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jueves, 4 de febrero de 2016

OPCIÓN CONCRETA



Caldera, política y cristiandad

Luis Barragán

En el marco de la celebración de su centenario, la programación de los foros alusivos comenzó con el realizado – significativamente – en la sede de la CTV, centrado en la perspectiva cristiana de Rafael Caldera. Nos correspondió intervenir como panelistas, complementando la brillante exposición que hizo Abdón Vivas Terán y, como siempre, la muy interesante y sugestiva de Naudy Suárez.

El tema, nada fácil para cubrirlo en un solo evento, nos permitió constatar y también descubrir algunas facetas del compromiso ético del yaracuyano  que, más allá de la práctica religiosa,   se proyectó al ámbito político concreto de los también difíciles años en los que le tocó emerger, pues, el debate público tenía otros y muy marcados parámetros, como el positivismo y el marxismo. Apareció una opción concreta de inspiración cristiana, a partir de la Unión Nacional Estudiantil (UNE), pero el solo planteamiento y revalidación política de un mensaje fundado en la enseñanza social de la Iglesia, constituyó una hazaña por su contexto e implicaciones. 

Apartados de nuestra modesta exposición en el citado foro, a la espera de la publicación de las extraordinarias que aportaron Abdón y Naudy, deseamos recalcar una circunstancia: la inversión de valores, manipulados y tergiversados hasta el hastío, explica la crisis – por lo demás, prolongada – que hemos experimentado en los últimos años. Años orwellianos que, es necesario reconocer, trastocó y condicionó a la oposición, pues, sin demandar su pureza, su imposible pureza, hubo y hay sectores que reflejan o reproducen las convicciones y los procederes inherentes a un régimen capaz de generar tan perversa pedagogía.

El culto a la personalidad que ha caracterizado al régimen todos estos años, provoca una cierta religiosidad del poder escondida en el sincretismo de grupos,  incluso,  bien intencionados, que buscan o claman por su reconocimiento y beneficios. Y, con un mayor acento de Chávez Frías, ponderada la herencia por su sucesor, se hizo de la simbología, el lenguaje y determinadas actitudes, confiscándolas, a objeto de legitimar un discurso orientado al sedicente continuismo gubernamental.

Sectores del pentecostalismo y de la santería en Venezuela, añadidos los católicos (intentado un “cisma” en la Iglesia zuliana o la febril promoción como activista político de un jesuita), compelidos,  ilustran las consecuencias del discurso de confiscación, por no citar el abusivo empleo de sus símbolos y rituales, a veces no tan implícitos. Los especialistas advierten la tendencia de un movimiento mágico-religioso que, agotado, ya comienza a sincerar sus difíciles retos de supervivencia como movimiento político mismo.

Harto conocida fue, al fundar un partido de inspiración socialcristiana, la precisión que hizo Caldera sobre el carácter no confesional de la organización y, mejor aún, la diferenciación entre los ámbitos sagrado y terrenal. Tratándose de la jefatura del Estado, comprendió muy bien que no debía privilegiar la relación con una determinada creencia organizada, por más que coincidiera con su profesión de fe; y, naturalmente, expresando al país predominantemente católico, como jefe de Gobierno, que esa frecuente relación no fuese para subordinar a la Iglesia que, como acaeció, no pocas veces dejo constancia de su inconformidad con las políticas oficiales.

Inevitable fue  reflejar la conducta pública de un católico practicante, pero no menos cierto que respetó ritos y símbolos, predicó el pluralismo y procuró un lenguaje republicano, sin caer en la tentación de una obscena y directa manipulación de los elementos, como ha ocurrido hasta en las circunstancias más banales, a juzgar por la última   década y media en Venezuela. La diferenciación entre lo sagrado y lo profano, lo divino y lo terrenal, habla de una definida, cultivada y larga convicción religiosa que también constituyó una ventaja.

Ventaja como la de acreditar a los actores políticos que no temieron revelar su identidad religiosa, moderando sus opiniones y reclamos respecto a la  conducta ajena en el específico ámbito. Por estos años, el discurso confiscador se ha empinado – moralista – para sentenciar a los demás, como si monopolizara todas las virtudes; consta, por una parte, en la vieja prensa,  las preocupaciones y diligencias de Caldera como laico activo, y, por la otra,  la cuidadosa prudencia para no juzgar  públicamente las otras conductas religiosas, mucho menos, como un aventajado recurso político.

Hubo un respeto por la institucionalidad religiosa de las distintas creencias que hoy valoramos y, más, por los particulares símbolos y rituales de un ecumenismo convencido, contrastante – valga acotar – con el pastiche atribuido a los tiempos de la postmodernidad que se hizo impúdico poder. Coherente formación religiosa que no configuró fenómeno invasivo alguno de la sociedad, sino que la previno – políticamente – frente a los oleajes recurrentes de modas, oportunismos y otras modalidades fraudulentas.

El compromiso cristiano de Rafael Caldera, en las versiones de Vivas Terán y Suárez, ha suscitado un poco estas notas posteriores al foro en el que pretendimos versar sobre las relaciones del Estado con Roma, el impacto de la guerra civil española y su poder estigmatizador, la etapa pre-conciliar y conciliar, las distintas escuelas teológicas y su proyección política. No obstante, aunque el neotomismo del ex - presidente luzca evidente, queda pendiente explorar sus peculiares acentos teológicos, influyentes en una postura y una realización políticas.

01/02/2016

lunes, 13 de julio de 2015

CAROS PRINCIPIOS

De la novísima crucifixión
Luis Barragán


Se entendía como un encuentro protocolar de intercambio – además – de obsequios, yendo más allá Evo Morales con un sorpresivo crucifijo para el Papa Francisco.  Éste inmediatamente señaló que no estaba bien con la discreción que ameritaba el acto, poniendo en evidencia esa suerte de marxismo de la post-modernidad que toma por asalto cualquier símbolo en un devorador sincretismo del que cuida no interrogarse, rechazando la interrogación ajena.

La talla de Luis Espinal Camps, sacerdote jesuita después ajusticiado por las viejas fuerzas represivas, constituye una pieza artísticamente válida y sugestiva, como también contradictoria,  y no sólo por lo que deba alegarse en la relación entre cristiandad y comunismo, sino por la hoz y el martillo que reemplazan a la cruz romana. Jesús estuvo y está presente en los gulags (o gulages) del socialismo real soviético y el  cubano, transitando los caminos de Corea del Norte.

El obsequio en cuestión, por cierto, ha dado ocasión para cuestionar a Bergoglio con una intensidad a veces inusitada y – descolocándonos – se le califica como el primer sucesor de Pedro anticapitalista, anti-imperialista y antiliberal de la historia, gracias a un dictamen apresurado y sectario que cuela la connivencia de los jesuitas con el propio régimen imperante en Venezuela. Obviamente, fiel a la Enseñanza Social de la Iglesia que, en América Latina, experimentó extraordinarios cambios post-conciliares a partir de Medellín y Puebla, ha de escandalizar a aquellos que se atrincheran en el fácil discurso maniqueo.

Novedad alguna reportan las posturas de la Iglesia Católica en torno al liberalismo y al marxismo, como tampoco las posturas encontradas entre miembros de una misma orden, como las de los padres Ugalde, Molina y Sosa, quien – por cierto –nos debe una mayor precisión de las críticas que ahora plantea (https://www.youtube.com/watch?v=203ueL8FhWU),  por lo menos, con la misma fuerza y recurrencia con la que, solapada o abiertamente, defendió al régimen; y esto, por no citar el clásico ejemplo de los monseñores Porras y Moronta. Recordamos muy bien la decidida posición contraria a la reforma constitucional de 2007, cuando el padre Arizmendi leyó el comunicado de la Conferencia Episcopal seguido de los aplausos estruendosos de toda la  feligresía de la caraqueña Iglesia de San Francisco en una memorable misa dominical.

Juan Pablo II adjetivó responsablemente el capitalismo  de sus días, pero nunca olvidó sus convicciones ni postergó las diligencias que ameritaban regímenes como el que padeció su natal Polonia. Resulta aconsejable un debate histórico, sociológico y hasta teológico, mas no la condena preventiva de una Iglesia que impulsa valores y principios, confinándola a la inmediatez de una coyuntura local.

Debate que puede alcanzar al Centro Gumilla y a la larga evolución de posiciones que,  acertadas o equivocadas,  responden a una incansable búsqueda de caminos para la realización de esos valores y principios. Negando la buena fe, harto diferente es estigmatizarlo como colaboracionista,  y – rompiendo el record del mejor velocista – insinuar o catalogar al Santo Padre como un cómplice de regímenes como el boliviano o el venezolano, añadidos los encarcelamientos, las torturas y muertes de toda su inocultable faena represiva.

Días atrás,  supimos de una reunión de activistas del gobierno que, al rebelarse contra las directrices electorales en un municipio rural, fustigaron al orientador porque anteriormente hallaban las semillas en Agro-Isleña y, ahora, simplemente, estatizada, es objeto de la corrupción sistemática que no ayuda ni para un manual de cultivo; y, por lo demás, los denunciantes fueron amenazados con formales medidas disciplinarias, sabiéndose perjudicados respecto a algunos beneficios complementarios a sus esfuerzos políticos. Vale decir, a la luz de la Enseñanza Social de la Iglesia, puede inferirse que la realización de principios como el del destino universal de los bienes o el de la libertad liberadora ameritan de la iniciativa privada en este concreto sector de la economía y del propio cambio del sistema político actual. Ergo, para quienes creemos en soluciones como la de una economía abierta y competitiva o una efectiva división de los órganos del Poder Público, la Iglesia Católica ofrece ricas perspectivas.
 
Valga acotar, disentimos recientemente del padre Peraza a través de las redes sociales, pues la oposición democrática – perseguida y censurada – ha planteado respuestas muy concretas a la crisis, como específicamente puede verse en el documento de la Transición suscrito por Machado, Ledezma y López, llevando una denuncia responsable de la gravísima situación que vivimos. Empero, salvo pruebas convincentes en contrario, no puede autorizarnos al denuesto, como no lo hemos hecho con el padre Molina, quien está a tiempo de rectificar por los yerros en los que ha incurrido al confundir la misión pastoral con la confesa militancia política.

Reproducción: La portada de la revista trae recuerdos de los tiempos en que la coleccionábamos (creemos que costaba Bs. 20,oo), e - incluso - llegamos a adquirirla regularmente en una librería de Parque Central,  Caracas. Tiempos en los que llegaba al país la otra perspectiva marxista del debate sobre Polonia, resueltamente incomprensile para los tan particulares marxistas venezolanos de la hora.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/23076-de-la-novisima-crucifixion-

domingo, 12 de julio de 2015

DÍCESE DE UN GIRO COPERNICANO

La hoz y el martillo
Antonio Sánchez García 

Después de leer algunos pasajes del larguísimo discurso de Bergoglio ante grupos comunitarios bolivianos caí en cuenta de que el regalo de Morales no fue ni una provocación ni un insulto: lograr el perfecto sincretismo del anticapitalismo marxista y las enseñanzas del evangelio contenidas en el sermón de la montaña – la fábula de la aguja, el rico y el camello subyace a la esencia del odio a la riqueza y del anti judaísmo del cristianismo originario - parecen ser el logro que se ha propuesto el jesuita argentino. Lo ha dicho con perfecta claridad en un elogio de la pobreza digna del mejor Hugo Chávez, el de los comienzos; en un ataque contra el capitalismo del mejor Carlos Marx del Manifiesto; y en una denuncia de la riqueza y la globalización del mejor Lenin, el antiimperialista. Bergoglio ha resultado ser el primer papa anticapitalista, antiimperialista y antiliberal de la historia. Dado los orígenes cristiano primitivos del comunismo, no sería un desatino decir que, por lo menos en la intención y el gesto, Bergoglio es el primer Papa comunista de la bimilenaria tradición de la iglesia. Y en atención al virus tremendamente contagioso que recorre el mundo, que habiendo contagiado a la región ahora ha comenzado a infectar a Europa, afectando ya a España y Grecia, el primer Papa chavista del milenio.
No debía sorprendernos, así nos cause desazón y un profundo desconcierto Es la línea política oficial de los jesuitas de Venezuela, con la honrosísima excepción de Luis Ugalde. Es la justificación laudatoria del chavismo por quien fuera el Provincial de la Orden en Venezuela, Arturo Sosa, hoy alto dignatario del Vaticano, y de su actual Provincial, Arturo Peraza, claramente enfrentado a “la negatividad” del discurso opositor al que le achaca orfandad absoluta de proyectos alternativos a “la narrativa positiva” de Hugo Chávez. Una narrativa, por cierto, que causó la mayor devastación de la Nación en su historia moderna.
El giro es copernicano. La autocrítica adquiere matices dramáticos. Enfrentado a una audiencia de indígenas bolivianos pide perdón por el tratamiento que hiciera la iglesia católica durante la conquista y colonización de los pueblos originarios, reasumiendo “la narrativa” argumental de Bartolomé de las Casas.  Dejando de lado un hecho de proporciones meta históricas: la evangelización del Nuevo Mundo, sin la cual no existiría esta realidad llamada América Latina. Por esa vía, tendría que pedir perdón por nuestra existencia misma, impensable sin la simbiosis de la cruz y la espada. Borrar del imaginario histórico a Felipe II, el más devoto de los emperadores católicos de la Cristiandad y hacer tabula rasa de la historia de Occidente desde que la Iglesia y el Poder terrenal se fundieran en una sola avanzada, tras el Edicto de Tesalónica, en 380, y la asunción de la Iglesia Católica como la religión oficial del Imperio Romano por Teodosio I, el Grande.
Lejos y ya irrecuperables los tiempos en los que Pio XII pusiera a su Iglesia a la vanguardia de la lucha contra el comunismo italiano. Regresando a Caracas desde Güiripa, de donde era nativo y adonde lo fuéramos a recoger para traerlo a Caracas, el Cardenal Rosalio José Castillo Lara nos contó sus peripecias de juventud cuando, siguiendo las órdenes de Pío XII tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, él y sus compañeros sacerdotes se quitaban las sotanas, cubrían sus tonsuras y salían a medianoche a pegar afiches, repartir volantes y hacer pintas callejeras contra los candidatos comunistas italianos, que amenazaban con la toma del Poder. Hoy, el mensaje papal es absolutamente inverso: no es el comunismo el peligro para la sobrevivencia de la humanidad: es el capitalismo. No es la riqueza un bien deseable, sino la pobreza. Lutero estará revolviéndose en su tumba. La Reforma, sin la cual no se entiende el desarrollo del capitalismo, la superación de la oscuridad medieval y el logro de un progreso material que ha terminado por beneficiar a las mayores capas de la población en la historia humana, recibe un mentís definitorio. Colectivización de los esfuerzos de sobrevivencia y regreso a los orígenes precolombinos: ese parece ser el mensaje de Bergoglio. El retorno a los míticos tiempos del buen salvaje de ayer de la mano de los buenos revolucionarios de hoy, como Evo Morales. ¿No es comprensible el asombro y la admiración de Raúl Castro por Bergoglio luego de escucharle sus confesiones en la intimidad del despacho vaticano? ¿No es natural que expresara sus deseos de volverse un fiel y devoto observante de la iglesia católica, más preocupada por los crímenes cometidos por los fundadores de América Latina que por los cometidos por Castro y sus esbirros en Cuba y sus discípulos del continente?

Queda a los estudiosos y especialistas encontrar las razones de este giro copernicano del máximo dirigente de la máxima iglesia mundial. ¿Sumarse a la ola del populismo que arrasa en España y en Grecia? ¿Montarse al furgón de cola del castrochavismo como forma de contrarrestar la pérdida de influencia del catolicismo entre la pobresía de la región y frenar el creciente influjo de otras iglesias cristianas, más seculares y abiertas a un contacto directo con las masas populares?
Por mucho que el argentino Francisco cite al polaco Juan Pablo II, lo cierto es que sus ejecutorias marchan en sentido diametralmente opuestos. El polaco se puso a la cabeza de la lucha contra el comunismo y sus dictaduras, jugando un papel crucial en el fin del comunismo gobernante en el mundo de entonces. El argentino parece querer encabezar la rebelión de la pobresía contra el capitalismo y la riqueza. ¿Tendrá éxito? Es una pregunta cuya respuesta acucia a quienes se ven humillados y reprimidos por el castrocomunismo latinoamericano. Venezuela, en primer lugar. De ella depende el futuro de la región.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/internacionales/23073-la-hoz-y-el-martillo

domingo, 3 de marzo de 2013

INTERPELACIONES


EL UNIVERSAL, Caracas, 3 de Marzo de 2013
¿Aggiornamento del Cristianismo?
Si la Iglesia es oscurantista, la Ciencia es peor. La Religión es la forma de acercarnos a lo esencial
EMETERIO GÓMEZ

La renuncia del Papa parece que -por fin- podría abrir para el Catolicismo un proceso de Aggiornamento o Actualización. Una puesta al día que debió haberse producido hace 500 años, en el Renacimiento. O hace 400, cuando irrumpieron Descartes y la Filosofía Moderna; cuando Spinoza, en la cumbre más alta del Racionalismo, propuso la estupidez de una "Ética demostrable geométricamente". O, como mínimo, hace 100 o 150 años, cuando Darwin, Freud y Einstein sacudieron los cimientos cristianos más profundos; con tres tesis científicas, cada una de ellas más demoledora que las otras: a) La indiscutible Evolución de las Especies, que puso en evidencia la ingenuidad del Creacionismo; b) la Noción del Inconsciente, que atentaba contra la Idea del Alma, ¡¡por mucho que ésta resultó muy superior a Freud!! Y, c) la Física Cuántica -con su Big Bang incluido- que acababa con cualquier versión simplista de Dios y del origen del Universo.
Pero cualquier aggiornamento católico hoy, deberá enfrentar dos formidables retos: 1) La profunda debacle de la Civilización Occidental, del mundo laico, el pensamiento racional, la ciencia, la economía, el consumismo, la sumisión imbécil a la tecnología y, resumiéndolo todo, la necia Idea de Progreso. Y, 2) la necesidad urgente de actualizar el núcleo básico de la Religión: la Noción de Dios. Porque no se trata (sólo) de aggiornar aspectos muy importantes, pero secundarios, como el celibato, la infalibilidad papal o el sacerdocio femenino; se trata, en lo esencial, ¡¡de revisar a fondo la Noción de Dios!! Del primero de estos temas me ocuparé hoy y del segundo -de lejos, el más importante- el próximo domingo.
El primer problema, la Debacle de Occidente, tiene que ver con una inmensa paradoja: hace 400 años, cuando se inicia la Modernidad y Descartes impone su Giro hacia la Subjetividad, la Ciencia, la Tecnología y el supuesto Progreso, la Iglesia Católica "clavó el freno" y se aferró a sus creencias. El Racionalismo se impuso abiertamente. Hoy, 400 años después, -cuando la Iglesia pudiera intentar su aggiornamento-, todas aquellas ilusiones de la Razón, la Ciencia, la Tecnología y el Progreso han fracasado rotundamente. Nietzsche y Heidegger -por solo dar dos nombres- han puesto en evidencia que ¡¡las ilusiones de la Ilustración y la Modernidad fueron un fraude radical!! Que nadie es mejor como Ser Humano -ni un ápice más solidario, piadoso o bueno- por mucho que se eduque o incremente sus conocimientos... o vaya a misa todos los domingos. Que todo el Progreso, la Ciencia y la Sabiduría Occidental tan sólo sirven para urdir la próxima guerra; que la Tecnología absolutamente nada tiene que ver con la Moral; y, sobre todo -la penúltima limitación- la que nos mostró Wittgenstein: que "todas las proposiciones de la Lógica son tautológicas", esto es, que la Razón no nos agrega el mas ínfimo conocimiento al que ya está en sus premisas, esto es, que no nos sirve en lo mas mínimo para entender nada. ¡¡Porque toda "La Verdad" -íntegra- está contenida en las premisas!! Y, derivada de todo ello, la última limitación, la Tragedia Final: que ninguna ciencia -y mucho menos ninguna tecnología- puede aportarnos la más pequeña pista para entender la Inescrutabilidad del Espíritu. "O sea" (paradoja simpática) que aggiornar al Cristianismo, hoy, podría significar sumirlo en el fracaso de Occidente, ¡¡ponerlo al día con el atraso!! Porque si la Iglesia ciertamente es oscurantista, la Ciencia es peor. Porque la Religión sigue siendo la única forma de acercarnos a lo esencial: a la intuición de Lo Humano.

Fotografía: Un falso anuncio electoral en Roma pide que se vote por el cardenal de Ghana Peter Turkson AFP. El Nacional, Caracas, 03/03/13.

viernes, 15 de febrero de 2013

CAZA DE CITAS

"Vivir cristianamente siempre será motivo de escándalo para la sociedad burguesa como para la sociedad comunista de corte, estaliniano"

Lino Rodríguez-Arias Bustamante

("Comunitarismo y marxismo", Temis, Bogotá, 1982: 86)

Ilustración: Gabriela van der Guaira.

jueves, 23 de diciembre de 2010

nota para un regreso desde la banalidad extrema









EL NACIONAL, Caracas, 27 de Diciembre de 1996
Navidad, linda Navidad
MASSIMO DESIATO


Ahí va! El bullicio, el estremecimiento, la conmoción se apoderan de la ciudad: Es Navidad. Tiempo de movimiento, de ajetreo, traqueteo y zarandeo; tiempo de publicidad intensificada, de compras masivas, de colas y de cajeros sin plata; tiempo de bebida y comida, de bailes, tiempo de tasca, de mesón, de fonda, de hostal. Navidad, ¨tiempo de paz y de amor?

Quizás deberíamos volver a pensar la Navidad. ¨Qué celebramos con ella? Difícilmente puede creerse que es un tiempo de recogimiento familiar, pues el consumismo que lo rodea tiende más bien a dispersarnos, a no tener en absoluto tiempo. En principio evocamos el nacimiento de Cristo. Pero ¨qué significa hoy día tal cosa? ¨Cómo vuelve a nacer la palabra de Cristo entre nosotros? ¨Cómo asumir el cristianismo en las actuales condiciones? ¨Es un simple acto de ``maquillaje social''? Nos sentimos más bondadosos por unos días y luego regresamos a lo de siempre: La indiferencia.

Me gusta pensar que el cristianismo es ante todo una actitud ante el mundo, una manera de vivirlo; mas precisamente, de reformarlo continuamente superando las alteraciones y distorsiones que nosotros mismos introducimos. En esta dirección el cristianismo es una acción concreta sobre el otro, una actitud que mira hacia el cielo para tener un horizonte firme en la tierra, nunca una mera compensación consolatoria para resignarse totalmente y cruzarse de brazos. Así, la Navidad debería ser el momento en el cual uno piensa cómo practicar esa reforma, cómo lograr que la sociedad se vuelva mas justa, una morada más humana y humanizante, donde la gente pueda crecer y reconocerse como persona. Pensarla, además, concretamente, desde los espacios que uno habita, concibiendo la propia reforma como parte de la reforma del mundo.

Un cristianismo de la acción antes bien que del templo, pues de poco sirve volverse a encontrar en la iglesia si la comunidad real y efectiva está quebrada. De asumir la Navidad desde esta óptica, el ajetreo y el bullicio deben dejar espacio a una actitud más moderada: Nacería así un espacio en el cual cada quien podría preguntarse qué hacer concretamente para mejorar las condiciones de este país en el cual estamos a veces indiferentemente. Pues no hay país donde hay otros que no son parte de un nosotros: Donde se margina económica, social y culturalmente.

Me gusta pensar en un cristianismo que en lugar de entregar respuestas genere inquietud, interrogantes auténticas sobre cómo conducir nuestras vidas en atención a las vidas de los demás. En consecuencia, en una Navidad ejercida desde el genuino deseo de empezar a cambiar las cosas que están mal: Una Navidad transformada en un espacio para la reflexión de la sociedad, para el nacimiento de una conciencia política concebida como comprensión de los problemas del otro.

En cambio, festejamos. Qué cosa, ya no se sabe bien. Quizás la Navidad se haya reducido sólo a una suerte de anestesia, a un no querer pensar ni comprender en lo absoluto, próxima en esto al espíritu del circo romano. En ese caso, más vale repetirse varias veces: ``Navidad, linda Navidad''. Tal vez de tanto hacerlo terminemos creyéndolo.

Ilustraci´´on: http://www.diariodeleon.es/comunes/recursos_comunes/20109_g.JPG