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domingo, 21 de junio de 2020

ALZARÁ VUELO DE NUEVO

Mascarillas en la Ciudad de Carlos Raúl Villanueva
Luis Barragán

Desmoronada visiblemente la UCV. El techo de la caminería cae y queda cual desplegada ala de concreto imposibilitada de alzar vuelo. Pensamos en las cenizas de la biblioteca de la UDO y en los laboratorios de Sartenejas.

El ministro de  la usurpación se pasea por la ciudad villanoviana. Él y su jefe tienen los reales para remendar el espacio. Prometen la concesión graciosa para otra universidad a la que le niegan un presupuesto justo.

Pérez Jiménez se paseó orondo al inaugurar la ciudadela. Materializó un viejo y ajeno proyecto. E hizo del Aula Magna la sede de un congreso interamericano en una más ligera dictadura.

Los de ahora acaban con un patrimonio reconocido por la UNESCO. En el poder traicionan las antiguas banderas que les sirvieron de pretexto. Financian por allá al Foro de Sao Paulo para mostrarse acá criminalmente indiferentes ante la masiva deserción de alumnos y profesores.

domingo, 1 de marzo de 2020

RESTAURACIÓN PENDIENTE

Ciudad Universitaria
Luis Barragán

Desde principios de los ’40 del ‘XX, con el solo anuncio de los estudios para la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, fueron muchas las expectativas que generó, incluso, en  el resto del  país. Pérez Jiménez tuvo literalmente la suerte de culminar e inaugurar la obra para una universidad que también lo rechazó y la reprimió, valga la acotación.

El vistazo a la vieja prensa, refleja el orgullo suscitado por una extraordinaria obra, edificada bajo la inspiración de Carlos Raúl Villanueva. Además, escenario y epicentro de acontecimientos políticos que, por miles que fuesen las dificultades, no corrió jamás el doble peligro de hoy.

Grosso modo, por una parte, el  deterioro es una característica notable del inmueble, cuya vastedad y ramificación acuna las aspiraciones de porvenir de todo aquel que lo transitó, transita y, esperamos, transitará por siempre. No hay recursos suficientes para su mantenimiento y preservación, empeñado el actual régimen en minimizar a la Universidad Central de Venezuela hasta humillarla y doblegarla al costo que fuera.

Por la otra, en el supuesto negado que consiga sojuzgarla, como todavía ocurre con todo el patrimonio histórico y arquitectónico venezolano, la reducirá a una suerte de gigantesca quincalla de jardines hidropónicos, presta a las interesadas y criminales remodelaciones, con el saqueo sistemático y paciente de sus obras. Ya hay precedentes de las actuaciones oficialistas de la universidad que se ubica en las hectáreas de la antigua hacienda Ibarra, propiedad de Bolívar, quien las donó a la vieja Real y Pontificia Universidad de Caracas: por respetable que parezca una pieza de arte, o nobles los materiales de difícil reposición, en la presente centuria han conocido de sendos artefactos explosivos.

Por ello, a propósito de la defensa de la autonomía universitaria, en reciente intervención en la plenaria de la Asamblea Nacional (https://www.youtube.com/results?search_query=dip.+luis+barrag%C3%A1n+27-02-20),  sugerimos la constitución de una Comisión Mixta que atendiera exclusivamente la materia con inclusión de representantes de las comisiones permanentes de Cultura y de Política Exterior. Declarada la Ciudad de Villanueva, Patrimonio de la Humanidad, es también necesario denunciar  y diligenciar su recuperación ante la propia UNESCO, algo que que la representación diplomática del presidente (e) Guaidó en París, desde ya, ha de ocuparse.

02/03/2020:
http://guayoyoenletras.net/2020/03/02/ciudad-universitaria/

domingo, 15 de julio de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO






- William Niño Araque. "(Carlos Raúl) Villanueva: Tiempo de este lugar". El Nacional, Caracas, 25/05/1980.
- Ovidio Pérez Morales. "La enseñanza de la historia". El Nacional, 16/07/78.
- Pascual Venegas Filardo y las líneas férreas. El Universal, Caracas, 20/09/82.
- Guillermo Meneses. "Contra la juventud". El Nacional, 05/6/66.
- Gustavo Tarre Briceño. "Ética y política". El Nacional, 09/01/89.

Reproducción: Rosario Marciano. Élite, Caracas, nr. 1901 del 03/03/1962.

domingo, 5 de octubre de 2014

CIUDAD A LA MANO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 26 de septiembre de 2014
La ciudad como tema - Arquitectura y poesía
Claudio Beuvrin

Hay profesiones cuyos tareas sólo pueden ser comprendidas en términos muy técnicos. Me refiero a la física, las matemáticas, la ingeniería, la química, etc. Otras profesiones pueden recurrir, sin riesgo de extraviarse, al uso de lenguajes poéticos, no sólo sin perder precisión, sino incluso ganándola, como es el caso de todas las disciplinas artísticas. Y también hay profesiones tensadas entre la expresión técnica y la poética, entre la dura objetividad y la expresión de subjetividades que tal vez no dicen nada, pero comunican mucho. Una de ellas es la arquitectura: es muy técnica. Sin técnica no hay arquitectura, pero con la sola técnica no hay arquitectura. La arquitectura se presta a ser explicada recurriendo a un lenguaje poético que somete y arropa a la técnica. Por ejemplo, en la Flor de Venezuela, obra de Fruto Vivas, no está claro si se trata de poesía o de un alarde tecnológico por la complejidad mecánica de los pétalos de la flor. Pero al verla, reconocemos la poesía, no la técnica. Otros ejemplos nos lo ofrece Santiago Calatrava cuya formación comenzó en una escuela de arte, especializándose en escultura, luego se recibió de arquitecto y más tarde de ingeniero civil. El resultado de esta combinación de saberes es que obras que podían ser resueltas recurriendo a las técnicas ya probadas y establecidas, fueron convertidas en obras de extraordinaria calidad, como son sus puentes. El maestro de todos nosotros, Carlos Raúl Villanueva, también fue un poeta de la forma, en este caso dentro del racionalismo de mediados del siglo pasado. Pero no solo son importantes las obras cargadas de poesía que han diseñado arquitectos muy talentosos. También están los arquitectos que se apoderan de las obras una vez terminadas: son los críticos que, al explicar el valor de una obra, ayudan al público a captar esos valores, recurriendo a un discurso poético, no técnico. Entre los arquitectos venezolanos que recurren a la crítica poética están Oscar Tenreiro, William Niño y Federico Vegas, quien tras una exitosa carrera como arquitecto, en la madurez renuncia a las mesas de dibujo para seguir su verdadera vocación, la de escritor. Pero Vegas no puede cancelar su íntima relación con su profesión e inevitablemente hace referencia a hechos arquitectónicos y urbanos, pero lo hace con la capacidad poética y critica propia de los escritores. Dueño de un lenguaje erudito y al mismo tiempo creativo, combina cultura profesional con la poética desvelando obras que de otra manera tal vez resulten desangeladas para el público no especialista. Su libro Ciudad Vagabunda fue recién publicado por Libros El Nacional. Leerlo es una delicia y nos reconcilia con la posibilidad de que, en algún futuro, nuestras ciudades estén llenas de poesía.

Fotografía: http://www.furiamag.com/hands-esculturas-de-manos-en-yeso-como-protesta-ante-la-crisis-en-espana/

sábado, 2 de junio de 2012

VILLAVIEJO

L NACIONAL - Sábado 02 de Junio de 2012     Papel Literario/4
Golpe demoledor a la obra creativa de Carlos Raúl Villanueva
La quinta Marfringa era una de las pocas obras del período de los albores de la década de1940 que aún quedaban en Caracas y de fundamental importancia para entender la evolución creativa del arquitecto autor de la Ciudad Universitaria de Caracas
GRAZIANO GASPARINI

A provechando el sosiego y la inacción de los días de Semana Santa, fue demolida una de las primeras quintas diseñadas por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, ubicada en la urbanización caraqueña de El Paraíso y construida en los albores de la década de 1940. En 2009 la quinta identificada con el nombre de Marfringa fue declarada bien cultural de la República por el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) y quedó amparada por la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural. No es la primera vez que se aprovechan los días festivos para demoler obras de valor cultural.

Sucedió con arquitecturas de Mujica Millán en Campo Alegre y, anteriormente, con valiosas construcciones coloniales en el centro de Caracas. Las demoliciones anteriores a 1993 tienen indulgencia por la ausencia de una ley protectora del patrimonio cultural, pero en el caso arriba señalado, la quinta de El Paraíso estaba amparada por la ley del 3 de septiembre de 1993, Gaceta Oficial N° 4.623 Extraordinario, promulgada durante el período de José Antonio Abreu como presidente del Conac y del suscrito como director de Patrimonio Cultural.

La quinta Marfringa era una de las pocas obras de ese período inicial que aún quedaban en Caracas y de fundamental importancia para entender la evolución creativa del arquitecto autor de la Ciudad Universitaria de Caracas, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2001.

La Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural precisa en su artículo 2° que: "la defensa del Patrimonio Cultural de la República es obligación del Estado y de la ciudadanía. Añade, además, que: es de utilidad pública la preservación, defensa y salvaguardia de todas las obras que se encuentren en el territorio de la República. En el artículo 21 advierte que: nadie podrá emprender o autorizar actos de demolición, reformas, reparaciones y restauraciones, sin que medie la aprobación escrita del Instituto de Patrimonio Cultural". En el artículo 28 reafirma que el IPC "tiene la facultad de impedir o paralizar cualquier trabajo que se realice sin su aprobación y podrá ordenar la reposición del bien a su estado anterior".

Y para concluir advierte que: "será penado con dos a cuatro años de prisión quien destruya, deteriore o dañe cualesquiera de los bienes establecidos en esta Ley".

La reacción del IPC ha sido inmediata y su presidente, Raúl Grioni, rechazó contundentemente la demolición ilegal y aseguró que los responsables serán castigados con todo el peso de la ley.

Ojalá que ese peso sea un "peso pesado" y no un peso liviano como una pluma e insubstancial como el vacío. En otras palabras, un peso que no tenga el mismo efecto del aplicado a los saqueadores facinerosos y encapuchados que destrozan la Ciudad Universitaria, Patrimonio de la Humanidad. La rectora Cecilia García Arocha ha introducido ante la Fiscalía cincuenta y dos denuncias y el peso de la justicia ha resultado un "vuelvan caras" mudo y desinteresado.

El peso de la ley no debe aplicarse sólo cuando hay modificaciones, alteraciones y demoliciones. La sanción punible debe aplicarse también a las intervenciones inconsultas que ignoran la Ley de Protección y Defensa y con toda libertad e ignorancia actúan como les da la gana. Todos los funcionarios ministros, diputados, gobernadores, alcaldes, obispos y párrocos! o los ciudadanos particulares no deben olvidar que la ley es igual para todo el mundo. ¡Nadie consulta si puede colocar un "misil" en la plaza San Jacinto, declarada Monumento Histórico Nacional! ¡Nadie consulta cómo pintar el antiguo edificio de Correos, ubicado en la avenida Urdaneta, antes de embadurnarlo con una policromía digna del palacio de Arlequín! ¡Nadie consulta si es correcto levantar un monumento a Guaicaipuro en un sitio inaccesible para la gente --autopista Valle-Coche-- y "enriquecerlo" con supuestas pirámides mayas y otra de cristal color Mexican pink! Nadie consulta al IPC sobre cómo pintar una casa o una iglesia declaradas bienes culturales de la República. La tonalidad seleccionada para el conjunto de El Silencio por el maestro Carlos Raúl Villanueva desapareció en silencio ¡y amaneció color amarillo tigre! Se tumba la parte posterior del Panteón Nacional para arrimarle una gigantesca estructura que nadie sabe cuál será su forma final y aquí no pasa nada. No sigo aumentando la lista de las intervenciones y ocurrencias inconsultas en los bienes culturales y la cantidad de desaciertos que se cometen, porque es decepcionante constatar cómo ha mermado el respeto hacia los bienes patrimoniales.

Hace 38 años logré fundar el IPC cuando se producía la transición del Inciba hacia Conac y nunca he dejado de tenerle cariño, a pesar de que "por ahora" el exceso de politiquería impone una no muy simpática manera de actuar.

Hay que insistir en fomentar la conciencia conservacionista y respetuosa, principalmente en el interior del país, donde nadie suministra instrucciones sobre el valor y el significado de los bienes culturales.

Me ha tocado más de una vez discutir con algún párroco que tuvo, de repente, la ocurrencia de pintar su iglesia colonial restaurada con colores inspirados en su ignorancia. No sabía que era monumento histórico de la nación es la contestación más frecuente que he escuchado después del daño ocasionado.

Y eso es pan de todos los días en una gran cantidad de casos y no sólo de iglesias coloniales.

Sería conveniente colocar, en una parte visible de la fachada de los bienes declarados Patrimonio Cultural de la República, una placa metálica !muy sólida! que destaque el valor patrimonial de la construcción y que recuerde la prohibición absoluta de realizar cualquier intervención, por pequeña que ella sea, sin la autorización escrita del IPC. Esta placa ayudaría, además, a incentivar la conciencia conservadora de la población.

Lo de la placa no es ninguna novedad; es frecuente en Europa y también en México y Brasil se ha colocado en varios bienes.

Menciono a Brasil porque considero que este país es el que con más eficiencia, competencia y coordinación ha logrado evitar las inconsultas acciones en las arquitecturas patrimoniales y, al mismo tiempo, ha alcanzado una conciencia colectiva respetuosa de su patrimonio. He pasado temporadas en San Salvador de Bahía, en el Recôncavo, en Minas Gerais, Ouro Preto y otros sitios más, y pude comprobar lo que acabo de señalar.

Un ejemplo reciente de conciencia y respeto acaba de concretarse en São Paulo, la ciudad más poblada del país. En la zona más costosa de la ciudad, la avenida Faria Lima, se acaba de inaugurar un importante edificio de veinte pisos y 73 mil metros cuadrados destinado para oficinas de lujo. En la parcela adquirida por la firma Malzoni por 137 millones de dólares, había una construcción del siglo XVIII de la época de los Bandeirantes, declarada patrimonio cultural de la nación.

Para respetar la ley protectora del patrimonio, los arquitectos concibieron un proyecto de dos torres unidas por un puente de los once pisos altos y así dejar libre la parte inferior para poder conservar el monumento cobijado por la inmensa estructura.

¿Capricho? ¡No! Sencillamente respeto y conciencia y una buena lección para los encapuchados destructores de la UCV.

A los organismos encargados de diligenciar y gestionar todo lo inherente a la puesta en valor, divulgación, investigación, protección y salvaguardia del patrimonio cultural existente en los países del planeta, no les corresponde vigilar esos bienes como si se tratara de una responsabilidad policial. ¡Es sencillamente imposible! Por ello es fundamental que los habitantes de los sitios poseedores de estos bienes conozcan !aunque sea superficialmente! los valores y significados de las obras que dignifican sus lugares vivenciales. El peor enemigo es la ignorancia porque con ella se encuentran la torpeza, la incompetencia y la patanería. De ahí, repito, la necesidad de crear conciencia y respeto, porque esa formación debe ser uno de los principios y criterios de las direcciones de patrimonio.

¡A los "vivos" que tumbaron la quinta de Carlos Raúl Villanueva, aprovechando los días festivos de Semana Santa, les caerá todo el peso de la ley! Así lo declaró el presidente del IPC y así lo reportó la prensa. Tengo mis dudas acerca de la validez y aplicación de esta ley, porque esa misma ley protectora, en el numeral 20 del artículo 10°, señala que una de sus atribuciones es la de: "Notificar a los propietarios de los bienes culturales sobre la declaración de éstos como Patrimonio Cultural de la República o su consideración de interés cultural para la nación (1993)".

Si la quinta de Villanueva fue declarada Patrimonio Cultural en 2009, el IPC tenía la obligación de notificar a los propietarios que dicha obra había sido declarada bien cultural de la República. ¿Hay constancia de esa notificación? Es un dato importante porque al conocerlo se sabrá si se trata de un peso pesado o de ¡un peso liviano e inconsistente! Como presidente de Docomomo Venezuela lamento la pérdida de una obra vinculada a la personalidad creativa de Carlos Raúl Villanueva, una obra que desaparece antes de haberse tenido la oportunidad de elaborar su levantamiento, una obra indispensable para la memoria arquitectónica de Caracas, una obra que se adelantó a los estudios de portadas coloniales de Coro, San Carlos de Cojedes y Caracas, que Villanueva reinterpretó poco tiempo después en la planta baja de varios edificios de El Silencio. En fin, una obra que merecía más respeto y que al desaparecer deja un vacío grande como el terreno donde estaba ubicada.

Ni pensar en obligar a su reconstrucción! El daño está hecho y es irreparable. Por lo menos sirva de lección tanto para el IPC como para los demoledores.

martes, 29 de mayo de 2012

CAZA DE CITAS

"De otro tipo son las realizaciones que llevó a cabo (Carlos Raúl) Villanueva para el Banco Obrero. Después de la urbanización de El Silencio el Banco emprendió construcciones en una vasta escala para erradicar en lo posible todos los 'ranchos' en el área metropolitana de Caracas. La tarea era ingente por el bajo nivel educacional de las poblaciones de los suburbios, que muchas vecces no se adaptaban a las nuevas construcciones. Más de una vez se dio el caso deque utilizaran la tapa de los retretes para marcos de retratos de la familia. Cuando en 1917 tuvo lugar el auge del petróleo, miles de familias, extraordinariamente prolíficas, abandonaron los distritos rurales y se concentraron en Caracas y en la franja costera donde se desarrollaron las operaciones de refinería y exportación. La población de Caracas se había duplicado en 1950, y hoy en día la capital y su zona industrial acoge los dos tercios de la población de Venezuela"

Fernando Chueca Goitia

("Historia de la arquitectura occidental. X: El siglo XX. Las fases finales y España", Editorial Dossat, Madrid, 1980: 134 s.)

Fotografía: Caracas en Retrospeciva / Facebook.

Nota de LB:

Evidentemente, el autor está informado. Ratifica la bondad de una obra en la que, naturalmente, puede incurrir en errores que no la demeritan. La transformación del país rural al predominantemente urbano, al ritmo del desarrollo petrolero, No obstante, llama la atención lo observado sobre las tapas de los retretes. Puede ser un prejuicio eurocentrista, pero - también - una doble constatación: las comprensibles de un país  extraordinariamente atrasado y que afrontó una inmensa tarea de modernización, como la de la propia experiencia europea, pues, por ejemplo, la urdimbre de nuestras barriadas y cerros guarda correspondencia con las localidades del medioevo.

De modo que, si fuese cierto lo de las tapas, no sería motivo de verguenza alguna, aunque destaca también la posibilidad de profundizar en la historia y la crónica de la ingeniería sanitaria en Venezuela. Valga la coletilla anecdótica, negada toda intención de polemizar políticamente, hallamos en la vieja prensa de principios de los setenta del XX venezolano, la tremendura de una juventud partidista de enmarcar la gráfica de sus adversarios en sendas tapas.

La situación actual de las edificaciones de El Silencio, debe llamar la atención, pues, nada extraño en el perfil y estilo de vida inevitablemente compartido, cada quien hace con su apartamento lo que le parezca. Y, tema para otra ocasión, el conjunto residencial sufre algunas transformaciones exteriores que participan también del franco deterioro que urbanamente nos emblematiza.

viernes, 23 de marzo de 2012

DISPARO Y ORGULLO


EL NACIONAL, Caracas, 18 de Octubre de 1998 / PAPEL LITERARIO
El Silencio y la Ciudad Universitaria
JESUS SANOJA HERNANDEZ

Para el caraqueño de los años 40 El Silencio era timbre de orgullo, tanto como lo sería para el de los años 50 la Ciudad Universitaria. Entre las obras de Villanueva bastaban esas dos para exaltarlo como innovador en materia de urbanismo y arquitectura. Por lo mismo, para mí fue disparo mortal al centro del orgullo cuando oí decir a un poeta armenio, de paso por Caracas, que la Ciudad Universitaria no le gustaba, y cuando años más tarde leí en el libro de Yallop sobre el terrorismo, y a propósito del liceo en que estudió Ilich Ramírez, que muy cerca del Fermín Toro quedaban "el desangelado barrio de El Silencio".

La historia de esos dos grandes proyectos de Villanueva se enlaza de alguna manera con mi pequeña historia. Llegué a Caracas el 26 de enero de 1944 y me alojé en casa de unos tíos, situada en el 49-2 de Pineda a Toro, y mi primer domingo (y muchísimos de los que después vinieron) fue de visita matutina al área de El Silencio donde el movimiento de tierra era incesante, para luego subir, escalinatas arriba, hacia tierra de árboles y animales: ¡al paseo El Calvario! Al fin vi concluida la "reurbanización" que se convirtió en ágora política, con mítines donde hablaban los revolucionarios octubristas e incluso aquel conductor de masas llamado Jorge Eliécer Gaitán. En los apartamentos de los bloques 1 y 3 se reunían células comunistas y desde uno de ellos vi, en cita convocada para estudiar qué hacer ante el anunciado golpe, cómo los tanques se situaban aquel 24 de noviembre en los puntos clave de la Plaza O'Leary. El Silencio era, además, el sitio de las tertulias bohemias y de los encuentros literarios de tipo grupal, debido a la cercanía del Fermín Toro, la Universidad de San Francisco, El Nacional, los teatros Municipal y Nacional, la Biblioteca y hasta la odiada policía de Las Monjas.

Cuando recuerdo esos tiempos y releo en los cronistas qué había sido antes El Silencio: un enclave prostibulario en pleno corazón de la ciudad, la expresión de Mr. Yallop me enardece.

También viví de cerca -y viví cerca- el área excavada por bulldozers en la antigua hacienda Ibarra. La avenida Olimpo, en su parte norte, expropiada para la zona rental que nunca hemos disfrutado, lindaba con los terrenos de la futura Ciudad Universitaria. Estudié economía en la casa de la famosa hacienda y luego me tocó ver surgir los edificios del conjunto de Medicina, bastante antes de que estuvieran listos los siete inaugurados por Pérez Jiménez el 2 de diciembre de 1953. Cuando regresé al país, en 1956, la Ciudad Universitaria estaba prácticamente lista, si bien después, bajo la democracia representativa, le han hecho innumerables modificaciones y ampliaciones. Lo que no he logrado contemplar es el edificio de 58 pisos anunciado para ser rematado en 1959, con tiempo récord de dos años de construcción. Me parece haber leído, meses atrás, un diálogo o controversia entre Hannia Gómez y Juan Pedro Posani, experto en Villanueva y en el complejo mundo de la arquitectura y la urbe, que tocaba, si no me equivoco, este punto.

Como sea, la Ciudad Universitaria es una prodigiosa obra, no sólo de arquitectura sino de "integración de las artes" y está tan metida en lo hondo de mi alma que, después de haber oído lo que dijo el poeta armenio, lo supuse tan ignorante en artes plásticas como Yallop en la visión de ciudades que no sean Londres o París y hasta las del Medio Oriente terrorista.

Entre finales de los años 30 y finales de los 60, Villanueva fue protagonista de los grandes cambios en la ciudad. Los que saben de la materia discuten cuánto se acercó y cuánto se alejó del Plan Rotival originario al diseñar El Silencio como "angelado barrio" para las clases medias o de bajos recursos. Silvia Hernández de Lasala, en su trabajo sobre el Plan Monumental de 1939 y sus violaciones sucesivas, apunta: "La Plaza Mayor, originalmente planteada, estaba conformada por edificios públicos tales como el Capitolio, el Ayuntamiento, los Ministerios" y, desde luego, no fue eso lo que Villanueva (y sus razones tendría) hizo, sino los bloques de El Silencio con la Plaza Urdaneta (O'Leary), en el centro.

El Silencio sobrevive. Actualmente Ledezma lo está rescatando, tal como habitualmente se dice cada vez que acometen un rejuvenecimiento la Gobernación o la Alcaldía. Laureano Vallenilla propuso derribarlo en 1954 para construir enormes edificios. Bajo Leoni se pensó venderlo. Nada de eso ha prosperado.


Fotografía: http://mariafsigillo.blogspot.com

jueves, 10 de febrero de 2011

de la planicie universitaria caraqueña


EL NACIONAL, Caracas, 27 de Octubre de 1997








ARQUITECTURA
HANNIA GOMEZ
Escorzo

En este año de 1997 en que tanto el edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo como yo llegamos a los 40 años, una bruma deliciosa de verdades a medias nos envuelve perennemente, circunstancia particular donde ya hace tiempo dejó de ser imprescindible la verdad histórica. Las cosas son hoy sólo las que nos hacen soñar, y, desgraciadamente, como no existe un solo texto que cuente todas las historias del querido edificio donde yo estudié arquitectura, el otro cuento que cuenta hoy para mí es el que de tanto en tanto se rumoraba en los pasillos de la escuela, y que ha mantenido su hechizo desde que lo oí por primera vez.

En el libro Caracas a través de su arquitectura , se dice que el edificio de la Facultad es más bien del 55 (fecha de la proyectación). Hacia entonces me imagino a Carlos Raúl Villanueva (un Villanueva no tan exclusivamente corbusiano y más contaminado de influencias que el que estamos acostumbrados a recordar), aparte de estar ``separando generosamente cada función en la volumetría'', además de estar ``superponiendo y contrastando agresivamente temas formales'' y fuera de estar ``haciendo numerosas correspondencias locales entre forma y función'', me lo imagino, digo, muy mortificado luchando con la grave horizontalidad que fácilmente le salía en el primer anteproyecto (p. 428), al aplicarle Al programa de la Escuela de Arquitectura el método racionalista usado en las otras facultades proyectadas para la universidad. No eran tiempos en que se hablara mucho de símbolos, pero aquel solemne bloque acostado bastante poco tenía del hito sentimental, del icono amable y elegante que marcaría el campus para siempre... y en lo que él quería que el edificio se convirtiese.

Tengo en mi poder un libro publicado en Mayo de 1956, que Villanueva probablemente ha debido conocer. Se llama La historia de la torre, el árbol que se escapó de la poblada foresta . Su autor es Frank Lloyd Wright. Allí se refiere la historia, larga de 30 años, de otra torre, desde su origen como el ``diseño para St. Mark-on-the-Bouwerie'' (un proyecto no realizado de 1929 para Nueva York, descendiente de los ``árboles'' planificados de Broadacre City) hasta que en 1955 se hiciese totalmente realidad como la Torre Price en Bartlesville, Oklahoma.

Hay en este libro una maravillosa confrontación a la misma escala de la primera perspectiva del 29 (ya con casi tres décadas en circulación), con una foto de la torre terminada, ambas hechas desde el mismo ángulo, escorzo predilecto de Wright porque en él, de todos los cuatro lóbulos de la planta cuadrada, era donde se apreciaban con mayor detalle los magníficos quiebrasoles verticales de cobre de 30 centímetros de profundidad que protegían las fachadas y cómo se trababan con las gruesas bandas horizontales de los antepechos de concreto... De las muchas veces que la Torre Price es presentada en el libro, dos terceras partes son desde este ángulo suroeste.

Horizon Press estaba en los años 50 radicada en Nueva York. Ella tiene el mérito de haber hecho la difusión instantánea de un proyecto casi a la par de su inauguración, algo realmente notorio para la época. La Torre Price fue el primer rascacielos de Wright, el único hasta que hiciera la Torre de los Laboratorios Johnson, además del único edificio alto de Bartlesville.

La historia de la torre de la Facultad va a cambiar al ser ejecutada. Primero, por supuesto, también crece. De los cinco del anteproyecto a los nueve que hoy conocemos. Luego, cambia en el único sitio que aún podía: en los escorzos. Dulces similaridades hicieron el cambio posible, la presencia de los quiebrasoles y de la profusa ventanería, la fuertemente expresada horizontalidad de la estructura de concreto... Pero, sobre todo, esa misma obsesión térmica que siempre Villanueva en la Universidad, y que aquí lleva a Wright hasta la locura. La Torre Price, como la de la FAU, es un edificio-quiebrasol por antonomasia: ``louvers'' verticales de cobre para las viviendas, ``louvers'' horizontales de cobre para las oficinas... la reducción de la carga térmica a toda costa.

Dos radiadores brillantes se levantan desde entonces ``en las llanuras rodantes de Oklahoma'' y en la planicie universitaria caraqueña. Dos torres de concreto, una forrada de un cobre oxidable que a la intemperie de la pradera se tornó de un intenso azul cielo, mientras la otra, tapizada del mosaico vitrificado en doble azul que dispuso Alejandro Otero, hace perdurar en el escorzo de la FAU la delicada operación monumental que un día realizó su arquitecto.

Ilustración: http://informedeldecanofau.files.wordpress.com/2009/10/1fau1.jpg