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martes, 10 de marzo de 2020

SIN LEVITA NI PUMPÁ DE REFLEJOS

Del estereotipo político
Luis Barragán

Generalizada impresión, el dirigente político promedio goza de las facilidades y privilegios negados a otros oficios, como un vistoso y seguro automóvil, guardaespalda y chofer, además de la buena mesa y  las libaciones exquisitas  para zanjar  toda diferencia. Quizá todavía cultivamos el estereotipo propio de la Venezuela dineraria de etapas ya irrepetibles que, por una parte, reivindica la leyenda del antiquísimo y modesto liderazgo que andaba desprevenido por las calles; y, por otra, hoy, genera desconfianza por el desuso de una cierta parafernalia que simboliza el poder (o la propia búsqueda del poder), frecuentemente representada por la comodidad de su transportación y el ejercicio de sus degustaciones.

Excepto se encuentre en las esferas del actual régimen, aún colado por más que diga adversarlo, el presente siglo reporta al profesional – legítimamente, profesional – de  la política en las peores condiciones para su desenvolvimiento. Ya no cuenta con un medio propio de transporte y, en casa,  sufre la suerte de todos los venezolanos sumergidos en la catástrofe humanitaria y, más de las veces, cumple sacrificadamente con sus tareas a  las que añade las diligencias las diligencias para hallar los medicamentos, auxiliando a otros igualmente urgidos, sin el bullicio al que acostumbran no pocas fundaciones: valga la indispensable acotación, las hay esmeradas y discretas, cuya eficacia contrasta con las fundaciones más estridentes que, ojalá nos equivoquemos, sintetizan  un perverso modelo de negocios.

Específica mención debemos hacer del parlamentario medio que, acreedor de un salario acumulado por más de tres años, debe inventárselas para acudir a las sesiones, hospedarse, alimentarse y movilizarse en la ciudad capital. Muy lejos queda aquélla estampa consagrada del que ostentaba, además, sendas placas para transitar y estacionar, con la radical prevención de los fiscales de tránsito terrestre; agreguemos, el privilegio que era de  la cámara y no personal, garantizada la inviolabilidad del automotor, aunque permitió, por ejemplo, escurrirse a Simón Sáez Mérida, desde Barcelona, en los célebres sesena, dejando el escenario de un levantamiento militar y  presentarse en menos de 24 horas a la Cámara de Diputados, como si él fuese completamente ajeno a los acontecimientos.

Nos ha ocupado, por un buen tiempo,  el problema de la ruindad del patrimonio histórico y arquitectónico venezolano y,  por ello, gustosos, aceptamos la invitación formulada por Pedro de Mendonca y Vente Guárico para participar en un foro sobre el Calabozo del presente y del futuro, entre otras actividades, recientemente.  Propicia la ocasión para versar sobre nuestra modesta perspectiva, habida cuenta de nuestra intensa experiencia  - por más de dos años – en la Comision Permanente de Cultura de la Asamblea Nacional, por entonces, bajo absoluto dominio oficialista. No obstante,  llamó mayor atención a la audiencia que fuésemos y nos devolviésemos en autobús, por no mencionar que varias personas hicieron un pote para nuestro alojamiento; incluso, en una reconfortante nota publicada por Eduardo López Sandoval, en Tal Cual (https://twitter.com/DiarioTalCual/status/1226631961785008129), destacó la circunstancia autobusera.

Los miembros de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio y, particularmente, de Vente Venezuela, seguimos la suerte del país y nada ha de asombrar que la estampa del dirigente promedio no guarde correspondencia con lo  que  se ha creído, por décadas, constituye la espina dorsal del político con una vida (y un estilo de vida), extravagante y despilfarrador, característica de los vanidosos  altos estamentos socialistas.  Suele demandarse que la política ha de cambiar y lo hará, cuando el dirigente también ande a pie, afectado por la situación, como todo el mundo; entonces, puede decirse, está cambiando porque es la norma vigente en los días que corren.

Fotografía: Recorrido por el casco histórico de Calabozo (2020).

09/03/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36515-dirigente-politico

martes, 11 de septiembre de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Alejandro García Maldonado. "La verdadera significación del Partido Democrático Venezolano y el por qué de la absorción de PPG". El Nacional, Caracas, 04/09/1943.
- Mario Matute Bravo. "Campaña soviética". El Universal,  Caracas, 12/11/84.
- Saúl Moreno. "Recuerdos: Monseñor Estanislao Carrillo". El Universal, Caracas, 24/07/53.
- S/a. "La rosca autobusera en Venezuela". Reventón, Caracas, nr. 12 del 15/10/71.
- Manuel Malaver. "El caso de los babbies de la Bolsa". El Nacional, 22/09/90. Feriado.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 03/12/1945.

sábado, 9 de junio de 2018

PERRERONES

Guindados a  una buseta
Luis Barragán


Consabido, son cada vez más escasas y encarecidas las unidades públicas de transporte. Repletas de personas y, a veces, también de peroles,  hay quienes se resignan literalmente a guindarse de sus puertas, por mucha o poca edad que tenga. 

Nunca antes se había visto una situación semejante en la Venezuela contemporánea, cuyo parque automotor fue uno de los más abundantes y distinguidos en el mundo. Nadie hubiese  hubiese adivinado, por muy baja que fue la cotización del barril petrolero, las terribles dificultades para desplazarse, añadido el hampa en constante acecho, como acontece ahora.

Se dice de graves lesiones e, incluso, muertes al desprenderse el pasajero del vehículo en plena marcha y, por supuesto, habrá responsabilidades penales que imponer, no sólo respecto al atrevido, imprudente y veloz conductor, sino a las autoridades policiales de turno en la ruta. Puede ser motivo para el ejercicio teórico de un estudiante de derecho, varias veces inútil, porque, más allá del chofer, son las autoridades las que deben poner orden; y, aún más allá, es la necesidad imperiosa de transportar y de transportarse a cualquier precio, por no mencionar un detalle más, por el kafkiano proceso administrativo y jurisdiccional que comporta.

Sociedad de la supervivencia, al fin  y al cabo, cada quien se rifa la vida al salir y volver a casa. Días atrás, apretujados al lado del volantista, vimos como una señora de avanzada edad, pagando al mismo tiempo sus cinco millones de bolívares, reducidos nominalmente a un chiste de mal gusto, trepó la puerta con una destreza asombrosa y no cayó, por un salto inesperado de la unidad, porque enganchó a tiempo el paraguas a la ventanilla del copiloto.

Luego del susto compartido, pretendiendo el transportista que se bajara la anciana, sin éxito alguno, bombardeado de improperios desde el anónimo fondo de la buseta, proseguimos.  Y llegamos a recordar el sueño infantil de convertirnos en bomberos para aventurarnos en la retaguardia del vehículo,  hoy en desuso, apenas agarrados por las manos.

Lo más increíble es que, incómodos, abigarrados y desesperados, luce las ya llamadas “perreras”. Habrá el que defienda el camión de estacas para transportarse, aunque la lluvia lo lleve al tardío arrepentimiento.

En lo más profundo del razonamiento falaz, está la idea de que siempre podemos estar peor y, por supuesto, aun trayéndonos a estos confines, la dictadura lo impedirá. Estamos a tiempo de detener la barbarie, la molicie, la resignación que puede atropellarnos, prensados – esta vez – de una convicción: no nos rendiremos y lograremos construir otro orden social en libertad.

11/06/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/06/luis-barragan-guindados-una-buseta/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=102018