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jueves, 9 de abril de 2020

CUADERNO DE BITÁCORA

Luce imposible documentar cada hecho, cada declaración, cada cosa que vemos. Pronto será parte del olvido, porque otros hechos, otras declaraciones, otras cosas compiten por su inmensa gravedad.  No obstante, deseamos detenernos en dos situaciones que rayan en una ridiculez de antología.
De un lado, el mito de la educación virtual cobra toda su fuerza. Entre palabras llenas de calculada ambigüedad, entre aquellas más directas, se propone, cotiza y decide.
Istúriz: Clases presenciales estarán suspendidas hasta superar el Covid-19 (video)
Recalcó que seguirán el uso de las estrategias pedagógicas de aprendizaje a distancia, durante esta cuarentena social y colectiva, reseñó AVN.
7 de abril de 2020 4:32 pm
Aristóbulo Istúriz
“Suspendimos las clases presenciales y hacemos uso de las estrategias pedagógicas de aprendizaje a distancia”, indicó este martes el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz al canal Venezolana de Televisión (VTV)
Istúriz, anunció la suspensión indefinida de clases en el país a causa de la COVID-19.
Recalcó que seguirán el uso de las estrategias pedagógicas de aprendizaje a distancia, durante esta cuarentena social y colectiva, reseñó AVN.
El Gobierno nacional ha implementado en las diferentes regiones una serie de planes, entre los que destacan, “Préstame tu Cuaderno”, en el estado Delta Amacuro y “Tú me Cuidas y yo te Cuido” en La Guaira.
Estas y otras experiencias, posteriormente serán sistematizadas desde el Ministerio de Educación, sirviendo de base para construir una modalidad de educación a distancia, que luego pueda ser implementada una vez superada la contingencia nacional por el Covid-19.
Nicolás Maduro anunció hace unos días, que era muy probable que el año escolar terminara con clases “on line”, lo que desató las críticas de los venezolanos debido al mal estado de las conexiones de Internet en el país.
(https://www.el-carabobeno.com/isturiz-clases-presenciales-estaran-suspendidas-hasta-superar-el-covid-19-video)
Pero del dicho al hecho hay un buen trecho.Entonces, hay sustitutivos de la virtualidad y, como si fuesen sendas políticas públicas, el "préstame tu cuaderno", en medio de la cuarentena, es la gran propuesta de esta infinita improvisación que caracteriza al mismo gobierno de todo el siglo XXI.
E, irremediable, porque alguien debe "dar la cara", con un vulgar Tweed, un ministro de la usurpación, repara en que no hay conectividad. !Albricias!
Ministro Trómpiz: Ningún estudiante se quedará sin estudiar, aunque «no tenga conectividad»
abril 8, 2020 | 12:02 pm | Anaisa Rodríguez.
El ministro oficialista de Educación Universitaria, César Trompiz, dijo este miércoles que los estudiantes que tengan conectividad a internet limitada o nula pueden realizar las actividades bajo la modalidad de portafolios.
«Lo primordial es que la conectividad se mantenga. Pero el plan universidad en casa es multimodal y las características y las medidas están dadas según las capacidades que tenga el docente y el alumno. Sino tiene acceso a la conectividad estará bajo la modalidad de portafolios, eso lo vemos en educación básica y lo validamos como metodología de educación a distancia», dijo en contacto telefónico con VTV.
Asimismo, aseguró que 95% de las universidades públicas y privadas se han sumado a este plan y alertó a toda la comunidad universitaria a «practicar la solidaridad en tiempos de cuarentena».
«Este plan es para darle prosecusión a la educación en casa, a distancia. Los consejos universitarios deben establecer las metodologías necesarias para ver clases en los hogares durante el tiempo que dure la cuarentena».
Trompiz indió que la mayoría de la metodología se está manteniendo a través de mensajería de texto, WhatsApp y Telegram. «La intención es que ningún estudiante se quede sin estudiar en la cuarentena», manifestó 

Del otro lado, no hay madurez política en la dirigencia opositora y se despachan sendas declaraciones que entristecen. Cualquier cosa, cualquier improvisación, la desean como una gracia. Empero, la morisqueta sobresale, destaca.
José Guerra, sobre entrevista con Villegas: Creo en la justicia, “no en la venganza”
abril 8, 2020 | 6:55 am | Oleg Kostko.
El diputado a la AN, José Guerra (PJ – Caracas), justificó sus declaraciones en una entrevista concedida a Vladimir Villegas donde rechazó la posibilidad de que Maduro, Cabello y Rodríguez vayan presos alegando que no cree en la “venganza”.
Así lo explicó José Guerra en su cuenta de Twitter:
“Abro hilo Sobre el contenido de la entrevista con Vladimir Villegas. 1. Recomiendo ver la entrevista completa y no una parte de ella para formarse una mejor idea de mi planteamiento. 2. Desde el 4 de febrero de 1992 he estado en desacuerdo con el proyecto chavistas”.
“3. A mi Chávez nunca me cautivó con su discurso primero usando a Bolívar y menos cuando se declara socialista. 4. Desde que salí de mi cargo en el BCV he enfrentado al régimen en todos los terrenos desde la pluma y la calle. 5. Gané las elecciones en un circuito que era chavista”
“6. En Fuerte Tiuna obtuve casi 40% de los votos debido a un mensaje a la FAN. Sentía su empatía cuando los esperábamos en las paradas de los buses. 7. Mi diferencia de fondo es con el modelo del socialismo. 8. Creo firmemente en una saluda política y hoy en un gobierno distinto”.
“9. La propuesta de un Gobierno de Emergencia y Unidad Nacional la apoyo tal cual la expuso Guaidó 10. Hemos construido una mayoría pero ésta no es para hacer tierra arrasada sino para gobernar y pacificar al país. 11. No creo en la venganza si en la justicia”.
“12. Por eso a Maduro, Cabello, Rodríguez los queremos derrotar en las urnas electorales no con cadáveres en las urnas. 13. Ellos me odian a mí pero yo no los odio a ellos. Estamos en las antípodas ideológicas. 14. Quiero un país equitativo, para todos por igual. He dicho”.
Huelgan los comentarios, aunque caimos en la tentación del Tweed. Algo inevitable, por lo demás (https://twitter.com/luisbarraganj/status/1247901298600468483).

Fotografía: Tomada por Carlos Martín, nos encontramos Fernando Falcón, Josmar Fernández, Alfredo Schael y LB, en una de las acostumbadas y amplias tertulias dominicales del Museo del Transporte, por septiembre de 2019.

domingo, 23 de febrero de 2020

RE-CREARSE

Ética y estética de la supervivencia
Luis Barragán

Puede aseverarse, al deterioro de lo material sigue el espiritual (y viceversa).  La psicología social puede aportar luces en torno a la continua degradación humana que trepa sendos y  preocupantes niveles de incongruencia, violencia, agresión, obscenidad.

Hannah Arendt lo advirtió décadas atrás, en una obra que cobra para Venezuela una antes insospechada actualidad. En su célebre compilación, “Los orígenes del totalitarismo”, expresó: "Los hombres, en tanto que son algo más que realización animal y realización de funciones, resultan enteramente superfluos para los regímenes totalitarios. El totalitarismo busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos" (Taurus, Bogotá, 2004 : 554). Por cierto, en una sesión más o menos reciente de la Asamblea Nacional, alguien citó el libro e, intuyendo que jamás lo había leído, le ripostamos; un testigo cercano, nos aseguró que el dirigente estudiantil, minutos antes, había tomado la cita de Google.

Luego, aun siendo la de la fealdad, el deterioro es portador de una estética de la descomposición e indignidad que intenta relegarnos a la superficialidad, la banalidad, lo pusilánime. Y, por graves y calamitosos que sean los problemas, ayudados por los ”memes” y otros artilugios de la imagen y del video, las redes digitales están pobladas de las doctas opiniones de los más improvisados tecladistas, a veces, alineados (in) voluntariamente en los llamados laboratorios de la guerra sucia.

Una ética y una estética de la dignidad y lucidez, sensatez y persistencia, propias de la resistencia frente a todo un régimen, no sólo se traduce en el texto corajudo, respetuoso y pertinente que podamos aportar, al igual que las imágenes, incluso,  en movimiento. Por ello,  hay un sentido en la defensa de nuestra cotidianidad creadora, a pesar de las condiciones y limitaciones reinantes e, incluso, una profundidad que las desafía: empuñando un pincel, calzando unas zapatillas de ballet, rasgando una guitarra, empleando una pelota de baloncesto, invocando unos versos, acrecentando un comentario que rompe con las estrecheces del pensamiento y de la sensibilidad que procura esto que es algo más que una dictadura.

En el inseguro tránsito por los espacios públicos, a veces, observaos actos que desafían e desorden establecido, anteriormente naturales de recreación. Los reivindicamos en reclamo de las libertades que nos hacen falta, presionando para abrir las compuertas de un distinto horizonte: la otra ética y estética del deterioro.

domingo, 28 de enero de 2018

ARENDT Y LA CAJETILLA DE CIGARRILLOS

Zurcido invisible
Luis Barragán

Inevitable que el tiempo – tan corto – nos diera la razón a quienes votamos expresamente, a viva voz, en contra del acuerdo parlamentario que avaló el llamado diálogo de República Dominicana, por cierto, faltando el quorum reglamentario. Ha sido tan monumental el fracaso que a la dictadura misma no le convendría evidenciarlo, manteniendo en lo posible una mesa de negociación que el propio Timoteo Zambrano, entristecido, por la vía epistolar, denunció como una oportunidad para “los capitanes de micrófonos que lucen mansos en encuentros bilaterales a puertas cerradas” (https://www.lapatilla.com/site/2018/01/06/timoteo-zambrano-anuncia-su-renuncia-a-las-reuniones-del-dialogo/). No obstante, faltan escrúpulos hasta políticos, porque el madurato conversa a la oposición que luego se encarga de delatar.

Desde muy antes de iniciarse las conversaciones, intercambios, tertulias o encuentros casuales en inadvertidos en la isla caribeña, voceros del sector cuatripartito de la oposición, adelantaron su aspiración a unos comicios presidenciales, por inminentes que fuesen y así, la Asamblea Nacional, no hubiese cumplido con la promesa y deber  de un íntegro reemplazo del rectorado del CNE, como también - temprana y explícitamente - lo exigimos los diputados de Vente Venezuela. Es de suponer que ventilaron el asunto con los hermanos Rodríguez, sin llegar a un definitivo y compartido acuerdo, pero – al fin y al cabo – tampoco hizo falta, pues, así como unilateralmente ese sector en cuestión pretende representar a toda la oposición, imponiéndole sus torpezas,  la dictadura hace lo propio con todo el país, consagrando una rara modalidad: la de una negociación sobre hechos cumplidos.

Quienes suscribieron el Tratado de Coche que dio fin a la guerra federal en el siglo pasado, nunca se atrevieron a tanto a pesar de las consecuencias que tuvo. Y, mucho menos, de auspiciar, propinar o protagonizar una escena parecida a la invalidación de los partidos mismos que concurrieron al conversatorio, imponiéndoles por penitencia la de agotar el contradictorio esfuerzo de validarse con el apuro de sus meras ansiedades presidenciales, vanidad que cuenta en la radiografía de los servicios de inteligencia que tienen en sus manos los representantes del oficialismo a la hora de hablar.

Poco puede importar la conformación de un CNE que, en lugar de la total y deseable independencia de sus miembros, a lo sumo, los humillados de Santo Domingo aspiran a integrarlo minoritariamente con sus militantes; o el REP, entre tantos asuntos de naturaleza técnica que requieren de un mayor lapso de auditoría y perfeccionamiento, como lo ordena la normativa vigente, pues, se hizo costumbre el ventajismo de una dictadura que los ridiculizó en las elecciones regionales y municipales que completaron el fraude constituyente. Y es que, esa falta de conducción política convincente, profunda y coherente de un sector de la oposición, es la que los lleva y pretende llevarnos a todos, a una carnestolenda electoral.

La unidad opositora ha operado como un chantaje, aunque – destrozando a la MUD – la hayan traicionado, cuando – arbitraria y descaradamente – el cuarteto de los partidos corrieron a presentarse a las regionales y municipales, aceptando todo diálogo, en abierta contradicción y traición con el mandato del 16 de julio de 2017.  Inconformes, algunas de sus individualidades amagan con la deserción, pero no se atreven esperanzados en que la cohabitación por formalizar, les abrirá un cupo prometedor.

La experiencia cubana se ha impuesto y, con zurcido invisible, lentamente contribuye a un inmediato escenario post-electoral en el que Nicolás Maduro adoptará las otras medidas que tiene pendiente, amén de facturar a los suyos que sabe discrepantes y meros supervivientes. Nada extrañará que, en lugar de finiquitarla, quede en pie una Asamblea Nacional de pantomima,  forzada a reconocer una constituyente que la sabe fraudulenta, porque en la Unión Soviética y los países satelitales hubo también las ornamentales curules de una oposición fingida;  el cambio definitivo de las autoridades rectorales, por lo que concierne a las universidades públicas y autónomas, consumando las condiciones que ha creado y avanzan, por ejemplo, en la Central de Venezuela, la Simón Bolívar o la de Los Andes; o el desconocimiento definitivo de todos los gremios, entronizando los tales consejos laborales, empresariales, profesionales, estudiantiles, deportivos, etc., en mente.

Recordamos, tiempo atrás, le preguntamos a un colega parlamentario sobre un folleto relacionado con Hannah Arendt que exhibía desde su curul, como si la sesión fuese la mejor ocasión para una lectura serena y sagaz, pues, no intervendría en la plenaria para citarlo. Luego de bromear sobre la película que le hizo Margarethe von Trotta (2012), donde la caja de cigarrillos compitió con el estupendo trabajo actoral de Barbara Sukowa, nos confió que urgía de la lectura para comprender la situación venezolana del XXI. Y, al parecer, lo hizo o hizo mal, porque se ha mudado voluntariamente al exterior aún sin renunciar a su representación, como ya ocurre con varios: acaso, ¿es el otro escenario post-electoral que nos espera, distinto a una salida forzada, obligada, inevitable?

28/01/2018:
http://www.ventevenezuela.org/2018/01/29/zurcido-invisible-luis-barragan 
https://www.lapatilla.com/site/2018/01/28/zurcido-invisible-por-luis-barragan 
https://www.noticiafinal.com.ve/2018/01/28/zurcido-invisible-por-luis-barragan 
https://noticierovenezuela.com/zurcido-invisible-por-luis-barragan 
https://venezuelaunida.com/zurcido-invisible-por-luis-barragan/zurcido-invisible-por-luis-barragan-2 
https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/957981174751784960-zurcido-invisible-por-luis-barragan-

lunes, 1 de septiembre de 2014

CAZA DE CITAS

¿HANNAH DE ARCO?

EL PAÍS, Madrid, 01 de septiembre de 2014
TRIBUNA
Hannah Arendt, la musa ideológica de Marina Silva
La crítica a la “vieja y arrogante política” de los partidos o la predilección por la democracia directa son algunas de las influencias
Juan Arias 

¿En quién se inspira intelectualmente la candidata, Marina Silva? ¿En la lectura de qué textos ha bebido sus reflexiones que a muchos le parecen enigmáticas, crípticas, “soñáticas”, diferenciadas del lenguaje común de los otros políticos?
Una de sus fuentes es la pensadora alemana de origen judía, Hannah Arendt, fallecida en 1975, que perdió, durante la Segunda Guerra Mundial su nacionalidad alemana y sus derechos políticos por diez años. Tras haber sido enviada a un campo de concentración nazi del que consiguió huir, acabó recibiendo la nacionalidad norteamericana y fue catedrática en la Universidad de Chicago y en la New School of Social Reserche en Nueva York.
Conceptos políticos barajados por Marina, se encuentran en los escritos, por ella citados, de esta filósofa alemana, como la crítica dura a la “vieja y arrogante política” de los partidos, la predilección de la democracia directa a la representativa, el uso de plebiscitos para dar voz a la gente, la puja por reunir a los diversos, y hasta la idea de conjugar política con sueños, milagros y hasta religión.
En Francia, donde se exilió huyendo del nacismo, Arendt conoció a los grandes intelectuales de la época, como Walter Benjamin. Antes, en Berlin, estudió teología y filosofía con Soren Kierkegaard. Fue también alumna de Martin Heidegger, y Rudolf Bultmann.
Su rechazo de los totalitarismos de izquierdas y de derechas y su defensa del pluralismo político hizo que sus escritos sobre la filosofía existencial y su reivindicación de una discusión política en total libertad, le otorgaron en Europa y América un papel importante en el debate de ideas de mediados del siglo pasado. Por su contribución al análisis de la política recibió el Premio Lessing de 1959 y el Sonning de 1975 otorgado por la Universidad de Copenhague en Dinamarca que ya habían sido otorgados a personajes como la escritora Simone de Beauvoir y al cineasta Ingmar Bergman.
Arendt se ha negado siempre a ser vista como filósofa. Ella se considera una “analista política”. Y son muchas de sus ideas sobre política las que justamente ha asimilado la ecologista brasileña, Silva, que pretende ser la segunda mujer que llegue a la Presidencia de la República.
El título de un artículo de Marina que llamó la atención, sobre lo “improbable e imprevisible”, en política y en la vida, que reflejaba ya una especie de profecía de lo que le tocaría vivir en estas elecciones que ella ha llegado a considerar como una especie de milagro, aparece literalmente en los escritos de la pensadora judía.
Marina está llevando al extremo la idea de Arendt de “unir a los diferentes”
Interrogándose sobre la política, Arendt escribe: “Si el sentido de la política es la libertad, es en este espacio- y no en ningún otro- donde tenemos el derecho de esperar milagros. No porque creamos en ellos, sino porque los hombres, en la medida en que pueden actuar, son capaces de llevar a cabo lo improbable e imprevisible, lo sepan o no”. Y añade: “ La pregunta de si la política tiene aún algún sentido, aún cuando acabe en la fe en los milagros- ¿Y donde deberían acabar sino?-nos conduce inevitablemente de nuevo a la pregunta por el sentido de la vida”.
Marina, inspirándose en esas palabras de la pensadora judía escribió hace seis años en su artículo citado: “El sentido de la política es la libertad. Los ciudadanos y ciudadanas están creando una política libre, viva, en la academia, en los movimientos culturales, en el consumo consciente, en internet, en las empresas, en las ONGs, en las iglesias. El grande desafio de la democracia es crear espacios múltiples de participación polìtica, en los que los partidos sean partícipes y no guias. Los hombres son aptos a realizar lo improbable y lo imprevisible. Es lo que la sociedad brasileña está haciendo. Y los partidos aún no se han enterado”.
La candidata que creó el significativo partido llamado “Red sustentabilidad”, es decir una “red”, más que un partido, donde caben todas las ideas se inspiró seguramente en la idea filosófica de Arendt cuando defiende que el poder es aquello que “nace de la acción conjunta, concertada, de manera que pertenezca a un grupo”. Esa idea nace, según la pensadora judía, de la conciencia de que “somos un hacerse”, no algo del todo concluido, sino algo que nace de la “duplicidad original de cada individuo”. Nos vamos realizando, según ella, a través de un diálogo de todos que al final puede darnos la impresión de que hemos acabado cambiando de opinión”.
De Marina se ha dicho, en efecto, que suele llevar con los suyos el dialogo sobre un tema hasta el agotamiento y que al final ella puede acabar cambiando de opinión arrastrada por lo que Arendt llama “la fuerza de la deliberación común”.
Existe hasta una coincidencia en la identidad religiosa de Marina y Arendt. Esta última a pesar de su origen judía, estudió con dos grandes pensadores y teólogos protestantes, los luteranos, Soren Kierkegaard y Rudolf Bultmann, y llegó a defender su tesis sobre la idea de amor del Padre de la Iglesia Católica, San Agustín.
El mantra de Marina es que es posible en política conciliar “pragmatismo y sueños”
Marina, fue católica, seguidora de la teología progresista y social de la Teología de la Liberación y después ingresó en el protestantismo por manos de la Iglesia Evangélica. Hay hasta quién vee en algunas de las ideas económicas de Marina una inspiración del protestante Calvino, como el aprecio por la austeridad de vida y por la idea clave de que el “esfuerzo personal” agrada a Dios hasta el punto que que acabaría bendiciéndolo hasta con el triunfo económico.
De Marina siempre se ha dicho que es más una cultivadora de la “espiritualidad” que de la “religión”, por lo que es vista como una evangélica discreta, despojada de fanatismo. Y fue el luterano Kierkegaard, en quién se inspiró Ardendt, quién acuñó la idea de que “la espiritualidad está por encima de la fe religiosa”.
El fuerte acento ético en el pensamiento de Marina aparece muy evidente en los escritos de Arendt que resume la moral polìtica en el sentido de “coherencia”. La ética, la pensadora judía la extrae del filósofo Socrates cuando afirma que “es preferible padecer una injusticia que cometerla” y que “es mejor ser víctima que autor de una injusticia”.
Las ideas de la pluralidad de la política, de la fuerza de “unir a los diferentes”, que aparecen en el repertario marianista, están todas ellas en evidencia en la obra de Arendt. Marina habia ya escrito hace seis años cuando aún era Ministra de Medio Ambiente de Lula: “Si tengo un ejemplo que dar en mi trayectoria es el del coraje, que no es la fuerza bruta si no el saber manejar sueños y catalizar energías”.
La política Marina está llevando hasta el extremo la idea de Arendt de “unir a los diferentes” cuando afirma querer en un futuro gobierno por ella dirigida tener juntos a Lula y a Cardoso.
El mantra de Marina de que es posible en política conciliar “pragmatismo y sueños” es también otra de las ideas claves extraída de la pensadora judía, referencia intelectual y hasta religiosa de la candidata evangélica.
Quién desee conocer mejor todo aquello de que hoy es acusada Marina, que lea a la pensadora existencialista judía, Hannah, una especie de musa intelectual de la Juana de Arco brasileña.
Hay quién se pregunta ya, como Elio Gaspari si la guerrera Marina, no acabará también en la hoguera que quitó la vida a la santa francesa. O bien, perseguida como la judía Arendt, porque sus sueños y profecías políticas infunden aún miedo a la “vieja política”.

Fotografía: http://elnacional.com.do/brasil-silva-alcanza-a-rousseff-en-primer-turno-y-le-gana-en-balotaje-segun-encuesta/

lunes, 7 de julio de 2014

TÍMPANOS Y NICOTINA

EL PAÍS, 6 de julio de 2014
TRIBUNA
La noche que Hannah Arendt escuchó a Fidel Castro
El líder cubano dictó una conferencia magistral en la Universidad de Princeton en 1959
Rafael Rojas 

Los archivos de la Universidad de Princeton guardan una historia que ayuda a comprender la deriva totalitaria de la Revolución Cubana y la difícil lectura que hizo Occidente de ese fenómeno latinoamericano y caribeño. En abril de 1959, el primer ministro de la nueva Cuba, Fidel Castro, y su delegación se desviaron de su itinerario de Washington a Nueva York en una primera visita a Estados Unidos, organizada por la American Society of Newspapers Editors, y pasaron un par de días en la Universidad de Princeton.
La visita de Castro a Princeton fue facilitada por varios profesores e instituciones de la Universidad: el historiador Roland T. Ely, estudioso de la economía cubana y autor de los clásicos La economía cubana entre las dos Isabeles (1960) y Cuando reinaba su majestad el azúcar (1963); el embajador Paul D. Taylor, presidente de la American Whig Cliosophic Society, que extendió la invitación a los cubanos, y la Woodrow Wilson School, cuyo programa de Civilización americana había organizado por esos mismos días de abril de 1959 un seminario titulado The United States and the revolutionary spirit.
Castro pronunció la conferencia magistral de ese seminario, el lunes 20 de abril de 1959, en la noche. Según las notas que tomó el embajador Taylor, el premier cubano comenzó disculpándose de tener que hablar ante un grupo de expertos y propuso que lo escucharan como a un revolucionario práctico, como a alguien que no estudiaba sino que producía una revolución. Al decir de Castro, la Revolución Cubana había derribado dos mitos de la historia latinoamericana del siglo XX: que era posible vencer a un Ejército profesional, poseedor de armas modernas, y que también era posible revolucionar al pueblo cuando este no estaba hambriento.
Fidel Castro sostuvo que la Revolución Cubana no alentaba el choque de clases
La segunda observación es interesante, a la luz del relato oficial de la historia cubana, que, en el último medio siglo, ha insistido en presentar la sociedad de la isla, anterior a 1959, bajo el triple flagelo del “hambre, la miseria y la explotación”. Curiosamente, en abril de 1959, Fidel Castro decía a los profesores y estudiantes de Princeton que una de las originalidades de su revolución era que había triunfado en un país latinoamericano con un relativo bienestar social. La cubana, según aquel Castro, había sido más una revolución política y moral contra una dictadura corrupta que una rebelión de clases, de pobres contra ricos. Por eso había sido apoyada por el “95% del pueblo”, generando un fenómeno de “unanimidad de opinión”, inédito en la historia de Cuba.
Este análisis permitía a Fidel Castro sumarse al debate sobre Estados Unidos y el “espíritu revolucionario”, entre historiadores, filósofos, sociólogos y economistas de Princeton. El tema central en aquel seminario y en buena parte del pensamiento filosófico e histórico, en Estados Unidos durante la Guerra Fría, era el paralelo entre las revoluciones norteamericana, francesa y rusa, como modelos contrapuestos de cambio social. Según las notas de Taylor, en su conferencia Fidel Castro sostuvo que la cubana se inscribía más en la tradición de 1776 que de 1789 o 1917 porque no alentaba el choque de clases. Tampoco proponía la confrontación con Estados Unidos, ya que preservaba la distancia del comunismo y sugería una defensa de los intereses nacionales de Cuba que Washington podía aceptar porque se enmarcaba en su propia tradición independentista.
Uno de los profesores que intervino en ese seminario y que, probablemente, escuchó a Fidel Castro aquella noche del 20 de abril de 1959 fue la filósofa alemana Hannah Arendt. Justo en 1959, la autora de Los orígenes del totalitarismo (1951) y La condición humana (1958) había sido contratada como profesora en Princeton y comenzaba a investigar la historia de las revoluciones francesa y norteamericana. La ponencia que Arendt presentó en el seminario fue el punto de partida de su ensayo On revolution (1963). En los agradecimientos de este libro, Arendt comentaba que la idea del volumen había surgido durante aquel seminario sobre “Estados Unidos y el espíritu revolucionario”, organizado por el programa de Civilización americana de la Woodrow Wilson School de Princeton.
Para Arendt, la revolución y la guerra son dos fenómenos radicalmente distintos
En su libro, Arendt sostenía que el enlace histórico entre la revolución y la guerra, dos fenómenos, a su juicio, radicalmente distintos, había distorsionado los objetivos básicos de la tradición revolucionaria moderna, que eran la libertad y la felicidad. La ventaja que, a su entender, conservaba la revolución de 1776 en Estados Unidos sobre la francesa y la rusa era que, al enfrentar la “cuestión social” de la igualdad por medio del derecho constitucional, había logrado aquellos objetivos históricos. El jacobinismo y el bolchevismo, en cambio, producían una desconexión entre justicia y ley —lo que Ferenc Feher conceptualizará luego como “revolución congelada”— que alentaba el despotismo y dilapidaba el legado moral o el “tesoro perdido” de la revolución.

A pesar de haber escrito su libro entre 1959 y 1963, en Nueva York, una ciudad donde se debatió intensamente la radicalización comunista de la Revolución Cubana, Arendt no hizo alusiones a Cuba o a Fidel Castro. De hecho, la filósofa solo se refería a América Latina una vez en su ensayo y lo hacía para colocar la experiencia de las revoluciones del Tercer Mundo, en el siglo XX, más en la tradición francesa y rusa que en la norteamericana. Podría elaborarse un argumento similar al de Susan Buck-Morss en relación con la falta de alusiones a la revolución haitiana en la Fenomenología del espíritu de Hegel, pero es muy probable que en aquel silencio hubiera tanto prejuicio colonial como rechazo al totalitarismo comunista, aún en una región tan dominada e intervenida por los imperios atlánticos como el Caribe.
En otros momentos de su libro, Arendt hablaba de las “dictaduras de un solo partido” y de los regímenes burocráticos de la Unión Soviética y Europa del Este como nuevas formas de tiranía. En 1963, esa parecía ser la elección racional de los dirigentes cubanos, por lo que las palabras de Fidel Castro, aquella noche en Princeton, debieron sonarle, cuatro años después, como un perfecto embuste. Según aquel Castro, la diferencia entre la Revolución Cubana y la francesa y la rusa era que, en estas, “un pequeño grupo había tomado el poder por la fuerza e instaurado una nueva forma de terror”, mientras que en aquella un pueblo entero se había movilizado por “odio a una dictadura”.
(*) Rafael Rojas es historiador cubano. Su último libro es Los derechos del alma. Ensayos sobre la querella liberal-conservadora en Hispanoamérica (Taurus, 2014).

sábado, 1 de febrero de 2014

MICROSCOPÍA DEL RÉGIMEN

EL IMPULSO, Barquisimeto, 20 de diciembre de 2013
Las voces de Penélope - Leyendo a Hannah
Marisela Gonzalo Febres

"Los hombres normales no saben que todo es posible” reza el epígrafe de David Rousset que anuncia la tercera parte de una obra monumental, Los Orígenes del Totalitarismo, escrita por Hannah Arendt, en medio de lo que ella misma llamara optimismo indomable y desesperación inconsolable. Comenzada en el otoño de 1945 y publicada en 1951, le permitió objetivar a la distancia –se había refugiado en los EEUU huyendo del nazismo- lo vivido en medio del horror del holocausto. Extenso capítulo, muestra la complejidad y sistematización del régimen totalitario, señalando "…la sorprendente celeridad con la que son olvidados y la sorprendente facilidad con la que pueden ser reemplazados” personajes como Hitler o Stalin, mantenidos y sobrevividos a las crisis, gracias al apoyo, identificación y conformismo de las masas. Señala que éstas no son engañadas por ignorantes, pues antes de ascender al poder, los movimientos totalitarios anunciaron lo que vendría: la ola antidemocrática asoló Europa después de la primera guerra mundial. Una afirmación sigue siendo un asunto a resolver por la Democracia: El éxito de los movimientos totalitarios la puso en jaque por dos razones: La primera,  cuestionó el sistema de partidos que hacía "creer que el pueblo en su mayoría había tomado parte activa en el gobierno”,  lo que llevaba a pensar que”… una  democracia podía funcionar según normas activamente reconocidas sólo por una minoría”. La segunda, que el gobierno democrático descansaba sobre la aprobación tácita y la tolerancia, de secciones indiferenciadas del pueblo, así como en instituciones indiferentes e indiferenciadas del país. Atacarla significó usar y abusar de las libertades democráticas e instituciones, con el fin de abolirlas. En Alemania, al  acceder al Parlamento y despreciar el gobierno parlamentario, "…lograron convencer al pueblo en general de que las mayorías parlamentarias eran espúreas y no correspondían necesariamente a las realidades del país, minando así el "…respeto propio y la confianza de los Gobiernos que también creían en la regla de la mayoría más que en sus constituciones”. Ejercicio denso de interpretación, nos ayuda a leer los tiempos actuales y recordar que cuando el río suena, piedras trae.  Si bien este no es un gobierno totalitario, si lo son sus actitudes y orientaciones. La complejidad de los totalitarismos analizados por la Arendt requieren no sólo claridad de objetivos por quienes los adelantan, sino de organización y disciplina, efectividad de los aparatos de Estado con sus estructuras interrelacionadas, aparato militar y policial obediente y efectivo, afortunadamente impropios de esta manera de gobernar y planificar que parece moverse al ritmo de pachanga que a veces parece rumba, otras encuentro de predicadores.Sostenido también por la indiferencia, los diversos niveles de corrupción, la comodidad o la polarización. Evidentemente, gustan y abusan del poder y de los beneficios de la democracia. Centralizan y eliminan bienes y patrimonios que no pertenecen ni al gobierno ni a la oposición, sino al país, a los estados,  municipios y a la gente concreta que vive en las ciudades y pueblos. Quienes eligieron sus gobiernos municipales para que administren lo que es de todos, no aceptan el gobierno paralelo montado por el Poder, ni terminan de comprender por qué no sólo les quitaron sus competencias administrativas, sino los  recursos de infraestructura y presupuesto, a las  autoridades electas legítimamente.Son actitudes totalitarias el creerse con derecho acrear nuevas Corporaciones –Corpolara, Corpoaragua y Corpoguayana- o premiar a perdedores como Villegas. En estas tierras barquisimetanas, les han eliminado las competencias al gobernador y al alcalde sobre el Complejo Ferial, el Parque Ecológico de Macuto y Mercabar, como si quienes los eligieron para dichos cargos estuvieran pintados en la pared. Quizás entenderíamos mejor lo que nos pasa como sociedad, desde "la banalidad del mal”, noción propuesta por Arendt,  del mal banalizado por surgir en lo cotidiano, lo burocrático, entre hombres y mujeres comunes y corrientes, cercados por la lógica del prejuicio y exclusión del otro, dispuestos a justificar lo ilegal, de la aceptación del "malandro interno” conviviendo con el "buena persona”. ¡Cuántos desafueroshan sido cometidos a nombre de la Revolución!

sábado, 10 de agosto de 2013

HA

EL PAÍS, Madrid, 9 de agosto de 2013
LA CUARTA PÁGINA
El malentendido sobre Hannah Arendt
La película de Margarethe von Trotta sobre la filósofa alemana ha despertado una nueva ola de críticas contra su libro ‘Eichmann en Jerusalén’. El problema es que muy pocos de sus detractores lo han leído
Monika Zgustova 

Cuando en 1961 se celebró en Jerusalén el juicio del líder nazi Adolf Eichmann, la revista The New Yorker escogió como enviada especial a Hannah Arendt, una filósofa judía de origen alemán exiliada en Estados Unidos. Arendt, que se había dado a conocer con su libro Los orígenes del totalitarismo, era una de las personas más adecuadas para escribir un reportaje sobre el juicio al miembro de las SS responsable de la solución final. Los artículos que la filósofa redactó acerca del juicio despertaron admiración en algunos (tanto el poeta estadounidense Robert Lowell como el filósofo alemán Karl Jaspers afirmaron que eran una obra maestra), mientras que en muchos más provocaron animadversión e ira. Cuando Arendt publicó esos reportajes en forma de libro con el título Eichmann en Jerusalén y lo subtituló Sobre la banalidad del mal, el resentimiento no tardó en desatar una caza de brujas, organizada por varias asociaciones judías estadounidenses e israelíes.

Tres fueron los temas de su ensayo que indignaron a los lectores. El primero, el concepto de la “banalidad del mal”. Mientras que el fiscal en Jerusalén, de acuerdo con la opinión pública, retrató a Eichmann como a un monstruo al servicio de un régimen criminal, como a un hombre que odiaba a los judíos de forma patológica y que fríamente organizó su aniquilación, para Arendt Eichmann no era un demonio, sino un hombre normal con un desarrollado sentido del orden que había hecho suya la ideología nazi, que no se entendía sin el antisemitismo, y, orgulloso, la puso en práctica. Arendt insinuó que Eichmann era un hombre como tantos, un disciplinado, aplicado y ambicioso burócrata: no un Satanás, sino una persona “terriblemente y temiblemente normal”; un producto de su tiempo y del régimen que le tocó vivir.
Lo que dio aun más motivos de indignación fue la crítica que Arendt dispensó a los líderes de algunas asociaciones judías. Según las investigaciones de la filósofa, habrían muerto considerablemente menos judíos en la guerra si no fuera por la pusilanimidad de los encargados de dichas asociaciones que, para salvar su propia piel, entregaron a los nazis inventarios de sus congregaciones y colaboraron de esta forma en la deportación masiva. El tercer motivo de reproches fueron las dudas que la filósofa planteó acerca de la legalidad jurídica de Israel a la hora de juzgar a Eichmann.
De modo que lo que esencialmente provocó las críticas fue la insumisión: en vez de defender como buena judía la causa de su pueblo de manera incondicional, Arendt se puso a reflexionar, investigar y debatir. Sus lectores habían esperado de ella un apoyo surgido del sentimiento de la identidad nacional judía y de la adhesión a una causa común, y lo que recibieron fue una respuesta racional de alguien que no da nada por sentado. En palabras de Aristóteles, en vez de limitarse a ser una “historiadora”, Arendt se convirtió en “poeta”.

Sus adversarios llegaron a ser muchos; el filósofo Isaiah Berlin no quería ni oír hablar de ella, y el novelista judío Saul Bellow afirmó que Arendt era “una mujer vanidosa, rígida y dura, cuya comprensión de lo humano resulta limitadísima”, aunque otra conocida escritora, Mary McCarthy, publicó en Partisan Review un largo ensayo en apoyo de Eichmann en Jerusalén. Así, el libro de Arendt generó en los sesenta toda una guerra civil entre la intelectualidad neoyorkina y europea.
En vez de defender incondicionalmente, como buena judía, la causa de su pueblo, debatió, investigó, reflexionó
Ahora, medio siglo después de la primera polémica, la realizadora alemana Margarethe von Trotta ha ofrecido al público su película Hannah Arendt, que ha despertado una nueva ola de reacciones contra el tratado de la filósofa. Lejos de ser un documental sobre Arendt, esta “película de ideas”, que se estrenó en mayo en Estados Unidos y en junio en España, enfoca el caso Eichmann sirviéndose de escenas de su juicio en Jerusalén, extraídas de los archivos. Otra vez en Estados Unidos y en Europa se ha despertado una polémica, aunque más respetuosa con la filósofa, la cual, a lo largo de las décadas, ha ido cobrando peso.
La mayoría de los participantes en el debate actual sostienen que, en la “banalidad del mal”, Arendt descubrió un concepto importante: muchos malhechores son personas normales. En cambio, según ellos, Arendt no supo aplicar adecuadamente ese concepto. Según lo expresó Christopher Browning en New York Review of Books: “Arendt encontró un concepto importante pero no un ejemplo válido”. Elke Schmitter argumenta en el semanario alemán Der Spiegel que “la actuación en Jerusalén fue un exitoso engaño”, y que Arendt no llegó a entender al verdadero Eichmann, un fanático antisemita. Alfred Kaplan ha escrito en The New York Times que “Arendt malinterpretó a Eichmann, aunque sí descubrió un gran tema: cómo las personas comunes se convierten en brutales asesinos”. Todos los críticos —y hay muchos más que los citados— invocan los documentos hallados sobre Eichmann tras la publicación de Eichmann en Jerusalén y las investigaciones posteriores, y afirman que Arendt en su época los ignoraba y debido a ello malinterpretó a Eichmann.
El problema es que —y aquí subyace el primer malentendido— Arendt sí conocía, al menos parcialmente, esos materiales, y su tratado los tuvo muy en cuenta. Dichos documentos provienen de la estancia del jerarca nazi en Argentina, antes de que allí le capturaran los servicios secretos israelíes: se trata de sus memorias y apuntes, además de una entrevista. A partir de esos materiales, diversos estudiosos han publicado en los últimos años nuevos ensayos sobre Eichmann y, por lo general, le dan la razón a Arendt en el hecho de que Eichmann no era un maniático que odiaba a los judíos, sino un hombre común. En cambio, esos historiadores le echan en cara a Arendt su idea de que Eichmann meramente obedecía órdenes.
Logró poner de manifiesto que el mal puede ser obra de gente corriente, de las personas que renuncian a pensar
Y aquí está el segundo malentendido: la filósofa nunca sostuvo que Eichmann se limitara a obedecer órdenes. En su libro, Arendt resaltó la rebelión de Eichmann contra las órdenes de Himmler quien, al aproximarse la derrota, recomendó un mejor trato a los judíos, mientras que Eichmann “se esforzó por hacer que la solución final lo fuera realmente”, escribió Arendt. La filósofa dibujó un minucioso retrato de Eichmann como un burgués solitario cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia, y cuya tendencia a refugiarse en las ideologías le llevó a preferir la ideología nacionalsocialista y a aplicarla hasta el final. “Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann”, dice Arendt, “no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único”. El Eichmann de Arendt es un hombre que, engañándose y convenciéndose a sí mismo, está persuadido de que sus sangrientas acciones manifiestan su virtud.

Muchos ensayistas y comentaristas no han entendido y siguen sin entender las ideas de Arendt porque no han leído su libro, o lo han leído bajo la influencia de los comentarios anteriores. Por eso el malentendido sobre Eichmann en Jerusalén no acaba de disiparse y Hannah Arendt se ha convertido en una autora de la que se habla mucho, pero a quien leen pocos.
Sus ideas siguen molestando hoy como lo hicieron hace cincuenta años. Nada en la historia es blanco y negro, y los análisis de Arendt despiertan la animadversión de los que prefieren explicárselo todo con esquemas simples que no permitan la duda ni obliguen a reflexionar sin fin. Por ello es más preciso que nunca ir a la fuente y leer a Hannah Arendt, porque ella puso de manifiesto que el mal puede ser obra de la gente común, de aquellas personas que renuncian a pensar para abandonarse a la corriente de su tiempo. Y eso es válido también para los tiempos que vivimos.
Monika Zgustova es escritora. Su última novela es La noche de Valia (Destino).

jueves, 23 de mayo de 2013

LA ESPESA SOMBRA DEL ASOMBRO ACUMULADO

EL NACIONAL - Jueves 23 de Mayo de 2013     Opinión/9
Un asombro esperado
COLETTE CAPRILES

Estuve releyendo el libro de Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, reporte sobre la banalidad del mal, tratando de reconstruir, para fines académicos, lo que se podría llamar la "teoría" del mal que allí se sostiene. Con la idea de que el mal es banal apunta Arendt a que el mal está en el hacer, en el acto mismo, sin que ello comprometa siempre la ruindad del malvado, por así decirlo (lo que, por cierto, no significa que la persona malvada no exista).
Hay, sin embargo, algo muy curioso: Arendt insiste mucho en la manera en que Eichmann hablaba. Quedó muy impresionada por ese patrón formal que veía en cada declaración de Eichmann: un uso estereotipado del idioma, con lugares comunes, o refranes o fórmulas que a sus ojos lo revelaban todo del sujeto. Su habla era banal, justamente. El hecho de que este oficial nazi no pudiera usar el lenguaje del modo relativamente creativo (o más bien, idiosincrático) que es normal, orientó a la autora decisivamente hacia la conclusión que presenta en el libro. Que en realidad describe más bien el proceso de banalización del mal: de la puesta a punto de una máquina repetitiva que se fue construyendo con un montón de piezas legales, ninguna de las cuales por sí sola dictaba el exterminio, pero que, articuladas, lo lograron sistemáticamente. Exactamente como el lenguaje de Eichmann: usaba las mismas palabras y expresiones que todo el mundo, pero de una manera rígida y repetitiva que no comunicaba nada.
El mal sistemático puede resultar invisible. Lo excepcional se va normalizando hasta desaparecer en la percepción, formando una espesa capa que lo cubre todo.
Por eso el retorno a la auténtica normalidad suele exigir un tipo de justicia excepcional, como ha ocurrido en tantas ocasiones históricas.
Porque se trata, en realidad, del restablecimiento de la verdad, no simplemente como un estrato geológico que hay que desenterrar, sino más bien como la construcción de una versión más o menos consensuada de lo acontecido, lo que a su vez supone una estructura de poder distinta, obviamente.
La verdad no irrumpe, ni aparece cristalina. Irrumpen siempre unas versiones vectorizadas por la distribución del poder. Con el último escándalo audible protagonizado por esa especie de alter ego del finado Chávez (episodio dirigido y puesto en escena, sin duda, por aquel mismo individuo) se entierra de nuevo al propio fallecido (padecerá nuevos sepelios, eso sí queda claro) y se quiere señalar una nueva configuración del poder, o de los poderes.
El efecto purgante que suele tener todo traspaso de mando en regímenes de vocación totalitaria (y que es una de sus características) se pone aquí de manifiesto.
Claro que no bajo la forma canónica de la "autocrítica" al estilo Padilla, sino con el giro perverso que es propio del chavismo (su vocación es ser el simulacro de una tragedia, como se sabe).
Lo importante es que esa figura, huérfana del contrapeso y protección que el propio Chávez le ofrecía, hizo mutis, dejando tras de sí unos mecanismos de protección "por si cualquier cosa".
Con la ironía típica de la historia, todo ello ocurre veinte años después, día por día, del último discurso de Carlos Andrés Pérez como presidente constitucional.
Allí, con lucidez que ahora parece extraordinaria, insiste, refiriéndose al proceso de persecución del que fue objeto: "Este es un síntoma y un signo de extrema gravedad, de algo que no desaparecerá de la escena política porque simplemente se cobre una víctima propiciatoria. Esta situación seguirá afectando, de manera dramática, al país en los próximos años".
Corrijo: a lo mejor la verdad sí irrumpe. Con veinte años de atraso.
Ilustración: Ugo.

sábado, 11 de mayo de 2013

NOTAS SOBRE EL FASCISMO (8)

EL NACIONAL, Caracas, 31 de julio de 1997
Los orígenes del fascismo
Janet Kelly

Hannah Arendt escribió Los orígenes del totalitarismo como testamento para que las generaciones futuras reconocieran los procesos, banales y cotidianos quizás, por los cuales las sociedades vinieron a caer en los peores errores imaginables. El tremendismo se convierte en lugar común en los programas matutinos. El criminal, en personaje. La gran mentira, en slogan . Los recuerdos de la época de Pérez Jiménez, evocados por la celebración del 23 de enero sugirieron la conveniencia de resaltar al estilo de Arendt -como lo hizo tan emotivamente Manuel Caballero- lo decadente de la dictadura, a pesar de la añoranza de algunos desmemoriados. Simultáneamente, el romanticismo del culto a ``Santa Evita'' provocó la protesta de quienes identifican la desintegración de Argentina con un Perón estúpidamente enamorado de las hazañas de Mussolini en los treinta y un pueblo estúpidamente enamorado de Perón.
Si bien se acepta lo maligno de los dictadores del pasado, tanto en Venezuela como en otras partes, la reducción del mal a la simple promoción personal podría atentar contra una vigilancia eficaz en contra de los elementos de base que sustentan su ascenso. El fascismo, es justo reconocer, siempre ha tomado la forma de un movimiento social, cuyo crecimiento se debe a lo atractivo de sus consignas para la gente desilusionada con su presente. ¨Cuáles son los atributos característicos que tanto atraen a las masas?
Cada fascismo tiene su particularidad, pero algunos elementos típicos se combinan para darle su sello peculiar. Mussolini puso su nombre a un artículo en la Enciclopedia Italiana de su época que definió el fascismo tal como se autorrepresentaba: el fascismo desdeña la vida facilista, enfatiza lo espiritual, lo moral, no lo meramente materialista. Da al individuo su valor sólo dentro de la colectividad, la nación. Su líder personaliza los fines de la patria y establece el orden y la disciplina que la gente reclama. El fascismo rechaza las fórmulas liberales de laissez faire en la economía y en la ética, porque éstas arruinan el Estado. En lugar de los Parlamentos de mayoría, coloca los cuerpos orgánicos representativos de las grandes agrupaciones de la colectividad. Valoriza la grandeza militar, cuyo expansionismo es señal de vitalidad. Giovanni Gentile, portavoz de estos principios, reconoció el fascismo como método político, más que programa de gobierno. Es pragmático y oportunista, utilizando el voto cuando éste sea una vía al poder y desechándolo cuando ya no sea necesario. Mussolini aprendió de Sorel el valor de la violencia como parte integral de la acción política. Explotó la atracción universal hacia el uniforme, el gesto y a la lealtad al grupo.
Los fascismos históricos han surgido en momentos de desarraigo, de desintegración de las clases sociales, de anomia de las clases populares y de la decepción de las clases medias con su liderazgo. Apelan a la desesperación mediante promesas carentes de sentido práctico: ``restauraremos la dignidad, la unidad, la familia, la religión, el nivel y calidad de vida, la seguridad. Contra los enemigos de nuestros valores, impondremos castigos, lucharemos con las armas, aplastaremos los opositores que atentan contra la recuperación nacional''. Como dijera José Antonio Primo de Rivera: ``el Estado liberal nos ofreció la esclavitud económica''. ``Soy candidato, pero candidato sin fe y sin respeto (por el sistema democrático)''.
Es necesario entender el fascismo para poder reconocer su resurgimiento engañoso y siempre posible. Cuando vemos nuevos movimientos que manipulan el lenguaje y los símbolos del fascismo, tenemos que estar alerta. Cuando nos percatamos de hombres que promueven las virtudes militares como las más aptas para el liderazgo político, con visiones de su misión personal y su indispensabilidad, que reclaman el retiro de los que fueron elegidos legítimamente, que no rechazan la violencia como táctica, y no ven soluciones en las instituciones actuales, estamos en presencia del método fascista. Y estamos en grave peligro.
Una de las debilidades principales del liberalismo es su ingenuidad frente a las amenazas. Dedicado al principio de la tolerancia, es capaz de dejarse arrollar por los oportunistas que perciben con claridad su flanco débil. Pero el liberalismo también tiene armas poderosas de autodefensa: el mismo derecho de palabra le permite luchar en igualdad de condiciones con sus enemigos. La vigilancia requiere que recordemos que los fascismos no han dado sino miseria a los pueblos que los han abrazado. No hay fascismo histórico que no haya violado la confianza de los ingenuos, no haya degradado a los Derechos Humanos y no haya conferido sino vergüenza a sus hijos.
Composición gráfica: Erik Johansson.

viernes, 14 de diciembre de 2012

CAZA DE CITAS

"La que sorprende al observador del Estado totalitario no es ciertamente su estructura monolítica (...) La duplicación de organismos y la división de autoridad, la coexistencia del poder real y del ostensible son suficientes para crear la confusión..."

Hannah Arendt

("Los orígenes del totalitarismo", Taurus, Bogotá, 2004: 486, 489)

Ilustración: Daniel Cirio, "Eterno vacío 1".

miércoles, 1 de agosto de 2012

CAZA DE CITAS



"Los hombres, en tanto que son algo más que realización animal y realización de funciones, resultan enteramente superfluos para los regímenes totalitarios. El totalitarismo busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos"

Hannah Arendt

("Los orígenes del totalitarismo", Taurus, Bogotá, 2004 : 554)

sábado, 26 de mayo de 2012

ARENDTIANOS

EL NACIONAL, Caracas, 5 de Enero de 2006 
Por qué Hannah Arendt importa
Heinz R. Sonntag
 
El venidero 14 de octubre se cumplen 100 años del nacimiento de Hannah Arendt. Una teórica de lo político con una predilección para grandes generalizaciones históricas, Arendt reunió en su persona el brillo conceptual de una intelectual cultivada, el aprendizaje consciente de una estudiosa formada en Alemania (“Gelehrte”) y el denodado espíritu de una exiliada quien confrontó algunos de los peores horrores de las tiranías europeas. Su vida fue rica en pensamiento innovativo y ennoblecida por amistad y amor. Su condición de judía fue un rasgo impresionante de su experiencia y una condición que jamás intentó reprimir.
Durante una reciente visita a Nueva York, un amigo me regalo un libro recién publicado cuyo titulo es la versión inglesa del titulo de esta nota, escrito por Elisabeth Young-Bruehl cuya biografía Hannah Arendt: For Love of the World (HA: Por amor del mundo), sigue siendo la más significativa de las tantas que se han escrito. En este libro, Young-Bruehl nos invita a especular sobre lo que Arendt podría haber pensado, siempre comprometidamente, sobre nuestra contemporaneidad.
Entre las numerosas publicaciones de la Arendt destaca especialmente. "Los origines del totalitarismo", trabajo que inicio en los años de la década de los 30 en el exilio in Paris, continuo durante el escape durante la ocupación de Francia hacia Portugal y luego a los Estado Unidos. Su primera versión fue publicada en 1951 en USA por una editorial alemana igualmente emigrada (Schocken Books).
Como bien acota Young-Bruehl: “Leyendo (este libro) es como visitando un museo donde está un mural gigantesco del los siglos XIX y XX que uno nunca termina de asimilar – un Guernica de un vasto y culto historiador.”
Hannah Arendt tuvo una particular manera de filosofar. Se acercaba a los hechos y acontecimientos reales, los registraba con curiosidad y asombro y luego los elaboraba en conceptos y narrativas filosóficos. Para el totalitarismo, su primera experiencia fue el antisemitismo y luego el nacionalsocialismo alemanes, en el lapso entre 1918 y 1933. Pero igualmente observó, a partir de comienzos de la década de los 30, el estalinismo y, en novedosas formas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, el McCarthismo estadounidense, aquel periodo de persecución y virtual supresión del pensamiento y expresión libres en los 50. Para citar otra vez Young-Bruehl: “La política – en el sentido de ciudadanos que hablan y actúan en publico, variadamente permitidos por diferentes formas de gobierno y asegurados por sus leyes – aparece solamente bajo ciertas históricas condiciones. De la misma manera, la política puede también desaparecer. Totalitarismos, argumentaba Arendt, son la desaparición de la política: formas de gobierno que destruyen la política, eliminando metódicamente seres humanos que hablan y actúan y atacando la humanidad misma primero, un grupo selecto y después de todos los grupos. De este modo, el totalitarismo hace las gentes superfluas como seres humanos. Esto es el mal radical.”
En otras palabras, totalitarismo no es simplemente una tiranía o dictadura, puesto que “mata las raíces” de la vida política, social y personal.
Arendt distingue varios elementos del totalitarismo. El primero es la existencia de una ideología que explica toda la historia y justifica el régimen y sus políticas. Trátese del fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán, el estalinismo ruso/chino/cubano, todas estas ideologías tienen en común que suprimen y destruyen el pensamiento libre y la libertad de expresión, bases de la convivencia humana y por ende de la democracia. Un segundo es la destrucción de las instituciones ciudadanas y civiles y su toma por la “masa”, un movimiento indiferenciado de desclasados y su “partido”. Un tercero es la igualación e ideologización de la educación, de modo que las niñas y los niños y adolescentes se insertan voluntariamente en las organizaciones juveniles del “partido”. Un cuarto es la supervisión de toda la sociedad, sea por policías secretas, sea por mecanismos de denunciación, un quinto el militarismo y un sexto la necesidad de tener siempre un enemigo.
La obra de Hannah Arendt es actual en el mejor de los sentidos. ¿Qué diría ella sobre fenómenos como la fusión de la derecha cristiana fundamentalista del Partido Republicano de Estados Unidos y la lenta destrucción de los derechos humanos en ese país? ¿Cuáles consecuencias sacaría ella del camino que ha tomado “nuestra” Revolución Bolivariana? ¿Cómo juzgaría el fundamentalismo islamista de la teocracia iraní?
En muchos de sus libros, Hannah Arendt ha insistido en el entrelazamiento entre pensar y actuar, siendo el concepto de acción uno de los conceptos claves de su filosofía política, en realidad la más precisa y exacta descripción de la condición humana.
En todo esto pensábamos y seguimos pensando al mantener el Observatorio Antitotalitario Hannah Arendt. Aquí y ahora. Hoy y hacia el futuro.



Fuente:  http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/1757021.asp



sábado, 12 de marzo de 2011

ARENDTIANAMENTE


EL NACIONAL - Sábado 12 de Marzo de 2011 Papel Literario/1
El asteroide Arendt
ANA NUÑO

Los Escritos judíos de Hannah Arendt, editados por Jerome Kohn y Ron H. Feldman, reúnen por primera vez la casi totalidad de los ensayos y artículos que, desde la década de 1930 hasta mediados de los años sesenta, escribió Arendt sobre... ¿Sobre qué, exactamente? La pregunta viene al caso porque con Arendt las cosas nunca son simples o evidentes. Y así como muchos siguen considerándola una filósofa, a pesar de que ella misma rechazara el honorífico título y prefiriera el de "teórica de la política", en este caso conviene despejar la aparente banalidad del título de esta recopilación, ya que los Escritos judíos de Arendt no versan sólo ni principalmente sobre temas judíos. O lo que pueda considerarse como tales: autores, obras, movimientos sociales y políticos, o costumbres y tradiciones y creencias judías.

Lo judío, en estos escritos como en otros lugares de su obra, es inseparable de la "judaicidad" de Arendt. Una condición que para ella era una realidad existencial históricamente determinada y situada, no un sentido de pertenencia a una religión o unas tradiciones o una cultura judía. Mucho menos una manifestación de lealtad a un Estado. Por eso ha hecho muy bien el traductor en trasladar al castellano la distinción, corriente en inglés y siempre operativa en Arendt, entre Jewishness (aquí traducido como "judaicidad" y, ocasionalmente, "condición judía") y Judaism, o "judaísmo". Arendt rara vez se pronuncia sobre el "judaísmo", pero en cambio aborda realidades y facetas diversas de la judaicidad. Siempre desde su condición judía, que también siempre concibió como imborrable e insuperable.

Los Escritos judíos reúnen, pues, prácticamente todo lo que Arendt dejó escrito sobre la condición judía. Con enfoques muy diversos, que reflejan la evolución del pensamiento de la autora así como algunas fases importantes de su vida, de tal manera que leer estos textos es como estar leyendo una parte de la autobiografía que Arendt nunca escribió. Jerome Kohn, en un prefacio prolijo pero también iluminador ("Una vida judía: 1906-1975"), dice que esas fases son cinco. Las resumo brevemente.

La fase alemana, marcada por el temprano interés de Arendt, cuando aún no había tenido que huir de su país natal, por la historia de la comunidad judía en Alemania. Sin duda, el mejor reflejo de este conjunto de escritos es "La Ilustración y la cuestión judía".

La segunda fase abarca el primer destierro de Arendt, que vivió, de 1933 a 1940, en Francia. Los escritos judíos de estos años son militantemente políticos: Arendt, despojada de su ciudadanía alemana, sufría por primera vez en carne propia las consecuencias del antisemitismo nazi. Esta es la fase --la única, por cierto-- declaradamente sionista de Arendt.

Eso sí: ya entonces descreía de la solución nacional, pero en cambio aplaudía en los sionistas la plena asunción de la acción política. Que ella misma practicó, en aquellos años anunciadores del exterminio de los judíos europeos, trabajando como voluntaria para Juventud Aliyá, "una organización sionista que proporcionaba los medios y el entrenamiento para que los jóvenes judíos de Alemania y Europa del Este (...) abandonasen Europa y emigrasen a Palestina".

En algunos de estos textos, en los que Arendt comienza a reflexionar sobre el sentido de la política, afloran ideas que la llevaron a concebir una de sus grandes obras de madurez: La condición humana. Pero en esa etapa hay más cosas relevantes: por primera vez, Arendt analiza el antisemitismo no sólo como fenómeno histórico, sino atendiendo a su funcionalidad política. Una de las novedades de esta edición es la publicación del primer ensayo que Arendt dedicó a este asunto y con ese enfoque.

Con el título, a secas, de "Antisemitismo", este ensayo no firmado e incompleto --pero rico de un centenar de páginas-- sólo recientemente ha podido ser atribuido a Arendt.

En él aparecen argumentos y hasta ejemplos que desarrollará plenamente en su magnum opus de 1951: Los orígenes del totalitarismo. Kohn detecta una tercera fase en los artículos que Arendt publicó en Aufbau, el diario neoyorquino de los judíos alemanes, a partir de 1941, en los primeros años de su exilio en Estados Unidos. Pienso que hay continuidad con la fase anterior pero, en todo caso, prolonguen la anterior o inicien una nueva fase, los de sus primeros años de exilio son, indudablemente, escritos de combate.

Arendt tuvo en Aufbau una columna fija con el rótulo "Esto te afecta", en la que sobre todo publicó, más que comentarios y análisis, auténticos llamamientos a la acción política.

Pero el interés de estos textos periodísticos no es sólo contextual: además de trasladar noticias sobre el desarrollo de la guerra en Europa y sus consecuencias para los judíos, Arendt aprovecha para tomar partido y proponer acciones políticas de cierta envergadura. Por ejemplo: en plena Segunda Guerra Mundial, aboga por la formación de un ejército judío internacional (algo parecido a unas Brigadas Internacionales judías), con la misión de luchar contra el ejército nazi en suelo europeo. También escribe artículos ensalzando la labor de los judíos en Palestina, cuya lectura debiera bastar para desactivar el estúpido mito de la animadversión de Arendt por el proyecto sionista. Lo que sí es cierto, mal que les siga pesando a algunos, es que Arendt nunca aplaudió la creación de un estado-nación judío. Entre otras razones, porque ya entonces vislumbraba lo que acabaría siendo uno de los focos de su análisis político: que los nacionalismos son origen y fuente de los totalitarismos.1
Cuarta y quinta fases. Aunque la cuarta se solapa con la tercera, lo cierto es que desde 1942 Arendt se dedicó a pulir algunas armas de su panoplia teórica. Hay que leer, en este sentido, "Un camino hacia la reconciliación de los pueblos" (publicado en 1942 ¡en Buenos Aires!), donde por primera vez aborda la distinción entre pueblo y nación y, por supuesto, los textos que Feldman publicó en 1978 con el título The Jew as Pariah (edición agotada desde hace más de una década), de los que aquí se reproducen, si no he contado mal, 15 de los 17 de aquella edición. Incluida la famosa "Carta a Gershom Scholem", en respuesta a la airada protesta que al gran filólogo y teólogo judío le inspiró la publicación, en 1963, de Eichmann en Jerusalén. Todos estos escritos son capitales, y no sólo para la comprensión de aspectos fundamentales de la Jewishness desde la óptica de Arendt, sino porque contienen análisis políticos que hoy están normalizados (cuando no --de nuevo la palabreja-- banalizados) pero que, leyéndolos ahora, se ve con claridad que fue ella la primera en formular. Sólo pondré de ejemplo "Nosotros, los refugiados", publicado originalmente en el Menorah Journal en enero de 1943: el primer análisis político de la condición de inmigrante, tal como hoy la entendemos.

Por último, quiero recordar dos o tres cosas sobre Hannah Arendt. Más que nada porque se ha puesto de moda reivindicar su obra por razones espurias. Desde la izquierda progre, porque supuestamente avala el pensamiento político posttotalitario, es decir, crasamente relativista. Y desde el bando de los que nunca comprendieron y siguen sin comprender la distinción entre Jewishness y Judaism, porque también siguen sin entender que se pueda considerar un acto de justicia el ahorcamiento de Adolf Eichmann y al mismo tiempo lamentar que su sentencia de muerte no esté firmemente basada en la figura jurídica de crímenes contra la humanidad, sino en un intemporal y sempiterno odio a los judíos como motor de los crímenes nazis. En otro lugar, Arendt argumenta con impecable lógica su rechazo de la solución jurídica alcanzada por el tribunal israelí que juzgó a Eichmann, de esta manera: "Si es cierto que la humanidad siempre ha insistido en asesinar a los judíos, entonces el asesinato de judíos es una actividad normal y humana y el odio a los judíos una reacción que ni siquiera hace falta justificar".

Sobre este aspecto: Arendt se negaba a considerar a los judíos o el antisemitismo sub specie aeternitatis, como esencias inmutables. Cuando tenía 19 años y se enamoró de Heidegger --el mayor proveedor de esta mercancía en el siglo XX-- ya se mostraba reacia a razonar ontológicamente, basándose en constructos teóricos previos. "De ahí --observa Fina Birulés-- que resulte muy difícil ser arendtiano, pues no aparece en ella una voluntad de sistema sino una voluntad de pensar los acontecimientos, arriesgándose (...) a [pensarlos] en su especificidad". Y así como Arendt interrogaba menos las ideologías que los modos de relacionarse los hombres políticamente unos con otros, nunca basó su compromiso existencial y político en una determinada corriente del pensamiento judío, sino --dado el caso-- en su Jewishness: en lo que hacía inevitable que tomara posición sobre lo que fuera el caso como judía.

¿Será por eso? ¿Porque, como dice Birulés, es prácticamente imposible ser arendtiano? No del mismo modo como se puede ser, pongamos, marxista. ¿Será por eso que sigue siendo tan leída como incomprendida y tergiversada? A saber. Pero quiero imaginar que porque su inteligencia a la vez deslumbra y puede pasar inadvertida o confundirse con otros cuerpos, se ha dado el nombre 100027 Hannaharendt a un asteroide descubierto el 12 de octubre de 1990. El nombre de un destello de lucidez en nuestro vasto universo de estrellas deslumbrantes. La mayoría de ellas, supernovas y enanas blancas. 1

Conviene recordar que Arendt no analizó el totalitarismo, que es una simplificación del término que acuñó para analizar el fenómeno del Totale Herrschaft(literalmente, "control, dominación o gobierno total"). Dicho de otro modo: Arendt analizó un fenómeno que llega a fruición en el siglo XX, pero que se prolonga, por poner un ejemplo cercano, en los delirios mesiánico-demagógicos del "socialismo del siglo XXI".

POSTALIDAD


EL NACIONAL, Caracas, 12 de Agosto de 2002 / Opinión
Leyes y costumbres
Massimo Desiato

La vida social de un pueblo y su convivencia pacífica se basan, entre otras cosas, sobre dos pilares fundamentales, las leyes y las costumbres. La relación entre ambas es bastante compleja, pues existe entre ellas una constante interacción que puede ir desde el recíproco apuntalamiento al debilitamiento de una por parte de otra. Según una definición clásica, las leyes regulan los actos del individuo en calidad de ciudadano mientras que las costumbres regulan los actos del hombre. En otras palabras, las leyes establecen la esfera de la vida política, y las costumbres, la de la sociedad.

No respetar sistemáticamente las leyes conduce al caos, pero mucho más grave es el deterioro de las costumbres, pues éstas, por así decirlo, son el suelo nutricio de la sociedad entera, incluyendo las leyes. La ley, la norma abstracta, opera siempre en el contexto concreto de los hábitos y éstos, a su vez, cuando pierden su función positiva, pueden desvirtuar el cuerpo legal y dejarlo cuál cáscara vacía.

Las costumbres están conformadas tanto por conductas no verbales como por un amplio abanico de discursos, lo que comúnmente llamamos la opinión pública. Es mi impresión que las opiniones que habitan entre nosotros conducen a lo que Hannah Arendt define como la “banalidad del mal” y que la crisis venezolana tiene allí uno de los factores decisivos. Esta pensadora considera que para cometer actos malos no se requiere necesariamente una intención mala o una maldad fuera de lo común. El mal procede, a su entender, de una auténtica incapacidad para pensar, en particular de la incapacidad para reflexionar y criticar las propias costumbres. Vale entonces decir que el simple aparato legal no es suficiente para sostener la convivencia pacífica; que además del ciudadano se requiere de un hombre inclinado al pensar.

No se trata, no obstante, de un pensar filosófico, ni mucho menos. Lo más importante en este asunto es precisamente el pensar del hombre que no desea ser filósofo o “pensador profesional”, sino del pensar en situación. Las situaciones pueden ser tan diversas como el entorno de una fábrica, en cuyo caso el agente será un obrero, o el entorno familiar, inclusive la calle misma. Esta clase de pensar tiene como fin impedir el deterioro moral de las costumbres. Esta moralidad de las costumbres, esta eticidad de los hábitos debe estar a cargo de cada hombre, o, por lo menos, de la gran mayoría de los miembros de un consorcio humano. De la socialización de esta clase de pensar depende la salud del colectivo y su capacidad para vivir en paz, en armonía, logrando que el conjunto de los haceres sea eficaz y productivo. Cuando eso no ocurre cualquier contingencia puede amenazar una sociedad que ya no se encuentra sostenida ni por sus ciudadanos ni, en términos más generales, por sus hombres.

En el caso de Venezuela podemos decir que la mutación representada por el chavismo ha tenido lugar dentro de un marco político y social con fundamentos inestables y que, por lo tanto, ha sorprendido al colectivo entero incapaz de pensar y manejar la nueva situación. Un colectivo que todavía no era y no es capaz de comprender y juzgar lo que se le ha venido encima porque sus categorías de comprensión se hallan desfasadas respecto de los acontecimientos. En mi opinión, el chavismo debe ser pensado a partir de nuevas categorías y que una de las tareas más importantes, radica en encontrar estas nuevas categorías, nuevos pensares que cada individuo del consorcio está llamado a generar. Se trata, en definitiva, de abrirse a lo que Heidegger ha denominado la “tempestad del pensamiento”, con la diferencia de que esta tempestad no es una tarea exclusiva de los “pensadores profesionales”. Mientras los venezolanos rehuyan esta tarea seguirán estando a la merced de la contingencia y a la brutalidad del imprevisto y la sociedad toda no conocerá ni paz ni prosperidad. Mucho menos un nuevo país más libre y más justo con el cual identificarse.

Nota LB:

Afortunadamente, la red es pródiga en fotografías sobre Hannah Arendt, muchas de ellas en un magnífico blanco-negro de aceptable resolución. Hay una "postalidad" de su pensamiento, pues, viajando constantemente, sustenta no pocas reflexiones para las más diversas situaciones que se desean desembocadura cierta hacia la libertad liberadora.

lunes, 28 de febrero de 2011

VAIVENES DE LAS IDEAS


EL NACIONAL - Sábado 26 de Febrero de 2011 Papel Literario/3
Reporte de un amor
PAOLA ROMERO

Un sombrero ridículo Una tímida alumna irrumpe en el despacho del profesor Martin Heidegger el 10 febrero de 1924. La joven de 20 años y el profesor de la Universidad Marburgo conversan sobre Platón y el rol de la Filosofía; la muchacha del "sombrero demasiado ridículo" y el "impermeable demasiado grande" es Hannah Arendt.

Los vaivenes de una historia de cinco décadas han llegado al Teatro de la Asociación Cultural Humboldt de Caracas, en la pieza del dramaturgo argentino Mario Diament: Un informe sobre la banalidad del amor.

Bajo la dirección de Luigi Sciamanna, quien además personifica a Heidegger, y la actuación de Mariaca Semprún como Hannah Arendt, la obra recrea la relación entre dos personajes cuyo pensamiento marcó un siglo.

Gestación en Todtnauberg Heide g ger per ma ne c e en Marburgo entre 1923 y 1928. A las afueras de la ciudad él y su esposa Elfride construyen la mítica cabaña de Totdnauberg, lugar que se convertirá en refugio del filósofo. A las pocas horas de un primer encuentro en su despacho, Heidegger le dirige una carta encabezada: "Querida señorita Arendt"; cuatro días después la carta va dirigida sin reservas a su "querida Hannah".

En esos años se irá gestando la obra capital de Heidegger, Ser y tiempo, publicada en 1927. Arendt se convierte en su "musa" silenciosa. Luego de dos semestres de fortuitos encuentros, Hannah se traslada a Heidelberg a continuar sus estudios de doctorado con Karl Jaspers; fue la primera separación en un rumbo pleno de vicisitudes.

Ser y tiempo pronto se convirtió en un clásico de la Filosofía occidental por su originalidad y audacia intelectual. Heidegger define al hombre o Dasein (serahí) en función de la pregunta por el sentido del Ser, desde el aquí y ahora. Las nociones de existencia auténtica e inauténtica impactaron el clima espiritual de los difíciles años 20. Muchos vieron en ellas una referencia a la época, una crítica a la masificación y al crecimiento de las ciudades, a la ruidosa vida pública y al consumismo, al desasosiego y extravío de un tiempo turbulento que impedía "la autenticidad".

En este primer período predomina en Heidegger un rasgo individualista, que se verá transformado por la toma de posición política del filósofo a favor del nazismo en 1933.

De la caverna a la acción En la pieza de Diament, que mezcla hechos con recreaciones teatrales, Heidegger y Arendt se encuentran en Berlín a mediados de 1930.

Ya el nazismo está tomando las calles y entre estas dos almas tan afines en el terreno del amor empieza a abrirse un abismo insalvable. Martin delira en la esperanza de una "gran oportunidad", la del cambio que está por estallar en Alemania; Hannah, perspicaz y escéptica, no da crédito a lo que escuchan sus oídos.

Entre 1931 y 1932 Heidegger dicta un curso sobre Platón, y en su lectura del mito de la caverna comienzan a producirse significativas modificaciones de sus propuestas filosóficas; lo que hasta ahora era un Dasein radicalmente aislado y "arrojado" al mundo, se convierte en llamado para salir de la caverna hacia la sociedad.
En la pieza de Diament, que mezcla hechos con recreaciones teatrales, Heidegger y Arendt se encuentran en Berlín a mediados de 1930. Ya el nazismo está tomando las calles

A partir de ese momento la Filosofía pasa a tener un rol activo en la historia. El partido Nazi y su líder fueron vistos por Heidegger como instrumentos idóneos para combatir la crisis en que se encontraba la República de Weimar; la revolución hitleriana se convierte en un evento poderoso para el serahí. "Hay que adherirse", dice Heidegger a Jaspers poco antes de aceptar el rectorado de la Universidad Friburgo.

Las preciosas manos del Führer A las puertas de la Segunda Guerra Mundial, Hannah entiende que su condición de judía la obliga exiliarse, rumbo a los Estados Unidos. La obra de Diament describe una reunión de despedida, en la que los reclamos obstaculizan a los amantes un nuevo punto de unión. Heidegger intenta justificar colaboracionismo con los nazis; Hannah, de su lado, dice adiós a una Alemania que se convertirá en recuerdo.

Las acciones de Heidegger durante esos años desconcertaron a muchos; su nazismo y la aceptación del rectorado fueron síntomas palpables de su convicción de que Hitler lograría que Alemania tomase conciencia de su "verdadero ser". Las razones de su empatía con los nazis no fueron meramente racionales; en Heidegger hubo, como en la mayoría de los alemanes de entonces, un compromiso emocional con la revolución y su jefe.

El filósofo crítico se dejaba ahora embriagar por el carisma del Fuhrer, cuyas "preciosas manos" Heidegger alabó una vez, colocando en ellas el futuro y la consecuente tragedia alemana. No sería la primera ni la última vez que un intelectual de categoría sucumbe ante el mesianismo político.

El reencuentro El 27 de noviembre de 1944 entran los aliados y bombardean Friburgo. Heidegger debe huir y permanece en un estado de pánico hasta que finaliza la guerra. Él, como muchos otros colaboracionistas, tuvo que comparecer frente a los Juicios de DesNazificación. La "Comisión Depuradora", luego de meses de interrogatorios, deciden retirarle su licencia de docente, su empleo y su biblioteca. Por sugerencia de Jaspers en un informe, Heidegger ya no está en condiciones de dictar clases, pues su enseñanza es una "amenaza para la juventud", por su forma de pensar "dictatorial y carente de libertad".

En febrero de 1950 Arendt volvió a Alemania y visitó a Heidegger. El maestro y el hombre, el amante y el derrotado, acudió al llamado de Hannah y conversaron largamente. Movida por un sentimiento de compasión Arendt decide ayudarle y escuchar sus justificaciones, por vanas que fuesen después de la impronta de la guerra. Luego del reencuentro, mantuvieron una relación amistosa, permeada por la memoria del pasado. Arendt se convirtió en el custodio editorial de Heidegger en Estados Unidos, tarea que realizó hasta su muerte en 1975. Heidegger la siguió un año después.

Un amor en las tablas Hasta mediados de marzo proseguirá la presentación de la estupenda pieza de Diament en la Asociación Humboldt. En una austera puesta en escena, Sciamanna interpreta a Heidegger con naturalidad y profundidad; el movimiento de las manos, la cadencia en su hablar, son aspectos que nos acercan al filósofo a través de una actuación destacada. Por otro lado, Arendt, la "gran pasión" de Heidegger, es interpretada por Mariaca Semprún con tino y sensibilidad, personaje que va creciendo en vigor y profundidad cada escena.

El sutil entramado de los diálogos teje la historia, ofreciéndole al espectador una ponderada visión de las razones que unieron a estos complejos personajes, así como de las circunstancias que les condujeron por tan distintos caminos.