­un archipiélago de movimientos cuyo "denominador común es el sentido renovador, más aún, subversivo"­. Además, señala a Rubén Darío como sumo pontífice del primero y analiza por qué la segunda fue menos popular. Poesía hispanoamericana del siglo XX: del Modernismo a la Vanguardia, publicado por la Academia Venezolana de la Lengua, es la primera parte de un libro más extenso que abarca el desarrollo lírico en la región durante el siglo pasado y que, a su vez, constituye una trilogía con publicaciones sobre la historia de la narrativa y del ensayo.
"Aunque lo ideal es terminar todo el trabajo y darlo a publicidad en su conjunto, lo cual en este caso supone tres volúmenes separados, cada uno alrededor de 500 páginas, he decidido adelantar la publicación de esta parte, entre otras razones porque a partir de cierta edad no es aconsejable esperar mucho tiempo, tratándose de trabajos destinados al público", escribe en el prólogo el autor nacido en 1931 y miembro de la Academia. Su próximo volumen será sobre narrativa.
--¿Está la poesía más desarrollada en Venezuela que los otros géneros? --La narrativa es más conocida en el extranjero. Es ahora que la poesía venezolana comienza a internacionalizarse.
Es el caso de Rafael Cadenas que tiene una obra poética importante desde joven, pero que es a sus ochenta y pico de años cuando se da a conocer en el exterior.
--Más allá de lo formal, en el estilo o la métrica, ¿cuál es la revolución del Modernismo? --No debemos olvidar que este es el primer movimiento literario que Hispanoamérica aporta al mundo. En España y Francia las proposiciones de Rubén Darío tienen seguidores. Inicialmente, a este movimiento se le acusó de ser exótico y poseer poca vinculación con Hispanoamérica, pero posteriormente se hace defensor del americanismo. Allí está la famosa "Oda a Roosevelt" de contenido hispanoamericanista, porque más que un poema antiimperialista es un canto a la región de habla castellana.
--En el momento histórico que surge el Modernismo, están en proceso de consolidación los Estados nacionales en América Latina. ¿Cómo se traduce esto en el movimiento lírico? --El gran aporte de Darío fue romper con la tradición hispanista que mantenía la narrativa del siglo XIX, que tenía un gran apego a las narrativas española y francesa. Incluso, en las novelas de Rufino Blanco Fombona se puede notar un lenguaje muy español y no era de esa manera que se hablaba en este país en su época. Pero en general, el Modernismo rompe con lo español y crea sus propios cánones lingüísticos.
--La época que trata en su libro, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, vio también la aparición de las primeras mujeres en la lírica de la región. ¿Qué aportaron ellas al canon? --En el libro me refiero a la escasez de representantes del género femenino en la poesía, aunque se puede argumentar que en los otros dos géneros pasa lo mismo. Escribo sobre cuatro, todas del sur del continente: Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral y Norah Lange. No tuvieron realmente un aporte al movimiento, cuya figura central, sin duda, es Darío, hasta el punto de que se puede decir que el ciclo del Modernismo abarca la totalidad de su vida

domingo, 1 de julio de 2012

TESTIMONIO DE TRASCENDENCIA

EL NACIONAL - Sábado 30 de Junio de 2012     Papel Literario/1
Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012
Philip Roth:
Trascender la comunidad y la nación para alcanzar la universalidad
Más allá de la polémica que ha acompañado la lectura que algunos críticos han hecho de sus libros, Philip Roth se ha fortalecido durante más de medio siglo como el hombre de letras por antonomasia de la sociedad estadounidense
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

La reciente concesión del Premio Príncipe de Asturias a Philip Roth, hecho que lo suma al pequeño club de autores de lengua inglesa galardonados por la corona española --entre los que están Arthur Miller (2002), Susan Sontag (2003), Paul Auster (2006) y Margaret Atwood (2008)--, confirma lo que muchos de sus detractores temían desde que le fue adjudicado el Pulitzer por Pastoral americana, en 1998: que el autor de Adiós, Columbus (1960) es la imagen del intelectual hecha a la medida de su sociedad; aunque sea exclusivamente para censurarla. El acta del jurado confirma esta sospecha, al emparentar su obra narrativa con la de John Dos Passos, Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, William Faulkner, Saul Bellow o Bernard Malamud y señalar que sus "personajes, hechos [y] tramas conforman una compleja visión de la realidad contemporánea que se debate entre la razón y los sentimientos, como el signo de los tiempos y el desasosiego del presente".
Entre las razones para considerarlo uno de los intelectuales cruciales de Estados Unidos se encuentran el hecho de que se autoproclame constantemente como un escritor estadounidense, los temas de sus obras y --aunque resulte difícil de creer-- las polémicas que se tejen alrededor de su figura que lo convierten en hombre de letras, que se mantiene a un lado del camino para mantener perspectiva sobre los desmanes de su sociedad.
Su obra entera, tanto ensayística como en narrativa de ficción, busca desentrañar las paradojas de la mitología popular de Estados Unidos. A la par de haber sustentado su carrera literaria sobre la crítica sostenida y profusa de la corriente moralizante que corre por su sociedad, Roth se declara rabiosamente estadounidense, como hizo en 1981 en una entrevista con Alain Finkielkraut para la revista Le nouvel observateur: "Norteamérica me permite la mayor libertad posible para practicar mi vocación (...) [T]iene el único público literario que puedo imaginar que obtiene de mi obra un placer continuado (...) Soy un escritor norteamericano en aspectos que no hacen de un lampista un lampista norteamericano ni de un minero un minero norteamericano ni de un cardiólogo un cardiólogo norteamericano.
Más bien lo que el corazón es para el cardiólogo, el carbón para el minero, el fregadero de la cocina para el lampista, Norteamérica lo es para mí".
Aunque repetidas veces ha declarado que su preocupación perenne es la relación entre el mundo de adentro y el de afuera de la escritura, sus obras muestran asuntos más cotidianos, como la coerción que ejercen sobre los estadounidenses las instituciones fundacionales de su sociedad: la familia, la política y la religión. Este es el gran atractivo que el público encuentra en su literatura, los temas con los que puede sentirse identificado.
Así lo demuestra en sus novelas Cuando ella era buena (1967), Nuestra pandilla (1971) y El mal de Portnoy (1969). La primera novela trata el tránsito hacia la adultez de Lucy Nelson, una joven moralista del Medio Oeste, que crece en rebelión constante con el poder castrante que ejerce sobre ella su familia. En Nuestra pandilla, una sátira sobre la era Nixon antes del caso Watergate, el tema de las perversiones en el manejo de la cosa pública es más que evidente. Su cuarta obra, que lo catapultó a la fama, relata la particular erotomanía de Alexander Portnoy, que se psicoanaliza con el doctor Spielvogel, para ponerle fin a los tormentos que le causan sus frustraciones sexuales y termina descubriendo que el origen de sus problemas está en la educación religiosa, judía. Este último detalle trajo una tormenta de críticas sobre Roth de miembros de la comunidad en la que nació y --como es de esperarse en un país dominado por los medios de información como es Estados Unidos-- se convirtió, casi instantáneamente, en una celebridad del mundo de las letras.
Desde que comenzó a hacerse más obvia la influencia de la cultura hebrea en sus escritos, sus críticos se quejan de que sus obras explotan las posibilidades cómicas y no las trágicas de su comunidad, incluso llevándolas a ribetes grotescos.
Allí, Roth perfecciona y lleva a su máxima expresión la tradición literaria de Bellow y Malamud, quienes describen ciertas manifestaciones de su cultura desde perspectivas extravagantes y ridículas, quizá con el objeto inocente de toda caricatura literaria: liberar tensiones por medio de la ironía. Ellos convierten en ficción el mundo en el que crecieron: la tradición judía estadounidense, como miembros de eso que el autor de Elegía (2010) considera una "mayoría compuesta por minorías competidoras", ninguna de las cuales le impresiona por tener una posición social o cultural más envidiable que la suya, según explicó en la entrevista anteriormente citada.
Como en sus libros, Roth busca trascender lo que frecuentemente ha calificado de "provincialismo de su entorno judío", la prensa lo convirtió, junto a Bellow y Malamud, en miembro de una escuela "judía neoyorkina". A este grupo, los críticos literarios y periodistas culturales sumaron posteriormente a Woody Allen, que viene de los predios de la cinematografía y de la escritura (digamos) híbrida. Roth no se ha cansado de denunciar la inexactitud de este cliché al que han querido reducir a los intelectuales hebreos de más renombre en Estados Unidos.
El único verdaderamente neoyorquino de este grupo es Allen --que durante años hizo de su ciudad natal la principal protagonista de sus relatos fílmicos y literarios--, pues Malamud, que nació en Brooklyn, pasó la mayor parte de su vida viviendo en Oregon o Vermont. Bellow nació en Montreal y vivió casi siempre en Chicago. Y, si bien es cierto que Nueva York le permitió escribir El mal de Portnoy, Roth --que nació en un barrio judío de clase media baja en Newark, en el estado de New Jersey-- no se siente especialmente apegado a esta localidad, aunque a veces la prefiriera como ambiente de sus novelas.
Antes de finalizar estas líneas, parece importante señalar que la trascendencia intelectual de Roth en su país y fuera de él se deba, quizá, a la polémica que lo rodea desde el inicio de su carrera. Por esto también Roth es esencialmente un hombre de letras, un erudito incómodo para su sociedad como lo fue para Francia Victor Hugo, en varios períodos del siglo XIX, y Jean Paul Sastre, a mediados del XX, o como también lo fueron Tennessee Williams y Arthur Miller para Estados Unidos. La obsesión de Roth por decir y escribir literalmente lo que le provoca, sin reparar en las consecuencias que sus ideas puedan tener, no digamos ya para la comunidad judía de su país, sino por ejemplo para las feministas o los colectivos sexodiversos que lo han acusado en repetidas ocasiones de misógino y homófobo, no sólo porque expresa opiniones que son políticamente incorrectas --en un país que ha hecho negocio de las susceptibilidades individuales--, sino porque sus personajes le hacen eco a sus ideas incómodas.
En la medida en la que el Estado norteamericano fue articulando una identidad nacional alrededor de la imagen del melting pot Roth creó un estilo literario propio que pretendía --y aún lo hace-- desmontar la homogeneidad cultural presupuesta en el mito más enraizado de la cultura estadounidense. Los personajes y argumentos de sus libros se enfrentan a la idea de una la armónica comunidad multirracial en la que pueden triunfar con el solo esfuerzo de sus trabajos como hombres --o mujeres, por supuesto-- de cualquier origen geográfico o étnico y de cualquier orientación sexual. Por todo lo escrito hasta acá, y por todo lo que ha quedado en el tintero (digital), su obra, la del siglo XX igual que la del último lustro se ocupa de revelar los cordeles invisibles del poder. Y, por lo mismo, ya no es sólo rabiosamente estadounidense, sino oportunamente universal.

Fotografía: http://nighthawknews.wordpress.com/2012/03/25/for-love-of-books-philip-roth/