- Alejandro García Maldonado. "La verdadera significación del Partido Democrático Venezolano y el por qué de la absorción de PPG". El Nacional, Caracas, 04/09/1943.
- Mario Matute Bravo. "Campaña soviética". El Universal, Caracas, 12/11/84.
- Saúl Moreno. "Recuerdos: Monseñor Estanislao Carrillo". El Universal, Caracas, 24/07/53.
- S/a. "La rosca autobusera en Venezuela". Reventón, Caracas, nr. 12 del 15/10/71.
- Manuel Malaver. "El caso de los babbies de la Bolsa". El Nacional, 22/09/90. Feriado.
Reproducción: El Nacional, Caracas, 03/12/1945.
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martes, 11 de septiembre de 2018
domingo, 29 de julio de 2018
YO, MILITANTE HISTÓRICO
¿Por qué María Corina?
Manuel Malaver
23/07/2018
Como no es la primera vez que María Corina Machado se convierte en la figura política más mencionada, aplaudida y discutida del “corsi e ricorsi” de la política nacional, debo admitir que me siento cómodo –y casi un veterano- en eso de hacer pronósticos de hacia dónde conducirá el futuro a una líder tan noticiosa como fascinante.
Quiere decir que me atreveré a visualizarla más como periodista -que es mi oficio- que como politólogo e historiador -que no soy-, con la promesa de que ni la amistad ni la admiración que siento por ella nublarán mis ojos.
Y empiezo aclarando, afirmando y recordando que María Corina Machado está haciendo lo que siempre hizo, se acostumbró hacer y hará siempre en la rutina que, desde hace un poco menos de 20 años, fue descubriéndola y configurándola como un nombre a tener en cuenta y cuyo decálogo es, estar en la calle, conversar con la gente, oír sus opiniones, dar las suyas y de esta fragua bruñir un discurso de optimismo y fe en que Venezuela, más temprano que tarde, derrotará la tiranía.
Y con prescindencia de apegos a resultados como terminar siendo la líder política fundamental del país, o presidenta en un gobierno de transición que, por fuerza, tendría que considerar su nombre para el inicio de una recuperación y reconstrucción del país.
“No es el momento” me contestaría si se lo planteo “no creo oportuno, viable, ni útil detenernos en pasos necesarios pero que no son más urgentes que derrocar a la dictadura y para eso ya sabemos que se requieren esfuerzos, energía, decisión y cero distracciones”.
De modo que, ya puedo entender -y así se lo trasmito a mis lectores- que la están haciendo partícipe de una partida, la de la carrera por la presidencia de la Republica, en la que no está interesada y en la que solo cursaría después que vea la usurpación de Maduro caer por el suelo hecha añicos.
Su pasión, entonces, solo está centrada en estos días en la máxima exposición y al ritmo más acelerado posible de este viajar y caminar por Venezuela, reunirse con su gente donde sea y como sea, enterarse de los más mínimos detalles de cómo afecta la crisis a los más pobres y en las medidas que podrían tomarse para que su males pueden puedan ser aliviados.
Pero cuidado, no es una hermanita de la caridad, ni miembro de la congregación de la Madre Teresa de Calcuta, -aunque como cristiana, católica y demócrata se sienta interesada por la aproximación con los que más sufren-, sino una política, una mujer política para quien el ejercicio de esta pasión comprometida con la moral y la justicia, lo es todo.
En estos días, por cierto, estuvo por Coro y la Península de Paraguaná, ciudad capital y región de ese Estado Falcón que tanto le atrae y en el que tiene tantos seguidores, recién llegada de Barquisimeto, y de Valencia, donde pateó, como pocos, el barrio “Miguel Peña”.
También estuvo en un acto en la Universidad de Carabobo, acompañando y solidarizándose con la rectora, Jessy Divo de Romero, amenazada por el gobernador, un tal Lacava, que la acusa de cualquier impropiedad por el delito de ser rectora y profesora universitaria.
No anda, como años ya harto pasados, con la gente de SÚMATE, o con grupos de seguidores espontáneos, sino con muchachos y muchachas de su propio partido, “Vente Venezuela”, la organización que fundó, de su puño y letra, viste de azul y cuenta con militantes ya históricos como Omar Moreno, Luís Barragán, José Amalio Graterol y Teresa Albanes.
Una seducción para jóvenes y viejos, hombres y mujeres, de todos los credos, razas, y religiones y en la cual se aprende a ser venezolano, demócrata, ciudadano y liberal.
Y con una líder, ductora, maestra y cofrade de lujo, con la cual no cuesta reunirse, discutir y discrepar, en las oficinas de la organización o en esas giras a las cuales te invita para dirimir en los hechos, en la realidad, las diferencias que surjan.
De modo que, si hay pocos o muchos interesados en conocer las ambiciones y aspiraciones más profundas de esta activísima mujer, pues nada como saber que es una venezolana de partido, de organización, de estructura y desde ahí, si es permisible pensar que actúa en grande y para ser presidenta de Venezuela.
Pero como ya dije, no es en función de esa aspiración -que juzga muy temprana- que estuvo el lunes, 16 de julio, en la Asamblea Nacional, para recordar que había pasado un año del histórico referendo o plebiscito, y la institución que lo había convocado, la AN, se había olvidado del mandato que en 4 puntos le había dado el pueblo de Venezuela.
Su reclamo lo hizo a nombre de “Soy Venezuela”, la organización que lidera con ese venezolano ausente, pero que no se pierde uno solo de los grandes acontecimientos que ocurren en el país y con el cual y Leopoldo López, en el 2014, creó “La Salida”: Antonio Ledezma.
Era entonces la hora, o el día, de retomar tanta historia, tanta brega dejada pero no olvidada en el empeño de liberar Venezuela y para demostrarlo encabezó una caminata en un barrio de Petare, donde siguió la agenda que cumple desde el primer día que se inició en la política: hablar con la gente.
De lo profundo del cerro, del barrio, seguro que oyó los gritos de las enfermeras de la Maternidad Concepción Palacios que, desde primeras horas del día, recorrían la Avenida San Martín exigiéndole al gobierno aumento de sus salarios y mejoras en sus condiciones de trabajo, o de los médicos del Universitario y del Estado Vargas, pidiendo se les homologara sus sueldos con los de los militares, o los de los profesores amenazando con irse a un paro general indefinido, o de los trabajadores petroleros en PDVSA-La Campiña, o de los maestros, y por todas las calles y avenidas de Caracas y de Venezuela este sacudón de la protesta que es el signo de unos tiempos en que los partidos y sus líderes parece que se jubilaron o se fueron de vacaciones.
Una realidad o tragedia que María Corina Machado ha enfrentado, no con críticas, quejas y llantos sino revelando su condición incuestionable de luchadora sin tregua y poco dada a caer en la provocación de que las mayorías democráticas están de reflujo y lo mejor es pensar en soluciones a mediano plazo como las elecciones a concejales de diciembre o en un revocatorio que se convocaría contra Maduro a mediados de su mandato, para julio del 2021.
Pura política en slow motion, mientras la hiperinflación se acelera a un ritmo del 30 por ciento mensual, los déficits en alimentos y medicinas ya pasan del 70 por ciento, y la desnutrición y las enfermedades no tratadas ya cobran un promedio de vidas que se acerca a las 200 al mes.
Un drama que no ha tardado en ser reconocido por la comunidad internacional que ya está sancionado y presionando para que sus culpables sean separados del poder en Venezuela y que, al lado del exilio forzoso de cuatro millones de venezolanos, deja pocas dudas en cuanto a que la solución pasa una intervención humanitaria.
Y para acelerar la cual piensa María Corina es necesario no detenerse, no perder más tiempo en discusiones sobre la unidad o la división, o la división o la unidad para nada, sino en discutir y ponerse de acuerdo en la forma de continuar la lucha pero para que la dictadura madurista, el horror de la narcodictadura y el modelo contra natura que llaman socialismo, dejen de destruir a Venezuela.
Días de lo más transcendente, de lo más dramáticos esperan a Venezuela, días de historia pura, o de “historia viva” como gustaba decir y escribir el irreemplazable Jorge Olavarría y si de algo estoy seguro, es que María Corina Machado, esa venezolana que nació y vive para la política, será la primera en las filas.
Fuente:
https://www.lapatilla.com/2018/07/21/por-que-maria-corina-por-manuel-malaver/
http://www.noticierodigital.com/2018/07/manuel-malaver-maria-corina/
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1440478
http://tururutururu.com/manuel-malaver-mmalaverm-por-que-maria-corina/
http://www.reportero24.com/2018/07/22/manuel-malaver-por-que-maria-corina/
Fotografía: Andrea Hernández (http://elestimulo.com/blog/entrevista-maria-corina-machado-entona-el-mea-culpa-pero-no-teme-criticar)
Manuel Malaver
23/07/2018
Como no es la primera vez que María Corina Machado se convierte en la figura política más mencionada, aplaudida y discutida del “corsi e ricorsi” de la política nacional, debo admitir que me siento cómodo –y casi un veterano- en eso de hacer pronósticos de hacia dónde conducirá el futuro a una líder tan noticiosa como fascinante.
Quiere decir que me atreveré a visualizarla más como periodista -que es mi oficio- que como politólogo e historiador -que no soy-, con la promesa de que ni la amistad ni la admiración que siento por ella nublarán mis ojos.
Y empiezo aclarando, afirmando y recordando que María Corina Machado está haciendo lo que siempre hizo, se acostumbró hacer y hará siempre en la rutina que, desde hace un poco menos de 20 años, fue descubriéndola y configurándola como un nombre a tener en cuenta y cuyo decálogo es, estar en la calle, conversar con la gente, oír sus opiniones, dar las suyas y de esta fragua bruñir un discurso de optimismo y fe en que Venezuela, más temprano que tarde, derrotará la tiranía.
Y con prescindencia de apegos a resultados como terminar siendo la líder política fundamental del país, o presidenta en un gobierno de transición que, por fuerza, tendría que considerar su nombre para el inicio de una recuperación y reconstrucción del país.
“No es el momento” me contestaría si se lo planteo “no creo oportuno, viable, ni útil detenernos en pasos necesarios pero que no son más urgentes que derrocar a la dictadura y para eso ya sabemos que se requieren esfuerzos, energía, decisión y cero distracciones”.
De modo que, ya puedo entender -y así se lo trasmito a mis lectores- que la están haciendo partícipe de una partida, la de la carrera por la presidencia de la Republica, en la que no está interesada y en la que solo cursaría después que vea la usurpación de Maduro caer por el suelo hecha añicos.
Su pasión, entonces, solo está centrada en estos días en la máxima exposición y al ritmo más acelerado posible de este viajar y caminar por Venezuela, reunirse con su gente donde sea y como sea, enterarse de los más mínimos detalles de cómo afecta la crisis a los más pobres y en las medidas que podrían tomarse para que su males pueden puedan ser aliviados.
Pero cuidado, no es una hermanita de la caridad, ni miembro de la congregación de la Madre Teresa de Calcuta, -aunque como cristiana, católica y demócrata se sienta interesada por la aproximación con los que más sufren-, sino una política, una mujer política para quien el ejercicio de esta pasión comprometida con la moral y la justicia, lo es todo.
En estos días, por cierto, estuvo por Coro y la Península de Paraguaná, ciudad capital y región de ese Estado Falcón que tanto le atrae y en el que tiene tantos seguidores, recién llegada de Barquisimeto, y de Valencia, donde pateó, como pocos, el barrio “Miguel Peña”.
También estuvo en un acto en la Universidad de Carabobo, acompañando y solidarizándose con la rectora, Jessy Divo de Romero, amenazada por el gobernador, un tal Lacava, que la acusa de cualquier impropiedad por el delito de ser rectora y profesora universitaria.
No anda, como años ya harto pasados, con la gente de SÚMATE, o con grupos de seguidores espontáneos, sino con muchachos y muchachas de su propio partido, “Vente Venezuela”, la organización que fundó, de su puño y letra, viste de azul y cuenta con militantes ya históricos como Omar Moreno, Luís Barragán, José Amalio Graterol y Teresa Albanes.
Una seducción para jóvenes y viejos, hombres y mujeres, de todos los credos, razas, y religiones y en la cual se aprende a ser venezolano, demócrata, ciudadano y liberal.
Y con una líder, ductora, maestra y cofrade de lujo, con la cual no cuesta reunirse, discutir y discrepar, en las oficinas de la organización o en esas giras a las cuales te invita para dirimir en los hechos, en la realidad, las diferencias que surjan.
De modo que, si hay pocos o muchos interesados en conocer las ambiciones y aspiraciones más profundas de esta activísima mujer, pues nada como saber que es una venezolana de partido, de organización, de estructura y desde ahí, si es permisible pensar que actúa en grande y para ser presidenta de Venezuela.
Pero como ya dije, no es en función de esa aspiración -que juzga muy temprana- que estuvo el lunes, 16 de julio, en la Asamblea Nacional, para recordar que había pasado un año del histórico referendo o plebiscito, y la institución que lo había convocado, la AN, se había olvidado del mandato que en 4 puntos le había dado el pueblo de Venezuela.
Su reclamo lo hizo a nombre de “Soy Venezuela”, la organización que lidera con ese venezolano ausente, pero que no se pierde uno solo de los grandes acontecimientos que ocurren en el país y con el cual y Leopoldo López, en el 2014, creó “La Salida”: Antonio Ledezma.
Era entonces la hora, o el día, de retomar tanta historia, tanta brega dejada pero no olvidada en el empeño de liberar Venezuela y para demostrarlo encabezó una caminata en un barrio de Petare, donde siguió la agenda que cumple desde el primer día que se inició en la política: hablar con la gente.
De lo profundo del cerro, del barrio, seguro que oyó los gritos de las enfermeras de la Maternidad Concepción Palacios que, desde primeras horas del día, recorrían la Avenida San Martín exigiéndole al gobierno aumento de sus salarios y mejoras en sus condiciones de trabajo, o de los médicos del Universitario y del Estado Vargas, pidiendo se les homologara sus sueldos con los de los militares, o los de los profesores amenazando con irse a un paro general indefinido, o de los trabajadores petroleros en PDVSA-La Campiña, o de los maestros, y por todas las calles y avenidas de Caracas y de Venezuela este sacudón de la protesta que es el signo de unos tiempos en que los partidos y sus líderes parece que se jubilaron o se fueron de vacaciones.
Una realidad o tragedia que María Corina Machado ha enfrentado, no con críticas, quejas y llantos sino revelando su condición incuestionable de luchadora sin tregua y poco dada a caer en la provocación de que las mayorías democráticas están de reflujo y lo mejor es pensar en soluciones a mediano plazo como las elecciones a concejales de diciembre o en un revocatorio que se convocaría contra Maduro a mediados de su mandato, para julio del 2021.
Pura política en slow motion, mientras la hiperinflación se acelera a un ritmo del 30 por ciento mensual, los déficits en alimentos y medicinas ya pasan del 70 por ciento, y la desnutrición y las enfermedades no tratadas ya cobran un promedio de vidas que se acerca a las 200 al mes.
Un drama que no ha tardado en ser reconocido por la comunidad internacional que ya está sancionado y presionando para que sus culpables sean separados del poder en Venezuela y que, al lado del exilio forzoso de cuatro millones de venezolanos, deja pocas dudas en cuanto a que la solución pasa una intervención humanitaria.
Y para acelerar la cual piensa María Corina es necesario no detenerse, no perder más tiempo en discusiones sobre la unidad o la división, o la división o la unidad para nada, sino en discutir y ponerse de acuerdo en la forma de continuar la lucha pero para que la dictadura madurista, el horror de la narcodictadura y el modelo contra natura que llaman socialismo, dejen de destruir a Venezuela.
Días de lo más transcendente, de lo más dramáticos esperan a Venezuela, días de historia pura, o de “historia viva” como gustaba decir y escribir el irreemplazable Jorge Olavarría y si de algo estoy seguro, es que María Corina Machado, esa venezolana que nació y vive para la política, será la primera en las filas.
Fuente:
https://www.lapatilla.com/2018/07/21/por-que-maria-corina-por-manuel-malaver/
http://www.noticierodigital.com/2018/07/manuel-malaver-maria-corina/
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1440478
http://tururutururu.com/manuel-malaver-mmalaverm-por-que-maria-corina/
http://www.reportero24.com/2018/07/22/manuel-malaver-por-que-maria-corina/
Fotografía: Andrea Hernández (http://elestimulo.com/blog/entrevista-maria-corina-machado-entona-el-mea-culpa-pero-no-teme-criticar)
domingo, 14 de junio de 2015
VISITA
EL PAÍS, Madrid, 15 de junio de 2015PIEDRA DE TOQUE
Felipe González en Venezuela
La visita del expresidente del Gobierno español a Caracas ha sido un gran éxito que sirve a la oposición democrática al chavismo al tiempo que imparte una lección a la izquierda latinoamericana y europea
Mario Vargas Llosa
Se equivocan quienes dicen que la visita del expresidente español Felipe González a Venezuela ha sido un fracaso. Yo diría que, más bien, ha constituido todo un éxito y que en los escasos dos días que permaneció en Caracas prestó un gran servicio a la causa de la libertad.
Es verdad que no consiguió visitar al líder opositor Leopoldo López, preso en la cárcel militar de Ramo Verde, ni tampoco asistir a la vista de su juicio ni a la audiencia en que se iba a decidir si se abría proceso al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma (preso desde febrero), pues ambas convocatorias fueron aplazadas por los jueces precisamente para impedir que González asistiera a ellas. Pero esto ha servido para mostrar, de manera flagrante, la nula independencia de que goza la justicia en Venezuela, cuyos tribunales y magistrados son meros instrumentos de Maduro, al que sirven y obedecen como perritos falderos.
De otro lado, lo que sí resultó un absoluto fracaso fueron los intentos del Gobierno y jerarcas del régimen de movilizar a la opinión pública contra González. En un acto tan ridículo como ilegal, el Parlamento que preside Diosdado Cabello —acusado por prófugos del chavismo a Estados Unidos de dirigir la mafia del narcotráfico en Venezuela— declaró al líder socialista persona non grata, pero todas las manifestaciones callejeras convocadas contra él fueron minúsculas, conformadas sólo por grupos de esbirros del Gobierno, en tanto que, en todos los lugares públicos donde González se mostró, fue objeto de aplausos entusiastas y una calurosa bienvenida de un público que agradecía el apoyo que significaba su presencia para quienes luchan por salvar a Venezuela de la dictadura.
El triunfo de la oposición no está garantizado en absoluto, debido a las posibilidades de fraude
Su comportamiento, en ese par de días, fue impecable, exento de toda demagogia o provocación. Se reunió con la Mesa de la Unidad Democrática, que agrupa a las principales fuerzas de la oposición, y las exhortó a olvidar sus pequeñas rencillas y diferencias y mantenerse unidas ante el gran objetivo común de ganar las próximas elecciones y resucitar la democracia venezolana, a la que el chavismo ha ido triturando sistemáticamente hasta reducirla a escombros. Aunque todas las encuestas dicen ahora que el apoyo a Maduro no sobrepasa un 20% de la población y que el 80% restante está en contra del régimen, el triunfo de la oposición no está garantizado en absoluto, debido a las posibilidades de fraude y a que, en su desesperación por aferrarse al poder, Maduro y los suyos puedan recurrir al baño de sangre colectivo, del que ha habido ya bastantes anticipos desde la matanza de estudiantes el año pasado. Por eso es indispensable, como dijo González, que todas las fuerzas de la oposición se enfrenten solidarias en la próxima confrontación electoral que el régimen, debido a la presión popular, ha prometido para antes de fin de año.
Pero, quizás, el efecto más importante de la visita de Felipe González a Venezuela, aparte del coraje personal que significó ir allí a solidarizarse con la oposición democrática sabiendo que sería injuriado por la prensa y los gacetilleros del régimen, es el ejemplo que ha dado a la izquierda latinoamericana y europea. Porque hay entre ella, todavía, y no sólo entre los grupos y grupúsculos más radicales y antisistema, sectores que, pese a todo lo que ha ocurrido en los años de chavismo que padece la tierra de Bolívar, alientan todavía simpatías por este régimen y se resisten a criticarlo y a reconocer lo que es: una creciente dictadura cuya política económica y corrupción generalizada ha empobrecido terriblemente al país, que tiene hoy día la inflación más alta del mundo, índices tenebrosos de criminalidad e inseguridad callejera, y donde prácticamente ha desaparecido la libertad de expresión y los atropellos contra los derechos humanos se multiplican cada día.
Es verdad que algunos de los defensores del régimen de Maduro, como los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, Evo Morales, de Bolivia, el comandante Ortega, de Nicaragua, Cristina Kirchner, de Argentina, y Dilma Rousseff, de Brasil, lo hacen con hipocresía y duplicidad, elogiándolo en discursos demagógicos, defendiéndolo en los organismos internacionales, pero evitando sistemáticamente imitarlo en sus propias políticas económicas y sociales, muy conscientes de que éstas últimas, si siguieran el modelo chavista, precipitarían a sus países en una catástrofe semejante a la que padece Venezuela.
Algunos de los defensores del régimen de Maduro lo hacen con hipocresía y duplicidad
Aunque en Europa el socialismo ha ido convirtiéndose cada vez más en una social democracia, haciendo suyos los valores liberales tradicionales de tolerancia, coexistencia en la diversidad, respeto a la libertad de opinión y de crítica, elecciones libres, una justicia independiente, y comprendiendo que las nacionalizaciones y el dirigismo económico son incompatibles con el desarrollo y el progreso —véase los esfuerzos que hace la Francia socialista de Hollande y Valls para impulsar el mercado libre, estimular la empresa privada y abrir cada vez más su economía—, todavía en América Latina persisten los mitos colectivistas y estatistas. Lo que Hayek llamaba “el constructivismo”, la idea de que una planificación racionalmente formulada podía ser impuesta a una sociedad para imponer una justicia y un progreso material que tendría en el Estado su instrumento central, pese a que la historia reciente muestra en los casos del desplome de la URSS y la conversión de China Popular en un país capitalista (autoritario) el fracaso de ese modelo, todavía en América Latina sigue siendo la ideología de muchas fuerzas de izquierda, uno de los obstáculos mayores para que el continente, en su conjunto, prospere y se modernice como ha ocurrido, por ejemplo, en el continente asiático.
Felipe González prestó un enorme servicio a España contribuyendo a la modernización del socialismo español, que, antes de él y su equipo, estaba todavía impregnado de marxismo, de “constructivismo” económico y no había asumido resueltamente la cultura democrática. Curiosamente, su adversario de siempre, José María Aznar, hizo algo parecido con la derecha española, a la que impulsó a democratizarse y a modernizarse. Gracias a esa convergencia de ambas fuerzas hacia el centro, España, a una velocidad que nadie hubiera imaginado, pasó, de una dictadura anacrónica, a ser una democracia moderna y funcional y un país cuya prosperidad, no hace muchos años, el mundo entero veía con asombro. Conviene recordarlo ahora cuando, debido a la crisis, ha cundido ese parricidio cívico que pretende achacar todo lo que anda mal en el país a aquella transición gracias a la cual España se salvó de vivir el horror que está viviendo Venezuela.
El legado de la presencia de Felipe González
ManuelMalaver
Si no fuera hiperbólico -y tan socorrido- diría que Felipe González, al igual que el Mío Cid, el héroe medioeval español, sigue ganando batallas “aun después de muerto”.Pero, primero, Felipe no está ni siquiera retirado de la política y, en cuanto a morirse, luce unos espléndidos 73 años que, en el español más castizo, no pueden augurarle sino una larga, larguísima vida.
La de la visita a Caracas que culminó el pasado martes, sin embargo, fue una singularísima batalla –de las que le gustaban a Don Quijote- pues, aparte de contar con amenazas de todo tipo por parte del presidente dictador, Maduro, fue precedida de los peores pronósticos en cuanto a la oportunidad y utilidad de su presencia.
Estaba, además, como preludio a los “hechos de guerra” aquella “Declaración de Persona No Grata” de la Asamblea Nacional del 14 de mayo, promovida por el llamado “hombre fuerte” de la administración, Diosdado Cabello, que validaba una decisión de la Comisión de Política Exterior de la cámara del 21 de abril, y sobre la cual, la segunda vicepresidenta de la AN, Tania Díaz, soltó está perla.
“Es una decisión de la Asamblea Nacional que está puesta en un acuerdo de la Asamblea Nacional, el resto de las acciones son competencia del Ejecutivo nacional, como ustedes saben, el Presidente de la República es el que lleva las relaciones exteriores del país, a través de la Cancillería y de aquí a lo que vaya a suceder después de este acuerdo es competencia, decisión del Ejecutivo nacional”.
Para colmo, antes de que Felipe pisara tierra venezolana, Maduro había suspendido un viaje a Roma a recibir un premio de la FAO y a entrevistarse con el Papa Francisco, todo lo cual, dejó escapar toda suerte de rumores sobre si el jefe de Estado, en persona, había decido comandar la “Batalla de Caracas”, y si no estaríamos en un remake de aquellas batallas de la independencia donde se enfrentaban jefes realistas y jefes patriotas.
“Invito al pueblo chavista”, decía el Alcalde del Municipio Libertador, Jorge Rodríguez, el viernes 5 en el canal 8, “a que se vuelque el domingo en puntos estratégicos de la ciudad a protestar contra ese señor que está anunciando otra vez que viene en una visita agresiva. Nosotros nos vamos a la calle el próximo domingo a repudiar la presencia de Felipe González en Venezuela, a decirle que este país se respeta y que le vamos a dar la cara”.
Y por distintas vías, canales de televisión, emisoras de radio, periódicos, redes sociales, durante semanas, otros dirigentes del régimen, como el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, el gobernador de Aragua, Tareck El Aissami, Freddy Bernal, un diputado de apellido Fariñas y muchos, muchos más, lanzaban arengas, proclamas, rogativas, amenazas, admoniciones, salmodias, rezos y persignas contra quien era más invocado como una suerte de Satanás, Anticristo o Shamán Mayor que como lo que efectivamente es: un estadista democrático del último medio siglo que brilló por su capacidad para restaurar la democracia española, contribuir al colapso del totalitarismo comunista y apoyar las luchas por la libertad y el respeto a los derechos humanos en todo el mundo.
Y llegó el día, la hora, la mañana del domingo 7 de junio en que Felipe González desembarcó en Caracas, solo, sin guardaespaldas ni comitiva, sin ejércitos ni milicias, en un avión de una línea aérea conocida, bajando las escalerillas como un pasajero cualquiera, sin saludar y como intrigado de no ver multitudes protestando su llegada, haciendo la cola de rutina ante inmigración, y después, cuando se abrieron las puertas de salida, recibiendo un estruendoso aplauso que aún debe repicar en los oídos de los habitantes del litoral central y regiones circunvecinas.
No era, sin embargo, caudaloso el recibimiento que presidían la esposa del Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, Mitzy Capriles y la madre de Leopoldo López, Antonieta Mendoza de López, y con las cuales, se trenzó en un largo y sentido abrazo que, otra vez, fue la manifestación de esa amistad que desde los años 70, cuando la democracia venezolana fue la primera en América en darle la mano a la democracia española, siente por Venezuela y su gente.
El sol quemaba cuando, a eso de la dos de la tarde, no en una caravana, sino acompañado de unos pocos vehículos tomó la autopista Caracas-La Guaira, y de nuevo fue extrañarse de la tranquilidad del tránsito, de que los viajeros iban o venían de la playa sin descentrarse del objetivo de llegar temprano, y sin que un solo grito, la más rupestre pancarta, estuviera alertando que un enemigo mortal pisaba tierra venezolana y había que deshacerse de él como fuera.
La plaza Sucre, de la populosa parroquia de Catia, sí le dio la primera visual de la Caracas de hoy, con las multitudes haciendo colas en los negocios abiertos para comprar, ya alimentos, ya medicinas, artículos de limpieza, de higiene personal, lo que hubiere, con no pocos motines de compradores insatisfechos y los guardias nacionales, policías y soldados empujándoles con los fusiles en traviesa para que guardaran el orden.
Volvió a pensar y se le vinieron unas palabras que dijo en su visita anterior a Caracas: Venezuela está al borde de una catástrofe humanitaria si el gobierno de Maduro no resuelve el problema del desabastecimiento, pues, aquí, a diferencia de lo que sucedió en Cuba en los 90, cuando el colapso de la Unión Soviética obligó al llamado “Período Especial” , no existe una burocracia entrenada para distribuir racionalmente productos escasos, sino sumamente incompetente, y habituada a la corrupción y al despilfarro.
Preocupación, inquietud que ha sido central (“centralidad” es una palabra que usa a menudo) en su involucramiento en la crisis venezolana, y que, piensa, es fundamental si se quiere concluir en que, solo a través de la unidad, el diálogo y la lucha es posible evitar la que no duda en calificar como una “catástrofe humanitaria” en ciernes.
Por tanto, en la reunión que sostuvo el lunes a las 10:30 am con el Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma, en su casa de habitación, por casi dos horas, insistió una y otra vez en la unidad de la oposición, y en el diálogo con quien fuese necesario, pues toda demora en encontrarle una solución pacífica a la crisis, no hacía sino recordarle la guerra civil española de finales de los 30.
Fue la misma insistencia que sostuvo en la reunión de las 2:30 de la tarde con dirigentes de la MUD en la sede de esa organización, -y en la cual apareció acompañado de Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo López, y de Mitzy Capriles, la esposa de Ledezma como para refrescar que cuando hablaba de unidad de la oposición hablaba en serio- y de la cual Chúo Torrealba, el Secretario de la MUD, dijo que había sido “una de las grandes lecciones de política que había recibido en toda su vida”.
Por último, en la actividad final de la agenda de aquel lunes histórico, Felipe González visitó en su casa de habitación al líder opositor, Teodoro Petkoff, a quien llevaba, nada más y nada menos, que el premio Ortega y Gasset que, semanas antes, le había concedido el diario “El País” y que fue ocasión para recordar la vieja amistad que los unía y las luchas sin descanso que seguían manteniendo contra los dictadores y los violadores de los derechos humanos.
No pudo el ex presidente del gobierno español asistir el martes, en su condición de “asesor externo” a la audiencia judicial que estaba pautada para el Alcalde Ledezma, que fue suspendida, y mucho menos trasladarse a la Cárcel de San Juan de los Morros a expresarle su reconocimiento a Leopoldo López y a Daniel Ceballos, pues el gobierno no concedió los permisos.
Pero la “Batalla de Caracas” había sido ganada, Felipe González le dio su apoyo irrestricto a la oposición venezolana, demostrando otra vez que esa era su causa y que se convertía de motu proprio en su embajador.
Pero a todas estas –y esta era una pregunta recurrente en la calle- ¿dónde estaban Maduro, y Cabello, y Tania Díaz, y el “Defensor” del Pueblo, y Tareck El Aissami, y Jorge Rodríguez y el tal Fariñas y tantos otros que convocaban a protestar y darle la cara a “ese señor”?
Pues para decirlo en criollo, era como si se los hubiera tragado la tierra, y en cuanto a la Batalla de Caracas, no era solo que la habían perdido, sino que no se habían presentado al campo.
Salió Maduro –todo espelucao- a protestar el miércoles porque Felipe González había sido recogido la tarde del martes por un avión de la Fuerza Aérea colombiana para llevarlo a Bogotá a una reunión con el presidente, Juan Manuel Santos, pero es que la gran política se hace para los grandes de la política y no para improvisados, marrulleros y anacrónicos que tienen por jefe a Raúl Castro, y por consejero a su hermano, Fidel.
Fuente:
Fuente: http://www.noticierodigital.com/2015/06/el-legado-de-la-presencia-de-felipe-gonzalez/ Ilustración: Fernando Vicente.
Fotografía: http://noticiasdiarias.com.ve/2015/06/felipe-gonzalez-huye-de-venezuela-en-avion-de-la-fuerza-aerea-colombiana/
martes, 28 de febrero de 2012
4-F
EL NACIONAL - Martes 28 de Febrero de 2012 Opinión/7
Golpistas del 4-F
EDGARDO MONDOLFI GUDAT
En realidad fue poco lo que se comentó en los círculos oposicionistas, o incluso entre quienes cuestionan al Gobierno Nacional sin identificarse plenamente con la MUD, acerca de la redimensión que pretendió dársele al 4-F en el marco de su conmemoración veinteañera. En el ámbito de las representaciones simbólicas o de las manipulaciones de conveniencia, habría sido oportuno hacerlo. Hubo, sin embargo, algunos que transitaron el camino de la excepción, y entre tales contados casos figura el historiador Miguel Felipe Dorta, quien, a través de una entrega electrónica en Código Venezuela, pretendió explorar el caso del 4-F en el contexto más amplio del tratamiento de las realidades históricas promovido en tiempos recientes, y desde las más altas instancias de poder, en América Latina.
Su ensayo se titula "La impunidad de la memoria", y allí, situándose al pie de algunos ejemplos reveladores, pasa revista a cómo, en Argentina, se ha pretendido impulsar la creación de un instituto dirigido específicamente a construir una historiografía oficial justicialista-kirchnerista, o cómo en Chile el gobierno de Sebastián Piñera anunció cambiar el orden semántico de "dictadura militar" a "gobierno militar" para redefinir, en el pensum escolar, al gobierno de Augusto Pinochet. Son apenas dos ejemplos, según Dorta, que muestran a nuestros actuales gobernantes haciendo cada vez más una lectura impune del pasado. Entre esos falsos históricos y, concretamente, al referirse al 4-F, Dorta fija su mirada en la agónica operación de maquillaje que ha significado, para el Gobierno bolivariano, conferirle el carácter de rebelión "cívico-militar" a lo que, visto desde la pupila de un historiador profesional, no pasó de ser el clásico intento de que los militares volvieran a acariciar el poder animados por el mismo sentido redentor y providencialista que los caracterizara en épocas pasadas.
Otra entrega reciente, pero ya en forma de libro, ha venido a aguar la fiesta de la conmemoración veinteañera y a poner en duda, a través del empeño por hurgar en testimonios orales y en la prensa periódica de aquellos años, la entonación del 4-F en clave de epopeya. Me refirió a Golpistas sin gloria, de Manuel Malaver, publicado por Los Libros de El Nacional. Con la desconfianza instintiva del buen periodista, Malaver condena con firmeza el mito de que no hubo un intento serio de poner orden en casa durante la gestión de CAP II, o de que los venezolanos no comenzaran a sentirse más dueños de su destino al iniciarse el proceso de reformas que condujo a lo poco, pero preciado, que pudo alcanzarse en materia de descentralización política y administrativa.
Son muchos los aspectos desconocidos para el común de los venezolanos en torno al 4-F y el 27N a los cuales Malaver hinca el diente, empezando por la trayectoria, de dudosa catadura democrática, de muchos de quienes, en medio de la confusión, se prestaron a servir de mentores a los militares insurgentes. Pero donde Malaver y Dorta coinciden en redondo es con respecto a la actitud que guardó la sociedad venezolana ante los hechos de armas. Según Malaver, no se vio a ningún civil echándose delante de un tanque gubernamental a la espera de ser arrollado antes que deponer su actitud rebelde; más bien, según el autor, el hecho de que el mundo civil no saliera en masa a la calle a defender a los golpistas debió tomarse como la respuesta de una sociedad democráticamente consolidada que esperaba que fuesen las instituciones las que se hicieran cargo de sancionar los delitos del Gobierno, de un lado, o contra el sistema, del otro. A la luz de ambos textos, el mito de la rebelión cívico-militar nace torcido.
Golpistas del 4-F
EDGARDO MONDOLFI GUDAT
En realidad fue poco lo que se comentó en los círculos oposicionistas, o incluso entre quienes cuestionan al Gobierno Nacional sin identificarse plenamente con la MUD, acerca de la redimensión que pretendió dársele al 4-F en el marco de su conmemoración veinteañera. En el ámbito de las representaciones simbólicas o de las manipulaciones de conveniencia, habría sido oportuno hacerlo. Hubo, sin embargo, algunos que transitaron el camino de la excepción, y entre tales contados casos figura el historiador Miguel Felipe Dorta, quien, a través de una entrega electrónica en Código Venezuela, pretendió explorar el caso del 4-F en el contexto más amplio del tratamiento de las realidades históricas promovido en tiempos recientes, y desde las más altas instancias de poder, en América Latina.
Su ensayo se titula "La impunidad de la memoria", y allí, situándose al pie de algunos ejemplos reveladores, pasa revista a cómo, en Argentina, se ha pretendido impulsar la creación de un instituto dirigido específicamente a construir una historiografía oficial justicialista-kirchnerista, o cómo en Chile el gobierno de Sebastián Piñera anunció cambiar el orden semántico de "dictadura militar" a "gobierno militar" para redefinir, en el pensum escolar, al gobierno de Augusto Pinochet. Son apenas dos ejemplos, según Dorta, que muestran a nuestros actuales gobernantes haciendo cada vez más una lectura impune del pasado. Entre esos falsos históricos y, concretamente, al referirse al 4-F, Dorta fija su mirada en la agónica operación de maquillaje que ha significado, para el Gobierno bolivariano, conferirle el carácter de rebelión "cívico-militar" a lo que, visto desde la pupila de un historiador profesional, no pasó de ser el clásico intento de que los militares volvieran a acariciar el poder animados por el mismo sentido redentor y providencialista que los caracterizara en épocas pasadas.
Otra entrega reciente, pero ya en forma de libro, ha venido a aguar la fiesta de la conmemoración veinteañera y a poner en duda, a través del empeño por hurgar en testimonios orales y en la prensa periódica de aquellos años, la entonación del 4-F en clave de epopeya. Me refirió a Golpistas sin gloria, de Manuel Malaver, publicado por Los Libros de El Nacional. Con la desconfianza instintiva del buen periodista, Malaver condena con firmeza el mito de que no hubo un intento serio de poner orden en casa durante la gestión de CAP II, o de que los venezolanos no comenzaran a sentirse más dueños de su destino al iniciarse el proceso de reformas que condujo a lo poco, pero preciado, que pudo alcanzarse en materia de descentralización política y administrativa.
Son muchos los aspectos desconocidos para el común de los venezolanos en torno al 4-F y el 27N a los cuales Malaver hinca el diente, empezando por la trayectoria, de dudosa catadura democrática, de muchos de quienes, en medio de la confusión, se prestaron a servir de mentores a los militares insurgentes. Pero donde Malaver y Dorta coinciden en redondo es con respecto a la actitud que guardó la sociedad venezolana ante los hechos de armas. Según Malaver, no se vio a ningún civil echándose delante de un tanque gubernamental a la espera de ser arrollado antes que deponer su actitud rebelde; más bien, según el autor, el hecho de que el mundo civil no saliera en masa a la calle a defender a los golpistas debió tomarse como la respuesta de una sociedad democráticamente consolidada que esperaba que fuesen las instituciones las que se hicieran cargo de sancionar los delitos del Gobierno, de un lado, o contra el sistema, del otro. A la luz de ambos textos, el mito de la rebelión cívico-militar nace torcido.
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sábado, 11 de febrero de 2012
IR SIN HABER IDO NUNCA

EL UNIVERSAL, Caracas, 11 de Febrero de 2012
Regreso sin gloria
Cualquier campaña sucia o exceso de pasión se traslada a las bases votantes
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CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
Líderes y partidos políticos escogerán el 12 de febrero candidatos de un modo tan temerario (y democrático) que casi no existe: elecciones primarias multipartidarias, directas y abiertas, sin precedentes, salvo lejanamente las de Copei en 1993 y la Concertación chilena. En EEUU ni Europa hay algo similar. Audace, audace, toujour audace, dijo Danton.
Mantuvieron el pacto de sangre unitario en medio de tentaciones destructivas (abstencionistas, colaboracionistas, restauradores, exchavistas, ninís, terceras opciones putativas, estadísticos y actuarios, anti-CNE, radicales, comeflores, partidistas, antipolíticos). Merecen hasta ahora un cálido reconocimiento y no el mohín acrimonioso, la pesadez de paquidermos amargados.
Las primarias las sacó de su cabeza y las incorporó a la política Teodoro Roosevelt para enfrentar la alianza de las grandes corporaciones y el presidente Taft que le cerraban el regreso a la presidencia.
Logró imponerlas en 1912, pero él y su adversario perdieron las elecciones generales. A partir de allí se estandarizan en EEUU, con participación porcentual modesta. En algunos estados abiertas, en otros cerradas o mixtas. El record histórico de votantes rondó 20% en 2008, pero no escogen al candidato sino colegios electorales que deciden en convención.
Europa las ignoró hasta que en 1995 las convocaron los protofascistas italianos de la Liga del Norte, y en 2005 la alianza Verde Oliva de Romano Prodi, para candidatos regionales. En 2011 el Partido Socialista Francés escoge así su nominado presidencial, Francois Hollande -exmarido de Segolene Royal, la anterior candidata- y aclamaron que asistiera 6.25% del electorado. Sarkozy desestimó los resultados por escuálidos aunque es posible que pierda la presidencia con Hollande.
Las de Venezuela tienen tres componentes de máxima de apertura y riesgo. Son abiertas y por lo tanto cualquiera puede votar, con riesgo -teórico, pero latente- del llamado raiding por los norteamericanos: que partidos adversos decidan inflar un precandidato contrario, como al parecer ocurrió alguna vez en Vermont.
Al ser multipartidarias y decidir el abanderado de una coalición de rivales, dependen en gran medida de la lealtad competitiva, del espíritu olímpico. Basta que cualquiera de los derrotados las denuncie, para rayarlas. Algunos han jugado la ruleta rusa con "la presencia del CNE". Por eso el candidato triunfador tiene que asegurar a los vencidos todo tipo de garantías y no amenazar su existencia. Ese es otro riesgo.
Y un tercero. Cualquier campaña sucia o exceso de pasión se traslada a las bases votantes, crea resentimientos laboriosos de regresar después, y es difícil convencerlas que era sólo un juego, cosa que los dirigentes entienden con tranquilidad.
La participación máxima mundial en primarias ronda 20%. En Argentina el 14 de agosto de 2011, participó 82% del registro electoral. Pero en vez de primarias fueron unas elecciones generales anticipadas. Fue algo de naturaleza integralmente distinta a los procesos analizados antes.
Cada partido concurrió ese día por imperativo legal a escoger -entre incontables postulantes-, quiénes serían sus propuestos a presidente y vicepresidente, 130 candidatos a diputados y 24 a senadores nacionales. Voto obligatorio y abstención penalizada por la ley, hacen una diferencia abismal con primarias de participación voluntaria, tal como las conocemos.
Golpistas sin gloria. Amplia satisfacción siento de saborear con ojos y manos, hojear (¿será ojear?) el libro de mi queridísimo amigo Manuel Malaver, con quien he compartido tres décadas de jugo de limón agrio, mientras quienes tenían que cuidar la democracia, los partidos y la modernización los degollaban con nosotros en la impotencia. Difícil que se oyeran nuestros gritos en el Coliseo.
Narra la inverecundia y la traición de las elites cultas a la democracia, con su brillante estilo de periodista todoterreno, intelectual cosmopolita y hombre generoso. Con Mirtha Rivero, Enrique Krauze y pocos más, rescriben una historia oficiosa según la cual los "buenos" eran los desestabilizadores, resentidos y golpistas, y los "malos" los desmañados demócratas.
Siento en el intercostal izquierdo las varias referencias a este servidor, especialmente cuando con mi hermano Jean Maninat, denunciamos en 1983 el horror del estalinismo cubano y la entronización sandinista. Mucho hubo que pagar por atreverse, pero valió la pena sólo para verles la cara hoy a los sicarios sin gloria de entonces.
EL NACIONAL - Viernes 10 de Febrero de 2012 Opinión/9
Al compás de los días
Golpistas sin gloria
MANUEL FELIPE SIERRA
El 4 de febrero de 1992 cuando Hugo Chávez reconoció el fracaso de la asonada golpista no se imaginaba que en sólo seis años habría de asumir el poder mediante el voto mayoritario de los venezolanos. No es fácil explicarse cómo un militar desconocido, cuya popularidad se limitaba a su actuación como animador de las veladas cuartelarias, pudiera en tiempo récord (incluida una prisión de dos años) colocarse al frente de un movimiento que lo llevaría al poder por las reglas del juego democrático.
En 20 años mucho se ha escrito sobre la llamada asonada de los "comacates", un tema que aún da margen para todo tipo de interpretaciones y análisis de diversa naturaleza. Si la atención del historiador se limitase al juicio sobre esta descabellada acción, resultaría claro que se trató de una típica intentona conspirativa. Pero el 4-F fue mucho más que eso. Sin que Chávez y sus compañeros se lo propusieran, la operación disparó una señal sobre la fatiga de un modelo político y dio luz verde a diversos eventos (golpe del 27 de noviembre, defenestración de Carlos Andrés Pérez y victoria de Rafael Caldera) que habrían de pavimentar el camino hacia el poder del jefe golpista, y desde allí iniciar un cambio político que después de 13 años confirma su orientación antidemocrática.
Manuel Malaver, periodista, analista político de reconocida lucidez y testigo privilegiado de la escena política venezolana, ofrece ahora a los lectores Golpistas sin gloria (A veinte años del 4 de febrero de 1992), con el sello de Los Libros de El Nacional. Un valioso y útil ensayo de exploración sociológica sobre los antecedentes, la asonada, las dramáticas consecuencias de ella, y el desplome en cámara lenta de una clase dirigente desprevenida, seducida por la fortuna petrolera y víctima del espejismo de la "videocracia".
Sin renunciar a la crónica y el registro anecdótico, Malaver insiste en las razones por las cuales los partidos y sus líderes históricos, las élites económicas y sociales, los medios de comunicación y los círculos intelectuales más influyentes no advirtieron que con ello cavaban la fosa del sistema democrático y creaban las condiciones para la emergencia de una curiosa forma de anacronismo caudillista, a contrapelo de la modernidad del siglo XXI.
En el esclarecedor texto de Malaver se encuentran también las claves para aproximarse al fenómeno del "chavismo": sus orígenes, su verdadera naturaleza, su vigencia y su inviabilidad en el complejo contexto histórico de la época. Como si fuera poco, Golpistas sin gloria da cuenta de hechos y diversas situaciones registradas en las últimas dos décadas, lo cual permite al autor demostrar que en 20 años generalmente ocurren muchas más cosas que las que suele repetir el viejo tango de Gardel.
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