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domingo, 22 de noviembre de 2020

LA DESTRUCCIÓN DEL AULA PRESENCIAL Y VIRTUAL

Luis Barragán: El libro es enemigo esencial de este gobierno

Vanessa Davies


El parlamentario e integrante de la Fracción 16 de Julio descarta que el sector editorial esté en crisis por factores externos: “Las camarillas en el poder fracasaron desde muchísimo antes de estas sanciones internacionales”. También sostiene que “se ha lumpenproletarizado al país”. Luis Barragán solicitó la intervención humanitaria de la Unesco para recuperar universidades y conocimiento: “Solos no vamos a poder”

Flanqueado por libros, muchos libros, el diputado Luis Barragán afirma que la muerte de librerías en Venezuela es a propósito. Considera, también, que el gobierno de Nicolás Maduro necesita tomar las universidades privadas. Sutilmente da a entender que quienes ejercen el poder son incapaces de escribir: “Son ágrafos”.

“Lo paradójico es que el libro venezolano no fue derrotado por las tecnologías de la información y de la comunicación, sino desde hace más de 10 años fue derrotado por la depresión deliberada del mercado editorial en Venezuela”, fustiga. “El libro es enemigo esencial de este régimen”.

Barragán insiste en que las sanciones internacionales no son las causantes de la crisis del conocimiento, de la crisis del sector editorial. “La debacle venezolana comienza a partir de 2014”, señala. “La crisis del libro venezolano no es reciente, y mucho menos se puede culpar a las sanciones internacionales, que son sanciones personales, por demás”.

Llama la atención sobre dos fenómenos: Por una parte, la adquisición masiva “por parte de las camarillas que controlan el poder en Venezuela” de imprentas, que han sido usadas “para fines proselitistas”; por otra, lo sucedido con las cadenas estatales de comercialización del libro. Cita el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, exalta su pluralidad, y lo contrasta con el presente.

“Las camarillas en el poder fracasaron desde muchísimo antes de estas sanciones internacionales”, sostiene. Lo atribuye “a la incompetencia, a la negligencia manifiesta y al desprecio que tienen por el libro en Venezuela estas camarillas del poder”, el desprecio “galopante hacia la lectura”. Describe la crisis de la Biblioteca Nacional, la falta de condiciones para la preservación de los libros, la depauperación de los servicios bibliotecarios. “Ni siquiera para la más modesta tarea escolar hay servicios adecuados”.

Universidad como obstáculo

Vincula la situación del sector libro con el destino de las universidades venezolanas. “Hay intención de quebrar a la universidad venezolana”, denuncia. “Se ha lumpenproletarizado al país. La universidad es un obstáculo” para ese proceso. “Esto no es fortuito; es deliberada” la destrucción del conocimiento. “Pasa por el desprecio del libro convencional, por las aplicaciones de las nuevas tecnologías y transita hacia los centros de enseñanza”.

Barragán opina que “más temprano que tarde” las universidades privadas sufren presiones, coacción. “El destino de la universidad venezolana está a merced del proyecto de militarización de las universidades”. Señala que se quiere convertir a la UCV “en jardines hidropónicos”, es “el control absoluto de la universidad por la fuerza, por la vía económica”.

Para el dirigente opositor “existe la doble o triple tentación de echarles mano a las universidades privadas por su infraestructura; dejar a la universidad privada maniatada”, dejarla “para los funcionarios medianos del régimen, si este régimen de prolonga, para que vayan los hijos de los funcionarios que no tengan la oportunidad de enviarlos al exterior”. También se pregunta “si la economía criminal” se mete en el sector educación. “Si son capaces de lavar capitales en el ramo inmobiliario, ¿por qué no son capaces de lavarlos en el sector educativo privado? Es una interrogante que se nos está abriendo en la fracción parlamentaria 16 de julio. Todas hipótesis caben cuando nos encontramos ante un régimen de mafias”. Puede ser un espacio de legitimación de capitales, remarca.

El legislador explica que el sector del conocimiento “es vital para el sostenimiento de un régimen que requiere de la lumpenproletarización, de la quiebra de las clases medias, de liquidar el referente de la movilidad social de la Venezuela rentista, que fue la universidad venezolana”. Según su visión, “se trata de golpear el conocimiento estratégico, la información estratégica, los procesos de enseñanza en Venezuela”.

Quieren tener la universidad “como la fábrica mínima necesaria para ciertas destrezas indispensables en el campo de la economía, pero olvidémonos de la novedad y la profundidad en el conocimiento, que forman parte de toda sociedad libre”. La universidad “es un objetivo de la guerra convencional que se ha emprendido”, acusa. “El solo hecho de chantajear, de extorsionar a la universidad venezolana negándole los recursos necesarios, tratando de arrodillarla, eso indica el propósito”.

Recuerda que el Poder Legislativo designó dos representantes ante el CNU (los académicos Manuel Rachadell y Miguel Albujas) “e inmediatamente fueron perseguidos, desbancarizados. Uno se encuentra en el exilio”. Pero dijo que le llamaba la atención que en la UCV le negaron la pensión a Rachadell, y le negaron el salario a Albujas. “Las autoridades de la UCV alegaron que estaban acatando la decisión del TSJ del 27 de agosto de 2019, aun cuando es írrita la decisión” y “la universidad es autónoma”.

Solos no vamos a poder

Ha solicitado a la Unesco la intervención humanitaria para actualizar el diagnóstico de la situación educativa “y la posibilidad cierta de que, a corto y a mediano plazo, puedan ayudarnos con especialistas e, incluso, con un programa económico de auxilio para meterle el hombro a la universidad venezolana”. La Unesco no ha respondido, y Barragán resalta: “Solos no vamos a poder”, y esgrime las razones: Se necesitan fondos y especialistas.

El diputado evalúa que hay mucho silencio por parte del sector universitario (autoridades, gremios, estudiantes) y por eso “pensamos que la Asamblea Nacional podía ser el espacio de concertación de todas estas fuerzas” para articular el rescate del sector. Han convocado el foro de universidades. “Estamos llamando a que se sienten los líderes universitarios, las autoridades, los gremios estudiantiles, empleados y obreros” para articular esfuerzos “y alzar la voz”. “Es necesario hacer un esfuerzo de motivación y de organización”.

13/11/2020:

https://contrapunto.com/cultura/literatura/luis-barragan-el-libro-es-enemigo-esencial-de-este-gobierno/

Breve nota LB: Concertamos la entrevista por Zoom, pero a una, al otro, o ambos a la vez, la señal hizo sus jugarretas. Concluimos, con un intercambio de audios por WhatsApp.

domingo, 24 de mayo de 2020

DEL AULA INVISIBLE

De la virtualidad pontificada
Luis Barragán

Hacia 2019, por ejemplo, hubo una crisis significativa de los servicios de agua, electricidad y transporte en la Universidad Simón Bolívar, parcialmente intervenida por el régimen. En lugar de las naturales diligencias por recobrar las mínimas condiciones de funcionamiento, incluyendo la protesta firme y vehemente de las autoridades, éstas promovieron la tele-educación para coincidir – así – con una dictadura que la asomaba como una  buena herramienta de domesticación.

Por supuesto, una efímera alharaca por la virtualidad que encubrió toda omisión por la defensa activa y efectiva de la autonomía universitaria. Desde entonces, reconociendo la bondad de  las plataformas, recursos y servicios tecnológicos, concluimos que la relación del aula virtual es accesoria al aula presencial, indispensable y principal experiencia para el complejo  proceso de enseñanza.

A propósito de la consabida pandemia, el asunto ha ocupado un espacio estelar en la oferta de la usurpación, pero las realidades inexorablemente se imponen, porque las fallas del  servicio eléctrico, la intermitencia y debilidad de la señal, y el costo de los equipos, contribuyen a la inmensa brecha digital de un país sumergido en la catástrofe humanitaria. En modo alguno, la situación llena los requisitos básicos para la propia existencia de las comunidades virtuales que reseña Nayesia María Hernández Carvajal, en un interesante artículo académico relacionado con la materia (“Comunidades académicas virtuales: dimensiones sociales, pedagógicas y tecnológicas”, en: Extramuros, Facultad de Humanidades – UCV, Caracas, nr. 30/2009).

En fecha reciente, Stefanía Giannini, subdirectora general de Educación de la UNESCO, al prologar un informe técnico del grupo de especialistas coordinado por Francesc Pedrá,   observa el  “experimento más audaz en materia de tecnología educativa, aunque inesperado y no planificado”, en tiempos de pandemia, cuyos resultados en el mundo está pendiente de la debida evaluación, prestándole atención a la brecha en cuestión (“COVID19 y educación superior: De los efectos inmediatos al día después”, UNESCO - IESALC, 13/05/2020). . El estudiantado desasistido, la escasa calidad de los equipos y los problemas de la conectividad, directamente nos remiten al drama venezolano respecto  al aula inevitablemente complementaria que tiende a perder el sentido estratégico de una pedagogía presencial: cierto, tenemos las fortísimas limitaciones de la cuarentena, pero no menos lo es la oferta engañosa de la herramienta digital: prótesis de la inteligencia, al fin y al cabo, imposible de aceptar como la panacea. Además, ni siquiera el recordado auge de los viejos cursos por correspondencia, convirtió a la universidad en el fenómeno postal que los devotos del byte (digital, ni aun cuántico)  supondrían. 

Pontificando sobre la virtualidad, sus promotores callan ante un régimen que esperaba una mayor y más decidida de la autonomía y de la propia existencia de la universidad en lugar de acordarse  con una gobernación usurpadora, como ocurre con la Universidad de Carabobo (https://twitter.com/UCarabobo/status/1263174458195546112), o el silencio de la Universidad Central de Venezuela, por el escabroso descuartizamiento de las yeguas de la escuela de Veterinaria de Maracay (https://twitter.com/VivaLaUCV/status/1263938524824379394). Por cierto, ¿dicen algo los representantes estudiantiles y profesorales de ambas casas de estudios?

domingo, 1 de marzo de 2020

RESTAURACIÓN PENDIENTE

Ciudad Universitaria
Luis Barragán

Desde principios de los ’40 del ‘XX, con el solo anuncio de los estudios para la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, fueron muchas las expectativas que generó, incluso, en  el resto del  país. Pérez Jiménez tuvo literalmente la suerte de culminar e inaugurar la obra para una universidad que también lo rechazó y la reprimió, valga la acotación.

El vistazo a la vieja prensa, refleja el orgullo suscitado por una extraordinaria obra, edificada bajo la inspiración de Carlos Raúl Villanueva. Además, escenario y epicentro de acontecimientos políticos que, por miles que fuesen las dificultades, no corrió jamás el doble peligro de hoy.

Grosso modo, por una parte, el  deterioro es una característica notable del inmueble, cuya vastedad y ramificación acuna las aspiraciones de porvenir de todo aquel que lo transitó, transita y, esperamos, transitará por siempre. No hay recursos suficientes para su mantenimiento y preservación, empeñado el actual régimen en minimizar a la Universidad Central de Venezuela hasta humillarla y doblegarla al costo que fuera.

Por la otra, en el supuesto negado que consiga sojuzgarla, como todavía ocurre con todo el patrimonio histórico y arquitectónico venezolano, la reducirá a una suerte de gigantesca quincalla de jardines hidropónicos, presta a las interesadas y criminales remodelaciones, con el saqueo sistemático y paciente de sus obras. Ya hay precedentes de las actuaciones oficialistas de la universidad que se ubica en las hectáreas de la antigua hacienda Ibarra, propiedad de Bolívar, quien las donó a la vieja Real y Pontificia Universidad de Caracas: por respetable que parezca una pieza de arte, o nobles los materiales de difícil reposición, en la presente centuria han conocido de sendos artefactos explosivos.

Por ello, a propósito de la defensa de la autonomía universitaria, en reciente intervención en la plenaria de la Asamblea Nacional (https://www.youtube.com/results?search_query=dip.+luis+barrag%C3%A1n+27-02-20),  sugerimos la constitución de una Comisión Mixta que atendiera exclusivamente la materia con inclusión de representantes de las comisiones permanentes de Cultura y de Política Exterior. Declarada la Ciudad de Villanueva, Patrimonio de la Humanidad, es también necesario denunciar  y diligenciar su recuperación ante la propia UNESCO, algo que que la representación diplomática del presidente (e) Guaidó en París, desde ya, ha de ocuparse.

02/03/2020:
http://guayoyoenletras.net/2020/03/02/ciudad-universitaria/

sábado, 30 de noviembre de 2013

NOTA INMATERIAL

EL NACIONAL - Domingo 24 de Noviembre de 2013     Papel Literario/5
En Venezuela, la gastronomía contemporánea también tiene una historia mestiza y cosmopolita
Las líneas que vienen intentan responder la pregunta de si el país tiene una gastronomía que pueda declararse Patrimonio Cultural Inmaterial como ha pasado antes con la comida de México y la dieta mediterránea
DIAJANIDA HERNÁNDEZ MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

En la última década, un intenso movimiento dentro de la UNESCO ha llevado a que los países aprendan a apreciar la gastronomía de sus pueblos como un patrimonio intangible de su cultura. Como elemento esencial de la calidad de vida de los ciudadanos de un país, este patrimonio es un poderoso instrumento de cohesión social y si hay algo que una definitivamente a un pueblo es su comida, quizá por eso el lugar común señale que "la familia que cena junta permanece unida".
Las dos primeras cocinas que se han visto beneficiadas por este replanteamiento son la mexicana y la mediterránea, a las cuales el organismo multilateral elevó hace un par de años al estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo como fundamentales los aportes de la cultura azteca y de la gala al mapamundi de la alimentación. Ahora que en Venezuela hay un intenso movimiento gastronómico caracterizado por la difusión nacional e internacional del trabajo de sus chefs ­entre los que están Sumito Estévez, Helena Ibarra, Carlos García, María Fernanda Di Giacobbe y Víctor Moreno­ y que las discusiones sostenidas por académicos y artistas sobre las nociones de diversidad cultural, propulsadas por la discusión y aprobación en la Asamblea Nacional de la Ley de Cultura, han ocupado la mayor parte del año, poco se ha dicho sobre las opciones reales que tiene el país de que su gastronomía llegue a reconocerse internacionalmente.
"Nadie esperaba que en la Ley de Cultura la gastronomía se incluyera", se lamenta Ileana Matos, especialista de la fuente de Gastronomía de El Nacional: "La situación política está tan polarizada que el único objetivo es mantenerse del poder o sacar del poder, no hay tiempo para pensar en nada".
Para comerse las regiones Entre las particularidades que debe tener una gastronomía nacional para ser tomada en cuenta por los especialistas de la UNESCO es que sus regiones tengan alimentos y recetas bien diferenciadas. Y en este punto, la experiencia híbrida venezolana también es una ventaja: la cocina de Oriente está influenciada por la trinitaria e hindú, mientras que la zuliana recibió influencias de las antillas curazoleñas. En Los Llanos ­por ejemplo­ comen, además de verduras, proteínas como el chigüire, el pescado ­el salado, no el dulce, que es el del río como es la regla en Los Andes. Al sur del país la influencia de la gastronomía de Brasil es enorme. Y las recetas para cocinar caraotas o pollo o carne de una manera típicamente venezolana son innumerables. De hecho, refiriéndote a este asunto, el cocinero Sumito Estévez dijo en una entrevista el año pasado que "la cocina nacional llega a un grado de sutileza tal que no hay manera de definir inequívocamente qué es una caraota a la venezolana, por las enormes diferencias que hay entre una andina, una zuliana, una llanera, una central y una oriental".
Para Matos, la riqueza culinaria de este país es indiscutible: "Y nosotros en Caracas apenas podemos mencionar unos diez platos, a lo sumo.
Agrega que antes de 1982, cuando Armando Scannone organizó su recetario Mi cocina, a la manera de Caracas, al que coloquialmente se le llama "El libro rojo de Scannone", no se había organizado aún el recetario de la comida nacional. Esto fue una inspiración para que a partir de los años noventa comenzara a extenderse por el país la necesidad de conocer su cocina autóctona. Así, comenzaron a surgir iniciativas apegadas a la cocina nacional, promovidas por los cocineros venezolanos que trabajaban como sous chef de los franceses, que eran quienes manejaban la comida acá durante gran parte del siglo XX. "Esto, además, es parte de una tendencia latinoamericana con el trabajo de Gastón Acúreo en Perú y el boom de la comida mexicana". Por cierto que Estévez se ha constituido como uno de los muchos defensores de esta posición. "En las escuelas le han hecho creer a los muchachos que quien espesa con Maizina no es tan buen cocinero como el que espesa con harina de trigo.
Este es un discurso gastronómico que viene de otro imperial: `Nosotros, los dueños del trigo, sí cocinamos bien; ustedes, los dueños del maíz, son cocineros menores’", ha dicho.
Comer: una historia nacional
La historia de la gastronomía nacional es tan accidentada como la del país y es un ejemplo perfecto de la relación entre los pueblos y lo que comen. Si el mestizaje de razas tuvo su equivalente culinario, los venezolanos de la actualidad lo asumen con tanta naturalidad como los colores de la piel de sus contemporáneos. Quienes saben de estos asuntos señalan que, como en la constitución de la República, el siglo XIX fue crucial para conservar o perder definitivamente recetas culinarias de la dieta nacional. Pero como entonces se sucedieron guerras interminables, entre las que destacaron la de Independencia y la Guerra Federal, el ganado casi desapareció y la mayoría de los alimentos de la que era entonces la dieta básica de los venezolanos eran muy difíciles de conseguir.
Con el hallazgo del petróleo, la mesa de los venezolanos se hizo más cosmopolita y en épocas de la dictadura de Juan Vicente Gómez se comía en este país de todo lo que podía encontrarse en las principales capitales del mundo. Pero con la modernidad, también entró otro aporte crucial a la gastronomía nacional: la inmigración europea.
Por eso los venezolanos sienten que el pasticho es tan criollo como la arepa. Para Ileana Matos, esa manera de ver a la comida continental como autóctona es un rasgo idiosincrático fundamental de este gentilicio: "El venezolano no sólo es buen diente, sino que asimila fácilmente".
Ilustración: Dalia Ferreira.-

miércoles, 5 de septiembre de 2012

ANTIMAJADERÍA (3)

El Nacional - Viernes 28 de Enero de 2005     A/9
¿Qué es eso de “cultura”?
Rigoberto Lanz

La pregunta no es majadera. Aunque cueste admitirlo a estas alturas, ocurre que estamos todavía enredados en antiguas creencias sobre la vida simbólica de los pueblos. No sería tan grave esta circunstancia si se tratara sólo de opiniones privadas de la gente, sin consecuencias en la vida pública. Pero cuando las creencias y opiniones son la base para la toma de decisiones, entonces entramos en zona de peligro. Es eso exactamente lo que está ocurriendo en la Unesco con el importantísimo asunto de lograr la firma de una Convención sobre la Protección de la Diversidad Cultural. Se trata en efecto de proteger la diversidad cultural gravemente amenazada en todo el mundo por las perversiones del mercado.
Hasta allí hay un amplísimo consenso a escala planetaria (sólo perturbado por murmullos aislados de sectores intelectuales ultraconservadores). Pero pasado ese umbral aparecen rápidamente las dificultades. Uno de esos bloqueos es precisamente la idea de “cultura” que está detrás de las distintas apreciaciones vertidas en el texto de la convención que hoy se discute en la Unesco.
¿Cuál es el rollo?
La cuestión central es abrir —complejizar— el concepto de cultura de modo tal de poder recuperar un espectro amplio de prácticas simbólicas en las que se destacan vitalmente: los saberes populares alternativos, los patrimonios tecno-científicos y la dimensión de la Educación Superior. Es obvio que para la gestión de estos espacios la Unesco cuenta con organismos especializados en cada uno de ellos. Pero sería un dispendio injustificado de recursos, tiempo y esfuerzos pretender que cada área particular emprenda por cuenta propia el tortuoso camino de firmar una convención para la protección de su diversidad.
La posición del Estado venezolano en el seno de la Unesco ha sido clara: este es el momento oportuno para explicitar en el texto de la convención que está en curso un posicionamiento sobre la cuestión cardinal de considerar la Educación Superior, los saberes populares alternativos y los patrimonios científico-técnicos como entidades culturales que han de ser expresamente cubiertas por las políticas y medidas internacionales de protección.
Para adoptar la posición del país en esta delicada materia el Observatorio Internacional de Reforma Universitaria (ORUS) conjuntamente con los ministerios a los que concierne esta responsabilidad, y en particular, en estrecha concertación con la Delegación Permanente de Venezuela ante la Unesco, ha procedido desde hace ya un año ha sistematizar una consulta nacional a través de sucesivas reuniones de expertos donde se han podido recoger diversas aportaciones que en definitiva han permitido enriquecer una política de Estado en esta materia.
Más de 500 delegados-expertos de todos los países del mundo se han dado cita para abordar esta compleja y decisiva materia (lo harán de nuevo en los próximos días para dar continuidad al debate y perfilar un texto que espera aprobarse definitivamente en octubre de 2005). El texto revisado del que hoy disponemos tiene el mérito de recoger la impresionante variedad que proviene de todos los países del globo.
Pero sigue prisionero de una visión de la “cultura” que la antropología académica hace tiempo superó; que las prácticas culturales de los pueblos hace rato dejaron atrás; que los debates teóricos de la agenda posmoderna pulverizó hace varias décadas. Sería una verdadera pena que un instrumento jurídico de esta envergadura, políticamente avanzado en el mapa de la mundialización, resulte amarrado por anacronismos conceptuales que provienen más del atraso intelectual que de los intereses en juego (que también los hay, como ha de suponerse).
Este debate es un buen ejemplo de cómo “las palabras no son neutras”. Cuánto en verdad pesan las tradiciones, las creencias, los prejuicios, los paradigmas en la acepción del amigo Edgar Morin, es decir, el conjunto de presupuestos a partir de los cuales pensamos lo que pensamos.
Es justamente merced a las mentalidades en escena que se escoge éste o aquel camino. Es gracias a lo que tenían en mente los expertos que redactaron el primer borrador de esta convención que aparece o no aparece el contenido que Venezuela está reclamando con justeza.
Hay un choque de intereses que puede bloquear cualquier avance en esta materia. Eso no es sólo comprensible sino que se inscribe en la lógica de una negociación que debe ser dialogada con toda la comunidad internacional, sin excepción. Eso habla de suyo de la enormidad de la tarea que viene cumpliéndose desde que el Estado francés planteó en el año 2003 el camino de un acuerdo mundial para proteger la diversidad cultural (de cara a las pretensiones de la OMC de considerar “mercancía” a toda la producción cultual y con ello decretar un nuevo culturicidio planetario).
Hay margen todavía para que la discusión se enriquezca con la multiplicidad de voces que deben ser recuperadas en un debate democrático. En los próximos meses deben multiplicarse los encuentros intelectuales donde la diversidad del país pueda expresarse y las sensibilidades matizadas puedan ser recogidas apropiadamente. Entendiendo que la discusión tiene un destinatario preciso en esta coyuntura: la convención de Unesco. Sabemos que los problemas en debate son permanentes y no se clausuran con la firma de esta convención. De allí la importancia de poder habilitar espacios de encuentro donde converjan las más variadas expresiones del hecho cultural, en la seguridad de poder traducir genuinamente el parecer de toda la nación.

Ilustración: Manuel Pérez.